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La crisis de la deuda pública en América Latina en los años 80

Raynerth Centeno

Escuela de sociología. FACES


Universidad Central de Venezuela. Caracas-Venezuela

América Latina ha pasado por sucesivas crisis de deuda, este un fenómeno que
se calcula inicia en el siglo XIX y se extiende hasta la actualidad. Hablar del
fenómeno de la deuda sigue siendo de vital importancia, ya que su dinámica
económico-financiera influye decisivamente de manera estructural en la economía
global, sobre todo el peso de esta dinámica recae sobre aquellas economías más
débiles. Políticos, economistas y en general analistas de la materia, han llamado a
esta deuda “la deuda impagable de los países del tercer mundo”.

Revisemos en qué consiste dicho fenómeno, así como las condiciones internas y
externas que inciden en los procesos de endeudamiento de los países del tercer
mundo (o países en desarrollo –PED-. Especialmente enfoquémonos en la
situación de las naciones latinoamericanas en la década de los 80, situación
denominada crisis de la deuda externa en América Latina.

Luego pondremos la mirada sobre el caso argentino en la misma época, el cual


sin duda es uno de los más demostrativos en tanto que el fenómeno repercute de
manera significativa, siendo una expresión modelo de la importancia que juega la
deuda como factor en las economías internas. Sólo en el lapso 1976-1983 el
endeudamiento argentino ascendió de 8 a 46 mil millones de dólares registrando
un crecimiento anual de más del 27,76%.

La deuda, como deuda total de un país está conformada por la deuda interna y la
deuda externa, la primera es contraída con un acreedor interno, por ejemplo los
bancos nacionales, los poderes públicos o por empresas privadas cuya deuda es
avalada por el Estado. En cambio la segunda es contraída con un acreedor
extranjero, y a diferencia de la deuda interna, no puede ser reembolsada por el
Estado con medidas monetarias o políticas fiscales, pues no es un procedimiento
interno del país en cuestión. (Toussaint, 2004). En el presente trabajo tratamos
exclusivamente la deuda externa.

El tipo de deuda externa se subdivide en tres partes: 1) Parte multilateral: cuando


el acreedor es una institución multilateral, como es el caso del Fondo Monetario
Internacional (FMI) o bancos de desarrollo regionales como el Banco Africano de
Desarrollo y a otras organizaciones multilaterales como el Fondo Europeo de
Desarrollo. 2) Parte bilateral: cuando el acreedor es otro Estado. 3) Parte privada:
el acreedor es un organismo privado extranjero.

América Latina y la deuda externa

El endeudamiento de los países latinoamericanos por motivo de empréstitos


externos se da bajo la premisa del desarrollo sostenido, esto se traduce
esencialmente en la aplicación de esos recursos para la modernización de la
industria y de la agricultura para la exportación. Al crecer la actividad productiva
estos ingresos por exportación en alza se traducirían en reembolso de las deudas
respectivas y una participación en el crecimiento mundial. Esta fórmula por más
consistente que parezca no ha resultado del todo exitosa, repasemos algunos
elementos influyentes que corresponden tanto a las dinámicas internas de los
países de A.L como a la dinámica global guiada por las economías de más peso.

Lo que denominamos factores internos, agrupan el conjunto de políticas


económicas de los gobiernos, así como la situación histórico-social y estructural
dentro de sus determinados territorios. Es necesario tener en cuenta las
particularidades de los estados de los países de la región, en vista de que su
proceso de conformación, al final de cuentas, determina en buena medida su
dinámica interna, ésta va a estar determinada “en medida importante con el modo
en que el capitalismo, como formación económica y social, se establece en cada
país”.

En efecto, es conveniente aclarar que la edificación de los estados nacionales


latinoamericanos se realizó sobre una estructura económico-social históricamente
específica y en el marco de un contexto internacional definido. Ya en el siglo XIX
el progreso de las naciones se mide en función de su mayor o menor grado de
desarrollo hacia el capitalismo, esto comprende un doble propósito que deben
cumplir los estados, uno es la necesidad de vincularse con el mundo moderno del
capitalismo internacional, otro es garantizar el dominio interno en una base de
relaciones sociales que no es capitalista en sentido estricto.

Existe una gran diferencia entre los estados que se construyeron sobre la base del
modo de producción capitalista instituido en buena medida en toda la amplitud del
cuerpo social, y aquellos que se yerguen sobre una “anfractuosa topografía de
estructuras pre capitalistas”. El problema central reside en la necesidad de un
mercado interno con una dimensión de envergadura, en el que las clases
dirigentes y las relaciones sociales garanticen la acumulación y la expansión
económica en función de una unidad nacional, que genere las condiciones
objetivas para la competencia y aprovechamiento de ventajas en el mercado
internacional.

En este marco se inscribe la contradicción fundamental propia de los Estados


latinoamericanos, pese a unas fuerzas productivas dispersas en sus territorios, se
ven en la situación de afrontar su inserción en el mercado internacional en una
relación de dependencia, y ante el desafío imperante de desarrollar objetivos
nacionales, es el mismo Estado el que asume esa tarea.

En la generalidad de los casos, en Latinoamérica el Estado tiene un papel


primordial en la superación de las crisis económicas y en el propósito de
insertarse en la economía internacional. Esa función de orientador de la actividad
económica es la que explica cómo en función del progreso técnico y económico
ese Estado se anima a adquirir deudas con el propósito de la expansión del
mercado interno y la inversión.

Muchos analistas señalan que el problema no es el endeudamiento en sí, sino la


aplicación de esos recursos y la dimensión del financiamiento. Indican que éste
endeudamiento debería ir en concordancia con el tamaño de la economía y la
capacidad de pago de la misma. En la mayoría de los casos el endeudamiento es
aplicado para la financiación de déficits fiscales estructurales y para gastos
corrientes que finalmente no garantizan el repago de la deuda puesto que nunca
se utilizaron para fines de producción rentable.

Cuando tenemos un Estado que controla el ritmo, volumen y es orientador de la


economía nos podemos topar con estos problemas concernientes a políticas
fiscales y políticas comerciales. En primer lugar estamos situados en sociedades
donde la desigualdad social y económica es históricamente opresiva, desde su
conformación como repúblicas. Por ende también podríamos hablar de una deuda
social histórica, deuda que forzosamente es atribuida con frecuencia al Estado.
Este es un asunto que si examinamos bien nos topamos con la realidad de la
distribución del ingreso, del poder y la presencia de élites y grupos económicos
funcionales al neocolonialismo.

Lo propio es que se vuelve cuesta arribas para los economías internas operar con
eficiencia y prosperidad económica en un marco social donde el Fisco Nacional
no recauda los impuestos necesarios para que se cumplan las “leyes del
crecimiento”, y no hay capacidad de ahorro, más bien tenemos un cuadro social
en el que habrá que financiar políticas sociales, invertir en obras públicas y demás
gastos que salen por cuenta del Estado.

Hasta aquí todo pareciera indicar que el principal obstáculo para el desarrollo
sostenido reside en la misma dinámica interna de las economías de los PED.
Serían un conjunto de condiciones sine qua non que padecen las naciones del
tercer mundo y que es necesario un cambio a nivel técnico y político-económico
para trascender estas condiciones. Sostenemos que la verdad es que no hay
economía que se desligue de la realidad política interna e internacional, el poder
finalmente es el que priva ante estas múltiples determinaciones técnicas. La
economía es una actividad que se despliega sobre un marco de relaciones
sociales, está conectada a la sociedad como totalidad. La historia nos demuestra
con un sinnúmero de experiencias, que las variables de estudio de la ortodoxia
económica liberal se muestran insuficientes, en la realidad vemos situaciones que
trascienden el contrato social, las instituciones y demás marcos formales.

La mayoría de los analistas y corrientes que surgen a partir de la crisis de 1929


como los estudios de la CEPAL, partiendo de Raúl Prebish y sus críticas al
capitalismo periférico, coinciden en que es necesaria una burguesía innovadora
aplicada al crecimiento económico bajo una motivación nacional. Estos estudios
sostienen como receta próspera el constante financiamiento de la inversión
productiva y la innovación tecnológica para la sustitución de importaciones.

Sin embargo el modelo cepalino entra en crisis precisamente porque aun


recibiendo ingentes recursos por exportaciones en los momentos de auge de
commodities, o recibiendo recursos por concepto de deuda a bajas tasas de
interés, la dialéctica económica no garantiza bajo ninguna fórmula prescrita y
estudiada la prosperidad y la expansión.

Un aspecto cardinal en la dinámica interna de las economías de los países en


desarrollo es el comportamiento y los ciclos de la economía mundial, por eso es
necesario hablar de unos factores externos que inciden en el fenómeno de la
deuda. En este sentido agrega Falleto:

“Debido a los procesos de desarrollo del capitalismo mundial, éste se ve


sometido a reordenamientos que, muy a menudo, repercuten en forma de
crisis en los países latinoamericanos. El hecho obedece a que (como muchos
analistas han señalado) la transformación económica de un país dependiente
carece por lo general de una dinámica interna, de modo que los
reordenamientos de las economías centrales significan para los países
periféricos y dependientes reacomodos drásticos en su modalidad de
inserción. En casi todas las circunstancias le ha cabido al Estado un papel
importante en la superación de este tipo de crisis y en la inserción de país en
la economía internacional” (Falleto, 2003:6)
Es determinante el peso de las economías de los países más industrializados;
Europa Occidental, América del Norte, Japón, Australia y Nueva Zelanda. Los
largos ciclos expansivos de estas grandes economías y sus posteriores
desenlaces, bien sea recesión, Cracks financieros o crisis de sobreproducción,
inciden de manera directa sobre el endeudamiento y comportamiento de la deuda
pública en los países del tercer mundo.

Si hacemos un repaso a la situación de la deuda pública, podemos observar como


su aparición se relaciona con las ondas largas de crisis del capitalismo. La primera
crisis de este tipo que afectó a A.L correspondió a la primera crisis moderna de
sobreproducción de mercancías en el año 1826, precedida por el Crack de la
bolsa de Londres en diciembre del año 1825. Esta crisis abrió una larga onda de
expansión lenta (1826-1847) y acompañó lo que vendría siendo la crisis de la
deuda pública latinoamericana iniciada en 1820.

La segunda crisis de la deuda acontece en el año 1870, estalla en el marco del


crack de las bolsas de Viena y Nueva York consecutivamente, este hecho se
relaciona con la gran depresión de las economías industrializadas entre 1873 y
1893.

Así, igualmente podemos situar una tercera crisis, que coincide con el crack de
Wall Street en el año 1929. La Primera Guerra Mundial impulsó (mediante las
nuevas rutas comerciales que fueron conectando el mundo y facilitando el
comercio global, y el creciente ingreso por exportaciones de materias primas,
mayormente de alimentos) la inercia hacia el endeudamiento en el sur global, las
clases dominantes guiadas por una filosofía positivista del progreso y desarrollo
económico fueron acumulando títulos y bonos de deuda emitidos en los mercados
financieros centrales.

Según datos del CADTM (Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer
Mundo) 70% de las exportaciones de los países en desarrollo estuvieron dirigidas
a los países del centro, y 50% iban dirigidas sólo a cuatro países: Gran Bretaña,
Alemania, Francia y Bélgica. Los pagos de estos bonos de deuda estaban
anclados a la idea de un flujo constante de exportaciones para completar un ciclo
perfecto, pero como sabemos en 1928 los flujos se redujeron y
consecuentemente se saturaron los mercados financieros por los títulos emitidos
a los países de A.L lo que provocó la incapacidad de pago de los mismos.

Ya en 1932 doce países habían suspendido el pago de sus deudas, y para 1935
sumaban catorce el número de países que cancelaron sus compromisos. Esta
decisión se tradujo en crecimiento económico en los países deudores quienes
pudieron guardar importantes recursos financieros y aplicar políticas fiscales y
monetarias beneficiosas para sus economías. El escenario era de desánimo para
el endeudamiento exterior y alentador para el despegue económico a nivel
interno; programas de obras públicas y sustitución de importaciones completaban
un cuadro de prosperidad relativa en la región.

Crisis de la deuda pública en los años 80

La crisis de la deuda pública latinoamericana en la década de los 80 está


identificada como la cuarta crisis de deuda que sufre la región. Estuvo precedida
por una onda larga de crecimiento lento iniciada en 1974-75 cuya estabilidad va a
mellarse con el colapso del sistema de paridades fijas y la convertibilidad del dólar
estadounidense como moneda de referencia y valor fijo con relación al oro.

Posterior a la Segunda Guerra Mundial entra en curso el Plan Marshall para la


reconstrucción de Europa, estas grandes inversiones en la economía europea
suponen una vasta cantidad de dólares (“eurodólares”), divisas que no eran
convenientes retornaran a la economía de Estados Unidos pues esto causaría
una inflación incontrolable. Esto va a concurrir, en suma, con el aumento de los
precios del petróleo en el año 73 y aumento de materias primas en general. La
ingente cantidad de dólares por concepto de exportación de crudo fue depositada
por los países productores en el sistema financiero internacional sumando otro
factor para la abundancia de dólares.

Por motivo de este excedente de liquidez, en los mercados financieros


internacionales se redefine una estrategia crediticia para el tercer mundo, así
nacen los préstamos ventajosos para financiar su desarrollo. Parte de la
estrategia consistió en reducir las tasas de interés internacionales a niveles
atractivos para los países en desarrollo, los cuales tomaron cuantiosos préstamos
a bajo costo. La demanda de créditos aumentó, pero lo que no previó la banca
internacional en medio de este escenario alentador fue su estrategia a largo plazo
en función de la amortización de las deudas.

El incremento de ingresos por exportaciones en las naciones del tercer mundo en


combinación con la posibilidad de ofrecer préstamos a bajas tasas de interés,
parecían conformar una ecuación con la cual no habría fallas para completar un
ciclo de endeudamiento-crecimiento-pago, por ello los grupos financieros
internacionales concedieron créditos sin mayor estudio y moderación apostando a
un bajo riesgo en los créditos internacionales. Esto correspondió a la parte privada
de la deuda externa latinoamericana.
No solo los bancos occidentales prestaron dinero para el desarrollo de América
Latina, la misma recesión generalizada de los años 70 condujo a los países
centrales a buscar desesperadamente compradores para sus mercancías, lo cual
estimuló préstamos de Estado a Estado conformando así la parte bilateral de la
deuda externa en A.L. La condición de esta parte de la deuda era que los países
deudores contrajeran deuda por concepto de compra de mercancías elaboradas
en los acreedores del norte.

Por otro lado también financiaría en gran medida el Banco Mundial, institución que
nace en los acuerdos de Bretton Woods en 1944. Esta plataforma financiera
conforma lo que sería la parte multilateral de la deuda pública. Incitó a los países
en desarrollo a endeudarse para financiar su desarrollo bajo condición de pago
mediante materias primas, solo en el lapso de 1969 a 1973 el Banco Mundial
acordó más préstamos que en todo el período de 1945 a 1968.

En lo que respecta a la década de los 70 la deuda pública total de América Latina


y el Caribe sumaba 32.561 millones de dólares y en el curso de 10 años esta
ascendió a 257.374 millones de dólares lo que representa un incremento del
690% aproximadamente (ver cuadro N°1).

Hay ejemplos alarmantes como el caso los casos de las dictaduras Argentina y
Brasileña y luego la dictadura mejicana ampliamente apoyadas por los gobiernos
del norte. Estos países aumentaron considerablemente sus servicios de deuda a
veces hasta llegar al punto del no pago como es el caso de México. Es necesario
hacer la acotación pues, como coincidencia regional, el apoyo a regímenes
dictatoriales constituye una variable de peso geopolítico de los países del Norte en
relación con el Sur global. Y pareciera ser regla a nivel mundial que en el tercer
mundo las élites desvíen los recursos recibidos por concepto de deuda para
beneficios individuales contando con el beneplácito imperial, en ese sentido
agrega Toussaint:

“Una parte importante de las sumas prestadas fue desviada por unos
regímenes corruptos. Éstos aceptaron alegremente endeudar sus países
mientras cobraban de paso unas comisiones con el beneplácito de los otros
actores del endeudamiento. ¿Cómo explicar que, a su muerte, Mobutu Sese
Seko, a la cabeza del Zaire durante más de 30 años, dispusiera de una
fortuna estimada de 8.000 millones de dólares, equivalente a dos tercios de la
deuda de su país, sin contar el enriquecimiento de sus familiares? O que en
Haití, en 1986, la deuda externa se elevara a 750 millones de dólares
mientras la familia Duvalier, que gobernó con mano de hierro durante 30 años
(primero François, “papa doc”; después Jean-Claude, “Bebe Doc”),
emprendiera la fuga hacia la Costa Azul francesa con una fortuna evaluada
en más de 900 millones de dólares. ¿Qué otra explicación encontrar al
enriquecimiento de la familia de Mohammed Suharto en Indonesia, cuya
fortuna, en el momento en que fue despojado del poder en 1998 después de
32 años de reinado, fue calculada en 40.000 millones de dólares, mientras su
país se encontraba en pleno marasmo? (Toussaint, 2004)

Cuadro

N°1

Según el anuario estadístico del Fondo Monetario Internacional, la evolución de la


carga de la deuda externa en América Latina pasó de un coeficiente de 23% con
relación al PIB a un 46%, esto quiere decir que casi la mitad de los recursos
generados por las economías de los países en desarrollo estaban destinados a
compromisos de pago. Según datos del mismo estudio la tasa de crecimiento
interanual para el período 1973-1989 es de 2,96% lo que indica que hubo un
crecimiento acelerado y exponencial del servicio de deuda, esto a pesar del
constante ejercicio de renegociación y la aplicación de programas de ajuste.

Ahora cabe preguntarse ¿por qué fue inconsistente el pago de la deuda y por qué
cuando en la década de los 70 todo parecía ir bien fallaron todas las fórmulas?
Como bien señalábamos antes, en primer lugar necesario es atender a la
condición específica de los países en desarrollo, su subordinación y dependencia
en la trama global y la actitud tanto de las élites locales como las externas
residentes en el “primer mundo”.

Hablar de producción rentable en el tercer mundo no es cuestión de mero análisis


económico y al principio de esta reflexión sentamos bases para explicar el por
qué. Ahora bien, esto no solo iba a depender de la inversión de estos recursos en
programas que garanticen el retorno, sino que un factor condicionante serían las
tasas de interés. Los cálculos para realizar dichos préstamos fueron realizados en
el marco de unas condiciones que se prestaban para ofrecer tasas de interés
bajas, lo que garantizaría el pago de dichas deudas, pero al momento de los
contratos sabemos que los prestamos fueron concedidos a tasas de interés
variables, el interés sería ajustado en referencia a las tasas internacionales.

A principio de la década de los 80 cambiaron las reglas del juego, se


incrementaron las tasas de interés abruptamente, el entorno financiero
internacional es otro, y los países desarrollados aplicaron programas
antiinflacionarios y de restricción monetaria. A esto se suma la disminución de los
precios de las materias primas, lo cual conforma un coctel de elementos que por
un lado aumenta el servicio de deuda debido a las nuevas tasas de interés, y por
el otro, vemos una merma en los ingresos por exportaciones de los países de A.L.

Es en este marco en el que se inscribe la incapacidad de pago de deuda de los


países de la región, estos países, que dependen en demasía de los recursos por
exportaciones para sus gastos corrientes y estabilidad macroeconómica, se ven
obligados a pagar buena parte de estos en servicio de deuda con tendencia al
crecimiento sostenido. Es por esto que en año 1982 México anuncia su
incapacidad para cumplir con los compromisos de pago de su deuda externa, y
por condiciones objetivas, esto genera un efecto en cadena en el que la mayoría
de las naciones deudoras de A.L manifiestan su incapacidad de pago, esto es lo
que denominamos Crisis de la deuda pública de los países latinoamericanos.

Como estuvimos repasando en la crisis de la deuda de 1930 hubo acuerdo entre


los países deudores y en coalición decidieron el no pago de la deuda, lo que
finalmente se tradujo en crecimiento económico para la región. En esta ocasión no
sucedió lo mismo, los gobiernos, unos serviles a las potencias extrajeras, otros
invadidos por la resignación, fueron llevados por los acreedores a convenir
separadamente la renegociación de sus deudas. Los que sí conformaron una
coalición fueron los acreedores que bajo la plataforma multilateral de mecanismos
como el FMI iniciaron programas de renegociación bajo compromisos de ajustes
macroeconómicos en los países deudores, ajustes que son bien conocidos por los
teóricos del neoliberalismo; estado pequeño, privatizaciones de servicios públicos,
y demás artimañas del coctel neoliberal.

Entre los factores externos o internacionales que incidieron de forma determinante


en precipitar y agudizar la crisis de la deuda tenemos:

 Crecimiento abrupto de las tasas de interés internacionales: como


consecuencia de la ejecución de programas antiinflacionarios en los países
desarrollados, se incrementaron significativamente las tasas de interés a
las cuales se habían contratado los préstamos; éstos en su mayoría,
habían sido negociados a tasas de interés variables con referencia
internacional.

 Caída de los precios de las materias primas a principios de la década de


los ochenta, lo que ocasionó un declive de los ingresos por exportación de
los países en desarrollo.

 Imposibilidad del incremento de los ingresos por exportaciones, como


consecuencia del deterioro de los términos de intercambio de los países
deudores (causado por la caída de los precios de las materias primas) y de
la recesión económica mundial existente en la época.

 Abrupta declinación de entradas de capital extranjero por concepto de


préstamos externos y por concepto de inversiones extranjeras, provocada
por la suma de los tres factores internacionales mencionados
precedentemente.

Tambien repasemos los factores internos o domésticos: economías inestables,


que incidieron en la prolongación y repeticiones de la crisis de la deuda externa:

 El uso de los recursos recibidos en préstamo determinó la capacidad de los


deudores de honrar o no sus compromisos internacionales:
 Muchos de los PED siguieron el modelo keynesiano de expansión de la
demanda interna: gastos en el aparato burocrático, gastos militares, etc.

 Gasto en fines improductivos.

 Intervencionismo estatal en la economía en lugar de orientar el


financiamiento externo a proyectos, que por sus retornos, garantizaran el
servicio de pago de la deuda.

Deuda pública Argentina

Argentina se vio afectada por la crisis de la deuda de principio de los 80 y


adelantó un agresivo programa de reestructuración económica y social aplicado a
principios de los noventa. Sin embargo, el cuadro n°3 muestra la aceleración del
nivel de endeudamiento, especialmente a partir de 1995. Este endeudamiento
acelerado estuvo aparejado con un significativo incremento del servicio de la
deuda externa por concepto de interés.

La segunda mitad de los noventa se caracterizó por un esfuerzo interno por


recuperar el crecimiento y sostener la estabilidad, pero en un contexto de
elevados costos financieros. Finalmente, a inicios del nuevo siglo Argentina
protagonizó un nuevo episodio de la crisis de la deuda de proporciones superiores
al pasado.

Cuadro N°2

Deuda externa bruta según sectores residentes (millones de Usd)


Se puede observar (Cuadro n°2) que la deuda argentina es contraída
mayoritariamente con entes públicos internacionales, hasta el año 1998 estos
tuvieron más peso que las instituciones privadas, a partir del año 98 se percibe un
cambio en la orientación de la deuda, esto se debe a que, en medio de la
necesidad de atender el servicio de deuda se recurre a lo que se denomina
“créditos puente” o renegociaciones de deuda con acreedores privados,
generalmente esta renegociación es contraída en condiciones más difíciles que
las de la deuda anterior, esto es, con tasas de interés más elevadas y proyectada
a períodos de tiempo más cortos.

Gráfico N°1. Deuda externa bruta según sectores residentes (millones de


Usd)
Cuadro N°3
Composición de la Deuda Pública Argentina (Millones de Usd)

Entre 1976 y 1983 la deuda pública Argentina tuvo un crecimiento de 27,76%


anual, esto coincide con los tiempos de la dictadura militar de Rafael Videla. La
deuda pasó de un valor de 8.280 millones de dólares a 46.005 millones de
dólares. El destino de los recursos de deuda fue la especulación financiera y la
corrupción administrativa.

La junta en el poder endeudó forzadamente a las empresas públicas, un ejemplo


es la petrolera YPF, una de las principales empresas del país, cuya deuda externa
pasó de 372 millones de dólares a 6.000 millones de dólares, una multiplicación
por 16 en el período de 7 años. El enriquecimiento ilícito por parte de las personas
más allegadas al Gobierno, así como de los mismos agentes gubernamentales de
este periodo, gozó del beneplácito de instituciones de la envergadura del Chase
Manhattan Bank, el Banco Mundial y el FMI. Revisemos ahora una sentencia de la
Cámara Federal Argentina posterior a investigaciones exhaustivas sobre el caso
de la deuda en el período de la dictadura:

“De 1976 a 1983, la política de endeudamiento y de préstamos fue totalmente


arbitraria. Esto implica al personal y a los consejos administrativos de
instituciones públicas y privadas. La existencia de un vínculo explícito entre la
deuda externa, el flujo de capitales extranjeros a corto término, las elevadas
tasas de interés en el mercado interno y el sacrificio correspondiente del
presupuesto nacional desde 1976 no puden haber pasado inadvertidas a las
autoridades del FMI, que supervisaba las negociaciones económicas en este
período.” Sentencia de la Camara Federal Argentina, 14 de julio del año
2000.

Esta situación desembocó la primera crisis de deuda externa y el período con más
alta inflación en Argentina en toda el siglo XX. Esto completaría un grupo de
factores que impactan en la sociedad conformando un cuadro social que
analizaremos en el apartado final.

Cuadro N°4. Evolución de la carga de la deuda en Argentina, 1980-1998


(coeficientes deuda – PIB y

deuda/exportaciones)

Si revisamos los indicadores de la deuda con relación a las variables claves el


cuadro es alarmante, la deuda externa Argentina representa con respecto al PIB
más del 55% sin incluir la deuda externa de las provincias, incluyendo a las
provincias la carga de la deuda medida por el coeficiente deuda/PIB llega al 62%.
Como podemos observar, es evidente que con altas tasas de interés, superiores
incluso a la expansión del PIB y las exportaciones, la insolvencia es permanente
(BM 2001).
Los servicios de deuda cubren el 7,4% del PIB argentino, los intereses absorben
el 25% de los ingresos tributarios y por concepto de seguridad social recibidos por
el Gobierno argentino.

Análisis socioeconómico de las repercusiones que tuvo Argentina en el


marco la crisis de la deuda pública.

En la década de los noventa el Estado Argentino implemento una serie de


políticas económicas y sociales que tuvieron repercusiones directas e indirectas
sobre la sociedad Argentina. A continuación se describen los principales rasgos
de algunas de estas políticas.

Las políticas macroeconómicas desarrolladas durante la década de los noventa


prometían que Argentina dejaría atrás los tiempos de crisis económica para
integrarse exitosamente en el mercado mundial. El contexto político de la época,
en el que las (IFI) instituciones financieras internacionales desarrollaron una fuerte
influencia en el país, favorecía el impacto distorsivo que su accionar genera en los
mercados.

El crucial desempeño de la economía argentina en los primeros años de la


década de los noventa parecía sustentar aquel pronóstico donde el flujo masivo
de capital internacional produciría el crecimiento de la economía. Al mismo
tiempo, el desarrollo del sistema de convertibilidad con un tipo de cambio real
subvaluado proveyó a muchas familias argentinas estabilidad de precios, mayores
recursos y oportunidades para la inversión y el consumo.

Sin embargo, paralelamente a este marco político económico “favorable”


empezaron a establecerse dificultades sociales. Los jóvenes argentinos se vieron
especialmente afectados por estas tendencias.

Una de las principales reformas del gobierno Argentino al inicio de los años 90,
estuvo inspirada y apoyada por las (IFI), se estableció un tipo de cambio fijo entre
el peso y el dólar, el cual que fue acompañado por un proceso de apertura
comercial y privatizaciones de empresas estatales. Pero a la vez, la simultánea
eliminación de la protección comercial y la apreciación cambiaria, acentuaron la
pérdida de competitividad de la industria nacional. Como consecuencia, durante
esa década se produjo un aumento sostenido de la tasa de desempleo, que se
triplicó de 6,3% en 1992 a 18,3% en 2001. Si sumamos a este porcentaje el
correspondiente a las personas subempleadas (con empleos cuyas
remuneraciones son inferiores a las ideales), la proporción aumenta hasta llegar al
50% durante la crisis. En otras palabras, al final de los noventas una de cada dos
personas en condiciones de trabajar, experimentaba dificultades en la obtención
de empleo.

Esta creciente inseguridad laboral estuvo acompañada también por el retroceso


significativo en la cobertura y políticas sociales. La fracción de la población con
derecho a jubilaciones se redujo de 71% en 1992 a 56% diez años más tarde, y la
cobertura del seguro médico cayó de 68% a 55% en ese mismo período. La
erosión casi ininterrumpida de los ingresos reales por la hiperinflación, es otro
aspecto del mismo desarrollo. Entre 1992 y 1996 se registró una reducción del
ingreso real de 7,1%. A partir de 1998 los hogares perdieron un 13% adicional de
sus ingresos reales, a lo que se suma un 30% más durante la crisis que marcó el
fin de la convertibilidad.

Los servicios sociales

Las reestructuraciones en las áreas de atención social, salud y educación de los


años 90 apuntaban a profundizar en la descentralización de la prestación de los
servicios y a obtener una mayor autonomía de los gobiernos estadales. Con el
apoyo técnico de las IFI, el gobierno Argentino cedió la responsabilidad para los
establecimientos de salud y educación sin embargo, esta iniciativa se dio, sin
proveer las transferencias de recursos específicos necesarios para su
financiamiento y sin establecer mecanismos compensatorios suficientes. En el
ámbito de la salud, las reformas buscaban establecer una mayor autonomía
hospitalaria y reforzar el rol de las obras sociales para mejorar la cobertura y la
calidad de servicio. Sin embargo, los avances logrados en este aspecto fueron
escasos, las reformas acentuaron la fragmentación de las instituciones y la
inequidad de los servicios, ya que se registró un crecimiento del subsector privado
mientras se redujo la cobertura de las obras sociales, dejando una red de
servicios estatales con mayores deficiencias para atender a la población más
vulnerable, sin otra cobertura médica.

Por otro lado la “Ley Federal de Educación”, que fue sancionada en 1993,
pretendía ordenar el proceso de descentralización de este sistema; sin embargo,
la falta de recursos para las jurisdicciones además de los bajos rendimientos
educativos y la ausencia de un efectivo mecanismo compensador, contribuyeron a
reforzar las desigualdades preexistentes.

Política tributaria
Durante los primeros años de la década de los 90, las autoridades económicas
fueron introduciendo sucesivas modificaciones en el sistema tributario. En
principio se siguió la orientación de concentrar la recaudación en dos tributos.

A medida que los tributos alcanzaban mayor importancia, se fueron eliminando


otros tributos que se consideraban distorsivos. En el caso del IVA, por ejemplo, las
modificaciones incluyeron una generalización paulatina hasta los máximos niveles
conocidos internacionalmente. Así mismo, la reforma impositiva fue apoyada por
un programa de reforzamiento de la administración tributaria que incluía un amplio
esquema de pagos a cuenta, la promoción del sistema de facturación en ventas y
del régimen penal tributario medidas que facilitaron el control y mejoraron la
recaudación de los impuestos hasta 1994. Porque a partir del primer trimestre de
ese año (1994), algunos de los factores macroeconómicos operaron en sentido
contrario frenando el aumento de la recaudación.

El énfasis de la gravedad fiscal experimentada durante 1995 obligó al gobierno


Argentino a tomar medidas de emergencia que consistieron, Principalmente, en:
un incremento de la alícuota del IVA (que pasó de 18% a 21%), el aumento de
aranceles de importación, la reversión parcial de la rebaja de las contribuciones
patronales, la ampliación de la base de los impuestos a las ganancias y a los
bienes personales, y la reducción de los reintegros a las exportaciones y del
subsidio a los bienes de capital. Por último, la reforma tributaria de 1998 reforzó
los ingresos públicos a través de la ampliación de la base imponible del IVA y de
la creación de los impuestos a la Ganancia Mínima Presunta, a los intereses
pagados sobre los automotores, embarcaciones, aeronaves, y el Monotributo. La
sumatoria de estas reformas permitió llegar al final de los noventa con una presión
tributaria (incluyendo los impuestos estadales y los recursos de la seguridad
social) superior al 20% del PIB, significativamente mayor a la de los primeros años
de la década.

Gasto social

El gasto público con carácter social en Argentina aumentó de forma sostenida


durante la década de los noventa. Sin embargo, las erogaciones tuvieron un claro
comportamiento procíclico, subiendo en tiempos de expansión económica y
bajando durante las fases recesivas. (Es por esto que la población,
particularmente los sectores populares, recibieron un menor apoyo por parte del
Estado en los años de recesión y crisis que fue cuando más lo necesitaban).

Aunque a nadie sorprendió, el aumento del gasto social no logró frenar o revertir
el crecimiento de la desigualdad social y económica. Las inversiones en algunos
niveles educativos, en pensiones y en sectores de salud, por ejemplo, suelen
representar en algunos casos gastos regresivos ya que los sectores más ricos de
la sociedad se benefician, en mayor proporción que los de bajos recursos, a
través de estos servicios.

Finalmente, el gasto público social no resultó sustentable. La crónica falta de


ingresos necesarios para las reparticiones públicas llevó al endeudamiento
creciente a nivel provincial y, completando el círculo vicioso, el subsiguiente
aumento del gasto para el servicio de esta deuda impuso nuevas restricciones al
gasto público social. El déficit fiscal llegó a su extremo con la crisis, y la
administración se encontró incapaz de mantener el nivel de inversión social tras el
fin de la convertibilidad.

Lo que podemos concluir con lo antes mencionado es básicamente como el


incremento de la inversión y financiamiento extranjero fungieron en un momento
histórico como mampara económica de una crisis económica que arrastraba
Latinoamérica, que en este caso, se acentuó por la ineficiente inversión de los
recursos en la diversificación de exportaciones y el gasto excesivo en el
financiamiento público como medida socioeconómica, lo que en principio
planteaba la idea de un país próspero y organizado, se vio eventualmente
deconstruido por la enfatización de las desigualdades sociales preexistentes y el
incremento de la deuda pública.