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Caso

El caso Estados Unidos contra Microsoft fue un conjunto de acciones legales planteadas
contra Microsoft Corporation en virtud de la Sherman Act 1890 Sección 1 y 2 el 8 de mayo
de 1998 por el Departamento de Justicia de Estados Unidos (DOJ) junto con 20 Estados. Joel
I. Klein fue el fiscal principal. La parte acusadora planteó que Microsoft abusaba de su poder
monopólico en las computadoras personales con núcleos Intel en cuanto a la gestión de las
ventas del sistema operativo y del navegador web. el tema central del caso consistía en si se
le permitía a Microsoft juntar en un mismo paquete su producto de software estrella de
navegación de la web (Internet Explorer) con su sistema operativo Microsoft Windows. Se
planteaba que el juntarlos en un mismo paquete fue la principal razón del éxito de Microsoft
en la guerra de los navegadores ya que cada usuario de Windows contaba con una copia del
Internet Explorer. Se indicó en la acusación que este hecho restringía el mercado de la
competencia de navegadores de web (tales como Netscape Navigator u Opera) que eran
lentos en descargar a través de un módem o que debían ser comprados en una tienda. En el
trasfondo de este caso se encontraban temas tales como si Microsoft había alterado o
manipulado sus application programming interfaces (APIs) para favorecer al Internet
Explorer por sobre navegadores de otros fabricantes, la conducta de Microsoft al establecer
acuerdos de licencias restrictivos con los original equipment manufacturer (OEMs), y las
intenciones que perseguían las conductas de Microsoft.
Microsoft afirmó que el juntar en un paquete a Microsoft Windows e Internet Explorer fue
el resultado de un proceso de innovación y competición, que los dos eran ahora partes de un
mismo producto y se encontraban íntimamente interconectados y que los consumidores
estaban recibiendo todos los beneficios de IE de manera gratuita. Aquellos que se oponían a
la posición de Microsoft alegaban que el navegador aún era un producto distinto y separado
que no tenía porque estar acoplado con el sistema operativo, dado que existía una versión
separada de Internet Explorer para la Mac OS. Ellos también afirmaban que IE en realidad
no era gratuito ya que sus costos de desarrollo y marketing podrían haber ayudado a mantener
el precio de Windows más elevado de lo que de otra forma hubiera tenido. El caso fue juzgado
por el Juez Thomas Penfield Jackson en la Corte de Distrito del Distrito de Columbia.
Inicialmente el responsable de representar la posición del Departamento de Justicia fue David
Boies.
ACUERDO FINAL
El 2 de noviembre de 2001, el Departamento de Justicia llegó a un acuerdo con Microsoft
para resolver el caso. El acuerdo propuesto requería que Microsoft compartiera sus
application programming interfaces con otras empresas y designara un grupo de tres personas
quienes tuvieran pleno acceso a los sistemas, registros y códigos fuentes de Microsoft durante
cinco años para segurar se cumpliera con los términos del acuerdo. Sin embargo, el
Departamento de Justicia no requería que Microsoft cambiara ninguna porción de su código
ni prevenía que Microsoft "atara" otros software con Windows en el futuro. El 5 de agosto
de 2002, Microsoft anunció que realizaría ciertas concesiones para posibilitar el acuerdo final
antes del veredicto del juez. El 1 de noviembre de 2002, el juez Kollar-Kotelly emitió su
sentencia aceptando la mayoría de lo propuesto en el acuerdo negociado por el Departamento
de Justicia. Nueve estados (California, Connecticut, Iowa, Florida, Kansas, Minnesota, Utah,
Virginia y Massachusetts) y el Distrito de Columbia (que habían trabajado en el caso junto
con el Departamento de Justicia) no estuvieron de acuerdo con el acuerdo propuesto,
sostenían que el mismo no tenía el alcance suficiente para recortar las prácticas empresariales
anticompetitivas de Microsoft. El 30 de junio de 2004, la Corte de Apelaciones aprobó por
unanimidad el acuerdo con el Departamento de Justicia, rechazando las objeciones en cuanto
a que las sanciones eran inadecuadas.

Los estados en disidencia consideraron que el acuerdo era solo una palmada en la muñeca.
Robert X. Cringely un especialista de la industria consideró que no era posible una división,
y que "ahora la única forma en que Microsoft puede desaparecer es solo si se suicida."9
Andrew Chin, un profesor de leyes antimonopolio en la University of North Carolina at
Chapel Hill que ayudó al juez Jackson a analizar el caso, escribió que el acuerdo le otorgaba
a Microsoft "una inmunidad antimonopolio para licenciar Windows y otros 'softwares de
plataforma' bajo condiciones contractuales que destruyen la libertad de competencia."

Eben Moglen destacó que la forma en que se le exigió a Microsoft que abriera sus APIs y
protocolos solo era útil parar “interoperar con un Producto para el Sistema Operativo
Windows”, y no para implementar soluciones para esos APIs y protocolos en cualquier otro
sistema operativo competidor