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Fernández y Castrejón,
EDITORES

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Maquiavelo

Comentado por

NAPOLEON I
(BONAPARTE)

Manuscrito h a l l a d o en el c o c h e de B o n a p a r t e , d e s -
p u é s d e la batalla del Monte S a n - J u a n ,
el 18 de Junio de 1S15

Unlus MuchiarelH ¡ngenium, acre, subti/e igneum.


Jusle-LIps. Ooct. civil. Praefat.

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MEXICO
"Tipografía Popular," ia. <le Guerrero número 8
1905
3 2 A. G
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PROLOGO DEL PRIMER EDITOR.

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A S G A C E T A S extranjeras nos noticiaron
en el mes de Julio próximo pasado,
que había entre los libros y papeles
hallados en el coche de Bonapar-
te, después de su derrota y fuga del
j - t ;
18 de Junio anterior, un manuscri-
to encuadernado que contenía la
traducción de diversos fragmentos
M 9 " i f l ê ' 5 ' de Maquiavelo; pero no se decía á
qué obras de este autor pertenecían
ellos. Como nos parecía que Bonaparte se había
formado de esta colección un libritoafe memoria fio-

FSRM

7122
lítico, y que la elección de los pasajes podía descu-
ciarla realmente bien. Pero nos atrevemos á afir-
brirnos sus más ocultos pensamientos en las mate-
mar también que, si hubiera algún francés tan ver-
rias políticas, hicimos todos nuestros esfuerzos para
sado como lo estarían los literatos italianos en el
tener conocimiento de este manuscrito. Nuestras
estudio de la antigua lengua de las obras de M a -
diligencias no fueron en balde, porque conseguimos
quiavelo, podría convencerse por sí mismo de que
proporcionarnos una copia suya; y quedó satisfecha
la presente traducción es realmente superior á cuan-
nuestra curiosidad más allá de lo que esperábamos.
tas se han conocido hasta este día. No titubearemos
Contiene el manuscrito no solamente una nueva
en decir que ella lo es, y los italianos más delicados
traducción del libro del Príncipe, y de muchos im-
no nos desmentirán; porque este juicio, aunque lo
portantes pasajes de algunos otros escritos del mis-
declara un francés, es el de un escritor tan ejerci-
mo autor, sino también diversas notas marginales
tado en la lengua suya, que aun sus obras en ita-
de propio puño de Bonaparte.
liano publicadas en medio de ellos, hicieron mirarle
Infinitamente curioso este manuscrito por s e m e - allí por muchísimo tiempo como uno de los suyos.
jantes notas de un hombre que, á causa de que él Habiendo comparado escrupulosamente el mis-
era italiano y que de simple particular llegó á ocu- mo juez esta traducción con el texto, y en seguida
par la más eminente soberanía, debía haber c o m - con la que Amelot de la Houssaie publicó en el año
prendido mejor á Maquiavelo que el común de los de 1683 (1), y la que se dió á luz por Toussaint
lectores mismos de su país, es además sumamente
precioso por el mérito enteramente particular de la ( 1 ) L a traducción de A m e l o t de la H o u s s a i e p a r e c e ha-
berse hecho m á s bien por una edición de a l g u n a s o b r a s de
traducción. Nos bastaría, para juzgarla con a p r e -
M a q u i a v e l o , p u b l i c a d a p o r el c é l e b r e A l d o en los años de
cio, el reflexionar que emprendida para un lector 1540 ó de 1546, ó la de G i u n t i , las cuales se d i f e r e n c i a b a n
que tenía todos los derechos posibles para ser deli- del t e x t o en m u c h o s l u g a r e s , q u e por la F l o r e n t i n a del de
1550, que, e j e c u t a d a con a r r e g l o al texto m i s m o , se llama-
cado sobre semejante tarea, la tuvo él mismo por ba, con este m o t i v o , la Testina. N o f o r m a b a e l l a más q u e
preferible á cualquiera otra. Cuya consideración so- tres v o l ú m e n e s , á que, en una impresión de F l o r e n c i a del
año de 1782, se añadieron otros tres. S e hicieron poste-
la debería hacerla tal á los ojos mismos de los que
riormente m u c h a s ediciones con a r r e g l o á ellos, p o r q u e hay
no poseyeran aquel raro conocimiento del antiguo una del año de 1796, con la data de F i l a d e l f i a . q u e e s com-
idioma toscano, sin que uno mismo no pueda apre- pletísima, y en q u e se hallan las v a r i a n t e s del m a n u s c r i t o
de la B i b l i o t e c a Laurenziana, con el retrato del a u t o r , y la
Guiraudet en el de 1803, reconoció que ninguna de se reconoce allí y a casi «el genio lleno de fuego, de
ambas llegó en la fidelidad á ésta, que le parece penetración y vigor,» que el docto Justo Lipsio ad-
haberse hecho casi á la vista de Maquiavelo y co- miraba en este varón insigne. (2)
mo dictada por él. E n un autor de tanta profundi- L a comparación subsiguiente que el mismo juez
dad todo era de recoger, y no debía despreciarse hizo de estas dos traducciones entre ellas y con el
cosa ninguna. No hay en él, por decirlo así, un me- texto, le inclinó á decidir también que la de Amelot
dio pensamiento, ni una tintura de estilo, que no ha quedado superior, bajo este aspecto, á la de
deban conocerse, porque la disposición, el giro mis- nuestro contemporáneo Guiraudet, aunque éste la
mo de sus frases, equivalen á sentencias, y son ne- haya desacreditado, sosteniendo que «era inexacta,
cesarias para el perfecto conocimiento de sus inten- y anticuada en tanto grado con respecto á las cons-
ciones. N o era posible pintarle fielmente, más que trucciones y expresiones, que ella tendría á su vez
pintándole según sus más finos é imperceptibles necesidad de traducirse» (3). Acusación muy e v i -
rasgos y con una servil menudencia. Pues bien, así dentemente falsa; porque cada uno puede conven-
está pintado aquí; en donde el verdadero medita- cerse fácilmente de que el estilo de Amelot es aún
do r halla con que satisfacerse completamente, sin menos anticuado que el de Corneille. E s él muy
que los lectores, delicados en materia de estilo, en- inteligible; y este traductor había cogido bien en
cuentren cosa ninguna que pueda desagradarles. general la mente del texto, y la vertió fielmente en
L a s dos traducciones anteriores no son, por el
contrario, más que versiones libres; es decir, en se- ( 2 ) E n t r e c u a n t o s ú l t i m a m e n t e , y ayer m i s m o , tenta-
ron hablar de p o l í t i c a , decía, a f i n e s del S i g l o X V I , al dar
mejante materia, versiones flojas y destituidas de principio á su t r a t a d o s o b r e la m i s m a materia, no v i á nin-
aquella profundidad y porción de nerviosidad que g u n o q u e p u d i e r a a t r a e r m e , ni m e n o s t o d a v í a c o n t e n e r m e
en mi e m p r e s a ; y si he de decir la v e r d a d , p u e d e aplicárse-
resultan del combinado curso de los hechos y refle- l a aquel dicho de C l e ó b u l o : « L o s más no tienen más que
xiones, de las ideas y afectos de Maquiavelo. No i g n o r a n c i a con u n a s u m a a b u n d a n c i a de p a l a b r a s . E l ú n i c o
á quien e x c e p t u ó , es M a q u i a v e l o , c u y o i n g e n i o es sólido,
p e n e t r a n t e y l l e n o de f u e g o . » Qui nuper autItere id tentá-
representación del m a u s o l e o q u e el gran D u q u e L e o p o l d o runt, non me tenent, aut terrent, in quos si nevé loquendum est,
m a n d ó erigirle en F l o r e n c i a , en la I g l e s i a de S a n t a C r u z , Cleobuli illud convcniat: Inscitiaris ingenium non contemino
el año de 1787. L a última edición s u y a que se c o n o c e , e s acre, subtile igneum ( D o c t r . c i v . Préefatio).
la q u e S i l v e s t r e C o n a t o p u b l i c ó en V e n e c i a el año de 1811 ( 3 ) D i s c u r s o preliminar s o b r e M a q u i a v e l o .
la mayor parte. Amelot, que había recidido por se reparan en cierto modo con algunas notas en que
mucho tiempo en Venecia, y hecho por otra parte él unió á las máximas de su autor las que había ha-
u n p r o f u n d o e s t u d i o d e la política en esta ciudad, llado conformes con ellas en los escritos de Tácito,
en q u e se h a l l a b a la m á s famosa escuela de ella, Salustio, Plutarco, etc.
podía, m e j o r q u e otros m u c h o s , penetrar los arca- L a traducción d e G u i r a u d e t carece d e esta c o m -
nos de Maquiavelo. L o s m á s g r a v e s d e f e c t o s d e su p e n s a c i ó n ; y en ella se v e t o d a v í a m e n o s q u e e n la
t r a d u c c i ó n c o n s i s t e n e n la o m i s i ó n de algunas fra- o t r a a q u e l l a e x p r e s i ó n e n t e r a d e c u a n t o el t e x t o e n -
cierra. E l traductor desfiguró y atenuó con fre-
ses accesorias, cuya necesidad había podido ocul-
c u e n c i a , lo q u e l l e v a i m p r e s o el sello d e la p r o b i d a d
t á r s e l e , ó q u e f a l t a b a n e n la e d i c i ó n p o r l a q u e v e r - y m o r a l e n el m o d o d e p e n s a r d e l a u t o r ( 5 ) . E s v e r -
tía, y en a l g u n a s a d i c i o n e s i n t e r p r e t a t i v a s , q u e ha-
c e n mirar las c o s a s algún t a n t o c o m o sus i d e a s par-
t i c u l a r e s le i n c l i n a b a n á v e r l a s (4); p e r o e s t a s faltas i s ) D e s d e el principio del f a m o s o c a p í t u l o X V I I , que
trata de la mala f e , se desentiende la traducción de G u i r a u -
det casi e n t e r a m e n t e de la precaución de probidad con q u e
( 4 ) Un e j e m p l o de 1? primera falta está en el cap. 3, en M a q u i a v e l o había entrado en materia. H a b í a c o m e n z a d o
que M a q u i a v e l o había dicho: Subitó che un forestiere potente él diciendo con una e x c l a m a c i ó n de e n t u s i a s m o por la bue-
entra in una provincia, tutti quelli che sono in essa meno poten- n a fe y la v i r t u d : Quanto sia laudabile in un principe mante-
ti gli aderiscono, mossi da una invidia che hanno contro a chi > nere la fede e vivere con integrità
stato potente sopra di loro; tantoché rispetto a questi minori po- , lo intende. Nondimeno ( p a r e c e c o nef enon con astuzia,
sarlo con d o l o r ) ciascuno
si cede
tenti, egli non ha lo durare Jatica alcuna a guadagnarli perchè con isperienza ne' nostri tempi quelli principi aber fatto gran
subiti) tutti insieme violentici-i fanno globo con la stato, che egli cose, che della fede hanno tenuto poco conto, e che hanno saputo
ri ha acquistato. A m e l o t se ciñó á decir: « L u e g o que un po- con astuzia aggiare i cervelli degli domini, ed alla fine hanno
deroso e x t r a n j e r o e n t r a en una p r o v i n c i a , c u a n t o s de ésta superato quelli che si sono fondati in su la lealtà. La traduc-
son m e n o s p o d e r o s o s , se unen g u s t o s o s á él por un m o t i v o ción de G u i r a u d e t hace c o m e n z a r á M a q u i a v e l o c o m o si él
de odio contra el q u e era más p o d e r o s o que ellos.» Supri-
tuviera por c o s a de p o c a m o n t a la buena fe, omite después
me el t r a d u c t o r lo restante de la frase.
su reflexión sobre aquel d e s v a r í o , a s t u t a m e n t e infundido en
£1 s e g u n d o c a r g o no necesita, para justificarse, m á s q u e el cerebro de los h o m b r e s , y p o r c u y o medio el m a l v a d o
de estas p a l a b r a s . «Julio, con su humor f e r o z é impetuo- a m b i c i o s o c o n s i g u e su fin. U l t i m a m e n t e e v i t a aquella pal-
so,» con las q u e A m e l o t añade un o d i o s o epíteto al t e x t o , pable o p o s i c i ó n en q u e el a u t o r p u s o , c o n d o l i é n d o s e , los
c o n c e b i d o así: Giulio con la sua mossa impetuosa. Le vemos
triunfos de los príncipes de m a l a fe, con los r e v e s e s de los
verter p o r o t r a p a r t e , en todos l o s c a s o s la v o z spegnere,
que c r e y e r o n c o n s e g u i r d i r e c t a m e n t e sus fines p o r medio
con exterminar, asesinar, cuando e l l a á m e n u d o no significa
m á s q u e hacer desaparecer, apagar, dispersar. de leales y virtuosos p r o c e d e r e s . N o se r e c o n o c e y a el au-
tor, q u e no iba á tratar más q u e con p e n a y c o m o f o r z a d o
una tan triste materia. E m p e z a n d o el traductor casi—2 con
dad que esta traducción es hecha en un estilo mo la opinión pública sobre los escritos de este autor, y
derno que Amelot no podía poseer; pero la profun- particularmente sobre la intención con que él c o m -
didad del sentido y el vigoroso nervio de la frase puso su libro del Príncipe. Si este discurso no con-
del original, se sacrifican en ella frecuentemente á la tiene muchas equivocaciones notables sobre este
afectación de aquella elegancia y gracia, cuya pro- particular, encierra á lo menos un número muy con-
piedad es tocar superficialmente las materias, por siderable de leves errores de hecho, y causa re-
el temor de no parecer muy ligeras. En una tarea pugnancia tanto por algunas contradicciones como
de esta especie, y sobre una materia tan grave, tan por su afectado republicanismo. Aunque sus erro-
severa, la soltura siempre acompañada de alguna res de hecho están copiados de Voltaire, no por es-
frivolidad, no podía abrazar casi más que lo super- to dejan ellos de ser unos yerros cuyo fin primitivo
ficial. Saliendo Maquiavelo de la bárbara confusión fué inocente, y cuyas consecuencias no son indife-
de la edad media, fué austero, duro, y aun agreste rentes; tales son la suposición de que el libro del
á veces en sus frases; el darle las formas ágiles de Príncipe se dió á luz por el año de 1515, y la de
un bello orador de nuestros tiempos, era también que él no fué condenado por Roma más que en el
disfrazarle muy intempestivamente. de 1592 (6). S e confundirán bien pronto estos
L o está él quizá también de otro modo en el dis- errores.
curso que Toussaint Guiraudet puso á la cabeza de Ultimamente Guiraudet, lleno siempre de con-
su voluminosa traducción, para fijar á su voluntad fianza en Voltaire, discurre como si Voltaire no hu-
biera sido más que el editor del Anti-Maqiavelo,
una fría indiferencia p o r la buena fe y virtud, se e x p r e s a que él dió á luz en Londres, en el año de 1740,
así: « E s sin duda c o s a m u y l a u d a b l e q u e los príncipes sean
fieles á sus e m p e ñ o s ; p e r o ^por sin embargo) entre los de
haciéndole atribuir á Federico II, Rey de Prusia.
n u e s t r o t i e m p o , á q u i e n e s v i m o s hacer g r a n d e s c o s a s hay Guiraudet sin embargo sospechaba en ello alguna
p o c o s que se hayan p i c a d o de esta fidelidad, ni f o r m a d o un superchería, supuesto que al mismo tiempo, y con
e s c r ú p u l o de e n g a ñ a r á los q u e d e s c a n s a b a n s o b r e su leal-
tad.» P o d r í a m o s notar o t r a s m u c h a s inexactitudes y mu- una especie de extrañeza hacía el reparo de que
chas i n v e r s i o n e s no m e n o s s e n s i b l e s , p a r t i c u l a r m e n t e al fin «Voltaire dió desmesurados elogios á una mediana
del c a p . S° y al del cap. 23; pero el e j e m p l o que h e m o s ci-
tado b a s t a r á para justificar n u e s t r o juicio sobre e s t a tra-
ducción. (6) P r ó l o g o del A n t i - M a q u i a v e l o .
producción, que el monarca guardó un profundo si- nombre de la República de Florencia, cerca del ca-
lencio sobre este particular; y que la conducta que le pítulo general de los padres menores observantes,
valió á Federico el renombre de grande, probaba reunidos en Carpi. A pesar de la gana suya de mul-
que él apreciaba las máximas de Maquiavelo [7]. tiplicar los volúmenes de su traducción, que él alar-
Nótase una contradicción más formal en este dis- gó hasta nueve, mientras que las obras de Maquia-
curso, cuando Guiraudet, después de haber dado el velo tienen seis únicamente, dejó á un lado estos
nombre de horrendo consejero de los reyes á M a - documentos que le parecían estar en mucha oposi-
quiavelo [8], confiesa en seguida que el libro del ción con el espíritu antireligioso de nuestra edad.
Príncipe «está lleno de verdades útiles y capaces Al dar cuenta del sacrificio que él le hace, cita con
de dirigir, en su conducta política, al estadista que complacencia algunas frases antimonacales de una
tuviera la mayor moralidad» [9]. Guiraudet se ha- carta de Guichardini á Maquiavelo en aquella oca-
bía visto precisado aquí á tributar homenaje á la sión. Este le escribía: «cuando veo el título de Vm.
verdad; y el homenaje es tanto más sobresaliente, de orador republicano al lado de los frailes, y con-
cuanto este traductor había comenzado escribiendo templo con cuantos reyes, duques y príncipes ha
con la injusta pasión del vulgo contra Maquiavelo. negociado, se me viene á la memoria Lisandro,
N o obstante esto, hay cosas bien pensadas en es- quien á continuación de infinitas victorias, y lleno
te discurso; pero están como si dijéramos ahogadas de inmortales trofeos, tuvo el encargo de distribuir
con una superabundancia de frases de ornamento, la carne á aquellos mismos soldados á los que él
como aquellas nuevas frutas á cuya formación y ma- había mandado tan gloriosamente.»
durez sirve un espeso ramaje de estorbo. Pero Guiraudet se guardó muy bien de transladar
N o podemos concluir sobre este discurso de Tous- la réplica de Maquiavelo, no menos respetuosa para
saint Guiraudet, sin notar el filosófico desprecio que con los religiosos que honrosa para él mismo. «No
éste hace en él de los documentos de una embajada discurro, respondía á Guichardini, haber malogrado
que Maquiavelo desempeñó, el año de 1520, en el tiempo en estudiar la historia y república de los
religiosos, aun mendicantes \zoccoli\ supuesto que
( 7 ) D i s c u r s o preliminar, p á g . 103. he aprendido á conocer muchas reglas y estatutos
( 8 ) Ib., p á g . 2.
( g ) //;., p á g . 62. suyos, que son primorosos en muchos puntos; y es-
pero sacar mi provecho de ello en la ocasión, aun- competentes llegaron á vengarla, hará comprender
que no fuera más que para compararlos con otros fácilmente que sus detractores tuvieron motivos per-
que pertenecen al orden civil de los Estados [ i o ] . sonales, ó fueron celadores de revoluciones anti-
Así armado sinceramente del amor de lo útil el hom- monárquicas, y que sus apologistas fueron hombres
bre de ingenio, por más filósofo que él sea, no me- honrados, profundos en política, enemigos del des-
nosprecia cosa ninguna, y sabe utilizarse de las orden, y defensores, por esto mismo, de la única
autoridad que pueda contener y gobernar bien los
buenas, hállense ellas en el lugar que se quiera.
vastos imperios. Nuestro discurso presentará, sobre
E l discurso con que v a m o s á dar principio nos-
las vicisitudes que las obras de Maquiavelo experi-
otros mismos á la publicación de lo más notable y
mentaron en la opinión pública, nociones curiosas,
útil que Maquiavelo escribió, no tendrá á lo menos
puntuales y ciertas, que ni aun esparcidas se hallan
el defecto de llevar impreso en sí el sello de la filo-
en las obras francesas, y que no se encuentran reu-
sofía antireligiosa de nuestra edad, ni de aquel re-
nidas en ningún libro italiano.
publicanismo de que ella se formó un negocio de
cálculo y un medio de triunfo. Nuestra mira se di- E n la publicación que vamos á hacer del manus-
rigirá á "impedir que los lectores se extravíen en la crito de Napoleón, pondremos en la parte inferior
interpretación de las máximas de este insigne esta- de las páginas las anotaciones que este hombre sin-
gular escribió en él, y las notas que el texto nos ha
dista, y á fijar rectamente su opinión relativa á él.
parecido exigir, agregándoles, aunque no fuera más
Procuraremos mostrar con evidencia la utilidad de
que para conservarlas, aquellas con que Amelot de
su doctrina para la situación en que á la sazón se
la Houssaie enriqueció su traducción del libro del
hallaba la Italia, y aun también para todas las cir-
Príncipe. L a s nuestras abrazarán la explicación de
cunstancias parecidas en que estuviesen otras n a -
ciertos hechos casi ignorados de la historia de Ita-
ciones asoladas por una tremenda anarquía, de la
lia, que este tratado recuerda. En cuanto á los otros
que quisieran salir ellas. Nuestro examen sobre las
que las personas de instrucción deben conocer, ó
diferentes épocas en que esta doctrina fué desacre-
sobre los que pueden consultarse fácilmente nues-
ditada, como también sobre aquellas en que jueces
tros libros históricos en que se hallan insertados,
nos tenemos por dispensados de mentarlos. Así, no
( 1 0 ) T o m o X I de la e d i c i ó n de F l o r e n c i a , 1782, p a g . 74-
nos creeremos precisados á decir que aquel Arzo-
bispo de Ruán, citado por Maquiavelo, es el C a r - No hicieron más que dar una prueba más de la
denal Jorge de Amboise, que fué Gobernador del ligereza de su espíritu y de lo aereo de sus conoci-
reino de Francia en tiempo de Luis XII, y tuvo el mientos políticos, los que creyeron hallar un nuevo
mayor influjo sobre el ánimo y resoluciones de este medio de hacer odioso á Napoleón, dando á cono-
monarca |_ 11 ]. cer el juicio suyo sobre nuestro autor. Este juicio
es en substancia aquel mismo del sensato Justo Lip-
C u ) N o será en balde sin e m b a r g o , para hacer c o m p r e n -
sio. Si Napoleón decía: «Tácito compuso novelas,
der bien el papel q u e este Cardenal v a á hacer en este li- Gibbon es un vocinglero, Maquiavelo es el único
bro, el recordar a q u í lo que refieren las historias eclesiásti- libro digno de leerse;» es á causa de que él le había
cas con r e s p e c t o á él. «Como este ministro tenía un s u m o
a s c e n d i e n t e sobre el ánimo del R e y , c o m o él había sido y a leído mejor que ninguno de nosotros, y como un
c a u s a de q u e L u i s X I I diera á C é s a r B o r g i a , hijo del P a p a hombre más capaz de comprenderle no solamente
A l e j a n d r o V I , el ducado de V a l e n t i n o i s , con una c u a n t i o s a
p e n s i ó n , y q u e e s t a b a dispuesto siempre á f a v o r e c e r las in-
con motivo de su origen italiano, sino también como
t e n c i o n e s del P a p a con la e s p e r a n z a de sucederle por vali- natural de una isla en que la juventud devora por
miento del d u q u e , q u e le había h e c h o p r o m e s a de e l l o , se
gusto los antiguos autores italianos sobre esta m a -
dirigió á él A l e j a n d r o para lograr que este m o n a r c a le ayu-
dase á arruinar enteramente á la familia de los U r s i n o s . teria. Profundizó el sentido suyo con tanto más
A u n q u e e l l a era inclinada á los intereses de la F r a n c i a , y empeño, cuanto sabía discernir en él todo lo que un
g o z a b a , con j u s t o s m o t i v o s , de la p r o t e c c i ó n de ésta, con-
siguió el C a r d e n a l persuadir al R e y , q u e él no llegaría nun- particular como él, con la ambición que le traía des-
ca á recuperar el reino de N á p o l e s , s e g ú n lo d e s e a b a , si no vivido, debía obrar para llegar á ser príncipe y afir-
c o n t e n t a b a al P a p a sobre e s t a nueva solicitud. Q u e d a r o n ,
p u e s , los U r s i n o s a b a n d o n a d o s , y aun sacrificados á la po-
marse en su principado después; y todo lo que p u -
lítica de A l e j a n d r o , sin que á su muerte p u d i e r a l o g r a r su- diera hacer recuperar ó perder otra vez al legítimo so-
cederle el C a r d e n a l . E n balde p a s ó éste á R o m a p a r a el berano un trono anteriormente perdido. L o recono-
c ó n c l a v e , al que hubieran podido decidir en f a v o r s u y o las
t r o p a s f r a n c e s a s , que hasta e n t o n c e s habían p e r m a n e c i d o cemos patentemente en sus anotaciones, las cuales
en esta ciudad; pues se d e j ó persuadir del "mañoso Carde- son para nosotros la confidencia históricamente pro-
nal Juliano de la R o v e r e al alejarlas, para no m o s t r a r sem-
b l a n t e de querer e m b a r a z a r los v o t o s . Juliano de la R o v e -
re no se hizo elegir e n t o n c e s , c o m o lo ha s u p u e s t o una bio- bundo F r a n c i s c o P i c o l o m i n i , que de allí á v e i n t i c i n c o días
grafía m o d e r n a , sino que g u s t ó más de e x a l t a r á la S a n t a le c e d i ó el puesto, q u e o c u p ó él mismo con el n o m b r e de
S e d e á un C a r d e n a l ancianísimo, y p o c o m e n o s q u e mori- Julio II.» {Compendio cronológico de la Historia ec/es., to-
mo I I , p á g . 234, año de 1503.
gresiva de su vida secreta, de los impulsos de su
ambiciosa alma y de los proyectos de su exaltada variables de sí mismas. Pero volverá á hallarse el
cabeza. Unicamente su mano era capaz de pintar- mismo genio en estos pensamientos, por más dis-
le, como él lo está aquí; porque únicamente él po- paratados que puedan ser. S e dan á conocer todos
día conocer, en su primitiva erupción, sus ideas, ellos por hijos de un mismo padre, y descubren á
sus afectos, y rápida sucesión suya, tales como aquí porfía todos su origen, con la única diferencia de
están trazados. Se ve en ello la semilla de sus de- que escritos en diversas épocas de su vida pública,
signios y miras, aun antes que ella hubiera produ- indican en particular la naturaleza de la pasión del
cido. L a perversidad de su corazón se vió aquí momento con la resolución que ella le movía á to-
desnuda, siempre que él encontró á Maquiavelo mar. Reducidas estas épocas á cuatro principales,
hermanando la moral y honradez con la política. son: 10 el tiempo de su generalato que le sirvió de
¡Véase como se indigna contra este gran maestro, preparación para la soberanía; 20 el tiempo de su
cuantas veces él insiste sobre la necesidad de ser reinado consular; 30 el de su reinado imperial; 40
querido más bien que aborrecido, de obrar primero finalmente, los diez meses de su mansión en la isla
como buen príncipe que como tirano! Cuanto le de Elba. Seguirá á cada una de estas anotaciones,
presentaba su condenación, declarada anticipada- una señal indicativa del tiempo en que fué escrita:
mente por Maquiavelo, le inclinaba á ultrajarle; y las de la primera época tendrán la letra G ; las de
no podemos menos de sonreímos, cuando le vemos la segunda llevarán R. C . ; las de la tercera, R. I.,
resistirse con ira contra ciertos consejos de este es- y, últimamente, las de la cuarta, la letra E. Entre
tadista, cuya cordura y justicia repugnaban á sus todas estas notas, hay algunas que el afecto penoso
fieras inclinaciones. con que ellas nos conmovían, nos inclinaba á borrar;
pero diferentes sugetos, llenos de prudencia y hon-
Sin duda se notará alguna incoherencia entre
radez, nos determinaron á conservarlas, p o í la ra-
aquellos fogosos pensamientos que se le soltaban
zón de que son aquellas mismas que contribuyen
á su alma turbulenta; pero no causarán ellos extra-
más á hacer tan aborrecible á Napoleón como él
ñeza á los que saben que la política en acción no
debe serlo. Por otra parte, con semejantes supre-
puede menos de variar sus sistemas, planes y mo-
siones hubiéramos causado perjuicio á la integridad
dos de obrar, según las circunstancias, que son muy
de la pintura de su infernal política, supuesto que
hubiéramos cercenado el indispensable complemen-
to suyo. existe ninguna edición de sus obras que pueda, tan-
to como este simple volumen, habilitar á los lecto-
Refiriéndose así todas las diversas anotaciones de
res para conocer bien la extensión y profundidad,
Napoleón á diferentes circunstancias, á diferentes
la prudencia y sagacidad de un genio que, en el
situaciones políticas, formarán realmente un comen-
sentir de Algarotti, «fué en política y en las cosas
tario útil, en cuanto harán discernir sin equivoca-
de Estado, lo que Newton es en conocimientos de
ción lo que Maquiavelo no dijo más eme para los
las ciencias físicas y arcanos de la Naturaleza» (13).
nuevos príncipes, y lo que dijo para los demás, es-
pecialmente para los que vuelven á entrar en sus
18 de Septiembre de ¡Sij.
usurpados Estados. T o d a la substancia de su doc-
trina va á hallarse en el presente volumen, en que
despues del famoso libro del Príncipe, se hallarán
los pasajes más interesantes de algunas otras obras ( 1 3 ) O p e r e di A l g a r o t t i , C r e m o n a , t o m o I X .

suyas y particularmente de sus profundos discursos


sobre las décadas de Tito Livio ( I 2 ) , prescindiendo
de lo que de ello vaya citado en el discurso preli-
minar.
Creemos no lisongearnos mucho diciendo que no

( 1 2 ) E n esta o b r a leyeron M o n t e s q u i e u y I. f. R o u s s e a u
o q u e a m b o s escribieron de m á s j u i c i o s o . E l A b a t e de v "
f u l L e S > m a , S P a : t l C U l a r m e x n t e d e u d o r de a q u e l l a s ideas pro-
fundas e i n s t r u c t i v a s q u e f o r m a n el principal mérito de sus
Revoluctogs romanas E l A b a t e C o n t i , italiano, q u e se

m í a M « a r ! f a ¿ S a h r á ' U Z e " a s ' e s c r i b i ó al c é l e b r e Mar-


q u e s Maffei de V e r o n a : « H a b r á leídn V m lo tt < j ,
Revoluciones romanas del A b Í f d e t e r T o t ^ Í Z ^ o l
sistema las r e f l e x i o n e s s u e l t a s , q u e el S e c r e t a r i o de F l o r e n
cía hizo s o b r e T i t o L i v i o , p e r o sin p r o f u n d i z a r l a s b a s t a j e
á v e c e s . {Opere de/P a b b a t e C o n t i , t o m o II, p á g „ 2
'Discurso sobre 7/faquiauelo

CONSIDERADO COMO A S E G U R A N D O Á LOS S O B E R A N O S CONTRA

LAS R E V O L U C I O N E S , COMO DOMANDO LA ANARQUÍA

Y A F I R M A N D O LOS TRONOS

esta edad de turbulencias y calamidades,


en que el error dejó tan cruelmente burlada
la ignorancia, parece haberse transformado el nom-
bre de Maquiavelo en el de una sistemática reunión
de los mayores crímenes. L o s horrendos procede-
res de una maldad que se encamina hacia sus fines
por la vía del fraude, la falta de fe, la violencia y
asesinato, no se llaman y a más que maquiavélicos;
y el infernal arte de conducir á los hombres á su
ruina engañándolos, aquel arte tan desgraciadamen-
te perfeccionado en nuestros días, parece no haber
existido nunca más que con la denominación de
maqu iavelismo.

. i.; — - * -
mn
se pusieron las gentes á desacreditar con más furor
El nombre de Maquiavelo, sin embargo, goza to-
á Maquiavelo; en Francia, sobretodo. L a segunda
davía de la más recomendable ilustración en el país
consideración, apoyada en hechos igualmente, es
mismo en que él vivió, y en el que puede apreciarse
que evitando entonces los detractores de Maquia-
mejor su mérito. Aun es allí en algún modo un ob-
velo el hablar de aquellas obras suyas en que se
jeto de veneración pública, hasta en aquella iglesia
descubren de un modo horrendo los inconvenientes
de Florencia, en que, hacia fines del siglo pasado,
de las Repúblicas, se encarnizaron únicamente con
la mano de un príncipe eminentemente filósofo, el
su libro del Príncipe, que podía ilustrar á los m o -
gran Duque Pedro Leopoldo José, le erigió un mo-
narcas sobre los ocultos designios de sus enemigos,
numento famoso al lado de los sepulcros de Gali-
é indicarles los medios de contener eficazmente á
leo, Miguel Angelo, y más admirables ingenios de
los pueblos bajo la obediencia.
la Toscana. L a inscripción que en él puso con el
voto de todos sus pueblos, testifica, como una cosa Antes del año de 1740, en que Voltaire dió la se-
verídica, que ya no había nada que decir en honor ñal de aquel desenfreno filosófico contra Maquiave-
de Maquiavelo luego que se le ha nombrado. « ¿ H a y lo, con la publicación de la menos miserable de las
elogio que pueda igualar al que su nombre encie- refutaciones de este libro (1), los verdaderos filóso-
rra?» Tal es su epitafio: fos que le habían leído, y podido comprenderle bien,
se hallaban distantes de decir de él tanto mal como
T a n t o nomini n u l l u m par e l o g i u m : se dijo entonces. L o s de ellos que, en corto núme-
Nicolás Machiavelli ro, habían emprendido su lectura con un espíritu de
Obiit anno A. P . V . M D X X V I I . imparcialidad, y con algunas ideas políticas funda-
das en la experiencia, hicieron justicia al profundo
En la indecisión que en nosotros producen estos ingenio del autor, y al perfecto conocimiento suyo
dos juicios tan contradictorios, y en el laberinto de del corazón de los hombres reunidos en sociedad.
incertidumbres en que nos echan, se presentan dos El P. Nicerón había reconocido solemnemente la
consideraciones como el hilo de Ariadna para h a -
cernos salir de él. L a una es, que particularmente (1) El anti-ZMaquiavelo, ó ensayo critico sobre el Príncipe
hacia la mitad del siglo pasado, y cuando algunos de Maquiavelo. L o n d r e s , 1740, en casa de G u i l l e r m o Me-
ver.
facciosos urdían sus tramas contra la autoridad real,
soUdez del juicio de Maquiavelo: y «mostrado al mis-
mo tiempo la rectitud del suyo propio, desechando siglo á acá. Ninguno hay cuyos compiladores hayan
como una paradoja el sistema de los que sostenían hecho otra cosa, con respecto á Maquiavelo, más
que el hbro del Principe era una crítica contra la que amplificar lo que leían ellos en sus antecesores,
política de los monarcas. Por otra parte, la opinión sin leer sus obras, muy en extremo difíciles de com-
nada favorable que los lectores preocupados habían prender. Así es como, por ejemplo, copiando el
formado del autor, estaba á lo menos exenta de en- Diccionario histórico de León, en el año de 1804,
cono contra él. Moren, que no le había juzgado ca- el de Caen, publicado en el de 1783, se dejó llevar
S! hasta decir que este insigne estadista «en toda su
™ á S q u e c o n a r r e g | 0 á lo que Bayle había dicho
al que importaba ver incrédulos en todos los gran- política, no quería ser deudor de nada á la religión,
des hombres, ni aun se atrevió á censurar formal- y aun la desterraba; que el Libro del Principe con
especialidad, es el breviario de los ambiciosos, de
Z T t r a t a d ° ' y 8 6 d f i Ó s ' m P ' e m e n t e 4 hacer
odioso á Maquiavelo en el concepto de las almas los trapaceros y malvados; que Maquiavelo profesa
devotas, diciendo, sobre la fe de algunos jesuítas de el crimen en este abominable libro, dando lecciones
que el esceptico Bayle se había formado autorida- de asesinato y envenamiento.» H é aquí como se
des, que este afamado estadista pasó los últimos difundió, como se acreditó la opinión de que M a -
anos de su vida sm afecto ninguno de religión.» quiavelo fué el escritor más perverso que hubiera
S e conocen los funestos efectos de semejante acu- existido; que su Libro del Principe es un código de
s ó n aun aventurada y falaz, sobre las personas maldad, y que la acción combinada de todos los
timoratas, tan prontas á coger horror á cuanto la delitos juntos debe llamarse maquiavelismo. Pero,
ignorancia ó malignidad les hacen creer inficionado permítasenos examinar hasta qué punto van funda-
de irreligión. Se hallaron ligadas bien pronto, sin das estas enormes acusaciones.
caer en ello, con la facción ant,realista contra M a -
quiavelo; y el número de estas dos especies de ene-
migos se aumentó prodigiosamente por medio de
aquella infinidad de diccionarios históricos, con que
la Francia estuvo inundando la Europa de medio
te, es á saber en el de 1531, y no en el de 1515,
como Voltaire lo supuso, un Papa muy ilustrado
§ I vino á darles una aprobación de las más formales?
Favor de que el Principe de Maquiavelo gozó err el origen, aun con la Clemente VII, no menos celoso por las sanas doc-
Santa Sede, durante cuarenta y tres años, bajo seis a siete Papas.—
Causas de la primera censura que de él se hizo en Roma, y modifi- trinas que por las buenas costumbres, aun aconsejó
cación que los padres del Concilio de Trento hicieron en ello.-Be-
neñciosy peligros relativos á la doctrina de Maquiavelo.
en algún modo la lectura de las obras de Maquia-
velo en toda la cristiandad, por el hecho mismo de
Parece que los modernos difamadores de Maquia- que favoreciendo á su impresor pontifical con un
velo ignoran que en la época en que el tratado del privilegio exclusivo para imprimirlas y venderlas, v
Príncipe fué presentado por el autor á Lorenzo de estableciendo penas aflictivas contra cualquiera que
Médicis, como también en otras circunstancias de hiciera una falsificación suya en los Estados de la
resultas de los siglos corridos desde entonces, di- iglesia, amenazó con censuras espirituales á los que
versos varones eminentes no menos en virtud que en cualesquiera otros Estados publicaran ó vendie-
en creencia, le juzgaron de muy diferente modo que ran una edición falsificada (2). ¡Ah! no se crea que
ellos. Emprendido en los primeros meses del pon-
tificado de León X, y acabado en el segundo año ( 2 ) Se v e r á en lo sucesivo que, en el año de 1527 en que
la facción popular echó de F l o r e n c i a á los Médicis, no se
de su reinado, en que Maquiavelo le entregó al so- habia impreso todavía el Libro del Principe. H a b i e n d o ido
brino de este Pontífice, fué mirado como una obra en el año de 1531 Antonio de Blado, impresor pontifical en
admirable por aquellos esclarecidos Médicis que, R o m a , á pedir al P a p a licencia para publicar finalmente to-
das las obras de Maquiavelo, el Pontífice le acordó el pri-
más que todos los otros príncipes de su tiempo, con- vilegio de ello, por un breve de 23 de A g o s t o del mismo
tribuyeron á restablecer en Europa, con las cien- año, queriendo que g o z a s e de él no solamente en los E s t a -
dos romanos, sino aun en todos los otros de la cristiandad.
cias, letras y artes, el orden y la civilización deste- L a s penas con que el P a p a amenazó á los falsificadores, se
terrados después de tantos siglos por una horrenda insertan en este breve por el tenor siguiente: Omnibus ct
singulis impressoríbus bibliopolis aliis cucuscumque status, gra-
barbarie. Si la doctrina de este libro es execrable,
dús et conditionis existentibus nostrce ditioni temporaliter non
como lo dicen sus detractores ¿cómo sucedió que, subjectis, in virtute sanctce obedientice, et sub excommumcatio-
la primera vez que fué impreso con las demás obras tis latee sentential poena nobis verá et santce romana? ecclesioe
mediate vel inmediaté subjectis.. .. districté poecipimus et man-
del mismo autor, cuatro años después de su muer- damus, etc., etc. Quocircá quihusvis locorum ordinarus, scu
este favor pontifical no se extendió al Libro del logos inquisidores que él estableció en el año de
Príncipe, porque está él, así como los Discursos po- 1557 contra los herejes, y que creó con el nombre
líticos del mismo autor sobre las Décadas de Tito de Indice aquella lista de las obras reprobadas por
Livio, y su Historia de Florencia, formalmente de- ellos. Celosos estos inquisidores en abultarle, pu
signado en el breve de este Pontífice: Opera quon- sieron en él absolutamente, y sin ninguna e x c e p -
dam Ni col a i Machiavelli civis Florentini in mater- ción, todas las obras de Maquiavelo, muerto hacía
no sermone conscripta, videlicet Historiam, ac DE entonces treinta años. Paulo IV hubiera rehusado
PRINCIPE, et discursibus imprimere. todavía acceder á la condenación que de ellas ha-
Este privilegio prueba no solamente que las obras cían los inquisidores de un modo tan vago y ciego,
de Maquiavelo eran muy estimadas de los doctos y sin la debilidad de genio que su mucha ancianidad
estadistas, sino también, y por lo menos, que el llevaba consigo. Se dejó llevar de los clamores é
Papa no hallaba en ellas nada contrario á la reli- instancias del supremo inquisidor, que era aquel
gión y moral propiamente dichas. Paulo III, Ju- dominicano Catherin Lancelot-Politi, que no hizo
lio III y Marcelo II, que sucedieron uno tras otro á casi uso de su ciencia más que para sentar singula-
Clemente VII, las juzgaron como él.. Paulo IV res opiniones, y aun algunos escritos del cual se no-
mismo, que vino después, por más violento que él taron como perniciosos en aquel Indice que él había
era contra las perversas doctrinas, hubiera conser- creado (3).
vado la misma opinión favorable para Maquiavelo, El motivo real de esta especie de condenación de
sin el ardor censurante de aquella comisión de teó- Maquiavelo, no era el fondo de su doctrina política;
)' aun esta condenación no tenía directamente por
eorum officialibus et vicariis in spiritualibus committimus ber
proesentes ut, ubi, quando, et quotiés pro parte dicti Antonii
objeto el Libro del Príncipe, como le hace creer
requisiti fuerint; ipsi Antonio ejficacis defensionis proesidio as- una declaración de aquella comisión del Concilio de
sxstantes, faciunt proesentes litteras et in eis contenta quoecum-
que inviolainhter observari, et publicad; contradicentes quosli-
bet etrebell.es per censuras ecclesiasticas, et penas proedictas ab- ( 3 ) D e cuyo número es la vida que él escribió ¿fe su com-
pellatione postpositá cowpescendo; invocato etiam ad hoc si obus- pañero Savonarola. D e s p u é s de haberle ensalzado por otra
fuerit auxilio brachti secularis in contrarium faáentibus, non parte c o m o á un santo, le representa en esta obra como al
obstantíbus qmbuscumque. Datum %omoe ap'ud Sanctum Pe- más insigne trapacero, y más m a l v a d o impostor que hubie-
trum, sub amulo piscatoris, etc. ra existido.
%
Trento, que pareció confirmada. Establecida esta causar, con sus escándalos, la ruina de la religión
comisión en el año de 1562, y compuesta de dieci- católica, que él consideraba sinceramente como el
ocho padres encargados de extender un nuevo In- más sólido substentáculo de los imperios (5), y por
dice, se'veía tan apurada por Catherin, hecho uno otra parte, no cesaba de probar que el interés de
de los teólogos del Concilio, que acabó ella adhi- las otras potencias de Italia, y aun de las ultramon-
riéndose á sus miras en el año siguiente, y únicamen- tanas, exigía que los Papas no poseyeran una d o -
te al concluirse el Concilio. Pero esta nueva censu- minación temporal tan vasta como la que ellos ha-
ra no tuvo por motivo más que ciertos pasajes de bían adquirido. S e hallaba condenada su ambición
las obras de Maquiavelo; y conociendo los padres casi á cada página de Maquiavelo; y como este en-
que semejantes pasajes podían suprimirse fácilmen- grandecimiento temporal, á que Alejandro V I había
te sin que lo demás se alterase con ello, confesaron echado el colmo, era el resultado de unos medios
que si se hacía la supresión suya en una próxima cuya eficacia no se había demostrado sino muy bien
edición, quedaría invalidada cualesquiera condena- por nuestro autor, los Papas no podían menos de
ción contra el autor (4). Aun estos pasajes, en cor- recelarse de verlos conocidos y empleados contra
to número, se designaron por los padres. Pero sin
tratar de conocerlos, haremos notar que Maquiavelo
no podía menos de desagradar entonces sumamen- ( 5 ) En el c a p 12 del libro I, de sus e Discursos sobre la
primera década de Tito Livio, decía: «Si la R e p ú b l i c a cris-
te á la corte de Roma. En aquella era, los calvi- tiana se hubiera mantenido en sus m á x i m a s , tal como esta-
nistas transformaban en invectivas la vituperación ba ordenada p o r su divino fundador, los E s t a d o s cristianos
estarían más felices y unidos que lo están. P o d e m o s adivi-
que él mismo, cuarenta años antes, pero por moti- nar fácilmente la causa de esta degeneración, cuando nota-
vos bien diferentes y muy laudables, había dirigido mos que los pueblos más inmediatos á la Iglesia romana,
contra el lujo y costumbres de la corte de León X, la c a b e z a de nuestra religión, son los que tienen menos
piedad L a provincia perdió toda su devoción y religión
de Adriano V I y Clemente VII, que habían tenido con los e j e m p l o s de la corte romana. D e ello resultaron in-
la buena fe de no sentirlo. L a había acusado de mensos inconvenientes é infinitos desórdenes; porque así
c o m o en cuantas partes hav realmente religión, debe haber
toda especie de bienes: así también en cuantas se carece de
ella, 110 debe hallarse más que toda especie de males; so-
(+) L a prueba de esta particularidad se hallará en el mos deudores, pues, á esta corte y á nuestros sacerdotes ita-
Apéndice de que este discurso será seguido. lianos de habernos vuelto irreligiosos y perversos.
sí mismos por otros príncipes á quienes este libro
hubiera servido de consejero y guía. libro cuyo contenido les importaba ignorar para su
Aun quizá también aquellos medios con que. por felicidad. No se había compuesto para ellos. L o s
mas condenables que algunos de ellos son bajo el secretos de la política no son de una naturaleza que
aspecto meramente moral, se había librado la Italia deban propagarse en el vulgo, que no puede menos
de los males de la anarquía, eran entonces tan per- de convertirlos en perjuicio suyo, ni entre las gen-
judiciales como inútiles para ella. Distribuida en tes simples que, no estando destinadas á reinar, se
Estados regulares, se hallaba bajo la obediencia de hallan superiormente dispuestas á escandalizarse de
principes legitimados, de los que unos hacían feli- cualquiera ciencia que ellas no deben conocer. Ad-
ces a sus pueblos, y otros, ambiciosos y poderosos mirable disposición que la Providencia puso en su
teman necesidad de que se les vedase, con la mayor alma, á fin de que, por un escrúpulo virtuoso, estén
eficacia posible, el conocimiento de los recursos in- apartadas de un estudio que, reservado exclusiva-
dicados por Maquiavelo para otros tiempos y cir- mente á los estadistas, no se difunde nunca en el
cunstancias (6). Había, por otra parte, en el fondo pueblo sin ocasionar la subversión del orden social.
mucha prudencia en prohibir á los pueblos aquel Pero si la Italia hubiera vuelto de nuevo al esta-
do de barbarie de los anteriores siglos, no hubiera
habido ninguno de sus príncipes que, desposeídos
por algunos facciosos, ó amenazados de serlo, no
hubiera debido hacer en gran parte para recuperar
ó conservar su trono, lo que, con arreglo al ejemplo
de sus predecesores, Maquiavelo había reducido á
máximas de política. L a s más de ellas son, á la
verdad, capaces de espantar á todo simple particu-
d k a d a más arriha ° S P " n c i P e s d e ^ segunda c l a s e i n -
C a r l o s V F e b e n Y " ^ í . ^ > L o m b a r d « , el hijo de
lar que, no habiendo gobernado nunca más que su
a m b o s Espado "en e ' a L T x - - i ^ C C S 1 Ó n dt * familia, no conoció jamás la imposibilidad de g o -
bernar imperios únicamente como filósofo y mora-
naba ^ ^ ^ l ^ ^ ^ a r ^ f e - ^ lista, especialmente en tiempos turbulentos y de
facciones. ¡Ah! ¿no son también atentados contra
la moral y género humano las condenaciones de augusta doctrina, que no permite hacer más el mal
muerte y el ardor mortífero de los combates, en el físico que el moral, aun con la mira de un bien
concepto del que no está destinado por la Provi- cierto. .
dencia ó su príncipe á juzgar á los malhechores, á Pues bien, el libro de Maquiavelo es, en política,
ganar batallas, y que no conoce más que las dulces para los tiempos dificultosos y males de los E s t a -
leyes de la filantropía? L a moral y filosofía son tan dos lo que los más rigurosos preceptos de la cirujia
irreconciliables con semejantes atentados, que ni Y medicina son para las dolencias mayores de la
una ni otra permiten á los hombres que hacen esen- economía animal en los individuos. Está compues-
cialmente profesión de ellas, ejercer el ministerio de to de raciocinios históricos y de experiencia sobre
juez criminal, ni el oficio de la guerra. El moralista los modos, violentos á veces, sin los que no hubiera
no comprendió nunca, y ni aun el filósofo confesó podido volver al orden y embeleso de la civilización,
jamás aquella inconcusa máxima del gobierno de aquella Italia que, desde entonces, y por esto mis-
las naciones, que hay casos en que deben sacrifi- mo se perfeccionó en ellos mucho más pronto que
carse algunos hombres á la seguridad de un mayor todos los demás países de la Europa (7). Cualquie-
número, y á la del cuerpo social por consiguiente.
Unicamente cerrando la religión los ojos, y cedien-
do á la política, se vuelve indulgente para con el
ejecutor de un homicidio ordenado por la ley del
Estado. Sucede con el cuerpo político lo mismo
que con el humano: si la moral y filantropía tienen
libre la entrada para hacer prevalecer sus cordiales
lecciones ante el operador quirúrgico, que se dis- l ^ S l Presidente H e n a u l t se muestra del mismo dicte-
pone á amputar algunos miembros cangrenados, ó
ante el médico que va á echar algún veneno en el
seno de su enfermo para expeler las mortales semi-
llas de él; aquel principio vital que uno y otro de-
ben conservar, se extinguirá en presencia de esta

f los ^ ^ ^ S ^ T t a ^ en las

mismo
S V ^ fondo
X S que
L Thub
c era
ü pP I e l puesto ^de ^la ^r e b e^h é n ; yy
SOBRE MAQUIAVELO 39

y quizá menos ofensivas á la filosofía, es porque


ninguno de estos autores llevó la mira principal de
Pérfidas ó b T r b a á ^ m T ^ " m de b ' formar estadistas. Maquiavelo es el primero que
dría derecho para r 7 * b a talla'
haya tratado expresa y especialmente sobre el arte
algún modo ac^ba d ^ r ,r á ^ » de gobernar á los hombres tales como ellos son. con
do que d e t o m p u e s t í r C a r aS' E | ^ particularidad á continuación de las grandes con-
no se restablece máo m ° n ' a en 'a »^ralezz,
mociones de la sociedad. «Si todos fueran buenos
que tienen visos de d ^ H C O n , t r e m e n d - c h o ^
y virtuosos como lo dice él mismo, sería menester
Has tempestades y ravos ^ ^ a < ^
que el Príncipe no tuviera más reglas que la moral,
derador vuelve á o r 7 T *** ™ 5 U p r e m o
ni más norte que la virtud» (8); pero ¿qué puede
cío tan temerario y S er6nar'a' Sería ™
ser de un Príncipe que no fuera más que bueno y
na el t e n ^ Z g ™ ,en Tal se-
virtuoso, en medio de unos hombres que, agitados
los medios y c t f s efectos sin
de perversas y turbulentas pasiones, están ejercita-
dos en encubrir sus reprensibles y funestas manio-
bras con todas las astucias de la perfidia?

• i j icnciaad del cuerpo social


§ n
La Francia, actualmente en la situación en fjtie la Italia s e hallaba
cuantío se vio allí el Libro del Príncipe, como necesario ii los so-
beranos para añriuarse y restablecer el orden social.

- 6l,aS en estos menos palpables,


Ahora que, según la juiciosa observación del Prín-
habituados los ánimos á l a j •
y a más que en las Tanas S i l ^ S T V 0 Ia b u s c a r o "
cipe de Schwartzemberg sobre los sucesos de nues-
b a y a de atentar á la fiiosof'a- N o se trata- tra desastrosa revolución, «el mundo atónito ha vis-
admirar de ellos; y i T a Z T o S T ^ »T*™" to reproducirse los desastres de la edad media» (9);
se substituyó p o r la q u e d a n ó s l n í ^ ? d , a C ° n , 3 S a r m a s
revolución que a c a b a hlanS S inte,ec^ales.» Una
dichosos resultados b , a n d a m e n t e > n o P " e d e acarrear tan (8) V é a s e adelante, Libro del Principe, cap. X V .
[9] Proclamación de este Príncipe á l o s franceses, al en-
38
— n SCURSO
Ul' SOBRE M A Q Ü I A V E L O 39

y quizá menos ofensivas á la filosofía, es porque


ninguno de estos autores llevó la mira principal de
Pérfidas ó b T r b a 2 Z T ' T ^ " m de ,as formar estadistas. Maquiavelo es el primero que
dría derecho para r 7 * b a talla'
haya tratado expresa y especialmente sobre el arte
algün modo a c a b a d g e r , r á ^ » de gobernar á los hombres tales como ellos son. con
do que d e t o C e s t í r C a r aS' E | ^ particularidad á continuación de las grandes con-
no se restablece máo m ° n ' a en 'a »^ralezz,
mociones de la sociedad. «Si todos fueran buenos
que tienen visos de^ie HCOn,tremend- c h o ^
y virtuosos como lo dice él mismo, sería menester
Has t e m p e s t á i s y ravos V'tUPerara a < ^
que el Príncipe no tuviera más reglas que la moral,
derador vuelve á o r 7 T *** ™ 5 U p r e m o
ni más norte que la virtud» (8); pero ¿qué puede
cío tan temerario y S er6nar'a' Sería ™
ser de un Príncipe que no fuera más que bueno y
na el c e n s " ¿ ^ , n g r a t ° e n C X t r e m ° - Tal se-
virtuoso, en medio de unos hombres que, agitados
los medios y c t f s efectos sin
de perversas y turbulentas pasiones, están ejercita-
dos en encubrir sus reprensibles y funestas manio-
bras con todas las astucias de la perfidia?

r , . lulc,a a d del cuerpo social


§ n
La Francia, actualmente en la situación en fjtie la Italia se hallaba
cuando se v i o allí el Libro del Príncipe, como necesario ii los so-
beranos para añrmarse y restablecer el orden social.

- 6l,aS en estos menos palpables,


Ahora que, según la juiciosa observación del Prín-
habituados los ánimos á l a j •
y a más que en las Tanas S i l ^ S T V 0 Ia b u s c a r o "
cipe de Schwartzemberg sobre los sucesos de nues-
b a y a de atentar á de la fiios°f'a- N o se trata- tra desastrosa revolución, «el mundo atónito ha vis-
admirar de ellos- y la s u S S f / 5 ^ "T**™0 hac<^ to reproducirse los desastres de la edad media» (9);
se substituyó p o r la q u e d a n ó s l n í ^ ? d , a C ° n , 3 S a r m a s
revolución que a c a b a hlanS S inte,ec^ales.» Una
dichosos resultados b , a n d a m e n t e > n o P " e d e acarrear tan (8) V é a s e adelante, Libro del Principe, cap. X V .
[9] Proclamación de este Príncipe á l o s franceses, al en-
cuando creíamos llegar al término suyo, étenos aquí
pues precisamente, en la misma situación en que se cinco lustros, hemos experimentado todas las ho-
hallaba Maquiavelo, cuando él expuso las máximas rrendas catástrofes que Maquiavelo desterraba con
contenidas en su Libro del Príncipe. Esta deplo- sus escritos. Si empeñados en esta carrera de des-
rable s.tuac.ón de infaustas experiencias y de llagas gracias los pueblos á quienes podía darse quizá en-
todavía doloridas, es aquella de que necesitábamos tonces licencia para leerle, hubieran podido c o m -
para apreciar bien los medios que él indica, á fin prenderle ¿se hubieran entregado, como lo hicieron,
de salir totalmente de ella y no volver á experimen- á las tremendas contingencias de la dominación de
tarla. Aun ayudada de la lectura y reflexión la ima- un hombre salido de una condición humilde, y s o -
ginación. no hubiera podido suplirla; y, confesé- bre todo de un guerrero feroz, nacido, por decirlo
moslo. nos era realmente necesaria, á fin de no ha- así, de la espuma inmunda y sangrienta que los ma-
llar ya en la relación de las proscripciones de Sila res de la Italia, en el tiempo de sus purificaciones,
de los asesinatos de Mario, como también de los habían impelido hacia la isla maldecida de los ro-
•'.tentados recordados por Maquiavelo, algo de muy manos? (ro) Reuniendo la idea de su origen vulgar
horriblemente caballeresco, para que la historia de y agreste, de su ardiente y tétrico genio, de sus in-
nuestra edad y país pudiera mancharse con ello en clinaciones ambiciosas y feroces, con el .pensamien-
algún tiempo. to de la necesidad en que Maquiavelo había demos-
trado que un usurpador de este temple dejaría de
Si los hubieran tenido por posibles los príncipes
ser un atroz tirano; entonces, sin duda, en vez de
de la segunda mitad del siglo pasado, y si, en vez
dejarnos llevar estúpidamente bajo su yugo, y de
de dejarse imbuir ciegamente contra este autor le
mirar como celestial su potestad, según lo decían
hubieran leído bien, comprendido bien y meditado
bien, por cierto que no se hubieran dejado arrastrar
de unos facciosos, enemigos de su trono, hacia aquel (10) S e sabe que los romanos deportaban á ella los más
viles e s c l a v o s suyos, á aquellos que les parecían más seme-
precipicio revolucionario en que, por espacio de unos jantes á los animales monteses que á los hombres. Hinc
ohm servi romani ignavissimi et inutilissimi devehehantur, bet-
luis quam hominibus similiores. ( S t r a b o n , lib. 5 ) Cardano
trar en su territorio, el de Junio de 1815, al frente de los
pintaba así á los corsos de su tiempo: corsicce insulce iracun-
« F-cfat di sunt, crudeles, infidi, audaces, prompti, agües, robusti: talis
enim est natura canum.
varios pontífices interesados, hubiéramos visto anti-
con que el usurpador iba á abrumarnos? ¿no le hu-
cipadamente cuántos males ha derramado, por sus
bieran impuesto silencio cruelmente los facciosos?
manos, el Infierno sobre nuestra Patria. Desde en-
Podemos juzgar personalmente nosotros mismos,
tonces que estaba reconocido por experiencia que
con arreglo á las dilatadas y acerbas desgracias á
no podíamos vivir en República, aquel pensamiento
que fuimos condenados por haber revelado en el
del ciudadano de Ginebra, que «el Príncipe de Ma-
año de 1800, que Napoleón se haría instalar bien
quiavelo da grandes lecciones contra los nuevos
pronto por el Papa mismo en el trono de los B o r -
príncipes á los republicanos ( n ) , debía hacernos bones, y podemos juzgar lo que le hubiera costado
pronosticar los desastres futuros que iban á descar- á cualquier otro que, abrazando los consejos de Ma-
gar sobre nosotros. Y llenándonos de espanto estos quiavelo, se hubiera atrevido á vaticinar los inmen-
avisos, nos hubieran hecho retroceder de horror en sos males que este reinado iba á causar á la nación
tal grado que, sin poder moderar este curso retró- francesa. ¿ Hubiera sido bastante reflexionada ésta
grado, hubiéramos vuelto nosotros mismos á aquel para dar crédito á los que hubieran publicado aque-
gobierno real, cuya bondad habíamos experimen- lla verdad indicada en el Libro del Príncipe, que
tado por espacio de tantos siglos. admitiéndose una vez como jefe del Estado el hijo
Pero esta desafortunada nación á la que intrépi- de un Procurador de Ajacio, terror ya de la Europa
dos malvados, después de haberla arrastrado, por y Asia por su belicoso ardor, haría necesariamente,
codicia, en su propia sangre y ruinas, sujetaban á para la conservación de su trono, todos los actos de
esta nueva tiranía, se componía desgraciadamente, tiranía de que en Italia, durante los Siglos X V y
en gran parte, de gentes ignorantes y crédulas, á X V I , no habían podido abstenerse ciertos príncipes
quienes la necedad ó'perfidia habían alejado de to- para la conservación de su soberanía?
da útil lectura de Maquiavelo. ¿ S e hubiera querido
Napoleón es, sin contradicción, muy reprensible
á lo menos prestar oídos al hombre instruido y ad-
en haber cometido los mismos crímenes de la tira-
vertido que, aprovechándose de los avances sumi-
nía; pero si por el hecho solo de que se consintió en
nistrados por este autor, hubiera revelado los azotes
su usurpación, se le permitió cometerlos, como esto
es incontrovertible ¿quiénes son, pues, los que tie-
nen derecho para hacerle cargo de ellos? L o s úni-
eos que le tendrían, serían aquellos franceses cuyo pronunciar sucesivamente los más disparatados ju-
inflexible amor á la antigua monarquía se hubiera ramentos, cuando ellos proporcionaban la entrada
estremecido de indignación cuando este Soldado au- á algún favor, sin exceptuar el de odio al cetro de
daz se hizo rey consular. Pero entonces, no vi casi los Borbones, ensalzaban como el juramento de
en todas partes más que á indiferentes estúpidos, salud el que ellos se aceleraban á hacer al trono de
ó á embrutecidos aprobadores y reprensibles facto- Napoleón, Importábales poco que la Francia que-
res de la usurpación. ¿Quién no fué cómplice, si lo dara entregada á su execrable tiranía, con tal que
fueron cuantos tributaron á su execrable.trono unos el tirano les confiriese plazas y honores.
homenajes exclusivamente reservados á la legiti- Superiores á estos serviles agitadores de las con-
midad? ciencias, estaban, por una contradicción monstruo-
T u v o él primeramente á aquellos de los numero- sa que únicamente la perversidad de nuestra edad
sos y bajos partidarios de una tranquilidad de cual- puede hacer creíble, aquellos terribles celadores
quiera especie en que pudieran saborearse con m o - del gobierno democrático, aquellos grandes farau-
licie los goces. Pero ¡ay de mí! en el embotamien- tes revolucionarios, que determinados siempre con
to de su ánimo, eran incapaces de preveer que el el incentivo de una más sobresaliente fortuna, s a -
aventurero á quien aceptaban por dominador, ha- crificaban su propia República al trono de Napo-
biéndose puesto por este solo hecho en oposición león, como habían sacrificado el de los Borbones á
con aquellos partidos que habían fatigado demasia- su sanguinaria democracia. Estos son aquellos á
do su indolencia, no podría luchar contra ellos sin quienes deben imputarse, tanto y quizá más que al
hollar á los aprobadores mismos de su usurpación. usurpador, todas las calamidades con que él vino á
Su ciega complacencia se dejaba llevar, por otra inundar nuestra Patria. Perjuros monstruosos é in-
parte, del voto comunmente respetado de aquellos fames cómplices, dignos ya de nuestras maldiciones
hombres más perspicaces que, en las clases más por haber auxiliado la instalación de este infernal
consideradas, sacrificaban las sagradas máximas de poder ¿cuántas más no merecerían ellos si, después
la moral y del honor á diversas miras ávidas, dis- de haberle instituido, hubieran afirmado en seguida
frazadas con sofismas á un mismo tiempo hipócritas su voraz tiranía con los feroces servicios que él exi-
y sacrilegos. Prontos estos tanto á justificar como á gía de sus visires, genízaros y bajaes? Pero ¿es po-
SOBRE M A QUIA VE LO 47

a b l e que no hayais desempeñado eficazmente sus allí de otro modo que como un simple accesorio.
desastrozas miras, vosotros á quienes él colmó de E n semejantes objetos, la forma, el color y nombre
riquezas, cubrió de insignias y convirtió en grandes triunfan, y necesitamos de sumos esfuerzos de re-
duques y príncipes suyos? Por más esfuerzos que flexión para dejar de ver aquí el símbolo del honor
nuestra indulgencia haga sobre nuestro pensamien- que le era necesario al usurpador para afirmar y ex-
to, no podemos impedir que los títulos y honores tender su infame dominación (12).
con que os condecoró el tirano, no nos parezcan
traer .mpreso todavía el sello de la mano que os los ( 1 2 ) H u b o necesidad de que las circunstancias políticas
confino, y que no nos testifiquen igualmente que los de la llegada del R e y , en el año de 1814, fuesen bien ar-
duas, para obligar á su prudencia á conservar unas órdenes
inmensos caudales de que les sois también deudores
que tienen, á la primera vista, el efecto de recordar honorí-
nuestra cooperación bien activa y eficaz á los actos ficamente el reinado del usurpador, y atraer nuestro aprecio
que con él causó tantos males al género humano. hacia lo que ciertamente podíamos llamar entonces las mi-
t a s de su tiranía y la piedra angular de su restablecimiento.
El esplendor con que sobresalís, nos parece á pesar Cuando el usurpadar v o l v i ó ¿no volvió á hallarse efectiva-
nuestro un reflejo de nuestras calamidades; porque mente el honor de los más de sus condecorados en todo su
ardor, aun aquel á que él había dado premios? y cuando fué
hay desgraciadamente cosas que, por más resplan- restituido una segunda v e z el monarca á nuestros deseos
decientes que son, y aunque bajo muchos aspectos ¿habían cambiado sinceramente el honor del sistema de la
se atraen el aprecio, recuerdan necesariamente cuán usurpación por el de la verdadera monarquía, aquellos ca-
balleros de la gran banda que, intérpretes de las volunta-
odiosas fueron en su origen. N o pueden perder des de casi todos sus legionarios, propusieron á nuestros
ellas, en el concepto del público, el vicio radical príncipes legítimos el enarbolar los colores de la rebelión
y tomar en algún modo la caperuza de Esteban M a r c e l ?
que contrajeron entonces. ¡Ah! ¿por qué va á ex- Mi ánimo se resiste á comprender que el honor de los tiem-
tenderse esta desgracia hasta aquellas condecora- pos de la usurpación pueda ser el de la monarquía legítima,
aun cuando oigo con indulgencia el sofisma que hace una
ciones. que despertando á su primer aspecto la ve-
insidiosa abstracción de ella, para referir únicamente á la
neración que el honor infunde, ponen al punto en Patria los servicios que proporcionaron estas honoríficas
competencia con ella el penoso recuerdo de su fun- distinciones, como si la felicidad y aun existencia de la P a -
tria no estuvieran en la monarquía legítima. H a b r é tenido
dador á que él nos forza ? E s muy imperceptible la au- razón, si se halla la condecoración del honor de N a p o l e ó n
gusta imagen que con una mano sagrada substituvó en todas las conjuraciones contra el trono, y hasta contra
la Patria. M a s dichoso y libre el E m p e r a d o r de Austria al
la de Napoleón en su estrella de honor, para figurar recuperar por el mismo tiempo sus dominios de Italia, se
Sin embargo, vimos á los mismos seides del tira- tuviera por substentáculos á varios agentes de revo-
no ir de los primeros hasta dos veces á maldecirle luciones. y por consejeros á algunos ambiciosos ex-
alrededor del trono de San Luis, restaurado para el pertos en el arte de los perjurios? (13) Quiera la
consuelo de los desgraciados que ellos mismos ha-
bían hecho; constantes en el estilo suyo de atribuir ( 1 3 ) C r e o con gusto en la sinceridad de las conversio-
al vencido los males con que ellos habían querido nes repentinas en a l g u n o s culpables comunes, cuando en
ello no se ve motivo ninguno de interés que pueda hacerlas
proporcionar su triunfo, bendicen con más estrépito sospechosas; pero cuando ellas parecen acaecer en aquellos
que nosotros, aquella potestad benéfica que ellos hombres habituados á los manejos, aguerridos en los per-
jurios, y que de esto se forman un título para alzarse con
mismos habían maldecido y desechado hasta e n -
algunas plazas lucrativas, es muy lícito dudar de que sean
tonces. ¡Véase cómo, hábiles en aprovecharse de en general bastante verdaderas, bastante sólidas, para me-
los acasos de la inconstante fortuna, van á tratar de recer una entera confianza. N o podemos decir que las haya
producido el remordimiento, porque excluyendo éste toda
captar la confianza del verdadero monarca, después pretensión ambiciosa, reduce á aquel á quien él martiriza
de haber tenido toda la del usurpador! Pero ¿esta- al retiro de la humilde indignidad. ¿ T e n d r í a n estas raras
conversiones por causa aquel augusto embeleso de la legi-
ría más seguro y mejor afirmado el trono de un timidad del trono, que mantuvo á los verdaderos realistas
Príncipe, objeto de nuestros deseos, aun cuando él en su invariable fidelidad? Pero ¿es este agente moral bien
poderoso sobre semejantes calumniadores revolucionarios,
que nunca fueron sensibles más que á los g o c e s materiales,
aceleró á mudar enteramente las insignias de la otra orden, y para quienes la posesión de los bienes físicos de cualquie-
que el mismo usurpador había creado allí. N o c o n s e r v ó en ra parte que provinieran, fué siempre el más estimado títu-
ella su forma ni cinta. El R e y de N á p o l e s acaba de mudar lo? Cuando el Príncipe se ve instado para acordar su con-
también enteramente las órdenes que había creado el usur- fianza á semejantes hombres, debe luchar poderosamente
pador Joaquín. P a r a l a s excesivas reflexiones á que esta contra la consideración siguiente, que no puede menos de
materia podría darnos ocasión, remitimos á la Vida de Gas- presentársele en el ánimo: «ó estos hombres son capaces
par de Thavanes, por B r a n t h ó m e ; y especialmente al capí- de generosas ideas, de a p e g o y reconocimiento; ó no lo
tulo de Montaigne, sobre las recompensas de honor ( E n s a y o s , son. En este postrer caso, no serían más que malos cora-
1 y I I , cap. / ) , en que habla del pronto descrédito en que, z o n e s y monstruos, que ya debería desechar de mí con in-
por una distribución muy c i e g a m e n t e copiosa, cayó la Es- dignación. E n el primero, su principal gratitud debe diri-
trella del buen R e y Juan, por más respetable que ella era á girse, c o m o á su centro, hacia el usurpador ó la revolución,
causa de su origen. «Unicamente los comandantes de la supuesto que, sin ella ó él, hubieran permanecido en la obs-
ronda de París quisieron traerla ya.» E s p e r e m o s que por curidad ó medianía de su primera condición. F u e r o n real-
último la orden de la verdadera fidelidad v e n g a á separar la mente deudores á Napoleón ó la revolución de su elevación
zizaña del verdadero grano. á los eminentes puestos en que se quiere los mantenga y o .
—7
Providencia que sean alejados de él, y si no lo fue-
i A h ! si fuera verdad, como se dijo muy ligera-
ran, las gentes honradas que vieran entonces el ho-
mente, que Maquiavelo no hubiera aconsejado más
nor y moral tan cruelmente ultrajados con este úl-
que la doblez, perfidia y traición, ciertamente los
timo triunfo de los mismos proteos á quienes somos
hombres de que tratamos serían mucho más hábiles
deudores de tantos desastres, y desastres tan noví-
en la práctica de una semejante doctrina, que aquel
simos todavía, sentirían haberse librado de sus h e -
Napoleón al que ellos mismos echan en cara la eje-
catonfonias, y nc invocarían ya más que la paz de
cución de cuanto el Libro del Príncipe puede refe-
los sepulcros. Los pueblos, finalmente, á quienes el
rir en esta especie, y tendrían motivo para gloriarse
espectáculo del triunfo perseverante del crimen, ba-
de ello, supuesto que triunfarían sobre las ruinas del
jo la protección misma de la legitimidad, hiciera
trono bienhechor, aparentando maldecirle.
perder infaliblemente las escasas reliquias de pro-
bidad, rectitud y religión que les quedan, conclui-
rían de ella con mucha justicia, que el no tenerlas
§ III
es más útil y glorioso ahora en Francia (14).
Abuso que Napoleón hizo de lo que Maquiavelo había dicho para los
príncipes nuevos; su menosprecio de los preceptos con que este
A p e g a d o s bien seguramente á las plazas, con especialidad autor quería hacerlos buenos.--Error de los que sostienen que él
los que, para tenerlas, se pasaron en el 20 de Marzo al par- propuso á César Borgia, solo y en todo, por modelo á todos los Po-
tido del usurpador, y se vuelven á mi regreso para lograr- tentados.
las de mi ¿serían más fieles á mi causa que lo fueron va?
c L o s e n a n m á s á mí mismo que lo son á su bienhechor pri-
Convendremos en que Maquiavelo, al contem-
mitivo, si llegando otro usurpador á suplantarme, les diera
esperanzas de algunas plazas?» plar los diversos principados nuevos de Italia en su
< 14) «Desde que una virtud, decía F i l o c l e s , no se estre- tiempo, expuso lo que los hombres que habían con-
mece al aspecto del vicio, está manchada con él, v una vir- seguido poseerlos, hicieron, para la seguridad de su
tud sin móvil es una virtud sin principios.» (Maje de Ana
reinado, como hemos visto á Napoleón llegar á su
carsts, tomo V I , pág. 4 7 0 ) . — « L a indulgencia para el vicio,
se dice en la misma obra, es una conjuración contra la vir- soberanía; pero no puede negarse que él dijo t a m -
tud» H o m o I, pág. 3 5 1 ) . - U n o de nuestros escritores re- bién como aquellos, cuyo reinado se hallaba legiti-
volucionarios, instruido por la experiencia, e x c l a m a b a en
un arrebato de probidad: «¡Grande é importante lección! mado por el unánime voto de los pueblos, ó anti-
N o es menester ajustarse con el crimen, pues él nos casti- guos derechos reconocidos, se habían conciliado el
g a de no castigarle» ( H e n . Riouffe, Orac. fun. de L u v . )
amor de sus súbditos y el aprecio de las naciones
SOBRE MAQUIAVELO 51
Providencia que sean alejados de él, y si no lo fue-
¡ A h ! si fuera verdad, como se dijo muy ligera-
ran, las gentes honradas que vieran entonces el ho-
mente, que Maquiavelo no hubiera aconsejado más
nor y moral tan cruelmente ultrajados con este úl-
que la doblez, perfidia y traición, ciertamente los
timo triunfo de los mismos proteos á quienes somos
hombres de que tratamos serían mucho más hábiles
deudores de tantos desastres, y desastres tan noví-
en la práctica de una semejante doctrina, que aquel
simos todavía, sentirían haberse librado de sus h e -
Napoleón al que ellos mismos echan en cara la eje-
catonfonias, y nc invocarían ya más que la paz de
cución de cuanto el Libro del Príncipe puede refe-
los sepulcros. Los pueblos, finalmente, á quienes el
rir en esta especie, y tendrían motivo para gloriarse
espectáculo del triunfo perseverante del crimen, ba-
de ello, supuesto que triunfarían sobre las ruinas del
jo la protección misma de la legitimidad, hiciera
trono bienhechor, aparentando maldecirle.
perder infaliblemente las escasas reliquias de pro-
bidad, rectitud y religión que les quedan, conclui-
rían de ella con mucha justicia, que el no tenerlas
§ III
es más útil y glorioso ahora en Francia (14).
Abuso que Napoleón hizo de lo que Maquiavelo había dicho para los
príncipes nuevos; su menosprecio de los preceptos con que este
A p e g a d o s bien seguramente á las plazas, con especialidad autor quería hacerlos buenos.--Error de los que sostienen que él
los que, para tenerlas, se pasaron en el 20 de Marzo al par- propuso á César Borgia, solo y en todo, por modelo á todos los Po-
tido del usurpador, y se vuelven á mi regreso para lograr- tentados.
las de mi ¿serían más fieles á mi causa que lo fueron va?
c L o s e n a n m á s á mí mismo que lo son á su bienhechor pri-
Convendremos en que Maquiavelo, al contem-
mitivo, si llegando otro usurpador á suplantarme, les diera
esperanzas de algunas plazas?» plar los diversos principados nuevos de Italia en su
< 14) «Desde que una virtud, decía F i l o c l e s , no se estre- tiempo, expuso lo que los hombres que habían con-
mece al aspecto del vicio, está manchada con él, v una vir- seguido poseerlos, hicieron, para la seguridad de su
tud sin móvil es una virtud sin principios.» (Viaje de Ana
reinado, como hemos visto á Napoleón llegar á su
carsn, tomo V I , pág. 4 7 0 ) . — « L a indulgencia para el vicio,
se dice en la misma obra, es una conjuración contra la vir- soberanía; pero no puede negarse que él dijo t a m -
tud» U o m o I, pág. 3 5 1 ) . - U n o de nuestros escritores re- bién como aquellos, cuyo reinado se hallaba legiti-
volucionarios, instruido por la experiencia, e x c l a m a b a en
un arrebato de probidad: «¡Grande é importante lección! mado por el unánime voto de los pueblos, ó anti-
N o es menester ajustarse con el crimen, pues él nos casti- guos derechos reconocidos, se habían conciliado el
g a de no castigarle» ( H e n . Riouffe, Orac. fun. de L u v . )
amor de sus súbditos y el aprecio de las naciones
SOBRE MAQUIAV'KLO

vecinas. Sin duda también fundó Napoleón, sobre


á casi todos los corifeos de la democracia. L a d e -
algunos ejemplos presentados por Maquiavelo, aquel
serción de estos viles realistas no aumentaba casi
atrevido sistema según el cual asombró y oprimió
en nada la fuerza moral del usurpador, porque esta
él simultáneamente á los pueblos; pero debió ver
deserción misma les había despojado de su consi-
igualmente en el mismo autor varias reglas de con-
deración en el concepto de la más sana parte de la
ducta, por cuyo medio otros príncipes nuevos resta-
hrancia; y la preponderancia que en ella tenía la
blecieron el orden en donde reinaba la confusión, é
causa de los Borbones no había perdido nada con
hicieron tan felices como sumisos á sus gobernados.
esto, á causa de que semejante preponderancia con-
Seríamos injustos en no confesar que él tentó al-
sistía menos en el número de sus partidarios que en
gunos de los medios decorosos practicados por estos
la cantidad esencialmente inalterable de honor con
príncipes, y que si no tuvo tanto acierto como ellos,
que estos le habían abrazado. Estas infamantes de-
depende de que prescindiendo de los mismos obs-
serciones se compensaban por otra parte todos los
táculos que los mismos superaron, y de los lazos
días con la inclinación progresiva que el disgusto,
que su descomunal ambición le armaba, tuvo real-
siempre en aumento, de la tiranía de Napoleón in-
mente en el curso de su dominación dificultades más
fundía en los indiferentes, y aun en algunos anti-
graves y numerosas que aquellos príncipes. N o sé
guos partidarios de la revolución, para con la auto-
si él había domado, tan bien como los últimas, la
ridad dulce y paternal que ella había proscripto.
anarquía democrática; pero sé que no tuvieron co-
El Duque de Valentinois, César Borgia, fué en-
mo Napoleón aquel contrapeso de la opinión públi-
tre todos los príncipes nuevos citados por Maquia-
ca en favor de la familia destronada, existente siem-
velo, aquel á cuya imitación se dedicó Napoleón
pre y revestida siempre con la estimación de los
más; y es necesario confesar que Maquiavelo, por
demás potentados, igualmente que con los afectuo-
quien su conducta se desencerró, por más execrable
sos recuerdos de una gran parte de la Francia. En
que era este Príncipe en concepto suyo, la miraba
balde, para atemperar la fuerza atractiva de este
sin embargo, en gran parte, tan hábil como nece-
contrapeso, atrajo él á su partido, con el incentivo
saria en la situación á que le había reducido la am-
á que la codicia no se resiste casi, á muchos privi-
bición de su padre el Papa Alejandro VI. Pero
legiados de la antigua dinastía, como había atraído
¿aprobaba nuestro autor los medios reprensibles de
su usurpación? Ciertamente que no; porque les daba medio de tener acierto» (15). L a hay mucho más
el nombre de horrendas acciones y maldades a b o - mala en decir, como lo hizo un biógrafo acreditado,
minables. Unicamente atendiendo á las circunstan- que «César Borgia es el modelo por el que Maquia-
cias en que á continuación se halló César Borgia, y velo quiere que se formen todos los potentados» (16).
prescindiendo de la precedente usurpación, conde- En cuanto al modo con que este Príncipe se condu-
nada ya por Maquiavelo, miraba éste las más de jo en orden á sus pueblos, se trata únicamente de
sus acciones políticas como muy conducentes para juzgar, por sus efectos, si no era él en política el
la conservación de su principado. E n aquellos tiem- mejor de que le fuera posible hacer uso entonces,
pos en que «se vertía más sangre fuera de los com- como lo creyó Maquiavelo (17).
bates que en las batallas, y en que no se hacía la Pero ¿es, pues, verdad que por esto le haya apro-
guerra realmente mas que en los campos de la paz, bado él en todo como á estadista, y que le haya
como lo nota él mismo, era menester, dice, para transformado en modelo suyo por excelencia para
sostenerse contra unos enemigos cuyas más terri todas las circunstancias? Seguramente que no; por-
bles armas eran la astucia y perfidia, hacer uso de que le veremos ahora mismo vituperar con severi-
las que ellos manejaban con tanto beneficio, porque
la fuerza sola hubiera sido más perjudicial que pro- ( 1 5 ) "Dicción. hist. de Caén y L e ó n : artículo Maquiavelo.
vechosa.» Y á esto sólo se reduce todo su elogio de ( 1 6 ) V é a s e el Dicción, hist. de Caén y L e ó n , con c u y o
parecer se c o n f o r m ó ciegamente el g e n o v é s S i s m o n d e - S i s -
César Borgia.
mondi en el artículo César Borgia, que él suministró al to-
Este Príncipe, en efecto, tenía que lidiar con mo V de la Biografía universal, París, 1812. «Maquiavelo,
se dice allí, tomó, en su Libro del Príncipe, á César B o r g i a
unos hombres que no eran menos malvados que él, por modelo, y no podía efectivamente escoger á un héroe
en cuyo caso, su desmesurada ambición, que no se que infundiese más horror.»
trata ya aquí de examinar en el acto de su usurpa- ( 1 7 ) El filántropo Guiraudet confesó en el discurso pre-
ción, no podía lograr seguridad ninguna más que liminar de su traducción [pág. 86], que «luego que César
B o r g i a hubo vencido á los pequeños tiranos de la R o m a n a ,
valiéndose de las mismas armas que ellos, y si no le miró ésta como á u n l i b e r t a d o r . » — « E s tanta verdad, aña-
los hubiera sobrepujado en esto, hubiera quedado de en la página siguiente, que la Romaña respiraba en tiem-
po de César B o r g i a , que luego que él hubo perdido á su
vencido. Así, pues, se expresan con mala fe, cuan- padre y la potestad, y v.istose abandonado de todos, esta
do dicen «que él prefería la traición á cualquier otro misma Romaña le permaneció fiel.»
dad muchas acciones suyas; y estaba bien remoto
Supuesto que estamos en las acusaciones hechas
de profesarle, aun bajo un aspecto político, aquel
contra el Libro del Príncipe, después de haber re-
aprecio de idolatría que Montesquieu le supuso d i -
ducido á su justo valor la que tuvo á César Borgia
ciendo: «Maquiavelo estaba lleno de su ídolo, el
Duque de Valentinois» (18). Mucho más; y hé aquí Poi che íAlessandro fu dal cielo ucciso,
lo que sus detractores no quisieron decir, porque es Lo stato del suo Thica di Valen^a,
In molte partí fu rotto é diviso.
uno de los testimonios más evidentes de su probi-
dad. había cogido horror al genio y conducta de es- Giulio sol lo nutrì d-is peme assay;
te Duque y padre suyo. Puede verse la demostra- E quel Duca in altrui trovar credette
Qiiella pietà, che non connobe may
ción franca y sincera de ello, manifestada por él
mismo en sus cartas á los magníficos señores de la
E 'Borgia si fuggi per vie coperte;
República Florentina, mientras que él era e m b a j a - E benche é fosse da Gon^alvo visto
dor suyo cerca de la corte romana, en el año de Con lieto volto, li pose la soma
r 5 0 3 ('9); como también en su poema de los
Che meritava un ribellante á Cristo;
De-
E per far ben tanta superbia doma,
cennali (20). In ¡spagna mando legato è vinto.
« E l D u q u e de Valencia estaba enfermo cuando el alma
[18] Espíritu de las leyes, lib. X X I X , cap. X I X , de los de A l e j a n d r o , á quien la lujuria, simonía y avaricia, íntimas
Legisladores.
y queridas compañeras suyas, habían seguido siempre los
[10] Véanse, entre o t r a s , las cartas de los días 26 v 28 p a s o s , era conducida á la clase de los espíritus bienaventu-
de N o v i e m b r e del año de 1503. rados para que ella empezase á g o z a r de algún reposo.
[20] Hacia el fin de su Decennale primo, ó relación ana- «Pero después que A l e j a n d r o fué condenado á muerte
lítica de lo que había p a s a d o en Italia durante diez años, por el Cielo mismo, el E s t a d o de su D u q u e de Valencia- se
se hallan contra A l e j a n d r o V I v su hijo, las terribles estan- desordenó y dividió en muchas partes.
cias siguientes, cuya traducción daremos: «Sólo el P a p a Julio le entretuvo abundantemente con li-
¿Malo Valenza, é per a ver riposo songeras esperanzas y el D u q u e c r e y ó hallar en otro la com-
Portato su fra l'anime beate pasión que él mismo no había conocido nunca.
Lo spirito di Alessandro glorioso, «Y B o r g i a recurrió entonces á algunas vías secretas para
T>el qual seguirò le sante pedate evitar su ruina, pero G o n z a l o , al mismo tiempo de a c o g e r l e
Tre sue fam iliari e care ancelle con afabilidad, le impuso la pena que merecía aquel hom-
bre rebelado contra el Cristo; y para sujetar bien su extre-
Lussuria, simonia y crudeltate.
mada soberbia, le cargó de cadenas y mandó conducirle así
á E s p a ñ a , atado como un rebelde vencido.»
por pretexto, veamos individualmente si las otras
pero el fatigarse en probar que ellas se hallan ofen-
van mejor fundadas
didas allí á veces, era en el fondo un trabajo bien
Se reducen ellas á tres capítulos: «10 Maquia-
en balde. Este libro no es un tratado destinado á
velo enseñó á los hombres el arte de engañar; 20
hacer que los simples particulares que le lean, sean
dió al Mundo lecciones de asesinato y envenena-
diferentes de lo que el vicio los hace; sino un trata-
miento; 30 no quería deber nada á la "religión, aun
do de política, obligado á tomarlos tales como ellos
la proscribía, y ni siquiera creía en Dios.»
son. y en el que convenía no desentenderse de que
Como estas acusaciones se hallan en algunos li-
son malos, supuesto que un plan de orden social
bros franceses, compuestos, por consiguiente, para
que los supusiera buenos, no tendría más que una
una nación á que es casi totalmente ajena la anti-
base quimérica.
gua lengua de Maquiavelo, si fueran calumniosas,
Hemos visto ya que el autor hubiera desechado
sería preciso concluir de ello, que los que las hicie-
ron no habían sabido leerla, ó que si, capaces de ciertas máximas suyas, y aconsejado á los príncipes
leerla bien, la hubieran comprendido bien, habrían la más íntegra é invariable virtud únicamente, si los
querido abusar de la imposibilidad en que los lecto- hombres fueran en general buenos y virtuosos, es
res se hallaban de reconocer la falsedad de estas decir, inclinados á la justicia, á la moderación, al
acusaciones. amor del orden, al desinterés, á la obediencia y ab-
negación de las voluntades y miras desordenadas
del interés personal. Pero la cosa sucede de muy
diferente modo, por más que hayan dicho los filó-
§ IV
sofos del siglo pasado, á los que importaba tanto el
Biea verdad, t.9 que Maquiavelo haya enseñado, generalmente ha- distraer á los príncipes con una falaz confianza á la
S boml'res c l arte <¡e engañar; y 2. c que haya dado al
Mundo lecciones de asesinato y envenenamiento. orilla del precipicio que se ahondaba al pie de los
tronos.
E s necesario confesar que el Libro del Príncipe Ahora bien ¿era, pues, en el fondo enseñar á los
presentaba, en algunos pasajes, á los que quisieran príncipes el arte de engañar, el asegurarlos contra
hacer ostentación de virtud, excelentes ocasiones los expedientes de que hace uso diariamente la i n -
para pregonar bellas teorías de moral y filosofía; dustriosa perversidad humana contra ellos? S é con
todo el Mundo, decía Maquiavelo al comenzar aquel
de gentes. L o s acusadores aparentaron no echar de
capítulo X V I I I , contra el que sublevaron tanto á las
ver que Maquiavelo hablaba á los estadistas sola-
personas timoratas del vulgo, como si estuviera com-
mente, á quienes está reservada exclusivamente la
puesto para ellas, sé que no habría nada de más loa-
ciencia práctica. ¡ Cuán penosamente diferentes son
ble en un Príncipe que el mantener su fe, obrar
su situación y obligaciones de la de los súbditos en-
siempre como hombre íntegro y desechar lejos de
tre sí! Estos deberían no turbar el orden social; pe-
si toda astucia» (21). Pero ¿de qué servirá, repíto-
ro sus pasiones los impelen á ello con suma indus-
o, la ingenuidad de estas virtudes enteramente so-
tria, con suma eficacia; y el que gobierna debe v a -
as, en un Príncipe cercado de gobernados acostum-
brados á formarse de sus promesas y clemencia otras lerse de todo para desconcertar y contener aquellas
tantas armas funestas contra él? ¿ N o tenemos to- pasiones muy diestras y poderosas con que se arrui-
davía á la vista la prueba sobresaliente de que la naría el orden social que él debe mantener. L a mo-
Cándida buena fe, la probidad franca y leal, la con- ral, cuyo fin es hacer mejores á los hombres, no se
fiada bondad de un Monarca cuyos más poderosos encamina hacia él más que indirecta y débilmente,
súbditos son malos y pérfidos, no tienen por resul- 10, en cuanto ella no se dirige más que á los indivi-
tado más que su desgracia y los desastres de su duos, y, 20, en cuanto no tiene eficacia más que so-
reino ? bre un cortísimo número: y en el hecho sus medios
permanecen insuficientes sobre la totalidad. N e c e -
Reparemos, pues, bien en que Maquiavelo no sita de otros más amplios y vigorosos el Príncipe
aconsejaba á los príncipes el artificio y astucia más que intenta conducirla bien; y cuantos le son indis-
que para con semejantes malvados, y no para con los pensables para el desempeño de la especial obliga-
hombres honrados. Había ya mala fe en suponerlo ción que él tiene de conservar el orden público, y
contrario, y la hay mayor todavía en querer persua- asegurar á sus pueblos el sosiego en el cual sólo
dir, con la astuta generalidad de los términos de la pueden gustar de la felicidad de la vida civjl, le son
acusación, que este autor daba el mismo consejo á lícitos. Notemos bien que únicamente sobre esta
todos los hombres de cualquiera especie en el trato máxima va fundada la dispensa que él tiene del
precepto que prohibe, sin excepción, el causar la
( 2 1 ) Libro del Principe, cap. XVIII. muerte á ninguno; y no sentaríamos nada que no
SOBRE MAQÜIAVF.LO 63

hubiesen enseñado ya los más profundos estadistas, bastante que hay cosas que no parecen injustas á
si nosotros mismos dijéramos que estas ó aquellas los particulares, mas q u e á causa de que ellos no
prendas morales, constantemente necesarias en un conocen las razones q u e obligan al Príncipe á que-
simple particular, no son siempre buenas prendas rerlas, y que no se v e r í a reducido á quererlas, si
políticas en un soberano; v que lo que se miraría todos los hombres fueran buenos y virtuosos.
con razón como un vicio en un particular, no es Cuantos consejos d a Maquiavelo realmente á los
siempre uno en el Monarca, atendiendo al cuerpo príncipes, se fundan sobre una máxima que profe-
social que él debe mantener y gobernar. «Todos saba hace medio siglo solamente aquel Samuel Co-
los vicios políticos, dice Montesquieu, no son vicios ceyo á quien el Federico, que querían hacer pasar
morales, ni todos los vicios morales son vicios polí- por autor del Anti-Maquiavelo, confiaba al mismo
ticos: cosa que no deben ignorar los príncipes, cuan- tiempo el cuidado de componer el Código civil para
do ejecutan algunos de aquellos actos de soberanía sus dominios [24]. E s t a máxima es que «la políti-
que ofenden el espíritu general» [22]. Como un ca no se encarga de indicar lo que es justo, sino lo
gentilhombre de aquel Francisco María de Médicis, que es útil. Suponiendo ella el derecho que el Prín-
hijo de Cosme el grande, que fué después gran Du- cipe tiene para obrar de tal ó cual modo, le mues-
que de foscana, le representase que tenía por poco tra las razones de utilidad que le autorizan para
conforme con la justicia una cosa que él le mandaba ello, y según las cuales debe examinar él si le con-
hacer, no tuvo necesidad el Príncipe, para justifi- viene usar de su derecho, ó si le es más útil el no
carse, más que de aquellas palabras de Ezequiel: hacer uso de él» [25]. Ahora bien, si él tiene este
El dixistis: 71011 esl oequa vía Domini'. Audile cvgo, derecho para 1a utilidad de sus súbditos, le tiene
domus Israel: num quid non magis viae vestroe pra-
vae suntt [23]. Diciéndole, pues: «Pretendeis que
(24) E l Código Federico, traducido al francés y publicado
las vías cjel señor no son justas, pero no son depra- en esta lengua. Halle, a ñ o s de 1751 y 1755.
vadas más bien las vuestras,» le hacía comprender (25) Politica 11011 indicai quid justum sii, sed quod utile....
Politica supponit jure nos agere posse et utilitatis saltem ratio-
nes indigitat, juxta quas examinare debemus utrum nobis con-
veniat jure nostro uti, an vero magis utile sit jure nostro non
(22) Espíritu de las leyes, lib. X I X , cap. I I .
uti. [Systema novum justitke naturalis, sive Jura Dei in ho-
(23) E z e c h . , cap. X V I I I , v . 25. minum Ínter se. Halle, 1748, § 6 9 ] .
SOBRE MAQUTAVELO

también sin duda para su propia conservación. L a s bien permaneciendo invariablemente fieles á ella:
razones con arreglo á las cuales juzgamos sobre las en todo lo demás, nos conviene ser justos, buenos y
acciones de los particulares, no son pues aplicables llenos de clemencia» (27). Pero si el Príncipe no es
á las de los príncipes. «Debemos obedecerles, decía nunca más que esto, si cree siempre dirigirse hacia
Cicerón; pero en lo que ellos hacen con respecto á fines útiles para el cuerpo social y para sí mismo,
nosotros ó para sí mismos, están obligados á o b e - no ejerciendo mas que actos de dulzura y clemencia
decer á los tiempos y circunstancias» [26]. Uno con los malos, esperando mudar falsamente su c o -
de los mayores ministros del Consejo de E n r i - razón, ofende á los buenos, quienes, creyendo ver á
que IV, M. de Villeroi, confesaba que los prínci- los otros más favorecidos que á sí mismos, se vuel-
pes que quieren gobernar bien «gustan más de ofen- ven indiferentes con respecto á él; y apoderándose
der su conciencia que su Estado.» L a política, d e - los malos entonces de su débil benignidad, hallan
cía aquel virtuoso Monck, que se mostró tan hábil con ello mayores arbitrios para perderle. L a ruina
en esta ciencia, cuando preparó, tanto con sus arti- suya, con la del orden social, es el único fruto que
ficios como con el ascendiente de su integridad, la él saca de su inalterable bondad: y hé aquí lo que
restauración de Carlos II en el trono de su padre, Maquiavelo dice también á los príncipes: ¡Quiera
la política tiene reglas superiores á la inteligencia Dios que ellos se aprovechen de esto!
del vulgo. Varios profundos meditadores, después
20 El cargo que hacen á nuestro autor de haber
de haber contemplado bien en el Libro del Prínci-
dado lecciones A las gentes de asesinato y envenena-
pe, dijeron, con una justicia conocida de todos los
miento, encierra tantos errores como palabras. Pri-
buenos ingenios, que él no era más que el comen-
meramente no se mienta, aun históricamente, en
tario sabiamente fundado de aquella máxima de
todo su libro, ni siquiera un solo emponzoñamiento;
Eurípides que Julio César tenía incesantemente en
es bien patente que no se imaginó este punto de
la boca: «Si á veces es lícito apartarse de la justi-
calumnia contra él mas que por un exceso no me-
cia, es únicamente cuando no podemos gobernar
nos de odio que de injusticia, á fin de hacerle a b o -

(26) ÜXos Principi servimus, ipse temporihus. (Epist. li- (27) Si violandum est just, regnandi causá violandum est;
bro I X ) . in cazteris rebus pietatem colas.
rrecible hasta el supremo grado; supuesto que es entero, como Voltaire lo dijo el primero en su pró-
cosa conforme con la naturaleza humana el aborre- logo del Anti-Maquiavelo. El Libro del Príncipe
cer más todavía el envenenamiento que el asesina- se compuso para Lorenzo de Médicis solamente; y
to, del cual podemos defendernos á lo menos, y que su autor impidió siempre que le hicieran público.
supone la cobardía unida á la perversidad. Luego que, en el año de 1527, el partido popular
S e ven, en verdad, algunos asesinatos en el Li- hubo forzado á Lorenzo á no gobernar ya como
bro del Príncipe, pero no se tiene razón en decir que Príncipe, y á no ser mas que el jefe de una Repú-
ellos figuren allí como consejos. Se mientan como blica, juzgando entonces Maquiavelo que su libro
hechos históricos, para aplicar el modo con que al- era inútil y peligroso, trató de recoger y destruir la
gunos príncipes habían llegado á la soberanía, y copia suya que él le había entregado; y era la única
conservádose en ella contra varios enemigos que hu- que existía en Florencia (28). Ni aun pudo llegar á
bieran atentado á su vida. Pero el referir diversas la noticia del público esta obra hasta después de
maldades con que un usurpador ó tirano consolida- muerto el autor. Así pues, aun cuando fuera verdad
ron su autoridad, no es querer, absolutamente h a - que su publicación hubiera sido para el Aíundo un
blando, que cualquier otro que estuviera en el mis- irritante escándalo, la odiosidad suya no debería re-
mo caso, se conduzca de la misma manera. E s sim- caer sobre Maquiavelo, sino solamente sobre el im-
plemente hacerle vislumbrar que los crímenes con presor pontifical de Clemente VII, y sobre este
que él hubiera llegado al principado, podrían poner- Pontífice mismo que la favoreció con una solemne
le en la imposibilidad de mantenerse en él sin c o - aprobación (29).
meter otros nuevos; y es al mismo tiempo dar á Por lo demás, no omitamos observar que, aun-
entender á las naciones que el malvado usurpador á que Maquiavelo haya contemplado particularmente
quien ellas admitieran por Príncipe suyo, no podría la condición de los príncipes nuevos, porque no los
ser apenas en seguida mas que un execrable mons- había más que de esta especie á la sazón en Italia,
truo, y se conduciría como un sanguinario tirano. no abandonó los intereses de los príncipes antiguos.
E s falso en tercer lugar, aun en la suposición de
(28) Véase B a r c h i : Storia Fiorentina. Colonia, 1721, pá-
que el Libro del Príncipe encerrara lecciones de ase-
gina 85.
sinato, que Maquiavelo las hubiera dado al Mundo (29) Véase, antes, p á g . 16,
Hemos prevenido ya á nuestros lectores, que los medios de precaverse contra toda maquinación a n -
soberanos cuyo principado se hallaba legitimado por timonárquica. Pero esta sospecha se convierte en
una larga sucesión de ascendientes en el mismo tro- certeza, cuando se examinan individualmente las
no, ó por el unánime y libre consentimiento de los diferentes épocas en que el Libro del Príncipe fué
pueblos hallaban también en este tratado varias re- desacreditado, y aquellas en que le elogiaron pom-
glas de prudencia que aun se concilian con la más posamente, como también cuando se estudian á
íntegra probidad, y que ellos no deben dejar de se- fondo los sugetos que le desacreditaron y los que se
guir si no quieren correr el peligro de ser destrona- declararon por apologistas suyos.
dos. E s menerter hacer también esta justicia á Ma-
No nos detendremos en los escritores eclesiásti-
quiavelo, que son éstas las que él explana con mayor
cos de la corte romana, que impugnaron las obras
complacencia, como podrá notarse en la continua-
de Maquiavelo, porque todos ellos tuvieron motivos
ción de su obra, y especialmente en sus capítulos
particulares, y aun personales que ya hemos dado
X I X y X X , en que demuestra á los príncipes la ne-
á entender en parte. El primero fué aquel Carde-
cesidad de conciliarse el amor de sus subditos.
nal Raimundo Polo, cuya familia se había perse-
guido y pregonado además su cabeza, por el Rey
de Inglaterra Enrique V I I I ; pero acusó simplemen-
§ V te á nuestro autor de haber favorecido mucho con
Inducciones honrosas para Maquiavelo. sacadas de las diversa9 épo-
sus escritos la política de este Monarca (30). Ha-
cas en que el Libro del Principe tuvo detractores y apologista« biéndose conocido en Roma esta acusación referida
como también de la calidad bien diferente de los sugetos que le
desacreditaron y de los que hicieron su elogio. suscintamente en aquella apología de su tratado de
la Unidad de la iglesia, que él dirigió al intrépido
Bastaría meditar bien el conjunto de las lecciones Carlos V, exhortándole á volver sus armas contra
que Maquiavelo dió á todos los príncipes de cual-
quiera especie, en la persona de Lorenzo de Médi-
(30) Se hizo en el año de 1744. en B r e s c i a , una nueva edi-
cis, para sospechar que los de nuestro siglo no pu- ción suya con este título: Apología ad Carohm V Ccesarem,
dieron ser disuadidos de leerlas mas que por faccio- super librutn deunitate ecclesice. [Brixice]. E n el Apéndice his-
tórico que seguirá á este discurso, se v e r á á qué se reducían
sos, á quienes importaba ocultarles los verdaderos los cargos que el Cardenal P o l o hacía á Maquiavelo.
Hemos prevenido ya á nuestros lectores, que los medios de precaverse contra toda maquinación a n -
soberanos cuyo principado se hallaba legitimado por timonárquica. Pero esta sospecha se convierte en
una larga sucesión de ascendientes en el mismo tro- certeza, cuando se examinan individualmente las
no, ó por el unánime y libre consentimiento de los diferentes épocas en que el Libro del Príncipe fué
pueblos hallaban también en este tratado varias re- desacreditado, y aquellas en que le elogiaron pom-
glas de prudencia que aun se concilian con la más posamente, como también cuando se estudian á
íntegra probidad, y que ellos no deben dejar de se- fondo los sugetos que le desacreditaron y los que se
guir si no quieren correr el peligro de ser destrona- declararon por apologistas suyos.
dos. E s menerter hacer también esta justicia á Ma-
No nos detendremos en los escritores eclesiásti-
quiavelo, que son éstas las que él explana con mayor
cos de la corte romana, que impugnaron las obras
complacencia, como podrá notarse en la continua-
de Maquiavelo, porque todos ellos tuvieron motivos
ción de su obra, y especialmente en sus capítulos
particulares, y aun personales que ya hemos dado
X I X y X X , en que demuestra á los príncipes la ne-
á entender en parte. El primero fué aquel Carde-
cesidad de conciliarse el amor de sus subditos.
nal Raimundo Polo, cuya familia se había perse-
guido y pregonado además su cabeza, por el Rey
de Inglaterra Enrique V I I I ; pero acusó simplemen-
§ V te á nuestro autor de haber favorecido mucho con
Inducciones honrosas para Maquiavelo. sacadas de las diversa9 épo-
sus escritos la política de este Monarca (30). Ha-
cas en que el Libro del Principe tuvo detractores y apologista« biéndose conocido en Roma esta acusación referida
como también de la calidad bien diferente de los sugetos que le
desacreditaron y de los que hicieron so elogio. suscintamente en aquella apología de su tratado de
la Unidad de la iglesia, que él dirigió al intrépido
Bastaría meditar bien el conjunto de las lecciones Carlos V, exhortándole á volver sus armas contra
que Maquiavelo dió á todos los príncipes de cual-
quiera especie, en la persona de Lorenzo de Médi-
(30) Se hizo en el año de 1744. en B r e s c i a , una nueva edi-
cis, para sospechar que los de nuestro siglo no pu- ción suya con este título: Apología ad Carohm V Ccesarem,
dieron ser disuadidos de leerlas mas que por faccio- super librutn de unitate ecclesice. \_Brixice']. E n el Apéndice his-
tórico que seguirá á este discurso, se v e r á á qué se reducían
sos, á quienes importaba ocultarles los verdaderos los cargos que el Cardenal P o l o hacía á Maquiavelo.
el Monarca inglés, estimuló allí naturalmente con-
había escrito contra Maquiavelo mas que para obe-
tra Maquiavelo el celo del activo inquisidor Ambro-
decer á la corte romana (32).
sio Catherin Lancelot Politi,.de que llevamos hecha
Echando á un lado estas débiles escaramuzas de
ya mención. Nos hemos dispensado, por motivos
su tropa ligera, para dedicarnos á los únicos detrac-
semejantes con corta diferencia, de ventilar el valor
tores filósofos que hacen ahora la mayor impresión
de los tiros por otra parte sumamente débiles y aun
en los espíritus, vemos que todos ellos fueron d e -
ridículos, que muchos jesuítas dirigieron después
clarados enemigos de la autoridad monárquica, y
contra la memoria de este insigne estadista. E n
que sus críticas del Príncipe de Maquiavelo no eran
aquel año mismo en que Clemente V I I I enviaba, á
mas que unas justificaciones de la rebelión fomen-
su legado en Francia, una bula, mandando que los
tada por ellos mismos contra el trono de nuestros
católicos franceses desecharan á Enrique IV, y pro-
reyes.
cedieran á la elección de otro Rey, es á saber"en el
El primero de esta clase de detractores se pre-
de 1592, el primero de estos agresores jesuítas, el
P ; Possevin, aun sin haber leído el Libro del Prín- sentó en el tercer año del turbulento reinado de En-
rique III, el de 1576, cuando los calvinistas daban
cipe, se desenfrenó contra él. L e imitaron en el año
otra vez principio á las guerras contra su autoridad;
de 1597, sus hermanos Luchesini y Rivadeneyra, y
y que el Duque de Alenzon, al que el Rey acababa
algunos años después los P P . Raynaud, Binet y
de perdonar una conjuración contra su persona, se
otros que residían en Babiera (31). No consistien-
ponía al frente de los rebeldes. Fué el calvinista
do apenas las pretensas refutaciones de estos reli-
delfines Inocencio Gentillet, que cómplice de la su-
giosos mas que en injurias, no son más dignas de
blevación de los Hugonotes de su provincia, iba á
consideración que aquella con que el Prelado por-
refugiarse al mismo tiempo en Ginebra bajo los aus-
tugués Osorio se había adelantado á la diatriba del
picios de Calvino. El Discurso que él publicó con-
P. Possevin, y la que Bozio, padre del Oratorio,
tra Maquiavelo, está precedido de un aviso al Du-
hizo después, confesando, sin embargo, que él no
que de Alenzon, al cual confesaba con pesar que el

(32) Ibid.
Monarca sacaba sumos beneficios de este autor pa-
que ella miraba como la filosofía del Siglo X V I , no
ra embarazar su rebelión.
podía menos de condenar á nuestro autor á la e x e -
L a segunda impugnación se hizo con el mismo cración. Voltaire, que para hacerse oráculo suyo,
mot,vo y en el mismo sentido, tres años después
se formaba entre los ingleses en la escuela antimo-
el de 1579, por otro enemigo del trono, tránsfugo
nárquica de Milton, Collins y Pope, publicó allí
también de una especie semejante; cuya impugna-
bien pronto [en el año de 1740] aquel Anti-Ma-
ción se halla en la famosa declaració'n de guerra
quiavelo, que él hacía mirar como la obra de un R e y ;
que el publicó en Alemania conrra el trono, 'con el
y la facción filosófica triunfaba presentando, en su
t.tulo de i indicia contra tyrannos, con el nombre
bando, á un Monarca el cual mismo declamaba con-
pseudónimo de Stefihanus Jicnius fírutus Celta. El
tra todos los preservativos de los tronos. Adelan-
haber nombrado esta horrenda obra, es casi haber
tándose, sin embargo, este mismo Rey en su sobre-
vengado ya la doctrina de Maquiavelo, que él tira-
ba á hacer execrable. saliente carrera, adquiría el nombre de grande, ca-
balmente siguiendo la misma política y sistemas
Fué respetada en los reinados de Enrique IV- que le suponían impugnar con su pluma. D e s d e -
Luis XIII y Luis X I V , en que Villeroi, Richelieu ñándose este Soberano de confundir semejante error
y Mazarín sacaron de ella tan útiles lecciones para de otro modo que con su gloriosa conducta, hizo
la segundad del trono y la prosperidad de la Fran- bastante para acabar de desengañar de él al públi-
cia. Pero en la aurora de la infausta filosofía del co, y aun para dar lustre á Maquiavelo, probando
Siglo X V I I I , en el año de 1720, vino á dar B a y l e que aquella obra era ajena de sus producciones lite-
la señal de una nueva guerra contra Maquiavelo rarias, cuando permitió que se imprimiera su colec-
recogiendo, en su diccionario, todas las antiguas ca- ción en vida suya. Los editores de la nueva colec-
lumnias de los jesuítas contra él, y añadiéndoles ción, que de ellas se publicó después^de su muerte,
cuantas le fué posible inventar (33). Yendo acorde dieron el mismo desaire á Voltaire, Sin embargo,
en su odio contra los tronos la filosofía del ateísmo aquel Anti-Maquiavelo, todavía favorecido con la
que fue la de nuestra edad, con el calvinismo al misma ilusión, tenía siempre el efecto que la facción
se había prometido; y adelantó más que lo que se
discurre los negocios de aquellos filósofos regenera-
SOBRE MAQUIAVEU)
75

dores, por quienes se denunciaban ya los soberanos en el de 1640, Gaspar Sciopio, del que los jesuítas
á los pueblos como unos tiranos cuyo yugo era n e - dijeron también mucho mal (35), y en el de 1650,
cesario sacudir, ó cuya potestad convenía atar. el Corringio [36]. Pero la tremenda conjuración de
No merece la pena de acusar aquí á los abeceda- las pólvoras, en Inglaterra, acababa de poner allí en
rios históricos, que multiplicándose en la época de peligro al muy confiado hijo de la desafortunada
nuestra revolución, presentaron á tantos compila- María Stuart [ 3 7 ] ; los protestantes de Austria liga-
dores la ocasión de amontonar, con sumo contento dos con los de Hungría, se sublevaron contra el Rey
de los facciosos, cuantas calumnias se leían en otras Matías; Sigismondo acababa de ser despojado de la
partes sobre Maquiavelo;y nos basta con haber de- corona de Suecia por Carlos de Sudermania;y per-
mostrado que los motivos, bien reconocidos de sus donando todavía el muy clemente Enrique IV á
detractores principales que los otros no hicieron mas varios famosos conspiradores, dejaba tomar alientos
que copiar, se convierten en gloria de su doctrina,
sin que ésta haya podido recibir la más mínima
[35] V é a s e su Machiavelicorum op'erce pretium, de que
ofensa con sus frivolos raciocinios. ¿Qué será cuan- Apóstolo Zenón, que le había leído en manuscrito, hizo un
do demostremos en seguida que este famoso esta- tan gran elogio en sus anotaciones á las obras de F o n t a n i -
ni, tomo I, pág. 207. V e n g a n d o el Cardenal B e r l a m i n o á
dista, que de una parte, no tuvo mas que á enemi- este autor contra el odio de los jesuítas, alaba en él Peri-
gos sospechosos, fué defendido victoriosamente, de tiam scripturarum sacrarum, [elum conversionis hcereticorum,
lihertatem in thuano [de Thou, historia] reprehendendo sapien-
otra, por verdaderos sabios, amantes del orden'so-
tiavi in rege anglica.no exagitando, etc., etc.
cial; y que lo fué precisamente en un tiempo en que [36] En el prólogo de la traducción latina del Libro del
fuertes conmociones populares hacían desear que la Principe.
autoridad monárquica supiera apagar el espíritu de [37] Habiendo sido acogido este Monarca, que reinaba
rebelión, afirmar el trono, y establecer perfectamen- en Escocia antes de venir á reinar en L ó n d r e s , con extraor-
dinarias aclamaciones en esta ciudad, un buen e s c o c é s , que
te la calma en la sociedad? la presenciaba, no pudo menos de e x c l a m a r con inquietud:
«¡Ah! ¡Justos cielos! estos necios van á echar á perder á
L o s más célebres apologistas del Libro del Prín-
nuestro buen R e y . » L o que le hacía más necesaria la lec-
cipe fueron, en el año de .508, Alberico Gentil (34); tui'a de Maquiavelo, era la e x t r e m a bondad de su genio.
H o m b r e por otra parte instruidísimo en las materias a j e n a s
de^£X á t Í C ° de D e r e c h ° en Lóndres: en su tratado del arte de gobernar, y fecundo en amables réplicas, se de-
j a b a gobernar sin atender al mérito ni á la verdad.
á la mano, que, de allí á dos años, iba á darle de por el modo eficaz con que él consolidaba la potes-
puñaladas, cuando Alberico Gentil creyó deber com- tad de Luis X I V , y daba principio al gran reinado;
poner, para la salud de los monarcas y la paz de la Monck en Inglaterra, practicaba con fruto, para la
Europa, su apología del Príncipe de Maquiavelo. próxima rehabilitación del honor de su Patria, las
Richelieu acababa de quitar á los calvinistas su p o s - maniobras indicadas por nuestro autor; la monar-
trer antemural [la Rochela], y de impedir que v i - quía se restablecía allí, y hecho volver Carlos II á
niera al socorro suyo la Inglaterra, promoviendo su Capital, subía al trono de su desgraciado ante-
disturbios intestinos en ella, con las sublevaciones
ees01" Estas son las circunstancias en que es
que él estimulaba en la Cataluña y Portugal; d e s -
menester, más que nunca, leer á Maquiavelo, y en
terraba de la Francia los horrendos resultados de la
que puede conocerse más el valor de sus consejos.
guerra que le hacía por todos lados la España, afir-
Podríamos hacer otros cotejos semejantes entre
maba, con ruidosos actos de severidad, el trono de
los demás defensores suyos y los tiempos en que
su R e y ; y se había hecho, por su vasta política en
vivían; pero abandonando estas comparaciones á la
los intereses de su país, el motor invisible de todos
inteligencia de nuestros lectores, nos ceñiremos á
los gabinetes de la Europa, cuando Sciopio ensalzó
observar, que todos los otros apologistas suyos fue-
el Libro del Principe, que le parecía haber dictado
operaciones tan necesarias como ellas eran grandes
y sublimes. Ultimamente, luego que el Corringio la señora de las ciencias en el S i g l o X V I , fué también la
c u n a y escuela de los m a y o r e s e s t a d i s t a s q u e se vieron en-
tuvo por urgente restaurar el honor de las lecciones tonces, aun en otras partes. T o d o s se e n l a z a n , p o r su ori-
de firmeza y prudencia, que Maquiavelo había de- gen ó e s t u d i o s , con la P a t r i a de M a q u i a v e l o . A l l í habia be-
bido el C a r d e n a l Jiménez los p r i m e r o s e l e m e n t o s del arte
jado para los príncipes vacilantes, ó nuevamente
de g o b e r n a r á los hombres. E n R o m a e s c r i b i ó el C a r d e n a l
entrados en la soberanía de sus mayores, igualmen- d ' O s s a t las m á s de a q u e l l a s cartas q u e s e miran c o m o o b r a s
te que para los nuevos príncipes, Mazarín, á quien m a e s t r a s de la c i e n c i a política. R i c h e l i e u , nacido en F r a n -
cia, no m a n i f e s t ó talento n i n g u n o s o b r e e s t a materia m a s
él no hubiera desconocido más por discípulo que q u e á su r e g r e s o de Italia. N o t e n e m o s precisión de traer
por compatriota suyo [38], justificaba su doctrina á la memoria que el f a m o s o A l b e r o n i e r a italiano. S c i o p i o
se había f o r m a d o político en la ciudad m i s m a de R o m a ; é
igual instrucción había adquirido en I t a l i a aquel C a n ó n i g o
G a b r i e l N a u d é , en c u y a ciencia tenía el C a r d e n a l M a z a r í n
[38] L a I t a l i a , q u e f u é , para lo restante de la E u r o p ? , tanta c o n f i a n z a .
ron hombres que pasaban por profundamente ins-
truidos en la ciencia política, y por buenos patri-
cios. T a l e s fueron: 10, en el año de 1683, Amelot § VI
de la Houssaie, que había residido por mucho tiem- S f haya 1» religión; que la haya
desterrado de sus sistemas políticos, y, ñnalmente, que haya teni-
po en Venecia como Secretario del hábil Embaja- do jamas las ideas de un ateísta.
dor de Francia, el Presidente de Saint-André (39);
20, en el de 1731, el docto Federico Cristio, Cate- El último hecho con que, en la acusación de irre-
drático de Derecho en Leipsick, en una obra com- ligión contra Maquiavelo, se llega al más alto grado
puesta ex profeso, y en que defendió victoriosamen- á que pudiera llegarse, nos da motivo para recordar
te á Maquiavelo (40); 30, en el de 1779, el Abate á nuestros lectores que y a han visto en los prece
Galiani, de Nápoles, al que sus relaciones con los dentes con qué industriosa perfidia la malignidad
filósofos reformadores de Francia habían puesto en les había añadido cuanto era propio para -agravar-
la confidencia de sus designios (41); 40, finalmente, los. Llevada aquí la precaución hasta el exceso, no
casi en vísperas de nuestra revolución vaticinada servirá más qué para quitar el velo enteramente al
ya, el juicioso autor del elogio de Maquiavelo, que odio y perversidad de los enemigos de Maquiavelo.
se halla á la cabeza de la edición de sus obras, pu- Temiendo que una ordinaria acusación de irreligión,
blicada en Florencia el año de 1782 (42). disuadiera harto eficazmente de la lectura de sus
obras, en que se hubiera descubierto toda la abo-
minación de sus calumnias, quisieron hacerlas irre-
[39] V é a s e el prólogo de su traducción del Libro del Prin-
cipe. vocablemente repugnantes, uniendo á su nombre el
[40] P u b l i c a d o en L e i p s i c k , el mismo año.
extremo horror que el ateísmo infunde á todos.
Bayle, en cuyo diccionario bebieron todos nues-
( 4 1 ) D i s c u r s o c o m p u e s t o para ponerle á la c a b e z a de
una nueva edición italiana de Maquiavelo,. y publicada en tros modernos biógrafos esta impostura, es el pri-
N á p o l e s el año de 1779. mero que la haya acreditado; y no la acredito más
(42) Si no h u b i é r a m o s creído deber ceñirnos á las apo- que en cuanto ella convenía al sistema ateísta de su
logías que forman o t r a s tantas obras particulares, pudiéra-
mos p r e v a l e c e r n o s también de los honoríficos v o t o s que
mismo, F r a n c i s c o B a c ó n , Contelman y Monseñor Botta-
dieron á M a q u i a v e l o o t r o s muchos literatos eminentes en ri, uno de los más doctos prelados de la corte de B e n e -
ciencia, tales c o m o Mateo Toscan, Justo L i p s i o , B a y l e dicto X I V .
ron hombres que pasaban por profundamente ins-
truidos en la ciencia política, y por buenos patri-
cios. T a l e s fueron: 10, en el año de 1683, Amelot § VI
de la Houssaie, que había residido por mucho tiem- S f haya 1» religión,- que la haya
desterrado de sus sistemas políticos, y, finalmente, que haya teni-
po en Venecia como Secretario del hábil Embaja- do jamas las ideas de un ateísta.
dor de Francia, el Presidente de Saint-André (39);
29, en el de 1731, el docto Federico Cristio, Cate- El último hecho con que, en la acusación de irre-
drático de Derecho en Leipsick, en una obra com- ligión contra Maquiavelo, se llega al más alto grado
puesta ex profeso, y en que defendió victoriosamen- á que pudiera llegarse, nos da motivo para recordar
te á Maquiavelo (40); 39, en el de 1779, el Abate á nuestros lectores que y a han visto en los prece
Galiani, de Nápoles, al que sus relaciones con los dentes con qué industriosa perfidia la malignidad
filósofos reformadores de Francia habían puesto en les había añadido cuanto era propio para -agravar-
la confidencia de sus designios (41); 49, finalmente, los. Llevada aquí la precaución hasta el exceso, no
casi en vísperas de nuestra revolución vaticinada servirá más qué para quitar el velo enteramente al
ya, el juicioso autor del elogio de Maquiavelo, que odio y perversidad de los enemigos de Maquiavelo.
se halla á la cabeza de la edición de sus obras, pu- Temiendo que una ordinaria acusación de irreligión,
blicada en Florencia el año de 1782 (42). disuadiera harto eficazmente de la lectura de sus
obras, en que se hubiera descubierto toda la abo-
minación de sus calumnias, quisieron hacerlas irre-
[39] V é a s e el prólogo de su traducción del Libro del Prin-
cipe. vocablemente repugnantes, uniendo á su nombre el
[40] P u b l i c a d o en L e i p s i c k , el mismo año.
extremo horror que el ateísmo infunde á todos.
Bayle, en cuyo diccionario bebieron todos nues-
( 4 1 ) D i s c u r s o c o m p u e s t o para ponerle á la c a b e z a de
una nueva edición italiana de Maquiavelo,. y publicada en tros modernos biógrafos esta impostura, es el pri-
N á p o l e s el año de 1779. mero que la haya acreditado; y no la acredito más
(42) Si no h u b i é r a m o s creído deber ceñirnos á las apo- que en cuanto ella convenía al sistema ateísta de su
logías que forman o t r a s tantas obras particulares, pudiéra-
mos p r e v a l e c e r n o s también de los honoríficos v o t o s que
mismo, F r a n c i s c o B a c ó n , Contelman y Monseñor Botta-
dieron á M a q u i a v e l o o t r o s muchos literatos eminentes en
ri, uno de los más doctos prelados de la corte de B e n e -
ciencia, tales c o m o Mateo Toscan, Justo L i p s i o , B a y l e dicto X I V .
obra. Había hallado, es verdad, algunos elementos se apartaban algún tanto de sus opiniones, llamó
suyos en ciertos escritores anteriores; pero estos hijos de Lutero y maquiavelistas á los estadistas
elementos no habían podido menos de parecer dé- que, venerando sin embargo la religión y aun invo-
biles y sospechosos á su juicioso talento; y lo que cándola en socorro de los gobiernos, no pensaban
prueba que él los tuvo por tales, es que creyó deber que cualquiera principado debería gobernarse como
corroborarlos con la falacia de una autoridad de in- una teocracia. N o teniendo estos piadosos metafí-
vención suya, para hacer creer que Maquiavelo ha- sicos idea ninguna de la ciencia práctica del Gobier-
bía muerto como ateísta. Oponemos desde luego á no de los Estados, podían desaprobar ciertamente
este hecho un monumento histórico de la más in- que Maquiavelo hubiese dicho que, no es posible
controvertible autenticidad, con el que se demues- conservarlos con oraciones y rosarios (44); pero po-
tra evidentemente (fue este insigne estadista murió demos ser muy bien de su parecer sin faltar á la fe
como verdadero hijo de la Iglesia católica [43]; y católica.
vamos á hacer ver, por medio de sus escritos mis- Debiendo convenir las máximas generales de la
mos, que, durante el curso de su vida, estuvo muy política á todos los países y Estados, cualquiera que
distante de tener las ideas de un incrédulo ó impío sea su creencia particular, no pueden considerar ca-
El sucesivo origen de las diversas partes agra- si la religión mas que en general, y bajo el aspecto
vantes de la acusación que ventilamos, es tan cu- de la utilidad que deben sacar de ella los gobiernos.
rioso y propio para hacerla apreciar, que no pode- Aquellos medios suyos que, de hecho, son más efi-
mos menos de notar las circunstancias de esta pro- caces contra la perversidad de los hombres que ellos
gresión. N o consistió ella, á los principios, mas que tienen que regir, consisten en la prudencia y fuerza
en el cargo hecho á Maquiavelo por algunos teólo- de los jefes del Estado. No es de hoy día que se
gos que no le habían leído bien, de no considerar dice, sin dejar de ser irreprensible en materia de
la religión mas que bajo el aspecto político en su doctrina, que la religión es el suplemento de las le-
doctrina del gobierno de los Estados. Irritado su yes, y que, por consiguiente, las leyes y la fuerza
celo, y pronto á dar odiosas calificaciones ajos que
(44) Che gli stati non tenevano con Paternostri. Hist.
F l o r e n t . , lib. V I I .
que hace observarlas, la mano de la justicia y la cu-
leyes y obrar el bien que está en su corazón, mas
chilla deben ocupar ambas manos de los reyes. L a
que en cuanto tiene la necesaria autoridad; de otro
religión, sin duda, debe hallarse presente en sus
modo, se ve atado en sus operaciones; y no infun-
ánimos para dirigir el uso que hacen de estos dos
diendo y a respeto, es más perjudicial que útil.»
atributos de la dignidad real; pero desgraciadamen-
L a autoridad, y la fuerza que es la salvaguardia
te es menester confesar que si el Príncipe dejara
suya, son pues los primeros agentes de la política
enteramente al cuidado de la religión sola la con-
servación del orden y la seguridad de su persona, práctica; y Maquiavelo hubiera podido ciertamente
sin emplear los medios cuya fuerza, con respecto á en sus obras sobre esta materia, especialmente cuan-
los hombres más sensibles á las cosas materiales do hablaba de los antiguos romanos como de los
que á las morales, es muy superior á la de la reli- pueblos de su tiempo y país, no considerar la reli-
gión, quedaría disuelta bien pronto la sociedad, y gión en general mas que como un agente clel s e -
arruinado su trono. Pudimos convencernos de esta gundo orden, aunque indispensable para una potes-
cruel verdad por experiencia en los primeros actos tad temporal. Pero ¿se hubiera seguido de esto que
de nuestra revolución, en que respetando todavía él hubiera desconocido los particulares beneficios
las aras los enemigos del trono, mostraron que les de la religión católica en los Estados que la profe-
importaba más comenzar despojando al Monarca saban?
de su fuerza y medios coactivos. Por lo mismo, el
Notaremos aquí el segundo paso que dió, contra
tan virtuoso como desgraciado Luis X V I , en víspe-
la reputación de este estadista, el odio encubierto
ras de verse arrancar la vida por los que acababan
bajo las exterioridades de la piedad. S e atrevió á
de robarle las reliquias de su potestad, progresiva-
mente usurpada por los antecesores de ellos, reco- decir él que Maquiavelo se desdeñaba de dar entra-
mendaba á su hijo, si en algún tiempo llegaba á da á la religión católica en sus sistemas de gobierno
reinar, que no dejara-sujetar la suya. «Un Rey, le para los países mismos que habían tenido la dicha
decía, en su adorable testamento, aquel eterno "mo- de verse iluminados con la antorcha de la fe. No
numento no menos de sabiduría política que de he- hallándose algún tiempo después harto satisfecha
roica piedad, un R e y no puede hacer respetar las todavía esta hipócrita malignidad con semejante ca-
lumnia, añadió que él desechaba esta misma reli-
gión en los consejos que daba á los jefes de los Es- mayor indicio de la ruina de un Estado, que cuan-
tados que la profesaban. do en él vemos menospreciado el culto divino» (46).
L a vil impostura, ó la rencorosa ignorancia de los Algunas páginas más adelante, se halla todavía es-
autores ó ecos de estas imputaciones, se hallan con- te mismo Maquiavelo enajenado de admiración y
fundidas con los discursos mismos de Maquiavelo, gratitud para con las órdenes de San Francisco y
sobre la política enteramente pagana de los anti- Santo Domingo, que acababan de restablecer en
guos romanos. Al hablar de su culto de los dioses su vigor y pureza la religión cristiana, desfigurada
falsos, no podía menos de volver frecuentemente, con la mala conducta de los jefes del Clero. No po-
como por efecto de una inclinación natural, á hacer día cansarse de alabar los eminentes servicios que
conocer cuánto más provechosa era á los Estados estas órdenes habían hecho así á la Iglesia como á
la religión católica. Desde sus primeros capítulos los Estados (47). ¿Desecha, pues, esta política de
sobre las Décadas de Tito Livio, decía á sus con- sus sistemas gubernativos la religión?
temporáneos: «así como la observancia del culto ¡Con qué indignación hubiera desechado Maquia-
divino es una de las causas de la grandeza de los velo, como un horror impío y horrible blasfemia,
Estados, así también el menosprecio de él á que aquella paradoja que únicamente nuestros días pu-
nos propasamos es la causa de su ruina. E l temor dieron ver aventurarse por el ciudadano de G i n e -
del Príncipe no se hace necesario mas que cuando bra: «Que la religión del Cristianismo no tiene re-
se entibia el de Dios, y que el Estado se encamina lación ninguna con el cuerpo político; que tan lejos
hacia su disolución (45). ella de apegar los corazones de los ciudadanos al
E n el siguiente capítulo, volvía á la misma ma- Estado, los desapega de éste igualmente que de
teria en estos términos: «Los príncipes y Repúbli- todo lo terreno; y que no hay cosa ninguna más
cas que quieran preservarse de la corrupción, deben, contraria al espíritu social» (48). Maquiavelo testi-
ante todas cosas, mantener en su integridad lo con- ficaba, por el contrario, que, en tiempo de los e m -
cerniente á la religión, y hacer de modo que ello no
cese nunca de ser reverenciado. N o hay ningún U6~i L i b . I, X I I . _ , , .
(+7) Discurso sobre la Primera Decada de Tito Livio, hb.
I I I , cap. I. ,,TTT
(48) Contrato social, lib. I V , cap. \ I I 1 .
peradores romanos, aquellos soldados que eran cris-
tianos, fueron los mejores y más adictos, á causa futación del impío aserto de Juan Jacobo, en quien
de que los estimulaba no como á los otros, por un nuestro siglo creyó tanta veracidad y profundidad,
fanático amor de la Patria, un continuo humillo de se hallaba, hace ya dos siglos y medio, en este mis-
gloria humana, sino un vivo y sagrado ardor en el mo Maquiavelo, al que, por una extravagancia cal-
desempeño de sus obligaciones. Si dijo que la reli- culada, afectan imputar las mayores faltas irreligio-
gión católica no había contribuido á la elevación y sas de nuestros días.
seguridad de las Repúblicas italianas de la E d a d
No añadiremos otras citas á las que acabamos de
Media, no echaba la culpa de ello á esta religión,
hacer, porque ellas bastan para llenar de confusión
sino al abuso de ella á que se habían propasado, y
la ignorancia ó mala fe de los que no temieron echar
á las malas costumbres de los principales ministros
suyos. ¿Aun era posible vengarla mejor que él lo sobre la memoria de Maquiavelo cuanta odiosidad
hizo del cargo dirigido contra los republicanos de su más abominable puede haber en la irreligión.
tiempo y país, de no ser tan celosos por la libertad
como lo fueron los idólatras de la República roma-
na? «Si, entre nosotros, decía, puede creerse que § VII
el Mundo esté afeminado y el Cielo desarmado, es- C o n c l u s i ó n : Maquiavelo escribió cuanto es indispensable que un
to está muy lejos de nacer de la religión; pues que Principe sepa para gobernar, no en un Estado ideal, sino en uno
real, especialmente á continuación de una dilatada y violenta
proviene de la bajeza con que los hombres la inter- anarquía.

pretaron según la molicie de su educación, en vez


de penetrarse de la virtud que ella prescribe; por- Si, después de 1o que llevamos dicho para la jus-
que si contempláramos, como ella lo desea, en la tificación de Maquiavelo, se creyera hallarse toda-
gloria y defensa de la Patria, veríamos que exige vía alguna falta, no podría ser mas que la de la cien-
que la amemos, que la honremos, y nos hagamos cia experimental de la política misma, ó, por mejor
capaces de defenderla bien» (49). Así, pues, la re- decir, la de la perversidad de los súbditos que, to-
dos más ó menos en hostilidad contra los gobiernos,
(49) "Discurso sobre la Primera Década de Tilo Livio, üb no le permiten al estadista caminar siempre acorde
II, cap. II.
con la moral y religión. En balde el Obispo angli-
la segunda, sería pronunciar en una materia que no
cano Warburton [50], y el Ministro protestante
se entendiera. Cualquiera que ha visto de cerca el
Saurín [ 5 1 ] , que, en su calificación de calvinista
timón de un buen gobierno en acción, y con más
francés, refugiado en la Haya, no estaba exento de
fuerte razón cualquiera que le ha dirigido, sabe que
las preocupaciones de Gentillet y Languet contra
Maquiavelo, pretendieron que esta unión de la reli- las reglas de la moral no le son aplicables en todos
gión cristiana con la política era posible en todos los casos. Ultimamente, si les quedará todavía a l - •
los casos. Su opinión, que por otra parte les atrae guna consistencia á las censuras que fulminaron al-
una suma estimación, se pone, por cuantos tienen gunos moralistas contra Maquiavelo, acabarían des-
alguna experiencia del arte de gobernar á los hom- vaneciéndose ellas ante la juiciosa declaración que
bres tales como ellos son, en la misma clase que el él hizo aún en su Libro del Principe. «Mi intención,
proyecto de Paz perpetua del buen Abate de Saint se dice allí, ha sido la de escribir cosas útiles para
Pierre. L a s astucias de la maldad humana no pue- los que son capaces de comprenderlas, y que tienen
den permitir la invariabilidad de una tan respetable por más conducente portarse con arreglo á las ver-
concordia. «Si no fuera lícito reinar mas que en dades de hecho, que con arreglo á las bellas cosas
cuanto se desempeñaran todas las obligaciones de que existen en la imaginación únicamente. He que-
la eterna justicia, y se observaran todas sus reglas, rido más hablar sobre lo que realmente es, que dis-
dice Plutarco, Júpiter mismo no sería idóneo para currir sobre lo que debería ser, pero que no es, es
ello.» decir, el virtuoso concurso de todos los súbditos al
Se ha visto que las reglas de la política son de bien general. Muchos, en verdad, imaginaron b e -
una clase diferente de las de la moral. Así, el juz- llas Repúblicas y maravillosos principados, pero no
gar la conducta de la primera con las máximas de los vieron jamás, y no son mas que quimeras. H a y
tanta distancia entre el modo con que los súbditos
se conducen, y el porte que ellos deberían obser-
(50) E n su divina Misión de Moisés, de que se dió en
francés un resumen en dos volúmenes, con e l t í t u l o á e t n - var, que el Príncipe que dejara lo que se hizo de
sertación sobre la Unión de la Religión, de la Política y Moral. útil para hacer lo que él creyera mejor, y no pu-
L o n d r e s , año de i ? 4 2 -
diera serlo más que en un orden de cosas meramen-
( 5 1 ) V é a s e la peroración de su sermón sobre la Concor-
dia de la %'/igióny Política. L a H a y a , año de 1725.
i•'
90

te ideal, trabajaría más bien en su ruina que en su


conservación (52).

( 5 2 ) V é a s e a d e l a n t e cap. X V .

: i il '!: & ' JÍpéndice histórico ¿obre los detractores

DE MAQUIAVELO
IJrfriTj;
• d i !

I g ^ P A R E C E que la justificación de Maquiavelo


m B exige, para ser completa, una historia segui-
FIN DEL DISCURSO da y circunstanciada de las diversas persecuciones
á que su memoria estuvo expuesta. Esta tarea nos
es muy fácil para que seamos excusables en dispen-
sarnos de ella. L o s materiales suyos se nos presen-
tan en las notas del elogio que el caballero Floren-
tino J. B. Baldeli hizo de este insigne estadista, y
que se leen á la cabeza de las últimas ediciones ita-
lianas de sus obras. Haciendo uso de estos mate-
riales, según el orden cronológico, nos veremos pre-
cisados á repetir algunos hechos de que llevamos
hecha ya mención; pero no será sin que ellos tengan
un nuevo interés para nuestros lectores; y la indul-
gencia de que podríamos necesitar para estas repe-
i•'
90

te ideal, trabajaría más bien en su ruina que en su


conservación (52).

( 5 2 ) V é a s e a d e l a n t e cap. X V .

: i il '!: & ' JÍpéndice histórico ¿obre los detractores

DE MAQUIAVELO
IJrfriTj;
• d i !

I g ^ P A R E C E que la justificación de Maquiavelo


m B exige, para ser completa, una historia segui-
FIN DEL DISCURSO da y circunstanciada de las diversas persecuciones
á que su memoria estuvo expuesta. Esta tarea nos
es muy fácil para que seamos excusables en dispen-
sarnos de ella. L o s materiales suyos se nos presen-
tan en las notas del elogio que el caballero Floren-
tino J. B. Baldeli hizo de este insigne estadista, y
que se leen á la cabeza de las últimas ediciones ita-
lianas de sus obras. Haciendo uso de estos mate-
riales, según el orden cronológico, nos veremos pre-
cisados á repetir algunos hechos de que llevamos
hecha ya mención; pero no será sin que ellos tengan
un nuevo interés para nuestros lectores; y la indul-
gencia de que podríamos necesitar para estas repe-
ticiones, se nos acordará tanto más gustosamente,
do menos con amargura los más de ellos el Gobier-
cuanto vamos casi á limitarnos á traducir las notas
no republicano que habían establecido por sí mis-
de Baldeli.
mos en el año de 1527, y que Carlos V destruyó en
El más antiguo y primero de cuantos impugnaron
el de 1531 con la fuerza de las armas, se estreme-
ios escritos de Maquiavelo, fué, como lo hemos di-
cían bajo el yugo del tiránico Príncipe que este Em-
cho, aquel Cardenal Renaud Polo, cuyos resentí
perador les había impuesto. Era Alejandro de Mé-
mientos personales contra Enrique V I I I dejamos
dicis, en quien estaban muy distantes de hallar las
y a expuestos antes. Determinóle particularmente á
buenas prendas de aquel Lorenzo, para el que ha-
escribir contra el Libro del Príncipe, la indignación
bía compuesto Maquiavelo su Libro del Príncipe.
con que le inflamaban las sumas alabanzas que ha-
N o le veían mas que con pena en poder de Alejan-
cía de esta obra el Ministro favorito de este Monar-
dro, porque según la opinión común, insertada en
ca, el mismo T o m á s Cromwell, que era mirado co-
los escritos de Juliano de Ricci, nieto del autor, da-
mo el protector de las mudanzas religiosas con que
ba á conocer éste mucho á los nuevos príncipes los
la Inglaterra acababa de separarse de la Iglesia ro-
medios de asegurarse en su principado: Icrisse un
mana. Polo, cuya cabeza estaba pregonada á causa
trattato del modo, che devono tenere i Principi nacovi
de su libro de UnitcUe ecclesioe, y que se había visto
nelo consolidarsi negli stati. Temiendo los partida-
en la precisión de expatriarse, no podía menos de
rios de la República que él fuera muy útil al nuevo
atribuir sus desgracias á este panegirista de Ma-
Duque, preservándole eficazmente contra sus d e -
quiavelo, y sentirse naturalmente inclinado á con-
signios, debían estar dispuestos á quejarse de su
tradecirle tanto sobre este punto como sobre todos
autor; y no se dirigió sin duda Polo á los partidarios
los demás.
del régimen monárquico para hacerse decir mal de
Habiéndose refugiado en Italia, y pasado en Flo- Maquiavelo. Halló, sin embargo, entre los republi-
rencia el invierno del año de 1534, no había dejado canos de afecto con quienes consultó, una reserva
de indagar allí noticias poco favorables á la memo- que no podía satisfacerle. Aun aquellos no podían
ria de Maquiavelo. L a s circunstancias políticas en desistir del alto aprecio suyo que conservaban á Ma-
que á la sazón se hallaban los Florentinos, eran su- quiavelo; y para acordar á la pasión de su eminen-
mamente propias para favorecer sus miras. Echan- cia algo que no contradijera con su propio modo de
pensar sobre el autor, y no atreviéndose á oponerse Príncipe en la apología, que con miras casi única-
enteramente al Cardenal tocante á la ignorancia y mente políticas, y en aquel mismo año [el de 1535]
ceguedad de que le acusaba (coccitate et ignoratiA), como lo dice su prólogo, escribía él de su tratado
imaginaron acusarle, según las ideas republicanas de Unitate Ecclesioe [2]. Debe observarse bien,
d e q u e hacían ostentación. Dijeron, pues, al Carde- además, que los cargos que hizo allí á Maquiavelo,
nal que él no había llevado otra mira más que la de no se dirigían casi mas que contra los consejos da-
estimular á su Príncipe á unos excesos tiránicos que dos á los príncipes para consolidar su autoridad va-
moviesen á los pueblos á arruinarle. Si fuera me- cilante, y que estos cargos se hallan en aquella apo-
nester dar crédito á Polo, habían confirmado esta logía misma con que instaba vivamente al intrépido
suposición con un hecho que no estaba mejor pro- Carlos V, para que volviera sus formidables armas
bado, diciendo que Maquiavelo mismo había con- contra el Rey de Inglaterra; de quien el autor, sin
fiado á sus amigos que él no había tenido más in- embargo, era gobernado natural. Se sabe que des-
tención que ésta al escribir aquella obra para Lo- pués, en el año de 1557, el Papa Paulo IV acusó á
renzo de Médicis (i). Cualquier lector juicioso de- Polo de fomentar la herejía; y que éste compuso,
cidirá sin nosotros, si es razonable dar una plena fe en justificación suya, otra apología llena de pasajes
á estas equívocas revelaciones. Sea lo que quiera muy vivos contra este Pontífice. S e abstuvo, es ver-
de esto, Polo se aceleró á prevalecerse de ellas pa- dad, de hacerla pública, y la echó á la lumbre; pe-
ra corrobar los tiros que dirigía contra el Libro del ro fué haciendo aquella insultante cita de Génesis:
Non deteges verenda patristui, con la cual sola des-
( i ) Cúm de occasione scribendi illum librum [ u Príncipe] cubría su falta de moderación é imparcialidad.
tilín de anitni ejus in eodem proposito audivi, de hác ccecitate et
ignorantiá aliquá ex parte excusari potest, dijo Polo, eum túm Regís vel Principis viri institutione scripserant, et experientia
excusabant enes ejus, cúm sermone introducto de itlius libro, docet, breve ejus imperium futurum: id quod máxime exoptabat,
hanc impiam ccecitatem objecissem: ad quod illi responderunt cum intus odio jlagraret illius principis ad quem scriberet: ne
ídem, quod dicebant de Maquiavelo cum ídem illi aliquando op- que aliud spectasse in eo libro, quem scribendo ad tyrannum ea
poneretur; fuisse responsum, se non solum quidem judicium quee tyranno placent, eum suá sponte ruentem prcecipitem si
suutn in tilo libro fuisse secutum, sed illius ad quetn scriberet posset daré Apología ad Carolum V Ccesarem, super librum De
quem cúm sciret tyrannicá natura fuisse ea inseruit quee non Unitate Ecclesice, en la página 152 del tomo I de la edición
potucrunt tali naturce non máxime arridere; eadem tapie si de Brescia, cBrixia?, 1744.
exerceret, ce idem judicare quod reliqui omnes, quicumque de (2) Ibidem.
Incitado con esta contraseña marcial el inquisidor minados á esta prohibición, únicamente por algu-
mayor de Roma, Ambrosio Catherin Politi, quiso nos pasajes que podían suprimirse sin perjudicar al
hacer todavía más que Polo, impugnando los dis- fondo de las cosas, y que la prohibición era condi-
cursos mismos de Maquiavelo sobre T i t o Livio, cional en algún modo. Tenemos esta particularidad
igualmente que el Libro del Principe. Y a estaba de un contemporáneo, Juliano de Ricci. «Como no
compuesto su volumen en folio de Miscellanza, que había, escribía él en el año de 1594, mas que pocas
se imprimió en Roma el año de 1552; y sin embar- cosas para excluir de las obras de Maquiavelo para
go, tomaba á pechos el insertar en él un párrafo in- que los comisionados del Concilio dieran licencia
titulado: Quam execrandi sint Machiavclti discur- para su lectura, tuve el encargo de hacer estas su-
sus et institutio sui Principis. No sabiendo con qué presiones con messer Nicolás Maquiavelo, mi pri-
enlazarle, se vió reducido á hacer entrar esta digre- mo, nieto como yo del autor, á saber: él por su hijo
sión en la disertación, De divinis ac canonicis scrip- y yo por su hija. L a prueba de esta confianza está
turis, que formaba ya parte de este volumen, y con testificada en una carta, que sobre este particular
la que él no tiene conexión ninguna. nos escribieron los ilustrísimos señores cardenales,
Se ha visto y a que, sin los manejos y clamores diputados en la revisión del Indice, dado después
de este dominicano, no se hubieran sentado las en 3 de Agosto del año de 1573; cuya carta se halla
obras de Maquiavelo en la lista de los libros prohi- firmada por el Padre Antonio Posi, Secretario de
bidos por la nueva Inquisición romana en el ponti- estos cardenales. Nos atareamos en su consecuen-
ficado de Paulo IV, en el año de 1551; y que él fué cia con ardor á estas correcciones; y habiéndose he-
quien forzó á la comisión del Concilio de Trento á cho cuantas se habían indicado, dimos principio en-
incluir estas obras en el Indice, que Pío IV aprobó viando á Roma las Historias así corregidas; pero
y publicó en el de 1564. No tenemos necesidad de no hay cosa ninguna concluida todavía hasta este
decir que la autoridad de esta lista, muy aumenta- día; porque queriendo estos señores libertarse de
da desde entonces por los teólogos de la corte ro- nuestras instancias para que se levantara la prohi-
mana, no se reconoció jamás en Francia; pero lo bición, solicitaron que no se reimprimieran las obras
que nuestra materia requiere que demos á conocer, de nuestro abuelo con su nombre (3).
es que los comisionados del Concilio fueron deter- (3) E perche levatone alcune poche elle restaño tali, che si
—13
E s menester concluir de esto, que á los ojos de
políticos; y su particularísimo encarnizamiento con-
aquellos cardenales había más escándalo en el nom-
tra Maquiavelo está bastante demostrado con cuan-
bre de Maquiavelo que en su doctrina. S e compren-
to ellos hicieron y escribieron para desacreditarle, y
de esto por el ardor de que ciertas gentes usaban
aun deshonrarle en cuantos países de la Europa no
para desacreditarle sin permitir leerle, y sin que
había fundaciones suyas.»
ellos mismos le hubiesen leído, «Parece, añade el
caballero Baldeli, que la reimpresión de Maquiave- N o habían escrito, sin embargo, todavía contra
lo se veía embarazada por los jesuítas, quienes, ha- él, cuando en el año de 1576 publicó el calvinista
biendo comenzado ya su guerra contra él, ponían Inocencio Gentillet su Discurso sobre los medios de
sumo empeño en que continuara anatematizada su gobernar un reino, en refutación de Maquiavelo. L a
memoria. Celosos en ser los únicos conductores de pretensión que él había tenido de tratar del gobier-
los Estados y Principes, prosigue Baldeli, cogían no de una monarquía, mucho más que la iniciativa
odio á todos los políticos capaces de disputarles la que había tomado contra nuestro autor, despertó el
prerogativa de ello, y no podían menos de aborre- celo del P. Antonio Possevin. En un librejo que él
cer más que á todos los otros al que se miraba en- publicó en Roma, el año de 1592, para refutar y
tonces como al Príncipe de los estadistas. L a prue- censurar algunas obras de diversos escritores políti-
ba de su encono contra ellos en general, se halla en cos, impugnó al mismo tiempo, en un difuso capí-
tulo, á Maquiavelo, y la refutación que de él había
* a s invectivas que sus libros encierran contra los hecho Inocencio Gentillet. Este capítulo que lleva
possono ammettere, ne fu data la cura a me Giuliano de' Ricci, el título de: Cautio de iis quoe scripsit túm Nico-
e a inesser Niccolò Machiavelli mio cugino, ambedue suoi nipo-
ti, ¡o figliuolo di una figliuola, e uicsser piccolo figliuolo d'un laus Maquiavellus, túm is qui adversús eum scrip-
Jigiwolo, como appare per una lettera scritta, agli detti dagl' il- sit Anti-Machiavellus, se puso además, por el P.
lustrissimi Signore deputati sopra la rivista dell' indice dato al
3 d agosto 1573, sotto scritta da Fr. Antonio Posi, allora segre-
Possevin, en su Biblioteca selecta. ¿ Había meditado
tario di detti cardinali; e si bene si faticò allomo alla detta re- y comprendido bien él sin duda á Maquiavelo? No
vtsime e si corressero tutte, e a Roma si mandò la 'correzione por cierto; el Corringio demostró, hasta la última
dell istorie. Sino adesso che siamo nel 1594, non si é condotta
apre perche nello stringere, volevano quelli si more, che si ris- evidencia, en el prólogo de su traducción latina del
™™P*ssero sotr ottro nome, a che si diede passata. ( K JA- Libro del Príncipe, impresa en Helmestat el año de
COB GADDI, de Scriptoribus).
1660, que Possevin ni aun le había leído cuando le
refutaba. L a pasión no tiene necesidad de instruir- sar por un necio, y sostuvo con injurias esta mala
se para saciarse. No conocía él de esta obra mas causa. El público hizo gracia á la obra del Padre
que lo que había dicho Gentillet sobre" ella; y aun Lucchesini, mirándola como una obra maestra de
no hizo otra cosa mas que repetir ciegamente los absurdos. U n poeta italiano, que se cree ser M e n -
argumentos de este calvinista, contra el que sin em- zini, habló de ella en una sátira por el tenor si-
bargo alzaba el grito en lo que éste había dicho de guiente:
contrario á la Iglesia católica. Pero Possevin mos-
traba en esto mismo su ciego delirio contra Maquia- 'Tanta sciocchezze non confíen quel bello
Opuscolo del Padre Lucchesini
velo, que lleno de respeto para con ella, no consi-
Che tacció di coglione il ¿Tvíaquiavello;
deraba mas que el escándalo y ambición de la corte
romana, y no los había vituperado mas que á causa Y se halló casi juiciosa la equivocación de un en-
de que sufría con ello la religión. Suponiendo insi- cuadernador de libros, quien, para reducir el título
diosamente Possevin, como un hecho verídico, que del frontispicio de éste al estrecho espacio que el
él había blasfemado contra la Iglesia, no reconvenía lomo del volumen presentaba, grabó en él estas pa-
á Gentillet de sus blasfemias mas que diciendo que labras: Sciocchezze del Padre Lucchesini.
ellas igualaban y sobrepujaban á las de Maquiavelo: No contentos los jesuítas de Italia con desacre
Sed ubi Machiavelhis catolicam appugnat Ecclesíam, ditar á Maquiavelo en su país, prosigue Baldeli, hi-
vel ubi occasio sese dat, facile Machiavellum blas- cieron que los hermanos suyos de los diferentes Es-
p¡temando equat et superat YBibliothcca selecta].• Ve- tados de la Europa escribieran contra él. E n Espa-
necia, 1603, tomo II, pág. 403. ña, el P. Rivadeneyra compuso un Tratado de las
Otro jesuíta de Italia, el P. Lucchesini, vino des- virtudes del Príncipe cristiano, del que los de Italia
pués á esforzarse á condenar á Maquiavelo al m e - hicieron una traducción en su lengua, y que publi-
nosprecio público, dando á luz un libro intitulado: caron en el año de 1598. Pero el impugnador es-
Saggio delle sciocchezze di Niccolo Machiavelli del pañol de Maquiavelo deshonraba por sí mismo su
Padre Lucchesini [ E n s a y o sobre las tonterías de, tratado desde su epístola dedicatoria. Dirigiéndola
etc.] N o se contentó con acusar en él de impiedad al infante Don Felipe, heredero presuntivo del trono
á este peregrino ingenio, sino que tiró á hacerle pa- de todas las Españas, le exhortaba á tomar por rao-
délo de las virtudes que él iba á exponerle, á aque-
ñeca, Tácito, Plutarco, etc., mientras que no había
llos ascendientes suyos que, por máxima de religión,
visto en la Gloria mas que á pobres gentes contra-
se habían manifestado los más crueles. L e desig-
hechas y andrajosas. Cuando Bineto insertó esta
naba más especialmente «á Fernando III, quien,
anécdota en su Salud de Orígenes no tuvo vergüen-
decía él, tenía tanto celo en conservar pura y since-
za de corroborarla con el testimonio de Spizelio,
ra nuestra fe, que, según los testimonios de graves
quien la había repetido en su Sc-rutinio atheismi,
autores, no se ceñía á hacer castigar á los herejes,
p. 135. Pero Spizelio confesaba que él la sabía de
sino que él mismo iba, cuando había de quemarse
un tal Marchand; y este mismo Marchand no la ha-
alguno de ellos, á llevar la leña y ponerle fuego.
bía citado mas que apoyándose sobre la autoridad
V. A . , concluía el P. Rivadeneyra, debe imitar á
del P. Binet. Antes de él, no la hallaban en parte
aquel santo monarca, como también á sus mayores
ninguna; y este jesuita, que no vivió sino más de
Isabel y Fernando V, que arrojaron de España á
un siglo después de Maquiavelo, no era creíble so-
los moros y judíos, y establecieran el Santo Oficio
bre un hecho no solamente ignorado de sus contem-
de la Inquisición.»
poráneos, sino también desmentido por ellos mis-
En Francia veían, hacia el año de 1730, al P. Bi- mos tan formalmente como podía serlo, según ahora
net inventar cuentos calumniosos para desacreditar mismo lo veremos.
a Maquiavelo, y para sobrepujar en esto al protes- Sin embargo, el tan infatigable como poco jui-
tante de Augsburgo Spizelio, que hacía también la cioso compilador Teófilo Ra3'naud, igualmente j e -
guerra á la memoria de nuestro autor. Aun Binet suita, vino á acoger este cuento, á realzarle y acre-
tenía después el atrevimiento de prevalecerse de la ditarle en sus Eroteremata de bonis el mal-is libris,
autoridad de Spizelio, que no había hecho realmen- publicados en el año de 1658. Pero no tenía él más
te mas que repetir las calumnias inventadas por él fundamento que el testimonio; ó por mejor decir, la
mismo. A s í es como él acreditó la falsa anécdota, pérfida invención de su hermano Binet.
de la visión en que había supuesto que habiéndose
Emulos los jesuítas de Baviera del protestante
presentado juntos el Infierno y la Gloria á la elec
augsburgués Spizelio, vecino suyo, obraban en ello
ción de Maquiavelo moribundo, había dicho que él
más vivamente todavía que sus hermanos de Fran-
prefería ir al Infierno, porque había visto allí á S é -
cia, contra la memoria de Maquiavelo. L o s de In-
golstat llegaban en su odio hasta el grado de hacer
del P. Possevin, y como para ponerse en c o m p e -
quemar un maniquí al que habían dado su nombre,
tencia con él. Pero la confesión que él hace en sus
y pegado un rótulo infamante destinado á justificar
escritos, nos inclina á creer que no tuvo más moti-
este auto de fe. En él se leían las siguientes pala-
vo que el del jesuíta de quien era competidor. Con-
bras: Quoniam fuit homo vafer ac subdolus diaboli-
fesó que no había tomado la pluma mas que por
carum cogitaliohum faber, optimus cacodoemonis au-
orden de la Corte romana. Para complacer pues á
xiliator: es tratado así, «porque fué un hombre tra-
ésta, publicó él en los años de 1594 y 1595 s u v o ~
pacero y astuto, un inventor de diabólicos sistemas
l u m e n : de antiquo et novo Italioe statu, libri // ,
y el mejor auxiliar del peor demonio (del paganis-
adversus Nicolaum Machiavelhim, en q u e se e m p e -
mo).» Refiere este hecho Apóstolo Zenón en las
ñó en refutar aquella opinión demostrada por M a -
notas que él añadió á las obras de Fon tan i ni, (tomo
quiavelo que «la Italia no hubiera experimentado
I, pág. 207).
los horrendos desastres á que se había visto entre-
Cuando el Prelado portugués Osorio, que murió gada, si en ella los Papas no se hubieran vuelto so-
en el año de 1580, impugnó á Maquiavelo en su beranos temporales, ni adquirido la inmensa domi-
libro de Nobilitate Christianá, se había visto mo- nación terrena que los pontificados de Gregorio V I I
vido á ello con el ejemplo y quizá sugestiones de y Alejandro V I les habían proporcionado. B o z o se
Ambrosio Catherin Politi; y lo había hecho de oí- esforzó á probar que la Italia no había sido nunca
das, sin haber leído á nuestro autor. L o que lo más floreciente, feliz y fecunda en varones insignes,
prueba es, que él le hacía cargo de haber dichoque que desde que los pontífices eran soberanos pode-
la religión cristiana extingue toda elevación de áni- rosos en ella. Daba por prueba de esto el tiempo
mo, toda virtud civil y militar. Ahora bien, Ma- en que él vivía, y en el que escribía estas lisonjas
quiavelo había afirmado todo lo contrario, como lo con arreglo á las miras de Clemente VIII (4).
hemos mostrado antes y como cualquiera puede
convencerse de ello leyendo el capítulo 2 del libro
( 4 ) T i m b o s c h i , en sn storia della literatura
II de sus Discursos sobre las Décadas de Tito Livio. bro I I I , núm. 3 7 ] , indica la otra obra de B o z i o , de Rimas
T o m á s Bozio, P. del oratorio de Roma, escribió gentium, impresa en R o m a el año de 1596, y en Colonia el
de i s 9 8 , como también la qne fué especialmente dirigida
también contra Maquiavelo uno ó dos años después contra M a q u i a v e l o , aunque el título de la primera test.faca
E s t o s son los sugetos del Clero que, en diferen- bía compuesto mas que para vengarse de Catalina
tes tiempos, impugnaron á Maquiavelo con escritos de Médicis, porque ella aconsejaba al R e y severas
en ninguno de los cuales, todo bien considerado, no providencias contra ellos, manifestando al mismo
n i a u n v i s o s d e una verdadera refutación. Los tiempo sumo aprecio á las obras de su compatriota
seculares que se declararon por adversarios suyos Maquiavelo. L o s calvinistas, á fin de desacreditar
les llevan á lo menos la superioridad de haberse es- mejor á este protector de los tronos, vertieron la
forzado realmente á refutarle. Hemos mostrado ya voz de que no se debía la matanza del día de S a n
que el protestante Gentillet aspiró á ello; pero se Bartolomé mas que á las máximas explanadas en
sabe que el era más que sospechoso en los motivos sus obras; y esta voz bastaba para hacerle odioso,
que le dictaron su Discurso contra nuestro autor como lo notó el Presidente de T h o u (Hist. lib. 52).
Aun confesó en la dedicatoria que le hizo al Duque
D e allí á breve tiempo, fué vivamente impugnado
de Alenzon, jefe de los sublevados, que él no le ha-
Maquiavelo por otro protestante francés, igualmen-
te fugitivo, y á causa también de que era el patrono

!t°aí-anos ar Í 0 Ul r ° n e d e S P U C ' S T d n ú m e r o ¿ e los escritores


i t a l i a n o s , que l e impugnaran ba o el manto de la religión della v o l g a r poesia, lib. I I ; — Scien^acahaleresca, lib. I I , 6 7 ) .
Petrarca, G u i c h a r d í n , Varchi, T o l o m e o , y aun el buen F i a -
TuínBaZrMUZ1°' sia della noMltì; \
minio, fueron maltratados también por Muzio; y los tiros
un modo tiastant * ^ ™
trata de
V éI m i s
que él dirigió contra Maquiavelo, eran sumamente débiles.
chien SU C S H °?SO- P e r o desde luego Tirabos- L o que él le echó en cara más" vivamente, fué el haber h e -
dif eren te modo m ^ T ' ' P ° d í a p e s a r s e apenas de cho la profesión de las armas superior á la de las letras. E n
cuanto á B o t e r o , si él había hablado mal de Maquiavelo,
no deberíamos extrañarlo, supuesto que había sido jesuita,
y que había conservado en tal grado las ideas de los jesuí-
S c r i i * ' . ^ . P ^ e r e n c i a á cualquiera otro el encaíg^dé tas, que en su muerte, acaecida el año de 1617, los hizo he-
rederos suyos. Sin d ú d a l a s máximas de la política de B o t e r o
P a p í u 10 npUMStanCÍaf d d ?°
ncili °'
á - debió el difieren de las de Maquiavelo, pero «no es, dice el honrado
ce h u b i e r a nnH'^ t.- apasionado este Pontífi- Corniani, mas que discurriendo en la quimérica hipótesis de
q u'i a v e l o de i a ra f , S C n b i r c o , n t r a Maquiavelo, sin que Ma- que los hombres son tales c o m o deberían ser. Maquiavelo,
qué era de un h» m ^ r e a l m e n t e r a z ¿ n , V mayormente por el contrario, los había considerado tales como ellos son
m u y c o n t e n c i o s o . Crescimbeni y Ma-
realmente;» y esta reflexión es indispensable para juzgar
b r é f à s mavorp'0 s Y ¡ d a b u * C Ó d i s P « t a á los demLso- rectamente su doctrina [Secoli della letter Italiana, tomo V I ,
tSióñn^^SZ-Tienci?s-' y a u n s i n u t i l i d a d : egli quis-
Pág. 395].
notiojin che visse anche per minime ad infrutuose cagioni (Stor.
de los reyes. Quiero hablar de aquella famosa d e - con las horrendas ideas del ateísmo, tuvo el descaro
claración de guerra, que se les hizo en el año de de confirmar esta mentira con la autoridad supuesta
1 579. con el título de Vindicioe contra tyramios, y de un autor que decía cabalmente lo contrario. L a s
nofhbre pseudónimo de Stephanus Junius Brutus Anécdotas de Florencia, por Varillas, eran, según
Celta. Al informarnos Bayle de que este Junius dicho de Bayle, el libro en que él había sabido que
Brutus era aquel Huberto Languet, natural de Vi- Maquiavelo no recibió á su muerte los sacramentos
teaux en Borgoña, que habiéndose pasado á S a j o - de la Iglesia, mas que por haberle precisado á ello
rna por amor al luteranismo, contrajo allí una e s - los magistrados. Que -nuestros biógrafos, copiantes
trecha amistad con Melancton, confiesa que él no de Bayle, se refieran á este fraudulento aserto, y le
escribió estas Vindicioe mas que para saciar su odio tengan por verídico, lo extrañamos poco, y nos
contra Enrique III. El autor mismo confesó en su compadecemos de aquellos cuya opinión ellos e x -
prólogo, que le había movido á componer esta obra travían; pero el que, celoso de juzgar por sí mismo,
el resentimiento que él experimentaba de ver pre- abra la obra de Varillas, de la que indicamos la pá-
valecer en Francia la autoridad del Monarca sobre gina 165, si es la edición hecha en L a Haya por
la fuerza de los rebeldes. Arnould Liers en el año de 1687 que se tiene, y que
Hemos hecho observar ya que durante los reina- Bayle no podía menos de conocer, se convencerá
dos de Enrique IV, Luis X I I I y Luis X I V , se res- de esta excesiva mala fe. L a relación de Varillas se
petó y aun admiró á Maquiavelo en vez de deni- halla concorde con un monumento particular, de
grarle. Unicamente en el año de 1720. y aurora de que él no había podido tener conocimiento. Descu-
nuestro siglo de rebeliones contra la potestad de los brióse después de aquella era en los archivos de la
reyes, se vió encendida de nuevo la guerra contra familia Nelii, de Florencia, el original de la carta
él. N o contento Bayle, á cuvo impío sistema con- que Pedro, hijo de Maquiavelo, después de haber
venía hallar ateístas en todos los hombres célebres asistido á sus postreros instantes, escribió á su pri-
de las edades anteriores, con recoger, en su volu- mo Francisco Nelli, que se hallaba á la sazón en
minoso diccionario, cuanto los jesuítas habían dicho Pisa, para contarle las circunstancias del falleci-
calumniosamente para hacer aborrecible á Maquia- miento de su padre. En esta carta, en que reina
velo como un hombre irreligioso que había expirado toda lá familiaridad y franqueza acostumbradas en-
tre amigos y cercanos parientes, le decía, entre otras
muchas particularidades domésticas, de ningún mo- eran. Iban antes á ponerse en cierto modo bajo la
do discordantes con ésta, y como un hecho muy salvaguardia de los extranjeros, y de los extranjeros
natural con que él debía contar: «Ha confesado á á los que ellos tenían por más imbuidos en las má-
nuestro padre el P. Mateo, que le ha hecho c o m - ximas contrarias al interés de nuestros monarcas,
pañía hasta su postrer aliento.» Esta carta se in- reconociendo en ello que era por lo mismo hacer la
sertó por el Canónigo Baldini, Bibliotecario mayor guerra á su trono y autoridad.
de la célebre Biblioteca Laurenziana, de Florencia, Voltaire 110 faltó á esta precaución, cuando quiso
en el prólogo de su Collectio aliquot veterum vionu- publicar el Examen critico del Libro del Príncipe.
mentorum, Xict., impresa en Aresszo.en 1732. aquel Anti-Maquiavelo que él hizo atribuir al Rey
C o m o Bayle, que no pasó en silencio ninguno de de Prusia, Federico II, aunque sin atribuírsele él
los calumniosos absurdos de los jesuítas contra Ma- mismo con una nominal especificación. Escogió él
quiavelo, quería referir, sin avergonzarse, el cuento Londres, en que había hallado ya muchos partida
del P. Binet, concerniente á la pretensa visión de rios, cuando precisado anteriormente á expatriarse
este insigne estadista, se prevaleció de la mención á causa de su espíritu de independencia y de su osa-
que Francisco Iiottman había hecho de él en su da irreligión, publicó allí aquel famoso poema, en
epístola 99. Pero no caminó aquí Bayle de mejor que, en versos imitados de Teodoro de Beza (Mors
buena fe que en su primera cita de Varillas; porque Ciceronis), deploraba tan pomposamente el trágico
Hottman no habla sino con indignación de esta fin de Coligny. - F u é allí donde en el año de 1740,
anécdota, mostrando que él temía verla repetida en después de haber venido á dar en París su Bruto,
una edición que se hacía entonces de las Obras de y en vísperas de hacer representar también su Ma-
Maquiavelo, en Pernes cerca de Basilea. hometo, publicó el Anti-Maquiavelo de que trata-
mos. Esta producción, á la que dejó vislumbrar un
Si se exceptúan los compiladores biógrafos á quie-
afecto, maternal en el prólogo de que ia acompañó,
nes B a y l e sirvió de modelo, guía y oráculo con fre-
está muy distante de merecer el título de una sóli-
cuencia, no se quedaban en la Francia, para i m -
da refutación. N o hace ella mas que repetir lo que
pugnará Maquiavelo, los escritores que se llamaban
las precedentes habían dicho, ni tomó mejor que
políticos ó filósofos, por más franceses que ellos
ellas el Libro del Príncipe, en el sentido con que se
había compuesto: le difama más bien que le impug- sí mismos, en sus acciones, por los inventores de la
na. Voltaire, en su prólogo, procedió del mismo atroz combinación que le habían imputado ellos tan
modo con respecto á la justificación que Amelot de hábilmente.
la Houssaie habia hecho de Maquiavelo. Desvián- Hemos demostrado cuánto les importaba apartar
dose siempre de la mente real de esta apología, no de las miradas de todos un libro, en que se halla-
empleó casi contra ella mas que sofismas y sar- ban indicados los preservativos contra los males
casmos. que sus sistemas de independencia y rebelión nos
El año de 1740, bajo este aspecto como bajo otros preparaban.
muchos, debe notarse en la historia de las calami Subsiste todavía el error, porque hubiera sido
dades que la filosofía de la libertad atrajo sobre la necesario, para hacer estos cotejos, poder leer al
Francia, hacia el fin del Siglo X V I I I . Comenzó á texto mismo de Maquiavelo, en que solamente se
hacerse más general en ella desde entonces la pa- puede juzgarle bien, y cuya perfecta inteligencia no
sión contra Maquiavelo, sin que ninguno se dignase está al alcance mas que de un cortísimo número de
ó supiese leerle. A excepción de algunas buenas al- franceses.
mas á las que la escuela de los P P . Binet, Ray- Ningún autor de nuestros días emprendió desva-
naud, Lucchesini, Rivadeneyra y Possevin, había necer esta ilusión anti-monárquica, y aun quizá hay
muchos que se empeñaron en hacerla más fuerte
hecho ciegamente apasionadas contra él, el mayor
todavía.
número se dejaba llevar de aquellos filósofos m o -
dernos que se habían constituido por maestros. Se Aquí, el aviso Attendite á falsis prophetis qui ve-
munt cid vos in vestimentis ovinm, suministra una se-
repetía en todas partes con arreglo á ellos, que Ma-
gura regla para apreciar su sinceridad é intenciones.
quiavelo es el preceptor y modelo de todos los vi-
cios reunidos; aun su nombre llegó á ser de oídas el Echando á un lado á los detractores que no son
tipo de la horrenda combinación de los mayores de- mas que materiales ecos, y á los serviles compila-
litos; y con un tan pérfido error se dejó llevar la dores de quienes todo hombre juicioso se desconfía
naturalmente, no temo decir: Si entre los escritores
Francia hacia aquella horrenda revolución, en que
hay algunos hacia cuya ciencia su reputación inclina
los calumniadores de Maquiavelo se reconocieron á
vuestra confianza, ved sus obras en aquellos cala-
mitosos tiempos que acabamos de pasar: A fructi-
bus corum cognoscetis eos. Reconocereis infalible-
mente que ellos fueron acalorados partidarios y ce-
losos apóstoles de aquella calamitosa revolución,
con que fué destruido el trono cuya restauración
bendecimos hoy día, y cuya seguridad pedimos.
MAQUIAVELO COMENTADO
l i t a m t s c r ü a frc N a p o l e ó n

nocturna rcrsate manu, rersate diurna.

EL PRINCIPE
P O R N I C O L A S M A Q U I A V E L O ,
Secretario y ciudadano de Florencia la)

fin del apéndice


NICOLAS MAQUIAVELO
Al m a g n í f i c o L O R E N Z O , h i j o de Pedro de Médicisfft;

O S que quieren lograr la gracia de un Prín-


" " " cipe, tienen la costumbre de presentarle las
cosas que se reputan como que le son más agrada-
bles, ó en cuya posesión se sabe que él se complace

(a) L a presente traducción se ha cotejado con el manuscrito ori-


ginal que está en l a Biblioteca Medic.i-Laurenziana de Florencia.
(b) Sobrino del P a p a León X , v padre de Catalina de Médicis,
que se casó, en el año de 1533, con el Delfín de Francia, hecho Rey
en el de 1547 con el título de Enrique II.
mitosos tiempos que acabamos de pasar: A fructi-
bus corum cognoscetis eos. Reconocereis infalible-
mente que ellos fueron acalorados partidarios y ce-
losos apóstoles de aquella calamitosa revolución,
con que fué destruido el trono cuya restauración
bendecimos hoy día, y cuya seguridad pedimos.
MAQUIAVELO COMENTADO
l i t a m t s c r ü a fre N a p o l e ó n

nocturna rersate manu, rersate diurna.

EL PRINCIPE
P O R N I C O L A S M A Q U I A V E L O ,
Secretario y ciudadano de Florencia la)

fin del apéndice


NICOLAS MAQUIAVELO
Al m a g n í f i c o L O R E N Z O , h i j o de Pedro de Médicisfft;

O S que quieren lograr la gracia de un Prín-


" " " cipe, tienen la costumbre de presentarle las
cosas que se reputan como que le son más agrada-
bles, ó en cuya posesión se sabe que él se complace

(a) L a presente traducción se ha cotejado con el manuscrito ori-


ginal que está en l a Biblioteca Medic.i-Laurenziana de Florencia.
(b) Sobrino del P a p a León X , v padre de Catalina de Médicis,
que se casó, en el año de 1533, con el Delfín de Francia, hecho Rey
en el de 1547 con el título de Enrique II.
1x6

más. L e ofrecen en su consecuencia los unos, ca- prendido mas que en muchos años, con suma fati-
ballos; los otros, armas; cuales, telas de oro; va- ga y grandísimos peligros.
rios, piedras preciosas ú otros objetos igualmente No he llenado esta obra de aquellas prolijas glo-
dignos de su grandeza. sas con que se hace ostentación de ciencia, ni ador-
Queriendo presentar yo mismo á V u e s t r a M a g - nádola con frases pomposas, hinchadas expresiones
n i f i c e n c i a alguna ofrenda que pudiera probarle to- y todos los demás atractivos ajenos de la materia,
do mi rendimiento para con ella, no he hallado, con que muchos autores tienen la costumbre de en-
entre las cosas que poseo, ninguna que me sea más galanar lo que tienen que decir (i). H e querido que
querida, y de que haga yo más caso, que mi cono- mi libro no tenga otro adorno ni gracia más que la
cimiento de la conducta de los mayores estadistas verdad de las cosas y la importancia de la materia.
que han existido. No he podido adquirir este cono- Desearía yo, sin embargo, que no se mirara co-
cimiento mas que con una dilatada experiencia de mo una reprensible presunción en un hombre de
las horrendas vicisitudes políticas de nuestra edad, condición inferior, y aun baja si se quiere, el atre-
y por medio de una continuada lectura de las anti- vimiento que él tiene de discurrir sobre los gobier-
guas historias. Después de haber examinado por nos de los príncipes, y de aspirar á darles reglas.
mucho tiempo las acciones de aquellos hombres, y Los pintores encargados de dibujar un paisaje, de-
meditádolas con la más seria atención, he encerra- ben estar, á la verdad, en las montañas, cuando
do el resultado de esta penosa y profunda tarea en tienen necesidad de que los valles se descubran bien
un reducido volumen; y el cual remito á V u e s t r a á sus miradas; pero también únicamente desde el
Magnificencia. fondo de los valles pueden ver bien en toda su ex-
Aunque esta obra me parece indigna de Vuestra tensión las montañas y elevados sitios (2). Sucede
Grandeza, tengo, sin embargo, la confianza de que lo propio en la política: si para conocer la natura-
vuestra bondad le proporcionará la honra de una leza de los pueblos, es preciso ser Príncipe, para
favorable acogida, si os dignáis considerar que no
me era posible haceros un presente más precioso ( 1 ) C o m o T á c i t o y G i b b o n . [ N o t a de frQapotecm, G . ]
que el de un libro, con el que podréis comprender (2) Con esto empecé, y con ello conviene empezar. Se
c o n o c e m u c h o m e j o r el f o n d o de l o s v a l l e s c u a n d o d e s p u é s
en pocas horas lo que yo no he conocido ni cora- se e s t á en la c u m b r e de la m o n t a ñ a . R . C .
conocer la de los principados, conviene estar entre
el pueblo. Reciba V u e s t r a M a g n i f i c e n c i a este es-
caso presente con la misma intención que yo tengo
al ofrecérselo. C u a n d o os digneis leer esta obra y
meditarla con cuidado, reconocereis en ella el ex-
CAPITULO I
tremo deseo que tengo de veros llegar á aquella ele-
vación que vuestra suerte y eminentes prendas os c u á n t a s clases de principados hay, y de qué
permiten. Y si os dignáis después, desde lo alto de modo e l l o s se adquieren
vuestra majestad, bajar á veces vuestras miradas
hacia la humillación en que me hallo, comprende- Cuantos Estados, cuantas dominaciones ejercie-
reis toda la injusticia de los extremados rigores que ron, y ejercen todavía una autoridad soberana so-
bre los hombres, fueron y son, Repúblicas ó princi- '
la malignidad de la fortuna me hace experimentar
pados. L o s principados son, ó hereditarios cuando
sin interrupción.
la familia del que los tiene, los poseyó por mucho
tiempo; ó son nuevos.
L o s nuevos son, ó nuevos en un todo (1), como
lo fué el de Milán para Francisco Sforzia (a)\ ó co-
mo miembros añadidos al Estado ya hereditario del
Principe que los adquiere; y tal es el reino de N á -
poles con respecto al R e y de España (ó).

( 1 ) T a l s e r á el mío. si D i o s m e d a v i d a . G .
a. Generalísimo de los ejércitos de l a República milanesa, los
condujo muy republicanamente á diversas victorias y conquistas,
y cuando, por medio del hechizado dominio que con ello adquiere
un G e n e r a l sobre los espíritus de los soldados, pudo disponer de
sus tropas á l a voluntad de su ambición, vino á sitiar y someter á
los republicanos de Milán; se hizo r e c i b i r en esta, ciudad como un
libertador, y consiguió de a l l í en breve que le proclamaran por
P r í n c i p e y Duque de todos los dominios milaneses.
b. Desde el año de 1442 en que Alfonso V , Rey de Aragón, se
O los Estados nuevos, adquiridos de estos dos
modos, están habituados á vivir bajo un Príncipe,
ó están habituados á ser libres.
O el Príncipe que los adquirió, lo hizo con las
armas ajenas, ó los adquirió con las suyas propias.
O la fortuna se los proporcionó; ó es deudor de CAPITULO II
ellos á su valor. de los príncipes hereditarios

h a b í a hecho proclamar Rey de Nápoles, conservaron los monar- Pasaré aquí en silencio las Repúblicas, á causa
c a s de E s p a ñ a este segundo reino hasta el de 1707.
de que he discurrido ya largamente sobre ellas en
otra obra («); y no dirigiré mis miradas mas que
hacia el Principado [_i]. Volviendo en mis discur-
sos á las distinciones que acabo de establecer, exa-
minaré el modo con que es posible gobernar y con-
servar los principados.
Digo, pues, que en los Estados hereditarios que
están acostumbrados á ver reinar la familia de su
Príncipe, hay menos dificultad para conservarlos (b),

[ i ] N o h a y m á s q u e e s t o de b u e n o , por m á s q u e d i g a n ;
pero m e e s p r e c i s o c a n t a r p o r el m i s m o t o n o q u e e l l o s , has-
ta n u e v a o r d e n . G .
a. Discurso sobre la Primera Década de Tito Livio.
b. Tácito dice que el que adquirió un imperio por medio del cri-
men y violencia, no puede conservarle haciendo uso repentinamen-
te de la blandura y antigua moderación: Non possc principatum
sceterc quoesitum subith modestia et priscá gravitóte retinen. [Hist.
II- Y previene que el vigor que conviene emplear para conservar
este imperio, es á menudo causa de perderle con la sublevación de
los subditos á quienes se les a c a b a la paciencia: a/que it/i, quam-
vis servifáo sue/i. patienliam abrumpant. [Ann. 12].
que cuando ellos son nuevos (2). El Príncipe en- pa Julio, en el de 1510, por el único motivo de que
tonces no tiene necesidad mas que de no traspasar su familia se hallaba establecida de padres en hijos,
el orden seguido por sus mayores, y de contempo- mucho tiempo hacía, en aquella soberanía.
rizar con los acaecimientos, después de lo cual le Teniendo el Príncipe natural menos motivos y
basta una ordinaria industria para conservarse siem- necesidad de ofender á sus gobernados, está más
pre, á no ser que haya una fuerza extraordinaria, y amado por esto mismo; y si no tiene vicios muy
llevada al exceso, que venga á privarle de su E s t a - irritantes que le hagan aborrecible, le amarán sus
do. Si él le pierde, le recuperará, si lo quiere, por gobernados naturalmente y con razón. L a antigüe-
más poderoso y hábil que sea el usurpador que se dad y continuación del reinado de su dinastía, hi-
ha apoderado de él (3). cieron olvidar los vestigios y causas de las mudan-
Tenemos para ejemplo, en Italia, al Duque de zas que le instalaron: lo cual es tanto más útil, cuan-
Ferrara, á quien no pudieron arruinar los ataques to una mudanza deja siempre una piedra angular
de los venecianos, en el año de 1484; ni los del Pa- para hacer otra [4].

( 2 ) P r o c u r a r é s u p l i r l o h a c i é n d o m e el d e c a n o de los de-
[ 4 ] ¡ C u á n t a s p i e d r a s a n g u l a r e s se m e d e j a n ! T o d o s l o s
m á s s o b e r a n o s d e E u r o p a . G.
m á s e s t á n todavía allí; y s e r í a m e n e s t e r que no q u e d a s e ni
( 3 ) L o v e r e m o s . L o q u e me f a v o r e c e , e s q u e no se lo s i q u i e r a u n o s o l o , p a r a q u e y o p e r d i e s e toda e s p e r a n z a .
he c o g i d o á é l , s i n o á un tercero q u e no e r a m a s q u e un V o l v e r é á hallar allí mis á g u i l a s , mis N . , mis bustos, mis
i n s u f r i b l e c e n a g a l d e r e p u b l i c a n i s m o . L a o d i o s i d a d de la e s t a t u a s , y aun q u i z á la c a r r o z a i m p e r i a l de mi c o r o n a c i ó n .
u s u r p a c i ó n no r e c a e s o b r e mí; l o s f o r j a d o r e s de f r a s e s al T o d o e s t o habla i n c e s a n t e m e n t e á los o j o s del p u e b l o en
sueldo mío lo han persuadido ya: ha destronado él mas mi f a v o r , y me trae á la m e m o r i a . E .
que á la anarquía. M i s d e r e c h o s al t r o n o de F r a n c i a n o es-
tán m a l e s t a b l e c i d o s e n la novela de L e m o n t . . . . E n cuan-
to al t r o n o de I t a l i a , t e n d r é una d i s e r t a c i ó n de M o n t g a
E s t o l e s e s n e c e s a r i o á l o s i t a l i a n o s q u e h a c e n de o r a d o -
res. B a s t a b a u n a n o v e l a p a r a los f r a n c e s e s . E l p u e b l o b a j o
q u e n o l e e , t e n d r á l a s h o m i l í a s de l o s o b i s p o s y c u r a s q u e
t e n g a h e c h o s ; y m á s t o d a v í a un c a t e c i s m o a p r o b a d o p o r el
l e g a d o del P a p a , no s e resistirá á e s t a m a g i a . N o le f a l t a
c o s a n i n g u n a , s u p u e s t o q u e el P a p a h a u n g i d o mi f r e n t e
i m p e r i a l . B a j o c u y o a s p e c t o d e b o p a r e c e r t o d a v í a m á s ina-
m o v i b l e q u e n i n g u n o d e l o s B o r b o n e s . R . J.

J" )¿p tTM/wvfr-SU }


124

«J
la necesidad en que aquel que es un nuevo Prínci-
pe, se halla natural y comúnmente de ofender á sus 4
nuevos súbditos, ya con tropas, ya con una infini-
dad de otros procedimientos molestos que el acto

CAPITULO

de los principados
III

mixtos
de su nueva adquisición llevaba consigo [2].
Con ello te hallas tener por enemigos todos aque-
llos á quienes has ofendido al ocupar este principa-
i
do, y no puedes conservarte por amigos á los que
Se hallan las dificultades en el principado mixto; 4 te colocaron en él, á causa de que no te es posible %
cr
y primeramente, si él no es enteramente nuevo, y satisfacer su ambición hasta el grado que ellos se
que no es mas que un miembro añadido á un prin- habían lisonjeado; ni hacer uso de medios rigurosos
cipado antiguo que y a se posee, y que por su reu- para reprimirlos, en atención á las obligaciones que v \ |
nión puede llamarse, en algún modo, un principado ellos te hicieron contraer con respecto á sí mis-
mixto [ i ] , sus incertidumbres dimanan de una difi- mos [3 |. Por más fuerte que un Príncipe sea con sus 6
cultad que es conforme con la naturaleza de todos ejércitos, tuvo siempre necesidad del favor de una
los principados nuevos. Consiste ella en que los parte á lo menos de los habitantes de la provincia,
hombres que mudan gustosos de señor con la espe- para entrar en ella. H é aquí por qué Luis XII, des-
ranza de mejorar su suerte [en lo que van errados], pués de haber ocupado Milán con facilidad, le per-
y que, con esta loca esperanza, se han armado con-
tra el que los gobernaba, para tomar otro, no tar- [2] P o c o m e i m p o r t a : el é x i t o justifica. R . C .
dan en convencerse por la experiencia, de que su ( 3 ) ¡ L o s b r i b o n e s ! M e dan á c o n o c e r c r u e l m e n t e e s t a
v e r d a d . S i n o l o g r a r a y o d e s e m b a r a z a r m e de su tiranía, m e
condición se ha empeorado (a). Esto proviene de sacrificarían. R . I .
A
vista la necesidad de vivir según los tiempos en que uno e s t á : " Se
[ i ] C o m o lo s e r á el mío s o b r e el P i a m o n t e , Toscana, metninisse temporum quibus natus sit; ulteriora mirari, preesertim
R o m a , etc. R. C. sequi, bonos imperatores expectore, qualescumque tolerare. (Tac.,
Hist. lib. 4). Claudio respondió á los embajadores de los Partos
a. Maquiavelo (Disc. lib. 3, cap. 2), llamaba sentencia de oro, que habían venido á pedirle otro Rey diferente del suyo: "Seme-
l a s p a l a b r a s de aquel Senado romano, que decía, "Admirándose jantes mudanzas no valen nada; y es necesario acomodarse lo me-
de lo pasado sin vituperar lo presente, y que aunque deseaba bue- jor que se pueda al genio de los reyes que se tienen: Ferenda re-
nos príncipes, soportaba pacientemente á los que no eran tales, guvi ingenia, ñeque usui crebras mutaliones." (Ann. 12).

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dió inmediatamente [ 4 ] ; y no hubo necesidad para y fortificó las partes más débiles de su anterior go-
quitárselo, esta primera vez, mas que de las fuerzas bierno (6).
de Ludovico; porque los milanesesque habían abier- Si, para hacer perder Milán al R e y de Francia la
to sus puertas al Rey, se vieron desengañados de primera vez, no hubiera sido menester mas que la
su confianza en los favores de su gobierno, y de la terrible llegada del Duque Ludovico hacia los con-
esperanza que habían concebido para lo venide- fines del milasenado, fué necesario para hacérsele
r o [s]> Y n o podían ya soportar el disgusto de t e - perder la segunda que se armasen todos contra él,
ner un nuevo Príncipe (6). y que sus ejércitos fuesen arrojados de Italia, ó des-
E s mucha verdad que al recuperar Luis X I I por truidos (7).
segunda vez los países que se habían rebelado, no Sin embargo, tanto la segunda como la primera
se los dejó quitar tan fácilmente, porque prevale- vez, se le quitó el Estado de Milán. Se han visto
ciéndose de la sublevación anterior, fué menos reser- los motivos de la primera pérdida suya que él hizo,
vado en los medios de consolidarse (c). Castigó y nos resta conocer los de la segunda, y decir los
á los culpables; quitó el velo á los sospechosos, medios que él tenía, y que podía tener cualquiera
que se hallara en el mismo caso, para mantenerse
( 4 ) N o m e lo h u b i e r a n q u i t a d o l o s A u s t r o - R u s o s , si y o
en su conquista mejor que lo hizo (8).
h u b i e r a p e r m a n e c i d o a l l í , el a ñ o d e 1798. R . C . Comenzaré estableciendo una distinción: ó estos
[ 5 ] A lo m e n o s y o n o h a b í a e n g a ñ a d o l a s e s p e r a n z a s de Estados que, nuevamente adquiridos, se reúnen con
l o s q u e m e h a b í a n a b i e r t o s u s p u e r t a s en el a ñ o de 1796.
R. C.
[6] A l o c u a l m e d e d i q u é al r e c u p e r a r e s t e p a í s en el
b. Tácito refiere que los P a r t o s recibieron con los brazos abier- a ñ o de 1800. P r e g ú n t e s e al P r í n c i p e C a r l o s si m e fué bien
tos á Tiridates, esperando que él los tratara mejor que los h a b í a
tratado A r t a b a n o ; y que de allí á breve tiempo aborrecieron á T i - c o n ello. R . I.
ridates tanto como le h a b í a n amado: Qui Artabanum ob seevitiam N o e n t i e n d e n n a d a en e s t o , y v a n p a r a mí l a s c o s a s á pe-
execrati come Tiridatis ingenium sperabant ad Artabanum ver- dir de b o c a . E .
tere, etc. (Ann. 6).
[7] N o sucederá esto ya. R . C.
c. Habiendo reconquistado Rhadamisto l a Armenia, de l a que
le habían echado sus gobernados, se condujo con ellos como con [8] S é m á s q u e M a q u i a v e l o s o b r e e s t e p a r t i c u l a r . R . C .
unos rebeldes que no a g u a r d a b a n mas que l a ocasión de suble- E s t o s m e d i o s , no t i e n e n e l l o s ni aun s i q u i e r a v i s o s de
varse otra vez: Vacuam rursús Armeniam mvasit, truculentior qu&m
anteé; tamquám adversas defectores, et in tempore revellaturos. s o s p e c h a r l o s ; y les a c o n s e j a n o t r o s c o n t r a r i o s : m e j o r q u e
(Ann. 12). mejor. E .
un Estado ocupado mucho tiempo hace por el que que poseía estos Estados [ 1 2 ] ; la otra, que el Prín-
los ha conseguido, se hallan ser de la misma pro- cipe que es nuevo no altere sus leyes, ni aumente
vincia, tener la misma lengua, ó esto no sucede así. los impuestos [ 1 3 ] ; con ello, en brevísimo tiempo,
Cuando ellos son de la primera especie, hay su- estos nuevos Estados pasarán á formar un solo cuer-
ma facilidad en conservarlos, especialmente cuando po con el antiguo suyo [14].
no están habituados á vivir libres en República (9). Pero cuando se adquieren algunos Estados en un
Para poseerlos seguramente, basta haber extingui- país que se diferencia en las lenguas, costumbres 3T
do la descendencia del Príncipe que reinaba en constitución, se hallan entonces las dificultades (15);
ellos (10); porque en lo restante, conservándoles sus y es menester tener bien propicia la fortuna, y una
antiguos estatutos, y no siendo alií las costumbres suma industria, para conservarlos (d). Uno de los
diferentes de las del pueblo á que los reúnen, per- mejores más eficaces medios á este efecto, sería
manecen sosegados, como lo estuvieron la Borgoña, 1 que el que la adquiere, fuera á residir en ellos (<?);
Bretaña, Gascuña y Normandía, que fueron reuni- los poseería entonces del modo más seguro y dura-
das á la Francia, mucho tiempo hace ( n ) . Aunque ble, como lo hizo el Turco con respecto á la G r e -
hay, entre ellas, alguna diferencia de lenguaje, las cia. A pesar de todos los demás medios de que se
costumbres, sin embargo, se asemejan allí, y estas
[12] L e ayudarán. G.
diferentes provincias pueden vivir, no obstante, en
[ 1 3 ] S i m p l e z a de M a q u i a v e l o . ¿ P o d í a c o n o c e r él tan
buena armonía. bien c o m o y o , t o d o el d o m i n i o de la f u e r z a ? L e d a r é b i e n
p r o n t o u n a l e c c i ó n c o n t r a r i a en su p a í s m i s m o , en T o s c a -
E n cuanto al que hace semejantes adquisiciones,
n a , c o m o t a m b i é n e n el P i a m o n t e , P a r m a , R o m a , e t c . , e t c .
si él quiere conservarlas, le son necesarias dos co- R . I.
sas: la una, que se extinga el linage del Príncipe [ 1 4 ] C o n s e g u i r é l o s m i s m o s r e s u l t a d o s sin e s t a s p r e c a u -
c a u c i o n e s de la d e b i l i d a d . R . I.
[15] ¡Otra simpleza! ! L a f u e r z a ! R . I.
(9) Aun cuando lo estuvieran, sabría yo bien reducir-
los. G . 1i. L a diversidad de l a s costumbres ocasiona frecuentes disen-
siones: Ex diversitate inorttm crebra bella, dice Tácito (Hist. 5).
( 1 0 ) N o rae o l v i d a r é d e e s t o en c u a n t a s p a r t e s e s t a b l e z - e. En este sentido decían á Tiberio que él hubiera debido ir á
ca y o dominación. G . mostrar l a majestad imperial á unos pueblos amotinados, porque
á su simple vista hubieran vuelto á la obediencia. Iré ipsiim et op-
( n ) L a B é l g i c a q u e no l o e s t á m a s q u e p o c o h á , s u m i - ponere majestatcm imperatoriam debuisse, eessuri ubi principem vi-
n i s t r a , g r a c i a s á mí, un b e l l o e j e m p l o de e l l o . R . C . dissent. (Ann. 1).
valía para conservarla, no lo hubiera logrado, si no El mejor medio después del precedente, consiste
hubiera ido á establecer allí su residencia [ 1 6 ] . en enviar algunas colonias á uno ó dos parajes que
sean como la llave de este nuevo Estado: á falta de
Cuando el Príncipe reside en este nuevo Estado,
lo cual sería preciso tener allí mucha caballería é in-
si se manifiestan allí desórdenes, puede reprimirlos
fantería (20). Formando el Príncipe semejantes co-
muy prontamente; en vez de que si reside en otra
lonias, no se empeña en sumos dispendios; porque
parte, y que los desórdenes no son de gravedad, no
aun sin hacerlos, ó haciéndolos escasos, las envía y
hay remedio ya.
mantiene allí. E n ello, no ofende mas que á aque-
Cuando permaneces allí, no es despojada la pro-
llos de cuyos campos y casas se apodera para dar-
vincia por la codicia de los empleados (17); y los
los á los nuevos moradores, que no componen, todo
súbditos se alegran más de poder recurrir a un Prín-
bien considerado, mas que una cortísima parte de
cipe que está cerca de ellos, que no á un Príncipe
este Estado; y quedando dispersos y pobres aque-
distante que le vería como extraño: tienen ellos más
llos á quienes ha ofendido, no pueden perjudicarle
ocasiones de cogerle amor (18). si quieren ser bue-
nunca {21). Todos los demás que no han recibido
nos; y temor, si quieren ser malos. Por otra parte,
ninguna ofensa en sus personas y bienes, se apaci-
el extranjero que hubiera apetecido atacar este Es-
guan fácilmente, y son temerosamente atentos á no
tado, tendrá más dificultad para determinarse á ello.
hacer faltas, á fin de que no les acaezca el ser des-
Así, pues, residiendo el Príncipe en él, no podrá
pojados como los otros (22). De lo cual es menes-
perderle, sin que se experimente una suma dificul-
ter concluir que estas colonias que no cuestan nada
tad para quitársele (19).
ó casi nada, son más fieles y perjudican menos; y
que hallándose pobres y dispersos los ofendidos, no
[ 1 6 ] L o s u p l i r é con v i r e y e s , ó r e y e s q u e n o s e r á n m a s
que dependientes míos: no harán nada, mas que por orden
pueden perjudicar como ya he dicho (23).
m i a ; sin lo c u a l , destituidos. R . I.

( 1 7 ) C o n v i e n e c i e r t a m e n t e q u e e l l o s se e n r i q u e z c a n , si (20) Ad ábundantiatn juris. Se hace uno y otro. R . C.


p o r o t r a p a r t e m e s i r v e n á mi d i s c r e c i ó n . R . C .
( 2 1 ) E s h a r t o b u e n a la r e f l e x i ó n ; y m e a p r o v e c h a r é de
C'18) T é m a n m e e l l o s y e s t o m e b a s t a . R. I. ella. R. C .
t i ? ) I m p o s i b l e c o n r e s p e c t o á mí. E l t e r r o r de mi n o m - ( 2 2 ) H é a q u í c o m o los q u i e r o . R . C .
b r e v a l d r á a l l í mi p r e s e n c i a . R . C . ( 2 3 ) E j e c u t a r é todo e s t o en el P i a m o n t e , al r e u n i r l e á la

J J . F t r - r f w o drv^cr<uu f ' * " * 1


Debe notarse que los hombres quieren ser acari- sojuzgados dentro de su casa [27]. Este medio pa-
ciados ó reprimidos, y que se vengan de las o f e n - ra guardar un Estado es, pues, bajo todos los as-
sas, cuando son ligeras (24). No pueden hacerlo pectos, tan inútil como el de las colonias es útil.
cuando ellas son graves; así, pues, la ofensa que se El Príncipe que adquiere una provincia cuyas
hace á un hombre, debe ser tal que le inhabilite pa- costumbres y lenguaje no son los mismos que los
ra hacerlos temer su venganza (25). de su Estado principal, debe hacerse también allí
Si, en vez de colonias, se tienen tropas en estos el jefe y protector de los príncipes vecinos que son
nuevos Estados, se expende mucho, porque es me- menos poderosos que él, é ingeniarse para debilitar
nester consumir, para mantenerlas, cuantas rentas á los más poderosos de ellos [28]. Debe, además,
se sacan de semejantes Estados [26]. L a adquisi- hacer de modo que un extranjero tan poderoso co-
ción suya que se ha hecho, se convierte entonces en mo él, no entre en su nueva provincia; porque acae-
pérdida, y ofende mucho más, porque ella perjudi cerá entonces que llamarán allí á este extranjero,
ca á todo el país con los ejércitos que es menester los que se hallen descontentos con motivo de su mu-
alojar allí en las casas particulares. Cada habitante cha ambición ó de sus temores [29]. Así fué como
experimenta la incomodidad suya; y son unos e n e - los etolios introdujeron á los romanos en la Grecia
migos que pueden perjudicarle, aun permaneciendo y demás provincias en que estos entraron; los lla-
maban allí siempre los habitantes (30).
F r a n c i a . T e n d r é allí, p a r a m i s c o l o n i a s , de a q u e l l o s b i e n e s
c o n f i s c a d o s y a a n t e s d e m í , y q u e e s t á a c o r d a d o l l a m a r na- El orden común de las causas es que luego que
cionales. G.
(24) N o veo hacerlas m a s que ligeras á los míos p o r es- [27] N o los temo, c u a n d o los forzo á quedarse en ella; y
píritu de benignidad; no se v e n g a r á n menos de ellas en be- d e la q u e n o s a l d r á n , á lo m e n o s p a r a r e u n i r s e c o n t r a m í .
n e f i c i o m í o . ¿ S e s a b e el a, b, c del a r t e d e r e i n a r , c u a n d o s e R. C.
i g n o r a q u e d e s a g r a d a n d o c o n p o c o , e s c o m o si s e d e s a g r a -
dara con mucho? E . [28] P a r a ello n o h a y m e j o r m e d i o q u e d e s p o s e e r l o s , y
a p o d e r a r s e de sus d e s p o j o s . M o d e n a , P l a c e n c i a , P a r m a ,
( 2 5 ) N o he o b s e r v a d o b a s t a n t e bien e s t a r e g l a ; p e r o Nápoles, R o m a y Florencia proporcionaron otros nuevos.
e l l o s a r m a n á a q u e l l o s á q u i e n e s o f e n d e n , y estos. 1 o f e n d i - R. C.
dos me pertenecen. E .
[ 2 9 ] S o b r e e s t o a g u a r d o á la A u s t r i a , e n L o m b a r d i a . G .
( 2 6 ) L a s c a r g á u n o m u y b i e n á fin d e q u e quede algo
[ 3 0 ] L o s que p u e d e n l l a m a r s e en L o m b a r d i a , n o s o n
p a r a sí. R . C.
romanos. G .
un poderoso extranjero entra en un país, todos los en las provincias que ellos habían conquistado. En-
demás príncipes que son allí menos poderosos, se viaron allá colonias, mantuvieron á los príncipes de
le unan por un efecto de la envidia que habían con- las inmediaciones menos poderosos que ellos, sin
cebido contra el que los sobrepujaba en poder, y á aumentar su fuerza; debilitaron á los que tenían
los que él ha despojado ( 3 1 ) . E n cuanto á estos tanta como ellos mismos, y no permitieron que las
príncipes menos poderosos, no hay mucho trabajo potencias extranjeras adquiriesen allí consideración
en ganarlos; porque todos juntos formarán gustosos ninguna (35 ). Me basta citar para ejemplo de esto
cuerpo con el E s t a d o que él ha conquistado ( 3 2 ) . la Grecia, en que ellos conservaron á los acayos y
El único cuidado que ha de tenerse, es el de impe- etolios, humillaron el reino de Macedonia y echa-
dir que ellos adquieran mucha fuerza y autoridad. ron á Antioco ( 3 6 ) . El mérito que los acayos y
El nuevo Príncipe, con el favor de ellos y sus pro- etolios contrajeron en el concepto de los romanos,
pias armas, podrá abatir fácilmente á los que son no fué suficiente nunca para que estos les permi-
poderosos, á fin de permanecer en todo el árbitro tiesen engrandecer ninguno de sus Estados ( 3 7 ) .
de aquel país ( 33 ). Nunca los redujeron los discursos de Filipo hasta el
El que no gobierne hábilmente esta parte, per grado de tratarle como amigo sin abatirle; ni nunca
derá bien pronto lo que él adquirió; y mientras que el poder de Antioco pudo reducirlos á permitir que
lo tenga, hallará en ello una infinidad de dificulta- él tuviera ningún Estado en aquel país (38).
des y sentimientos ( 3 4 ) .
Los romanos hicieron en aquellas circunstancias
L o s romanos guardaron bien estas precauciones
lo que todos los príncipes cuerdos deben hacer cuan-
do tienen miramiento, no solamente con los actua-
( 3 1 ) ¡ Q u é buen s o c o r r o hallaría la A u s t r i a c o n t r a mí, en
las flojas p o t e n c i a s a c t u a l e s de Italia! G . les perjuicios, sino también con los venideros, y que
(32) ¡ G a n a r l o s ! N o me t o m a r é este t r a b a j o , estarán obli- quieren remediarlos con destreza. E s posible ha-
g a d o s con mi f u e r z a á f o r m a r c u e r p o c o n m i g o , especial-
mente en mi plan de C o n f e d e r a c i ó n del R h i n . R . I.
(35) S e cuida de desacreditarlas allí. R . C .
( 3 3 ) B u e n o de c o n s u l t a r para mis p r o y e c t o s s o b r e la
Italia y A l e m a n i a . G . (36) ¿ P o r q u é no todos los d e m á s ? R. C.
(34) M a q u i a v e l o se admiraría del arte con q u e supe aho- (37) N o era e s t o b a s t a n t e : los hijos de R ó m u l o tenían
rrármelos. R. 1. todavía necesidad de mi escuela. R . I.
(38) E s lo m e j o r q u e ellos hicieron. R . C.
cerlo precaviéndolos de antemano; pero si se aguar- hacerla contra Filipo y Antioco en Grecia, era p a -
da á que sobrevengan, no es ya tiempo de reme- ra no tener que hacérsela en Italia ( / ) . Podían
diarlos, porque la enfermedad se ha vuelto incura- evitar ellos entonces á uno y otro; pero no quisie-
ble. Sucede, en este particular, lo que los médicos ron, ni les agradó aquel consejo de gozar de los be-
dicen de la tisis, que, en los principios, es fácil de neficios del tiempo, que no se les cae nunca de la
curar, y difícil de conocer; pero que, en lo sucesivo, boca á los sabios d o nuestra era ( 4 1 ) . Les acomo-
si no la conocieron en su principio, ni le aplicaron dó más el consejo de su valop^r prudencia, el tiem-
remedio ninguno, se hace, en verdad, fácil de cono- po que echa abajo cuanto subsiste, puede acarrear
cer, pero difícil de curar ( 3 9 ) . Sucede lo mismo consigo tanto el bien como el mal, pero igualmente
con las cosas del Estado: si se conocen anticipada- tanto el mal como el bien (42 ).
mente Jos males que pueden manifestarse, lo que Volvamos á la Francia, 3- examinaremos si ella
no es acordado mas que á un hombre sabio bien hizo ninguna de estas cosas. Hablaré, no de C a r -
prevenido, quedan curados bien pronto; pero cuan- los VIII, sino de L u i s XII, como de aquel cuyas
do, por no haberlos conocido, les dejan tomar in- operaciones se conocieron mejor, visto que él con-
cremento de modo que llegan al conocimiento de servó por más tiempo sus posesiones en Italia; y se
todas las gentes, no hay ya arbitrio ninguno para verá que hizo lo contrario para retener un Estado
remediarlos. Por esto, previendo los romanos de de diferentes costumbres 3' lenguas {43).
lejos los inconvenientes, les aplicaron el remedio
( 4 1 ) S o n u n o s c o b a r d e s , y si se pusieran en mi presen-
siempre en su principio, y no les dejaron seguir nun- c i a a l g u n o s c o n s e j e r o s de e s t e t e m p l e , l o s . . . . R . C .
ca su curso por el temor de una guerra. Sabían que ( 4 2 ) E s m e n e s t e r s a b e r d o m i n a r s o b r e u n o v otro. G .
ésta no se evita; y que si la diferimos, es siempre ( 4 3 ) P r e s c r i b i r é a l l í el u s o de la l e n g u a francesa, c o m e n -
z a n d o p o r el P i a m o n t e q u e e s la p r o v i n c i a más p r ó x i m a á
con provecho ajenó (40). Cuando ellos quisieron
la F r a n c i a . N i n g u n a c o s a m á s e f i c a z para introducir las
c o s t u m b r e s d e un p u e b l o en o t r o e x t r a n j e r o , que acreditar
a l l í su l e n g u a . G .
[30] M a q u i a v e l o t e n í a el á n i m o e n f e r m o al e s c r i b i r e s t o ,
ó había v i s t o á su m é d i c o . R . I. / . Fué estilo de los romanos el pelear lejos de su país: Futí pro-
prium populi romani longe A domo beüare.. Tiberio siguió siem-
[40] I m p o r t a n t e m á x i m a , de q u e m e e s p r e c i s o f o r m a r pre esta máxima: " E s menester, conservando lo que uno tiene,
u n a de las p r i n c i p a l e s r e g l a s de mi m a r c i a l v p o l í t i c a c o n - gobernar l a s cosas e x t r a n j e r a s con la sabiduría y astucia, y te-
ducta. G. ner lejos sus ejércitos: Destínala re/inens consUiis el as/u res e.v-
El Rey Luis fué atraído á Italia por la ambición labra, salieron á recibirle para solicitar su amis-
de los venecianos que querían, por medio de su lle- tad ( 4 5 ) . L o s venecianos debieron reconocer en-
gada, ganar la mitad del Estado de Lombardía. tonces la imprudencia de la resolución que ellos ha-
No intento afear este paso del Rey, ni su resolución bían tomado, únicamente para adquirir dos terri-
sobre este particular; porque queriendo empezar á torios de la provincia lombarda; é hicieron al Rey
poner el pie en Italia, no teniendo en ella amigos, dueño de los dos tercios de la Italia (46).
y aun viendo cerradas todas las puertas á causa de Que cada uno ahora comprenda con cuán poca
los estragos que allí había hecho el R e y Carlos V I I I , dificultad podía Luis XII, si hubiera seguido las re-
se veía forzado á respetar los únicos aliados que pu- glas de que acabamos de hablar, conservar su repu-
diera haber allí (44) ; y su plan hubiera tenido un tación en Italia, y tener seguros y bien defendidos
completo acierto, si él no hubiera cometido falta á cuantos amigos se había hecho él allí. Siendo nu-
ninguna en las demás operaciones. L u e g o que hubo merosos estos, débiles por otra parte, y temiendo
conquistado pues la Lombardía, volvió á ganar re- el uno al Papa, y el otro á los venecianos, se veían
pentinamente en Italia la consideración que Carlos siempre en la precisión de permanecer con él; y
había hecho perder en ella á las armas francesas. por medio de ellos le era contener fácilmen-
p o s i b l e

Génova cedió; se hicieron amigos suyos los floren- te lo que había de más poderoso en toda la Penín-
tinos; el Marqués de Mantua, el D u q u e de Ferra-
sula ( 4 7 ) . , , ,
ra, Bentivoglio (Príncipe de B o l o n i a ) , el señor de Pero apenas llegó el Rey á Milán, cuando obro
Forli, los de Pézaro, Rímini, Camerino, Piombino, de un modo contrario, supuesto que ayudó al Papa
los Luqueses, Pisanos, Sieneses, todos, en una pa-
( + 5 ) H e s a b i d o p r o p o r c i o n a r m e y a el m i s m o h o n o r , y no
( 4 4 ) M e era m u c h o m á s fácil c o m p r a r á los g e n o v e s e s , haré c i e r t a m e n t e l a s m i s m a s f a l t a s . G.
q u e , p o r e s p e c u l a c i ó n fiscal, m e d i e r o n e n t r a d a en I t a - ( 4 6 ) L o s l o m b a r d o s á q u i e n e s a p a r e n t é dar la V a l t e l i n a
lia. G .
el B e r g a m a s c o , M a n t u a n o , B r e s a a n o , e . . , -
ternas moliri, arma procul habere. [ T á c . . A n n . 6]. A s í obraban les la m a n í a r e p u b l i c a n a , m e h i c i e r o n
los romanos para conservar las riquezas y libertad de la I t a l i a , D u e ñ o u n a v e z de su t e r r i t o r i o , t e n d r e bien p r o n t o lo
porque si los extranjeros hubieran puesto el pie en ella, hubieran
podido valerse de las armas y riquezas del p a í s ; lo cual hubiera tante de la I t a l i a . G .
debilitado á los romanos. P o r esto A n í b a l d e c í a á Antioco que no ( 4 7 ) N o t e n d r é n e c e s i d a d de ellos p a r a conseguir esta
era posible vencerlos mas que en Italia.
ventaja. G.
POR NAPOLEÓN

Alejandro V I á apoderarse de la Romaña. No echó


de ver que con esta determinación, se hacía débil
por una parte, desviando de sí á sus amigos y á los
que habían ido á ponerse bajo su protección; y que, El deseo de adquirir es, á la verdad, una cosa or-
por otra, extendía el poder de Roma [48], agre- dinaria y muy natural; y los hombres que adquie
gando una tan vasta dominación temporal á la potes- ren, cuando pueden hacerlo, serán alabados v nun-
tad espiritual que le daba ya tanta autoridad (49).
ni«T/er\ P°r d l ° Per° CUand» pueden
Esta primera falta le puso en la precisión de c o - ni quieren hacer su adquisición, como conviene en
esto consiste el error y motivo de vituperio (,3).
meter otras; de modo que para poner un término á
la ambición de Alejandro, é impedirle hacerse due- Si la Francia, pues, podía atacar con sus fuerzas
ño de la Toscana, se vió obligado á volver á Italia. Ñapóles, debía hacerlo; si no lo podía, no debía di-
No le bastó el haber dilatado los dominios del vidir aque remo: y si la repartición que ella hizo
Papa, y desviado á sus propios amigos; sino que el de la Lombardia con los venecianos, es digna de
deseo de poseer el reino de Nápoles, se le hizo re- disculpa á causa de que halló el R e y en ello un me-
partir con el R e y de España [50]. Así, cuando él dio de poner el pie en Italia, la empresa sobre N a -
era el primer árbitro de la Italia, tomó en ella á un -b p o l e ^ merece condenarse á causa de que no había
asociado, al que cuantos se hallaban descontentos motivo ninguno de necesidad que pudiera discul-
parla (54).
con él, debían recurrir naturalmente; y cuando le
era posible dejar en aquel reino á un R e y que no Luis había cometido pues cinco faltas, en cuan-
era y a mas que pensionado suyo ( 5 1 ) , le echó to_había d e struido las reducidas potencias de Ita-

[48] Falta enorme. G. J „ 5 2 ] V ¡ é n d ° m e p r , e c i s a d o á r e t i r a r de a l l í á mi l o s é no


e s t o y sin t e m o r e s s o b r e el s u c e s o r q u e le d o y . R. I
[49] E s p r e c i s o a b s o l u t a m e n t e q u e e m b o t e y o l o s d o s L53J N o f a l t a r á n a d a á l a s mías. G
filos de su c u c h i l l a . L u i s X I I no e r a m a s q u e un i d i o t a . G . [54] S e le h a c e n a c e r . G.
[50] L o h a r é t a m b i é n ; p e r o el r e p a r t i m i e n t o q u e y o ha-
g a , n o m e q u i t a r á la s u p r e m a c í a ; y mi b u e n José n o m e la
d i s p u t a r á . R . I.

[ 5 1 ] C o m o lo s e r á el q u e y o p o n g a allí. R . I.
jar nacer un desorden para evitar una guerra, por-
lia (55), aumentado la dominación de un Principe que acabamos no evitándola: la diferimos única-
ya poderoso, introducido á un extranjero que lo era mente; y no es nunca mas que con sumo perjuicio
mucho, no residido allí él mismo, ni establecido co- nuestro [58].
Y si algunos otros alegaran la promesa que el Rey
lonias. ,, .
Estas faltas, sin embargo, no podían perjudicar- había hecho al Papa, de ejecutar en favor suyo es*
le en vida suya, si él no hubiera cometido una sex- • ta empresa para obtener la disolución de su matri-
ta- la de ir á despojar á los venecianos ( 56 ). t,ra monio con Juana de Francia, 3' el capelo de Carde-
cosa muy razonable y aun necesaria el abatirlos, nal para el Arzobispo de Ruán, responderé á esta
aun cuando él no hubiera dilatado los dominios de objeción con las explicaciones que daré ahora mis-
la M e s i a , ni introducido á la España en Italia; pe- mo sobre la fe de los príncipes y modo con que de-
ro no debía consentir en la ruina de ellos, porque ben guardarla ( 5 9 ) .
siendo poderosos de sí mismos, hubieran tenido dis- El Rey Luis perdió pues la Lombardía por no
tantes siempre d e toda empresa sobre L o m b a r d a haber hecho nada de lo que hicieron cuantos toma-
á los otros, ya porque los venecianos no hubieran ron provincias y quisieron conservarlas. No hay en
consentido en ello sin ser ellos mismos los dueños, ello milagro, sino una cosa razonable y ordinaria.
va porque los otros no hubieran querido quitarla a Hablé en Nantes de esto con el Cardenal de Ruán,
la Francia para dársela á ellos, ó no tenido la a u - cuando el Duque de Valentinois, al que llamaban
dacia de ir á atacar á estas dos potencias L57 ]. vulgarmente César Borgia, hijo de Alejandro, ocu-
Si alguno dijera que el Rey Luis no cedió la Ro- paba la Romaña; y habiéndome dicho el Cardenal
maña á Alejandro, y el reino de Nápoles á la Es- que los italianos no entendían nada de la guerra, le
paña, mas que para evitar una g u e r r a , respondería respondí que los franceses no entendían nada de las
con las razones y a expuestas, que no debemos de-
(58) A l primer d e s c o n t e n t o , declarad la guerra: conoci-
r--] N o e r a u n a , si él no h u b i e r a c o m e t i d o las otras. G. da una v e z e s t a prontitud de resolución, hace circunspec-
(56) S u f a l t a c o n s i s t i ó en no haber t o m a d o bien el tiem- tos á v u e s t r o s e n e m i g o s . G .

p o de ello. G . . . (59) A q u í e s t á el m a y o r arte de la política; y mi dicta-


( , 7 ) E l r a c i o c i n i o e s b a s t a n t e b u e n o para aquel t i e m p o . men es quo 110 p o d e m o s poseerle bastante lejos. G .
R . I.
cosas de Estado, porque si ellos hubieran tenido in-
teligencia en ellas, no hubieran dejado tomar al Pa-
pa un tan grande incremento de dominación tem-
poral ( 6 o ) . S e vió por experiencia que la que el
Papa y la España adquirieron en Italia, les había
venido de la Francia, y que la ruina de esta última C A P I T U L O IV

en Italia dimanó del Papa y de la España (61). D e


r-orqüe ocupado e l r e i n o de d a r í o por alejandro,
lo cual podemos deducir una regla general que no
n'o s e r e b e l ó c o n t r a los sucesores de í:ste
engaña nunca, ó que á lo menos no extravía mas
que raras veces: es que el que es causa de que otro despuíís d e su m u e r t e ( i).

se vuelva poderoso, obra su propia ruina [62]. N o


Considerando las dificultades que se experimen-
le hace volverse tal mas que con su propia fuerza ó
tan en conservar un E s t a d o adquirido recientemen-
industria; y estos dos medios de que él se ha mani-
te, podría preguntarse con asombro, como sucedió
festado provisto, permanecen muy sospechosos al
que hecho dueño Alejandro Magno del Asia en un
Príncipe que, por medio de ellos, se volvió más po-
corto número de años, y habiendo muerto á po-
deroso [63 j.
co tiempo de haberla conquistado, sus sucesores, en
una circunstancia en que parecía natural que todo
(60) ¿ E r a menester más para que R o m a anatematizara
á Maqüiavelo? G.
este Estado se pusiese en rebelión, le conservaron
( 6 1 ) E l l o s m e l o p a g a r á n c a r o . R . I. sin embargo { 2), y no hallaron para ello más difi-
( 6 2 ) L o q u e n o haré n u n c a . G . cultad que la que su ambición individual ocasionó
( 6 3 ) L o s e n e m i g o s no a p a r e n t a n r e c e l a r l o , G . entre ellos ( 3 ) . H é aquí mi respuesta": los prinet-

( r ) A t e n c i ó n á e s t o : n o p u e d o casi p r o m e t e r m e nías q"üe


t r e i n t a a ñ o s de r e i n a d o , y q u i e r o tener h i j o s i d ó n e o s p a r a
sucederme. R. i.
( 2 ) L e c o n t e n í a el p o d e r del s o l o n o m b r e de A l e j a n d r o .
R. I.
(31 C a r i o M a g n o se m o s t r ó m á s s a b i o q u e lo h a b í a sido
cosas de Estado, porque si ellos hubieran tenido in-
teligencia en ellas, no hubieran dejado tomar al Pa-
pa un tan grande incremento de dominación tem-
poral ( 6 o ) . S e vió por experiencia que la que el
Papa y la España adquirieron en Italia, les había
venido de la Francia, y que la ruina de esta última C A P I T U L O IV

en Italia dimanó del Papa y de la España (61). D e


r - o r q ü e o c u p a d o EL R E I N O DE DARÍO TOR ALEJANDRO,
lo cual podemos deducir una regla general que no
n'o s e r e b e l ó C O N T R A l o s S U C E S O R E S d e í:ste
engaña nunca, ó que á lo menos no extravía mas
que raras veces: es que el que es causa de que otro DESrUÍíS d e SU M U E R T E { i ) .

se vuelva poderoso, obra su propia ruina [62]. N o


Considerando las dificultades que se experimen-
le hace volverse tal mas que con su propia fuerza ó
tan en conservar un E s t a d o adquirido recientemen-
industria; y estos dos medios de que él se ha mani-
te, podría preguntarse con asombro, como sucedió
festado provisto, permanecen muy sospechosos al
que hecho dueño Alejandro Magno del Asia en un
Príncipe que, por medio de ellos, se volvió más po-
corto número de años, y habiendo muerto á po-
deroso [63 j.
co tiempo de haberla conquistado, sus sucesores, en
una circunstancia en que parecía natural que todo
(60) ¿ E r a menester más para que R o m a anatematizara
á Maqüiavelo? G.
este Estado se pusiese en rebelión, le conservaron
( 6 1 ) E l l o s m e l o p a g a r á n c a r o . R . I. sin embargo { 2), y no hallaron para ello más difi-
( 6 2 ) L o q u e n o haré n u n c a . G . cultad que la que su ambición individual ocasionó
( 6 3 ) L o s e n e m i g o s no a p a r e n t a n r e c e l a r l o , G . entre elios ( 3 ) . H é aquí mi respuesta": los princt-

( r ) A t e n c i ó n á e s t o : n o p u e d o casi p r o m e t e r m e nías qUe


t r e i n t a a ñ o s de r e i n a d o , y q u i e r o tener h i j o s i d ó n e o s p a r a
sucederme. R. i.
( 2 ) L e c o n t e n í a el p o d e r del s o l o n o m b r e de A l e j a n d r o .
R. I.
(31 C a r i o M a g n o se m o s t r ó m á s s a b i o q u e lo h a b í a sido
pados conocidos son gobernados de uno ú otro dees- son, en nuestros días, el del Turco y el del Rey de
tos dos modos; el primero consiste en serlo por un Francia. T o d a la monarquía del Turco está gober-
Príncipe, asistido de otros individuos que, perma- nada por un señor único; sus adjuntos no son mas
neciendo siempre súbditos bien humildes al lado que criados suyos; y dividiendo en provincias su
suyo, son admitidos por gracia ó concesión en clase reino, envía á ellas diversos administradores á los
de servidores solamente, para ayudarle á gobernar. cuales muda y coloca en nuevo puesto á su anto-
El segundo modo con que se gobierna, se compone jo ( 6 ) . Pero el Rey de Francia se halla en medio
de un Príncipe, asistido de barones, que tienen su de un sinnúmero de personajes, ilustres por la an-
puesto en el Estado, no de la gracia del Príncipe, tigüedad de su familia, señores ellos mismos en el
sino de la antigüedad de su familia. Estos barones Estado, y reconocidos como tales por sus particu-
mismos tienen Estados y gobernados que los reco- lares gobernados, quienes por otra parte les profe-
nocen por señores suyos, y les dedican su afecto na- san afecto. Estos personajes tienen preeminencias
turalmente ( 4 ) . personales, que el Rey no puede quitarles sin peli-
El Príncipe en los primeros de estos Estados en grar él mismo (7).
que gobierna él con algunos ministros esclavos tie- Así, cualquiera que se ponga á considerar atenta-
ne más autoridad, porque en su provincia no hay mente uno y otro de estos dos Estados, hallará que
ninguno que reconozca á otro más que á él por su- habría suma dificultad en conquistar el del Turco;
perior; y si se obedece á otro, no es por un particu- pero que si uno le hubiera conquistado, tendría una
lar afecto á su persona, sino solamente porque él es grandísima facilidad en conservarle. Las razones
Ministro y empleado del Príncipe ( 5 ) . de las dificultades para ocuparle son que el con-
Los ejemplos de estas dos especies de gobiernos quistador no puede ser llamado allí de las provin-
cias de este imperio, ni esperar ser ayudado en esta
aquel loco de A l e j a n d r o , q u e q u i s o que sus s u c e s o r e s cele- empresa con la rebelión de los que el Soberano tie-
brasen sus e x e q u i a s con las a r m a s en la m a n o . R. 1.
( 4 ) A n t i g u a l l a feudal q u e t e m o c i e r t a m e n t e v e r m e obli- (6) Son r e s p e t a b l e s siempre los antojos de los empera-
g a d o á resucitar, si mis g e n e r a l e s p e r s i s t e n en h a c e r m e la
dores. T i e n e n e l l o s sus motivos para concebirlos. R . I.
ley de ello. R . I.
( 7 ) N o t e n g o á lo m e n o s este estorbo, aunque SÍ otros
( 5 ) ¡ F a m o s o ! h ré todo p a r a l o g r a r l o . R . 1.
l u i v a l e n t e s . R . I.
ne al lado suyo: lo cual dimana de las razones ex- be cogerles miedo ninguno después de haber ven-
cido (11).
puestas más arriba (8). Siendo todos esclavos su-
Sucederá lo contrario en los reinos gobernados
yos, y estándole reconocidos por sus favores, no es
como el de Francia. Se puede entrar allí con faci-
posible corromperlos tan fácilmente; y aun cuan-
lidad, ganando á algún barón, porque se hallan
do se lograra esto, no podría esperarse mucha uti-
siempre algunos malcontentos del genio de aquellos
lidad, porque no les sería posible atraer hacia sí á
que apetecen mudanzas (12). Estas gentes, por las
los pueblos, por las razones que hemos expues- razones mencionadas, pueden abrirte el camino pa-
to (9). Conviene pues, ciertamente, que el que ata- ra la posesión de este Estado, y facilitarte el triun-
ca al Turco, reflexione que va á hallarle unido con fo; pero cuando se trate de conservarte en él, este
su pueblo, y que pueda contar más con sus propias triunfo mismo te dará á conocer infinitas dificulta-
fuerzas que con los desórdenes que se manifestarán des, tanto por la parte de los que te auxiliaron, co-
á favor suyo en el imperio (10). Pero después de mo por la de aquellos á quienes has oprimido [13].
haberle vencido, y derrotado en una campaña sus No te bastará el haber extinguido la familia del
ejércitos, de modo que él no pueda ya rehacerlos, Príncipe, porque quedarán siempre allí varios s e -
no quedará y a cosa ninguna temible mas que la fa- ñores que se harán cabezas de partido para nuevas
milia del Principe. Si uno la destruye, no habrá allí mudanzas; y como no podrás contentarlos, ni des-
ya ninguno á quien deba temerse; porque los otros truirlos enteramente [14], perderás este reino luego
no gozan del mismo valimiento al lado del pueblo. que se presente la ocasión de ello [15].
Así como el vencedor, antes de la victoria, no po-
día contar con ninguno de ellos, así también no de- [ 1 1 ] ¡ P o r q u e no p u e d o hacer mudar juntamente de lu-
gar á la T u r q u í a y la F r a n c i a ! R . I.
[12] C o r t a r l e s l o s brazos ó levantarles la tapa du los se-
( 8 ) D i s c u r r a m o s medios e x t r a o r d i n a r i o s ; p o r q u e es ne-
sos. R . C .
cesario, a b s o l u t a m e n t e , q u e el I m p e r i o de O r i e n t e v u e l v a
al de O c c i d e n t e . R . I. [ 1 3 ] N o lo e c h o de v e r mas que mucho. R . 1.
( 9 ) ¡ O j a l á q u e en F r a n c i a me hallara y o en una pareci- [14] S e había c o m e n z a d o tan bien en el año de i?93-
da s i t u a c i ó n ! R . C . R. I.
( x o ) Mis f u e r z a s y nombre. R . 1. [15] E s t o no es sino muy cierto. R . I.
Si consideramos ahora de qué naturaleza de g o - Cuando los romanos pelearon allí unos contra
bierno era el de Darío, le hallaremos semejante al otros, cada uno de ambos partidos pudo atraerse
del Turco L e fué necesario primeramente á una posesión de aquellas provincias según la auto-
Alejandro el asaltarle por entero, y hacerse dueño ridad que él había tomado allí; porque habiéndose
de la campaña. Después de esta victoria, y la muer- extinguido la familia de sus antiguos dominadores,
te de Darío, quedó el Estado en poder del con- aquellas provincias reconocían ya por únicos á los
quistador de un modo seguro por las razones que romanos. Haciendo atención á todas estas particu-
llevamos expuestas; y si hubieran estado unidos los laridades, no causarán ya extrañeza la facilidad que
sucesores de éste, podían gozar de él sin la menor Alejandro tuvo para conservar el Estado de Asia, y
dificultad; porque no sobrevino ninguna otra disen- las dificultades que sus sucesores experimentaron
sión mas que la que ellos mismos suscitaron. para mantenerse en la posesión de lo que habían
En cuanto á los E s t a d o s constituidos como el de adquirido, como Pirro y otros muchos. No provi-
Francia, es imposible poseerlos tan sosegadamen- nieron ellas del muchísimo ó poquísimo talento por
te ( 1 7 ) . Por esto hubo, tanto en España como en parte del vencedor, sino de la diversidad de los Es-
Francia, frecuentes rebeliones, semejantes á las que tados que ellos habían conquistado.
los romanos experimentaron en la Grecia, á eausa
de los numerosos principados que se hallaban allí.
Mientras que la memoria suya subsistió en aquel
país, no tuvieron los romanos mas que una posesión
incierta; pero luego que no se hubo pensado y a en
ello, se hicieron seguros poseedores por medio de
la dominación y estabilidad de su imperio ( 1 8 ) .

[ 1 6 ] P e r o D a r í o no e r a el igual de A l e j a n d r o c o r n o . . . .
R . C.

[17] H e provisto á esto, y proveeré más todavía. R. I.


[18] C u e n t o con la m i s m a v e n t a j a , en lo que me con-
cierne. R . I.
MAQÜUVELO COMEN'TALLÓ I'OK NAPOLEÓN *53

Creándose este Consejo por el Príncipe, y sabiendo


que él no puede subsistir sin su amistad y domina-
ción, tiene el mayor interés en conservarle en su
autoridad. Una ciudad habituada á vivir libre, y
que uno quiere conservar, se contiene mucho más
CAPITULO V fácilmente por medio del inmediato influjo de sus
propios ciudadauos que de cualquier otro modo (3).
t)E QUÉ MODO DEBEN GOBERNARSE LAS CIUDADES, ó
L o s espartanos y romanos nos lo probaron con sus
PRINCIPADOS QUE, ANTES DE OCUPARSE POR UN
ejemplos.
NUEVO PRÍNCIPE, SE GOBERNABAN CON
Sin embargo, los espartanos que habían tenido
SUS LEYES PARTICULARES» Aténas y T é b a s , por medio de un Consejo de un
corto número de ciudadanos, acabaron perdiéndo-
C u a n d o uno quiere c o n s e r v a r a q u e l l o s Estados
las; y los romanos que para poseer Capua, Carta -
q u e e s t a b a n a c o s t u m b r a d o s á vivir con sus l e y e s y
go y Numancia, las habían desorganizado, no las
e n R e p ú b l i c a , es p r e c i s o a b r a z a r una d e e s t a s tres
perdieron. Cuando estos quisieron tener la Grecia
resoluciones: d e b e s ó a r r u i n a r l o s ( i ) , ó ir á vivir
con corta diferencia como la habían tenido los es-
en ellos, ó, finalmente, d e j a r á estos p u e b l o s sus le-
partanos, dejándola libre con sus leyes, no les salió
y e s ( 2 ), o b l i g á n d o l o s á p a g a r t e u n a contribución
acertada esta operación, y se vieron obligados á
anual, y c r e a n d o en su p a í s un tribunal d e un cor-
desorganizar muchas ciudades de esta provincia pa-
to n ú m e r o q u e cuide d e conservártelos fieles (a),
ra guardarla. Hablando con verdad, no hay medio
ninguno más seguro para conservar semejantes Es-
[ 1 ] E s t o no vale nada en el siglo en q u e e s t a m o s . G.
tados que el de arruinarlos (4)- El que se hace se-
[2] M a l a máxima, la c o n t i n u a c i ó n es lo q u e hay de me*
jor. G . ñor de una ciudad acostumbrada á vivir libre, y no

a. Hizo esto Artabano, Rey de los Partos, en Seleucia, trans" ( 3 ) E n M i l á n , una comisión ejecutiva de tres adictos,
formando su gobierno popular en una oligarquía, con la que se
asemejaba á la monarquía. A s í lo exigía su interés en el sentir' c o m o mi triunvirato directorial de G é n o v a . R. C.
de T á c i t o : Qui plebem primoribus tradidit in suousu. Nani populi U ) P e r o p u e d e hacerse esto á la letra de muchos modos
imperinm juxth libertatem. pancorum dominalio regia libidini pro-
prior cst. [ A n n . 6].
sin destruirlos, m u d a n d o sin e m b a r g o su constitución. G .
—20
descompone su régimen, debe contar con ser derro- en tomar las armas. Se puede conquistarlos ( 6 )
cado él mismo por ella. Para justificar semejante con más facilidad, y asegurar la posesión suya.
ciudad su rebelión, tendrá el nombre de libertad, y En las repúblicas, por el contrario, hay más va-
sus antiguas leyes, cuyo hábito no podrán hacerle lor, una mayor disposición de odio contra el con-
perder nunca el tiempo ni los beneficios del con- quistador que allí se hace Principe, y más deseo de
quistador. Por más que se haga, y aunque se prac- venganza contra él. Como no se pierde en ellas la
tique algún expediente de previsión, si no se des- memoria de la antigua libertad, y que ella le sobre-
unen y dispersan sus habitantes (ó), no olvidará ella vive con toda su actividad, el más seguro partido
nunca aquel nombre de libertad, ni sus particulares consiste en disolverlas ( 7 ) , ó habitar en ellas ( 8 ) .
estatutos; y aun recurrirá á ellos, en la primera oca-
sión, como lo hizo Pisa, aunque ella había estado (6) E s p e c i a l m e n t e c u a n d o se dice que se le traen la l i -
numerosos años, y aun hacía y a un siglo, bajo la bertad ó igualdad al pueblo. G .
(,7) A t e m p e r a r y r e v o l u c i o n a r bastan. G .
dominación de los florentinos ( 5 ) .
(8) E s t o no e s necesario cuando uno las ha revoluciona-
Pero cuando las ciudades ó provincias están h a -
do, y q u e diciéndoles q u e ellas son libres, las tiene firmes
bituadas á vivir bajo la obediencia de un Príncipe, bajo su obediencia. G .
como están habituadas por una parte á obedecer, y
que por otra carecen de su antiguo señor, no con-
cuerdan los ciudadanos entre sí para elegir á otro
nuevo; y no sabiendo vivir libres, son más tardos

(,5) G i n e b r a podría darme a l g u n a inquietud; pero no ten-


g o que temer nada de los v e n e c i a n o s y g e n o v e s e s . R . C.

mente v .Amelot de l a Houssaie puso muy odiosa-


,, 7/ 1 cabez;i exterminan, aunque liav en el texto dissi-
pano Maquiavelo, á cuyo descrédito ^ c o n t r i b u y ó ^ e espí"-
rWn ri ¿ raductores, queda sabiamente muy inferior á la Aten-
ción de Amelot. [Tácito, Ann. 6]. Refiere que, mientras oue toL
Jelencos obraron de común acuerdo, fué c l s p r S el 'p .r o•
pero que luego que la disensión se hubo introducido entre eUos'
u socor, n S S
í s » s ¡ » ? B r " - — "
156 M A Q U I . W E L O COMES"! AL'O 157

b a l l e s t e r o s bien a d v e r t i d o s q u e , v i e n d o su b l a n c o
m u y d i s t a n t e para la f u e r z a d e su arco, apuntan
m u c h o m á s a l t o q u e el o b j e t o q u e tienen en mira,
no para q u e sü vigor y f l e c h a s a l c a n c e n á un p u n t o
d e mira en esta altura, sino á fin d e poder, ases-
CAPITULO VI
t a n d o así, llegar en línea p a r a b ó l i c a á su v e r d a d e r o
DE LAS SOBERANÍAS NUEVAS QUE UNO ADQUIERE CON blanco (3).
SUS PROPIAS ARMAS Y VALOR D i g o , pues, q u e en los p r i n c i p a d o s q u e son nue-
v o s en un todo, y c u y o P r í n c i p e por c o n s i g u i e n t e
Q u e no cause extrañeza, si al h a b l a r y a d e los
es nuevo, hay m á s ó m e n o s dificultad en conser-
E s t a d o s q u e son nuevos b a j o todos los a s p e c t o s , y a
varlos, s e g ú n q u e el q u e los a d q u i r i ó es m á s ó me-
d e los q u e no lo son m a s q u e b a j o el del Príncipe,
n o s valeroso. C o m o el suceso por el q u e un hom-
ó el del E s t a d o mismo, p r e s e n t o g r a n d e s ejemplos
b r e s e h a c e P r í n c i p e , d e particular q u e él era, su-
d e la a n t i g ü e d a d . L o s h o m b r e s c a m i n a n casi siem-
pone algún valor ó dicha ( 4 ) , p a r e c e q u e la una ó
pre p o r c a m i n o s trillados y a por otros, y no h a c e n
la otra de e s t a s d o s c o s a s a l l a n a n en parte muchas
casi m a s q u e imitar á sus predecesores, en l a s a c -
d i f i c u l t a d e s ; sin e m b a r g o , se v i ó q u e el q u e no ha-
ciones q u e se les v e hacer ( i ) ; pero c o m o n o p u e -
bía sido a u x i l i a d o d e la fortuna, se m a n t u v o por
d e n seguir en todo el c a m i n o abierto por los a n t i -
más tiempo. L o q u e proporciona t a m b i é n algunas
guos, ni se e l e v a n á la p e r f e c c i ó n de los m o d e l o s
facilidades, e s q u e no t e n i e n d o un s e m e j a n t e P r í n -
q u e ellos se proponen, el h o m b r e p r u d e n t e d e b e ele-
c i p e o t r o s E s t a d o s , v a á residir en aquel de que se
gir ú n i c a m e n t e los c a m i n o s trillados por algunos
ha hecho Soberano.
v a r o n e s insignes, é imitar á los de ellos q u e sobre-
P e r o v o l v i e n d o á los h o m b r e s que, c o n su pro-
p u j a r o n á los d e m á s , á fin d e que si no c o n s i g u e
pio valor, y no con la fortuna, llegaron á ser prín-
igualarlos, t e n g a n sus a c c i o n e s á lo m e n o s a l g u n a
s e m e j a n z a c o n las s u y a s (2 ) . D e b e h a c e r c o m o los
( 3 ) H a r é v e r que a p a r e n t a d o asestar más a b a j o , se pue-
de l l e g a r allá f á c i l m e n t e . G .
( 1 ) P o d r é p o r cierto á veces hacerte mentir. G-
( 4 ) E l valor es más necesario q u e ¡a dicha,; él la ha£e
( 2 ) P a s e por esto. G. nacer. G .
cipes ( 5 ) , digo que los más dignos de imitarse son:
hallar al pueblo de Israel esclavo en Egipto y opri-
Moisés, Ciro, Rómulo, Teseo y otros semejantes.
mido por los egipcios, á fin de que este pueblo es-
Y, en primer lugar, aunque no debemos discurrir
tuviera dispuesto á seguirle, para salir de esclavi-
sobre Moisés, porque él no fué mas que un mero
tud ( 1 0 ) . Convenía que Rómulo, á su nacimien-
ejecutor de las cosas que Dios le había ordenado
to, no quedara en Alba, y fuera expuesto, para que
hacer, diré, sin embargo, que merece ser admirado,
él se hiciera Rey de Roma, y fundador de un E s -
aunque no fuera mas que por aquella gracia que le
tado de que formó la patria suya (11). Era menes-
hacía digno de conversar con D i o s ( 6 ) . Pero con-
ter que Ciro hallase á los persas descontentos del
siderando á Ciro y á los otros que adquirieron ó
imperio de los Medos, y á estos afeminados con una
fundaron reinos, los hallaremos dignos de admira-
larga paz, para hacerse Soberano suyo ( 1 2 ) . Te-
ción ( 7 ) . Y si se examinaran sus acciones é insti
seo no hubiera podido desplegar su valor, si no hu-
tuciones en particular, no parecieran ellas diferen-
biera hallado dispersados á los atenienses [13].
tes de las de Moisés, aunque él había tenido á Dios
por señor. Examinando sus acciones y conducta, Estas ocasiones, sin embargo, constituyen la for-
no se verá que ellos tuviesen cosa ninguna de la for- tuna de semejantes héroes; pero su excelente sabi-
tuna mas que una ocasión propicia, que les facilitó duría les dió á conocer el valor de estas ocasiones;
el medio de introducir en sus nuevos Estados la for- y de ello provinieron la ilustración y prosperidad de
ma que les convenía ( 8 ) . Sin esta ocasión, el valor sus Estados [14].
de su ánimo se hubiera extinguido, pero también, L o s que por medios semejantes llegan á ser prín-
sin este valor, se hubiera presentado en balde la cipes, no adquieren su principado sin trabajo; pero
ocasión ( 9 ) . L e e r á , pues, necesario á Moisés el le conservan fácilmente; y las dificultades que ellos

( 1 0 ) E s la condición y la situación actual de los france-


(,5 ) E s t o mira á mí. G . ses. G .
( 6 ) N o aspiro á tanta altura: sin l a cual me p a s o . G.
( 1 1 ) Mi benéfica loba e s t u v o en l í r i e n e . Rómulo, te
( 7 ) A u m e n t a r é esta lista. G . eclipsarán. G .
( 8 ) N o me es necesario m á s ; e l l a v e n d r á ; e s t e m o s dis-
puestos á c o g e r l a . G . ( 1 2 ) ¡Quita allá! G.

( y ) E l v a l o r a n t e s de todo G . ( 1 3 ) ¡Pobre héroe! G.


( i - O ¿ B a s t a r í a su punta de sabiduría hoy día? G .
L'OK NAI'OT.KÓN

defienden los otros entonces mas que tibiamente,


experimentan al adquirirle, dimanan en parte de
de modo que peligra el Príncipe con ellas (20).
las nuevas leyes y modos que les es indispensable in-
Cuando uno quiere discurrir adecuadamente so-
troducir para fundar su Estado y su seguridad (i 5).
bre este particular, tiene precisión de examinar si
Debe notarse bien que no hay cosa más difícil de
estos innovadores tienen por sí mismos la necesaria
manejar, ni cuyo acierto sea más dudoso, ni se ha-
consistencia, ó si dependen de los otros; es decir,
ga con más peligro, que el obrar como jefe para in-
si, para dirigir su operación, tienen necesidad de ro-
troducir nuevos estatutos (16). Tiene el introductor
gar, ó si pueden precisar. En el primer caso, no
por enemigos activísimos á cuantos sacaron prove-
salen acertadamente nunca, ni conducen cosa nin-
cho de los antiguos estatutos (17), mientras que los
guna á lo bueno ( 2 1 ) ; pero cuando no dependen
que pudieran sacar el suyo de los nuevos, no los
sino de sí mismos, y que pueden forzar, dejan rara
defienden más que con tibieza (18). Semejante ti-
vez de conseguir su fin. Por esto todos los profetas
bieza proviene en parte de que ellos temen á sus
armados tuvieron acierto ( 2 2 ) , y se desgraciaron
adversarios que se aprovecharon de las antiguas le-
cuantos estaban desarmados (23).
yes, y en parte de la poca confianza qne los hom-
bres tienen en la bondad de las cosas nuevas, has- Además de las cosas que hemos dicho, conviene
ta que se haya hecho una sólida experiencia de notar que el natural de los pueblos es variable. Se
ellas [19]. Resulta de esto que siempre que los que podrá hacerles creer fácilmente una cosa; pero ha-
son enemigos suyos hallan una ocasión de rebelarse brá dificultad para hacerlos persistir en esta creen-
contra ellas, le hacen por espíritu de partido; no lns cia (24). En consecuencia de lo cual es menester

( 1 5 ) S e l o g r a esto con a l g u n a astucia. R. C. [20] E s t o y á cubierto c o n t r a todo ello. R . C.


( 1 6 ) ¿ N o s a b e tener uno pues á sus órdenes a l g u n o s ma- [ 2 1 ] I B e l l o d e s c u b r i m i e n t o ! ¿Quién puede ser bastante
niquíes legislativos? G . c o b a r d e para s e m e j a n t e demostración de debilidad? G .
( 1 7 ) S a b r é inutilizar su a c t i v i d a d . G. [22] L o s o r á c u l o s son entonces infalibles. G .
( 1 8 ) El buen hombre no sabía c ó m o uno se p r o p o r c i o n a [23] C o s a ninguna más natural. G .
e n t o n c e s acalorados defensores, q u e hacen a m o l l a r á los
otros. R. C. [24] M e tienen e l l o s hoy día, especialmente después del
( i q ) E s t o no sucede mas q u e á los p u e b l o s a l g o sabios, testimonio del P a p a , por un pío restaurador de la religión
v que c o n s e r v a n todavía a l g u n a libertad. R . C . v un e n v i a d o del Cielo. R C.
componerse de modo que. cuando hayan cesado de petados, como han subyugado entonces á los hom-
creer, sea posible precisarlos á creer todavía [25]. bres que tenían envidia á su calidad de Príncipe,
Moisés, Ciro, T e s e o y Rómulo, no hubieran podido se quedan poderosos, seguros, reverenciados y di-
hacer observar por mucho tiempo sus constitucio- chosos [27].
nes, si hubieran estado desarmados (a), como le su- A estos tan relevantes ejemplos, quiero añadirles
cedió al fraile Jerónimo Savonarola, que se desgra- otro de una clase inferior, que sin embargo no esta-
ció en sus nuevas instituciones. Cuando la multitud rá en desproporción con ellos; y me bastará esco-
comenzó á no creerle ya inspirado, no tenía él medio ger, entre todos los otros, el de Hiéron el Siracu-
ninguno para mantener forzadamente en su creen- sano [28]. De particular que él era, llegó á ser
cia á los que la perdían, ni para precisar á creer á Príncipe de Siracusa, sin tener cosa ninguna de la
los que ya no creían (ó). fortuna mas que una favorable ocasión. Hallándose
Los príncipes de esta especie experimentan, sin oprimidos los siracusanos le nombraron por caudi-
embargo, sumas dificultades en su conducta; todos llo suyo; en cuyo cargo mereció ser elegido después
sus pasos van acompañados de peligros; y les es para Príncipe su3ro [29]. Había sido tan virtuoso
necesario el valor para superarlos [26]. Pero cuan- en su condición privada que, en sentir de los histo-
do han triunfado de ellos, y que empiezan á ser res- riadores, no le faltaba entonces para reinar mas que
poseer un reino (30). Luego que hubo empuñado
el cetro, licenció las antiguas tropas, formó otras
[25] T e n d r é s i e m p r e medios para e l l o . R . C .
nuevas, dejó á un lado á sus antiguos amigos, h a -
[26] E s t o 110 me e m b a r a z a . G.

a. Cualquiera que lea la Biblia con atención, dice Maquiavelo [27] E s t e ú l t i m o punto no e s t á bien claro t o d a v í a para
en el cap. 3" del libro 3 de sus Discursos sobre la Década, etc..
verá que Moisés, para impedir que se quebrantaran sus leyes, mí, v debo c o n t e n t a r m e con los otros tres. R . I.
mandó dar muerte á infinitos hebreos que, por celos, se oponían á [28] N o ha salido él n u n c a de mi p e n s a m i e n t o , d e s d e los
sus designios. Se lee en el cap. 32 del Exodo, el siguiente pasaje: e s t u d i o s de mi niñez. E r a de un país inmediato al m í o , y
"Hé aquí lo que dice el Señor Dios de Israel: que cada hombre
tome, á su lado la cuchilla; id y volved de una á otra puerta por s o y q u i z á de la m i s m a familia. G .
medio de los campos, y que cada uno mate á su hermano, amigo,
deudo. Los hijos de Leví hicieron lo que les mandaba Moisés; y [29] C o u a l g u n a a y u d a , sin duda. E t e m e aquí c o m o él.
perecieron cerca de veintitrés mil hombres en aquel d í a . " R . C.

A. Había persuadido al pueblo de Florencia que él tenía secre- [30] Mi m a d r e dijo á m e n u d o lo mismo de mí; y la a m o
tos coloquios con Dios (Maq., lib. I. cap. 11). á c a u s a de sus p r o n ó s t i c o s . R . I.
ciéndose otros nuevos; y como tuvo entonces ami-
gos y soldados que eran realmente suyos, pudo es-
tablecer. sobre tales fundamentos, cuanto quiso; de
modo que conservó sin trabajo lo que no había a d -
quirido mas que con largos y penosos afanes (31).
CAPITULO VII
[ 3 1 ] l i s de un buftn a g ü e r o . R. I.
DE LOS PRINCIPADOS NUEVOS QUE SE ADQUIEREN

CON LAR FUERZAS AJENAS Y I,A FORTUNA

Los que de particulares que ellos eran, fueron


elevados al principado por la sola fortuna, llegan á
él sin mucho trabajo ( 1 ) ; pero tienen uno sumo
para la conservación suya ( 2 ) . No hallan dificul-
tades en el camino para llegar á él, porque son ele-
vados como en alas; pero cuando le han consegui-
do, se les presentan entonces todas las especies de
obstáculos (3 ).
Estos príncipes no pudieron adquirir su Estado
mas que de uno ú otro de estos dos modos: ó com-
prándole, ó haciéndosele dar por favor; como suce-
dió, por una parte, á muchos en la Grecia para las
ciudades de la lona y Helesponto, en que Darío

[ 1 ] C o m o t o n t o s q u e dejan llevarse, y no saben hacer


nada por sí m i s m o s . G .
[2] E s i m p o s i b l e . E.
[3] T o d o d e b e ser o b s t á c u l o s para unas g e n t e s de e s t a
clase. E .
M A Q U I A V E LO C O M F. N T A U O I'OK NAPOLEÓN
165

ciéndose otros nuevos; y como tuvo entonces ami-


gos y soldados que eran realmente suyos, pudo es-
tablecer. sobre tales fundamentos, cuanto quiso; de
modo que conservó sin trabajo lo que no había a d -
quirido mas que con largos y penosos afanes (31).
CAPITULO VII
[ 3 1 ] l i s de un buftn a g ü e r o . R. 1.
DE LOS PRINCIPADOS NUEVOS QUE SE ADQUIEREN

CON LAR FUERZAS AJENAS V LA FORTUNA

Los que de particulares que ellos eran, fueron


elevados al principado por la sola fortuna, llegan á
él sin mucho trabajo ( 1 ) ; pero tienen uno sumo
para la conservación suya ( 2 ) . No hallan dificul-
tades en el camino para llegar á él, porque son ele-
vados como en alas; pero cuando le han consegui-
do, se les presentan entonces todas las especies de
obstáculos (3 ).
Estos príncipes no pudieron adquirir su Estado
mas que de uno ú otro de estos dos modos: ó com-
prándole, ó haciéndosele dar por favor; como suce-
dió, por una parte, á muchos en la Grecia para las
ciudades de la lona y Helesponto, en que Darío

[ 1 ] C o m o t o n t o s q u e dejan llevarse, y no saben hacer


nada por sí m i s m o s . G .
[2] E s i m p o s i b l e . E.
[3] T o d o d e b e s<_r o b s t á c u l o s para unas g e n t e s de e s t a
clase. E .
hizo varios príncipes que debían tenerlas por su primer choque de la adversidad ( 9 ) , si, como lo he
propia gloria, como también por su propia seguri- dicho, los que se han hecho príncipes de repente,
dad ( 4 ) ; y por otra, entre los romanos, á aquellos no son de un vigor bastante grande para estar dis-
particulares que se hacían elevar al imperio por me- puestos inmediatamente á conservar lo que la for-
dio de la corrupción de los soldados. Semejantes tuna acaba de entregar en sus manos, ni se han
príncipes no tienen más fundamentos que la volun- proporcionado los mismos fundamentos que los de-
tad ó fortuna de los hombres que los exaltaron; pues más príncipes se habían formado antes de serlo (10).
bien, ambas cosas son m u y variables, y totalmente Para uno y otro de estos dos modos de llegar al
destituidas de estabilidad. Fuera de esto, ellos no principado, es á saber con el valor ó fortuna ( 1 1 ) ,
saben ni pueden saber mantenerse en en esta ele- quiero exponer dos ejemplos que la historia de nues-
vación ( 5 ) . N o lo saben, porque á no ser un hom- tros tiempos nos presenta: son los de Francisco
bre de ingenio y superior talento, no 'es verosímil Sforcia y de César Borgia.
que después de haber vivido en,• una condición pri- Francisco, de simple particular que él era, llegó
vada ( 6 ) , se sepa reinar. N o lo pueden, á causa de á ser Duque de Milán por medio de un grau valor
que no tienen tropa ninguna con cuyo apego y fide- y de los recursos que su ingenio podía suministrar-
lidad puedan contar ( 7 ) . le (12).: por lo mismo conservó sin mucho trabajo

Por otra parte, los Estados que se forman repen-


c u a n d o uno v i v i ó veintitrés a ñ o s en la v i d a p r i v a d a , c o m o
tinamente, son como todas aquellas producciones en familia, l e j o s de un p u e b l o c u y a índole se h a mudado ca-
de la naturaleza que nacen con prontitud; no p u e - si del todo, y que e s t r a n s p o r t a d o después de r e p e n t e á él
en a l a s de la fortuna y p o r m a n o s e x t r a n j e r a s para reinar
den ellos tener raíces y las adherencias que les son allí, es c o m o un E s t a d o n u e v o de la e s p e c i e de los que men-
necesarias para consolidarse ( 8 ) . L o s arruinará el c i o n a M a q u i a v e l o . L o s a n t i g u o s p r e s t i g i o s m o r a l e s de con-
v e n c i ó n se interrumpieron allí muy l a r g a m e n t e , p a r a existir
de otro modo q u e de nombre. E .
(4) L o s a l i a d o s 110 l l e v a r o n m á s mira q u e ésta. E.
( 9 ) E s t e oráculo e s más s e g u r o que el de C a l c h a s . E.
( 5 ) H a y otros m u c h o s q u e están en este c a s o . E.
( 1 0 ) Y o me había f o r m a d o los m í o s antes de serlo. E.
( 6 ) C o m o s i m p l e p a r t i c u l a r y l e j o s de los E s t a d o s en q u e
uno es e x a l t a d o : e s lo m i s m o . E . (,11) Mi c a s o y el de ellos. E.
( 7 ) E n esto los a g u a r d o . E. ( 1 2 ) ¿ A quién me a s e m e j o m e j o r ? ¡ E x c e l e n t e agüero!
R, C.
( 8 ) P o r m á s ilustre suerte q u e se h a y a tenido al nacer,
i68 Maquiavelo comentado POR N A P O L E Ó N 169

lo que él no había adquirido mas que con sumos que no me es posible dar lecciones más útiles á un
afanes. Por otra parte, César Borgia, llamado vul- Principe nuevo, que las acciones de éste. Si sus ins-
garmente el Duque de Valentinois, que no adquirió tituciones no le sirvieron de nada, no fué falta su-
sus Estados mas que por la fortuna de su padre, ya, sino la de una extremada y muy extraordinaria
los perdió luego que ella le hubo faltado, aunque malignidad de la fortuna ( t 8 ) .
hizo uso entonces de todos los medios imaginables Alejandro V I quería elevar á su hijo el Duque á
para retenerlos, y practicó, para consolidarse en los una grande dominación, y veía para ello fuertes di-
principados que las armas y fortuna ajenas le h a - ficultades en lo presente y futuro. Primeramente,
bían adquirido, cuanto podía practicar un hombre no sabía cómo hacerle señor de un Estado que no
prudente y valeroso ( 13). perteneciera á la Iglesia; y cuando volvía sus miras
He dicho que el que no preparó los fundamentos hacia un Estado de la Iglesia para quitársele en fa-
de su soberanía antes de ser Príncipe, podría h a - vor de su hijo, preveía que el Duque de Milán y los
cerlo después si él tenía un talento superior ( 1 4 ) , venecianos no consentirían en ello ( 1 9 ) . Faenza y
aunque estos fundamentos no pueden formarse en- Rímini que él quería cederle desde luego, estaban
tonces mas que con muchos disgustos para el arqui- va bajo la protección de los venecianos. Veía, ade-
tecto, y con muchos peligros para el edificio [ 1 5 ] . más, que los ejércitos de la Italia, y sobre todo
Si se consideran pues los progresos del Duque de aquellos de los que él hubiera podido valerse, esta-
Valentinois, se verá que él había preparado pode- ban en poder de los que debían temer el engrande-
rosos fundamentos para su futura dominación [_i6~|;
y no tengo por inútil el darlos á conocer | 17], por- á otros m á s q u e á mí: j>erp n o saben l e e r t e : lo q u e es lo
mismo. G .
( 1 3 ) A menudo bien, algunas veces mal. G. ( 1 8 ) T e n g o q u e q u e j a r m e d e e l l a , p e r o la c o r r e g i r é . E.
< 14) P a r a r e i n a r : s e e n t i e n d e . L o s o t r o s no son m a s q u e ( 1 9 ) ¿ S a l d r é v o m e j o r de un m a y o r e m b a r a z o de e s t a
sobresalientes insulseces. E .
e s p e c i e , p a r a d a r r e i n o s á mi J o s é , á nn J e r ó n i m o t-n
( 1 5 ) E s p e c i a l m e n t e c u a n d o n o los f o r m a u n o m a s q u e á c u a n t o á L u i s , s e r á si q u e d a a l g u n o del q u e y o no s e p a q u e
tientas, con t i m i d e z . . . . E. hacer. R . C .
( 1 6 ) ¿ M e j o r q u e y o ? E s difícil. G. — L l e v a b a v o m u c h a r a z ó n en v a c i l a r t o c a n t e á éste. 1 P e -
ro el i n g r a t o , c o b a r d e y t r a i d o r J o a q u í n ! . . . . El reparara
< 17 • Q u i s i e r a y o , c i e r t a m e n t e , q u e no lo h u b i e r a s dicho
s u s faltas. E .
MAQUIAVEL.O COMENTADO

cimiento del P a p a ; y no podía fiarse de estos ejér-


timiento de Alejandro. N o bien hubo estado en Mi-
citos, porque todos ellos estaban mandados por los
lán, cuando el Papa obtuvo de él algunas tropas
Ursinos, Colonas, ó allegados suyos. Era menester
para la empresa que había meditado sobre la Ro-
pues, que se turbara este orden de cosas, y que se
maña; y le fué cedida ésta á causa de la reputación
introdujera el desorden en los Estados de Italia (20),
del R e y .
á fin de que le fuera posible apoderarse seguramen-
Habiendo adquirido finalmente el Duque con ello
te de una parte de ellos ( 2 1 ) . Esto le fué posible,
aquella provincia, y aun derrotado también á los
á causa de que él se hallaba en aquella coyuntu-
Colonas, quería conservarla é ir más adelante; pero
ra (22), en que movidos de razones particulares los
le embarazaban dos obstáculos. El uno se hallaba
venecianos, se habían resuelto á hacer que los fran-
en el ejército de los Ursinos de que él se había ser-
ceses volvieran otra vez á Italia. N o solamente no
vido, pero de cuya fidelidad se desconfiaba, y el
se opuso á ello, sino que aun facilitó esta maniobra,
otro consistía en la oposición que la Francia podía
mostrándose favorable á Luis X I I con la sentencia
hacer á ello. T e m í a , por una parte, que le faltasen
-Je la disolución de su matrimonio con Juana de
las armas de los Ursinos, y que ellas no solamente
Francia ( 2 3 ) . E s t e Monarca vino, pues, á Italia
le impidiesen conquistar, sino que también le qui-
con la ayuda de los venecianos ( 2 4 ) , y el consen-
tasen lo que él había adquirido, mientras que, por
( 2 0 ) E l A l e j a n d ro c o n t i a r i a n o m e d e s c o n o c e r í a m á s cine
otra parte, se recelaba de que el R e y de Francia
el A l e j a n d r o c o n c a s c o . R . I . obrara con respecto á él como los Ursinos (25). S u
(21) ¡ S u p á r t e l e s p o q u í s i m o p a r a m í . R . I. desconfianza, relativa á estos últimos, estaba fun-
(22) H e s a b i d o dar o r i g e n á o t r a s , m á s d i g n a s de mí, de
m i s i g l o , y m á s á m i c o n v e n i e n c i a . R . 1.
dada en que cuando, después de haber tomado
( 2 3 ) L a p r u e b a q u e h i c e y a , c e d i e n d o al D u c a d o d e U r - Faenza, asaltó Bolonia, los había visto obrar con
b i n o p a r a l o g r a r l a firma d e l c o n c o r d a t o , m e c o n v e n c e d e tibieza. E n cuanto al R e y , comprendió lo que p o -
q u e e n R o m a , c o m o e n o t r a s p a r t e s , h o y día c o m o e n t o n -
ces u n a m a n o l a v a la o t r a , y e s t o p r o m e t e R. C. día temer de él, cuando, después de haber tomado
( 2 4 ) L o s g e n o v e s e s m e a b r i e r o n l a I t a l i a c o n la l o c a e s - el Ducado de Urbino, atacó la Toscana; pues el
p e r a n z a de q u e sus i n m e n s a s r e n t a s s o b r e la F r a n c i a se pa-
g a r í a n sin r e d u c c i ó n : Quid non cogit auri sacra fames? Ellos
t e n d r á n á lo m e n o s s i e m p r e mi b e n e v o l e n c i a c o n p r e f e r e n - ( 2 5 ) C a r o m e h a c o s t a d o el n o h a b e r t e n i d o i g u a l d e s -
cia á los otros italianos. R . C . c o n f i a n z a , c o n r e s p e c t o á mis f a v o r e c i d o s aliados de Ale-
mania. E.
R e y le hizo desistir de esta empresa. En semejante convocaron una Dieta en Magione, país de Perusa.
situación, resolvió el Duque no depender ya de la Resultó de ello contra el Duque la rebelión de Ur-
fortuna y ajenas armas ( 2 6 ) . A cuyo efecto, c o - sino, como también los tumultos de la Romaña, é
menzó debilitando, hasta en Roma, las facciones infinitos peligros para él ( 3 1 ) ; pero superó todas
de los Ursinos y Colonas, ganando á cuantos no- estas dificultades con el auxilio de los franceses (32).
bles le eran adictos ( 2 7 ) . Hízolos gentileshombres Luego que hubo recuperado alguna consideración,
suyos, los honró con elevados empleos, y les c o n - no fiándose y a en ellos, ni en las demás fuerzas que
fió, según sus prendas personales, varios gobiernos le eran ajenas, y queriendo no estar en la necesidad
ó mandos; de modo que se extinguió en ellos á po- de probarlos de nuevo, recurrió á la astucia, y supo
cos meses el espíritu de la facción á que se a d h e - encubrir en tanto grado su genio (33), que los Ur-
rían; y su afecto se v o l v i 9 todo entero hacia el Du- sinos, por la mediación del Sr. Paulo, se reconci-
que (28). Después de lo cual aceleró la ocasión de liaron con él. No careció de medios serviciales para
arruinar á los Ursinos ( 2 9 ) . Había dispersado y a asegurárselos, dándoles vistosos trajes, dinero, ca-
á los partidarios de la casa Colona que se le volvió ballos; tan bien que, aprovechándose de la simpli-
favorable; y la trató mejor ( 3 0 ) . Habiendo adver- cidad de su confianza, acabó reduciéndolos á caer
tido muy tarde los Ursinos que el poder del Duque, en su poder, en Sinigaglia (34). Habiendo destrui-
y el del Papa como Soberano, acarreaban su ruina, do en esta ocasión á sus jefes, y formádose de sus
partidarios otros tantos amigos de su persona (35),
( 2 6 ) i P o r q u e 110 p u d e h a c e r d e o t r o raodoí E.
( 2 7 ) Mis C o l o n a s son los r e a l i s t a s ; mis U r s i n o s los Ja- ( 3 1 ) V i otros p a r e c i d o s . . . . Pichegru, Mallet. D e todos
c o b i n o s ; y mis n o b l e s serán los j e f e s de u n o s y otros. G . t r i u n f é sin n e c e s i t a r d e l o s e x t r a n j e r o s . R . I.
( 2 8 ) H a b í a e m p e z a d o y o t o d o e s t o y a en p a r t e , aun a n - ( 3 2 ) L o h i c e , sin n e c e s i t a r de n i n g u n o . R . I.
tes d e llegar al c o n s u l a d o , en q u e m e fué bien c o n h a b e r (33) Qui nescit dissimulare, nescit regnare. Luis X I no
c o m p l e t a d o al p u n t o t o d a s e s t a s o p e r a c i o n e s . R . 1 . s a b í a b a s t a n t e , d e b í a d e c i r : Qjii nescitfallere, nescit regnare.
( 2 9 ) L a h e h a l l a d o e n el S e n a d o c o n s u l t o d e l a m á q u i n a R . I.
i n f e r n a l de n i v o s o , y e n m i m a q u i n a c i ó n d e A r e n a y T o p i n o
(34) L o que q u e d a b a contra mí de más formidable entre
en la ó p e r a . R . C .
mis C o l o n a s y U r s i n o s , n o s e e s c a p ó m e j o r . R . I.
(30) E s t a s dos cosas no p u d i e r o n perfeccionarse en la
( 3 5 ) C r e o h a b e r h e c h o h a r t o bien u n a y o t r a de a m b a s
m i s m a é p o c a ; p e r o lo f u e r o n d e s p u é s d e a q u e l t i e m p o . R . L
cosas. R . I.
proporcionó con ello harto buenos fundamentos á y hacerla obediente á su Príncipe, el darle un vigo-
su dominación, supuesto que toda la Romana con roso gobierno ( 4 1 ) .
el Ducado de Urbino, y que se había ganado y a to- E n su consecuencia, envió allí por Presidente á
dos sus pueblos, en atención á que bajo su gobier- messer Ramiro d'Orco, hombre severo y expedito,
no, habían comenzado á gustar de un bienestas des- al que delegó una autoridad casi ilimitada [42]!
conocido entre ellos hasta entonces ( 3 6 ) . Este en poco tiempo restableció el sosiego en aque-
Como esta parte de la vida de este Duque mere- lla provincia, reunió con ella á los ciudadanos divi-
ce estudiarse, y aun imitarse por otros, no quiero didos, y aun le proporcionó una grande considera-
dejar de exponerla con alguna especificación ( 3 7 ) . ción [43]. Habiendo juzgado después el Duque
que la desmesurada autoridad de Ramiro no conve-
Después que él hubo ocupado la Romaña, h a -
nía allí ya [44], y temiendo que ella se volviera
llándola mandada por señores inhábiles que más
muy odiosa («), erigió en el centro de la provincia
bien habían despojado que corregido á sus goberna-
un tribunal civil, presidido por un sugeto excelente,
dos (38), y que habían dado motivo á más des- en el que cada ciudad tenía su defensor [45]. Como
uniones que uniones (39), en tanto grado que esta
provincia estaba llena de latrocinios, contiendas, y [ 4 1 ] ¿ N o es lo q u e h i c e ? H a b í a n e c e s i d a d de firmeza v
d u r e z a p a r a r e p r i m i r la a n a r q u í a . R . I.
de todas las demás especies de desórdenes ( 4 0 ) ;
[42] F s e r á s mi Orco. R. C.
tuvo por necesario para establecer en ella la paz,
[ 4 3 ] N o n e c e s i t a b a y o de tí p a r a e s t o . R . I.
[44] P o r e s t o s u p r i m o tu M i n i s t e r i o ; y te a g r e g o á la ju-
( 3 6 ) ¿ H a b í a c o n o c i d o la F r a n c i a , v e i n t e a ñ o s h a c í a , el b i l a c i ó n de mi S e n a d o . R . C .
o r d e n de q u e g o z a en el día, y q u e s ó l o mi b r a z o p o d í a res-
[ 4 5 ] E l c r e a r u n a C o m i s i ó n s e n a t o r i a l de la l i b e r t a d i n -
tablecer? R. I.
d i v i d u a l , q u e sin e m b a r g o n o h a r á m á s q u e lo y o q u i e r a .
( 3 7 ) E l l a e s mil v e c e s m á s p r o v e c h o s a p a r a l o s p u e -
b l o s , q u e es o d i o s a á a l g u n o s f o r j a d o r e s de f r a s e s . R . I .
a. L o s ministros de los tiranos deberían moderar ciertamente su
( 3 8 ) C o m o l o s artífices de R e p ú b l i c a s francesas. R. C. ambición con esta reflexión de T á c i t o : Le vi post admissum scehts
gratiá, dan graznas odio: " E l Príncipe les acuerda un ligero fa-
( 3 9 ) C o m o en la F r a n c i a r e p u b l i c a n a . R. C. vor al tiempo que ellos le sirven por un crimen: pero no les tiene
después mas que un odio profundo." [Ann. 14). Tácito no vitupe-
(40) Enteramente como en Francia, antes que y o reina- ra á Tiberio de que él sacrificara con frecuencia á semejantes
ra en ella. R . C . hombres, p a r a que no se vendieran á oti;os. ni obrasen igualmen-
Pero volviendo al punto de que he partido, digo
le constaba que los rigores ejercidos por Ramiro
que hallándose muy poderoso el Duque, y asegu-
d'Orco habían dado origen á algún odio contra su
rado en parte contra los peligros de entonces, por-
propia persona, y queriendo tanto desterrarle de los
que se había armado á su modo, y que tenía des-
corazones de sus pueblos como ganárselos en un
truidas en gran parte las armas de los vecinos que
todo, trató de persuadirles que no debían imputár-
podían perjudicarle, le quedaba el temor de la Fran-
sele á él aquellos rigores [46], sino al duro genio
cia, supuesto que él quería continuar haciendo con-
de su Ministro (b). Para convencerlos de esto, re-
quistas. Sabiendo que el Rey, que había echado de
solvió castigar por ellos á su Ministro [ 4 7 ] ; y una
ver algo tarde su propia falta, no sufriría que el Du-
cierta mañana, mandó dividirle en dos pedazos, y
que se engrandeciera más, echóse á buscar nuevos
mostrarle así hendido en la plaza pública" de Cese-
amigos; desde luego tergiversó [49] con respecto á
na, con un cuchillo ensangrentado y un tajo de ma-
la Francia, cuando marcharon los franceses hacia el
dera al lado [48J. L a ferocidad de semejante e s -
reino de Nápoles contra las tropas españoles que si-
pectáculo, hizo que sus pueblos, por algún tiempo,
tiaban Gaeta. Su intención era asegurarse de ellos;
quedaran tan satisfechos como atónitos (r).
y hubiera tenido un pronto acierto, si hubiera con-
[46] N i n g u n o e s t a m á s c o n d e n a d o q u e é l , p o r la o p i n i ó n tinuado viviendo Alejandro [50].
p ú b l i c a , á s e r mi m a c h o de c a b r í o e m i s a r i o . R . I .
Estas fueron sus precauciones en las circunstan-
[47] R a b i o de no p o d e r d e s g r a c i a r l e sin inutilizarle.
cias de entonces; pero en cuanto á las futuras, tenía
R . 1.
[48] B u e n t i e m p o aquel en q u e s e p o d í a n h a c e r e s t o s
que temer primeramente que el sucesor de Alejan-
c a s t i g o s q u e él h u b i e r a h a l l a d o m e r i t o r i o s . R . 1. dro VI no le fuera favorable, y tratara de quitarle
o que le había dado Alejandro.
te p a r a estos contra sus intereses: Scelcrum ministros, ud pervertí
<ib aliis, nolebat ita plerumque saiiatus vetcres, ei prez graves ad- Para precaver estos inconvenientes ( 5 1 ) , imagi-
fixit. [Ann. 4].
b. César Borgia conocía aquella verdad expresada por T á c i t o nó cuatro medios ( 5 2 ) . Fueron: 10, de extinguir;
en estos términos: Nec ttnquám satis Jida potentia, ubi nimia est.
" U n a potestad no esta segura nunca de conservarse, cuando d a [40] B i e n y m u y bien o b r a d o . R. C.
en los excesos."
c. Valerio Patérculo dijo de Cinna, que hizo acciones gloriosas [50] E s t o s m a l d i t o s si m e i m p a c i e n t a n . R. C.
que un hombre honrado no hubiera osado h a c e r : De quo veré dici [51] E s menester preveer estos contratiempos. R. C.
potest ausum cuta; qutr nenio oderet bonus. perfecisse, quoe a nutlo,
nisi fortissimo, pcrjici possent. (Hist. 2). [ 5 2 ] G r a n d e m e n t e bien h a l l a d o s . R. C.
178 MAQUTAVELO COMENTADO POR NAPOLEÓN

las familias de los señores á quienes él había des- le escaparon pocos (55). H a b í a ganado á los hidal-
pojado (d), á fin de quitar al Papa los socorros que gos de R o m a (56), y adquirido un grandísimo in-
ellos hubieran podido suministrarle (53); 20, de ga- flujo en el sacro colegio. E n cuanto á sus nuevas
narse á todos los hidalgos de Roma, á fin de poder conquistas, habiendo proyectado hacerse señor de
poner con ellos, como lo he dicho, un freno al P a - la Toscana, poseía y a P e r u s a y Piombino, despues
pa hasta en R o m a ; 30, de conciliarse, lo más que de haber tomado Pisa b a j o su protección. Como
le era posible, el sacro colegio de los cardenales; no estaba obligado y a á tener miramientos con la
y 40, de adquirir, a n t e s de la muerte de A l e j a n - Francia, y que no le g u a r d a b a y a realmente ningu-
dro (54), una tan g r a n d e dominación, que él se ha- no, en atencióu á que los franceses se hallaban á la
llara en estado de resistir por sí mismo al primer sazón despojados del reino de Nápoles por los espa-
asalto, cuando no existiera ya su padre. pañoles, y que unos y otros estaban precisados á
D e estos cuatro expedientes, practicados los tres solicitar su amistad (57), se echaba sobre Pisa; lo
primeros por el D u q u e habían conseguido ya su fin cual bastaba para que L u c a y Siena le abriesen sus
al morir el Papa A l e j a n d r o ; y el cuarto estaba e j e - puertas, sea por celos contra los florentinos, sea por
cutándose. temor de la v e n g a n z a s u y a ; y los florentinos care-
cían de medios para oponerse á ellos. Si esta e m -
Hizo perecer á c u a n t o s había podido coger de
presa le hubiera salido acertada, y se hubiera pues-
aquellos señores á quienes tenía despojados; y se
to en ejecución el año en que murió Alejandro, hu-
(53) N o faltes á e s t o c u a n d o p u e d a s , y haz de modo que biera adquirido el D u q u e tan grandes fuerzas y tan-
lo puedas. R. C. ta consideración que, por sí mismo, se huhiera soste-
[54] F r a n c i s c o I I . . . . R . I.

d. Muciano, primer Ministro de Vespasiano, mandó dar muer-


te al hijo de Vitelio. p a r a ahogar, decía, todas las semillas de
guerra: Mucianus Vitelii filium interfici jitbcl, mansuram discor- [55] N o e s t o y t o d a v í a tan a d e l a n t a d o c o m o él. R . I.
dickn obtendens, ni semina béíli restinxissct. (Hist. 4).- "Porque
[56] N o h e p o d i d o h a c e r t o d a v í a mas q u e la mitad de
hay peligro en dejar la vida á los que fueron despojados," dice
Tácito: Periculúm ex misericordia ubi Vespasianus imperium esta m a n i o b r a : ¿i vuol tempo. R . I.
invascrit, 71011 ipsi, 11091 amias ejus, non excrcitibus securitatem, [57] S u p u e s t o q u e he a t r a í d o á esto á t o d o s los prínci-
ni si extincto, emulato redituram. "Vespasiano, después de haber
adquirido el imperio, 110 podía proporcionar ninguna seguridad á pes de A l e m a n i a , p e n s e m o s e n mi f a m o s o p r o y e c t o del
sí mismo, á sus amigos y ejércitos, si 110 hubiera impedido el re- N o r t e . A c a e c e r á lo m i s m o c o n resultados q u e ningún con-
greso de su competidor mandando darle muerte." [Hist. 3]. quistador c o n o c i ó . R . I.
nido, sin depender de la fortuna y poder ajeno (58). bundo como él estaba, no tenía que temer nada en
T o d o ello no dependía ya m a s que de su domina- Roma (62). Aunque los Vaglionis, Vitelis y Ursi-
ción y talento (59). nos habían venido allí, no emprendieron nada con-
Pero Alejandro murió cinco años después que el ,tra él. Si no pudo hacer Papa al que él quería, á lo
Duque había comenzado á desenvainar la espada. menos impidió que lo fuera aquel á quien no que-
Unicamente el Estado de la Romaña estaba con- ría [63]. Pero si al morir Alejandro hubiera goza-
solidado; permanecían vacilantes todos los otros, do de robusta salud, hubiera hallado facilidad para
hallándose además entre dos ejércitos enemigos, po- todo. Me dijo, aquel día en que Julio II fué creado
derosísimos; y se veía últimamente asaltado de una Papa, que él había pensado en cuanto podía acae-
enfermedad mortal el D u q u e mismo (60). Sin e m - cer muerto su padre; y que había hallado remedio
bargo, era de tanto valor, y poseía tan superiores para todo; pero que no había pensado en que pu
talentos; sabía también cómo pueden ganarse ó per- diera morir él mismo entonces [64].
derse los hombres; y los fundamentos que él se ha- Después de haber recogido así y cotejado todas
bía formado en tan escaso tiempo eran tan sólidos, las acciones del Duque, no puedo condenarle; aun
que si no hubiera tenido por contrarios aquellos me parece que puedo, como lo he hecho, proponer-
ejércitos, y lo hubiera pasado bien, hubiera triunfa- le por modelo á cuantos la fortuna ó ajenas armas
do de todos los demás impedimentos. L a prueba elevaron á la soberanía [65]. Con las relevantes
de que sus fundamentos eran buenos, es perentoria,
supuesto que la Romaña le aguardó sosegadamen-
( 6 2 ) P o r m á s moribundo que y o e s t a b a , h a b l a n d o polí-
te más de un mes (61), y que enteramente muri- t i c a m e n t e , en S m o l e n s k o , no tuve que temer allí nada de
los míos. E .
( 6 3 ) N o he t e n i d o d i f i c u l t a d e n e s t o : l a n o t i c i a s o l a d e
[58] L i b r e de t o d a c o n d i c i ó n s e m e j a n t e , iré m u c h o m á s
a d e l a n t e . R . I. mi d e s e m b a r c o un F r e j u s a p a r t a b a l a s e l e c c i o n e s q u e m e
hubieran sido contrarias. R . C .
[59] Conviene no conocer o t r a dependencia. R . 1.
(64) E n resumidas cuentas, vale más, hablando común-
[60] P e o r q u e p e o r p a r a é l ; e s m e n e s t e r s a b e r n o e s t a r m e n t e , no p e n s a r e n ello c u a n d o se quiere reinar g l o r i o s a -
n u n c a e n f e r m o , y h a c e r s e i n v u l n e r a b l e e n t o d o . R . I. mente. E s t e pensamiento hubiera helado mis más atrevi-
[ 6 1 ] C o m o la F r a n c i a m e a g u a r d ó d e s p u é s de m i s d e - dos p r o y e c t o s . R . I.
sastres de M o s c o w . E . ( 6 5 ) S o n bien i g n o r a n t e s los escritorcillos que dijeron
prendas y profundas miras que él tenía, no podía de este Duque, á lo menos hasta la muerte de su
conducirse de diferente modo [66]. No tuvieron sus padre (69).
designios más obstáculos reales que la breve vida Su política cayó despues gravemente en falta
cuando, á la nominación del sucesor de Alejandro,
de Alejandro, y su propia enfermedad [67].
dejó hacer el Duque una elección adversa para sus
El que tenga pues por necesario, en su nuevo
intereses en la persona de Julio II (70). N o le era
principado [68], asegurarse de sus enemigos; ga-
posible la creación de un Papa de su gusto ( 7 1 ) ;
narse nuevos amigos; triunfar por medio de la fuer- pero teniendo la facultad de impedir que éste ó
za ó fraude; hacerse amar y temer de los pueblos, aquel fueran Papas, no debía permitir jamás que
seguir y respetar de los soldados; mudar los anti- se confiriera el pontificado á ninguno de los car-
guos estatutos en otros recientes; desembarazarse de denales á quienes él había ofendido, ó de aquellos
los hombres que pueden y deben perjudicarle; ser que, hechos pontífices, tuvieran motivos de temer-
severo y agradable, magnánimo y liberal; suprimir le ( 7 2 ) , porque los hombres ofenden por miedo ó
la tropa infiel, y formar otra nueva; conservar la por odio ( e ) . L o s cardenales á quienes él había
amistad de los reyes y príncipes, de modo que ellos ofendido eran, entre otros, el de San Pedro es-liens,
tengan que servirle con buena gracia, ó no ofender- los cardenales Colona, de San Jorge y Ascagne (73).
le mas que con miramiento: aquel, repito, no puede
hallar ejemplo ninguno más fresco, que las acciones [ 6 9 ] E s p e r o q u e s o y un e j e m p l o no s o l a m e n t e m á s fres-
c o , sino t a m b i é n m á s p e r f e c t o y s u b l i m e . R . I.
[ 7 0 ] C a b e z a d e b i l i t a d a c o n su e n f e r m e d a d . R . I .
q u e él l e h a b í a p r o p u e s t o á t o d o s l o s p r í n c i p e s , a u n á l o s [ 7 1 ] L e h u b i e r a d e p u e s t o y o bien p r o n t o , si él se hubie-
q u e n o se h a l l a n ni p u e d e n h a l l a r s e en el m i s m o c a s o . N o
ra e l e g i d o c o n t r a mi g u s t o . R . C .
c o n o z c o m á s q u e á mí en t o d a la E u r o p a , á q u i e n e s t e m o -
d e l o p u d i e r a c o n v e n i r . R . I. [ 7 2 ] T o d o s , m e n o s el q u e f u é e l e g i d o , s a b í a n ó p r e v e í a n
que e l l o s d e b í a n t e m e r m e . R . C .
( 6 6 ) L o q u e h i c e de a n á l o g o , m e lo i m p o n í a c o m o u n a
[ 7 3 ] P a s ó y a el t i e m p o en q u e p o d í a t e m e r s e su resenti-
n e c e s i d a d mi s i t u a c i ó n , y c o m o u n a o b l i g a c i ó n p o r c o n s i -
m i e n t o . R . I.
guiente. E .
( 6 7 ) Mis r e v e s e s no dependen mas que de causas análo- c. Nerón depuso á cuatro tribunos por el único motivo de que él
los temía: Exuti iribunatu, quasi principan non quuicm odissent,
g a s , s o b r e l a s q u e mi i n g e n i o n o p o d í a n a d a . E . sed /amen c.xtimerentnr. (Ann. 15),—Tácito profiere en otro lugar
( 6 8 ) E s t o e s c u a n t o m e es n e c e s a r i o . G. esta máxima: " A q u e l á quien 1111 Príncipe teme, es siempre has-
Elevados una vez todos los demás al pontificado,
estaban en el caso de temerle ( 7 4 ) , excepto el
Cardenal de Ruán, á causa de su fuerza, supuesto
que tenía por sí el reino de Francia, y los cardena-
les españoles con los que estaba confederado, y que
le debían favores (75). CAPITULO VIII
Así el Duque, debía, ante todas cosas, hacer ele-
D E LOS QUE LLEGARON AL PRINCIPADO POR MEOTO
gir por Papa á un español; y si no podía hacerlo,
debía consentir en que fuera elegido el Cardenal de DE MALDADES

Ruán, y no el de San Pedro es liens. Cualquiera


Pero como uno, de simple particular, llega á ser
que cree que los nuevos beneficios hacen olvidar á
también Príncipe de otros dos modos, sin deberlo
los eminentes personajes las antiguas injurias ( 7 6 ) ,
todo á la fortuna ó valor, no conviene que omita vo
camina errado ( / ) . Al tiempo de esta elección, co-
aquí el tratar de uno y otro de estos dos modos,
metió el Duque, pues, una grave falta, y tan grave
aunque puedo reservarme el discurrir con más e x -
que ella ocasionó su ruina.
tensión sobre el segundo, al tratar de las Repúbli-
[74] M i s o l o n o m b r e los h i z o t e m b l a r , y l o s h a r é t r a e r cas ( i ). El primero es cuando un particular se ele-
c o m o c a r n e r o s al pie de mi t r o n o . R . C . va por una vía malvada y detestable al principa-
[75] ¡ B e l l o motivo para contar con e s t a g e n t e ! Maquia- do ( 2 ) ; y el segundo cuando un hombre llega á ser
v e l o t e n í a t a m b i é n muv b u e n a fe. R . 1.
Príncipe de su patria con el favor de sus conciuda-
[ 7 6 ] P a r e c e n o l v i d a r c u a n d o su p a s i ó n lo quiere: pero
n o n o s fiemos en e l l o . Iv. I. nos ( 3 ) .
tante ilustre al lado del que le tiene miedo;" satis claras est apud En cuanto al primer modo, presenta dos ejem-
ti mentón, quisquís time tur. (Hist. 2).
f . " L a memoria de las ofensas dura por mucho tiempo en los plos suyos la historia: el uno antiguo, y el otro mo-
que permanecen poderosos:" dice Tácito: quarum apud proepoten-
tes in longum memoria est (Ann. 5). " L o s beneficios no penetran lí) S e lo d i s p e n s o . G.
nunca tan adelante como las ofensas, porque l a gratitud se hace
á expensas nuestras, y la venganza á e x p e n s a s de aquellos á ( 2 ) L a e x p r e s i ó n es d u r a m e n t e i m p r o b a t i v a . ¿ Q u é im-
quienes odiamos;" 7arito proclivius est injurioe, qnhm beneficio p o r t a el c a m i n o , c o n tal q u e s e l l e g u e ? M a q u i a v e l o c o m e t e
vicem exsolvere; quia s^ratia onerf. u/fio in quoestu habetur. u n a f a l t a en h a c e r de m o r a l i s t a s o b r e s e m e j a n t e m a t e r i a . G .
[Hist. 41.
(3) Puede aparentarlo siempre. G.
Elevados una vez todos los demás al pontificado,
estaban en el caso de temerle ( 7 4 ) , excepto el
Cardenal de Ruán, á causa de su fuerza, supuesto
que tenía por sí el reino de Francia, y los cardena-
les españoles con los que estaba confederado, y que
le debían favores (75). CAPITULO VIII
Así el Duque, debía, ante todas cosas, hacer ele-
D E LOS QUE LLEGARON AL PRINCIPADO POR MEOTO
gir por Papa á un español; y si no podía hacerlo,
debía consentir en que fuera elegido el Cardenal de DE MALDADES

Ruán, y no el de San Pedro es liens. Cualquiera


Pero como uno, de simple particular, llega á ser
que cree que los nuevos beneficios hacen olvidar á
también Príncipe de otros dos modos, sin deberlo
los eminentes personajes las antiguas injurias ( 7 6 ) ,
todo á la fortuna ó valor, no conviene que omita vo
camina errado ( / ) . Al tiempo de esta elección, co-
aquí el tratar de uno y otro de estos dos modos,
metió el Duque, pues, una grave falta, y tan grave
aunque puedo reservarme el discurrir con más e x -
que ella ocasionó su ruina.
tensión sobre el segundo, al tratar de las Repúbli-
[74] M i s o l o n o m b r e los h i z o t e m b l a r , y l o s h a r é t r a e r cas ( i ). El primero es cuando un particular se ele-
c o m o c a r n e r o s al pie de mi t r o n o . R . C . va por una vía malvada v detestable al principa-
[75] ¡ B e l l o motivo para contar con e s t a g e n t e ! Maquia- do ( 2 ) ; y el segundo cuando un hombre llega á ser
v e l o t e n í a t a m b i é n muv b u e n a fe. R . 1.
Príncipe de su patria con el favor de sus conciuda-
[ 7 6 ] P a r e c e n o l v i d a r c u a n d o su p a s i ó n lo quiere: pero
n o n o s fiemos en e l l o . R . I. nos ( 3 ) .
tante ilustre al lado del que le tiene miedo;" satis darus cst apud En cuanto al primer modo, presenta dos ejem-
ti mentón, quisquís time tur. (Hist. 2).
f . " L a memoria de las ofensas dura por mucho tiempo en los plos suyos la historia: el uno antiguo, y el otro mo-
que permanecen poderosos:" dice Tácito: quarum apud proepoten-
tes in longum memoria cst (Ann. 5). " L o s beneficios no penetran l í ) Se lo dispenso. G.
nunca tan adelante como las ofensas, porque l a gratitud se hace
á expensas nuestras, y la venganza á e x p e n s a s de aquellos á ( 2 ) L a e x p r e s i ó n es d u r a m e n t e i m p r o b a t i v a . ¿ Q u é im-
quienes odiamos;" 'J'anto proclivius est injurioe, qnam beneficio p o r t a el c a m i n o , c o n tal q u e s e l l e g u e ? M a q u i a v e l o c o m e t e
vicem exsolvere; qnia s^ratia oncrt. u/fio in quoestn habehtr. u n a f a l t a en h a c e r de m o r a l i s t a s o b r e s e m e j a n t e m a t e r i a . G .
[Hist. 41.
(3) Puede aparentarlo siempre. G.
POR N A P O L E Ó N 187

sus conciudadanos ( 9 ) . Después de haberse enten-


derno. Me ceñiré á citarlos sin profundizar de otro
dido á este efecto con el General cartaginense Amil-
modo la cuestión, porque soy de parecer que ellos
car, que estaba en Sicilia con su ejército (10), juntó
dicen bastante para cualquiera que estuviera en el
una mañana al pueblo y Senado de Siracusa, como
caso de imitarlos ( 4 ) .
si tuviera que deliberar con ellos sobre cosas impor-
El primer ejemplo es el del siciliano Agátocles,
tantes para la República; y dando en aquella Asam-
quien, habiendo nacido en una condición no sola-
mente ordinaria, sino también baja y vil, llegó á blea á sus soldados la señal acordada, les mandó
empuñar sin embargo el cetro de Siracusa (5). Hijo matar á todos los senadores, y á los más ricos ciu-
de un alfarero, había tenido, en todas las circuns- dadanos que allí se hallaban. Librado de ellos, ocu-
tancias, una conducta reprensible (6); pero sus per- pó y conservó el principado de Siracusa, sin que se
versas acciones iban acompañadas de tanto vigor manifestara guerra ninguna civil contra él ( 1 1 ) .
corporal y fortaleza de ánimo ( 7 ) , que habiéndose Aunque se vió después dos veces derrotado y aun
dado á la profesión militar, ascendió, por los diver- sitiado por los cartaginenses, no solamente pudo
sos grados de la milicia, hasta el de Pretor de Sira- defender su ciudad, sino que también, habiendo
cusa ( 8 ) . Luego que se hubo visto elevado á este dejado una parte de sus tropas para custodiarla, fué
puesto, resolvió hacerse Príncipe, y retener con vio- con otra á atacar la Africa; de modo que en poco
lencia, sin ser deudor de ello á ninguno, la dignidad tiempo libró Siracusa sitiada, y puso á los cartagi-
que él había recibido del libre consentimiento de nenses en tanto apuro que se vieron forzados á tra-
tar con él, se contentaron con la posesión del Afri-
( 4 ) D i s c r e c i ó n de moralista, m u y i n t e m p e s t i v a en mate-
ria d e E s t a d o . G .
[9] A c u é r d e n m e p o r d i e z a ñ o s el C o n s u l a d o , m e le h a r é
( 5 ) E s t e , v e c i n o m í o , c o m o H i e r o n , y de u n a e r a m á s
c e d e r bien pronto c o m o V i t a l i c i o ; ¡y se v e r á ! G .
c e r c a n a q u e la de él, e s t a r á m á s s e g u r a m e n t e t a m b i é n en
la g e n e a l o g í a de mis ascendientes. G . [ 1 0 ] N o n e c e s i t o d e s e m e j a n t e s o c o r r o , a u n q u e sí d e
de o t r o s sin e m b a r g o ; p e r o s o n f á c i l e s d e l o g r a r . G .
( 6 ) L a c o n s t a n c i a en e s t a e s p e c i e e s el m á s s e g u r o indi-
cio de un g e n i o determinado y atrevido. G . [ n ] ¡ V é a n s e mi 18 b r u m a r i o y e f e c t o s s u y o s ! T i e n e él
l a s u p e r i o r i d a d de u n m o d o m á s a m p l i o , sin n i n g u n o d e e s -
(7) E l á n i m o e s p e c i a l m e n t e , q u e e s lo e s e n c i a l . G.
tos crímenes. R. C.
(8) L l e g a r é á él. G.
ca, y le abandonaron enteramente la Sicilia ( 1 2 ) . ferior al mayor campeón de cualquiera especie (17).
Si consideramos sus acciones y valor, no veremos, Pero su feroz crueldad y despiadada inhumanidad,
nada ó casi nada que pueda atribuirse á la fortuna. sus innumerables maldades, no permiten alabarle,
No con el favor de ninguno, como lo he dicho más como si él mereciera ocupar un lugar entre los hom-
arriba, sino por medio de los grados militares a d - bres insignes [18] más eminentes; y vuelvo á con-
quiridos á costa de muchas fatigas y peligros, con- cluir que no puede atribuirse á su fortuna ni valor,
siguió la soberanía ( 1 3 ) ; y si se mantuvo en ella lo que él adquirió sin uno ni otro [19].
por medio de una infinidad de acciones tan peligro- E l segundo ejemplo más inmediato á nuestros
sas como estaban llenas de valor ( 1 4 ) , no puede tiempos, es el de Oliverot de Fermo [20]. Después
aprobarse ciertamente lo que él hizo para conse- de haber estado, durante su niñez, en poder de su
guirla. L a matanza de sus conciudadanos, la trai- tío materno, Juan Fogliani, fué colocado por éste
ción de sus amigos, su absoluta falta de fe, de hu- en la tropa del Capitán Paulo Viteli [21], á fin de
manidad y religión, son ciertamente medios con los llegar allí bajo un semejante maestro á algún grado
que uno puede adquirir el imperio; pero no adquie- elevado en las armas. Habiendo muerto después
re nunca con ellos ninguna gloria ( 1 5 ) . Paulo, y sucedídole su hermano Viteloro en el man-
No obstante esto, si consideramos el valor de do, peleó bajo sus órdenes Oliverot; y como él te-
Agátocles en el modo con que arrostra con los pe- nía talento, siendo por otra parte robusto de cuerpo
ligros y sale de ellos, y la sublimidad de su ánimo y sumamente valeroso, llegó á ser en breve tiempo
en soportar y vencer los sucesos que le son adver- el primer hombre de su tropa. Juzgando entonces
sos [16], no vemos por qué le tendríamos por i n -
( 1 7 ) D í g n e n s e exceptuarme. R. I.
( 1 2 ) H e c o n s e g u i d o m u c h o m á s ; A g á t o c l e s no e s mas ( 1 8 ) ¡ O t r a v e z m o r a l ! E l b u e n h o m b r e de Maquiavelo
que un e n a u o en c o m p a r a c i ó n mía. R . I .
c a r e c í a de a u d a c i a . R . I .
( 1 3 ) A la m i s m a c o s t a la he a d q u i r i d o . R . I.
( 1 9 ) Y t e n í a y o p o r mí el c o n c u r s o de a m b o s . R . I.
(.14) H i c e mis p r u e b a s en e s t a e s p e c i e . R . I.
(20) ¡ E l astuto p e r s o n a j e ! me hizo concebir excelentes
( 1 5 ) ¡Preocupaciones pueriles todo e s t o ! L a gloria acom-
p a ñ a s i e m p r e al a c i e r t o , de c u a l q u i e r m o d o q u e s u c e d a . ideas desde mi niñez. G .
R . I. ( 2 1 ) V a u b o i s , f u i s t e mi V i t e l i . S é ser r e c o n o c i d o opor-
( 1 6 ) ¿ L o s venció mejor qne y o ? R . I. tunamente. G.
que era una cosa servil el permanecer confundido que él solicitaba, y á los que le parecía ser acreedor
entre el vulgo de los capitanes, concibió el proyecto su sobrino. Hizo que le recibieran los habitantes de
de apoderarse de Fermo, con la ayuda de Viteloro, Fermo con honor, y le hospedó en su palacio. Oli-
y de algunos ciudadanos de aquella ciudad que te- verot, después de haberlo dispuesto todo para la
nían más amor á la esclavitud que á la libertad de maldad que él estaba premeditando, dió en él una
su patria [22]. En su consecuencia escribió desde espléndida comida á la que convidó á Juan Fogliani
luego á su tío Juan Foglaini, que era cosa natural y todas las personas más visibles de Fermo ( 2 4 ) .
que después de una tan dilatada ausencia, quisiera Al fin de la comida, y cuando, según el estilo, no
volver él para abrazarle, ver su patria, reconocer en se hacía más que conversar sobre cosas de que se
algún modo su patrimonio, y que iba á volver á habla comunmente en la mesa, hizo recaer Oliverot
Fermo; pero que no habiéndose fatigado durante diestramente la conversación sobre la grandeza de
tan larga ausencia mas que para adquirir algún ho- Alejandro V I y de su hijo César, como también so-
nor, y queriendo mostrar á sus conciudadanos que bre sus empresas. Mientras que él respondía á los
él no había malogrado el tiempo bajo este aspecto, discursos de los otros, y que los otros replicaban á
creía deber presentarse de un modo honroso, acom- los suyos, se levantó de repente diciendo que era
pañado de cien soldados de á caballo, amigos su- una materia de que no podía hablarse mas que en
yos, y de algunos servidores ( 2 3 ) . L e rogó, en su el más oculto lugar; y se retiró á un cuarto particu-
consecuencia, que hiciera de modo que le recibieran lar, al que Fogliani y todos los demás ciudadanos
los ciudadanos de Fermo con distinción, «en aten- visibles le siguieron. Apenas se hubieron sentado
ción á que, le decía, un semejante recibimiento no allí, cuando, por salidas ignoradas de ellos, entra-
solamente le honraría á él mismo, sino que también ron diversos soldados que los degollaron á todos,
redundaría en gloria de su tío, supuesto que él era sin perdonar á Fogliani. Después de esta matanza,
su discípulo.» Juan no dejó de hacerle los favores Oliverot montó á caballo, recorrió la ciudad, fué á

(22) Reflexión de republicano. G.


( 2 + ) S e a s e m e j a b a e l l a a l g o al f a m o s o b a n q u e t e de l a
( 2 3 ) ¡ E l t r a v i e s o ! H a y , en t o d a e s t a h i s t o r i a d e O l i v e - I g l e s i a d e S a n S u l p i c i o , q u e m e hice o f r e c e r p o r l o s d i p u -
r o t , m u c h a s c o s a s d e q u e s a b r é a p r o v e c h a r m e , en l a s c i r - t a d o s á m i v u e l t a de I t a l i a , d e s p u é s d e f r u c t i d o r ; p e r o la
cunstancias. G . pera no estaba madura todavía. R . C.
sitiar en su propio palacio al principal magistrado; un año después de su parricidio [30], le dieron ga-
tan bien que poseídos del temor todos los habitan- rrote con Vitellozo que había sido su maestro de
tes, se vieron obligados á obedecerle, y formar un valor y maldad [31].
nuevo gobierno cuyo Soberano se hizo él ( 2 5 ) . Podría preguntarse por qué Agatocles, y algún
Librado Oliverot por este medio de todos a q u e - otro de la misma especie, pudieron, después de tan-
llos hombres cuyo descontento podía serle temi- tas traiciones é innumerables crueldades (a), vivir
ble (26), fortificó su autoridad con nuevos estatu-
por mucho tiempo seguro en su patria, y defender-
tos civiles (27) y militares (28), de modo que en el
se de los enemigos exteriores, sin ejercer actos crue-
espacio de un año que él poseyó la soberanía (29),
les; como también por qué los conciudadanos de
no solamente estuvo seguro en la ciudad de Fermo,
éste no se conjuraron nunca contra él, mientras que
sino que también se hizo formidable á todos sus ve-
haciendo otros muchos uso de la crueldad, no pu-
cinos; y hubiera sido tan inexpugnable como A g á -
tocles, si no se hubiera dejado engañar de César dieron conservarse jamás en sus Estados, tanto en
Borgia, cuando, en Sinigaglia, sorprendió éste, c o - tiempo de paz como en el de guerra.
mo lo llevo dicho, á los Ursinos y Vitelios. H a - Creo que esto dimana del buen ó mal uso que se
biendo sido cogido Oliverot mismo en esta ocasión, hace de la crueldad. Podemos llamar buen uso los
actos de crueldad, si sin embargo es lícito hablar
( 2 5 ) P e r f e c c i o n é b a s t a n t e bien e s t a m a n i o b r a el 18 de
b r u m a r i o , y s o b r e t o d o al s i g u i e n t e d í a en S a n C l o u d . R . C . [30] C o n e s t a p a l a b r a de i m p r o b a c i ó n , a p a r e n t a M a -
( 2 6 ) M e b a s t a b a p o r lo p r o n t o e l e s p a n t a r l o s , d i s p e r s a r - q u i a v e l o f o r m a r l e un crimen de ello, i P o b r e h o m b r e ! R . C .
l o s y h a c e r l e s huir. E r a m e n e s t e r s o s t e n e r lo q u e y o h a b í a [ 3 1 ] L a g e n t e b o n a z a d i r á q u e O l i v e r o t lo tenía bien
m a n d a d o decir s o l e m n e m e n t e á B a r r a s , q u e n o m e g u s t a b a m e r e c i d o , y q u e B o r g i a h a b í a sido el i n s t r u m e n t o de un
la s a n g r e . R . C . justo c a s t i g o . L o s i e n t o sin e m b a r g o p o r O l i v e r o t : e s t o 110
(27) i Q u e acaben, pues, bien p r o n t o ese C ó d i g o Civil, s e r í a un b u e n a g ü e r o para mí, si h u b i e r a en la tierra otro
al q u e q u i e r o dar mi n o m b r e . R . C . C é s a r B o r g i a q u e y o . R . 1.

(.28) E s t o d e p e n d í a e n t e r a m e n t e de m í ; y he p r o v i s t o á a. E s t a voz crueldad, con que se representa aquí la de crudella


t o d o á mi c o m o d i d a d y p r o g r e s i v a m e n t e . R . C . que se lee en el texto, se toma generalmente en italiano por cuanto
acto de severidad, y rigor aun justo, hace sufrir crueles tormen-
( 2 9 ) T o n t o q u e se d e j a q u i t a r la v i d a c o n la s o b e r a - tos, aunque la muerte no deba ser el resultado suyo; y con mucha
nía. E . mayor razón, tormentos cuyo fin inmediato es arrancar la vida.
—25
cuanto á los demás, no es posible que ellos se man-
bien del mal, que se ejercen de una vez ( 3 2 ) , úni
tengan (37).
camente por la necesidad de proveer á su propia
E s menester, pues, que el que toma un Estado,
seguridad ( 3 3 ) , sin continuarlos después ( 3 4 ) , y
haga atención, en los actos de rigor que le es pre-
que al mismo tiempo trata uno de dirigirlos, cuanto ciso hacer, á ejercerlos todos de una sola vez é in-
es posible, hacia la mayor utilidad de los goberna- mediatamente (38), á fin de no estar obligado á
dos (35). volver á ellos todos los días, y poder, no renován-
L o s actos de severidad mal usados son aquellos dolos, tranquilizar á sus gobernados, á los que g a -
que, no siendo m a s que en corto número á los prin- nará después fácilmente haciéndoles bien (6).
cipios, van siempre aumentándose, y se multiplican El que obra de otro modo por timidez, ó siguien-
de día en día en v e z de disminuirse y de mirar á su do malos consejos (39), está precisado siempre á
fin (36). tener la cuchilla en la mano (40); y no puede contar
L o s que abrazan el primer método, pueden, con nunca con sus gobernados, porque ellos mismos,
los auxilios divinos y humanos, remediar, como con el motivo de que está obligado á continuar y
Agatocles, la incertidumbre de su situación. E n renovar incesantemente semejantes actos de cruel-
dad, no pueden estar seguros con él.
[32] S i e l l o s h u b i e r a n c o m e n z a d o c o n e s t o , c o m o C a r -
Por la misma razón que los actos de severidad
los II, y otros infinitos, e s t a b a perdida mi causa. Todos
c o n t a b a n c o n e l l o ; n i n g u n o h u b i e r a c e n s u r a d o ; bien p r o n -
[37] S e v e r á bien p r o n t o u n a n u e v a p r u e b a de e l l o . E.
t o el p u e b l o n o h u b i e r a p e n s a d o en e s t o , y m e h u b i e r a ol-
vidado. E . [38] L a c o n s e c u e n c i a es j u s t a , y el p r e c e p t o de r i g o r . E .

[33] P o r f o r t u n a e s t o es l o q u e m e n o s l o s o c u p a . E. [ 3 9 ] U n a y o t r a c a u s a de r u i n a e s t á n á su l a d o ; la se-
[34] S i se a c a l o r a n p o r m u c h o t i e m p o en e s t a o p e r a c i ó n , g u n d a e s t á c a s i t o d a á mi d i s p o s i c i ó n . E . .
obran contra sus intereses. C u a n d o la m e m o r i a de la ac- [40] C u a n d o s e lo p e r m i t e n . E.
ción q u e d e b e c a s t i g a r s e , s e h a i n v e t e r a d o , el q u e la c a s t i -
b. A s í hizo Octavio, dice Tácito: "Después de h a b e r d e p u e s t o
g u e no p a r e c e r á y a m a s q u e un h o m b r e c r u e l g e n i a l m e n t e ,
el triunvirato, se ganó al soldado con dadivas, al pueblo con l a
p o r q u e e s t a r á c o m o o l v i d a d o l o q u e h a c e j u s t o el c a s t i - a b u n d a n d a de vituallas, y á todos con las delicias de una sose-
go. E . g a d a vida. Con ello, se hizo perdonar cuanto él h a b í a hecho m-en-
tr- s oue e r a triunviro:" Pósito triumviri nomine mihtem donis,
[35] Era fácil. E. pQpidum aniwná^cunctos dulcedine otii pdlcxil (Aun. X); et quoe
[36] E s t e m é t o d o , el ú n i c o q u e les q u e d a á l o s m i n i s - triumviratu gesserat, abolevit (Aun. III).
t r o s , no p u e d e m e n o s d e s e r m e f a v o r a b l e . E .
deben hacerse todos juntos, y que dejando menos
tiempo para reflexionar en ellos, ofenden menos (41);
los beneficios deben hacerse poco á poco, á fin de
que se tenga lugar para saborearlos mejor (42).
Un Príncipe debe, ante todas cosas, conducirse CAPITULO IX
con sus gobernados, de modo que ninguna casuali-
dad, buena ó mala, le haga variar (43), porque si DEL PRINCIPADO CIVIL
acaecen tiempos penosos, no le queda ya lugar para
remediar el mal (44) ; y el bien que hace entonces, Vengamos al segundo modo con que un particu-
no se convierte en provecho suyo [45]. L e miran lar puede hacerse Príncipe sin valerse de crímenes
como forzoso, y no te lo agradecen. ni violencias intolerables [ 1 ] . E s cuando, con el
auxilio de sus conciudadanos, llega á reinar en su
[ 4 1 ] L o s que e m p e z a d o s m u y tarde, principian tímida- patria. Pues bien, llamo civil este principado. Para
mente p r o b á n d o s e s o b r e los m á s d é b i l e s , hacen c l a m a r y adquirirle, no hay necesidad ninguna de cuanto el
rebelarse á los más f u e r t e s : a p r o v e c h é m o n o s de ello. E .
valoró fortuna pueden hacer, sino más bien de cuan-
[42] C u a n d o los d e r r a m a n á m a n o s llenas, los r e c o g e n
m u c h o s i n d i g n o s ; y no los a g r a d e c e n los otros. E . to una acertada astucia puede combinar [2]. Pero
[43] ¡ Y p a r e c e q u e uno e s t á s o b r e un e j e ! E . digo que no se eleva uno á esta soberanía con el
[ 4 4 ] E l l o s lo e x p e r i m e n t a r á n . E.
favor del pueblo ó el de los grandes [3].
[ 4 5 ] A u n p o r más q u e se p r o m e t a y dé e n t o n c e s , no ser-
E n cualquiera ciudad, hay dos inclinaciones di-
v i r á esto de n a d a ; p o r q u e el p u e b l o p e r m a n e c e n a t u r a l - versas, una de las cuales proviene de que el pueblo
mente sin v i g o r para el que c a e de falta de previsión y lon-
desea no ser dominado ni oprimido por los grandes;
ganimidad. E .
y la otra de que los grandes desean dominar y opn-

( 1 ) L o que y o querría: pero la c o s a es difícil. G .


( 2 ) E s t e medio no e s t á , sin e m b a r g o , fuera de mi facul-
t a d , v me ha servido y a bastante a c e r t a d a m e n t e . G .
( 3 ) T i r a r e m o s á reunir, á lo m e n o s , las a p a r i e n c i a s de
uno y otro. G.
deben hacerse todos juntos, y que dejando menos
tiempo para reflexionar en ellos, ofenden menos (41);
los beneficios deben hacerse poco á poco, á fin de
que se tenga lugar para saborearlos mejor (42).
Un Príncipe debe, ante todas cosas, conducirse CAPITULO IX
con sus gobernados, de modo que ninguna casuali-
dad, buena ó mala, le haga variar (43), porque si DEL PRINCIPADO CIVIL
acaecen tiempos penosos, no le queda ya lugar para
remediar el mal (44) ; y el bien que hace entonces, Vengamos al segundo modo con que un particu-
no se convierte en provecho suyo [45]. L e miran lar puede hacerse Príncipe sin valerse de crímenes
como forzoso, y no te lo agradecen. ni violencias intolerables [ 1 ] . E s cuando, con el
auxilio de sus conciudadanos, llega á reinar en su
[ 4 1 ] L o s que e m p e z a d o s m u y tarde, principian tímida- patria. Pues bien, llamo civil este principado. Para
mente p r o b á n d o s e s o b r e los m á s d é b i l e s , hacen c l a m a r y adquirirle, no hay necesidad ninguna de cuanto el
rebelarse á los más f u e r t e s : a p r o v e c h é m o n o s de ello. E .
valoró fortuna pueden hacer, sino más bien de cuan-
[42] C u a n d o los d e r r a m a n á m a n o s llenas, los r e c o g e n
m u c h o s i n d i g n o s ; y no los a g r a d e c e n los otros. E . to una acertada astucia puede combinar [2]. Pero
[43] ¡ Y p a r e c e q u e uno e s t á s o b r e un e j e ! E . digo que no se eleva uno á esta soberanía con el
[ 4 4 ] E l l o s lo e x p e r i m e n t a r á n . E.
favor del pueblo ó el de los grandes [3].
[ 4 5 ] A u n p o r más q u e se p r o m e t a y dé e n t o n c e s , no ser-
E n cualquiera ciudad, hay dos inclinaciones di-
v i r á esto de n a d a ; p o r q u e el p u e b l o p e r m a n e c e n a t u r a l - versas, una de las cuales proviene de que el pueblo
mente sin v i g o r para el que c a e de falta de previsión y lon-
desea no ser dominado ni oprimido por los grandes;
ganimidad. E .
y la otra de que los grandes desean dominar y opn-

( 1 ) L o que y o querría: pero la c o s a es difícil. G .


( 2 ) E s t e medio no e s t á , sin e m b a r g o , fuera de mi facul-
t a d , v me ha servido y a bastante a c e r t a d a m e n t e . G .
( 3 ) T i r a r e m o s á reunir, á lo m e n o s , las a p a r i e n c i a s de
uno y otro. G.
mir al pueblo (a). Del choque de ambas inclinacio-
E l que consigue la soberanía con el auxilio de los
nes, dimana una de estas tres cosas: ó el estableci-
grandes, se mantiene con más dificultad que el que
miento del principado, ó el de la República, ó la
la consigue con el del pueblo ( 8 ) ; porque siendo
licencia y anarquía. E n cuanto al principado, se
promueve su establecimiento por el pueblo ó por los Príncipe, se halla cercado de muchas gentes que se
grandes, según que el uno ú otro de estos dos par- tienen por iguales con él ( 9 ) ; y no puede mandar-
tidos tienen ocasión para ello. Cuando los magnates las ni manejarlas á su discreción (c).
ven que ellos no pueden resistir al pueblo [4], c o - Pero el que llega á la soberanía con el favor po-
mienzan formando una gran reputación á uno de pular ( 1 0 ) , se halla solo en su exaltación; y entre
e l l o s [ 5 ] . y dirigiendo todas las miradas hacia él; cuantos le rodean, no hay ninguno, ó más que po-
hacerle después Príncipe ( 6 ( , á fin de poder dar á quísimos á lo menos, que no estén prontos á obe-
la sombra de su soberanía, rienda suelta á sus i n - decerle ( 1 1 ) .
clinaciones (ó). E l pueblo procede del mismo modo Por otra parte, no se puede con decoro, y sin
con respecto á uno solo, cuando ve que no puede agraviar á los otros, contentar los deseos de los
resistir á los grandes, á fin de que le proteia su au-
toridad ( 7 ) . (8) Manifestaré semblante de no haberla conseguido
mas que por v para él. G .
(9) E l l a s me han embarazado siempre cruelmente. E.
(4) E s la situación actual del partido directorial; valgá-
m o n o s de él para aumentar mi consideración en el concen- [10] P o r q u e no pude acertar á hacer creer que y o me
to del pueblo. G . hallaba en este caso. Me c o m p o n d r é para parecerlo mejor
(5) S e verán arrastrados á e l l o . G. á mi regreso. E .
(6) A c e p t o este vaticinio. G . [ 1 1 ] L o s había atraído y o sin e m b a r g o á este punto. E .

( 7 ) L e haremos trabajar en este sentido, á fin de que ron por Príncipe suyo." (.Maquiav. cap. 16, del lib. I de los Dis-
por un motivo totalmente opuesto, se dirija al mismo fin' cursos sobre la Primera Década).
que los directoriales. G .

a. " L a avaricia y arrogancia son los principales vicios de los


S ^ T h ^ i T " Proel?JVall qui.neio, eu c & príncipe, debe tirar siempre a cauti-
b Así obraron los de Heraclea: para vengarse del pueblo, que
era el mas fuerte, llamaron á Clearco del destierro, y le declara*
to más debilita su autoridad.
grandes [12]. Pero contenta uno fácilmente los del des al lado de aquel al que esperan ver reinar en
pueblo, porque los deseos de éste tienen un fin más su lugar ( 1 3 ) .
honrado que el de los grandes, en atención á que Además, el Príncipe está en la necesidad de vi-
los últimos quieren oprimir, y que el pueblo limita vir siempre con este mismo pueblo; pero puede
su deseo á no serlo. obrar ciertamente sin los mismos magnates, supues-
to que puede hacer otros nuevos y deshacerlos to-
Añádase á esto que, si el Príncipe tiene por ene-
dos los días; como también darles crédito, ó qui-
migo al pueblo, no puede estar jamás en seguridad;
tarles el que tienen, cuando esto le acomoda ( 1 4 ) .
porque el pueblo se forma de un grandísimo núme-
Para aclarar más lo relativo á ellos, digo que los
ro de hombres. Siendo poco numerosos los m a g -
grandes deben considerarse bajo dos aspectos prin-
nates, es posible asegurarse de ellos más fácilmen-
cipales: ó se conducen de modo que se unan en un
te. L o peor que el Príncipe tiene que temer de un
todo con la fortuna, ú obran de modo que se pasen
pueblo que no le ama, es el ser abandonado por él;
sin ella. L o s que se enlazan con la fortuna, si no
pero si le son contrarios los grandes, debe temer
son rapaces ( 1 5 ) , deben ser honrados y amados.
no solamente verse abandonado, sino también ata-
L o s otros que no se unen á tí personalmente, pue-
cado y destruido por ellos; porque teniendo estos
den considerarse bajo dos aspectos: ó se conducen
hombres más previsión y astucia, emplean bien el
tiempo para salir del aprieto, y solicitan dignida-
( 1 3 ) ¿ C ó m o no previ que estos a m b i c i o s o s , siempre pron-
t o s á anticiparse á los b a r r u n t o s de la fortuna, me a b a n d o -
( 1 2 ) L o s míos eran insaciables. E s t o s h o m b r e s de re- narían, y aun entregarían luego que me asaltara la adversi-
volución no tienen j a m á s bastante. N o la hicieron mas q u e d a d ? H a r á n otro tanto p o r mí c o n t r a él si pueden v e r m e
para e n r i q u e c e r s e , y su codicia crece con sus a d q u i s i c i o n e s . en b e l l a actitud, s a l v o el v o l v e r á e m p e z a r c o n t r a mí en la
Si se anticipan al partido q u e v a á triunfar v le f a v o r e c e n , o c a s i ó n , si e s t o y v a c i l a n t e . ¡ P o r q u e no pude f o r m a r m e
es para tener sus g r a c i a s . D e s t r u i r á n después el que ellos g r a n d e s con h o m b r e s n u e v o s ! E .
hayan e l e v a d o , l u e g o q u e les haya distribuido t o d a s sus dá- ( 1 4 ) E s t o no es casi fácil, á lo m e n o s tanto c o m o y o qni-
divas. Q u e r i e n d o recibir s i e m p r e , arruinarán también éste, siera y d e b i e r a h a c e r l o ; lo tenté con r e s p e c t o á . . . . y á
l u e g o que h a v a cesado de d a r l e s . H a b r á s i e m p r e el m a v o r F . . . . e l l o s fueron más p e l i g r o s o s con esto. E l p r i m e r o
peligro en servirse de s e m e j a n t e s fautores. P e r o ¿ c ó m o pa- m e e n t r e g ó ; el s e g u n d o , del cual necesito, ha p e r m a n e c i d o
sarse sin e l l o s ? Y o , e s p e c i a l m e n t e , que no t e n g o m á s apo- e q u í v o c o , pero lo t e n d r e m o s de un m o d o ú otro. E .
y o ¡ahí! si y o tuviera el título de sucesión al trono, e s t o s
h o m b r e s no podrían v e n d e r m e ni p e r j u d i c a r m e . E . ( 1 5 ) N o t e n g o casi n i n g u n o de e s t a e s p e c i e . R . I.
—26
así por pusilanimidad, ó una falta de ánimo, y en- ción ( 1 9 ) . Cuando los hombres reciben bien de
tonces debes servirte de ellos como de los primeros, aquel de quien no esperaban mas que mal, se ape-
especialmente cuando te dan buenos consejos, por- gan más y más á él (20). Así, pues, el pueblo so-
que te honran en tu prosperidad, y no tienes que metido por un nuevo Príncipe que se hace bienhe-
temer nada de ellos en la adversidad ( 1 6 ) . Pero chor suyo, le coge más afecto, que si él mismo, por
los que no se empeñan mas que por cálculo ó por benevolencia, le hubiera elevado á la soberanía.
causa de ambición ( 1 7 ) , manifiestan que piensan Luego el Príncipe puede conciliarse el pueblo de
más en sí que en tí. El Príncipe debe estar sobre muchos modos; pero estos son tan numerosos, y
sí contra ellos, y mirarlos como á enemigos decla- dependen de tantas circunstancias variables, que no
rados (d), porque en su adversidad ayudarán á ha- puedo dar una regla fija y cierta sobre este particu-
cerle caer ( 1 8 ) . lar. Me limito á concluir que es necesario que el
Un ciudadano, hecho Príncipe con el favor del Príncipe tenga el afecto del pueblo (21), sin lo cual
pueblo, debe tirar á conservarse su afecto; lo cual carecerá de recurso en la adversidad ( 2 2 ) .
le es fácil, porque el pueblo le pide únicamente el Nabis, Príncipe nuevo entre los espartanos, sos-
no ser oprimido. Pero el que llegó á ser Príncipe tuvo el sitio de toda la Grecia y de un ejército ro-
con la ayuda de los magnates, y contra el voto del mano ejercitado en las victorias; defendió fácilmen-
pueblo, debe ante todas cosas tratar de conciliárse- te contra uno y otro su patria y Estado, porque le
le; lo que lees fácil cuando le toma bajo su protec- bastaba, á la llegada del peligro, el asegurarse de
un corto número de enemigos interiores. Pero no
( 1 6 ) N o tengo mal de este t e m p l e . R . I.
hubiera logrado él estos triunfos, si hubiera tenido
( 1 7 ) E s el mayor n ú m e r o de los míos. R . I.
al pueblo por enemigo.
( 1 8 ) N o había c o n o c i d o y o bien e s t a v e r d a d ; el éxito me
ha penetrado duramente de ella. ¿ P o d r é a p r o v e c h a r m e de i Ah! no se crea impugnar la opinión que estoy
esto en lo venidero? E .
( 1 9 ) P r o c u r a r é hacerlo creer. G.
d. "Valerio Festo que, en sus cartas ostencibles á Vespasiano,
hablaba en favor de Vitelio, y daba en secreto al mismo Vespa- (20) N e c e s i t o , sin e m b a r g o , de f u e r t e s c o n t r i b u c i o n e s ,
siano consejos contrarios á Vitelio, queriendo, con esta doble con- y numerosos conscriptos. R. C.
ducta, contraerse un mérito al lado de uno y otro, y tener por
amigo al que quedara Emperador, se hizo justamente sospe- ( 2 1 ) E s t e e r a el flaco mío. C.
choso á ambos" (Tácit., Hist. 2). ( 2 2 ) M e lo han dado á c o n o c e r c r u e l m e n t e . C.
Estas soberanías tienen la costumbre de peligrar,
sentando aquí, con objetarme aquel tan repetido
cuando uno las hace subir del orden civil al de una
proverbio, «que el que se fía en el pueblo, ediíica
monarquía absoluta; porque el Príncipe manda en-
en la arena» (23). Esto es verdad, confiésolo, para
tonces ó por sí mismo, ó por el intermedio de sus
un ciudadano privado, que, contento en semejante
magistrados. E n este postrer caso, su situación es
fundamento, creyera que le libraría el pueblo, si él se
más débil y peligrosa, porque depende enteramen-
viera oprimido por sus enemigos ó los magistrados.
te de la voluntad de los que ejercen las magistra-
E n cuyo caso, podría engañarse á menudo en sus
turas, y que pueden quitarle con una grande facili-
esperanzas, como esto sucedió en Roma á los Gra-
dad el Estado, ya sublevándose contra él, ya no
cos (e)\ y en Florencia á Mossen Jorge Scali (/).
obedeciéndole ( 2 5 ) . E n los peligros, semejante
Pero si el que se funda sobre el pueblo, es Príncipe'
Príncipe no está ya á tiempo de recuperar la auto-
suyo; si puede mandarle y que él sea hombre d e .
ridad absoluta, porque los ciudadanos y gobernados
corazón, no se atemorizará en la adversidad; si no
que tienen la costumbre de recibir las órdenes de
deja de hacer por otra parte las conducentes dispo-
los magistrados, no están dispuestos, en estas cir-
siciones, y que mantenga con sus estatutos y valor,
cunstancias críticas, á obedecer á las suyas [26]; y
el de la generalidad de los ciudadanos, no será e n -
que en estos tiempos dudosos, carece él siempre de
gañado jamás por el pueblo, y reconocerá que los
gentes en quienes pueda fiarse [27].
fundamentos que él se ha formado con éste, son
buenos [24]. Semejante Príncipe no puede fundarse sobre lo
que él ve en los momentos pacíficos, cuando los ciu-
(.23) S í ; y sí, c u a n d o el p u e b l o no e s a b s o l u t a m e n t e m a s
que arena. C.
dadanos necesitan del Estado; porque entonces ca-
( 2 4 ) N o m e f a l t ó d e todo e s t o m a s q u e la v e n t a j a de ser da uno vuela, promete, y quiere morir por él, en
a m a d o del p u e b l o y sin e m b a r g o . . . . p e r o el h a c e r s e a m a r
en la s i t u a c i ó n en q u e y o me h a l l a b a , c o n l a s n e c e s i d a d e s (25) Se va á ver como esto sucede. E.
q u e t e n í a , e r a m u y difícil. C.
(26) Cuento con éste. E.
e. Tiberio Graco fué asaltado y muerto por el pueblo, con aquel
( 2 7 ) ¿ E n dónde las hallará? E.
solo dicho de Scipión N a s i c a : Qui salvam vellent retnpublicam me
sequerentur: " L o s que quieran s a l v a r la República, s í g a n m e ; " poco h a c í a , " dice Maquiavelo añadiendo esta reflexión: " e l afec-
y Caio, su hermano, no se libertó de igual suerte (Vell. P a t e r . ,
Hist. 2). to del pueblo se pierde tan fácilmente como se logra [Hist. Flor.,
lib. 3]-
/. " F u é decapitado en presencia de un pueblo, que le admiraba
MAQUIAVELO COMENTADO

atención á que está remota la muerte [28]. Pero


en los tiempos críticos, cuando el Estado necesita
de los ciudadanos, no se hallan mas que poquísimos
de ellos (g).
Esta experiencia es tanto más peligrosa, cuanto
uno no puede hacerla mas que una vez [29]; en su CAPITULO X
consecuencia un prudente Príncipe debe imaginar
CÓMO DEBEN MEDIRSE LAS FUERZAS 1)E TODOS LOS
un modo, por cuyo medio sus gobernados tengan
PRINCIPADOS
siempre, en todo evento y circunstancias de cual-
quiera especie, una grandísima necesidad de su prin- O el principado es bastante grande para que en
cipado [30]. E s el expediente más seguro para ha- él halle el Príncipe, en caso necesario, con que sos-
cérselos fieles para siempre. tenerse por sí mismo [ i j ; ó es tal que, en semejan-
te caso, se ve precisado á implorar el auxilio de los
(28) N o v i s l u m b r a n e l l o s e s t o en a q u e l l a s p r o t e s t a s v
cartas c o n g r a t u t o l a r i a s q u e l o s t r a n q u i l i z a n , ¡no saben p u e s otros [2].
t o d a v í a c ó m o esto s u c e d e ! E . Pueden sostenerse los príncipes por sí mismos,
(29) S i ellos salieran b i e n del a p u r o una primera v e z , . cuando tienen suficientes hombres y dinero para
me desquitaría y o con v e n t a j a , c u a n d o p u d i e r a desquitarme
p o r mí ó por otro. E . formar el correspondiente ejército, con el que estén
habilitados para dar batalla á cualquiera que llega-
(30) N o se piensa n u n c a b a s t a n t e en e s t a verdad. £.
ra á atacarlos [3]. Necesitan de los otros, los que
g. Prosperis Vitellii re bus certaturi ad obsequium, adversan eius no pudiendo salir á campaña contra los enemigos,
fortmam ex xquo detradabant. "Todos-se apresuraban á servir
a \ itelio, cuando sus negocios prosperaban; y le abandonaron á se ven obligados á encerrarse dentro de sus muros,
porfía cuando l a fortuna le fué adversa" (Tácit., Hist Lan-
gucntibus ommum studiis, quiprimo álacres fidem atqüe animnm y ceñirse á guardarlos ( 4 ) .
ostentaverant, etc.: cuantos en el principio habían hecho alarde
de un animoso rendimiento no le manifestaron y a mas que una
floja indiferencia, e t c . " {Idem, Hist. 1). H [ 1 ] C o m o la F r a n c i a con l a s c o n s c r i p c i o n e s , embargos,
etc. G .
[ 2 ] . E s t o no v a l e nada. G.
[3] C o n m a y o r r a z ó n c u a n d o p u e d e n a t a c a r y hacer tem-
blar todos los otros. G .
[4] ¡ T r i s t e c o s a ! N o la q u e r r í a y o . G.
S e ha hablado del primer caso; y le mentaremos suficiente artillería, y conservan en sus bodegas, cá-
todavía, cuando se presente la ocasión de ello. maras y almacenes, con que comer, beber y hacer
En el segundo caso, no podemos menos de alen- lumbre durante un año. Fuera de esto, á fin de tener
tar á semejantes príncipes á mantener y fortificar suficientemente alimentado al populacho, sin quesea
la ciudad de su residencia sin inquietarse por lo res- gravoso al público, tienen siempre en común con que
tante del país ( 5 ). Cualquiera que haya fortificado darle de trabajar por espacio de un año en aquellas
bien el lugar de su mansión, y se haya portado bien especies de obras que son el nervio y alma de la
con sus gobernados, como lo hemos dicho más arri- ciudad, y con cuyo producto se sustenta este popu-
ba, y lo diremos adelante, no será atacado nunca lacho. Mantienen también en una grande conside-
mas que con mucha circunspección, porque los hom- ración los ejercicios militares, y tienen sumo cuida-
bres miran con tibieza siempre las empresas que les do de que permanezcan ellos en vigor ( 8 ) .
presentan dificultades; y que no puede esperarse un
Así, pues, un Príncipe que tiene una ciudad fuer-
triunfo fácil, atacando á un Príncipe que tiene bien
te, y no se hace aborrecer en ella, no puede ser ata-
fortificada su ciudad, y no está aborrecido de su
cado; y si lo fuera se volvería con oprobio el que le
pueblo ( 6 ) .
atacara. Son tan variables las cosas terrenas, que
L a s ciudades de Alemania son muy libres; tie- es casi imposible que el que ataca, siendo llamado
nen, en sus alrededores, poco territorio que les per- en su país por alguna vicisitud inevitable de sus Es-
tenezca; obedecen al Emperador cuando lo quie- tados, permanezca rodando un año con su ejército
ren; y no le temen á él ni á ningún otro potentado bajo unos muros que no le es posible asaltar (9).
inmediato, á causa de que están fortificadas, y cada Si alguno objetara que, en el caso de que tenien-
uno de ellos ve que le sería dificultoso y adverso el do un pueblo sus posesiones afuera, las viera que-
atacarlas ( 7 ) . T o d a s tienen fosos, murallas, una mar, perdería paciencia, y que un dilatado sitio y
[5] E s t o no mira á mí. su interés le hacían olvidar el de su Príncipe, res-
[6] Me he h a l l a d o , sin e m b a r g o , en este c a s o ; pero me
a p r o v e c h a r é de la p r i m e r a ocasión p a r a fortificar mi Capi- [8] ¿ D e q u é sirvieron e s t a s p r e c a u c i o n e s c o n t r a n u e s t r o
tal, sin q u e a d i v i n e n el m o t i v o real de ello. E . ardor en A l e m a n i a v S u i z a ? R . C .
[7] E r a b u e n o para el t i e m p o p a s a d o ; y no se trata a q u í [o] N o ando r o d a n d o y o un año, sin hacer nada, b a j o
de f r a n c e s e s q u e fueran los a g r e s o r e s . G . los m u r o s a j e n o s . R . C.
210 M A Q U I A V E LO G O M E N T A DO POR N A P O L E Ó N 2x1

ponderé que un Príncipe poderoso y valiente supe considerándolo todo bien, no le es difícil á un Prín-
rará siempre estas dificultades; y a haciendo esperar cipe, que es prudente, el tener al principio y en lo
á sus gobernados que el mal no será largo; ya ha- sucesivo durante todo el tiempo de un sitio, incli-
ciéndoles tener diversas crueldades por parte del nados á su persona los ánimos de sus conciudada
enemigo, ó ya, últimamente, asegurándose con ar- nos, cuando no les falta con que vivir, ni con que
te de aquellos súbditos que le parezcan muy osados defenderse (12).
en sus quejas ( 10).
(.12) C o n q u e d e f e n d e r s e , q u e es lo esencial. R . i.
Fuera de esto, habiendo debido naturalmente el
enemigo, desde su llegada, quemar y asolar el país,
cuando estaban los sitiados en el primer ardor de la
defensa, el Príncipe debe tener tanto menos des-
confianza después, cuanto á continuación de haber-
se pasado algunos días, se han enfriado los ánimos,
los daños están ya hechos, los males sufridos 3' sin
que les quede remedio ninguno. L o s ciudadanos
entonces llegan tanto mejor á unirse á él, cuanto
les parece que ha contraído una nueva obligación
con ellos, con motivo de haberse arruinado sus po-
sesiones y casas en defensa suya ( 11 ). L a natura-
leza de los hombres es de obligarse unosá otros así
tanto con los beneficios que ellos acuerdan, como
con los que reciben. D e ello es preciso concluir que,

( 1 0 ) E l m e j o r y aun ú n i c o medio e s c o n t e n e r l o s á todos


i g u a l m e n t e por medio de un s u m o t e r r o r ; oprimidlos, y
e l l o s no se s u b l e v a r á n , ni osarán respirar. R . 1.

( 1 1 ) S e a ó no esto así, se me da p o c o : v no necesito de


ello. R. i.
M A Q U I A V E I A ) COM E N T A D ( ) potó Napoleón 213

de Príncipe, y ni aun pueden hacerlo. Son, pues,


estos Estados los únicos que prosperan y están se-
guros.
Pero como son gobernados por causas superiores,
á que la razón humana no alcanza, los pasaré en
CAPITULO XI silencio; sería menester ser bien presuntuoso y t e -
merario, para discurrir sobre unas soberanías erigi-
DE LOS P R I N C I P A D O S E C L E S I Á S T I C O S das y conservadas por Dios mismo (2).
Alguno, sin embargo, me preguntará de qué pro-
No nos resta hablar ahora mas que de los princi-
viene que la Iglesia Romana se elevó á una tan su -
pados eclesiásticos, sobre los que no hay dificultad
perior grandeza en las cosas temporales de tal mo-
ninguna mas que para adquirir la posesión suya;
do que la dominación pontificia de la que, antes del
porque hay necesidad, á este efecto, de valor ó de
Papa Alejandro VI, los potentados italianos, y no
una buena fortuna. N o hay necesidad de uno ni
solamente los que se llaman potentados, sino t a m -
otro para conservarlos, se sostiene uno en ellos por
bién cada barón, cada señor, por más pequeños que
medio de instituciones, que fundadas antiguamente,
fuesen, hacían corto aprecio en las cosas tempora-
son tan poderosas, y tienen tales propiedades, que
les, hace temblar ahora á un Rey de Francia, aun
ellas conservan al Príncipe en su Estado, de cual-
pudo echarle de Italia, y arruinar á los Venecianos.
quier modo que él proceda y se conduzca (i).
Aunque estos hechos son conocidos, no tengo por
Unicamente estos príncipes tienen Estados sin cosa en balde el representarlos en parte (3).
estar obligados á defenderlos y súbditos sin experi-
Antes que el R e y de Francia, Carlos VIII, v i -
mentar la molestia de gobernarlos. Estos Estados,
niera á Italia, esta provincia estaba distribuida bajo
aunque indefensos, no les son quitados; y estos súb-
el imperio del Papa, Venecianos, R e y de Nápoles,
ditos, aunque sin gobierno como ellos están, no tie-
nen zozobra ninguna de esto; no piensan en mudar ( 2 ) E s t a i r o n í a m e r e c í a p o r c i e r t o t o d o s los r a y o s e s p i -
t u a l e s de la p o t e s t a d t e m p o r a l del V a t i c a n o . G .

( x ) ¡ A h ! ¡si y o p u d i e r a e n B ' r a n c i a , h a c e r m e á mí m i s m o ( 3 ) E n t i e n d e s mal l o s i n t e r e s e s de tu r e p u t a c i ó n , y la


A u g u s t o , y s u p r e m o P o n t í f i c e de la r e l i g i ó n ! G . c o r t e de R o m a no te p e r d o n a r á e s t a h i s t o r i a i n d i s c r e t a . G .
M A Q LÍL A V E L O O.I.M!'. N 1 A MO

Duque de Milán y Florentinos. Estos potentados otro Papa que se hallaba enemigo de los Ursinos,
debían tener dos cuidados principales: el uno que hacía resucitar á los Colonas. No le quedaba ya
ningún extranjero trajera ejércitos á Italia, y el otro suficiente tiempo para aniquilarlos después; y con
que no se engrandeciera ninguno de ellos. Aquellos ello acaecía que hacían poco caso de las fuerzas tem-
contra quienes más les importaba tomar estas pre- rales del Papa en Italia (5).
cauciones. eran el Papa y los Venecianos. Para
Pero se presentó Alejandro VI. quien mejor que
contener á los Venecianos, era necesaria la unión
de todos los otros, como se había visto en la defen- todos sus predecesores, mostró cuanto puede triun •
sa de Ferrara; y para contener al Papa, se valían far un Papa, con su dinero y fuerzas, de todos los
estos potentados de los barones de Roma, que, ha- demás príncipes (6). T o m a n d o á su Duque de Va-
llándose divididos en dos facciones, las de los U r - len tinois por instrumento, y aprovechándose de la
binos y Colonas, tenían siempre con motivo de sus ocasión del paso de los franceses, ejecutó cuantas
continuas discusiones, desenvainada la espada unos cosas llevo referidas ya al hablar sobre las acciones
contra otros, á la vista misma del Pontífice al que de este Duque. Aunque su intención no había sido
inquietaban incesantemente. De ello resultaba que aumentar los dominios de la Iglesia, sino únicamen-
la potestad temporal del pontificado permanecía te proporcionar otros grandísimos ai Duque, sin em-
siempre débil y vacilante (4). bargo lo que hizo por él. ocasionó el engrandeci-
Aunque á veces sobrevenía un Papa de vigoroso miento de esta potestad temporal de la Iglesia, su-
genio como Sixto IV, la fortuna ó su ciencia no po puesto que á la extinción del Duque, heredó ella el
dían desembarazarle de este obstáculo, á causa de
fruto de sus guerras. Cuando el Papa Julio vino
la brevedad de su pontificado. En el espacio de diez
después, la halló muy poderosa, pues ella poseía
años que, uno con otro reinaba cada Papa, no les
toda la Romana; y todos los barones de Roma e s -
era posible, por más molestias que se tomaran, el
taban sin fuerza, supuesto que Alejandro, con los
abatir una de estas facciones. Si uno de ellos, por
diferentes modos de hacer derrotar sus facciones,
ejemplo, conseguía eztinguir casi la de los Colonas,

(.5 .' E l mismo h a g o vo. G.


( 4 ) Juiciosas r e f l e x i o n e s . . . . dignas de meditarse. G.
( 6 ) E n su t i e m p o v país. G.
las había destruido ( 7 ) . Halló también el camino los barones están obligados á defender; y así es co-
abierto para algunos medios de atesorar que A l e - mo las discordias y guerras entre los barones, di-
jandro no había puesto en práctica nunca. Julio no manan de la ambición de estos prelados ( 1 1 ) .
solamente siguió el curso observado por éste, sino Sucediendo Su Santidad, el Papa León X, á Ju-
que también formó el designio de conquistar Bolo- lio, halló pues el pontificado elevado á un altísimo
nia, reducir á los venecianos, arrojar de Italia á los grado de dominación; y hay fundamentos para es-
franceses ( 8 ) . Todas estas empresas le salieron perar que, si Alejandro y Julio le engrandecieron
bien, y con tanta más gloria para él mismo, cuanto con las armas, este Pontífice le engrandecerá más
ellas llevaban la mira de acrecentar el patrimonio todavía, haciéndole venerar con su bondad y demás
de la Iglesia, y no el de ningún particular. A d e m á s infinitas virtudes que sobresalen en su persona.
de esto mantuvo las facciones de los Ursinos y Co-
lonas en los mismos términos en que las halló ( 9 ) ; ( 1 1 ) M e v a l d r é de e l l a para el triunfo de la mía. R. C.

y aunque había entre ellas algunos jefes capaces


de turbar el Estado, permanecieron sumisos, por-
que los tenía espantados la grandeza de la Igle-
sia, y no había cardenales que fueran de su familia:
lo cual era causa de sus disensiones. Estas faccio-
nes no estarán jamás sosegadas, mientras que ellas
tengan algunos cardenales (10). porque estos m a n -
tienen, en Roma y por afuera, unos partidos que

[ 7 ] Y o h u b i e r a tenido á bien el p o d e r Hacer lo mismo en


t rancia. G .

¡ m p ]
G
H é a c * u í 1,1 que se l l a m a o b r a r c o m o g r a n d e hom-

[o] E s la sola c o s a q l l e me sea c o n v e n i e n t e hacer en


i-rancia. K . C .

[10] N o haría y o m a l en t e n e r allí m u c h o s cardenales


que me debieran su b i r r e t a e n c a r n a d a . R . C.
Pero las armas con que un Príncipe defiende su
Estado, son ó las suyas propias, ó armas mercena-
rias, ó auxiliares, ó armas mixtas.
L a s mercenarias y auxiliares son inútiles y peli-
grosas ( 2 ) . Si un Príncipe a p o y a su E s t a d o con
CAPITULO XII
tropas mercenarias, no estará firme ni seguro nun-
CUÁNTAS ESPECIES DE TROPAS H A Y ; V DE LOS ca, porque ellas carecen de unión, son ambiciosas,
SOLDADOS MERCENARIOS indisciplinadas, infieles, fanfarronas en presencia
de los amigos, y cobardes contra los enemigos, y
Después de haber hablado en particular de todas que no temen temor de Dios, ni buena fe con los
las especies de principados, sobre las que al princi- hombres. Si uno, con semejantes tropas, no queda
pio me había propuesto discurrir; considerado, bajo vencido, es únicamente cuando no hay todavía ata-
algunos aspectos, las causas de su buena ó mala que. E n tiempo de paz, te pillan ellas; y en el de
constitución; y mostrado los medios con que m u - guerra, dejan que te despojen los enemigos.
chos príncipes trataron de adquirirlos y conservar-
L a causa de e s t o e s que ellas no tienen más amor,
los: me resta ahora discurrir, de un modo general,
ni motivo que te las apegue que el de su sueldeci-
sobre los ataques y defensas que pueden ocurrir
11o: y este sueldecillo no puede hacer que estén re-
en cada uno de los Estados de que llevo hecha
sueltas á morir por tí. T i e n e n ellas á bien ser sol-
mención.
dados tuyos, mientras que no hacen la guerra; pero
L o s principales fundamentos de que son capaces si ésta sobreviene, huyen ellas y quieren retirar-
todos los Estados, y a nuevos, y a antiguos, y a mix- se ( 3 ) .
tos, son las buenas leyes y armas; y porqueras le-
N o me costaría sumo trabajo el persuadir lo que
yes no pueden ser malas en donde son buenas las
acabo de decir, supuesto que la ruina de la Italia,
armas, hablaré de las armas echando á un lado las
leyes ( i ). ( 2 ) C u a n d o u n o no tiene t r o p a s s u y a s , ó q u e l a s m e r -
c e n a r i a s ó auxiliares son más n u m e r o s a s q u e e l l a s , e s evi-
V , í ^ l , P ° r ? u é ' , P u e s > a c l u e l visionario de M o n t e s q u i e u ha- dente. G .
blo de M a q u i a v e l o en su capítulo de los legisladores? R. C . ( 3 ) E x c e p t ú o sin e m b a r g o á los suizos. E .
22o

en este tiempo [en el Siglo X V I ] , no proviene sino


de que ella, por espacio de muchos años, descuidó el uso de esta especie de tropas acarrea. O los ca-
en las armas mercenarias U ) , que lograron cierta- pitanes mercenarios son hombres excelentes, ó no
mente, es verdad, algunos triunfos en provecho de lo son. Si no lo son, no puedes fiarte en ellos, por-
tal o cual Príncipe; y se manifestaron animosas con- que aspiran siempre á elevarse ellos mismos á la
tra vanas tropas del país; pero á la llegada del ex- grandeza, sea oprimiéndote, á tí que eres dueño
tranjero, mostraron lo que realmente eran ellas Por suyo, sea oprimiendo á los otros contra tus inten-
esto Carlos VIII, R e y de Francia, tuvo la facilidad ciones ( 5 ) , y si el capitán no es un hombre de va-
de tomar la Italia con greda (ó); y el que decía que lor ( 6 ) , causa comunmente tu ruina.
nuestros pecados eran la causa de ello, decía la ver-
Si alguno replica, diciendo que cuanto capitán
dad; pero no eran los que él creía, sino los que ten-
go mencionados ya (,). Y como estos pecados eran tenga tropas á su disposición, sea ó no mercenario,
los de los príncipes, llevaron ellos mismos también obrará del mismo modo: responderé mostrando có-
su castigo ( 4 ) . mo estas tropas mercenarias deben emplearse por
un Príncipe ó República.
^Quiero demostrar todavía mejor la desgracia que
El Príncipe debe ir en persona á su frente; y ha-
( 4 ) E n t i e m p o del buen h o m b r e , t o d a falta ve cer por sí mismo ei oficio de capitán ( 7 ) . L a Re-

eSSgS&tOSSS pública debe enviar á uno de sus ciudadanos para


mandarlas; y si después de sus primeros principios,
no se muestra muy capaz de ello, debe sustituirle
bían alistado á s u co t f f c o V a s ' ! t T ™ T " eIlos h a '
con otro. Si por el contrario se muestra muy capaz,
pronto de éste como de a q ^ P r n c ¡ n ? rPo " v ^ " a l S U e l d o ' tan conviene que le contenga, por medio de sabias le-
vamente en los dos partidos e n e n S h S . V l e , r o n s e r v i r sucesi-
mo año; y tales fue^on B ^ o l o ^ Z Ü T T j y C U r B S , d e U " m i s "
cinino, etc., etc. «-oieoni, Santiago Sforcia, P i - ( 5 ) U n o s e j é r c i t o s f o r m a d o s por un p r e d e c e s o r enemi-
g o , y q u e no teneis r e a l m e n t e á v u e s t r o servicio mas q u e
cuartel h
¿ - n un p o r q u e los p a g a i s , no están á v u e s t r o servicio mas qne co-
alojamientos de las t r o p a s ? £ r o d í a ' P ^ p a r a r los mo mercenarios. E .
greda y pasar adelante
sin pararse & ' ° Cl " a sena'ar l ° s con ( 6 ) L e tienen e l l o s entre sus fieles. E.
c. Véase anteriormente el cap. 3. ( 7 ) S é esto: ellos deberían s a b e r l o ; ¿ p e r o lo p u e d e él? E .
yes, para impedirle pasar del punto que ella ha fi- capitanes de estos soldados eran cartaginenses. Ha-
jado ( 8 ) . biendo sido nombrado Filipo de Macedonia por ca-
L a experiencia nos enseña que únicamente los pitán de los tebanos después de muerto E p a m i -
príncipes que tienen ejércitos propios, y las Repú- nondas, los hizo vencedores, es verdad; pero á con-
blicas que gozan del mismo beneficio, hacen gran- tinuación de la victoria, los esclavizó. Constituidos
des progresos; mientras que las Repúblicas y prín- los milaneses en República después de la muerte
cipes que se apoyan sobre ejércitos mercenarios, no del Duque Felipe M a n a Visconti, emplearon como
experimentan mas que reveses ( 9 ) . mantenidos á su sueldo á Francisco Sforcia y tropa
Por otra parte, una República cae menos fácil- suya contra los venecianos; y este capitán, después
mente bajo el yugo del ciudadano que manda, y de haber vencido á los venecianos en Caravagio, se
quisiera esclavizarla, cuando está armada con sus unió con ellos para sojuzgar á los milaneses, que
propias armas ( 1 0 ) , que cuando no tiene mas que sin embargo eran sus amos ( 1 1 ) . Cuando Sforcia,
ejércitos extranjeros. Roma y Esparta se conserva- su padre, que estaba con sus tropas al sueldo de la
ron libres con sus propias armas por espacio de Reina de Nápoles, la abandonó de repente, quedó
muchos siglos, y los suizos que están armados del ella tan bien desarmada, que para no perder su rei-
mismo modo, se mantienen también sumamente no, se vió precisada á echarse en los brazos del
libres. R e y de Aragón. [ 1 2 ] .
Por lo que mira á los inconvenientes de los ejér- Si los venecianos y florentinos extendieron su
citos mercenarios de la antigüedad, tenemos el ejem-
plo de los Cartaginenses que acabaron siendo so- ( n ) P u e d e hacerse lo mismo con tropas que no reciben
s u e l d o m a s q u e d e l E s t a d o . S e t r a t a de i n f u n d i r l e s el e s p í -
juzgados por sus soldados mercenarios, después de r i t u q u e t i e n e n l a s t r o p a s m e r c e n a r i a s ; lo c u a l e s fácil c u a n -
la primera guerra contra los romanos, aunque los d o u n o t i e n e l a c a j a m i l i t a r á s u d i s p o s i c i ó n , y q u e la h a c e
l a s u v a p r o p i a c o n l a s c o n t r i b u c i o n e s q u e e c h a y h a c e en-
t r a r en e l l a . L a f a c i l i d a d e s m a y o r , c u a n d o u n o e s t á c o n
( 8 ) N o h a y d e c r e t o ni o r d e n q u e p u e d a n embarazarle; s u s t r o p a s en p a í s e s l e j a n o s , q u e e l l a s n o p u e d e n r e c i b i r
n o s e h a c e l a l e y , s i n o q u e la d a él. G .
m á s i n f l u j o q u e el d e s u G e n e r a l . A p r o v é c h e s e d e e l l o . G .
(9) Contad con esto, supuesto que no teneis mas que
mercenarios. K. ( 1 2 ) E n c u a l e s q u i e r a b r a z o s q u e o s e c h e i s , si e l l o s c o l -
m a n v u e s t r o p r i n c i p a l d e s e o , o s h a r á n al c a b o d e la c u e n t a
(10) Pero finalmente ella puede caer. G.
m á s mal que bien. E .
dominación con esta especie de armas durante los
rentinos. Si Santiago Sforcia no invadió los E s t a -
últimos años, y si los capitanes de estas armas no
se hicieron príncipes de Venecia [ 1 3 ] ; si, finalmen- dos que le tenían á su sueldo, nace de que tuvo
te, estos pueblos se defendieron bien con ellas, los siempre contra sí á los Braceschis que le contenían,
florentinos que tuvieron particularmente esta dicha, al mismo tiempo que él los contenía [ 1 7 ] . Ultima-
deben dar gracias á la suerte por la cual sola ellos mente, si Francisco Sforcia [ 1 8 ] dirigió eficazmen-
fueron singularmente favorecidos. Ent&e aquellos te su ambición hacia la Lombardía (<?), proviene de
valerosos capitanes, que podían ser temibles, algu- cfue Bracio dirigía la suya hacia los Estados de la
nos, sin embargo, no tuvieron la dicha de haber Iglesia y el reino de Nápoles ( / ) . Pero volvamosá
ganado victorias [14J; otros encontraron insupera- algunos hechos más cercanos á nosotros [ 1 9 ] .
bles obstáculos [ 1 5 ] ; y, finalmente, hay varios que T o m e m o s la época en que los florentinos habían
dirigieron su ambición hacia otra parte |_ió]. Del
elegido por capitán suyo á Paulo Viteli. habilísimo
número de los primeros fué'Juan A c a t sobre cuya
sujeto, y que había adquirido una grande reputación,
fidelidad no podemos formar juicio, supuesto que
aunque nacido en una condición vulgar. ¿Quién ne-
él no fué vencedor (d); pero se convendrá en que
gará que si él se hubiera apoderado de Pisa, sus
si lo hubiera sido, quedaban á su discreción los flo-
soldados, por más florentinos que ellos eran, hu
hieran tenido por conveniente el quedarse con é l 3
( 1 3 ) N o se l l a m ó c a s i m a s q u e h o m b r e h o n r a d o , a q u e l
famoso B a r t o l o m é Coleoni, que tuvo tantos arbitrios para Si él hubiera pasado al sueldo del enemigo, no era
h a c e r s e R e y de V e n e c i a , y q u e n o q u i s o s e r l o . ¡ Q u é b o h e - ya posible remediar cosa ninguna; y supuesto que
n a , al m o r i r , el a c o n s e j a r á l o s v e n e c i a n o s q u e no d e j a r a n
á o t r o s t a n t o p o d e r m i l i t a r c o m o le h a b í a n d e j a d o á él mis-
mo! G.
[17] E r a menester saber destruirlo. G.
( 1 4 ) C o n éste c o n v i e n e absolutamente empezar. G.
[18] ¡Sublime! es'el mejor modelo. G.
(15) V e r e m o s d e s p u é s si los hay i n s u p e r a b l e s . G.
[10] ¡ P o r q u e n o p u d i s t e s e g u i r m e ! R . C-
( 1 6 ) L o i m p o r t a n t e . e s v e r lo q u e p r o m e t e m á s . G.
: e. Hemos visto que él destruyó la República de Milán, y se hizo
Capitán inglés que, al frente de cuatro mil hombres de su proclamar a l l á Duque.
"uZZ'Mstffor™™^ 103 G Í b e l Í " O S dC l a f . S e apoderó de P e r u s a y Montona en el estado eclesiástico, y
fué á pelear contra la reina de Nápoles, Juana II.
le habían conservado por capitán, era cosa natural ellos habían incurrido. Viendo á este hombre, tan
que le obedeciesen sus tropas (20). hábil como valeroso, dejarse derrotar sin embargo
Si se consideran los adelantamientos que los v e - al obrar por ellos contra el Duque de Milán, su So-
necianos hicieron, se verá que ellos obraron segura berano natural, y sabiendo además que en esta gue-
y gloriosamente, mientras que hicieron ellos mis- rra se conducía fríamente, comprendieron que no
mos la guerra (?.). L o cual se verificó, mientras podían vencer ya con él (22). Pero como hubieran
que no tentaron nada contra la tierra firme, y que corrido peligro de perder lo que habían adquirido,
su nobleza peleó valerosamente con el pueblo bajo si hubieran licenciado á este capitán, que se hubie-
armado ( 2 1 ) . Pero cuando se pusieron á hacer la ra pasado al servicio del enemigo, y como también
guerra por tierra, abandonándolos entonces su v a - la prudencia no les permitía dejarle en su puesto,
lor. abrazaron los estilos de la Italia, y se sirvieron se vieron obligados, para conservar sus adquisicio-
de legiones mercenarias. N o tuvieron que descon- nes, á hacerle perecer (23)
fiarse mucho de ellas en el principio de sus adqui- Tuvieron después por capitán á Bartolomé C o -
siciones, porque no poseían entonces, en tierra fir- leoni de Bergamo. á Roberto de San Severino, al
me. un país considerable, y gozaban todavía de una Conde de Pitigliano, y otros semejantes, con los
respetable reputación. Pero luego que se hubieron que debían menos esperar ganar que temer perder;
engrandecido, bajo el mando del Capitán C a r m a o , como sucedió en Vaila, donde en una sola batalla
nola^echaron de ver bien pronto la falta en que fueron despojados de lo que no habían adquirido
mas que con ochocientos años de enormes fati-
n E 1 d j r e ? ° r i o " " " m u r a r á y d e c r e t a r á lo q u e g u s t e , gas ( 2 4 ) .
pero y o quedaré lo que s o y ; y será p r e c i s o , c i e r t a m e n t e
q u e mi ejército me o b e d e z c a . G . '
[22] Y o hubiera visto éste mucno más pronto. R . I.
[21] G r a n beneficio de las c o n s c r i p c i o n e s . R . C. [23] E s por cierto lo más s e g u r o ; h u b i e r a debido hacer-
lo y o con m á s frecuencia que lo hice. D o s v e c e s no b a s t a -
g Sus padres eran mucho más prudentes normw> h-x-í-,,, i - ban; t e n g o que temerlo todo por no haberlo h e c h o tres á
lo menos. R . 1.
discursos pronunciados en el S e c a d o ^ r ' e f i , d S f l S S S E
[24] P e o r que peor para e l l o s ; t o d a v í a no lo han v i s t o
C,™? , Vq U n S 1 S t í a venecianos se abstuvieran abso-
6n q u e los
lutamente de tener posesiones de esta esnecio v : . ^ , ' . ? , , , todo. G .
con nombres prestados { E g n a r i o ^ f e ^ u l ^ g ^ S ^
Concluyamos de todo esto que con legiones mer- Habiendo caído con ello la Italia casi toda bajo el
cenarias, las conquistas son lentas, tardías, débi- poder de los Papas, si se exceptúan algunas repú-
les; y las pérdidas repentinas é inmensas. blicas (30); y no estando habituados estos pontífices
Supuesto que estos ejemplos me han conducido ni sus cardenales á la profesión de las armas, se
á hablar de la Italia, en que se sirven de semejan echaron á tomar á su sueldo tropas extranjeras. El
tes armas muchos años hace, quiero volver á tomar primer capitán que puso en crédito á estas tropas,
de más arriba lo que le es relativo, á fin de que ha fué el Romañol Alberico de Como, en cuya escuela
biendo dado á conocer su origen y progresos, pueda se formaron, entre otros varios, aquel Bracio, y
reformarse mejor el uso suyo ( 2 5 ) . E s menester aquel Sforcia, que fueron después los árbitros de la
traer á la memoria desde luego, como en los siglos Italia; tras ellos vinieron todos aquellos otros capi-
pasados, luego que el Emperador de Alemania hu- tanes mercenarios que, hasta nuestros días, man-
bo comenzado á ser echado de la Italia (26), y el daron los ejércitos de nuestra vasta península (31).
Papa á adquirir en ella una grande dominación tem- El resultado de su valor es que este hermoso país,
poral, se vió dividida aquella en muchos E s t a - á pesar de ellos, pudo recorrerse libremente por
dos (27). En las ciudades más considerables, se ar- Carlos VIII, tomarse por Luis XII, sojuzgarse por
mó el pueblo contra los nobles, quienes, favorecidos Fernando, é insultarse por los suizos (32).
al principio por el Emperador, tenían oprimidos á
El método que estos capitanes seguían consistía
los restantes ciudadanos; y el Papa auxiliaba estas
primeramente en privar de toda consideración á la
rebeliones populares para adquirir valimiento en las
infantería, á fin de proporcionarse la mayor á si
cosas terrenas (28). En otras muchas ciudades, di-
mismo; y obraban así, porque no poseyendo Estado
versos ciudadanos se hicieron príncipes de ellas (29).
ninguno, no podían tener mas que pocos infantes,
[25] D i g r e s i ó n supérflua para mí. ni alimentar á muchos, y que, por consiguiente,
[26] R e s t a b l e c e r é allí el imperio. G .
[27] L a división desaparecerá. G . [30] T o d o esto se mudará. R . C .
[28] G r e g o r i o V i l , e s p e c i a l m e n t e , fué muv hábil en es- [ 3 1 ] ¡ L a s t i m o s o s c a u d i l l o s de f o r a g i d o s ! G .
to G .
[32] A los q u e h a g o t e m b l a r , d e s p u é s de haber hecho
[29] H a c e r obrar y o s o l o , y para mí solo estos tres mó- tanto y o solo c o m o estos tres m o n a r c a s juntos; y esto con-
v i l e s á un mismo tiempo. G .
tra t r o p a s m u c h o más f o r m i d a b l e s . R . C.
- 2 30 M A Q VIA VE LO COMJB WTA UO

la infantería no podía adquirirles un gran renom-


bre (33)- Preferían la caballería, cuya cantidad pro-
porcionaban á los recursos del país que había de
alimentarla, v en el que era tanto más honrada
cuanto más fácil era su mantenimiento. L a s cosas
habían llegado al punto que, en un ejército de veinte
mil hombres, no se contaban dos mil infantes (34). CAPITULO XIII
Habían tomado además todos los medios posi-
bles, para desterrar de sus soldados y de sí mismos de los soldados auxiliares, mixtos y prorios

la fatiga y miedo, introduciendo el uso de no matar


L a s armas auxiliares que he contado entre las
en las refriegas, sino de hacer en ellas prisioneros,
inútiles, son las que otro Príncipe os presta para
sin degollarlos (35). De noche los de las tiendas no
socorreros y defenderos ( 1 ). Así, en estos últimos
iban á a c a m p a r e n las tierras, y los de las tierras
tiempos, habiendo hecho el Papa Julio una desacer-
no volvían á las tiendas; no hacían fosos ni empali-
tada prueba de las tropas mercenarias en el ataque
zadas al rededor de su campo, ni se acampaban du-
de Ferrara, convino con Fernando, Rey de España,
rante el invierno. T o d a s estas cosas permitidas en
que éste iría á incorporársele con sus tropas. Estas
su disciplina militar, se habían imaginado por ellos,
armas pueden ser útiles y buenas en sí mismas (2);
como lo hemos dicho, para ahorrarles algunas fati-
pero son infaustas siempre para el que las llama;
gas y peligros ( 3 6 ) . Pero con estas precaucio-
porque si pierdes la batalla, quedas derrotado, y
nes, condujeron la Italia á la esclavitud y envileci-
si la ganas, te haces prisionero suyo en algún rao-
miento ( 3 7 ) .
do ( 3 ) .
[33] ¡ M i s e r a b l e ! ¡lastimoso! Aunque las antiguas historias están llenas de
C34) C a r e c e de s e n t i d o c o m ú n . ¡Y los alaban! G.
(35) ¡Cobardía! ¡necedad! acuchillar, h a c e r a ñ i c o s , des- ( 1 ) ¡ I n ú t i l e s ! es m u c h o . I m a g i n a r el m e d i o de i n f u n d i r -
pedazar, aniquilar, aterrar, etc. l e s la iciea de u n a i n c o r p o r a c i ó n c o n s u s p r o p i a s a r m a s , por
m e d i o del e s t r a t a g e m a de una c o n f e d e r a c i ó n ó a g r e g a c i ó n
(,36) Y es m e n e s t e r h a c e r lo c o n t r a r i o , c u a n t o es posi-
ble, para tener buenas tropas. G . al g r a n i m p e r i o . R . C .
(2) E s t o me basta. R. C.
(.37 ' E s t o d e b í a s u c e d e r n e c e s a r i a m e n t e ' . G.
( 3 ) Mi s i s t e m a de a l i a n z a debe precaver estos dos in-
convenientes. R. C.
la infantería no podía adquirirles un gran renom-
bre (33)- Preferían la caballería, cuya cantidad pro-
porcionaban á los recursos del país que había de
alimentarla, v en el que era tanto más honrada
cuanto más fácil era su mantenimiento. L a s cosas
habían llegado al punto que, en un ejército de veinte
mil hombres, no se contaban dos mil infantes (34). CAPITULO XIII
Habían tomado además todos los medios posi-
bles, para desterrar de sus soldados y de sí mismos DE LOS SOLDADOS AUXILIARES, MIXTOS Y PROriOS

la fatiga y miedo, introduciendo el uso de no matar


L a s armas auxiliares que he contado entre las
en las refriegas, sino de hacer en ellas prisioneros,
inútiles, son las que otro Príncipe os presta para
sin degollarlos (35). De noche los de las tiendas no
socorreros y defenderos ( 1 ). Así, en estos últimos
iban á a c a m p a r e n las tierras, y los de las tierras
tiempos, habiendo hecho el Papa Julio una desacer-
no volvían á las tiendas; no hacían fosos ni empali-
tada prueba de las tropas mercenarias en el ataque
zadas al rededor de su campo, ni se acampaban du-
de Ferrara, convino con Fernando, Rey de España,
rante el invierno. T o d a s estas cosas permitidas en
que éste iría á incorporársele con sus tropas. Estas
su disciplina militar, se habían imaginado por ellos,
armas pueden ser útiles y buenas en sí mismas (2);
como lo hemos dicho, para ahorrarles algunas fati-
pero son infaustas siempre para el que las llama;
gas y peligros ( 3 6 ) . Pero con estas precaucio-
porque si pierdes la batalla, quedas derrotado, y
nes, condujeron la Italia á la esclavitud y envileci-
si la ganas, te haces prisionero suyo en algún m o -
miento ( 3 7 ) .
do ( 3 ) .
[33] ¡ M i s e r a b l e ! ¡lastimoso! Aunque las antiguas historias están llenas de
C34) C a r e c e de s e n t i d o c o m ú n . ¡ Y los a l a b a n ! G .
( 3 5 ) ¡ C o b a r d í a ! ¡ n e c e d a d ! acuchillar, hacer a ñ i c o s , des- ( 1 ) ¡ Inútiles! es mucho. I m a g i n a r el medio de infundir-
p e d a z a r , aniquilar, a t e r r a r , e t c . les la iciea de una i n c o r p o r a c i ó n con sus p r o p i a s a r m a s , por
medio del e s t r a t a g e m a de una confederación ó a g r e g a c i ó n
(,36) Y es m e n e s t e r hacer lo contrario, c u a n t o es posi-
ble, para tener buenas tropas. G . al gran imperio. R . C.
( 2 ) E s t o me basta. R . C.
(.37 ' E s t o debía suceder necesariamente'. G.
( 3 ) Mi sistema de a l i a n z a debe p r e c a v e r estos dos in-
c o n v e n i e n t e s . R . C.
turcos, los que, acabada la guerra, no quisieron ya
ejemplos que prueban esta verdad ( 4 ) , quiero de-
salir de elio ( 7 ) ; y fué el principio de la sujeción
tenerme en el de Julio II, que está todavía muy re-
de los griegos al yugo de los infieles ( 8 ) .
ciente. Si el partido que él abrazó de ponerse todo
Unicamente el que no quiere estar habilitado pa-
entero en las manos de un extranjero, para con-
ra vencer ( 9 ) , es capaz de valerse de semejantes
quistar Ferrara, no le fué funesto, es que su buena
armas, que miro como mucho más peligrosas que
fortuna engendró una tercera causa, que le preservó
las mercenarias. Cuando son vencidas, no quedan
contra los efectos de esta mala determinación ( 5 ) .
por ello todas menos unidas, y dispuestas á obede
Habiendo sido derrotados sus auxiliares en Ravena,
cer á otros que á tí; en vez de que las mercenarias,
los suizos que sobrevinieron, contra su esperanza y
después de la victoria, tienen necesidad de una oca-
la de todos los demás, echaron á los franceses que
sión más favorable para atacarte, porque no forman
habían ganado la victoria. No quedó hecho prisio-
todas un mismo cuerpo; por otra parte, hallándose
nero de sus enemigos, por la única razón de que
reunidas y pagadas por tí, el tercero á quien has
ellos iban huyendo; ni de sus auxiliares, á causa de
conferido el mando suyo no puede tan pronto a d -
que él había vencido realmente, pero con armas di-
quirir bastante autoridad sobre ellas para disponer
ferentes de las de ellos (ó).
las inmediatamente á atacarte. Si la cobardía es lo
Hallándose los florentinos sin ejercito totalmen- que debe temerse más en las tropas mercenarias,
te, llamaron á diez mil franceses para acudarlos á lo más temible en las auxiliares es la valentía (10).
apoderarse de Pisa; y esta disposición les hizo co-
Un Príncipe sabio evitó siempre valerse de unas
rrer más peligros que no habían encontrado nunca
y otras; y recurrió á sus propias armas, prefiriendo
en ninguna empresa marcial.
perder con ellas, á vencer con las ajenas. N o miró
Queriendo oponerse el Emperador de Constan-
jamás como una victoria real lo que se gana con las
tinopla á sus vecinos, envió á la Grecia diez mil
[7] P o r cierto h a r e m o s lo mismo en Italia, en la que no
(.4) D e b í a c o n f i r m a r l a v o ¡ c u a n d o me veía destidado á e n t r a m o s m a s q u e e c h a n d o á los c o l i g a d o s . G .
desmentirla! E.
[8] L e ha ido m u c h o m e j o r á la Italia con ello. R . I.
( 5 ) E s t a s t e r c e r a s c a u s a s no dieron n u n c a mas q u e pe- [o] ¡ N e c i o ! ¿ P u e d e h a b e r otros de esta f u e r z a ? G .
s a d o s c h a s c o s á mi b u e n a f o r t u n a . E .
[10] S u b l i m e , v de una suma p r o f u n d i d a d . R . I.
(.6) E s ser a f o r t u n a d o y v e n c e r c o m o P a p a . G.
armas de los otros. No titubearé nunca ( 11 ) en
citar, sobre esta materia, á César Borgia, y con- Aunque no he querido desviarme de los ejemplos
ducta suya, en semejante caso. Entró este Duque italianos tomados en una era inmediata á la nues-
con armas auxiliares en la Romaña, conduciendo á tra, no olvidaré por ello á Hieron de Siracusa, del
ella las tropas francesas con que tomó Imola y For- que tengo yo hecha mención anteriormente [ 1 4 ] .
ü ( 12) ; pero no pareciéndole bien pronto seguras Desde que fué elegido por los siracusanos para jefe
semejantes armas, y juzgando que había menos de su ejército, como lo he dicho, conoció al punto
nesgo en servirse de las mercenarias, tomó á su que no era útil la tropa mercenaria, porque sus je-
sueldo las de los Ursinos y Vitelis. Hallando des- fes eran lo que fueron en lo sucesivo los capitanes
pués que estos obraban de un modo sospechoso, de Italia. Creyendo que él no podía conservarlos,
infiel y peligroso, se deshizo de ellas, recurrió á ni retirarlos, tomó la resolución de destrozarlos (15);
unas armas que fuesen suyas propias ( 1 3 ) . hizo después la guerra con sus propias armas y nun-
ca ya con las ajenas [ 1 6 ] .
Podemos juzgar fácilmente de la diferencia que
Quiero traer á la memoria todavía un hecho del
hubo entre la reputación del Duque César Borgia,
sostenido por los Ursinos y Vitelis, y la que él se Antiguo Testamento, que tiene relación con mi ma-
granjeó luego que se hubo quedado con sus propios teria [ 1 7 ] . Ofreciendo David á Saúl ir á pelear
soldados, no apoyándose mas que sobre sí mismo. contra el filisteo Goliat, Saúl, para darle alientos,
Se hallará, está muy superior á la precedente. No le revistió con su armadura real; pero David, des-
fué bien apreciado bajo el afecto militar, mas que pués de habérsela puesto, la desechó diciendo que
cuando se vió que él era enteramente poseedor de cargado así no podía servirse libremente de sus pro-
las armas que empleaba. pias fuerzas, y que gustaba más de acometer con

( 1 4 ) M a q u i a v e l o m e h a c e la c o r t e h a c i e n d o nueva men-
i 11) ¡Ah! ¿por qué titubearías? ¿por qué no apreciabas c i ó n d e e s t e h é r o e d e mi g e n e a l o g í a . G .
sus prendas morales, y que le odiaban m u c h o s tontos pe-
ro q u e h a c e e s t o en la p o l í t i c a ? G . ( 1 5 ) F e l i z en h a b e r l o p o d i d o , y m á s t o d a v í a en h a b e r l o
h e c h o . R . 1.
Í 1 2 ) ¿ Q u é no se t o m a con e s t a s tropas? ¿pero se con-
s e r v a tan f á c i l m e n t e ? G . ( 1 6 ) N o c o n v i e n e nunca, pasar p o r d e b e r la m e n o r c o s a
d e s u g l o r i a y p o d e r , á o t r o s m á s q u e á sí m i s m o . G .
< 1 3 ) S i e m p r e é s t a s a n t e s d e t o d a s las o t r a s . G.
(,17) L a e l e c c i ó n d e e s t e e j e m p l o e s u n a s i m p l e z a . G.
su honda y cuchillo al enemigo ( a ) . En suma, si
de los peligros en que se halla el reino. D a n d o a l -
tomas las armaduras ajenas, ó ellas se te caen de
guna reputación á los suizos, desalentó su propio
los hombros (6), ó te pesan mucho, ó te aprietan y
ejército; y suprimiendo enteramente la infantería,
embarazan.
hizo dependiente de las armas ajenas su propia ca-
Carlos V I I , padre de Luis XI, habiendo librado
ballería, que, acostumbrada á pelear con el socorro
con su valor y fortuna la Francia de la presencia de
de los suizos, cree no poder y a vencer sin ellos (20).
los ingleses, conoció la necesidad de tener armas
Resulta de ello que los franceses no bastaron para
que fuesen suyas [ 1 8 ] ; y quiso que hubiera caba
pelear contra los suizos, y que sin ellos no intentan
Hería é infantería en su reino. El R e y Luis X I su
nada contra los otros.
hijo, suprimió la infantería y tomó á su sueldo sui
L o s ejércitos de la Francia se compusieron pues-
zos [ 1 9 ] . Imitada esta falta por sus sucesores, es
en parte, de sus propias armas, y en parte de las
ahora, como lo vemos [en el año de 1613] la causa
mercenarias. Reunidas las unas y otras, valen más
que si no hubiera mas que mercenarias ó auxiliares;
( 1 8 ) N e c e s i t a n del t i e m p o y f u n e s t a s e x p e r i e n c i a s , para pero un ejército así formado es inferior con mucho
c o m p r e n d e r l o q u e l e s es i n d i s p e n s a b l e . E .
á lo que él sería, si se compusiera de armas france-
( 1 9 ) !E1 n e c i o ! P e r o á v e c e s , n o , t o d o su c o n s e j o e s t a -
b a en su c a b e z a ; m i r a b a la F r a n c i a c o m o un p r a d o q u e él sas únicamente (21 ). Este ejemplo basta, porque
p o d í a s e g a r t o d o s los a ñ o s , y tan á r a í z c o m o q u i s i e r a . T u - el reino de Francia sería invencible, si se hubiera
v o t a m b i é n su h o m b r e de S a i n t - j e a n d ' A n g e l i , y s e c o n d u -
j o h a r t o bien en el n e g o c i o de O d e t . R . C . acrecentado ó conservado solamente la institución
militar de Carlos V I I ( 2 2 ) . Pero á menudo una
No sé por qué Maquiavelo d a un cuchillo á David que no-
q u e n a mas que su palo, piedras y honda «1 Reg. l T P o r esta
cierta cosa que los hombres de una mediana pru-
p a l a b r a cuchillo, sin duda quiere d ^ i . ™ - ,- „ , , ,1 dencia establecen, con motivo de algún bien que
forma de nuestros antiguos c U m ^ e T ^ , éltxto's^rL-
ella promete, esconde en sí misma un funestísimo

J t ¿ £ & £ 2 S S ? i • r u - ( 2 0 ) ¡ Q u é d i f e r e n c i a ! N o h a y ni s i q u i e r a un s o l d a d o m í o
bros, "no tiene g r a c i a ni f u L o en n u e s 2 a T ™ - ™ w T ' q u e no c r e a p o d e r v e n c e r p o r sí s o l o . R . I .
dado que los guerreros del tiem w de S a q u f a v e l o ' i L í / S v Í T "
con armaduras de hierro, cuando se s S ^ H l d u,' , W (21) En una grandísima parte. G.
suya hecha á la medida de su c u e r p o ! o u e 1», < * (.22) E l l a lo e s t á , p o r q u e le h e d a d o o t r a s m u c h a s m e j o -
sienes de nuestro autor son tan ^ E t o u l c o ^ l S ^
r e s t o d a v í a . R . I.
veneno, como lo dije antes hablando de las fiebres L a s propias son las que se componen de los sol-
tísicas. Así pues, el que, estando al frente de un dados, ciudadanos, ó hechuras del Príncipe: todas
principado, no descubre el mal en su raíz, ni le co- las demás son mercenarias ó auxiliares ( 2 6 ) . El
noce hasta que él se manifiesta, no es verdadera- modo para formarse armas propias, será fácil de
mente sabio. Pero está acordada á pocos príncipes hallar (27), si se examinan las instituciones de que
esta perspicacia ( 2 3 ) . hablé antes, y si se considera cómo Filipo, padre
Si se quiere subir al origen de la ruina del impe- de Alejandro, igualmente que muchas repúblicas y
príncipes, se formaron ejércitos, y los ordenaron.
rio romano, se descubrirá que ella trae su fecha de
Remito enteramente á sus constituciones para este
la época en que él se puso á tomar godos á su suel-
objeto (28).
do, porque desde entonces comenzaron á enervarse
sus fuerzas (24) ; y cuanto vigor se le hacía perder
(26) E l l o s no tienen realmente otras, si aun es q u e las
se convertía en provecho de ellos. q u e tienen, están p o r ellos. E .
Concluyo que ningún principado puede estar se- ( 2 7 ) N o para e l l o s , á lo m e n o s tan p r o n t o . E.
guro, cuando no tiene armas que le pertenezcan en (28) E s t á bien; p e r o es p o s i b l e todavía m e j o r referirse
propiedad (25). H a y más: depende él enteramente á mí. R. C .
de la suerte, porque carece del valor que sería ne- ras, no hay ninguna de tan poca estabilidad, y vacilante, como
cesario para defenderle en la adversidad. L a opi- la reputación de una potencia que no está apoyada sobre su pro-
pia fuerza." (Ann. 13).
nión y máxima de los políticos sabios fué siempre,
que ninguna cosa es tan débil, tan vacilante, como
la reputación de una potencia que no está fundada
sobre sus propias fuerzas (c).

( 2 3 ) A u n en este s i g l o de t a n t a s l u c e s . . . . E.
(.24) L o mismo j u z g a r é la primera v e z que leí, niño to-
d a v í a , la historia de esta d e c a d e n c i a . G .
( 2 5 ) L a s v u e s t r a s no son v u e s t r a s , sino mías. E.

c T á c i t o d e c í a : Nih.il rerum morlatium non instabile et fiuxum


est, fama potentioe, non suá vi nixoe; " E n t r e l a s cosas perecede-
2-10 M A Q U I A V !•: U ) C O M E N T A D O

traria, sucedió que varios príncipes, que se ocupa


han más en las delicias de la vida que en las cosas
militares, perdieron sus Estados ( 3 ) . L a primera
causa que te haría perder el tuyo, sería abandonar
CAPITULO XIV el arte de la guerra: como la causa que hace adqui-
rir un principado al que no le tenía, es sobresalir en
DE i AS OBLIGACIONES D E L PRÍNCIPE EN LO C O N C E R - este arte, mostróse superior en ello Francisco Sfor-
NIENTE AL ARTE DE LA GUERRA cia, por el solo hecho de que. no siendo mas que un
simple particular, llegó á ser Duque de Milán ( 4 ) ;
Un Príncipe no debe tener otro objeto, otro pen- y sus hijos, por haber evitado las fatigas é incomo-
samiento, ni cultivar otro arte mas que la guerra, didades de la profesión de las armas, de duques
el orden y disciplina de los ejércitos [_ r , porque es que ellos eran, pasaron á ser simples particulares
el único que se espera ver ejercido por el que man- con esta diferencia (5 ).
da { a ) . Este arte es de una tan grande utilidad, Entre las demás raíces del mal que te acaecerá,
que él no solamente mantiene en el trono á los que si por tí mismo no ejerces el oficio de las armas,
nacieron príncipes, sino que también hace subir con debes contar el menosprecio que habrán concebido
frecuencia á la clase de Príncipe á algunos hombres para con tu persona ( 6 ) : lo que es una de aquellas
de una condición privada [2]. Por una razón con- infamias de que el Príncipe debe preservarse, como
t x ) D i c e n que v o y á t o m a r la p l u m a para escribir mis
se dirá más adelante al hablar de aquellas á las que
Memorias. ¡ Y o ! ¡escribir! ¿ m e tomarían por 1111 b o b o ? E s se propasa él con utilidad. Entre el que es guerrero
y a m u c h o t i e m p o q u e mi h e r m a n o L u c i a n o h a g a v e r s o s .
3' el que no lo es, no hay ninguna proporción. L a
E l e n t r e t e n e r s e en s e m e j a n t e s puerilidades, e s renunciar de
reinar. razón nos dice que el sujeto que se halla armado.
( 2 ) H e mostrado u n o y otro. R . 1.
' 3 ) lis indefectible. E.
<1. Un Rey de Tracia, según refiere Tácito, decía que si él co- <4) ¡ Y y o p u e s ! E .
nociera el oficio de la guerra, no se diferenciara nada de su pa-
la i ronero; y Nerón, en sus días de sabiduría, haciendo anticipa- i 5 1 C o m o e l l o s bien p r o n t o . E.
damente su plan gubernativo, decía que él 110 se mezclaría en otra ( 6 ) L a e s p a d a y c h a r r e t e r a s no preservan de él cuando
Cosa que en mandar los ejércitos. (Ana. 15).
no hay mas q u e esto. R. I.
no obedece con gusto á cualquiera que sea desar-
En cuanto á sus acciones, debe no solamente te-
mado ( 7 ) ; y q u e e l amo que está desarmado, no
ner bien ordenadas y ejercitadas sus tropas, sino
puede vivir seguro entre sirvientes armados ( 8 ) .
también ir con frecuencia á caza, con la que, por
Con el desdén que está en el corazón del uno, y la
sospecha que el ánimo del otro abriga, no es posi- una parte, acostumbra su cuerpo á la fatiga, y por
ble que ellos hagan juntos buenas operaciones (9). otra, aprende á conocer la calidad de los sitios, el
declive de las montañas, la entrada de los valles,
Además de las otras calamidades que se atrae un
la situación de las llanuras, la naturaleza délos ríos,
Príncipe que no entiende nada de la guerra, hay la
la de las lagunas. E s un estudio en el que debe po-
de no poder ser estimado de sus soldados, ni fiarse
ner la mayor atención ( i i ).
de ellos ( 1 0 ) . El Príncipe no debe cesar pues, ja-
Estos conocimientos le son útiles de dos modos.
más, de pensar en el ejercicio de las armas, y en
En primer lugar, dándole á conocer bien su país, le
los tiempos de paz, debe darse á ellas todavía más
que en los de guerra (/>). Puede hacerlo de dos mo- ponen en proporción de defenderle mejor; y, a d e -
dos: el uno con acciones, y el otro con pensamien- más, cuando él ha conocido y frecuentado bien los
tos (c). sitios, comprende fácilmente, por analogía, lo que
debe ser otro país que él no tiene á la vista, y en
( 7 ) ¿ N o lo v e i s , p u e s ? E. el que no tenga operaciones militares que combinar.
(8) ¡Y creen estarlo! E .
L a s colinas, valles, llanuras, ríos y lagunas que hay
( o ; A u n c u a n d o y o no m e m e z c l a r a en e l l o . E.
(10» ¡ M a q u i a v e l o ! ¡ Q u é s e c r e t o les r e v e l a s ! p e r o n o t e
en la Toscana, tienen con los de los otros países,
leen ni l e y e r o n j a m á s . E . una cierta semejanza que hace que, por medio del
b. Casio, Gobernador de S i r i a , aun cuando se estaba en pa?, conocimiento de una provincia, se pueden conocer
hacía, según el antiguo uso, ejercitar sus legiones, v se conducía fácilmente las otras (12 ).
en todo como si fuera á atacarle algún enemigo: Ouantum sitie be-
lla dabatUr, revocare priscum moran, exercitare Iañones, cura,
pro vi su, permite agere ac si /toslis ingnieret (Tácit.. Aun. 12). El Príncipe que carece de esta ciencia práctica,
. Scipión, según refiere V e l e y o Patérculo, distribuía todo su no posee el primero de los talentos necesarios á un
tiempo entre los e j e r c i d o s de la paz y la g u e r r a ; estaba ocupado
siempre en las a r m a s y el estudio, formando su cuerpo ,-n los pe- capitán, porque ella enseña á hallar al enemigo, á
ligros y su espíritu en la ciencia: Ñeque qaisquam hoc Scipione
elegantvus intervalla negohorum olio dispunxit: sanpaquc aut be-
th, aut pacis servil/ ar/ibus: semper Ínter arma ac shu/ia versaius.
aut corpns periculis. aut anima,n disciplinis cxa cuit. i Hist, 1). (11) M e he a p r o v e c h a d o de l o s c o n s e j o s . R . I .
(12) Añádanse á esto buenas cartas topográficas. G.
244 M AII U I A V K I . o COME N TA DO

tomar alojamiento, á conducir los ejércitos, á diri-


prendido por un accidente para el que él no hubiera
gir las batallas, á talar un territorio con acierto (13).
preparado el conducente remedio ( 1 6 ) .
Entre las alabanzas que los escritores dieron á Fi-
El Príncipe, para ejercitar su espíritu, debe leer
lopemenes, Rey de los acayos, es la de no haber
las historias ( 1 7 ) ; y, al contemplar las acciones de
pensado nunca, aun en tiempo de paz, mas que en
los varones insignes, debe notar particularmente
los diversos modos de hacer la guerra ( 1 4 ) . Cuan- cómo se condujeron ellos en las guerras, examinar
do él se paseaba con sus amigos por el campo, se las causas de sus victorias, á fin de conseguirlas él
paraba con frecuencia, y discurría con ellos sobre mismo; y las de sus pérdidas, á fin de no experi-
este objeto, diciendo: «Si los enemigos estuvieran mentarlas. Debe, sobre todo, como hicieron ellos,
en aquella colina inmediata, y que nos halláramos escogerse, entre los antiguos héroes cuya gloria se
aquí con nuestro ejército, ¿cuál de ellos ó nosotros celebró más, un modelo cuyas acciones y proezas
tendría la superioridad ? ¿ Cómo se podría ir segu- estén presentes siempre en su ánimo ( 1 8 ) . Así co-
ramente contra ellos, observando las reglas de la mo Alejandro Magno imitaba á Aquiles, César se-
táctica? ¿Cómo convendría darles el alcance, si se guía á Alejandro, y Scipión caminaba tras las hue-
retiraran?» ( , 5 ) L e s proponía, andando, todos los llas de Ciro. Cualquiera que lea la vida de este úl-
casos en que puede hallarse un ejército, oía sus pa- timo, escrita por Xenofonte, reconocerá después en
receres, decía el suyo, y le corroboraba con buenas la de Scipión, cuánta gloria le resultó á éste de ha-
razones; de modo que teniendo continuamente ocu- berse propuesto á Ciro por modelo; y cuán seme-
jante se hizo, por otra parte, con su continencia,
pado su ánimo en lo que concierne al arte de la gue-
afabilidad, humanidad liberalidad, á Ciro, según
rra, nunca conduciendo sus ejércitos, había sido'sor-
lo que Xenofonte nos refirió de él ( 1 9 ) .

( 1 6 ) N o se p r e v e n nunca t o d o s ; pero se halla de r e p e n t e


< 13) ¿ M e be a p r o v e c h a d o bien de tus c o n s e j o s ? G el remedio, por más que c u e s t e . G .
(17) ¡ D e s g r a c i a d o e l . e s t a d i s t a q u e 110 las lee! E .
<h¿£o a " £:nS°' aU " d U r m Í e n d o ' si sin e m b a r g o (18) ¿ P o r q u é no t o m a r m a s que uno, el q u e q u i e r e ser
mayor que t o d o s ? C a r i o M a g n o me ha a c o m o d a d o , pero
juventud RntLS * * * ^ hCCh ° mism ° > después de m, César, A t i l a , T a m e r l á n , no son de despreciar. G .
(19) Necia observación. G.
246 MAIJUIAVKLO COMENTADO POR NAPOLEÓN 247

Estas son las reglas que un Príncipe sabio debe


observar. Tan iejos de permanecer ocioso en tiem-
po de paz, fórmese entonces un copioso caud;il de
recursos que puedan serle de provecho en la adver-
sidad, á fin de que si la fortuna se le vuelve contra-
ria, le halle dispuesto á resistirse á ella. CAPITULO XV

DE LAS COSAS POR LAS QUE LOS HOMBRES, Y ESPE-

CIALMENTE I.OS PRÍNCIPES, SON ALABADOS

Ó CENSURADOS

Nos resta ahora ver cómo debe conducirse un


Príncipe con sus gobernados y amigos. Muchos es-
cribieron ya sobre esta materia; y al tratarla yo mis-
mo después de ellos, no incurriré en el cargo de
presunción, supuesto que no hablaré mas que con
arreglo á lo que sobre esto dijeron ellos ( 1 ). Sien-
do mi fin escribir una cosa útil para quien la c o m -
prende. he tenido por más conducente seguir la ver-
dad real de la materia ( 2 ) , que los desvarios de la
imaginación en lo relativo á ella ( 3 ) ; porque mu-
chos imaginaron repúblicas y principados que no se

( 1) P r i m e r a advertencia que ha de h a c e r s e , para com-


p r e n d e r bien á M a q u i a v e l o . R. C .
( 2 ) E n todo, v e r las c o s a s c o m o ellas son. R. C.
( 3 ) L o s de Platón no valen casi más en la práctica q u e
los de l u á n l a c o b o . R. C.
M A Q U I AV E L O C O M E N T A D O
POR NAPOLEÓN
24a

vieron ni existieron nunca ( 4 ) . Hay tanta distan-


patentes, de las que más atraen la censura, y otras
cia entre saber cómo viven los hombres y saber có-
la alabanza. El uno es mirado como liberal, el otro
mo deberían vivir ellos, que el que, para gobernar-
como miserable: en lo que me sirvo de una expre-
los, abandona el estudio de lo que se hace, para es-
tudiar lo que sería más conveniente hacerse, aprende sión toscana, en vez de emplear la palabra avaro:
más bien lo que debe obrar su ruina que lo que de- porque en nuestra lengua, un avaro es también el
be preservarle de ella, supuesto que un Príncipe que que tira á enriquecerse con rapiñas; y llamamos mi-
en todo quiere hacer profesión de ser bueno, cuando serable, á aquel únicamente que se abstiene de ha-
en el hecho está rodeado de gentes que no lo son (5), cer uso de lo que él posee. Y para continuar mi
no puede menos de caminar hacia su ruina. Es, enumeración, añado: éste pasa por dar con gusto
pues, necesario que un Príncipe que desea mante- aquel por ser rapaz; el uno se reputa como cruel, el
nerse, aprenda á poder no ser bueno, y á servirse ó otro tiene la fama de ser compasivo; éste pasa por
no servirse de esta facultad, según que las circuns- carecer de fe, aquel por ser fiel en sus promesas; el
tancias lo exijan (6). uno por afeminado y pusilánime, el otro por vale-
roso y feroz; tal por humano, cual por soberbio; uno
Dejando pues á un lado las cosas imaginarias en por lascivo, otro por casto; éste por franco, aquel
lo concern,ente á los Estados, y no hablando mas por artificioso; el uno por duro, el otro por dulce y
que de las que son verdaderas, digo que cuantos hom- flexible; éste por grave, aquel por ligero; uno por
bres hacen hablar de sí, y especialmente los prínci- religioso, otro por incrédulo, etc.. etc. [ 7 ]
pes porque están colocados en mayor altura que los No habría cosa más loable, que un Príncipe que
demás, se distingue con alguna de aquellas prendas estuviera dotado de cuantas buenas prendas [8] he
entremezclado con las malas que les son opuestas:
V fil4.Lr°n/,rregl° á d l o s >uz*an
1
los visionarios do moral cada uno convendrá en ello, lo sé. Pero como uno
\ filosofía a ios estadistas. R . C.
(.5 1 Si t o d o s no son m a l o s , l o s q u e lo son tienen recur- no puede tenerlas todas, y ni aun ponerlas perfec-
s o s v una actividad que h a c e n c o m o si t o d o s lo fueran L o s

(7) E s c o g e d si lo p o d é i s . R . C.
[8] S í , c o m o L u i s X V I ; pero t a m b i é n a c a b a perdiendo
u n o su reino v c a b e z a . R . I.
tamente en práctica, porque la condición humana arta malcaudicba.nl; le alabaríais en público, y no aprobaríais lo
que él hace en secreto (His. 1). Es siempre loable el obrar bien,
pero en la política no se saca utilidad siempre de ello. Una cier-
: ¿ r t e H w e s n e c e s a n ° q u e d ta cosa es conforme á la razón, pero no á la experiencia; y, por
consiguiente, es preciso que el Príncipe, para hacer lo que debe,
bastante prudente para evitar la infamia de los vi- se acomode á las necsidades de los negocios, y haga en bien de
su Estado lo que él no haría ni debería hacer, si no fuera mas
cios que le harían perder su pnncipado; v aun para que simple particular: Aforan accommodari, prout conducat (Ta-

de t fe n ° ° bS ' ante eSt0 - n ° SC cit., Ann. 12). Pero que el Príncipe sea eminentemente virtuoso
p servarse, s, ,o puede, de los que n o s e l o h ^ cuando conviene serlo: Quotics expedicbal, tnagnoe virtutis (Id.,
Jfist. 1). Debe saber cuando está bien en moral; pero no es siem-
d e los u timos, estaría o b l i g a d o á m e n o s reserva pre oportuno que lo ejecute: Omnia scire, non omnia exequi (Id.,
abandonándose á ellos I i o l PPm in Agricolá.
Pn • r • LIOJ- ^ e r o n o tema incurrir
en la mfam.a ajena á ciertos vicios (/,). « n o puede
f á c i l m e n t e sin ellos c o n s e r v a r su E s t a d o ; p o r Z s•

e pesa b,en todo, h a y u n a cierta cosa q u e p a r e c e r

3 que s, la observas, formará tu ruina, mientras n u e

S S T q U e ^ ^ ^ "" — ^ o r , n a r á tu
s e g u n d a d y b i e n e s t a r si la p r a c t i c a s (c).
[o] C o n s e j o de moralista. R . J.

Cío] En cuanto á esto me b u r l o del qué dirán. R. j

.".: Adhuc nemo e'xtilit, d i c e P l i r > ¡ . ^ i •


vUaorum conftnip hrdercnh<r "No ex J?*^ vir>»'* »«"o

r « « ^ Í & Z & & Í ? « « i d. «a-


ticos lo son morales comn 7- q J : N o todos los vicios iv.lt
W'PMtn de /as UycsTb ^ ,norate" S í t l S Í

n - ^ - ^ r ^ S í e ^ ^ moHvo, q u e h a y v i c i o s
Príncipe. "Salomón, continúa ^ s t a h ^ V w -v s e r l"> buen

vadas. Y así ,o entiend'e


conducta comenzará á hacerle odioso á sus gober-
nados [ 2 ] ; y empobreciéndose así más y más per-
derá la estimación de cada uno de ellos (ó), de tal
modo que después de haber perjudicado á muchas
CAPITULO XVI personas para ejercer esta prodigalidad que no ha
favorecido mas que á un cortísimo número de éstas,
DE LA LIBERALIDAD, Y MISERIA (avaricia) sentirá vivamente la primera necesidad [3], y pe-
ligrará al menor riesgo [4]. Si reconociendo enton-
Comenzando por la primera de estas prendas di-
ces su falta, quiere mudar de conducta, se atraerá
re cuán útil sería el ser liberal; sin embargo, la libe-
repentinamente la infamia ajena á la avaricia [ 5 ] .
ralidad que te impidiera que te temieran, te sería
perjudicial. Si la ejerces prudentemente como ella
[2] E s t a me c o g e á mí a l g o ; pero r e c o b r a r é la e s t i m a -
debe serlo, de modo que no lo sepan [ , ] , „ < , incu- ción con e n g a ñ o s a s hazañas. R. I.
rrirás por esto en la infamia del vicio contrario
[3] Iré en busca de dinero á t o d o s los países e x t r a n j e -
r^ero como el que quiere conservarse entre los hom- ros. R . I.
bres la reputación de ser liberal, no puede abste- [+] A v e de mal a g ü e r o ; h a b r á s mentido en e s t o . R . I.
nerse de parecer suntuoso, sucederá siempre que un [5] A p e n a s me inquietaría y o de e l l o . R . I.
Principe que quiere tener la gloria de ello, consu-
b. Cicerón asegura que el Príncipe liberal pierde más corazo-
mirá todas sus riquezas en prodigalidades; y al ca- nes que gana, y que el odio de aquellos á quienes toma para dar,
es mucho mayor que el reconocimiento de aquellos á quienes da:
bo si quiere continuar pasando por liberal," estará "Nec tanta studia assequuntur eorum quibus dederunt, quanta
obligado a gravar extraordinariamente á sus gober- odia eorum quibus ademerunt" (Offic., I, 2). Plinio el joven pen-
saba que el Príncipe no debia dar nada, si él 110 podia dar á los
nados a ser extremadamente fiscal, y hacer cuanto unos mas que tomando á los otros: "Nihil largiatur Princeps,
dúin nihil auferat" [Paneg.] E l pensamiento de Tácito es tan
e s i m a g i n a b l e para tener dinero (a). Pues bien, esta justo como profundo cuando hablando de Othón, dice: " E s t e Prín-
cipe no sabia dar pero sabia desperdiciar; y se engañan mucho,
los que toman la prodigalidad por la liberalidad:" "Perdere iste
sciet, donare nescio. Falluntur quibus luxurioe speciem L I B E R A -
L I T A T I S I M P O N I T . " — P l i n i o el joven no quiere que se llamen libe-
rales los que quitan á uno para dar á otro. "No han adquirido,
dice, su reputación de liberalidad, mas que por medio de una ver-
dadera a v a r i c i a : " " Q u i quod huic donant auferunt illi, famam
CXhaUSer •»». P " -elera ^ ^ e r i t ^ S l ^ t liberalitatis avaritiá petunt [Ep. 30, I. 9].
No pudiendo pues un Príncipe, sin que de ello le
resulte perjuicio, ejercer la virtud de la liberalidad cuando quiso habilitarse para pelear contra el Rey
de un modo notorio, debe, si es prudente, no in- de Francia. Sostuvo muchas guerras sin imponer
quietarse de ser notado de avaricia, porque con el un tributo extraordinario; y su larga parsimonia le
tiempo le tendrán más y más por liberal, cuando suministró cuanto era necesario para los gastos su-
vean que por medio de su parsimonia le bastan sus perfinos (9). El actual R e y de España (Fernando,
rentas para defenderse de cualquiera que le declaró Rey de Castilla y Aragón) si hubiera sido liberal
la guerra; y para hacer empresas sin gravar á sus no hubiera hecho tan famosas empresas, ni vencido
pueblos (6), por este medio ejerce la liberalidad con en tantas ocasiones (ro).
todos aquellos á quienes no toma nada, y cuyo nú- Así, pues, un Príncipe que no quiere verse obli-
mero es infinito; mientras que no es avaro mas que gado á despojar á sus gobernados, y quiere tener
con aquellos hombres á quienes no da, y cuyo nú- siempre con que defenderse, no ser pobre y mise-
mero es poco crecido (7). rable. ni verse precisado á ser rapaz, debe temer
¿ N o hemos visto en estos tiempos que solamente poco el incurrir en la fama de avaro, supuesto que
los que pasaban por avaros, hicieron grandes cosas, la avaricia es uno de aquellos vicios que aseguran
y que los pródigos quedaron vencidos? El Papa su reinado ( r r ) . Si alguno me objetara que César
Julio II, después de haberse servido de la reputa- consiguió el imperio con su liberalidad ( 1 2 ) . y que
ción de hombre liberal para llegar al pontificado (8). otros muchos llegaron á puestos elevadísimos," por-
no pensó ya después en conservar este renombre que pasaban por liberales (e); respondería yo: ó es-

[0] idea mezquina. R. I.


[6] ¡Animo abocado! R . I .
[10] Tontería. R. 1.
[7] ¡El buen hombre! R. I.
[ 1 1 ] N o es éste aquel con el que y o contaría más. R. C .
[8] L a palabra liberal t o m a d a metafísicamtóüte, me «ir-
vto casi tan bien. L a s e x p r e s i o n e s de ideas liberales, de mo- vjn M Í S R e n e r a l e / s a b p n 'o que les di antes, v para que
1

do de pensar liberal que, á lo m , n o s no arruinan, y embe- >o llegara al punto de conferirles ducados v bastones de
Mariscal. R. I. '
lesan a todos los ideologos, son sin e m b a r g o de mi inven-
ción. Inventado por mí este talismán, no servirá nunca Los periódicos ingleses [Correo del 8 de Octubre de 181=51
mas que a mi causa, y a b o g a r á siempre por mi reinado, aun .eve lan que Napoleón, después de su primera campaña de lía ja
en poder de los que me destronaron. E . envío una cuantiosa suma á cada uno de losger.erales n'ehabiañ
servido bajo su mando, con el pretexto de remunerar sus " e S o "
pero realmente á fin <!e r e ñ i r l o s á su fortuna '
económico (e)\ y en el segundo, no debe omitir nin-
tás en camino de adquirir un principado, ó te lo has
guna especie de liberalidad ( 1 5 ) . El Príncipe que,
adquirido ya; en el primer caso, es menester que
con sus ejércitos, va á llenarse de botín, saqueos,
pases por liberal ( 13), y en el segundo, te será per-
carnicerías, y disponer de los caudales de los v e n -
niciosa la liberalidad (</)• César era uno de los que
cidos, está obligado á ser pródigo con sus soldados;
querían conseguir el principado de Roma; pero si
porque sin esto no le seguirían ellos ( 1 6 ) . Puedes
hubiera vivido él algún tiempo después de haberle
mostrarte entonces ampliamente generso, supuesto
logrado, y no moderado sus dispendios, hubiera des-
que das lo que no es tu}To ni de tus soldados, como
truido su imperio.
lo hicieron Ciro, César, Alejandro ( 17) ; y este dis-
¿Me replicarán que hubo muchos príncipes que,
pendio que en semejante ocasión haces con el bien
con sus ejércitos, hicieron grandes cosas, y sin em-
de los otros, tan lejos de perjudicar á tu reputación,
bargo tenían la fama de ser muy liberales? ( 1 4 )
le añade una más sobresaliente ( 1 8 ) . L a única co-
Responderé: ó el Príncipe, en sus larguezas, expen-
sa que pueda perjudicarte, es gastar el tuj^o.
de sus propios bienes y los de su? subditos, ó e x -
N o hay nada que se agote tanto de sí mismo co-
pende el bien ajeno. E n el primer caso, debe ser
mo la liberalidad, mientras que la ejerces, pierdes
la facultad de ejercerla, y te vuelves pobre y des-
[ 1 3 ] L o fui v o en a c c i o n e s y p a l a b r a s : i á c u á n t o s ne-
c i o s no se e n g a ñ a c o n el f a l s o o r o p e l de las i d e a s l i b e r a - preciable ( 19) ; ó bien, cuando quieres evitar vol-
les! R. C.
[i-l] Vas á juzgarme. R. C. { l 5 ) ¿ Q u i é n l o h i z o m e j o r q u e y o ? R . I.
( 1 6 ) H é a q u í el s e c r e t o de la l i c e n c i a q u e d e j é p a r a l o s
d. " L a liberalidad que no tiene regla, hace concurrir á los s a q u e o s y p i l l a j e s . L e s d a b a \-o c u a n t o p o d í a n t o m a r e l l o s :
otros á vuestra r u i n a , " dice T á c i t o : " L i b e r a l i t e r ni adsit modus, d e lo c u a l su i n m u t a b l e a p e g o á mi p e r s o n a . E .
in exítium vertitur" [Tácit., Hisf. 31. No siendo Othón mas que
particular todavía, hacia un gasto que hubiera sido gravoso aún (17) Y y o . R . I.
p a r a un Príncipe. " L u x u r i o s a etiam Principi onerosa" (Tácit..
Mis. 1 ] . C a d a vez que G a l b a venia a comer en su casa, distribuía ( 1 8 ) Q u e s i r v e p a r a a u m e n t a r la o t r a . R . 1.
él centenares de escudos á sus guardias, p a r a hacer más esplén-
d i d a la comida; pero luego que hubo sido Príncipe se volvió eco- C í o ) C u a n d o u n o no s a b e o t r o s m e d i o s p a r a abastecer-
nómico en tanto grado, que á su muerte no dió mas que con eco- la. R . I .
nomía algún dinero á sus sirvientes, como si él hubiera debido
vivir mucho tiempo todavía: " E ó progressus est, ut per speciem c. Tácito alaba á G a l b a de haber sido económico de su bien,
conviví i, quoties G a l b a apud Othonem epularetur, cohorti excu- 3' avaro del público: " P e c u n i o e suoe parcus, publicoe a v a r u s "
b i a s agenti, viritim centenos nummos divideret" (Tácit., Hist. 1). Hist. 1.
'•Pecunias distribuit pareé, nec ut periturus" (Hist. 2).
vértelo, te haces rapaz y odioso (20). Ahora bien,
uno de los inconvenientes de que un Principe debe
preservarse es el de ser menospreciado y aborreci-
do. Conduciendo á uno y otro la liberalidad, con-
cluyo de ello que hay más sabiduría en no temer la CAPITULO XVII
reputación de avaro que no produce mas que una
DE LA SEVERIDAD Y C L E M E N C I A ; Y SI V A L E MÁS SER
infamia sin odio, que verse por la gana de tener fa-
AMADO QUE TEMIDO
ma de liberal, en la necesidad de incurrir en la nota
de rapaz, cuya infamia va acompañada siempre del
Descendiendo después á las otras prendas de que
odio público ( 2 1 ) .
he hecho mención, digo que todo Príncipe debe de-
(.20) E s t o no me inquieta casi. R . I.
sear ser tenido por clemente y no por cruel. Sin
( 2 1 ) P o c o me i m p o r t a en r e s u m i d a s c u e n t a s . T e n d r é
embargo, debo advertir que él debe temer el hacer
siempre el aprecio y a m o r de mis s o l d a d o s ; . . . . v mis se- mal uso de su clemencia ( 1 ). César Borgia pasaba
nadores, p r e f e c t o s , e t c . R . 1.
por cruel, y su crueldad, sin embargo, había repa-
rado los males de la Romana, extinguido sus divi-
siones, restablecido en ella la paz, y héchosela
fiel ( 2 ) . "Si profundizamos bien su conducta, vere-
mos que él fué mucho más clemente que lo fué el
pueblo florentino, cuando para evitar la reputación
de crueldad dejó destruir Pistoya (a).
( 1 ) L o cual s u c e d e s i e m p r e , c u a n d o uno llega con su-
mas p r e t e n s i o n e s á la g l o r i a de la c l e m e n c i a . E .
( 2 ) N o ceseis de c l a m a r q u e este B o r g i a era un m o n s -
truo de que era menester apartar la v i s t a , no ceseis á fin
de q u e ellos no a p r e n d a n de él lo q u e d e s c o n c e r t a r í a mis
planes. E .
a. T a l fué el funesto resultado de la clemencia con que se pro
MAQUIAVELO COMENTADO POR NAPOLEÓN

Un Príncipe no debe temer, pues, la infamia aje- que los Estados nuevos están llenos de peligros (c).
na á la crueldad, cuando necesita de ella para tener Virgilio disculpa la inhumanidad del reinado de Di-
unidos á sus gobernados, é impedirles faltar á la fe do, con el motivo de que su Estado pertenecía á
que le deben ( 3 ) ; porque con poquísimos ejemplos esta especie ( 6 ) : porque hace decir por esta Reina:
de severidad, serás mucho más clemente que los
•Tfcs dura et regni nemitus me talia cogunt
príncipes que, con demasiada clemencia, dejan en- Moliri, et late fines custode ttíeri (d)
gendrarse desórdenes acompañados de asesinatos y
Un semejante Príncipe no debe, sin embargo,
rapiñas (6), visto que estos asesinatos y rapiñas tie-
creer ligeramente el mal de que se le advierte; y no
nen la costumbre de ofender la universalidad de los
ciudadanos, mientras que los castigos que dima- (6) Pero dichosamente no es Virgilio el poeta de que se
nan del Príncipe no ofenden más que á un parti g u s t a más. E.
cular (4). r. " T o d o nuevo Príncipe está vacilante," dice Tácito: Xovinn
Por lo demás, le es imposible á un Príncipe nue- et mutantem principen, Ann. 1; "se rebelan a menudo contra el,
aun cuando no da motivo para ello, porque la mudanza de Prin-
vo el evitar la reputación de cruel ( 5 ) , á causa de cipe presenta una mayor facilidad para los disturbios, y hace es-
perar á los ambiciosos, que ellos hallaran mas beneficios en las
d i s c o r d i a s c i v i l e s : Sedifio incessit nullis novis causts,nisi quod
( 3 ) G u á r d a t e bien de decírselo: ellos no parecen, por mutatus princeps licentiam turbarum, et ex civtlt bello spera prae-
otra parte, dispuestos á comprenderte. E . miorum osfendebat. Ann. 1. Por esto Luis XI aseguraba que si
él no hubiera usado de rigor en los principios de su reinado, hu-
(4) T e n g o necesidad de que todos estén ofendidos, aun- biera pertenecido al número de los nobles desgraciados de que
q u e no fuera mas que con la impunidad de los unos. E . Boccacio hace mención. Tácito dice en otro lugar que Lo que es
causa de que un Príncipe nuevo halle suma di ficultad en abste-
^5) Son n u e v o s , el E s t a d o e s n u e v o para ellos; v quie- nerse de ser cruel, es que no creyéndole los gobernados fuerte to-
davía, se toman comunmente más libertad con él para obrar li-
ren no ser m a s que clementes. E . c e n c i o s a m e n t e : Usúrpala statim libértate, hcentius, ut aja prmci-
pem novum. Hist. 1. El Duque de Valentinos pretendía que la
cedió en orden á las familias Panciaticí y Caucellíerí, que tenia máxima oderint d,Un mcluum. "aborrezcan con tal que teman,
dividida en tíos partidos Pistoya, y la tenían enteramente incen- era tan útil á los príncipes nuevos como perjudicial a los heiedí-
diada con sus contienda». tanos.
b. " L o pasaron mejor con la dureza de Corbulón. que tenia la d. Eneida, 1. I. El Abate Delille tradujo asi estos versos:
disciplina militar en vigor, que con la clemencia de los otros íre-
nerales, quienes, a puro perdonar á los desertores, causaron la „ I j e mis nacientes Estados la imperiosa necésWaá
Me obliga ú estos rigores: mi prudencia lia ciurtauo
ruina de sus ejércitos:" "Quia duritíam caeli militioeque multi De cercar de soldados mis numerosas fronteras."
abnuebant, deserebantque, remedíum severitati quoesitum est ,
Idque usu salubre et misericordiá meliús apparuit. quippé pau- L a supresión de la conjunción et en el segundo verso desfigura
ciores íUa castra deseruero quum ea ¡n quibus ignoscebantur. algo el sentido del poeta latino, dejando en uno solo las dos espe-
cies de precauciones de que habla él.
obrar, en su consecuencia, mas que con gravedad,
sin atemorizarse nunca él mismo ( 7 ) . Su obliga-
do llega esta necesidad (e). El Príncipe que se ha
ción es proceder moderadamente, con prudencia y
fundado enteramente sobre la palabra de ellos [ 1 3 ] ,
aun con humanidad, sin que mucha confianza le
se halla destituido entonces de los demás apoyos
haya impróvido, y que mucha desconfianza le con-
preparatorios, y decae; porque las amistades que
vierta en un hombre insufrible ( 8 ) .
se adquieren, no con la nobleza y grandeza de a l -
Se presenta aquí la cuestión de saber si vale más ma [14], sino con el dinero, no pueden servir de
ser temido que amado ( 9 ) . S e responde que sería provecho ninguno en los tiempos peligrosos, por
menester ser uno y otro juntamente; pero como es más bien merecidas que ellas estén ( / ) : los h o m -
difícil serlo á un mismo tiempo, el partido más s e - bres temen menos el ofender al que se hace amar
guro es ser temido primero que amado, cuando se que al que se hace temer [ 1 5 ] , porque el amor no
está en la necesidad de carecer de uno ú otro de
se retiene por el solo vínculo de la gratitud { g ) , que
ambos beneficios ( 1 0 ) .
en atención á la perversidad humana, toda ocasión
Puede decirse, hablando generalmente, que los de interés personal llega á romper (//); en vez de
hombres son ingratos, volubles, disimulados, que hu-
(.13) ¡ E l b u e n b i l l e t e q u e tiene L a C h á t r e ! E .
yen de los peligros y son ansiosos de ganancias (1 1)
( 1 4 ) P e r o e s m e n e s t e r s a b e r en q u é c o n s i s t e e l l a en el
Mientras que les haces bien y q u e no necesitas de P r í n c i p e de un E s t a d o tan d i f i c u l t o s o . E .
ellos, como lo he dicho, te son adictos, te ofrecen (.15) E l l o s c r e e n t o d o lo c o n t r a r i o . E .
su caudal, vida é hijos ( , 2 ) , pero se rebelan, cuan- f. '-Los amigos, dice Tácito, se disminuyen, nos faltan, y se pa-
san á otros, cuando se te vuelve adverso el tiempo; y cuando la
fortuna, su codicia ó algunas ilusiones de ambición los atraen ha-
c i a otra p a r t e . " Andeos, tempore. jortuná. cupidinibus ahquando,
(7) E s fácil de d e c i r . R . C . aut erroribus trans/erri, clesinere. T á c i t . , Hist. 4.
(8) ¡Perfecto! ¡Sublime! R . C. f. Tácito había dicho l a misma cosa. " I n c i e r t o Príncipe me-
reció más bien que obtuvo algunos amigos, cuando creyó cautivar-
( 9 ) N o es una c u e s t i ó n p a r a mí. R . C . los con la grandeza de sus munificencias, en vez de asegurarse os
(10) N o n e c e s i t o m a s q u e de u n o . R . C . con l a constancia de una buena conducta:" Arnicas dum magm-
tudine nu,nerum, non constantia mona» connnere pula/, meruit
ma°is quáin liabnil. Hist. 3.
e n g a ñ \ r á l o s P r í n c ' P e s , los q u e d e c í a n q u e
todos los hombres son buenos. R. C. q e ".Son bien débiles los vínculos de la mera a m i s t a d . " dice T á -
( 1 2 ) C u e n t a con ello. E . cito: Infirma vincula cariia/is. \In agrícola].
h " O l v i d a n su fe. viendo la remuneración de la p e r f i d i a : " Post-
quám merces prodi/iouis, jiu.x & flde. T á c i t . . Hist. 3. " T o d o les pa-
M AQUI A V E L O C O M K V T A DO

que el temor del Príncipe se mantiene siempre con


el del castigo que no abandona nunca á los h o m - un padre que la pérdida de su patrimonio [21]. Si
bres [IÓJ. fuera inclinado á robar el bien ajeno, no le faltarían
Sin embargo, el Príncipe que se hace temer, de- jamás ocasiones para ello: el que comienza viviendo
be obrar de modo que si no se hace amar al mismo de rapiñas, halla siempre pretextos para apoderar-
tiempo, evite el ser aborrecido [ 1 7 ] ; porque uno se de las propiedades ajenas [22]; en vez de que
puede muy bien ser temido sin ser odioso; y él lo las ocasiones de derramar la sangre de sus gober-
experimentará siempre, si se abstiene de tomar la nados son más raras y le faltan con la mayor fre-
hacienda de sus gobernados y soldados, como tam- cuencia [ 2 3 l -
bién de robar sus mujeres, ó abusar de ellas [ 1 8 ] .
Cuando el Príncipe está con sus ejércitos, y que
Cuando le sea indispensable derramar la sangre
tiene que gobernar una infinidad de soldados, debe
de alguno, no deberá hacerlo nunca sin que para
de toda necesidad no inquietarse de pasar por cruel,
ello haya una conducente justificación, y un patente
porque sin esta reputación no puede tener un ejér-
delito (1 9 ). Pero debe entonces, ante todas cosas
cito unido, ni dispuesto á emprender cosa ningu-
no apoderarse de ios bienes de la víctima (20); por-
queros hombres olvidan más pronto la muerte de na ( 2 4 ) . Entre las acciones admirables de Aníbal
se cuenta que, teniendo un numerosísimo ejército
(16) E s p r e c i s o q u e éste l o s c a s t i g u e de c o n t i n u o . R. C . compuesto de hombres de países infinitamente di-
L17J E s t o es m u y e m b a r a z o s o . R . I. versos, y yendo á pelear en una tierra extraña (25),

•los[lp8rLl^t'éinreStrtaKÍr m U c h ° ' a s »'«"»sativas de


[21] Observación p r o f u n d a q u e se me había escapa-
do. E .
[22] E s t a facilidad de hallar p r e t e x t o s e s una de l a s ven-
t a j a s de mi a u t o r i d a d . R. C .
[23] i E l i g n o r a n t e ! N o sabía q u e uno las e n g e n d r a .
do. C a E. E S d ÚnÍC° ChaSC ° Pérfid ° carta me ha da-
R . C.
[24] D i principio con esto para hacer marchar á Italia
5 5 , v i s l u m b r a un premio acor- el e j é r c i t o c u y o m a n d o se me confirió en el año de 1706. G .
Hist. 3. 1 4 " dlverso »tercede ejus fasque exvunt
[ 2 5 ] E l mío no p r e s e n t a b a m e n o s e l e m e n t o s de discor-
dia v r e b e l i ó n , c u a n d o le hice entrar en Italia. G .
SU conducta fué tal, que en el seno de este ejército,
dados más licencia que la disciplina militar podía
tanto en la mala como en la buena fortuna no hubo permitirlo (30). L e reconvino de esta extremada
nunca ni siquiera una sola disensión entre ellos, ni clemencia en Senado pleno Fabio, quien, por esto
ninguna sublevación contra su jefe (26). Pisto no mismo, le trató de corruptor de la milicia romana.
pudo provenir mas que de su desapiadada inhuma- Destruidos los Locrios por un teniente de Scipión,
nidad que unida á las demás infinitas prendas su- no había sido vengado; y ni aun él había castigado
yas, le hizo siempre tan respetable como terrible á la insolencia de este lugarteniente. T o d o esto pro-
los ojos de sus soldados. Sin cuya crueldad, no hu- venía de su natural blando y flexible, en tanto gra-
bieran bastado las otras prendas suyas para obtener do, que el que quiso disculparse por ello en el S e -
este efecto (27). Son pocos reflexivos los escritores nado, dijo que había muchos hombres que sabían
que se admiran, poruña parte, de sus proezas; y que mejor no hacer faltas, que corregir las de los de-
vituperan, por otra, la causa principal de ellas"( 2 8). más (31). Si él hubiera conservado el mando, con
Para convencerse de esta verdad, que las demás un semejante genio, hubiera alterado á la larga su
virtudes suyas no le hubieran bastado, no hay ne- reputación y gloria; pero como vivió después bajo
la dirección del Senado, desapareció esta perniciosa
cesidad mas que del ejemplo de Scipión, hombre
prenda; y aun la memoria que de ella se hacía, fué
muy extraordinario, no solamente en su tiempo, si-
causa de convertirla en gloria suya [32 }.
no también en cuantas épocas nos recuerda sobre-
Volviendo, pues, á la cuestión de ser temido y
salientes memorias la historia (29). Sus ejércitos se
amado, concluyo que, amando ios hombres á su vo-
rebelaron contra él en España, únicamente por un
luntad, y temiendo á la del Príncipe, debe éste, si
efecto de su mucha clemencia, que dejaba á sus sol-
es cuerdo, fundarse en lo que depende de él [33],

[26] P u e d e decirse o t r o tanto del mío. G. [30] N o debe d e j a r l a uno mas q u e c u a n d o halla su bene-
ficio en ello. G .
[27] I n d u b i t a b l e . G.
[ 3 1 ] L o s e g u n d o v a l e más q u e lo primero. G.
[28] Así nos j u z g a m o s s i e m p r e . G.
[32] ¡ E x t r a v a g a n t e g l o r i a ! G .
[20] Admiración muy necia. G.
[33] E s lo m á s s e g u r o s i e m p r e . R. C .
y no en lo que depende de los otros (i), haciendo
solamente de modo q u e evite ser aborrecido como
ahora mismo acabo de decirlo [34].

(34) A no ser que e s t o dé mucho trabajo v e s t o r b o .


K. C.
CAPITULO XVIII
PíuvlrCO- l a v i d a d e Licurgo, que habiendo aflojado
DE QUÉ MODO LOS PRÍNCIPES DEBEN GUARDAR
T ^ í ' l l a a u t o r i d ; l d r e ; i 1 P^ra complacer al pueblo,
d e f o n ^ i u A e s t e T á t f u e r t e ' se volvió insolente v licencioso LA FE DADA
íithfón r j ' ? u e h a h ! e n d o querido algunos sucesores de Ku-
rrecidos mona'lnientef 11 ^ Para ^
¡Cuán digno de alabanzas es un Príncipe, cuan-
do él mantiene la fe que ha jurado, cuando vive de
un modo íntegro y que no usa de astucia en su con-
ducta! [ i ] . Todos [2] comprenden esta verdad;
sin embargo, la experiencia de nuestros días nos
muestra que haciendo varios príncipes poco caso de
la buena fe, y sabiendo con la astucia, volver á su
voluntad el espíritu de los hombres ( 3 ) , obraron

( 1 ) A d m i r a n d o hasta este punto M a q u i a v e l o la buena f e ,


f r a n q u e z a y h o n r a d e z , no parece ya un estadista. G . (0)
( 2 ) E s t o e s el v u l g o . G.
( 3 ) A r t e que p u e d e p e r f e c c i o n a r s e t o d a v í a . G.

a. Maquiavelo estaba lejos de pensar, en este particular, tan


mal como los romanos. No veneraban estos á Jane como el mas
prudente de los antiguos reyes de Italia, ni le representaban con
dos caras, mas que á causa de la duplicidad, en la que él hacía
consistir su prudencia (Macrob.) Maquiavelo, por lo demás, no
hace aquí mas que exponer las lecciones de la experiencia, de la
que resultan aquellas máximas de ]>olítica que. desgraciadamen-
te, la perversidad de los hombres obliga á seguir por necesidad.
y no en lo que depende de los otros (i), haciendo
solamente de modo q u e evite ser aborrecido como
ahora mismo acabo de decirlo [34].

(34) A no ser que e s t o dé m a c h o trabajo v e s t o r b o .


K. C.
CAPITULO XVIII
PíuvlrCO- l a v i d a d e Licurgo, que habiendo aflojado
DE QUÉ MODO LOS PRÍNCIPES DEBEN GUARDAR
T ^ í ' l l a a u t o r i d ; l d r e ; i 1 Para complacer al pueblo,
d e f o n ^ i u A e S t e T á t f u e r t e ' s e volvió insolento v licencioso LA FE DADA
íithfón r j ' ? u e h a h ! e n d o querido algunos sucesores de Ku-
rrecidos mortal nientef" ^ Para ^
¡Cuán digno de alabanzas es un Príncipe, cuan-
do él mantiene la fe que ha jurado, cuando vive de
un modo íntegro y que no usa de astucia en su con-
ducta! [ i ] . Todos [2] comprenden esta verdad;
sin embargo, la experiencia de nuestros días nos
muestra que haciendo varios príncipes poco caso de
la buena fe, y sabiendo con la astucia, volver á su
voluntad el espíritu de los hombres ( 3 ) , obraron

( 1 ) A d m i r a n d o hasta este punto M a q u i a v e l o la buena f e ,


f r a n q u e z a y h o n r a d e z , no parece ya un estadista. G . (0)
( 2 ) E s t o e s el v u l g o . G.
( 3 ) A r t e que p u e d e p e r f e c c i o n a r s e t o d a v í a . G.

a. Maquiavelo estaba lejos de pensar, en este particular, tan


mal como los romanos. No veneraban estos á Jano como el mas
prudente de los antiguos reyes de Italia, ni le representaban con
dos caras, mas que á causa de la duplicidad, en la que él hacía
consistir su prudencia (Macrob.) Maquiavelo, por lo demás, no
hace aquí mas que exponer las lecciones de la experiencia, de la
que resultan aquellas máximas de ]>olítica que. desgraciadamen-
te, la perversidad de los hombres obliga á seguir por necesidad.
M A <J UIA V E I . U C O M E N T A D O

grandes cosas (4), y acabaron triunfando de los que


tenían por base de su conducta la lealtad ( 5 ) . antigüedad, y particularmente Aquiles, fueron con-
fiados, en su niñez, al centauro Chiron, para que
Es menester, pues, que sepáis que hay dos' mo-
los criara y educara bajo su disciplina ( 7 ) . Esta
dos de defenderse: el uno con las leyes, y el otro
alegoría no significa otra cosa sino que ellos tuvie-
con la fuerza. El primero es el que conviene á los
ron por Preceptor á un maestro que era mitad bes-
hombres, el segundo pertenece esencialmente á los
tia y mitad hombre; es decir, que un Príncipe tiene
animales; pero, como á menudo no basta, es pre
necesidad de saber usar á un mismo tiempo de una
ciso recurrir al segundo (6). L e es, pues, indispen-
y otra naturaleza; y que la una no podría durar si
sable a un Príncipe, el saber hacer buen uso de uno
no la acompañara la otra.
y otro enteramente juntos. Esto es lo que con pa-
Desde que un Príncipe está en la precisión de sa-
abras encubiertas enseñaron los antiguos autores á
ber obrar competentemente según la naturaleza de
lo^pnncipes. cuando escribieron que muchos de la
los brutos, los que él debe imitar son la zorra y
león enteramente juntos. El ejemplo del león no
¿ u ^ f e s i r Gorzan á " - basta, porque este animal no se preserva de los la-
zos, y la zorra sola no es más suficiente, porque ella
cretos L ¿S t0nt °S eStán 3Cá abaj ° p a r a » « e s t r o s g a s t o s se-
no puede librarse de los lobos ( 8 ) . E s necesario,
bes fias.^R.^C™ SUPU¿St0 qUe n o sino con pues, ser zorra para conocer los lazos, y león para
espantar á los lobos (ó); pero los que no toman por

hacer odiosos á los príncipes, poroué la h n í ' , n a s . < í u e a de ( 7 ) E x p l i c a c i ó n q u e nadie había s a b i d o dar a n t e s de Ma-
en las repúblicas: y cree Ion a S S i o á e l l í « ¿ í f ^ o n a d a h a s t a
necesaria por las mismas razones. E l P r e t o T d V ? ^ ? í ^ m e n t e quiavelo. G .
bat.no, decía en su Senado, según refiere TMif r • l a t m o s A e n i o (.8) T o d o esto no e s sino muy v e r d a d e r o en la aplicación
observar un tratado, aun iusto s n ^ r i / L "¿debemos
perder nuestra libertad? A a m 3 " <1"® él nos haga s u y a q u e él hace á la política. G .
o e v n i s ^ i t u t e m p a t i p o s s u i Z . » Se ve S / í
cap. X I I I del segundo libro de sus ^ ^«', ^ Maquiavelo en su b. Esta máxima era, según refiere Plutarco, la de aquel famoso
este historiador, que los romanos! en s U Tn r Tmern« Dfcttdas de Lisandro que puso fin á la interminable guerra del Peloponeso,
tos, no se privaron del recurso de fraude ' S ™ ! ^recentamien- destruyó la democracia en Atenas, é hizo tantas esclarecidas con-
pre a los que, partiendo de un orine ¡ni i n«*sarioéste
s¡e
quistas. Como le afeaban el haber logrado ciertos triunfos por
elevados puestos: y se h a c e m e n o T v K r S T " * " 0 ' á medio del fraude y artificio, respondió, riendo, "que él creía de-
esta mas encubierto como lo estuvo e l T [ ^ r ¡ i n L ^ ? ° P r C t Ó n qUC ber abrazar la astucia de la zorra, cuando preveía no poder acer-
tar fácilmente con la fuerza del león; ¡y que lo que no podía eje-
modelo mas que el león, no entienden sus intere-
ses ( 9 ) . no estás obligado y a á guardarles la tuya, cuando
te ve como forzado á ello (12). Nunca le faltan mo-
Cuando un Príncipe dotado de prudencin, ve que
tivos legítimos á un Príncipe para cohonestar esta
su fidelidad en las promesas se convierte en perjui-
inobservancia [ 1 3 ] ; está autorizada en algún modo,
cio suyo, y que las ocasiones que le determinaron
por otra parte, con una infinidad de ejemplos ( d ) ;
a hacer as no existen ya. no puede, y aun no debe
y podríamos mostrar que se concluyó un sinnmero
guardarlas, á no ser que él consienta en perder-
se ( i o ) .
(12) Par parí refertur.
Obsérvese bien que si todos los hombres fueran
buenos, este precepto sería malísimo ( r , ) ; p e r o co- ( 1 3 ) T e n g o hombres ingeniosos para esto. R. I.
mo ellos son malos (,) y q u e n o o b s e r v a r í n n s u f e bles, es porque son una necesidad nuestra, y que la necesidad co-
mún borra su verdadera calidad; es menester dejar juzgar esta
partida á los ciudadanos más vigorosos, y menos tímidos, que sa-
conjespecto á t{ » presentara la ocasión de ello. crifican su honor y conciencia, como aquellos otros antiguos sacri-
ficaron su vida por la salud de su país El bien público re-
(Q) El modelo es admirable sin e m b a r g o . G. quiere que se falte á la fe, se mienta y asesine; demos esta comi-
sión á unas gentes más obedientes y flexibles."
( 1 0 ) No hay otro partido que tomar. G. Después de un grande elogio de la buena fe, prosigue Montaig-
ne: "No quiero privar al engaño de su puesto, sería entender mal
(11) Pública retractación de moralista. G. del mundo. Sé que él sirvió á menudo de provecho, y que mantie-
ne y alimenta las de las profesiones de los hombres. Hay vicios
cutarse por medios decentes, era m e n ^ » . 1, legítimos, como muchas acciones ó buenas ó excusables, ilegíti-
artificio! Era el mismo Lisandro o"e X - f a C e r l ° C °" e l f r a u d e -v mas. L a justicia, natural y universal de sí, se arregla de otro
los hombres con palabras y paramentos ™ q"e se detiene á
modo y más noblemente que esta otra justicia especial, nacional y
niños con huesecillos. (/« íacedeml s e e n treííene á los
limitada á la necesidad de nuestras policías. (Ensayos, 1. 3, c. 1)".
c. Nuestra navecilla pública y privada ,1- d, Maquiavelo hubiera podido hallar muchos en la antigüedad.
llena de imperfecciones . . . nuestro I r M o " t a ' f í n e , está No citemos más que uno de ellos, referido por Plutarco. Cuando
dades enfermizas; la ambición, celos l ¡ r C , m o " t a d o c o » cali- los griegos vacilaban en quebrantar sus tratados con Antígono y
tición y desesperación viven con nos¿tml . V e r «" u e n z a s > supers- Cratero, después de haber abrazado la libertad que les había ofre-
ses.ón que la imagen suya, se reconocíta^H-I"* t a " , n a t U r a l P ° ' cido aquel Archidamo, á cuyas acciones y sabiduría se dieron su-
verdaderamente con la crueldad, vicio i * . ! ' - e " . l a s h e s t i a s - mas alabanzas, desvaneció éste sus escrúpulos con una reflexión
leza: porque en medio de la compasión ™ ? ° n t r a n o a l a "atura- casi enteramente semejante. " L a oveja, les dijo, no tiene nunca
se qué agridulce punta de deleite ma ™ « e n Io i n t e r i o r n o mas que una sola lengua; pero el hombre no recibió en balde la
los niños la sienten. El que quitYr- 5 e " v e r s u f r i r á otr «- 3 facultad de tener muchas, diferentes las unas de las otras, y de
dades en el hombre, dest U ^ t ¿ " E ' M L L A S D E E * T A S P>"opie- hacer uso de todas hasta que él haya acabado lo que ha empren-
nuestra vida. Del mismo modo, en £ ? í f »» d a «K»talcs de dido hacer." A l referirnos este rasgo Plutarco, añade que Archi-
sanos, no solamente viles sino también f a y °fici°t nece" damo quería decir, con esto, que un Estado, ó su Príncipe, pue-
s u lugar, y se empiean eu la unión 1» s : los v,c,os h»"an den faltar á su fe cuando hallan utilidad en ello; y el filósofo
venenos en la conservación de nuestra «al * ?* r o , r a t«- como los griego confiesa, en efecto, que no hay animal cuya voz pueda va-
• aiiKi. Si ellos son excusa« riarse tanto como la del hombre (P'tuf.. in f.acedem).
de felices tratados de paz, y se anularon infinitos enteramente reciente. El Papa Alejandro V I no
empeños funestos por la sola infidelidad de los prín- hizo nunca otra cosa más que engañar á los otros;
cipes á su palabra [ 1 4 ] . El que mejor supo obrar pensaba incesantemente en los medios de inducir-
como zorra, tuvo mejor acierto (e). los á error; y halló siempre la ocasión de poderlo
Pero es necesario saber bien encubrir este artifi- hacer ( 1 7 ) . No hubo nunca ninguno que conociera
cioso natural y tener habilidad para fingir y disimu- mejor el arte de las protestaciones persuasivas, que
lar ( 1 5 ) . L o s hombres son tan simples, y se suje- afirmara una cosa con juramentos más respetables,
tan en tanto grado á la necesidad, que el que enga- y que al mismo tiempo observara menos lo que ha-
ña con arte, halla siempre gentes que se dejan en- bía prometido. Sin embargo, por más conocido que
gañar (16). No quiero pasar en silencio un ejemplo él estaba por un trapacero, sus engaños le salían
bien siempre á medida de sus deseos, porque sabía
( 1 4 ) E n g e n e r a l , a u n se halla en esto más beneficio p a r a dirigir perfectamente á sus gentes con este estrata-
los g o b e r n a d o s , q u e p o r otra p a r t e se v e e s c á n d a l o . R . I.
gema ( 1 8 ) .
( 1 5 ) L o s m á s h á b i l e s no p u e d e n d i s p u t á r m e l e . E l P a p a
dará noticia de e l l o . R . C. No es necesario que un Príncipe posea todas las
( 1 6 ) Mentís a t r e v i d a m e n t e ; el m u n d o e s t á c o m p u e s t o de virtudes de que hemos hecho mención anteriormen-
necios: entre la m u l t i t u d , e s e n c i a l m e n t e crédula, se conta- te; pero conviene que él aparente poseerlas ( / ) .
rán p o q u í s i m a s g e n t e s que d u d e n : y e l l a s 110 se a t r e v e r á n
á decirlo. R . C . Aun me atreveré á decir que si él las posee realmen-
te, y las observa siempre, le son perniciosas á ve-
El filósofo Mably, hacia el fin del siglo pasado, confesaba
que podían sacarse de estas máximas de Maquiavelo consecuen- ces; en vez de que aun cuando no las poseyera efec-
cias utües a la humanidad; y hé aquí lo que con arreglo á ello
aconsejaba a las potencias del segundo orden en su tratado de los
Principios de las negociaciones. ( 1 7 ) E l l a s no faltan. R . C.
" L a s potencias del segundo orden, para hacerse recomendables
durante la paz, decía, tienen interés en mantener las divisiones ( 1 8 ) ¡ T e r r i b l e h o m b r e ! si él no honró la tiara, e x t e n d i ó
entre las grandes potencias, y lisonjear sus pasiones; en aparen- bien á lo m e n o s sus E s t a d o s ; y le d e b e s u m o s f a v o r e s la
tar tomar parte en sus miras por medio de dobles negociaciones S a n t a S e d e . L a hora del c o n t r a p u n t o ha dado. R . I.
dirigidas con finura y de un modo equívoco; y en dar esperanzas
a todas las partes, sin contraer no obstante esto ningún empeño siempre á sus máximas, tenga el arte poco difícil de hallarse, al
declarado. E s verdad que un Príncipe, con esta conducta, no se fin de la guerra, el aliado de la potencia que la h a y a hecho con
concilla la amistad de l a s potencias superiores; pero esta amistad más fortuna."
le serla inútil, y las acostumbra á 110 pasarse sin él "
" L a guerra le es útil, porque ella le vale varios subsidios; y la f. Carlos V decía siempre, prometiendo: á fe de hombre de bien;
paz que la termina le sera siempre provechosa, con tal que fiel y hacía después lo contrario de lo que había jurado.
tivamente, si aparenta poseerlas, le son provecho- Debe tener sumo cuidado en ser circunspecto, para
sas ( 1 9 ) . Puedes parecer manso, fiel, humano, re- que cuantas palabras salgan de su boca, lleven im-
ligioso, leal, y aun serlo ( 2 0 ) ; pero es menester re- preso el sello de las cinco virtudes mencionadas; y
tener tu alma en tanto acuerdo con tu espíritu, que. que para que, tanto viéndole como oyéndole, le
en caso necesario, sepas variar de un modo con- crean enteramente lleno de bondad, buena fe, inte-
trario. gridad, humanidad y religión ( 2 3 ) . Entre estas
Un Príncipe, y especialmente uno nuevo, que prendas no hay ninguna más necesaria que la últi-
quiere mantenerse, debe comprender bien que no ma ( 2 4 ) . L o s hombres, en general, juzgan más
le es posible observar en todo, lo que hace mirar por los ojos que por las manos; y si pertenece á to-
como virtuosos á los hombres; supuesto que á me- dos el ver, no está m a s que á un cierto número el
nudo, para conservar el orden en un Estado, está tocar. Cada uno ve lo que pareces ser; pero pocos
en la precisión de obrar contra su fe, contra las vir- comprenden lo que eres realmente (25 ) ; y este cor-
tudes de humanidad, caridad, y aun contra su reli- to número no se atreve á contradecir la opinión del
gión ( 2 1 ) . S u espíritu debe estar dispuesto á vol- vulgo que tiene, por a p o y o de sus ilusiones, la ma-
verse según que los vientos y variaciones de la for- jestad del Estado que le proteje ( 2 6 ) .
tuna lo exijan de él; y, como lo he dicho más arriba,
E n las acciones de todos los hombres, pero es-
á no apartarse del bien mientras lo puede (22), sino
pecialmente en las de los príncipes, contra los cua-
á saber entrar en el mal, cuando hay necesidad (g).
les no hay juicio que implorar, se considera simple-

( 1 9 ) L o s n e c i o s q u e c r e y e r o n q u e este c o n s e j o era p a r a ( 2 3 ) E s exigir m u c h o t a m b i é n , la cosa no e s tan fácil,


todos, no s a b e n la e n o r m e d i f e r e n c i a que hay entre el Prín- se h a c e lo q u e se p u e d e . R . C.
cipe y los g o b e r n a d o s . R . I.
( 2 4 ) B u e n o p a r a su t i e m p o . R . C.
(20) E n el t i e m p o q u e c o r r e , v a l e m u c h o más parecer ( 2 5 ) ¡ A h ! aun c u a n d o e l l o s lo c o m p r e n d i e r a n R. C.
h o m b r e h o n r a d o que s e r l o en e f e c t o . R . I.
(26) E s t o es con lo q u e y o c u e n t o . R . I.
( 2 1 ) S u p u e s t o que t e n g a una. R . C.
(22) M a q u i a v e l o e s severo. R . C . cesidad de su Estado, le hace torcer su palabra y fe, ó de otro
modo le echa fuerza de su ordinario deber, deba atribuir esta ne-
cesidad á un golpe de la i r a d i v i n a . . . . L e era preciso hacerlo;
g. El Príncipe, dice también Montaigne, cuando una urgente p e r o si lo hizo sin pesar, y no le perjudica el hacerlo, señal de
circunstancia, y algún impetuoso é inopinado accidente, de la ne- que su conciencia está en millos términos. (Ibidem).
menre el fin que ellos llevan. Dediqúese, pues, el
Príncipe á superar siempre las dificultades, y á con-
servar su Estado. Si sale con acierto, se tendrán
por honrosos siempre sus medios, alabándoles en
todas partes (A); el vulgo se deja siempre coger por
las exterioridades, y seducir del acierto ( 2 7 ) . Aho-
CAPITULO XIX
ra bien, no hay casi mas que vulgo en el mundo; y
el corto número de los espíritus penetrantes que en EL PRÍNCIPE DEBE EVITAR SER DESPRECIADO
el se encuentra, no dice lo que vislumbra, hasta que Y ABORRECIDO
el sinnúmero de los que no lo son no sabe y a á qué
atenerse (28). Habiendo hecho mención desde luego de cuantas
prendas deben adornar á un Príncipe, quiero, des-
Hay un Príncipe en nuestra era que no predica pués de. haber hablado de las más importantes, dis-
nunca más que paz, ni habla más que de la buena currir también sobre las otras, á lo menos breve-
fe; y que, á observar él una y otra, se hubiera visto mente y de un modo general, diciendo que el Prín-
quitar más de una vez sus dominios y estimación,
cipe debe evitar lo que puede hacerle odioso y
•rero^creo que no conviene nombrarle (/).
despreciable (1). Cada vez que él lo evite, habrá
cumplido con su obligación, y no hallará peligro
z ó n Y i L í r R' f m P r e ' ¡mP °rta CÓm °; tendreis ra- ninguno en cualquiera otra censura en que pueda
(28) ¡Fatal y mil v e c e s fatal retirada de M o s c o w ! E . incurrir (2).
//. Salustio decía también que "Cuanto L o que más que ninguna cosa, le haría odioso,
una dominación, era decente- v oue ñn i ^ i f para retener
sería como lo he dicho, ser rapaz, usurpar las pro-
piedades de sus gobernados, robar sus mujeres: y
debe abstenerse de ello (3). Siempre que no se qui-
mas que a su mala fe y perfidias. Capoles y Navarra [ 1 ] N o tengo que temer el menosprecio. Hice grandes
cosas: me admirarán á pesar suyo. E n cuanto al odio, le
pondré vigorosos contrapesos. R. C .
[2] E s t o me es necesario. R. C.
[3] Est modus in rebus. R . C .
menre el fin que ellos llevan. Dediqúese, pues, el
Príncipe á superar siempre las dificultades, y á con-
servar su Estado. Si sale con acierto, se tendrán
por honrosos siempre sus medios, alabándoles en
todas partes (A); el vulgo se deja siempre coger por
las exterioridades, y seducir del acierto ( 2 7 ) . Aho-
CAPITULO XIX
ra bien, no hay casi mas que vulgo en el mundo; y
e corto número de los espíritus penetrantes que en EL PRÍNCIPE DEBE EVITAR SER DESPRECIADO
e se encuentra, no dice lo que vislumbra, hasta que Y ABORRECIDO
el sinnúmero de los que no lo son no sabe y a á qué
atenerse (28). Habiendo hecho mención desde luego de cuantas
prendas deben adornar á un Príncipe, quiero, des-
Hay un Príncipe en nuestra era que no predica pués de. haber hablado de las más importantes, dis-
nunca más que paz, ni habla más que de la buena currir también sobre las otras, á lo menos breve-
fe; y que, á observar él una y otra, se hubiera visto mente y de un modo general, diciendo que el Prín-
quitar más de una vez sus dominios y estimación,
cipe debe evitar lo que puede hacerle odioso y
•rero^creo que no conviene nombrarle (/).
despreciable (1). Cada vez que él lo evite, habrá
cumplido con su obligación, y no hallará peligro
z ó n Y i L í r R' f m P r e ' ¡mP °rta CÓm ° ; * tendréis ra- ninguno en cualquiera otra censura en que pueda
(28) ¡Fatal y mil v e c e s fatal retirada de M o s c o w ! E . incurrir (2).
//. Salustio decía también que "Cuanto he- L o que más que ninguna cosa, le haría odioso,
rnia dominación. era decente- v ane ñn i ^ i f parH retener
sería como lo he dicho, ser rapaz, usurpar las pro-
piedades de sus gobernados, robar sus mujeres: y
debe abstenerse de ello (3). Siempre que no se qui-
mas que a su mala fe y perfidias. capoles y Navarra [ 1 ] N o tengo que temer el menosprecio. Hice grandes
cosas: me admirarán á pesar suyo. E n cuanto al odio, le
pondré vigorosos contrapesos. R. C .
[2] E s t o me es necesario. R. C.
[3] Est modus in rebus. R . C .
2 Y ° MAQUIAVELO COMENTADO
281

tan á la generalidad de los hombres su propiedad


cepto de si es muy estimado; y se conspira difícil-
m honor, viven ellos como si estuvieran contentos;
mente contra el que goza de una grande estima-
y no hay que preservarse ya mas que de la ambi-
ción [8]. Los extranjeros por otra parte no le
ción de un corto número de sujetos ¿pero los repri-
atacan con gusto, con tal sin embargo que él sea
me uno con facilidad (4) y de muchos modos?
un excelente Príncipe y que le veneren sus gober-
Un Príncipe cae en el menosprecio, cuando pasa
nados.
por variable, lijero. afeminado, pusilánime, irreso-
Un Príncipe tiene dos cosas que temer, es á sa-
luto l a } . Ponga pues sumo cuidado en preservarse
ber: Lp, en lo interior de su estado, alguna rebelión
de una semejante reputación como de un escollo- é
por parte de sus súbditos; y 2?, por afuera, un ata-
ingeníese para que en sus acciones se advierta gran-
que por parte de alguna potencia vecina. S e preca-
deza. valor, gravedad y fortaleza [5]. Cuando él
verá contra este segundo temor con buenas armas,
pronuncie sobre las tramas de sus gobernados, debe
y sobre todo con buenas alianzas que él conseguirá
querer que su sentencia sea irrevocable [ ó l Ulti-
siempre si él tiene buenas armas [9]. Pues bien,
mamente. es menester que él los mantenga en una
cuando las cosas exteriores están aseguradas, lo es-
tal opinión de su genio, que ninguno de ellos tenga
tán también las interiores, á no ser que las haya tur-
m aun el pensamiento de engañarle, ni extrampar-
bado ya una conjuración [10]. Pero aun cuando se
íe L7J. El Principe no hace formar semejante con-
manifestara en lo exterior alguna tempestad contra
el Príncipe que tiene bien arregladas las cosas inte-
M N o tan f á c i l m e n t e R I
riores, si ha vivido como lo he dicho, con tal que no
Í5] 'Ingeniarse! ¡imposible' r , ) ! l n j
con ello. E. c u a n d o no se ha e m p e z a d o le abandonen los suyos (11), sostendrá toda especie
de ataque de afuera, como ha mostrado que lo hizo
perdó -á - Nabis de Esparta.
[8] H a y s i e m p r e v a l a n t o n e s q u e n o le e s t i m a n . E.
[9] H e d a d o a d m i r a b l e s p r u e b a s de e s t o , y m i c a s a m i e n -
a• Despreciaban á Vitelio h n t r . ^
p a s a b a él r e p e n t i n a m e n t e e S o S ' ^ emían ' á de que t o les e c h ó el c o l m o . R . I.
SHbi is offensis aut á / « / , S í S,a l a s caricias: Vitellimn [ t o ] Destruí las que se presentaron. R . I.
bant, metuebantque, etc. (Tácit ^S »»''abilem contemne-
[n] L e s t e n d r é la r i e n d a firme y a p r e t a d a . R. C.
V ' L'OR NAI'UT.KÓN 283

Sin embargo, con respecto á sus gobernados, aun


descontentos [ 1 5 ] . Pero, por esto mismo que él ha
en el caso de no maquinarse nada por afuera contra
descubierto su designio-á uno de ellos (16), le ha
el, podría temer que, en lo interior, se conspirase
dado materia para contentarse por sí mismo, su-
ocultamente. Pero puede estar -seguro de. que no puesto-que- revelando.al Príncipe la trama que se le
acaecerá esto, si evita ser despreciado v aborrecido . ha. confiado,, puede esperar éste todas especies de
v s, hace al pueblo contento con su gobierno: ven- ventajas ( é j . Viendo, por una parte segura la ga-
taja esencial que hay que lograr, como lo he dicho nancia (17); y por otra, no hallándola más que du-
muy por extenso antes (* 2 ).. • dosa y llena de peligros (18); sería menester que él
Uno de los más poderosos preservativos que: H fuera para el que le<ha iniciado en la conspiración,
Principe pueda tener contra las conjuraciones, es un amigo como se ven pocos, ó bien un enemigo
pues el de no ser aborrecido ni menospreciado-por enteramente irreconciliable del Príncipe, si tuviera
la palabra que dió { c ) .
la universidad de sus gobernados; porqüe el cons-
pirador no se alienta más que con la esperanza d e . [15]. S e le eoha un hermano í a l s o ; - y deSpués se da un
contentar al pueblo haciendo perecer al-Príncipe i p r o v i d e n c i ó n . R. C .
i - [16] E s p e c i a l m e n t e si le he' c o m p r a d o de a n t e m a n o .
J j P e r ° C U 3 n d o é l t i e n e motivos para creer que R. C.
ofendería con ello al pueblo, la amplitud necesaria > ••>C17]' P u e d e c o n t a r con un buen p r e m i o . R . C .
de valor para consumar su atentado le falta, visto 4.18) Q u e t e m e r - t o d o por u n a ; p a r t e , y q u e g a n a r l o todo
p o s otra. R. C.
que son infinitas las dificultades que se presentan á
los conjurados ( i 4 ) . L a e x p e r i e n c i a n o s e n s e f l ó. Tácito tía un notable ejemplo de esto en aquél Vol us io Pró-
culo, que fué á delatar á Nerón, una mujer que le instaba á ven-
garse de él. No lo había solicitado ella, mas que porque habia
hubo muchas conjuraciones, y que pocas tuvieron sabido de él mismo que se hallaba muy irritado de que Nerón le
había recompensado nial por el asesinato de Agripina-' " I s mu-
buen éxito; porque no pudiendo ser solo él que lieri, dúm merita engá Neronem sua, et quám in inrítum cecidis-
sent aperit, adjeeitque questus, et destinationem vindictoe si fa-
- - p i r a , no puede asociarse más que á los quecree cultas oriretur, spem dedit posse impelli- Ergó Epicharis plura:
et omnia scelera principis orditur. Aocingeretur modo navare ope-
[12] Machaquería. R. I. ram et militum accerimas ducere in partes, ac digna pretia ex-
spectaret. Unde Proculi, indicium irritum fuit quamvis ea, quoe
M N o es lo que se e x a m i n a con r e s p e c t o á mí. R. C audierat ad Neronem detulisset." (Ann. /j).
H4J Me aquietas. R . C . c. Maquiavelo dijo sobre esta materia en otra parte: " E s me-
nester que la amistad del cómplice sea muy fuerte.- si el peligro á
Para reducir la cuestión á pocos términos, digo
que del lado del conspirador no hay más que mié be temer también, aun cuando él triunfara, el tener
do, celos y sospecha de una pena que le atemori- por enemigo al pueblo (21); porque no le quedaría
za ( d ) ; mientras que, del lado del Príncipe, hay. refugio ninguno entonces.
para protejerle. la majestad de su soberanía. la¡ Podríamos citar sobre este particular una infini-
leyes, la defensa de los amigos v del Estado ( 19) : dad de ejemplos (22); pero me ciño á uno solo,
de modo que si á todos estos preservativos se aña- cuya memoria nos transmitieron nuestros padres.
de la benevolencia del pueblo, es imposible que Siendo Príncipe de Bolonia Mossen Anibal Benti-
ninguno sea bastante temerario para conspirar (20). voglio, abuelo de Dn. Anibal de hoy día, fué asesi-
Si todo conspirador, antes de la ejecución de su nado por los Cannuchis [<?], á continuación de una
trama, está poseído comunmente del temor de sa- conjuración; y estando todavía en mantillas su hijo
lir mal, lo está mucho más en este caso; porque de-
( 2 1 ) ¡ E l p u e b l o ! ¿no es ingrato, y no se pone siempre
del lado del que triunfa, especialmente cuando éste le des-
lumhra? R . I.
g rado 9 ) de M 4 P
a rrK° S ^ m á s (22) E l afeminado espíritu de nuestra edad no permite
y a que ellos se renueven. R. C.

titisse qui cadcm viderint; ni/til profuturnui unins silentiuvi. At


proemia penis unum fore qui indicio proevenisset; el secreto del al-
ma del conspirador puede por otra parte haberse descubierto con
S S T J K E ' g £ rrCCe t0daVÍa mayor <»ue «»«• ábrela la alteración de su fisonomía^ 3'embarazo de su planta: ípse moes-
d. Tácito notó, e n r l l í h u J» . lus, el magnoe cogitationis manifestus eral; 8'', la imprudencia
cer malograrse una conspiración E s c »ánto
P u « l e ha- como la de hacer ciertos preparativos delante de los criados, dar-
dad de la que no se • / , ' e l d e s e o d e l a 'mpuni- les á aguzar puñales, etc.: Pugionem adspirari saxo, ct in tnucro-
que no sea siempre ¿ S H O T I O « ^ H* 8 ^"-* s ó l i d a ™ e n t e para nem ardescere jussit: lo que hace sospechar la empresa que va á
cupido, magnis scm^r £randes j i m i o s : Impunitatis hacerse: arreptis suspicionibus de consequentibus; 9"?, la perspectiva
2?, el temor que U e g f á i ! * ^ " Promhsa »npunitas; del suplicio: Tormentorum aspectus ac tninoe; 10''. la creencia de
la lentitud de la ejecución d esperanza, epes ct metus; 3''- que algunos cómplices lo han revelado todo, y que es en balde
rum pertoesa; 4?, el m e d n H V A c c c n f l e r " conjúralos lenlitudinis co- guardar silencio: Cuneta jam pat.efac.ta crcdent, nec ttUutu silentii
59, los celos: porque p l ™ ^ de/Cublerto: proditionis; cmolumentuM, edidii' cocieras. Añádase á esto la casualidad que
de campo m á f q u e L r u e [ f U s 6 ^ a t a r t á Neró" domina con harta frecuencia en esta especie de negocios: el Conde
no, ó que el CónsulVestinn -qUe b , l e " ° f u e r a P u e s t o el tro- de Leicester malogró la empresa de Leiden con el solo motivo de
hacer un K ^ l Z T T r ^ ^ ¡ T ^ l !? R e P ü b l Í c a " 6 que habiendo sido preso por deudas uno de los conjurados, é ima-
que se manifiestan en la v E i!' , . d , h c ' l t a d e f nías graves ginándose los más de los otros que era porque algunos de ellos los
rum; 7o, la codicia del S '".ejecución: Pridic insidia- había descubierto, tomaron la huida.
se está de verle g a n t d o X ^ o * ¡"quietud en que
o t r o ' dejándose anticipar: Mullos ads- c. Familia rival de la de Bentivoglio, en el año de 1445.
único, Mossen Juan, no podía vengarle; pero el pue-
blo se sublevó inmediatamente contra los asesinos L o s Estados bien ordenados y los Príncipes sa-
y los mató atrozmente. Fué un efecto natural de la bios cuidaron siempre de no descontentar á los
benevolencia popular que la.familia de Bentivoglio grandes hasta el grado de reducirlos á la desespe-
se.había ganado por aquellos tiempos en Bolonia. ración (26), como también de tener contento al pue-
Ksta benevolencia fué tan grande, que, no teniendo blo (27). E s una de las cosas más importantes que 1
ya la ciudad á persona ninguna , de esta casa que, el Príncipe debe tener en su mira. Uno de los reinos
•á la muerte de Aníbal, pudiera .regir el Estado; y bien ordenados y gobernados de nuestros tiempos,
habiendo sabido Los ciudadanos, que existía en Flo- es el de Francia. Se halla allí una infinidad de¡bue-
rencia un descendiente-de la misma familia que no nos estatutos, á los que van unidas la libertad del
era mirado allí más que como un hijo de un traba- pueblo y la seguridad del Rey. El primero es el
jador, fueron en busca suya, y le confirieron el go- parlamento y la amplitud de su autoridad (28).
bierno de su ciudad, que él gobernó efectivamente Conociendo el fundador del actual' orden de este
hasta que Mossen Juan hubo estado en edad de go- reino, la ambición é insolencia de <los grandes, y
bernar, por sí mismo [23]. juzgando que erá preciso ponerles un freno que pu-
diera contenerlos; sabiendo por otra parte cuánto
Concluyo de todo .ello, que un Príncipe debe in-
los aborrecía el pueblo á causa del miedo que les
quietarse poco de las conspiraciones cuando le tiene
tenía, y deseando sin embargo sosegarlos, no quiso
buena voluntad el pueblo [24],; pero cuando éste le
es contrario y le aborrece,, tiene motivos.de temer que este doble cuidado quedase á cargo particular
en cualquiera ocasión, y.,por parte de cada indivi-
duo [25]. (26) P e r o los grándes que me vi o b l i g a d o ' á hacer, se
ponen furiosos cuando c e s o un instante de .colmarlos de
bienes. R. 1.

Á 2 3 ) ¡Si fueran c a p a c e s de k á hacer una cosa semejante (27 ) N o puede aquietar á estos ambiciosos más que des-
contentando al pueblo. R. 1.
«non E. "Va ^ " SÍd ° dG V e n Í f m e á b u s C a r Ca,n"s
(28) L l e v a s razón en admirarte de esto; pero era menes-
ter destruirlo para conseguir la destrucción del trono de los
h n ^ f M a q U l Í a V e í 0 ' 0 o Í d a atlUÍ ^ ha dicho q u e los B o r b o n e s , sin la que en resumidas cuentas, no hubiera po-
hombres eran malos. R. 1.
<>25^ K1 sueño huye lejos de mí. R. 1. dido erigirse el mío. H a r é y o el mismo estatuto, lo más
pronto que me sea posible. R. 1.
288 M AQUI A V K I.O CO M ENTA DO POR N A P O L E Ó N 289

del Rey. A fin de quitarle esta carga que él podía trado magnanimidad. Proponiéndome responder á
repartir con los grandes, y de favorecer al mismo semejantes objeciones, examinaré las prendas de
tiempo á los grandes y pueblo, se estableció por estos Emperadores, mostrando que la causa de su
juez un tercero que sin que el monarca sufriese vino ruina no se diferencia de aquella misma contra la
á reprimir á los grandes y favorecer al pueblo (29). que he querido preservar á mi Príncipe; y haré to-
No podía imaginarse disposición ninguna más pru- mar en consideración ciertas cosas que no deben
dente, ni un mejor medio de seguridad para el Rey omitirse por los que leen las historias de aquellos
y reino. Deduciremos de ello esta notable conse- tiempos (31).
cuencia: que los Príncipes deben dejar á otros la Me bastará tomar á los Emperadores que se su-
disposición de las cosas odiosas ( / ) , reservándose cedieron en el Imperio desde Marco el filosofo hasta
á sí mismos las de gracia (30); y concluyo de nuevo Maximino, es decir. Marco Aurelio, Cómodo su
que un Príncipe debe estimar á los grandes, pero hijo, Pertinax, juliano, Séptimo Severo, Caracalla
no hacerse aborrecer del pueblo. su hijo, Macrino, Heliogábalo, Alejandro Severo y
Creerán muchos quizás, considerando la vida y Maximino.
muerte de diversos Emperadores romanos, que hay Nótese primeramente que en principados de otra
ejemplos contrarios á esta opinión, supuesto que especie que la de ellos, no hay que luchar apenas
hubo un cierto E m p e r a d o r que perdió el imperio, ó más que contra la ambición de los grandes é inso-
fué asesinado por los suyos conjurados contra él; lencia de los pueblos; pero que los Emperadores
aunque se había conducido perfectamente, y mos- romanos tenían además un tercer obstáculo que su-
perar, es á saber, la crueldad y avaricia de los sol-
[29] ¡ A d m i r a b l e ! R . I. dados: lo cual era tan dificultuoso [32] que muchos
(30) E n el actual e s t a d o se dirigen á él t o d a s las c o s a s se desgraciaron en ello. No es fácil efectivamente
de r i g o r ; y sus M i n i s t r o s se reservan t o d a s las g r a c i a s me- el contentar al mismo tiempo á los soldados y pue-
nudas: á las mil m a r a v i l l a s . E .
blo, porque los pueblos son enemigos del descanso,
f . Xenofonte había dado el mismo consejo: "Cuando se trata de
imponer penas, el Príncipe debe delegar el cuidado de ello áotros;
pero cuando de premios y dádivas, sólo él debe distribuirlos."
( 3 1 ) O u e no se leen m á s q u e c o m o n o v e l a s . R . C.
Viro Principi, ubi panarum res est, alus id delegandum: ubi proe-
mioruut aut munerum. ipsi obcunduvi. (32) N o lo sé sino m u c h o . R . I.
y lo son por esto mismo los Príncipes cuya ambi- mente los que habían subido á la soberanía como
ción es moderada (33) ; mientras que los soldados Príncipes nuevos, conocieron la dificultad de conci-
quieren un Príncipe que tenga el espíritu marcial, y liar estas dos cosas, y abrazaban el partido de con-
que sea insolente, cruel v rapaz (g). La voluntad tentar á los soldados (36), sin temer mucho el ofen-
de los del Imperio era que el suyo ejerciera estas der al pueblo; y casi no les era posible obrar de otro
funestas disposiciones sobre los pueblos, para tener
modo ( 3 7 ) . No pudiendo los Príncipes evitar el
una paga doble, y dar rienda suelta á su codicia y
ser aborrecidos de algunos (38), deben, es verdad,
avaricia (34); de lo cual resultaba que los Empera-
esforzarse ante todas cosas á no serlo del número
dores que no eran reputados como capaces de im
mayor; pero cuando no pueden conseguir este fin,
poner respeto á los soldados y pueblo (35), queda-
ban vencidos siempre. Los más de ellos, especial- deben ingeniarse para evitar, con toda especie de
es) Mi e m b a r a z o e s e x t r e m a d o ; y rio e s m e n e s t e r impu- expedientes, el odio de su clase que es más pode-
tarme á mí, mi a m b i c i ó n g u e r r e r a , sino á mis s o l d a d o s y rosa ( 3 9 ) .
G e n e r a l e s q u e m e la c o n v i e r t e n en una primera n e c e s i d a d . Así, pues, aquellos Emperadores que con el mo-
M e matarían e l l o s si y o les dejara más de dos a ñ o s sin pre- tivo de ser Príncipes nuevos, necesitaban de ex-
sentarles el c e b o de una g u e r r a . R . I. traordinarios favores, se apegaron con mucho más
gusto á los soldados que al pueblo; y esto se con-
(34) A ello m e obligan por los m i s m o s m o t i v o s . L o s
s o l d a d o s son l o s m i s m o s en todas partes, cuando uno de- vertía en beneficio ó daño del Príncipe, según que
pende de e l l o s . R . I. él sabía mantenerse con una grande reputación en
( 3 5 ) H e l o g r a d o hacer uno v o t r o ; pero no b a s t a n t e to- el concepto de los soldados ( 4 0 ) . T a l e s fueron las
davía. R . I.

" H a b í a algunos á quienes la memoria de Nerón, y el deseo ( 3 6 ) N o es m e n e s t e r d e s e n t e n d e r m e de e l l o : todavía me


de la renovación de la antigua licencia inflamaban," dice Tácito:
Erant quos memoria Neronis, ac desiderium prioris licentice h a l l o en el m i s m o c a s o , b a j o t o d o s l o s a s p e c t o s . R . I.
accenderet." (Tacit. Hist. 1.) G a l b a perdió el imperio y la vida ( 3 7 ) E s t a e s mi d i s c u l p a á l o s o j o s de los v e n i d e r o s .
por haber dicho que él no aspiraba á comprar el afecto de los sol-
^ ° ? ' s l . n o a tomar sus personas: " L e g i a se milites, non e m i - R. I.
tas/'. 1.); como también por haber usado de una severidad de dis-
ciplina que Nerón había dejado perder en la licencia: "Noc.uit (38) N o es sino m u c h a v e r d a d . R . I.
antiquus rigor, et nimia severitas cui jam pares non s u m u s . . . . . . ( 3 9 ) E s siempre el E j é r c i t o , c u a n d o es tan n u m e r o s o
beventas ejus angebat coaspemantes veterem disciplinam, atque c o m o el mío. R . I.
• qvatuordewm a n m s a Nerone assuefactos, ut haud minus vitia
principum amarent quam olim virtutes verebantur." (Hist 1 ) (40) H a c e r l o todo para e s t o : me v e o f o r z a d o á e l l o . R . I.
2
92 MAQÜIAVELO COMENTADO

causas que hicieron que Pertinax y Alejandro, aun-


odio contra su persona (46). A este odio se unió el
que eran de una moderada conducta, amantes de
menosprecio de la misma, á causa de que él era
la justicia, enemigos de la crueldad, humanos y
viejo (47) ; y fué asesinado Pertinax en los princi-
buenos ( 4 1 ) , así como Marco (Aurelio), cuyo fin
pios de su reinado ( h ) . E s t e ejemplo nos pone en
fué feliz, tuvieron sin embargo uno muy desdicha-
el caso de observar que uno se hace aborrecer tanto
do ( 4 2 ) . Unicamente Marco vivió y murió muy
venerado, porque había sucedido al Emperador por
[46] E s i n e v i t a b l e . E.
derecho hereditario, y no estaba en la necesidad de
( 4 7 ) E s t o no me mira á mí. E.
portarse como si él lo debiera á los soldados ó pue-
blo ( 4 3 ) . Estando dotado por otra parte de mu- h. Tácito, como lo nota Amelot de la Houssaie, explica esta des-
g r a c i a hablando de otros Emperadores que estaban en la misma
chas virtudes que le hacían respetable, contuvo has- época de la vida: " I p s a oetas Galboe, et inrisui et fastidio erat
adsuetis juventoe Neronis, imperatores forma et decore corporis
ta su muerte,- al pueblo y soldado dentro de unos [ut es mos vulgi] comparantibus" LHist. 1.]—"Reputante Tiberio
justos límites, y no fué aborrecido ni despreciado publicum sibi odium extremam oetatem." [Ann. 6.]—"Cuando
ellos se sostenían, era menos con su fuerza que por un efecto de su
jamás ( 4 4 ) . anterior reputación:" Magieque fama, quam vi stare res suas.
[ I b i d . ] — " N o viéndolos y a los enemigos exteriores en estado de
Pero creado Pertinax para Emperador contra la defenderse, los menospreciaban:" Artabanus senectutem Tiberil
ut inermem despiciens. [Ann. 6 . ) — " P a r a tener ocasión de no res-
voluntad de los soldados que, en el imperio de Có- petatarlos, se pretendía que su espíritu estaba en su decadencia."
Fluxum senio menteni objectando. (Ibid.)—"Losmalvados siempre
modo, se habían habituado á la vida silenciosa, y entremetidos, llegaban á a b j a r s e con su confianza, y dirigirlos á
su discreción;" "Invalidum senem, odio oneratum, contemptu
habiendo querido reducirlos á una decente vida que inertioe destruebant" (Hist. 1 . ) — Y entrando entonces varios liber-
se les hacía insoportable (45) engendró en ellos tos en los cargos públicos, se apresuraban á enriquecerse en ellos
con toda especie de rapiñas: " A f f e r e b a n t venalia cuncia proepo-
tentes liberti servorum manus subitis avidoe, et tanquam apud
senem festinantes" (Ibid.)—Exentos de todo temor, y hallando,
( 4 1 ) V i r t u d e s i n t e m p e s t i v a s , en este c a s o . E s d i g n o d e sin merecerlas, mayores recompensas al lado de un señor débil y
c o m p a s i ó n el q u e no s a b e substituir las v i r t u d e s p o l í t i c a s crédulo, pillaban y hacían el mal muy á sus anchuras: "Quippe
de la circunstancia. R . I. hiantes in magna fortuna, amicorum cupiditates, ipsa facilitas
Galboe intendebat; quum apud infirmum et credutum minore metu
[42] E s t o debía ser; y lo hubiera y o p r e v i s t o . R . I. et majore proemio p e c c a r e t u r . " (Hist. 1 . ) — " P o r su parte, estos
Emperadores, afectando mostrarse indulgentes para los mayores
( 4 3 ) E s t a f o r t u n a no e s t á r e s e r v a d a m á s q u e á mi h i j o ,
ultrajes, y desentendiéndose de los horrendos crímenes cometidos
R . 1.
contra sí, no se apegaban más que á los ordinarios propósitos de
la adulación, aun l a más común." " P a t i e n t i a m libertatis alienoe
[44] S i m e fuera a c o r d a d o el renacer p a r a s u c e d e r á mi
ostentans, ut contemptor suoe infamioe, an scelerum Sejani diíi
hijo, sería a d o r a d o y o . R . L nescius, mox quoque modo dicta vulgari malebat, veritatisque,
C45] N o pueden e x c u s a r s e de ello. E„ cui adulatio officit, per probra saltem gnarus fieri." (Ann. 6.)
con las buenas como con las malas acciones; y por
Poniendo en oposición con las buenas prendas de
esto, como lo he dicho más arriba, el Príncipe que
estos Príncipes, el genio y conducta de Cómodo,
quiere conservar sus dominios, está precisado con
Séptimo Severo, Caracalla y Maximino, los halla-
frecuencia á no ser bueno ( 4 8 ) . Si aquella mayo-
remos muy crueles y rapaces. Para contentar ellos
ría de hombres, cualquiera que ella sea, de solda-
á los soldados, no perdonaron especie ninguna de
dos, de pueblo ó grandes, de la que piensas necesi-
injuria al pueblo; y todos, menos Severo, acabaron
tar para mantenerte, está corrompida; debes seguir
desgraciadamente. Pero éste tenía tanto valor que
su humor y contentarla (49). L a s buenas acciones
conservando con él ia inclinación de los soldados,
que hicieras entonces, se volverían contra tí mis-
pudo, aunque oprimiendo á sus pueblos, reinar di-
mo (50).
chosamente [53]. Sus prendas le hacían tan admi-
Pero volvamos á Alejandro ( S e v e r o ) , que era de
rable en el concepto de los unos v los otros, que los
una tan grande bondad que, entre las demás ala-
primeros permanecían asombrados en cierto modo
banzas que de él hicieron, se halla la de no haber
hasta el grado de pasmo (54), y los segundos res-
hecho morir á ninguno sin juicio en el espacio de
petuosos y contentos [55].
catorce años que reinó. Estuvo expuesto á una con-
juración del ejército, y pereció á sus golpes, porque Pero como las acciones de Séptimo tuvieron tanta
habiéndose hecho mirar como un hombre de genio grandeza cuanto podían tener ellas en un Príncipe
débil ( 5 1 ) , y teniendo la fama de dejarse gobernar nuevo, quiero mostrar brevemente cómo supo dies-
por su madre (52), se había hecho despreciable con tramente hacer de zorra y león, lo cual le es nece-
esto. sario á un Príncipe, como ya lo he dicho (56).

[48] Y ellos no s a b e n c e s a r de s e r l o . E. [53] ¡ M o d e l o s u b l i m e q u e no he cesado de c o n t e m p l a r !


(40) E s por cierto lo q u e quieren hacer; pero b a s t a r d e a n R . 1.
y desconocen la f u e r z a d e su p a r t i d o . E .
[54] D e modo q u e n o admiraron más q u e en mí las
(50) E s t o no puede d e j a r de s u c e d e r l e s . E. g r a n d e s c o s a s q u e no hice m á s que por medio de ellos.
( 5 1 ) N o puede u n o e v i t a r la reputación de e l l o , c u a n d o R . I.
es siempre bueno. E .
[ 5 5 ] E l r e s p e t o y a d m i r a c i ó n hacen q u e ellos se conten-
( 5 2 ) E s mucho p e o r , c u a n d o tiene la de s e r l o por Mi- g a n c o m o si lo e s t u v i e r a n . R . I.
nistros ineptos ó d e s e s t i m a d o s . E .
[56] Y de lo q u e e s t u v e c o n v e n c i d o siempre. R . I.
Habiendo conocido Severo la cobardía de Didier primer principio, le quedaban á Severo dos dificul-
Juliano, que acababa de hacerse proclamar Empera- tades por vencer para ser señor de todo el Imperio:
dor, persuadió al ejército que estaba bajo su mando la una en Asia, en que Niger, jefe de los Ejércitos
en Esclavonia, que el haría bien en marchar á Ro- asiáticos, se había hecho proclamar Emperador; y
ma para vengar la muerte de Pertinax, asesinado la otra en la Gran Bretaña, por parte de Albino
por la guardia imperial ó pretoriana [57]. Evitan- que aspiraba también al Imperio ( 6 1 ) . Teniendo
do con este pretexto mostrar que él aspiraba al Im- por peligroso el declararse al mismo tiempo como
perio. arrastró á su ejército contra Roma, y llegó á enemigo, de uno y otro, tomó la resolución de en-
Italia aun antes que se tuviera conocimiento de su gañar al segundo mientras atacara al primero (62).
partida [58]. Habiendo entrado en Roma, forzó al En su consecuencia, escribió á Albino para decirle
Senado atemorizado á nombrarle por Emperador que habiendo sido elegido Emperador por el Sena-
[59] y fué muerto Didier Juliano [60], al que ha-
bían conferido esta dignidad [/']. Después de este ( 6 1 ) Mi N i g e r no fué m a s que B a r r a s , y mi A l b i n o no
era mas q u e S i e y e s . N o eran f o r m i d a b l e s ; c a d a uno de e l l o s
no o b r a b a p o r su p r o p i a c u e n t a , y quería y o q u e se dife-
( 5 7 ) Q u i c e imitar este rasgo en fructidor [año de 1 7 0 7 ] : renciasen en su fin. E l p r i m e r o q u e r í a r e s t a b l e c e r al R e y ;
c u a n d o decía y o á mis s o l d a d o s de Italia que el c u e r p o le- y el s e g u n d o e n t r o n i z a r al E l e c t o r de B r u n s w i c k . P e r o y o
g i s l a t i v o había asesinado la libertad republicana en F r a n - quería o t r a c o s a ; y S é p t i m o , en mi lugar no h u b i e r a hecho
cia: pero no pude c o n d u c i r l o s allá ni transportarme vo m e j o r q u e y o . R . I.
m i s m o . E r r a d o el tiro en e s t a v e z , no lo fué después. R . ' l . (62) Y o no t e n í a tenacidad m a s q u e de retirar á mi N i -
(58) S e r e c o n o c e r á aquí mi v u e l t a de E g i p t o . R . I. g e r ; y me era fácil el e n g a ñ a r á mi A l b i n o . R . I.

Í 5 9 \ S e me n o m b r ó jefe de todas las tropas reunidas en había mandado inmediatamente que castigaran de muerte el ama-
P a r í s e inmediaciones, y el árbitro de a m b o s c o n s e j o s por lecita que sostenía haber dado el golpe mortal á Saúl, aunque S a ú l
el p r o n t o . R . I. ' 1 y a herido y disgustado de la vida, se lo había pedido por favor.
Claudio mandó matar á Chercas y Lupo que habían dado muerte á
(60) Mi Didier no era más que el directorio: b a s t a b a di- Calígula, aunque este atentado le había elevado al trono. Vitelio
impuso la pena capital á los autores del asesinato de Galba y P i -
s o l v e r l e para destruirle. R. I. són. Domiciano hizo morir á Epafrodite por haber ayudado á
Nerón á matarse, aunque una sentencia del Senado había conde-
(i) "'El asesinato de un Príncipe es un crimen que su sucesor nado á Nerón. Fernando, gran duque de Toscana, castigó de
muerte á su cuñada Blanca Capela, que había envenenado el gran
Ci-Cssit1 Hist. 1.) 'Obra así para asegurar su propia vida toda- duque Francisco su marido. E l primer cuidado de Carlos II,
vía mas que para vengar á su predecesor:"' "Omnes conquiri et Rey de Inglaterra, al empuñar el cetro de su padre, fué vengar
interfici juss.t non honore Galboe, sed tradito principibus more su muerte sobre diez de los más culpables regicidas; después de
munimentum ad proesens, in posterum ultionem ? S - D a v f d lo cual fué clemente muy á sus anchuras y sin peligro
-38
do, quería dividir con él esta dignidad; y aun le en- Príncipe nuevo que él era, hubiese podido conser-
vió el título de César, después de haber hecho de- var un tan vasto imperio; porque su grandísima re-
clarar por el Senado que Severo se asociaba á Al- putación (66) le preservó siempre de aquel odio
bino por colega (63). E s t e tuvo por sinceros todos que los pueblos podían cogerle á causa de sus rapi-
estos actos, y les dió su adhesión. Pero luego que ñas ( / ) .
Severo hubo vencido y muerto á Niger; y habiendo Pero su hijo mismo Antonino (/) fué también un
vuelto á Roma, se quejó de Albino en S e n a d o ple- hombre excelente en el arte de la guerra. Poseía
no diciendo que aquel colega, poco reconocido á los bellísimas prendas que le hacían admirar de los
beneficios que había recibido de él, había tirado á pueblos y querer de los soldados. Como era gue-
asesinarle por medio de la traición, y que por esto rrero, que sobrellevaba hasta el último grado toda
se veía precisado á ir á castigar su ingratitud. Par- especie de fatigas, despreciaba todo alimento deli-
tió Pues, vino á Francia al encuentro suyo, y le cado, y desechaba las demás satisfacciones de la
quitó el Imperio con la vida (64). molicie; le amaban los Ejércitos (67). Pero como á
Cualquiera que examine atentamente sus accio- puro matanzas, en muchas ocasiones particulares
nes, hallará que era á un mismo tiempo un león fe- había hecho perecer una gran parte del pueblo de
rocísimo (65) y una zorra muy astuta. S e verá te- Roma, y todo el de Alejandría, su ferocidad y.cruel-
mido y respetado de todos, sin ser aborrecido de
los soldados; y no se extrañará de que por más (66) L a mía no p u e d e ser m a y o r por a h o r a ; y la sosten-
dré. R . I.
(63) A s í hice n o m b r a r á S i e y e s por c o l e g a mío en la c o - ( 6 7 ) N o omití en las o c a s i o n e s este medio de adquirir
misión c o n s u l a r ; y R o g e r - D u c o s al que a d m i t í t a m b i é n en su amor. R . 1.
ella, no podía ser m a s q u e u n a m á q u i n a de c o n t r a p e s o á
i Con arreglo á lo que Dion cuenta del genio de Séptimo Seve-
mi d i s p o s i c i ó n R . I. ro, no causará extrañeza que Napoleón le haya cogido aquella
inclinación de imitación que acaba de notarse. Séptimo, según
(64-) N o me eran n e c e s a r i a s tan g r a n d e s m a n i o b r a s p a r a
este historiador, tenía más inclinación que disposición intelectual
d e s e m b a r a z a r m e de S i e y e s . M á s z o r r o q u e él, lo l o g r é fá- para las ciencias; pero era firme é inalterable en sus empresas, lo
c i l m e n t e en mi j u n t a del 22 de f r i m a r i o , en q u e y o m i s m o preveía todo, y pensaba en todo. Amigo generoso y constante,
a r r e g l é la c o n s t i t u c i ó n q u e me hizo p r i m e r C ó n s u l y r e l e g ó enemigo violento y peligroso; era por lo demás rapacero, disimu-
á los dos c o l e g a s á l a j u b i l a c i ó n de mi S e n a d o R . í . lado, mentiroso, pérfido, perjuro, codicioso, y lo refería todo a si
mismo,
( 6 5 ) N o me r e c o n v e n d r á n de h a b e r l o s i d o ni p o r a s o m o l. Se sabe que Caracalla se hacía llamar. Antonino el grande,
en e s t a c o y u n t u r a R . 1.
y Alejandro.
3oo

dad sobrepujaban á cuanto se había visto en esta


él dar muerte ignominiosa, y que hacía diariamente
horrenda especie, le hicieron extremadamente odio-
la amenaza de vengarse. Temerario hasta este pun-
so á todos (68). Comenzó haciéndose temer de
to, Antonino (71) no podía menos de ser asesinado,
aquellos mismos que le rodeaban, tan bien que le
y lo fué.
asesinó un centurión en medio mismo de su ejér-
cito. J Vengamos ahora á Cómodo (72) al que le era tan
fácil conservar el Imperio, supuesto que le había
E s preciso notar con este motivo que unas seme-
logrado por herencia como hijo de Marco. Bastá-
jantes muertes, cuyo golpe parte de un ánimo deli-
bale seguir las huellas de su padre para contentar
berado y tenaz, no pueden evitarse por los Prínci-
al pueblo y soldados. Pero siendo de un genio bru-
pes; porque cualquiera que hace poco caso de morir
tal y cruel, y queriendo estar en proporción de ejer-
tiene siempre la posibilidad de matarlos (m) Pero
cer su rapacidad sobre los pueblos, prefirió favore-
el Principe debe temer menos el acabar de este mo-
cer á los ejércitos, y los echó en la licencia. Por
do, porque estos atentados son rarísimos (69). De-
otra parte, no sosteniendo su dignidad porque se
f e a m e n t e cuidar de no ofender gravemente á
humillaba frecuentemente hasta ir á luchar en los
ninguno de los que él emplea ( 7 o), y especialmente
teatros con los gladiadores, y á hacer otras muchas
de los que tiene á su lado en el servicio de su prin-
acciones vilísimas y poco dignas de la Majestad Im-
X e T P hlZO,d E m p e r a d ° r b a - perial, se hizo despreciable aun en el concepto de
cana. Este Principe dejaba la custodia de su perso
las tropas. Como estaba menospreciado por una
n a a un centurión á cuyo hermano había mandado parte, y aborrecido por otra, se conjuraron contra
[68] P o c o hábil. R . i él y fué asesinado (73).

T f ^ ^ S S ? * -
Maximino, cuyas prendas nos queda que expo-
ner, fué un hombre muy belicoso. Elevado al Im-
perio por algunos Ejércitos disgustados de aquella

( 7 1 ) D e c i d : necio, e s t ú p i d o , e m b r u t e c i d o . R , I.
m. Séneca lo dijo: " E l aue
dueño de la de su P r í n c ¡ « 3 C ° r t ° . a P r e c ¡ ° de su vida es ( 7 2 ) L a s t i m o s o ; no es d i g n o de q u e y o d e t e n g a un ins-
t»w dominus est, (Séneca^ép.í VUam S"a"1 ^Ucmpsit, tante mis m i r a d a s en él. R . I.
(73) E r a justicia. N o p o d í a uno ser más indigno de rei-
nar. R . I.
molicie de Alejandro que llevamos mencionada ya, su ruina [77]. Fatigado de su crueldad, y no te-
no lo poseyó por mucho tiempo, porque le hacían miéndole ya tanto desde que él le veía con tantos
despreciable y odioso dos cosas (74). L a una era enemigos, le mató atrozmente.
su bajo origen (75), pues había guardado los reba- Me desdeño de hablar de Heliogábalo. Macrino,
ños en la Tracia: lo cual era muy conocido, y le y Juliano, que, hallándose menospreciables en un
atraía el desprecio de todos. L a otra era la reputa- todo, perecieron casi luego que hubieron sido ele-
ción de hombre cruelísimo, que, durante las dila- gidos; y vuelvo de seguida á la conclusión de este
ciones de que usó, después de su elección al Impe- discurso, diciendo que los Príncipes de nuestra era
rio, para transladarse á R o m a y tomar allí posesión experimentan menos, en su gobierno, esta dificul-
del trono Imperial, sus Prefectos le habían formado tad de contentar á los soldados por medios extraor-
con las crueldades que según sus órdenes ejercían dinarios [78]. A pesar de los miramientos que los
ellos en esta ciudad y otros lugares del Imperio [76]. soberanos están precisados á guardar con ellos, se
Estando todos por una perte, indignados de la ba- allana bien pronto esta dificultad, porque ninguno
jeza de su origen; y animados, por otra, con el odio de nuestros Príncipes tiene cuerpo ninguno de Ejér-
que el temor de su ferocidad engendraba, resultó cito que, por medio de una dilatada mansión en las
de ello que el Africa se sublevó desde luego contra provincias, se haya amalgamado en algún modo
él, y que en seguida el Senado con el pueblo de con la autoridad que los gobierna, y administracio-
Roma y la Italia entera conspiraron contra su per- nes suyas [79], como lo habían hecho los Ejércitos
sona. Su propio Ejército, que estaba acampado del Imperio romano \n~\. Si convenía entonces ne-
bajo los muros de Aquilea, y experimentaba suma
dificultad para tomar esta ciudad, juró igualmente [ 7 7 ) E s d i g n o de e l l o , el q u e d e j a l l e g a r las c o s a s á es
te p u n t o . R . I.
[78) N o me e m b a r a z a e l l a e f e c t i v a m e n t e . R. I,
(74) E l ser d e s p r e c i a d o , e s el peor de t o d o s l o s males. [ 7 9 ) M u d a r á m e n u d o las g u a r n i c i o n e s . R . I.
R. I,
n. Admitidas las legiones de Alemania en los ejércitos romanos,
( 7 5 ) H a y s i e m p r e medio d e e n c u b r i r e s t o . R . I. se jactaban de poder disponer del Imperio: " S u á in manu sitam
rem romanam, suis vicois augeri rempublicam, in suum cogno-
( 7 6 ) ¡ P o r q u e no las d e s a p r o b a b a él d e s p u é s mandando mentum adscisci Imperatores." (Tácit., Ann. 1.), Evulgato im-
c a s t i g a r l o s ! R . I. perii arcano posse Príncipem alibi quám Romoe fieri (Hist. 1.).
et posse ab exercitu Príncipem fieri." (Hist. 2).
cesariamente contentar á los soldados más que al
ferente de todos los demás principados, y que se
pueblo, era porque los soldados podían más que el
asemeja ai del Pontificado cristiano, que no puede
pueblo. Ahora es más necesario para todos nues-
llamarse principado hereditario, ni nuevo (84). No
tros Príncipes, excepto sin embargo para el Turco
se hacen herederos de la soberanía los hijos del
y el Soldán, el contentar al pueblo que á los solda-
Príncipe difunto, sino el particular al que eligen
dos, á causa de que ho}r día los pueblos pueden
hombres que tienen la facultad de hacer esta elec-
más que los soldados [8o. ] Exceptúo al Turco,
ción [85]. Hallándose sancionado este orden por
porque tiene siempre alrededor de sí doce mil in-
su antigüedad, el principado del Soldán ó Papa no
fantes, y quince mil caballos de que dependen la
puede llamarse nuevo, y no presenta á uno ni otro
seguridad y fuerza de su reinado (81). E s menester
ninguna de aquellas dificultades que existen en las
por cierto absolutamente que este soberano, que no
nuevas soberanías. Aunque es allí nuevo el Prínci-
hace caso ninguno del pueblo, mantenga sus guar-
pe, las constituciones de semejante estado son an-
dias en la inclinación á su persona (82). Sucede lo
tiguas, y combinadas de modo que le reciban en él
mismo con el reinado del Soldán, que está todo en-
como si fuera poseedor suyo por derecho heredita-
tero en poder de los soldados; conviene también
rio ( 8 6 ) ,
que él conserve su amistad, supuesto que no guar-
da-miramientos con el pueblo (83). Volviendo á mi materia, digo que cualquiera que
reflexione sobre lo que dejo expuesto, verá que el
Debe notarse que este estado del Soldán es dife-
odio ó menosprecio fueron la causa de la ruina de
los Emperadores que he mencionado. Sabrá tam-
[80] Mi interés quiere q u e se m a n t e n g a entre u n o s y
otros una cierta b a l a n z a que no p u e d e hacer inclinar ya de bién porqué habiendo obrado de un modo una par-
un lado y a de otro. R . C.
[81] Mi guardia imperial p u e d e en c a s o necesario ha-
[84] L a c o m p a r a c i ó n es c u r i o s a , a t r e v i d a , pero verda-
cerme las v e c e s de G e n í z a r o s . R . I.
d e r a á los o j o s de todo m e d i t a d o r p o l í t i c o . R. I.
[82] D e b o hacer otro t a n t o . R . I.
[85] L o s c a r d e n a l e s hacen e f e c t i v a m e n t e al s o b e r a n o
[83] M i r a m i e n t o s ó n o , e s p r e c i s o tener una fuerte guar- t e m p o r a l de R o m a , c o m o los m a g n a t e s de E g i p t o hacían
dia con la q u e uno p u e d a c o n t a r , aun c u a n d o hubiera de- á su S o l d á n . R . I.
serción e n t r e las otras t r o p a s , q u e se a p e g a n m u c h í s i m o
[86] E l serlo así, es la m á s e x c e l e n t e suerte de la rueda
todavía al p u e b l o . R. I.
de la f o r t u n a . R . I.
te de ellos, y de un modo contrario otra, solo uno,
siguiendo esta ó aquella vía, tuvo un dichoso fin,
mientras que los demás no hallaron allí mas que un
desastrado fin. S e comprenderá porque Pertinax
y Alejandro quisieron imitar á marco no solamente
en balde, sino también con perjuicio suyo, en aten-
CAPITULO XX.
ción á que el último reinaba por derecho heredita
rio, y que los dos primeros no eran mas que Prín- SI LAS FORTALEZAS Y OTRAS MUCHAS COSAS QUE LOS
cipes nuevos ( 8 7 ) . Aquella pretensión que Cara-
PRINCIPES HACEN CON FRECUENCIA,
calla, Cómodo y Maximino tuvieron de imitar á
SON UTILES Ó PERNICIOSAS
Severo, les fué igualmente adversa, porque no es-
taban adornados del suficiente valor para seguir en
Algunos Príncipes, para conservar seguramente
todo sus huellas.
sus estados, creyeron deber desarmar á sus vasa-
Así pues, un Príncipe nuevo en un principado llos; y otros varios engendraron divisiones en los
nuevo, no puede sin peligro imitar las acciones de países que les estaban sometidos. Hay unos que en
Marco; y no le es indispensable imitar las de Seve- ellos mantuvieron enemistades contra sí mismos; y
ro (88). Debe tomar de éste cuantos procederes le otros se dedicaron á ganarse á los hombres que le
son necesarios para fundar bien su E s t a d o ; y de eran sospechosos en el principio de su reinado. Fi-
Marco, lo que hubo, en su conducta, de conveniente nalmente, algunos construyeron fortalezas en sus
y glorioso para conservar un E s t a d o ya fundado y dominios; y otros demolieron y arrasaron las que
asegurado ( 8 9 ) . ya existían ( 1)
Aunque no es posible dar una regla fija sobre to-
<87) H a v a l g o b u e n o en c a d a u n o de e s t o s m o d e l o s : e s
menester saber e s c o g e r . U n i c a m e n t e los t o n t o s p u e d e n das estas cosas, á no ser que se llegue á contem-
atenerse á uno solo é imitarle en t o d o . K. i . plar en particular alguno de los estados en que hu
[88] ¿ O u i é n será c a p a z de s e g u i r las mías? R. i .
(80) P e r f e c t a m e n t e c o n c l u i d o ; p e r o t o d a v í a 110 puedo ( 1 ) U n mismo P r í n c i p e puede v e r s e o b l i g a d o á hacer
desistir de los p r o c e d e r e s de S e v e r o . R. I. todo esto en el curso de su r e i n a d o , s e g ú n el t i e m p o v cir-
c u n s t a n c i a s . R . 1.
te de ellos, y de un modo contrario otra, solo uno,
siguiendo esta ó aquella vía, tuvo un dichoso fin,
mientras que los demás no hallaron allí mas que un
desastrado fin. S e comprenderá porque Pertinax
y Alejandro quisieron imitar á marco no solamente
en balde, sino también con perjuicio suyo, en aten-
CAPITULO XX.
ción á que el último reinaba por derecho heredita
rio, y que los dos primeros no eran mas que Prín- SI LAS FORTALEZAS Y OTRAS MUCHAS COSAS QUE LOS
cipes nuevos ( 8 7 ) . Aquella pretensión que Cara-
PRINCIPES HACEN CON FRECUENCIA,
calla, Cómodo y Maximino tuvieron de imitar á
SON UTILES Ó PERNICIOSAS
Severo, les fué igualmente adversa, porque no es-
taban adornados del suficiente valor para seguir en
Algunos Príncipes, para conservar seguramente
todo sus huellas.
sus estados, creyeron deber desarmar á sus vasa-
Así pues, un Príncipe nuevo en un principado llos; y otros varios engendraron divisiones en los
nuevo, no puede sin peligro imitar las acciones de países que les estaban sometidos. Hay unos que en
Marco; y no le es indispensable imitar las de Seve- ellos mantuvieron enemistades contra sí mismos; y
ro (88). Debe tomar de éste cuantos procederes le otros se dedicaron á ganarse á los hombres que le
son necesarios para fundar bien su E s t a d o ; y de eran sospechosos en el principio de su reinado. Fi-
Marco, lo que hubo, en su conducta, de conveniente nalmente, algunos construyeron fortalezas en sus
y glorioso para conservar un E s t a d o ya fundado y dominios; y otros demolieron y arrasaron las que
asegurado ( 8 9 ) . ya existían ( 1)
Aunque no es posible dar una regla fija sobre to-
<87) H a v a l g o b u e n o en c a d a u n o de e s t o s m o d e l o s : e s
menester saber e s c o g e r . U n i c a m e n t e los t o n t o s p u e d e n das estas cosas, á no ser que se llegue á contem-
atenerse á uno solo é imitarle en t o d o . K. i . plar en particular alguno de los estados en que hu
[88] ¿ O u i é n será c a p a z de s e g u i r las mías? R. i .
(80) P e r f e c t a m e n t e c o n c l u i d o ; p e r o t o d a v í a 110 puedo ( 1 ) U n mismo P r í n c i p e puede v e r s e o b l i g a d o á hacer
desistir de los p r o c e d e r e s de S e v e r o . R. 1. todo esto en el curso de su r e i n a d o , s e g ú n el t i e m p o v cir-
c u n s t a n c i a s . R . 1.
biera de tomarse una determinación de esta espe- te con respecto á los otros ( 4 ) . Esta distinción de
cie, sin embargo hablaré de ello del modo extenso la que se reconocen deudores á tí, los primeros te
y general que la materia misma permita [2]. los apega; y los otros te disculpan, juzgando que
No hubo nunca Príncipe nuevo ninguno que de- es menester ciertamente que aquellos tengan más
sarmara á sus gobernados; y mucho más cuando mérito que ellos mismos, supuesto que los expones
los halló desarmados, los armó siempre él mismo á más peligros, y que no les haces contraer más
(3). Si obras así, las armas de tus gobernados se obligaciones.
convierten en las tuyas propias; los que eran sos- Cuando desarmas á todos tus gobernados, em-
pechosos se vuelven fieles; los que eran fieles, se piezas ofendiéndolos, supuesto que manifiestas que
te desconfías de ellos, sospechándolos capaces de
mantienen en su fidelidad; y los que no eran mas
cobardía ó poca fidelidad ( 5 ) . Una ú otra de am-
que sumisos, se transforman en partidarios de tu
bas opiniones que te supongan ellos con respecto á
reinado.
sí mismos, engendra el odio contra tí en sus almas.
Pero como no puedes armar á todos tus subditos, Como no puedes permanecer desarmado, estás
aquellos á quienes armas, reciben realmente un fa- obligado á" valerte de la tropa mercenaria cuyos in-
vor de tí; y puedes obrar entonces más seguramen- convenientes he dado á conocer (6). Pero aun
cuando fuera buena la que tomaras, no puede serlo
( 2 ) H a b l a , v me encargo de las consecuencias prácti- bastante para defenderte al mismo tiempo de los
cas. R. 1
enemigos poderosos que tuvieras por de fuera, y de
(3) A s í obraron los hábiles fautores de la revolución.
H a c i é n d o s e los príncipes de la Francia, con la transforma- (4) L o s g r a n d e s forjadores de la revolución francesa no
ción que e l l o s hicieron de sus E s t a d o s generales, en Asam- querían armar realmente mas que al pueblo. L o s pocos no-
blea nacional, armaron inmediatamente al pueblo entero, bles á quienes dejaron introducirse en su guardia nacional
para formarse de él un ejército nacional en provecho suvo! no los e s p a n t a b a n ; sabían bien que no tardarían en echar-
¿ P o r q u é conservaron las guardias urbanas v c o m u n a l e s los, 3' teniéndose el pueblo por el único favorecido fué de
este título que no les conviene ya hoy día? ¿ G u a r d a cada ellos únicamente. R . 1.
una de ellas á la nación entera? E s menester que ellas le
pierdan, pero gradualmente. N o son, ni deben ser, mas ( 5 ) ¿ C ó m o saldrán de este difícil p a s o ; porque hay mu-
que guardias urbanas ó provinciales: así lo exigen el buen chas guardias nacionales que no están por ellos? E .
orden y sano juicio. R. 1. ( 6 ) N o los hay pues de esta especie. E.
aquellos gobernados que te causan sobresaltos en tiempo hace, en tu antiguo Estado al lado de tu
lo interior ( 7 ). Por esto, como lo he dicho, todo persona ( 1 1 ) .
Príncipe nuevo en su soberanía nueva, se formó Nuestros mayores (Florentinos), y principal-
siempre una tropa suya (8). Nuestras historias pre- mente los que se alaban como sábios, tenían cos-
sentan ¡numerables ejemplos de ello. tumbre de decir que sí; para conservar Pisa, era
Pero cuando un Príncipe adquiere un Estado necesario tener en ella fortalezas; convenía, para
nuevo en cuya posesión estaba ya, y que este nue- tener Pistoya, fomentar allí algunas facciones. Y
vo Estado se hace un miembro de su antiguo prin- por esto, en algunos distritos de su dominación,
cipado. es menester entonces que le desarme seme- mantenían ciertas contiendas que les hacían efecti-
jante Príncipe, no dejando armados en él mas que vamente más fácil la posesión suya. Esto podía con
á los hombres que, en el acto suyo de adquisición venir en un tiempo en que había un cierto equilibrio
se declararon abiertamente por partidarios suyos en Italia; pero no parece que este método pueda
( 9 ) . Pero aun con respecto á aquellos mismos, ser bueno hoy día, porque no creo que las divisio-
debes con el tiempo, y aprovechándote de las oca- nes en una ciudad proporcionen jamás bien ningu
siones propicias, debilitar su belicoso genio, y ha- no ( 1 2 ) . Aun es imposible que á la llegada de un
cerlos afeminados [ 10]. En una palabra, es me- enemigo las ciudades asi divididas no se pierdan al
nester que te pongas de modo que todas las armas punto; porque de los dos partidos que ellas encie-
de tu estado permanezcan en poder de los soldados
que te pertenecen á tí solo, y que viven, mucho [ 1 1 ] N o poner para guardar el país conquistado mas que
regimientos de c u y o a p e g o estoy seguro. R. C .
( 7 ) D u d o que los a l i a d o s que están en F r a n c i a p u e - [12] N o debe tomarse literalmente este raciocinio; por-
dan.impedir esto; y por o t r a parte saldrán bien pronto de que en tiempo de Maquiavelo, los ciudadanos eran solda-
dos en caso de ataque de su ciudad. N o se cuenta ya hoy
día con los ciudadanos para la defensa de una ciudad em-
(8) Imposible en este m o m e n t o para ellos; y ser ía ur- bestida, sino con las buenas tropas que se han puesto en
gente. P e r o guardan la m í a , para lo que soy todo E
ella. Pienso, pues, c o m o los antiguos florentinos, que es
(9) Hice atención á e s t o en Italia. R. C. bueno mantener partidos de cualquiera especie en las ciu-
dades y provincias, para ocuparlas cuando son de una ín-
taKo v L °S VÍC ° n ^ f a s t i d i a r s e del servicio, y m e c o n s - dole inquieta, en el bien entendido de q u e n i n g u n o se di-
de é l b R n r PaSad ° d P r Í m e r ° dt **rero, se^nsanan rija contra mí. R. C .
rran, el más débil se mira siempre con las fuerzas de mantener tales divisiones (<r ). Son provechosas
que ataquen, y el otro con ello no bastará ya para en tiempo de paz únicamente, porque se puede di-
resistir. rigir entonces, por su medio, más fácilmente á los
Determinados, en mi entender, los venecianos súbditos (15); pero si la guerra sobreviene, este ex-
por las mismas consideraciones, que nuestros ante- pediente mismo muestra su debilidad y peligros.
pasados mantenían en las ciudades de su domina- E s incontestable que los príncipes son grandes,
ción las facciones de los Guelfos y Gibelinos, aun- cuando superan á las dificultades y resistencias que
que no los dejaban propasarse en sus pendencias se les oponen ( 1 6 ) . Pues bien, la fortuna, cuando
hasta el grado de la efusión de sangre, alimentaban ella quiere elevar á un príncipe nuevo, que tiene
sin embargo entre ellas su espíritu de oposición, á fin mucha más necesidad que un príncipe hereditario,
de que ocupados en sus contiendas los que eran de adquirir fama, le suscita enemigos, y le inclina
partidarios de una ú otra, no se sublevaran contra á varias empresas contra ellos, á fin de que él ten-
ellos (13). Pero se vió que este estratagema no se ga ocasión de triunfar, y con la escala que se le trae
convirtió en beneficio suyo, cuando hubieron sido en cierto modo por ellos (17) suba más arriba [¿].
derrotados en Vaila, porque una parte de estas fac-
( 1 5 ) E n t i e m p o de g u e r r a e s menester distraerlos de otro
ciones tomó aliento entonces, y les quitó sus domi- m o d o para c o n t e n t a r l o s R . I.
nios de tierra firme. ( 1 6 ) ¿ S e p o d í a n s u p e r a r m á s q u e y o ? R . I.
Semejantes medios dan á conocer que el Prínci- ( 1 7 ) C u a n t a s e s c a l a s m e suministraron e l l o s , me a p r o -
pe tiene alguna debilidad [14]; porque nunca en v e c h é bien de e l l a s . R . I.

un principado vigoroso se tomará uno la libertad a. " E l Rey de Francia, dice Maquiavelo (Disc., 1. 3, c. 27), no
sufriría nunca que ninguno se dijera del partido del Rey, porque
esto significaría que habría otro partido diferente del suyo.
b. L a vida de Tiberio, antes que él llegara al imperio, estuvo
[ 1 3 ] E s t r a t a g e m a que me salió a c e r t a d a m e n t e . A menu- llena de contratiempos y peligros: Casus prima ab infantil anci-
d o les echo á v e c e s algunas leves semillas de d i s c o r d i a s pites. Ubi domum Angustí privignus introiit, multis oemulis con-
p a r t i c u l a r e s , cuando quiero distraerlos de o c u p a r s e en los ñictatns est, dum Maree!tus et Agrippa, mox Caius Luciusque La-
n e g o c i o s de E s t a d o , ó que p r e p a r o en s e c r e t o a l g u n a gran- sares viguere.... Sed maximé in lubrico egit, accepta in ^trtmo-
de p r o v i d e n c i a gubernativa. R . I. niunt fuliá, impudicitiam uxoris tolerans aut dechnans. < Tácito,
Aun. 6). Tácito h a b l a también de un Caractaco que no debió su
r [ 1 4 ] Q u i z á s también á v e c e s a l g u n a p r u d e n c i a y arte. elevación más que á vicisitudes, tan pronto adversas como propi-
cias. v que acabó sobrepujando en dominación á todos los otros
—40
Por esto piensan muchas gentes que un príncipe t e n e r s e en su o p o s i c i ó n sin n e c e s i t a r d e a p o y o s , po-
sabio debe, siempre que le es posible, proporcio- d r á g a n a r l o s el p r í n c i p e f á c i l m e n t e ( 2 1 ) .
narse con arte algún enemigo á fin de que atacán- Estarán después tanto más precisados á servirle
dole y reprimiéndole, resulte un aumento de gran- con fidelidad, cuanto conocerán cuan necesario les
deza para el mismo (18), e s b o r r a r c o n s u s a c c i o n e s la s i n i e s t r a opinión que
Los príncipes y especialmente los que son nue- tenía f o r m a d a s d e ellos el p r í n c i p e (22). Así pues
vos, hallaron después en aquellos hombres que. en sacará siempre m á s utilidad de estas gentes que de
el principio de su reinado les eran sospechosos más aquellos sujetos que, sirviéndole con mucha tran-
fidelidad y provecho que en aquellos en quienes al q u i l i d a d d e sí m i s m o s [23], no pueden menos de
empezar ponían toda su confianza (19). Pandolfo d e s c u i d a r los intereses del príncipe [¿].
Petruci, príncipe de Siena, se servía en el gobierno S u p u e s t o q u e l o e x i g e la m a t e r i a , no quiero omi-
de su Estado, mucho más de los que le habían sido tir e l r e c o r d a r a l p r í n c i p e q u e a d q u i r i ó nuevamente
sospechosos, que de los que no lo habían sido nunca. u n e s t a d o c o n el f a v o r d e a l g u n o s ciudadanos, que
Pero no puede darse sobre este particular una él d e b e c o n s i d e r a r m u y bien el m o t i v o q u e los in-

regla general, porque los casos no son siempre unos clinó á favorecerle. Si ellos lo h i c i e r o n no por un

mismos (20). Me limitaré pues á decir que, si aque- a f e c t o natural á su p e r s o n a , sino ú n i c a m e n t e á c a u -

llos hombres que, en el principio de un principado til C o m o g a n é á ciertos nobles, q u e p o r a m b i c i ó n ó

eran enemigos del príncipe, no son capaces de man- medianía de fortuna, necesitaban de p l a z a s ; y á los emigra-
d o s á quienes v o l v í á abrir la F r a n c i a , y restituí sus bie-
nes.. .. R . I.
saqué"de^Kste'consejo?^j[*ar conten *0 de. p r o v e c h o qne
[22J ¿ Q u é no hicieron para ello c o n m i g o ? R . I.
si para " f f f 6 ^ V e r d a d P a r a ° * o s , P " o no .0 e s ca- [23] E s menester saber turbar e s t a tranquilidad, c u a n d o
se s o s p e c h a q u e e l l o s aflojan; y aun c u a n d o no hubiera mo-
[20] E n hora b u e n a . R . I. tivos para s o s p e c h a r l o , a l g u n o s i n t e m p e s t i v o s a r r a n q u e s
s u r t e n s i e m p r e un buen e f e c t o . R . I.
multa multaprospe- c. Mario Celso fué muy fiel á Otón, aunque él habia sido ami-
(Ann. 12,. E l mismo S o r f á ^ o ^ Z ^ ™ ! 0 ' " P ' o J i u e L . go incorruptible de Galba: "Marium Celsum cons. Galboe usque
capitán romano, que se h i z o I n t r A ^ V l e " e 1 ' e J e jnplo de aquel
in extremas res amicum fidumque." (Tácit. Hist. 1). "Otho in-
tado alternativamente la buena v m a b CT^ h ^ í a experimen- tra Íntimos amicos habuit mansitque Celso velut fataliter
etiam pro Othone fides i n t e g r a . " [Ibid-1
sa de que no estaban contentos con el gobierno que
de seguro refugio á sí mismos en el primer asalto
tenían \_d~], no podrá conservarlos por amigos seme-
de una rebelión [29]. Alabo esta precaución su-
jante príncipe mas que con sumo trabajo y dificul-
puesto que la practicaron nuestros mayores \_e].
tades, porque es imposible que pueda contentar-
Sin embargo, en nuestro tiempo, se vió á Mossen
los ( 2 4 ) . Discurriendo sobre esto con arreglo á los
Nicolás Viteli demoler dos fortalezas en la ciudad de
ejemplos antiguos y modernos, se verá que es más
Castelo, para conservarla. Habiendo vuelto G u y
fácil ganar la amistad de los hombres que se con-
Ubaldo, duque de Urbino á su Estado, del que le ha-
tentaban con el anterior gobierno, aunque no gus-
bía echado César Borgia, arruinó hasta los cimientos
taban de él (25), que de aquellos hombres que no
estando contentos (26), se volvieron, por este único todas las fortalezas de esta provincia ( / ), que sin
motivo, amigos del nuevo príncipe, y ayudaron á
[29] A la p r i m e r a o c a s i ó n m e h a r é u n a en l a s a l t u r a s de
apoderarse del estado [27]. M o n t m a r t r e , p a r a i m p o n e r r e s p e t o á l o s p a r i s i e n s e s . ¡Poi-
q u é n o l a t u v e c u a n d o e l l o s se e n t r e g a r o n c o b a r d e m e n t e á
L o s príncipes que querían conservar más segura- los aliados! E l C a s t i l l o - T r o m p e t a c o n t e n d r á á los traido-
mente el suyo, tuvieron la costumbre de construir res del G a r o n a . E .
e. Cuando á la muerte de Felipe M a r í a Visconti, último Duque
fortalezas que sirviesen de rienda y freno á cual- de su estirpe en M i l á n , los ciudadanos se formaron en República,
quiera que concibiera designios contra ellos (28), y y retuvieron á su General Francisco Sforcia, nombrándole por
Comandante de l a s tropas de su República, persuadió éste la de-
molición de la cindadela que los Viscontis habían construido: e r a
[24] N o me quisieron mas que para que vo les llenara al oírle, un antemural que amenazaba á su libertad; y l a destru-
yeron los milaneses. Bien pronto se arrepintieron de ello, cuando
otro S i n C O m ° S°n insaciables> querrían lo m i s m o " Francisco Sforcia hubo vuelto sus armas contra ellos mismos. Iso
^ ^ n c ' P e m e s u s t i t u y e r a , á fin de v e r s e c o l m a d o s pudiendo defenderse y a eficazmente, se vieron forzados a abrirle
t a m b i é n p o r él. S u a l m a es u n a c u b a de D a n a i d a s y s u sus puertas. Pero 110 bien hubo logrado el hacerse proclamar Du-
a m b i c i ó n el b u i t r e de P r o m e t e o . R . I ' * que suyo, cuando pensó en reedificar l a c i u d a d e l a ; y como este
designio atemorizaba á los milaneses, discurrió, para seducirlos,
í 2 f í I a l t 1 C ° m o l o s r e a l i s t a s moderados. R I someterle al examen de los ciudadanos por barrios; y tuvo en ca-
J2b) P o r d e s p e c h o d e a m b i c i ó n . R . I d a uno de ellos adictos oradores, que se condujeron tan bien, que
(27) Reflexión sumamente poderosa. R. I l a creación de la ciudadela pareció pedida por el pueblo mismo
al Duque. Mandóla reedificar éste, pues, pero mas vasta y fuerte
r» * ^ , i SG c o n s t r u y « o n la B a s t i l l a en el r e i n a d o de que ella lo e r a anteriormente; y p a r a t a p a r la boca a los murmu-
radores del pueblo, construyó al mismo tiempo un soberbio hos-
pital en l a ciudad. Nunca dejan los usurpadores de hacer útiles
r a r s e de l o s b o r d e l e s e s . No ffi. ^ y hermosas construcciones, p a r a encubrir l a odiosidad de su usur-
pación y t i r a n í a .
d. "Muchos se conducen así, porque aborreren á w
nan, y que desean una m ud a . ú ¿ » " M r t t í Z . o J j * 3"® r C 1 " f. Maquiavelo dice en el cap. 24 del l i b r o 3 de sus discursos,
cupulino mutationis. [Aun. 3]. prucsentium, et
que " e l Duque de Urbino demolió sus fortalezas, porque siendo
ellas, conservaría más fácilmente aquel Estado, y
que había más dificultad para quitársele otra vez desorden posible en este estado ( h ). L a mejor for-
(30). Habiendo vuelto á entrar en Polonia los Ben- taleza que puede tenerse es no ser aborrecido de
sus pueblos (32). Aun cuando tuvieras fortalezas,
tivoglis, procedieron del mismo modo ( g ) .
si el pueblo te aborrece, no podrán salvarte ellas
L a s fortalezas son útiles ó inútiles, según los tiem- ( 3 3 ) ; porque si él toma las armas contra tí, no le
pos; y si ellas te proporcionan algún beneficio bajo faltarán extranjeros que vengan á su socorro (34).
un aspecto, te perjudican bajo otro. Puede redu- N o vemos que, en nuestro tiempo, las fortalezas
cirse la cuestión á estos términos: el príncipe que se hayan convertido en provecho de ningún prínci-
tiene más miedo de sus pueblos que de los extran- pe, sino es de la condesa de Forli, después de la
jeros debe hacerse fortalezas (31); pero el que teme muerte de su esposo, el conde Gerónimo. L e sir-
más á los extranjeros que á sus pueblos, debe pa- vió su ciudadela para evitar acertadamente el pri-
sarse sin esta defensa. El castillo que Francisco mer choque del pueblo, para esperar con seguridad
Sforcia se hizo en Milán, atrajo y atraerá más gue-
[ 3 2 ] P e r o si es q u e os a b o r r e c e n , o s h a c e n á menudo
r r a s ^ l a familia de los Sforcias que cualquiera otro
m á s m a l q u e cien a m i g o s os h a c e n b i e n . E .
[33] N o creo esto. E .
[30] D e s t r u i r t o d a s las d e I t a l i a , e x c e p t ú o las de M a n -
[34] E n t o n c e s c o m o e n t o n c e s , y v e r í a m o s . E.
t u a y A l e j a n d m , q u e f o r t i f i c a r é lo m á s q u e m e sea posi-
h. L a ciudadela que Francisco S f o r c i a edificó en Milán, hizo
más atrevidos á los príncipes de su familia, y se volvieron con ello
[31] C u a n d o se t e m e á l o s u n o s t a n t o c o m o á i o s otros más violentos y odiosos. Dice Maquiavelo. [Disc., 1. 2, cap. 24].
r ^ S f l a m e n t e tCnerlaS V t e n e r l a s - cuantas par- A ñ a d e que "este castillo no sirvió en l a adversidad de los Sfor-
cias, ni á los franceses, cuando unos y otros le poseían sucesiva-
mente; sino que, por el contrario, les perjudicó infinito, á causa
de que satisfecha su soberbia con poseerle, hizo que los unos y los
otros se desdeñaran de tratar cotí respeto y miramiento al pue-
» r T c r - ™¡fes- blo. " — " S i construyes fortalezas, prosigue Maquiavelo, te sirven
podía defender aquellas p h u a s c o n t r a T °.tra no ellas en tiempo de paz, pero únicamente p a r a hacerte más osado
ejército en c a m p a ñ a . " * ^ e n e i » ' t f o s a no tener un en maltratar á tus subditos; y en tiempo de guerra, te son inúti-
les, porque hallándose embestidas entonces por los enemigos y
costa^del f ^ ^ o I ^ J ^ S ^ ^ , P-dentes á súbditos tuyos, es imposible que ellas resistan á unos y otros
déla en Bolonia, y puesto en ella á r l c o n s t A r m ú o ciuda- Si quieres recuperar un Estado perdido, no lo conseguirás nunca
sinar á ios botónese*, p e r d " la fortalezu y c i u d a d V * h M Í a por medio de tus fortalezas, á no ser que tengas un ejército que
tos se liubieron sublevado contra sn S C u cU< V, que es- pueda pelear contra el que te despojó. P e r o si tuvieras un ejérci-
bre la primera Década, 1 2, cap! [Discurso so- to, podrías recuperar tu Estado, aun cuando carecieras de forta-
lezas. ' '
algunos socorros de Milán, y recuperar su estado
(35). Entonces, no permitían las circunstancias que
los extranjeros vinieran al socorro del pueblo (36).
Pero en lo sucesivo, cuando César Borgia fué á ata-
car á esta condesa, y que su pueblo al que ella te-
nía por enemigo se reunió con el extranjero contra CAPITULO XXI.
sí misma, le fueron casi inútiles sus fortalezas (37).
Entonces, y anteriormente, le hubiera valido más CÓMO DEBE CONDUCIRSE UN PRINCIPE PARA ADQUIRIR
á la condesa el no estar aborrecida del pueblo, que ALGUNA CONSIDERACION.
el tenerlas (38). Bien consideradas todas estas co-
sas, alabaré tanto al que haga fortalezas, como al Ninguna cosa le granjea más estimación á un
que nos las haga; pero censuraré al que fiándose príncipe que las grandes empresas, y las acciones
mucho en ellas, tenga por causa de poca monta, el raras y maravillosas ( 1 ) . De ello nos presenta
odio de sus pueblos (39) nuestra era un admirable ejemplo en Fernando V
Rey de Aragón, y actualmente monarca de Espa-

JfpíZZZtT™*bastaDte para ,a iustificad6n


ña. Podemos mirarle casi como á un príncipe nue-
vo [2], porque de rey débil que él era, llegó á ser
(36) E l l a no tenía un ejército c o m o el mío. E.
por su fama y gloria, el primer rey de la cristian-
defenirCseé°E m U y ^ SÍ ^ tenía m á s qUe est0 ?ara dad (3 ). Pues bien, si consideramos sus acciones,
J}82 ¿ N o ser aborrecido del p u e b l o ? v u e l v e siempre á
las hallaremos todas sumamente grandes; y aun al-
P
gunas nos parecerán extraordinarias (4). Al comen-
d d pueblo E ^ ^ Valen d e r t a m e n t c " amor

(30) Puedes alabarme anticipadamente.


( 1 ) Con ellas me he e l e v a d o y ú n i c a m e n t e con e l l a s pue-
do sostenerme. Si y o no hiciera otras n u e v a s que s o b r e p u -
jaran á las anteriores, decaería. R. I.
( 2 ) L o s hay de muchas especies. E.
( 3 ) L l e g a r é á serlo. E.
(4) N o más que (as mías. R . I.
algunos socorros de Milán, y recuperar su estado
(35). Entonces, no permitían las circunstancias que
los extranjeros vinieran al socorro del pueblo (36).
Pero en lo sucesivo, cuando César Borgia fué á ata-
car á esta condesa, y que su pueblo al que ella te-
nía por enemigo se reunió con el extranjero contra CAPITULO XXI.
sí misma, le fueron casi inútiles sus fortalezas (37).
Entonces, y anteriormente, le hubiera valido más CÓMO DEBE CONDUCIRSE UN PRINCIPE PARA ADQUIRIR
á la condesa el no estar aborrecida del pueblo, que ALGUNA CONSIDERACION.
el tenerlas (38). Bien consideradas todas estas co-
sas, alabaré tanto al que haga fortalezas, como al Ninguna cosa le granjea más estimación á un
que nos las haga; pero censuraré al que fiándose príncipe que las grandes empresas, y las acciones
mucho en ellas, tenga por causa de poca monta, el raras y maravillosas ( 1 ) . De ello nos presenta
odio de sus pueblos (39) nuestra era un admirable ejemplo en Fernando V
Rey de Aragón, y actualmente monarca de Espa-

JfpíZZZtT™*bastaDte para ,a iustificad6n


ña. Podemos mirarle casi como á un príncipe nue-
vo [2], porque de rey débil que él era, llegó á ser
(36) E l l a no tenía un ejército c o m o el mío. E.
por su fama y gloria, el primer rey de la cristian-
defenirCseé°E m U y ^ SÍ ^ tenía m á s qUe est0 ?ara dad (3 ). Pues bien, si consideramos sus acciones,
J}82 ¿ N o ser aborrecido del p u e b l o ? v u e l v e siempre á
las hallaremos todas sumamente grandes; y aun al-
P
gunas nos parecerán extraordinarias (4). Al comen-
d d pueblo E ^ ^ Valen d e r t a m e n t c " amor

(30) Puedes alabarme anticipadamente.


( 1 ) Con ellas me he e l e v a d o y ú n i c a m e n t e con e l l a s pue-
do sostenerme. Si y o no hiciera otras n u e v a s que s o b r e p u -
jaran á las anteriores, decaería. R. I.
( 2 ) L o s hay de muchas especies. E.
( 3 ) L l e g a r é á serlo. E.
(4) N o más que (as mías. R . I.
322 MAQUIAVELO COMENTADO
323

zar á reinar asaltó el reino de G r a n a d a [ 5 ] , y esta su presencia ( 8 ) . No puede decirse cosa ninguna
empresa sirvió de fundamento á su g r a n d e z a . L a más cruel, y juntamente más extraordinaria, que lo
había comenzado desde luego sin pelear ni miedo que él ejecutó en esta ocasión. B a j o esta misma
de hallar estorbo en ello, en cuanto su primer cui- capa de religión, se dirigió después de esto contra
dado había sido tener ocupado en esta guerra el el Africa, emprendió su conquista de Italia y aca-
ánimo de los nobles de Castilla. Haciéndoles pen- ba de atacar recientemente á la Francia. Concertó
sar incesamente en ella, los distraía de discurrir en siempre grandes cosas que llenaron de admiración
maquinar innovaciones duranteeste t i e m p o ; y de es- á sus pueblos, y tuviéron preocupados sus ánimos
con las resultas quo ellas podían tener ( 9 ) . Aun
te modo adquiría sobre ellos, sin que lo echasen de
hizo engendrarse sus empresas en tanto grado más
ver, mucho dominio y se proporcionaba una suma
por otras ( 1 0 ) , que ellas no dieron jamás á sus go-
estimación [6]. Pudo en seguida, con el dinero de
bernados lugar para respirar, ni poder urdir ningura
la iglesia y de los pueblos, mantener ejércitos, y
trama contra él (11 ).
formarse, por medio de esta larga guerra, una bue-
na tropa, que acabó atrayéndole mucha gloria ( 7 ) . ( 8 ) Mi devoción del concordato no pudo autorizarme
Además, alegando siempre el pretexto de la reli- mas que para echar á los sacerdotes que se habían mostra-
do siempre y que se mostraban todavía reacios á las pro-
gión para poder ejecutar mayores empresas, recu- mesas y juramentos. No me eran necesarios mas que dóci-
rrió al expediente de una crueldad d e v o t a ; y echó les y bien jesuíticos. D e cuando en cuando v e j a r é por cál-
culo á los Padres de la Fe! ¡ F e s c h e les p r o t e g e r á y ellos le
á los moros de su reino que con ello q u e d ó libre de harán P a p a . R. C.
(9) E l tener siempre e m b o b a d o s á mis pueblos, dándo-
les de continuo que hablar sobre mis triunfos ó mis miras
( 5 ) H a c e r otro tanto c o n l a E s p a ñ a . R . C . engrandecidas por el genio de la ambición: esto no puede
(6) Mis circunstancias se diferenciaban m u c h o de las su- m e n o s de serme útilísimo. R. C .
y a s en mi e m p r e s a contra la E s p a ñ a , para q u e y o tuviera (10) A ello me dediqué e s p e c i a l m e n t e en mis tratados
en mi imperio iguales t r i u n f o s . P o r lo d e m á s m e podía pa- de paz, haciendo insertar siempre en ellos alguna cláusula
sar sin ello. R . I.
propia para engendrar el pretexto de una nueva guerra in-
( 7 ) F e r n a n d o fué más f e l i z que y o , ó t u v o o c a s i o n e s más mediata. R . I.
favorables. E l hacer obrar á mi h e r m a n o [ i A h ! ¡qué her- ( 1 1 ) E s también uno de mis fines en la atropellada su-
mano!] ¿ N o es c o m o si y o m i s m o o b r a r a ? R . 1. cesión de mis e m p r e s a s . R. I.
IIPII'

E s también un expediente muy provechoso para S e dá á estimar también, cuán es resueltamente


un príncipe de imaginar cosas singulares en el go- amigo ó enemigo de los príncipes inmediatos; es
bierno interior de su Estado ( 1 2 ) , como las que se decir, cuando sin timidez se declaran en favor del
cuentan de Mossen Barnabó Visconti de Milán (a).
• • ¥: uno contra el otro ( 16). Esta resolución es siem-
Cuando sucede que una persona hizo, en el orden pre más útil que la de quedar neutral ( 1 7 ) ; porque
civil, una acción nada común, tanto en bien como en cuando dos potencias de tu vecindad se declaran
P l l mal, es menester hallar, para premiarla (13) ó cas- entre sí la guerra, ó son tales que, si la una llega á
Si - tigarla ( 1 4 ) , un modo notable que al público dé vencer, tengas fundamento para temerla después;
amplia materia de hablar (b). En una palabra (15) ó bien ninguna de ellas es propia para infundirle
el príncipe debe, ante todas cosas, ingeniarse para semejante temor ( 1 8 ) . Pues bien, en uno y otro
que cada una de sus operaciones se dirija á propor- caso, le será siempre más útil ei declararle, y hacer
cionarle la fama de grande hombre, y de príncipe tú mismo una guerra franca ( 1 9 ) . E n el primero, si
de un superior ingenio \_c]. no te declaras, serás siempre el despojo del que ha-
ya triunfado (20); y el vencido experimentará gus-
[ 1 2 ] P e r o c o n v i e n e c i e r t a m e n t e que e s t a s c o s a s d e s l u m -
hren c o n e l f a u s t o , y que n o estén d e s n u d a s e n t e r a m e n t e to y contento con ello (21 ). N o tendrás entonces
de a l g u n o s v i s o s de utilidad p ú b l i c a . R . I
[13] L a i n s t i t u c i ó n de mis p r e m i o s d e c e n a l e s . R. i. [16J S a l v o el h a c e r d e s p u é s el c o n t r a p u n t o . R. C.
[14] N o p u e d e i n v e n t a r s e ya nada e n e s t e r a m o . R. I. [17] I n d i c i o d e la m a y o r debilidad de a r m a s y g e n i o .
R T e c o m p r e n d o , y m e c o n f o r m o con tus c o n s e j o s . R . C.
[ 1 8 ] P a s e : n o t o m o á n i n g u n a e n p a r t i c u l a r ; y las ten-
d r é d i v i d i d a s h a s t a q u e p u e d a r e u n i r í a s á mí. R . C .
a. L o s rasgos que tenemos que presentar de la originalidad de
f , b K e r n a t l y ° f d C C S t C P r í ™ P * > forman „ n a l á r g a nota [19] N o h a y o t r o . R . I.
que echaría bien adelante las siguientes; y la remitimos al fin
del presente tratado de Maquiavelo. ' 31 "n [ 2 0 ] A s í es c o m o l o s n e u t r a l e s d e las l i g a s anteriores
„ t / ^ l d e „ C ° m ¡ n e s c u e n t a 9 u e " L » i s X I hacía duros castigos f u e r o n d e s p o j o m í o . R . 1.
nfírt f t e m i , d °K V 5 a í a P e r a e r la obediencia. Despedía á estos
oficiales y echaba del servicio á aquellos gendarmes, a s i g n a b a [ 2 1 ] D i s p o s i c i o n e s de q u e m e a p r o v e c h o s i e m p r e á c o s -
diversas pensiones, pasaba el tiempo haciendo y deshaciendo á ta s u y a . R . I.
las gentes hacía hablar más de sí en el reino que h h o M o n a r c a
ninguno, e t c . " [Mem., 1. 6, c. 8], monarca
Ann. 4). Debe ser como Muciano que s a b í a d a r lucimiento á cuan-
c. L o s principales desvelos de un Príncipe deben dirigirse á to él d e c í a y ' h a c í a : Omnium quoe diceret, atque a.geret, arte quá-
adquirirle fama: Proeapua rerum adfamam dirtgeudaf'Tácit¡ dam osténtalo)-. (Hist. 2).
326 M AQUI A VELO CO M E NT A D O
327

á ninguno que se compadezca de tí, ni que venga á


toda consideración, é indignos de toda gracia, ser-
socorrerte, y ni aun que te dé un asilo. El que ha
viréis de premio infaliblemente al vencedor [*/].
vencido no quiere á sospechosos amigos, que no le
Nota bien que el que el que te pide la neutrali-
auxilien en la adversidad. No le acogerá el que
dad, no es jamás amigo tuyo; y que por el contra-
es vencido, supuesto que no quisiste tomar las ar-
rio, lo es el que solicita que te declares en favor su-
mas para correrlas contingencias de su fortuna [22].
yo, y tomes las armas en defensa de su causa. L o s
Habiendo pasado Antioco á Grecia, en donde le
príncipes irresolutos que quieren evitar los peligros
llamaban los Etolios para echar de allí á los roma-
del momento, atrasan con la mayor frecuencia la
nos, envió un embajador á los A c a y o s para inducir-
vía de la neutralidad; pero también con la mayor
los permanecer neutrales, mientras que les roga-
frecuencia caminan hácia su ruina [24]. Cuando se
ban á los romanos que se armasen en favor suyo.
declara el príncipe generosamente en favor de una
Esto fué materia de una deliberación en los conse-
de las potencias contendiendientes, si aquella á la
jos de los Acayos. E n él insistía el enviado de An
que se une, triunfa, y aun cuando él quedara á su
tioco en que se resolviesen á la neutralidad; pero el
discresión, y que ella tuviera una gran fuerza, no
diputado de los romanos que se hallaba presente
tendrá que temerla, porque le es deudora de algu-
le refutó por el tenor siguiente: «Se dice que el
nos favores y le habrá cogido amor. L o s hombres
partido más sabio para vosotros, y más útil para
no son nunca bastante desvergonzados para dar
vuestro Estado, es que no toméis parte ninguna en
ejemplo de la enorme ingratitud que habría en opri-
a guerra que hacemos; os engañan [23]. "No po-
mirte en semejante caso [25]. Por otra parte, las
déis tomar resolución ninguna más opuesta á vues-
tros intereses; porque si no tomáis parte ninguna [24] Se mostraron débiles, y por esto mismo podían mi-
en ^vuestra guerra, privados vosotros entonces de rarse c o m o perdidos. R - I.
( 2 5 ) ¿ V a l í a n , pues, los h o m b r e s de entonces más que
[22] B u e n a reflexión p a r a otros diferentes de mí. y es- los de ahora en que s e m e j a n t e s consideraciones no paran y
pecialmente para los q u e no t u v i e r o n nunca bastan e sano ni aun se hacen? N u e s t r o siglo de luces dilató maravillo-
juicio para hacerla. R. I. ^«Ldnre sano samente la esfera de la ciencia política. R . I.
, J 2 3 ! A ^ s i ' h a r é p a b l a r á l o s príncipes de A l e m a n i a cuan-
d. En este caso, dice Tito Livio, sereis, sin honor, el premio
?h,SrVí m i f a m o s a expedición de R u s i a ; haré mar- del q u e h a y a v e n c i d o : Ouippé sine digmtate proemium victons
char á los otros sin esto. R . I. r
eritís (L 35) — L a neutralidad no es buena mas que para el Prin-
victorias no son jamás tan prósperas, que dispen- Es necesario notar aquí que un príncipe cuando
sen al vencedor de tener algún miramiento conti- quiere atacar á otros, debe cuidar siempre de no
go y particularmente algún respeto á la justicia [26] asociarse con un príncipe más poderoso que él, á
Si, por el contrario, aquel con quien te unes es no ser que la necesidad le obligue á ello como lo he
vencido, serás bien visto de él. Siempre que ten dicho más arriba [ 3 0 ] : porque si este triunfa, que-
ga la posibilidad de ello, irá á tu socorro, y será el das esclavo en algún modo L31 1 - Ahora bien, los
compañero de tu fortuna que puede mejorarse en príncipes deben evitar, cuanto le sea posible, el que-
algún día (27). dar á la disposición de los otros [32]. Los venecia-
nos se ligaron con los franceses para luchar contra
En el segundo caso, es decir, cuando las poten-
el duque de Milán; y esta confederación, de la que
cias que luchan una contra otra, son tales que no
ellos podían excusarse, causó su ruina [33]. Pero
tengas que temer nada de la que triunfe, cualquie-
si uno no puede excusarse de semejantes ligas, co-
ra que sea, hay tanta más prudencia en unirte á
mo sucedió á los florentinos, cuando el Papa y la
una de ellas, cuanto por este medio concurres á la
España fueron, con sus ejércitos reunidos, á atacar
ruina de la otra, con la ayuda de aquella misma que,
la Lombardía; entonces, por las razones que llevo
si ella fuera prudente, debería salvarla (28) Es
imposible que con tu socorro ella no triunfe y su dichas, debe unirse el príncipe con los otros.
victoria entonces no puede menos de ponerlk á tu Que ningún Estado, por lo demás., crea poder
discreción (29). nunca, en semejante circunstancia, tomar una reso-
lución segura [34]; q u e piense, por el contrario, en
[26] C a d a u n o la e n t i e n d e á su m o d o . R I que no puede tomarla mas que dudosa, porque es
r «1 r le S° P a m Ios Pepinos. R. I conforme al ordinario curso de las cosas que no tra-
te uno de evitar nunca un inconveniente sin caer en

(30) H a g o ofrecer de esto para ellas. R . I.

[29] T o d a s é s t a s l l e g a r á n á e s t o . R . I. ( 3 1 ) h i l a s lo s e r á n . R . I.
(32 ) N o es necesario q u e ellas puedan evitarlo. R . I.

quPeeéqiUseevuelveS
S r o ^ ' j * ^ u e ^ SÍ' -P-sto (33 ¡ P o b r e e j e m p l i l l o ! 1\. C .
ofende siempre á los prfnc ¿?s S e ñ L ^ 1<? ^ ! e,la
r a d a
( 3 4 ) P u e d e c o n t a r u n o c o n su f o r t u n a . R . C .
el más fuerte, ó unirse con qi ^eTó e"
PUCS' 68 p r e c i s 0 sei
—42
POR N A P O L E Ó N 33*

sea del modo que se quiera, en multiplicar los re-


otro [35]. L a prudencia consiste en saber conocer cursos de su ciudad y Estado ( 3 8 ) .
su respectiva caiidad y tomar por bueno el partido La obligación es además ocupar con fiestas y es-
menos malo [_e\ pectáculos á sus pueblos (39), en aquel tiempo del
Un príncipe debe manifestarse también amigo año en que conviene que los haya ( / ). Como toda
generoso de los talentos y honrar á todos aquellos ciudad está dividida, ó en gremios de oficios, ó en
gobernados suyos que sobresalen en cualquier ar tribus (40). debe tener miramientos con estos cuer-
te ( 3 6 ) . En su consecuencia debe estimular á los pos (41), reunirse á veces con ellos {g). y dar allí
ciudadanos á ejercer pacíficamente sn profesión, sea
(38) ¿ S e multiplicaron n u n c a tanto e s t o s medios c o m o
en el comercio, sea en la agricultura, sea en cual-
y o lo hice? R . 1.
quier otro oficio; y hacer de modo que, por el te ( 3 9 I L a s fiestas y funciones de I g l e s i a no podían servir-
mor de verse quitar el fruto de sus tareas, no se me. S u supresión se c o m p e n s a m u c h o m á s útilmente para
abstengan de enriquecer con ello su Estado, y que mí, con la p o m p a de mis tiestas c i v i l e s . R . 1.

por el de los tributos, no sean disuadidos de abrir 1.4.0) E s muy p o p u l a r . R . C .

un nuevo comercio ( 3 7 ) . Ultimamente, debe pre- (41) B a s t a c i e r t a m e n t e con m o s t r a r s e en las r e u n i o n e s


teatrales. R . C.
parar algunos premios para cualquiera que quiere
hacer establecimientos útiles, y para el que piensa, f. Los romanos contentaban á los pueblos mucho más proporcio-
nándoles divisiones que abrumándolos con sus armas: Voluptati-
bus. ouibus Romani plus adversas subjectos, quám armts valent.
(Tácit Hist. 4). Agrícola afeminó el natural feroz de los ingle-
[35] L o s hay s i e m p r e m á s , ó m á s g r a v e s de un lado q u e ses en tanto grado con el lujo, que llamaban en él dulzura y mo-
deración lo que los hacía esclavos á todos: " U t homines dispersi
de otro. R. C.
ac rudes, eoque bello fáciles; quieti et otio per voluptates^ assues-
[36] M u l t i p l i c a s l o s p r i v i l e g i o s de i n v e n c i ó n . R . C. c e r e n t . . . . idque apud imperitos humanitas vocabatur cum pars
servitutis esset. llbid.]
[37] L o s tributo s no e s p a n t e n n u n c a á la codicia mer- g A u g u s t o se c o n d u c í a a s í : Indulserat ei lúdicro.... Ñeque ip-
cantil. R . C. seabhorrebat tatibas studiis, et civile verebatur misceri voluptati-
bus va/si (Tácit., Ann. 1 ) . — " E l p u e b l o que quiere diversiones, se
Maquiavelo dice en otro l u g a r (Hist., 1. 2): que "el que aguar- alegra de ver participar de ellas á su Príncipe, y de tenerle en
da que los sucesos se acarreen facilidades para obrar, no empren- algún modo por compañero s u y o . " Ut cst imlgus cupicns volupta-
de jamas cosa ninguna; y si emprende alguna, se convierte su tern, et, si evdcm princeps trahat, loetum ( A n n . 14). - A l t i e m p o de
empresa con la mayor frecuencia en perjuicio suyo." El célebre la elección de los cónsules, se mezclaba Vitelio como un particu-
fraile Paoio Sarpi, decía: '"He notado en todos los negocios de lar entre los pretendientes; aun procuraba concillarse el afecto y
este mundo, que ninguna cosa precipita más pronto en el peligro, votos del pueblo, presidiendo en las diversiones teatrales y del
que el sumo cuidado de a l e j a r s e de él; y que la mucha prudencia
degenera comunmente en imprudencia."
ejemplos de humanidad y munificencia, conservan-
do sin embargo, de un modo inalterable, la majes-
tad de su clase (/*); cuidando tanto más necesario,
cuanto estos actos de popularidad (42): no se ha-
cen nunca sin que se humille en algún modo su dig-
nidad (43). CAPITULO XXII.

(42•> E s m e n e s t e r ser sobrio en ello. R. C. I)E LOS SECRETARIOS ( Ó MINISTROS ) DE LOS PRÍNCIPES.

(43) E s t o no e s sino muy cierto, por más atención que


se p o n g a . R . I. N o es esta de poca importancia para un príncipe
la buena elección de sus ministros; los cuales son
C i r c o : Comitia consulum cuín eandidatiscivititerobservan*, omnem
injimoe plebis rumorem in theatro, ut expectalor, in Circo, nt fau- buenos ó malos según la prudencia de que él usó
tor aflectavit (Ibid.)
en ella (1). El primer juicio que hacemos desde lue-
''ti. Agrícola, dice Tácito, se conducía de modo que su familiari-
dad y que su severidad no perjudicaba al amor que le tenían:" go sobre un príncipe y sobre su espíritu, no es mas
lia tu nee illi autjacihtas auctorilatem. aut servitus amarem dimi-
nuat (In Agrie.) que conjetura ( 2 ) ; pero lleva siempre por funda-
mento legítimo la reputación de los hombres de que
se rodea este príncipe (¿?). Cuando ellos son de una

( O P e r o esta p r u d e n c i a debe a c o m o d a r s e también á las


c i r c u n s t a n c i a s . L a s hay tales q u e el más difamado es el
más r e c o m e n d a b l e . R . C.
( 2 ) ¿ Q u é hubieran p e n s a d o de mí, si y o hubiera t o m a d o
por ministros y c o n s e j e r o s á varios a m i g o s declarados de
los B o r b o n e s , c o n d e c o r a d o s con sus c r u c e s de San L u i s , y
c o l m a d o s de m e r c e d e s por aquel á quien y o sustituía, y que
a s p i r a b a á s u p l a n t a r m e ? R . I.

a. Según refiere Tácito, se vaticinó bien del reinado de Nerón,


viéndole elegir á Corbulón por General de sus ejércitos, porque es-
ta elección mostraba que el mérito tenía libre la entrada, y que
dirigía un buen consejo al Príncipe: "Daturum plané documen-
tum, honestis, an sanis, amicis uteretur. si ducem egregium. quám
si pecuniosum et g r a t i á subnixum deiigeret Loeti, quod, Do-
suficiente capacidad, y que se manifiestan fieles (3).
podemos tenerle por prudente á él mismo porque pes como entre los demás hombres tres especies de
ha sabido conocerlos bastante bien y sabe mante- cerebros. L o s unos imaginan por sí mismos (7); los
nerlos fieles á su persona [4]. Pero cuando son de segundos, poco acomodados para inventar, cogen
otro modo, podemos formar sobre él un iuicio poco con sagacidad lo que se les muestra por los otros
favorable; porque ha comenzado con una falta gra- (8); y los terceros no conciben nada por sí mismos,
ve tomándolos así ( 5 ) . No había ninguno que, ni por los discursos ajenos (9). Los primoros son
viendo á mossen Antonio de Venafío, hecho minis ingenios superiores; los segundos, excelentes talen-
tro d t Pandolfo Pétruci, príncipe de Siena, no juz- tos; los terceros, son como si ellos no existieran
gara que Pandolfo era un hombre prudentísimo, (10). Si Pandolfo no era de la primera especie, era
por el solo hecho de haber tomado por ministro á menester pues necesariamente que él perteneciera
Antonio. (6). á la segunda. Por esto solo que un príncipe, aun
Pero es necesario saber que hay entre los prínci- sin poseer el ingenio inventivo, está dotado de su-
ficiente juicio para disernir lo bueno y malo que
( 3 ) P u e d e h a l l a r t o d o e s t o en un s u j e t o d e s a c r e d i t a d o , otro hace y dice (11), conoce las buenas y malas
m u c h o m e j o r q u e en a q u e l c u y a r e p u t a c i ó n h u e l e c o m o bál-
samo. R. C. operaciones de su ministro, sabe echar de ver las
( 4 ) A q u í e s t á la d i f i c u l t a d y en esto h a l l a r á n e l l o s su rui- primeras, corregir las segundas; y no pudiendo_.su
na. E . ministro concebir esperanzas de engañarle, se man-
1 5 ) N o s a b e e v i t a r l o el que no c o n o c e á l o s h o m b r e s , y tiene íntegro, prudente y fiel
q u e se deja dirigir p o r o t r o en las e l e c c i o n e s que se h a -
cen. E.
( 7 ) A esto me a p e g o más. R . C.
(6) Véanse sus elecciones y juzgad. E. ( 8 ) N o falto á e l l o ; pero s i e m p r e con visos de una suma
superioridad intelectual. R . C .
mitium Corbulonem proeposuerat, videbaturque locus virtutibus
patefactus" [Ann. 13]. " M e parece, dice Comines (Mem., 1. 2, ( 9 ) S o n unos e s t ú p i d o s y a n i m a l e s . M a q u i a v e l o o l v i d ó
c. 3), que uno de los mayores aciertos que puede mostrar un se- los espíritus s i s t e m á t i c o s y e n c a p r i c h a d o s con sus siste-
ñor, es compadrarse y cercarse de personas virtuosas y honradas; mas. R. C .
porque en la opinión de las gentes pasará por tener la condición
y natural de aquellos que le estén más arrimados á su lado. Y en ( 1 0 ) L o s c u a r t o s se pierden c r e y e n d o con s o b e r b i a que
esto se fundaba el P r í n c i p e de Orange, cuando decía que era pre- hacen lo q u e hay de mejor. E .
ciso juzgar de la crueldad del Rey Felipe II, por todas aquellas ( i f ) José tiene á lo menos esta especie de c a b e z a . R . 1.
que el Duque de A l b a ejercía impunemente en los Países B a j o s . " />. Por esto Sejano, que conocía la habilidad y penetración «le
Tiberio, quería, en el principio de su reinado, darse :i conocer
Pero, ¿cómo conoce un príncipe si su ministro es
bueno ó malo? hé aquí un medio que no induce ja- jamás cosa ninguna ( 14) que no se refiera á los in-
tereses de su principado ( d ) .
más á error. Cuando ves á tu ministro pensar mas
Pero también, por otra parte, el príncipe, á fin
en sí que en tí, y que, en todas sus acciones, inquie-
de conservar á un buen ministro y sus buenas y ge-
re su provecho personal; puedes estar persuadido nerosas disposiciones, debe pensar en él, rodearle
de que este hombre no te servirá nunca bien [12]. de honores, enriquecerle, y atraérsele por el reco-
No podrás estar jamás seguro de él (r), porque fal- nocimiento con las dignidades y cargos que él le
ta á la primera de las máximas morales de su confiera (e).
condición. Esta máxima es qne el que maneja L o s grados honoríficos y riquezas que él le acuer-
da, colman los deseos de su ambición ( 1 5 ) y los
los negocios de un Estado, no debe nunca pensar
importantes cargos de que éste se halla provis-
en sí mismo, sino en el príncipe (13), ni recordárle
( 1 4 ) C o m o saben e n c u b r i r sus intereses b a j o el de mi
reinado. R . I.
( 1 2 ) H a c e r c u a n t o sea p o s i b l e , que él no pueda p e n s a r [ 1 5 ] . C u a n d o no son c o m o l o s míos, g e n t e s que tienen
en sus intereses mas q u e o c u p á n d o s e en los tuyos. R . C. t r a g a d a toda v e r g ü e n z a , q u e d a m á s h o n r a d e z en mi reino
( 13) N u n c a : es m u v s e v e r o ; pero si piensa más en sí q u e de Italia. R . i .
en mí, lo v e r é al p u n t o , y Via vía. R. ¿ .
d. Tiberio ridiculizó á un senador que se atrevía á hablar de
los intereses de su familia en el Senado, y le dijo que se había es-
con l a s a b i d u r í a de s u s c o n s e j o s : Sejanus, incipiente adhuc polen- tablecido el Senado para deliberar sobre los negocios públicos y
tni. bonis cunsi/iis notescere volebat ( T á c i t . . A n n . 41. 110 para oír las impertinentes demandas de los particulares: Aec
ideó á majoribus concesstun est egredi atiquandó relationcm, et quod
c. Después que Sejano hubo salvado la vida á Tiberio, en la in commune condncat toco sententiae pro/erre, ut privata negotia,
gruta de la Spelunca, éste, dice Tácito, puso una entera confian- res familiares noslras hic augcamus Efflugitatio et improvisa
za en él, como en un sujeto que había cuidado más de la vida de cum atiis de rebus convencrint patres consurgere. [ A n n 2.]
su Principe que de la suya propia: major ex eo, et, ut nonsuá an-
xius cum J,de audiebatur [Ann. 4|. Tigellino, para perder á sus c. Así lo entendía Tiberio, cuando decía á Sejano: " N o te mo-
émulos, decía a Nerón que él no era como Burro que tenía varias lestas por los negocios" de tu familia; en ellos pienso por tí; y no
pretensiones y esperanzas; que en cuanto á sí mismo, no tenía más te diré más ahora; á su tiempo y lugar me manifestaré reconocido
hn que la salud de este Príncipe: Non se ut Burrhum, diversas á los servicios que me has hecho: "Ipse quid intrá animum volu-
s/>es. sed solum incolumitatem Neronis spectare [ A n n . 14] Todos taverim, quibus adhuc necessitudinibus immiscere te mihi parem
los ministros tienen igual lenguaje, añade Amelotdela Houssaie. amittam ad praesens referre. Id tantüm aperiam, nihil esse tam
pero su corazón contradice á menudo lo .pie sus labios profieren excelsum, quod non virtutis istoe, tuusque in me animus; merean-
entonces. ^ tur, datoque tempore, vel in senatu. vel in concione non reticebo.
[Ann. 4.] Felipe II. rey de España, decía á Ruy Gómez, su pri-
mer ministro: " C u i d a de mis negocios y cuidaré de los tuyos."
, -- - H H H H

339

to, le hacen temer que el príncipe sea mudado de


su lugar, porque conoce bien que no puedp mante-
nerse más que con él [16J. Así, pues, cuando el
príncipe y ministro están formados y se conducen
de este modo, pueden fiarse el uno en el otro (17);
pero si no lo están, acaban siempre mal uno ú CAPITULO XXIII.
otro (18).
CUÁNDO DEBE HUIRSE DE LOS ADULADORES.

[ 1 6 ] . i L o s t r a p a c e r o s ! han a p r e n d i d o hoy día á h a c e r s e


i m p o r t a n t e s en todos los g o b i e r n o s , aun los más dispara-
No quiero pasar en silencio un punto importante
tados y c o n t r a r i o s . E . que consiste en una falta de la que se preservan los
[ 1 7 ] . B u e n o para « t r o s t i e m p o s , ó en otra p a r t e que en príncipes difícilmente cuando no son muy pruden-
F r a n c i a . R. I. tes ó carecen de un tacto fino y juicioso. Esta fal-
] i 8 ] . ¿ Q u i e n hubiera creído que sería v o ? R e p a r a r é es- ta es más bien la de los aduladores de que están lle-
to. E .
nas las cortes ( 1 ) ; pero se complacen tanto los prín-
cipes en lo que ellos mismos hacen, y en ello se en-
gañan con una tan natural propensión, que única-
mente con dificultad pueden preservarse contra el
contagio de la adulación. Aun, con frecuencia, cuan-
do quieren librarse de ella, corren peligro de caer
en el menosprecio ( 2 ) .
No hay otro medio para preservarte del peligro
de la adulación, más que hacer comprender á los

[ 1 ] . S o n n e c e s a r i o s , necesita de su incienso un prínci-


p e : pero no debe dejarse d e s v a n e c e r con ello; y esto e s lo
difícil. R . I.
[2] Si no me alabaran con p o n d e r a c i ó n , el p u e b l o me
tendría por inferior á un h o m b r e v u l g a r . R . 1.
, -- - H H H H

M AQUI AV E LO C O M F. N T A D O POR N A P O L E Ó N 339

to, le hacen temer que el príncipe sea mudado de


su lugar, porque conoce bien que no puedp mante-
nerse más que con él [16J. Así, pues, cuando el
príncipe y ministro están formados y se conducen
de este modo, pueden fiarse el uno en el otro (17);
pero si no lo están, acaban siempre mal uno ú CAPITULO XXIII.
otro (18).
C U Á N D O D E B E H U I R S E D E L O S A D U L A D O R E S .

[ 1 6 ] . i L o s t r a p a c e r o s ! han a p r e n d i d o hoy día á hacerse


i m p o r t a n t e s en todos los g o b i e r n o s , aun los más dispara-
No quiero pasar en silencio un punto importante
tados y c o n t r a r i o s . E . que consiste en una falta de la que se preservan los
[ 1 7 ] . B u e n o para « t r o s t i e m p o s , ó en otra parto que en príncipes difícilmente cuando no son muy pruden-
F r a n c i a . R. I. tes ó carecen de un tacto fino y juicioso. Esta fal-
] i 8 ] . ¿ Q u i e n hubiera creído que sería v o ? R e p a r a r é es- ta es más bien la de los aduladores de que están lle-
to. E .
nas las cortes ( 1 ) ; pero se complacen tanto los prín-
cipes en lo que ellos mismos hacen, y en ello se en-
gañan con una tan natural propensión, que única-
mente con dificultad pueden preservarse contra el
contagio de la adulación. Aun, con frecuencia, cuan-
do quieren librarse de ella, corren peligro de caer
en el menosprecio ( 2 ) .
No hay otro medio para preservarte del peligro
de la adulación, más que hacer comprender á los

[ 1 ] . S o n n e c e s a r i o s , necesita de su incienso un prínci-


p e : pero no debe dejarse d e s v a n e c e r con ello; y esto e s lo
difícil. R . I.
[2] Si no me alabaran con p o n d e r a c i ó n , el p u e b l o me
tendría por inferior á un h o m b r e v u l g a r . R . 1.
sujetos que te rodean, que ellos no te ofenden cuan-
debe negarse á oír los consejos de cualquiera otro,
do te dicen la verdad ( 3 ) . Pero si cada uno puede
hacer en seguida lo que ha resuelto en sí mismo,
decírtela ( 4 ) , no te faltarán al respeto ( a ) . Para
y manifestarse tenaz en sus determinaciones (8).
evitar este peligro, un príncipe dotado de pruden-
Si el príncipe obra de diferente modo, la diversidad
cia, debe seguir un curso medio, escogiendo en su
de pareceres obligará á variar frecuentemente ( 9 ) ,
Estado á algunos sujetos sabios, á los cuales solos
de lo cual resultará que harán muy corto aprecio de
acuerde la libertad de decirle la verdad, únicamen-
él (c). Quiero presentar, sobre este particular, un
te sobre la cosa con cuyo motivo él los pregunte, y
ejemplo moderno. El cura Luc, dependiente de
no sobre ninguna otra ( 5 ) ; pero debe hacerles pre-
Maximiliano, actual Emperador, dijo, hablando de
guntas sobre todas ( 6 ) , oír sus opiniones, delibe-
él, «que S. M. no tomaba consejo de ninguno, y que
rar después por sí mismo, y obrar últimamente co-
sin embargo no hacía nunca nada á su gusto ( 1 0 ) » .
mo lo tenga por conducente (7). E s necesario que
Esto proviene de que Maximiliano sigue un rumbo
su conducta con sus consejeros reunidos, y con ca-
contrario al que he indicado. El Emperador es un
da uno de ellos en particular, sea tal que "cada uno
conozca que, cuando más libremente se le hable
[8] S o y ciertamente y o . R. I.
tanto más se le agradará [>]. Pero, excepto éstos!
[9J A ñ á d a s e la fuerza de las actuales circunstancias que
le hacen más inevitables estos dos peligros; y le veis y a en
[3] Consiento en ello; pero ¿querrán decírmela? R, C. aquel fin á que los aduladores arrastran. E .
U J E s y a muchísimo el permitirlo á dos ó tres. R . C.
(.10) T u v o buenos pensamientos, especialmente cuando
L5J Prohibición á estos mismos de abrir la boca si n o quiso ser el c o l e g a é igual del P a p a , aun en materia de re-
son preguntados. R. C.
ligión, y que tomó con esta mira el título de Pontifex maxi-
[6] E s mucho. R. C . mus; pero no tenía ni entereza genial. S e contentó con de-
[7] N o falte á esto, y me va bien con ello. R. I. cir que «si él fuera D i o s y tuviera dos hijos, el primero se-
ría D i o s y el segundo R e y de F r a n c i a . » A f u e r a si para mí,
O m n i p o t e n t e en E u r o p a , haré que mi hijo, si él queda úni-
sinembargo I S S r l k ^ n c i l - T l ^ l ^ l > * > P«lía
zadas para saber L hab 'en s,f S f ® mu>" c m b a r a " co, tenga por sí solo la soberanía de la Santa Sede, con
toda la del imperio. R. I.
¡asrr ^ ^ ^
c. Así se conducen los príncipes necios: Claudius, dice Tácito,
a d t l L X ^ i e t e d í f u i f c ' S ^ - ^ ^ ^ á un cortesano que, modo illuc, ut quinqué suadentium audierat, promptus [Ann. 12].
me ha lisonjeado jamás." ^ ° r e 8 e r v o p a r a u n «»jetoque no Huc illuc cireumago, quoe jusserat vetare, q'uóe vetuerat jubere.
Hist. 3.
hombre misterioso que no comunica sus designios para decírsela, y no desarenarse nunca cuando le
á ninguno, ni toma jamás parecer de nadie; pero oye [16].
cuando se pone á ejecutarlos, y que se empieza á L o s que piensan que un príncipe que se hace es-
vislumbrarlos y descubrirlos, los sujetos que le ro- timar por su prudencia, no la debe á sí mismo, sino
dean se ponen á contradecirlos [ n ] ; y desiste fá- á la sabiduría de los consejeros que le circundan,
cilmente de ellos (12). D e esto dimana que las co- se engañan muy ciertamente [ 1 7 ] . Para juzgar de
sas que él hace un día, las deshace el siguiente; que esto, hay una regla general que no nos induce ja-
no se prevé nunca lo que quiere hacer, ni lo que más á error: es que un príncipe que no es prudente
proyecta; y que no es posible contar con sus deter- de sí mismo, no puede aconsejarse bien, á no ser
minaciones ( 1 3 ) . que, por casualidad, se refiera á un sujeto único que
Si un príncipe debe hacerse dar consejos sobre le gobernara en todo, y fuera habilísimo [18]. En
todos los negocios, no debe recibirlos más que cuan- cu}^o caso, podría gobernarse bien el príncipe; pero
do éste le agrada á sus consejeros [14]. Aun debe esto no duraría por mucho tiempo, porque este con-
quitar á cualquiera la g a n a de aconsejarle sobre co- ductor mismo le quitaría en breve tiempo su Es-
sa ninguna, á no ser que él solicite serlo. [15]- tado.
Pero debe frecuentemente, y sobre todos los nego- En cuanto al príncipe que se consulta con mu-
cios, pedir consejo, oír en seguida con paciencia la chos, y no tiene una grande prudencia en sí mis-
verdad sobre las preguntas que ha hecho, aun que- mo (19): como no recibiera jamás pareceres que
rer que ningún motivo de respeto sirva de estorbo

( 1 1 ) i D e s g r a c i a d o el q u e s e lo i m a g i n a r a ! R . 1. (16) Maquiavelo exige mucho. S é m e j o r que él lo que


c o n v i e n e en mi situación. R . I.
( 1 2 ) C a b e z a débil en u n a b e l l a imaginación. R . I.
( 1 3 ) N o s o m o s r e a l m e n t e auxiliados, mas q u e c u a n d o ( 1 7 ) L a opinión e s t á fijada. S e s a b e que p u e d o decir co-
las g e n t e s por q u i e n e s q u e r e m o s serlo, saben q u e s o m o s m o L u i s X I : «Mi verdadero c o n s e j o e s t á en mi c a b e z a . »
invariables. R . I. R. 1
( 1 4 ) E s t á c o m p u e s t o : n o l o s darían, sin haber c o n s u l - ( 1 8 ) Sed un L u i s X I I I hoy día: y veréis bien p r o n t o que
tado antes con mi h u m o r y a d i v i n a d o mi opinión. R . 1. A r m a n d hará c o m o P e p i n o . R. I.
( 1 5 ) H e sabido hacer p e r d e r a b s o l u t a m e n t e la g a n a de ( 1 0 ) N o debe c a r g a r s e uno e n t o n c e s con el peso de un
ello. R . I. otro. R . I.
concuerden, no sabrá conciliarios por sí mismo \_d~\.
Cada uno de sus consejeros pensará en sus propios
intereses (<?); y el príncipe no sabía corregirlos de
ello, y ni aun echarlo de ver (20). No es posible
apenas hallar dispuestos de otro modo los minis-
CAPITULO XXIV.
tros: porque los hombres son siempre malos, á no
ser que los precisen á ser buenos [21]. ¿l'OR QUÉ MUCHOS PRÍNCIPES DE ITALIA PERDIERON
Concluyamos, pues, que conviene que los bue- SUS ESTADOS [l].
nos consejos, de cualquiera parte que vengan [/]
dimanen de la prudencia del príncipe, y que ésta El príncipe nuevo que siga con prudencia las re
no dimane de los buenos consejos que él recibe (22). glas que acabo de exponer, tendrá la consistencia
de uno antiguo, y estará inmediatamente más segu-
(20) E s t o se verifica. E . ro en su Estado que si le poseyera hace un siglo
( 2 1 ) Verdad irrefragable, que basta para que los minis- ( 2 ). Siendo un príncipe nuevo mucho más obser-
tros y c o r t e s a n o s alejen del P r í n c i p e toda lectura de Ma-
quiavelo. E . vado en sus acciones que otro hereditario: cuando
C22.) ¿ E n dónde e s t á la c a b e z a reinante c a p a z de e s t o ? las juzgamos grandes y magnánimas, le ganan ellas
E n un islote del M e d i t e r r á n e o . E . mucho mejor el afecto de sus gobernados, y se los
apegan mucho más que podría hacerlo una sangre
d. Claudio no sabía dejarse conducir por los consejos ajenos, ni
conducirse por los propios suyos: Ñeque alienis consiliis retri, ñe- esclarecida mucho tiempo hace (3); porque se ga-
que sua expedire. Ann. 12.
" L o s consejeros de un Príncipe se inclinan siempre hacia lo nan los hombres mucho menos con las cosas pa-
que les interesa a ellos mismos en particular: el débil se dirige sadas que con las presentes (4). Cuando hallan su
por el temor; y el mayor favorito tiene su ambición por guía: Sibi
quisque tendentes.... quia apud infirmun minore metu et mai ore
proemio peccatur. T á c . , Hist. 1. ( O El capítulo más curioso. E .
f . Alfonso, Rey de Aragón, decía que le parecería soberana- ( 2 ) H i c e la p r u e b a de ello. R . i .
° ? u ? l o s reyes fueran gobernados por sus ministros. ( j ) E l a p e g o q u e l o s más de sus nobles me manifiestan,
y que los jefes de los ejércitos fueran dirigidos por sus tenientes me p r u e b a q u e ellos l o s tienen casi o l v i d a d o s . R. 1.
[Panormi tan us : De Rebus gestis Alfonsi. 1. 21.
( 4 ' E s p e c i a l m e n t e c u a n d o son e m i g r a d o s á quienes se
r e s t i t u y e r o n sus h a c i e n d a s , ó hidalguillos p o b r e s á los que
se hizo ricos: y aun l o s r i c o s me a g r a d e c e n el haberlos ha-
bilitado ]iara a u m e n t a r su caudal. R . 1. .
provecho en éstas, se fijan en ellas sin buscar en
amigo al pueblo, no tuvo el arte de asegurarse de
otra parte («). Mucho más abrazan de cualquiera
los grandes (10). Sin estas faltas, no se pierden
manera la causa de este nuevo príncipe (5). con
los Estados que presentan bastantes recursos para
tal que, en lo restante de su conducta, no se falte
que uno pueda tener ejércitos en campaña (11).
asimismo (6). Así, tendrá una doble gloria: la de
Felipe de Macedonia, no el que fué padre de Ale-
haber dado origen á una nueva soberanía, y la de
jandro, sino el que fué vencido por Tito Quincio
haber adornado v corroborado con buenas leves,
(1b)\ no tenía un Estado bien grande, con respecto
buenas armas, buenos amigos y buenos ejemplos
al de los romanos y griegos que le atacaron juntos;
(7); así como tendrá una doble afrenta, el que, ha
sin embargo, sostuvo por muchos años la guerra
hiendo nacido príncipe, haya perdido su Estado
contra ellos, porque era belicoso, y sabía no menos
por su poea prudencia (8).
contener á sus pueblos que asegurarse de los gran-
Si se consideran aquellos príncipes de Italia, que
des (12). Si al cabo perdió la soberanía de algunas
en nuestros tiempos perdieron sus Estados, como
ciudades, le quedó sin embargo su reino (13).
el rey de Nápoles, el duque de Milán y algunos
Que aquellos príncipes nuestros, que, después
otros; se reconocerá desde luego que todos ellos co-
de haber ocupado algunos Estados por muchos años
metieron la misma falta en lo concerniente á las ar-
los perdieron, acusen de ello á su cobardía y no á
mas, según lo que hemos aplanado extensamente.
Se notará después que uno de ellos tuvo por ene ( 1 0 ) E s t o lo es i m p o s i b l e con l o s q u e g u a r d a cerca de
migo^á sus pueblos (9), ó que el yue tenía por sí. E.
( i x ) S í , pero si p u e d o y o disponer de e l l o s . . . . E .
<5) H a g o la f e l i z e x p e r i e n c i a s u v a . R . 1. [ 1 2 ] M e pondré del m i s m o m o d o en m e j o r p o s t u r a , con
(6) Me e c h a r á n e s t a falta en cara, para justificarse de r e s p e c t o á la c o n f e d e r a c i ó n , si e l l a se r e n u e v a . E .
haberme v u e l t o la e s p a l d a . E . ( 1 3 ) Aun cuando c o n s i n t i e r a y o en la cesión hecha va de
Í7> N o me falta n i n g u n a de e s t a s glorias. R. i . los países c o n q u i s t a d o s p o r mí, y que me restringiera á los
18) E s t e no me m i r a á mí. R. I. límites fijados, sería s i e m p r e E m p e r a d o r de los f r a n c e -
ses. E .
tecer; y prefieren lo que poseen á lo que no es cierto que ellos pue-
tar.9)E.N° t6ner m a S qUe Una PartG P °r ^ b e bas-
dan lograr: " T u t a et proesentia quám vetera et periculosa raalunt.
(Ann. 1.)—Anteponunt proesentia dubiis. (Hist. 1).
d e " q u e T s t h r ™ o s ^ T á f Í t ? - g U s t a n m á s <1e 1«* cosas presentes b. Felipo, padre de aquel Perseo, que fué el último Rey de Ma-
que están seguros, que de las a n t i p a s que sería peligroso ape-
cedonia.
la fortuna [14]. Como en tiempo de paz, no ha- cié de defensa es vil y no depende de tí ( 1 8 ) . L a s
bían pensado nunca que pudieran mudarse las co- únicas defensas que sean buenas, ciertas y durables,
sas, porque es un defecto común á todos los hom- son las que dependen de tí mismo y de tu propio
bres el no inquietarse de las borrascas cuando es- valor [ 1 9 ] .
tán en bonanza [ 1 5 ] , sucedió que después, cuando
( 1 8 ) ¿ T e n d r á n e l l o s o t r a ? E s p o s i b l e que los d e s a m p a -
llegaron los tiempos adversos, no pensaron mas ren al v e r mi b u e n a p l a n t a ; y por otra p a r t e me a s e g u r a r é
con actividad. E .
que en huir en vez de defenderse (16), esperan-
( 1 9 ) N o c o n t é n u n c a mas q u e con éstas; ¡y las t e n d r é ! E .
do que fatigados sus pueblos con la insolencia del
vencedor, no dejarían de llamar otra vez (17).
E s t e partido es bueno cuando faltan los otros;
pero el haber abandonado los otros remedios por
éste, es cosa malísima, porque un príncipe no de-
bería caer nunca por haber creído hallar después á
alguno que le recibiera. Esto no sucede: ó si suce-
de, no hallarás seguridad en ello, porque esta espe-

[ 1 4 ] N o pueden q u e j a r s e de no haber s i d o favorecidos


por e l l a . E .
[ 1 5 ] V é a s e c o m o esto se verifica. C u a n t o les r o d e a s e
p a v o n e a en medio de sus s a t i s f a c c i o n e s , y t e m e r í a hacer
m a l a s d i g e s t i o n e s , si diera e n t r a d a á la menor i n q u i e t u d .
A u n s u p u e s t o q u e si v o l v i e r a n á v e r m e no querrían creer
t o d a v í a en la posibilidad de mi regreso. S u natural dispo-
sición s e p r e s t a g r a n d e m e n t e á mis e s t r a t a g e m a s narcóti-
cos. E .

[ 1 6 ] N o tendrán y a lugar para h a c e r l o . E.


[ 1 7 ] M a n i f e s t a r é c o m o un P r í n c i p e q u e se ha v u e l t o mo-
d e r a d o , sabio, h u m a n o . E .
en nuestro tiempo, á causa de las grandes mudan-
zas que, fuera de toda conjetura humana, se vieron
y se ven cada día (2 ). ReHexionándolo yo mismo,
de cuando en cuando, me incliné en cierto modo
hacia esta opinión; sin embargo, no estando anona
CAPITULO XXV.
dado nuestro libre albedrío, juzgo que puede ser
CUÁNTO DOMINIO TIENE LA FORTUNA EN LAS COSAS verdad que la fortuna sea el árbitro de la mitad de
HUMANAS, Y DE QUÉ MODO PODEMOS RESIS- nuestras acciones; pero también que es cierto que
TIRLE CUANDO ES CONTRARIA. ella nos deja gobernar la otra, ó á lo menos siem-
pre algunas partes ( 3 ) , L a comparo con un río fa-
No se me oculta que muchos creyeron y creen tal que, cuando se embravece (4), inunda las llanu-
que la fortuna, es decir, Dios, gobierna de tal mo- ras, echa á tierra los árboles y edificios, quita el te-
do las cosas de este mundo, que los hombres, con rreno de un paraje para llevarle á otro. Cada uno
su prudencia no pueden corregir lo que ellas tienen huye á la vista de el, todos ceden á su furia sin po-
de adverso, y aunque no hay remedio ninguno que
der resistirle. Y sin embargo, por más formidable
oponerles ( i ). Con arreglo á esto podrían juzgar
que sea su naturaleza, no por ello sucede menos
que es en balde fatigarse mucho en semejantes oca-
que los hombres, cuando están serenos los tempo
siones, y que conviene dejarse gobernar entonces
por la suerte ( a ) . Esta opinión no está acreditada rales, pueden tomar precauciones contra semejante
río, haciendo diques y explananas ( 5 ) ; de modo
[ i ] S i s t e m a de los p e r e z o s o s , ó débiles. C o n i n g e n i o y
que cuando él crece de nuevo, está forzado á correr
a c t i v i d a d , d o m i n a uno s o b r e la más a d v e r s a f o r t u n a . E .
( 2 ) ¿ L a s había v i s t o él más n u m e r o s a s y m a y o r e s q u e
a. Tácito trae un bello ejemplo de ello hablando de Claudio, al
que la fortuna destinaba al imperio mientras que los romanos se las q u e e n g e n d r é y o , y que puedo producir t o d a v í a ? E .
hallaban bien distantes de pensar en él: "Mihi quantó plura re- (.3) San A g u s t í n no discurrió m e j o r sobre el libre albe-
centium. seu veterum revolvo, tantó magis ludibria rerum morta- drío. E l mío ha d o m a d o la E u r o p a y la naturaleza. R . 1.
hum cunctis m negotus adversantur, quippé fammá, spe, veneru-
tione potius omnes destinabantur imperio, quám quem futurum (.4) E s t a f o r t u n a e s la mía: soy yo mismo. R . I.
prmcipem fortuna ín occulto tenebat." Ann. 3. ( 5 ) N o les d e j ó lugar mi facilidad para ello. R . I.
por un canal, ó que á lo menos su fogosidad no sea
tan licenciosa ni perjudicial (6). Restringiéndome más á varios casos particulares,
Sucede lo mismo con respecto á la fortuna (7): digo que se ve á un cierto principe que prosperaba
no ostenta ella su dominio mas que cuando encuen- ayer, caer hoy, sin que se le haya visto de modo
tra una alma y virtud preparadas [8] ; porque cuan- ninguno mudar de genio ni propiedades [ 1 3 ] . Es-
do las encuentra tales, vuelve su violencia hacia la to dimana, en mi creencia, de las causas que he ex-
parte en que sabe que no hay diques, ni otras de- planado antes con harta extensión, cuando he di
fensas capaces de mantenerla. cho que el príncipe que no se apoya mas que en la
Si consideramos la Italia que es el teatro de es- fortuna, cae según que ella varía [14]. Creo tam-
tas revoluciones y el receptáculo que les da impul- bién que es dichoso aquel cuyo modo de proceder
so, veremos que es una campiña sin diques ni otra se halla en armonía con la calidad de las circuns-
defensa ninguna. Si hubiera estado preservada con tancias; y que no puede menos de ser desgraciado
la conducente virtud (9), como lo están la Alema- aquel cuya conducta está en discordancia con los
nia, España y Francia, la inundación de las tropas tiempos [ 1 5 ] . Se ve en efecto que los hombres, en
extranjeras que ella sufrió no hubiera ocasionado las acciones que los conducen al fin que cada uno
las grandes mudanzas que experimentó [10], ó ni de ellos se propone, proceden diversamente, el uno
aun hubiera venido [ 1 1 ] . Baste esta reflexión para con circunspección, el otro con impetuosidad; éste
lo concerniente á la necesidad de oponerse á la for- con violencia, aquel con maña; el uno con pa-
tuna en general [12]. ciencia, y el otro con una contraria disposición;
y cada uno sin embargo, por estos medios diver-
(6) Mi f o r t u n a no es la que puede reducirse así. R. I. sos, puede conseguirlo ( 1 6 ) . Se ve también que
) 7 \ p n m ° S e n ' a l a d e m i s enemigos. R . 1.
m islla m e hallará s i e m p r e dispuesto á abrumarla con [13] Tristes formalistas. R. I.
el peso de la nna. R. I.
[14] E s menester saber seguirla en sus variaciones sin
(9) E l l a lo será. G .
apoyarse nunca enteramente sobre ella, al mismo tiempo
( 1 0 ) E l l a v e r á otras muchas. G .
de aparentar estar seguro de sus favores. R. C.
[ 1 5 ] L a benignidad no estuvo nunca más en discordan-
nes! G . ' S l VÍeraS e n e " a h o y día' * conocieras mis pía-
cia con su situación. E .
[ifi] Cuando él no obra intempestivamente, siguiendo
v e c í í t e G.^ dÍSCreCÍÓn tC h e adÍVÍnad°> >'me a "r°- siempre su natural. R. C .
de dos hombres moderados: el uno logra su fin. y Pero no hay hombre ninguno, por más dotado de
el otro no; que por otra parte, otros dos, uno de los prudencia que esté, que sepa concordar bien sus
cuales es violento y el otro moderado, tienen igual- procederes con los tiempos, sea porque no le es po-
mente acierto con dos expedientes diferentes, aná- sible desviarse de la propensión á que su naturale-
logos á la diversidad de su respectivo genio. L o za le inclina [ i S ] , sea también porque habiendo
cual no dimana de otra cosa mas que de la calidad prosperado siempre caminando por una senda no
de los tiempos que concuerdan ó no con su modo puede persuadirse de que obrará bien en desviarse
de obrar 17^. D e ello resulta lo que he dicho; es, de ella [19]- Cuando ha llegado, para el hombre
á saber, que obrando diversamente dos hombres, moderado, el tiempo de obrar con impetuosidad,
lo'gran un mismo efecto; y que, otros dos que obran nó sabe él hacerlo [20] ; y resulta de ello ruina. Si
del mismo modo, el uno consigue su fin y el otro él mudara de naturaleza cbn los tiempos y cosas
no lo logra. D e esto depende también la variación (21), no se mudaría su fortuna (c).
de su felicidad; porque si, para el que se conduce El Papa JuH¡¿: II procedió con impetuosidad en
con moderación y paciencia, los tiempos y cosas se todas sus acciones (22); y halló los tiempos y co-
vuelven de modo que su gobierno sea bueno, pros- sas tan conformes con su modo de obrar, que logró
pera él; pero si varían los tiempos y cosas, obra su
ruina; porque no muda de modo de proceder [/»]. [18] E s difícil, pero lo c o n s e g u i r é . E .
[ 1 9 ] E l ser uno b u e n o reinando, p o r q u e lo era a n t e s de
reinar, y para reinar, e s el s i s t e m a m á s ruinoso. E .
[17] t i v a r i a r s e g ú n la necesidad de las c i r c u n s t a n c i a s , [20] E s p e r o esto con la m á s p e r f e c t a confianza: e s inde-
sin perder uno n a d a de su v i g o r , es lo q u e hav de m á s di-
fícil, y que m á s e x i g e una grande e n t e r e z a . D e n t r o de p o - fectible. E.
co se v e r á la e x c e l e n c i a y flexibilidad de la mía. E. [ 2 1 ] I m p o s i b l e , y de toda i m p o s i b i l i d a d . E .
("22! N o hay va muy d i c h o s a m e n t e para mí, P a p a s c o m o
b. " P e d r o Soderín. dice en otro lugar Maquiavelo (Disc., 1. 3, é s t e que echó en el T í b e r las llaves de San P e d r o , para no
es. 3 y 9). procedía en todo con dulzura y paciencia; su patria y
él lo pasaban bien con ello mientras que este modo de procedei servirse m a s q u e de la e s p a d a de S a n P a b l o . G.
era bueno para l a s circunstancias: pero cuando llegó el tiempo de
obrar con vigor, no pudo él resolverse á ello; de lo cual resultó su , " L o q n e hace que la fortuna abandone á un Príncipe, dice
ruina y la de su patria. Si Soderín hubiera querido hacer uso de también Maquiavelo [Disc., 1. 3, c. 9], es que ella muda los tiem-
toda la autoridad que su dignidad de Gonfalonier le daba, hubie- S s v que e?Príncipe no muda entonces su modo y d.sposic.o-
ra podido arruinar el reciente poder de los Médicis. y por consi- K ' ' ? A c u s a b a n de voluble á un Rey de Esparta que poseía el
guiente mantener Florencia en República." arte de obrar con arreglo á las circunstancias: " N o mudo yo, re-
357

acertar siempre. Considérese la primera empresa


tuvo acierto en una empresa que otro Pontífice, con
que él hizo contra Bolonia, en vida todavía de Mo-
toda la prudencia humana, no hubiera podido diri-
ssen Juan Ventivoglio: la verán los venecianos con
1 .* • r; gir nunca ( 2 6 ) . Si, para partir de Roma, hubiera
disgusto; y el R e y de España como también el de
aguardado hasta haber fijado sus determinaciones,
Francia, estaban deliberando todavía sobre lo que
y ordenado todo lo necesario, como lo hubiera he-
l i m - harían en esta ocurrencia, cuando Julio, con su va-
cho cualquier otro Papa ( 2 7 ) , no hubiera tenido
lentía é impetuosidad, fué él mismo en persona á
jamás un feliz éxito, porque el Rey de Francia le
esta expedición ( 23 ). Este paso dejó suspensos é
hubiera alegado mil disculpas, y los otros le hubie-
inmóviles á la E s p a ñ a y venecianos ( 2 4 ) : á estos
ran infundido mil nuevos temores (28). Me absten
• -1 . por miedo y á aquellos por la gana de recuperar el
go de examinar las demás acciones suyas, las cua-
reino de Nápoles. Por otra parte, atrajo á su par-
les todas son de esta especie, y se coronaron con el
tido al Rey de Francia que, habiéndole visto en
triunfo. L a brevedad de su pontificado (29) no le
movimiento, y deseando que él se le uniese para
dejó lugar para experimentar lo contrario, que sin
kn abatir á los venecianos ( 2 5 ) , juzgó que no podría
duda le hubiera acaecido: porque si hubieran con-
negarle sus tropas sin hacerle una ofensa formal.
venido proceder con circunspección, él mismo hu-
Asi^pues, Julio, con la impetuosidad de su paso,
biera formado su ruina, porque no se hubiera apar-
tado nunca de aquella atropellada conducta á que
[23J H e s e g u i d o e s t a t á c t i c a ; no c o m o él, por una ma-
su genio le inclinaba [30].
préDaRPI°Pen ' S,D ° P °r CálGUl °' V oportunamente siem-

(26) Son necesarias á menudo algunas imprudencias;


mar'de n í e v o ^ f * * m ¡ regreS ° p i e n s a n los aIiad ° s en to- p e r o c o n v i e n e que estén c a l c u l a d a s . E .
e T s Í l mismo efecto^38' ^ P r o d M " ^ ( 2 7 ) ¡ C u a n t o s r e y e s , aun no s a c e r d o t e s , o b r a n c o n e s t a
lenta y necia prudencia! E .
p a g i n a r e n t o n c e s a l g u n a cosa semejante con res- ( 2 8 ) S i n o e v i t o t o d o e s t o , c o n s i e n t o en que me j u z g u e n
p e c t o á l o s a h a d o s , s e g ú n el c u r s o de su p o l í t i c a ! E
i n d i g n o de reinar. E .
( 2 9 ) S i n e m b a r g o , e s p r o d i g i o s o s e g u i r , por diez a ñ o s ,
concluir, según el c o n a c i e r t o , el m i s m o m é t o d o . M a q u i a v e l o h u b i e r a d e b i d o
ce ó severo según que e s t o ^ e n ^ T ^ f * °s; ser dul"
l0S t , e m p
decir q u e J u l i o s a b í a d i s t r a e r , c o n t r a t a d o s de p a z , á la po-
condncat [ A n n . 1 2 ] . M o r e m accommodari, proul
dierii [ A n n . 3]. Kcmtssum et mitigalum, qnia cxPe- t e n c i a q u e él q u e r í a s o r p r e n d e r . R . C .
( 3 0 ) C u a n d o uno s a l i ó bien s i e m p r e con e s t a c o n d u c t a ,
Concluyo pues que, si la fortuna varía, y que los
príncipes permanecen obstinados en su modo natu-
ral de obrar, serán felices, á la verdad, mientras
que semejanto conducta vaya acorde con la fortuna;
pero serán desgraciados, desde que sus habituales
CAPITULO XXVI
procederes se hallan discordantes Con ella. Pesán
dolo todo bien, sin embargo, creo juzgar sanamente EXHORTACIÓN Á LIBRAR LA TTAI.TA HE LOS BÁR-
diciendo que vale más ser impetuoso que circuns- BAROS [i]
pecto (31), porque la fortuna es mujer, y es nece-
sario, por esto mismo, cuando queremos tenerla su- Después de haber meditado sobre cuantas cosas
misa, zurrarla y zaherirla. S e Ve, en efecto, que se acaban de exponerse, me he preguntado á mí mis-
deja vencer más bien de los que le tratan así, que mo si, ahora en Italia, hay circunstancias tales que
de los que proceden tibiamente con ella. Por otra un Príncipe nuevo pueda adquirir en eila más glo-
parte, como mujer, es amiga siempre de los jóve- ria. y si se halla en la misma cuanto es menester
nes [32], porque son menos circunspectos, más ira- para proporcionar al que la Naturaleza hubiera do-
cundos y le mandan con más atrevimiento ( d ) . tado de un gran valos, y de una prudencia nada
común, la ocasión de introducir aquí una nueva for-
y q u e ella es c o n f o r m e con nuestro g e n i o , tiene, á mi pa-
recer, harto b u e n o s m o t i v o s para c o n t i n u a r m e z c l á n d o l e ,
ma que. honrándole á él mismo, hiciera la felicidad
sin e m b a r g o , a l g o de hipócrita m o d e r a c i ó n d i p l o m á t i c a . de todos los italianos ( 2 ) . L a conclusión de mis
K . 1.

1,31) B i e n v i s t o : l a s reiteradas e x p e r i e n c i a s q u e hice de ( 1 ) M a q u i a v e l o h a b l a b a c o m o r o m a n o , y tenía él siem-


e l l o , no permiten y a la menor hesitación s o b r e e s t e parti- p r e en su mira á los f r a n c e s e s . L o s B á r b a r o s por el con-
cular. E . trario, que es menester que y o e c h e con e l l o s de Italia, son
las c a s a s de A u s t r i a , E s p a ñ a , P a p a , e t c . O .
( 3 2 ) ¡ M e lo p r o b ó ella tantas v e c e s ! p e r o , si y o fuera
( 2 ) Magnífico plan c u y a e j e c u c i ó n me e s t a b a reservada.
m e n o s j o v e n , no c o n t a r í a y a con sus f a v o r e s . A p r e s u r é m o -
nos: en la c o n c u r r e n c i a , no puede d e c i d i r s e e l l a m a s que E m p e z a n d o con unos italianos a f e m i n a d o s c o m o ellos o
por mi. E . están al presente, no me h u b i e r a sido p o s i b l e h a c e r l o ; p e r o
italiano v o mismo p u e d o h a c e r l o con l o s f r a n c e s e s , de quie-
nes los italianos aprenderán b a j o m i s ó r d e n e s a sustituirlos
delicia^ f ° r t U n a ei"a 1 U l m a d a P° r A"íbal, Madrastra de la pru- d e s p u é s en los a c t o s de v a l o r m a r c i a l . <J.
reflexiones sobre esta materia, es que tantas cosas Aunque en los tiempos corridos hasta este día.
me parecen concurrir en Italia al beneficio de un se haya echado de ver en éste ó aquel hombre al-
Príncipe nuevo, que no sé si habrá nunca un tiem- gún indicio de inspiración que podía hacerle creer
po más proporcionado para esta empresa ( 3 ) . destinado por Dios para la redención de la Ita
Si. como lo he dicho, era necesario que el pueblo lia ( 5 ) . se vió sin embargo después que le reproba
de Israel estuviera esclavo en Egipto, para que el lia en sus más sublimes acciones la fortuna, de mo-
valor de Moisés tuviera la ocasión de manifestarse- do que permaneciendo sin vida la Italia, aguarda
que los persas se viesen oprimidos por los medos todavía á un salvador que la cure de sus heridas,
para que conociéramos la grandeza de Ciro; que lo.s ponga fin á los destrozos y saqueos de la Lombar-
atenienses estuviesen dispersos, para que Teseo pu- día, á los pillajes y matanzas del reino de Nápoles;
diera dar á conocer su superioridad: del mismo mo- á un hombre, en fin, que cure á la Italia de llagas,
do, para que estuviéramos hoy día en el caso de inveteradas tanto tiempo hace ( 6 ) . Vérnosla ro-
apreciar todo el valor de una alma italiana, era me- gando á Dios que le envíe alguno que le redima de
nester que la Italia se hallara traída al miserable las crueldades y ultrajes que le hicieron los bárba-
punto en que está ahora; que ella fuera más esclava ros ( 7 ) . Por más abatida que ella está, la vemos
que lo eran los hebreos, más sujeta que los persas con disposiciones de seguir una bandera, si hay al-
mas dispersa que los atenienses. Era menester que' guno que la enarbole y la desplegue; pero en los
s»n jefe ni estatutos, hubiera sido vencida, despo- actuales tiempos no vemos en quién podría poner
jada despedazada, conquistada y asolada; e n una ella sus esperanzas, si no es en vuestra muy ilustre
palabra, que ella hubiera padecido ruinas de todas casa ( 8 ) . Vuestra familia, que su valor y fortuna
Jas especies ( 4 ) , elevaron á los favores de Dios y de la Iglesia á la

[5] ¿ T a n t o c o m o y o ? no. G.
(3 > El t i e m p o p r e s e n t e es ciertamente mnr-hr,
P i c o , s u p u e s t o q u e el rechazo de la r T v o h ^ n f m á S p r ° - fftl Eterne a q u í : pero es m e n e s t e r a n t e s , para s a l v a r l a ,
Italia ha p r o d u c i d o va en ella u n a L n JU.c,lón,trancesa en en p r o v e c h o mío, sin e m b a r g o , i n t r o d u c i r el hierro y f u e g o
P o . í t i c o y la f e r m e n t a c i ó n de l o S i p t o s t t r a S t ° r n ° en sus l l a g a s . G .
[ 7 ] C o n e s t o s B á r b a r o s m i s m o s oiré tus ruegos. G .
t u a c i ó n para
A i ? c^;r¿ [8] Sí- ^i y o h u b i e r a f o r m a d o e n t o n c e s parte de ella. G .
—46
que ella dió su Príncipe {a), es la única que pueda
comprender nuestra redención (9). Esto no os será tal que éstas abracen algunas de las instituciones
muy dificultoso, si teneis presentes en el ánimo las de los que os he propuesto por modelos.
acciones y vida de los príncipes insignes que he Prescindiendo de estos socorros, veis aquí suce-
nombrado (10). Aunque los hombres de este tem- sos extraordinarios y sin ejemplo, que se dirigen
ple hayan sido raros y maravillosos ( 1 1 ) . no por patentemente por Dios mismo. E l mar se abrió;
ello fueron menos hombres (12); y ninguno de ellos una nube os mostró el camino; la peña abasteció de
tuvo una tan bella ocasión como ¡a del tiempo pre- agua: aquí ha caído del cielo el maná ( 1 4 ) : todo
sente. Sus empresas no fueron más justas ni fáci- concurre al acrecentamiento de vuestra grandeza: lo
les que ésta; y Dios no les fué más propicio que lo demás debe ser obra vuestra ( 1 5 ) . Dios no quiere
es á vuestra causa. Aquí hay una sobresaliente jus- hacerlo todo, para privaros del uso de nuestro libre
ticia; porque una guerra es legítima por el solo he- albedrío, y quitarnos una parte de la gloria que de
cho de ser necesaria; y las guerras son actos de hu- ellos nos redundará (16).
manidad. cuando no hay ya esperanzas mas que en No es una maravilla que hasta ahora ninguno de
ellas. Aquí son grandísimas las disposiciones de los cuantos italianos he citado, haya sido capaz de ha-
pueblos; y no puede haber mucha dificultad en cer lo que puede esperarse de vuestra esclarecida
ello (13), cuando son grandes las disposiciones, con casa. Si, en las numerosas revoluciones de la Ita-
lia. y en tantas maniobras guerreras, pareció siem-
m á s 9 ]
q u ?X W , a G S Í ; C °nSümarla' ' - a p a z d . hacer
pre que se había extinguido la antigua virtud mili-
tar de los italianos, provenía esto de que sus insti-
bien0 G P e r ° 63 m e n e S t e r Ser de 3U ' u e r z a para imitarlo»
tuciones no eran buenas, y que no había ninguno
( 1 1 ) L o r e n z o no era tal. G.
que supiera inventar otras nuevas ( 1 7 ) . Ninguna
( x a ) Mal r a c i o c i n i o , hay h o m b r e y h o m b r e . G.
1 , 7 a > ' a l S u n a v " d a d en todo e s t o : p e r o lo q u e v e o (14.^ O t r o s tantos m i l a g r o s c o m o s e r e n o v a r o n para mí,
de más c l a r o en t o d o e l l o , es el e x t r e m a d o ardor de M °
m u c h o más realmente que para L o r e n z o de Médicis. R . C .
q u i a v e l o para e s t a o p e r a c i ó n . G .
( 1 5 ) L o será. R . C.
Papa «•eí ( 1 6 ) S e v e q u e M a q u i a v e l o q u e r í a tener su parte en e l l o ;
se la d o y , p o r q u e él me ha s e r v i d o bien. R . I.
( 1 7 ) C o n las mías ya tan g l o r i o s a m e n t e e x p e r i m e n t a d a s
cosa hace tanto honor á un hombre recientemente
los otros se sometiesen á él (22). De esto nace que,
elevado, como las nuevas leyes, las nuevas institu-
durante un tan largo transcurso de tiempo, y en un
ciones imaginadas por él (18). Cuando están for-
tan crecido número de guerras, hechas durante los
madas sobre buenos fundamentos, y que tienen al-
guna grandeza en sí mismas, le hacen digno de res- veinte últimos años, cuando se tuvo un ejército en-
peto y admiración (19). teramente italiano (23), se desgració él siempre, co-
mo se vió á los primeros en Faro, y sucesivamente
Ahora bien, no falta en Italia cosa ninguna de lo
que es necesario para introducir en ella formas de después en Alejandría, Capua, Génova, Vaila, Bo-
toda especie (20). Vemos en ella un gran valor, que lonia y Mestri.
aun cuando carecieran de él los jefes, quedaría muy Si pues vuestra ilustre casa quiere imitar á los
eminente en los miembros. ¡ Véase cómo en los de- varones insignes que libraron sus provincias, es me-
safíos y combates de un corto número, los italianos nester ante todas cosas (porque esto es el funda-
se muestran superiores en fuerza, destreza é in^e mento real de cada empresa), proveeros de ejérci-
nio! (21) Si ellos no se manifiestan tales en los ejér- tos que sean vuestros únicamente; porque no puede
citos, la debilidad de sus jefes es la única causa de tener uno soldados más fieles, verdaderos ni mejo-
ello; porque los que la conocen no quieren obede res que los suyos propios. Y aunque cada uno de
cer, y que cada uno cree conocerla. No hubo en ellos en particular sea bueno, todos juntos serán me-
efecto, hasta este día, ningún sujeto que se hiciera
jores cuando se vean mandados, honrados y man-
bastante eminente por su valor y fortuna, para que
tenidos por su Príncipe (24). Conviene, pues, pro-
porcionarse semejantes ejércitos, á fin de poder de-
Hble ' T e ' y qUe ell °S tendrán ' cua'<lu'era triunfo es infa-

> Mi táctica es de mi invención:y todos los potenta- ( 2 2 ) N o estaba acordado mas q u e al S i g l o X V 1 I 1 pro-
dos de la E u r o p a se han inclinado á la vista de ella. R I ducir á este hombre hasta e n t o n c e s inhallable. G .
( 1 9 ) T o d a la E u r o p a tributó este doble homenaje á la<¡ (,23) N o me servirá él bien mas q u e saliendo de una in-
mías, xv. l .
corporación preliminar con el ejército francés. G .
U o 1 Q u e alienta, y es mucha verdad. G .
[2+] ¡ Q u e no haré y o cuando tenga, c o m o Príncipe par-
U i ) ¡Y también y o soy italiano! mis émulos no son mas ticular de uno y otro, un ejército italiano con uno f r a n -
que franceses. G .
cés! G .
defenderse de los extranjeros con un valor entera- llegó á las manos con las tropas alemanas, que ob-
mente italiano (25). servaban el mismo método que los suizos, mientras
Aunque las infanterías suiza y española se miran que habiendo penetrado entre las picas de los ale
como terribles, tienen sin embargo una y otra un manes, los españoles, ágiles de cuerpo y defendi-
gran defecto, á causa del cual una tercera clase de dos con sus brazales, se hallaban en seguridad para
tropas podría no solamente resistirles, sino también sacudirlos, sin que ellos tuviesen medio de defen-
tiene la confianza de vencerlas (26). L o s españoles derse. Si no los hubiera embestido la caballería,
no pueden sostener los asaltos de la caballería; y hubieran destruido ellos á todos.
los suizos deben tener miedo á la infantería, cuan- S e puede pues, después de haber reconocido el
do ellos se encuentran con una que pelea con tanta defecto de ambas infanterías, imaginar una nueva
obstinación como ellos. Por esto se vió y se verá que resista á la caballería y no tenga miedo de los in-
por experiencia, que los españoles pueden resistir fantes; lo que se logrará, no de ésta ó aquella nación
contra los esfuerzos de una caballería francesa, y de combatientes, sino mudando el modo de comba-
que una infantería española abruma á los suizos (27). tir (28). Son éstas aquellas invenciones que, tanto
Aunque no se ha hecho por entero la prueba de es-
( 28) T o d o está hecho. G.
ta última verdad, se vió sin embargo algo en la ba-
después de haber rechazado anteriormente un ejército de suizos, y
talla de Rávena (ó), cuando la infantería española echado de Bolonia al P a p a pasando rápidamente cuatro ríos, iba
persiguiendo un cuerpo de españoles que se retiraba, cuando fué
muerto. Fué llevado su cuerpo á Milán, en donde le hicieron mag-
[25] N o h a b l a m á s q u e de d e f e n d e r s e de los e x t r a n j e r o s ; níficas exequias; pero fué retirado de su sepulcro y ocultado en
y c o n q u i s t a r l o s también y h a c e r l o s g o b e r n a d o s míos. G . otra parte, por las afectuosas solicitudes del Cardenal de Sión,
diligente en librarle de los ultrajes de los vencedores, cuando Lu-
[26] L a s t i m o s o uso q u e la p ó l v o r a h i z o o l v i d a r . E s t o s dovico le More vino á echar de Milán á los franceses. Habiendo
s u p u e s t o s maestros del a r t e militar no eran mas q u e ni- ido allí en seguida Francisco I. después de la batalla de Marig-
ños. G . nán, mandó al famoso escultor milanés Agustín Bambaia, que hi-
ciera al joven héroe un mausoleo digno de él. Pero la obra, aun-
[27] D e b e ser t o d a v í a lo mismo hoy día, m e c o m p o n d r é , que ya muy adelantada, no estaba concluida, cuando los france-
en su c o n s e c u e n c i a , c u a n d o llegue el t i e m p o . G . ses se vieron obligados de nuevo á dejar esta ciudad. Aunque es-
te túmulo era una obra maestra, los acaecimientos que se suce-
dieron en Italia, y todavía más la antipatía que allí se conserva-
b. Esta batalla, que se verificó el 11 de A b r i l de 1512, es triste- ba contra los franceses, impidieron que él fuera erigido. Se qui-
mente memorable para la Francia, aunque estuvo victoriosa en taron sus diversas piezas de Milán por varios aficionados del arte;
ella, supuesto que perdió en esta ocasión al vencedor mismo, quie- y ellas no se hallan ya mas que como objeto de curiosidad en al-
ro decir, al joven Gastón de Foix. sobrino de L u i s XII No con- gunos gabinetes y palacios de Roma, Florencia y Milán.
tento con haber echado el colmo á su gloria delante de Rávena
por su novedad como por sus beneficios, dan repu-
tra bandera se ennoblezca nuestra patria ( 3 2 ) , y
tación y proporcionan grandeza á un Príncipe nue-
que bajo vuestros auspicios se verifique, finalmente,
vo (29).
aquella predicción de Petrarca: El valor tomará las
No es menester pues dejar pasar la ocasión del armas contra el furor; y el combate no será largo,
tiempo presente, sin que la Italia, después de tan- porque la antigua valentía no está extinguida toda-
tos años de expectación, vea por último aparecer á vía en el corazón de los italianos ( 33 ).
su redentor (30). N o puedo expresar con qué amor
sería recibido en todas estas provincias que sufrie-
ron tanto con la inundación de los extranjeros. ¡Con
qué sed de venganza, con qué inalterable fidelidad,
con qué piedad y lágrimas sería acogido y seguido! FIN DEL LIRRO DEL PRÍNCIPE

¡ A h ! ¿Qué puertas podrían cerrársele? ¿Qué pue-


blos podrían negarle la obediencia? ¿Qué celos po-
drían manifestarse contra él? ¿Cuál sería aquel ita-
liano que pudiera no revenciarle como á Príncipe ( 32) Ella lo será más todavía, si puede serlo sin peligro
suyo, pues tan repugnante le es á cada uno de ellos para mí. R. I
i 31 > R e v i v e él casi e n t e r a m e n t e , gracias á mí: pero guar-
esta bárbara dominación del extranjero? (31). Que d é m o n o s bien de dejarlos reunir eu un solo cuerpo de na-
vuestra ilustre casa abrace el proyecto de su restau- ción. á no ser que vo quiera destruir á la Francia, Alema-
ración con todo el valor y confianza que las empre- nia v E u r o p a enteras. R . 1.

sas legítimas infunden; últimamente, que bajo vues-

(20) Mi táctica, c u y o secreto no poseen ellos todavía,


me la proporciona m u c h o más que L o r e n z o podía l o - FIN' DE LOS COMENTARIOS DE NAPOLEÓN
grar. G

(30 ) E l l a le ha reconocido finalmente en mí. R. I.


( 3 1 ) H e visto todas estas predicciones verificadas en mi
favor. T o d o , hasta la ciudad eterna, se gloría de estar ba-
lo mi imperio. R. I.
-4T

\
K.>! >('•,' ... tí>ií>n -ii; •••' jbn-'i'Ji.ii .jtsicfntfti i^.e s»>
.. .•.• ! !I, 1 ) 'ii.ijí ifthfftte uk. óclí.ntKÍí ¿;
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•," -<¡ o'QÓt i' '/éiri n • :((.!> -ib >üp ¡"» ta .o\*n i :H>
NOTA RELATIVA
— Á —

BARN ABÓ VISCONTI


SOBERANO DE MILAN EN EL SIGLO XIV
(Vease antes la página 316)

• ,{ .», i<v|> M¡í:tr,^' r f ¡,! »b •»JfiKrrir »«mi

M A Q U I A V E L O era muy instruido y pers-


picaz para haberse dejado engañar con
respecto á Barnabó, por el mal que de él habían
dicho los aduladores del Príncipe que le había des-
tronado, como acaece siempre en semejantes cir-
cunstancias. Así es como en Francia el adulador de
Cario Magno, aquel monge Eginard al que él col-
mó de dádivas, y á quien dió su hija en matrimo-
nio. había acreditado, para encubrir el crimen de la
usurpación de Pepino, la falsa opinión de que Chil-
derico, y los últimos reyes de la primera raza, no
eran mas que unos holgazanes, indignos de reinar.
Así como éste, después de haber sido destronado,
fué encerrado por el usurpador, padre de Cario
Magno, en un claustro en donde no tardó en pere-
cer; así también, habiendo sorprendido con traición volvemos á hallarle, dos ó tres siglos mas tarde, en-
á Barnabó su sobrino Juan Galeas, baio pretexto tre las anécdotas añadidas á la vida de Enrique IV.
de devoción, en el año de 1585. se apoderó de su Pero la prioridad no puede disputársele á Barnabó,
persona y Estados y mandó meterle en el castillo porque hallamos este hecho en la crónica de su con-
de Trezo, en el que de allí en breve tiempo murió temporáneo Pedro Azario. escribano de Novara, la
envenenado. Este Juan Galeas, que se puso inme- que dando principio con el año de 1520 acaba en el
diatamente ádeslumbrar á los milaneses con la fun de 1162 v no en el de 1262 como M. Ginguene lo
dación de su vasta y famosa Catedral, y al que los dijo por inadvertencia en la Biografía universal y
escritores de su tiempo se apresuraron á formar una artículo de Azario.
genealogía que le hacía descendiente de Ánglo. hijo Durante un invierno en que Barnabó había de pa-
ó nieto de Eneas, no careció tampoco de unos que. sar unas semanas con su corte en su palacio de Ma-
para ensalzarle más, se echaron á desacreditar á rignano, una tarde en que se había extraviado solo
Barnabó. cazando en el monte, sin poder, al anochecer, ha
E s verdad que éste era duro y brutal, pero tam- llar otra vez la senda para volverse, oyó finalmente
bién amante de la justicia, y estaba dotado de la alcrún ruido ocasionado por un leñador ocupado to-
entereza de que se necesitaba á la sazón para go- davía en su faena, y se encaminó hacia aquella par-
bernar á los hombres; de ello puede juzgarse por te, abocándose con él sin darse á conocer L e ha-
sus instituciones que, en el hecho, como lo dice bló al principio de su estado con bondad, y el le-
Maquiavelo, fueron notables por su originalidad. ñador se quejó muv libremente de su miseria, la
Viendo que muchos deudores, los unos con mala fe que venía á agravar un castellano que Barnabó te-
y los otros por el desorden de sus negocios, no pa- nía en Lodi.' «¡Ahí prosiguió el aldeano, si este
gaban sus deudas, fundó una casa de corrección en Príncipe estuviera noticioso de las vejaciones de se
que mandó encerrarlos, dando á su costa abogados mejante castellano, mandaría ahorcarle al punto!»
á aquellos cuyos negocios estaban descompuestos, — P e r o se le puede informar de ello. — ¡ L a s gentes
a fin de que no les faltase medio ninguno para res- que le rodean se opondrían á esto! Barnabó rogó
tablecerlos. y satisfacer después á sus acreedores. finalmente al leñador que interrumpiera su trabajo
Los hospicios que él fundó para los peregrinos para conducirle fuera del monte; y le aseguro que
que iban á Roma ó volvían de ella, testificaban tam- le recompensaría con una determinada cantidad,
bién no menos su humanidad que su piedad. que él prometió. N o podía darla al instante porque
El siguiente rasgo, que es el más propio para dar no llevaba dinero consigo. El palurdo respondio de
á conocer su genio, es tanto más notable, cuanto sopetón que le era necesario trabajar para sostener
tu usit