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Las Campañas al Desierto y defensa de la monumental empresa de Julio A.

Roca –
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Kevin Keegan – Fundación LIBRE

Las Campañas al Desierto y defensa


de la monumental empresa de Julio
A. Roca

Kevin Keegan
Las Campañas al Desierto y defensa de la monumental empresa de Julio A. Roca –
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Kevin Keegan – Fundación LIBRE

(“El indio”) Odia a muerte al cristiano,


hace guerra sin cuartel;
para matar es sin yel,
es fiero de condición,
no golpéa la compasión
en el pecho del infiel
(“Martín Fierro” - José Hernandez,
La vuelta de Martín Fierro,
estrofa 555)
Introducción:
Nos tiene acostumbrados el poder político
oficialista a ser el pregón de la historia
argentina, de venir a señalar quiénes son los
buenos y quiénes son los malos. Viene a
Kevin Keegan
Fundación LIBRE fundar una especie de línea de revisionismo
Centro de Estudios Libertad y histórico con el objeto de moldear a su propia
Responsabilidad
conveniencia y capricho, hechos que
marcaron profundamente el curso de la historia argentina sin otro objeto que el
del rédito político y el manejo de las pasiones de la “conciencia colectiva” que
dicen representar. Existen sobrados ejemplos de ésta práctica, como la
divulgación oficial respecto de la dictadura militar y la “Guerra contra la
Subversión” llevada a cabo por las Fuerzas Armadas en contra de las
“minorías” rebeldes extremistas, guerra que ahora se ocupan de negar y a la par
exaltan la “gallardía” de sus patéticos y deplorables protagonistas, hoy
apañados por el gobierno y premiados con onerosas indemnizaciones e
importantes cargos públicos.

Otro ejemplo lo vemos con el constante agravio al período presidencial de


Carlos S. Menem (hoy aliado del kirchnerismo), al que califican de
“antipopular”, cuando ganó las elecciones con métodos, promesas y porcentajes
similares a los de los cabecillas actuales, y aún yendo más allá la incoherencia,
lo descalifican cuando existen repugnantes y embarazosas evidencias que
muestran a los detractores apoyando y encomiando a viva voz su gestión.

Mencionemos también la utilización que se ha hecho respecto de la “Guerra de


Malvinas”, donde se obviaron completamente los relatos heroicos de la gesta,
de los episodios audaces del arte militar, de los reclamos que sostiene Argentina
desde antaño con justo Título sobre las Islas del Atlántico Sur; todo esto para
recordar la crudeza de la guerra, desmerecer la memoria honrada de los
militares que con profesionalismo y espíritu, pusieron a disposición de la Patria
su vida para recuperar y defender lo que nos pertenece. Se las ingeniaron
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asimismo para sacar a relucir documentos que para muchos no eran


desconocidos, con el sólo objeto de denostar a las instituciones de defensa,
acción que nada tiene que ver con recordar los motivos y méritos del conflicto.

El tema que se trata aquí corre exactamente la misma suerte y, a diferencia de


los otros para nuestra desgracia, alcanza a una de las épocas más alejadas del
presente pero no menos importante, donde no están ya entre nosotros los
protagonistas para desmentir las fabricaciones inicuas de los desgraciados que
mancillan su buen nombre y honor, pero que certeros y vigentes son los
testimonios que nos han dejado, e indiscutibles las evidencias que demuestran
sus hazañas. Es de fundamental importancia no olvidar que esta epopeya sirvió
para conformar y consolidar de forma definitiva todo el territorio nacional, tal
como lo conocemos hoy dejando de lado discusiones limítrofes menores que se
dieron con posterioridad.

Antecedentes:
Los intentos precedentes a la Campaña del Desierto (1879) habían sido bastante
ineficaces hasta el momento, cuando menos inútiles. Parte del problema lo
presentaba la extensión inconmensurable y desconocida del territorio y la
imposibilidad de encarar la empresa con medios adecuados para la tarea.
Sumado a esto los períodos de conflicto suscitados desde 1810 con la guerra de
la independencia, de allí a las guerras intestinas entre unitarios y federales, y
hasta la consolidación política definitiva con el Pacto de San José de Flores,
terminando con la Guerra de la Triple Alianza en 1870, ocupando los recursos
militares en los mencionados conflictos.

Ya datan los malones desde tiempos anteriores al virreinato. De los primeros


que se tienen noticias fue el que sufrió don Diego de Mendoza (hermano de
Pedro de Mendoza, primer fundador de Buenos Aires) que con trescientos
soldados de infantería armados con ballestas y arcabuces y unos treinta jinetes
a su mando, se defendió en las inmediaciones del río Luján el 15 de junio de
1536 donde los indios pampas le propinaron una paliza que los hizo replegar
hasta Buenos Aires, donde resistieron el asedio pero terminan huyendo hasta el
fuerte Sancti Spiritu en la actual provincia de Santa Fe1.

En 1779 se funda el fuerte Nuestra Señora del Carmen de Patagones, sobre el río
Negro, pero no va a ser sino hasta un siglo después que la comunicación
terrestre entre el fuerte y Buenos Aires llegue a ser segura debido al asedio de
los indios. A raíz de la superpoblación de animales vacunos y equinos,
producto de la reproducción indiscriminada y salvaje de éstos, abandonados

1“Crónicas Militares: Antecedentes históricos sobre la campaña contra los indios” (José J. Biedma). Ed.
Universitaria de Buenos Aires, 1975. pág 51.
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por las previas visitas coloniales, los asentamientos aborígenes se apropian de


esta monumental fuente de víveres aprendiendo a domesticar tanto el ganado
vacuno como equino.

Para 1816, ya declarada la independencia, los territorios civilizados no


ocupaban una fracción mayor que los territorios dominados por Juan de Garay
cuando repobló Buenos Aires en 1580 hasta los límites con Córdoba, territorios
por donde el indio se paseaba a sus anchas. El cálculo a este año abarcaba la
sustracción por parte de los salvajes de unas cuarenta mil cabezas de ganado
vacuno anuales, número similar para los equinos2. Al respecto comenta el
Coronel Pedro Andrés García, encargado de diagramar la defensa de las
poblaciones para estos temas: “es cosa muy dolorosa ver a muchos de nuestros
hacendados desvelarse tres y cuatro años impidiendo ingentes caudales para establecer
un rodeo de diez, quince o veinte mil cabezas de ganado y cuando la noche de su
descanso meditaban recompensar sus fatigas, disponiendo la venta de su hacienda,
amanecieron sin una sola res por habérsela robado los indios.”3

El indio:
He aquí la razón de la discusión sobre el mérito de las expediciones al Desierto.
En primer lugar se debe considerar que se llamaba desierto a todas las pampas
deshabitadas del sur de los territorios conocidos por aquellas épocas, es decir, la
caracterización no respondía a un concepto geográfico sino demográfico, donde
si bien los indios tenían su hábitat natural, poco tenían de dueños y señores,
primero porque eran nómades, se asentaban temporariamente en tolderías y
vivían de la caza y la recolección. En segundo lugar porque sobre los territorios
en cuestión ya habían sido relevados sus límites geográficos sobre los cuales la
corona española había adquirido posesión y pasan a manos del gobierno patrio
luego de la revolución independentista. Y en tercer y último lugar, que el
concepto de “pueblo originario” configura una falacia por dos cuestiones a
tener en cuenta: la primera, si se considera “originario” algo en relación a su
procedencia, los actores que llevaron adelante las campañas al desierto son tan
o más autóctonos que los indios que combatieron, puesto que la mayoría de
estas tribus eran extranjeras e ingresaban a través de la frontera chilena. En
segundo plano: si en realidad se hace referencia a lo “originario” en relación al
linaje o genealogía ancestral, tampoco cabría la conceptualización para los
mismísimos indios y nos podríamos remontar en la discusión hasta la era de las
glaciaciones, las hipótesis paleoantropológicas del origen del poblamiento de
América y las teorías darwinianas de la evolución del Hombre. La deducción

2 Ibidem.
3 Ibidem.
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nos llevaría a afirmar que los habitantes de la media luna fértil serían los
herederos por derecho de nuestros territorios.

Los indios, como los había bravos, los había mansos. Los mansos tenían
contacto fluido con las poblaciones civilizadas, ejercían comercio y llevaban una
vida pacífica. Incluso algunos de esta clase colaboraron con los expedicionarios
militares para reducir a los primeros. Demostraron un conocimiento del terreno
palmo por palmo, y combatieron con coraje a los indios hostiles a la par de los
más experimentados militares argentinos. Ejemplos de esta conducta fueron los
caciques Coliqueo y Cipriano Catriel que pelearon codo a codo con el Gral.
Rivas y el Cnel. Boerr en la batalla de San Carlos derrotando al cacique
Cafulcurá y por su demostración de valentía fueron premiados con tierras,
sumas en metálico, caballos y vacas. Los bravos representaban una amenaza
para las poblaciones, pues su contacto con éstos no era otro que el de los
malones, saqueos, crímenes y secuestros. Fue contra ésta última clase que se
toma la resolución de combatir, no con una política de exterminio como se nos
quiere hacer creer, sino con una guerra cruda con bajas similares en ambos
bandos. Justificando aún más esta posición, ni siquiera se llevó a cabo contra los
indios locales sino que la política ofensiva recién se puso en práctica siendo
Julio A. Roca Ministro de Guerra y tuvo por finalidad hacer cesar las
hostilidades por parte de los indios araucanos originarios de Chile que tenían la
connivencia del gobierno de ese país para practicar sus actos vandálicos del
lado argentino de la frontera. Algunos de los belicosos bajaron las armas de
forma diplomática, no sin antes hacer sus exigencias extorsivas de dinero,
alcoholes y ganado como los casos de Reuque Curá, Valentín Sayhueque, entre
otros. Los indios comerciaban igual que los habitantes civilizados a quienes
asediaban: mientras éstos obtenían ganancias producto de su trabajo y esfuerzo,
aquéllos la conseguían mediante la rapiña y el vandalismo. Obtenían armas,
aguardiente y artículos que poco servían a los fines pacíficos.4

Nos ilustran la situación cotidiana de estos indios hostiles las palabras del
Coronel Manuel Alejandro Pueyrredón, militar destacado quien combatió
contra los indios araucanos y borogas: “El indio no trabaja, solamente cuida a su
caballo y hace boleadoras y botas de potro. De vez en cuando se convidan para bolear y
matar cuanto bicho encuentren en el campo. El resto del tiempo lo pasan en el toldo,
fumando o jugando con barajas o dados. Es holgazán por naturaleza. La mujer la china
lo hace todo: ella carnea, recoje leña, cocina, teje, trasquila, trae agua, cuida a los niños,
arma y desarma el toldo, no tiene descanso, hace todo el trabajo del hombre y de la
mujer, es una especie de criada, de esclava del indio que con frecuencia la maltrata y
hasta puede matarla...”5. Nota curiosa si tenemos en cuenta que las mismas

4“Centenario de la campaña del desierto” , Universidad Nacional de Cuyo - Capítulo “Campaña al


desierto y la Soberanía Nacional”, Revista de la Escuela Superior de Guerra.
5 “Memorias sobre indios” - Coronel M. A. Pueyrredón
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facciones que hoy destratan los logros de las Campañas al Desierto son las que
hacen de paladines de los derechos feministas; demostrado esto ¿seguirían las
feministas del siglo XXI levantando (entre otras) la bandera del indigenismo?
Confirman estos datos las palabras de Alfred Ébélot, ingeniero francés a quien
le ocupó la tarea de diagramar la “Zanja de Alsina” y demás proyectos durante
esos años, al respecto nos dice: “El primer cuidado que se toma el indio al volver de
una expedición, antes de abrazar a sus hijos y de apalear a sus mujeres, es apartar su
lote de caballos robados e instalarlos en un pastizal para que se repongan...”.6

El mismo autor nos figura el salvajismo de los indios: “Según las circunstancias
degüellan a los prisioneros. Ordinariamente los matan, pues les resultan embarazosos;
pero les interesan las mujeres cristianas y se esfuerzan por llevárselas a las tolderías, en
donde las desdichadas, expuestas por un lado a las brutalidades de sus amos y a sus
caricias, quizás mas repulsivas aún, y por el otro a los feroces celos de las dueñas de
casa...”.7

A riesgo de ser exagerado, menciono una anécdota para contribuir a la idea de


que no se trataban éstos, pues, de hechos aislados, sino de una conducta
generalizada y habitual. En un combate, los indios, capturan catorce negros que
luego queman vivos pensando que así era como el hombre blanco obtenía la
pólvora.8

A su excesiva cuota de salvajismo se le suma su astucia, siempre puesta al


servicio de lo indebido y lo deshonesto. Eran comunes sus pretensiones
económicas y hedonistas, a cambio de su paz. Estos tratados extorsivos para los
civilizados tenían la finalidad diplomática de evitar los malones, pero para los
salvajes la de extender por un tiempo más sus vidas llenas de placeres y vicios,
hasta que sus reservas se les acabaran y tuvieran que empezar a guerrear
nuevamente para conseguir más suministros. Ejemplo de esta conducta se dio
luego de la muerte de Cafulcurá, quien ya había sido derrotado en 1872 en la
Batalla de San Carlos. A su muerte lo reemplaza Namuncurá, quien le garantiza
al Estado Argentino no invadir a cambio de 40.000 pesos oro, 4600 vacas, 6000
yeguas y 100 bueyes, sedas, tabacos, vinos, armas, etc. Solicita así también jabón
y cuatro uniformes de general. Esta práctica fue sucesiva: el mismo Namuncurá
exige en 1874 que se le envíen trajes, 6000 animales, solicita que se levanten los
fortines pues “indios y cristianos están destinados a vivir como hermanos”, promesa
que le dura poco porque inmediatamente después invade Junín y los malones
ejercen sus rapiñas en Córdoba, Santa Fe, San Luis y Mendoza. En 1875 invade

6“Adolfo Alsina y la ocupación del desierto. Relatos de la frontera”, (Alfred Ébélot). Ed. El elefante
blanco, 1ª ed. Año 2008. p. 28.
7 Ibidem.
8“Centenario de la campaña del desierto” , Universidad Nacional de Cuyo - Capítulo
“Mendoza en la conquista del desierto”, Edmundo Correas.
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Buenos Aires dejando el saldo de 300 muertos, 400 casas incendiadas y


llevándose 500 cautivos y 500.000 cabezas de ganado robadas. Vuelto el zorro al
gallinero, en 1876 Namuncurá solicita sueldos (en tono irónico, ¿en concepto de
qué?), animales, monturas enchapadas en oro y una indemnización de 200
millones de pesos por las tierras reconquistadas. Sólo para satisfacer la
curiosidad del lector mencionamos que luego de estas tratativas Namuncurá
volvió a atacar la frontera con un malón a sus órdenes.

Sumado a estas deleznables costumbres de algunos indígenas, existían sus


habituales actividades comerciales realizadas con sus malhabidas haciendas
que tantos beneficios económicos y diplomáticos les reportaron. Imagínese el
lector conseguir a punta de lanza (literalmente) miles de cabezas de ganado
anuales y comerciarlas sin cargas impositivas del lado chileno, todo ésto bajo el
protectorado diplomático y militar de ese país. He de remarcar aquí que las
tribus que se pretendió combatir fueron fundamentalmente exógenas, las cuáles
habían ingresado desde la frontera chilena dominando y sometiendo por la
fuerza a las tribus locales. Los bienes comerciables con los que transaban sus
negocios los obtenían a razón de fuego y sangre de las poblaciones del norte de
la frontera a quienes atacaban. Al respecto menciono las palabras del Mayor
Melchert en una carta dirigida a Adolfo Alsina en el año 1875: “No cabe duda Sr.
Ministro que esta mala voluntad de parte de los indios está fomentada hábilmente por
Chile y es más probable que el chileno Navarrete, secretario de Namuncurá, proceda en
todo según inspiraciones oficiales (chilenas)9, y no es otra cosa que un empleado pagado
por el Gabinete de Santiago”.10

En resumen, y desmintiendo la “historia oficial” que el kirchnerismo ha


construido en torno a la cuestión de marras, los supuestos indios “masacrados”
no eran originarios, eran más sanguinarios que cualquier fuerza militar,
atacaban fundamentalmente poblaciones civiles y sus pingües ganancias
provenían del cuatrerismo y las negociaciones extorsivas que empobrecían al
tesoro nacional y a la riqueza de los habitantes, y que además lo hacían con el
beneplácito del gobierno chileno. Si los demiurgos de la “historia oficial” tan
nacionalistas se dicen, deberían empezar por verificar las fuentes a las que
apelan.

La campaña de Rosas:

9 Nota del autor.


10“Adolfo Alsina y la ocupación del desierto. Relatos de la frontera” (Alfred Ébélot) - Ed. El elefante
blanco, 1ª ed. Año 2008.
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Si bien se habían tomado resoluciones con anterioridad a 1833 para combatir al


malón, ninguna había sido de importancia estratégica y a gran escala territorial
como la de Juan M. de Rosas.

Rosas, terrateniente y hacendado, comprendía mejor que nadie la amenaza que


representaba el malón tanto para la seguridad de los pobladores como para el
ejercicio de las actividades ganaderas. Rosas, luego de renunciar al nuevo
mandato que se le había adjudicado en 1832, toma cartas en el asunto del indio
y propone una ofensiva a gran escala a lo ancho de todo el país y la ocupación
permanente del territorio por medio de poblaciones-cuarteles. Es pues ésta la
primera estrategia ofensiva que se toma respecto al asedio de los indios y con el
fin de asegurar la frontera de los territorios nacionales. Así, en marzo de 1833
parten tres columnas militares:

1ª) Al mando del Gral. Aldao desde el Fuerte de San Carlos, en la provincia de
Mendoza y otra columna desde San Juan. Avanzaría por el Oeste de Norte a Sur
hasta el río Limay. Toma conocimiento de las maniobras que había planeado el
cacique Yanquetruz (quien había sido derrotado por Huidobro) para malonear
en Río Cuarto, a quién derrota Aldao definitivamente tomándolo por sorpresa.
A pesar del triunfo, Aldao queda incomunicado enterándose con posterioridad
del regreso de Huidobro y encontrándose en una situación similar a la de éste
decide regresar.

2ª) Por el centro, la segunda columna al mando del Gral. Huidobro partió desde
la provincia de San Luis, quien debería batir al cacique Yanquetruz para luego
encontrarse en el río Colorado con la columna al mando de Juan M. de Rosas y
juntos someter al cacique Chocorí. Vence a Yanquetruz quien alcanza a huir
hacia el sudoeste. Huidobro toma la resolución de darle alcance y presionarlo
contra la columna de Aldao, pero luego sus tropas quedan desabastecidas,
impidiéndole ésto proseguir la marcha y debiendo tener que regresar.

3ª) Por el este avanzó la tercera columna al mando de Juan M. de Rosas; es la


única que por su preparación logró su cometido. Rosas era un conocedor de los
hábitos del indio, parte con una columna de 2000 soldados y 600 indios aliados
desde San Miguel del Monte en marzo de 1833 y establece un cuartel general en
Médano Redondo desde donde salieron diversas partidas de soldados hacia el
sur y el oeste. Su columna llegó, sable mediante, hasta Choele Choel, de ahí a la
confluencia de los ríos Neuquén y Limay y remontaron el río Colorado hasta
sus nacientes. Rosas manda a una división al mando del Gral. Pacheco, ilustre
militar, quien derrota al indio Chocorí. Luego sabiendo del regreso de
Huidobro y Aldao, Rosas decide regresar a Buenos Aires, dejando una
guarnición en Choele Choel y otra en Napostá.

En 1835 llegan a las Salinas Grandes los indios chilenos dirigidos por Cafulcurá,
quien habiendo sometido a los borogas, manda un embajador a Buenos Aires
ante Juan M. de Rosas, quien todavía no había asumido su segundo gobierno,
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para arreglar la paz; paz que a Buenos Aires le costaría 1500 yeguas, 500 vacas,
alcoholes, ropas, yerba, azúcar y tabaco que serían directamente entregados a
Cafulcurá convirtiéndolo en un “burgués hacendado” y caudillo de las
tolderías, y ejercería un “democrático” reinado de 38 años (hasta 1872)11, “como
casi todos los políticos geniales, es tan astuto y audaz como carente de escrúpulos”.12

La campaña de Rosas logra parcialmente sus objetivos debido a los


contratiempos que sufrieron Aldao y Huidobro y su consecuente regreso, lo que
comprometió la operación de Rosas, quien debió hacerse cargo con su columna.
Como resultado se aseguró la frontera de Buenos Aires principalmente, se
anexaron nuevos territorios al país y se detuvieron por un período prolongado
los malones en la provincia de Buenos Aires. Esto aumentó el prestigio político
de Rosas y su aprobación entre los hacendados a quienes les aseguró el ejercicio
de sus actividades económicas, medida también conveniente para el propio
Rosas, puesto que tenía intereses comerciales similares. Se rescataron alrededor
de 1000 cautivos, fueron muertos 2000 indios en combate y se tomaron 1200
indios prisioneros. Desgraciadamente esta operación no rindió sus frutos para
el resto de la frontera puesto que la venganza salvaje no se hizo esperar, fueron
atacadas las provincias de Mendoza, San Luis y Córdoba al poco tiempo de
terminada la campaña en 1834.

El período de Alsina:
A diferencia de Rosas y de Roca, la estrategia de Alsina no era puramente
ofensiva. En efecto, él creía que se debía limitar la estrategia a establecer una
línea de frontera fija, asegurarla de la mejor manera haciendo imposible los
malones. Esta defensa se configuraría por medio de una línea de fortines y una
zanja que en palabras de Alsina tendría por objeto “...hacer imposible las grandes
invasiones y difíciles las pequeñas.”13

La Zanja proyectada tendría unos 380 kilómetros de largo y existía la


posibilidad de hacerla llegar hasta la provincia de Mendoza, idea desechada
posteriormente debido al costo económico y la imposibilidad de realizarla
dados los recursos disponibles. Esta zanja impediría el paso de gran cantidad
de caballadas de los indios, y dificultarían aún más el regreso a través de la
misma de los malones con el ganado robado. Es así como durante la presidencia
de Domingo F. Sarmiento y siendo Alsina vicepresidente, en 1869 se dispone la

“Centenario de la campaña del desierto” , Universidad Nacional de Cuyo - Capítulo “Campaña del
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Desierto”, Dr. Pedro Santos Martínez.


12 “El santito de las tolderías”, Manuel Gálvez. Ed. Poblet, Buenos Aires, Año 1947. p. 30.
13“Adolfo Alsina y la ocupación del desierto. Relatos de la frontera” (Alfred Ébélot) - Ed. El elefante
blanco, 1ª ed. Año 2008.
Las Campañas al Desierto y defensa de la monumental empresa de Julio A. Roca –
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construcción de nuevos fortines, la excavación de nuevos fosos, se aseguran las


poblaciones y adelantan las fronteras.

En 1872 se produce la Batalla de San Carlos, donde el cacique Cafulcurá al


mando de 1400 indios ataca y es derrotado por las fuerzas regulares de la
nación y las del indio Catriel, quien era aliado de las fuerzas nacionales. Ya
derrotado se refugia y muere dos meses después. Lo sucede Namuncurá, quien
garantiza no invadir Buenos Aires a cambio de 40.000 pesos oro, 4600 vacas,
6000 yeguas y 100 bueyes, sedas, tabaco, vino, armas, jabón, uniformes de
general, etc. Un papel importante y humanitario en las relaciones diplomáticas
lo cumplió la Iglesia por medio de Monseñor Aneiros, vicario capitular de la
arquidiósesis de Buenos Aires, hombre enérgico y apostólico que no se
aminalaba en absoluto frente a los problemas y quien oficiaba de emisario y
mantenía las relaciones fluidas entre los indios y la cúpula oficial en Buenos
Aires. Namuncurá se refería a él en los siguientes términos: “lo adoramos todas
las tribus del desierto...hoy sólo no tenemos más amparo después de Dios que el Señor
Obispo quien sabrá mirarnos con ojos de humanidad y hacer cuanto esté en sus
atribuciones por esta desgraciada familia del desierto”.14

Entre 1867 y 1873 la franja entre Río Cuarto, La Carlota, Villa María y Mercedes
de San Luis había sufrido 230 malones.

Ya en 1874, siendo electo presidente Avellaneda, Alsina es nombrado Ministro


de Guerra, Namuncurá sigue insistiendo con sus pedidos extorsivos y pidiendo
que se levanten los fortines diciendo que “indios y cristianos están destinados a
vivir como hermanos”15, aunque poco tiempo después de tan pacifistas palabras
invade Junín y los malones llegan hasta Santa Fe, Córdoba, San Luis y
Mendoza. En 1875 Namuncurá vuelve a invadir Buenos Aires con 4000 indios,
deja un saldo de 300 muertos, 400 casas incendiadas y se lleva consigo 500
cautivos y 500.000 cabezas de ganado. Retorna Alsina a las tratativas de paz con
Namuncurá al año siguiente, volviendo a hacer éste exigencias absurdas de
sobornos y bienes materiales. Ya empiezan a disgustar en Buenos Aires las
actitudes permisivas de Alsina, que mostraban al gobierno bastante flexible
frente a los reclamos de los salvajes. Para ese año la zanja se encontraba casi
terminada.

Un logro importante que obtuvo Alsina fue el servicio de fronteras. Los fortines
hasta el momento presentaban la dificultad de las comunicaciones a lo largo de
toda la frontera, que hasta el momento se hacía a caballo, y requería días y
noches de galope, y por lo general cuando el mensaje llegaba a quien debía
llegar, ya los malones habían hecho de las suyas y huido. Ingeniosamente se

“Centenario de la campaña del desierto” , Universidad Nacional de Cuyo - Capítulo “Campaña del
14

Desierto”, Dr. Pedro Santos Martínez.


15 Ibidem.
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ideó un sistema de cañones en cada fortín, los que en caso de un ataque de


algún malón hacían un disparo y el estruendo avisaba al fortín siguiente que
pasaba a ruido de cañonazos el alerta. El sistema resultaba poco efectivo puesto
que durante la noche la respuesta armada era prácticamente imposible y las
guarniciones se encontraban mal equipadas. Es así como Alsina solicita recursos
al Congreso de la Nación para unir telegráficamente el despacho ministerial con
las comandancias diciendo que “no sea que paguemos en sangre lo que pretendemos
ahorrar en oro”(sic). Adhiriendo al plan se instalan cinco comandancias con
fortines intermedios, todos unidos por la zanja. Las comandancias se hicieron
en Carhué (la de mayor importancia estratégica puesto que por allí convergían
las rastrilladas16 de los malones que sacaban hacienda robada), Puán, Guaminí,
Trenque Lauquén e Italó.

En 1877 se lanza la primera ofensiva desde la campaña de Rosas, frente a la


inefectividad que había presentado la zanja y la línea de fortines. Ante la
constancia de los malones se hizo necesario configurar una operación a gran
escala para desarticular las tolderías de los malones que robaban hacienda al
norte de la frontera. La llevarían a cabo cinco columnas, una desde cada
comandancia:

1ª) Desde Carhué, al mando del Coronel Levalle.

2ª) Desde Puán, al mando del Teniente Coronel Maldonado.

3ª) Desde Guaminí, al mando del Teniente Coronel Freyre.

4ª) Desde Trenque Lauquén, al mando del Coronel Villegas.

5ª) Desde Italó, al mando del Coronel Nelson.

Esta ofensiva surtió sus efectos: desorganizó a los indios, desarticuló los
malones que por unos meses mermaron, y se pudo reorganizar la defensa de la
frontera. Alsina muere en ese año y la frontera se había asegurado desde Vutaló
hasta San Rafael.

Queda Julio A. Roca como titular de la cartera de Guerra y dispone suplir las
falencias de la estrategia de Alsina.

La campaña de Roca:
Fallecido Alsina, Avellaneda nombra a Julio A. Roca al nombre de la cartera de
Guerra. Roca, que ya había tenido explícitas diferencias con Alsina respecto de
la forma de abordar la guerra contra el indio, inmediatamente pone en práctica

16Se le llamaba rastrillada puesto que cuando los malones no montaban carga (al ataque), iban
arrastrando sus lanzas por la tierra. Las marcas características de las rastrilladas eran las
trazadas de surcos como si hubiesen pasado un rastrillo sobre el camino. (N. del A.)
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su táctica: debía adoptarse un papel ofensivo con el objeto de alejar los malones
de la frontera en la mayor medida posible y por otro lado asegurar la frontera
con Chile ya que a cada momento se hacían más evidentes las pretensiones
chilenas sobre el territorio del sur. Era consciente también de que el período que
se estaba viviendo presentaba condiciones diplomáticas y geopolíticas
excepcionalmente favorables, por primera vez en mucho tiempo Argentina no
tenía sus fuerzas ocupadas en ningún conflicto armado, ni interno ni externo,
había conseguido aliados internacionales importantes con los cuales fomentar
relaciones diplomáticas y comerciales, y las fuerzas armadas chilenas se
encontraban ocupadas en la Guerra del Pacífico contra Bolivia y Perú, lo que
estratégicamente presentaba dos beneficios:

1º) Que Chile tuviera sus fuerzas militares ocupadas en sanear el conflicto, lo
que haría imposible el apoyo militar a los indios sureños en su guerra contra el
Estado Nacional Argentino.

2º) Que dado el poderío militar argentino, Chile no arriesgaría a provocar el


apoyo a Bolivia y Perú, situación que condenaría la campaña militar chilena al
rotundo fracaso.

Es así que Roca dispone la inmediata ofensiva contra los agresivos salvajes en la
frontera para desbaratar los malones y por otro lado evitar el comercio ilícito
entre los indios y el sur de Chile, camino por donde pasaban el ganado
(llamado “Rastrillada de los chilenos y se extendía unos 1000km entre Buenos
Aires y la Cordillera). Se debía realizar un sorpresivo asalto a las tolderías más
peligrosas y se debía trasladar al sur la frontera.

Una nota particular a diferencia de la campaña de Rosas, fue que no era


puramente militar. Roca, quien aparte de ser un excepcional militar tenía una
astucia política importante (de hecho luego termina siendo electo presidente),
no deja de recalcar la importancia de que se debía realizar la expedición no
solamente con personal militar sino que debían asistirlos personal civil,
intelectuales, científicos, ingenieros, fotógrafos, misioneros, etc. Es así que la
campaña de Roca se encuentra infinitamente documentada, y fue eficacísima la
recolección de datos que se realizó del territorio, y que como explicaremos
luego, rindió sus frutos políticos y económicos.

Las operaciones comienzan en 1879, donde se forman cinco divisiones:

1ª) Parte desde Azul al mando de Roca, llega sin contratiempos en menos de un
mes a Río Negro.

2ª) Parte de Carhué al mando del Coronel Levalle y llega a Lauquén donde le
comunica a Roca “puedo asegurarle que en la parte sur de Buenos Aires y puntos
Las Campañas al Desierto y defensa de la monumental empresa de Julio A. Roca –
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reconocidos por la división de mi mando no existen indios, la pampa está limpia, sólo
queda uno que otro vagando en el último estado de miseria”(sic).17
3ª) Parte desde Sarmiento y Mercedes al mando del Coronel Racedo y llega
hasta Poitahué.

4ª) Parte desde San Rafael, al mando del Teniente Coronel Napoleón Uriburu,
fue la que combatió a los indios de manera más feroz. Llegó hasta la confluencia
de los ríos Limay y Neuquén.

5ª) Parte desde Trenque Lauquén, al mando de Hilario Lagos.

Luego en 1881, Roca prosigue la marcha con tres partidas más controlando Río
Negro y Neuquén. Para 1883 había asegurado la frontera con Chile. Se presiona
a los indígenas hacia el sur logrando la rendición de Manuel Namuncurá, a
quien se le respetan sus cargos y fueros. En 1884 se realizan las últimas
ofensivas contra los indios rebeldes que no se habían plegado a la rendición, y
aún contando éstos con el apoyo ya oficial de milicias chilenas, fueron
derrotados.

La visión estratégica y geopolítica de Roca. Sus efectos posteriores:


A diferencia de las medidas tomadas anteriormente por Rosas y por Alsina que
primordialmente procuraban asegurar la defensa de los territorios ya
dominados y garantizar la tranquilidad de las poblaciones, la visión de Roca se
enfocó en la posteridad y los efectos a largo plazo que traería la anexión de
nuevos territorios y la eliminación que significaba la amenaza del indio a los
pobladores. Roca, más que nadie, era consciente que mientras el negocio de los
cuatreros fuera auspiciado por los mercados chilenos no cesarían los ataques
contra la frontera. Roca había remarcado la importancia de desarrollar un plan
económico de aumento de producción y de las exportaciones, pero ello era
naturalmente imposible en tanto no se lograra la consolidación de los límites y
la eliminación de la amenaza que significaban los malones. El desarrollo de la
Campaña al Desierto de Roca llevó consigo a las poblaciones más inhóspitas
todos los progresos científicos del momento en materia de educación, salud, etc.
Acercó las comunicaciones con la metrópoli por medio del telégrafo y que luego
se reforzarían por medio de las líneas férreas que favorecerían al florecimiento
económico más grande que tuvo el país en su historia. Argentina pasó de
importar trigo a ser el tercer productor más grande a nivel mundial después de
Rusia e India para la primera década del siglo XX, logro que hubiera sido
imposible de no haberse afianzado los límites territoriales, ni destinado cada
palmo de tierra a la producción económica, apoyada ésta en el desarrollo del

“Centenario de la campaña del desierto” , Universidad Nacional de Cuyo - Capítulo “Campaña del
17

Desierto”, Dr. Pedro Santos Martínez.


Las Campañas al Desierto y defensa de la monumental empresa de Julio A. Roca –
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ferrocarril para que se pudiera transportar hasta el puerto. Se comienza con la


cruza de vacunos y se instala la industria frigorífica, se expande la cría de
ganado ovino, la población crece y se atrae la inversión extranjera. El Coronel
Manuel Olascoaga sintetizó los logros obtenidos por Roca entre mediados de
1878 y 1879 aplicando las órdenes emitidas a éste por el Congreso:

a) Pacificación del sur de la República.

b) Habilitación de 20.000 leguas integradas al territorio nacional.

c) Integración de 14.000 indios y civilización de las poblaciones


salvajes.

d) Recuperación y liberación de cautivos por centenares.

e) Eliminación del malón y la consecuente seguridad de las


poblaciones.

f) Fin de la especulación limítrofe que desplazaba periódicamente el


límite de la Cordillera.

g) Ahorro de ingentes sumas del tesoro público para el pago de


tributos y otras concesiones infecundas hechas con el fin de asegurar la
amistad de las tribus beligerantes.

h) Revelación de misterios topográficos del desierto y toma de


riquezas ignoradas.

i) Ocupación de zonas andinas desiertas que servirán para el futuro


de asiento de poblaciones civiles.

j) El acrecentamiento territorial, obligó a la modernización de las


Fuerzas Armadas (tarea que ocupó luego al Gral. Ricchieri), que con el
sentido Nacional dado por la Ley Nº 4031 llegan a estar en condiciones de
poner el país al abrigo de cualquier pretensión extranjera, asegurando la
soberanía Argentina de forma terrestre y marítima.

Entre otras ventajas, obliga a Chile a firmar en 1881 un tratado de límites por el
cual renuncia a las pretensiones sobre territorios patagónicos, reconociéndolos
como parte del territorio de la República Argentina.

Fundan estos motivos las comunicaciones de Roca con el Congreso de la Nación


a quien comunica en mayo de 1883: “La Patagonia comienza a rendir beneficios, la
población aumenta y la educación es atendida por un Consejo Escolar, funcionan
escuelas y el régimen judicial y municipal está a cargo de un juez de paz y una
Municipalidad que se renueva anualmente” (sic).
“Nuestros acantonamientos militares del sur están situados al pie de los Andes, que son
al fin nuestra acutal y definitiva frontera oeste”. “El jefe de la oficina de Ingenieros
Militares se encuentra recorriendo la parte austral del territorio para completar el plano
Las Campañas al Desierto y defensa de la monumental empresa de Julio A. Roca –
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Kevin Keegan – Fundación LIBRE

general de la República...” (sic). Mayo de 1885: “Las líneas férreas siguen avanzando,
el ferrocarril andino ha sido inagurado a Mendoza y San Juan. A principios de 1881 el
país tenía 2394km de vías llegando a 4128km en la actualidad.” (sic).18

El mito del genocidio indígena:


Es ésta la principal causa por la que se pretende desacreditar tan monumental
empresa con tan brillantes logros. Se pretende impugnar los méritos con un
fundamento que es, en primer lugar cuestionable en relación a los hechos, y en
segundo lugar incoherente con el método histórico con el cual se pretende
analizarlos. Al primero lo podríamos identificar con el pretexto del “exterminio
indígena”, erróneo el concepto, puesto que las cifras lo desmienten: se
computan 1313 indios muertos en combate, 1217 indios capturados, 1049 indios
desarmados y 10.539 indios de chusma19 reducidos. Un total de 2530 indios
habían hostigado hasta el momento a la República Argentina.20

En primer lugar por las cifras se deduce que de haberse tratado de un


exterminio se habría realizado por motivos de raza o religión, primer
argumento rebatido porque fue contra los indios violentos que atacaban la
frontera. Los indios pacíficos o bien no representaban amenaza y se los dejaba
en paz, o se los incorporaba a las poblaciones civiles más cercanas, o incluso
eran ellos mismos los que acudían al Estado Argentino buscando protección de
las otras tribus salvajes que pretendían someterlos. En segundo lugar las cifras,
segundo argumento rebatido. Demuestran las aquí presentadas que de haberse
tratado de un exterminio mostrarían una desproporción exagerada entre los
muertos y los capturados, aún cuando los muertos que figuran aquí hayan sido
en combate. Se pretende hacer figurar entre estas cifras aquellos indios que
murieron por enfermedades, inanición y por causas que no son imputables a las
fuerzas militares argentinas, incluso aquellos que fueron muertos a manos de
las tribus enemigas que los supieron atacar.

Se supo tratar con respeto y honor a los indios que se rindieron, tal fue el caso
de Namuncurá, quien una vez sometido, fue tratado con decoro. El gobierno
argentino, una vez liberado, le cedió tierras en el Aluminé como muestra de
gratitud por haber negociado la paz.

Otro mito respecto del asunto es la oportunidad del desencadenamiento de los


conflictos. Se pretende hacer creer que Roca tomó la iniciativa de arrasar con los

18“Centenario de la campaña del desierto” , Universidad Nacional de Cuyo - Capítulo “Campaña al


desierto y la Soberanía Nacional”, Revista de la Escuela Superior de Guerra.
19 Inofensivos (ancianos, mujeres y niños)
20“Centenario de la campaña del desierto” , Universidad Nacional de Cuyo - Capítulo “La Conquista
del Desierto y la maduración de la conciencia territorial”, Arq. Patricio Randle.
Las Campañas al Desierto y defensa de la monumental empresa de Julio A. Roca –
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indios. En primer lugar, él no decidió absolutamente nada por su sola voluntad,


pues era ministro de Guerra a las órdenes del presidente Avellaneda y sus
expediciones salieron decretadas por el Congreso. En segundo lugar que los
motivos que tenían eran bien fundados en la seguridad de la frontera. Para
ilustrar un poco sobre el asunto transcribo las cifras presentadas por el Coronel
Castro Barros con anterioridad a las expediciones de Roca:
“Las rapiñas costaron una fortuna no menor a 200 millones de francos en 20 años:
- 400.000 cabezas de ganado entre 1854 y 1856 valuadas en $1.600.000.

- Pérdidas materiales por saqueos e incendio valuadas en $1.500.000.

- Tributos pagados los indios en 20 años valuados en $3.200.000

- Depredaciones en 20 años valuados en $40.000.000

- Sostenimiento del ejército en 20 años valuado en $40.000.000” (sic)21

En palabras de Alsina dirigiéndose al Congreso de la Nación: “En una palabra el


plan del Poder Ejecutivo es contra el desierto para poblarlo y no contra los indios para
destruírlos” (sic).22

Ha sido calificada de genocidio esta campaña principalmente por el marxismo,


ya que en palabras del Arq. Randle es más “conspiración” que “doctrina”.
Sucede pues que tienen más predicamento estos razonamientos por ser
esquemas sencillos del modernismo que por responder de forma razonable y
lógica a los hechos. Comienza esta cruzada marxista en el año 1973, con una
exposición en la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires (así se la
llamó a la UBA durante el rectorado de Rodolfo Puiggrós, esponsoreado por la
organización “Montoneros”), llamada “Patagonia 12.000 años de historia”.
Entre las diversas aseveraciones sostenidas, la expedición al desierto “se habría
hecho para satisfacer los intereses de la burguesía terrateniente por cuya cuenta corrió la
financiación de la campaña del desierto y Roca pudo preparar el terreno para su propia
candidatura”.23

Este argumento, salvo por la contemporaneidad de Marx con la época en la que


se desarrollaron las expediciones poco tiene que ver, pues la problemática que
se encargó de resolver, en absoluto estaba relacionada con la dialéctica de clases
que plantea el marxismo, y en segundo lugar sus anales históricos se remontan

“Fronteras y territorios federales de las pampas del sur”, Castro Barros, Ed. Hachette, Buenos
21

Aires. p. 65
22Adolfo Alsina y la ocupación del desierto. Relatos de la frontera” (Alfred Ébélot) - Ed. El elefante
blanco, 1ª ed. Año 2008. p. 12
23 “Centro de recuperación de la cultura popular José Imbelloni” , Imprenta de la UBA, 1973.
Las Campañas al Desierto y defensa de la monumental empresa de Julio A. Roca –
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hasta la época de la conquista, donde ni Marx ni Roca existían todavía. Por ende
son inoperantes las categorías de la filosofía marxista al conflicto.

Siendo aún más pragmáticos y menos abstractos, sólo el tercio de los latifundios
se utilizaron para financiar la campaña y la comparación de las elecciones de las
democracias modernas con las de antaño es por menos ridícula.

Otro argumento que se presta a discusión es que “en tanto la guerra del Gral.
Victorica inicia en 1884 en el Chaco es de desculturización. No sólo eran necesarios los
bosques sino también los brazos aborígenes y criollos que los talasen...entre el ovejero y
desierto sur y el monte espeso y húmedo del Chaco se inscriben páginas de muerte,
exterminio y explotación que marcaron a fuego las raíces nativas de nuestra
nacionalidad. Estas acciones bélicas por parte de las oligarquías terratenientes fue
claramente genocida.”24

Es lógico que reniegue la izquierda de la histórica proeza de consolidación


territorial, puesto que se le hace menester explotar ideológicamente todo
supuesto antagonismo de clases. Históricamente el marxismo se ha hecho un
festín filosófico respecto del indigenismo en América, a lo largo y a lo ancho,
que manipula el resentimiento de los aborígenes contemporáneos, haciéndoles
creer que existe un abuso al que están sometidos.

El marxismo al no reconocer nacionalidades (puesto que únicamente identifican


clases sociales), poco les importa explicar si los araucanos, borogas, etc. estaban o
no al servicio de Chile, o que hayan practicado el saqueo y el secuestro como
modus vivendi. Sólo habría faltado una comisión de derechos humanos
escandalizada del trato dado a los restos del malón y que no reparase en
absoluto en los estragos cometidos por los indios durante más de un siglo.

Agregada a la idiotez local, se suma la astucia externa, puesto que eran cuando
menos evidentes los intereses chilenos sobre la Patagonia y las pampas hoy
argentinas. Para no hastiar más al lector (ya que he hecho referencia al asunto ut
supra), no quiero dejar de citar textualmente palabras incluidas en la revista
chilena Vigilia, sobre una publicación autorizada por el Ejército de Chile: “A
partir de ese año (1878) el ministro de guerra del Presidente Avellaneda, general Julio
A. Roca, inició un plan de ocupación total de la Patagonia por el ejército. Con el
pretexto (sic) de la amenaza indígena dio comienzo a la “extinción del indio salvaje y
por lo tanto su eliminación entre los componentes de mezcla de razas que se forma en
nuestro país”. Esta campaña de conquista del desierto habría de culminar el 24 de mayo
de 1879 en las márgenes del río Negro. Su ejecución significó a la Argentina asegurarse
la posesión de 436.000km2 que no le pertenecían, y que en el mejor de los casos deberían
haberse sometido al arbitraje.”25

24 Ibidem.
25“Revista Vigilia”, Santiago de Chile, Año II, vol. 2, Nº 12, Agosto 1978. p. 35. “Los dichos del
presente trabajo pertenecen al memorial del Ejército, quien ha autorizado su publicación.”
Las Campañas al Desierto y defensa de la monumental empresa de Julio A. Roca –
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Kevin Keegan – Fundación LIBRE

Si la campaña al desierto fue realizada tomando la amenaza indígena como un


mero pretexto, las bajas sufridas por los araucanos, meras víctimas propiciatorias
de un supuesto imperialismo de Argentina, darían las características de lo que
hoy se da en llamar un genocidio.26

Más evidente imposible. Tal categoría no se condice con los tiempos en los que
se pretende aplicar, y menos aún a la luz de los hechos relatados anteriormente.
Incluso se sugiere dirimir el conflicto limítrofe por medio del arbitraje, situación
que supone la contraposición de partes. Una era la argentina, y dudo mucho
que del otro lado de la mesa se fueran a sentar los indios. Es patente el hecho de
que la diplomacia chilena pretendía entonces adquirir para sí los territorios en
cuestión.

Colofón:
Volviendo a lo que se explicó al principio: se pretende fijar una “historia
oficial”, siempre sometida a los valores e intereses de quienes la dictan, e
ignorando de forma absoluta los datos históricos que revelan una versión
absolutamente distinta, independientemente de que sean éstos merecedores de
aprobación o reprobación alguna.

Sumado a esto, se valen de categorías o conceptos actuales para descalificar o


felicitar conductas del pasado. Es así como por impulsar una campaña “contra
los indios” Julio A. Roca debe ser calificado de “genocida”, figura jurídica
actual, inexistente al momento histórico al que lo pretenden aplicar. Del mismo
modo aprueban como “lucha por los ideales”, por ejemplo, las conductas del
Che Guevara, que teniendo en cuenta el marco jurídico internacional vigente al
momento de éstas, sí configuran un exterminio.

Analizando los méritos expuestos, podríamos resumir que de no haber sido por
la obra de Roca, muy distinta sería la situación territorial y desde luego nunca
se hubiese llegado al desarrollo social, político y económico alcanzado luego de
la Campaña del Desierto y sin dudas el país sería algo muy diferente al que
estamos hoy acostumbrados.

Por último, no tiene absoluta coherencia que quienes sostienen intelectualmente


esta posición, también de forma oficial legitiman a los terratenientes más
poderosos de la región que Roca consiguió anexar y que hoy conforman la
pandilla de dirigentes nacionales. Es curioso también el dato que la primera
iniciativa de llevar tal empresa a cabo fue de Juan M. de Rosas, toda vez que a
éste lo “honran” nombrando un instituto de “revisionismo histórico” con su
nombre, al segundo (Roca) pretenden borrarlo de los anales de la historia

26“Centenario de la campaña del desierto” , Universidad Nacional de Cuyo - Capítulo “La Conquista
del Desierto y la maduración de la conciencia territorial”, Arq. Patricio Randle.
Las Campañas al Desierto y defensa de la monumental empresa de Julio A. Roca –
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argentina, suplantando su nombre en calles por el de un político “mártir del


pueblo” que se enriqueció a costa de las arcas públicas y dejó viuda a la actual
presidente. Pretenden también eliminarlo de la moneda nacional,
reemplazando su busto por el de Eva Perón, que no representó al Estado
Nacional desde ningún cargo público, y menos aún consiguió tan grandes
logros para la Nación como Julio A. Roca.

En resumen, se pretende marcar una tendencia “revisionista”, metodología de


investigación que puede llegar a ser efectiva a los fines del carácter científico de
la historia (no soy historiador y estoy aventurando sobre el asunto), pero si
“revisar” la historia implica manipular una “conciencia colectiva” perdiendo
toda rigurosidad científica, se trata ya de un “REVERSIONISMO HISTORICO
IDEOLOGIZADO” en lugar de la búsqueda implacable de la verdad histórica.
Las Campañas al Desierto y defensa de la monumental empresa de Julio A. Roca –
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Kevin Keegan – Fundación LIBRE

Bibliografía:

- “Crónicas militares: antecedentes históricos sobre la campaña contra los


indios” - José J. Biedma, Buenos Aires, ed. Eudeba 1975.

- “Campañas del desierto, expediciones premiadas” - José E. Rodriguez,


Buenos Aires, ed. Lopez 1927.

- “Adolfo Alsina y la ocupación del desierto: relatos de la frontera” -


Alfred Ébélot, Buenos Aires, ed. El Elefante Blanco 2008.

- “La guerra al malón” - Manuel Prado, Buenos Aires, ed. Universitaria de


Buenos Aires 1965.

- “Campaña del desierto: 1878-1884” - Archivo General de la Nación


Argentina, Buenos Aires 1969.

- “Centenario de la campaña del desierto: homenaje de la Universidad


Nacional de Cuyo” - Autores Varios, Mendoza, ed. Universidad Nacional de
Cuyo 1980.

- “Las caballadas en le guerra del indio” - Eduardo E. Ramayón, Buenos


Aires, ed. Eudeba 1975.