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TRES DE TRES F

Tres comedias de microteatro para tres personajes femeninos

Juan Pablo Goñi Capurro


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SECRETOS DE LAVANDERÍA

CINTIA
LUCRECIA
SRA. CRISTINA

Cuarto de lavadero de hotel, traen cestas con ropa sucia, sábanas, etcétera.
Primero llega CINTIA, saca una sábana, la huele, llega LUCRECIA con su
carga. Hay un lavarropas o una cesta mayor donde van dejando las prendas.
LUCRECIA: ¿Y?
CINTIA: Apurada, recién empecé.
LUCRECIA: Tomate tu tiempo, cuando quieras.
CINTIA: Demasiado nos corre el hotel como para que ahora me apures vos.
LUCRECIA: Dale, Cintia, ¿se la puso o no se la puso?
CINTIA: Yo no… fíjate vos.
LUCRECIA huele, con desesperación, deja caer sus cosas al piso.
LUCRECIA: Es el olor de él, seguro.
CINTIA: Con razón te enojaste cuando te cambiaron de piso.
LUCRECIA: ¿Nunca te lo cruzaste en el ascensor? Se pone colonia como si
tuvieran que olerlo en Europa.
CINTIA: Tira la plata, en Europa no huelen los perfumes.
CINTIA tiene una funda de almohada, la mira, en tanto LUCRECIA sigue con la
sábana enloquecida.
LUCRECIA: ¿De dónde sacás esas cosas Cintia?
CINTIA: Me contó la Pepa.
LUCRECIA: ¿Qué va a saber la pepa si es gallega? che, a ella no la huelo…
¿qué te dije? ¡No la tocó! Es un caballero, de verdad era la sobrina, como dijo
cuándo la anotó. Todo un hombre, de verdad.
CINTIA: ¡Qué la inocencia te valga!
LUCRECIA arroja la sábana a lavarropas y mira a CINTIA sosteniendo la
funda. CINTIA la hace ondear como una bandera.
LUCRECIA: ¿Qué pasa?
CINTIA: ¿Ahora?, nada; ¿qué pasó?, preguntaría yo.
LUCRECIA: Estás insinuando…
CINTIA: Estoy insinuando que esta mancha viscosa no es una pincelada de Da
Vinci.
LUCRECIA le manotea la funda, la huele, la deja hacer.
LUCRECIA: Es un asco… si acabó ahí…
CINTIA: Es todo un caballero, como dijiste, la corrió justo a tiempo para no
terminar en la boca de la sobrinita. Che, ¿ese calzón?
LUCRECIA: Lo olvidaron en la ciento quince.
CINTIA: ¿La ciento quince? Pero ahí había dos varones, los que venían al
torneo de karate.
LUCRECIA: Y la bombacha…
CINTIA: ¿También la pintó Da Vinci?, ¿del lado de la cola?
LUCRECIA: Este hotel es un asco, vamos a tener que pedir extra por trabajo
insalubre.
CINTIA: ¿Cuál sería el de la bombacha? Para mí el más bajito, el que tenía
cara de japonés. Los japoneses son libidinosos.
LUCRECIA: No era japonés, era una delegación de…
CINTIA: Averiguaste bien, parece.
LUCRECIA: Uf, mejor seguimos… fíjate lo que hicieron en la ciento dieciocho
con las toallas, ¿no saben para qué existe el papel higiénico?, ¿no saben que
hay que pasar por el bidet antes de secarse, no después?
CINTIA: ¿La ciento dieciocho? Ah, ahí pusieron al conde, se debe haber
cagado encima otra vez.
LUCRECIA: ¿Otra vez?
CINTIA: Se confunde los estímulos. Pone una porno, pero en vez de parársele,
se caga. Y no llega al baño.
LUCRECIA: Menos mal que soy yo la que averigua…
CINTIA: No podés no conocer al conde, Lucrecia. Y si no querés que te toquen
esas sorpresitas, esquivá el primero, el segundo y el tercero.
LUCRECIA: ¿Por qué?
CINTIA: Ahí es donde cagó el conde.
LUCRECIA: ¡Mirá la sábana! Lo bueno es que el piso estaba limpio.
CINTIA: Lo limpia con la toalla.
LUCRECIA: El colchón también estaba limpio.
CINTIA: Lo da vuelta, sabe que un par de horas aguanta sin que se filtre el olor.
LUCRECIA: ¿Lo da vuelta?
CINTIA: Ajá. Y, si no me equivoco, el conde se largó, así que pronto habrá…
LUCRECIA: ¡Me rajan!
LUCRECIA sale corriendo.
CINTIA: Lo que le falta a esta piba. A ver qué más trae. Ropa para lavar, sí,
tiene que ser el matrimonio de la ciento dos, esa es incapaz de limpiar algo. A
ver… caquita en los calzones, mirá vos, la señora, tanta minifalda y se pasea
toda… ¡Los agujeros que tiene esta tanga!, ¡apolillada está!
Oye pasos, tira la ropa a la pila. Ingresa CRISTINA.
CRISTINA: Aló… ¿la chica esta, de nuestra habitación, no está por acá?
CINTIA: ¿Y su habitación es?
CRISTINA: La ciento dos, querida.
CINTIA: Ah, la chica no está.
CRISTINA: Es que le había encargado que trajera ropa para lavar.
CINTIA: ¿Cambió de idea?, ¿dice que estaban para otra usadita?
CRISTINA: Ay, no, cómo se le ocurre. Es que la… señorita doméstica se
confundió.
CINTIA: Y trajo la ropa limpia.
CRISTINA: ¿Es que no me va a dejar acabar una frase?
CINTIA: Acabe todo lo quiere, después se arregla con su marido. (mira el
interior de su cesta) ¿Qué dejaron…? Téngame.
CRISTINA recibe una funda, la toca asqueada, mientras CINTIA rebusca.
CRISTINA observa mejor la funda, la huele.
CRISTINA: Ah, esto es…
CINTIA saca la cabeza, mira la funda que sostiene CRISTINA.
CINTIA: Leche, señora.
CRISTINA: ¡Es repugnante!
Deja caer la funda al piso, en tanto CINTIA extrae corpiños rellenos.
CINTIA: ¡Ah! ¡Yo sabía que esa piojosa no se había operado!
CRISTINA: ¿Los rellenó con gomaespuma?
CINTIA: Sí, de un colchón usado, fíjese, hasta olor a meada de los
muchachitos tiene. Huela, huela…
CRISTINA: Gracias, no es necesario. Ahí está la funda con…
CINTIA: La leche, sí, ¿se fijó?
CRISTINA: ¿Qué cosa?
CINTIA: La leche, si no era de su marido.
CRISTINA: ¿Mi marido, qué tiene que ver mi marido? Eso no viene de nuestra
habitación.
CINTIA: Por eso mismo le pregunto, si fuera de su habitación ya sabría que se
trataría de la leche del conserje…
CINTIA se tapa la boca, CRISTINA amaga protestar pero se calla.
CINTIA: Digo su marido porque esa funda es de la doscientos nueve, donde
hay una huésped muy peculiar…
CRISTINA: Prefiero… Mi marido sería incapaz de…
CINTIA: Hablar con el conserje.
CRISTINA: ¿Por qué mejor no me dice dónde está la ropa que trajo la chica?
Deje, que me hago cargo.
CRISTINA se agacha, mete manos en el lavarropas, CINTIA la cubre con su
cuerpo mientras sigue sacando su ropa. LUCRECIA regresa agotada.
LUCRECIA: Cambié el colchón, uf, le puse el que tiene el conserje en el
despachito, para la noche; total, a la noche yo no estoy. Hablando del conserje
¿sabés la nueva? El conserje se mueve a la miserable…
CINTIA: Cintia, ¿de qué miserable hablás?
LUCRECIA: Esa que vos decís que tiene un cocodrilo en el bolsillo, che, la
rotosa…
CRISTINA se pone de pie.
CINTIA: Mirá vos el conserje, moverse a la rotosa, porque también se mueve a
la señora Cristina, ¿no lo sabías?
Pausa incómoda donde todas se miran.
CRISTINA: Señorita, otra vez se trajo la ropa que iba para la donación de
Cáritas en vez de traerse la ropa para lavar.
LUCRECIA: Pero la ropa que traje estaba sucia.
CRISTINA: ¿No pretenderá que la haga lavar si la voy a donar, verdad?
CINTIA: Si se trajo la de Cáritas, ¿qué hizo con la sucia?
LUCRECIA: Yo no hice nada, me traje la pila de ropa sucia, lo demás lo dejé
ahí.
LUCRECIA retoma la tarea con su ropa, buscando eludir la discusión.
CRISTINA: Ahí no está. En la pieza, mi ropa de primera marca, recién
estrenada, la que lavo tras un solo uso, no está.
LUCRECIA: ¿Usted me está tratando de ladrona?
CRISTINA: Otra persona no entró al cuarto.
LUCRECIA le arroja lo que tiene en la mano, le cae sobre la cabeza.
CRISTINA: ¡Qué asco! Esto está…
CINTIA: (tras olerla) Meada, debe ser de la turca, en la ciento siete. Cada vez
que acaba, se mea, no sé qué problema tiene.
LUCRECIA, furiosa, de brazos cruzados, mira a CRISTINA. CRISTINA lo nota
y la imita. CINTIA mira a una y a otra.
CINTIA: ¿Pelea de mujeres? Esperen, que aviso a conserjería.
CRISTINA: ¿Por qué a conserjería?
CINTIA: No te asustes, linda. A conserjería, para que graben la cámara esta,
que va a tomar toda la lucha.
CINTIA hace poses de lucha, luego sale.
CRISTINA: Yo… no pienso dar un espectáculo para las cámaras.
LUCRECIA:…
CRISTINA: Yo…soy una dama.
LUCRECIA:…
CRISTINA: Yo solo quiero lo que me pertenece.
LUCRECIA reacciona con velocidad, busca y reúne una docena de prendas, se
las arroja.
LUCRECIA: Eso es suyo.
CRISTINA: Querida, ya te expliqué, esto es para Cáritas.
LUCRECIA:…
CRISTINA: Muy bien, si lo preferís así, ya mismo voy a hablar con el gerente
sobre el servicio de limpieza.
LUCRECIA: Perfecto, y yo, ya mismo, voy a hablar con su esposo sobre el
servicio de conserjería.
Ambas quedan mudas. Regresa CINTIA.
CINTIA: Gracias por esperarme, ¿dónde me siento? ¿Qué pasa?, ¿necesitan
que haga de árbitro?
LUCRECIA: No va a ser necesario, la señora se va.
CINTIA: Pero señora Cristina, ¿cómo nos va a hacer algo así? Ya hay una
docena de personas concentradas en el monitor, más de cinco mil pesos de
apuestas, no puede retirarse sin pelear.
CRISTINA, mirando la cámara, hace el gesto de Fuck you.
CINTIA: ¡Eso! Como en el boxeo de verdad, dale Lucrecia, hacé algo vos
también, para que el público se entusiasme. No hay que perder audiencia.
LUCRECIA: ¿Audiencia?
CINTIA: Filipo, el ascensorista, lo está tomando con el celular, trasmite directo
para Facebook.
CRISTINA: Esto es demasiado.
CINTIA: No se vaya, no nos deje sin pelea, Lucrecia, ponele la pata, hacela
caer…
CRISTINA se va.
CINTIA: Yo a vos no te entiendo, ¿te dejás pisotear así por esta roñosa?
LUCRECIA: Tranquila, esta noche se va a acordar de mí.
CINTIA: ¿Esta noche?
LUCRECIA: ¿Te olvidaste del colchón que cambié? En la mierda del conde se
va a revolcar.
CINTIA: Ay… ¿será difícil poner una cámara ahí?
LUCRECIA: ¡Cintia! Terminemos con esto de una vez.
Vuelven a su tarea, pasando prendas al lavarropas o cesta grande.
LUCRECIA: ¡Cintia! ¡Mirá esta sábana!
CINTIA: ¡Volvió Asco man!
LUCRECIA: ¿quién?
CINTIA: Asco man, el de la…
Las voces van bajando, la luz desciende hasta apagarse.
Fin

PALABRA DEL SEÑOR

LILA: dueña de casa, corta de vista


MECHA: Visita, trae las masas
TINA: Visita, trae la ouija

Comedor, con una mesa y tres sillas. Sobre la mesa, una biblia y un rosario.
Ingresa LILA, detrás MECHA con su paquete y luego NINA, con otro paquete
en que envuelve la tabla, que esconde a la vista. Tres mujeres en los 70 años.
Están bien vestidas, con collares. Las visitantes tienen sus carteras colgando.
LILA: ¿Por qué me siguen por toda la casa? Ni que fuera una discapacitada.
MECHA: Precaución, Lila, precaución.
NINA va a abrir el paquete de MECHA, que le pega en la mano.
MECHA: ¡Ansiosa! Esperemos al té.
LILA: ¿Van a ir conmigo otra vez, cuando esté el agua?
NINA: ¡Por supuesto! No queremos que nos drogues de nuevo.
LILA: ¡Yo no las drogué!
NINA: ¡Nos diste cocaína!
LILA: No era cocaína, era té de coca, me equivoqué de sobrecito,
escandalosas.
MECHA: Droga, igual.
LILA: No es droga, los bolivianos lo toman, por la altura.
MECHA: Si lo toman los bolivianos, es droga.
LILA: ¿Y por ese asunto andan arriba mío todo el tiempo?
MECHA: Por ese asunto y por la vez que pusiste el agua con lavandina para el
té, o la anterior, cuando le pusiste sal a la torta dulce…
LILA: Claro, porque ustedes tienen una vista…
NINA: Usamos lentes, no somos necias.
LILA: Yo soy natural.
MECHA: Así tenés un Niágara propio.
LILA: ¿Qué es eso?
MECHA: Cataratas, Lila, cataratas.
LILA: No, cataratas son las de Iguazú.
MECHA: Las del Niágara son cataratas también.
LILA: Bah, cataratas son las de Iguazú.
MECHA: Y las del Niágara, ¡opiná Nina, que estás tan sospechosa con ese
paquete cuadrado!
LILA: Rectangular.
NINA: Lo sabrán a su tiempo.
MECHA: Ahora precisamos saber si las del Niágara son cataratas o no.
NINA las mira, se hace la interesante, antes de hablar.
NINA: Sí.
LILA: Ah, seguro que son cordobesas. Esos cordobeses venden todo, debe ser
un saltito de agua y le ponen cataratas, como el famoso cucú de Carlos Paz.
MECHA: Son de Estados… No importa, lo que importa es que vos te tendrías
que operar de las cataratas porque no ves nada.
LILA: Yo no interfiero con los designios del señor, si el señor quiere que no vea,
no veré. Operarme sería como… abortar.
Las tres hacen escándalo, se persignan.
MECHA: Las palabras que decís en la mesa.
NINA: En la mesa, en la mesa, no, para eso habría que comer pero parece que
una que yo sé trajo las masas para llevárselas de nuevo a la casa.
MECHA: ¡Angurrienta! Primero el té.
LILA: ¿Qué les parece si hacemos primero la lectura de hoy, así vamos
reflexionando mientras traigo el té?
MECHA: Perfecto.
LILA: Hoy, bien temprano, escogí capítulo y versículo al azar. Ahora veremos
qué dice.
LILA abre la biblia, toma un papelito con un número escrito, luego busca entre
las hojas.
NINA: Ay, qué nervios, este momento me pone los pelos de punta, ¿qué nos
dirá el Señor hoy?, ¿qué pasaje nos alegrará el día con la bondad y el amor?
LILA: No lo encuentro, Mateo mil cuatrocientos…
MECHA: ¡Lila! ¿Mil cuatrocientos?, ¿pensás que san Mateo escribió la historia
del papa que va a suceder a Francisco?
LILA: No vuelvas con eso que no veo, acá dice, bien clarito, Mateo mil
cuatrocientos ochenta… no, ciento cuarenta y ocho…
MECHA: Dame el papel. Y dale la biblia a Nina, así busca ella, que se nos va a
pasar el agua del té. ¡Mateo capítulo catorce, versículo ocho!
NINA: Y el Señor conforta nuestro espíritu, dándonos para reflexionar sobre su
bondad, con el siguiente texto: Ella, instigada por su madre, le dijo: «Entrégame
aquí, en un plato, la cabeza de Juan el Bautista.»
Hacen silencio. Las visitantes sacan rosarios de sus biblias, LILA toma el de
ella, se persignan.
LILA: Este… voy a ver el agua… reflexionen mientras.
Se pone de pie, las otras dos la siguen, otra vez con paquetes y carteras.
LILA: ¿Van a seguir atrás mío? Me estoy ofendiendo.
MECHA: Sos capaz de traer de verdad una cabeza en una bandeja.
LILA: Por lo menos, si se quedan en el comedor, no va a ser la de ninguna de
ustedes.
Las dos se paralizan, LILA trata de reanimarlas. Sale, las otras dos se sientan.
MECHA: ¿Por qué eligió ese texto?, ¿a quién hay que cortarle la cabeza?
NINA: Fue al azar, ya la escuchaste.
MECHA: ¿Le crees?
NINA: Qué lindo olor tienen las masas, lástima que tanto tiempo en el paquete
capaz que se humedecen.
MECHA: ¿Qué es eso que trajiste vos, a ver?
NINA: No me vas a creer, pero tiene que ver con lo que leímos.
MECHA: ¿Con la bandeja o con la cabeza?
NINA: ¡Con la muerte!
MECHA: ¡Cosa de mandinga!
NINA: ¡Cosa de Dios! Lila sacó la frase con la muerte y yo traje… esto.
MECHA: Y yo las masas. Yo que vos no comería, capaz que están
envenenadas, digo, para estar a tono con ustedes dos. Tanto que me gusta la
muerte a mí. Te meten en el cajón vestida con lo peor que tenés, así tus nueras
se quedan con las mejores ropas.
NINA: Lila, yo me voy a encargar que te pongan el vestido que quieras, decime
que anoto.
NINA mete la mano en la cartera.
MECHA: ¡La boca se te haga a un lado! Me vas a enterrar y todo… ¿por qué
tarda tanto en hacer el té?
NINA: Seguro que está buscando la bandeja.
MECHA: ¿Para poner una cabeza?
NINA: ¡Para poner el té, Mecha! Una ciega y la otra perdida, ¿qué será de mí
sin mis amigas? Menos mal que me compré esto.
MECHA: ¿Me vas a decir qué es eso?
NINA: Algo que nos permitirá seguir en contacto. ¿Por qué no vas a ver qué
pasa con Lila? Yo te cuido las masas.
MECHA: ¿Un celular gigante trajiste?
NINA: ¿Cómo va a ser un celular? Aunque, viéndolo como metáfora,
podríamos decir que…
Entra LILA, con la bandeja del té, que deja sobre la mesa. MECHA desata el
paquete de las masas, NINA manotea una, rápido.
MECHA: ¡Angurrienta! Siempre la misma, siempre te atoraste con todo vos, de
chica.
LILA: Se atoró con el Pedro…
MECHA: Con ese, si no se atoraba, no lo casaba más.
NINA: Me casé virgen, como Dios manda. La beba nació antes de tiempo.
MECHA: ¡Cincomesina!
NINA: Sietemesina, ese año fue bisiesto, por eso se confunden.
LILA: El bisiesto agrega un día, no dos meses.
NINA: Las masas no son las de siempre, estas no están tan ricas.
MECHA: Eso me pasa por comprar las más caras.
LILA sirve té sólo a ella misma.
LILA: ¿Está rico el té?
MECHA: Todavía no lo serviste.
NINA: No, no lo puede servir, acordate que la otra vez le erró a las taza y te
manchó la blusa, la teta negra te quedó.
NINA le quita la tetera y sirve ella, MECHA hace aspaviento como si temiera
que la volcaran sobre ella.
LILA: ¿Qué reflexión les mereció la palabra de Dios? Yo creo que dios nos
alerta sobre el cuidado que hay que poner en lo que una come, ¿no? porque si
no nos cuidamos y no estudiamos bien lo que tenemos en el plato, podemos
comernos la cabeza de un ser humano, ¿no?
MECHA: No se me hubiera ocurrido esa interpretación.
NINA: Yo creo que la enseñanza es que las hijas deben hacer lo que les dicen
las madres, se lo voy a leer a mi hija, a ver si me hace caso.
LILA: ¿Decís que las madres tenemos que pedir la cabeza de nuestros yernos?
¿Y yo, que tengo hijos varones?
NINA: La de tus nueras, yo también tengo un varón. ¿O no era mejor tu vida,
sin tus nueras?
LILA: Verdad, palabra de Dios.
MECHA: Ustedes perdonen, pero para mí, Dios nos quiere decir otra cosa.
NINA: ¿Qué?
MECHA: Que todas las mujeres estamos mejor sin un hombre.
Silencio. Beben y comen por unos segundos.
NINA: Mm, no, yo estoy bien con mi marido, Pedro es cumplidor.
LILA: Alberto también, tiene sus achaques pero cumple.
NINA: ¡Lila! Yo hablaba como padre de familia.
LILA: ¿Y cómo llegó a ser padre?
MECHA: Ustedes hablan porque no saben lo maravilloso que es ser viuda.
NINA: ¿Decís que dios quiere que mate a Pedro?
LILA: ¿Y al pobre Alberto?
MECHA: ¿Yo? Yo no digo nada, lo dice la Biblia.
NINA: Podríamos preguntarle a tu marido.
MECHA: Sí, claro, ¿y cómo hablamos con los muertos?
NINA: ¡Con esto!
NINA pone el paquete, corre las cosas, y deja ver la ouija. Gran escándalo, se
ponen de pie, se asustan, se santiguan.
LILA: ¿Vos decís que la iglesia permite eso?
NINA: Yo no vi que estuviera prohibido. Es para hablar con los muertos, no
para tener sexo con ellos.
LILA: Ah, entonces sí.
MECHA: ¿Y vos decís que funciona?
NINA: No lo sé, es mi primera vez. Si ustedes se animan. Se pregunta algo,
con las manos juntas, y esa cosa se mueve y contesta, posándose en cada
letra.
Las tres se miran.
MECHA: ¿Y cómo sabemos con quién hablamos?
NINA: Le preguntamos. Pero debe funcionar, ¿acaso dios no nos habló hoy de
la muerte?
Asienten las otras dos, con gravedad. LILA se pone de pie.
LILA: Voy a poner música para darle clima.
MECHA y NINA acomodan mejor la mesa. Suena “Puerto Montt”. Regresa
LILA.
MECHA: Esa no es música para muertos.
LILA: A Martín le encantaba esta canción, me apretaba toda cuando bailaba
esto conmigo, antes que me lo robaras.
MECHA: Yo no te lo robé, él eligió.
LILA: Vos le dejabas hacer cosas que yo no le permitía, por eso se quedó con
vos.
NINA: ¡Y yo era la que me atoraba!
MECHA: Calumnias, Martín se quedó conmigo porque era más elegante que
vos, tenía las manos bien cuidadas, eso le encantaba me dijo.
LILA: Tan cuidadas que no te las querías estropear, usándolas para sacar las
manos de él de los lugares por donde te tocaba.
NINA: ¡Chicas! No nos peleemos y probemos.
LILA: Ahí está, preguntémosle a Martín por qué se casó con vos y no conmigo.
MECHA: Dale.
Se dan las manos, logran con esfuerzo hacerlo las tres. La ouija no tiene
movimientos.
NINA: Cierren los ojos. Vos Mecha, con Lila es lo mismo, total no ve nada.
Sigue sin movimientos.
MECHA: Apagá esa música Lila, que los muertos no nos pueden escuchar.
LILA sale y apaga, regresa a la posición. Sigue sin variaciones.
LILA: Esto no funciona.
NINA: ¡Ya sé! Porque no hicimos la pregunta.
LILA: Yo la hago. Martín, ¿verdad que te casaste con Mecha porque era más
rapidita?
MECHA: ¡Esa pregunta está mal hecha!
NINA: ¡Se mueve!
Quedan las tres absortas.
LILA: ¡Dijo que sí! ¡Yo sabía, yo sabía!
MECHA: Ese no es Martín.
LILA: ¿Cómo no va a ser Martín?
NINA: ¡Se mueve, se mueve!
Miran.
MECHA: ¡Te lo dije! No es Martín.
LILA: ¿Entonces quién es?
NINA: Otro que sabía que Mecha era rapidita.
MECHA: Nina, no seas…
LILA: ¡Se mueve! Y dice que sí. Mecha, que no se diga, no sólo le entregaste a
Martín…
MECHA: Ah, bueno, ahora soy yo la perdida. Como si vos no le hubieras
entregado a medio curso del nacional.
LILA: Mecha, no puedo creer que…
NINA: ¡Dice que sí, dice que sí!
LILA: Mirá quién se queja, la que se casó preñada de Pedro.
NINA: Ahora que sabemos la verdad de tus correrías con los muchachos del
nacional, no me vas a correr con eso…
MECHA: ¡Se mueve! Y dice que no.
NINA: ¡Vieron! No me casé embarazada.
MECHA: Esperá que sigue hablando. De Pedro no, de Martín estaba
preñada…
NINA: ¡Injurias! Eso es una locura, este aparato no sirve para nada.
MECHA: Dejá el aparato quieto, ¡me engañaste!, ¡te acostaste con mi marido!
LILA: Y engañó al pobre Pedro, que es un santo. Hoy cree que el hijo es de él,
pobre, él que tuvo una sola mujer en la vida.
MECHA: Y te las das de cristiana…
LILA: Y te unís a dos piadosas mujeres de dios como nosotras.
NINA: Esperen que se mueve.
MECHA: ¿Qué dijo?
NINA: Ja, ja. Se rió.
MECHA: ¿De nosotras?
NINA: Esperen, apuradas. De Pedro, dice que le pregunte a Lila si no tuvo otra
mujer… ¡Lila!
MECHA: Pero qué par de turras, yo me voy, no me quiero contagiar.
LILA: Nina, no le creerás a una… tabla de planchar, o una tabla de picadas. Yo
soy fiel a Alberto.
MECHA: Fijate, sigue riéndose. Increíble, mis mejores amigas, dos…
voluptuosas pecadoras, incapaces de respetar el matrimonio de sus amigas.
NINA: Seguro que vos sos una santa.
MECHA: Pregúntenle si me acosté con el marido de alguna de ustedes.
Miran.
MECHA: Dice que no. ¿Qué les dije?
NINA: Esperá que sigue. No con el marido, con los hijos.
LILA: ¡Y yo que te dejaba de baby sitter! ¡Pedófila!
MECHA: Nada de pedófila, fue cuando estaban estudiando en Buenos Aires
y…
NINA: ¡Vieja repugnante!
LILA: ¡Arpía!
NINA: ¡Robacunas!
Comienza a golpearla, se pelean. Terminan las tres en el piso. Se levanta LILA,
luego NINA, arreglándose. Miran hacia el piso.
LILA: ¿Estás bien, Mecha?
NINA: (señalando la ouija) ¡Ay! dice que no.
Quedan las dos en stop.
Fin
Hermanas en un brete

BRITANNY hermana menor


ADELFA hermana del medio
MARGARITA hermana mayor
Las tres están rodeando los sesenta.
En un espacio de espera, sólo hay sillas. Las tres mujeres están sentadas, con
carteras, abrigadas; cada tanto una se para y pasea, MARGARITA saca los
cigarrillos, mira y los vuelve a guardar. ADELFA es la que más mira y escribe
en su celular. BRITANNY tiene un rosario, pasa cuentas, murmurando
inaudible sus oraciones.
Pasa un rato.
BRITANNY: Che, que yo sepa está prohibido fumar pero no hablar. Para que
cada una esté en su mundo, se hubieran quedado en sus casas.
ADELFA: Vos porque sos una renegada, la familia está intranquila, piden
noticias, están muy preocupadas las tías.
BRITANNY: Preocupadísimas, seguro, ya veo que interrumpieron las novelas
para ponerse a rezar como esta otra.
ADELFA: ¡Están preguntando!
BRITANNY: En la propaganda, seguro.
ADELFA: ¿Por qué no salís a fumar que te veo desesperada?
BRITANNY: Ojalá pudiera, pero con ustedes así, seguro que traen novedades
y ni se enteran.
MARGARITA: ¿Pueden dejar de discutir? Tenemos que resolver qué vamos a
hacer con mamá.
BRITANNY: ¿Tanto apuro tenés por la herencia? Vos que sos la lectora,
Adelfa, tirate unas ideas.
MARGARITA: Son un par de desalmadas.
ADELFA: ¡Uy! A la tía Concepción se le pasó el agua del mate.
BRITANNY: Cuidado no le dé un infarto si tiene que tirar un litro de agua y
poner agua nueva.
ADELFA: Pobre, todavía que se preocupa, vos…
BRITANNY: A la tía Concepción le falta visión para los negocios, se la pasa
quejándose que no le alcanza la jubilación y tiene una fortuna al alcance de la
mano.
MARGARITA. ¿La tía tiene dinero?
BRITANNY: ¡Mirá cómo se olvidó de la Virgen, la santurrona! Se nota que la tía
no tiene hijos para dejar sus bienes. Igual, lo que tiene se irá con ella.
ADELFA: ¿Qué es lo que tiene? No lo digo por interesada sino por curiosa,
creía que no tenía donde caerse muerta.
BRITANNY: Tiene una chance única para desarrollar una empresa de turismo
aventura.
MARGARITA: ¿Turismo aventura?, ¿la tía Concepción que nunca caminó más
de dos cuadras?
BRITANNY: No necesita salir, con organizar excursiones al criadero de
cocodrilos que tiene en el bolsillo, le basta y sobra para generar una fortuna.
ADELFA: ¡Siempre la misma pava con las bromas idiotas!
BRITANNY: O bien podría procesar los cocodrilos y volverlos zapatos, o
carteras.
MARGARITA: Tu insensibilidad asusta, Enci, estamos atravesando momentos
graves.
BRITANNY: ¡Britanny! No se te ocurra volverme a decir Enci.
MARGARITA: Nosotras no renegamos de nuestros nombres, no nos andamos
cambiando los que nos puso nuestro santo padre.
BRITANNY: ¡Porque a ustedes no les pusieron de nombre Enciclopedia
Británica! Todavía no entiendo cómo se lo dejaron hacer en el registro civil.
MARGARITA: Vos sos una nena por eso no sabés; en el registro trabajaba el
gordo Cosme, compañero de bares de papá. Esa mañana fueron los dos
juntos, con la borrachera del festejo de tu nacimiento encima, y papá te puso lo
primero que vio a la vista.
BRITANNY: Menos mal que no vio el cartel del baño.
ADELFA: ¡Margarita! No les des aires, no es una nena, fue una nena, aunque
se cree jovencita.
BRITANNY: Soy la más joven de las tres, la única soltera disponible. Me
mantengo vigente.
ADELFA: Como la enciclopedia británica, ja, ja.
BRITANNY se pone de pie, ofendida, camina, mira hacia un costado.
ADELFA: ¿Qué hacés, nena? A ver si nos retan y la liga la pobre mamá.
MARGARITA: ¿Por qué no se dejan de dar vueltas y hablamos en serio de lo
que vamos a hacer con mamá?
BRITANNY: A ver, ya que Adelfa no contribuye, voy a hacerlo yo. Tenemos
muchas opciones para tus deseos, hermana mayor. Mamá podría caerse de la
escalera, no, mejor del balcón, a ver si la escalera se traba y queda en silla de
ruedas. Del balcón no va a zafar.
ADELFA: ¡Por favor!
BRITANNY: Fácil (reproduce con una silla el empujón y la caída). Listo, mamá
se cayó y Margarita puede abrir la sucesión.
ADELFA: ¿Las patas de la silla son las patas de mamá?
BRITANNY: Obvio, no la vamos hacer caer parada.
MARGARITA: ¿Cómo se te ocurre pensar que me estoy refiriendo a eso?
BRITANNY: Porque te conozco, Margarita. Papá no estaba en el cajón y ya
estabas buscando los papeles en el ropero de la pieza.
MARGARITA: Para ayudarla a mamá, sos tan injusta. ¿Soy la única que la
quiere?
MARGARITA llora desconsolada, se saca un pañuelo. Las otras no le prestan
atención.
ADELFA: ¡Marcelito dio mal matemáticas! Otra vez. Me repite, este año seguro
que me repite.
BRITANNY: Por si no te diste cuenta estamos en pleno invierno, falta bastante
para que termine el año tu querido hijo.
ADELFA: Lo defendés porque es un irresponsable como vos, que ni siquiera
acabaste el secundario.
BRITANNY: Tan mal no me fue.
MARGARITA: ¿Ninguna piensa en mamá?
BRITANNY: ¿Más opciones? Puede ser atropellada por un conductor que se
fue a la fuga. Ese tendría que ser tu marido, Margarita, con la camioneta
grande, antes que se la saquen por falta de pago.
MARGARITA: Dejá de insinuar que quiero eliminar a mamá.
BRITANNY: Yo no terminé el secundario pero por lo que veo, soy la única que
conoce el significado de los verbos. Yo no insinúo nada, yo afirmo.
MARGARITA vuelve a llorar. ADELFA saca una pastilla.
ADELFA: ¿Dónde habrá agua?
BRITANNY: En la canilla del baño.
ADELFA: ¿Meterme en un baño de acá? Ni loca, andá a saber la gentuza que
pasa por acá.
MARGARITA: ¡Pobre mamá!
BRITANNY: Podés pedirle a uno de esos hombres tan atentos y viriles que te
traiga agua. No, dejá que voy yo.
BRITANNY sale.
MARGARITA: No entiendo cómo podemos tener una hermana tan egoísta y
superficial. Te juro que…
ADELFA: Cortala con el llanto Margarita, que no está mamá para que te
funcione. Mirá la bebé de Pitina.
MARGARITA: ¿Quién es Pitina?
ADELFA: Qué poco te interesa la familia, che, después vas a querer que
vengan todas al velorio de mamá, ya veo que voy a ser otra vez la encargada
de las invitaciones. Siempre dependen de mí para que los velorios sean un
éxito.
MARGARITA: Mamá no tiene por qué morirse.
ADELFA: Pero se va a morir, es la ley de la vida.
MARGARITA: No, no quiero que mamá se muera.
ADELFA se pone de pie, mira hacia ambos costados.
ADELFA: Tranquila, podés decir la verdad, no están las cámaras de la
televisión. ¿Viste ya la foto de la beba? No pierdas tiempo, que me estoy
perdiendo un montón de cosas.
MARGARITA: La beba es…
ADELFA: Horrible, ¿viste? Gorda, con esa cejas ya de bebé, igualito al groncho
del padre.
MARGARITA: ¿Quién es el padre?
ADELFA: ¡El marido de Pitina!, ¿quién va a ser?
MARGARITA: Al final, no me dijiste quién era Pitina.
ADELFA: Pitina es la hija de Clarita, la prima de nuestra prima lejana Estela, la
hija segunda de Anunciación, la prima tercera de mamá. ¿Cuándo te vas a unir
al grupo de wasap de la familia?
MARGARITA: ¿Qué pasa con Enci? Ya veo que la dejaron adentro.
ADELFA: Debe estar moviendo el culo por todas las oficinas, no se enteró que
existe la ley de la gravedad. ¡Y que se me pasa el horario de la pastilla!
MARGARITA: (poniéndose de pie y mirando) Me preocupa.
ADELFA: Ya veo, tenés miedo que esté con mamá y le haga firmar un
testamento que la favorezca.
MARGARITA: ¡Basta! ¿Qué les pasa a las dos conmigo? Ni que fuera
interesada.
ADELFA: Mejor, vuelvo a las cosas interesantes.
MARGARITA: De verdad, tienen que tomarse en serio la situación, las dos,
mamá no puede seguir así, sola.
ADELFA: Como viene la mano, no creo que vaya a seguir sola. Acá hay
bastante compañía.
MARGARITA: ¡No digas eso! Mamá va a salir de acá.
ADELFA: Algún día, tal vez, con las piernas para adelante probablemente.
Regresa BRITANNY con un vaso de agua.
MARGARITA. ¿Estaban fabricando el agua?
BRITANNY: El agua no se fabrica.
ADELFA: Te traduzco la pregunta de tu hermana: ¿estuviste con mamá y le
hiciste firmar otro testamento?
BRITANNY: Con mamá no se puede hablar.
ADELFA: Ah, estaba rica el agua, ¿de dónde la sacaste?
BRITANNY: Me la trajo un rubio.
ADELFA: ¡Te lo dije, Margarita!
BRITANNY: Igual, no me gustó.
ADELFA: Pretenciosa todavía, no cambia más nuestra Enci.
BRITANNY: ¡Britanny!
ADELFA: Britanny sería como si yo me pusiera, no sé…
BRITANNY: ¿Alfalfa?
MARGARITA: ¡No lo puedo creer! ¡Mamá en un trance terminal y ustedes
boludeando!, ¿soy la única que la quiere?
ADELFA: Te dije, no está la televisión, así que decí la verdad, vos tampoco la
querés.
BRITANNY: Esperate un minuto, ¿trance terminal?, ¿de dónde, si mamá
resultó ilesa? ¿Tantas ganas tenés de verla muerta que ya le metiste terminal?
MARGARITA: Terminal quiere decir que está al límite, que ya no puede más,
que no la podemos dejar seguir viviendo sola.
ADELFA: ¿Te querés mudar con ella para tenerla a mano?
MARGARITA: No me puedo mudar, tengo hijos y marido para atender.
ADELFA: No me mires, estoy en la misma situación.
MARGARITA: Y Enci no es capaz de cuidarse a sí misma.
BRITANNY: Margarrota, yo podría irme con mamá, entonces alquilo mi
departamento, no pago los servicios ni los impuestos.
MARGARITA: ¿Pensás aprovecharte de la pobre mamá para hacer negocios?
ADELFA: No se preocupen, alquilamos el piso de mamá y lo dividimos entre las
tres.
MARGARITA: ¡Saltó la que la quiere ver muerta! Yo quiero sacarla a mamá,
pero con esa plata tenemos que pagar el lugar donde vaya a alojarse.
ADELFA: Ya te dije que eso está resuelto, va a quedarse unos ocho años, por
lo menos. Gratis.
MARGARITA: ¿Te parece que no van a creer que fue un accidente?
BRITANNY: Difícil, le acertó justo en la cabeza al único tipo que pasó debajo
del balcón en toda la mañana.
MARGARITA: ¿Ustedes dicen que mamá tiró la maceta adrede?, ¿creen qué
es una asesina?
ADELFA: No lo creo, hermanita, pero estás tan decidida a quedarte con esa
plata que podemos declarar que sí, que lo odiaba y que lo mató a propósito.
Para asegurarnos los ocho años, digo.
MARGARITA: ¿Y la policía se lo creerá?, ¿por qué mamá podría odiar a un
chino?
ADELFA: Porque se hartó de los calamelos de vuelto.
MARGARITA: O de que hablen en chino entre ellos mientras atienden.
ADELFA: O capaz que el chino le vendió vino picado.
BRITANNY: No se gasten, hermanas mayores. Yo no voy a declarar eso, ahora
que me di cuenta que lo mejor es que me mude con mamá. Total, cuando
tengo visitas la encierro en la pieza y listo.
MARGARITA: ¿Serías capaz encerrar a mamá?
ADELFA: ¿Y qué te pensás que van a hacer con ella acá adentro?
MARGARITA se sienta, se para, mueve la silla, la aleja y se sienta más lejos.
Vuelve a rezar.
BRITANNY: ¿Qué le picó, ahora?
ADELFA: No sé, Enci, estará haciendo una de sus actuaciones.
BRITANNY: Creo, querida Alfalfa, que va a ser mejor que le preguntemos.
ADELFA: Eso es lo que ella quiere, hacerse la interesante y que vayamos a
preguntarle. No le voy a dar el gusto. ¡El primo Felipe llegó Madrid!
BRITANNY: ¿De dónde sacó plata el primo Felipe para ir a Madrid, si es un
vago? ¿No era actor?
ADELFA: Claro, la pobre tía Edith lloraba todas las noches por el hijo perdido.
Pero la tía murió hace quince días, ¡no sabés el velorio que te perdiste! Felipe
será vago, pero sabe montar el espectáculo. Había llevado a sus amigos
actores, había como doscientas personas, unos llantos impecables, unos
discursos de despedida bellísimos. A la noche, para los que se quedaron,
organizó una maratón de stand up. Tendrías que haber visto la cara de asco
del primo Rogelio y su asquerosa mujer, tan agrandados por el velorio del tío
Tito y su carroza fúnebre con caballos, ¡les mató el punto!
BRITANNY: ¿Y cómo mató a la madre?
ADELFA: La pobre se cayó de la escalera.
BRITANNY: ¡Eso decía yo! No falla, no hay complicaciones… pero si ya lo usó
el primo Felipe, tenemos que buscar otro. Para mí, el balcón, con el
antecedente de la maceta va a ser creíble.
MARGARITA: ¡Es increíble lo que está obligada a oír una!
ADELFA: Oh, una que yo sé, resucitó.
MARGARITA: Me alejo para que no piensen que venimos juntas, que tengo
algo que ver con ustedes. La quieren encerrar, la quieren matar.
BRITANNY: Ah, bueno, te la pasaste pidiendo que decidiéramos qué hacer con
ella, fuimos las únicas en dar opciones y todavía te quejás.
MARGARITA: ¿No se dan cuenta? Tenemos que internarla en un geriátrico.
BRITANNY: ¿Entregar a mi madre a un geriátrico?, jamás, prefiero sacrificarme
y vivir con ella. No soportaría la vergüenza.
ADELFA: Una hija no pude hacerle eso a una madre, no cuentes conmigo.
BRITANNY: Tan santurrona, tantas oraciones, y pensaba arrojar a su madre a
la caridad pública, a un depósito de viejos.
ADELFA: ¡Imaginate cómo se pondría el grupo de wasap! Cuando la prima de
la tía Eufrasia, la prima segunda de mamá, puso a la suya en una residencia, la
condenaron en cinco idiomas, quedó como la peor de todas. Tendría que
borrarme de la vergüenza por haber hecho una cosa así. No, yo no puedo
hacerle esto a la familia, no puedo dejarlos sin mí.
BRITANNY: Ay, vámonos Adelfa, no puedo compartir mi espacio vital con una
criatura tan vil.
ADELFA: Verdad, Britanny, jamás hubiera esperado esa actitud en una
hermana mía, ¡con lo que hizo mamá con nosotras!
BRITANNY y ADELFA toman sus carteras y salen mientras hablan.
ADELFA: ¡La Tota está embarazada!
BRITANNY: ¿Se había casado la Tota!
ADELFA: No, es soltera. Para mí, que a la prima Celedonia se le deben
estar…
MARGARITA niega con su cabeza.
Apagón
Fin