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El amante indiscreto

Descripción: Tras meter a su amante en la casa, Mireya desata un divertido


enredo en el que su esposo sabe más de lo que ella se imagina.
Personajes: Mireya, Carlos, Sebastián

PRIMER ACTO

Se abre el telón y vemos el decorado de una habitación matrimonial, donde


Mireya, una atractiva mujer vestida con un camisón de seda, se besa con Carlos,
su amante. De pronto escuchar el sonido de un motor y ella se despega de él,
asustada.

Mireya: ¡Ay no! Es mi marido.

Carlos: ¿Qué?

Mireya: ¡Reconocí el sonido de su coche! ¡Nos va a matar!

Carlos: Tú dijiste que estaba de viaje de negocios.

Mireya: Sí, sí, eso pensaba… ¡rápido! No hay tiempo para que escapes, él viene
hacia acá.

Carlos: ¿Qué hago?

Mireya: Tú solo haz lo que yo te diga. (Saca un frasco de pomada para bebé y se
lo da). Quítate la camisa y ponte esto por todo el cuerpo.

Carlos obedece.

Mireya: Ahora voy a ponerte talco. (Toma un envase de talco y lo vierte sobre
Carlos, que tose y estornuda).

Carlos: ¿Qué te pasa? ¿Estás loca?

Mireya: Listo, pareces un verdadero Adonis de mármol. Tú no hables y déjame


hacer a mí.
SEGUNDO ACTO
Sebastián entra en la habitación llevando consigo una maleta.

Mireya: ¡Mi amor! (Se levanta a saludarlo con mucha efusividad).

Sebastián: ¿Qué demonios es eso? (Señala a Carlos).

Mireya: Eso… ah… este, es una estatua, mi vida. Una réplica finísima de uno de
los escultores más importantes del mundo.

Sebastián: ¿Qué?

Mireya (nerviosa): Sí, sí, verás… una amiga se compró una hace poco y pues yo
quise hacer lo mismo, para darle un toque diferente a nuestra recámara. ¿Verdad
que está increíble?

Sebastián se acerca a examinar minuciosamente a Carlos, para convencerse de


que es una estatua de verdad. Este se nota sudoroso y tiembla un poco.

Sebastián: Pues a mí no me convence.

Mireya: ¿Cómo no? Je je je, si es una pieza carísima.

Sebastián: Pues a mí no me gusta, así que te advierto que la vas a devolver.

Mireya: Lo que tú digas, mi vida. (Lo abraza por el cuello). ¿Ahora que te parece si
te ayudo a reponer las fuerzas del viaje?

Ambos se tumban en la cama mientras Carlos suspira de alivio.

Sebastián: ¿Oíste algo?

Mireya: Yo no oí nada.

TERCER ACTO
Tarde por la noche, Sebastián se para de la cama y sale de la habitación. Mireya
está profundamente dormida y Carlos sigue en su lugar, cada vez más cansado.
De repente, Sebastián vuelve a entrar en su dormitorio llevando consigo un plato
con un sándwich y un vaso de leche.

Se acerca hasta la supuesto estatua.

Sebastián: Pst, hey… hey, tú. Reacciona, (empujando ligeramente a Carlos).

Carlos: ¿Eh?

Sebastián: Toma.

Carlos agarra la comida confundido.

Sebastián: Lo que pasa es que yo sé lo que se siente estar así. Antier en la noche,
yo hice lo mismo en casa de la vecina y ni siquiera un vasito de agua me
ofrecieron, los muy mendigos.

Sebastián regresa a acostarse mientras Carlos muerde el sándwich, con cara de


confusión. Tal parece ser que el marido de Mireya no es tan ingenuo, ni tan santo
como ella piensa.

FIN