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Acerca de cómo nacen las

historias (varios autores)

García Márquez explica así cuál fue el punto de partida de algunos de sus
relatos cortos:

Una imagen visual. En otros escritores, creo, un libro nace de una idea, de un
concepto. Yo siempre parto de una imagen. La siesta del martes, que considero mi
mejor cuento, surgió de la visión de una mujer y una niña vestidas de negro y con
un paraguas negro, caminando bajo un sol ardiente en un pueblo desierto. La
hojarasca es un viejo que lleva a su nieto a un entierro. El punto de partida de El
coronel no tiene quién le escriba es la imagen de un hombre esperando una lancha
en el mercado de Barranquilla. La esperaba con una especie de silenciosa zozobra.
Años después yo me encontré en Paris esperando una carta, quizás un giro, con la
misma angustia, y me identifiqué con el recuerdo de aquel hombre.

Basándose en un recuerdo de su infancia, Toni Morrison elaboró The Bluest Eye.

Comencé a escribir ese libro como un cuento corto basado en una conversación
que tuve con una amiga cuando era pequeña. Hablábamos sobre la existencia de
Dios; ella decía que no existía y yo decía que si. Ella me explicó por qué no: había
rezado cada noche durante dos años para tener ojos azules y no los tuvo, así que
Él no existía. Recuerdo que la miré, la imaginé con ojos azules y pensé que seria
espantoso que respondieran a esa plegaria. Ella me parecía hermosa. Comencé a
escribir sobre la niña que quería los ojos azules y el horror de que se cumpliera ese
deseo; también sobre toda la cuestión de la belleza física, y el dolor de ese anhelo
de ser otra persona, que pese a ser devastador, formaba parte de todas las mujeres
que eran periféricas en las vidas de otros.

La casa de los espíritus, de Isabel Allende, también fue escrita para salvar del
olvido una parte de su pasado:

En enero de 1981 desperté una mañana con una idea extravagante. Pensé que si
ponía por escrito lo que deseaba rescatar del olvido, podría reconstruir el mundo
perdido, resucitar a los muertos, reunir a los dispersos, aprisionar para siempre los
recuerdos y hacerlos míos. Ya nadie me los podría quitar. Compré papel y me
senté a contar una historia. cuando coloqué la primera hoja en la máquina, no
sabia cómo realizar la tarea, pero sabia lo que debía escribir.(...) Deseaba hablar
del sufrimiento de mi pueblo y de otros pueblos de ese atormentado continente,
para que la verdad tocara el corazón de mis lectores.

A veces, una idea se desarrolla partiendo de una sola palabra, este es el caso de El
Zahir, inolvidable relato de Jorge Luis Borges:
El Zahir versa sobre...una inolvidable moneda de veinte céntimos )...) Escribí
aquello partiendo de la palabra "inolvidable", simplemente, porque leí en alguna
parte: "Deberías oír cantar a fulano de tal, es algo inolvidable". Y entonces pensé,
¿qué ocurriría si existiese algo realmente inolvidable? (...) Y me dije: muy bien,
supongamos que haya algo inolvidable de verdad, algo que no se pueda olvidar ni
tan siquiera una décima de segundo. Y así, a continuación me inventé la historia.
Pero salió por entero de la palabra "inolvidable".

Otras veces la historia nace del desarrollo de una frase. después de leer un ensayo
de Flannery O'Connor, donde se hablaba de la escritura como descubrimiento,
Raymond Carver decidió adoptar ese sistema: escribir un relato partiendo de una
frase. así cuenta su primera experiencia:

(...) Al fin tomé asiento y me puse a escribir una historia muy bonita, de la que su
primera frase me dio la pauta a seguir. durante días y más días pensé mucho en
esa frase: "Él pasaba la aspiradora cuando sonó el teléfono". Sabía que la historia
estaba allí, que de esas palabras brotaba su esencia. Sentí hasta los huesos que a
partir de ese comienzo podría crecer, hacerse cuento, si le dedicaba el tiempo
necesario. Después de la primera frase, de esa primera frase escrita de buena
mañana, brotaron otra s frases para para complementarla. Puedo decir que hice el
relato como si escribiese un poema: una línea; y otra debajo; y otra más.
Maravillosamente pronto vi la historia y supe que era mía, la única por la que
había esperado ponerme a escribir.

En muchas ocasiones, las historias llegan por casualidad, como si llamasen a una
puerta equivocada. Es un asunto ajeno al escritor lo que provoca el germen de la
historia. Para Paul Aster el tema del azar es una de las constantes de su obra,
precisamente porque el azar ha sido uno de los motores más importantes de su vida.
El azar fue lo que le dio la idea para su novela La ciudad de cristal:

Un año después de la ruptura de mi primer matrimonio, me mudé a un


apartamento en Brooklyn. Fue a comienzos de 1980 y yo estaba trabajando en El
libro de la memoria (...) Un día, un par de meses después de mudarme, sonó el
teléfono y del otro lado de la línea alguien me preguntó si hablaba con la agencia
Pinkerton. Le dije que no, que se había equivocado y colgué el auricular.
Seguramente habría olvidado ese incidente, de no ser porque al día siguiente llamó
otra persona y me hizo la misma pregunta: "¿Hablo con la agencia Pinkerton?"
Otra vez dije que no, le expliqué que se había equivocado de número y colgué. Pero
un instante después comencé a preguntarme qué habría ocurrido si hubiera dicho
que sí ¡Habría podido hacerme pasar por agente de la Pinkerton? Y en caso
afirmativo, ¿hasta donde habría podido llevar el engaño?
La idea del libro surgió de esas llamadas telefónicas, pero pasó más de un año
hasta que empecé a escribirlo.

¿Cuál fue el origen de Lolita?, le preguntó un periodista a Vladimir Nabokov, y


ésta fue la respuesta:
Nació hace mucho tiempo, debe haber sido en 1939, en París; el primer latido de
Lolita m atravesó en 1939 o quizá a principios de 1940, en momentos en que me
hallaba postrado por un feroz ataque de neuralgia intercostal, que es una
enfermedad muy dolorosa...algo así como una punzada fabulosa del costado de
Adán.
Según recuerdo, el primer estremecimiento de inspiración en cierto modo lo
provocó de manera un tanto misteriosa un relato de un periódico, creo que del
Paris-Soir, acerca de un mono del zoológico de París, al cual, después de diez meses
de haber sido adiestrado con halagos por los científicos, produjo el primer dibujo
al carbón trazado por un animal, y ese esbozo, reproducido por el periódico,
mostraba los barrotes de la jaula de la pobre criatura

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