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Test AUDIT sobre la dependencia al alcohol

1. ¿Con qué frecuencia consumes alguna bebida alcohólica?


 Nunca.
 Una o menos veces al mes.
 2 a 4 veces al mes.
 2 o 3 veces a la semana.
 4 o más veces a la semana.

2. ¿Cuántas bebidas alcohólicas consumes normalmente los días que bebes?


 1 o 2.
 3 o 4.
 5 o 6.
 7 a 9.
 10 o más.

3. ¿Con qué frecuencia te tomas 6 o más bebidas alcohólicas en un solo día?


 Nunca.
 Menos de una vez al mes.
 Mensualmente.
 Semanalmente.
 A diario o casi a diario

4. ¿Con qué frecuencia, en el curso del último año, has sido incapaz de parar de
beber una vez que habías empezado?
 Nunca.
 Menos de una vez al mes.
 Mensualmente.
 Semanalmente.
 A diario o casi a diario

5. ¿Con qué frecuencia, en el curso del último año, no pudiste cumplir con tus
obligaciones porque habías bebido?
 Nunca.
 Menos de una vez al mes.
 Mensualmente.
 Semanalmente.
 A diario o casi a diario.
Test AUDIT sobre la dependencia al alcohol

6. ¿Con qué frecuencia, en el curso del último año, has necesitado beber en ayunas
para recuperarte después de haber bebido mucho el día anterior?
 Nunca.
 Menos de una vez al mes.
 Mensualmente.
 Semanalmente.
 A diario o casi a diario

7. ¿Con qué frecuencia, en el curso del último año, has tenido remordimientos o
sentimientos de culpa después de haber bebido?
 Nunca.
 Menos de una vez al mes.
 Mensualmente.
 Semanalmente.
 A diario o casi a diario.

8. ¿Con qué frecuencia, en el curso del último año, no has podido recordar lo que
sucedió la noche anterior porque habías estado bebiendo?
 Nunca.
 Menos de una vez al mes.
 Mensualmente.
 Semanalmente.
 A diario o casi a diario.

9. ¿Tú o alguna otra persona habéis resultado heridos porque habías bebido?
 No.
 Sí, pero no en el curso del último año.
 Sí, en el último año

10. ¿Algún familiar, amigo, médico o profesional sanitario han mostrado


preocupación por tu consumo de bebidas alcohólicas, o te han sugerido que dejes
de beber?
 No.
 Sí, pero no en el curso del último año.
 Sí, en el último año.

Link para verificar los datos


https://www.webconsultas.com/mente-y-emociones/test-de-psicologia/test-
audit-soy-alcoholico
Test AUDIT sobre la dependencia al alcohol

http://www.depresion.psicomag.com/alcoholismo.php

Tratamiento

Entre los enfoques interventivos con efectividad documentada se destacan


las intervenciones breves, entrevistas motivacionales, entrenamiento en
habilidades sociales y de afrontamiento cognitivo-conductual, el
reforzamiento comunitario, el contrato conductual, las terapias aversivas y
la prevención de las recaídas. Entre las terapias con limitaciones se pueden
mencionar la psicoterapia del insight, consejería confrontacional, el
entrenamiento en relajación, consejería y el empleo de recursos educativos.

Tratamientos psicológicos eficaces para el


alcoholismo
Como veremos, las terapias psicológicas que se han desarrollado para
reducir o eliminar el consumo de alcohol utilizan sobre todo técnicas
basadas en el condicionamiento clásico, como la extinción de los signos
fisiológicos del “craving”, y en el operante, como el desarrollo de
refuerzos alternativos que sustituyan el proporcionado por el alcohol.
Con frecuencia estos programas se combinan con fármacos por tal de
permitir o promover el cambio. Entre estos destacan medicamentos
ansiolíticos como las benzodiacepinas y sustancias que provocan efectos
aversivos al combinarse con el alcohol, como el disulfiram (más conocido
por su nombre comercial, “Antabus”).

Aproximación al refuerzo comunitario


Hunt y Azrin desarrollaron en 1973 el programa de aproximación al
refuerzo comunitario (“Community reinforcement approach” en el inglés
original) para el tratamiento del alcoholismo severo. Su eficacia ha hecho
que se aplique también a otros tipos de adicción, y se ha mostrado
especialmente útil en el caso de la heroína al combinarlo con el manejo de
contingencias.
Los dos objetivos principales de este tratamiento, que se encuentran
íntimamente relacionados entre ellos, son la reducción del consumo de
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alcohol y el desarrollo de hábitos alternativos que refuercen la sobriedad.


De este modo el refuerzo positivo se utiliza como herramienta clave; lo
mismo sucede con el fomento de la motivación para el cambio.
La aproximación al refuerzo comunitario se basa en técnicas como el
entrenamiento en habilidades de comunicación (focalizado sobre todo en
el entorno cercano), la práctica de actividades de ocio saludables, la
adquisición de habilidades que faciliten la búsqueda de empleo y la mejora
de la resistencia a la tentación de beber a través de
la sensibilizaciónencubierta.
Como sucede con otros de los tratamientos que mencionaremos, la
aproximación al refuerzo comunitario suele combinarse con el uso de
disulfiram por tal de potenciar los efectos terapéuticos de las técnicas
cognitivo-conductuales. Este fármaco provoca reacciones desagradables
al interactuar con el alcohol, como náuseas y ansiedad.

2. Terapia cognitivo-conductual familiar y de pareja


Las terapias familiares y de pareja para el alcoholismo son programas
multicomponente que tienen como objetivos fundamentales la mejora de
la comunicación entre el paciente y sus seres más cercanos, así como el
incremento del refuerzo positivo obtenido a través de la interacción con
estos.
A nivel teórico este tipo de tratamientos plantean que la mala relación
con la familia, y especialmente con la pareja, favorece el consumo de
alcohol; por contra, si la interacción es positiva puede suponer una fuente
de refuerzo clave con el potencial de modificar la conducta de la persona
que bebe. Además la familia puede proporcionar apoyo a la abstinencia.
Un ejemplo es el programa de refuerzo comunitario y entrenamiento
familiar o CRAFT(“Community reinforcement and family training”)
desarrollado por Millar, Meyers y Tosigan en 1999. Esta terapia utiliza la
entrevista motivacional, el entrenamiento en manejo de contingencias, la
identificación de situaciones de riesgo y las actividades de ocio con la
familia.

3. Entrenamiento en habilidades sociales y de


afrontamiento
Los programas que se engloban en esta categoría tienen como objetivo la
adquisición de habilidades sociales y de afrontamiento para situaciones
de riesgo de consumo de alcohol. Se basa, por tanto, en el entrenamiento
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de este tipo de estrategias y en su práctica en contextos que


desencadenan habitualmente la conducta de beber.
Puesto que existe un gran número de tratamientos para el alcoholismo
que tienen como núcleo el entrenamiento en habilidades, la eficacia de
estos programas puede variar en función del caso concreto. La
intervención desarrollada por Langley y colaboradores, que se denomina
“habilidades de afrontamiento para la conducta de beber”, es un ejemplo
destacable.

4. Programa de prevención de recaídas


Aunque hace unas décadas la prevención de recaídas era vista como un
módulo adicional que podía potenciar los efectos terapéuticos de otros
programas, en la actualidad la prevención de recaídas constituye en sí
misma una categoría de tratamientos diferenciada y su eficacia ha sido
demostrada incluso si se aplica de forma independiente.
El modelo de Marlatt y Gordon es especialmente conocido. Estos autores
enfatizan la naturaleza progresiva de la recuperación; en este sentido, su
terapia enseña a distinguir las “caídas” puntuales de las “recaídas”, que
tienen un carácter más crónico. Nuevamente el entrenamiento de
habilidades de afrontamiento para situaciones de riesgo es un aspecto
central.

5. Terapia de exposición a señales


La terapia de exposición a pistas o señales, abreviada como “CET” (“Cue
Exposure Therapy”), ha sido aplicada con resultados moderadamente
eficaces en casos de abuso de alcohol, así como en programas para
interrumpir el consumo de tabaco.
Se centra en reducir la reactividad de la persona adicta a las señales
ambientales que provocan las respuestas condicionadas de “craving” o
deseo de consumo. Para ello se utilizan procedimientos de exposición y
prevención de respuesta ante la presencia de los estímulos antecedentes
por tal de extinguir las reacciones psicofisiológicas asociadas al craving.
La una de las ventajas de este método es que va a la raíz del deseo de la
adicción.
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6. Programas de autocontrol o bebida controlada


Estos tratamientos se aplican cuando la persona quiere reducir la
intensidad de su consumo de alcohol sin abandonarlo completamente.
Suele llevarse a cabo en jóvenes con un nivel adecuado de apoyo social y
económico, así como en casos más severos en que los programas de
abstinencia total han fracasado.
Normalmente se inicia la terapia estableciendo objetivos, realizando un
análisis funcional de las situaciones de bebida y autorregistrando estas
conductas. Posteriormente tiene lugar un periodo de abstinencia
(aproximadamente un mes) que se combina con el entrenamiento de
habilidades de afrontamiento alternativas, útiles también para la
prevención de recaídas.

7. Manejo de contingencias basado en el refuerzo


El manejo de contingencias es un enfoque terapéutico basado en el
paradigma del condicionamiento operante. El consumo de alcohol se
concibe como una conducta operante en cuyo mantenimiento influyen
reforzadores como los propios efectos de la bebida o las situaciones de
interacción social a las que se asocia la adicción.
Estos programas consisten en sustituir los refuerzos inadecuados por
incentivos adaptativos y tangibles, principalmente artículos de uso
personal como entradas para sesiones de cine u otros espectáculos. Estos
premios se obtienen a partir de la demostración de que se ha mantenido
la abstinencia, frecuentemente a través de pruebas de orina.

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