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ENERO DIALOGO Jaguar negro, venado blanco

Un fabuloso jaguar negro que habitaba la selva del Amazonas estaba cansado de dormir a la intemperie. Pensaba casarse muy pronto y, para casarse, hay que tener una casa. Por eso decidió construir una choza con todas las comodidades, a

la orilla de un río. Pero no era el único que planeaba construir en ese lugar… Un

delicado venado blanco tenía idénticos propósitos, ignorante de que por allí andaba una de sus mayores amenazas.

Una mañana, antes de que saliera el sol, el venado comenzó a preparar el terreno para construir y salió de paseo. En ese momento llegó el jaguar, quien se

sorprendió al ver que la superficie estaba lista y despejada para fincar. “Con seguridad Tulpa, el misterioso dios de la selva, ha venido a ayudarme”, pensó, y comenzó a trabajar con unos troncos que ya estaban cortados. Horas después, ya exhausto, se alejó de allí para descansar.

Al amanecer siguiente llegó de nuevo el venado y al hallar tan avanzada la obra también creyó que el enigmático Tulpa le había prestado ayuda. Le puso techo a la choza, la separó en dos habitaciones, y se puso a vivir en una de ellas. Por su parte, el jaguar negro llegó más tarde y al ver la choza terminada, se instaló en la habitación situada junto al dormitorio del venado. Así transcurrió la noche. Ambos despertaron con sed y, al dirigirse al río para beber, se encontraron frente a frente y comprendieron lo que había ocurrido.

“Bueno”, dijo el venado, “esto ocurrió porque Tulpa quiere que vivamos juntos,

¡qué raro!, ¿verdad? Y como todavía somos solteros podemos compartir esta

choza ¿qué te parece?”. El jaguar respondió: “Está bueno. Podemos dividirnos las tareas. Hoy a mí me toca ir por la comida.” El jaguar salió de cacería y regresó

cargando ¡el cuerpo de un venado rojo! Al entregárselo al venado blanco éste lo preparó, pero no probó bocado y aquella noche no durmió pensando en que el jaguar podría devorarlo.

Al día siguiente tocó al venado salir a buscar la comida. Halló un jaguar más grande que su compañero y, con la ayuda del oso hormiguero, lo capturó y lo llevó

a casa. “Mira”, le dijo al jaguar negro, “aquí está la comida”. El jaguar negro cocinó

la carne, pero no la probó. Cuando oscureció tanto el jaguar como el venado temblaban pensando en el ataque del vecino. Accidentalmente el venado golpeó la pared de su cuarto. El jaguar reaccionó con un rugido. Ambos creyeron que la

guerra había comenzado y salieron huyendo. La choza quedó abandonada y fue ocupada por un grupo de monos.

En la noche, otra vez a la intemperie, el jaguar negro pensaba “¡Tan sencillo que hubiera sido conversar y ponernos de acuerdo, ahora que yo estaba pensando

volverme vegetariano!” El venado blanco, vagando bajo la lluvia también reflexionaba: “extraño al jaguar. Hubiera sido increíble vivir juntos y reunir a nuestras familias… Ahora tendremos que empezar de cero”.

guerra había comenzado y salieron huyendo. La choza quedó abandonada y fue ocupada por un grupo

FEBRERO AMISTAD Bicho raro busca amigo

Había una vez un lugar donde vivían todo tipo de criaturas fantásticas. Había

hadas, brujas, brujos, trolls, magos, magas, dragones, gnomos, enanitos, elfos y cualquier otro ser imaginable.

Un día apareció por allí un ser verde y peludo, con grandes orejas y diminutos pies, con dos antenas en las que, al parecer, tenía el sentido del olfato.

Nadie le hacía caso, y eso que él se metía entre los demás seres, a ver si alguien le decía algo. Pero nada, todo el mundo se volvía hacia otro lado, sin prestarle atención.

Un día, este ser ver y peludo se puso un poco pesado y terminó cansando a un hada, que le gritó:

-¡Vete, bicho raro! Todos los demás seres empezaron a corear lo mismo:

-¡Vete, bicho raro! ¡Vete, bicho raro! El ser peludo y verde se fue muy triste, porque vio a la gente muy enfadada con

él. Al menos, pensó, ya tenía nombre: Bicho Raro.

Bicho Raro siguió su paseo entre los seres de aquel curioso lugar, pero en todas las partes le recibían igual:

-¡Vete, bicho raro! ¡Vete, bicho raro!

Bicho Raro encontró una cueva solitaria y allí se escondió. Después de estar tres días y tres noches llorando sin parar alguien le dijo desde el fondo de la cueva, con voz grave y profunda.

-¿Quién anda ahí, que no para de llorar? Llevo días escuchando pacientemente y ya no puedo más. Si quieres vivir aquí, puedo compartir la cueva contigo, pero no llores.

Bicho Raro se había quedado helado. Si hubiera podido mover un músculo habría salido de allí en un santiamén. -No tengas miedo, amiguito -se oyó decir-. Voy a salir despacio. No quiero que te asustes. No voy a hacerte daño.

Poco a poco fue apareciendo un dragón verrugoso de color verde. Y si esto no fuera poco, el dragón estaba tuerto y cojo. Sin embargo, despedía un agradable olor a flores silvestres. -¿Cómo te llamas? -preguntó el dragón. -No tenía nombre hasta hace unos días, cuando la gente empezó a llamarme Bicho Raro -dijo asustado.

-Y, ¿qué haces por aquí? -preguntó el dragón. -Busco un amigo, pero nadie me quiere -dijo Bicho Raro. -Yo puedo ser tu amigo, si tú quieres -dijo el dragón.

-¿De verdad? -preguntó Bicho Raro-. ¿No te doy asco, ni te parezco demasiado raro? -Yo podría preguntarte a ti lo mismo -dijo el dragón-. Pero, ¿tanto importa el aspecto? No puedo juzgarte solo por eso.

-Gracias, dragón -dijo Bicho Raro-. Seremos amigos. ¿Cómo te llamas? -No tengo nombre -dijo el dragón-. Puedes ponérmelo tú, si quieres. -Entonces te llamaré Amigo -dijo el dragón. -Gracias Bicho Raro -dijo el dragón-. Es el mejor nombre del mundo. Bicho Raro ya tiene un amigo. Juntos pasean de vez en cuando fuera de la

cueva, orgullosos de tenerse el uno al otro. Y si los demás se metían con él, o con ellos, ¡ni caso! ¡Ya les gustaría a ellos ser tan felices como eran Bicho Raro y el dragón Amigo!

cueva, orgullosos de tenerse el uno al otro. Y si los demás se metían con él,Eva María Rodríguez Esteban miraba con recelo el suelo de su dormitorio. Estaba lleno de papeles y bolitas de plástico. El envoltorio del juguete que le había regalado su tía Ana tenía la culpa. El juguete era genial, pero con el envoltorio se lo había pasado genial. El problema es que lo había dejado todo hecho un asco. Esteban recogió todo lo que pudo y lo tiró a la papelera. Pero no era suficiente. Así que fue a buscar a su madre, a ver si le ayudaba. -Coge la escoba y barre el suelo, Esteban -dijo mamá-. Ya verás qué bien queda todo. -Pero no sé barrer, mamá -dijo el niño-. No lo he hecho nunca. -Dicen por ahí que siempre tiene que haber una primera vez para todo -dijo mamá- . Inténtalo. En cuanto acabe con esto voy a verte. Esteban cogió la escoba y fue a su cuarto. Se sentó en la cama y empezó a mirar la escoba. -Esto es cosa de chicas -pensó Esteban. Y se quedó sentado, observando la escoba. " id="pdf-obj-3-4" src="pdf-obj-3-4.jpg">

MARZO

RESPONSABILIDAD

Los chicos también saben usar la escoba

Autor:

Eva María Rodríguez Esteban miraba con recelo el suelo de su dormitorio. Estaba lleno de papeles y bolitas de plástico. El envoltorio del juguete que le había regalado su tía Ana tenía la culpa. El juguete era genial, pero con el envoltorio se lo había pasado genial. El problema es que lo había dejado todo hecho un asco.

Esteban recogió todo lo que pudo y lo tiró a la papelera. Pero no era suficiente. Así que fue a buscar a su madre, a ver si le ayudaba.

-Coge la escoba y barre el suelo, Esteban -dijo mamá-. Ya verás qué bien queda todo.

-Pero no sé barrer, mamá -dijo el niño-. No lo he hecho nunca.

-Dicen por ahí que siempre tiene que haber una primera vez para todo -dijo mamá- . Inténtalo. En cuanto acabe con esto voy a verte.

Esteban cogió la escoba y fue a su cuarto. Se sentó en la cama y empezó a mirar la escoba.

-Esto es cosa de chicas -pensó Esteban. Y se quedó sentado, observando la escoba.

Un rato después Esteban escuchó a su madre

-¿Qué tal Esteban? ¿Has terminado? ¡Voy en un minuto!

Esteban se levantó dando un respingo y empezó a mover la escoba. Enseguida llegó su madre, y le preguntó:

-¿Ya has descubierto cómo funciona la escoba?

-No, mamá -dijo Esteban-. Es que esto es cosa de chicas.

-¿Ah, sí? -dijo mamá-. Ponte los zapatos, que vamos a hacer unas cuantas visitas ahora mismo.

No habían pasado ni cinco minutos y ya estaban en la calle.

-Vamos a ir a visitar a unos cuantos amigos míos -dijo mamá-. En su trabajo tienen que usar unos artefactos muy interesantes sin los cuales no podrían cumplir con su misión.

Esteban conoció a mucha gente esa tarde. Primero conoció a Felipe, un chico que trabajaba en una empresa de limpieza limpiando oficinas. Felipe barría, fregaba y limpiaba el polvo. Lo hacía con tanta gracia que parecía que bailaba.

Luego conoció a Juan, un barrendero que, cuando creçía que no le veía nadie, cantaba coplas mientras barría las calles.

Esteban también conoció Lucio, el dueño de un pequeño bar en el que hacía de todo, incluido barrer y fregar el suelo, para tenerlo todo limpio.

De vuelta a casa Esteban y su madre pasaron por el taller de coches de Andrés. Y allí lo pillaron limpiando el garaje, escoba en mano.

-¿Sigues pensando que barrer es cosa de chicas? -preguntó mamá.

-Ya he visto que no. Ahora mismo cojo la escoba a ver qué tal se me da -dijo Esteban.

-Luego paso por tu habitación a ver qué te apañas -dijo mamá.

-Gracias, mamá.

Esteban probó a barrer su habitación con la escoba. Su madre fue por allí al cabo de un rato.

-No me ha quedado muy bien barrido el suelo, mamá -dijo Esteban.

-No te preocupes -dijo mamá-. Al menos está mejor que antes. Y eso es lo importante. Ven, que te voy a contar un par de trucos.

Esteban practicó con la escoba barriendo el pasillo y el comedor. Y se sintió muy orgulloso de poder colaborar en casa.

-Gracias, mamá. Esteban probó a barrer su habitación con la escoba. Su madre fue por allíSilvia García Edades: A partir de 4 años Valores: humildad, sencillez, valorar lo que tenemos Alberto tenía la habitación empapelada de todo tipo de catálogos de juguetes, videojuegos, móviles y ordenadores. Una vez a la semana le pedía una recompensa a su madre por cualquier cosa que él considerara buena conducta: aprobar un examen, poner la mesa, limpiar su habitación, hacer su cama o volver a la hora del parque. Era algo que llevaba haciendo desde los 8 años y que ahora tenía diez se había convertido un poco en una rutina. En el fondo tenía tantas cosas que ya no sabía qué regalos pedir y por eso siempre acumulaba catálogos. " id="pdf-obj-5-12" src="pdf-obj-5-12.jpg">

ABRIL

HUMILDAD

Un verano sin juguetes

Autor:

Edades:

A partir de 4 años

Valores:

humildad, sencillez, valorar lo que tenemos Alberto tenía la habitación empapelada de todo tipo de catálogos de juguetes, videojuegos, móviles y ordenadores. Una vez a la semana le pedía una recompensa a su madre por cualquier cosa que él considerara buena conducta:

aprobar un examen, poner la mesa, limpiar su habitación, hacer su cama o volver a la hora del parque. Era algo que llevaba haciendo desde los 8 años y que ahora tenía diez se había convertido un poco en una rutina. En el fondo tenía tantas cosas que ya no sabía qué regalos pedir y por eso siempre acumulaba catálogos.

Para saber qué elegir.

Sus padres que pensaban que era bueno para Alberto el motivarlo con muchas cosas pero ya no sabían cómo sorprenderlo. Le envolvían los videojuegos con papel brillante, le hacían bizcochos de fresa para merendar los viernes mientras abría su recompensa, pero veían que nada hacía que Alberto estuviera feliz.

Cuando llegó el verano su tía Ana decidió que podía ser buena idea que Alberto la acompañara unos días a su casa de la playa. Los padres de Alberto accedieron y

al niño le pareció bien pero tenía dudas de cómo se sentiría en un lugar donde no tuviera todas sus cosas.

  • - ¿Y cÓmo voy a pasármelo bien tía Ana si apenas llevo una cuarta parte de mis cosas?

  • - Descubrirás cosas nuevas que te gusten. Ya verás que bien te lo vas a pasar

conmigo.

  • - ¿Y cómo voy a escoger lo que me gusta si no lo puedo ver antes en ningún catálogo?

  • - Créeme, no necesitas ningún catálogo.

Alberto miró a su tía extrañado. Si no hay nada mejor en el mundo que escoger y poder tenerlo inmediatamente. ¿Qué sorpresa sería nueva para él?

Al pasar los cinco días Alberto que volvió a la ciudad en el coche con su tía le dijo:

  • - Tía, muchas gracias por todo. He disfrutado mucho con los helados que nos

tomamos en la playa, me lo he pasado genial jugando con nuevos amigos que he conocido sin apuntarme a ningún deporte y cada día hemos hecho cosas diferentes en la playa: un día la cometa, otro día un cuento, otro día escribir

nuestros nombres con conchas…. Gracias por haberme hecho tan feliz este verano.

Su tía Ana le contestó:

  • - Me alegro Alberto de que hayas conocido las cosas de la vida que no se pueden

comprar.

Para saber qué elegir. Sus padres que pensaban que era bueno para Alberto el motivarlo con

MAYO

PAZ

Cuentos para niños sobre la paz. Buscando la paz

MAYO PAZ Cuentos para niños sobre la paz. Buscando la paz Había una vez un reypintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron. El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas. La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta. La segunda pintura también tenía montañas. Pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico. Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, vio tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir del la violenta caída de agua, estaba sentado placidamente un pajarito en su nido ... - ¿Paz perfecta ? ... - ¿Cuál crees que fue la pintura ganadora? El Rey escogió la segunda. - ¿Sabes por qué? Explicó el rey: " Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz." FIN " id="pdf-obj-7-8" src="pdf-obj-7-8.jpg">

Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera captar en una pintura la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron. El rey observó y admiró todas las pinturas, pero solamente hubo dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenía montañas. Pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacífico.

Pero cuando el Rey observó cuidadosamente, vio tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir del la violenta caída de agua, estaba sentado placidamente un pajarito en su nido ...

  • - ¿Paz perfecta

? ...

  • - ¿Cuál crees que fue la pintura ganadora? El Rey escogió la segunda.

  • - ¿Sabes por qué?

Explicó el rey: "Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de todas estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz."

FIN

JUNIO

PERSEVERANCIA

Lula quiere ser pintora

Autor:

Edades:

A partir de 3 años

Valores:

perseverancia, ilusión Había una vez una jirafa llamada Lula que soñaba con ser pintora. Todos sus amigos se reían cuando ella les hablaba de sus aspiraciones artísticas.

-Qué tontería -le decían unos-. ¡No hay pinceles ni atriles para jirafas!

- Qué pérdida de tiempo -decían otros-, si nadie va a querer los cuadros pintados

por una jirafa habiendo verdaderos pintores profesionales por todo el mundo….

Pero la jirafa Lula seguía persistente con su ilusión. Poco a poco fue juntando ahorros y se compró material de pintura. Unos pinceles y brochas, aguarrás para limpiarlos, lienzos de varios tamaños y grosores, acuarelas, pinturas al óleo y al pastel, etc. La verdad es que Lula se gastó casi todos sus ahorros en su nueva afición. Primero quería probar todas las técnicas para ver cuál se le daba mejor y después centrarse en una.

-El que mucho abarca poco aprieta, Lula- le decía una vecina.

Pero Lula solo quería probar para ver dónde se encontraba más cómoda. Si pintando paisajes con acuarela o retratos con óleo. Solo quería probar.

Una vez recopilado todo el material, empezó a pintar sus primeros cuadros. Muchos se reían al verla aparecer con la brocha en la boca y teniendo que colgar el lienzo en lo alto de una palmera para trabajar cómodamente. A pesar de las burlas y de que nadie parecía creer en el talento de Lula, ella no se rindió.

Se levantaba temprano y se iba a zonas solitarias a pintar. Primero hacía los bocetos con lápiz y después empezaba a darle color al lienzo. Le gustaba pintar

paisajes porque le encantaba dejarse llevar por los tonos de la naturaleza. El

verde de los árboles, el ocre de las dunas, el azul de los ríos, el rojo intenso de

algunas flores….

Un día por la mañana llegó hasta Lula un loro de casi tantos colores como el arcoíris. Le pidió que le retratase. Al principio la jirafa dijo que no porque no se atrevía. El loro, que se llamaba Jack, le dijo que, si hubiera querido un pintor profesional, habría ido a otro sitio. Que lo que buscaba era a alguien con una técnica novedosa.

Lula se puso manos a la obra y en un par de semanas de trabajo intenso, acabó el cuadro del loro. Quedó tan contento con el resultado que pronto la noticia corrió como la pólvora. A los pocos días, decenas de animales hacían cola para ser retratados por Lula. Ella, que no era rencorosa, lo hizo con gusto a pesar de que muchos se hubiesen reído de ella al principio. Porque, además de perseverante, era una jirafa fiel a sí misma y en su cabeza no cabía la posibilidad de ser vengativa.

paisajes porque le encantaba dejarse llevar por los tonos de la naturaleza. El verde de losEva María Rodríguez En lo más profundo de Tierra Mágica, las hadas ancianas elaboraban un producto muy especial: los polvos de hada. Gracias a estos polvos, las hadas devolvían la sonrisa a los tristes, llevaban la paz donde había conflictos y dotaban de luz a los " id="pdf-obj-9-12" src="pdf-obj-9-12.jpg">

JULIO

GRATITUD

Ataque a Tierra Mágica

Autor:

Eva María Rodríguez En lo más profundo de Tierra Mágica, las hadas ancianas elaboraban un producto muy especial: los polvos de hada. Gracias a estos polvos, las hadas devolvían la sonrisa a los tristes, llevaban la paz donde había conflictos y dotaban de luz a los

lugares donde reinaba la oscuridad.

Toda Tierra Mágica era un lugar hermoso en el que convivían especies mágicas de todo tipo en paz gracias a los polvos de hada.

Pero un día, sin que nadie lo esperase, las cosas cambiaron. Llantos y gritos empezaron a oírse por todas partes. Surgieron las peleas y las riñas. La gente estaban enfadada, triste y rabiosa.

Muy asustadas, las hadas empezaron a repartir sus polvos, esforzándose mucho más. Las que estaban descansando enseguida se levantaron para ir a por más polvo de hada y ayudar a sus compañeras. Pero el polvo de hada no hacía nada.

Ante una situación tan desesperante, la más anciana de las hadas reunió a todas las demás y les dijo:

- Algo va mal. La gente no para de discutir, de gritar, de llorar, de pelearse… Y eso empeora a cada minuto. Debemos investigar a ver qué pasa.

Todas las hadas salieron a investigar. Nada más salir, el hada anciana notó algo raro.

-Este olor… no es como lo recordaba -dijo la anciana.

Todas las demás afinaron su olfato. La mayoría no pudo apreciar nada, pero las más mayores pudieron identificar algo extraño en el aire.

-No consigo saber qué olor es este -dijo una de las hadas más mayores.

-Hermanas, ya sé lo que pasa -dijo la anciana-. Hemos sufrido un ataque. Años ha, cuando yo era aún muy joven, pasó algo parecido. Las consecuencias fueron terribles. La guerra se asentó en Tierra Mágica durante años. Solo la sabiduría de un viejo mago solitario logró acabar con el problema. Vayamos a verlo.

-Pero, ¿qué pasó? ¿Quién nos ataca? ¿Qué es eso que hay en el aire?

-Los trolls de Tierra Podrida nos atacaron usando su arma más peligrosa: bombas de pedo de troll.

-¿Qué?

-El viejo mago solitario consiguió neutralizar el pedo de troll cambiando la fórmula del polvo de hada -dijo el hada anciana-. Parece que el efecto se ha pasado. Hay que ir a buscar al mago.

-No es por ofender -dijo el hada más joven-, pero si el mago era viejo cuando tú eras una niña, ahora que la anciana eres tú, no sé yo si todavía estará vivo.

-No te preocupes, jovencita -dijo el hada anciana-. Un mago, cuando llegan a los cien años, si ha sido bueno, se convierte en dragón. Estoy segura de que lo encontraremos.

Todas las hadas partieron con la esperanza de encontrar un dragón. Tras varios días buscándole, al fin lo encontraron en lo alto de una montaña.

-Sé a lo que venís -les dijo el dragón-. En ese charco tenéis lo que necesitáis:

lágrimas de dragón.

-Los dragones no lloran -dijo el hada anciana.

-Sabrás entonces el gran esfuerzo que he tenido que hacer -dijo el mago.

-Podrías haber muerte de pena -dijo el hada anciana.

-Corred, que mi sacrificio no sea en balde -dijo el dragón.

Las hadas añadieron las lágrimas de dragón a los polvos de hada y todo volvió a la normalidad en Tierra Mágica. Para todos menos para el dragón, que quedó muy afectado por el esfuerzo. Pero desde entonces siempre hay dos o tres hadas cuidando de él. Porque es de bien nacido ser agradecido.

-El viejo mago solitario consiguió neutralizar el pedo de troll cambiando la fórmula del polvo de

AGOSTO

LIBERTAD

a abejita soñadora

Autor:

Eva María Rodríguez Había una vez una abejita muy trabajadora que se pasaba el día entero entre las

flores recogiendo polen para llevarlo a la colmena y así hacer miel.

A la abejita le encantaba su trabajo, y lo hacía con mucha alegría. Nunca le faltaba de nada y tenía una gran familia. Pero, aún así, la abejita no era feliz.

La abejita soñaba con conocer mundo, con descubrir otro tipo de flores, probar otro tipo de néctar y saborear otro tipo de miel.

Al principio, la abejita se guardaba para ella sus sueños. Pero, con el tiempo, se los fue contando a las demás. Pero ninguna la tomaba en serio. Incluso algunas se reían de ella.

La historia de que una abejita soñaba con viajar y conocer otros lugar y otras flores llegó a oídos de la Abeja Reina. Y no le gustó nada. Así que la mandó llamar.

-Pequeña abejita, no quiero oír nunca más que vas diciendo esas tonterías por ahí. ¿Queda claro? Tu sitio es este y no podrás irte de aquí jamás. Si vuelvo a oír que andas diciendo esas cosas te encerraré para siempre.

La abejita se quedó muy triste, pero también confundida. La Abeja Reina no le había reñido por desear conocer otros lugares. Lo que le había parecido mal a la Abeja Reina es que lo estuviera contando. ¿Qué mal podría estar haciendo ella hablando de sus sueños de libertad?

-¡Ah, claro! ¡Es eso! -pensó la abejita-. La Abeja Reina tiene miedo. Si todas las abejas nos fuéramos, nadie trabajaría para ella. ¿Es que no soy la única que sueña con ser libre? ¿Es que tal vez haya otras que sueñen con lo mismo que yo?

En ese momento, una abeja interrumpió sus pensamientos.

-¿Qué tal, abejita? ¿Qué quería la Abeja Reina de ti? Te ha regañado bien, ¿eh?

Es que no se puede soñar con tonterías, abejita.

-Te equivocas, compañera -respondió la abejita-. No me ha reñido por soñar, sino por hablar de ello. Me ha pedido que cierre la boca. Se conoce que no soy la primera que sueña despierta. Pero ya me callo, que luego me castiga.

-Vaya, vaya -pensó la otra-. ¡Qué curioso! ¿Qué ocultará la Abeja Reina?

Y así, sin hacer ruido, entre susurros, entre las abejas empezó a crecer el mismo sueño que tenía la abejita soñadora. Primero fue por curiosidad, la curiosidad que despierta lo prohibido. Después el interés por conocer algo nuevo se convirtió en un deseo de libertad para decidir.

Quién sabe si algún día la abejita soñadora se atreverá a cumplir su sueño. Quién sabe si alguna lo hará. Porque soñar es fácil. Lo difícil es tener valor para hacer realidad tus sueños.

Es que no se puede soñar con tonterías, abejita. -Te equivocas, compañera -respondió la abejita-. NoSilvia García Había una vez un ogro rojo que vivía separado del mundo, en una enorme cabaña también de color rojo en la falda de una montaña, muy cerca de una aldea. El ogro era tan grande que todo el mundo le temía y nunca se acercaba nadie a él. Lo que no sabía la gente del pueblo es que en realidad aquel ogro era pura bondad. De hecho, estaba deseando tener amigos, pero no sabía cómo demostrarlo. En cuanto ponía un pie en la calle, todos los habitantes del pueblo empezaban a gritar y a correr en dirección contraria. Al final, al pobre ogro no le quedaba otra opción que quedarse encerrado en su cabaña triste y aburrido. " id="pdf-obj-13-12" src="pdf-obj-13-12.jpg">

SEPTIEMBRE

GENEROSIDAD

El ogro rojo

Autor:

Silvia García Había una vez un ogro rojo que vivía separado del mundo, en una enorme cabaña también de color rojo en la falda de una montaña, muy cerca de una aldea. El ogro era tan grande que todo el mundo le temía y nunca se acercaba nadie a él. Lo que no sabía la gente del pueblo es que en realidad aquel ogro era pura bondad. De hecho, estaba deseando tener amigos, pero no sabía cómo demostrarlo. En cuanto ponía un pie en la calle, todos los habitantes del pueblo empezaban a gritar y a correr en dirección contraria. Al final, al pobre ogro no le quedaba otra opción que quedarse encerrado en su cabaña triste y aburrido.

Pasaron los años y llegó un momento en el que el ogro ya no pudo aguantar más la soledad tan grande que le invadía. Se le ocurrió repartir folletos entre los buzones de las casas de la aldea. En ellos podía que no era peligroso y que solo quería vivir como el resto de las personas. Pero unos niños lo vieron entre los buzones y corrieron la voz de que estaba en la aldea, así que volvió a cundir el pánico entre los aldeanos. Desesperado, el ogro volvió a encerrarse en su casa, esta vez más triste que nunca. Le dolía mucho que le juzgasen por su aspecto sin querer llegar a conocerle. Un día vino a visitarle su primo lejano. También era un ogro, pero este de color azul. Escuchó sus llantos y le preguntó qué le pasaba. El ogro rojo le explicó a su primo que era incapaz de que la gente dejase de tenerle miedo. El ogro azul decidió ayudarle. Le dijo que iría hasta la plaza del pueblo y allí se pondría a asustar a la gente para que después el ogro rojo apareciese para calmarlos y quedar así como el salvador. La verdad es que el ogro rojo no estaba muy convencido del plan, pero al final aceptó.

Todo salió como estaba previsto. En cuanto el ogro azul apareció en la plaza, la gente echó a correr despavorida por las calles buscando un escondite. El ogro rojo, siguiendo el plan, llegó a toda velocidad y se enfrentó al azul. Lo hizo tan creíble que nadie en el pueblo sospechó que se trataba de una farsa. Al final el ogro azul escapó y todo el pueblo empezó a aplaudir. El ogro rojo empezó a vivir como un ciudadano más del pueblo y estuvo eternamente agradecido a su primo y a su generosidad.

Pasaron los años y llegó un momento en el que el ogro ya no pudo aguantar

OCTUBRE

FORTALEZA

Un papá muy duro

Ramón era el tipo duro del colegio porque su papá era un tipo duro. Si alguien se atrevía a desobedecerle, se llevaba una buena.

Hasta que llegó Víctor. Nadie diría que Víctor o su padre tuvieran pinta de duros:

eran delgaduchos y sin músculo. Pero eso dijo Víctor cuando Ramón fue a asustarle.

  • - Hola niño nuevo. Que sepas que aquí quien manda soy yo, que soy el tipo más duro.

  • - Puede que seas tú quien manda, pero aquí el tipo más duro soy yo.

Así fue como Víctor se ganó su primera paliza. La segunda llegó el día que Ramón quería robarle el bocadillo a una niña.

  • - Esta niña es amiga del tipo más duro del colegio, que soy yo, y no te dará su bocadillo - fue lo último que dijo Víctor antes de empezar a recibir golpes.

Y la tercera paliza llegó cuando fue él mismo quien no quiso darle el bocadillo.

  • - Los tipos duros como mi padre y yo no robamos ¿y tú quieres ser un tipo duro? - había sido su respuesta.

Víctor seguía llevándose golpes con frecuencia, pero nunca volvía la cara. Su valentía para defender a aquellos más débiles comenzó a impresionar al resto de compañeros, y pronto se convirtió en un niño admirado. Comenzó a ir siempre acompañado por muchos amigos, de forma que Ramón cada vez tenía menos oportunidades de pegar a Víctor o a otros niños, y cada vez menos niños tenían miedo de Ramón. Aparecieron nuevos niños y niñas valientes que copiaban la actitud de Víctor, y el patio del recreo se convirtió en un lugar mejor. Un día, a la salida, el gigantesco papá de Ramón le preguntó quién era Víctor.

  • - ¿Y este delgaducho es el tipo duro que hace que ya no seas quien manda en el

patio? ¡Eres un inútil! ¡Te voy a dar yo para que te enteres de lo que es un tipo

duro!

No era la primera vez que Ramón iba a recibir una paliza, pero sí la primera que estaba por allí el papá de Víctor para impedirla.

  • - Los tipos duros como nosotros no pegamos a los niños, ¿verdad? - dijo el papá de Víctor, poniéndose en medio. El papá de Ramón pensó en atizarle, pero observó que aquel hombrecillo delgado estaba muy seguro de lo que decía, y que

varias familias estaban allí para ponerse de su lado. Además, después de todo, tenía razón, no parecía que pegar a los niños fuera propio de tipos duros.

Fue entonces cuando el papá de Ramón comprendió por qué Víctor decía que su padre era un tipo duro: estaba dispuesto a aguantar con valentía todo lo malo que le pudiera ocurrir por defender lo que era correcto. Él también quería ser así de duro, de modo que aquel día estuvieron charlando toda la tarde y se despidieron como amigos,habiendo aprendido que los tipos duros lo son sobre todo por dentro, porque de ahí surge su fuerza para aguantar y luchar contra las injusticias.

Y así, gracias a un chico que no parecía muy duro, Ramón y su papá, y muchos otros, terminaron por llenar el colegio de tipos duros, pero de los de verdad: esos capaces de aguantar lo que sea para defender lo que está bien.

varias familias estaban allí para ponerse de su lado. Además, después de todo, tenía razón, noSilvia García Edades: Clara tenía 10 años y ahora que se acababa el cole estaba muy contenta porque el colegio se volvía un sitio más divertido. Hacían más juegos, más deporte y los profes no les mandaban tantas fichas para hacer en casa. Un día la profesora de lengua les mandó que hicieran una redacción sobre lo que iban a hacer en verano y que después hicieran un dibujo como portada de esa pequeña historia. Clara hizo un dibujo de un sol y una playa, pues siempre se iba de vacaciones a Alicante con mamá y los abuelos. Era un sitio súper chulo, porque siempre hacía sol y en la playa conocía a un montón de niños. Ya solo quedaba un mes para poder ir. Pintó su fantástico sol, pero sin querer se salió con el amarillo. Luego " id="pdf-obj-16-12" src="pdf-obj-16-12.jpg">

NOVIEMBRE

PERDON

El dibujo de la sinceridad

Autor:

Edades:

Clara tenía 10 años y ahora que se acababa el cole estaba muy contenta porque el colegio se volvía un sitio más divertido. Hacían más juegos, más deporte y los profes no les mandaban tantas fichas para hacer en casa. Un día la profesora de lengua les mandó que hicieran una redacción sobre lo que iban a hacer en verano y que después hicieran un dibujo como portada de esa pequeña historia.

Clara hizo un dibujo de un sol y una playa, pues siempre se iba de vacaciones a Alicante con mamá y los abuelos. Era un sitio súper chulo, porque siempre hacía sol y en la playa conocía a un montón de niños. Ya solo quedaba un mes para poder ir. Pintó su fantástico sol, pero sin querer se salió con el amarillo. Luego

quiso pintar la arena y no encontró un color que no fuera el marrón oscuro así que fue el lápiz que utilizó. Cuando acabó estaba contenta porque se había esforzado mucho en dejarlo bonito. Era su pequeña ventana al verano.

Cuando el resto de niños acabaron la profesora les mandó ponerse de dos en dos y les dijo que tenían que explicarse entre ellos su redacción y enseñar el dibujo. A Clara le tocó con Jennifer, una niña muy simpática que no jugaba mucho con ellos en el patio porque solía estar cuidando de sus hermanos.

-¡Hola Jennifer! Mira te enseño mi dibu. Es una playa de Alicante. Me gusta mucho. Voy con mi madre y mis abuelos. El sol es amarillo muy fuerte y me encanta. ¿A ti?

-Uhmmm. Hola Clara. Pues espero que no te enfades, pero me parece que el dibujo está mal hecho, te has salido un montón y has pintado el cielo de amarillo. La playa parece montaña porque el marrón es muy oscuro. Me gusta lo que cuentas. Lo tenéis que pasar muy bien todos juntos allí.

Clara se sintió paralizada y no supo que decir. Le entraron unas ganas enormes de llorar que no pudo controlar y de repente por sus mejillas rodaron pequeñas gotas que fueron asomando unas detrás de otras. A Jennifer no le dio tiempo a decir nada. La profesora vino enseguida y ella asustada porque no sabía lo que había hecho tan malo se echó a llorar también.

Las dos niñas contaron lo sucedido y se calmaron, pero cuando Clara llegó a casa le contó a su madre lo sucedido y le enseñó el dibujo. Su mamá le ayudó, le dijo que no tenía que enfadarse ni sentirse triste con Jennifer. Su compañera le había dicho lo que pensaba y además era cierto. Cuando el otro se toma un tiempo en decirnos lo que piensa y en enseñarnos en que podemos mejorar no tenemos que reaccionar mal hacía él o ella. Ana se tranquilizó y cuando llegó a clase habló con Jennifer, le pidió disculpas y

las dos a partir de ahora fueron amigas.

quiso pintar la arena y no encontró un color que no fuera el marrón oscuro así

DICIEMBRE

JUSTICIA

El rescate del tesoro pirata

Autor:

Eva María Rodríguez El joven Tim acababa de enrolarse en la tripulación de la Isabela, una nave que se

dedicaba a llevar mercancías de acá para allá. Lo que no sabía Tim es que, en realidad, estaba embarcando en un auténtico barco pirata. Pero para cuando lo descubrió ya era demasiado tarde.

Tim no quería ser pirata. Él quería ser comerciante. Y estar a bordo de ese barco lo complicaba todo. Pensando en esto estaba cuando escuchó al capitán hablar con otros piratas:

-Tenemos que recuperar el tesoro que escondimos en Isla Madreselva. El que robamos al barco español -dijo el capitán.

-¿El cofre que iba destinado a construir el orfanato? -preguntó uno de los piratas.

-Ese mismo -respondió el capitán.

Tim sintió que los carrillos se le enrojecían de rabia. Los muy rufianes habían robado el dinero destinado a construir un orfanato. Eso sí que no lo podía consentir. Así que decidió seguir escuchando, a ver qué podía hacer.

Los piratas hablaron largo y tendido sobre este tema, lo suficiente como para que Tim hurdiera un plan.

Dos días después avistaron Isla Madreselva. Tim se ofreció a acercarse en el bote hasta la isla para comprobar que no había nadie. Como ni el capitán ni los demás piratas sospechaban que Tim supiera lo del tesoro lo dejaron ir remando en el bote.

Cuando llegó a la playa, Tim fue directamente a la cueva donde estaba escondido el tesoro. Tras comprobar el contenido el cofre, Tim salió de la cueva. Con un tinte rojo que había cogido de la enfermería Tim se pintó la cara y los brazos. Luego se descolocó la ropa y se despeinó. Después fue corriendo a la playa, gritando:

-¡Huid! ¡Huid! La autoridad está aquí escondida. Os van a apresar. ¡Huid!

El vigía gritó:

-¡Es Tim! Está cubierto de sangre. Parece que lo han apresado y ha logrado escapar para avisarnos. ¡Huyamos!

-¿Nos delatará? -preguntó uno de los piratas.

-No sabe nada -dijo el capitán-. ¡Vámonos de aquí!

Los piratas, muy asustados, izaron velas y se pusieron en marcha, sin sospechar nada.

Cuando Tim perdió de vista el barco se lavó y se peinó. Comió lo que pudo recolectar y cazar, reservando todo lo que pudo para los días siguientes. Por la noche fue a por el cofre, lo cargó en el bote y empezó a remar. Remó durante horas hasta que apareció un barco de la Armada Real.

Cuando Tim les contó lo ocurrido el capitán se sintió muy agradecido y le ofreció un puesto de grumete en su barco. Tin aceptó sin pensarlo dos veces.

-Devolveremos este cofre a sus legítimos dueños para la construcción del orfanato. Esa será tu primera misión -dijo el capitán.

-Sí, mi capitán -dijo Tim.

-Puede que algún día tú también seas capitán de la Armada Real -dijo el capitán.

-Nada me gustaría más, mi capitán -dijo Tim. Y así es como empezó la historia del que un día sería el gran Capitán Tim, temido por todos los piratas y respetado por toda la gente de bien.

El vigía gritó: -¡Es Tim! Está cubierto de sangre. Parece que lo han apresado y ha