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2.

15 LA CAPTURA DEL INCA

La captura de Atahualpa en Cajamarca, un Acontecimiento central

Los cronistas andinos, como Guamán Poma de Ayala, revelan las creencias de los

incas en los vaticinios del futuro a través de la interpretación de sus mitos como también en

los oráculos. En ese sentido, los sacerdotes advirtieron al inca Atahualpa que acababan de

desembarcar en la costa seres de aspecto extraño. Como las civilizaciones amerindias

estaban fuertemente aferradas al pasado, les resultaba difícil procesar esquemas nuevos, así

atribuyen estos acontecimientos al cabal cumplimiento de sus profecías. (Leonor,Lizares,

2014, P.83).

Así, en el intrincado escenario de Atahualpa, en Cajamarca, el 16 de noviembre de

1532, se observa una dramática trama eslabonada por dos episodios que configuraron lo

que he denominado el complejo: Biblia-libro-fetiche. Esta investigación intenta reflexionar

sobre el proceso intercultural del choque entre la cosmogonía Inca y la española. En el

primer episodio del acercamiento entre el sacerdote español y el inca Atahualpa, se

presentaron dos elementos de distinto código, la Biblia y el texto del Requerimiento.

Para el creyente, la Biblia es un texto sagrado inspirado por Dios.

Para acercarse a la comprensión de los aspectos psicodinámicos de la captura de

Atahualpa, es necesario referirse a algunos conceptos desarrollados por Sigmund Freud en

su obra Totem y tabú (1972, p. 86). Si nos trasladamos al escenario de Cajamarca, es

posible reconstruir los aspectos psicodinámicos enlazados a la concepción mágico animista

que dio lugar al cataclismo del Tahuantinsuyo.

Surgen interrogantes: ¿qué pensamientos, sentimientos y emociones pudo tener

Atahualpa al ingresar a la Plaza de Cajamarca? Nathan Wachtel señala: “En cuanto a


Atahualpa, nada permite afirmar que haya considerado a los españoles como dioses. [...].

En la sociedad inca, la potencia dependía del número de hombres, y la pequeña tropa de

Pizarro parecía una fuerza despreciable desde este punto de vista.

Por lo demás, corría el rumor en el campamento de Atahualpa de que los fusiles

españoles solo disparaban dos veces y los caballos perdían toda eficacia durante la noche,

tal es el motivo de que Atahualpa tendiese a Pizarro la trampa de Cajamarca, después de

convenir una entrevista a medio día, solo llegó al comienzo de la noche, pero la trampa se

volvió contra él” (Wachtel, 1976, p. 49).

Hemming (1982, p. 36) sostiene que Valverde podría no haber intentado leer el texto

completo del Requerimiento, pero que al fraile “se atuvo a su espíritu al requerirle, en

nombre de Dios y del Rey, se sujetase a la ley de nuestro señor Jesucristo y al servicio de su

majestad, como refiere Pedro Pizarro.

La captura de Atahualpa y el desmoronamiento del imperio Inca constituyeron, para

los habitantes del Tahuantinsuyo, un cataclismo cósmico, resulta difícil calcular el alcance

de los efectos psicológicos, religiosos, sociales, políticos y económicos. Para los vencidos

significó que los dioses antiguos perdieron su potencia sobrenatural y el traumatismo de la

Conquista se define por una especie de “desposesión, un hundimiento del universo

tradicional” (Wachtel, 1976, p. 54).

Surgieron, en consecuencia, dos tipos de miedo en Cajamarca: primero, el miedo

organizado del ataque por parte de los españoles, correspondiente al padre; y, el segundo, el

miedo desorganizado de la huida de los indígenas, correspondiente a la vivencia de castigo

del hijo. Seguramente, en el subconsciente de la masa humana que se arrollaba en la plaza

de Cajamarca afloró la imagen alucinada de que los españoles eran verdaderamente los
Viracochas. En conclusión, en el escenario de Cajamarca, la biblia representó el escudo

físico de la hueste española, y adquiere la connotación de un fetiche.

2.16 LA MUERTE DEL INCA ATAHUALPA

El sábado 16 de noviembre de 1532 el Tahuantinsuyo se quedó sin gobierno, luego de

varios años de guerra que dejaron a un Inca preso y luego ejecutado, y al otro en camino de

seguir sus pasos, sin siquiera haber llegado a la capital de lo que podría haber sido su

imperio. El desconcierto de la población, situada en cualquiera de los dos bandos, ha

debido ser total. Capturados y ejecutados ambos, el poder pasaba de la indecisión a la

vacancia absoluta.

A lo que se sumaba la invasión de seres extraños, cuyas acciones eran incomprensibles,

salvo el terror que infundía su maquinaria militar: caballos, perros de guerra, armaduras y

armas de fuego, todo ello hacía difícil pasar del pasmo a la defensa. Los ocho meses y días

que sobrevivió cautivo, Atahualpa se esforzó en entender a sus enemigos y de conseguir su

libertad. Pero era una ilusión imposible. Pizarro y sus hombres empezaron a descubrir la

magnitud de la empresa felizmente lograda y la importancia de su rehén.

Mientras sucesivas expediciones al Cuzco y Pachacamac les daban una idea de las

proporciones del imperio y de la contienda entre los hijos de Huayna Capac, Atahualpa

tenía el valor de rey cautivo.

Por unas semanas funcionó el argumento de las piezas de oro y plata ofrecidas a cambio

de su libertad, pero es difícil de creer que en algún momento esta promesa tuviera alguna

validez. Garcilaso describe con la prestancia de su pluma, la serie de intrigas que rodearon

su prisión, dando la imagen de que existían personas en favor del Inca (como Hernando

Pizarro) y de quienes estaban en contra de él (como Diego de Almagro), pero si las disputas
existieron, tenían como primer motivo el reparto del tesoro conseguido, la validez de los

acuerdos anteriores y la posibilidad de adquirir mayor riqueza.

En este juego de ambiciones, la vida del Inca era una pieza menor. «El cual estaba con gran

temor de su muerte viendo el descontento y Desabrimiento que los españoles traían unos

con otros y las muchas porfías que a gritos y voces por horas y momentos entre ellos había.

(Garcilaso, 1960: 64)

A esto se sumaron los agüeros: «supo de sus indios que de noche corrían muchas

estrellas grandes y chicas, en las cuales y en otras cosas menores aquella gentilidad en

tiempos menos calamitosos miraba muy mucho para decir sus supersticiones... A lo último,

para su total desesperación le dijeron que entre otras señales que el cielo mostraba, era una

gran cometa verdinegra poco menos gruesa que el cuerpo de un hombre y más larga que

una pica, que de noche parecía, como la vieron poco antes de la muerte de su padre Huayna

Capac... como la hubiese visto y notado, se puso muy triste y no habló ni conversó más con

nadie como solía».Incluso, el escritor añade una nota dramática al poner en la boca de

Atahualpa un réplica a Pizarro, que estaba indagando acerca de su silencio: « Apu (que es

capitán general), yo estoy certificado que mi muerte será muy presto sin haber gozado de

mis reinos estoy triste; porque estas señales no se muestran sino para anunciar grandes

calamidades, muertes de reyes, destrucción de imperios. Todo lo cual sospechaba yo antes

viéndome en cadenas de hierro, mas ahora me lo ha certificado de veras la cometa. Habías

entendido la causa de mi tristeza y la razón que tengo de tenerla».


El 26 ó 29 de julio de 1533, fecha que tiene versiones contradictorias, Atahualpa fue

ejecutado. Se le dio garrote (es decir, se le asfixió con 27 una soga atada a su cuello, a

manera de torniquete) luego de que se le bautizó y encomendó sus hijos al propio Pizarro.

Había sido sentenciado a la hoguera, pero dado que murió cristianizado se le conmutó

la Sentencia. De todas maneras, para cumplir la ley «se le arrimó al fuego de modo que se

le quemara parte de la ropa y de la carne». (Hemming, 1983, P. 85).

El mismo autor recoge la información de Pedro Cataño que registra la pregunta de

Atahualpa sobre el destino y lugar de entierro de los cristianos y el de los indígenas. La

respuesta, si tal diálogo existió, pudo ser un factor en la decisión de bautizarse. Lo que en

realidad nos dice que ser quemado en esta vida o en el fuego infernal era inaceptable,

pensando en el destino de su malqui. (Ibid, 1983, P. 85).

El cuerpo de Atahualpa quedó expuesto hasta el día siguiente, que se le enterró en la

improvisada iglesia de Cajamarca. No duró mucho allí, «luego que los españoles salieron

de aquella provincia para irse al Cuzco, desenterraron los indios el cuerpo de su rey, porque

les pareció que a la majestad de su Inca era indecente y contra su costumbre de sus pasados

quedar enterrado en una pobre sepultura debajo de tierra. También lo hicieron por cumplir

su mandado, que como se ha dicho, mandó enterrarse en Quito, donde lo llevaron los suyos

con es poca solemnidad y pompa que como gente ya rendida a otro imperio pudieron

hacer». (Garcilaso, 1960, P.83).

Según nuestro escritor, en Quito, uno de sus generales, Rumiñahui, preparó un funeral

abreviado de quince días, lo que según él, debió durar un año. En realidad, la pista del

cuerpo se pierde luego de su desentierro, no hay otro cronista que nos hable de las exequias
de Atahualpa. Resulta lógico pensar que la comitiva que portaba al Inca muerto se dirigiese

a Quito ya que fue allí donde residió antes de iniciar su guerra con Huáscar, y era donde

mantenía su mejor audiencia, pensando además, que los españoles habían partido hacia el

Cuzco.

Cualquiera que haya sido el destino del ahora Francisco Atahualpa, no sería el que

avizorara el cronista testigo de la fiesta incaica al honor al Sol. Como la de Huáscar, por

diferentes razones, la panaca de Atahualpa había quedado sin conformarse, sus esposas y

sus hijos serían dispersos en manos de los invasores. No habría, pues canciones, ni toldos,

ni mamaconas, ni muerto ni vivo había podido llegar al Coricancha.

3.2 ORGANIZACIÓN SOCIAL

Al terminar la etapa de la conquista del imperio de los incas, España se empeñó en

destruir el sistema social. Para ello organizó la nueva sociedad colonial basada en un

innegable carácter racial y clasista.

Se dice clasista porque existía una jerarquización y diferencias entre las clases sociales

más poderosas y las menos poderosas. Para que una persona fuera ubicada en cualquiera de

estas dos clases sociales, se tenía en cuenta su situación económica y origen étnico racial.

Es decir, que por más pobre que sea un blanco europeo se consideraba superior o por

encima de los indios o negros con mejor suerte.

La organización de la Colonia formaba una pirámide social en cuya cima se ubicaban

los blancos europeos de la clase alta o nobleza y en la base a los negros esclavos.
ESPAÑOLES Y CRIOLLOS

Constituida por todos aquellos españoles y criollos que ostentaban títulos nobiliarios y

escudos (duques, condes, marqueses, etc.). Esta clase también presentaba diferencias

económicas y sociales y del lugar de nacimiento.

Los españoles nobles o peninsulares conformaban el grupo social más

privilegiado. Al haber nacido en España gozaban de derechos inherentes a la clase

dominante. Solo ellos desempeñaban cargos públicos y los criollos (españoles nacidos en

América) no podían hacerlo.

CLASE MEDIA Y EL PUEBLO

La clase media estaba constituida por los españoles y criollos que no tenían títulos

nobiliarios, pero que se dedicaban al comercio y la industria. También el pueblo, integrado

por los españoles, criollos y mestizos de modestos recursos económicos, dedicados a

trabajos manuales, artesanales y actividades comerciales menores.

MULATOS Y NEGROS

Eran la última clase social de la Colonia y fue quizás el grupo que más maltratos

sufrió. Estaba conformada por la población de raza negra traída a la fuerza por los

españoles desde África para ser empleados en trabajos agrícolas y otras labores.

INDIOS

Constituida por la población nativa que vivía en calidad de raza sometida, explotada y
despojada de todos sus bienes colectivos, con la obligación de pagar tributos al Rey de

España.

DATO

La clase alta contaba con mayores oportunidades para conseguir bienes, atenciones y

servicios, mientras los de clase baja no tenían derechos.

3.3 LA SOCIEDAD EN ÉPOCA DE LA CONQUISTA

Con la conquista se extendió por todo el territorio peruano el modelo

social de los españoles. La conquista mediante las armas solo fue el principio de la

colonización. Dentro de las reformas que aplicó el virrey Francisco de Toledo

desde 1570 se encontraba una nueva división de la sociedad que quedaría

fragmentada en dos grupos: los indios y los españoles. La república de los indios

estaba compuesta por todos los indígenas descendientes de la élite cuzqueña incaica,

además de los indígenas descendientes de las grandes tribus costeñas y andinas. Cuando se

instauró esta división, no se reconoció a los curacas como nobles, ya que los conquistadores

pensaban que estos se alzarían contra ellos. Con la llegada de los españoles los curacas

sufrieron una forzosa adaptación a un sistema social totalmente distinto al ayllu.(Belmonte

y Ferrándiz,2014,P.15).

En la práctica la diferencia que podía existir entre la encomienda y la esclavitud era

mínima. Las encomiendas sirvieron para obligar a los nativos a trabajar de forma forzosa,

llegando a ser castigados e incluso ejecutados en caso de resistencia Los encomenderos no


pretendían hacerse con la mano de obra barata, solo querían recibir el tributo de parte de los

indígenas.

Los conquistadores se repartieron las mejores tierras del Perú, pero la encomienda no fue el

medio por el que se despojó al indígena de su propiedad, aunque si facilitó la tarea. En

lugares como Huánuco los indígenas poseían tierras suficientes para cultivar, pero no podía

ocuparse de ellas porque se les llevó a trabajar en las minas.

La conquista española desorganizó el sistema social que poseían los indígenas

peruanos, el ayllu. Las guerras civiles y la invasión de los soldados peninsulares hicieron

que este sistema social presentara cambios, pero consiguieron salvaguardar su estructura

hasta el virreinato de Toledo. Se establecieron las reducciones, que eran los poblados en los

que se asentaron los nativos durante el virreinato peruano. A la unidad social y económica

peruana del ayllu le sigue una nueva forma más individualista y cercana al sistema feudal

de explotación del suelo; la hacienda y la estancia.

Conforme fueron desapareciendo los ayllus de la costa, los indios peruanos se fueron

trasladando a las tierras altas de la sierra, lugares casi inaccesibles a los que los

conquistadores no llegaron. Todavía es posible encontrar supervivencias del ayllu en las

cumbres más altas de la sierra peruana.

El recuento del descenso poblacional dio lugar a una rivalidad entre la leyenda negra

y la leyenda blanca. Los defensores de la leyenda negra alegan que tal descenso

demográfico se debe a la brutalidad con la que los conquistadores trataron a los indígenas.

En contraposición a esto, los defensores de la leyenda blanca, argumentan que el número de

muertes no fue tan elevado y que la principal causa fueron las enfermedades.

Las guerras civiles también aumentaron el número de fallecidos, al igual que el colapso

agrícola causado por la conquista, que llevó la hambruna a gran cantidad de indígenas.
También se creó la república de los españoles que estaba compuesta por los inmigrantes

peninsulares que llegaron al Perú a lo largo de la conquista y por los descendientes directos

que nacían en las tierras del virreinato, conocidos como criollos o españoles americanos.

Los españoles que viajan a América buscaban títulos nobiliarios o establecer

matrimonios estratégicos para obtener prestigio y poder comprar cargos públicos.

Los criollos también intentaron ocupar cargos administrativos y aunque les fue

complicado lo consiguieron, siendo el cargo de virrey el único que jamás ocupó una

persona que no fuera española.

Los mestizos eran los hijos de padre español y madre indígena, no pertenecían a la

república de los indios ni estaban exentos del pago de tributos, pero llegaban a trabajar en

empleos menores. Los indígenas y los criollos rechazaron a los mestizos porque

consideraban que en ellos había una parte imperfecta.

Los mulatos fueron los hijos de padre español y mujer esclava africana, estos se

consideraron esclavos. Al igual que los mestizos trabajaban en oficios menores.

Los zambos eran los hijos de padre esclavo africano y madre indígena, estos

pertenecían a la casta que mejor calidad de vida tuvo. Al ser hijos de madre libre se les

consideró igualmente libres y como no eran inscritos en el padrón indígena estaban exentos

del pago de tributos.

Fueron muchos los esclavos africanos que llegaron al virreinato del Perú. Su

presencia comenzó en 1528 cuando Pizarro llegó a Tumbes acompañado de un grupo de

ellos. La población africana fue enviada a las plantaciones y haciendas costeras. Los

esclavos realizaron actividades variadas como cuidar y amamantar a los niños de sus amos,

criar y domar caballos de paso, arreglar los dientes, artesanos, etc. Muchos de ellos tuvieron

suerte y llegaron a conseguir la libertad al tener una relación de amistad con su amo. Otros
en cambio se encontraban a cargo de los caporales y su condición de esclavitud perduró

para toda la vida. También hubo amos que prostituían a sus esclavas para obtener escasos

beneficios económicos. Algunos no aguantaban vivir en condición de esclavo y se

escaparon a lugares casi inaccesibles para vivir fuera del margen de la ley.