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¿A qué llamamos trastornos del estado del ánimo?

Se entienden por trastornos del estado del ánimo a aquel conjunto de


alteraciones psíquicas vinculadas a la presencia de estados de ánimo alterados
de manera más o menos persistente que generan una alteración significativa en
la vida de la persona, resultando dicho estado de ánimo extremo y
patológico dificultando la adaptación de la persona a su vida diaria.
Se trata de trastornos que provocan un profundo sufrimiento a la propia persona,
alterando aspectos como la autoestima, la manera de ver el mundo y los sucesos
y de atribuir causas y responsabilidades. Afectan no solo al propio ámbito
afectivo, sino también a la cognición e incluso a la percepción del entorno.
Asimismo generan repercusiones en todos los ámbitos vitales, variando la
manera de relacionarse con el entorno y con el resto de sujetos que forman parte
de él.
Estamos ante el grupo de trastornos, junto al de los trastornos de ansiedad,
más prevalente a nivel mundial, padeciendo un elevado porcentaje de la
población algún tipo de afectación de este tipo. Asimismo cabe destacar que el
otro grupo de trastornos que acabamos de mencionar, los trastornos de
ansiedad, se encuentran profundamente vinculados a estos siendo frecuente
que aparezcan conjuntamente o bien que los padecimientos que genera uno
terminen por provocar el otro.

 Artículo relacionado: "Los 16 trastornos mentales más comunes"

Trastornos incluidos

Dentro de los trastornos del estado del ánimo podemos encontrar algunos de los
trastornos mentales con mayor incidencia y prevalencia a nivel mundial. Algunas
de las entidades nosológicas y diagnósticas más relevantes son las siguientes,
si bien tenemos que tener en cuenta que también podemos encontrar los
trastornos depresivos y bipolares no especificados (que no reúnen
características suficientes de los trastornos de los que vamos a hablar pero se
encuentran vinculados) y los inducidos por sustancias y/o enfermedad médica.

1. Trastorno depresivo mayor

El trastorno del estado del ánimo más prevalente de todos y uno de los trastornos
mentales más conocidos. Se caracteriza por la presencia durante al menos dos
semanas de un estado de ánimo triste y decaído la mayor parte del día junto a
la pérdida o disminución de motivación y la capacidad de sentir placer, además
de otros síntomas como problemas de sueño, alimentación y concentración,
enlentecimiento o agitación, fatiga, desesperanza y pasividad. También suelen
presentar problemas a la hora de tomar decisiones y pueden experimentar
deseos y pensamientos suicidas.
2. Distimia (actual trastorno depresivo persistente)

Semejante al anterior pero generalmente con menor intensidad en los síntomas


y con una duración mucho mayor (pudiendo llegar a ser crónico), se identifica
como tal a aquel trastorno caracteizado por la presencia durante al menos dos
años durante la mayor parte del día durante casi todos los días (no teniendo
periodos sin síntomas de más de dos meses seguidos) de un estado de ánimo
deprimido y triste, además de problemas alimentarios, de sueño, fatiga, baja
autoestima, desesperanza y problemas de concentración y toma de decisiones.
Aunque en un momento puntual puede parecer menos grave que una
depresión mayor al ser sus síntomas de menor intensidad, también hay que
tener en cuenta que los problemas permanecen durante mucho más tiempo,
produciendo un desgaste por acumulación a tener muy en cuenta.

3. Trastorno bipolar

El trastorno bipolar es otro de los principales y más conocidos trastornos del


estado del ánimo, en que generalmente se da una alternancia entre episodios
maníacos (en que se da durante al menos una semana un estado de ánimo
expansivo e irritable, elevado nivel de energía, sensaciones de grandiosidad que
pueden llegar al delirio, verborrea, pensamiento acelerado, distraibilidad,
conductas de riesgo y en algunos casos alucinaciones en un nivel tan elevado
que a veces se requiere hospitalización) o hipomaníacos (semejantes al anterior
pero de menor intensidad y duración, estando presentes como mínimo durante
cuatro días y aunque observable no genera deterioro) y episodios depresivos
(equivalentes en sintomatología a los síntomas descritos en la depresión mayor,
que en realidad implica la existencia de este tipo de episodios).
En realidad no existe uno, sino dos tipos básicos de trastorno bipolar. En el
trastorno bipolar tipo 1 el sujeto experimenta o ha experimentado al menos un
episodio maníaco o mixto, pudiendo o no estar precedido o seguido por un
episodio depresivo y hipomaníaco. Para diagnosticar el tipo 2 sí que es necesario
que exista al menos un episodio depresivo y uno hipomaníaco (sin que haya
habido ningún episodio maníaco o mixto).

 Artículo relacionado: "Trastorno Bipolar: 10 características y curiosidades


que no conocías"

4. Ciclotimia o trastorno ciclotímico

Se entiende por ciclotimia aquel trastorno del estado del ánimo en que el sujeto
presenta múltiples síntomas hipomaníacos y depresivos alternados, sin
suficiente intensidad para diagnosticarse un episodio o trastorno depresivo o
bipolar a lo largo de como mínimo dos años. Los síntomas son continuados y
suele presentarse una alternancia rápida, en días. Estaríamos ante el
equivalente de la relación entre distimia y depresión pero en el caso del trastorno
bipolar, siendo más leve que el bipolar en sintomatología pero mucho más
prolongado y con ciclos más rápidos.
Cambios en el DSM-5

Si bien la mayoría de profesionales los siguen considerando como trastornos del


estado del ánimo, lo cierto es que esta etiqueta diagnóstica ha desaparecido
como tal en la última versión de uno de los principales manuales de referencia,
el DSM-5. Y es que en éste se ha optado por dejar de englobar todos los
trastornos del estado del ánimo en una única categoría para hacerlo en dos, en
virtud de la existencia de dos tipos genéricos de este trastorno.
De este modo, en la actualidad podemos encontrar que en vez de trastornos del
estado del ánimo las distintas psicopatologías antes mencionadas se engloban
en dos grandes categorías: trastornos bipolares y trastornos depresivos.
Esta decisión puede generar el problema de considerarlos entidades
clínicas muy distintascuando a menudo están relacionadas, pero en la práctica
sigue tratándose de los mismos problemas que antes se conocían con lo que a
nivel práctico tiene gran repercusión.
Lo que sí resulta relevante es la creación de nuevas etiquetas diagnósticas
añadidas, que aunque ya no se denominen así formarían también parte de los
conocidos como trastornos del estado del ánimo.

Trastornos añadidos en el DSM-5

Además de los anteriormente citados, en la última versión del DSM encontramos


que se han generado algunas etiquetas diagnósticas nuevas. En este
sentido entre las novedades destacan dos trastornos anteriormente no
identificados como pertenecientes a los trastornos del estado del ánimo o
incluidos en otros trastornos.

1. Trastorno disfórico premenstrual

Si bien anteriormente ya se conocía la existencia del síndrome premenstrual,


siendo algo muy expandido y sufrido por una gran cantidad de mujeres, el DSM-
5 ha añadido dicho síndrome como un trastorno. Se considera como tal a la
presencia durante la mayoría de ciclos menstruales de labilidad afectiva (es
decir variaciones rápidas del estado del ánimo), irritabilidad, ansiedad, tensión
intensa, autodesprecio o depresión junto con fatiga, problemas de sueño,
alteraciones del apetito, dolor, desinterés y problemas de concentración,
siendo necesario que se den como mínimo cinco de estos síntomas durante la
semana previa a la llegada de la menstruación.

2. Trastorno de desregulación destructiva del estado del ánimo

Este trastorno se define por la presencia durante al menos un año y casi a diario
de cólera e irritabilidad desproporcionadas para la situación que las genera,
estallando en forma de accesos verbales o físicos (pudiendo llegar a la agresión)
con un estado de ánimo irascible de manera persistente entre los accesos. Estos
se producen al menos tres veces y pueden observarse por semana en más de
dos contextos diferentes, apareciendo los primeros síntomas antes de los diez
años de edad y no diagnosticándose ni antes de los seis ni después de los
dieciocho años de edad.