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DISCURSO

Una meta a nuestro alcance: Un mundo sin pobreza


Es siempre un placer estar en una gran universidad que se ocupa de formar a los
líderes del futuro.

Me encuentro aquí para hablarles del futuro, de la oportunidad de crear un mundo


sin la mácula de la pobreza y la exclusión económica.

El mensaje que quiero dirigirles es que ese mundo es para nosotros una meta que
podemos alcanzar, pero cuya consecución dependerá de la adopción de
decisiones difíciles y de que modifiquemos la manera en que trabajamos juntos.

Para comprender la oportunidad histórica que tenemos ante nosotros y lo que


debemos hacer para generar una transformación histórica, permítaseme comenzar
con algunas observaciones sobre el panorama actual del desarrollo mundial y las
perspectivas a mediano plazo.

El panorama del desarrollo mundial

Permítaseme señalar que la crisis que ha afectado a la economía mundial desde


hace años aún no da claras muestras de estar derrotada. Tantas esperanzas han
asomado y se han desvanecido el pasado año, o el que lo precedió, que debemos
ser cautos al evaluar el futuro. Al mismo tiempo, existen crecientes pruebas de que
avanzamos por la buena senda, por más que seguramente se presentarán algunos
obstáculos en el camino.

Aceleración del proceso de eliminación de la pobreza extrema

La primera es que ha llegado la hora de asumir el compromiso de poner fin a la


pobreza extrema. Nos hallamos en un auspicioso momento histórico, en que se
combinan los éxitos de décadas pasadas con perspectivas económicas mundiales
cada vez más propicias para dar a los países en desarrollo una oportunidad —la
primera que jamás hayan tenido— de poner fin a la pobreza extrema en el curso
de una sola generación. Nuestro deber, ahora, es hacer que a esas circunstancias
favorables se aúnen objetivos claros y medidas de peso que viabilicen esa
oportunidad histórica.

Sabemos que poner fin a la pobreza no será fácil. En los próximos años, en que
nos esforzaremos en alcanzar esa meta, la labor será cada vez más ardua, porque
quienes sigan sumidos en la pobreza serán aquellos a quienes resultará más difícil
llegar.

Algunos de ellos viven en zonas densamente pobladas de economías emergentes.


Es mucho lo que necesitan los habitantes de ese estado: por ejemplo, una mejor
infraestructura, más sólidos sistemas de educación que preparen a los alumnos
para ingresar en la fuerza de trabajo y una mayor inclusión de las mujeres y otros
grupos sociales vulnerables.

Otras personas que siguen atrapadas en el entorno de la pobreza viven en países


encerrados en ciclos de conflictos y fragilidad. Una proporción sustancial y
creciente de pobres viven en Estados frágiles o afectados por conflictos, donde la
necesidad del desarrollo y los obstáculos que se oponen a su consecución tienden
a ser los de mayor magnitud. Los Estados frágiles deben ocupar un lugar frontal y
central en todo programa de eliminación de la pobreza extrema.

Fijamos objetivos precisamente porque nada es inevitable. Fijamos objetivos para


hacer frente a los obstáculos externos, y también para desafiar nuestra propia
inercia. Fijamos objetivos para mantenernos alertas ante la “urgencia del
momento”, para desafiar constantemente nuestros propios límites. Fijamos
objetivos para evitar caer en el fatalismo o la complacencia, ambos enemigos
mortales de los pobres.

Fijamos objetivos para que todos los días, a toda hora, podamos tener certeza de
que nuestras acciones están en armonía con nuestros valores más profundos,
esos valores que podemos sostener sin vergüenza ante el juicio de la historia.

Si actuamos hoy, si trabajamos implacablemente por la consecución de estos


objetivos de erradicar la pobreza extrema y fomentar la prosperidad compartida,
tenemos la oportunidad de crear un mundo para nosotros y en el futuro para
nuestros hijos que se caracterice por oportunidades para todos y no por marcadas
inequidades. Un mundo sostenible donde todos los hogares tengan acceso a
energía limpia. Un mundo en el que todos tengan alimentos suficientes. Un mundo
en el que nadie muera por causa de enfermedades que se pueden prevenir.

Un mundo sin pobreza.

Es el mundo que todos queremos para nosotros mismos, nuestros hijos, nuestros
nietos y todas las generaciones futuras.

Aquí les dejo una frase “siempre es el momento apropiado para hacer lo que
es correcto”. La oportunidad está manifiestamente ante nosotros. Podemos y
debemos tomar el arco de la historia e inclinarlo hacia la justicia.

Muchas gracias.

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