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contemplar:

Las huellas de Dios

poesía
en veinte años de poesía
Víctor Herrero de Miguel, OFMCap
Licenciado en Filología y en Sagrada Escritura
E-mail: victorherrerodemiguel@gmail.com

Recibido: 13 de julio de 2016


Aceptado: 3 de agosto de 2016

RESUMEN: La poesía sigue siendo lugar de encuentro con Dios. Una mirada a los au-
tores actuales en castellano nos ayuda a comprender por qué caminos los poetas hallan
a Dios o cómo trazan los perfiles de su ausencia. El verso es espacio de epifanía, así
como batiscafo lanzado hacia el vacío. Las páginas que siguen nos acercan a la palabra
poética que, en nuestros días, busca, niega o afirma a Dios.
PALABRAS CLAVE: creación poética, nuevas formas, relación, sentido, soledad.

George Steiner sostiene que tras el dicen, si es que le dirigen su pala-


verdadero acto estético late siem- bra, a Dios?
pre la presencia o la ausencia real
Para afrontar la búsqueda es nece-
de Dios: todo impulso creativo
sario acotar el campo. Parto de una
revive la lucha de Jacob contra el
constatación. En la mayor parte de
ángel, aviva el fuego de la zarza,
las librerías que visito la sección
nos encara frente a una compañía dedicada a la poesía es bastante
intangible como aquella con la que menor que el fondo poético que
dialoga Job1. Pienso si esta idea hay en mi biblioteca personal. Por
puede ser verificada en un espacio otra parte, dado que la poesía es el
concreto: la poesía que hoy se es- lenguaje de la lentitud, me parece
cribe en castellano. Los poetas de que una mirada a la lírica actual
nuestra lengua, ¿qué dicen, si es en español puede posar nuestros
que dicen algo, de Dios? ¿Qué le ojos sobre obras publicadas en los
últimos veinte años: la sombra de
1
  G. Steiner, Presencias reales. ¿Hay algo un poema es alargada. Así, pues,
en lo que decimos?, Destino, Barcelona selecciono algunos poemarios que,
1992. desde 1996 hasta hoy, han visto la

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luz y viven en los estantes de mi como en las tragedias griegas,


biblioteca. Busco en ellos las hue- destroza a quien la desvela» 3.
llas del paso de Dios.
El contraste es claro. Para el se-
gundo –que llama a Dios «el más
1.  El Todo o la nada
brutal de todos los mitos» 4– la re-
Comencemos de la mano de dos ligión es una trampa que el poeta
poetas que, de maneras opuestas, debe evitar, mientras que el pri-
enfocan a nivel teórico la cues- mero habla de la relación con la
tión. El primero, Luis Alberto de divinidad como fundamento de
Cuenca: la creación poética. Semejante le-
janía se verifica en dos creadores,
«Mi religión, o sea, la católica,
aporta a la poesía tres conceptos cercanos en sus ya muchos años
que son fundamentales: la alabanza y distantes en su mirada al sen-
de lo creado y de su Creador tido último: Antonio Gamoneda
(como en Akenatón, los himnos védicos, y Ernesto Cardenal. Hundiendo
San Francisco, Espronceda, Pound y Perse);
las manos en sus respectivos úl-
el júbilo de ser, pero el sentido
también de ser, al margen del azar
timos poemarios, vemos cómo el
y de las ciegas fuerzas naturales; asturiano silabea la melodía de
y, por último, el drama, la tensión la vida como una Canción errónea
de la lucha en un mundo relajado cuya letra no es
que prescinde del cielo y del infierno.
Feliz quien, al amparo de la fe, «más que cansancio
escribe poesía desde el júbilo, y un antiguo extravío:
el drama, la alabanza y el sentido» 2. ir
de la inexistencia a la inexistencia» 5.
Lejos de esta bienaventuranza,
Joan Margarit declara que Compárense estos versos con los
«la poesía busca poder vivir la que escribe Cardenal:
vida con la menor mistificación
posible sin caer en el terror, vivir 3
  J. Margarit, Un mal poema ensucia el
con la máxima dosis de verdad mundo. Ensayos sobre poesía, 1988-2014,
que podamos soportar, que no Arpa editores, Barcelona 2016, 166-167.
es demasiada, porque la verdad, 4
 Id., No estaba lejos, no era difícil (2010),
en Id., Todos los poemas (1975-2012), Aus-
tral, Barcelona 2015, 712.
2
  L. A. de Cuenca, Por Fuertes y Fronte-   A. Gamoneda, Canción errónea, Tusquets,
5

ras, Visor, Madrid 1996, 73. Barcelona 2012, 28.

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«La evolución nos une a todos el poeta mira la relación con Dios
vivos y muertos que mantuvo un hombre que optó
Lo que Darwin descubrió por todo lo vivo: Francisco de Asís.
(el que venimos de una sola célula)
Esta es su invocación al santo:
es que estamos entrelazados
si uno resucita «tiende tu cuerpo exhausto sobre el
resucitan todos» 6. [suelo sagrado,
sin importar que miren bellas domi-
Ambas miradas, la de quien se [naciones
siente empujado por el ritmo pre- pidiendo a Dios que sea riguroso
ciso de la nada y la de quien reco- [contigo.
noce en sí la cadena celular de la Es posible que Dios se ponga de tu
[parte,
Vida, suscitan emoción y vértigo.
pero puede igualmente encogerse de
[hombros» 8.
2. Dioses muertos, Dios
ante la muerte En otra dirección, la de un poema-
rio de amor, Luis García Montero
De los poetas que, sobre la atala- resume así su relación con lo divi-
ya de la edad madura, se detienen no:
a contemplar sus vidas recibimos
«Nunca he tenido dioses
imágenes muy distintas de Dios:
y tampoco sentí la despiadada
casi de dioses distintos. Así, Fer-
voluntad de los héroes.
nando Delgado dedica muchas
Durante mucho tiempo estuvo libre
páginas a lo que él denomina “mal
la silla de mi juez
de ojos”: la creación humana de la
y no esperé juicio
idea de Dios y su presencia en la
en el que rendir cuenta de mis días» 9.
historia. Junto a las cenizas de
«dioses tenidos por eternos En paralelo a estos dioses muer-
de los que sólo queda, tos, este Dios que duda de sí mis-
más que el recuerdo de su gloria,
mo o esta silla vacía en el tribunal
el miedo atroz de quienes les temieron» 7,
final, encontramos otros rostros de
Dios. Como el que Santiago Caste-
6
 E. Cardenal, El origen de las especies lo –percibiendo, en el que sería el
(2011), en Id., Hidrógeno enamorado, Edi-
ciones Universidad de Salamanca – Pa-
trimonio Nacional, Salamanca 2012, 285.   Ibid., 90.
8

7
  F. Delgado, Donde estuve, Fundación   L. García Montero, Completamente
9

José Manuel Lara, Sevilla 2014, 65. Viernes, Tusquets, Barcelona 1998, 96.

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lecho de su muerte, la circularidad La fruta


de la vida– traza así: tras el hueso de la fruta.
La caricia que crea
«¿Por qué querrá Dios la carne
que la vida sea un círculo, en su caída» 12.
que la memoria anide
y de pronto se yerga?
Repetimos la historia,
3.  De la página a la piel
volvemos a la infancia,
la oscuridad aterra, Otro camino para el encuentro
el silencio confunde poético con Dios es la recreación
y el mismo crucifijo de motivos y de personajes bíbli-
vigila en la mesilla cos como la samaritana, cuya voz
para esas madrugadas asume Maite Pérez Larumbe:
que no se acaban nunca» 10.
«Estoy hecha de adobe.
Es mi consumación buscar el agua
También en la frontera de la muer- y en ello abrir al cielo
te (esta vez, de la muerte ya acae- la boca que se ahoga.
cida de la persona amada), Dios A quien me hizo de yeso
aparece en el poema. Así culmina no ha de ofender la sed que me
Carmen Garrido su reportaje poé- [desvive» 13.
tico sobre Los días de Dios:
«Dos horas después llega el Hijo
¿A quién pertenece la sed: a la mu-
y le espeta: Padre, ¿por qué los jer de Jn  4 o a la poeta que a ella
abandonaste» 11. se acerca? Otra mujer mirando en
las mujeres bíblicas la presencia de
Dios es Mercedes Marcos Sánchez.
Sin nombrarlo, pero casi delinean-
En su poema El corazón de las mu-
do, tras lo que dice, el nombre de
jeres la poeta se introduce de este
Dios, Vanesa Pérez-Sauquillo tras-
modo en la escena evangélica:
pasa así el umbral de la muerte:
«Estirándose sobre la distancia,
«Y si el final el corazón de las mujeres
no fuera más que un algo
que se enciende
hacia otra parte.
12
  V. Pérez – Sauquillo, La isla que prefie-
ren los pájaros, Calambur, Madrid 2014,
50.
10
  S. Castelo, La sentencia, Visor, Ma- 13
  M. Pérez Larumbe, Mi nombre verda-
drid 2015, 66. dero (1998), en V. M. Arbeloa (ed.), Poetas
11
  C. Garrido Ortiz, La hijastra de Job, navarros del siglo xx, Fundación Diario
Renacimiento, Sevilla 2009, 70. de Navarra, Pamplona 2002, 258.

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se hizo cruz en el Gólgota. 4.  Súplicas y alabanzas


¡Oh corazón de las mujeres, cruciforme,
arca lúcida, Siguiendo la tradición de los anti-
oscura estancia del amor y permanente
guos, es frecuente hallar en nues-
arcaduz del misterio!
¡Oh corazón de las mujeres, tros poetas la palabra lanzada
prodigioso arroyo fiel que mana hacia lo alto. En ocasiones, como
desde el mar de Galilea hasta el Calvario! en estos versos de Juan Vicente Pi-
¡Y más allá del Calvario, hasta los límites queras, se trata de un vocativo en
verticales y alzados, plural:
hasta la orilla de la fe donde se trueca
el destino del hombre!» 14. «¡Oh dioses, hondos dioses, altos
[dioses,
seáis o no seáis, qué poco importa!
También la poesía del lenguaje bí-
Me disteis un instante
blico sirve de apoyo para la cons- en esta vida, un día
trucción de un poema. Sobre el breve, encendido, ciego, luminoso,
texto de Ap 14,2 (tamquam vocem para abrazar el aire, arder de amor,
aquarum multarum), María Victoria gozar, sufrir, cantar, saber, decir,
Atencia cifra su relación poética aprender a deciros
con Dios: sencillamente gracias» 16.
«No era la soledad
sonora sino tú, tú mismo —amor De igual modo en plural, y desde
que ahora te quedas tan en silencio a la singular captación de la lucha
[veces–; eras tú, entre la esperanza y la realidad,
en un sonido acorde por el que ibas
Aurora Luque levanta esta súplica
[rompiéndome
sobre la cuerda o el metal nombrados al cielo:
[separadamente. «Os pido, dioses,
Y yo escribiendo el papel pautado
sólo sueños portátiles, menudos,
como si dispusiera de una clave
cinta para medir el horizonte,
capaz de convocarte. Porque, a veces
[también, y días que no engañen, desde lejos,
tú, voz de muchas aguas, consentías como veleros gráciles
hacer de aquella niña tu instrumento» 15. cargados de ataúdes» 17.

14
  M. Marcos Sánchez, Meditación en Ediciones Universidad de Salaman-
Mateo: In agonía Christi (2008), en Id., ca  –  Patrimonio Nacional, Salamanca
Recuento de palomas (Poesía, 1978-2010), 2014, 261.
Diputación de Salamanca, Salamanca
16
  J. V. Piqueras, Atenas, Visor, Madrid
2011, 149. 2013, 67.
15
  M. Victoria Atencia, De pérdidas y 17
  A. Luque, Camaradas de Ícaro, Visor,
adioses (2005), en Id., El fruto de mi voz, Madrid 2003, 19.

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Con no menor tensión, pasando a ¿Es o no significativa la ausencia


un destinatario que se escribe con del Creador en este pequeño cán-
mayúsculas, Asunción Escribano tico a las criaturas?
canta así cuando amanece:
«Le ruego al claro Dios
5.  En la calle, en la memoria
de la mañana
que derrame sus espigas
de luz sobre este día (…) Lo aparentemente contrario (aun-
Que no me prive el Dios que no lo es tanto) también sucede:
de la infinita lumbre en contextos que no pensaríamos
esta mañana propicios para intuiciones tales,
de sentir la desmesura el poeta descubre la presencia de
del pábilo inquieto Dios. Así, una noche trascurrida
de este día» 18. en una discoteca es vista como
epifanía por Juan Antonio Gonzá-
En otras ocasiones, los poetas lez Iglesias:
–cumpliendo una de las funciones «Dios quiere que esta noche haya
ancestrales de la poesía: la alaban- [amor para todos.
za– celebran, en ecos franciscanos, Él permanece inmóvil mientras
la generosidad multiforme de la [todos se mueven,
vida. Veámoslo en estos versos de porque sabe el alcance de la noción
José Emilio Pacheco: [de danza.
Ni siquiera los mira. Con los ojos
«Alabemos el agua que ha hecho [cerrados
[este bosque escucha, nota, siente el contacto de
y resuena [las curvas.
entre la inmensidad de los árboles. Se ofrece como centro (…)
Alabemos la luz Dios conoce uno a uno a todos los
que nos permite mirarla. [que aman» 20.
Alabemos el tiempo
que nos dio este minuto y se queda
en otro bosque, la memoria, durando» 19. Un encuentro en una calle, tocado
por el verso, deja de ser anécdota
y se convierte en revelación. Vea-
mos cómo lo detalla Pablo García
Baena:

18
  A. Escribano, Acorde, Visor, Madrid
2014, 51-52.
19
  J. E. Pacheco, Los trabajos del mar, Vi-   J. A. González Iglesias, Confiado, Vi-
20

sor, Madrid 2014, 116. sor, Madrid 2015, 21.

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«¡Eh, compañero! ¿Buscas También en los hontanares del


al Cristo?, gritó alzándose el mendigo recuerdo, José Ángel Valente en-
predicador en su hacienda de andrajos cuentra al dios iluminado por las
del banco donde duerme, sombras:
a espaldas del benéfico Caballero de
[Gracia. «Bajé desde mí mismo
Tuve miedo en la noche, por si fuera hasta tu centro, dios, hasta tu rostro
el Cristo mismo, ebrio, quien me que nadie puede ver y sólo
[hablara, en esta cegadora, en esta oscura
y lo negué tres veces» 21. explosión de la luz se manifiesta» 23.

Un espacio donde los poetas, con Ese mismo deus absconditus se re-
resultados diversos, se topan con vela, velándose, en este poema de
Dios es la memoria. Sumergido en Hugo Mujica:
ella, Braulio Ortiz construye dos
«Es la hora del
momentos antagónicos en su rela-
alba,
ción con Dios:
la de su transparentarse
«La palabra de Dios tenía las en cada guijarro
[respuestas, que enciende
tu dedo señalaba a los blasfemos (…) (en las sombras de su
La vida da lecciones: [propia luz
enseña que los trenes se oculta el dios invisible)» 24.
conocen la deriva,
un hombre y un cangrejo 6. Libre de la prisión
andan los mismos pasos.
de las palabras
Ya no alzarás el dedo contra nadie.
Viajarás este tramo sin consignas
junto a los pecadores, apátridas y «¿Es posible encerrarte en las palabras,
[herejes, decir algo remoto y ya tenerte
los que han perdido un Dios o un en la mano, lo mismo que una música
[ideario, que se oye y no se ve, verdad del aire
que sólo se aprisiona en el oído?» 25.
que cada día se buscan a sí mismos» 22.

23
  J. A. Valente, Fragmentos de un libro
21
  P. García Baena, Los campos elíseos futuro, Galaxia Guttenberg – Círculo de
(2006), en Id., Poesía Completa (1940- Lectores, Barcelona 2000, 60.
2008), Visor, Madrid 2008, 384.
24
 H. Mujica, Y siempre después el viento,
22
 B. Ortiz Poole, Hombre sin descenden- Visor, Madrid 2011, 27.
cia, Fundación José Manuel Lara, Sevilla 25
  C. Pujol, El corazón de Dios, Cálamo,
2011, 87-88. Palencia 2011, 31.

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Este poema de Carlos Pujol da horizonte hacia el cual extender el


cuenta de aquello que mantiene poema.
tensa la palabra del poeta: la cap-
tación de lo invisible y la consi- La apología, el panegírico o el mo-
guiente imposibilidad de materia- tivo religioso han dejado paso a
lizarlo formalmente. Heredera de caminos que, bien mirados, no son
la modernidad, aunque sin retirar tan nuevos: la ironía o la ubicación
su barca del mar surcado por los de lo divino en ambientes aparen-
antiguos, la poesía en español de temente laicos son medios de con-
nuestros días no es ajena, en modo tacto poético con Dios ya transita-
alguno, a la presencia de Dios. Y dos por griegos, romanos o por los
escribo presencia, evocando el tér- poetas bíblicos. Piénsese, si no, en
mino inicial de Steiner, pues me Safo o en Catulo o en el autor del
parece que estamos ante algo que Eclesiastés.
rebasa una idea, una moda o un
Dios sigue viviendo en el verso. Su
tópico literario.
nombre se pronuncia, en ocasio-
Libres de los convencionalismos nes para negar que existe o para
de otras épocas, los poetas que lamentar su ausencia o para cele-
sienten a Dios lo expresan sin su- brar la libertad que engendra ese
jeción a credos o dogmas, religio- vacío. Otra veces, el lector atisba,
sos o estéticos, con los ojos muy tras la celebración de los detalles
abiertos al pulso de Dios en los del mundo, cómo la mano de un
seres y hechos de la vida. Dios es poeta roza con sus dedos los inno-
un impulso, una compañía y un minados dedos de Dios. n

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