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La práctica de las diligencias de investigación solicitadas por el imputado

Ricardo Abrahán Brice Mijares *

“Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley por el hecho de ser justa”

Montesquieu

SUMARIO: 1. Sistema acusatorio vs sistema inquisitivo. 2. Diligencias de investigación, igualdad de armas y derecho a una investigación integral. 3. Negativa del Ministerio Público en practicar las diligen- cias de investigación. 4. Acceso al sistema probatorio v s negativa del Ministerio Público. 5. Actos de investigación con vocación probatoria. Conclusiones.

Resumen: El presente artículo pone en la palestra del foro jurí- dico, la necesidad de que los integrantes del Sistema de Justicia, ejerzan sus funciones, no solamente de conformidad a la positi- vización del derecho a la defensa –que por el solo hecho de la disposición legislativa en sí mismo no resuelve nada en la prác- tica–, sino que más bien, es necesario, que el quehacer cotidiano del proceso penal, esté orientado permanentemente, hacia una aplicación efectiva del garantismo, como una verdadera realidad

* Universidad Bicentenaria de Aragua, Abogado. Universidad Santa María, Espe- cialista en Derecho Penal. Universidad Latinoamericana y del Caribe, Especialista en Derecho Penal Internacional. Instituto de Altos Estudios Constitucionales, Diplomado en Derecho Procesal Constitucional. Centro de Instrucciones de la Guardia de Honor Presidencial, Profesor de la Cátedra de Derechos Humanos y Derecho Humanitario. Defensa Pública, funcionario.

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jurídica del país. Por ello, la presente investigación, realiza un aná- lisis del ordenamiento jurídico relacionado con la importancia que tiene garantizar el derecho a la defensa del imputado. En ese sen- tido, se demuestra cómo el derecho constitucional de acceso al sis- tema probatorio está por encima de cualquier limitación que pueda establecer el legislador ordinario y tiene su aplicación desde los actos iniciales de la investigación y desde el proceso. Palabras clave: sistema acusatorio, diligencias de investigación, derecho a la defensa. Recibido el 31-08-2014. Aprobado el 24-09-2014.

1. Sistema acusatorio v s . sistema inquisitivo

El sistema acusatorio está fundamentado en que el proceso penal es, y debe ser, probatorio, por lo que de allí, quien estime que una persona es autor o partícipe de un hecho punible, debe no solamente enunciarlo ante una autori- dad judicial, sino que más allá de eso, debe promover y evacuar en la oportu- nidad debida, los elementos de convicción que fundamenten su pretensión punitiva, a fin de desvirtuar la garantía de la presunción de inocencia, que operan a favor de quien se le pretende imputar, hasta tanto no se establezca su culpabilidad, en virtud de una sentencia definitivamente firme.

Ahora bien, este sistema como paradigma que supera las barreras del inqui- sitivismo y de sus consecuencias atávicas tan atroces, en desmedro de las garantías y principios que reconoce hoy por hoy, él tan denominado debido proceso, surge de la necesidad histórica, de superar el anonimato y el carácter netamente: escrito, arbitrario, sospechoso y secreto, en el que la regla constituía ser, presumir la culpabilidad y asumir el imputado la carga de probar su inocen- cia. Es en tal sentido, como consecuencia a tantos problemas que representó el sistema inquisitivo, durante la aplicación del extinto Código de Enjuiciamiento Criminal, necesariamente surge en Venezuela, con la entrada en vigencia del primer Código Orgánico Procesal Penal, de 1998, el cambio hacia un modelo acusatorio, el cual, como lo explica muy bien Nieva Fenoll, supone:

La presencia de un juez y de un acusador en el proceso, cuyos roles se separan y no se confunden, permitiendo autonomía en la acusación

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y el cumplimiento del derecho de imparcialidad judicial, sin perjuicio

de la previsión y necesidad de una investigación “imparcial”, completa

o integral a cargo del órgano instructor 1 .

Siendo así, se tiene entonces la necesidad de desconcentrar en sujetos distin- tos las tres funciones básicas del proceso penal, las cuales, según palabras de Vásquez González, no son más que: “El acusar, defender y decir” 2 . Es por ello, que corresponde al acusador (órgano fiscal), mediante el derecho de acción, llevar al proceso una tesis; al defensor por bilateralidad de conceptos, la contradicción, excepción u oposición en una antítesis, y al judicante, a tra- vés del silogismo sentencial, de una premisa mayor y una menor, realizar una actividad jurisdiccional incluyente y excluyente, que dé certeza (sinónimo de ausencia de duda) o no, a los hechos constitutivos, extintivos, impeditivos o modificativos, que son alegados y probados por las partes, para así, en esto poder fundamentar en consecuencia, una decisión motivada, racional, lógica, jurídicamente no errónea y congruente que puede ser: “Mediante una certeza positiva (sentencia condenatoria) o una negativa (sentencia absolutoria)” 3 .

En tal virtud, el proceso penal venezolano, concebido bajo un sistema de corte preeminentemente acusatorio, deslastra la función investigativa que tenía el juez y se la otorga al fiscal del Ministerio Público, para que, en virtud del principio de oficialidad 4 , el titular de la acción penal sea el director de la investiga- ción –aspecto que no debe confundirse con el de director del proceso–, facul- tad y potestad única e indelegable constitucionalmente, en el juzgador, como administrador de justicia.

1 Nieva Fenoll, Jordi: Fundamentos de Derecho Procesal Penal. Editorial IB de F. Edisofer. Buenos Aires, 2012, pp. 9 y ss.

2 Vásquez González, Magaly: Contenido y alcance del derecho a conocer la acusación formulada en el proceso penal venezolano. Editorial Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2009, p. 8.

3 Pérez Pérez, C.: La casación en el proceso penal venezolano. Editorial Columbos. Caracas, 2009, p. 365.

4 A juicio de Rivera Morales, Rodrigo: Manual de Derecho Procesal Penal. Editorial Librería J. Ricón, C.A. Caracas, 2012, p. 465, el referido principio estriba en que “Los hechos delictivos, no pueden ser dejados en manos de particulares, sino que deben ser asumidos por el Estado”.

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2. Diligencias de investigación, igualdad de armas y derecho a una investigación integral

El fiscal del Ministerio Público es el único legitimado activo para la realiza- ción de las diligencias de investigación (actos de investigación), bien sea por sí mismo o para hacerlas practicar bajo su propia dirección, como superior jerárquico, por los órganos de policía de investigación penal, demás expertos y auxiliares de la administración de justicia, que estime conveniente ordenar, en relación con las mismas 5 .

De lo indicado, se obtendrá como resultado, que el objeto de la fase prepara- toria no se limita única y exclusivamente a los elementos de inculpación, sino que va mucho más allá en su finalidad, al recabarse obligatoriamente también todos aquellos elementos de convicción de carácter exculpatorios, que favorezcan a la persona del imputado, y que sirvan para desvirtuar las imputaciones del hecho punible que se le atribuye, aspectos éste que, en palabras de Roxin, se resumen en la idea de un principio de investigación integral, el cual se centra en que: “La fiscalía tiene que averiguar los hechos; para ello tiene que reunir, con el mismo empeño, tanto los elementos de cargo como los de descargo” 6 .

Tal noción garantista justifica el aspecto adversarial del proceso penal, con- forme a una noción integralista de la investigación, y protectora de la igual- dad de armas, como principio, garantizándose así, que, tanto la defensa del imputado como el Ministerio Público, tendrán con certeza, la misma posibili- dad cierta de acudir ante el órgano jurisdiccional, con equivalentes mecanismos de persuasión (en este caso, elementos de convicción), sin desventajas ni privi- legio, a los efectos de poder acreditar o no, judicialmente sus pretensiones procesales, no dando camino más tarde a futuras emboscadas probatorias en desmedro del derecho constitucional a la defensa.

5 Cfr. Rivera Morales: ob. cit., p. 487.

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3. Negativa del Ministerio Público en practicar las diligencias de investigación

En tal sentido, en concordancia con las ideas anteriores, se debe destacar que en definitiva es el órgano fiscal y no la defensa del imputado, el único legiti- mado activo en el proceso penal venezolano, para la práctica de las diligen- cias de investigación. Por esto, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, mediante sentencia N° 418, de fecha 28 de abril del año 2009, estableció que:

El imputado no tiene derecho a la práctica de la diligencia. Tiene dere- cho a proponer y a que sobre la diligencia propuesta se pronuncie el director de la investigación, bien admitiéndola o rechazándola de

manera motivada. Tiene derecho a recibir una respuesta como se apuntó razonable y motivada. Una vez admitida la misma, tiene entonces dere- cho a que se practique. En síntesis, el derecho a solicitar la práctica de diligencias tendientes a desvirtuar las imputaciones formuladas puede ser vulnerado, bien porque no sea admitida la misma siendo adecuada;

o porque no se admita sin motivar el porqué de la no admisión o,

porque una vez admitida, no se practique, ya que la no práctica equivale

a una inadmisión.

Corolario de lo anterior, debido a la imposibilidad que existe de que el impu- tado realice los actos de investigación a motus propio, le asiste entonces, como sujeto procesal, el derecho a solicitar al Ministerio Público la práctica de las diligencias de investigación, regulándose en los artículos 287 y 127.5 del Código Orgánico Procesal Penal 7 ; este último establece que: “El Imputado

o

imputada tendrá los siguientes derechos: (…) 5. Pedir al Ministerio Público

la

práctica de diligencias de investigación destinadas a desvirtuar las imputaciones

que se le formulen…”.

Así mismo, con la entrada en vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, se constitucionaliza la noción de acceso al sistema

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probatorio, encontrando su fundamentación jurídica en el artículo 49.1, des-

tacándose que: “… Toda persona tiene el derecho a ser notificada de los cargos por los cuales se le investiga; de acceder a las pruebas y de disponer del tiempo

y los medios necesarios para ejercer su defensa”.

Ahora bien, si el imputado tiene el derecho a disponer de los medios necesa- rios para ejercer su defensa, no circunscribiéndose única y exclusivamente

a los que pueda ejercerse en el juicio oral y público, sino también a los que pueda realizarse desde los actos iniciales de la investigación, ¿cómo queda entonces el derecho constitucional de acceso al sistema probatorio? si las diligencias de investigación solicitadas por el imputado, necesarias para desvirtuar las imputaciones que sobre el recaigan, pueden ser negadas de conformidad al último aparte del artículo 287 del Código Orgánico Procesal Penal, el cual establece que: “… El Ministerio Público las llevará a cabo si las considera pertinentes y útiles, debiendo dejar constancia de su opinión contraria…”.

La respuesta pareciera, a primera vista, no estar muy clara, ya que el legisla- dor ordinario dio la posibilidad al Ministerio Público, de que niegue de manera primaria la solicitud del imputado en aparente forma discrecional, exigiéndo- sele simplemente para tales fines, el dejar “constancia de su opinión contraria”; nótese que no se dice fundamentar, explicar y motivar lógicamente las razones fácticas y jurídicas para llegar a esa determinada conclusión, sino que por argu- mento en contrario, tal y como interesantemente lo plantea Bello Tabares:

La norma en cuestión no se refiere al deber de “motivar” la negativa sino simplemente a una “constancia” de la opinión contraria, norma –insistimos– inconstitucional y que pone de manifiesto que el imputado no tiene un derecho absoluto que deba ser respetado en la investiga- ción, lo que compromete seriamente esa investigación “integral” que debe asegurarse en el marco de un debido proceso 8 .

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De tal manera que, a juicio de quien escribe, la vulneración primaria del dere- cho a la defensa residirá en tal caso cuando se niegue la solicitud, so pretexto de enunciar –casi como palabras mágicas–, que simplemente no es pertinente, útil, relevante, idónea, conducente o necesaria, sin motivar lógicamente porque no lo es.Así como también, cuando se acredite que dicha solicitud, efectivamente, sí guarda relación con los hechos (pertinencia) o que, más grave aún, que es esa diligencia solicitada y no otra, la que en definitiva aportará el resultado deseado al proceso (idoneidad) y, sin embargo, de mala fe no se realiza su práctica, en beneficio del descargo del imputado.

Así mismo, aunado a la ilogicidad, contradicción, falta de motivación y a la no práctica de las diligencias solicitadas, se debe considerar también, preci- samente como una vulneración al derecho constitucional a la defensa. El aspecto de la omisión de pronunciamiento del órgano fiscal no debe interpre- tarse como una simple falta, sino que más bien, con base en su significancia y trascendencia jurídica, como lesión a los derechos del imputado en el proceso.

En cuanto a la omisión de pronunciamiento del órgano fiscal, la Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia, en decisión N° 181, del 03 de abril de 2008, estableció como jurisprudencia lo siguiente:

La solicitud de diligencias para la producción de pruebas, por cual- quiera de las partes, es una de las manifestaciones o pedimentos inhe- rentes al ejercicio del derecho a la defensa y correlativamente a la aplicación del principio de igualdad ante la ley y el principio de con- tradicción, lo que se encuentra indefectiblemente referido a la inter- vención dentro del proceso, de allí que cualquier evento u omisión que afecten las solicitudes, condiciones o requisitos para la obtención, pro- moción o producción de pruebas constituyen vicios de nulidad absoluta por infracción del derecho al debido proceso y a la intervención dentro del mismo, en condiciones de igualdad.

Corolario de lo anterior, pareciera que este criterio de la Sala de Casación Penal se identifica perfectamente con la importancia que tiene la intervención

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del imputado dentro del proceso, por lo que con base en la citada jurispruden- cia, es necesario considerar el deber de los Defensores Públicos de estar vigi- lantes, para que, en caso de constatar tal vulneración, soliciten diligentemente al órgano jurisdiccional que se declare de manera inmediata la nulidad abso- luta de las actuaciones subsiguientes, en virtud de que no existió un efectivo pronunciamiento –silencio negativo–, en relación con la solicitud de la prác- tica de diligencias de investigación en descargo del imputado por parte del órgano fiscal, y que, en consecuencia, se ha afectado flagrantemente el derecho constitucional a la defensa. Tal posibilidad se concatena perfectamente con las ideas esbozadas por Cabrera Romero, cuando destaca lo siguiente:

El real problema radica en que el Ministerio Público cuando niega la práctica de una diligencia, debe razonar el porqué la niega ya que atiende a un derecho específico de petición que otorga el Código Orgá- nico Procesal Penal a la víctima o el imputado, a los efectos que ulterior- mente correspondan. Estos efectos no pueden ser otros que conocer que el Ministerio Público negó caprichosamente lo solicitado, infringiendo el derecho de defensa del solicitante 9 .

De lo anterior se deriva que, al no existir un pronunciamiento adecuado y opor- tuno de la solicitud de práctica de diligencias, debe entenderse tal omisión de manera negativa, ya que el Ministerio Público, como director de la investiga- ción, tiene la obligación de litigar con buena fe, por lo que impedir a priori de manera arbitraria que se incorporen al proceso elementos de descargo de carác- ter exculpatorio, vulnerará flagrantemente los derechos constitucionales de peti- ción, defensa y de acceso al sistema probatorio de la persona del imputado.

4.Acceso al sistema probatorio v s negativa del Ministerio Público

Así púes, con la entrada en vigencia de la Constitución de la República Boli- variana de Venezuela, se constitucionaliza la noción de acceso al sistema pro-

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batorio, encontrando su fundamentación jurídica en el artículo 49.1, destacán- dose: “Toda persona tiene el derecho a ser notificada de los cargos por los cua- les se le investiga; de acceder a las pruebas y de disponer del tiempo y los medios necesarios para ejercer su defensa”.

Ahora bien, si el imputado tiene el derecho a disponer de los medios necesa- rios para ejercer su defensa, no circunscribiéndose única y exclusivamente a

la que pueda ejercerse en el juicio oral y público, sino también a la que pueda realizarse desde los actos iniciales de la investigación ¿cómo queda entonces el derecho constitucional de acceso al sistema probatorio? si las diligencias de investigación solicitadas por el imputado que pueden tener más tarde vocación probatoria, necesarias para desvirtuar las imputaciones que sobre el recaigan, son negadas por el Ministerio Público, en aparente contradicción o, al menos, confrontación con la posibilidad de ejercerse una defensa técnica

o material de manera eficaz, capaz de igualar o superar la mínima actividad probatoria que resulte en contra suya.

Tales interrogantes parecieran resolverse en definitiva, aplicando con priori- dad el derecho constitucional de acceso al sistema probatorio, cuya justifica- ción se centra en que de nada sirve ser titular de una determinada relación jurídica –sea como acusador, querellante, víctima, imputado o defensor–, si a la hora de acreditar los hechos constitutivos, extintivos, impeditivos o modi- ficativos se desconoce o se limita arbitrariamente la posibilidad de probar las respectivas pretensiones de las partes. Situación que, en palabras de Rivera Morales se resumen en: “Si a la persona se le niega el derecho a probar es como si le fuera negado el derecho al proceso mismo” 10 .

De manera que las partes deben no solamente tener la posibilidad de acceder a los órganos de administración de justicia (acceso a la justicia) a través del dere- cho de acción y contradicción, sino que más allá de eso, es necesario posibilitar de manera real, que se practiquen sus proposiciones; en el caso del proceso penal, específicamente nos referimos a los actos de investigación y más tarde

a los actos de pruebas. Por tal motivo, Fábrega destaca de manera correcta:

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La prueba constituye un derecho constitucional ubicado en el derecho a la tutela judicial efectiva y al debido proceso, expresando que de nada sirve el derecho de acción y contradicción, de pretensión y excepción, sino no se da el derecho a probar 11 .

Ahora bien, es necesario advertir, que la noción de acceso al sistema proba- torio no es un derecho que opera exclusivamente en las fase de juicio oral y público y subsiguientes –actos de prueba–, sino que debe entenderse en un sentido garantista, amplio, general y flexible, aplicándose necesariamente incluso desde la fase preparatoria o de investigación del proceso penal –actos de investigación–; tal y como taxativamente lo reconoce Bello Tabares, al destacar que el referido derecho:

Permite a las partes, tanto en sede judicial como administrativa, des- plegar toda la actividad probatoria que va, desde la heurística o inves- tigación de los hechos, la búsqueda de las fuentes, su preconstitución y aseguramiento, la probática antes del proceso y la anticipación de medios, que como consecuencia de la afirmación de los hechos brutos en un contexto institucional contenidos en una pretensión o excepción –acusación o defensa– da paso al proceso judicial 12 .

La posibilidad cierta de que el derecho de acceso al sistema probatorio sirva como soporte de la solicitud de proposición de diligencias de investigación, en favor del imputado, se sustenta constitucionalmente con el derecho funda- mental a la defensa, el cual deberá ser aplicado con efectividad y de manera inviolable, tanto en las actuaciones judiciales como administrativas, es decir, desde los actos iniciales de la investigación penal y del proceso, implicando así, el respeto al debido proceso como derecho constitucional y humano, garantizado bajo la premisa de un Estado democrático, social, de Derecho y de justicia. Por lo que tal y como Pérez Sarmiento lo plantea: “La defensa del

11 Fábrega P., Jorge: Teoría general de la prueba. 3ª, Editorial Jurídica Iberoamericana, S.A. Panamá, 2006, p. 43.

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imputado no es una gracia o merced que la sociedad buenamente le concede, sino el resultado de un estadio del desarrollo de la conciencia social” 13 .

Así las cosas, y en relación con cómo opera el derecho a la defensa en todo este asunto, ya para el año de 1994, la Corte Constitucional colombiana comenzaban a plantearlo en la sentencia N° T-393/94, señalando:

El derecho de toda persona de presentar pruebas y controvertir las que se alleguen en su contra dentro de un proceso, constituye un derecho constitucional fundamental, y dado que la declaratoria de inconducen- cia de una prueba puede conllevar la violación del derecho de defensa y del debido proceso, con innegable perjuicio para el inculpado, el investigador debe proceder con extrema cautela y en caso de duda, optar por la admisión de la prueba 14 .

De manera que la importancia de la práctica de los actos de investigación soli- citados por el imputado, como derecho a disponer de los medios necesarios para ejercer su defensa, no debe entenderse como una medida dilatoria, entor- pecedora, e inconducente, en virtud de que se pone a la palestra, nada más y nada menos que el derecho constitucional de probar que, por su preeminen- cia, sobrepasa las limitaciones que al respeto establezca el legislador ordinario.

5.Actos de investigación con vocación probatoria

Una vez demostrado que el derecho de acceso al sistema probatorio es perfec- tamente aplicable incluso desde los actos iniciales de la investigación –fase pre- paratoria–, es necesario advertir que, naturalmente, no se debe confundir la noción de actos de investigación con la de actos de prueba, ya que tal y como muy bien lo explica de Llera Suárez Bárcena, los primeros serán: “Aquellos dirigidos a averiguar y hacer constar la perpetración de los distintos delitos con

13 Pérez Sarmiento, Eric Lorenzo: Comentarios al Código Orgánico Procesal Penal. 6ª, Vadell Hermanos Editores. Caracas, 2008, passim.

14 Corte Constitucional de Colombia, http://www.corteconstitucional.gov.co/relatoria/

1994/T-393-94.htm.

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todas sus circunstancias que puedan influir en su calificación, y la identidad

y aseguramiento de las personas involucradas” 15 . De lo anterior, se desprende

que tales actos de investigación sirvan, en consecuencia, para determinar la perpetración delictiva, fundamentar actos conclusivos, solicitar medidas cau- telares, individualizar a los autores y demás partícipes del hecho punible, así como recabar las fuentes probatorias.

En este mismo orden de ideas, los actos de prueba, según Pérez Pérez son aquellos que: “Se ofrecen o promueven para ser evacuados dentro del juicio oral y público, para que todas las partes legitimadas que estén dentro del pro- ceso en igualdad de condiciones, puedan controlarla, y controvertirlas de forma legal” 16 . Lo que quiere decir, que éstos servirán plenamente para establecer una sentencia absolutoria o condenatoria, debido a que en los actos de prueba, se garantizará la inmediación, oralidad, publicidad, concentración, contradicción, bilateralidad, como principios rectores del proceso penal.

Ahora bien, tal y como se explica en párrafos anteriores, unas de las finalidades principales que tienen los actos de investigación en el proceso penal, es precisa- mente la de recabar fuentes probatorias, esto en virtud de que tal y como Muñoz Sabaté lo indica: “Los hechos al darse dejan una huella o una impresión (mate- rial o psíquica), mediante los cuales se puede demostrar su existencia” 17 . En tal sentido, las fuentes de prueba según Rivera Morales serán ese: “Elemento en el cual ha quedado estampada o grabada la huella del hecho histórico que vamos

a intentar reconstruir en el proceso” 18 . Elemento que por cierto, para quien escribe, no es más que esa persona, cosa, lugar u objeto, donde quedó impreso el hecho en bruto y que a través de unos vehículos –experticias, inspecciones, testimo- nios, documentales, etc.– denominados “medios probatorios”, ingresarán al

15 De Llera Suárez Bárcena, Emilio: El modelo constitucional de investigación penal. Editorial Tirant lo Blanch. Valencia, 2001, passim.

16 Pérez Pérez: ob. cit., p. 320.

17 Muñoz Sabaté, Luis: “Probática y derecho probatorio”. XXVII Congreso colombiano de Derecho Procesal. Universidad Libre de Colombia. Cartagena, 2006, p. 479.

18 Rivera Morales: ob. cit., p. 442.

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proceso, para que mediante la contextualización, corroboración y verificación se valore su contenido –fuente probatoria–.

Corolario de lo anterior, son las fuentes de prueba las que representan el elemento integrador entre esos actos de investigación –diligencias de investigación– y los actos de prueba, permitiéndose que, en consecuencia, se relacionen entre sí mediante una perfecta mutación. Este aspecto característico de la actividad probatoria se considera como una doble connotación, la cual Pérez Sarmiento define como la dicotomía de la prueba, señalando que: “Las fuentes de prueba se recogen a través de los actos de investigación sin inmediación ni contradic- ción pero se reproducen luego en el debate oral y público bajo condiciones irrenunciables de contradicción e inmediación” 19 .

De tal manera, se destaca que es la misma fuente de prueba, obtenida en los actos de investigación y en los actos de prueba, la que sustentará, mediante una doble función, las decisiones propias de cada una de las fases. Es por ello, que Pérez Pérez sobre este tema, señala lo que es la dualidad de los actos de investigación, que a su juicio consiste en que: “Todos los actos de investiga- ción practicados por el fiscal, tienen una doble naturaleza, de actos de investi- gación y de actos probatorios, solo que su determinación exacta depende en principio del momento en que se practique” 20 . Lo que quiere decir, que aun y cuando no es lo mismo actos de pruebas y actos de investigación dada a la iden- tidad de las fuentes probatorias, se justifica perfectamente la constitucionaliza- ción del derecho de acceso al sistema probatorio como fundamento a la solicitud para la práctica de diligencias de investigación a favor del imputado.

Conclusiones

Gracias a la implementación del sistema acusatorio de 1998 en Venezuela, el Ministerio Público tiene la obligación de recabar con el mismo empeño tanto los elementos de cargo como los de descargo.

19 Pérez Sarmiento, Eric Lorenzo: La dicotomía de la prueba en el Proceso Penal. VadeIl Hermanos Editores. Caracas, 2011, p. 28.

20 Pérez Pérez: ob. cit., p. 313.

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El único legitimado activo para la práctica de las diligencias de investigación es el Ministerio Público; por ello, dada la imposibilidad de que el imputado realice los actos de investigación motu proprio, se le asiste el derecho a solicitarlas.

El imputado tiene derecho a proponer diligencias de investigación y que, a su vez, las mismas sean practicadas oportunamente.

El Ministerio Público, al igual que el juez de control en su oportunidad, debe garantizar en el proceso penal, el derecho a una investigación integral y al respeto a la igualdad de armas.

Los defensores públicos deben permanentemente estar vigilantes, para que, en caso de constatar tales vulneraciones al derecho a la defensa, soliciten dili- gentemente al órgano jurisdiccional que se declare de manera inmediata la nulidad absoluta de las actuaciones subsiguientes.

Se pone por ahora a la palestra, para el foro jurídico, valorar la posible necesidad de modificar el contenido del artículo 287 del Código Orgánico Procesal Penal.

Existe un aspecto característico de doble connotación en la actividad proba- toria del proceso penal venezolano, en virtud de la identidad de las fuentes de prueba, obtenidas en los actos de investigación y que permite su relación con los actos de prueba.

Debido a la vocación probatoria, que pueden tener algunos actos de investi- gación en el proceso, el Ministerio Público está obligado a fundamentar su negativa, siendo la omisión, ilogicidad, contradicción, falta de motivación en el pronunciamiento, y no práctica de las diligencias solicitadas, una vulneración de los derechos legales y constitucionales del imputado.

El derecho constitucional de acceso al sistema probatorio está por encima de cualquier limitación que pueda establecer el legislador ordinario.