MIEDO A LA SOLEDAD

MIEDO A LA SOLEDAD
Creo que el miedo a la soledad, junto con el miedo a no ser querida, son los dos grandes asuntos que nos hacen cojear y andar a tientas en esta sociedad, pero… realmente, ¿nos hemos parado a pensar sobre ello? Muchas personas se encadenan a otras por no estar solas. Es ese miedo el que les hace buscar de forma desesperada al otro, sin parar a darse cuenta, primero de sí misma y, luego, de permitirse ver al otro. Es el miedo el que les hace escoger, pero yo he comprobado en mis carnes cuan doloroso y frustrante es la sensación de soledad en compañía. Cuando esa decisión está tomada desde el miedo, ya sea a la soledad o al de no ser querida, siempre acarrea mucho dolor y mucha frustración. Yo creo que es fundamental aprender a estar sola, para luego poder compartirse en una relación, sea esta del tipo que sea. Es imposible que funcione a priori, si cada uno de los miembros es incapaz de moverse por el mundo individualmente; es fundamental ser autosuficiente, porque esa relación no será plena y libre, sino que estará cargada de enganches y continuas frustraciones; no será una relación en la que ambos miembros se verán complementados o enriquecidos el uno con el otro, sino que será una relación limitadora y castradora, basada fundamentalmente en el miedo, y no en el amor libre. Una debe enfrentarse a su soledad, acercarse a ella, conocerla y hacerse su aliada, y con el tiempo una se da cuenta que la soledad es una gran amiga, necesaria en esta vida de idas y venidas en la que todo pasa a una velocidad de vértigo. Es bueno pararse y escucharse, y para eso es necesario recurrir y buscar a la amiga soledad, que no es esa gruñona que siempre nos han dicho, ¡que va!, está ahí, a nuestro lado para reencontrarnos con ella cada vez que la busquemos o la necesitemos. Una, ante una relación, para saber si está siendo realmente sana podría preguntase: -¿Puedo vivir sin ti? En mi opinión la respuesta más sana y adecuada podría ser algo así: -Por supuesto que sé que puedo vivir sin ti, pero decido y quiero vivir contigo porque me complementas, o porque eres mi compañero de viaje, o cada cual lo que sienta, pero nunca porque no quiero estar sola, o porque si no es así nadie me va a querer. Esta respuesta sería signo de que el problema está en ti, en la falta de autoestima y de amor hacia ti. Antes de salir a buscar fuera, busca dentro. Cuando encuentres, ámate, respétate, sonríete, y así con esa mochila bien cargada de amor podrás salir y ponerte en el camino de… ¡quién sabe!... ¿otro mochilero? ¡Buen viaje!

Ana Burrezo