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UNIDAD XX LA SOLUCIÓN PACIFICA DE LAS CONTROVERSIAS

INTRODUCCIÓN

Dentro del ámbito internacional pueden llegarse a suscitar controversias entre los diversos Estados; siendo lo mejor que
éstas puedan resolverse de forma pacífica, ya sea a través de medios voluntarios o bien por medio de la Corte
Internacional de Justicia.

OBJETIVOS PARTICULARES:

Conocer las diversas formas de solución pacífica de controversias entre los sujetos de Derecho internacional.

CONTENIDO:

20.1. Concepto de Derecho procesal internacional.

20.2. Formas auto tutelares de solución de las controversias internacionales.

20.3. Formas auto compositivas de solución de las controversias internacionales.

20.4. Formas heterocompositivas de solución de las controversias.

20.5 . Tribunal permanente de arbitraje.

20.6 . Corte Internacional de Justicia.


20.6.1 . Sistema Europeo.
20.6.2 . Sistema Americano.

20.7. Tribunal Internacional de Derecho del Mar.


CAPÍTULO VII

SOLUCIÓN PACÍFICA DE LOS CONFLICTOS INTERNACIONALES

1. MÉTODOS DIPLOMÁTICOS

1.1. Negociación diplomática. —Cuando surge un conflicto entre dos Estados, normalmente éstos tratan de resolverlo
mediante negociaciones diplomáticas directas, antes de recurrir a los otros medios de solución pacífica de los conflictos.

Tales negociaciones diplomáticas se llevan a cabo utilizando los canales que les ofrecen los agentes diplomáticos
respectivos, o a través de conversaciones entre los ministros de Asuntos Exteriores.

Aunque no es el sistema más seguido, nada se opone a que el asunto objeto del conflicto sea examinado por los jefes de
Estado; últimamente, y como consecuencia del desarrollo que ha tomado la práctica de intercambio de correspondencia
entre los jefes de Estados o los jefes del gobierno, muy a menudo se trata en dicha correspondencia acerca de los
problemas que puedan existir entre los Estados, y si no siempre, o raras veces, se llega a una solución, frecuentemente se
allana el camino para que en conversaciones a más bajo nivel se pueda llegar a un terreno de entendimiento.

Las negociaciones diplomáticas, obviamente, se pueden llevar a cabo también, en el seno de conferencias internacionales.

La multiplicación de las relaciones entre los pueblos, que se ha observado en los últimos años, ha provocado un aumento
de los conflictos de orden mayor o menor, y de ahí que las negociaciones diplomáticas sean el recurso seguido cada día
con más frecuencia para tratar acerca de ellos. Es verdad que, muy a menudo, no conducen a ningún resultado, pero en
todo caso, sirven para fijar posiciones.

Muchas veces este procedimiento de las negociaciones diplomáticas directas entre las partes interesadas es el recurso
previo, que los tratados sobre solución de conflictos establecen antes de recurrir a otros procedimientos.

Uno de los papeles más importantes desempeñados por las organizaciones internacionales, en particular las Naciones
Unidas, es el de facilitar el contacto directo y casi permanente entre representantes de los diversos países.

1.2. Los buenos oficios y la medición. —Agotado el recurso a las negociaciones diplomáticas directas que, como hemos
señalado anteriormente, suele ser el recurso previo que establecen algunos tratados relativos a la solución de conflictos,
sin que se haya encontrado ninguna solución, puede recurrirse a otros procedimientos; entre ellos los buenos oficios y la
mediación. Claro que para recurrir a estos procedimientos no es absolutamente necesario, excepto en el caso señalado
antes, el previo recurso a las negociaciones.

Por buenos oficios y mediación se entiende la intervención amistosa de una tercera potencia, por propia iniciativa o a
petición de una o de las dos partes, para ayudarlas a encontrar una solución al conflicto.

De esta definición podemos deducir los elementos de ambas instituciones: a) Nunca puede ser considerado acto
inamistoso el ofrecimiento de los buenos oficios o de la mediación de una tercera potencia; b) Cualquier Estado puede
ofrecer sus buenos oficios o su mediación; c) Cualquiera de los Estados en conflicto puede solicitar a cualquier Estado su
intervención en este sentido; d) Los terceros Estados solicitados pueden aceptar o negarse a intervenir; e) Los dos Estados
en conflicto, o uno de ellos, pueden negarse a aceptar los buenos oficios o la mediación que el tercer Estado ofrece.
Entre los buenos oficios y la mediación, que son en el fondo lo mismo, hay sin embargo una diferencia de grado en
cuanto a la intensidad de la intervención del tercer Estado: éste se limita en los buenos oficios a buscar una aproximación
entre los Estados, trata de favorecer la negociación directa, sin intervenir en ella, señalando en algunos casos los factores
positivos que puedan existir y que permitan llegar a un acuerdo.

En la mediación el Estado interviene de modo más activo y no sólo propone una solución al problema sino que participa
en las discusiones entre las partes para tratar de que su propuesta de solución sea aceptada.

1.3. La conciliación. —El origen de esta institución lo encontramos en un tratado concluido por Francia el 10 de febrero de
1908, y comienza a desarrollarse a partir de los Tratados Bryan, de 1914.

La conciliación se diferencia, en muchas de sus características, de los buenos oficios y de la mediación. Aquí se trata de
Comisiones Permanentes, previamente creadas por disposiciones convencionales y a las cuales los Estados en conflicto
deberán someter forzosamente sus diferencias si uno de ellos lo pide.

La Comisión de Conciliación estudia los hechos que originan el conflicto y redacta un informe que es aprobado por
mayoría de sus miembros. En la redacción de este informe, en el que se propone una fórmula de arreglo, no intervienen
las partes.

Las propuestas de las comisiones de conciliación no son obligatorias para las partes, que tienen el camino abierto para
recurrir al arbitraje o a la jurisdicción internacional. Sin embargo, mientras dura el procedimiento de conciliación, se
comprometen a no iniciar ninguna acción de carácter violento; es lo que se llama moratoria de guerra.

Este procedimiento de conciliación fue objeto de numerosos tratados, aunque los resultados prácticos que se obtuvieron
fueron muy escasos, Durante el período de la Sociedad de Naciones se multiplicaron los tratados relativos a la conciliación
internacional, siguiendo la recomendación adoptada por la Asamblea el 22 de septiembre de 1922.

En el continente americano, hay que señalar el Tratado Americano de Soluciones Pacíficas (Pacto de Bogotá) adoptado
por la Conferencia de Bogotá el 30 de abril de 1948. En él se pité la creación de Comisiones de Investigación y
Conciliación, que pueden ser establecidas “a priori” en los tratados, o posteriormente, por un cuadro de conciliadores
americanos. En caso de conflicto, cualquiera de las partes puede pedir al Consejo de la Organización de Estados
Americanos que convoque la Comisión de Conciliación adecuada para que conozca del conflicto. En el Pacto de Bogotá, el
informe de la Comisión conserva el mismo carácter que habíamos expuesto anteriormente: no tiene fuerza obligatoria
para las partes, que pueden aceptarlo o rechazarlo.

1.4. La investigación. —A diferencia de las instituciones que hemos estudiado, la investigación no tiene más finalidad que
la de establecer los hechos que han dado lugar a un conflicto, sin entrar en ninguna calificación jurídica, que corresponde
a los Estados interesados.
Fue utilizado por primera vez, y probó su utilidad, en el asunto llama do de “Dogger Bank, o de los pescadores de Hull’:
durante la guerra ruso-japonesa, la escuadra rusa del almirante Rodjestwensky, que se dirigía al Extremo Oriente, se
encontró en la noche del 20 al 21 de octubre de 1904, en el mar del Norte, rodeada por barcos de pesca inglesas, a los
cuales atacó, por haberlos confundido con barcos de guerra japoneses. Como se produjeron víctimas y daños en la flota
pesquera inglesa, se originó un conflicto entre Inglaterra y Rusia. Constituida, por iniciativa de Francia, una Comisión que
aclarase las circunstancias en las cuales se habían desarrollado los hechos, para deslindar responsabilidades, Rusia fuere
conocida plenamente culpable y pagó una indemnización.

El procedimiento de la investigación fue establecido en la Segunda Conferencia de la Paz de La Haya, en 1907, aunque ya
los principios generales habían sido esbozados en la Convención de 1899 sobre los modos de solución pacífica de
controversias.

Las características del procedimiento de las comisiones de investigación son las siguientes: a) Las comisiones son
establecidas “a posteriori”. ¿No podrán ocuparse más que de establecer la realidad de los hechos.
c) El recurso a este procedimiento es voluntario. d) Los Estados se reservan la facultad de no someter a estas comisiones
los litigios en los que estimen su honor o sus intereses vitales, e) El informe de la comisión no es obligatorio para las
partes.

Hay que señalar que algunas de las características que hemos indicado, y que son las que ofrecía el procedimiento de las
comisiones de investigación tal como fue establecido por la Convención de la Segunda Conferencia de La Haya, de 1907,
fueron modificadas en algunos tratados posteriores, aunque permanecen todavía en vigor para muchos Estados.

La serie de tratados de arbitraje concluidos por los Estados Unidos con otros Estados, los Tratados Bryan, incluyen
disposiciones relativas a la creación de comisiones de investigación, con la modalidad de que esas comisiones son
constituidas “a priori, se elimina la reserva relativa al honor y los intereses vitales, y se extiende a este sistema la moratoria
de guerra, que era aplicable a los buenos oficios y a la mediación.

2. EL ARBITRAJE

2.1. Concepto. —En Derecho internacional, el arbitraje es una institución destinada a la solución pacífica de los conflictos
internacionales, y que se caracteriza por el hecho de que dos Estados en conflicto someten su diferencia a la decisión de
una persona (arbitro) o varias personas (comisión arbitral), libremente designadas por los Estados, y que deben resolver
apoyándose en el Derecho o en las normas que las partes acuerden señalarles.

2.2. .Evolución histórica. —El arbitraje es una de las instituciones más antiguas en el Derecho internacional, y a él nos
habíamos referido al hablar de los orígenes del Derecho internacional. Encontramos rastros de esta institución antes del
siglo XL a. J. C., en el tratado celebrado entre Entemema, rey de Lagash, y el reino de Ummah, tratado en el que se fijaban
las fronteras respectivas y se designaba un árbitro, el rey Misilim de Kish, para resolver los conflictos que pudiesen surgir
en la aplicación del tratado. En la Grecia de las ciudades, el recurso al arbitraje se hace más frecuente, y continúa siendo
utilizado en la Edad Media, época en que actuaba normalmente como árbitro el Papa o el emperador.

Sin embargo, cuando el arbitraje empieza a ocupar el actual lugar en las relaciones internacionales, es a partir de 1794,
época de la firma del famoso tratado Jay, entre los Estados Unidos e Inglaterra.
El recurso al arbitraje experimenta un gran impulso a lo largo del siglo XIX, pero sé trataba de casos aislados solamente, y
hay que esperar a 1899 para que; con la Conferencia de la Paz de La Haya, se acepte el arbitraje institucional.

Con todo, y debido, a diversas causas: facilitación de las negociaciones directas, desarrollo de la organización
internacional, recurso a las jurisdicciones internacionales, etc., el arbitraje ha ido perdiendo el lugar que tenía como medio
de solución de controversias entre Estados. Al respecto, las cifras son bastante elocuentes: de 1794 a 1899 fueron 291
arbitrajes, de 1900 a 1939 se redujo su volumen a 177, y entre 194º y 1910 quedaron en 21.

2.3. Competencia del tribunal arbitral. —Los Estados pueden decidir de diversos modos someter un conflicto o varios
conflictos al arbitraje:

A) Tratados de arbitraje. Son concluidos especialmente con la finalidad de someter una serie determinada de
conflictos que puedan surgir en el futuro entre los Estados firmantes, al arbitraje. En ese tratado, además de
designar los conflictos susceptibles de arreglo arbitral, pueden señalarse las normas que los Estados desean ver
aplicadas y los árbitros; si no se hiciera esto último, deberían entenderse posterior mente sobre el particular,
con lo cual aumentan las posibles dificultades de arreglo.
B) Las cláusulas compromisorias. Incluidas en un tratado, y por medio de las cuales se acepta el recurso al
arbitraje para la solución de los conflictos que puedan originarse como consecuencia de la aplicación de ese
tratado particular.

C) Los compromisos de arbitraje. A diferencia de los dos anteriores sistemas, este procedimiento de recurso
al arbitraje es posterior al nacimiento del conflicto. Una vez que éste surge, las partes concluyen un tratado
estableciendo el recurso al arbitraje para solucionarlo; en ese llamado ‘compromiso de arbitraje” se designan
los árbitros, se señala el procedimiento que éstos deben seguir, y se fijan también las normas con arreglo a las
cuales debe intervenir la decisión arbitral reglas de Derecho, recurso a la equidad, etc.

Después de estos procedimientos, hay que señalar que con la evolución del arbitraje aparece, a partir de la creación en las
Conferencias de La Haya, de la Corte Permanente de Arbitraje, un nuevo sistema caracterizado por el hecho de que ya no
es necesaria la celebración de compromisos particulares entre los Estados para recurrir al arbitraje como medio de
solución de sus conflictos; el sistema creado en La Haya permite su aplicación por la simple entrada en el sistema
convencional allí creado, y de acuerdo con los principios que estudiaremos más adelante.

En el instrumento jurídico por el cual los Estados deciden recurrir al arbitraje, se fija la competencia del árbitro o del
tribunal arbitral, y éste no puede excederse en ella, pero sí puede interpretar las disposiciones relativas a su competencia
que no sean muy claras oque ofrezcan dudas en cuanto a su extensión.

En la interpretación de su competencia, el árbitro debe de atenerse estrictamente al compromiso y no puede examinar


ningún punto que allí no esté señalado, pues de lo contrario incurriría en “exceso de poder”, y su sentencia sería nula.

2.4. La Corte Permanente de Justicia

2.4.1. Origen y organización de la Corte Permanente de Arbitraje. En la primera Conferencia de la Paz de la Haya, de 1899,
se discutieron tres proyectos de Constitución de una corte permanente, y después de aceptar como base de la discusión
el proyecto sometido por Inglaterra, se llegó a ciertas resoluciones que son las que ocupan los Arts. 20 a 27 de la
convención sobre Solución Pacífica de Controversias Internacionales, y se creaba por ella la Corte Permanente de Arbitraje.
Respecto a la organización de esta Corte, puede señalarse que consta de: 1º Una lista de jueces, 2º Una oficina
internacional, 3º Un consejo administrativo.

1º La lista de jueces. Cada Estado signatario facilita un máximo de cuatro nombres que constituyen el llamado “grupo
nacional”, y que juntamente con los otros forma la lista de árbitros de donde los Estados en conflicto pueden escoger
cada uno de ellos a dos, y entre los dos Estados a una quinta persona que debe actuar como presidente del tribunal. Si no
llegasen a un acuerdo sobre la designación de esa quinta persona, entonces se encargará a un Estado neutro que lo
designe.
2º La oficina internacional. Que desempeña las funciones de secretaría, está encargada del archivo y sirve de elemento de
enlace entre los Estados para la organización de los arbitrajes.
3º El Consejo administrativo. Está formado por los representantes diplomáticos en La Haya, de las potencias signatarias,
bajo la presidencia del ministro de asuntos exteriores de los Países Bajos. Su función es controlar y dirigir la oficina.

2.4.2. El funcionamiento de la Corte Permanente de Arbitraje. Las disposiciones contenidas en el Art. 39 y siguientes han
reglamentado el procedimiento de la instrucción y los debates.

A este respecto pueden señalarse los siguientes puntos: 1) Competencia. El tribunal es juez de su propia competencia,
según los términos del Art. 47, y a este efecto interpretará el compromiso arbitral, los tratados que se refieren a él, y los
principios del Derecho internacional. 2) La sentencia. Tiene carácter de definitivo, y no hay apelación. 3) La revisión. Las
partes pueden haber reservado en el compromiso, el derecho de revisión de la sentencia que, en todo caso, sólo puede
intervenir cuando hayan sido descubiertos nuevos hechos comprobados por el tribunal. Siempre, salvo disposición
convencional en contrario, este procedimiento de revisión debe ser iniciado ante el mismo tribunal.

2.4.3. Las modificaciones de la Conferencia de 1907. —En esta conferencia se introdujeron ciertas modificaciones a la
organización y procedimientos de la Corte, a que nos hemos referido: sólo una de las personas designadas como árbitro
por cada Estado puede ser nacional suyo; si las terceras potencias encargadas de nombrar un quinto árbitro no se
pusiesen de acuerdo sobre su designación, cada una de ellas designará dos árbitros de la lista, y se procederá a su sorteo
entre los cuatro para escoger al que será nombrado; se instituyó también un procedimiento sumario de arbitraje para los
conflictos de orden técnico, que se caracteriza por el hecho de que los Estados en conflicto tiene absoluta libertad para la
designación de los árbitros, nombrando uno cada Estado; un tercero será elegido por sorteo entre los que hubiesen
propuesto los dos árbitros designados por los Estados.

En la misma conferencia de 1907 se pretendió crear una Corte de Justicia Arbitral, que funcionaría paralelamente a la
anterior y cuya característica sería la de estar formada por jueces permanentes. La finalidad perseguida por este proyecto
era conseguir que, eliminando esa diversidad de tribunales arbitrales, que es lo que en realidad significa la Corte
Permanente de Arbitraje, se pudiera conseguir mayores estabilidad y continuidad en las sentencias, permitiendo la
formación de una jurisprudencia que la otra Corte, por el carácter temporal de sus árbitros, es incapaz de permitir. Este
proyecto no fue aprobado.

2.5. El Acta General de Arbitraje. —Ante la VII Asamblea de la Sociedad de las Naciones fueron presentados diversos
proyectos tendientes a hacer obligatorio el arbitraje. Como consecuencia de esas propuestas, la IX Asamblea adoptó tres
convenciones bilaterales modelo, para la solución pacífica de conflictos internacionales, que los Estados podrían adoptar o
inspirarse en ellas para la conclusión de tratados semejantes. Además, la misma Asamblea adoptó un “Acta General”, en la
que se reunían las principales disposiciones de las tres convenciones. Se ofrecen a los Estados tres modalidades de
solución pacífica de conflictos: a) conciliación, b) arreglo judicial, c) arreglo arbitral; y pueden prestar su adhesión a todas
las disposiciones del Acta, o solamente a las que se refieran a la conciliación y reglamento judicial, o a las relativas a la
conciliación. La conciliación es el procedimiento previo a cualquier otro medio de solución de conflictos jurídicos, y el
arbitral par los políticos.

El intento loable de someter a un procedimiento de solución pacífica los conflictos políticos no respondió, sin embargo, a
las esperanzas que en ellos se habían depositado.

Por una solución adoptada el 28 de abril de 1949, la Asamblea General de las Naciones Unidas revisó el Acta General de
Arbitraje para adaptarla a las nuevas circunstancias, y principalmente a la situación creada por la Organización de
Naciones Unidas; en esta forma revisada entró en vigor el 20 de septiembre de 1950. [ … ]

[ …] 3.2. La Corte Internacional de Justicia.

3.2.1. La Carta de las Naciones Unidas. —Según este documento, la Corte internacional de justicia es

el órgano judicial principal de las Naciones Unidas; funcionará de conformidad con el Estatuto anexo, que está basado en
el de la Corte Permanente de justicia Internacional, y que forma parte integrante de esta Carta (Art. 92).

Respecto a los Estados que forman parte del Estatuto de la Corte, el Art. 93 de la Carta establece lo siguiente: a) “Todos
los miembros de las Naciones Unidas son ‘ipso facto’ partes” en él. b) Los otros Estados pueden serlo según “las
condiciones que determine en cada caso la Asamblea General a recomendación del Consejo de Seguridad”.

La Asamblea General determinó el 11 de diciembre de 1946, las condiciones en las que los Estados que no eran miembros
de las Naciones Unidas podrían entrar a formar parte del Estatuto de la CIJ:
a) Aceptación del Estatuto de la CIJ; b) aceptación de todas las obligaciones derivadas para los miembros de las NNUU,
del artículo 94 de la Carta c compromiso de pagar la cuota para mantenimiento de la CIJ, que le fije la Asamblea General.
En estas condiciones forman parte del Estatuto, Liechtenstein, San Marino, y Suiza.

La Corte está abierta, también, a países que, sin formar parte del Estatuto, se hayan comprometido a llenar los requisitos
que fijó el Consejo de Seguridad, el 15 de octubre de 1946, y que podrían resumirse, en la necesidad de hacer una
declaración, aceptando la jurisdicción de la CIJ y las obligaciones que de tal hecho se derivan para Lodos los miembros de
las Naciones. En la situación señalada se encontraba la República de Vietnam.

Los miembros de las Naciones Unidas se comprometen a cumplir las decisiones de la CIJ en los litigios en que sean partes,
y si no lo hicieren, la otra parte podrá recurrir al Consejo de Seguridad, el cual podrá hacer recomendaciones o dictar
medidas destinadas a que se respete la decisión de la Corte.

3.2.2. Estructura de la Corte.

3.2.2.1. Composición. —La Corte se compone de quince miembros, de los cuales no podrá haber dos que sean nacionales
del mismo Estado, y elegirá para un período de tres años a sus Presidente y Vicepresidente.
3.2.2.2. Condiciones de los jueces. —El Art. 2 del Estatuto de la Corte fija las condiciones que deben reunir los jueces: “La
Corte será un cuerpo de magistrados independientes, elegidos in tener en cuenta su nacionalidad (con. la reserva que
antes habíamos señalado, de que no puede haber más de uno de la misma nacionalidad) “de entre personas que gocen
de alta consideración moral y que reúnan las condiciones requeridas para el ejercicio de las más altas funciones judiciales
en sus respectivos países, oque sean jurisconsultos de reconocida competencia en materia de Derecho internacional”.
Estas condiciones son completa das por el Art. 9, que señala que hay que tener en cuenta “no sólo que las personas que
hayan de elegirse reúnan individualmente las condiciones requeridas, sino también que en el conjunto estén
representadas las grandes civilizaciones y los principales sistemas jurídicos del mundo’. Una vez nombrados no podrán
ejercer funciones políticas ni administrativas, ni dedicarse a otras actividades profesionales. Para asegurarles la debida
autonomía, se establece (Art. 19) que los jueces gozarán de privilegios e inmunidades diplomáticas en el ejercicio de as
funciones de su cargo.

3.2.2.3. Nombramiento.—Los miembros de la Corte son elegidos por la Asamblea General y el Consejo de Seguridad,
entre las personas que les son propuestas, A) por los grupos nacionales de la Corte Permanente de Arbitraje; B) cuando
haya miembros de las Naciones Unidas que no estén representados en la Corte Permanente de Arbitraje, los candidatos
serán propuestos por grupos nacionales designados por sus gobiernos (la designación de estos grupos nacionales se hará
en las mis condiciones que se señalan para los miembros de la Corte Permanente de Arbitraje en la Convención de La
Haya de 1907 sobre arreglo pacífico de controversias); si se trata de Estados partes en el Estatuto, pero no miembros de la
Organización de las Naciones Unidas, la Asamblea General fijará, a recomendación del Consejo de Seguridad, las
condiciones en que puedan participar en la elección de los miembros del tribunal; todo ello si no hubiese acuerdo
especial. El Secretario General hace una lista, por orden alfabético, de las personas designadas, y la somete al Consejo y la
Asamblea, órganos que procederán a la elección de modo separado. Se consideran elegidos los candidatos que obtienen
una mayoría absoluta de votos en el Consejo y en la Asamblea.

3.2.2.4. Los jueces “ad hoc”. —Si una o ambas partes en un litigio ante la Corte no contasen ernre los magistrados una
persona de su nacionalidad, la parte o partes que estén en esas condiciones podrán nombrar a una persona de su
elección, preferentemente entre las que hubiesen sido anteriormente propuestas para formar parte de la Corte, para que
torne asiento en calidad de magistrado respecto a ese asunto concreto.
3.3. Competencia de la Corte.

3.3.11. Competencia contenciosa.—La competencia de la Corte internacional de justicia conserva la característica de


voluntaria, que tenía la Corte Permanente; es decir, que para someter un conflicto a la Corte es necesario un compromiso
previo de las partes, a menos que hubiesen aceptado la cláusula facultativa de jurisdicción obligatoria.

Sólo los Estados podrán ser partes en casos ante la Corte (Art. 34), cuyo acceso está abierto a los Estados que hayan
prestado su adhesión al Estatuto. Respecto a los Estados que no forman parte del Estatuto de la Corte, el Consejo de
Seguridad fijará las condiciones de su participación, condiciones que no podrán, en ningún caso, colocar a las partes en
situación de desigualdad ante la Corte.

La competencia contenciosa de la Corte se extiende a todos los conflictos que las partes le sometan, y a todos los asuntos
especialmente previstos en la Carta de las Naciones Unidas o en los tratados y convenciones vigentes.
Se extiende también a aquellos asuntos que, de acuerdo con tratados o convenciones en vigor, hubieran tenido que ser
sometidos a la Corte Permanente de justicia Internacional o a una jurisdicción que debiera instituir la Sociedad de
Naciones (Art. 37).

La Corte internacional debe decidir los conflictos conforme al Derecho, y el Art. 38 señala qué se entiende por Derecho
internacional: las convenciones internacionales, la costumbre, los principios generales del Derecho, las decisiones
judiciales, y las doctrinas de los publicistas. Respecto a las condiciones de cada una de esas fuentes, hemos hablado en el
capítulo correspondiente al comienzo del libro.

3.3.2. La cláusula facultativa de jurisdicción obligatoria. —Igual que en la Corte Permanente, la finalidad de esta
disposición es convertir en obligatoria la competencia de la Corte cuando los Estados lo aceptan anticipadamente. El Art.
36, párrafo 2, que no es más que una copia del mismo artículo del Estatuto de la Corte Permanente, determina de la
siguiente forma el contenido de la cláusula facultativa:

Los Estados partes en el presente Estatuto podrán declarar en cualquier momento que reconocen corno obligatoria “ipso
facto” y sin convención especial, respecto a cualquier otro Estado que acepte la misma obligación, la jurisdicción de la
Corte en todas las controversias de orden jurídico.

En el mismo párrafo aparece aclarada la significación que debe darse al término “conflictos de orden jurídico”, que son los
que versan sobre: “a) la interpretación de un tratado, b cualquier cuestión de Derecho internacional, c) la existencia de
todo hecho que, si fuera establecido, constituiría violación de una obligación internacional, d la naturaleza o extensión de
la reparación que ha de hacerse por ci quebrantamiento de una obligación internacional”.

El párrafo 2 hay que interpretarlo a la luz del párrafo siguiente, pues si en el primero se habla de reciprocidad en el efecto
obligatorio de la cláusula, en el último se señala, de modo más claro, que la declaración de aceptación de la cláusula
podrá hacerse, a) incondicionalmente, b) bajo condición de reciprocidad por parte de varios o determinados Estados, c)
por determinado tiempo.

Se trasladan respecto a la Corte internacional de justicia todos lo efectos de las declaraciones que hubieran sido hechas
aceptando el Art. 36 del Estatuto de la Corte Permanente de justicia internacional por el periodo que aún les quede de
vigencia y conforme a los términos de dichas declaraciones.

Hasta el momento actual han hecho la declaración de aceptación de la jurisdicción obligatoria de la Corte cerca de una
cincuentena de Estados. Lo lamentable es que muchos de estos Estados han incluido en su declaración ciertas reservas
que con frecuencia la privan de contenido práctico. El ejemplo más típico de esas reservas lo ofrece Estados Unidos, que
en virtud de la enmienda Connalliy excluyó de la competencia de la Corte, además de os conflictos que expresamente se
hubieran dejado para otro medio de solución, y en ciertas condiciones, los que resultaran de tratados multilaterales, “los
conflictos relativos a cuestiones que caen esencialmente bajo la competencia nacional de los Estados Unidos de América,
tal como es determinada por los Estados Unidos de América”. Este. tipo de reserva fue adoptado por muchos países (entre
ellos México),quitando prácticamente valor a la aceptación de la jurisdicción obligatoria de la Corte, ya que cualquier
Estado que la haya emitido puede decidir, como es su derecho, que el asunto de que se trata es de su competencia
interna.
La penalización que lleva consigo esta reserva es que pueden valerse de ella los demás países que no la hubieran
interpuesto, en caso de conflicto con un país que sí la hubiera incluido en su declaración.

3.3.3. Competencia consultiva. —La Corte podrá también emitir opiniones consultivas respecto de cualquier cuestión
jurídica, a solicitud de cualquier organismo autorizado para ello por la Carta de las Naciones Unidas, o de acuerdo con las
disposiciones de la misma (Art. 65).

El Consejo de Seguridad y la Asamblea General pueden solicitar de la Corte opiniones consultivas, por autorización de la
Carta; tal autorización está concebida en el sentido más amplio: “sobre cualquier cuestión jurídica”.

La Asamblea General puede autorizar a los otros órganos (principales y subsidiarios) de la Organización, así como a los
organismos especializados, para que soliciten de la Corte una opinión consultiva; pero en este caso la Asamblea sólo
puede autorizarlos para que la opinión demandada se refiera concretamente a “cuestiones jurídicas que surjan dentro de
la esfera de sus actividades”.

La autorización otorgada por la Asamblea General puede ser limitada (para determinada categoría de cuestiones jurídicas,
para un período limitado, o para un caso concreto), y puede ser también de carácter general.
En uso de sus facultades, la Asamblea ha concedido tal autorización a determinados órganos de las Naciones Unidas
(Consejo Económico y Social, Consejo de Administración Fiduciaria, Comisión interina),y a los organismos especializados
(todos menos la Unión Postal Universal), autorización que en todos los casos está concebida del modo más general. Los
Estados no pueden dirigirse a la Corte para solicitar opiniones consultivas, ni la Asamblea tiene facultad para autorizarlos.

3.4 . Procedimiento.

3.4.1. Comienzo del procedimiento. —Tiene lugar mediante la notificación del compromiso o mediante solicitud escrita
dirigida al Secretario de la Corte, indicando el objeto de la controversia y las partes. El Secretario lo comunicará entonces
a: I) todos los interesados; II) todos los miembros de las Naciones Unidas, por conducto del Secretario General; III) todos
los otros Estados que tengan derecho a comparecer ante la Corte. Los Estados que tengan intereses jurídicos que puedan
ser afectados por la decisión del litigio pueden solicitar que se les permita intervenir, y la Corte debe decidir si accede a tal
petición.

También, cuando se trata de la interpretación de un tratado en que otros Estados son partes, el Secretario deberá
notificarlos inmediata mente, y tienen el derecho de intervenir en el proceso; pero si deciden ejercer ese derecho
quedarán ligados por el fallo que sea dictado.

Aun antes de empezar la vista, la Corte puede solicitar de los agentes de los Estados que presenten documentos o den
explicaciones, y si se negaren a ello se dejará constancia formal del hecho.

3.4.2. Desarrollo del procedimiento. —La Corte dictará las medidas necesarias para la práctica de las pruebas.

Las vistas ele la Corte estarán dirigidas: a) por el Presidente, b) por el Vicepresidente, en caso de ausencia del anterior, c)
por el magistrado más antiguo, si los anteriores no pudieran hacerlo.
En principio las vistas son públicas, excepto si la Corte decide lo contrario o si lo solicitan las partes.
Si las circunstancias lo exigiesen, la Corte puede decidir que se tomen medidas provisionales para resguardar los derechos
de cada una de las partes, medidas que deben ser comunicadas inmediatamente a las partes y al Consejo de Seguridad.

Los Estados están representados ante la Corte por agentes, y podrán tener también consejeros o abogados, gozando
todos ellos de privilegios e inmunidades, necesarios para asegurarles el libre desempeño de sus funciones.

El procedimiento consta de dos fases: I) Escrita. Comprende la comunicación a la Corte y a las partes, de la memoria, de las
contramemorias y, si fuese preciso, de las réplicas, así como de las piezas o documentos escritos en apoyo de las mismas.
La comunicación se hace por intermedio del Secretario, según los términos que fije la Corte, y todos los documentos
presentados por una ele las partes se harán conocer a la otra mediante copia certificada. II) Oral. Consiste en la audiencia
que el tribunal acuerde a testigos, peritos, agentes, consejeros y abogados.

La Corte puede auxiliarse con la participación de personas diferentes ele las que forman parte de ella:
a) disponiendo que haya asesores con asiento en la Corte o en cualquiera de sus salas, pero sin derecho a voto, b)
comisionando a cualquier individuo, entidad, negociado, comisión u otro organismo que ella escoja, para que haga una
investigación o emita un dictamen pericial.

Fijado un plazo para la presentación de las pruebas, la Corte podrá negarse a aceptar cualquier prueba adicional, fuera de
ese plazo, oral o escrita, a menos que la parte contraria dé su consentimiento a la que quiere presentarla.

Si una de las partes no comparece ante la Corte, o se abstiene de defender su caso, la otra puede pedir que se decida en
su favor; pero la Corte deberá, antes de dictar sentencia, asegurarse no sólo de que tiene competencia para ocuparse del
caso, sino también de que la demanda está bien fundada en cuanto a los hechos y al Derecho: es decir, que la no
comparecencia o la abstención en la defensa no se pueden equiparar al desistimiento en favor de la parte contraria.

3.4.3. Terminación del procedimiento. —Una vez hecha la presentación del asunto por los agentes, consejeros o
abogados, de acuerdo con lo que la Corte haya dispuesto, el Presidente dará por terminada la vista, comenzando la Corte
sus deliberaciones, que serán secretas yen privado.

Las decisiones se toman por mayoría de votos de los magistrados presentes; yen caso de empate, el voto del Presidente, o
en ausencia suya, del magistrado que lo reemplace, será decisivo.

3.4.4. La sentencia. —La sentencia de la Corte Internacional de Justicia tiene unos requisitos y ofrece unas características
que vamos a señalar:

a) Deberá estar motivada, exponiendo las razones de la decisión. b) Tiene el efecto relativo de cosa juzgada, es decir, que
no será obligatoria más que para las partes en litigio y respecto al caso decidido. c) Es definitiva e inapelable.

Sumamente interesantes son las opiniones disidentes: cuando no se ha obtenido unanimidad al emitir la sentencia, los
magistrados que no estén de acuerdo con el contenido de la misma pueden pedir que se agregue su opinión contraria. Es
conveniente distinguirlas de las opiniones in ya que éstas, colocadas inmediatamente después de la sentencia, reflejan la
postura del juez que, estando de acuerdo con lo fundamental de la sentencia, discrepa en algún punto concreto y quiere
dejar constancia de esa ligera diferencia de opinión.
Si no existiese acuerdo entre las partes re al sentido o alcance del fallo, cualquiera de ellas puede pedir que la Corte lo
interprete. En fin, el fallo deberá mencionar los nombres de los magistrados que hayan tomado parte en él, sen firmado
por el Presidente y el Secretario, y una vez debidamente notificado a los agentes será leído en sesión pública.

3.4.5. La revisión de la sentencia. —La única causa que puede justificar la revisión de una sentencia es el descubrimiento
de un hecho nuevo, desconocido en el momento de emitir la sentencia, por la Corte y por la parte que pide la revisión, y
siempre que tal desconocimiento no sea debido a negligencia de dicha parte.

Ese hecho debe ser de tal naturaleza que pueda ser factor decisivo. La solicitud de revisión deberá hacerse dentro del
plazo de seis meses a partir del momento en que el hecho nuevo ha sido descubierto. En todo caso, no podrá pedirse la
revisión de la sentencia cuando hayan transcurrido diez años a partir del momento en que fue emitido el fallo.

La Corte abre el proceso de revisión mediante una declaración en que, a) se hace constar expresamente la existencia del
hecho nuevo; b) se reconoce que éste, por su naturaleza, justifica la revisión, y, e) se declara que hay lugar a la solicitud.

La Corte puede exigir que se ejecute el fallo antes de iniciar el proceso de revisión.

3.5. La crisis de la Corte internacional de Justicia. —En el verano de 1970, la Corte se encontró sin un solo caso que
discutir, situación en la que culminaba una crisis de confianza iniciada en realidad desde el momento de su creación. La
jurisdicción voluntaria CIS, d efecto, el pecado original de la Corte, no atribuible a ella misma precisamente, sino a los
miembros de la Organización de Naciones Unidas; que se resisten a dejar lo que ellos creen sus derechos, a la eventual
solución que pueda darle un órgano considerado imparcial. Pero también en la determinación de la composición de la
Corte, con los inevitables regateos políticos, puede encontrarse el origen del mal que aqueja a este organismo, concebido
como algo aséptico políticamente, pero realizado sobre la base de cierta representación política de Las regiones del
mundo y de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad. No es para asombrarse entonces, c los jueces
respondan en su actuación, en términos generales a motivaciones políticas, y que, consecuentemente los Estados
desconfíen de un órgano que, destinado a resolver en Derecho los conflictos da cabida a elementos políticos en sus
juicios.

Actualmente se discute acerca de la necesidad de reformar el Estatuto de la Corte, en lo que nadie disiente: el problema es
si, en esta como en otras cuestiones relativas a las reformas de la Organización de Naciones Unidas, los Estados no van a
preferir e mantenimiento de la inacción en el “statu quo”, a reformas que en su opinión podrían amenazados. Lo que sí se
modificó es el Reglamento, cuya versión más reciente fue adoptada el 14 de abril de 1978 y entró en vigor el siguiente 1º
de julio. […]

[…] 5. El Tribunal Internacional del Mar. —Una de las partes, la XV, de la Convención de las Naciones Unidas sobre el
Derecho del mar, de 1982, está dedicada a la solución de controversias en relación con el uso de los mares, considerando
allí todos los aspectos típicos de la solución pacífica: las negociaciones, bilaterales o multilaterales, la conciliación, el
arbitraje, la regla del agotamiento de los recursos internos, las medidas provisionales, etc.

Uno de los medios de solución pacífica previstos es el recurso al Tribunal Internacional del Derecho del Mar, cuyo Estatuto
figura como Anexo VI de la Convención.
El Tribunal, que tiene su sede en Hamburgo (aunque puede reunirse y ejercer sus funciones en cualquier otro lugar) está
compuesto de 21 miembros, elegidos según criterios similares a los de la CIJ: condiciones personales (“personas que
gocen de la más alta reputación por su imparcialidad e integridad y sean de reconocida competencia en materia de
derecho del mar”), y representación de los principales sistemas jurídicos del mundo y distribución geográfica equitativa.

De un modo parecido al de la C los miembros del


Tribunal, que desempeñarán un mandato de nueve años (de los primeramente elegidos, siete lo serán por tres años y
otros siete por seis años elegidos por los Estados parte, en una reunión convocada por el Secretario General de la ONU,
de una lista compuesta por los nombres que hayan propuesto los Estados parte, cada uno d los cuales puede proponer
hasta dos personas.

El Tribunal elegirá a su Presidente, por tres años, lo mismo que a un Vicepresidente, y podrá constituir salas especiales, de
tres o más de sus propios miembros.

Las controversias deben ser resueltas aplicando las normas de la Convención de l982, y el derecho internacional general,
en lo que no sea incompatible con ella. Puede también resolver ex aequo et bono, si las partes así lo convinieren.

El acceso al Tribunal está abierto a los Estados parte y a entidades distintas de los Estados, en ciertas condiciones que
señala la Convención de 1982 y el Art. 20,2 del Estatuto del TIDM, en el que se señalan las normas generales relativas al
procedimiento: iniciación mediante comunicación del compromiso y por solicitud dirigida al Secretario; medidas
provisionales; vistas; decisiones por mayoría de los miembros presentes; fallo motivado; intervención; carácter obligatorio
y definitivo de los fallos; costas, que subvencionará cada parte según le corresponda.

Para la solución de las controversias relacionadas con los Fondos Marinos (la Zona), el TIDM constituirá la Sala de
Controversias de los Fondos Marinos, eligiendo a once de sus propios miembros, según criterios de representatividad
(geográfica y de los principales sistemas jurídicos) paralelos a los de elección de los miembros del TIDM. La SCFM
constituirá una sala ad hoc de tres miembros, para conocer de cada controversia que le sea sometida, si lo solicita una de
las partes.

A finales de 1992, todavía no era posible hacer un análisis sobre el funcionamiento y el desarrollo de este TIDM así que no
se puede ir más allá, de una sumaria exposición de sus lineamientos generales, tal como aparecen en el Estatuto. […]

Fichas Bibliográficas de los documentos

Ficha Documento

20.A. SEARA VÁZQUEZ, MODESTO

DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO

Porrúa, 20ª Edic. México, 2003


Pág. 317-325, 328-336, 341-342.