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“Trabajo preparado para su presentación en el XIII Congreso Nacional y VI Congreso Internacional

sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la


Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 10 al 13 de septiembre de 2018.”

“Le hicieron creer”. Una aproximación desde el análisis político del discurso al
relato de Cambiemos.
Mauricio Schuttenberg (CONICET-UNLP-UNAJ)
Área temática: 8. Historia Política

Resumen:

Recientemente la alianza Cambiemos logró acceder al gobierno por elecciones e incluso ganar un
histórico bastión del peronismo como lo era la provincia de Buenos Aires. En este sentido, la etapa
de la Argentina posneoliberal tuvo una gran cobertura desde las ciencias sociales. Este triunfo
rompe con la histórica dificultad de la derecha de lograr acceder al poder por medios electorales.
Desde la recuperación de la democracia en 1983 diferentes experiencias de la derecha intentaron
llegar al gobierno y ninguna tuvo éxito como partido “puro”. Esta situación que resultó inesperada
por un sector amplio de las ciencias sociales reabre indudablemente el debate en torno a los
alcances y naturaleza del proceso político en ciernes.
De esta forma, la ponencia intenta abordar el discurso de Cambiemos y de sus principales referentes
intelectuales para captar los puntos nodales de un discurso que está produciendo una hegemonía. En
este aspecto, planteamos realizar una búsqueda por discursos que políticos, allegados, empresarios y
periodistas cercanos a Cambiemos han realizado para dar cuenta del proyecto político encarnado en
un relato que esta fuerza representa. Nuestra hipótesis sostiene que en esos materiales existe un
pensamiento plasmado que trasciende la inmediatez mediática y es por ello fundamental
profundizar en esa línea.

Introducción

En 2015 se cierra el ciclo nacional y popular y se abre una nueva etapa política con el triunfo
de la alianza Cambiemos que logró acceder al gobierno por elecciones e incluso ganar un histórico
bastión del peronismo como la provincia de Buenos Aires. De esta forma, el denominado giro a la
izquierda continental parece jaqueado por los sucesos recientes ocurridos en Brasil, Venezuela e
incluso el triunfo del NO a la reelección de Evo Morales en Bolivia.
El acceso del PRO a la presidencia de la Nación rompió con la histórica dificultad de la
derecha de alcanzar el poder por medios electorales. Desde la recuperación de la democracia en
1983 diferentes experiencias de la derecha intentaron llegar al gobierno y ninguna tuvo éxito como
partido “puro”. Sí, en cambio, desplegaron estrategias para dotar de cuadros a otros partidos, ocupar
espacios mediáticos e incluso insertarse dentro del peronismo en los años 90. Muchos autores
plantean que la derecha dejó de lado las opciones electorales desde el surgimiento del peronismo.
Este movimiento divorció profundamente las élites políticas y económicas del poder político
institucional. El peronismo redefinió las identidades políticas durante el siglo XX y la impugnación
de la derecha a este movimiento tuvo serias dificultades de construir una alternativa que se
impusiera por la vía electoral.
No obstante, estas últimas elecciones parecen haber marcado un quiebre en este aspecto, es
decir, por primera vez una fuerza organizada de derecha logró acceder al poder por la vía
democrática y construir un consenso en torno a las supuestas bondades de su ideario.
Recientemente la alianza Cambiemos logró acceder al gobierno por elecciones e incluso ganar un
histórico bastión del peronismo como lo era la provincia de Buenos Aires. En este sentido, la etapa
de la Argentina posneoliberal tuvo una gran cobertura desde las ciencias sociales. Este triunfo
rompe con la histórica dificultad de la derecha de lograr acceder al poder por medios electorales.
Desde la recuperación de la democracia en 1983 diferentes experiencias de la derecha intentaron
llegar al gobierno y ninguna tuvo éxito como partido “puro”. Esta situación que resultó inesperada
por un sector amplio de las ciencias sociales reabre indudablemente el debate en torno a los
alcances y naturaleza del proceso político en ciernes.
De esta forma, la ponencia intenta abordar el discurso de Cambiemos y de sus principales
referentes intelectuales para captar los puntos nodales de un discurso que está produciendo una
hegemonía. En este aspecto, planteamos realizar una búsqueda por discursos que intelectuales
cercanos a Cambiemos han realizado para dar cuenta del proyecto político encarnado en un relato
que esta fuerza representa. Nuestra hipótesis sostiene que en esos materiales existe un pensamiento
plasmado que trasciende la inmediatez mediática y es por ello fundamental profundizar en esa línea.
Este fenómeno político es en la voz de sus principales dirigentes una fuerza nueva y dice
tener la virtud de no tener un pasado político. Durante esos años, elaboraron un discurso
fuertemente anti estatista. No obstante, en 2015 poco tiempo antes de las elecciones de primera
vuelta Macri hizo un nuevo giro estatista en su discurso y prometió mantener la Asignación
Universal por Hijo. "La asignación universal por hijo no es un regalo, es un derecho. Sueño con un
país donde no haya pobres manipulados por la política. Vamos a trabajar incansablemente para
reducir la pobreza, va ser una prioridad del gobierno terminar con la pobreza en la Argentina”. En el
mismo tono se mostró favorable a la continuidad de la gestión estatal de Aerolíneas Argentinas,
YPF, y otros hitos del gobierno anterior.
Si bien con vistas a las elecciones Cambiemos se mostró más cercano a mantener políticas
inclusivas de los gobiernos kirchnerista construyó una sólida frontera en relación a ellos. La
crispación, la política vinculada a la corrupción, la ineficiencia de un Estado sobredimensionado, las
asociaciones internacionales regionales fueron articuladas en una otredad que posicionó al
macrismo como fuerza novedosa que vendría a renovar todas las prácticas no deseadas de los
anteriores gobiernos.
Este aspecto no es menor puesto que constituyó uno de los puntos fuertes de Cambiemos en
la disputa por la hegemonía. La construcción de un antagonista claro y delineado fue uno de los
aspectos políticos relevantes del último tramo de la campaña. Asimismo, la participación de la UCR
y en consecuencia de su extensión territorial -militantes, comités, fiscales, personerías provinciales
también fue otro aspecto relevante. Indudablemente, esta alianza entre el Pro y la UCR corporizada
en Cambiemos logró articular una serie de demandas dispersas en la superficie política y anudarlas
detrás de un significante vacío vinculado al cambio, a las buenas prácticas políticas. La aparente
paradoja de esto es que el primer gobierno de derecha democráticamente elegido de la historia
argentina llegó al poder con un discurso que logró consolidar un antagonismo en el populismo,
identificando a esta forma como una manera de hacer política confrontativo, de naturaleza corrupta
y a su vez se construyó como la otra herencia de 2001, es decir el ciudadano preocupado, sin
experiencia política que bien intencionado.
La articulación de demandas insatisfechas por los gobiernos kirchneristas estructuró un
discurso que demostró su efectividad para acceder al poder. Ahora bien, al calor de los primeros
días y medidas gubernamentales los principales beneficiarios de sus decisiones han sido los
productores agropecuarios, los denominados Fondos Buitres, las empresas mineras, etc. La
devaluación, la liberación de la compra de dólares, la supresión aranceles de importaciones y
exportaciones, la baja de retenciones, el recorte de subsidios y la reinserción en los mercados
financieros internacionales dio como resultado un retorno a algunas políticas que el kirchnerismo y
otros sectores políticos creían superadas. La última discusión se produjo en torno al veto
presidencial de la ley conocida como “anti-despidos”, que proponía duplicar la indemnización a los
despidos. En esa línea rápidamente el gobierno avanzó sobre el salario real de los trabajadores,
aumentó la desocupación vía despidos de empleados públicos y por vía de la apertura económica y
cierre de pequeñas empresas. A su vez, volvieron a instalar en el espacio público el debate en torno
a la flexibilización laboral y la necesidad de impulsar esos cambios con vistas a un nuevo
alineamiento del país en el escenario internacional.
Frente a este escenario surgen algunas preguntas en referencia a cómo el partido construye
un relato que da sentido a las políticas regresivas. Una vez en el gobierno en diciembre de 2015,
comienza a construirse otro relato diferente al de la campaña electoral que marcaba una línea de
continuidad con los años kirchneristas. De esta forma, la ponencia propone adentrarse en el discurso
construido por Cambiemos una vez en el gobierno. Es preciso hacer otra salvedad, la ponencia no se
detendrá fundamentalmente en las visiones de los funcionarios sino que apuntamos a dar cuenta de
otro discurso que es el emitido por los intelectuales vinculados a este espacio.
La hipótesis que guía el trabajo es que en ese discurso aparecen los trazos profundos del
relato de Cambiemos que construye un diagnóstico y una solución en torno al futuro de la
Argentina. De la misma forma, una de las dificultades a la hora de abordar el discurso de
Cambiemos y de sus principales referentes, es captar los puntos nodales de un discurso que es
“ambiguo” y “vago” en su concepción y no suele ir a definiciones “fuertes” sobre cuestiones
centrales. Esto por supuesto no significa que no existan estas definiciones, pero exigen afinar la
mirada del investigador en buscar de un material empírico que permita repensar estas articulaciones.
Se plantea la búsqueda de los núcleos ideológicos de Cambiemos. Con este objetivo
comenzamos a indagar en la producción de ideas de intelectuales vinculados a este espacio político.
En este sentido se continuará con la sistematización de algunos libros y producciones de un
conjunto de intelectuales en donde rastrearé estos núcleos de sentido.
En 2016 abordamos una serie de intervenciones de intelectuales vinculados al espacio de
derecha. Estos autores que tienen un hilo conductor que es construir otro relato de nuestra historia y
de la política. Con este objetivo seleccioné algunos referentes intelectuales y su producción después
de diciembre de 2015. El recorte está fundamentado en su adscripción a Cambiemos. Estos
intelectuales no constituyen una agrupación orgánica, pero no obstante se presentaron
colectivamente como Mundo de Ideas a través de la difusión de un documento llamado "Votamos a
Macri". Allí los intelectuales explicaron: "Queremos ser protagonistas en esta nueva etapa de la
vida argentina". Las principales figuras que firmaron el documento son: Marcos Aguinis, Marcelo
Birmajer, Santiago Kovadloff, Esmeralda Mitre, Gustavo Noriega, Diego Scott, Juan José Sebreli,
Luis Alberto Romero, Martín Seefeld, Pablo Sirvén y Marcos Novaro, entre otros.

"El triunfo de Macri es el de la diversidad y la pluralidad de ideas. Implica un cambio de


época que opone el entusiasmo a la resignación. Representa reducir la pobreza y mejorar la
calidad de nuestra democracia . Cambiemos nos desafía a pensar las nuevas agendas, los
nuevos debates y las nuevas soluciones para los problemas argentinos. Al mismo tiempo,
Cambiemos nos invita cerrar las grietas que fracturaron nuestra sociedad: las de la
desigualdad, las de la educación, las de nuestras instituciones republicanas, las del
desarrollo y las que nos han separado por pensar distinto. Cambiemos propone emprender
juntos la transformación del presente"1.

Estos artículos de opinión que fueron siendo publicados con el correr del mandato de
Cambiemos serán indagados para responder a los interrogantes de: ¿En qué tradiciones buscan su
fundamento y cómo relatan la historia que legitima su acción? ¿Qué articulaciones discursivas
emergen con la derecha en el poder a partir del triunfo electoral de 2015?

1 Para ampliar ver:


http://www.nueva-ciudad.com.ar/notas/201511/22354-mundo-de-ideas-el-nuevo-grupo-de-intelectuales-
macristas.html
Metodología

La metodología empleada se inscribe en lo que Vasilachis (2009) denomina como


paradigma interpretativo, que deposita la mirada en los procesos de producción de sentido. En esta
línea, se toman aportes de diversos campos disciplinares como el análisis del discurso, la teoría
política y la comunicación social.
El artículo se basa en un análisis político del discurso desde una mirada teórica
metodológica posfundacional. Esta perspectiva se construyó a partir de diversos autores y algunas
categorías centrales de esta línea analítica. Conceptos como identidad, hegemonía, relato,
significantes vacíos, fronteras identitarias, cadenas de equivalencias y articulación política fueron
los que resultaron particularmente sensibles para abordar las fuentes y dar cuenta de los objetivos
del trabajo.
Analizar discursos implica pensar las formas en las cuales las identidades buscan construir
consensos en torno a sus ideales, esto es, la disputa por la hegemonía que supone la significación de
la totalidad. Una totalidad que aspira a partir de un particular que, sin dejar de serlo, comienza a
vaciarse de contenido, inscribiendo otras particularidades (Laclau, 2005)2. Estas particularidades se
construyen como cadenas de equivalencias que articulan distintas particularidades. En este sentido,
interesa pensar cómo se intenta consolidar una nueva formación ideológica y disputar la hegemonía
(Schuttenberg, 2014). Por ello el discurso de los intelectuales constituye una mirada del mundo
desde el prisma conservador, lo que hace necesario investigar en profundidad la conformación de
ese relato.
Las identidades se constituyen en la conformación de un relato que busca su trascendencia
en un pasado y un futuro acorde a sus concepciones. Coincidimos con Barthes (1999) en señalar
que el relato está presente en todos los tiempos, en todas las sociedades y en todas las ideologías.
No es posible construir una identidad sin relatos que le den sentido. Esto apunta justamente a uno de
los objetivos centrales de nuestro aporte: tratar de analizar el discurso del medio en tanto relato que
busca la conformación de su pasado y futuro. Para ello es central la noción de identidad puesto que
a partir de allí se recortan dos dimensiones significativas: la representación de la sociedad y el
programa político (Eccleshall, 1993). Según Eccleshall (1993), las identidades ofrecen una visión
de la sociedad inteligible y para ello acentúan y contrastan distintos aspectos del mundo social a fin
de ilustrar cómo actúa la realidad en todo su conjunto y también cómo se debería organizar desde el
enfoque propuesto. A partir de este desarrollo se transmite un programa de acción en busca de
acercar el ideal (Schuttenberg, 2014).
A la hora de operacionalizar este concepto, es necesario pensar que toda identidad política se
constituye en referencia a una interpretación del pasado y una construcción del futuro deseado que
se conjugan para dotar de sentido a la acción presente. Por ello, para un análisis de las identidades
políticas, la identidad referenciada en la historia y en la política quedan de manifiesto en el hecho
que el pasado-siempre abierto- puede ser reconstruido en función de un presente y un porvenir
(Baczko, 1991).
La construcción de una memoria resulta de la transmisión de ciertos acontecimientos y
experiencias que una identidad posee interés en conservar, de allí que la memoria más que un
conjunto homogéneo y coherente de representaciones del pasado tiene que ser pensada como el
lugar de una tensión entre el pasado que ella custodia y los conflictos que la conforman y la
reformulan (Jelin, 2001 y 2002). En este sentido, el concepto de memoria discursiva (Courtine,
1981) remite al interdiscurso, al cuerpo socio-histórico de trazos discursivos previos en los que una
secuencia se inscribe, en la medida en que esta secuencia pone necesariamente en juego un

2 La cuestión de la hegemonía desde la perspectiva de Laclau puede ampliarse en Howarth, (2008) y en


Barros (2006). De la extensa obra de Laclau nos centramos en (Laclau, 1985a; 1985b; 1994; 1998;
2000;2002 y 2005).
discurso-otro, una red de tópicos y filiaciones históricas.
Analizar discursos no consiste en estudiar lo que los actores dicen por oposición a lo que
hacen. Como sostienen Verón y Sigal (2004), el análisis de los discursos es indispensable para
identificar los mecanismos significantes que estructuran el comportamiento social, sin hacerlo no
comprenderemos tampoco lo que los actores hacen. De esta manera, los discursos interesan
analíticamente en tanto es imposible interpretar la acción política fuera de toda hipótesis sobre la
matriz significante que la genera.
Para la selección del material se tomaron en cuenta los editoriales, notas de opinión de estos
intelectuales desde el comienzo del gobierno de Macri hasta nuestros días. El artículo apunta a
pensar a partir de un análisis del discurso en su dimensión argumentativa cómo se construye desde
estas figuras la “normalización” del país, qué lugar tendrán el Estado y la política.

La recuperación de la República

La alianza Cambiemos una vez en el poder luego de una ajustada segunda vuelta articuló un
discurso en línea con el avance del neoliberalismo en América Latina. Este relato construye una
interpretación de lo social desde el individualismo más extremo. Lo colectivo no existe, sólo el
sujeto individual. Únicamente el individuo es el protagonista de la historia y el estado debe limitarse
a proteger los derechos de los individuos (Casullo, 2007). Como bien señala este autor, la
comunidad se reduce al individuo y la visión de sobre las derechas es fundamental para empezar a
delinear el análisis del discurso del PRO. La lectura de que la política, a diferencia de la etapa
kirchnerista, no debería considerarse conflictiva sino más bien como consenso sin conflicto (Conno,
2012). En este discurso, la política tiene que ver con el consenso como punto de partida, no como
resultado de la lucha política. Pensar en estos términos implica una negación de la política y su
reemplazo por una visión que vela los conflictos y la disputa de intereses.
El cambio de gobierno rápidamente trajo una reorientación acelerada de las principales
políticas estatales. Ese giro desde la óptica del gobierno necesitaba del esfuerzo de la población
frente a lo que se interpretaba como el remedio a años de despilfarro, mala administración, mafias,
etc que habían sido los gobierno kirchneristas. Las dos presidencias de Cristina Fernández fueron
caracterizadas como corruptas en esencia. La corrupción no era de algunas situaciones o personajes
del gobierno, sino que esta iba más allá, era constitutiva del kirchnerismo como movimiento
político.

Es posible que allí radique la esperanza compartida por quienes votaron al nuevo gobierno
en la primera vuelta y quienes lo hicieron en el ballottage: el piso mínimo de expectativas de
quienes están convencidos de la necesidad de bloquear la continuidad del kirchnerismo no
sólo para terminar con la destrucción del espacio público y los bienes comunes, tanto
materiales como simbólicos, en la que aquél parecía empeñado, sino también para poner un
freno al desarrollo de los mercados clandestinos cada vez más extendidos al amparo de los
vínculos crecientemente estrechos entre política, fuerzas de seguridad y crimen organizado3.

El triunfo de Mauricio Macri expresaba, según esta perspectiva, la necesidad de nuestro país
por volver a resignificar determinadas palabras y acciones. El kirchnerismo fue conceptualizado
como una falta de republicanismo en la práctica política. A lo largo del período, según la visión del
medio, la política de derechos humanos, la redistribución del ingreso y la integración de sectores
excluidos de la vida socioeconómica, las nacionalizaciones y estatizaciones y, en suma, el resto de
las políticas de Estado cumplieron la función de ser auxiliares de una retórica articulada para
convencer y sumar voluntades sociales colectivas de la esfera pública, a un proyecto individual, con
origen y destino en la esfera particular. En este marco, la construcción discursiva del kirchnerismo

3 Alejandro Katz. “Reconstruir una política de la buena fe”, en LA NACION, 10/12/2015.


como antirrepublicanismo autoritario, como un poder emancipado y no representativo de la
voluntad popular fue constituyéndose como articulador de la argumentación.
En ese marco, la idea de un gobierno autoritario fue estructurando la significación que
construyeron sobre el kirchnerismo. Anudado a ello, la cuestión de una política de confrontación
entre argentinos era el eje central de un populismo que había intentado ir por todo.

Lo que tienen de esterilizantes los regímenes populistas es que hipotecan el protagonismo


personal en la figura de sus líderes. En ellos y sólo en ellos se concentran todas las
posibilidades de alguna significación por parte de quienes no alcanzan a ser sujetos de sus
propias vidas. Es decir, quienes viven por delegación, condenados a durar en lugar de ser
alentados a desarrollar sus aptitudes. Los carenciados, en el marco de los populismos,
hipotecan su desarrollo personal en la despótica omnipotencia de aquellos que los subsidian.
Por cierto, Cambiemos tiene, en el escenario político, adversarios. Pero no tiene enemigos.
Sus enemigos están fuera de la política: la corrupción institucional, el saqueo del Estado, la
manipulación de la Justicia y los derechos humanos, el narcotráfico y todas las formas de
transgresión del mandato constitucional. El orden republicano sólo puede afianzarse si los
adversarios del oficialismo se consolidan como oposición y si los enemigos del sistema
dejan de infiltrarse en el poder para quedar expuestos como lo que son: delincuentes4.

El populismo y su crítica se construyen en el discurso también en articulación a una


corrupción que le sería constitutiva. A su vez, ese régimen sería lo opuesto al Estado de Derecho
que es su reverso positivo. El relato en torno al poder es central y en esa cadena de significación el
poder es concebido como un objeto con valor en sí mismo, es decir los gobernantes desearían el
poder por el poder mismo. Esta forma de pensar el poder implica un despolitización de la acción
política puesto que en esa práctica no habría lugar para las utopías, los proyectos de país, etc., sino
sólo una acumulación del mismo. Partiendo de esta idea, las políticas desplegadas por el
kirchnerismo no expresarían una convicción profunda de cambio social, sino que habían tenido una
intención manipuladora y pragmática en la búsqueda de acrecentar su poder personal (Schuttenberg
y Fontana, 2013). Esta visión del poder y la política se articulan en una tradición liberal sobre el rol
del Estado

El pasado ya no tiene la última palabra. Se ha abierto un porvenir. El proyecto de reconstruir


la República pudo más, en las urnas, que el populismo. La mayoría del pueblo argentino les
ha dicho no a los promotores del miedo. Y les ha dicho sí a los voceros de la posibilidad y la
necesidad de empezar a recorrer un camino nuevo. Sí a la innovación, no a lo irremediable.
Sí a la ley y no a la impunidad. Sí al deber de recuperar las instituciones. No al liderazgo
mesiánico. Sí al nosotros indispensable y no al yo indiscutible5

El discurso construye una frontera entre la República y el populismo. El límite es tajante


aunque en la enunciación el campo republicano es tolerante con las diferencias y se construye como
pluralista. Las tareas ante ese escenario son la reconstrucción de los valores democráticos. Este
punto es nodal en el discurso porque si bien varios intelectuales van a discutir el modelo económico
del kirchnerismo, la centralidad en la argumentación de estas ideas se articula con la idea de dejar
atrás el movimientismo peronista-kirchnerista. Dar ese paso implica un esfuerzo cultural similar a
dejar atrás la dictadura. Allí construyen un puente discursivo (Schuttenberg, 2014) que identifica al
kirchnerismo con la dictadura en su forma de construir política.

4 Santiago Kovadloff. El desafío de rescatar al país de su involución, LA NACION 1 de noviembre de


2017

5 Santiago Kovadloff. Reconciliar la política con la ley, LA NACION 24 de noviembre de 2015


Al "más de lo mismo" la mayoría del pueblo argentino supo responder con un rotundo
"nunca más". Y "nunca más" implica recuperar los valores democráticos. Ese apego a la
Constitución nacional que el Frente para la Victoria se empeñó en terminar de liquidar.
Porque hay que decirlo: la subestimación de ese apego no empezó con Néstor Kirchner. El
kirchnerismo ya lo encontró agónico cuando alcanzó el poder. Lo que sí hizo fue tratar de
terminar la faena y capitalizar ese descrédito en favor propio. Así, concentró el poder en
manos autoritarias. Aceleró la corrupción y multiplicó su ejercicio. Homologó la disidencia
al delito. Sembró el odio en nombre del amor. Redujo los derechos humanos a sus intereses
demagógicos. Fortaleció la dependencia provincial del centralismo del Estado. Redujo el
Estado a los imperativos del poder político. Avasalló la Justicia. Paralizó las causas que
ponían al desnudo la catadura de sus peores funcionarios. No vaciló en pactar con los
terroristas que volaron la AMIA. Fue cómplice y promotor del silencio atroz que cayó sobre
la denuncia impulsada por Alberto Nisman, el fiscal asesinado. Sembró inflación. Multiplicó
la pobreza. La explotó en su beneficio. Vació las arcas del Banco Central. Ahogó las
economías regionales. Alteró estadísticas. Emitió dinero para encubrir la inconsistencia de
nuestra moneda6.

De esta forma caracteriza al gobierno de Cristina Fernández y lo emparenta con períodos


anteriores de decadencia. Allí la referencia según este ideario es al peronismo histórico que habría
“derrochado” la gran oportunidad a mediados del siglo XX al igual que el kirchnerismo.
El discurso de los intelectuales se articula en la noción de negar el conflicto y “cerrar la
grieta” que los gobiernos kirchnerista habrían abierto. El relato está identificado con una mística
falsa que sirve a los intereses de construir una verdad sesgada. El objetivo de la renovación macrista
es justamente construir un discurso de “todos” no de una parte. Como bien señala Litvinoff7, el PRO
construye un vínculo débil con el pasado. Así, se caracteriza como exceso de politización toda
interpretación alternativa de los hechos. Esto apunta también a cuestionar los logros que el
kirchnerismo se daba como la mejora en los indicadores sociales y económicos en general. En este
aspecto, el discurso se articula con el significante falso relato que aglutina y expresa que cada
avance de los últimos años era en realidad una ficción promovida por el kirchnerismo. Así el
planteo afirma que a pesar de los más de treinta años desde que la Argentina recuperó su
democracia los resultados de la misma habrían sido limitados. Esto se articula con la cadena de
significación estructurada bajo el “falso relato k” que habría ocultado la pobreza. En ese marco, el
kirchnerismo se construye como progresismo que es entonces sinónimo de mentira y manipulación,
por ende falsa izquierda.

Por lo general, el progresismo se asocia a los partidos políticos llamados de izquierda, en


oposición a los conservadores, llamados de derecha. Preconizan el progreso (valga la
redundancia) en todos los órdenes. Pero resulta que muchos de los partidos y líderes que se
proclaman de izquierda llevan a cabo políticas crudamente opuestas al progreso: tiranizan a
sus naciones, cercenan la libertad de opinión, generan pobreza, someten la Justicia a los
miserables intereses del grupo dominante, son hipócritas, desprecian la dignidad individual,
corrompen la democracia, debilitan las instituciones democráticas, quiebran la senda del
derecho y otras calamidades por el estilo. Desde hace décadas, ser enemigo de Estados
Unidos condecora de inmediato con la credencial de "progre". No hace falta más8.

6 Ibidem.
7 Diego Ezequiel Litvinoff, (2016) Construyendo el sujeto macrista en Página 12 del 31 de agosto de
2016, Recuperado el 30 de abril de 2016 en
http://www.pagina12.com.ar/diario/laventana/26-308181-2016-08-31.html
8 Marcos Aguinis. Cuando la palabra progresismo se usa para tener impunidad, LA NACION 2 de
El progresismo es entonces una falsa construcción que oculta una visión reaccionaria. En
estas lecturas el significante progresismo está íntimamente vinculado a la “izquierda” y luego
también al populismo. Hay fronteras sumamente borrosas en esos significantes. Lo determinante en
el relato es que “los discursos de esa izquierda son engañosos, aunque escondan la palabra
comunismo y la reemplacen por socialismo, progresismo, nac & pop u otras variantes9”.

No conducen a una mejor democracia, ni a la consolidación de los derechos individuales y


colectivos, ni estimulan el pensamiento crítico, no consiguen un desarrollo económico firme,
odian el respeto a las opiniones diversas, destruyen la meritocracia en favor de la burocracia
y la ineptocracia nutridas por el poder de turno. Operan como la trampa de almas ingenuas u
oportunistas, que no son pocas. Como observación final, hago votos para que la palabra
progresismo solo se aplique a quienes de veras quieren el progreso (no lo contrario), la
modernidad, la justicia, la decencia, el respeto, la ética, las instituciones de una vigorosa
democracia y los derechos asociados siempre a las obligaciones10.

La izquierda, o su expresión más vaga, el progresismo, que incluye al kirchnerismo como su


ala inescrupulosa, ha sido muy exitosa en imponer ciertas ideas: cierto ambiente
anticapitalista, desconfianza hacia el mundo de los negocios, un nacionalismo victimizado y
la propensión a manejarse con ideas sin necesidad de que estas sean contrastadas con los
hechos. También, que valores como democracia y derechos humanos sean usados a
voluntad11.

Las características que le asignan al populismo y a la izquierda son cuestionadas


abiertamente, sin embargo, el inscribirse en el campo del pensamiento de izquierda es un elemento
legitimador del discurso. Varios de estos intelectuales reconstruyen su trayectoria vinculándose en
una lejana juventud con ese ideario

A los 18 años, junto con hacerme de izquierda, inicié un camino de bohemia, relacionado
con tabaco, alcohol, siempre en medidas discretas. Haber sido de izquierda lo considero una
de las etapas más estúpidas de mi vida. Dejé de serlo a los 25. Había dejado de admirar al
Che Guevara bastante antes. Pasé de esa izquierda a bancar a Macri buscando defender la
libertad. Lo hice buscando a lo largo de la historia, lo menos malo12.

El significante libertad es uno de los elementos sobre el cuales construyen el puente hacia la
el macrismo. El otro es la falsedad del discurso de la izquierda puesto que si ser de izquierda es "
mantener impune el crimen de Alberto Nisman, si íbamos a seguir aliados a la república teocrática
de Irán y Venezuela, si íbamos a seguir haciendo de la corrupción una política de estado, si íbamos a
seguir persiguiendo a disidentes o si íbamos a volver a un camino democrático de libertad e
incertidumbre, me decidí por Macri. No me arrepiento". De esta forma, si "Venezuela es una
dictadura. La izquierda argentina opta por la dictadura. Entre la dictadura y la democracia, optan
por la dictadura13".
Salirse de ese discurso reaccionario en el cual ubican a la izquierda es también darle la

mayo de 2018
9 Ibidem
10 Ibidem
11 Gustavo Noriega, Falta una izquierda democrática, La Nación 27 de diciembre de 2017 .
12 Birmajer profundo: "Pasé de la izquierda a bancar a Macri buscando defender la libertad"
El escritor fue entrevistado por el oficialista portal Infobae 30.05.2017
13 Ibidem
espalda a los liderazgos caudillistas y asentarse en un política no tradicional positiva debe luchar
contra la costumbre de la política tradicional. En definitiva, una política distinta también debería
romper con etiquetas y dicotomías como derecha/izquierda, privado/estatal y nacional/extranjero.
Es decir, el discurso que se plantea disuelve las tensiones sociales económicas detrás de un
significante como la nueva política que anula el conflicto. Esta articulación permite incluir en esa
cadena de sentido la oposición al populismo, las políticas intervencionistas, la búsqueda de
autonomía estatal a nivel interno como al nivel de los alineamientos internacionales.

No creo en las categorías de izquierda y derecha. En 2012, escribí una nota titulada
"Izquierda y derecha, categorías caducas", donde decía que si la izquierda era la República
Islámica de Irán, Venezuela o Corea del Norte, donde se asesina a homosexuales por ser
homosexuales y se persigue a las mujeres, donde se oprime a los opositores y no hay libertad
de expresión, entonces la categoría de izquierda no tiene sentido. Cuando León Trotsky era
equidistante del fascismo o el nazismo y las democracias occidentales, ¿era de izquierda?
Era equidistante en una batalla determinante, en la batalla definitiva entre la libertad y la
oscuridad. ¿Winston Churchill, que fue el único que resistió al nazismo hasta el año 41, era
la "derecha"? Son falsas categorías, generalmente usadas por la propia izquierda para vivir
sin trabajar y sin culpa. Los de derecha son los que quieren trabajar o los que reconocen que
si vos no labrás la tierra o no tenés una buena idea o algún tipo de sapiencia laboral, estás
condenado al hambre. Y los de izquierda vendrían a ser los que todavía creen que vivimos
en el paraíso, y que podemos vivir sin trabajar, sin que se nos ocurra nada creativo14.

De esta forma, el triunfo de Macro en 2015 significa renovar la esperanza a los demócratas
argentinos y “volver a abrigar la esperanza de retomar el rumbo de libertad, justicia y derecho 15”.
Así se estaría dejando atrás al menos años de kirchnerismo autoritario, por momentos totalitario,
con elementos del fascismo, del maoísmo, del stalinismo y del macartismo, el país busca una senda
de normalidad y paz.

Los enemigos de la República

Estos discursos van configurando una cadena de equivalencia y unos efectos de frontera o
antagonismos para separar un adentro y un afuera y por ende demarcar el abanico de fuerzas que se
va a aglutinar en un nosotros de amigos para enfrentar a sus adversarios. (Arditi, 2007) La noción
de diferencia permite pensar en la constitución de una exterioridad que conforma una identidad. Al
definir un enemigo común, una identidad política debilita y cuestiona sus diferencias internas y se
constituye como totalidad a través de la lógica de equivalencia. Es precisamente esa lógica la que
impide que toda identidad social sea plenamente constituida, en la medida en que la definición de
un exterior implica su debilitamiento en tanto diferencias internas.
El exterior constitutivo viene a jugar un rol central en la explicación. Si el sistema es un
conjunto diferencial, es necesario imponer una frontera que permita mostrar qué está dentro y qué
no pertenece a éste. Por ello, es necesario un elemento excluido para definir las fronteras. (Muñóz,
2006: 124) En este sentido, el campo de las identidades políticas se trata siempre de un nosotros que
sólo puede existir por la demarcación de un ellos. De esta manera, nos introduciremos en las formas
que adquieren esas fronteras en los discursos de los intelectuales.
En este plano existen diversos enemigos dentro de este discurso pro cambiemos. Algunos
identificados como el sindicalismo, el peronismo, el kirchnerismo o el populismo, el Estado y otro
nivel que apunta a modos culturales que devienen supuestamente de gobiernos conducidos por las

14 Birmajer, Argentina: volver al futuro2015-10-26, extraído de


https://www.libertaddigital.com/opinion/marcelo-birmajer/argentina-volver-al-futuro-77068/
15 Ibidem
anteriores fuerzas.

¿Va en serio el Presidente contra los sindicalistas o se trata de una cortina de humo? En
cualquier caso, es bueno poner de manifiesto que sin eliminar, dar de baja y cambiar por
completo el actual sistema sindical, la Argentina no abandonará la decadencia casi secular
que denuncio en mi libro de reciente aparición "La Argentina Devorada". La patología
número uno de los sindicatos es su gigantesco poder político. Son un tercio del movimiento
justicialista, o sea, un tercio de la representación del PJ por estatutos corresponde a los
sindicalistas. Ponen gobernadores, intendentes, tienen gran cantidad de representantes en
todos los parlamentos del interior, más de cincuenta legisladores entre diputados y
senadores. Tienen un poder social, por la cantidad de representación que tienen, que si bien
varía según el gremio, en todos los casos es fabuloso. Y como es evidente, tienen un poder
económico extraordinario16.

Allí el sindicalismo es una patología, una enfermedad del sistema populista para la cual sólo
la erradicación de su influencia traería la prosperidad que el país estaría buscando. El discurso hace
alusión a numerosos colectivos. En algunos casos aparece la mención punzante hacia el
kirchnerismo como eje articulador de todos los males en términos políticos y éticos.
El sindicalismo se construye como indiferenciado del kirchnerismo y del peronismo. Estas
identidades forman un todo para el discurso, y se destaca que “no soy de los que creen que el
kirchnerismo fue malo y el peronismo es algo rescatable. Creo que el kirchnerismo es una rama
podrida del tronco peronista”. Así la interpretación histórica reconstruye el vínculo entre dos etapas
indeseables para el pensamiento conservador al plantear que “diría que la Argentina empezó a
joderse el 4 de junio de 1943 a las diez de la mañana, cuando vino la dictadura militar con el
peronismo y el populismo, para instalarse definitivamente17”.
En ese marco se configura el antagonismo central que es democracia o populismo. A lo largo
de por lo menos los últimos dos siglos la teoría política tendió a dividir el espacio político en dos
grandes bloques: derecha e izquierda. Estos espacios se identificaron con nociones de orden o
progreso; libertad versus igualdad; modernización o tradición. Estos ejes sobre los cuales estos
bloques reconfigurando sus posiciones sirvieron como elementos de análisis para la teoría política y
la historia de las ideas. Izquierda y derecha se transformaron entonces en dos formas de dar cuenta
de dos espacios ineludibles en el estudio de las dinámicas políticas. No sólo las ciencias sociales
tomaron estas definiciones sino también los propios actores se fueron autoadscribiendo en
vinculación a esos espacios.
Ahora bien, esa categorización es abandonada por los intelectuales macristas que plantean
otro eje que es democracia o populismo como señalamos. Esto les permite responder implícitamente
a la gran crítica que su discurso carga que es el de que forman parte de la derecha. El plantear al
populismo como el principal enemigo, la cuestión de izquierda y derecha queda al margen, e
incluso les permite marcar a este como parte del campo de la derecha.

¿El populismo es el mayor enemigo de la democracia? Sí. Hay que dejar de hablar de
izquierda y derecha. Esos términos ya no tienen sentido como sustantivos. No hay un partido
que sea de derecha o de izquierda. Uno puede decir "populismo de izquierda" o "de
derecha", como adjetivos. Hay que hablar de democracia o populismo, dos cosas
contradictorias e incompatibles. Necesitaríamos otro gobierno de Macri para que la
democracia empezara a estabilizarse. Y después otros gobiernos, sean radicales o socialistas
o lo que fuera. Pero no puede ponerse al peronismo tal cual sigue hoy en un plano de

16 José Luis Espert, Sindicalistas, verdaderos señores feudales, LA NACION 23 de abril de 2017
17 Juan José Sebreli: "El kirchnerismo es la rama podrida del tronco peronista" Perfil domingo 14
enero, 2018
igualdad: su concepción no es democrática, ya que cree que el movimiento está por encima
de los partidos. La Argentina es un país de cultura populista. Y ese es mi miedo actual con
respecto a Macri18.

El populismo es el gran mal de la sociedad y este se manifiesta en una determinada forma de


pensar el Estado. El discurso construye al populismo como una fuerza cultural que se desvía de la
democracia y tiende a conformar un Estado interventor, redistribuidor y generador de gastos
innecesarios y alejados de las reales posibilidades del país.
Esta lectura plantea que el populismo es un mal histórico que construyó un legado que
consistió en haber acostumbrado a la sociedad habituada a vivir por encima de sus posibilidades.
Así entre 1946 y 1948, los “años dorados”, con “el Banco Central abarrotado de divisas y un
mercado mundial ávido de nuestros cereales, un Estado todopoderoso y providente logró el milagro
de multiplicar de los panes: elevar el consumo popular y a la vez proteger al extenso y poco
eficiente sector industrial19”.
De esta forma la experiencia peronista habría convertido los frutos de la providencia inicial
en derechos adquiridos, que luego debían ser defendidos. Esta situación es la que marca como el
comienzo del despilfarro estatal. Así “el Estado debió llenarse de empleados, y priorizar la “defensa
de la fuente de trabajo” por sobre las reglas del mercado 20”. De esta frase se desprende que el
ordenador social por excelencia es el Mercado y no el Estado, cuando este interviene los efectos son
inexorablemente negativos.
La historia es retomada una vez más para plantear la “poética simetría en la apropiación de
los fondos de las Cajas de Jubilación desde durante el primer gobierno peronista y el saqueo de la
Anses por el último”, es decir, no sólo la intervención del Estado es perniciosa en términos
económicos sino que además es necesariamente corrupta.
No obstante, “la gallina de los huevos de oro fue el agro, que afortunadamente, luego de
agonizar, renació y aún nos sostiene21”. El relato construye un pasado ideal en la etapa
agroexportadora que traza un posicionamiento fuerte en el debate político económico de los últimos
años. En este aspecto, la promoción de políticas de industrialización son interpretadas como
intromisiones al mercado y como el abandono de un destino histórico. Esa lectura se articula
discursivamente con la idea moral, es decir, el abandono de nuestro rol primario implica la
aparición de nuevos sujetos que rompen esa normalidad pretendida.
El problema entonces es la forma de encarar el enorme desafío que presenta la
normalización del país. El Estado “elefantíasico” es el gran obstáculo a sortear. Así el gran
problema era “el déficit fiscal más alto del último medio siglo, agravado por una presión impositiva
impagable que financia un gasto público homérico, producto esencialmente de un empleo público
de más de 4.000.000 de personas (casi 30% del total del empleo en el país) con una bajísima
productividad22”.

¿Dónde hay que ajustar? Obviamente en el Estado, que tiene un tamaño impagable (y un
déficit insostenible) y que generó una esclavitud desconocida en el mundo del siglo XXI: la
impositiva. Los que están en blanco trabajan más de la mitad del año sólo para pagar
impuestos. Inviable un país así y más cuando la contrapartida de esa recaudación es el robo
de la política, que ha creado una oligarquía inédita -la de los políticos- en un país de ingresos

18 Juan José Sebreli: "Si se pierde esta oportunidad, vuelve seguro el populismo más acérrimo" La
Nación 14 de enero de 2018
19 Luis Romero Ni un Estado potente ni más tesoros que saquear, La Nación 28/07/2018
20 Ibidem
21 Ibidem
22 José Luis Espert. “Un Estado elefantiásico es enemigo del desarrollo”, en LA NACION, 21/01/2016.
medios a bajos23.

El gran interrogante que intentan responder es el de cómo desarmar las políticas del ciclo
kirchnerista sin generar un costo social en amplios sectores de trabajadores. El planteo se basa en
abandonar el modelo consumista irreal de la etapa anterior y reemplazarlo por el modelo de ahorro
e inversión que impulsaría el nuevo gobierno

El problema cultural. La barbarie nunca disuelta

Los intelectuales macristas tienen en común en sus escritos reeditar una suerte de
civilización versus barbarie, en donde la protesta social, los sindicatos y el peronismo es tipificado
como una fuerza irracional. El problema es presentado como complejo puesto que la herencia es
económica, cultural y social.

Hace unos días, como si fuese un periodista curioso, me sumé a una manifestación por la
avenida 9 de Julio. Una mujer empujaba un precario coche con un niñito. Le pregunté por
qué había venido. Con ojos serenos respondió: "No sé". "Pero usted llegó hasta aquí
empujando este coche, no debe vivir cerca." "Me pagaron 400 pesos y dos sándwiches."
Cerca abrían una gran parrilla sobre el pavimento. Con el arribo de un nuevo contingente, se
incorporaron hombres con robustos bastones, gorros y barbijos (para llamarlos de un modo
amistoso)24.

El peronismo en su última fase kirchnerista habría conducido a la sociedad a un proceso de


decadencia. Por ello, a pesar de “la mejora de haber pasado del kirchnerismo a un sistema más
normal, las razones de la decadencia son muy profundas y la política argentina es muy vulgar 25”. El
argumento vuelve a tomar las metáforas médicas al manifestar que “el kirchnerismo fue una especie
de enfermedad muy grave, que pudo haber llevado al país al desastre. Cuando me preguntan porque
apoyo a Macri, lo hago porque imaginemos en esta situación de problemática fiscal, de deuda e
inflación si el presidente fuera Scioli. Estaríamos muchísimo más cercanos a Venezuela 26”. La
argumentación muestra la distopía de la derecha encarnada en el Estado Venezolano como la
muestra más acabada de populismo.
Esta irracionalidad manifiesta en la cultura es producto en última instancia de nuestro legado
peronista. Esta es una visión del mundo que es para esta lectura contraria a la racionalidad y al
civismo. Así la Argentina se habría acostumbrado a vivir de subsidios, cuestión sumamente negativa
puesto que “no estimula el trabajo ni el progreso genuinos27”.

Conclusiones

Pensar la política en términos relacionales nos permite dar cuenta del complejo
reagrupamiento de las identidades en la Argentina post 2001. El artículo da cuenta de cómo se
constituyó un relato, una visión coherente del mundo, del presente y el pasado de la Argentina. El
objetivo propuesto por el trabajo apuntó a profundizar el análisis en el mapa ideológico construido
por la alianza gobernante a partir de revisar textos producidos por sus referentes e intelectuales. El
propósito no fue señalar sus “errores” o “falsedades” sino hace un análisis de cómo esta lectura

23 Ibidem
24 Marcos Aguinis, Paros y piquetes que agigantan la anomia, LA NACION 16 de marzo de 2017
25 Darío Lopérfido: "Hay una decadencia cultural vinculada a la corrupción" Reportaje de Pablo
Sirvén La Nación 27 de abril de 2018
26 Ibidem
27 Marcos Aguinis Hay que transformar los subsidios, LA NACION 27 de septiembre de 2016
busca argumentar sobre la necesidad de transformar la sociedad y la política después de 12 años de
gobiernos populares de signo contrario.
El título del texto trató de marcar esta tensión entre un discurso que se construye como
antipolítico en el plano argumentativo pero que tiene como finalidad transformar las relaciones
sociales y de poder, es decir, hacer una profunda transformación política. Con vistas a este objetivo
se encontró una recurrente crítica a la militancia, a la acción colectiva organizada, a la historia como
legado de las luchas y, en su lugar se destaca una visión que propone avanzar dejando de lado lo que
nos ata al pasado asociando asociada a la militancia a una visión melancólica.
Este es sin dudas un aspecto central del discurso. La política según este relato debería ser
como una búsqueda de consensos desanclados de las disputas materiales, cuestiones que la política
como es entendida por esta ideología superaría. Podemos pensar también, luego del recorrido por
los textos presentados, que el espacio de centro derecha no niega el conflicto, sino que lo explica
por una disputa producida artificialmente por el discurso demagógico populista y no por una lucha
en el terreno estructural económico. Por ello su insistencia en superar el supuesto estado de
crispación de la sociedad a la cual el populismo la habría llevado.
El trabajo apuntó además a construir un conocimiento sobre los discursos de “derecha” en la
Argentina contemporánea e indagar cómo se resignifica el pasado en los posicionamientos del
presente y la forma en que construyen los relatos a partir de la reivindicación de distintos procesos
históricos. Estas ideas y posicionamientos no han sido lo suficientemente indagados y resulta
indispensable continuar produciendo un conocimiento en esa área para dar cuenta del proceso
abierto en 2015.

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O paradoxo da repressão e o regramento da ordem política: uma análise dos


Atos Institucionais da ditadura brasileira de 1964
Área temática: História Política

Cleber Ori Cuti Martins


Universidade Federal de Santa Maria
Rio Grande do Sul - Brasil
e-mail: cocmartins@gmail.com
RESUMO
Protagonizado por forças heterogêneas que tinham posições diferentes sobre vários temas e que também
disputavam o poder entre si, o regime autoritário brasileiro de 1964 não teve uma linha de conduta única.
Nos   seus   primeiros   anos,   ainda   na   década   de   1960,   os   Atos   Institucionais   representaram   elementos
centrais na busca do governo ditatorial de estabelecer determinações que assumissem um caráter formal.
Entre 1964 e 1969, foram expedidos 17 atos, regulamentados por 104 atos complementares. Utilizando
como base o conteúdo dos atos, este trabalho visa analisar como o governo autoritário abordou o processo
político e a sua relação com os direitos políticos no período, levando em conta que, mesmo tendo sido
editados em apenas cerca de cinco anos, os atos seguiram válidos, pelo menos, até o fim da década de
1970. Os atos revelam o contexto da época e o direcionamento e centralização estabelecido. O conteúdo é
analisado tendo como pressuposto a compreensão acerca do processo político e o contexto social, levando
em conta que, ao mesmo tempo em que age de maneira repressiva e violenta, o governo ditatorial busca
estabelecer   uma   situação   de   normalidade.   A   normalidade   construída,   no   entanto,   é   confrontada   pela
oposição, formal e clandestina, à ditadura; e os atos institucionais e complementares são significativos no
sentido de compreender o aparente paradoxo da busca em construir uma imagem de estabilidade política e
social com o acirramento do confronto. Ou seja, os atos tratam das intenções políticas do regime e, mais do
que   isso,   indicam   os   caminhos   do   governo   autoritário,   incluindo   cassações   de   mandatos,   extinção   de
partidos, definições de eleições, entre outras ações repressivas. O auge desse sistema de organização
política   autoritária   se   dá   com   o   Ato   Institucional   número   5,   de   dezembro   de   1968,   que   estabelece   os
procedimentos para o fechamento do regime, abrindo caminho para o período de maior repressão. Os 17
atos,   portanto,   garantem   à   ditadura   a   hegemonia   sobre   o   processo   decisório,   como   resultado   da
institucionalização   do   aparato   coercitivo   sobre   a   oposição   consentida   e   sobre   os   grupos   sociais
politicamente organizados que, diante do bloqueio no âmbito das instituições políticas, eleições, partidos e
parlamento, principalmente, passam a agir fora do sistema político formal. E, por fim, garantem controle
social e político, implementando uma situação de aparente ordem política estável, de base coercitiva.
Processo político – ditadura – atos institucionais - Brasil

1. Introdução
Este artigo visa analisar a institucionalização do regramento político do regime autoritário
brasileiro de 1964 através dos atos institucionais. Entre 1964 e 1969, foram expedidos 17 atos,
regulamentados por 104 atos complementares. A análise opera relacionando o processo político e a
busca em formalizar os mecanismos de regramento e imposição de uma ordem política capaz de
assegurar o exercício do poder político em um contexto autoritário.
Os atos indicam, além do direcionamento e centralização sob um aparato coercitivo, que
regime ditatorial busca, pela formalização das regras políticas, estabelecer uma aparente situação de
normalidade. A normalidade construída, no entanto, é confrontada pela oposição, formal e
clandestina, à ditadura. A análise leva em conta o contexto político e social da segunda metade da
década de 1960, correlacionados com a série de medidas restritivas e repressivas formalizadas em
cada Ato Institucional.
O artigo está dividido em duas partes. Inicialmente, são feitas algumas considerações
teóricas sobre o regime ditatorial de 1964 e, na sequência, os atos institucionais são descritos e
analisados com foco no regramento do processo político.
2. Domínio político formalizado em um contexto autoritário
Ao manter os elementos centrais característicos de regimes políticos ditatoriais, incluindo
restrições à liberdade política, repressão impositiva à oposição e uso do aparato estatal para fins de
disputa política, entre outros, uma característica comum permeou todo o período autoritário
desencadeado em 1964: a busca de institucionalização e de formalização. A ideia de normalidade,
que se contrapõe a concepção de regime de exceção, passa pela definição de medidas e
procedimentos institucionalizados e formalizados de ação política. A rigor, governos autoritários
não necessitam de justificativas formais para suas decisões, considerando que estão sustentados no
uso da força e na imposição coercitiva, e não no consentimento em um contexto de liberdade. A
questão é que o processo político, para, entre outras intenções, se afastar do caráter de
excepcionalidade, necessita rotinizar os processos decisórios. Ao mesmo tempo, o governo
autoritário brasileiro (seus integrantes e apoiadores) não operava com a admissão social e política
de sua característica ditatorial, seja no plano discursivo, usando os termos revolução ou redentora, e
não golpe, seja no plano das medidas formais estabelecidas como decisões de governo. Ou seja, de
um lado, houve a busca em formalizar e justificar medidas e regramentos; de outro lado e a partir
daí, implementar uma situação de normalidade.
Se estabelece, nesse contexto, o instrumento normativo Ato Institucional. Normas de
natureza constitucional, nos seus primeiros anos, ainda na década de 1960, os atos institucionais
representaram elementos centrais na busca do governo ditatorial de estabelecer determinações que
assumissem um caráter formal. Entre 1964 e 1969, foram expedidos 17 atos, regulamentados por
104 atos complementares. Em todos eles, de forma mais ou menos direta, o regime autoritário visou
regulamentar o processo político e os direitos políticos. Entendendo como ‘direitos’ o que o
governo ditatorial concebia como sendo admissível formalmente.
Editados em apenas cerca de cinco anos, os 17 atos seguiram válidos, pelo menos, até o fim
da década de 1970. Seu conteúdo revela o contexto da época e o direcionamento e centralização
impostos. Nesse sentido, explicitam que a disputa pelo poder político não se esgota em governos
autoritários. Ainda que os espaços formais, vinculados ao processo político em democracias
representativas, sejam restringidos e limitados, quando não extintos, incluindo eleições, partidos,
debate público e liberdade de manifestação política, se mantém a necessidade de combinar
regulação do processo político com mecanismos de controle e imposição decisória.
Ao mesmo tempo em que age de maneira repressiva e violenta, o governo ditatorial busca
estabelecer uma situação de normalidade, aqui entendida como a formatação de elementos a serem
rotinizados. A normalidade construída, entretanto, é confrontada pela oposição, formal e
clandestina, à ditadura; e os atos institucionais e complementares são significativos tanto no sentido
de compreender o aparente paradoxo da busca em construir uma imagem de estabilidade política e
social com o acirramento do confronto, tanto com a intenção de estabelecer os parâmetros das
relações de poder, voltados para assegurar ao regime a prerrogativa decisória, mesmo que de forma
coercitiva.
Os atos tratam das intenções políticas do regime e, mais do que isso, indicam os caminhos
do governo autoritário, incluindo cassações de mandatos, extinção de partidos, definições de
eleições, entre outras ações repressivas. O auge desse sistema de organização política autoritária se
dá com o Ato Institucional número 5, de dezembro de 1968, que estabelece os procedimentos para o
fechamento do regime, abrindo caminho para o período de maior repressão.
O regime autoritário iniciado em abril de 1964 tem um conjunto de fatores explicativos,
incluindo, no governo João Goulart (1961-1964), questões econômicas, como elevação da inflação
e estagnação no crescimento, questões políticas (descrença nas instituições políticas, corrupção,
ingovernabilidade e perda de legitimidade), desordem e suposta ameaça de convulsão social e
fatores externos, vinculados à influência dos Estados Unidos e ameaça, também suposta, de avanço
do comunismo (SOARES, 1994).
Ainda que os motivos variados que levaram à ditadura sejam controversos em sua
importância e dimensão, entendidos enquanto fatores isolados, é possível compreender que
elementos de ordem política tiveram um papel explicativo importante. Ou seja, o golpe e o posterior

governo autoritário se estabeleceu e passou a agir no sentido de controlar o processo político e


implantar decisões de governo, operacionalizando mecanismos decisórios próprios, resolvendo
divergências pelo meio coercitivo.
O paradoxo aparente se encontra na consideração de que, em primeiro lugar, mesmo em
regimes políticos ditatoriais, o governo possui vínculos com segmentos sociais, não sendo um
governo de si mesmo (IANNI, 1981). Por decorrência, há a necessidade de constituir processos
decisórios formais, institucionalizando o regime, articulando grupos civis e militares internos ou
apoiadores do golpe e dos governos subsequentes, os quais não necessariamente tinham as mesmas
posições sobre a economia, por exemplo, com a determinação de controle social (SALLUM Jr,
1996).
Há, com isso, a partir da intenção de estabelecer um regime político de caráter autoritário e
ditatorial, com centralização e imposição decisória, e em condições de, a partir das relações de
poder, permanecer por um longo tempo, levou a ditadura brasileira de 1964 à busca de mecanismos
formais para governar e para regrar o processo político.
O regime civil-militar brasileiro teve como peculiaridades a sua durabilidade e capacidade
de adaptação (VELASCO E CRUZ; MARTINS, 1984). O argumento se sustenta na concepção de
que esses dois fatores, a duração e as mudanças, viabilizaram a conservação do poder.
O tipo de Estado imposto pelo regime de 1964 bloqueou ou reprimiu as divergências que
existiam na sociedade em relação ao governo. A institucionalização desse processo representava a
tentativa de perpetuar o regime, ainda que partindo de novos parâmetros, com capacidade de
adaptação a outros contextos (SALLUM Jr, 1996). Dessa forma, estaria garantida a continuidade do
modelo, respaldado pela legitimidade institucional não imposta pelo viés autoritário.
O modelo e o sistema político (LAFER, 1975; CARDOSO, 1972) impostos a partir de 1964,
tinham como bases a desarticulação das organizações políticas e sociais, incluindo o sistema
partidário vigente desde 1946, reforço do Poder Executivo e subjugação do Congresso Nacional,
aumento da importância do Conselho de Segurança Nacional e criação do Serviço Nacional de
Informações (ambos são decisivos para que o aparato burocrático-estatal passasse a ser controlado
pelos militares). Além disso, a estabilidade social passou a ser entendida como resultado
proporcional ao nível de repressão e o Estado, pelo menos depois de 1967, como centralizador da
economia, respondendo aos interesses de setores empresariais.
A ascensão direta dos militares ao poder político, com o apoio e adesão de segmentos civis,
e com o bloqueio às instâncias político-representativas do período 1945-1964, levou à necessidade
de uma nova conformação institucional e diretiva em termos políticos. Tal conformação foi sendo
alterada, com acréscimos e exclusões, nos governos ditatoriais, sempre relacionada com as ações

políticas da oposição, tanto a admitida formalmente, caso do Movimento Democrático Brasileiro,


quando a clandestina, e de grupos sociais organizados (movimento estudantil e sindical, por
exemplo). Isto é, ao longo dos atos institucionais, são estabelecidos os marcos regulatórios da
competição política, regrando e delimitando a organização, mobilização e ação política,
contrapostos ao contexto social.
3. Repressão e controle em 17 atos
A junta militar que governou o país nos primeiros dias do regime ditatorial, até a definição
do militar Humberto de Alencar Castello Branco como presidente, estabeleceu a figura do ‘Ato
Institucional’, medida criada e não prevista na Constituição de 1946, ainda em vigor, para embasar
os chamados atos de exceção, compreendidos como medidas necessárias para combater a subversão
e implementar a ordem, produzindo condições para a estabilidade política. Expedidos entre 1964 e
1969, os atos estabeleceram um elevado grau de centralização administrativa e de controle político.
Com a derrubada do governo João Goulart, a presidência da República foi ocupada,
provisoriamente, seguindo a determinação da Constituição de 1946, pelo presidente da Câmara dos
Deputados, Pascoal Ranieri Mazzilli. Logo a seguir, os militares passaram a exercer as atividades de
governo, formando uma junta, integrada pelo vice-almirante Augusto Rademaker Grünewald, da
Marinha, o tenente-brigadeiro Francisco de Assis Correia de Melo, da Aeronáutica, e o general
Artur da Costa e Silva, da Guerra.
Na perspectiva dos grupos civis e militares que assumiram o poder em abril de 1964, a
deposição de João Goulart era um dos meios para enfrentar a subversão, a corrupção e a ameaça
comunista que, supostamente, pairavam na sociedade, nas organizações de trabalhadores e na
própria administração pública. Com isso, no dia 9 de abril de 1964, a junta militar, em nome do
Comando Supremo da Revolução, baixou o primeiro ato institucional. Editado sem número, o
documento, posteriormente, passaria a ser classificado como AI-1. Integrado por 11 artigos, o AI-1
foi introduzido com por um conjunto de pressupostos que contêm as características básicas de todo
governo autoritário. Nessa espécie de ‘apresentação’ do regime, o texto indica que a ‘revolução’, no
exercício do Poder Constituinte, não se legitimaria pelo Congresso, mas, ao contrário, o Congresso
é que receberia através daquele ato sua legitimação. Ou seja, fica estabelecido não apenas que o
poder político está sob controle do governo, mas que o próprio governo se auto definiu como fonte
da legitimidade política, retirando do Congresso a legitimação e a autorização política obtida por
meio do voto. O Ato também concede ao governo as prerrogativas de suspender direitos políticos
pelo prazo de dez anos, deliberar sobre a demissão, a disponibilidade ou a aposentadoria dos que
tivessem ‘atentado’ contra a segurança do país e cassar mandatos.

No segundo artigo, estabelecia as eleições indiretas para a presidência e vice-presidência da


República. Os ‘eleitos’ teriam mandato até 31 de janeiro de 1966.
No dia 11 de abril, o Congresso Nacional confirmou a indicação da junta militar do general
Humberto de Alencar Castello Branco, chefe do Estado-Maior do Exército, como presidente da
República. Como vice, foi eleito José Maria Alkmin, deputado federal do Partido Social
Democrático.
Na sucessão de decisões governamentais nos anos de 1964 e 1965, o Congresso aprovou,
sob o argumento de que, no prazo de vigência do AI-1, não haveria possibilidade de reorganizar
política e economicamente o país, a prorrogação do mandato de Castello Branco até 15 de março de
1967. Um dos efeitos da extensão do mandato se deu com o adiamento das eleições presidenciais
previstas para outubro de 1966, o que colocou apoiadores civis do Golpe, caso de Carlos Lacerda,
em posição de confronto com o governo, por terem pretensões, através da eleição, de chegar à
presidência da República. Essas medidas revelavam a intenção de permanência no poder político
por um tempo não mais pré-determinado. Assim, ganha corpo a construção de um aparato de poder
que tenderia a elevar as medidas restritivas à ação política formal, aumentar as ações de coerção da
oposição política e social e consolidar, pela reafirmação, das bases autoritárias de um governo de
longo prazo, não mais como uma situação de intervenção excepcional. A partir daí há a
implementação de um sistema de exercício do poder político, constituindo mecanismos e estruturas
formais de domínio, delimitação e execução de poder.
Após os resultados da eleição de governadores em outubro de 1965, o governo de Castello
Branco definiu várias medidas para serem aprovadas pelo Congresso Nacional. Todas tinham o
objetivo de agir diante da circunstância de que muitos dos eleitos não possuíam alinhamento direto
com o governo autoritário. Com isso, as medidas estabeleciam regras para fortalecer a capacidade
de ação do Poder Executivo, expandindo a jurisdição das Forças Armadas nos temas da subversão e
segurança nacional, reiterando e ampliando a aplicação da Doutrina da Segurança Nacional.
As novas regras limitavam as já restritas formas de atuação política, restringindo a
manifestação de posições políticas e a mobilização social. Por decorrência, ações que tinham como
intuito contestar, ou discutir, o governo, passaram a ter limites mais estreitos. Em contrapartida, os
instrumentos de ação do governo, no sentido de controle político, foram amplificados e reforçados.
Um exemplo foi a extinção de tratamento jurídico especial às lideranças políticas que tivessem
ocupado os cargos de prefeito, governador e presidente.
Considerando que segmentos sociais poderiam ter algum tipo de organização e mobilização
política que pudesse ir contra os interesses do governo, e que essa situação poderia ter algum tipo de
apoio social, o governo Castello Branco implanta a medida definidora do padrão das relações

políticas no país. A partir de 1966, o presidente da República não mais seria eleito pelo voto direto,
cabendo a um Colégio Eleitoral, integrado pelo Congresso Nacional, a indicação (ou eleição
indireta) do chefe do Poder Executivo. Ao mesmo tempo em que define, de forma aparentemente
paradoxal, que o ditador deve ser, ainda que indiretamente, eleito, a medida retira do processo
político o elemento-chave das relações políticas em democracias representativas: o voto combinado
com liberdade e direitos políticos.
Junto com outros fatores, essas medidas provocaram reações nos grupos que tinham apoiado
o Golpe. Reações que, por sua vez, geraram o anúncio, em 27 de outubro de 1965, do Ato
Institucional nº 2. Estruturado em 33 artigos, o AI-2 apresentou uma elevação do nível de restrição
impositiva ao processo político e social, comparando com o AI-1. Além de reafirmar e estabelecer a
eleição indireta do presidente da República, o Ato definiu a extinção do sistema partidário criado a
partir de 1945, com a dissolução dos partidos políticos então existentes. A expansão do poder
governamental se deu também no âmbito do Poder Judiciário. O AI-2 determinou o aumento do
número de ministros do Superior Tribunal Federal de 11 para 16, assegurando ao governo a maioria
no STF e possibilidade de reabrir processos já concluídos, revendo ou reestabelecendo penas, cujos
alvos eram opositores do regime. Além de impossibilitar a reeleição do presidente da República, o
documento atribuiu ao chefe do Executivo a prerrogativa, mediante consulta ao Conselho de
Segurança Nacional, de decretar estado de sítio por 180 dias.
No mesmo sentido de reforçar o poder de mando, o Ato atribuía ao presidente a
possibilidade de determinar intervenção federal nos estados, decretar o recesso do Congresso e
demitir funcionários civis e militares. Também passava a ser incumbência exclusiva do Poder
Executivo a emissão de atos complementares e decretos-lei relativos à segurança nacional.
O Ato Completar número 1 definia as punições para quem, privado de seus direitos
políticos, organizasse ou participasse de manifestações. Ações que eram qualificadas como crime.
Já o Ato Complementar número 4, dentro do escopo do AI-1, tratou da reorganização partidária.
Com isso, apenas poderiam atuar no país, em substituição aos partidos até então existentes, duas
agremiações, não definidas como ‘partidos’. Uma, vinculada ao governo, a Aliança Renovadora
Nacional (Arena) e a outra, de oposição, o Movimento Democrático Brasileiro (MDB).
O AI-2 vigorou até 15 de março de 1967, quando suas definições foram incorporadas à nova
Constituição e à Lei de Segurança Nacional.
Editado em fevereiro de 1966, o Ato Institucional número 3, também no governo de Castello
Branco, estendeu a supressão das eleições diretas para governador e vice-governador, também
determinando um calendário eleitoral. Com isso, os governadores seriam ‘eleitos’ em setembro por
votação nominal nas assembleias legislativas. O candidato que obtivesse a maioria dos votos, se

tornaria chefe do Poder Executivo estadual. Em outra medida, definida no artigo quarto, os prefeitos
das capitais passariam a ser nomeados pelos governadores estaduais. Nomeação que necessitaria de
um prévio assentimento dos parlamentos estaduais. No novo calendário eleitoral, no dia 3 de
outubro ocorreria a eleição indireta do presidente da República e, no dia 15 de novembro, seriam
eleitos, de forma direta, deputados federais e senadores.
O argumento que sustentava as normativas do AI-3, que consta no próprio texto,
considerava que as determinações eram imprescindíveis para sustentar os objetivos e finalidades
que estavam na origem do movimento ‘revolucionário’. Tais metas buscavam manter, portanto, a
tranquilidade e a harmonia política e social do país. A paz política, assim, seria um efeito da decisão
estratégica de colocar nos governos estaduais e municipais pessoas cujas ações pudessem assegurar
a conservação do sistema político imposto em 1964. Paralelamente, o governo seguia com os
processos de cassação de mandatos. No caso, a estratégia era evitar que eventuais opositores
pudessem barrar os candidatos oficiais nas eleições indiretas realizadas nas assembleias legislativas.
Todas essas medidas resultaram na eleição de 17 governadores alinhados com o governo, de um
total de 22. Além disso, no dia 3 de outubro, o Congresso Nacional elegeu para a presidência da
República o marechal Artur da Costa e Silva, até então ministro da Guerra do governo Castello
Branco, e Pedro Aleixo, deputado federal por Minas Gerais, como vice-presidente. O Movimento
Democrático Brasileiro se absteve de votar nas eleições estaduais e na eleição presidencial. A
iniciativa foi um sinal de protesto contra as eleições indiretas e uma disputa na qual o resultado
estava, em termos gerais, dado. A estratégia do governo ditatorial, assim, possuía ao menos dois
eixos. O primeiro era criar condições, e restrições, formais para a organização política da oposição,
obstaculizando o lançamento de candidaturas, via processos de cassações de direitos políticos e
prisões, além de impedir a formação de partidos políticos e manifestações. O segundo eixo tratava
de buscar estabelecer uma situação de normalidade regrada, sob o argumento da pacificação e da
produção de uma espécie de consenso nacional para a harmonia política e o desenvolvimento do
país. Por decorrência, quem estivesse contra as regras estabelecidas estaria contra o próprio país.
Ações que, observadas de forma conjunta, visavam impor um controle político rígido e uma
justificativa, à sociedade, formalizada.
O prosseguimento das cassações, mesmo depois da eleição de Costa e Silva (ainda no
governo de Castello Branco) e dos governadores, cumprindo as determinações possibilitadas pelo
AI-2 são significativos enquanto demonstração de que o problema era restringir qualquer
possibilidade de reação política. Nesse sentido, o Ato Constitucional número 23, editado por
Castello Branco, impôs o recesso parlamentar até 22 de novembro. Em outras palavras, o
fechamento do parlamento se estenderia até pouco depois das eleições legislativas.

A Aliança Renovadora Nacional elegeu 277 deputados federais. O Movimento Democrático


Brasileiro obteve 132 representantes na Câmara dos Deputados.
O processo de institucionalização do regime, todavia, além das medidas explicitadas nos
atos institucionais e atos complementares, estava sendo conduzido para a elaboração de uma nova
Constituição, substituindo a de 1946. O novo texto constitucional incorporaria as medidas
integrantes nos atos, além de decretos que foram sendo expedidos desde 1964. O projeto da
Constituição, publicado no início de dezembro de 1966 provocou reações que acabaram levando o
governo à edição do Ato Institucional número 4.
A base do texto do AI-4 estava na convocação do Congresso Nacional, de forma
extraordinária, em uma sessão que se estendeu de 12 de dezembro de 1966 a 24 de janeiro de 1967,
com a finalidade de cumprir os procedimentos de debater, votar e promulgar a nova Constituição,
que deveria entrar em vigor até 15 de março de 1967. O Ato também estabelecia que, nesse espaço
de tempo entre a discussão e promulgação, a presidência passaria a ter a prerrogativa de legislar, via
decretos, nos assuntos referentes à própria administração, finanças e à segurança nacional.
A Constituição acabou sendo promulgada em 24 de janeiro de 1967. Assim, o texto
constitucional formalizava a estrutura de poder, considerando o regramento procedimental das
relações políticas no país, delimitando quem poderia agir politicamente, em quais organizações e de
que maneira. Entendendo que uma estrutura de poder, na sua essência, estabelece quem manda e
tem autoridade e quem obedece, com os respectivos motivos e procedimentos, a Constituição de
1967 teve o peso de aumentar o nível de formalização do aparato destinado ao controle político,
definidor do processo político, combinando a estrutura formal e burocrática com a ampliação das
possibilidades de ação do Estado no sentido coercitivo e punitivo. Um dos efeitos desse conjunto de
medidas que desaguou no texto constitucional foi restringir ainda mais o espaço da oposição
consentida, cuja finalidade era demonstrar a normalidade do regime autoritário, e ampliar os
mecanismos de repressão e de luta política fora do sistema institucionalizado, situação que se
tornaria mais efetiva a partir do final de 1968.
Ainda assim, constituindo duas arenas políticas, uma formal e regrada, com restrições e
imposições cada vez maiores, e outra externa ao processo político institucionalizado, também cada
vez mais violenta e coercitiva, o regime autoritário seguiu agindo no sentido de reforçar o
predomínio do Poder Executivo federal nas decisões políticas. Reforço que operava no campo
constitucional quanto na continuidade da edição de medidas infraconstitucionais, casos dos próprios
atos institucionais e dos decretos-lei, implementando normas legais de caráter oportunista e, em
geral, voltadas para confrontar situações mais conjunturais e imediatas da luta política e
organização da oposição, especialmente a que passou a agir, de maneira mais efetiva, fora do limite

aceitável pelo regime. Ao mesmo tempo, portanto, se enfatizava a preocupação em agir baseado em
uma norma legal, a qual precisava ser flexível, dinâmica e com objetivos específicos para conter a
luta e a organização política da oposição, ainda que sob a Constituição, já fortemente centralizadora
e autoritária.
Se estabelece, como efeito, uma combinação, no processo de organização das questões
políticas, de medidas de caráter mais permanente, consubstanciadas no texto da Constituição de
1967, com outras cuja característica básica era a excepcionalidade. O controle, portanto, se dava
pela formalização de medidas e pela abertura de possibilidade, também formal, de normas
excepcionais, ambas típicas de um regime autoritário que busca criar uma aparente situação de
normalidade e de harmonia social.
O Decreto-Lei 314, publicado em 15 de março de 1967, é um exemplo disso tudo. O seu
texto define a entrada em vigor da nova Lei de Segurança Nacional. Esse é o ponto de partida para
considerar que cada indivíduo é responsável pela segurança nacional, gerando, por exemplo,
inúmeras possibilidades de delação e denúncias entre civis sobre manifestações políticas, ainda que
no âmbito particular e pessoal.
A formação da Frente Ampla (e sua proibição em abril de 1967) e, ao longo do ano e de
1968, a ocorrência de várias manifestações de oposição ao regime e conflitos políticos,
especialmente no movimento estudantil e sindical, levou ao acirramento das ações políticas. Não
obstante, o Conselho de Segurança Nacional, órgão responsável pelas definições estratégicas sobre
a preservação da ordem nacional, passou, junto com o Serviço Nacional de Informações, a defender
ações extremadas para combater a oposição e o ‘avanço do comunismo’. A saída, desencadeada,
principalmente, em agosto, foi o aumento da repressão e das medidas de caráter coercitivo à
oposição formal e às organizações que estavam fora do sistema institucionalizado.
Diante do contexto de avanço da reação ao governo e das pressões internas ao regime sobre
a necessidade de medidas repressoras mais eficientes, o regime editou, no dia 13 de dezembro de
1968, o Ato Institucional número 5.
O nível de restrição à organização e à manifestação política atingia o seu ápice. O texto do
AI-5 permitia ao presidente da República, sem passar por qualquer instância jurídica ou política, de
ordenar, por decreto, o fechamento do Congresso Nacional, assembleias legislativas e câmaras
municipais e intervir nos estados e municípios, passando por cima das limitações estabelecidas na
Constituição. Além disso, o presidente poderia, sem nenhum rito jurídico-formal, cassar mandatos
eletivos e suspender por dez anos os direitos políticos de quem quer que fosse.

O Ato também possibilitava, via decreto, ao governo confiscar bens. Do ponto de vista dos
direitos civis, é relevante a suspensão do habeas-corpus. Com isso, qualquer um poderia ser preso,
mesmo sem flagrante, sem uma acusação formal, por tempo indeterminado.
O governo poderia decretar estado de sítio e fixar o seu prazo de duração, remover,
aposentar ou reformar quaisquer titulares de cargos públicos, suspender garantias constitucionais de
liberdade de reunião e associação, estabelecer censura à imprensa, telecomunicações e diversões
públicas, além de violar correspondência pessoal.
Quatro senadores e 95 deputados tiveram seus mandatos imediatamente cassados e em torno
de 500 pessoas tiveram suspensos seus direitos políticos. O MDB perdeu 40% de seus
parlamentares.
A segunda fase do governo autoritário começa no final de 1968, a partir da edição, no dia 13
de dezembro, do Ato Institucional número 5, uma resposta ao aumento da mobilização contra o
governo autoritário que ocorreu durante o ano.
O AI-5 visava, portanto, estabelecer mecanismos severos de controle da sociedade,
neutralizando opiniões contrárias e produzindo uma opinião favorável ao governo. Aforai isso, as
medidas tinham como meta terminar com a contestação ao regime, pelo menos a de caráter mais
difuso e vinculada à população em geral (Velasco e Cruz e Martins, 1984).
Em de janeiro de 1969, tendo por base discussão realizada no Conselho de Segurança
Nacional, o governo tornou públicas quatro tipos de punições para quem tenha se comportado fora
dos limites. As medidas também tinham efeitos retroativos, ou seja, atingiam atos realizados antes
de sua publicação. As quatro punições formalizadas tratavam de cassação de mandato, cassação de
mandato com suspensão de direitos políticos, suspensão de direitos políticos e aposentadoria
compulsória.
O AI-5 foi revogado no governo de Ernesto Geisel (1974-1978). Situação possibilitada pela
Emenda Constitucional nº 11, de dezembro de 1978. Seus efeitos, todavia, não poderiam ser
contestados ou anulados, questão vedada pela Emenda Constitucional nº 1 de 1969, a qual impedia
qualquer recurso judicial aos atos praticados pelo chamado ‘Comando Supremo da Revolução de 31
de março de 1964’. A medida incluía as ações do governo federal, assembleias legislativas e
câmaras municipais.
Na rota aberta pelo AI-5, e, em grande parte, ocasionados pelos seus amplos mecanismos
coercitivos, foram editados outros 12 atos institucionais (todos no período do governo Costa e Silva
e pela junta militar que o sucedeu), 59 atos complementares e oito emendas constitucionais. Como
resultado, o uso da coerção, ou ameaça de, por instâncias definidas formalmente, tornou-se

corriqueiro. Como saldo, o poder coercitivo formalizado foi utilizado como instrumento diante de
conflitos e divergências políticas.
O AI-6, publicado em 1º de fevereiro de 1969, diminuiu de 16 para 11 o número de
ministros do Supremo Tribunal Federal. O seu texto também definiu que o julgamento dos crimes
contra a segurança nacional passariam a ser incumbência, inclusive, da Justiça Militar, limitando a
competência do STF na matéria. Além de manter os processos de cassação política.
Editado em 26 de fevereiro de 1969, o AI-7 determinou a suspensão, até novembro de 1970,
das eleições municipais e estaduais. Um novo calendário eleitoral seria estabelecido.
O AI-8, de 24 de abril, buscava restruturar administrativamente o país, situação que iniciara
com reforma administrativa estabelecida pelo Decreto-Lei nº 200. Com isso, o Ato autorizava os
governos estaduais, municipais (com população maior que 200 mil) e do Distrito Federal a
implantar, por decreto, reformas próprias.
Voltado para questões referentes à reforma agrária, o AI-9, editado em 25 de abril,
autorizava o Poder Executivo federal a determinar a desapropriação de imóveis rurais por interesse
social. No mesmo sentido, as indenizações por expropriações deveriam ser pagas em tributos
especiais da dívida pública.
O AI-10, de 16 de maio, acrescentava aos aos 1, 2, 5 e 6, a determinação da suspensão dos
direitos políticos ou a cassação de mandatos, nos âmbitos federais, estaduais e municipais a perda
de todos os cargos ou funções na administração direta ou indireta, em instituições de ensino e
pesquisa e em organizações consideradas de interesse nacional. Isto é, também com efeito
retroativo, o Ato ampliava as punições a quem teve direitos políticos suspensos e/ou cassados.
Publicado em 14 de agosto, o AI-11 estabeleceu um novo calendário eleitoral. Desta vez,
todas as eleições aconteceriam no dia 15 de novembro de 1969. Uma das consequências foi a
padronização dos mandatos de todos os prefeitos, vices e vereadores.
O décimo segundo Ato Institucional está relacionado ao problema de saúde do presidente
Costa e Silva, que inviabilizaria a sua continuidade no cargo. Assim, no dia 30 de agosto o comando
das Forças Armadas editou o AI-12, determinando que uma junta militar assumiria, de forma
interina, a presidência. Paralelamente, a Junta decidiu que, diante da situação de crise política, o o
vice-presidente Pedro Aleixo não substituiria Costa e Silva, contrariando a Constituição de 1967.
No dia 4 de setembro, a junta publicou dois atos institucionais. O AI-13 estabelecia que
indivíduos considerados perigosos ou que ameaçassem a segurança nacional poderiam ser banidos
do país. Já o AI-14, alterando definição que constava n Constituição de 1967, possibilitava, ao
critério do governo, a aplicação da pena de morte ou prisão perpétua, estabelecendo como
condicionantes a existência de guerra externa, psicológica adversa, revolucionária ou subversiva.

No dia 9 de setembro, o AI-15 estabeleceu que a data das eleições em municípios sob
intervenção federal seria em 15 de novembro de 1970, refazendo o calendário definido por Costa e
Silva.
Após a junta militar, no meio de setembro, tornar oficial o afastamento definitivo de Costa e
Silva, houve a formação de uma outra junta, integrada por três generais, tratar da sucessão
presidencial.
A publicação, em 27 de setembro, do Decreto-Lei nº 898 deu início a vigência a nova Lei de
Segurança Nacional. O texto da Lei implementava a condenação à morte, por fuzilamento, de quem
a infringisse. O presidente da República teria 30 dias para transformar a pena de morte em prisão
perpétua. A Lei também recrudescia o controle sobre os meios de comunicação, possibilitando a
prisão de profissionais que divulgassem notícias inverídicas ou falseadas, incluindo fatos, ainda que
verídicos, colocados de forma truncada ou desfigurada.
Emílio Garrastazu Médici, comandante do III Exército, é indicado, no dia 7 de outubro, à
presidência da República. Sete dias depois, foi publicado o penúltimo Ato Institucional, voltado
para destituir o vice-presidente Pedro Aleixo, declarar vagos os cargos de presidente e
vice-presidente e marcar para o dia 25 a eleição presidencial no Congresso, em sessão pública e por
votação nominal. O Ato determinava, ainda, que o mandato do presidente expiraria em 15 de março
de 1974 e prorrogava os mandatos das mesas da Câmara e do Senado até 31 de março de 1970.
Editado no mesmo 14 de outubro de 1969, o AI-17 autorizava a junta militar a transferir
para a reserva os militares tivessem agido, ou que viesses a agir, contra a coesão das Forças
Armadas. No dia seguinte, os atos complementares 72 e 73 liberavam a abertura do Congresso
Nacional e convocavam os deputados e senadores para a eleição indireta.
A junta militar também publicou, no dia 17 de outubro, a Emenda Constitucional nº 1. O
principal objetivo foi incorporar à Constituição vários dispositivos que estavam no AI-5. Desta
forma, foi definida uma espécie de reforma, estabelecendo a ‘Constituição de 1969’.
4. Considerações finais
Em termos gerais, sistemas políticos estabelecem como as decisões são produzidas,
definindo os regramentos das relações de poder. Ou seja, os interesses e reivindicações, possíveis
geradores de conflitos, oriundos dos grupos sociais, encontram mecanismos, mais ou menos
institucionalizados, mais ou menos procedimentalizados, que definem os parâmetros e limites para
as relações de poder. Governar, portanto, tem o significado amplo de operar com processos
decisórios, cujos fatores não necessariamente passam pelas compreensões acerca da possibilidade
da produção de consensos ou de ações voltadas para o bem comum. Argumentação que se sustenta

no pressuposto que as sociedades estabelecem sistemas decisórios a partir da correlação de forças e


das relações de poder entre os grupos sociais.
Em regimes democrático-representativos, as regras da competição política, que embasam os
parâmetros decisórios, incluem a universalização da liberdade de manifestação, expressão e
organização política, com direitos políticos amplos, possibilidade de alternância no exercício do
poder político, eleições e normas que valem da mesma forma para todos. A análise das democracias,
portanto, indica, situação a ser submetida à verificação, que as decisões são produto de discussão
pública, liberdade e igualdade, sem desconsiderar as assimetrias de poder e as possibilidades de que
segmentos sociais tenham mais capacidade de influir nas decisões que outros.
Situação diferente se verifica em regimes ditatoriais. O processo decisório, com liberdade e
direitos políticos restritos, passa a ser mais fortemente centralizado e hierarquizado. Os conflitos
sociais e políticos passam a ser resolvidos com mecanismos coercitivos e repressivos. Em outras
palavras, os governos, e seus adeptos, recorrem ao aparato coercitivo, então reforçado, para impor
decisões a partir dos seus interesses, cerceando e impedindo a organização política dos seus
opositores políticos e sociais.
O que é lógico em regimes autoritários, a imposição, pela força, de decisões políticas,
coagindo as oposições, em um aparente paradoxo, não se sustenta, ao longo do tempo, sem
instâncias institucionalizadas para o exercício do poder político. Isto é, governos autoritários, na
tentativa de estabelecer relações políticas rotinizadas, contrapondo medidas excepcionais, não
prescindem da formalização de regras. Situação que não afeta o caráter autoritário das medidas
tomadas.
No caso da ditadura brasileira de 1964, os atos institucionais, embora não sendo os únicos
instrumentos formais do governo, tiveram como foco principal regrar as relações políticas e
restringir, ou impedir, a oposição.
A expedição, entre 1964 e 1969, de 17 atos, regulamentados por 104 atos complementares,
revelam o contexto da época e o direcionamento e centralização estabelecidos. A compreensão
acerca do processo político e o contexto social do período leva em conta que, ao mesmo tempo em
que age de maneira repressiva e violenta, o governo ditatorial busca estabelecer uma situação de
normalidade.
A normalidade construída, no entanto, é confrontada pela oposição, formal e clandestina, à
ditadura. E os atos institucionais e complementares são significativos no sentido de compreender o
aparente paradoxo da busca em construir uma imagem de estabilidade política e social com o
acirramento do confronto.

Os atos tratam, ao mesmo tempo, das intenções políticas do regime e determinam a regras
das relações políticas. A finalidade é assegurar as condições necessárias para a execução, nos
parâmetros autoritários, das decisões políticas, impondo uma estrutura política que não prescinde da
existência formal da oposição política, ao mesmo tempo em que restringe suas possibilidades de
ação.
Os 17 atos, portanto, garantem à ditadura a hegemonia sobre o processo decisório, como
resultado da institucionalização do aparato coercitivo sobre a oposição consentida e sobre os grupos
sociais politicamente organizados que, diante do bloqueio no âmbito das instituições políticas,
eleições, partidos e parlamento, principalmente, passam a agir fora do sistema político formal. E,
por fim, garantem controle social e político, implementando uma situação de aparente ordem
política estável, de base coercitiva. O auge desse sistema de organização política autoritária se dá
com o Ato Institucional número 5, de dezembro de 1968, que estabelece os procedimentos para o
fechamento do regime, abrindo caminho para o período de maior repressão.
Nesse sentido, o estabelecimento de medidas como a supressão de eleições diretas, extinção
de partidos políticos, fechamento do Congresso Nacional, cassações de mandatos, prisões e, entre
outras, limitação de direitos políticos, operam, ao mesmo tempo, com a busca em implementar uma
situação, mesmo que aparente, de normalidade política rotinizada e formalizada.

5. Referências

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1987.
CARDOSO, Fernando Henrique. O modelo político brasileiro e outros ensaios. São Paulo: Difel. 1972.
IANNI, Octavio. A Ditadura do Grande Capital. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira. 1981.
LAFER, Celso. O Sistema Político Brasileiro. Rio de Janeiro: Perspectiva. 1975.
RODRIGUES, Alberto Tosi. Ciclos de mobilização política e mudança institucional no Brasil. Revista
Sociologia Política. Novembro de 2001. Número 17. pp.33-43.
SALLUM Jr., Brasilio. Labirintos – dos generais à Nova República. São Paulo: Hucitec. 1996.
SANTOS, Wanderley Guilherme dos. Cidadania e Justiça – a política social na ordem brasileira. Rio de
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Celina (orgs.). 21 anos de regime militar – balanços e perspectivas. Rio de Janeiro: FGV. 1994.
TOLEDO, Caio Navarro de (org.). 1964 – visões críticas do golpe – democracia e reformas no populismo.
Campinas: Editora Unicamp. 2014.
VELASCO e CRUZ, Sebastião e MARTINS, Carlos Estevam. De Castello a Figueiredo: uma incursão na
pré-história da “abertura”. In SORJ, Bernardo e ALMEIDA, Maria Hermínia Tavares de (org.). Sociedade e
Política no Brasil pós-64. 2ª edição. São Paulo: Brasiliense. 1984.
Atos institucionais e complementares (acessos entre junho e agosto/2016):
http://www4.planalto.gov.br/legislacao/legislacao-historica/atos-institucionais#content
FUERZAS ARMADAS Y CAMBIO SOCIAL: LA FORMACIÓN CASTRENSE DE HUGO
CHÁVEZ Y SU PROMOCIÓN EN LA ACADEMIA MILITAR DE VENEZUELA. 28 29
Santiago Giantomasi30

Resumen

Con la implementación del Plan Andrés Bello en 1971, como programa educativo
experimental, en la Academia Militar de Venezuela, única institución de formación básica de
oficiales del ejército venezolano, se modificó el perfil profesional de los cadetes, siendo esto
reflejado en varios miembros de la primera promoción egresada de ese plan, la Simón Bolívar II,
entre los que destaca Hugo Chávez. Asimismo, se transformaba a la Academia Militar de Venezuela
en un instituto militar universitario con requerimientos académicos muy superiores a los de las
generaciones anteriores, otorgando título de Licenciado en Ciencias y Artes Militares a sus
egresados. El objetivo de esta ponencia será demostrar, en base a bibliografía general, teórica,
discursos y testimonios, cómo las experiencias, los docentes y contenidos del Plan viabilizaron la
posibilidad de que los egresados de la Academia Militar de Venezuela interpretaran el papel de las
Fuerzas Armadas Nacionales de Venezuela como motor indispensable para la transformación del
país. Según esta concepción, en función de garantizar la seguridad nacional era preciso abocar los
objetivos hacia el desarrollo nacional con un modelo de inclusión social a partir de la redistribución
de la renta petrolera, y abocado, geopolíticamente, hacia la integración regional, lo cual requería
involucrarse políticamente.

Palabras clave: Plan Andrés Bello, Academia Militar de Venezuela, Profesionalización de las
Fuerzas Armadas, Venezuela, Hugo Chávez.

Área temática: Historia Política

28 El presente trabajo es una continuación y profundización del artículo presentado en el marco del XVI Congreso
Internacional del FoMerco, Salvador de Bahía, Brasil, 27-29 sep. 2017. Disponible en:
http://www.congresso2017.fomerco.com.br/resources/anais/8/1503496190_ARQUIVO_Giantomasi,Santiago-HugoCha
vezylaAcademiaMilitardeVenezuela.pdf. Acceso en: 28 ene. 2018.

29Trabajo preparado para su presentación en el XIII Congreso Nacional y VI Congreso Internacional sobre
Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de
Rosario. Rosario, 10 al 13 de septiembre de 2018.

30Estudiante de Licenciatura en Historia en la Universidad Nacional de Mar del Plata (Provincia de Buenos Aires,
República Argentina) y de maestría en el programa de posgraduación en Integración Contemporánea de América Latina
de la Universidad Federal de Integración Latinoamericana (UNILA, Foz do Iguaçu, Brasil). Miembro del Centro de
Estudos Sócio-Políticos e Internacionais da América do Sul (CESPI) de la UNILA. Becario por convenio OEA-GCUB.
Profesor en Historia por la Universidad Nacional de Mar del Plata (Provincia de Buenos Aires, República Argentina).
Correo electrónico: sgiantomasi@hotmail.com
Yo considero que la Academia Militar de Venezuela es la Cuna de la
Revolución Bolivariana. Podría ser también de la Resurrección
Bolivariana. Yo diría que en términos filosóficos la esencia de Simón
Bolívar no se ha perdido a lo largo del proceso de consolidación de la
Escuela Militar, desde que se fundó el 3 de septiembre de 1810.
Desde mi perspectiva, el destino de la Academia Militar es el
destino de Venezuela, son inseparables, la historia de Bolívar es la historia
de Venezuela, es la historia de América y ella cuenta la historia de la
Academia Militar.
Jacinto Pérez Arcay

FUERZAS ARMADAS Y CAMBIO SOCIAL: LA FORMACIÓN CASTRENSE DE HUGO


CHÁVEZ Y SU PROMOCIÓN EN LA ACADEMIA MILITAR DE VENEZUELA.

Introducción

Varios son los hitos que se podrían indicar como relevantes para comprender el impulso
integracionista latinoamericano que se consolidó en la primera década del siglo XXI en la región.
En este proceso, la República Bolivariana de Venezuela tuvo un rol fundamental en tanto promotor
de algunos organismos supranacionales como el ALBA, CELAC y UNASUR, pero también
cumpliendo un rol primordial en el reforzamiento de otros ya existentes como el Mercosur, dando
lugar de esta manera a la consolidación de una arquitectura regional con un nivel de integración sin
precedentes en la historia de América Latina y, particularmente, de Sudamérica. Sin embargo, es
necesario profundizar en los estudios que expliquen las causas por las cuales Venezuela devino en
uno de los puntos neurálgicos de irradiación de ese movimiento integracionista, y para esto es
necesario indagar en su historia. De esta manera, la idea de buscar parte de la genealogía del
proceso regional en un país como Venezuela remite a las motivaciones culturales, económicas,
políticas y sociales que perseguía el elenco gubernamental que accede al gobierno venezolano por
vía democrática en 1999. Por esta razón, no se puede soslayar el hecho de que varios cargos de
relevancia en el Estado hayan sido ocupados por militares, por ejemplo, el principal de ellos, el
cargo de presidente de la Nación, por parte de Hugo Rafael Chávez Frías. En este sentido,
abundantes son los estudios acerca de la influencia de diversas agrupaciones políticas venezolanas
sobre la propia biografía de muchos de esos militares, pero escasas han sido las investigaciones
específicas sobre la formación de los mismos en el ámbito castrense. Actualmente, analizar en
profundidad también este aspecto se torna una tarea ineludible para comprender, de manera
holística, los antecedentes que dieron lugar al proceso integracionista latinoamericano de principios
del siglo XXI.
El objeto de estudio del presente artículo es el proceso de profesionalización del Ejército en
Venezuela a partir de la formación de la promoción Simón Bolívar II, de la que fue parte Hugo
Rafael Chávez Frías, desde 1971 a 1975 en el marco del Plan educativo Andrés Bello que
transformó en un instituto militar universitario a la Academia Militar de Venezuela 31. En esta
institución los cadetes se instruían para egresar como oficiales del ejército con el grado de
subtenientes, pero a partir de la aplicación de dicho plan se graduarían además con el título de
licenciados en Ciencias y Artes Militares opción Terrestre con las menciones de Ciencias,
Administración o Educación. De los 375 aspirantes que ingresaron en 1971 a la Academia Militar
de Venezuela, jóvenes en su mayoría de 17 a 18 años provenientes de sectores populares y
31El 03 de septiembre de 2010 Hugo Chávez, en su carácter de presidente de Venezuela, decreta la creación de la
Universidad Militar Bolivariana de Venezuela (UMBV), un proyecto que buscaba la integración académica de todos los
componentes que son parte de la Fuerza Armada Nacional. Es entonces cuando la Academia Militar de Venezuela, bajo
ese mismo decreto, pasa a llamarse Academia Militar del Ejército Bolivariano (AMEB) y empieza a formar parte de la
Universidad Militar Bolivariana de Venezuela.
heterogéneos en cuanto a su procedencia regional dentro de la geografía venezolana, sólo egresaron
75 en 1975. La promoción inmediatamente anterior, de 1974, denominada “General en Jefe José
Antonio Pulido”, contó con 127 egresados, y la inmediatamente posterior, promoción “General de
Brigada Francisco Carabaño”, con 84 egresados.
Se pretende comprender qué influencia tuvo el Plan Andrés Bello en el desenvolvimiento de
una visión crítica de la realidad venezolana y de aspiraciones políticas por parte aquellos miembros
de la promoción Simón Bolívar II que formaron parte del elenco que accedió democráticamente al
gobierno venezolano en 1999 con la intención de alcanzar el desarrollo nacional e incluir
socialmente a partir de la redistribución de la renta petrolera, principal ingreso económico del país y
abocado, geopolíticamente, hacia un acercamiento integracionista con los países latinoamericanos.
Con el objetivo de dar respuesta a las cuestiones anteriormente manifestadas, se analiza el
período señalado en base a discursos y testimonios, así como también apelando a bibliografía de
divulgación y académica que da cuenta de las proyecciones del referido Plan y contribuyen a la
comprensión del objeto de estudio a partir de un marco teórico. De esta manera, las técnicas e
instrumentos de recolección de información utilizadas fueron la observación documental, resumen
analítico y análisis crítico de testimonios y bibliografía, mediados por la utilización de técnicas
documentales auxiliares (como el subrayado y el fichaje).

Contexto histórico: Venezuela y la Academia Militar

Con el objetivo de interpretar históricamente el período abordado y sus consecuencias, hay


que tener en cuenta que, así como en otros países de América Latina, en los que desde el período
independentista del siglo XIX (e incluso antes) los militares ejercieron una gran influencia en la
política, protagonizando la escena en muchos casos, esto puede registrarse también para el caso
específico venezolano. Particularmente, la historia de Venezuela estuvo íntimamente vinculada con
las acciones desarrolladas en el Ejército de ese país. Como antecedentes concretos, esto puede verse
reflejado, por ejemplo, para el siglo XX, en dos oficiales graduados en la Academia Militar de
Venezuela, que ejercieron el cargo de presidente de la nación caribeña: los generales Isaías Medina
Angarita (1941-1945) y Marcos Pérez Jiménez (1950-1958).
Para el momento en que la promoción Simón Bolívar II ingresó a la Academia Militar de
Venezuela, única institución de formación básica de oficiales del ejército venezolano, en 1971, ya la
guerrilla estaba debilitada a nivel militar. Políticamente no existía el grado de tensión de la década
del sesenta y no había, por ende, la misma necesidad de formar personal para la lucha
antiguerrillera. El gobierno venezolano, encabezado por Rafael Caldera (1969-1974), pretendía
concretar la pacificación del país. Por esto, en parte, se fue consolidando un mundo militar más
exigente en términos académicos en la etapa formativa y hubo cierta merma en lo referente a la
formación en la Escuela de las Américas. Los recursos militares antes destinados a la lucha
antiguerrillera había que ponerlos al servicio de otros objetivos de desarrollo social y nacional. A
diferencia de casi todos los países de la región, Venezuela ya no estaba ante esas hipótesis de
conflicto (GUERRERO, 2007).
Por otro lado, a nivel interno de las Fuerzas Armadas había escasas perspectivas de progreso
y bienestar sociolaboral para los oficiales activos. De manera que había que generar una opción
educativa superior para incentivar la permanencia de los oficiales, atenuar la crisis de las bajas y
proyectar el desempeño profesional más allá de la fenecida lucha antiguerrillera desde la
perspectiva del nuevo escenario nacional. Había que buscar la forma de dar continuidad a la carrera
y al desempeño profesional del oficial, una vez dado de baja o tras su paso a situación de retiro en la
fuerza.
El Plan educativo experimental Andrés Bello aplicado en la Academia Militar de Venezuela
desde 1971 fue la segunda gran reforma militar del siglo XX. La primera la hizo el General
Cipriano Castro hacia 1904. El entonces presidente socialcristiano de COPEI (Comité de
Organización Política Electoral Independiente), Rafael Caldera, adoptó esta segunda reforma, como
antes se expresó, en función de su estrategia política en un contexto de intento de pacificación del
conflicto con la guerrilla. Hugo Rafael Chávez Frías, miembro de la promoción Simón Bolívar II y
presidente venezolano desde 1999 a 2013, reconocía a Caldera como un hombre con un nivel
intelectual por encima del promedio de los políticos tradicionales de la década del setenta y
admirador del ideario del humanista, filólogo y educador Andrés Bello, maestro de Simón Bolívar
(RAMONET, 2013). Caldera favorecía una visión que apuntaba a la pacificación en comparación
con las opciones más reaccionarias de aquellos militares que continuaban defendiendo la necesidad
de orientar grandes recursos humanos y económicos a la lucha antiguerrillera. Y esto, el entonces
presidente, lo hacía apoyándose en parte en oficiales de las Fuerzas Armadas que compartían el
interés por modificar la lógica que había primado en las Fuerzas Armadas durante la década de 1960
en que había preponderado el conflicto militar con los grupos insurgentes. De hecho, en la
Academia Militar, plantean algunos miembros de la promoción Simón Bolívar II, hubo una singular
resistencia a los cambios por parte de oficiales con mayor antigüedad y algunos alféreces. Pero
tuvieron que ceder frente al impulso de un grupo de oficiales, entre los que se destacaba el director,
General Osorio García, los cuales les dieron permiso e incentivaron a los cadetes para hacer lecturas
libres y les hablaban de la Teoría del Desarrollo, incluían conferencias sobre visiones distintas a la
tradicional militar imperante hasta entonces (RAMONET, 2013).
Es en ese contexto que surge el Plan Andrés Bello como una Reforma educativo-militar. El
proyecto modernizador de Caldera hacia las FFAA no se inspiraba en las vertientes represivas que
dominaban en el Cono Sur ni América Central, tampoco en las organizaciones opuestas a la
influencia de EEUU en América Latina ni en las de militares con proyectos nacionalistas como el de
Velasco Alvarado en Perú (1968-1975) o Torrijos en Panamá (1968-1981), pero sí había puntos de
contacto con ellos: gobernaba un país subdesarrollado, en un momento de incremento del rechazo al
influjo norteamericano en el Tercer Mundo. Caldera era dirigente de la Internacional Demócrata
Cristiana, en cuyos postulados, orientados desde la Alemania Occidental, había una relativa
resistencia al modelo militar de EEUU. Los países de la Europa capitalista participaban a su manera
en la Guerra Fría; no tan apegados al macartismo de EEUU ni a los golpes de Estado que ese país
promovía en determinados países de América Latina (GUERRERO, 2007).
A diferencia de lo que sucedía en la precedente escuela militar del Ejército de Venezuela, a
partir de la implementación del Plan Andrés Bello se exigía poseer el bachillerato completo para
ingresar a la Academia Militar de Venezuela, convirtiéndose la misma en un Instituto superior
Universitario, con requerimientos académicos de mayor exigencia que los de las generaciones
anteriores, otorgando título de Licenciado en Ciencias y Artes Militares a sus egresados luego de 4
años de formación. Se graduaban con el grado de subtenientes. Se estudiaba, además de cursos de
teoría y estrategia militar o historia de la guerra, materias como Introducción a la Sociología,
Introducción a la Filosofía, Derecho Constitucional, Introducción a la Economía, Introducción a la
Política, un curso propedéutico, Historia Universal, Historia de las Ideas Políticas, Psicología de la
Adolescencia, necesarios para dar validez universitaria al Plan por parte del Consejo Nacional
Universitario. Hugo Chávez planteaba que, en el marco de ese Plan, esa primera promoción, la
Simón Bolívar II, era vista como conejillo de indias, y hasta llegó a haber rivalidad entre esa
generación llamada por las anteriores “los licenciados”, los sabiondos, y ellos, los más antiguos, que
los veían como bachilleres, y en muchos casos los subestimaban, por la capacidad que habían
adquirido para diagnosticar, para solucionar problemas y querían utilizar la arbitrariedad para
frenarlos (MUÑOZ, 1998).
Un factor de relevancia es que los integrantes del ejército venezolano, tanto sus tropas, como
sus tropas profesionales, suboficiales profesionales de carrera y los oficiales “son personas
provenientes del pueblo, de las barriadas, de las zonas rurales, de los extractos medios y bajos de la
sociedad” (AGUILAR; CAMARGO, 2008, p. 68), a diferencia de varias organizaciones militares
de otros países en las que la oficialidad son hombres y mujeres pertenecientes a las clases altas y
élites privilegiadas de la sociedad. Este se puede considerar como “un factor importante en los
acontecimientos venideros, donde el liderazgo consta esencialmente en la relación directa con las
tropas.” (AGUILAR; CAMARGO, 2008, p. 68).
En consonancia con lo anteriormente expuesto, la investigadora chilena Marta Harnecker
(2004, p. 9) se pregunta “¿Qué hace a estos militares diferentes? ¿Por qué la gran mayoría de ellos
apoya un proceso de transformaciones profundas en su país orientado a resolver los problemas de
los más desposeídos?” En primer lugar, considera que es notable la influencia de Simón Bolívar en
su formación en función de la integración latinoamericana y la relevancia que tienen los sectores
populares en la concepción bolivariana. En segundo lugar, destaca el significativo impacto causado
a partir de la educación militar en el marco del Plan Andrés Bello. Posteriormente, indica que hay
que tener en cuenta que para la década de 1970 el país ya se encontraba pacificado y muy pocos
núcleos guerrilleros persistían, originándose una situación de empatía con los campesinos pobres en
los patrullajes cotidianos. Finalmente, Harnecker asevera que en la Fuerza Armada venezolana no
hay discriminación social para acceder a los grados más altos dentro de la Fuerza Armada
(HARNECKER, 2004, p. 9).

Hugo Chávez y la Academia Militar de Venezuela

Hugo Chávez manifestó en algún momento ser hijo de la Academia Militar y es


probablemente porque allí surgieron sus primeras motivaciones políticas (ELIZALDE; BÁEZ,
2004), al igual que en el caso de varios de sus compañeros de promoción. En el nacimiento de las
mismas es importante la influencia de ese Plan Educativo experimental, Andrés Bello (y que, por
ende, la promoción Simón Bolívar II fue la pionera), como también la proyección de algunos
miembros de la corriente de oficiales de la Academia Militar que educó a esa promoción. El nombre
de Plan Andrés Bello había sido adoptado para la Academia Militar, pero se trataba de un Plan
Educativo Integral para las Escuelas de Formación de Oficiales, con un nombre distinto según la
institución. En la Escuela de Formación de Oficiales de las Fuerzas Armadas de Cooperación
(EFOCAC, Guardia Nacional), se llamaba “Plan Simón Rodríguez”; en la Escuela de Aviación,
“Plan Manuel Ríos”; y en la Marina, “Plan José María Vargas” (RAMONET; 2013)
La idea central era formar un oficial de mayor nivel cultural académico que las generaciones
precedentes, y con ello elevar el nivel general de las Fuerzas Armadas. Hugo Chávez afirmaba que a
la Academia Militar iban docentes civiles y militares con gran preparación intelectual, donde se
planteaba la libertad de discusión, sobre temas de historia, de sociedad o de economía, en
detrimento del dogmatismo (ELIZALDE; BÁEZ, 2004). Se realizaban conferencias organizadas por
los mismos oficiales de planta, como el entonces director de la Academia Militar, el General Jorge
Osorio García, fallecido en 2009, quien tenía un trato especial con esta promoción e insistía con que
ellos serían los Generales del año 2000, buscando favorecer un clima de superación, les expresaba
que serían la “vanguardia de una nueva generación” (HIDALGO, 2009). Igualmente, el sub-director
Rojas Araujo, que además era Doctor en Historia; el teniente Pompeyo Torrealba, actualmente muy
activo por sus posiciones vinculadas a la recuperación del Territorio del Esequibo (en disputa con
Guyana) por parte de Venezuela; y sobre todo el General Jacinto Pérez Arcay, quien entonces era
teniente coronel, historiador, autor posteriormente de La Guerra Federal: Causas y consecuencias
(1977) y El fuego sagrado (1979). Este último, según planteaba Hugo Chávez fue quien le encendió
la llama bolivariana, su filósofo y maestro para toda la vida, el culpable de su segundo nacimiento
(ELIZALDE; BÁEZ, 2004).
Hugo Rafael Chávez Frías afirmaría, al referirse a la Academia Militar de Venezuela que
“aquí se han forjado generaciones y generaciones, aquí fuimos forjados. Y yo pudiera decir algo
más, sin exageraciones de ningún tipo, la Academia Militar fue desde los años ’70, finales de los
’70, toda la década de los ’80 y buena parte de los ’90; cuna donde anidó la Revolución
Bolivariana” (CHÁVEZ, 2006). De esta manera, Hugo Chávez asignaba a la Academia Militar de
Venezuela un rol histórico de relevancia al recalcar el valor de su formación en la proyección hacia
el ámbito político y social del país.
Al referirse a las transformaciones producidas a partir de la implementación del Plan Andrés
Bello, Chávez en 1993 aseveraría que “Las implicaciones de este cambio estructural fueron
determinantes en la formación de un nuevo tipo de oficial, alejado cada vez más del viejo
autoritarismo (...)” y agregaría que “Los historiadores venezolanos deberán indagar con atención en
este proceso que incidirá de diversas formas en los acontecimientos futuros.” (CHÁVEZ, 2007, p.
14).
En una proclama del entonces Tcnel (Ej.) Hugo Chávez, del 3 de febrero de 1992, en
Maracay, se puede leer:
La reivindicación de nuestra venezolanidad y la renovación de la democracia, son
motivos más que suficientes para emprender la acción de las armas, y son ideales por los
cuales vale la pena asumir un riesgo hasta el sacrificio. De hecho, para defender estos
principios, hemos sido formados en la academia militar (CHÁVEZ, 2008, p. 101)

En otro mensaje de Hugo Chávez, también del año 1992, titulado “¡¡¡El Ejército es
Bolivariano!!!” se afirmaría lo siguiente:
Todo lo que somos se lo debemos a esa casa maternal donde se enseña a ser digno
y útil a la Patria: la Academia Militar de Venezuela. Allí aprendimos a defender a la patria,
a querer a nuestro gentilicio; porque era un área para reunión de sueños andinos, zulianos,
llaneros, orientales, centrales y guayaneses, bajo un solo norte, el ideario bolivariano.
Los años de formación nos dieron solidez moral y acrisolaron nuestra disciplina
dándonos altos valores concernientes al honor, la responsabilidad, el trabajo, la dignidad y
la honradez. Este fue el norte de nuestra actitud profesional y son testigos nuestros oficiales
y soldados comandados; eso no puede borrarlo una campaña de desprestigio malévola e
indigna (CHÁVEZ, 2008, p. 105)

Particularmente, en una entrevista que tuvo lugar en el año 2004, el entonces presidente
venezolano plantearía lo siguiente:
Fueron dos los acontecimientos que dispararon en mí una vocación política, que
radicalizaron mi pensamiento. En primer lugar, el hecho de haber formado parte de un
experimento educativo en la Fuerza Armada, conocido como el Plan Andrés Bello. Nos
hicieron exámenes muy rigurosos y, ya en la Academia, nos aplicaron un filtro. Entramos
375 y nos graduamos 67. Hay un corte bastante profundo entre la vieja escuela militar y la
nueva, con un grupo de oficiales de primera línea, entre ellos el director de la Academia,
que es nuestro actual embajador en Canadá, el general Jorge Osorio García. También, Pérez
Arcay, Betancourt Infante, Pompeyo Torralba…
Ese grupo de oficiales se dio a la tarea de forjar aquel ensayo a conciencia.
Incorporaron también a profesores civiles y se preocuparon por darnos una formación
humanista. Con ellos estudiamos Metodología, Sociología, Economía, Historia Universal,
Análisis, Física, Química, Introducción al Derecho, Derecho Constitucional… El Consejo
Nacional de Universidades (CNU) exigía estudios superiores para avalar la licenciatura.
El Plan Andrés Bello contribuyó enormemente a nuestra formación, aun cuando no
basta con él para entender lo que ha ocurrido en la FAN, ¿no? Hay otros muchos factores,
porque también han salido de ahí unos cuantos traidores. De mi promoción y de las que
vinieron después he recibido solidaridad y una compenetración mayor de las que
imaginaba. Sin dudas, los que se prestaron al golpe de abril de 2002 fueron graduados
anteriores a nosotros, especialmente de la promoción inmediatamente anterior, que ha sido
la última línea de retaguardia de la oligarquía, el último arañazo del fascismo y del
anticomunismo. (ELIZALDE; BÁEZ, 2004, p. 337)

En el mismo sentido, en una entrevista realizada por la citada investigadora Marta


Harnecker, Hugo Chávez aseguraría que
Pertenezco a la primera promoción de lo que se conoce como el Plan Andrés Bello.
La vieja escuela militar dio en ese momento un salto a una especie de universidad militar.
Antes la Academia formaba bachilleres militares, en cambio nosotros entrábamos ya
bachilleres y salíamos licenciados en Ciencias Militares, que era como un nivel
universitario. Por exigencia universitaria el currículo de estudio sufrió un salto positivo.
Estudiábamos Ciencias Políticas y yo empecé a motivarme con el estudio de la teoría
militar. Mao me gustó mucho y entonces me puse a estudiar un poco más a este autor.
(HARNECKER, 2002, p.10)

En otra entrevista efectuada por un estudioso de la historia de Venezuela, Agustín Blanco


Muñoz, Chávez reafirmaría que
Recibíamos instrucción militar, pero combinada con ese curso propedéutico
científico, que nos fue abriendo campo, pues la Academia tenía que cumplir con el
currículo para poder optar al nivel de licenciados con validez universitaria. Allí nos fuimos
acercando bastante a la sociología, la historia económica, por ejemplo. Recuerdo mucho a
un coronel que está retirado, nos daba clase de historia de las ideas políticas y de la
economía. Uno veía gente, profesores civiles y militares con buen nivel de preparación y
con apertura, una libertad de cátedra absoluta para discutir, para buscar ciertas verdades en
la historia y el proceso económico (…) El mundo militar académico fue asentándose, y se
olvidó de aquellas promociones de coyuntura de dos años en la Academia de las Américas.
Nosotros jamás vimos eso. Estuvimos más bien en la búsqueda de nuestras raíces. Creo que
eso influyó mucho en el rumbo que después decidimos tomar. (BLANCO MUÑOZ, 1998,
p. 42)

Por otro lado, entre 1971 y 1973, tuvo lugar un convenio entre Venezuela y Panamá que
promovió que cadetes panameños concurrieran a capacitarse en la Academia Militar de Caracas.
Uno de los que asistió fue el hijo del general y presidente Omar Torrijos. Hugo Chávez, al igual que
otros miembros de su promoción, tuvo contacto con esos cadetes y pudo conocer las características
de la revolución panameña, como también la confrontación con los Estados Unidos y la prédica en
favor de la recuperación del Canal de Panamá (SILVA, 2014, p. 13).
Hacia 1974 Hugo Chávez fue elegido junto a otros 11 cadetes para viajar a Perú a
conmemorar el 150 aniversario de la Batalla de Ayacucho, la cual aseguró definitivamente la
independencia de América del Sur de España. De esta manera, en Perú conoció personalmente al
presidente, el general Juan Velazco Alvarado, quien estaba liderando un proceso que se proponía
transformar el país, apuntalar la soberanía nacional y otorgarle derechos a la población indígena. En
este marco, los militares venezolanos fueron recibidos por Velasco Alvarado, quien realizó un breve
discurso y les obsequió los libros “La Revolución Peruana” y “El manifiesto del gobierno
revolucionario de la Fuerza Armada de Perú” (SILVA, 2014, p. 13).
Es decir, Chávez fue influenciado por las propuestas y el accionar del gobierno panameño
encabezado por el General Omar Torrijos como también por la experiencia peruana, como queda
evidenciado en la entrevista que le realizó Marta Harnecker:
A la Academia Militar nuestra llegó un hijo de Omar Torrijos, que entonces era
presidente de Panamá. Ese país no tenía Escuela Militar. Este muchacho jugaba béisbol y
por ahí nos hicimos amigos. Y en una ocasión yo le pedí que me llevara algunos libros de
su padre. Vi fotos de Torrijos con los campesinos, me hablaba de lo que era la Fuerza de
Defensa y lo que desde niño vivió con su papá entre los campesinos. Me contó del golpe de
Estado aquel que derribó a Torrijos, estando él en Costa Rica, y cómo después regresó por
las montañas de Chiriquí. Yo me hice torrijista. Tuve varios amigos panameños. Eso fue
entre 1971 y 1973 (…) Luego también influyó en mí la visita que hice a Perú en 1974,
cuando todavía yo era cadete. Me seleccionan para ir a Ayacucho para el 160 aniversario de
la batalla de Ayacucho. Tenía 21 años, estaba en el último año de Academia y ya andaba
con una clara motivación política. Para mí fue una experiencia emocionante vivir como
muchacho militar la revolución nacional peruana. Conocí personalmente a Juan Velasco
Alvarado. Una noche nos recibió en el Palacio a los militares de la delegación venezolana y
nos regaló un librito del mismo tamaño de éste de nuestra Constitución (saca el librito y lo
muestra), yo lo guardé toda la vida hasta el día de la rebelión del 4 de febrero cuando me
quitaron todo. El manifiesto revolucionario, los discursos de aquel hombre, “El Plan Inca”,
me los leí durante años. Y, en aquel viaje, conversé sobre todo con la juventud militar
peruana, allí entre las muchachas, la fiesta, el desfile de Ayacucho. Todas esas cosas (…)
me fueron impactando de alguna manera: Torrijos, me hice torrijista; Velasco, me hice
velasquista. Y con Pinochet, me hice antipinochetista. En ese entonces me interrogaba:
¿para qué los militares?, ¿para tenerlos encerrados en los cuarteles?, ¿para servir a qué tipo
de gobierno?: ¿para establecer una dictadura como Pinochet o para gobernar como Velasco
o Torrijos al lado del pueblo, enfrentando incluso corrientes hegemónicas mundiales?
Entonces, yo comencé a percibir al militar, no como un masacrador del pueblo, ni para dar
golpes de Estado, sino como un servidor social y a la Fuerza Armada como un ente social.
Cuando me gradué en 1975 yo ya estaba prendido; ya cargaba una idea política por dentro,
y eso me nació ahí, en la Academia. (HARNECKER, 2002, p. 12-13)

En este último sentido, en una de sus alocuciones televisivas, Hugo Chávez nuevamente
afirmaría “Cuando salí (de la Academia Militar de Venezuela) cuatro años después ya era
subteniente bolivariano y revolucionario, aquí yo me hice bolivariano, aquí comencé a sentir la
pasión bolivariana y ya salí con un pensamiento al menos pre revolucionario” (CHÁVEZ, 2006).
En resumen, en este apartado queda evidenciado que el ex presidente venezolano
consideraba que los factores que influyeron en él, pero también en sus compañeros de la promoción
Simón Bolívar II, en el surgimiento de sus motivaciones políticas en su paso por la Academia
Militar de Venezuela en la década de 1970 fueron: los docentes y autoridades de la Academia
Militar de Venezuela que los formaron, los contactos con militares y experiencias políticas de otras
latitudes de América Latina y los contenidos de las disciplinas como también la dinámica exigente y
apertura al debate de la institución en el marco de la profesionalización de las Fuerzas Armadas.
Todo esto, íntimamente vinculado a la implementación del Plan Andrés Bello.

Consideraciones finales

A partir de la implementación del Plan Andrés Bello en 1971 en la Academia Militar de


Venezuela, como programa educativo experimental, se transformó el perfil profesional de los
cadetes y futuros oficiales, siendo esto reflejado en varios miembros de la primera promoción
egresada de ese plan, la Simón Bolívar II, particularmente en el fallecido presidente de Venezuela,
Hugo Chávez. Estos últimos encontraron en este nuevo pensum de estudios la posibilidad de
interpretar a las Fuerzas Armadas Nacionales de Venezuela como motor indispensable para la
transformación del país, a nivel geopolítico, hacia un mayor nivel de integración con otros países de
Latinoamérica y, a nivel económico, abocado hacia un modelo de inclusión social a partir de la
redistribución de la renta petrolera, lo cual requería involucrarse políticamente.
Podemos apreciar, en base a la información previamente explicitada, que fueron
principalmente cuatro aspectos los que influyeron en la formación de esos militares en el contexto
de la Academia Militar de Venezuela bajo el Plan Andrés Bello, impulsando un pensamiento crítico
a nivel político, social y económico y una perspectiva latinoamericanista a partir de la concepción
bolivariana. Por un lado, en relación a lo estrictamente prescriptivo, se puede considerar que la
ampliación de las disciplinas hacia un carácter más humanístico contribuyó a forjar esa visión de los
cadetes antes expresada. En segundo lugar, los docentes que brindaron educación a la promoción
Simón Bolívar II aportaron también su visión crítica sobre la historia y situación venezolana. Las
experiencias e intercambios con militares nacionalistas, especialmente del Panamá de Omar Torrijos
y del Perú de Velasco Alvarado, también fueron cruciales para forjar una identidad política en esa
promoción. Finalmente, el carácter universitario del Plan Andrés Bello permitió revalorizar el rol
del militar en la sociedad, elevando de esta manera la autoestima corporativa. Todos estos factores
que, como se recalcó, influyeron en buena parte de los cadetes de la promoción Simón Bolívar II, lo
harían, teniendo en cuenta el desarrollo histórico posterior, particularmente en la formación del
miembro más destacado de la misma: Hugo Rafael Chávez Frías.
El nombre de la promoción (Simón Bolívar II), los docentes y oficiales de planta que
tuvieron la responsabilidad de formar a esa generación, como así también el carácter de las
disciplinas, especialmente la Cátedra Bolivariana, dan cuenta del valor otorgado a la concepción del
fundador de la Gran Colombia y Bolivia. Esto, sumado a las experiencias e intercambios ya
mencionados con los militares nacionalistas peruanos y panameños, se configuran en hitos
fundamentales para comprender la concepción integracionista latinoamericana de esos oficiales.
Bibliografía y fuentes consultadas

1. Obras Generales

ARCAY, J. P. (2013), Hugo Chávez, alma de la Revolución en Cristo y en Bolívar. Caracas:


Gráficas Reus.

GUERRERO, M. E. (2007) ¿Quién inventó a Chávez? Buenos Aires: Ediciones B.

SILVA, R (2014). Y un día América Latina se puso de pie. Biografía de Hugo Chávez. Omegalfa.
Disponible en: http://bdigital.reduniv.edu.cu/fetch.php?data=909&type=pdf&id=908&db=1.
Acceso en 28 ene. 2018.

2. Obras teóricas

AGUILAR, R. F. P.; CAMARGO, J. F. E. (2008) Influencia que tuvo la Academia Militar de


Venezuela en la formación del Tcnel. (Ej) Hugo Rafael Chávez Frías, Comandante de la rebelión
militar del 4 de febrero de 1992. Tesis de licenciatura. Caracas: AMV.

3. Fuentes

3.1 Discursos publicados

CHÁVEZ, H. R (2008). ¡¡¡El Ejército es Bolivariano!!! En: AGUILAR, R. F. P.; CAMARGO, J. F.


E. Influencia que tuvo la Academia Militar de Venezuela en la formación del Tcnel. (Ej) Hugo
Rafael Chávez Frías, Comandante de la rebelión militar del 4 de febrero de 1992. Tesis de
licenciatura. Caracas: AMV. p. 105-106.

CHÁVEZ, H. R. (3 sep. 2006). Aló Presidente N° 261. todochávez. Disponible en:


http://todochavez.gob.ve/todochavez/4040-alo-presidente-n-261 . Acceso en 28 ene. 2018.

CHÁVEZ, H. R. (2007) Mensaje Bolivariano del comandante HUGO CHÁVEZ FRÍAS a la


Nación. A un año del 4F: Aniversario de la Dignidad. Caracas: Ministerio del Poder Popular para la
Comunicación e Información - MIPPCI.

CHÁVEZ, H. R. (2008) Proclama del Tcnel. (Ej) Hugo Rafael Chávez Frías, en Maracay el 3 de
febrero de 1992. En: AGUILAR, R. F. P.; CAMARGO, J. F. E. Influencia que tuvo la Academia
Militar de Venezuela en la formación del Tcnel. (Ej) Hugo Rafael Chávez Frías, Comandante de la
rebelión militar del 4 de febrero de 1992. Tesis de licenciatura. Caracas: AMV. p. 101.

3.2 Testimonios, memorias y biografías

ELIZALDE, R.; BÁEZ, L. (Nov. 2002). Chávez Nuestro. Caracas: Casa Editora Abril, 2004.
HARNECKER, M. Hugo Chávez Frías: Un hombre, un pueblo. San Sebastián: Tercera Prensa.
Disponible en: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/otros/20111102115530/entrevise.pdf. Acceso en
28 ene. 2018.

HARNECKER, M. (2004). Militares junto al pueblo. Rebelión. Disponible en:


http://www.rebelion.org/docs/97069.pdf. Acceso en 28 ene. 2018.

HIDALGO, M. L. (2009). Homenaje póstumo a un buen soldado. Aporrea. Disponible en


http://www.aporrea.org/actualidad/a82031.html. Acceso en 15 dic. 2016.

MUÑOZ, A. B. (1998). Habla el Comandante. 2da. ed. Caracas: Fundación Cátedra Pio Tamayo.

RAMONET, I. (2013). Hugo Chávez: Mi primera vida. Buenos Aires: Debate.


Venezuela bajo el pretorianismo socialista: del apogeo al colapso (1999 – 2018)
Área Temática: 8 “Historia Política”32
Nahem Reyes33
Centro Democrático Franco - Paraguay

Resumen
Esta ponencia, procura aproximarse al complejo de cambio que experimentó la sociedad venezolana
en el siglo XXI en materia política-institucional (con especial énfasis en las Fuerzas Armadas) y
socio-histórico bajo “Revolución Bolivariana”, primero con Chávez y continuada Maduro.
Para ello, se desarrolla un abordaje bajo una metodología histórica-documental desde la
perspectiva de las relaciones civiles/políticas y militares, por lo que la misma es apoyada por
modelos teóricos o normativos como los propuestos por K. Remmer (1992) y S. Huntington (1992)
-con las adaptaciones de rigor- permitiendo así enriquecer y fortalecer el análisis del fenómeno en
cuestión.
En suma, lo que la evidencia documental y fáctica apunta, es que Venezuela registró una
notable transformación producto del desarrollo del modelo “bolivariano”, haciendo pasar el sistema
político venezolano de una democracia incluyente o un sistema cívico progresista en términos de
Remmer y Huntington respectivamente, a un modelo autoritario incluyente o un sistema pretoriano
de masas-socialista, donde las Fuerzas Armadas pasaron de su tradicional papel de árbitros a una
participación directa en la gerencia política de la sociedad, incluso con rango constitucional con una
marcada y peligrosa tenencia hacia el militarismo en términos de L. Radway (1979), ya bajo la
administración de Nicolás Maduro.
Palabras claves: democracia, militarismos, pretorianismo y socialismo.
Abstrac
This text, seeks to approach the understanding of the broad, complex and profound process of
change experienced by the Venezuelan society at the beginning of this century in political and
institutional matter (with special emphasis on the Armed Forces) and socio-historical, first under the
government of Hugo Chavez as leader of the self-called "Bolivarian Revolution" and continued by
his successor Nicolas Maduro.
To do this, an approach developed under a historical-documentary methodology from the
perspective of civil/political and military relations, so that it is supported by theoretical or
normative models as proposed by K. Remmer (1992) and S. Huntington (1992), with adaptations
allowing rigueur enrich and strengthen the historical analysis of the phenomenon in question.
In short, what the documentary and factual evidence points is that Venezuela recorded a
remarkable transformation product development "Bolivarian" model, by passing it to an inclusive

32Trabajo para ser presentado en el XIII Congreso Nacional y VI Congreso Internacional sobre la
Democracia, Facultad de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de
Rosario, Argentina (10 al 13 de septiembre 2018)
33Doctor en Historia. Twitter: @nahemvzla y Correo Electrónico: nahem_ve@hotmail.com
democracy or a progressive civic system in terms of Remmer and Huntington respectively, an
inclusive authoritarian model or a praetorian system mass-socialist, where the Armed Forces moved
from its traditional role of arbitrators to direct and active participation in the political management
of society, even with constitutional status with a strong and dangerous tenure to the militarism in
terms of L. Radway (1979), and under the administration of Nicolas Maduro.
Keywords: democracy, militarism, socialism and praetorianism

Comentarios Introductorios
Este escrito, no es más que una síntesis de una investigación más vasta realizada y publicada
recientemente por el autor en el Paraguay, no obstante, para los efectos de ésta revista hemos
preparado un versión comprimida y actualizada, la cual pudo incluir los hitos históricos más
relevantes que ha experimentado la sociedad venezolano en este convulsivo y complejo 2016.
En todo caso, el texto es un ensayo netamente de carácter histórico con énfasis en lo referido
a las relaciones civiles/políticas y militares de la nación venezolana que han tenido lugar ya en las
postrimerías del segundo sexenio del Presidente Hugo Chávez, seguido por una breve y altamente
Presidencia Interina de Nicolás Maduro hasta su no menos dudosa victoria en los comisiones
presidenciales de 2012, hasta lo que va de su gobierno en septiembre de 2016.
Por supuesto, dada la naturaleza misma de la realidad venezolana, también se aborda de
manera sucinta algunos aspectos macro-económicos, el impacto de las políticas sociales puestas en
marcha durante la era de Chávez y seguidas por el delfín Maduro, todo ello lo que ha genera esta
histórica y sin precedente en la Iberoamérica inmediata, de una sociedad en una total crisis
humanitaria. Por ello, hemos logrado enmarcar toda esa complejidad en dos bloques: el primero
donde intentamos ofrecer una tipificación del modelo político-institucional apoyado en los modelos
normativos de Huntington y Remmer y; el segundo ofrecemos una descripción del devenir
político-institucional venezolano bajo la égida de Nicolás Maduro, por supuesto, acompañado del
análisis histórico de rigor.

I.- Una breve tipificación de política-institucional de Venezuela Bolivariana34


Pretender evaluar desde una perspectiva académica el impacto del denominado proyecto
bolivariano sobre la dinámica política-institucional venezolana, requierenecesariamente del apoyo
de algunoslos modelos teóricos. En nuestro caso, optamos por los de K. Remmer (1992) con su
modelo tetra polar de autoritarismos-democracias y; el modelo S. Huntington (1992) de sistemas
cívicos-sistemas pretorianos.

34Una versión amplia y detalle de todo el proceso de la “revolución bolivariana”, desde su gestión,
desarrollo y muerte de Chávez, puede acceder a N. Reyes (2016)
De conformidad con lo anterior y siguiendo la propuesta de Remmer consideramos toda la
experiencia de la “revolución bolivariana” que califica en la casilla de autoritarismo
incluyente35,entre tanto, empleando el modelo huntigtoniano el mismo lo identificamos como
pretorianismo de masas36.La pregunta clave es ¿por qué?, en primer lugar, lo que se debe tener
presente es que ambos gobiernos constitucionales son frutos de elecciones populares bajo
observación internacional, lo que equivale a decir, que más allá del no menos cierto exacerbado
ventajismo oficial en las campañas electorales, ineludiblemente posee legitimidad de origen debido
a que mediante el voto universal, directo y secreto ascendió al poder el titular de la Presidencia de la
República. Variable de la que careció Nicolás Maduro, quien asume la presidencia inicialmente en
circunstancias de dudosa legalidad, amén que las elecciones presidenciales de abril del 2013 fueron
marcadas por un proceso poco transparente, donde además el abanderado de la oposición Enrique
Capriles no aceptó los resultados del Consejo Nacional Electoral (C.N.E.)
Pero más allá de ello, es de vital interés observar la variable legal- lo que Remmer se refiere
como “competitividad”y Huntington “institucionalidad política”- el proceso revolucionario
bolivariano pese a que arriban al poder por la vía la vía electoral, a lo largo de su desarrollo
experimentanprecarios niveles de competitividad o institucionalidad política, de allí que el
tema de la separación de Poderes en Venezuela, sea tristemente un mito.
La primera evidencia a esta afirmación, la encontramos en las sucesivas Leyes Habilitantes
que ha otorgado la Asamblea Nacional, que desde 1999 desde su existencia hasta el 2009 arriba ya a
cuatro el total de ocasiones que dicho órgano le confiere al Ejecutivo Nacional plenos poderes para
que legisle en una vasta área de materias de ámbito nacional: economía, industria, pesca,
hidrocarburos, finanzas, administración pública, defensa, política, entre otros. El caso de Isaías
Rodríguez, quien fuera uno de los primeros Vice-Presidentes Ejecutivos y más tarde fue designado
Fiscal General de la República por la Asamblea Nacional, o Jorge Rodríguez miembro de la
Directiva del Consejo Nacional Electoral en carácter de Presidente de la Junta Nacional Electoral,
durante las elecciones del Referéndum Revocatorio Presidencial de 2004, las regionales de ese
mismo año y las presidenciales de 2006, más tarde fue nombrado por el propio Hugo Chávez como
Vice-Presidente Ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela a comienzos de su segundo
periodo constitucional.
Otro nítido ejemplo íntimamente relacionado con la materia electoral, desde nuestra
perspectiva, lo encontramos el 2 de diciembre del 2007 con el Referéndum Constitucional, cuando

35Sistema político en el cual la participación política supera la competitividad política e incluyente porque
presenta altos niveles de participación popular.
36Sistema político en el cual la participación política supera la institucionalidad política y de masas debido a
que se expresa altos niveles de participación de la gente en política.
el presidente Hugo Chávez en cadena nacional dijo: “yo le señalé al CNE [Consejo Nacional
Electoral] que diera los resultados”37, en total y franca violación con el artículo Nº 293 ordinal 5 y el
294 de la Carta Magna Bolivariana, además de desconocer la naturaleza del CNE según lo
tipificado en el artículo Nº 7 de la Ley Orgánica del Poder Electoral, así como también usurpar
sus funciones consagradas en la misma ley en el artículo Nº 33, además del artículo 180 de la Ley
Orgánica del Sufragio y Participación Política, pues, según éstos únicamente es facultad del
órgano rector electoral del país “la publicitación de los resultados electorales”. Más recientemente,
el propio presidente Hugo Chávez (29 de octubre, 2009) señaló “ya le ordené a la Asamblea
Nacional que no quede ni una sola ley de la cuarta República, de los amargados de la cuarta”. En
suma, el Ejecutivo Nacional le ordena al Legislativo, éste obedece.
En segundo lugar, sobre la participación política es pertinente el siguiente comentario de S.
Huntington (1992:208):
La democratización del gobierno de una sociedad en la cual la violencia es un
aspecto clave de aquél, equivale a la democratización de la violencia. El golpe
de Estado -guerra limitada, violencia interna- puede ser reemplazo por la
guerra revolucionaria u otra insurrección violenta que abarque muchos
elementos de la sociedad. Es posible suponer que los elementos conservadores
retrocederán graciosamente ante las exigencias de los grupos emergentes (…)
Si no lo hacen, la declinación del papel de los militares en la sociedad y del
gobierno podrían muy bien ir acompañada por la creciente violencia.
El caso de la revolución bolivariana, nos resulta realmente interesante, pues, si bien es cierto
que este sector arriba al poder luego de resultar vencedores en las elecciones de diciembre de 1998,
2006 y 2012 con Hugo Chávez, más tarde con Nicolás Maduro el 2013, en la medida que avanza en
su gestión de gobierno va quebrantando sistemáticamente la competitividad política del sistema
democrático, al llegar a los extremos que la separación de poderes constituya una vasta sombra que
abraza poderosamente el tema de la independencia y autonomía éstos. Como tampoco resulta menos
cierto, el efecto perverso que tuvo la llamada “Lista de Tascón” 38 sobre toda la administración
pública en general, o los masivos despidos en la estatal petrolera, no obstante, Hugo Chávez sigue
contó con un importante respaldo popular, con sus altos y bajos siempre gravita como tope mínimo
con un 46-48%, cifra promedio de las diversas consultoras venezolanas.
37No obstante, presidente de la República al día siguiente y en compañía del Alto Mando militar, se refirió a
los resultados de la jornada electoral del 27 de noviembre como “una victoria de mierda”.
38La lista de Tascón, Diputado de la Asamblea Nacional, simplemente fue todo el conjunto de ciudadanos
que firmaron solicitando la realización del Referéndum Revocatorio contra el presidente Hugo Chávez y que
fue consignada ante el Consejo Nacional Electoral en formas de papel de seguridad contentivo con los
nombres completos y Nº de la Cédula de Identidad de los solicitantes. Por razones que aún hoy se
desconocen, este diputado obtuvo del CNE la base de datos contentiva con la información de esos
electores, con ella diseñó una página web donde hizo pública la información de quienes solicitaron la
revocatoria del mandato presidencial. Lo que resultó peor aún, fueron despedidos de los entes públicos gran
parte de estas personas. Para detallar estos casos, léase el trabajo dirigido por San Miguel Rocío (2007)
Cabe destacar que ésta participación no es canalizada por las instituciones naturales o
tradicionales de la democracia (los partidos políticos), sin bien es cierto que la revolución aún
cuenta con partidos políticos oficialistas como el Movimiento Quinta República (MVR) y cuyo
presidente fue el propio Hugo Chávez, que más tarde mutó a Partido Socialista Unido de Venezuela
(PSUV), así como otros como Patria para Todos (PPT), junto a otras organizaciones menores que
hacen vida en la Asamblea Nacional en calidad de la bancada oficialista autodenominada “El bloque
del cambio”, se trata de partidos políticos pobremente estructurados y básicamente reducidos a
maquinas electorales.
En la Venezuela de la era de Chávez, la participación política fundamentalmente es
canalizada a través de los programas sociales altamente partidizados, por ejemplo en las múltiples
misiones, las “Unidades de Batalla Endógena”, “las milicias” y en tiempos de Maduro los llamados
“Comité Local de Abastecimiento de Producción” (CLAP), o lo que resulta más penoso aún, a
través de las mismas Fuerzas Armadas. La evidencia a tan dura afirmación, la encontramos toda vez
que las unidades militares portan visiblemente las inmensas publicidades alusivas al presidente
Hugo Chávez, sus programas sociales o alguna de sus misiones. Más tarde, durante su gira nacional
en búsqueda de la reelección, observamos personal uniformado de la Guardia Nacional (GN)
portando y ondeando banderas del MVR en las diversas concentraciones proselitistas.
Aprovechamos la oportunidad para expresar nuestro desacuerdo con C. Blanco
(2002:355-361) quien considera que una de las consecuencias de la revolución bolivariana ha sido
el “militarismo” y el “caudillismo”, sostenemos que tales calificativos constituyen un abuso de los
términos o en el peor de los casos, son expresiones políticamente interesadas que poco contribuyen
al debate académico serio. Efectivamente, constituye un absoluto anacronismo, pues, el caudillismo
fue un fenómeno socio-político distintivo de la Venezuela republicana que desapareció durante el
primer tercio del siglo XX, dando paso al pretorianismo en sus distintas manifestaciones. En cuanto
al militarismo, sencillamente si bien es cierto que ha otorgado un papel preponderante a los
militares, éstos no determinan el carácter de las instituciones básicas ni la vida general de la gente,
aunque tal vez sea un proyecto vivo en las mentes menos lúcidas de algunos personeros del
gobierno.
Una visión más academicista la encontramos en D. Irwin (2005:331) quien al respecto del
gobierno de Hugo Chávez sostiene:
Desde el gobierno inician una serie de acciones tendientes a profundizar el
capitalismo de estado criollo con una evidente orientación más peculiarmente
socialista, autoritaria y bajo un liderazgo carismático (…) El apoyo al
gobierno chavizta de sectores comunistas stalinistas de variada laya, el
publicitado carisma del líder máximo del movimiento, el clientelismo político
exacerbado del gobierno, las políticas económicas populistas, el constante
recurso de la extorsión para con los opositores del régimen amenizando usar la
violencia física o, la coerción gubernamental supuestamente con base legal,
son todos “árboles” que nos impiden ver el “bosque”.
El bosque al que nos hace referencia el maestroIrwin, sin lugar a dudas se refiere al
autoritarismo y al pretorianismo que tanto ha caracterizado a la FAN criolla, es la intención de
Chávez y del sector no profesional de la FAN que siempre ha pretendido sustituir o desplazar a los
civiles en las tareas de gobierno, que ahora bajo esta seria crisis de institucionalidad, de los partidos
políticos, de exacerbación de la pobreza y la búsqueda desesperada de salidas rápidas e incluso
mesiánicas productos de nuestra naturaleza premoderna de la cultura venezolana. Resulta que el
sector armado de la sociedad, ciertamente ha asumido tales funciones gerenciales de gobierno, para
mayor daño de la propia institución militar, así como también, para la democracia y el Control
Civil.
Durante nuestra pesquisa, encontramos un ensayo de C. Herrera (2007:6) quien comenta
sobre la existencia de “populismo radicales en América Latina”, más adelante nos ofrece una
conceptualización sobre este tipo de regímenes, veamos:
Consideramos que el enfoque del populismo radical va más allá del
discurso, los símbolos, lemas, de la tónica popular y de equidad que
pudiera tener un gobierno que se desenvuelve en medio de una democracia
y de una ciudadanía que reclama Estado de Derecho. El populismo radical
surge de regímenes democráticamente electos, que a la postre vulneran el
Estado de derecho, pretenden y algunos casos quebrantar los principios de
la democracia representativa por una democracia señalada de
participativa que no siempre aplica los principios fundamentales de
balance de poder. Los regímenes populistas radicales fomentan el
individualismo como una forma de perpetuarse en el poder, y no están
ganados a la tolerancia democrática y al pluralismo.
No es nuestra pretensión entrar aquí a definir populismo o sus diferentes versiones, tan sólo
presentaremos una breve cita de E. Laclau también tomada de Herrera (2007:2): “No hay
socialismo sin populismo; pero las formas más altas del Populismo sólo pueden ser socialistas”. A la
luz de todo esto ¿cómo podemos conjugar la propuesta de Herrera basada en la teoría populista con
las tipificaciones esbozadas en páginas anteriores? Combinando los textos de Laclau junto con
Herrera, nos permite distinguir de modo más preciso la naturaleza del sistema político que tiene
lugar en la Venezuela de la revolución bolivariana, con ello sostenemos entonces que se trata de un
autoritarismo incluyente de carácter socialista o un pretorianismo de masa-socialista. Al
agregarle el término socialista, dejamos implícitamente la enorme carga populista radicalizada que
le imprimió el presidente Chávez a su gobierno, entendiendo el socialismo como la máxima
expresión del populismo y con un matiz altamente radicalizado que lo aleja sustancialmente de una
democracia entendida en el sentido liberal weberiano.
II.- Consolidación, transición inesperada a la crisis total
Nuestra intención en este tramo de la investigación, procura concentrarse en los aspectos más
relevantes que tuvieron lugar a lo largo del segundo y sucesivo sexenio Constitucional que abarcó
los años que corren desde el 2006 hasta el 2012, que terminó siendo por el devenir de los hechos su
último gobierno, aunque la continuidad de su proyecto político se mantuvo con Nicolás Maduro
como su sucesor.
Dos son los elementos destacan en este periodo a nuestro juicio, el primero de ellos la
enorme radicalización del proceso pretorianismo de masa-socialista con todas las implicaciones
constitucionales e institucionales que ello ha significado para el país. El segundo, el cual por demás
eclipsó casi todo el accionar gubernativo en Venezuela, situación que se hizo más marcada desde el
2010 en adelante, nos referidos al padecimiento de cáncerdel presidente Chávez, cuyos datos
precisos a la fecha se desconocen, terminando con la muerte éste, seguido de un ilegal manejo de la
sucesión presidencial violando a todas luces la Constitución de 1999 y por tanto, la institucionalidad
democrática.
En lo que respecta al primero, vale señalar el armamentismo del Estado venezolano que en
algunas esferas internacionales se habló de carrera armamentista de Chávez, por tal motivo no
debemos desdeñar del análisis la compra de armamento por parte del Estado venezolano a Rusia,
Bielorusia y China, básicamente el caso de los cazabombarderos Sukhoi, equipamiento de artillería
como blindados como los tanques T-72B1V y BMP-3. También los fusiles de asalto Kalashnikov
(AK-103), más el avión K-8 de fabricación china. Pero superando lo anterior, nos resulta más
preocupante la información extra-oficial (infelizmente no corroborada) según la cual efectivos rusos
han entrenado en suelo venezolano tanto a tropas como milicianos de la Guardia Territorial.
Todo ello acompañado de una retórica guerrerista, el factor guerra contra potenciales
enemigos externos (EEUU y/o Colombia) Sobre este álgido tema A. Garrido (2004:91-94) ha
señalado entre otras cosas:
La solicitud del Senado colombiano a la OEA de que se aplique la Carta
Democrática en Venezuela debe entenderse como el inicio de la etapa de
internacionalización de la revolución bolivariana de Chávez, caracterizada
por el establecimiento liberal-conservador en términos de potencial
conflicto armado entre Venezuela y Colombia. (...) Chávez anunció el
ingreso del proceso revolucionario a una nueva etapa, la “fase
antiimperialista”, entendida como “defensa nacional integral”, con
“participación popular masiva” (…) Militar al fin, Chávez comenzó por
identificar al enemigo externo, la alianza del gobierno de Estados Unidos
(…) con sectores que detentan el poder del Estado colombiano y sus aliados
(“No es la primera vez que las oligarquías de allá –Colombia-, y de acá
–Venezuela- se unen, y ahora unidas, el par de lacayos del imperialismo,
infiltra a los paramilitares para matar al Presidente”)
(…) Para enfrentar el enemigo externo, Chávez trazó (…) tres líneas
estratégicas que regirá la nueva etapa: a) repotenciar la FAN, b) reforzar la
unión cívico-militar, y, c) organizar al pueblo para la defensa territorial.
(…) En realidad, el escenario final previsto por Chávez es el de resistencia
armada total (“integral”).
Este texto de Garrido y que al parecer inserta frases expresas en algún momento por el propio
Chávez, que Estados Unidos- llamado en la retórica oficial como El Imperio–junto a la Colombia de
Uribe-durante todo el mandato del presidente George W. Bush, permanentemente el mandatario
Chávez habló de atentados o magnicidios supuestamente a perpetrarla oligarquía venezolana
apoyada por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en Washington 39 o la invasión del imperio
yankee contra su gobierno.
Dentro de esa tónica, con Colombia la situación fue más tensa sobre todo con el arribo al
Palacio de Nariño de Álvaro Uribe Vélez, pues, Chávez declaróuna y otra vez que sólo reconocía a
las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) como el legítimo cuerpo armado de
dicho Estado. Ni hablar de las imágenes de presuntos encuentros entre Alí Rodríguez Araque y
Nicolás Maduro con líderes de las FARC, o con el caso de la muerte Raúl Reyes luego del ataque de
Colombia en territorio ecuatoriano, donde rápidamente Chávez rompió relaciones diplomáticas con
Colombia y ordenó a su Ministro de Defensa en cadena nacional la movilización de tropas
venezolanas a la frontera, tropas que jamás se movilizaron vale señalar.
Sin embargo, hoy todo ese conjunto de tensiones afortunadamente para la salud de la región han
sido superadas con la renovación del mandatario neogranadino Juan Manuel Santos. Todo esto se
resume en una sola cosa, desde la discursiva oficial del mandatario venezolano se evidencia el
sostenimiento de la tesis de una potencial situación de guerra entre Venezuela y alguna nación
que amenace la Revolución Bolivariana ¿Estados Unidos?, nivel de tensión también menguado
con la presidencia de Obama.
Dicho todo esto cabe preguntarnos ¿aguas adentro cómo impacta esta nueva realidad de la
institución castrense venezolana en su sociedad?, siendo más específicos ¿esta nueva redefinición
de tareas, papeles y funciones que ha dado la Revolución Bolivariana a su sector castrense puede
ser calificado de una suerte de militarización de la sociedad venezolana?
Desde nuestra perspectiva, observamos a todas lucesla exaltación del factor guerrerista o
bélico además de una suerte de ampliación de la concepción nacional-militar en todos los
órdenes de la vida social venezolana, la imperiosa adquisición de conocimientos en el manejo de
armas y de estrategia militar para defender el país – y la revolución como parte indisoluble de ésta-
de enemigos tanto internos como externos, que combinado con una Fuerza Armada altamente

39Lo concreto de estas recurrentes denuncias, es que no existe ningún procesado y mucho menos un
sentenciado por tales causas, la situación no pasa de meras denuncias ante las cámaras.
perneada por elementos ideológicos partidistas de naturaleza socialistas, aderezado con un enorme
gasto militar observado con compras de equipos militares (lanza misiles, aviones de combate,
fusiles y hasta tanques) casi todos de origen ruso, lo que ha elevado palabras de alertas en la región
de carrera armamentista en un contexto de un alto nivel de pretorianismo, puede comenzarse a
vislumbrar que el proyecto bolivariano se mueve peligrosamente hacia el militarismo.
Como este término tiene múltiples acepciones, al extremo que se ha vulgarizado vamos a
subrayar que lo hacemos desde la acepción de tomada de L. Radway (1979:115) y más
recientemente, el mismo D. Irwin (2003:22) sostiene que “el llamado militarismo latinoamericano
es realmente intervencionismo militar en asuntos de competencia política del sector no castrense de
la sociedad y no en sentido estricto de la palabra, militarismo.” Cabe destacar que el término
militarismo, se tiende a desvirtuar el verdadero significado del mismo, pues se otorga dicho
calificativo con cierta facilidad sin respetar el sentido o la acepción académica de este mismo a
aquellos gobiernos que simplemente son presididos por militares o, cuando la participación
numérica de los efectivos militares se incrementa dentro de las estructuras e instituciones del poder,
lo cual se traduce en una disminución o desplazamiento de los cuerpos civiles dentro del escenario
público.
Superando lo teórico, M. Caballero (2007:69) se refiere a la gravedad de esta situación en
los tiempos de la “revolución bolivariana”, veamos:
… ese monstruo que hoy aplasta a Venezuela es el militarismo. Cuando
hablamos de esto, mucha gente piensa que estamos aludiendo a la toma
entera de poderes del Estado por la Fuerza Armada (…)
No: eso haría al actual régimen una simple dictadura militar (…) Lo que
queremos decir fue anunciado por Chávez hace más de diez años, en su
campaña electoral, a un grupo de reservistas que, para el caso bautizó
“zamoranos” y los incorporó a su campaña. Decía allí que aspiraba llevar
ese número de reservistas a un millón activo. No habido sino una manera de
convocar semejante leva: militarizando la sociedad, convirtiendo a toda
Venezuela en un inmenso cuartel.
El militarismo no es así sino el reforzamiento de la Fuerza Armada como
institución de Estado, sino su disolución en un mar de “reservistas”
armados, a las exclusivas órdenes del jefe único.
Vale destacar que para el caso iberoamericano, lamentablemente el término ha sido
desvirtuado y utilizado para adjetivar proyectos políticos de variada laya, además que es entendido
como la mera participación del sector castrense en el escenario político, pero con la ausencia de la
pretensión de dominar la sociedad por una suerte de metástasis militar en forma coercitiva.
Clarificando esta idea, reseñamos como las evidencias tangibles de la lamentable gestación
de este cóctel tóxico; la eliminación de la frontera entre lo civil y lo militar desde el punto de vista
ideológico, como de concepción de Seguridad y Defensa en el Estado venezolano actual, la
marcada retórica guerrerista desarrollada desde los altos niveles del gobierno nacional aunado con
la señalización de enemigos potenciales (inicialmente con caso Colombia y Estados Unidos, así
como los sectores internos presuntamente vinculados a éstos), bajo un escenario de inminente
situación de confrontación bélica, el incremento numérico de los llamados reservistas y de su
activación en prácticas o entrenamientos militares. Así como también, su participación en las
actividades consideradas para el desarrollo integral de la nación o en el Plan República en cada
proceso electoral, la vertiginosa compra de equipo militar por parte de la nación, la incorporación
de la Instrucción Pre-Militar como asignatura obligatoria dentro del currículum obligatorio para los
últimos dos años de formación del Bachillerato, en lugar de una asignatura que apunte a fortalecer
la civilidad, la ciudadanía o los valores de la vida en democracia, la no menos cierta inundación de
efectivos militares en la administración pública en general, son todos ellos elementos claros que
apuntan hacia la configuración de un sistema militarista que por definición altamente centralizado,
primero bajo el mando directo y único de Hugo Chávez Frías.
Ahora bien, en lo que respecta a nuestro segundo aspecto a desentrañar en este segmento, es
decir, el padecimiento o enfermedad del presidente Hugo Chávez, pasando por una efímera curación
milagrosa cubana hasta llegar a su recaída y finalmente fallecimiento, con todas las enormes
implicaciones en la liza política-institucional y económica que generó en la sociedad venezolana.
En ese sentido, básicamente los dos últimos años del segundo sexenio constitucional del Mandatario
Hugo Chávez transcurrieron con la incertidumbre sobre la salud del presidente Chávez y si
efectivamente éste tenía sus plenas facultades tanto físicas como mentales para culminar su
mandato. A esta incógnita se le sumaba la cercanía del año electoral, que según las autoridades del
CNE fue fijada la elección presidencial para el domingo 7 de octubre de 2012.
Vale destacar que sobre el tema de la enfermedad del presidente Chávez no fue un tema
cuyas dudas fueran despejadas por un equipo médico especializado, contrariamente y muy al propio
estilo del presidente Chávez, éste mismo fungía de vocero e informaba al país sobre la evolución de
la misma.
El presidente Chávez sorprendió al mundo cuando anunció públicamente que tenía un tumor
con células cancerígenas aunque no brindó mayores detalles, tras en anunció casi inmediatamente el
mandatario partió a Cuba para recibir tratamiento médico, que no fue otra cosa que una intervención
quirúrgica para extirpar el tumor. Más tarde, el presidente periódicamente viajaba a la isla caribeña
para recibir quimioterapias, al paso de unos pocos meses el presidente anunció en Cadena Nacional
“estoy curado”.
Meses más tarde esta noticia se desvaneció cuando nuevamente el mismo presidente Chávez
informa que apareció otro tumor y debía ser sometido nuevamente a otra intervención quirúrgica.
Una vez más, Chávez se retiró a La Habana, como ya se había tornado habitual, ere recibido en el
mismo aeropuerto por el presidente cubano Raúl Castro. Luego de esa segunda intervención el
presidente tras una rápida recuperación decide ser una vez más el abanderado del PSUV y el resto
de toldas políticas electorales que conformaron la coalición oficialistas que se enfrentaría al
candidato de la Mesa de la Unidad Democrática que resultara vencedor de las primarias, como ya es
sabido las primarias se disputaron entre Enrique CaprilesRadonski, Leopoldo López, María Corina
Machado, Diego Arria y Pablo Medina.
En pleno fragor de la campaña continuaban las enormes dudas sobre la salud del mandatario,
dado que el parte médico para ese entonces jamás se produjo, en todo caso y pese a esa seria duda
sobre la salud del presidente-candidato, Chávez el 7 de octubre una vez más fue electo presidente
de la República, en esta ocasión según fuentes del CNE (2012) con 8.191.132 votos (55,07%),
entre tanto el abanderado de la MUD Capriles Radonski, alcanzó 6.591.304 (44,31%).
Apenas días más tarde de haber sido proclamado por Tibisay Lucena presidenta del CNE
como “Presidente Electo de la República Bolivariana de Venezuela para el periodo 2013 – 2018”,
Hugo Chávez solicitó un permiso ante la Asamblea Nacional para retirarse a recibir tratamiento
médico en La Habana, permiso que le fuera concedido de manera unánime por ambas bancadas.
No obstante, el presidente estaba muy en claro que tenía temas fundamentales en agenda,
una de ellos, prestar juramento ante la Asamblea Nacional requisito previo tipificado en la
Carta Magna venezolana de 1999 para iniciar lo que sería su tercer sexenio constitucional,
dicho acto debía tener lugar a comienzos de enero de 2013.
Por ello, en Cadena Nacional la noche anterior a su partida a la capital cubana, acompañado
de su entonces Vice-Presidente Ejecutivo y Canciller Nicolás Maduro, además de Diosdado Cabello
Presidente de la Asamblea Nacional, el mandatario anuncia que de no asumir el mandato, su sucesor
sería Nicolás Maduro.
A la mañana siguiente de dicho anuncio, el presidente abordó el avión desde el Aeropuerto
Internacional Simón Bolívar con destino a La Habana, pero en adelante, la voz fuerte del presidente
Hugo Chávez no se volvió a escuchar, ni tan siquiera escribió un Twist a través de su cuenta
“Chávezcandanga”, que se había tornado un mecanismo habitual del presidente comunicarse con
los venezolanos mientras estaba fuera del territorio nacional.
Durante la prolongada y misteriosa ausencia de Chávez, los asuntos de la nación estaban
siendo atendidos por el Vice-Presidente Ejecutivo y Canciller Nicolás Maduro, situación de vacío
jurídico que se llega a su término en enero, cuando definitivamente llegó el día de la verdad, el
Presidente Electo no podía presentar su juramente ante la Asamblea Nacional, ante esa situación
crítica, la bancada oficialista y la Procuradora General de la Nación Cilia Flores salieron al paso
aduciendo que “eso es un acto administrativo”. La discusión se fue acalorando y vencido el plazo
para que Chávez acudiera a tal compromiso.
A partir de allí, todo el tren del presidente Chávez quedó sin legalidad alguna, debido a que
su mandato había culminado y lo que era peor, no se había iniciado el nuevo dado que el presidente
jamás prestó su juramento ante la Asamblea Nacional, la situación de vacío de poder e
incertidumbre llegó a su cenit.
Bajo plena crisis sobre si el presidente estaba o no en condiciones para ejercer el cargo para
el cual había sido electo, la bancada oficialista y el resto de Poderes Públicos –en teoría
constitucionalmente autónomos, pero en la práctica abiertamente prochavistas- se unieron para dar
una respuesta con fachada legal. Dicha respuesta tuvo un actor fundamental, la tarea la debía
cumplir Luisa Estela Morales, presidenta del Tribunal Supremo de Justicia quien en su sentencia
ratificó al tren de gobierno de sexenio recién fenecido en sus funciones bajo el “principio de
continuidad administrativa”. Es importante señalar, que este acto estuvo empañado de sendas dudas
legales, pues, tras la ausencia del presidente electo a su juramentación, correspondía extender el
plazo una semana y a renglón seguido la Asamblea Nacional debió considerar la inhabilitación del
presidente por razones físicas o al menos la declaración de la vacante temporal e incluso absoluta,
obligando así al presidente de dicho órgano ocupar la Presidencia de manera provisional y convocar
a elecciones presidenciales, para ser realizadas en un plazo no mayor a 30 días. Esto, jamás se
produjo.
En medio de ese mar de acontecimiento, dos hechos eclipsaron el acontecer nacional, el
primero de ellos la devaluación del signo monetario venezolano, que pasó de 4,30 Bsf/$USA a
6,30 BsF/$ USA, lo que representó una caída de 2 BsF neto o en términos porcentuales alrededor
del 45 puntos. Aquí, el Vice-Presidente Maduro, mostró el decreto de devaluación con la supuesta
firma del Hugo Chávez, amén de señalar que la misma se produjo en La Habana, tras horas de haber
conversado y reflexionado la situación del país con el convaleciente. Resulta importante acotar
aquí, según la voz del propio Maduro, dicha medida obedecía a una estrategia del gobierno
bolivariano contra la ofensiva del imperio y la oligarquía venezolana.
El segundo gran acontecimiento, tuvo en el ojo del huracán al propio presidente electo quien
se agravó con una infección en las vías respiratorias, a partir de allí, el titular de la cartera de
Comunicación e Información todas las tardes desde el Palacio de Miraflores repetía un breve
informe en el que señalaba que “… el Comandante-Presiente lucha por su vida”, situación que se
mantuvo hasta el misterioso retorno del mandatario a finales de febrero de 2012 y su ingreso al
Hospital Militar de Caracas
El estado crítico del presidente electo –Chávez- se mantuvo así hasta que finalmente el 5 de
marzo de 2013 a finales de la tarde, el Vice-Presidente Ejecutivo Nicolás Maduro acompañado de
un gran número del tren de ministros informó el fallecimiento del Comandante de la Revolución.
De tal manera que con la muerte Hugo Chávez, por la vía de los hechos generó
automáticamente la situación de bacante absoluta, pero una vez más el proceder apegado a
derecho por parte de las altas autoridades de la nación estuvo ausente. En medio de un largo duelo
que se extendió por una semana, la Máxima Magistratura del Estado no fue ocupada por quien le
correspondía constitucionalmente, a saber al presidente de la Asamblea Nacional, por el contrario,
el Vice-Presidente Ejecutivo, Canciller y sucesor de Chávez, Nicolás Maduro Moros luego presidir
las exequias del Comandante-Presidente, asumió la auto-denominada Presidencia Encargada.
Este hecho tuvo lugar 7 de marzo de 2013, un acto supremamente cuestionado, sin la
asistencia de la bancada de los diputados del bloque de la MUD, nos referimos a la juramentación
de Nicolás Maduro Moros como Presidente Encargado de la República. Pero como ya es costumbre
en la Venezuela Bolivariana, la Carta Magna es mofada para dar paso a fórmulas y prácticas
alejadas de toda legalidad para mantener a sector revolucionario o bolivariano aferrado al poder.
Esos treinta días de mandato provisional de Maduro constituyeron una abierta cadena de
ilegalidades como arbitrariedades no terminaron allí, por primera vez en la historia un Presidente
Provisional designa un Vice-Presidente Ejecutivo, tal honor recayó sobre el yerno del presidente
fallecido, Jorge Arreaza. Entre tanto la otra vacante disponible, la cartera de Relaciones Exteriores
le fue otorgada a Elias Jaua, con tren de ministros completados, arrancó la campaña presidencial.
De tal manera, el 7 de marzo de 2013 llega a su fin la Era de Chávez, pero esto no se tradujo
en el fin definitivo del chavismo o de la revolución bolivariana, sino que ahora constituye un
proceso que definitivamente superó y hasta la fecha que tecleamos estas líneas perdura sin la
existencia de su fundador y máximo líder, pues, tras su muerte obligó a un proceso comicial para la
escogencia de Presidente de la República, donde el 14 de abril en medio de un proceso
supremamente plagado de irregularidades, vicios de todo tipo, resultó electo peor un estrecho
margan y así lo proclamó una vez más Tibisay Lucena al delfín Maduro como Presidente
Constitucional de la República para el sexenio 2013 – 2018.
Igualmente vale decir que le gestión de Maduro desde su denominada Presidencia
Provisional estuvo marcada no solamente por su absoluta ilegalidad, sino por su ineficiencia e
incapacidad de al menos resolver los imperiosos problemas nacionales cuyas respuestas se había
rezagado por la prolongada ausencia del Comandante-Presidente. Ahora, toda vez ungido con el
mando de presidente Constitucional, no sólo empeoró su situación económica y de abastecimiento
de productos básicos, su gobierno está marcado por la ilegitimidad, visiblemente se esfuerza
diariamente por ser reconocido como tal, su gestión se ha traducido en un tambaleante gobierno que
no tiene mayor capacidad de acción y que hasta ahora ha mantenido la nación en una situación
marcada porhiperinflación, desabastecimiento de productos básicos, amén de la crisis
política-institucional.
Tres son los hitos que han marcado hasta ahora la presidencia constitucional de Nicolás
Maduro, primero la abrumadora derrota en las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015
donde el PSUV pasó a ser una minoría dentro de la Asamblea Nacional, en tanto, la MUD logró
nada más y nada menos que la mayoría calificada.
Pero una vez más, las prácticas a espaldas de la legalidad para sostener a los actores de la
“revolución bolivariana” no se hicieron esperar, la Asamblea Nacional saliente a escasos días de
fenecer el año 2015 designó de manera express y violando todos los dispositivos normativos para
tal efecto, designó nuevos Magistrados del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), nombrando incluso
a un candidato a Diputado para la AN por el PSUV derrotado el diciembre de 215, tal como es el
caso del Magistrado Calixto Ortega. La Sala Constitucional del TSJ finalmente se convirtió junto a
la Fuerza Armada Nacional en los dos elementos que permiten débilmente la permanencia de
Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores.
Con esta hábil acción de la AN saliente, constituyeron un factor de bloqueo total y
permanente a todas las iniciativas que la nueva Asamblea Nacional de mayoría de la MUD aspira
poner en marcha. Es la Sala Constitucional constituida por la vía express y con Magistrado que no
cumplen con los requisitos mínimos para su nombramiento, la Sala que durante lo que va del año
2016 no sólo se dedica a limitar las facultades constitucionales del Poder Legislativo, como el caso
del voto de censura para el Ministro de Alimentación, la declaración de inconstitucionalidad de
todos los proyectos de leyes aprobados por la Asamblea Nacional, sino que ha emitido sentencias
que contraviene abiertamente los expresado por el propio texto Constitucional. La lucha entre
inter-Poderes Públicos, a saber el Legislativo enfrentado al Poder Ejecutivo y el Judicial, son el
factor esencial que ha marcado la gestión del Presidente Maduro en lo que corre el 2016.
El segundo hito que marca el gobierno de Maduro (11de julio de 2016) ha sido la reciente
designación su titular de la cartera de la Defensa como una suerte de Primer Ministro o Jefe de
Gabinete, hecho que lo hizo en los siguientes términos, veamos:
… mando único caballero, todos los ministerios, todos los ministros y
ministras, todas las instituciones del Estado quedan bajo el orden y la
subordinación absoluta al Comando Nacional de la Gran Misión
Abastecimiento seguro, bajo el mando del Presidente de la República y del
General en Jefe Vladirmir Padrino López, a partir de este momento.
Dos breves apreciaciones al respecto, primero la Constitución vigente de Venezuela no prevé
esta figura y en segundo aunque no menos importante, que es lo más complejo y problemático de
esta arbitraria decisión, es que coloca toda la sociedad civil bajo la subordinación de la
institución militar en la figura del Ministro de la Defensa, General Padrino López.No obstante,
por eso es que hoy empleamos en líneas anteriores la palabra peligrosamente, pues la continuidad
del pretorianismo socialista ahora con Mauro a la cabeza, observamos que se correr el riego de
implantar un sistema militarista en el sentido estricto del término con todas las nefastas
consecuencias que generaría este tipo de sistema político, siendo la primera de ellas, la supresión
total y absoluta de prácticas democráticas, amén de la hipertrofia de la Fuerza Armada que
inundaría todos los órdenes de vida nacional y en total contradicción de su propio eidos, quedando
el Control Civil e incluso la separación de Poderes como vanos recuerdos de una vieja Venezuela.
En todo caso, la solicitud de revocatoria al presiente Maduro con la activación de dicho
dispositivo establecido en la Carta Magna venezolana, solicitud que ha presentado enormes trabajas
antes de su formalización ante el Consejo Nacional Electoral y toda vez que se consignaron
sobradamente las mínimas firmas requeridas, el órgano electoral nuevamente de Tibisay Lucena no
dio respuesta definitiva al respecto, por lo que el referéndum no realizó ni el 2016 ni el 2017, lo que
conllevó a una ola de protestas en todo el territorio nacional y cuya cifra oficial de víctimas fatales
como de civiles procesados en cárceles militares, hasta ahora sigue siendo una incógnita.
Con el bloqueo del referéndum revocatorio de Maduro conforme al artículo 133 de la misma
Constitución nacional, no fue posible removerlo del cargo e iniciar una transición constitucional,
democrática y pacífica. Por el contrario, el autócrata socialista soportó a sangre y fuego en el
Palacio de Miraflores, más tarde en el 2017 gracias a una ventana de diálogo nacional al que
accedió una vez más la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) bajo el acompañamiento
del Vaticano a través del Secretario de Estado de la Santa Sede, Cardenal Pietro Parolin junto al
Nuncio Apostólico acreditado en Venezuela, el Mons. Aldo Giordano, para mediados del año 2017
lograron a pesar de enormes obstáculos, acordar un cronograma que se centraba en: liberación de
los presos políticos, reconocimiento de la Asamblea Nacional por parte del gobierno, renovación de
las autoridades del CNE y la fijación de un cronograma electoral, entre otros puntos.
Durante los días del diálogo, las calles volvieron a la calma, la misma calma que exhibían
los sepulcros de los cientos de jóvenes asesinados tanto por la fuerza pública como por los
paramilitares del PSUV. Infelizmente el gobierno de Maduro terminó pateando la misma mesa de
diálogo a la que el llamo, descalificó al propio Cardenal Parolin, por lo que la iniciativa que terminó
siendo una táctica típica táctica cubano-castrista dilatoria que permitió enfriar las calles, la Santa
Sede se retiró, la MUD se levantó de la Mesa de Diálogo por incumplimiento del gobierno y en
definitiva la respuesta del gobierno a la crisis fue convocar a una Asamblea Nacional Constituyen,
cuyas elecciones se celebraron el 30 de julio de 2017, con una participación según datos oficiales
del CNE en la voz de su eterna Presidente Tibisay Lucena fue del 41.53% y cuyos constituyentes
electos eran netamente del PSUV o pro-oficialista, que se instaló con 545 miembros el 4 de agosto
de ese mismo año bajo la Presidencia de Delcy Rodríguez.
Por si fuera poco, la coyuntura quedó imbuida en las elecciones regionales pautadas para el
16 de octubre de 2017, la MUD olvidó la crisis como los muertos del 2016 y 2017 y se abalanzaron
para optar a los cargo de Gobernadores y Alcaldes. El resultado no podía ser otro, las elecciones
regionales de 2017 terminaron pintando una vez más el mapa rojo en Venezuela, pues, el oficialista
PSUV se hizo con 18 Gobernaciones mientras que la MUD apenas 4.
En crudo, la Asamblea Constituyente de 2017 a la fecha en que se teclean estas líneas no ha
producido ninguna nueva Carta Magna, por el contrario, se auto-subrogó las funciones del
Asamblea Nacional (una suerte de Congreso Nacional paralelo y oficialista) en tanto que la
Asamblea Nacional -legítima como la llaman su miembros- dominada en su mayoría por la
pseudo-oposición MUD se redujo a un mero foro político dado que sus decisiones no son ni
consideradas por los demás Poderes Públicos Nacionales.
Pero la caótica evolución político-institucional venezolana no terminó allí, con las calles
tranquilas y la población subsumida en interminables colas bien para acceder a agua potable,
comprar alimentas, gasolina o medicinas a la par que los políticos de la MUD volvían a fantasiar
con la tesis de un nuevo diálogo nacional a finales de 2017, nuevamente el hábil títere de La
Habana los madrugó con su propuesta de adelanto de las elecciones presidenciales, las cuales
debían realizarse en diciembre de 2018. Las presidenciales de Venezuela tuvieron lugar el 20 de
mayo de 2018, elecciones en las que la MUD no participó, por lo que Maduro y su PSUV
terminaron midiéndose entre un viejo aliando del chavismo y ExGobernador del Estado Lara Henry
Falcón por Avanzada Progresista, un pastor evangélico presuntamente vinculado al chavismo como
a los Panamá Paper, Javier Bertucci.
La participación de la población extraoficialmente se ubicó en apenas un 20%, sin embargo
el ente oficial electoral el CNE publicó que alcanzó los 46,07% con la victoria para Maduro con un
67,84%, Falcón 20,93% y el Bertucci 10,82%. Las elecciones fueron altamente cuestionadas, el
propio Falcón desconoció los resultados y en cuanto al reconocimiento de Maduro a fue aún más
pobre, pues, apenas fue reconocido por Cuba, Bolivia y Nicaragua en América, además de Rusia,
Bielorrusia, China comunista y Turquía. Con ello y contra toda lógica, se anunció que la toma de
posesión oficial del Presidente Electo Nicolás Maduro se realizará el 19 de enero de 2019 para el
mandato Constitucional de 2019 al 2025.
Aguas adentro de Venezuela, la reacción fue más inicialmente ilógica, pues, el Presidente de
la Asamblea Nacional legítima y Presidente del Partido Un Nuevo Tiempo (UNT) Omar Barboza
anunció en rueda de prensa y en nombre de la MUD el lunes 21 de mayo de 2018 que
“desconoceremos a Maduro a partir del 15 de enero de 2019”, con ello, los factores de la MUD
quedarían técnicamente paralizados desde mayo a enero, como en efecto lo están a la fecha de hoy
con una inacción cuasi absoluta.
Las reiteradas participaciones de la MUD en diálogos en momentos que la calle estaba en su
nivel más álgido exigiendo la inmediata salida de Maduro del gobierno, amén de esta absurda
respuesta de permanecer inerte ante un gobierno forajido, a nuestro juicio son nítidos indicativos
que la MUD oxigena deliberadamente al narco-pretorianismo-neocomunista, por lo que hasta hoy
cohabita con el déspota de Miraflores. No obstante, ello significa el mantenimiento del sistema de
opresión gubernamental sobre la ciudadanía, amén que la población sigue viendo las terribles
penurias que día a día se agravan sin una mínima respuesta por parte de los encargados de la
gestión pública estatal, razón por la cual, los venezolanos salen masivamente por sus fronteras de
Táchira para ingresar a Colombia vía Cúcuta o Santa Elena del Uairén en Bolívar para ingresar a
Brasil vía Boa Vista, por lo que son objeto de trato con estatus de refugiado.

Intentando concluir en un cambiante y altamente volátil presente


En este último fragmento de la investigación, más que una conclusión son una suerte de palabras
finales, pues, como muy bien señalamos en el propio subtítulo, la Venezuela Bolivariana en tiempos
de Maduro, dibujan una profunda, compleja, estructural y mlti-dimensional crisis, que a
nuestro juicio, sólo infelizmente comparable a longevo escenario de la propia Venezuela
decimonónica post-guerra de independencia, donde la incertidumbre, caos, colapso de los servicios
públicos básicos y acceso tanto a alimentos como a medicinas vislumbran nítidamente un escenario
poderosa convulsión social sin precedente alguno en la historia reciente de Iberoamérica, como una
posibilidad inminente.
En todo caso, en un máximo esfuerzo sintetizador enmarcamos ésta investigación con un
conjunto de ideas cuales. La primera de ellas, el carácter abiertamente pretoriano del proyecto
político-nacional de la “revolución bolivariana”, que no es otra cosa que una notable socavación de
las libertades liberales weberianasy la triste inversión de la ecuación propia de los sistemas
democráticos, es decir, pasar de un control civil a un control miliar. Situación ya implantada
arbitraria y flagrante falta contra el propio texto Constitucional de 1999, primero por el presidente
Hugo Chávez y luego de su muerte profundizada por el zigzagueante gobierno de Nicolás Maduro.
Justamente, esa abierta tendencia pretoriana –entendida aquí en términos de A. Perlmutter
(1980), y S. Huntington (1992) y D. Irwin (2000, 2003 y 2006)- que abrazó una ideología
socialista, manifestada en reiteradas oportunidades por el propio Hugo Chávez, que se expresó a
través de su ampliamente publicitados programas sociales conocimos como “misiones”, este
aspecto detallado por N. Reyes (2007) y como éstos a su vez se tradujeron en mecanismos de
exclusión política y social para todos aquellos ciudadanos que no acompañaban al proyecto
bolivariano. Llegando a su máxima expresión, con la reciente designación del General Vladimir
Padrino López cabeza de la instancia miliar en la cual están subordinadas todas las instancias
institucionales y burocráticas de Venezuela, lo cual, a nuestro juicio es un factor que indica que el
control miliar venezolano avanza un peldaño más y se aproxima hacia el militarismo en
términos de Radway.
Finlamente, cerramos rápidamente con un señalamiento desde el punto de vista
socio-histórico y socio-cultura, el proyecto bolivariano no ha sido más que un gran generador
de atraso y pobreza anclado en la premodernidad, obstaculizando la verdadera modernización de
Venezuela. Hecho quetuvo lugar en tiempos de Maduro cuya administración volcó a la nación en
una histórica crisis humanitaria, situación que obligó en el escenario internacional regional, a que
países miembros de mismo bloque, caso MERCOSUR, no le permitieran en el 2016 que Venezuela
asumiera la Presidencia Pro-témpore del bloque, justamente porque los gobiernos de Temer en
Brasil, Macri en Argentina y Cartes en Paraguay consideran que la nación venezolana con cumple
con la cláusula democrática del Tratado de Asunción.
Lista de Referencias
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Garrido, Garrido, Alberto (2004) La línea roja de Chávez. (Notas) Mérida (Venezuela):
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civiles-militares venezolanas. Caracas: Publicaciones UCAB.
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Fuerza Armada Nacional (2007) Informe sobre la discriminación política en Venezuela
(2003-2007). Estudio de casos. Caracas: ACC.
ASPIRAÇÃO REVOLUCIONÁRA EM CAMINHOS TURVOS:
A HISTÓRIA POLITICA E A INTOLERANCIA REGIONAL AOS COMUNISTAS EM
FRONTEIRAS PLATINAS (1930-1932)40

Núbia Assumpção Dutra41


Rodrigo Maurer42

Resumo:
A proposta faz uma análise em torno de correspondências oficiais que emolduram a confiança do
ex-presidente Getúlio Vargas para com agentes do exército nacional e informantes anônimos da
municipalidade de Santo Thomé (Argentina) que atestavam a mobilidade de comunistas em territórios
rio-platinos. O conteúdo chama a atenção para três níveis de consciência convergentes: 1) o ambiente
fronteiriço – que potencialmente acumularia momentos concomitantes de aproximação e/ou tensão; 2) a
transformação de um imaginário conservador que passa a verificar no comunismo algo disforme a sociedade
costumeira de época e, portanto passível de acompanhamento; 3) a emersão de um antagonismo de classe
que passa a confiar nas ações do estadista brasileiro a força política que poderia combater a influência em
questão.
Palavras chaves:
Historia politica, práxis internacionalista, mobilidade, informações de Estado, vocação.

Dos receios, das conspirações e vice-versa: considerações iniciais


[...] O comunismo não é para nós um estado que deve ser criado, um ideal a
partir do qual a realidade deve se regular.
Chamamos o comunismo ao movimento real que abole o estado atual.

Karl Marx

Obstinadamente, os três primeiros anos da década de 1930 não deixam retratar outra situação que
não a manutenção de uma ordem especialmente conservadora. Essa leitura como podemos acompanhar não
se fez isolada de uma percepção assente em solos europeus e também da América latina como um todo.
É bem provável que naquela altura a orientação internacionalista não competia apenas a uma breve
observação. Ademais, parece ter ficado claro que os líderes locais e em especial o estadista brasileiro
procuravam a todo custo acompanhar e manter-se atento a movimentação dos mesmos. Visível, também, o

40Proposta preparada para sua apresentação no XIII Congreso Nacional y VI Congreso Internacional
sobre Democracia, organizado pela Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales da
Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 10 a 13 de Setembro de 2018. Area Temática: 8 – História
Política.
41Acadêmica do IV semestre do curso de Ciências Sociais – Ciência Politica da Universidade Federal
do Pampa (UNIPAMPA), campus São Borja/RS bolsista Fundo de Amparo à Pesquisa do Estado do Rio
Grande do Sul FAPERGS. nubiadutrapj@gmail.com
42Historiador. Professor Substituto do curso de Ciências Sociais – Ciência Política da Universidade
Federal do Pampa (UNIPAMPA), campus de São Borja. Correspondência e-mail:
ferreiramaurer@bol.com.br
cuidado que se tinha ao proferir a palavra comunismo. No fundo da questão a definição do termo foi sendo
resignificado conjuntamente com os interesses das elites.
De modo a contrapor a orientação eis que algumas ações se fizeram imediatas: o reconhecimento da
mobilidade dos comunistas, o aprimoramento ao uso da informação e principalmente o provimento de um
contexto fronteiriço que não poderia em hipótese alguma subestimar toda e qualquer presença externa.
Constatadas essas características de controle, o que se tem em evidência é a formalização de
fronteiras modernas que passaram a ser compreendidas como de controle inquestionável dos Estados
correlatos. E os casos por ora aproveitados reforçam a presente afirmação. Com efeito, estão aqui retratadas
algumas ações travadas ao longo de três anos. E notadamente, sem maiores intensões que não o
reconhecimento daquelas, o breve capítulo traduz em poucas linhas as táticas de mobilidade, que preveriam
por contínuo aditar uma revolução internacionalista.
No aprofundamento desta questão básica somam-se um conjunto de crenças e de imaginários, dos
quais por muitas vezes acabam por convergir a uma dualidade discursiva de cognição e refuta. Sustenta-se,
ainda, que os marcadores da memória comunista se legitimam, a partir dos diferentes graus de avanço em
cada nível. De todo modo, não nos parece possível determinar com precisão o limite que perpassa a
influência daqueles em territórios potencialmente conservadores e com características especialmente
agrárias. Dito de outra forma, o comunismo naquela altura era a única orientação política antagônica que de
fato inquietava as elites acostumadas a sustentar seus privilégios e outras ostentações enquanto classe
política.
A despeito dos aspectos similares, o próprio argumento de combate ao anti-comunismo remonta a
uma confabulação mal elaborada e de consideráveis indefinições. Todavia, é possível advertir que o
propósito confabular foi um aproveitamento recorrente de uma série de argumentos que acabaram por
contrair-se em problemas domésticos demasiadamente enraizados a um construto político oligárquico 43.
Noutras palavras, o mérito da intolerância do governo varguista junto aos comunistas foi conferido a
uma elaboração de vivências, por vezes conflitantes que não fingiam desconhecer o evento das suas reais
condições de organização e de refreamento.
Daí, fazer cair em desuso prático à orientação internacionalista não foi nada difícil – bastou
apenas guiar as elites a reconhecer seus simpatizantes e possíveis locais de organização que
permitissem aprofundar as pautas tanto no Brasil quanto nas fronteiras rio-platinas correlatas que
motivavam as conspirações de fundo.

Da orientação internacionalista e dos receios regionais: caminhos e matizes autoritárias


O primeiro movimento, o primeiro pensamento da democracia trabalhadora, ao
buscar sua lei e ao se colocar como antítese à burguesia, deveria voltar-se
contra suas próprias máximas: à primeira vista d’ olhos, é isto que se deduz do

43Esta situação pode ser conferida ao uso das ilustrações que seguem: FAUSTO, Bóris. História Geral
da Civilização Brasileira, tomo III, O Brasil republicano. Difel: São Paulo, 1975. MENDONÇA, Sonia
Regina de. Estado e sociedade: a consolidação da república oligárquica. In: LINHARES, Maria Yedda
(Org.). História Geral do Brasil. Rio de Janeiro: Editora Campus, 1996.
exame do sistema comunista.

Proudhon

Como já salientamos em passagem anterior a narrativa sugerida nesse artigo recaí sobre a mobilidade
dos comunistas no território rio-platino entre os anos de 1930-1932. Em tese, procuramos avaliar a atuação
daqueles personagens tendo em conta as informações aferidas pelos documentos originais de época. Nestas
condições, o território regional a ser observado condiz ao seguinte itinerário: a fronteira de São Borja (Brasil)
e Santo Thomé (Argentina), a fronteira de Posadas (Argentina) e Encarnación (Paraguai), somando ainda a
cidade portuária de Corrientes, a capital Buenos Aires e uma breve menção às paragens uruguaias [sic] que
os documentos ainda não permitem conhecer com precisão, embora se suspeite como ponto de destino a
capital Montevideo. Em todo caso, o contexto por ora abordado procura entender o fluxo que compõem o
seguinte quadro temático:

Quadro temático – mobilidade comunista e fronteiras correlatas

Fonte: Googlemaps.
Visualizado os territórios de mobilidade, um esclarecimento a mais ao começar é importante. A
expressão comunismo, nesse contexto/conjuntura deve ser compreendida como uma vocação revolucionária
– e por aí tratar-se-ia de uma entrega política com objetivos previamente definidos. E no recorte histórico por
ora trabalhado significa dizer que os personagens adeptos à luta internacionalista já logravam algum que
outro êxito. Este por exemplo é o caso da tomada da cidade de Encarnación (Paraguai) em 1931, que
aleatoriamente acabou por acender o sinal de alerta entre às elites costumeiras que circunvizinhavam a
localidade em questão.
Este feito conforme a investigação do historiador Rodrigo Alvarez (2017), foi “la primera comuna
libertaria de América, que duro al redor de 16 Hs”. Ao que consta a ação ocorreu na madrugada do dia 20 de
Fevereiro de 1931, sob a orientação de Obdulio Barthe 44, Cantalicio Aracayu, Humberto Amabile, Ramón
Duran e Facundo Duarte. Esses personagens reunidos num contingente de 80 homens armados acabarão por
tomar a “subprefeitura de portos” de Itapuá (nome primevo de Encarnación). Do movimento que não contou
com a resistência dos militares, foi proclamada uma “República Socialista”.
A ambição ainda que pese maiores avaliações consistiu em três ações práticas: a) em estabelecer um
quartel general sob a anuência do então “presidente do governo provisional” Oscar Creydt; b) nomeação de
Obdulio Barthe como delegado civil; c) indicação de Kanner 45 como subprefeito e administrador da Aduana.
O breve êxito ao traduzir de Rodrigo Morales só foi possível porque contou com o apoio dos marinheiros da
localidade portuária. Daí por diante o que passou a existir foi um malogrado exercício, pois não lhes foi
possível atingir maiores avanços em localidades próximas, o que acabou por dividir o contingente de tomada
em duas frentes de despiste. Um grupo composto por Amabile, Duran e Aracayu optou pela marcha terrestre
e acabou se fazendo render por tropas do exército que se colocavam a caminho daqueles desde Hoenau e
Cambyreta.
O segundo grupo, este sob a alçada de Obdulio Barthe, conseguiu escapar via rio Paraná. O destino
dos mesmos foi Foz de Iguazú. E lá chegando acabaram por se entregar às autoridades brasileiras [sic]. Tudo
indica que por meio dessa ação os revolucionários previram obter exilio político, todavia, o destino dos
mesmos ainda segue desconhecido o que nos impede de atestar o desfecho de tal episódio.
Pelo lado paraguaio, a pretensa revolução acabou revertendo uma contra resposta do presidente
Guggiari. Em poucas palavras o caminho proposto por Guggiari foi simples e objetivo: solicitar ao congresso
do seu país que fosse aprovada uma “lei marcial” da qual provesse ao Estado o direito de reprimir os mais
distintos movimentos de organização dos trabalhadores ou que perfilassem algo próximo da orientação
moscovista. Em todo caso, vejamos a avaliação do já rememorado Rodrigo Moralez com relação ao
ocorrido:

44Obdulio Barhte juntamente com Lucas Ibarrola, articularam a fundação do partido Comunista do
Paraguai no dia 19 de fevereiro de 1928. Soma-se a esses dois personagens à inclusão de células
anarquistas. Para saber mais da referida fundação, ver: ROSALES, Humberto. Historia del Partido
Comunista paraguayo. 1928-1990. Edición Digital.
http://portalguarani.com/humberto_rosales/historia_del_partido_comunista_paraguayo_1928_1990.html.
RIVAROLA, Milda. Obreros, utopías y revoluciones. Formación de las Clases Trabajadoras en el
Paraguay Liberal 1870-1931. Ed. Centro de Documentación y Estudios. Asunción, Paraguay, 1993.
45Sobre a história de Marcos Kanner ver: LIDIA, María & CHAS, Martínez. Marcos Kanner militancia,
símbolo y leyenda. Crónica de una pasión revolucionaria. Posadas Misiones. Ed. Universitaria, 2011.
Esta primera comuna que duro 16 hs, fue un hecho histórico político gestado con una
preparación y una organización de mucho tiempo. Se encuentra enraizado en hechos y
acontecimento históricos que tienen relación con la organización y las luchas de los
movimentos de masas, con los permanentes enfrentamentos con el poder que se produce en
Paraguay desde el fin de la guerra de la Triple Alianza46.

Para o lado argentino, o episódio não tomou proporções distintas como estão a provar as palavras do
mesmo Rodrigo Alvarez:
La toma de Encarnación fue un hecho vinculado a la vida Argentina, fundamentalmente a
Posadas, a que conto con la participación de vários Misiones, sino que también parte de su
organización se llevo a cabo en Posadas. Consecuencia no solo de un contexto nacional
sino internacional, influencia essencial de la Revolución Rusa47.

Desta forma e aos poucos, as comunidades fronteiriças foram conduzidas a entender no comunismo
algo um tanto quanto contraditório ao cotidiano que lhes envolvia. A cargo que a pauta das ideologias passou
a competir com a austeridade e com um controle paritário dos países envolvidos, que passaram a editar um
consenso de repúdio para com a orientação em destaque.
À luz da dimensão referida, o processo de tomada de Encarnación querendo ou não, serviu de
estímulo para que Getúlio Vargas e seus informantes tomassem cuidados redobrados para com os
comunistas. Arriscaríamos a dizer que o caso chegou a favorecer o estadista brasileiro nas suas ambições
políticas, pois o mesmo tal qual indicam alguns pesquisadores procurava naquela altura, investir em
argumentos que pudessem lhe ser favorável junto às famílias conservadoras apoiadoras da “revolução de
1930” 48.
Noutras palavras, o que temos em análise é a formulação de um imaginário regional de que o
comunismo pregava uma conspiração revolucionária. E as situações que faremos uso na sequência não
fogem a regra. Por isso, a proposta se coloca prevendo situar as ações e as táticas por um viés paralelo de
interpretação seja do lado do estadista brasileiro e seu aparato de informações, seja do lado daqueles que
acreditaram ser possível concluir uma revolução internacionalista por dinâmicas um tanto quanto dispersivas.

46ALVAREZ, Rodrigo Morales. “Los comunistas de Misiones”. Un análisis de la etapa fundacional del
Partido Comunista en la Provincia de Misiones, Argentina. (1930-1936). In: XXXVII Encuentro de
GeoHistoria Regional. Universidad Nacional de Misiones, Posadas, Octubre de 2017.
47Ib.idem. Esta mesma situação é confirmada quando comparada com a vertente historiográfica
argentina. Nesse caso cabe recorrer: CERNADAS, Jorge; PITTALUGA, Roberto; TARCUS, Horacio. La
historiografía sobre el Partido Comunista de la Argentina. Un estado de la cuestión. In: El Rodaballo, año
IV, nº 8, Buenos Aires, 1998, pp. 30-39. CAMPIONE, Daniel. Los comunistas argentinos. Bases para la
reconstrucción de su historia. In: Periferias, año I, nº 1, Buenos Aires, 1996, pp. 103-115. CAMARERO,
Hernán. El Partido Comunista argentino en el mundo del trabajo, 1925-1943. Reflexiones
historiográficas e hipótesis exploratorias. In: Ciclos, año XI, nº 22, Buenos Aires, 2001, pp. 137-155.
____. La izquierda como objeto historiográfico. Un balance de los estudios sobre el socialismo y el
comunismo en la Argentina. In: Nuevo Topo. Año I, nº 1, Buenos Aires, 2005, pp. 77-99.
48Existe uma base teórica muito competente da onde é possível retirar informações referente ao
contexto arrolado. Neste caso, ver a lista que segue nas referências bibliográficas.
A intolerância ao comunismo e outras considerações acerca dos documentos
“[...] tarefas que competiam a nível global até à vitória da nossa revolução”.

Lênin

Não só no Brasil, como na Europa, muitos foram os argumentos que emitiram uma política de
combate ao comunismo. A título de comparação, a investigação de João Negrão, esclarece dentre outras
coisas que o estadista Getúlio Vargas jamais se mostrou desatento à movimentação dos comunistas na Guerra
Civil Espanhola49. Destarte, tal intolerância encontra plausibilidade no âmbito regional por ora explorado.
Eis, um documento que deixa flagrante a situação de momento:

49NEGRÃO, João Henrique. Selvagens e incendiários: o discurso anticomunista do governo Vargas e


as imagens da Guerra Civil Espanhola. São Paulo: Associação Editorial Humanitas: Fapesp, 2005.
A.P.S.B. 1932 Corresp. P.M.

Percebe-se com certa facilidade que tratar-se-ia de um ofício de 19 de Janeiro de 1932, enviada pelo
então Major Comandante do 2º Regimento de Cavalaria Cesar M. da Silva fazendo uma alusão muito
enfática ao senhor Prefeito da localidade de São Borja (na oportunidade o Sr. Cleto Doria de Azambuja), para
que o mesmo entrasse em contato com as autoridades competentes da segurança no sentido de refrear o
“aliciamento de brasileiros por parte de revolucionários argentinos” que ao que consta estariam se
organizando para um movimento revolucionário na província de Corrientes.
Decorridos sete meses da primeira manifestação com relação à atuação dos comunistas em território
argentino, eis que um novo personagem ainda desconhecido faz consideráveis ressalvas em ofício ao então
Dr. Protasio Vargas (irmão de Getúlio Vargas). O conteúdo ao que consta foi “datilografado” na localidade de
Santo Tomé em 5 de Agosto de 1932. O teor da manifestação tal qual se traduz, denuncia que Protasio Vargas
teria recebido junto do oficio mais “dois recortes de jornaes de “La Nacion” de Buenos Aires,
correspondentes aos dias 1º e 2 do corrente [Agosto]” de onde poderia conferir como vinha acontecendo “a
acção dos comunistas” no país vizinho. Em todo caso, vejamos na íntegra o conteúdo salientado que
demonstra a agilidade que competia ao uso da informação:
A.P.S.B. 1932 Corresp. P.M.

Estas situações no que pese o frágil aproveitamento que ainda é assente não concluí outra avaliação
que não o fato que o governo brasileiro mantinha em solo argentino um informante. Indo um pouco além, a
narrativa deixa conhecer que o suposto informante se dirigia como alguém eficiente no que diz respeito às
movimentações comunistas não só na Argentina, mas também, no Uruguai. Em todo caso, a riqueza da
descrição não se desloca pura e simplesmente ao reconhecimento pessoal do personagem “astuto em
comunistas”, mas antes nos dois russos que se apresentaram na embaixada argentina com documentos
vencidos desde 1929.
É evidente que, na realidade, todos os assuntos por ora abordados estão intimamente relacionados ao
controle da informação exercido não só pelo governo brasileiro como também por agentes da embaixada
argentina que procuravam prever quanto ainda evitar toda e qualquer mobilidade dos comunistas no território
rio platino.
Em todo caso, as mensagens subliminares com relação à movimentação daqueles aconteciam
também sem a necessidade de externar a expressão comunista/comunismos. Vejamos um último documento
que suscita tal contexto:
A.P.S.B. 1932 Corresp. P.M.

Algumas obras de fundo histórico provam que situações dessa natureza aconteciam de modo
recorrente com vistas a enfraquecer o programa internacionalista, impedindo, por conseguinte, que a
orientação ganhasse adesões no âmbito político de época. Mas as informações obtidas no documento acima
são importantes porque demonstram a precaução para possíveis articulações ou de locais que indicavam o
ponto de destino de um “polaco” que atendia por nome de Eugenio Kadner.
Essa referência no que pese a ilustração conferida significa dizer que os comunistas já se
encontravam infiltrados não só em localidades fronteiriças, como também em outras localidades centrais do
estado gaúcho. Todavia, é mais assente ainda a difusão de sentidos compõe a temática uma vez que mistura
ambições com caminhos e estratégias ainda nem sequer imaginadas.
Por conta dos fatores já abordados, as situações por ora aclaradas acabam por justificar dois níveis de
consciência que circunstancialmente se mostram contidas ao imaginário intolerante da década de 1930: o
primeiro diz respeito ao ilustrar fronteiriço que passa a comportar momentos concomitantes de proximidade
e de tensão. E o segundo nível de consciência condiz para o esforço regional entre as respectivas elites que
passaram a interpretar na imagem de qualquer estrangeiro um potencial inimigo e, portanto, passível de ser
acompanhado.

A memória comunista e a história política: considerações finais


Não era lícito nos perguntar se doravante o advento do comunismo não
estaria inscrito no devir da história do mundo?

Norberto Bobbio

Não é preciso dizer quão inúmeras são às argumentações que emitiram uma política de combate ao
comunismo50. Para além do inimigo que esta sempre a espera, acusações ao programa se deram de várias
formas e sob inúmeros contextos. Alguns fatos como estão a provar as obras de fundo histórico aconteciam
com vistas a enfraquecer a orientação comunista no sentido de valorizar outras concepções de envolvimento
como nação/pátria a propriedade/a família e a religião (esta em especial sendo aquela que combatia o
materialismo ateu).
Todavia, o enquadramento da memória que se institui sob a peja do anti-comunismo é antes de
qualquer juízo estabelecido um inconformismo político ideológico, mantido sob forte resistência por parte
das elites nacionais e dos extratos altos que procuravam a todo custo conservar sob seu controle a
participação na política fazendo com este ambiente em especial acontecesse sem a presença de organizações
esquerdistas ou grupos políticos que reivindicassem suas atuações enquanto discurso. Nestas condições, o
objeto de avaliação que nos cabe ser conferido nesse momento referenda a expressão “uso político do
passado”51. Em tese, remonta a uma apropriação de signos, ritos e outros adjetivos cognitivos sobre um
50Este contexto pode ser compreendido quando em uso das seguintes produções: AGGIO, Alberto,
BARBOSA, Agnaldo, COELHO, Hercídia. Política e sociedade no Brasil (1930-1964). São Paulo:
Annablume, 2002. DE CASTRO, Ricardo. A formação das tradições (1889-1945). Rio de Janeiro:
Civilização Brasileira, 2007. GOMES, Angela de Castro. Cultura política e cultura histórica no Estado
Novo. In: ABREU, Martha; SOIHET, Rache; GONTIJO, Rebeca (Orgs.). Cultura política e leituras do
passado: historiografia e ensino de história. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 2007, pp. 43-63.
MARCHETTI, Olavo Baldi. Desejáveis ou indesejáveis: a formação da identidade nacional como
parâmetro de divisão social no Brasil de 30. In: V Simpósio Internacional Estados Americanos: O
bicentenário das independências (1810-2010). PPGH Universidade de Passo Fundo 2010. CODATO,
Adriano. A transformação do universo das elites no Brasil pós-1930: uma crítica sociológica. In; História
social de elites. HEINZ, Flavio M. (Org.). São Leopoldo: Oikos, 2011, pp. 56-73.
51Para saber mais, ver: HARTOG, François & REVEL, Jacques (sous la direction). Les usages
politiques du passé. Paris: EHESS, 2001.
determinado evento do passado com vistas a emitir um reconhecimento de longa duração do qual seja
possível manter em sincronia aquilo que não existe mais, embora deva ser preservado no sentido de uma
memória coletiva. Se acompanharmos os ensinamentos de Michael Pollak (1989), da memória coletiva
estender-se-ia ao resultado fim, isto é, a memória nacional por meio das articulações assumidas por Vargas
no que tange o controle e também combate às demais orientações que não o compromisso mantido por
aquele quando da sua ascensão junto a o meio conservador brasileiro.
A despeito dos aspectos similares, o próprio argumento de república nova traduz consideráveis
indefinições. E isso acontece porque o próprio modelo foi um aproveitamento de uma série de fatores
externos que acabaram por espraiar-se com problemas domésticos ainda enraizados a um cenário político
oligárquico52, que preferivelmente não media esforços para combater convívios doutrinários e influências
estrangeiras. Noutras palavras, o mérito da intolerância do governo varguista junto aos comunistas se explica
porque o projeto nacional orquestrado pelo estadista não previu elevar o exercício democrático. E o
comunismo naquela altura era a única orientação política antagônica que de fato inquietava a elite nacional
acostumada a sustentar seus privilégios e outras ostentações enquanto classe política.
Nestas condições e em meio a tantas considerações que serão feitas ao longo da leitura, a proposta se
coloca com vistas a situar as ações e as táticas empregadas por um viés paralelo, sobretudo no âmbito
conservador de época, repousando, por fim numa narrativa que faça valer o uso da expressão “história
política”53.
Acervo de consulta
A.P.S.B. Arquivo Público de São Borja.

Referências bibliográficas

52Esta situação pode ser conferida ao uso das ilustrações que seguem: FAUSTO, Bóris. História Geral
da Civilização Brasileira, tomo III, O Brasil republicano. Difel: São Paulo, 1975. MENDONÇA, Sonia
Regina de. Estado e sociedade: a consolidação da república oligárquica. In: LINHARES, Maria Yedda
(Org.). História Geral do Brasil. Rio de Janeiro: Editora Campus, 1996.
53Para expressar o conteúdo, fizemos uso das seguintes produções: FÉLIX, Loiva Otero. Coronelismo,
borgismo e cooptação política. Porto Alegre: Mercado Aberto, 1987. JULLIARD, Jacques. A política. In:
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Aproximaciones al concepto de Democracia en el Partido Socialista de principios de siglo XX

Autor: Alex E. Ratto


Correo electrónico: rattoalex@hotmail.com
Pertenencia institucional: ISHIR (CONICET)

8. Historia Política

Resumen:
Este trabajo busca explorar la concepción del concepto de democracia en el origen del socialismo
argentino hasta 1931. El objeto de estudio se restringe al Partido Socialista desde su constitución
como partido hasta la coyuntura de crisis institucional del gobierno de facto de José Uriburu. El
mismo se enmarcar dentro de la historia intelectual, por ello se desarrolla brevemente un aspecto
teórico. Luego se realiza una reseña de los conceptos modernos políticos que surgieron o
masificaron producto de la revolución francesa.
Para llevar adelante esta propuesta se utilizaron publicaciones de diferentes dirigentes socialistas.
La selección busca visualizar la diversidad de perspectivas dentro del socialismo, como así
también mostrar los cambios sobre el concepto de democracia en diferentes coyunturas. En este
sentido se escogió a Juan B. Justo, Agusto Bunge y Mario Bravo.
Entre los resultados a destacar señalamos la caracterización dual del concepto de democracia
para el socialismo argentino, el cual amalgama democracia política con democracia económica.
Como resultado secundario este trabajo busca complejizar y ampliar la historia del Partido
Socialista desde perspectivas actuales de la historiografía.

Trabajo preparado para su presentación en el XIII Congreso Nacional y VI Congreso Internacional


sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de
la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 10 al 13 de septiembre de 2018
Introducción:
El Partido Socialista (PS) argentino desde su organización definitiva en 1896 planteó que el
modo de llevar adelante su acción era a través de la participación electoral. En este sentido,
desde sus orígenes, la estrategia política del socialismo argentino estableció los alcances y límites
de su participación política en el marco conceptual de la democracia representativa.
Esta forma particular de concepción de democracia a su vez es articulado con otros conceptos
políticos, como: pueblo, trabajador, ciudadano, soberanía, representación, gobierno, tiranía,
libertad, voto, sufragio universal. La conjunción de estos conceptos funcionó como unidad tanto
discursiva como ideológica dentro del socialismo argentino. Sin embargo, esta unidad no estuvo
exenta de tensiones producto de la heterogeneidad de sus miembros y dirigentes, y por los
diferentes contextos en que se desenvolvió el PS en sus primeros años de existencia.
Este trabajo propone acércanos a diferentes escritos de socialistas desde su primer Congreso
Ordinario hasta la década de 1930 para reconstruir el concepto político de democracia como
medio y fin de su acción política. Para ello proponemos, en primer lugar establecer un marco
teórico para comprender a que nos referimos cuando hablamos de concepto político y acción
política. Posteriormente se describen brevemente los conceptos políticos en el contexto de la
revolución francesa, porque son ellos los utilizados por los socialistas argentinos para definir
democracia. Luego pasaremos al análisis de diferentes escritos y contextos en donde se
desarrolle, defina, tensione y modifique el concepto de democracia por parte del socialismo
argentino.

La articulación de lo político y la política en el discurso socialista


Preguntarnos que pensaron los primeros socialistas respecto a democracia nos lleva a
problematizar históricamente un concepto. En este sentido, nos parece pertinente la diferenciación
realizada por Pierre Ronsavallon de lo político y la política. Lo político es entendido como el
conjunto de nociones que constituyen a una sociedad. Estas nociones son aceptadas sin que ello
signifique que todos los miembros de una sociedad coincidan respecto a su significado. Mientras
que la política, es “el campo inmediato de la competencia partidaria por el ejercicio del poder, de la
acción gubernamental del día a día y de la vida ordinaria de las instituciones”54.
Lo político y la política son diferentes, pero no pueden pensarse individualmente. Ya que lo
político se manifiesta en la política, y esta se articula en función de la interpretación de lo político.
En nuestro caso, lo político se refiere a la democracia, pero también a soberanía, pueblo,
ciudadano, trabajador, igualdad, libertad, Estado, representación, etc. Mientras que la opinión y
definición sobre estos conceptos por parte de diferentes socialistas es la forma de la política que
nos interesa estudiar. Con ello apostamos a que este trabajo sirva de insumo para una historia
conceptual del siglo XX, porque concordamos que “los conceptos políticos (se trate de la
democracia, la libertad, la igualdad, etcétera) no pueden comprenderse sino en el trabajo histórico
de su puesta a prueba y de sus intentos de elucidación”55.
Otro elemento teórico que nos sirve en este trabajo es la definición de discurso social extraído
de Marc Angenot. El discurso social es entendido como “los sistemas genéricos, los repertorios
tópicos, las reglas de encadenamiento de enunciados que, en una sociedad dada, organizan lo
decible, lo narrable y opinable” 56. En este sentido, el socialismo combina nociones liberales
internacionales y nacionales con supuestos socialistas marxistas tanto ortodoxos como

54Ronsavallon, Pierre, Por un concepto de lo político, Lección inaugural en el Collége de France, FCE, Bs.
As., 2003, p. 21
55Ibidem, pp. 44-45.
56Angenot, Marc, El discurso social, los límites históricos de lo pensable y lo decible, Siglo XXI editores, Bs.
As., 2010, p. 21.
heterodoxos, y todos ellos articulados con principios moralistas de la época, y en algún caso,
como el de Juan B. Justo impregnados de un positivismo científico y filosófico.
Entonces, la integración de la problemática del discurso social en nuestro estudio nos permite
comprender que lo expuesto por los socialistas argentinos respecto al concepto de democracia
está enmarcado en lo decible y pensable en su época. El discurso socialista está integrado en la
totalidad del discurso social, la cual hace inteligible pero también coloca barreras a la novedad.
Esto desemboca en el problema que el Partido Socialista pretende ser una primicia política en el
campo de disputa argentino, pero utiliza muchos de los significantes de la época, como el de
soberanía, representación, ley o libertad.
Como veremos la novedad en muchos casos, será ampliarlos y no subvertirlos. Por ello, antes
de avanzar sobre el estudio específico de diferentes obras y contextos de producción, nos
detendremos en revisar los indicios de los conceptos políticos en la modernidad que son
apropiados por el discurso socialista.

Orígenes y nexos de la concepción de democracia en la modernidad:


Los socialistas al referirse a la democracia siempre lo hacen respecto a idea de democracia
representativa. Esto trae aparejado dos aristas que se vinculan. Por un lado, que el gobierno se
legitima gracias a la noción de soberanía, y por otro lado, que existe una dualidad de
representantes y representados. Siendo los representados el pueblo, el cual es poseedor de la
soberanía, pero el ejercicio de la misma recae únicamente en los representantes. Estos pueden
ser gobernantes o legisladores, quienes adquieren el poder de ejercicio de la soberanía por medio
del sufragio. Esta configuración, según los socialistas proviene del avance de la progreso humano,
el cual tiene un salto cualitativo, pero limitado, con la revolución francesa. En este sentido es
necesario detenernos en describir los cambios acaecidos en los sentidos políticos en el contexto
europeo en el que se desató la revolución francesa.
Giuseppe Duso57 explica la disrupción existente entre el concepto de representación en el
periodo medieval y el de representación moderna. “En el paso entre este significado y el de la
representación moderna no se produce un cambio del concepto en sí, sino más bien el nacimiento
de un concepto nuevo que implica presupuestos que sólo pueden concebirse en la negación del
modo en que una larga tradición de pensamiento había concebido el hombre y la política”. En este
sentido, el mismo concepto de revolución es totalmente modificado, dejando de indicar un tipo de
movimiento circular que retorna sobre sí mismo, para ser asociado como un paso adelante entre
lo viejo y lo nuevo. Desde entonces, revolución es un término que “debe ponerse en relación con
la instauración de un orden nuevo, y por tanto en relación con una filosofía de la historia, con su
idea de evolución y de emancipación”58.
En el contexto de la revolución francesa el concepto de libertad, pasa a ser comprendido como
independencia individual y libre, con el sólo límite de no dañar a los otros. Para Duso este límite lo
establece la ley. Pero también señala que si la ley se basa en la libertad, su producción debe estar
caracterizada por la autonomía de la voluntad: “esto es, para ser libre, el pueblo debe obedecer
tan sólo aquellas leyes que él mismo se haya dado… Este principio de libertad se conjuga con el
de la igualdad de los hombres, junto al que constituye la base de la nueva organización de la
sociedad”59.
Debido a esta concepción de libertad, ley e igualdad es que en las inmediaciones de la

57Duso, Guiseppe, Génesis y lógica de la representación moderna, versión on-line. URL:


https://www.dropbox.com/sh/ad883zcm4r0ftng/AAAD6WR9BFGSj8wbVwjIIODPa/Clase%206%20de
%20junio/Genesis_y_logica_Duso.unlocked.pdf.
58Ibidem, p. 2.
59Ibidem, p. 3. (El ressaltado nos pertence)
revolución francesa nace la concepción de lo injusto en la que caracterizan al antiguo régimen,
rechazando con ello el principio que atribuye al monarca el poder de legislar. Entonces el Estado
debe fundarse en una base racional y de principios justos. Para ello debe de ser constituido, y el
pueblo es entendido como sujeto constituyente. Duso sostiene que bajo esta concepción,
solamente el pueblo se puede dictar leyes a sí mismo, puede constituir el Estado60.
De esta manera, la modalidad a través de la cual el pueblo, como conjunto de todos los
ciudadanos, puede contribuir a crear la ley es denominada poder comitente. Duso explica que el
pueblo debe limitarse a escoger y a delegar en las personas que ejercerán sus verdaderos
derechos61. Así nace la diferenciación de pueblo representado y gobierno representante en los
términos de la democracia liberal, suponiendo con ello que el principio representativo supone la
presencia indirecta del pueblo. Por consiguiente el término pueblo manifiesta entonces un doble
aspecto. Según el autor, “por un lado el pueblo es sujeto colectivo, entendido representativamente,
y por otro es el conjunto de los ciudadanos, que son al mismo tiempo los súbditos frente a ley
común y aquellos que autorizan a los representantes, y de este modo… contribuyen a crear la ley
a la que estarán sometidos”62. Y si bien el individuo y su voluntad pasan a constituir el fundamento
de la sociedad, la representación no expresa “la pluralidad de las voluntades particulares de los
órdenes de la sociedad, sino la única voluntad de la nación: se trata por tanto de la representación
de la unidad política. La representación política pasa de esta forma a constituir el modo propio de
expresión de la voluntad del sujeto colectivo y al mismo tiempo contiene en sí la fuente de
legitimación del poder, que se halla en esa expresión de voluntad por parte de todos que tiene
lugar en el acto de elección de los representantes”63.
Por ello es que las elecciones luego de la revolución francesa y la modificación de la
concepción de lo político en la sociedad pasa a revestir un nuevo significado: “en cuanto expresión
de la voluntad de los ciudadanos constituye el único acto que puede legitimar al cuerpo
representativo”64. Ello inaugura la defensa del mandato libre sobre elimperativo. “un mandato que
no consiste tanto en la expresión de una voluntad determinada que debe ser respetada y llevada a
una sede superior, cuanto más bien en un encargo confiado a alguno de expresar la voluntad
unitaria de la nación…Por medio de la representación los ciudadanos no confieren un mandato
concreto, sino más bien se reconocen vinculados a las futuras deliberaciones de la asamblea
representativa”65. De esta manera, según Duso a partir de esta concepción “la elección consiste
en realidad en un acto de autorización que legitima a los electos a representar, esto es, a dar
forma a la voluntad unitaria de la nación. En cuanto autorización y por tanto acto fundacional de la
autoridad, la elección constituye la fundación desde la base del poder, el cual sin embargo da
forma a la voluntad siempre desde la esfera más alta y por tanto de modo no dependiente de las
voluntades particulares de los diversos ciudadanos”66.
Duso ubica la génesis de la representación moderna en la revolución francesa y simbolizada en
La Declaración de derechos del hombre, la cual se constituye en “un indicador de cuánto se
difundieron las ideas de que los hombres eran iguales y tenían los mismos derechos, y de cómo
sobre la base de tales derechos se debía organizar su convivencia y la sociedad civil”67. Sin
embargo, siguiendo al autor, esta manifestación universal de los derechos de todos los hombres

60Idem.
61Ibidem, p. 5.
62Idem.
63Ibidem, p. 4.
64Idem.
65Idem.
66Idem.
67Ibidem, p. 2.
genera una tensión con las determinaciones de una constitución y códigos normativos
particulares, que necesariamente comporta exclusión. En los socialistas argentinos esta tensión la
entienden como consecuencia del proceso inacabado de liberación que comenzó con la
revolución francesa. En ella reconocen el establecimiento de la igualdad de los hombres ante la
ley como una igualdad política y una liberación del dominio de un régimen monárquico, pero para
que el hombre consiga la libertad completa, entendida como no-dominación externa, es necesario
la libertad del yugo capitalista. De esta concepción es que la soberanía es entendida de manera
dual, existiendo la soberanía política y la soberanía económica.
La doble condición de la democracia en los orígenes del socialismo argentino
La doble condición de la democracia en el socialismo se construye a partir de la aceptación de
las definiciones políticas modernas establecidas según ellos desde la revolución francesa y la
noción de emancipación económica que presupone la sociabilización de los medios de
producción. Sin embargo, la perspectiva económica de democracia es construida según la política,
bajo un proceso de sinónimos. Dentro de las relaciones de producción capitalista, se produce una
relación de dominación de un sujeto sobre otros, así el burgués aparece como tirano, y el
trabajador como pueblo despojado de su libertad de decidir libremente su gobierno, que en
términos económicos, son el qué y cómo se produce. Esa acción emancipadora, es auspiciada por
el socialismo, que ancló su acción en el concepto de soberanía moderna, en tanto reconoce que el
pueblo es soberano, pero quien hace ejercicio de ella es el representante. En este sentido, el
socialismo se atribuyó la figura de representante de los trabajadores en su lucha 68. Esto significa,
que la política del socialismo se construyó entorno a lo político de la tradición moderna,
ampliando, y no socavando, el concepto de democracia representativa. A la liberación política, de
decidir quién gobierna, se suma la liberación económica, de decidir qué y cómo se produce.
De este modo, la Revolución Francesa es vista como un avance en la historia de la humanidad.
Sin embargo, no terminó con todos los proceso de dominación. Reemplazó la tiranía de la
monárquica, por la tiranía del capital. Es por eso que Juan B. Justo, y el resto de los socialista,
definieron como una revolución burguesa. Pero rescatan la idea de autonomía de las leyes y los
gobiernos que surge de ella. Juan B. Justo, señaló que “la elaboración de leyes escritas dejó de
ser una actividad ocasional, inspiración o capricho de algún gobernante; la legislatura se hizo una
institución permanente, impersonal; y descartado el origen divino de los preceptos legales,
adquirieron éstos la plasticidad de creaciones reconocidamente humanas. La ley no pretendió ser
ya una fórmula eterna, previo la posibilidad y aún la necesidad de su reforma, y estatuyó la
manera de realizarla”69.
Reconociendo esta tradición, el PS rechazó como medio para alcanzar el socialismo la toma
del poder directo, e instituyó que el medio a tal fin es el marco legal auspiciado por el sufragio
universal70. El voto, en este sentido, representa el medio del progreso pacífico de los cambios
históricos. Para Justo, sólo con el sufragio universal de todos los ciudadanos, incluyendo el de las
mujeres, se puede alcanzar la expresión real de voluntad social. Con ello llega a la conclusión,
que la práctica del sufragio universal es una función cada vez más necesaria para la vida normal
68Esto puede observarse en la definición de socialismo realizada por Juan B. Justo “el socialismo es la
lucha en defensa y para la elevación del pueblo trabajador, que guiado por la ciencia, tiende a realizar una
libre e inteligente sociedad humana, basada sobre la propiedad colectiva de los medios de
producción”Justo, Juan B. “el socialismo”, Socialismo, La Vanguardia, 1920. p. 98
69Justo, Juan, Teoría y práctica de la historia, Ed. Libera, Buenos Aires, 1969, p. 221.
70A la par de su acción política, también se estableció la acción económica del socialismo. Como son la
organización de gremios obreros y fundamentalmente la cooperación libre, fundamentalmente a partir de los
ejemplos de cooperativas de consumo. Sin embargo, este campo de acción fue pensado de manera
autónoma del partido, produciendo que este integrada a la construcción del socialismo futuro, pero separada
de la acción política.
de los pueblos71.
A su vez este planteó se entrelaza en el contexto predominante del discurso biologicista de
principios de siglo XX. De esta manera, el sufragio universal es entendido como un órgano dentro
del cuerpo que conforma la sociedad. Y su corrupción, manifestado en el fraude, es entendido
como un elemento corrosivo.
Siguiendo a Justo, la libertad no es completa en el conjunto del pueblo sino se alcanza la
efectiva práctica de la democracia representativa. Otorgando el derecho de voto general, igual,
secreto y directo en las elecciones para todos los cargos de gobierno y de la administración
pública, general y local, junto con la práctica de legislación directa mediante, referéndum y la
iniciativa popular, facilitando la naturalización de los extranjeros, estableciendo la representación
proporcional de los partidos, dando a las mujeres el derecho de sufragio, es que el pueblo
aumenta su poder político virtual72. Esta definición de poder político virtual se sostiene en la
creencia que el ejercicio de la democracia está protagonizada por los representantes.
Justo entendió que la representación política sólo se perfeccionara cuando la clase trabajadora
se organice mediante el partido obrero. Una vez llevado adelante este pasó, se crearan diputados
de profesión. Para Justo, son “hombres hechos por el estudio y la experiencia para la acción
parlamentaria, en la cual alcanzarán un grado de eficiencia bien superior a la de los
representantes aficionados y de ocasión que elige la burguesía” 73. Bajo esta concepción, define
que los representantes de la clase trabajadora son mejores porque mantienen un contacto mayor
con sus representantes. Este contacto continuo les permite expresar las ideas de sus
representantes en el parlamento. Esta subordinación virtual, esta matizada con la aceptación que
el representante actúa con voluntad propia, y no bajo mandato imperativo. De esta manera, Justo
estableció para el socialismo argentino que el canal de comunicación entre representantes y
representados es el partido político, por medio de los debates internos74.
Sin embargo, en el socialismo existieron tensiones que pusieron en cuestión esta concepción
dual de la democracia.
Un ejemplo de ello, fue cuando el socialismo argentino se conformó como partido político. El
primer Congreso Ordinario del PS, en junio de 1896, el mismo se dividió en dos posturas. Una
radicalizada, que contaba con las jóvenes figuras de José Ingenieros y Leopoldo Lugones, y otra
más moderada que tenía a Juan B. Justo como líder indiscutible. De la disputa, la fracción
radicalizada obtiene la victoria aprobando en los estatutos del nuevo partido; la expulsión por
realización de alianza política con sectores burgueses, los mandatos imperativos de los diputados
electos firmando su renuncia en blanco junto con la entrega de la dieta a la Caja del Partido. A la
vez que se postula la posibilidad a favor del uso de la violencia como método de lucha en el
penúltimo párrafo de Declaración de Principio75. Justo, en oposición a esta medida, decide no
formar parte de ningún cargo directivo en esta oportunidad.
Al pasar dos años, tras el inició del paulatino alejamiento de la vida orgánica de José
Ingenieros, en el Segundo Congreso Ordinario se eliminó el mando imperativo de los
parlamentarios electos, como así también reduce a un cincuenta por ciento la obligación de
entregar la dieta al partido. También se suprimió el párrafo respecto a la toma del poder por medio
de la violencia. La victoria de estas concepciones determinó que la acción política oficial del

71Justo, Juan, Teoría y práctica… Op. cit. 458.


72Ibídem, p. 480.
73Ibídem, p. 472.
74Ibídem, p. 473.
75Camarero, Hernán y Herrera Carlos M, “El Partido Socialista en Argentina: nudos históricos y
perspectivas historiográficas”, en H. Camarero y C. M. Herrera (eds.), El Partido Socialista en Argentina.
Sociedad, política e ideas a través de un siglo, Prometeo Libros, Buenos Aires, 2005., p. 12.
socialismo argentino se enmarcará dentro de una democracia representativa.
El discurso socialista que defendía la acción política por medio de la presentación a elecciones,
sufrió un impacto con la aprobación de la Ley Sáenz Peña. Según Ricardo Martínez Mazzola, la
recepción de esta reforma fue escéptica, rechazando la exigencia del voto obligatorio 76. Sin
embargo, con el éxito electoral, no sólo hay una rápida reevaluación positiva de la reforma
electoral, sino que también se buscó a aggiornar al partido para obtener nuevos éxitos electorales.
Es por ello que los socialistas “tendieron a interpelar menos al proletariado y más a un "pueblo" de
carácter más indefinido”77. De este modo, también se tensionaba la concepción dual de
democracia por parte del socialismo.
La concepción dual de democracia se fortaleció dentro del socialismo tras la crisis bélica que
se había detonado en Europa y por la Revolución Rusa. En este contexto, Agusto Bunge escribe
el folletín de 1919 de Democracia burguesa y democracia obrera.
Esta obra se focalizó en la condición económica de la democracia 78. En este ensayo, Bunge
estableció que ningún cambio radical jamás sucederá dentro del capitalismo. En este sentido, la
democracia, entendida como libertad de definición y anteposición de relación de dominación, no
será total hasta que no se alcance la democracia económica 79. Esto quiero decir que entiende la
democracia existente como distribución de los derechos políticos, pero resta la distribución
económica. Para Bunge, los hombres no son libres si existen algunos privilegiados que disfrutan
de su tiempo libre, mientras otras trabajan para mantener a los primeros.
Es por eso que Bunge enfatizó la necesidad de la sociabilización de los medios de producción,
acentuado la democracia económica frente a la política. En este sentido, dentro del capitalismo el
pueblo es soberano, pero quien gobierna es el dinero, y a la par de ello hay una correspondencia
entre la concentración y centralización del capital y la concentración del gobierno en el poder
ejecutivo en una sociedad. Bunge sostiene, entonces, “es el ejecutivo y no el parlamento el agente
más adecuado de la voluntad del emperador del Capital”80. Este proceso se manifestó en la
delegación del poder parlamentario al ejecutivo, el cual ha concentrado el manejo del ejército, la
maquinaria burocrática y las relaciones exteriores. En este trabajo nuevamente, observamos una
correlación entre monarquía y ejecutivo.
En este texto destacamos la diferenciación que realiza entre la etapa liberal del capital con la
imperialista. La primera se corresponde con un régimen económico individualista, pequeño

76Martínez Mazzola, Ricardo, “¿Males pasajeros? El Partido socialista frente a las consecuencias de la Ley
Sáenz Peña”, Revista Archivos de historia del movimiento obrero y la izquierda. año III, Nº6, 2015, p 58.
77Ibídem, p. 64. Además del cambio del discurso socialista, sostiene Martínez Mazzola, la ley Sáenz Peña
también impactó en la vida interna del PS. Según el autor al colocar al PS en una posición más relevante
dentro del sistema político, y al darle una representación parlamentaria relevante, obligó a los socialistas a
tomar un papel activo en cuestiones que podían dividir a las propias filas, e incluso a los miembros del grupo
parlamentario. Junto con ello, el crecimiento electoral también auspició un crecimiento del partido trayendo
como consecuencia la necesidad de centralizar la dirección del partido.
78La producción de este folleto está dado tanto por el contexto general como personal del autor. Este se
articula con la crisis de marco de referencia producidas con el estallido de la Guerra Mundial, el cual puso
en manifiesto que la humanidad no se conducía de manera lineal hacía el progreso. A ello se le suma la
revolución rusa, en dónde se acentúa la acción voluntaria en el advenimiento del socialismo. Por su parte,
Bunge, de orígenes alemán, había mantenido disputas con las opciones de aliadófilas del sector de Justo
(Ver Poy, Lucas, “Juan B. Justo y el socialismo argentino ante la Primera Guerra Mundial (1909-1915)”, en
Política y cultura, 2014, n.42, pp. 155-181.). Más tarde Bunge, formaría parte del grupo de dirigentes que
dividió en 1927, formando el Partido Socialista Independiente.
79Bunge, Agusto, Democracia burguesa y democracia obrera, Agencia Sud-Americana de libros, Bs. As.,
1919, p. 7.
80Ibídem, p. 8.
burgués, donde la expresión de la voluntad popular es el parlamento. Pero cuando el capitalismo
llega a la fase de concentración (cartells y trust) no necesita de los parlamentos. Los capitales ven
en el parlamento una pesada maquinaria de control, que requiere de muchos gastos en fondos
electorales, para hacer elegir a un número de suficientes de hombres de confianza, y que tiende a
fallar en consecuencia.
La pregunta de Bunge es entonces: “¿Cómo restablecer en los hechos el principio
representativo de toda democracia? ¿Cómo podría recuperar el parlamento sus atributos
esenciales como órgano de la soberanía política general, sin desmedro de las funciones colectivas
cada día más vastas que el progreso económico y social encomienda al Estado? ¿Cómo
emancipar al cuerpo político de la dictadura de la clase capitalista, basando la democracia política
en la democracia económica, sin la cual ella se convierte en una forma vacía?” 81 En esta última
pregunta debemos detenernos. Observar la asimilación entre democracia política con democracia
burguesa, arraigada en los principios establecidos en la revolución francesa y democracia
económica con democracia obrera.
La definición dual de democracia dentro del socialismo se expande en este escrito de Bunge.
El parlamento, queda restringido a una expresión política, siendo necesario pensar en una
organización diferenciada para la democracia económica. Influenciado por la revolución rusa,
sostiene el establecimiento de consejos de producción. Encargados del control directo de cada
rama industrial en donde la determinación de los problemas económicos de qué y cómo producir
incluya la participación obrera82. Estos consejos funcionaban como parlamentos, cada uno de ellos
diferenciados por tipo de producción, y en los mismos el poder funcionaba por medio de los
representantes elegidos por el voto de sus miembros. Es decir por medio de una democracia
representativa en pequeña escala. De esta manera Bunge habla de una soberanía económica,
que se empalma con el sistema constitucional político 83. La cuestión fundamental para Bunge es la
libertad de decidir el gobierno propio. Aquí, nuevamente está de acuerdo que no es libre quien es
dominado. Por eso se propone desde el socialismo una efectiva participación en la definición de la
producción y el consumo, a la par de las decisiones de la conformación de los gobiernos.
Supremacía de la perspectiva política en el concepto democracia del PS tras la crisis de
1930
El golpe de Estado de 1930 avanzó sobre la creencia de la ineficacia de la democracia. Un
ejecutivo acusado de acometer arbitrariedades sin resolver problemas, junto con un parlamento
virtualmente congelado, donde la multiplicidad de voces era señalada como una obstáculo para
llevar adelante reformas legislativas84. Este retratamiento de la democracia, y las proyecciones del
gobierno de Uriburu, fortalecieron la defensa de la democracia en el socialismo. Pero ya no en su
doble perspectiva, política y económica, sino que su estrategia se focalizó en la recuperación de la
democracia como forma de gobierno que tiene como base la elección por parte del pueblo de sus
representantes.
Así la impugnación inmediata al golpe militar, no fue precisamente a la destitución de la Unión
Cívica Radical del ejecutivo, al cual consideraba un gobierno que había corrompido el concepto de
democracia, sino en que el gobierno dictatorial no tenía legitimación emanada del sufragio
universal. Al no existir un traspaso del ejercicio de la soberanía, consideran al gobierno de Uriburu,
un gobierno de hecho y por lo tanto ilegal. Su acción a partir de entonces fue el reclamo de la
restitución de la democracia representativa, “para la defensa de la integridad moral y del

81Ibídem, p 10.
82Ibídem, p 34.
83Ibídem, p 42.
84Halperín Donghi, Tulio, Vida y muerte de la República Verdadera, Emecé Editorial, el, Bs. As. 2007, p.
183.
patrimonio liberal de la Nación Argentina”85.
En este contexto, el dirigente Mario Bravo increpó al grupo de militantes socialistas que
celebraron el golpe a Yrigoyen. En la conferencia “El Partido Socialista y la revolución”, dada el 21
de noviembre de 1930 en un centro socialista de Capital Federal, afirmó que el PS no debía
sumarse al golpe ni festejarlo. El poeta e intelectual socialista definió al golpe como la revolución
de ellos, siendo “ellos” las fuerzas conservadoras, quienes han destruido la legalidad, la autoridad
constituida, la constitución misma. También incluyó dentro de estas fuerza conservadoras al
radicalismo86.
Ese ellos, anula la condición de evolución de la revolución, que pasa a ser entendida en este
caso, como sólo una reformulación por la fuerza del orden político. Este contexto es denominado
por Bravo como Estado de revolución, en contraposición al Estado de legalidad87. Bajo rasgos
higienistas, este último es considerado como el normal. En el Estado de legalidad lo que impera
es la obediencia a la ley, por ello la constitución se establece indiscutiblemente en la base de la
organización social. La sociedad está defendida por la ley y la fuerza está al servicio de la ley. Por
ello, en el Estado de legalidad, los cambios sólo pueden ser suscitados por la acción de sus
propios instrumentos legales y por el camino de las normas legales 88. Bajo este supuesto, cuando
el cambio que se sucede esta fuera de estado “normal”, la sociedad entra en riesgo de
enfermarse, y la par de un cuerpo enfermo puede morir.
Frente a estos dos tipos de estado de sociedad, estableció una dicotomía antagónica basada
en la libertad de las personas. En el Estado de revolución, “el arbitrio individual, queda a merced
de la fuerza, se hace lo que la fuerza impone o permite” 89. En cambio en el Estado de legalidad, el
sujeto político es definido como el habitante, sin distinción de clase, que puede hacer o no hacer
según los derechos y obligaciones que establece la ley. En este sentido, la libertad es entendida
por este dirigente socialista desde sy aspecto estrictamente político.
Bajo este contexto, Bravo propuso que el PS luche por la restitución del Estado de legalidad, y
que penetre en los cuerpos representativos para modificar la constitución, para establecer una
democracia más duradera que la anterior experiencia. Este tipo de democracia, ahora llamada
democracia social, es la que permite el progreso del pueblo llevando adelante reformas que
medique o preparé la modificación de la estructura social 90. Este tipo de apelación, no tiene un
desarrollo profundo, pero la vincularíamos ante un cambio de las estructuras sociales del
capitalismo. Sin embargo, queda claro que que dentro del socialismo argentino no se cuestiona
que la ley es el garante de la libertad y su modificación solo puede ser realizada por los
representantes. Los representantes, sin embargo no actúan con total libertad, ya que deben actuar
según lo enunciado en el programa mínimo del partido. Entonces, se continua con la ambigüedad
de la preferencia del mando libre propiciada por Justo en los orígenes del partido, con la limitación
de acción de lo establecido por sus propias leyes internas. El socialismo nuevamente es el reflejo
de la sociedad que idealiza, con sus posibilidades y tensiones.
En otra conferencia Bravo centro las críticas al proyecto corporativista de Uriburu. La misma se
85Ver manifiesto del Partido Socialista ante el golpe militar del 6 de septiembre de 1930, con fecha del 11 de
septiembre de 1930, escrito por Mario Bravo y firmado Nicolás Repetto, Silvio L. Ruggieri, Manuel Palacín,
Enrique Dickmann, Ángel M. Giménez, Jacinto Oddone, Francisco Pérez Leirós, Alejandro Castiñeiras, J.
DellaLatta, Adolfo Dickmann, todos miembros del Comité Ejecutivo Nacional del PS, máxima autoridad del
partido por entonces. Extraído de Bravo, Mario, La revolución de ellos, Ed. La Vanguardia, Bs. As., 1932,
86Bravo, Mario, “El Partido Socialista y la revolución”, La revolución de ellos, Ed. La Vanguardia, Bs. As.,
1932,p. 11.
87Ibidem, p. 13.
88Ibidem, p. 12.
89Ibidem, p. 14.
90Ibidem, p. 16.
efectuó una semana después, en el centro Socialista de la sección 19º de Capital Federal, bajo el
título Las bases morales de la revolución. En esta oportunidad el sujeto a quien está dirigido el
discurso es el ciudadano. En la conferencia, Bravo rechazó la eliminación de los partidos políticos
y de cualquier tipo de calificación del voto según actividades o económicos, su función social, su
categoría o jerarquía91. El proyecto corporativista, también fue criticado por ser una oposición al
parlamento representativo. Este tiene la singularidad, que al estar conformado por integrantes de
partidos políticos posee una condición autónoma del poder ejecutivo. Mientras que una reforma
que elimine la existencia de los partidos es vista como un intento de acallar la oposición
incorporando adeptos para apoyar las medidas del nuevo gobierno92.
En oposición al proyecto corporativista, el socialismo argentino focalizó sus argumentos de
crítica en la que legitimidad proviene sólo del respeto de la Constitución y en la formulación de una
tradición de la democracia representativa de la nación argentina. Esta construcción histórica tomó
como hito fundador la ley de sufragio universal de 1821 de la provincia de Buenos Aires, como un
hecho que demuestra la condición de adelanto de la nación, articulando con una idea de progreso.
El otro gran momento fue la sanción del sufragio universal masculino, secreto y obligatorio de
Sáenz Peña. Esta ley que los socialistas consideran fundamental para el “normal” funcionamiento
de la sociedad, también debe de reformarse para alcanzar una mayor perfección. Esta nueva
etapa de la democracia representativa se alcanzaría incorporando al sufragio universal el voto
femenino, la posibilidad de presentar iniciativas parlamentarias por el pueblo, el ejercicio de
referéndum y la condición de revocar los mandatos de los representantes93.
Junto con la construcción de la tradición histórica de la democracia argentina, en la década del
30 el Partido Socialista se focalizó en la defensa del orden jurídico preexistente al golpe de 1930 94.
Así Bravo, en la conferencia El Partido Socialista y la Constitución del 6 de diciembre de 1930,
expuso que el PS defenderá la Constitución amenazada, porque sólo “al amparo de ella se ha
elaborado y se elaborará la grandeza de la Nación. Recordemos los esfuerzos que ha
demandado, a través de nuestra historia, la carta fundamental. Sirvió para extirpar la guerra civil y
destruir el desierto. Hoy mismo es por la amplitud de sus enunciados, imbuidos de idealismo y de
espíritu liberal, un gran instrumento para la acción social” 95. Entre los beneficios se destacan
principios liberales y progreso económico como el aumento de la población, la apertura de la
navegabilidad de los ríos, creación y expansión de los puertos, multiplicación de los ferrocarriles, y
crecimiento agropecuario en la llanura.
Para Bravo, la Constitución es un instrumento de acción. Bajo el dominio de la dictadura de
Uriburu, la “vieja” constituciónes idealizada. “ennoblecida por el esfuerzo de las generaciones más
ilustres de la Nación se ha consolidado la paz interior, se ha legislado para los contemporáneos y
para la posteridad, se ha asegurado el beneficio de la libertad y la conquista del derecho para

91Bravo, Mario, “Las bases morales de la revolución”, La revolución de ellos, Ed. La Vanguardia, Bs. As.,
1932,p. 34.
92Esta última crítica fue realizada por Mario Bravo, en la primera sesión preparatoria del Senado la Nación.
El 20 de enero de 1932, en donde repudiaron la intensión que la aprobación de los diplomas de senadores
fuera hecha porla dictadura de Uriburu, y no por el propia cámara. Ver,Bravo, Mario, “El congreso y la
dictadura”, La revolución de ellos, Ed. La Vanguardia, Bs. As., 1932, p. 100.
93Bravo, Mario, “El pasado, el presente y el porvenir de la política argentina”, La revolución de ellos, Ed. La
Vanguardia, Bs. As., 1932,p100.
94Esta construcción histórica evolutiva de la democracia argentina también la podemos observar en otro
texto de la década del treinta. En Democracia, Sufragio y Socialismo (1935) de Julio V. González, donde
empalma la democracia con el avance de la sociedad. Para Justo el sufragio es el barómetro que marca la
temperatura moral de un país. Si baja hay retroceso, si sube hay progreso (p. 18).
95Bravo, Mario, “El Partido Socialista y la Constitución”, La revolución de ellos, Ed. La Vanguardia, Bs. As.,
1932,p. 72.
todos los hombres del mundo; se ha levantado la escuela y se han abierto las primeras sendas
para la democracia”96. A ser considerada la constitución una herramienta, desvanece toda
condición moral y política intrínseca. Sus resultados se califican según quienes las utilizan, es
decir, el buen o mal gobierno.
En esta conferencia Bravo apela a la defensa de la concepción de pueblo, gobierno,
representados y representantes proveniente de la Revolución Francesa. “El pueblo arma el brazo
de los gobernantes y fortifica la vida moral de las institución. Es la fuente de donde salen los
elementos morales y políticos que le representan y gobiernan por su propia voluntad. Toda
reformaconstitucional ha de comenzar por dar al pueblo todos los factores de su capacidad”97.
Basta observar esta continuidad en la definición de los elementos de la soberanía realizado por
Bravo:
 La soberanía del pueblo reside en el cuerpo electoral, compuesto por los hombres y las
mujeres de toda la Nación.
 La soberanía del pueblo se expresa mediante el sufragio igual, secreto y directo del cuerpo
electoral y por los derechos de referéndum, de iniciativa y de revocación.
 El Parlamento es el organismo representativo de la soberanía popular.
 Los partidos políticos son entidades de derecho político, representativas de las opiniones
del pueblo.

En el contexto de crisis constitucional y del consenso liberal en Argentina 98, el Partido Socialista
articuló decididamente su acción política en conceptos liberales, pero con forma socialista. De
esta amalgama, Bravo acuña la proclama “todo el poder al congreso” y enunció un programa de
acción en donde el poder legislativo se constituyese en la principal manifestación del gobierno:
 Que el Congreso es a la vez de cuerpo legislativo, cuerpo constituyente. Proclama la
necesidad de la reforma de la Constitución y la realiza.
 Que el Congreso es el cuerpo electoral del Presidente de la República y tiene derecho a
remover a los ministros del Presidente.
 Que el Congreso elige a los miembros de la Suprema Corte, y se reserva el derecho de
aceptar o rechazar, con fuerza definitiva, la declaración de inconstitucionalidad de las leyes
pronunciada por la Suprema Corte.
 Que las sanciones del Congreso pueden ser indicadas e impuestas por el pueblo,
mediante el derecho de iniciativa; pueden ser aceptadas o rechazadas por el pueblo mediante el
derecho de referéndum; y los miembros del Congreso pueden ser removidos de su
representación, en cualquier tiempo, por el cuerpo electoral, en caso de mal desempeño de sus
funciones, mediante el derecho de revocación.

En este último punto, se revisa la concepción de mandato libre de los representantes, se


introduce un límite de su acción como representantes al establecer la posibilidad de plebiscito de
su cargo. Además, de ello se desprende que prefiera el poder legislativo que al ejecutivo. En este
sentido, es necesario recordar que el socialismo argentino muchas veces asimiló el poder
ejecutivo con un monarca, debido a la concentración de facultades en una persona. En cambio, el

96Ibidem, p. 73.
97Ibidem, pp. 76-77.
98HalperínDonghi, Tulio, Vida y muerte…Op. Cit. p. 260.
parlamento al ser considerado un cuerpo colectivo, permite anular, o al menos restringir, el
capricho personal de los representantes.
Siguiendo esta línea de acción, Bravo manifestó la necesidad de reglamentar a los principales
instrumentos representativos de la opinión pública, los partidos políticos. Para ello propone que los
partidos tenga un plan de fines concretos y definición de medios de cómo alcanzarlos; que la vida
interna de los partidos replique el principio de sufragio universal, es decir que los candidatos sean
elegidos por los afiliados mediante el voto igual, directo y secreto; que se publiquen el origen de
los recursos utilizados por los partidos; y que se prohíba realizar campaña si se prometen dádivas
individuales99.
Como hemos visto, la crisis de 1930 propició un alejamiento de la perspectiva económica en la
concepción de democracia dentro del socialismo argentino. Lo prioritario fue entonces, la defensa
por la restitución de un gobierno electo y el restablecimiento de la legalidad de las instituciones
políticas y administrativas. Con ello, se produjo la desaparición de la figura trabajador como sujeto
de apelación y receptor del discurso socialista, reemplazado ahora por figuras más amplias, pero
a su vez menos definidas, como pueblo, ciudadano o habitante. En este contexto, la concepción
dual de democracia del socialismo fue reemplazada por una dimensión unilineal de este concepto.
La concepción de la política y lo político dentro socialismo quedó reducido a la concepción liberal
proveniente de la revolución francesa.

Consideraciones finales
En este trabajo intente desplegar el significado de diferentes conceptos políticos que encierra la
concepción de democracia en los orígenes del socialismo argentino, desde su fundación hasta la
crisis de 1930. Con ello se puede observar que el concepto de democracia en los orígenes del
socialismo argentino fue interpretada como un sistema de libre elección de los gobiernos por
medio del sufragio universal. Pero la libertad de decisión es incompleta cuando persisten
relaciones de dominación en otras esferas de la vida de los hombres. Más específicamente en las
relaciones económicas, que definen qué y cómo se producen los bienes de una sociedad.
Por eso democracia en los orígenes del socialismo argentino tuvo una perspectiva dual.
Democracia era la unidad de la democracia política y la económica. Es una síntesis, la suma de
dos partes, sin la cual una no existe sin la otra. Esta doble significación fue enunciada bajo la
amalgama de los conceptos de la tradición moderna, inaugurada con la revolución francesa, y lo
conceptos de la tradición socialista. En este sentido, el pueblo no será libre políticamente si no es
libre económicamente. Por ello es que asimilan la figura de tirano a la del burgués, como la de los
gobiernos burgueses con tiranías o monarquías y finalmente la lucha del socialismo contra el
capitalismo como la lucha entre este último sistema y el feudalismo.
Con las victorias electorales continuas desde 1912 el campo de acción del Partido Socialista
fue acentuándose efectivamente en la lucha electoral. Luego con la crisis de 1930 se centraron en
la defensa sistema electoral como forma legítima de gobierno. Esta experiencia, fue derivando en
un abandono progresivo de la concepción dual de democracia.

99Bravo, Mario, “El Partido Socialista y la Constitución… Op. Cit. p. 79.


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 Ronsavallon, Pierre, Por un concepto de lo político, Lección inaugural en el Collége de
France, FCE, Bs. As., 2003.

“MODERNIZACIÓN, SOCIABILIDAD DISTINGUIDA Y POLÍTICA EN LA SANTA FE


DE ENTRESIGLOS (1890-1912): UNA APORXIMACION DESDE AL ANALISIS
HISOTRIOGRÁFICO”.

Nicolás Benassi
Facultad de Humanidades y Ciencias, UNL.
nicobenassi087@hotmail.com

Área temática: Historia política.

Resumen:
Durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX la Argentina
sobrelleva una transformación estructural definida como modernización, cuyos rasgos más
emblemáticos fueron, entre otros, la incorporación definitiva de la región a la economía capitalista,
el crecimiento demográfico, la inmigración extranjera sistemática, la estabilización del orden
político, y la urbanización. Sin embargo, la modernización no llegó a todos los rincones del país,
sino que tuvo como escenario privilegiado a la región del litoral argentino, la cual a través de la
producción de ciertas materias primas pudo insertarse mejor que otras regiones en el mercado
mundial.
La investigación en curso tiene como eje central el análisis de las repercusiones que el
proceso modernizador tuvo sobre la alta sociabilidad de la ciudad de Santa Fe en el periodo
1890-1912, atendiendo especialmente a la relación entre esta y la política. A efectos del carácter
incipiente de la investigación, esta ponencia se tratará solamente de un acercamiento al objeto de
estudio, presentando una mirada “crítica” sobre su tratamiento historiográfico y, en base a ello, una
alternativa para abordarlo.

Trabajo preparado para su presentación en el XIII Congreso Nacional y VI Congreso Internacional


sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de
la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 10 al 13 de septiembre de 2018.

Introducción al objeto de estudio


Durante las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del siglo XX la Argentina sobrelleva una
transformación estructural definida como modernización, cuyos rasgos más emblemáticos fueron,
entre otros, la incorporación definitiva de la región a la economía capitalista, el crecimiento
demográfico, la inmigración extranjera sistemática, la estabilización del orden político, y la
urbanización. Sin embargo, la modernización no llegó a todos los rincones del país, sino que tuvo
como escenario privilegiado a la región del litoral argentino, la cual a través de la producción de
ciertas materias primas pudo insertarse mejor que otras regiones en el mercado mundial.
Si bien se trató de un fenómeno que abarcó a todas las ciudades de la pampa argentina, lo cierto es
que, a diferencia de lo que pasa con la ciudad de Buenos Aires, no abundan estudios que aborden el
fenómeno en ciudades del interior (de mediano tamaño) como es el caso de la ciudad de Santa Fe.
En ese sentido, la investigación en curso, en el marco de las becas EVC (Estímulo a las vocaciones
científicas) del Consejo Interuniversitario Nacional, tiene como eje central el análisis de las
repercusiones que el proceso modernizador tuvo sobre la alta sociabilidad de la ciudad de Santa Fe
en el periodo 1890-1912, atendiendo especialmente a la relación entre esta y la política. A efectos
del carácter incipiente de la investigación, esta ponencia se tratará solamente de un acercamiento al
objeto de estudio, presentando una mirada “crítica” sobre su tratamiento historiográfico y, en base a
ello, una alternativa para abordarlo.
En primer lugar, es preciso señalar que el disparador de la presente investigación, que, por otra
parte, se constituirá en el aporte innovador sobre el objeto de estudio, es el extenso trabajo de
Leandro Losada sobre las elites argentinas, particularmente las radicadas en la ciudad de Buenos
Aires. De modo que, con la finalidad de precisar el objetivo de la investigación en curso, se
desarrollará brevemente el análisis de Losada con respecto a las transformaciones que el proceso
modernizador tuvo sobre los sectores altos porteños. A su vez, se mencionarán algunos de los
conceptos y la metodología empleados por el autor, considerados pertinentes a la hora de analizar el
caso de la ciudad de Santa Fe.
En su artículo denominado “¿Oligarquía o elites? Estructura y composición de las clases altas de la
ciudad de Buenos Aires entre 1880 y 1930” Losada (2007) analiza los cambios que la
modernización impone sobre la estructura y la composición de los sectores altos porteños de ese
periodo. Parte del supuesto de que en la historiografía argentina han coexistido dos imágenes o
visiones sobre los efectos de la modernización: mientras que por un lado se señalan las
transformaciones estructurales de la sociedad argentina, entendiendo a las mismas como
características distintivas de la transición de una sociedad tradicional a una sociedad de masas 100,
por otro lado se ha caracterizado a los sectores altos del periodo como “un reducido y homogéneo
círculo social que durante gran parte de este arco temporal controló las riendas de la política y la
economía y coincidió a su vez preponderantemente con las familias tradicionales de la sociedad”
(pág. 43). Según el autor, es representativo de dicha caracterización la idea de dominación de una
oligarquía indiferenciada en su composición101.
Losada afirma que estas caracterizaciones tradicionales de los sectores dominantes asumen una
serie de presupuestos de distinta índole. En primer lugar, consideran que el poder económico
(asociado a la posesión de grandes propiedades de la tierra en la pampa húmeda), y el poder político
(entendido como el control del Estado) son “recíprocamente necesarios y están indisolublemente
unidos en manos de un único sector social” (pág. 44). Se plantea entonces un escaso reconocimiento
a la autonomía de lo político y, a su vez, un carácter parasitario de los mecanismos por los cuales se
construye una posición gravitante en la economía. De esta manera, es el control del Estado, y no el
del mercado, el que favorece la construcción de la riqueza y del poder económico a través del
dominio de las grandes propiedades agropecuarias. En otras palabras, se presupone que el poder
político es un agente al servicio de los intereses de la clase económicamente dominante, sin el cual
esta nunca habría podido construir una posición de poder en la economía.
En segundo lugar, estas caracterizaciones asocian función y posición en la sociedad, o, en un
sentido más amplio, poder, riqueza y prestigio. De modo que la dominación social, que es ejercida a
través del ejercicio de la política o de la capacidad de influencia que otorga la riqueza, está en
manos de la clase alta de la sociedad, en referencia a “aquellos que, sobre su posición objetiva,
gozan de un plus adicional: cierta distinción social no solo ante la sociedad en general sino también
en el universo más definido de las elites porteñas” (Losada, 2007; pág. 44).
En tercer lugar, y en estrecha relación a este último punto, está la idea de que no se registrarían en el
pináculo de la sociedad los efectos del proceso de la modernización. En ese sentido, fenómenos
tales como la diversificación y la autonomización de las distintas dimensiones sociales, así como la

100Sobre esta visión Losada hace referencia al trabajo de Gino Germani, denominado “Política y sociedad en una
época de transición: De la sociedad tradicional a la sociedad de masas”, el cual considera pionero en la reflexión sobre
los problemas de la modernización en el caso argentino.
101Según Losada, esta caracterización se encuentra generalizada en textos emblemáticos de la corriente revisionista
crítica de los años cincuenta y sesenta de la historia argentina.
recomposición social resultado del impacto de la inmigración y de la movilidad social, no habrían
producido modificaciones sustanciales en los sectores altos de la sociedad porteña de aquella época.
Siguiendo estos presupuestos, el autor asegura que nos encontraríamos entonces ante la presencia de
una estática, homogénea y polifuncional clase dominante y no, por el contrario, una pluralidad de
elites resultado de dichos fenómenos.
Losada sostiene que la renovación historiográfica que comenzó a desarrollarse en el país desde la
década de 1960 refutó en gran medida esta mirada tradicional a través de un estudio más completo
sobre los grupos políticos, sociales, económicos e intelectuales gravitantes102. Dentro de los aportes
de esta renovación, destaca la utilización del concepto de elite, el cual considera que tiene una
potencialidad significativa. Según el autor, la pluralidad de connotaciones con que fue vertido desde
la llamada teoría de las elites permiten emplearlo de varias maneras. Por un lado, se puede aplicar a
una minoría selecta que conduce a la sociedad (es decir, una elite social en un sentido amplio,
polifuncional o multi-implantada), lo cual supone una concepción de la estratificación social
cercana al modelo de las sociedades tradicionales, donde una minoría se contrapone a una vasta
mayoría indiferenciada. Y, por otro lado, el término también puede utilizarse para referirse a los
círculos sociales en posiciones de superioridad en las distintas dimensiones de la sociedad (por
ejemplo: elite política, elite social, elite económica, etc). Losada entiende que este último ha sido
utilizado por distintas corrientes de investigación para “captar la pluralidad y complejidad de las
altas esferas de la sociedad y pensar los matices que recubren a las relaciones entre posición social y
dominación social” (pág. 47)Pero, más allá de estos aportes, Losada afirma que no abundan los
trabajos que se enfoquen en indagar la composición y la estructura de los sectores altos de
Argentina en el paso del siglo XIX al XX.
Cubrir esa vacancia es precisamente el propósito de su trabajo, y es aquí donde reside su carácter
de novedad e importancia para el tema de la presente investigación. Losada se encarga de abordar la
estructura y composición de los sectores altos centrándose particularmente en el impacto que
tuvieron sobre estos las transformaciones sociales, económicas y políticas que conforman el proceso
modernizador en el periodo 1880-1930. El principal interrogante, guía del análisis del autor, es el
siguiente: ante los efectos de la modernización, ¿nos encontramos ante una única e indivisa elite,
multi-implantada en las distintas esferas de la sociedad, o, por el contrario, se delinea un panorama
más variado, donde existen elites específicas que se corresponden con cada una de las dimensiones
sociales? La hipótesis de Losada va en esta segunda línea: resultado de la modernización -y todos
los fenómenos que ella implica- existen en Buenos Aires diferentes elites específicas que se
corresponden a las esferas social, económica, política y cultural.
Para responder a esta pregunta el autor realiza un trabajo prosopográfico estructurado sobre un
conjunto de variables que considera significativas para ocupar una posición de gravitación: poder
político, riqueza, prestigio social, saber (o capital cultural) y orígenes familiares. El análisis es

102Losada señala a modo de ejemplo los aportes de Botana, Hora, Sábato y Halperín Donghi. Con respecto al primero,
afirma que su concepto de oligarquía ha servido para revisar la visión tradicional, ya que se trata de “una clase política
con resortes propios de poder, (…) que no se confunde estrictamente con la elite económico-social en un sentido más
amplio ni se extiende para definir las características de un grupo social” (Losada, 2007; pág. 45). En el caso de Hora y
Sábato, los aportes residirían -a pesar de formular caracterizaciones contrapuestas- en destacar la racionalidad
económica de los sectores económicamente dominantes, así como circunscribir sus caracterizaciones en una dimensión
estrictamente económica. Por último, en el caso de Halperin, en sus reflexiones sobre las relaciones que vincularon a los
círculos gravitantes de la economía, la política y las ideas, su contribución sería la de hablar de elites y no de una única
e indivisa elite.
ejecutado sobre una muestra aleatoria sistemática de poco más de 300 individuos, distribuida en tres
cortes temporales (1885, 1905 y 1925). Estos individuos cayeron en al menos uno de los siguientes
grupos: políticos, directivos de corporaciones económicas, directivos de clubes sociales y
profesores universitarios. El objetivo que el autor persigue con esta reconstrucción prosopográfica
“es averiguar hasta qué punto los participantes en cada esfera social (la política, la vida económica,
la sociabilidad distinguida y la vida universitaria) también participaron (o no) en aquellas otras
dimensiones distintas a las de su vía de ingreso a la muestra” (pág. 49). Además, también le sirve
para comparar a los participantes en cada esfera a estudiar en cuanto a sus orígenes familiares
(coloniales/inmigrantes, porteños/provinciales). Losada entiende que esta opción metodológica, que
significa un acercamiento a las altas capas sociales porteñas desde diferentes vías de acceso y un
análisis de su entrecruzamiento recíproco, permite “obtener evidencias significativas sobre el grado
de homogeneidad o heterogeneidad relativa en su composición y estructura, y su evolución a lo
largo del periodo”. A lo que agrega que “no sólo nos permitirá caracterizar el grado de unidad o
diversidad en los distintos campos, sino también obtener un panorama sobre la composición social
de cada uno de dichos sectores” (pág. 50)
Una vez planteado el trabajo disparador de la presente investigación, resulta más sencillo esclarecer
y especificar sus objetivos y problemáticas. El propósito general de la misma es analizar los efectos
que la modernización tuvo sobre la sociabilidad de los sectores altos santafesinos, atendiendo
particularmente a su relación con la política. Ahora bien, apropiándonos del bagaje
teórico-conceptual utilizado por Losada, surge un principal interrogante que nos permite precisar
ese objetivo: en la ciudad de Santa fe, ante el proceso modernizador, ¿podemos hablar de una
coincidencia entre los participantes de la alta sociabilidad o sociabilidad distinguida -en tanto
miembros de una elite social- y los detentadores del poder político -en tanto miembros de una elite
política, o, por el contrario, nos encontramos ante una situación de creciente divergencia entre
ambas esferas? Debido a especificidades del oficio, así como también al interés personal, la
investigación en curso focaliza en el caso del Club del Orden de la ciudad de Santa Fe, considerado
por la historiografía local como uno de los más representativos de la sociabilidad distinguida de la
ciudad. En ese sentido, se abre otro interrogante similar al recién mencionado: ante los efectos de la
modernización, ¿existe una correspondencia entre los miembros del Club del Orden y los
detentadores de cargos políticos en el periodo, o, por el contrario, se trata de ámbitos totalmente
separados? Si bien en esta ponencia no se responderá esta pregunta, se hará un repaso sobre como la
historiografía ha abordado al club y a su relación con la política, y se propondrá, en base a los
aportes de Losada, una nueva manera de abordar el tema.

Aproximación a una revisión historiográfica


La relación entre el Club del Orden y la política, si bien no ha sido investigada de manera
exhaustiva y sistemática -ni tampoco puesta en relación con los efectos que la modernización pudo
provocarle, ha sido tratada brevemente por la historiografía santafesina. Desde el estudio del
asociacionismo santafesino de fines del siglo XIX y principios del XX, María Laura Tornay y
Sandra Fernández hacen referencia al Club del Orden y mencionan algunos lineamientos para
comprender su relación con la política.
En su artículo “Una (temprana) sociedad en movimiento. Mutualistas, masones y otros públicos en
el ciclo asociativo de entresiglos, 1860-1930” Tornay (2017) estudia el surgimiento de asociaciones
durante la modernización, fenómeno que engloba bajo la denominación de ciclo asociativo. A su
vez, dentro de este ciclo, reconoce la existencia de diferentes fases asociativas donde dominan la
escena distintas modalidades de asociacionismo, y donde, por lo tanto, existen protagonismos
sociales variables por parte de sus miembros. Según la autora, estas fases asociativas estuvieron en
consonancia no solo con el proceso inmigratorio y los cambios económicos que afectaron a la
región, sino también con distintos momentos de conflictividad social. La primera fase de su
periodización103 corresponde con los años de unificación política, donde los clubes sociales y de
beneficencia dirigidos por miembros de la elite fueron espacios asociativos prácticamente
exclusivos en Santa Fe. La primera entidad de este tipo surgida en Santa Fe fue el Club del Orden,
que es caracterizado por Tornay de la siguiente manera:

El Club del Orden fue 104 fundado en febrero de 1853 para funcionar como espacio de encuentro
entre los congresales constituyentes de la Confederación. Emitió “votos de confraternidad” a clubes
semejantes de otras provincias, declarando honorarios a esos socios. A partir de allí, fue el intento
más acabado de aglutinar a los sectores burgueses santafesinos con la finalidad de recomponer
vínculos rotos en el pasado cercano a través de una sociabilidad de esparcimiento y ocio (…) (pág.
22)

Sobre la composición socio-profesional de los miembros del club dice:

Lo conformaron la mayoría de los propietarios de tierras, empresarios del negocio exportador y de


abastecimiento del mercado interno (de origen criollo o extranjero), inversores del ferrocarril,
grandes comerciantes implantados en la provincia y con negocios de alcance nacional e
internacional, abastecedores y contratistas del Estado provincial, funcionarios provinciales y
municipales de diversas jerarquías, profesionales y militares. Los nombres de sus más de 1300 socios
ingresados entre su fundación y 1920 dan cuenta de las actividades económicas, inserciones políticas
y estrategias de parentesco que dieron forma al club. (pág. 23)

Tornay sostiene que un análisis más exhaustivo de la composición socio-profesional del club, como
de cualquiera de las otras asociaciones, permite conjeturar que el cambio de ciclo asociativo,
además de modificar protagonismos sociales variables en el espacio público santafesino, también
tuvo lugar dentro del propio club, como así también dentro de las demás asociaciones, cambiando
las proporciones de los perfiles socioeconómicos de sus miembros. Siguiendo esa línea
argumentativa, sería interesante comprobar si el cambio hacia el segundo ciclo asociativo, que va
desde 1890 a 1910, y que está relacionado con el auge inmigratorio y, consecuentemente, con la

103De forma esquemática, Tornay describe las diferentes fases:


Clubes sociales y de beneficencia dirigidos por miembros de la elite como espacios asociativos prácticamente
exclusivos en Santa Fe en los años de la unificación política; asociaciones de extranjeros volcadas al socorro
mutuo que se sumaron masivamente a ese espacio entre 1890 y 1910 en el auge inmigratorio; logias masónicas
que lograron aparecer -y perdurar- junto a esa transformación demográfica de la ciudad y luego de la crisis del
régimen conservador en 1890; sociedades obreras y de artesanos que centraron su atención en la ayuda y
cooperación de sectores trabajadores urbanos desde 1900; sociedades patronales que siguieron los pasos de
aquellas para atender a los intereses de los propietarios de los establecimientos productivos y comerciales;
círculos católicos o sociedades católicas protectoras de la infancia y la mujer que crecieron en número y
accionar público desde inicios del nuevo siglo. (pág. 21)

104Las cursivas son nuestras.


creación de asociaciones de extranjeros, produce una modificación en el perfil de los miembros del
Club del Orden en cuanto a su participación en la esfera política.
Por su parte, en el tomo VII de “Nueva Historia de Santa Fe”, Sandra Fernández (2006), junto con
la participación de otras autoras, estudia la sociabilidad de la sociedad santafesina (a nivel
regional/provincial) en el periodo 1860-1930. La autora afirma que existen diversas formas de
sociabilidad, que van desde las más institucionalizadas, avaladas por el Estado, como corporaciones
o asociaciones civiles, hasta las informales, que involucran núcleos de relación más íntimos y
afectivos. Dentro de las primeras, y dentro del mundo de las elites (que es lo que aquí interesa),
señala la presencia en el espacio público de las grandes corporaciones, como ser la Bolsa de
Comercio y la Sociedad Rural, y de las asociaciones con una clara impronta de clase, como los
clubes sociales de elite.
Sobre estos últimos, Fernández sostiene que durante la segunda mitad del siglo XIX no existía
mucha diferencia entre sus intereses políticos y sociales, a pesar de que sus metas se encontraban
más cercanas a una finalidad social antes que política. En ese sentido, afirma que “el Club del
Orden representó como ninguno a la elite santafesina y sus vínculos con el poder político” (pág.
37). De manera general, esta afirmación es compartida por el historiador santafesino Felipe Cervera,
quién profundiza un poco más sobre el tema.
En uno de los apartados de su trabajo titulado “La modernidad en la ciudad de Santa Fe
1886-1930”, Cervera (2011) afirma que a fines del siglo XIX existía en la ciudad (y aún en la
provincia) una clase alta conformada por 20 familias tradicionales (más algunos cooptados), que
poseía de manera monopólica el poder económico, político, y la tierra. Esta definición, cuadraría
entonces con el concepto antes mencionado de una única elite polifuncional, conformada
mayoritariamente por familias tradicionales. Aunque Cervera considera que este selecto grupo de 20
familias estaba en el poder desde hace siglos 105, no deja de reconocer que, ante los efectos de la
modernización, debe realizar algunas concesiones, particularmente el ingreso de nuevas familias a
su círculo. Al respecto, dice que:

(…) más allá de premiar socialmente con esta cooptación a quienes sobresalían, se daba otra
circunstancia a tener en cuenta: el nivel de gastos se había incrementado sustancialmente en el pasaje
de la sociedad tradicional austera a la sociedad en tren de modernización, a la sociedad de la Bella
Época, fastuosa en sus manifestaciones sociales. Y muchas familias patricias, que en general vivían
exclusiva y vegetativamente de rentas agrarias (sin haber abierto otras fuentes dinámicas de ingreso a
través de actividades económicas o profesionales, ligadas a la nueva realidad social), se encontraban
con la necesidad de superar esa situación. Con esa cooptación, facilitada vía matrimonio, se
superaba, en muchos casos esa falencia. ¿Qué ofrecían, a cambio, esas familias? Ellas tenían
internalizado, como hecho “natural”, la categoría de ser “depositarias de la autenticidad social”; el
concepto de ser expresión precisa de “lo jerárquico”. Y ese era el capital que ofrecían: el “capital
social, en la categorización realizada por Pierre Bourdie. (pág. 116)

Entonces, según Cervera, este pequeño y selecto grupo de la capital provincial concentraba en sus
manos al poder político, el económico, y también al prestigio social. De este modo, la
modernización sólo implicaría el ingreso de familias no patricias, las cuales entrarían al grupo a
través de una especie de intercambio de capital económico por capital social.

105En su artículo “Nepotismo y economía en Santa Fe” Cervera asegura que este grupo dominante mantuvo su poder
desde inicios del siglo XVII hasta el surgimiento del peronismo.
El Club del Orden no quedó afuera del análisis de Cervera. Según el autor, se trataba de la principal
institución de la vida social de Santa Fe, y jugaba un papel fundamental para la clase alta
santafesina: era el “corazón del poder social y político de la ciudad, y, aún en esos años, de la
provincia” (pág. 117). Puntualizando sobre su relación con el poder político, sostiene que el club
cumplió un rol decisivo en la política santafesina hasta el surgimiento del peronismo, siendo que
hasta 1912 salieron de allí casi la totalidad de los gobernadores, ministros, legisladores provinciales,
intendentes de Santa Fe, y legisladores nacionales. En ese sentido, a modo de ejemplo, Cervera
señala que en 1901 la comisión directiva del Club del Orden estaba formada por dos futuros
gobernadores (Rodolfo Freyre y Ricardo Aldao) y un futuro intendente (Edmundo Rosas). Además,
para completar su argumento, cita a Miguel Angel De Marco cuando dice, en relación con la década
de 1890, que “el listado de los candidatos a senadores, al igual que el de los aspirantes a diputados,
también era confeccionado en los salones del Club del Orden de la ciudad de Santa Fe”. (De Marco
en Cervera, 2001; pág. 118)
Si bien Cervera no pormenoriza en su trabajo sobre el cambio de la tendencia -que insinúa para el
año 1912- en la relación entre el Club y la participación de sus miembros en cargos políticos, ni
tampoco detalla sus causas (aunque se puede presumir que estén relacionadas con cambios a nivel
político que se consumaron en ese año), brinda una serie de datos que podrían estar relacionados. Al
analizar la correlación entre la pertenencia al club y la participación en el Consejo Deliberante de la
ciudad, señala que: a) entre 1900 y 1930 el 52 % de los concejales fueron socios del Club del
Orden; b) entre 1912 y 1930 el 45 % de los concejales fueron socios del Club del Orden. Por lo
tanto, existió una clara tendencia a la baja, entre 1912 y 1930, de los concejales que también fueron
socios en el club. Aunque esto no demuestra taxativamente una baja en la participación política de
los miembros del club, sobre todo porque se centra en la esfera municipal, no puede dejar de tenerse
en cuenta como pauta de un posible cambio de tendencia.
Las historiadoras rosarinas Marta Bonaudo y Alicia Megias, si bien no puntualizan en el grado de
participación en cargos políticos de los miembros del club, aseguran que tuvo un papel relevante en
las formas o modos de hacer política. En su artículo “Hacer política en Santa Fe (1853-1890)”, parte
del tomo VI de Nueva Historia de Santa Fe, Bonaudo (2006) analiza las formas en que los
miembros de las elites, los cuales considera actores principales en el mundo de la política (en gran
parte gracias al uso de su capital social en la disputa del poder), construían el poder político en la
provincia. Esta construcción del poder por parte de los notables era posible, según la autora, gracias
a una compleja trama de relaciones cuya base inicial era la dimensión familiar. De este modo, serían
las familias gobierno, familias tradicionales de la capital provincial, quienes conformarían el núcleo
básico del partido de los notables o del gobierno en ocasión del triunfo.
Según Bonaudo, dentro de esas familias había toda una estructura de jerarquías que estaba
encabezada por sus figuras patricias, y conformada por un conjunto de agentes u operadores
políticos de distinta envergadura y origen, cuya principal tarea era recabar el mayor nivel de
información posible sobre propios y ajenos para conocer avales, pérdidas, o cooptaciones. Pero si
bien la autora considera que las relaciones familiares eran la base para la construcción del poder,
también señala la presencia de otros espacios extrafamiliares que reforzaron estos vínculos:

Los contactos con otros espacios de sociabilidad potenciaron ese universo de vínculos y
reciprocidades diferenciales. Se multiplicaron las instancias en las que interactuaban figuras fuertes,
con autoridad, frente a otras que, carentes de ellas, resultaban imprescindibles u operativas para
lograr nuevos apoyos. (pág. 133)
(…) En su búsqueda de aliados resultaron útiles tanto los lazos de amistad o compañerismo tejidos
en ámbitos educativos (el Colegio Nacional, el de la Inmaculada), como en las tertulias y las
reuniones directivas del Club del Orden o la Sociedad de Beneficencia. Todos resultaban escenarios
propicios para rearticular adhesiones, medir fuerzas, reforzar informaciones, dando claras muestras
del capital político acumulado por el grupo en su conjunto. (pág. 135)

Entonces, para Bonaudo, el papel que jugaban espacios de sociabilidad como el Club del Orden era
el de potenciar los vínculos de esa base inicial de construcción de poder político que era la familia.
Sería más que interesante analizar qué cambios ocurrieron en el rol político de esos espacios de
sociabilidad en el siguiente periodo (1890-1912) abordado por la autora en el capítulo nueve del
mismo tomo, donde sostiene que se empezaron a impugnar aquellas formas de hacer política por
parte de sectores excluidos del poder que comenzaron a organizarse políticamente y a apelar a
formas más democráticas de construcción política. La pregunta sería, si ante estas impugnaciones
los sectores notabiliares que concentran el poder político hasta 1912 modifican en forma alguna sus
modos de hacer política, en el sentido en que se vea alterado el rol mencionado para los lugares de
sociabilidad.
También analizando los modos de hacer política en Santa Fe, pero centrándose en Rosario, en uno
de los apartados de su artículo “Los modos de hacer política en Santa Fe en la segunda mitad del
siglo XIX, Rosario, escenario y protagonistas”, Alicia Megias describe a la elite “tradicional”
santafesina, la “nueva” elite rosarina, y las elites coloniales. Sobre la primera, la que aquí interesa,
sostiene que estaba conformada por las familias tradicionales de la ciudad de Santa Fe y que la base
de su poder era el control del Estado provincial (y también del municipal). Además, acuerda con
Bonaudo en que el control del gobierno dependía de los vínculos de parentesco que entre sí tejían
determinadas familias, y sobre el rol cumplido por entidades de la ciudad como el Colegio de la
Inmaculada y el Club del Orden. Sobre este último, citando a el viajero inglés Reginald Lloyd, dice
que se trataba de la asociación más exclusiva de su clase, ya que la mayoría de sus socios estaban
relacionados con el gobierno o pertenecían a las mejores familias.
La historiografía santafesina ha tratado la relación entre el Club del Orden y la política, pero
generalmente lo ha hecho de manera secundaria, sin centrarse en el tema, sin un análisis exhaustivo
del mismo, y sin prestar especial atención a los cambios que la modernización pudo provocar sobre
ella. Puntualmente, en cuanto al interrogante guía de esta investigación, si bien se reconoce de
manera general un alto grado de correspondencia entre los miembros del club y los políticos, no se
ha tratado de manera sistemática la existencia o no de una conexión entre la esfera de la
sociabilidad distinguida y la esfera de la política, al punto de que se pueda determinar -en términos
de Losada- la presencia en el periodo de modernización de una elite político-social o de dos elites
específicas y autónomas.

Algunas consideraciones para un aporte significativo del objeto de estudio


Sobre la base de lo expuesto, resulta importante mencionar que una mirada alternativa al tema de
estudio, y así poder responder a los interrogantes centrales que se abrieron en torno al mismo, sería
realizar un trabajo prosopográfico similar al planteado por Losada para el caso de Buenos Aires,
pero atendiendo particularmente a las especificidades tanto de la investigación (mucho menos
ambiciosas que las del autor) como las del objeto de estudio (El Club del Orden, en la ciudad de
Santa Fe, y en el periodo 1890-1912). Dicho trabajo, en esta primera etapa, se tratará básicamente
de la reconstrucción biográfica de los miembros de las comisiones directivas del club con el
objetivo de poder llegar a tener un conocimiento del grado y el tipo de su participación política.
Como se ha indicado oportunamente, la elección del Club del Orden como objeto de estudio
responde a especificidades de la investigación. Por tal razón, más allá de su presumible
representatividad sobre la alta sociabilidad santafesina, es preciso señalar que solo se trata de un
primer paso para analizar el grado de superposición entre esta y la política. Para que el trabajo
prosopográfico sea más completo es necesario continuarlo, en las siguientes etapas, con el análisis
de otras asociaciones del estilo, así como también centrarse en la esfera política (es decir, a la
inversa, analizar el grado de participación de los políticos en diferentes espacios de sociabilidad
distinguida).
Otra aclaración pertinente, tiene que ver con la elección de la periodización (1890-1912). Esta
elección sigue un criterio estrictamente político, más allá de encontrarse dentro del periodo que
abarca el proceso modernizador. 1890 es el año en que determinados sectores de la población
provincial -especialmente parte de la burguesía rosarina y de los habitantes de las colonias
centrales- empiezan a impugnar, a través de diferentes modos de hacer política (que van desde la
participación electoral, pasando por diferentes tipos de resistencia, hasta prácticas revolucionarias)
al régimen oficialista de la provincia. 1912 es el año en que ese régimen cae, y el gobierno
provincial pasa a las manos del radicalismo (Bonaudo, 2006). En ese sentido, la razón de la elección
de dicho periodo radica en poder ver si dichas impugnaciones generaron modificaciones en la forma
de hacer política que podrían haber modificado la relación entre esta y la alta sociabilidad.

Desde este aporte teórico metodológico, si bien no se ha avanzado en el procesamiento de datos, es


posible plantear la siguiente hipótesis (a demostrar en una posterior instancia de investigación):
para el periodo 1890-1912 existió una fuerte correspondencia entre la membresía del Club del
Orden y la participación en cargos políticos. Las transformaciones económicas, políticas y sociales
que significó la modernización no repercutieron en la ciudad de Santa Fe al punto de -en términos
de Losada- diversificar y autonomizar las dimensiones sociales y conformar, por lo tanto, dos elites
específicas, una política y otra social, sino que por el contrario existió en ese periodo una única elite
político-social. Las causas de ello pueden residir en que los efectos del proceso modernizador no
habrían impactado en la ciudad de Santa Fe con la misma intensidad que en ciudades de mayor
importancia como Buenos Aires o Rosario. Como una de estas causas, podría suponerse cierta
correlación entre el menor dinamismo económico de la ciudad (en términos relativos) y la retención
del poder político. En ese sentido, la elite tradicional santafesina, que, en palabras de Megías, había
surgido y se había constituido en y con el Estado provincial, habría retenido al poder político ante la
imposibilidad de conformar una base de poderío económico lo suficientemente autónomo como
para fundamentar por si solo su posición de privilegio o superioridad.
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estudiantes de la zona santafesina. Santa Fe, Argentina: María Muratore ediciones.

Trabajo preparado para su presentación en el XIII Congreso Nacional y VI Internacional


sobre Democracia organizada por la Universidad Nacional de Rosario, Ciudad de Rosario, 10
al 13 de setiembre de 2018”

Los escenarios democráticos del siglo XXI


Disrupción, fragmentación, nacionalismo, populismo y nuevos actores globales

AREA TEMATICA: Historia Política


LA DOMINACIÓN OLIGÁRQUICA EN SAN JUAN. EL CASO DE LA FAMILIA DONCEL

Autores:
María Griselda Henríquez
grisuhenriquez@yahoo.com.ar

Juan S. I. Martínez
Losisidros@hotmail.com

Silvia S. Storni
Ssstorni@yahoo.com.ar

Instituto de Investigaciones Socioeconómicas. Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional


de San Juan.

Proyecto o Programa de investigación al que pertenece:


“La constitución del campo político y la reconfiguración de los sectores dominantes en la Provincia
de San Juan (1862-1921).”
Nombre del Director del Proyecto: Ma. Griselda Henriquez.

Resumen
Durante el período 1850-1870 se constituye en Cuyo un sector social claramente definido que
monopoliza el comercio ganadero y se desempeña en la función pública. Una parte de ese sector
será el que, años más tarde, y en respuesta a la crisis de la exportación de ganado y las primeras
transformaciones que resultan del proceso de constitución del Estado nacional, se orientará a la
actividad vitivinícola, constituyéndose en este proceso como miembro del “sector
dominante/dirigente”, en términos de Ansaldi. La familia Doncel, representa un caso paradigmático
de este grupo. De extracción unitaria, liberales después, los miembros de la familia Doncel tendrán
una activa participación política que se inicia hacia 1840 y se extiende hasta el siglo XX.

Presentación
La presente ponencia se enmarca en el proyecto “La constitución del campo político y la
reconfiguración de los sectores dominantes en la provincia de San Juan (1862-1921)”, aprobado y
financiado por la Universidad Nacional de San Juan para el período 2018-2019, constituyendo un
nuevo aporte a una línea de investigación que denominamos sociohistórica, siguiendo la línea
teórica de P. Bourdieu.
Los primeros estudios realizados sobre la conformación del campo político permitieron reconocer
como fracciones sociales dominantes en tensión en el San Juan de principios del siglo XX, a un
sector oligárquico fundamental identificado como “terrateniente” y a otros sectores “emergentes”,
comerciales, rurales e industriales106. Sin embargo, en trabajos posteriores, nuevas evidencias
pusieron en duda esta primera aproximación, observando que este sector oligárquico fundamental se
nutriría con agentes de procedencias diversas. Esta confusión podría haber sido el resultado, por un
lado, de la interpretación ofrecida por la historiografía local sobre el proceso de organización
nacional y de la escasa producción sobre el periodo que se extiende desde la gobernación de D.F.
Sarmiento hasta el año 1921, cuando es asesinado Amable Jones, primer gobernador no
“conservador” desde la aplicación de la Ley Sáenz Peña. Es decir, del escaso conocimiento
construido sobre el conjunto de procesos que, o bien inician o bien se consolidan en la provincia
después de la batalla de Caseros. Y, por otro lado, del desarrollo de la línea de la investigación,
puesto que si se tiene en cuenta que los procesos no son lineales, presentan avances y retrocesos,
que las dinámicas persisten, se superponen, los resultados a los que se arribará serán siempre,
parciales. Por ello, se sostiene que centrarse en estos procesos permite identificar agentes, clases de
agentes y observar la reconfiguración de los sectores dominantes.
El proyecto de la generación del '80 se producirán importantes modificaciones en la “estructura
aldeana” de la provincia de San Juan. Modificaciones que, siguiendo a Dutrónit Bielous y
Rodríguez Piña (1989), están fundadas en el "paradigma nacional" acuñado entre 1880 y 1930, que
funcionó como universo discursivo tanto para los sectores dominantes como para los dominados,
constituyendo, asimismo, el modelo del liberalismo argentino. En este proceso, la conformación del
mercado nacional superó las formas aún sobrevivientes de la organización colonial, recuperadas tras
el período de independencia. Así, la formación gradual de un mercado nacional, acelerado por la
integración física del territorio argentino (materializada a través del ferrocarril), pondrá a la región
de Cuyo frente a la oportunidad de satisfacer la explosiva demanda de vinos que generaba la
inmigración europea mediterránea, actividad que ayudará a superar la grave crisis provocada por la
pérdida de rentabilidad de las ventas ganaderas a Chile (proceso éste que, a su vez, resulta de otros
múltiples contenidos en la lógica de organización del estado chileno). Estas transformaciones
vinieron a alterar la base de una actividad de más de trescientos años, sobre la cual evolucionó la
región, avanzando hacia una especialización económica que se consolidará en la segunda década del
siglo XX. Se desestructura así, el antiguo esquema de relaciones coloniales que integraba a las
zonas productoras ganaderas del este argentino con el mercado consumidor chileno, territorio
articulado por San Juan y Mendoza sobre un sistema de producción, transporte y comercialización
al servicio de la exportación de ganado y una agricultura subsidiaria de esta actividad
(Richard-Jorba, 2003). Este proceso de ruptura del orden anterior, denominado por Richard-Jorba
como de “interiorización” de Mendoza y San Juan para atender el mercado nacional de vinos,
supuso el abandono de la vinculación con Chile y con ello el inicio de una lenta pero sostenida
decadencia de la actividad ganadera. La integración territorial al mercado nacional posicionará a
estas provincias cuyanas de manera diferente, siendo el ferrocarril un factor clave desde 1885:
mientras San Juan se constituye en punta de rieles, Mendoza se consolida como el nudo de
comunicaciones que vincula a la región con el resto del país y, años después como nudo articulador

106Proyecto AGENTES Y ESTRATEGIAS. La constitución del campo político en San Juan; Proyecto DEL
CANTONISMO AL BLOQUISMO. Redes familiares y campo político en San Juan entre 1920 y 1960;
Proyecto DEL BLOQUISMO AL BLOQUISMO. Relaciones familiares y campo político en San Juan entre
1960 y 1983.
entre el Pacífico y el Atlántico, afirmando una posición que había forjado a partir de la actividad
mercantil previa (Richard-Jorba, 2001). Ahora bien, todos estos procesos fueron posibles, siguiendo
a Molina Cabrera (1978), por la existencia de grupos oligárquicos que se harán eco del proyecto
propuesto, siendo el desarrollo de la región el resultado en esa interacción.
La ponencia que aquí se presenta tiene por objetivo contribuir al conocimiento de los sectores
dominantes/dirigentes locales que, años más tarde, se supone propiciarán/ ejercerán la dominación
oligárquica. Es importante destacar que este análisis está en su fase preliminar y se presentan aquí,
primeras aproximaciones.

Algunos lineamientos teórico-empíricos para el análisis de los sectores dominantes en San


Juan
Siguiendo a Ansaldi (2012) el término oligarquía tiene su origen en la antigua Grecia y su uso
puede rastrearse en el pensamiento político tanto moderno como contemporáneo. Sin embargo, para
estos últimos, y citando a Norberto Bobbio, la connotación negativa originaria del concepto se
convertirá “axiológicamente” en neutral. En América Latina, la expresión “oligarquía” ha tenido, al
igual que en la tradición griega, una valoración negativa y se ha recurrido a ella “para esquivar el
incómodo problema teórico e histórico de definir y asumir la existencia de las clases sociales o para
designar a una clase social, la de los terratenientes o propietarios mineros; una alianza de clases o
fracciones de clase o incluso una confusa combinación de clase y de forma de dominación por parte
de un conjunto de personas o familias. Así se opone oligarquía a burguesía o se la define como
aliada a ésta y al imperialismo” (p.465).
Frente a esta polisemia el autor define oligarquía “como una forma histórica de ejercicio de la
dominación política de clase caracterizada por la concentración del poder en una minoría y la
exclusión de la mayoría de la sociedad de los mecanismos de decisión política”. En este sentido, la
oligarquía no conforma una clase social sino una forma de dominación y, por ello pudo ser ejercida
por clases, aunque más frecuentemente lo fue por fracciones de clase y grupos sociales diversos. En
este esquema de dominación, el reclutamiento de quienes ejercerían las funciones de gobierno era
cerrado y basado en criterios de apellido o linaje, tradición, familia o parentesco ampliado,
prestigio, amistad, dinero, a los que se añadían, en algunos casos, formas de movilidad social
ascendente como recompensas por habilidad política, méritos militares y/o matrimonio con una
consorte perteneciente a una familia tradicional (Ansaldi, 2012, p. 465-66).
Teniendo en cuenta que el territorio de San Juan, por su localización geográfica y la ausencia de
recursos naturales de importancia constituyó a lo largo de su historia un territorio en los márgenes, y
habiendo definido lo que se entiende por dominación oligárquica cabe preguntarse, ¿cómo se
conformaron los grupos dominantes/dirigentes en la provincia de San Juan que administrarán el
Estado a mediados del siglo XIX? ¿Qué estrategias generaron para lograr su posicionamiento
político y social?
Para aproximar una respuesta a los interrogantes planteados, se recurre al análisis genealógico a fin
de construir la red de parentesco de la familia Doncel Martínez, tomado como caso. Una red
familiar se articula a partir de un linaje, esto es, un apellido y, en este sentido, el análisis de las redes
familiares permite afinar y profundizar el conocimiento de los mecanismos de ejercicio de la
dominación política de clase. El uso que en este trabajo se da a las genealogías no es el clásico.
Desde el enfoque que se propone, las genealogías resultan en una herramienta heurística que tiene
por objetivo reconstruir el entramado de relaciones que conforman el espacio social en un tiempo y
lugar determinados.
El análisis centra el foco en el periodo de los llamados “Regeneradores”. Grupo de jóvenes
liberales, intelectuales, muchos de ellos universitarios, miembros de la clase propietaria que, según
Videla (1989), impulsaron una “reacción” sana que, “sin desligarse de sus compromisos políticos ni
enfrentar el acuerdo autonomista nacional concertado por Avellaneda y Alsina, van a insertar la
ética y la justicia en la vida pública de San Juan”. Serán estos gobiernos que van desde 1875 a 1884,
los que contribuirán a sentar las bases del Estado provincial moderno (se crea el Registro civil, uno
de los primeros del país, se dicta la Ley orgánica del Poder Judicial, la Ley Municipal, se aprueba el
Código Penal, se funda en Monte de Piedad, antecedente inmediato del futuro Banco de Préstamos,
se urbaniza la aldea, se realizan obras hidráulicas para favorecer la agricultura, entre otros). En este
período encontramos a dos gobernadores miembros de la familia Doncel: Rosauro, gobernador
propietario entre 1875-1878 y Carlos, sobrino del primero, que asume la gobernación entre
1884-1887, volviendo a ejercer el cargo entre 1896-1899 y Pedro Doncel Villanueva, hermano de
Carlos, quien se desempeñará como vice gobernador del Ing. Chávez entre 1899-1902 y es socio
fundador del Club Social, “decana institución social sanjuanina” …”que nace fundada por una
comisión de caballeros” (Videla, 1989, Tomo VI, p.441). En el acta figuran cuatro ministros y
gobernados de la provincia.
Asimismo, Guerrero (1965) destaca que, más allá de los Doncel que fueron gobernadores, “otros
tantos fueron cursaron estudio universitarios: Salvador, médico, Carlos abogado, Eugenio, médico,
Salvador Antonio, abogado, legislador provincial, ministro y segundo Rector de la Universidad
Nacional de Cuyo” (p. 225) después de Edmundo Correas.
Sin embargo, la historiografía local que no puede situar el apellido Doncel entre los habitantes
fundadores, ni identificar su origen con claridad. En este sentido dice Videla: “su sangre no cuenta
en la sociedad de San Juan de la Frontera de los siglos XVI a XVIII, heredera de pobladores
fundadores y funcionarios reales encaramados en el gobierno civil, cargos del Cabildo y estrados de
la Iglesia; aparece más tarde con el grupo ‘de los que llegaron después’, en el último oleaje
colonizador hispano. (…) El apellido no figura en las Actas de los cabildos abiertos de San Juan en
1810 y en 1820, para el reconocimiento de la Junta de Buenos Aires y elección del Diputado, ni
para la Declaración de la autonomía. (…) Tampoco en la inserción de esta estirpe en la sociedad
lugareña se registra con la inmigración del Norte que trajo desde Salta y Tucumán hacia 1827 ha
caracterizados elementos como los Gómez, Ruíz y Laspiur, en demanda de una tranquilidad que allá
les negaba la guerra civil (1989, Tomo VI, p. 231). Así, el autor refiere al electo gobernador
Rosauro Doncel como alguien que “alcanzó el poder por mérito propio, en el mismo siglo de la
radicación de su familia” (Videla, 1989, Tomo VI, p.232).
Para este autor, los Doncel formarían parte de esos “grupos nuevos que no suscitaban resistencias
porque no desplazaban a nadie en los estamentos de la política” (Videla, 1989, Tomo VI, p. 231).

Figura 1. Genealogía Doncel Martínez, esquema general


El linaje Doncel se inicia con el matrimonio de Pedro Doncel Aramburu y Petrona Martínez, al
parecer provenientes de Buenos Aires. Algunos registros consignan a Pedro Doncel como escribano
público y del Cabildo hacia 1804. Dice Videla: “ya el cabildo (…) disponía el 12 de enero activar
un inventario en la escribanía de Pedro Doncel” (1989, Tomo III, p. 91).
El matrimonio tendrá cinco hijos: José Eugenio, Carmen, Vicenta, Rosauro, Teodosio y Lucio,
habiendo entre los mayores y menores muchos años de diferencia. Esta distancia entre hermanos ha
provocado que, autores como Guerrero (1965), identificaran a José E. como el iniciador de la
familia: “el apellido Doncel data en San Juan desde mediados del siglo XVIII arraigando en esta
tierra de huarpes, como muchas otras familias venidas de allende el mar en aquella época de las
migraciones. Habría sido su introductor, D. José Eugenio Doncel, nativo de Navarra, España que
venía como ayudante de coro en una misión y le llamaban el capellán. Aquí contrajo matrimonio
con una señorita Villanueva” (p. 225).

Figura 1.a. Sección genealogía Doncel Martínez


Es José Eugenio, el primer Doncel con un notable desempeño en la vida pública sanjuanina, le
seguirán muchos años después, Rosauro, Carlos y Pedro Doncel Villanueva. Las primeras
menciones que hace Videla de este personaje refieren a él como “como vecino destacado” que
participara de la elección del Coronel Gregorio Quiroga del Carril como primer gobernador federal
sucesor de José Antonio Sánchez, durante la invasión de Facundo Quiroga a San Juan, en 1827
(Tomo IV, p.711).
Videla describe a J.E. Doncel como un “hombre joven y prestigioso, vinculado a personajes de
actuación en Buenos Aires, que había sido sugerido como un eventual colaborador de Benavidez
por Urquiza a través del comisionado Irigoyen en forma de que ampliase y renovase las bases del
oficialismo con un dirigente de tendencia liberal. El gobernador {Benavides} aceptó de buen grado
la proposición, respondiendo al comisionado, sin asomo de ironía, no tener ningún inconveniente
‘por estimarlos mucho (al grupo liberal), y porque hasta ayer nomás, los tuve a mi lado’. Benavides
nombró a Doncel ministro el 3 de mayo de 1842. (Tomo IV, p. 408). La última acotación está
relacionada al hecho de que los Doncel pertenecerán al “sector unitario posteriormente liberal, que
después reafirmaría su credo rompiendo con Benavides, en una vinculación distanciada que evitó
teñirse como oficialista (Tomo IV, p.103) y que después de la caída de Benavides, logrará
posicionarse políticamente aun cuando habría formado parte de la administración del denominado
“caudillo manso” (Tomo IV, p.410).
Entre otras funciones será propuesto para conformar la reestablecida Corte de Justicia que creara el
gobernador Salvador María del Carril en 1824, en el primer intento de orden institucional post
colonial; también será propuesto por Sarmiento, entre otros notables “liberales, simpatizantes de los
ya olvidados marranos, rebautizados pipiolos con Del Carril” para organizar “una convención
como Asamblea constituyente de la provincia de San Juan, para dar a la ´provincia su Carta
fundamental, de acuerdo a la recién aprobada Constitución nacional” (p. 437).
José Eugenio es también, uno de los 15 letrados o licenciados en Derecho que prestan juramento en
la provincia en 1856 (ya dictada la primera Constitución provincial), junto a: Timoteo Salas,
Santiago Quiroga, Rafael María de Igarzábal, José Ignacio Flores, Saturnino de la Presilla, Manuel
Ponte, Jacinto Lartiga, José Eugenio Doncel, José María Castro, Pedro Zavalla, Gaspar Bravo,
Domingo soriano Sarmiento, José María Suárez, Pedro Zavalla y Manuel Antonio Durán (Videla,
1898, Tomo IV, p.476)
Años más tarde, será fundador del Club del Pueblo, escisión del club Libertad que va a reunir según
Videla, a liberales y federales, inaugurando en las prácticas políticas locales una etapa con estilo
propio durante 20 años, olvidando antiguas y enconadas trincheras partidistas (Videla, 1898, Tomo
IV, p.433). Se inicia así en San Juan, lo que algunos autores denominan el gobierno de las clases
cultas.

Figura 1.b. Sección genealogía Doncel Martínez


José Eugenio casa en 1838 a Carolina Villanueva Chenaut, unión de la que resulta una numerosa
prole, 13 hijos. Carolina es hermana de Arístides Villanueva, ambos huérfanos de madre primero y
padre hacia 1831, y miembros de una familia unitaria a la que se le confiscarán los bienes, debiendo
exiliarse en Chile. De vuelta al Rio de la Plata, Arístides casa en 1844 con Vicenta, la tercera de los
Doncel Martínez. De esta manera habrá dos Doncel Martínez casados con dos hermanos Villanueva
Chenaut.
La familia iniciada por Arístides, quien será legislador por las provincias de San Juan y Mendoza, y
gobernador entre 1870 y 1873 y senador nacional, tendrá solo dos vástagos: Guillermo (quien se
desempeñará como Ingeniero cumpliendo diferentes funciones en el Estado, siendo Ministro de
Guerra y Marina durante el mandato presidencial de José Evaristo Uriburu (1895-1898) y Vicenta,
que muere durante el terremoto de 1861 en Mendoza.

Figura 1.c. sección genealogía Doncel Martínez

Los Doncel y sus descendientes contraerán, en muchos casos, matrimonios con familias jachalleras.
Después de las guerras de Independencia, el territorio de Jáchal, en el norte provincial, es puesto en
juego como espacio productivo a mediados de la década de 1820 permitiendo de esta manera la
participación de nuevos agentes en el comercio de cría y exportación de ganado. La familia Doncel
adquiere la estancia de Tucunuco, se cree antes de 1830 (Casas, 2013). En el momento en el que la
declaración de la Independencia de las provincias del Río de la Plata en 1816 y la declaración de la
Autonomía provincial en 1820, permitirán el restablecimiento del comercio colonial a manos de los
criollos. La adquisición de estas tierras, localizadas fuera del oasis central de Tulum (área regada
por el Río San Juan y donde se localiza la ciudad de San Juan de la Frontera), permitirá tanto a estas
familias como a los Suárez, Varela, Rodríguez, Echegaray, Riveros, ingresar al comercio de ganado
en pie y participar de sus beneficios y posibilitó el posicionamiento de un conjunto de familias que
conformarán un espacio social diferenciado, una elite distinta a la de San Juan (Goldberg y otros,
2013).
Así Eugenio Segundo casa con una Varela, Juana del Carmen con su tío Lucio, Carlos con María
Ester Rodríguez y Rosauro casa a Primitiva Suárez Echegaray en primeras nupcias y a Romana
Riveros en segundas, todas herederas de propietarios y comerciantes ganaderos de Jáchal.
Otra parte de la familia extiende sus lazos a la ciudad de San Juan y a Mendoza: Salvador Augusto
(médico) con Rosa Chenaut, Luis Felipe con Rosa Correa, Isabel Carolina con Luis Echegaray
Videla, Juana de los Angeles con Luis Escobar Sáenz y Juan Antonio con Nemecia Moreno. De los
Doncel Martínez, Teodosio, dedicado al ejército primero y abocado a la producción de la estancia
de Tucunucu (al igual que sus hermanos varones) no contraerá matrimonio y de Carmen no se han
encontrado referencias.

2. Relaciones de parentesco familia Doncel

A modo de cierre

De la lectura de las genealogías es posible advertir un conjunto de estrategias desarrolladas por esta
familia. Entre ellas destacan, sin lugar a dudas, las estrategias matrimoniales. Además del
desplazamiento geográfico a Jáchal, y el ingreso a la producción rural.
Es posible observar cómo, a partir de lazos matrimoniales, la familia Doncel invierte en capital
social, pero también patrimonial y político. A modo de hipótesis, puesto que estos resultados son
preliminares y es fundamental profundizar el análisis documental, puede sostenerse que el
casamiento de José Eugenio y Vicenta (1838 y 1844, respectivamente) con los hermanos Carolina y
Juan Bautista Arístides Villanueva Chenaut, relaciona a los primeros, y por añadidura a la familia
que no cuenta con ascendencia local, con una poderosa familia de hacendados y comerciantes,
descendientes de funcionarios reales. Estas relaciones explicarían en parte las trayectorias de los
agentes individuales en los que es posible observar un desplazamiento de residencia desde San Juan
a Mendoza y/o Buenos Aires, entre los más frecuentes. Asimismo, es posible advertir la inversión
en capitales diversos: cultural, económico, social.
Igualmente, los casamientos con los/as herederos/as de las fortunas y propiedades a las que dio
origen el comercio trasandino, permitirá la consolidación de su patrimonio y la conformación de
una red de parentesco que dará origen a una elite local que, ya afianzada, comenzará a estrechar
lazos con familias de raigambre sanjuanina, afianzando así su posicionamiento político y social
provincial y nacional.
Pero los Doncel no solo se ocuparán de la cría, engorde y exportación de ganado en pie, también se
dedicarán a la vitivinicultura. Así Videla refiere a Rosauro y José Eugenio entre los pioneros de la
industria vitivinícola sanjuanina, primeros industriales bodegueros. (Videla, 1989, Tomo VI, p.541).
Este hecho puede corroborarse por la cita de Guerrero, referida a la trayectoria de Rosauro Doncel:
“los jóvenes de aquella época (…) se dedicaban a la universidad unos, al comercio otros y a la
agricultura los demás y, a la milicia, algunos. A esto se dedicó Rosauro primeramente, siendo el
gobernador Sarmiento, quien lo nombró capitán del batallón Libertad, pero alejado de aquel
gobierno se hizo viñatero y después, bodeguero” Producto de esa labor los vinos de Rosauro
obtendrán medalla de Plata en la Exposición Nacional de Córdoba, en 1871 (1965, p.225). Pero
también serán premiados los de José Eugenio, con medalla de plata, en la Exposición internacional
de Philadelphia, en 1876 tal como muestra Arrabal (2009).
Por todo esto es posible considerar el caso de la familia Doncel como paradigmático de ese sector
social claramente definido (y constituido) entre 1850-1870, que va a monopolizar el comercio
ganadero y a desempeñarse en la función pública. Y del cual una parte, años más tarde y en
respuesta a la crisis de la exportación de ganado y las primeras transformaciones que resultan del
proceso de constitución del Estado nacional, se orientará a la actividad vitivinícola, constituyéndose
en este proceso de alianzas regionales y nacionales, como miembros del “sector
dominante/dirigente”, en términos de Ansaldi.
Referencias bibliográficas

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GUERRERO, César (1972).Semblanzas sanjuaninas. Academia Nacional de la Historia.
________ (1965). Sanjuaninos del Ochenta. San Juan: Editorial Sanjuanina.

.
Trabajo preparado para su presentación en el XIII Congreso Nacional y VI Congreso
Internacional sobre Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones
Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario. Rosario, 10 al 13 de septiembre de 2018.

“Los peronismos santafesinos en los 70's: Culturas e identidades políticas en


pugna”

Nombre y apellido del autor, aclarando correo electrónico e institución a la cual pertenece:

Marcelino Maina
marcelinomaina@hotmail.com

Facultad de Humanidades y Ciencias, Universidad Nacional del Litoral

Área temática: Historia Política

Resumen:
La transición del 73’ combina profundas tensiones en el campo de las culturas políticas. En
la ponencia se abordarán estos fenómenos desde una perspectiva local – regional analizando el caso
santafesino, en cuanto a las claves de reorganización del peronismo provincial y las demás fuerzas
políticas. En cuanto al peronismo provincial se trabajará la conflictiva ruptura organizacional que
presenta para el proceso electoral que culminará entre el 11 de marzo de 1973 y, segunda vuelta
mediante, el 15 de abril con el triunfo de Carlos Sylvestre Begnis para gobernador. En el complejo
espacio provincial, dos fórmulas y dos perspectivas políticas pujarán por la clave identitaria del
peronismo: Campos-Bonino frente a Sylvestre Begnis-Cuello; a la par no quedarán aisladas las
otras fuerzas políticas distritales que conjugarán un fuerte impacto nacional. Estos fenómenos en
Santa Fe no marcaron una excepcionalidad frente a la situación nacional pero sí definieron prácticas
y estilos que podrían claramente ser la agenda de indagación en torno a la centrifugación del
peronismo desde lo local a lo nacional durante los tempranos 70’s.

La encrucijada política

La experiencia dictatorial burocrática – autoritaria iniciada en 1966, muestra entre 1970 y


1971 los relevamientos de Onganía y su sucesor Levingston, abriéndose en ese año la etapa final del
gobierno de facto de la autodenominada “Revolución Argentina” que será comandada por el
General Alejandro Agustín Lanusse, quien logra concentrar en su figura no sólo la comandancia de
la Junta Militar sino también la presidencia la nación, algo excepcional para los estatutos o
presupuestos mismos que se había autoimpuesto el régimen militar.
En dicho contexto se observa simultáneamente y progresivamente entre las décadas del 60 y
el 70, la emergencia de la violencia inundando las prácticas políticas y constituyéndose en un marco
de referencia de los procesos políticos: la combinación de política y violencia era un dato ineludible
de “nuestros años sesentas”.
Al mismo tiempo, se denota una constante pérdida de legitimidad del horizonte democrático.
Tanto desde el sector que apostaba por la lucha armada como desde retazos de las agrupaciones
políticas, se define una progresiva justificación de la idea de una verdadera militarización de la
política sucedánea a la ya de por sí prolongada politización de la vida militar que al menos se
remonta hasta 1930 y que se entrelaza como proceso con el anterior marcando a fuego los años
previos y posteriores a la apertura democrática electoral de 1973.
Entonces consideramos imprescindible remarcar que para principios de los años 70’s, las
figuras de la guerra replican en el panorama político cultural del período adentrándose en caminos
en donde no sólo la influencia de la revolución cubana y el desarrollo de experiencias propias de
una nueva izquierda serán significativos, sino también la exacerbación de posiciones políticas al
interior de algunos partidos tradicionales, en particular el peronismo que pese a presentarse como la
verdadera novedad de aquella convocatoria en realidad no como partido sino como agrupación
había logrado contener(se) organizacionalmente en forma de lo que en el lenguaje de época se
llamaba “el gigante invertebrado” o sea una verdadera organización desorganizada en clave de S.
Levitsky.
Los fenómenos de radicalización de la violencia política, auge del movilizacionismo y a su
vez de aceptación social con que éstos cuentan, conducen al gobierno de facto de Lanusse a buscar
una estrategia de salida electoral que permita combinar una respuesta política a la explícita crisis
social con un tránsito procuradamente controlado hacia las elecciones de apertura.
Es interesante el argumento de Marcelo Cavarozzi al respecto: “… en el cuarto de siglo
posterior a 1955 no se estabilizaron ni las democracias ni las dictaduras. Durante las tres décadas
que siguieron al derrocamiento de Juan Domingo Perón no hubo un sistema político; hubo gobierno
que, tarde o temprano, terminaron viniéndose abajo.” (Cavarozzi, 2006: 81). Éste argumento va de
lleno a destacar la importancia que tiene el 73’ en el escenario político cultural argentino, y veremos
santafesino, ya que desde casi dos décadas atrás no se presentaba un ambiente de apertura electoral
como el que se anticipará para marzo del 73’ pero a la vez éste ambiente estará cargado de insumos
nuevos: la mencionada violencia política, el marcado movilizacionismo, las dudas o inclusive las
criticas radicalizadas a la democracia liberal y una perspectiva de crisis perenne que embebía la
totalidad de las jerarquías consuetudinarias y formales del campo privado hasta el espacio público
argentino.

El Gran Acuerdo Nacional y La Hora del Pueblo: sus alcances y horizontes

Pero ante del 73’ es imprescindible recuperar lo que representa su antecedente más
significativo y probablemente el punto de partida de éste proceso: en esta clave a mediados de 1971
el gobierno nacional convoca al Gran Acuerdo Nacional, que pretendidamente perseguía la
intención de formatear el proceso de transición a la democracia bajo el control de las fuerzas
armadas, “buscaba aislar a todas las variantes del “partido armado” y desactivar una posición civil
cada vez más amplia y encolerizada que incluía el peronismo (…) El pacto perseguido por Lanusse
reclamaba como contribución compensadora de los peronistas que Perón hiciera también su parte
condenando expresamente la violencia que se ejercía en nombre del movimiento y renunciando a
toda candidatura en las elecciones venideras” (Altamirano, 92). Es notable reconocer que el
aparente duelo de generales en realidad era un notable juego de ajedrez que tenía como regla tácita
la no derrota del oponente e inclusive el menor nivel de violencia posible. El mismo Perón, pese a
agitar las banderas movilizacionistas y de sus formaciones especiales como por ejemplo
Montoneros y la JUP, no se presentaba reticente al diálogo indirecto con los sectores de poder de la
agonizante dictadura y buscaba acomodar las pautas de la convocatoria del GAN a los intereses de
la agrupación que eran múltiples y que -se descubrirá más adelante- incompatibles.
El GAN,
“…constituye una estrategia original del sector más político de las fuerzas armadas; un
dispositivo para tratar de redefinir la relación existente entre sistema de dominación social, sistema
de representación política y sistema de poder estatal, desarticulado tanto por los efectos de la crisis
como por la errática gestión de la regulación Argentina, dentro del nuevo clima de confrontación
social en el que se inscribió el crecimiento de la “nueva izquierda”” (Pucciarelli, 1999: 15).
Entonces es el GAN uno de los puntos de partida de un nuevo ambiente plagado ahora de
desafíos pero que pretende romper con la dinámica centrífuga de crisis orgánica (Cavarozzi, 2006) a
la que se enfrentaba el país. Lo interesante en destacar es que el GAN es una opción levantada por
la dictadura pero elevada en medio de su retiro lento pero irremediable que demostraría a la vez su
derrota ante aquel horizonte fundacional que la había visto surgir casi 7 años atrás.
Como punto de partida generado desde arriba el GAN revivía una larguísima tradición de la
historia política y de la cultura política argentina: la del acuerdo como arena de resolución de los
sempiternos enfrentamientos que desde el siglo XIX jalonaban la historia del país. No es que la idea
del acuerdo sea original, lo original es que se constituya en una recurrente mecánica de
reelaboración desde arriba de los conflictos como podrían ser la misma Constitución del 53’(o los
pactos anteriores); la Ley 8871 del 12’; etc.
Es entendido, así, como una opción de Lanusse frente a la escalada de violencia
revolucionaria. El proyecto autoritario burocrático fue jaqueado por ese período que Liliana de Riz
ha denominado la política en suspenso y que al suprimir los canales de negociación condujo al
incremento de la violencia como fenómeno mixturado y en hibridación con la política.
Para el caso argentino, “…es indiscutible la incidencia de las juventudes en la política entre
fines de los años 60’s y sobre todo comienzo de los 70’s, en esa clave las prácticas políticas tanto
violentas como no violentas confluían en una misma estrategia política que casi todos los actores
consideraban revolucionaria”. (Pozzoni, 2009: 174). El horizonte revolucionario era compartido por
todos, en muchos casos sin reconocer que implicaba o que representaría su consumación; en un
vertiginoso escenario donde los aspectos contextuales en clave nacional e internacional, en clave
occidental podría decirse, impactan decididamente desde al menos la inmediata segunda posguerra
hasta los 70’s.
A tal efecto es clave la revisión de estos pasajes culturales en obras como las de Ollier
(2009); Vezzetti (2009) para citar algunos que se ilustran en un proceso de más de una década
donde de la primacía del ideario revolucionario se pasa a la invención y construcción democrática.
Ese pasaje es el corpus central de éste trabajo y claramente es un pasaje plagado de claroscuros, de
hibridaciones y de la incertidumbre como rectora de todo proceso de arribo hacia lo/s futuro/s
posibles; cada vez es más clara la disputa –que llegó hasta la traducción misma del título de la obra-
del trabajo clásico de O`Donnell donde la idea es certeramente pensar en las inciertas democracias.
Hacia ese horizonte incierto el GAN pretendía conducir unívocamente y sin interlocutores
horizontales el campo político cultural argentino.
Pero, en un ambiente tan agitado y con tantas aristas abiertas, las experiencias
movilizacionistas, las identidades políticas persistentes, los actores propios de las elites partidarias
que aunque dispersos actuaban en diálogos espasmódicos con las FFAA; es un dato
irrenunciablemente importante el surgimiento, al interior de las experiencias partidarias y sus
organizaciones, para fines de 1970, de La Hora del Pueblo -construida básicamente alrededor del
radicalismo balbinista y el sector del peronismo vinculado al delegado de Perón, Jorge Paladino
(luego reemplazado por Cámpora en 1971)- y el Encuentro Nacional de los Argentinos -impulsado
por el Partido Comunista- que en su conjunto, aunque no aunadamente, rechazan la apuesta de
Lanusse para con el GAN ya que sospechan que “no era más que el instrumento diseñado por
Lanusse para llegar a la presidencia constitucional” (De Riz, 2000: 94).
Encontramos que la discusión no es la que apoya o niega la convocatoria, primero al diálogo
y luego a la contienda electoral, sino que en realidad es un conflicto marcado por el propósito de
evitar que las urnas sean la pauta de legitimación forzada y forzosa de la perpetuación de los
sectores más moderados de la dictadura de la Revolución Argentina en el poder, ahora amparados
por una legitimidad de origen electoral.
Surge una de las líneas argumentativas más interesantes y polémicas en torno, en especial, a
La Hora del Pueblo
“… en contra de las interpretaciones de sentido común que solo perciben los aspectos
destructivos de la década del 1970, se debe reparar que el sistema de partidos tuvo un ciclo
ascendente que se inició en 1970 y se extendió hasta 1987 (…) El hito que marcó el inicio del ciclo
ascendente del sistema partidario fue la firma de La Hora del Pueblo en noviembre de 1970, en cuya
génesis y formalización jugaron un rol central los otrora “viejos enemigos”, es decir Perón y el
líder de la Unión Cívica Radical, Ricardo Balbín” (Cavarozzi, 2006: 82).
Nuevamente resuena la idea del pacto - acuerdo - negociación entre las elites políticas como
el canal de resolución de la crisis. Pero ahora, luego de superar veinte años de suspensión de las
mediaciones, sería el eje de la resolución -se debería poner en juego que resoluciones figuraban en
el mundo de mentalidades de cada sector para observar que pese a reconocerse un escuálido punto
común, los objetivos eran diametralmente distintos- un acuerdo que algunos deseaban organizar
desde arriba (los hombres de la dictadura) y otros procuraban posicionar desde un escenario de
mayor horizontalización (los miembros dispersos y sin anclajes firmes en sus organizaciones
partidarias, de los aún no habilitados partidos políticos). Así La Hora del Pueblo, entendemos que
puede constituirse en una línea de entrada o un aporte sustancial para pensar no solamente la
transición del 72’ – 73’ sino a su vez aquella del 83’.
Por ello, la tendencia es la de rescatar y promover el estudio de la/s cultura/s política/s 107
que, indubitablemente, constituyen un factor a presentar en el análisis de los procesos transicionales
“...lejos de descartar la importancia de la tradición o de la cultura política, lo que falta para que
algunos modelos de análisis de la democratización amplíen su capacidad explicativa es
precisamente incorporar tal dimensión” (Moisés, 1995; 26).
Ante el mencionado contexto, en el 73’, inicialmente ante la convocatoria elecciones
generales se “abrió inevitablemente un debate en torno al papel del partido en el proceso de la
transición electoral y de su función dentro del régimen democrático que se buscaba instaurar. Una
característica general manifestada en las distintas vertientes que conformaron el peronismo local
fuel recurrente rechazo a las instituciones liberales” (Servetto, 1999: 95).Esta crítica es transversal a
las experiencias de un importante sector de los partidos políticos aunque básicamente está vinculada
a la crítica frente al régimen liberal que ejercen las expresiones políticas de izquierda.
La clave residía en observar que “el peronismo se debatía entre las fuerzas que pugnaban por
la revolución frente a los sectores que buscaban restaurar aquellas nostálgicas imágenes, aunque con
significativos matices, del primer peronismo. El partido no cumplía un rol principal dentro del
proceso político que se estaba llevando a cabo. Era sólo una herramienta electoral que debía
utilizarse para llegar al verdadero poder” (Servetto, 1999: 97).

Santa Fe hacia el 73’: elecciones y ¿democracia? Los dos peronismos

Este es el punto focal de definición de un fenómeno de apertura electoral que conducirá a las
elecciones fundacionales de marzo de 1973. Elecciones que generaron básicamente grandes
expectativas debido a tres motivos:
“Eran las primeras luego del golpe de estado de 1966; significaban el retorno del peronismo
al juego político tras casi dieciocho años de proscripción; Y representaban el ingreso a la
participación ciudadana de más de tres millones de nuevos votantes en el ámbito nacional, cerca del
30% del padrón anterior” (Pozzoni, 2009: 186)
En el caso de la provincia de Santa Fe, para 1970 -luego del golpe de estado que destituye al
radical Arturo H. Illia- se suceden en el poder de facto provincial el interventor Gral. Eleodoro
Sánchez, el designado como gobernador Contralmirante Eladio M. Vásquez, una nueva
intervención a partir del Gral. Roberto a. Fonseca y, finalmente antes de las elecciones de 1973, el
gobierno del General Guillermo Sánchez Almeira que conducirá el proceso electoral.
107“conceptos como los de cultura política, constituyen el basamento normativo en el que se estructuran las acciones
de los agentes sociales. Si la cultura política marcaba el sentido de la legitimación de la consecución de metas de una
Sociedad: ¿por qué razón era excluida del análisis”(Bulcourf, 1998: 64). La pregunta por las características y la
existencia misma de una cultura democrática aún persiste en los debates en tornos a las condiciones de producción de
una sociedad democrática (cfr. por ejemplo la obra de Adam Przeworski). En definitiva, al incorporar la perspectiva de
las culturas políticas, la cuestión transicional y el fenómeno de invención democrático se enriquece.
Para el año 1972, el gobernador de facto provincial, Gral. G. Sánchez Almeyra, y en total
correspondencia y consonancia con las leyes nacionales que regularían las mismas elecciones (ley
nº 19895 y ley nº 19905) ordena la convocatoria electoral mediante el decreto nº 02410 de ese año.
Dicho decreto impone a nivel provincial la convocatoria a elecciones para el 11 de marzo de
1973 con el propósito de elegir en distrito electoral único: Presidente y Vicepresidente del
país, Tres senadores nacionales (dos por la mayoría y uno por la minoría) –más tres suplentes- y 19
diputados nacionales –más 8 suplentes (distribuidos por sistema D’Hondt). Al mismo tiempo se
convoca, con el mismo decreto, a: elección de Gobernador y Vicegobernador provincial; 19
senadores titulares –más 19 suplentes- divididos en tres distritos (dos de 6 y uno de 7 senadores).
Finalmente se convocaba a la elección directa de autoridades municipales y comunales (respetando
la Constitución Provincial de 1962). (Diario El Litoral, 04-11-1972, p.4)108.
La constitución de alianzas se habilitaba hasta el 11 de diciembre de 1972 y la oficialización
de listas para el 21 de diciembre de 1972 (Diario El Litoral, 18-11-1972, p. 1).
Ante la convocatoria a elecciones en marcha y en un escenario de alta complejidad al
interior del peronismo provincial que se derivaba de procesos locales pero al mismo tiempo estaba
sobredeterminado por el rol clave de Perón al momento de definir las candidaturas, el peronismo
santafesino transitó el breve pero vertiginoso camino a las elecciones de apertura de 1973
definiendo dos líneas de candidaturas que se consolidaron como dos expresiones electorales.
En el caso del peronismo “… éste organizó con otros partidos el FRECILINA (Frente Cívico
de Liberación Nacional), el que fue ampliado un poco más tarde y se convirtió en el FREJULI
(Frente Justicialista de Liberación)” (Svampa, 2007: 386).
En primer lugar, y surgida del Congreso Provincial del peronismo del 16 y 17 de diciembre
de 1972, la fórmula que portaba la nomenclatura partidaria: Partido Justicialista (otorgada a su vez
por el Poder Judicial a partir de la sentencia del juez federal Eugenio Wade) y que candidateaba a
Antonio Campos y a Alberto Bonino para gobernador y vicegobernador llevando la boleta nº 9421.
Por otro la candidatura del Movimiento de Integración y Desarrollo al interior del Frente
Justicialista de Liberación que presentaba la fórmula Carlos Sylvestre Begnis y Eduardo Félix
Cuello y que fue legitimada vía la intervención explícita de Perón, aunque el mismo Antonio
Campos lo negara hasta días antes de la votación (Cfr. Diario El Litoral, 8-03-1973).
Ya la misma constitución de las listas expresaba el fuerte conflicto interno que atravesaba el
peronismo local. En febrero de 1973, el sector liderado por Antonio Campos y Ovidio López se
autoproclamaba la fórmula del peronismo en Santa Fe (Cfr. Diario El Litoral, 13-02-1973, p. 5); en
cambio pocos días después desde el aeropuerto de Sauce Viejo y en conferencia de Prensa, el
candidato presidencial Héctor Cámpora daba explícito apoyo a la fórmula frentista encabezada por
Sylvestre Begnis, diciendo: “en Santa Fe hay una sólo fórmula peronista, la integrada por el Dr.
Carlo Sylvestre Begnis y Eduardo Cuello, por la que deben votar todos los santafesinos leales al
peronismo y a Perón” (El Litoral, 04-03-1973, p. 5) incluyendo en sus declaraciones la
prácticamente confirmada expulsión de las filas partidarias de la otra fórmula aunque,
paradójicamente, sin rechazar que en la boleta del Partido Justicialista de Santa Fe figure su
candidatura a presidente.
Por lo tanto el resultado electoral es reflejo de la previa constitución del escenario del
peronismo local que en un movimiento centrípeto reúne el conjunto de tensiones que marca el
ambiente del período.
Así las elecciones de apertura del 11 de marzo de 1973 en Santa Fe, dieron como resultado
un triunfo de la fórmula encabezada por Sylvestre Begnis y secundada por Héctro Cuello (MID –
108Se definió un nuevo estatuto de los partidos políticos, que entre otras cuestiones se adentraba con los
temas vinculados a las agrupaciones y la libre disponibilidad de sus locales, al número de inscriptos
habilitados para participar en la elección y a la cuestión vinculada a las nomenclaturas partidarias y su uso.
Aunque, como veremos más adelante, también performateaba los modelos y procesos de elección de cargos
ejecutivos y legislativos, provinciales y nacionales.
FREJULI) por el 38% de los votos; frente a la lista de la Alianza Federalista (cuyos candidatos eran
A. Natale y Mario Verdú) con un 29,1 %; la UCR (con la candidatura de Eugenio Malaponte y
Carlos Spina) con un 15,4% y el PJ (con los candidatos: Antino Campos y Alberto Bonino) con un
13,3%.
El resultado es de alguna manera la demostración electoral de la dispersión y centrifugación
del campo político en la provincia más aún a partir de la división del peronismo provincial, que a su
vez no era más que lo que el peronismo tradicionalmente era en términos electorales: un amplísimo
frente catch all.
Comparando los resultados de la convocatoria nacional en la provincia y los resultados
estrictamente locales, podemos reflejar que el peronismo -como amplísima coalición- superaba por
un estrecho porcentaje el 50% si se sumaba aritméticamente ambos candidatos del peronismo
global, aunque no lo haría en los resultados concretos del distrito provincial como veremos más
adelante. Así se destaca que en la nación no lograría superar el 50% y la segunda fuerza en la
provincia no era el radicalismo como sí lo era en la nación sino otra alianza en este caso
liberal-conservadora en el mejor de los sentidos de las culturas políticas argentinas: la Alianza
Federalista.
Así, dada las características de la legislación electoral vigente, que marcadamente era
excepcional, el resultado condujo a la formalización de una segunda vuelta electoral para el día 15
de abril de ese año (al igual que ocurriría en otras 13 provincias).
Finalmente en la segunda vuelta el MID-FREJULI (unificando apoyos de parte de la lista nº
9 del PJ, del Partido Conservador Popular, del Partido Popular Cristiano y otros sectores menores
del socialismo y el neoperonismo) alcanza el 63,5% de los votos mientras que la Alianza Popular
Federalista logra el 36,5 %.
Así se define el triunfo de la fórmula impulsada por Juan Domingo Perón y organizada a
partir de las definiciones nacionales. La distribución de Senadores Nacionales fue dos para el
FREJULI: Afrio Pennisi (sindicatos Santa Fe) y Yamila Barbora de Nasif (Rosario), mientras que el
PDP, logra la banca restante para Camilo Muniagurria luego sucedido por Luis Culasso Mattei.
Recordemos que para el 11 de marzo en la convocatoria nacional, el FreJuLi con la
candidatura de Héctor Cámpora y Vicente Solano Lima para el poder Ejecutivo Nacional,
encabezaba ambas boletas: la nº 9 y la nº 11. Así, en el distrito santafesino, alcanzó el 49,2% de los
votos acercándose a la media lograda a nivel nacional que se aproximó al 49.5% de los votos.
A nivel nacional, la Alianza Popular Federalista reunió un porcentaje del 14,9% y la UCR
sumó un 21,3% con la fórmula encabezada por Ricardo Balbín. Se generaba un ajustado panorama
de segunda vuelta ya que la fórmula del FreJuLi no superaba el 50%, pero el radicalismo
rápidamente renuncia a disputar la segunda vuelta electoral ante, entre otros elementos, la diferencia
de más de 26% que el FreJuLi había obtenido sobre su contrincante.
Retomando el caso provincial, al momento de asumir, C. Sylvestre Begnis conformó un
gabinete que era expresión de la heterogeneidad manifiesta del frente que lo había impulsada al
poder provincial: Roberto Rosúa en el Ministerio de Gobierno, Justicia y Culto (subsecretarios
Antonio Bonifasi y Rubén Luis Ferrara). El Ministerio de Educación u Cultura a cargo de Juan
Miguel Naput (subsecretarios Bernardino Turri y Marcos Caso). En Agricultura y Ganadería accede
a la cartera ministerial Manuel Aguirre (subsecretario Juan Escaliter). En Obras Públicas Ricardo
Fisher (su subsecretario Osvaldo Santi). El Ministerio de Hacienda y Economía fue para Ángel
Prece (subsecretarios Luis R. Galluppo y José Caterina) Bienestar Social a cargo de Enzo Galaretto
(subsecretarios Víctor Félix Reviglio y Florentina García de Sáenz) (Cfr. Diario El Litoral,
04-1973).
Pero prácticamente de inmediato comienza a visualizarse una fractura interna al gobierno
provincial entre el gobernador y su vicegobernador Cuello quien avanza, apoyado en las 62
organizaciones y la UOM principalmente, en un frente rupturista que recorrerá la casi totalidad de la
administración gubernativa y dividirá la representación legislativa.
La crisis será perenne en el gobierno del sylvestrismo, no producirá su caída –como en otras
experiencias provinciales- pero será el marco de una permanente inestabilidad.
Es de pensar de que hablamos cuando hablamos del gobierno santafesino del 73’ – 76’. Si
consideramos encontrarnos ante una amplia fuerza heterogénea y solamente contenida por un
liderazgo como el de Sylvestre Begnis y amalgamado en un tejido de miembros de la elite política
del MID convalidados primero por el mismo Perón -en un sentido de designación de candidaturas a
gobernador y luego de sostenimiento de unos y de impugnación de otros que limaba duramente no
solamente la idea de Frente sino la noción federal que el peronismo de los 70’s pretendía esgrimir- y
luego por Isabel e inclusive más adelante con oportunidad concreta y participación efectiva en la
experiencia cívico – militar dictatorial iniciada en el 76’ en la provincia.

Transición, culturas políticas y democracia

La particular transición del 73’, se ve iluminada por aquello que señala Norbert Lechner
“los procesos de transición son un caso-límite; por lo mismo, iluminan nítidamente el lugar
de la incertidumbre. Ello provoca el miedo a cambios y conflictos y, por ende, a la democracia
misma. Simultáneamente, ello fomenta la fe ciega en cualquier promesa de unidad y de armonía por
ilusoria que sea. No basta entonces exorcizar la incertidumbre, proclamándola una virtud
democrática. La demanda de certidumbre existe y la pregunta es quién se apropia de ella.”
(Lechner, 1987: 136-137).
Es Juan Carlos Portantiero quien completa la idea al señalar:
“Como la transición equivalía, en verdad, a un complejo proceso de ꞌtransiciones ꞌ
desplegadas secuencialmente, esa asincronía genera problemas para acordar la convención capaz de
señalarnos el momento en que ella está realmente consolidada, pero resulta claro que el indicador de
un mero recambio presidencial normal no es suficiente” (Portantiero, 1993: 18).
Los procesos de cambio hacia fenómenos de producción democrática conllevan
sustancialmente altos niveles de incertidumbre y, junto a ello, la democracia en sí misma está
indisolublemente cargada de incertidumbre. En los procesos de democratización no se conocen con
claridad que elecciones harán los actores, no se contabilizan plenamente la totalidad de los actores
que disputan ese escenario y, en los escenarios transicionales, aún no están aceptadas por todas las
reglas y procedimientos (Schedler, 2004: 42). La democracia es, siguiendo el aporte fundamental de
Adam Pzerworski, entonces el resultado contingente de conflictos e interacciones inciertas.
En el caso que nos ocupa, señala Levitsky que
“la legalización del PJ en enero de 1972 y el llamado a elecciones de marzo de 1973
impusieron, por primera vez desde 1955, la necesidad de establecer una estructura partidaria
nacional única. Esto se instituyó formalmente durante el congreso partidario de junio de 1972; no
obstante, en la práctica pocos peronistas tomaron en serio la actividad partidaria en éste período
(…) levantaron de forma explícita propuestas movimientistas o antipartidarias” (Levitsky, 2005:
60).
Para Santa Fe, antes de la elección y, más marcadamente luego, el partido no logró contener
el conjunto de tensiones que recorrían el ambiente del período; en un registro que es casi reflejo del
nacional aunque éste último aparentaría mayor previsibilidad al menos en los meses en los que
Perón tomara, tras renuncias e interregnos palaciegos, el poder presidencial hasta su muerte. Y
simultáneamente recurrió a una agrupación menor y a un liderazgo reconocido en la provincia que
-despertando fortísimas disputas internas- amalgamó a los sectores mayoritarios del peronismo,
aclarando que éste proceso recién se terminó de vislumbrar en la segunda vuelta electoral y que
luego con el ejercicio del poder los sectores sindicales, que notemos que en ambas candidaturas
peronistas tenían representantes: Bonino por un lado u Cuello por otro; más las debilidades propias
del MID casi en absoluta soledad en el gobierno progresivamente conducirán a un persistente
conflicto y una democracia local hipotecada doblemente: por un lado por la sobredeterminante
crisis nacional y luego por los agudos conflictos provinciales.

Cierre: Del 73’ al 76’ y más. Reflexiones en torno a la incierta democracia

El triunfo de 1973 que se verá rápidamente hipotecado por la sobrevivencia de las figuras de
la guerra, el apogeo de la conflictividad al interior del peronismo y el deterioro de la experiencia de
los gobiernos nacionales que se sucederán durante casi tres años.
Principalmente se enuncia una agenda en la que los vertiginosos fenómenos de
metamorfosis de las culturas políticas, en una coyuntura crítica donde la querella de interpretaciones
en torno al horizonte democrático es una de las referencias centrales, se vuelve uno de los aspectos
más relevantes a recorrer.
En el caso del peronismo, una vez la irresoluble pregunta en torno a su identidad rebota en
algunos de sus principales estudios,
“Desde sus inicios el peronismo se concibió a sí mismo en un lugar que definió sus formas
de concebir y practicar la política (…) Podemos, metafóricamente, identificarlo con una ciudadela
cerrada, y en una ciudadela cerrada, toda disidencia es traición… a la construcción del Partido
Peronista como un oxímoron: se sueña como un partido de acero y vive alterado por rencillas
internas…” (Macor y Tcach, 2013: 11).
En Santa Fe desde el lanzamiento de la campaña electoral y, previamente, desde la misma
salida de la veda política, el peronismo reunió en su interior una miríada de tensiones ambientales y
cada sector que pretendió ocupar su corpus identitario construyó la noción de traición como su
habitual derivado.
Desde Campos-Bonino frente a S. Begnis-Cuello, a la posterior disputa entre el gobernador
y su vice siempre ese partido, que en realidad podría presentarse como un frente, se vio acosado por
trágicos enfrentamientos que en Santa Fe no marcaron una excepcionalidad frente a la situación
nacional pero si definieron prácticas y estilos que podrían claramente ser la agenda de
profundización de este trabajo apoyándose en la habitual reflexión en torno a los espacios locales
como territorios de producción de la política.
De este modo la incertidumbre que define el vacío democrático se perfila de manera
diferente en la Nación que en la provincia, puesto que la transición en las provincias pese a ser
dependiente respecto a la que se produce en el ámbito nacional, no es su réplica pasiva. Si la
democracia se piensa como invención, y al mismo tiempo con una consustancial indeterminación,
las tensiones emergentes del escenario transicional potencian estas incertidumbre; así el permanente
debate acerca de la democracia que busca su institución atraviesa todo el espectro político en clave
de aquellos rasgos, generacionales e identitarios, propios del pasado reciente
Los 70’s comienzan visualizando un ambiente sobredeterminado por el impacto de la
violencia política e inmerso en el vértigo propio de un proceso transicional que desde una
experiencia burocrático autoritaria pretendía desembocar en la construcción de un programa
democrático.
Será el peronismo, por motivos diferentes, quien resulte ganador de la puja electoral pero en
ambos caso dicha puja no sobrevendrá más que en ulteriores procesos de conflictividad y
centrifugación del partido. Comenzando ya en un caso con la contienda electoral del ballotage y en
otro con el muy dudoso escrutinio final.
Con su habitual capacidad para adaptarse a ambientes hostiles el peronismo, y en particular
el peronismo provincial que en realidad era una expresión mucho más compleja reunida alrededor
de un liderazgo respaldado nacionalmente y soportado por los principales referentes de la política
provincial como es el de Carlos Sylvestre Begnis, pese a la situación de deterioro post triunfo
electoral logrará sostenerse en el poder en un caso hasta el mismo golpe de estado.

Maina, 2018.
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Buenos Aires, Siglo XXI.
DEMOCRACIA ANEMBRIONÁRIA? INDICADORES E PERSPECTIVAS DO BRASIL
109

PÓS-IMPEACHMENT

Darcon Sousa, Universidade Federal de Campina Grande, Brasil,


darconsousa@gmail.com

ÁREA TEMÁTICA: HISTÓRIA POLÍTICA

RESUMO
A democracia brasileira, como na gestação anembrionária - em que os sinais aparentes causados
pela ação de hormônios não correspondem à presença de um embrião – não encontrou nas
instituições formais constituídas, valores e práticas capazes de resguardar o desenvolvimento de
uma democracia substancial. Em distintos períodos da história do país, o impulso inicial na direção
de maior participação política e de inclusão social foi interrompido por movimentos abruptos de
intervenção no curso da democracia. Em 2016, uma combinação de interesses da oposição
partidária, do oligopólio de comunicação e de setores do poder judiciário, criou as condições para o
impeachment da presidenta Dilma Rousseff por descumprimento de leis orçamentárias. Sob o rito
formal das instituições, o golpe parlamentar assegurou o retorno dos conservadores ao poder e pôs
em marcha uma agenda de regressão social e de autoritarismo, com amplo apoio de setores
ideologicamente contrários ao governo anterior. Como resultado, o projeto de democracia no Brasil
se apresenta mais uma vez ameaçado e os indicadores disso repercutem no agravamento dos
problemas sociais. Neste trabalho, analisamos os fatores que determinaram a deterioração da
democracia brasileira e o aprofundamento do golpe parlamentar que impede a fecundação de uma
democracia sólida no país.
Palavras-chave: Democracia, Golpe Parlamentar, Regressão Social.

1.INTRODUÇÃO
Na terminologia médica denomina-se “gravidez anembrionária” o fenômeno da fertilização do
óvulo sem que o embrião se desenvolva. Geralmente no primeiro trimestre da gravidez, feito um
exame de imagem, percebe-se que o saco gestacional está vazio. É o chamado “ovo cego”.
Aparentemente tudo está normal e as mulheres, devido à ação de hormônios, chegam a apresentar
sinais de que realmente estão grávidas, mas as células tomam a forma de saco gestacional e não de
um embrião. O óvulo fertilizado não produz um bebê, não vai para a frente. Os indicadores da
gravidez anembrionária podem ser a ausência da vesícula vitelina em um saco gestacional maior
que dezesseis milímetros de diâmetro ou do embrião em um saco gestacional maior que vinte e
cinco milímetros (RIOS ET AL,2010).

109Trabajo preparado para su presentación en el XIII Congreso Nacional y VI Congreso Internacional sobre
Democracia, organizado por la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad
Nacional de Rosario. Rosario, 10 al 13 de septiembre de 2018 .
O desenvolvimento da democracia brasileira, como sugerimos, guarda semelhanças com o processo
da gravidez anembrionária. Em distintos momentos da história do país, o ímpeto inicial na direção
de uma sociedade democrática não gerou a consolidação de valores, práticas e instituições que
funcionassem de modo compatível com as democracias maduras.
O processo de impeachment da presidenta Dilma Rousseff por supostas infrações fiscais, apesar dos
ritos formais, expôs a fragilidade das instituições garantidoras do processo democrático ante os
jogos de poder manejados pelos setores conservadores da sociedade brasileira, os quais decidiram
intervir no curso da vida política do país mais uma vez. O pano de fundo da interrupção
democrática foi a intensificação da narrativa midiática que associava os governos do Partido dos
Trabalhadores com a corrupção, no que os grandes meios de comunicação usaram e cooptaram
parte do poder judiciário, ávida por protagonismo político. A manipulação da opinião pública criou
as condições para que a oposição política, antigos aliados e conspiradores decretassem o fim do
governo e mudassem radicalmente a agenda do país. As velhas forças políticas retomaram o poder,
mantendo-se nele por vias tortuosas, sobretudo pela barganha parlamentar, mas agora sob a
cumplicidade dos grandes meios de comunicação, valendo-se das idiossincrasias do judiciário e do
aval da maioria expressiva do congresso nacional que sustenta e blinda o atual governo.
A sociedade brasileira assiste a introdução célere e impetuosa de reformas que afetam as relações de
trabalho, as políticas públicas e os gastos sociais, enquanto o governo, os partidos e a democracia
desabam nas pesquisas que aferem a confiança e a aprovação dos cidadãos. O desencanto e a
despolitização parecem explicar a ausência de reação dos mais afetados pela pauta conservadora
que avança no país. A apropriação do poder pelas elites por meios não democráticos deixa incerto o
futuro de um país cujo enfrentamento de suas agudas desigualdades e complexos problemas sociais
não ocorrerá sem o aprofundamento da democracia.
Sob tal premissa, este trabalho pretende analisar os indicadores atuais sobre a democracia no
Brasil, relacionando-os com a deterioração das condições sociais desde a queda do último governo
eleito. Reencontrando fantasmas do passado, o Brasil, sem fecundar uma democracia sólida, não
sairá do círculo vicioso que alterna períodos de autoritarismo com tentativas de nascimento de uma
democracia que não vinga, quadro que se apresenta agora, dado avanço dos setores reacionários e
conservadores empenhados em promover a regressão social e cultural que retarda mais uma vez o
amadurecimento democrático do país. Para analisar esse quadro, demonstramos a corrosão da
democracia brasileira e o consequente retrocesso social na próxima seção, além de apontar os
fatores causais do golpe parlamentar de 2016 na seção 3, ao que se seguem as considerações finais.
O trabalho se utiliza de conteúdo de documentos e de pesquisa bibliográfica para afirmar as
inferências em face dos fatos sociais e políticos observados.
2.DETERIORAÇÃO DA DEMOCRACIA E RETROCESSO SOCIAL
O Pew Research Center - PRC - (2017) realizou uma pesquisa em i38 países para avaliar o apoio à
democracia. Apesar de a democracia representativa ainda ser considerada uma boa forma de
governo por uma média de mais da metade dos entrevistados - dos quais 66% defendem inclusive a
prática de instrumentos de democracia direta -, em todos os países a receptividade às formas não
democráticas de governo persistem, sobretudo em contextos de países pobres, com educação
deficitária, entre grupos ideologicamente de direita ou em ambientes de insatisfação com os
resultados da democracia formal. Dentre as alternativas não democráticas consideradas,
destacam-se a ideia de que especialistas devem tomar decisões públicas (49% de apoio), a
necessidade da presença de um líder forte (26%) e a preferência por um regime militar (24%), cujo
apoio expressa a vontade da maioria dos cidadãos no Vietnã, Indonésia, Índia e África do Sul.
Dentre os países analisados, o Brasil apresenta um elevado índice de aceitação a uma alternativa
não democrática, 23% (ver gráfico 1), considerando-se os indicadores dos países desenvolvidos,
cuja média situou-se em 10%. Mesmo quando se observa os resultados da pesquisa nas demais
regiões do mundo, o número de cidadãos brasileiros suscetíveis às opções não democráticas é alto,
quase um quarto da população.

Menos de um ano após as últimas eleições, nas quais o Partido dos Trabalhadores conseguiu sua
quarta vitória consecutiva, analisamos os desdobramentos da radicalização que setores
conservadores da sociedade brasileira intensificaram após o pleito de 2014. Um dos desfechos
daquele processo foi o ressurgimento de grupos favoráveis ao retorno do regime militar. Alertamos
que se pretendia constranger o poder político e provocar retrocessos, se não pela efetiva volta da
ditadura, mas por meio da imposição de uma agenda que resgatasse a supremacia dos interesses das
classes dirigentes, as quais sempre se sentiram ameaçadas quando se tentou consolidar um ambiente
democrático no país (SOUSA,2015).
Passados dois anos, o Latinobarômetro (2017) aponta o desprestígio da democracia entre os
brasileiros. Atribuindo o pior índice de apoio a um governo, 6%, os brasileiros mostram-se céticos
em relação à democracia, ocupando as últimas posições dentre os 18 países da América Latina em
vários quesitos que aferem a crença no funcionamento da democracia. O apoio à democracia logo
após o impeachement da presidenta Dilma Rousseff, em 2016, foi o segundo menor da região (32%)
e no relatório atual, apesar de ter recuperado onze pontos, continua a ser um dos mais baixos (43%).
Apenas 1% dos brasileiros considera que no seu país existe uma verdadeira democracia e 97%
acham que o governo serve aos poderosos.
No “Índice de Democracia Representativa” construído pelo PRC (2017), uma média de 23% dos
entrevistados dos países que compuseram a pesquisa foram classificados como “democratas
comprometidos”, 47% como “democratas menos comprometidos” e 13% como “não democratas”.
Nos países ricos o compromisso com a democracia representativa é maior. Em média, 37% na
União Europeia, 40% nos Estados Unidos e 44% no Canadá e na Austrália. Em contraste, nas
regiões mais pobres as médias de apoio à democracia representativa são: 19% na América Latina,
18% na África Subsaariana e 15% no pacífico asiático. O apoio à alternativas não democráticas está
diretamente relacionado à escolaridade. Quanto menor o nível de instrução, maior é a
suscetibilidade às formas de governo não democráticas. Um regime militar seria apoiado por 45%
dos brasileiros menos escolarizados e por 29% entre os mais escolarizados. A diferença de 16
pontos é a quarta maior entre 22 países nos quais este quesito foi pesquisado.
O relatório do Latinoborômetro (2017) também ajuda na compreensão dessa propensão a aceitar um
regime militar de boa parte dos brasileiros. As Forças Armadas obtém o segundo melhor índice de
confiança (50%) dentre as instituições, perdendo apenas para a igreja (69%). No imaginário dessa
população que apoiaria um regime militar, como inferimos, há a crença de que ele seria mais eficaz
para combater a violência e a corrupção, esta última mencionada como o principal problema do país
(31%). Além disso, 80% dos entrevistados consideram que o desempenho do governo no combate à
corrupção é ruim (80% afirmam isso). Numa escala de 0 a 10, os brasileiros indicam a existência de
corrupção em intensidades similares nas principais instituições do país: no governo central (7,4),
município (7,1), congresso (7,0), sindicatos (7,1), justiça (7,2) e grupos empresariais (6,8).
A suposição de que durante o regime militar existia pouca ou nenhuma corrupção não leva em conta
que em um regime autoritário a imprensa e o judiciário são controlados. A sociedade não tem como
fiscalizar os desvios de conduta dos ditadores em qualquer nível. A percepção da corrupção é
diretamente influenciada pelo papel que exerce os meios de comunicação, sobretudo em tempos de
espetacularização da informação e do seu uso como instrumento de disputa política. Por óbvio, no
contexto de uma ditadura a imprensa é manietada e a informação que circula é apenas a oficial. No
que tange ao combate à violência, deve-se registrar que o crescimento dos índices de violência está
relacionado a fatores complexos que remontam ao período em que o país foi governado pelos
militares, como registrava em editorial, à época, a principal revista semanal:
Ao abrir-se o ano de 1981, os brasileiros que vivem nas grandes cidades, sobretudo
Rio de Janeiro e São Paulo, continuam tendo como sua preocupação número um,
acima de quaisquer outras, a segurança (…) Certas áreas urbanas do Brasil já se
encontram entre as piores do mundo em matéria de criminalidade, superando os
mais notórios infernos sociais de que se tem notícia. Pouco a pouco, os hábitos da
população vão se alterando em função da violência a que é diariamente submetida
(…).Em nenhum lugar esta escandalosa tragédia brasileira é mais evidente do que
no Rio de Janeiro e em suas franjas suburbanas. Não há nada que realmente possa
equivaler ao que acontece ali todos os dias. Edifícios inteiros são assaltados.
Roubam-se as pessoas dentro dos ônibus que circulam à luz do dia. Criminosos
atacam automóveis que param nos sinais de tráfego, ferem e matam suas vítimas,
ateiam fogo às suas casas. É raro, na zona sul do Rio, encontrar uma família ou
roda de amigos que não tenha tido nenhum de seus membros assaltado. E, pairando
sobre tudo, há a incomparável Baixada Fluminense – onde só em 1980 mais de
2.000 pessoas foram assassinadas; algo como uma a cada quatro horas. É como se
fosse uma guerra civil. Na verdade, um princípio de anarquia começa a tomar
forma nestas áreas conflagradas, diante do silêncio do Estado. Jamais houve, no
país, um problema de segurança nacional mais genuíno que esse. Jamais tantas
pessoas foram tão flagrantemente oprimidas em seus direitos mais fundamentais.
Mas, em vez de estar entre as primeiras preocupações do poder, a questão, na
prática, está entre as últimas. Após perder o controle sobre as ruas – são os
criminosos hoje, que mandam nelas –, o Estado brasileiro parece conformar-se com
isso. É uma das marcas mais deprimentes que o país tem a exibir.”(REVISTA
VEJA, 7/01/1981)

Mas, para além da retórica contra a violência que sugere ser melhor um governo autoritário, outro
fator relacionado ao apoio à democracia é a ideologia. Um líder forte sem controle é visto com
simpatia por segmentos de direita em países como Austrália, Itália, Reino Unido, EUA, Canadá,
Grécia e Alemanha. Entrevistados identificados com a esquerda ideológica são os que menos
apoiam essa forma de governo. Além disso, pessoas que apoiam o partido que está no poder tendem
a demonstrar mais satisfação com o funcionamento da democracia. Entre os republicanos, nos
Estados Unidos, o índice alcança 68%, enquanto no restante da população o percentual é de 46%.
(PEW RESEARCH CENTER, 2017)
No Brasil ocorre um fenômeno que merece atenção. A destituição da presidenta, por decisão do
congresso nacional e com base em argumentos fiscais, foi antecedida por intensos protestos dos
eleitores da oposição, pertencentes predominantemente à classe média, conforme analisado por
Sousa (2015), os quais utilizavam o combate à corrupção como justificativa para suas
manifestações. Deposta a presidenta, os escândalos de corrupção envolvendo conspiradores e
opositores de outrora, além da deterioração da situação socioeconômica do país, não foram
suficientes para acionar reações dos que antes tomaram as ruas, o que desnuda as motivações de
caráter ideológico por trás dos protestos contra o governo de esquerda, substituído por um governo
com popularidade ínfima, mas que representa os interesses dos grupos conservadores.
Interesses traduzidos em medidas de austeridade que, segundo o informativo Inesc, Oxfam e Cesr
(2017), aprofundaram as desigualdades econômicas, afetando os mais vulneráveis e configurando
um quadro de crescente violação dos direitos humanos e de regressão em relação às garantias
sociais preconizadas pela constituição brasileira. À interrupção democrática promovida pelo golpe
parlamentar sucedeu-se decisões governamentais que, sem participação social e sem constar de uma
agenda referendada pelo voto, reforçam o caráter autoritário das elites que patrocinaram o golpe
político. Não por acaso, o relatório do International Budget Partnership (2018) apontou que, em
2016, a participação social no Brasil obteve a metade da pontuação alcançada em 2015.
Iniciadas no início do segundo mandato da presidenta Dilma Rousseff - inflexão que já abordamos,
Sousa (2015) - e intensificadas no governo atual, a austeridade implicou em consideráveis
decréscimos nos orçamentos de programas sociais (ver gráfico 2), enquanto o comprometimento
com juros e encargos das dívidas internas e externa aumentou. No centro da austeridade está a
Emenda Constitucional 96/2016, aprovada com o objetivo de congelar o gasto público real por um
período de vinte anos. Sua entrada em vigor, a partir de 2017, já representou uma diminuição das
dotações orçamentárias para a saúde de 17% e para a educação de 19%. No mesmo ano, o
financiamento dos programas de segurança alimentar foi reduzido em 55% e o acesso dos mais
pobres a medicamentos foi fortemente impactado pelo fechamento de 314 farmácias públicas.
Martins (2018) registrou que entre 2105 e 2016, o Brasil perdeu 7,2% de seu Produto Interno Bruto
(PIB). Ao final de 2106 o país contava 24,8 milhões de cidadãos (12,1% da população)
sobrevivendo com um quarto do salário mínimo, 50% a mais do que em 2014. Considerando o
mesmo período, a extrema pobreza cresceu de 2,5% para 4,9%. A crise política pós eleições de 2014
desacelerou a economia, culminando com a mudança de governo, o que deteriorou ainda mais o
quadro socioeconômico. Quando da queda do governo anterior, a taxa de desemprego situava-se em
11,2%, alcançando 13,7% no início de 2017. Como agravante, no mês imediatamente posterior à
reforma trabalhista (novembro de 2017), tópico central da nova agenda conservadora, o Brasil
perdeu 12.292 empregos formais.
O ano de 2017 foi de retrocessos também para os trabalhadores sem terra. iiNenhuma família foi
assentada no Brasil e a reforma agrária que no ano de 2006 chegou a contemplar 136.358 famílias,
foi paralisada. iiiAs bancadas ruralistas e o setor do agronegócio passaram a exercer grande
influência no novo governo. O IBGE -Instituto Brasileiro de Geografia e Estatística –(2018),
atestou que as condições de vida dos trabalhadores e da parte mais pobre da população se
deterioraram (ver gráfico 3). Os rendimentos dos trabalhadores diminuíram, enquanto o desemprego
e a pobreza cresceram.

Além disso, as expectativas de que os efeitos deletérios da reforma trabalhista (Lei 13.467) fossem
atenuados pela vigência da Medida Provisória 808 foram frustradas pelo fim de sua vigência.
Indiferente às violações dos direitos trabalhistas, a Câmara dos Deputados deixou que a Medida
Provisória expirasse, passando a valer o texto integral da reforma trabalhista, o que, na opinião do
presidente da Associação Nacional dos Magistrados da Justiça do Trabalho (Anamatra),
iv
Guilherme Feliciano, representou o sepultamento do Estado Social esboçado na
constituição federal de 1988:

A caducidade da MP por decurso de prazo representa claro descaso para com a


preservação do patrimônio jurídico social legado pela Constituição Federal de 1988
e confirma o epílogo funesto do processo de desconstrução do Estado Social, que
segue caminhando, agora com braços abertos para a própria tese do ‘enxugamento’
da Justiça do Trabalho, que já volta a ser entoado por parte da grande mídia.

O início de 2018 marca o que demonstra ser a consolidação do recrudescimento autoritário com a
intervenção militar no Estado do Rio de Janeiro, processo que parece estimular as ações de grupos
de extermínios e de milícia de paramilitares suspeitas do assassinato da líder de esquerda Marielle
Franco e de mortes na periferia da cidade do Rio de Janeiro. Crescem vas intimidações ao ambiente
universitário e acentuam-se as pressões na grande mídia para o encarceramento do ex-presidente
Lula, líder nas pesquisas eleitorais que mobiliza caravanas populares em várias regiões do país.
Essas mobilizações têm sido alvo de agressões violentas de grupos de direita, os quais recorrem à
práticas fascistas para impedir a livre expressão dos movimentos sociais, sob a complacência das
polícias locais, das autoridades judiciárias e de instituições responsáveis pela defesa dos direitos
civis, além de contarem com o silêncio dos grandes meios de comunicação que assim as legitimam.
Neste cenário, o futuro da democracia brasileira encontra-se ameaçado. Em ano eleitoral, as apostas
das elites são em qualquer caminho que não seja o de uma democracia, agora mais distante. Paralela
à involução democrática, deterioram-se as condições de vida dos mais pobres e os direitos dos
trabalhadores são diminuídos. O autoritarismo é funcional à desigualdade econômica no Brasil e seu
ímpeto se expressa em diversas dimensões da vida nacional, inclusive nas instituições, depois de um
breve período em que uma distribuição tímida da riqueza ensaiou o nascimento de uma democracia
substantiva.

3.O APROFUNDAMENTO DO GOLPE PARLAMENTAR EM MEIO À APARENTE


NORMALIDADE DAS INSTITUIÇÕES
A assunção ao poder do Partido dos Trabalhadores moveu os setores conservadores da sociedade
brasileira a utilizar o fenômeno da corrupção para criminalizar a esquerda e suas políticas. A
politização da justiça e uma intensa narrativa midiática, operando em sintonia, empurraram frações
das classes médias para as ruas, fortaleceram nelas o ódio social e as motivaram a cometer atos de
violência física e moral contra supostos inimigos políticos. Nesse ambiente, impedida de governar
desde sua posse para o segundo mandato em 2015, sabotada que foi pelas forças partidárias da
oposição e dos aliados que já conspiravam, a presidenta eleita Dilma Rousseff sofre o golpe
parlamentar em 2016, o que marca o desfecho da “espiral conservadora” (ver figura 1) que
transferiu o poder central para a direita do espectro político. A engenharia do golpe, sem exército e
sem crime de responsabilidade da presidenta deposta, constitui-se num fato inédito na história do
Brasil, com repercussões simbólicas e materiais para a vida do seu povo.
Para Souza (2015), a guinada conservadora no Brasil se intensifica com as jornadas de junho de
2013, considerada por esse autor como “grande fraude” utilizada no processo de ocultamento das
dinâmicas das classes e de seus interesses. Movidas inicialmente por reivindicações relacionadas ao
transporte coletivo, à saúde e à educação públicas, envolvendo extratos de diferentes classes, a
partir de certo momento as “jornadas de junho” foram protagonizadas pelas classes médias e
direcionadas pela grande mídia. A classe média - portadora de privilégios justificáveis para ela pela
ideologia meritocrática - incorporam o discurso de que os problemas da sociedade concentram-se na
ineficiência e na corrupção do Estado, sem perceber a organicidade das relações entre mercado e
Estado no capitalismo. Infantilizada para ignorar a centralidade da desigualdade no conjunto dos
problemas brasileiros, grande parte dessa mesma classe média, presente nas manifestações de
junho, reproduz a visão conservadora difundida pelas elites dominantes durante as eleições de 2014.
O núcleo dessa visão consiste em demonizar o Estado e sua corrupção, enquanto as mazelas do
mercado são ocultadas. A corrupção, então, ganha lugar de destaque nas estratégias e narrativas da
grande mídia que a associa seletivamente aos governos de esquerda, fornecendo armas políticas
para os conservadores, principalmente em períodos eleitorais, interferindo no processo democrático.
De acordo com o mesmo autor (p.4718):

Sem uma mídia plural não existe democracia digna deste nome, nem processo
coletivo de aprendizado durável. A manipulação grotesca, por exemplo, da TV
brasileira, talvez só comparável à das ditadura - nem sempre é percebida pelo
público.

Não se pode, portanto, explicar o golpe parlamentar no Brasil sem que se destaque o papel
catalisador da grande mídia na gestação de um ambiente gradativamente hostil aos governos do
Partido dos Trabalhadores, manejando, sobretudo, o problema da corrupção, real, mas usado para
gerar indignações seletivas. Este elemento foi central na engrenagem que, movendo-se sob
interesses de outros atores, trouxe como desfecho a interrupção democrática. Portanto, as forças
políticas que planejaram e implementaram o golpe parlamentar contaram com um aliado de sempre:
a grande imprensa brasileira. Seu papel histórico no boicote ao aprofundamento da democracia pode
ser sintetizado nas palavras de Feres Júnior (2016,p.280):
Com raríssimas exceções, a grande mídia brasileira tem tido um papel histórico
extremamente deletério para o avanço das instituições da democracia, da igualdade
e da pauta de direitos da cidadania. Combateram o presidente eleito Getúlio Vargas
de maneira determinada, tentaram impedir a posse de seu sucessor, Juscelino
Kubitschek, e apoiaram dois golpes militares contra João Goulart – o segundo, em
1964, suspendeu o regime democrático e o estado de direito em nosso país por
vinte anos. Apoiaram veementemente essa ditadura militar, e a partir do processo
de democratização passaram a militar contra candidatos de esquerda em eleições,
particularmente contra o Partido dos Trabalhadores (PT), como mostra
extensíssima literatura acadêmica [...]

A parcialidade da grande mídia na produção de informações também explica a passividade da


população em relação às ações regressivas dos conservadores que assumiram o poder. Medidas
patrocinadas pelo governo pós-golpe extinguem direitos, como no caso da reforma trabalhista,
atendem aos interesses de grupos econômicos, a exemplo das privatizações e vão ao encontro do
corolário ideológico dos grandes meios de comunicação, fortemente irrigados por recursos públicos
via verbas de comunicação e de publicidade oficial. Entre janeiro e outubro de 2017, comparando
esse período com o ano de 2015 e conforme dados da própria viSecretaria de Comunicação do
governo federal, a publicidade destinada à TV Globo cresceu 55% (elevando ainda mais sua
concentração no recebimento de verbas para TV de 42% para 51,27%), a revista Veja ficou com
43% das verbas destinadas às revistas, o jornal O Estado de São Paulo recebeu 677% de recursos a
mais e, ao todo, o Grupo Globo foi beneficiado com um aumento de 50% de verbas publicitárias em
relação a 2015. O comprometimento das grandes empresas de comunicação com a derrocada da
democracia brasileira se reflete, sobretudo, no conteúdo tendencioso e manipulado das informações
publicadas, as quais tiveram um papel importante no gotejamento do ódio social que contaminou
parte considerável da população brasileira e criou as condições para a legitimação da ruptura
democrática.
Pochmann (2018), chama a atenção para o silêncio da grande mídia diante do crescimento
vertiginoso da dívida pública no curto espaço de tempo do governo Temer. Apresentado como
catástrofe no período de Dilma Rousseff, a dívida aumentou 28 vezes mais com o receituário liberal
do governo pós-golpe. No entanto, esse fato desapareceu do noticiário nacional. Algo semelhante
aconteceu quando, em governos liberais anteriores, entre 1995 e 2002, a dívida pública líquida teve
um aumento acumulado de 114%, saltando de 30% para 60% do produto interno bruto (PIB). Nos
governos do Partido dos Trabalhadores (janeiro de 2003 a maio de 2016), a dívida líquida caiu de
59,9% para 39,2% do PIB. Todavia, na imprensa brasileira, números podem ser desastrosos para
seus inimigos e naturais para seus aliados, a depender de como são manipulados, explorados ou
ocultados. Importa fazer uso político-ideológico da informação.
Feres Júnior (2016), ao defender o uso da “metodologia de análise de valências” nos estudos sobre
mídia e política, considera que esse tema ainda está “inane” na Ciência Política. Para esse autor, no
Brasil (p.285): “a cobertura da política, particularmente no período eleitoral, é extremamente pobre
de sutilezas, pluralismo de opiniões, perspectivas, processos contraditórios e multifacetados.”
Oligopolizada e compartilhando o mesmo espectro ideológico, a grande mídia imprime seu viés na
produção de informações dos fenômenos políticos, sempre em desfavor de quem se situa em campo
oposto ao seu. Para comprovar suas evidências, Feres Júnior (2108), utilizando a base de dados do
Machômetro - ferramenta criada pelo Laboratório de Estudos de Mídia e Esfera Pública da
Universidade Estadual do Rio de Janeiro -, apresenta as valências mensais (ambivalente, contrária,
favorável, neutra) atribuídas à cobertura política dos grandes jornais em relação ao Partido dos
Trabalhadores (PT), entre janeiro de 2014 e fevereiro de 2018. Aqui (gráfico 4) está registrada a
cobertura do jornal O Globo, braço impresso do conglomerado de mídia que domina a produção de
notícias. A valência “contrária” ao PT na cobertura do periódico é flagrantemente desproporcional e
demonstra a parcialidade do trabalho jornalístico.

Em um país de extrema concentração dos meios de comunicação e de ausência de pluralidade na


produção de notícias em larga escala, não é difícil dimensionar o poder da grande mídia no processo
político. No período do governo anterior, viia presidente da Associação Nacional dos Jornais
declarou que os meios de comunicação estavam assumindo o papel de oposição de fato no país. A
imprensa brasileira, dado o seu caráter oligopolista, sempre procurou tutelar a democracia,
intervindo em momentos históricos para impor uma interpretação da realidade aos cidadãos e
sabotar os governos progressistas e populares. A mídia exerceu função preponderante na instauração
do regime militar e em sua manutenção, e continua a ter enorme influência nos processos eleitorais
e na avaliação dos fatos políticos, impingindo-lhes o viés que lhe convém. No impeachment, a
cobertura dessa grande mídia foi decisiva para o desfecho perpetrado pelas forças conservadoras. O
Brasil está longe do padrão de comunicação democrática mencionado por Meyer e Hinchman
(2008, p.26):

[...] reportagens equilibradas e abrangentes, objetividade e respeito pelas pessoas,


fidelidade à verdade na forma, no conteúdo e no estilo de cobertura, bem como
uma maneira de apresentar os acontecimentos que encoraje o cidadão a participar
do processo de comunicação na esfera pública.

Para esses autores, o papel principal da mídia numa democracia é o de disponibilizar informação e
avaliação política para todos os cidadãos, condição indispensável para caracterizar uma sociedade
democrática. Autores brasileiros que há muito se debruçam sobre o papel da mídia no processo
político e na relação com a cidadania, demonstram como os meios de comunicação se constituíram
num empecilho ao amadurecimento democrático. Como explica Feres Júnior (2018,p.182):

O bom funcionamento da democracia representativa contemporânea depende da


diversidade de opiniões circulantes. O raciocínio é bastante simples: para que possa
formar sua opinião acerca das questões mais importantes que afetam a vida
coletiva, os cidadãos devem ter acesso a uma pluralidade de pontos de vista, e
assim escolher o que mais lhe agrada, ou mesmo formular um outro a partir do
material que lhe é oferecido. Mas isso não pode acontecer no Brasil, pois nosso
sistema de mídia tem baixíssima diversidade externa - os meios estão todos
concentrados no mesmo espaço do espectro ideológico, que vai do centro para a
direita - e baixa diversidade interna - cada empresa de mídia serve um cardápio
bastante restrito de opiniões e pontos de vista para seu público.

Mas o fato novo do atual aborto da democracia brasileira é a associação dos grandes meios de
comunicação com setores do judiciário. O julgamento e a sentença condenatória do ex-presidente
Lula são o ápice de um processo de judicialização da política e de politização da justiça que, sob a
forma de espetacularização, seletividade e voluntarismos, deu vazão às idiossincrasias do judiciário,
cujo resultado concreto foi a retomada do poder pela direita reacionária e a criminalização da
esquerda entre os consumidores de informações e de opiniões produzidas na grande imprensa.
Contestados em meios jurídicos, acadêmicos (PRONER ET AL, 2017; ) e na imprensa alternativa,
os métodos, operações e “inovações jurídicas” de promotores e juízes, protagonistas das
investigações de episódios de corrupção, em perfeita sintonia com o aparato midiático e com o
calendário político, jogaram a democracia brasileira no abismo, como bem assinalou Weisbrot
(2018).
No espaço social de disputa pelo discurso, a grande mídia se encarrega de construir a aura de
infalibilidade em torno dos procedimentos judiciais, alçando seus protagonistas à condição de
guardiões da moralidade - alguns dos quais tornados celebridades - instrumentalizando-se da justiça
para atingir inimigos políticos. Enfatuados pelo poder e prestígio adquiridos, atores do judiciário
abusam de prerrogativas e se oferecem como instrumentos de disputa política, o que, ante a
legitimidade com a qual a mídia os cobre, inibe as instâncias corretivas e imobiliza o cidadão
comum, desprovido de informações e de conhecimentos que contrastem com o espetáculo
jurídico-midiático apresentado no cotidiano brasileiro, amparado por uma narrativa única.
Na visão de Nobre (2017), a “Lava Jato” (principal operação judicial de combate à corrupção) não
permite que o sistema político se refaça e imponha uma agenda. Criou-se um círculo vicioso no
qual a política desacreditada não consegue reativar a economia e o judiciário teme que,
restabelecido o controle da política pela política, seu protagonismo seja ameaçado. Por outro lado,
parte expressiva da população se sente representada pelo judiciário, imaginando que ele será o
garantidor de uma nova ordem.
Conquanto esta análise seja parcialmente válida - sobretudo quando identifica o papel da Lava Jato
na descrença do sistema político e na arregimentação de seguidores - é necessário assinalar que uma
agenda conservadora foi implementada, a despeito da ausência de legitimidade de seus executores,
além do que, os recortes, ênfases e procedimentos da operação Lava Jato assumiram um caráter
flagrantemente seletivo, favorecendo as forças da direita política, em consonância com os objetivos
das narrativas midiáticas.
Para Santos (2017), a Lava Jato constituiu uma sociedade de interesse comum com a imprensa para
liquidar a legitimidade do Partido dos Trabalhadores. Antes disso, em outro processo penal na
suprema corte da justiça brasileira (Ação Penal 470), teses esdrúxulas foram erguidas, das quais
derivaram outras que serviram para afiançar juridicamente o golpe parlamentar de 2016, descrito
pelo autor nos seguintes termos:

O sequestro do poder constituinte do povo se processa por golpe parlamentar, em


colusão tácita com o Judiciário e o empresariado, tendo a unanimidade relevante da
imprensa como filtro do noticiário que chega às grandes massas. A imprensa
colabora decisivamente para a consolidação do poder usurpado, substituindo a
conexão de sentido entre eventos, a racionalidade comum à maioria das pessoas na
percepção dos acontecimentos, pela imposição de causalidades precárias entre
ações de governo e artigos do Código Penal (SANTOS 2107,P.185)

Todavia, uma imprensa uníssona no combate ideológico e em simbiose com parte do judiciário
militante - a insuflar as classes médias movidas a ódio social - não lograria derrubar uma presidenta
eleita pelo voto popular sem legitimar o comportamento espúrio de um congresso conservador,
ávido por usurpar o poder. A conflagração da maioria do parlamento contra o governo eleito em
2014, desde o início pressionando-o e boicotando-o, expôs as deformações do sistema partidário e,
na opinião de Nassif (2018), o arruinou.
Organizado em 1945, durante o “Estado Novo” - quando partidos nacionais foram criados, servindo
à conciliação de classes e à governabilidade do presidencialismo - , o sistema partidário brasileiro
passa pelo bipartidarismo imposto pelo regime militar em 1964, se reorganizando em 1979 com o
pluripartidarismo, não sem reproduzir o mando das oligarquias regionais existentes antes da
ditadura. Com a abertura política, o Partido dos Trabalhadores, de forte base social e sindical,
forma-se contestando a política institucional, enquanto o PMDB (Partido do Movimento
Democrático Brasileiro) assume a hegemonia com a eleição de Tancredo Neves pela via indireta do
colégio eleitoral em 1985 e novamente dá sobrevida às oligarquias movidas a clientelismo,
fisiologismo e venalidade. Depois da constituinte de 1989, o PMDB é dividido e dele nasce o PSDB
(Partido da Social Democracia Brasileira). Outro fenômeno do sistema partidário brasileiro é a
proliferação de pequenos partidos, os quais precisam ser levados em conta para a formação de
maiorias e que, por isso, estão propícios a ser cooptados por interesses econômicos e paroquiais.
Mesmo com as mudanças na legislação (em 2007 a migração partidária foi proibida pelo Supremo
Tribunal Federal, exceto para novos partidos), a pulverização partidária continua e gera
instabilidade institucional. Além disso, o financiamento empresarial dos partidos deforma a
representação política num ambiente já conservador (NASSIF,2017).
O que ocorreu então com o congresso brasileiro ao promover e legitimar o golpe parlamentar em
2016? Em primeiro lugar, ele já não é mesmo que foi eleito em 2014. Como atestou Nicolau (2017),
19% dos deputados mudaram de partido. Juntamente com o PSDB, os pequenos partidos se
aproximam do campo ideológico da direita, instigados pelo antipetismo dos meios de comunicação,
passando a enxergar no golpe parlamentar a chance de acesso ao poder e apostando na instabilidade
que criaria as condições para a derrubada de Dilma Rousseff, como analisou Nassif (2017,p.240)
que assim descreveu o contexto:

Nos momentos em que há forte polarização política, onde os mecanismos de


negociação com o poder executivo são bloqueados, ou quando estão em jogo os
interesses diretos das classes produtoras rural e urbana ou de financiamento de
campanha, o equilíbrio tênue é rompido e cria-se um enorme risco de instabilidade
institucional.

A instabilidade institucional que precedeu o golpe e continua depois dele, não podia prescindir do
papel deletério exercido pelo presidente da Câmara dos Deputados Eduardo Cunha, do PMDB.
Alvo de vários processos por acusação de corrupção, lavagem de dinheiro, formação de quadrilha,
entre outros, o deputado, segundo consta em denúncias, teria financiado 30% dos deputados eleitos
em 2014. Como presidente da Câmara, instaurou e conduziu todo o processo de impeachment,
mesmo com processos judiciais contra si em curso, sendo afastado das funções de parlamentar e do
cargo em 05 de Maio de 2016 (menos de 20 dias após a votação do impeachment), cassado em 12
de Setembro de 2016 e preso em 19 de Outubro de 2016. Mantido à frente da Câmara para cumprir
os trâmites formais do afastamento da presidenta Dilma Rousseff, o deputado circulou livremente
no congresso, participando das conspirações coordenadas pelo então vice-presidente da república e
referendadas pelo PMDB, partido que ganharia a maior parte do naco de poder pós-golpe.
viii
Incensado pela mídia até liderar o golpe na Câmara dos Deputados, a prisão e condenação tardias
de Eduardo Cunha inserem-se no jogo de manipulação e de dissimulação que envolve atores e
instituições que participaram dos jogos de poder, das disputas ideológicas e dos interesses
disfarçados a acompanhar o golpe parlamentar.
Na visão de Miguel (2018), o golpe de 2016 desfez a percepção de que a democracia brasileira
caminhava para a consolidação. Seguindo a “onda global” de “desdemocratização”, o impeachment
ilegal da presidenta Dilma Rousseff demonstrou como o ordenamento político da democracia liberal
pode sabotar a própria efetividade dos mecanismos democráticos. As instituições participaram da
subversão da ordem constitucional e democrática, em sintonia com os interesses das classes
dominantes em desrespeitar as regras do jogo e em conquistar o poder sem eleição popular. Como
arrematou esse autor (p.5):

É a realidade de um país que passou de uma democracia formal, limitada, para uma
democracia menos que formal, cujas instituições não se preocupam mais em
disfarçar sua tendenciosidade em favor dos poderosos.

A hegemonia desses poderosos, percebida pelos cidadãos em pesquisa anteriormente mencionada,


desnuda a precariedade da gestação democrática no interior da sociedade brasileira. Apesar do
desenho das instituições e da existência de elementos formais em vários aspectos da moldura
democrática que se pretendeu criar, o exame minucioso dos fatores causais do golpe parlamentar
evidencia a tibieza das instituições garantidoras do processo democrático e a presença dominante de
atores que se comportam de modo nocivo à formação de uma cultura democrática, a exemplo da
grande mídia. Por outro lado, a interveniência de estruturas do aparato judicial, atuando em
consonância com a agenda e os interesses políticos e econômicos das elites, impedem a vitalidade
democrática, produzindo vazios e desesperanças cujas consequências são imprevisíveis.

4.CONSIDERAÇÕES FINAIS
A espiral conservadora brasileira começou a se articular a partir da ascensão do seu oposto: o
Partido dos Trabalhadores (PT) com todo o acúmulo de reconhecimentos simbólicos e concretos
que o identificaram com as camadas mais pobres da população e com segmentos médios e de
trabalhadores historicamente organizados em torno das causas sociais. O inesperado êxito dos
governos do PT em reduzir desigualdades, ampliar oportunidades e mesmo no manejo da economia,
deixou pouca margem de manobra para que as elites políticas e econômicas da direita ideológica
pudessem reverter por meios democráticos as sucessivas derrotas desde 2003. Todavia, os
equívocos, erros e desvios relacionados à corrupção, localizados no interior das coalizações
partidárias que deram sustentação aos governos do PT, foram utilizados como armas para o
jornalismo de guerra empenhado em interferir novamente nas nascente democracia do país. Em
orgânica sintonia com atores do judiciário que extrapolaram suas prerrogativas e se lançaram no
jogo político, inclusive aplicando interpretações heterodoxas ao direito penal quando não violando
direitos e garantias fundamentais, o oligopólio midiático gotejou ódios ideológicos e políticos em
parte considerável das classes médias, o que as predispôs a apoiar o golpe parlamentar desferido
contra o mandato da presidenta Dilma Rousseff.
Desde então, o Brasil mergulhou em um furacão de ondas de regressão social, cujo centro
movimenta-se para consolidar um sistema autoritário e conservador, alijando as expressões da
esquerda política da vida política. Esse processo culmina com a prisão do ex-presidente Lula,
contestada em forma e mérito por amplos setores dos meios jurídicos e acadêmicos, além de
desencadeadora de maior apoio popular ao PT e a Lula, num momento em que as forças da direita
acreditavam ter eliminado seu maior inimigo. Agora, no instante em que o Supremo Tribunal
Federal ensaia tardiamente conter as arbitrariedades das instâncias inferiores envolvidas na
condenação de Lula, grupos neofascistas cometem atentados (não noticiados pela grande imprensa)
contra o acampamento de trabalhadores que se solidarizam com o ex-presidente, juízes locais
recrudescem as regras para isolar Lula do mundo exterior e reaparecem especulações na mídia
dando conta de um suposto acordo de delação do ex-ministro Antônio Palocci, fornecendo mais
munição contra o PT e contra Lula e excitando a grande mídia.
Neste cenário, aprofunda-se a deterioração das condições de vida dos mais pobres em um ano de
eleições, cujas pesquisas apontam a liderança de Lula mesmo depois de seu encarceramento.
Vislumbra-se um ambiente de partição da sociedade entre a radicalização, o ceticismo e o
absenteísmo eleitoral. Os atores responsáveis pelo golpe parlamentar dobram as apostas para
consolidar sua hegemonia, enquanto as resistências se reorganizam timidamente ante o impasse da
prisão do maior líder das esquerdas. Mesmo diante deste quadro de tensões permanentes e de
imprevisibilidade, de qualquer forma, o Brasil terá de criar um movimento a partir do qual um
novo projeto de democracia seja fecundado e que ele, ante os inescapáveis conflitos com os quais a
sociedade deverá lidar por longo tempo, supere a decomposição das instituições atuais, dando luz a
um embrião que se desenvolva constantemente, em contraste com os “ovos cegos” vistos até aqui.

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Acesso em 24/01/2018.
viiNotícia disponível em
<https://oglobo.globo.com/politica/entidades-de-imprensa-fecomercio-estudam-ir-ao-stf-contra-plano-de-direitos-huma
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viiihttps://veja.abril.com.br/brasil/o-poderoso-cunha/