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Querido hija,

Estoy al lado de la cruz y desde allí recurro a tu soledad.


Tú que tantas veces me miraste sin verme y me oíste sin escucharme.
A ti,que tantas veces te distanciaste de las huellas que dejé en el mundo para que no te
pierdas
A ti que no siempre crees que estoy a tu lado, que me buscas a veces sin hallarme y pierdes la
fe de encontrarme.
A ti que piensas que soy sólo un recuerdo y no comprendes que estoy viva.
En el principio de tu vida estaba yo, y lo estaré al final de tu vida, porque mi tema preferido es
el amor.
Fui elegida madre del amor. Fui libre hasta el fin.
Tuve un ideal claro y lo defendí con mi instinto maternal, luchando contra el dolor y la
impotencia.
Soy sensible a la amistad y espero que tu alma me regale ese lazo profundo de intimidad.
Estoy segura que en tu corazón tienes un tesoro escondido: no tengas miedo de encontrarlo.
Te encontrarás a ti mismo y te sorprenderás cuanto tienes aún para dar.
¡Cómo espero verte crecer humanamente!
Leer, a través de la transparencia de tu mirada, las necesidades de los otros.
Descubrir la alegría en todo lo que encares.
En definitiva no verte arrepentido de haberte abandonado al AMOR,
con las lágrimas y el dolor que eso implica,
con la soledad y renuncia que conlleva,
con la incomprensión, a veces de los más cercanos.
Recuerda que yo permanezco casi sola junto a la cruz que sostiene a mi hijo,
y que desde allí no sé ni como ni por qué recobro fuerzas y voy en busca de los que me dejó
encomendados.
Por eso, cada vez que sientas que aflojas en tu perseverancia, búscame.
Cada vez quete sientas cansado, háblame, cuéntamelo.
Cada vez que te creas poca cosa, no te olvides que el Señor me eligió por mi pequeñez.
No te canses de pedirme que yo no me cansaré de darte.
No te canses de seguirme ,que no me cansaré de acompañarte.
Nunca te dejaré solo.
Y recuerda que como una vez le dije a Juan ,a ti también te digo: ”Aquí me tienes a tu lado”.
TU MADRE DEL CIELO, MARÍA
Querido hija,
Estoy al lado de la cruz y desde allí recurro a tu soledad.
Tú que tantas veces me miraste sin verme y me oíste sin escucharme.
A ti,que tantas veces te distanciaste de las huellas que dejé en el mundo para que no te
pierdas
A ti que no siempre crees que estoy a tu lado, que me buscas a veces sin hallarme y pierdes la
fe de encontrarme.
A ti que piensas que soy sólo un recuerdo y no comprendes que estoy viva.
En el principio de tu vida estaba yo, y lo estaré al final de tu vida, porque mi tema preferido es
el amor.
Fui elegida madre del amor. Fui libre hasta el fin.
Tuve un ideal claro y lo defendí con mi instinto maternal, luchando contra el dolor y la
impotencia.
Soy sensible a la amistad y espero que tu alma me regale ese lazo profundo de intimidad.
Estoy segura que en tu corazón tienes un tesoro escondido: no tengas miedo de encontrarlo.
Te encontrarás a ti mismo y te sorprenderás cuanto tienes aún para dar.
¡Cómo espero verte crecer humanamente!
Leer, a través de la transparencia de tu mirada, las necesidades de los otros.
Descubrir la alegría en todo lo que encares.
En definitiva no verte arrepentido de haberte abandonado al AMOR,
con las lágrimas y el dolor que eso implica,
con la soledad y renuncia que conlleva,
con la incomprensión, a veces de los más cercanos.
Recuerda que yo permanezco casi sola junto a la cruz que sostiene a mi hijo,
y que desde allí no sé ni como ni por qué recobro fuerzas y voy en busca de los que me dejó
encomendados.
Por eso, cada vez que sientas que aflojas en tu perseverancia, búscame.
Cada vez quete sientas cansado, háblame, cuéntamelo.
Cada vez que te creas poca cosa, no te olvides que el Señor me eligió por mi pequeñez.
No te canses de pedirme que yo no me cansaré de darte.
No te canses de seguirme ,que no me cansaré de acompañarte.
Nunca te dejaré solo.
Y recuerda que como una vez le dije a Juan ,a ti también te digo: ”Aquí me tienes a tu lado”.
TU MADRE DEL CIELO, MARÍA
Querido hija,
Estoy al lado de la cruz y desde allí recurro a tu soledad.
Tú que tantas veces me miraste sin verme y me oíste sin escucharme.
A ti,que tantas veces te distanciaste de las huellas que dejé en el mundo para que no te
pierdas
A ti que no siempre crees que estoy a tu lado, que me buscas a veces sin hallarme y pierdes la
fe de encontrarme.
A ti que piensas que soy sólo un recuerdo y no comprendes que estoy viva.
En el principio de tu vida estaba yo, y lo estaré al final de tu vida, porque mi tema preferido es
el amor.
Fui elegida madre del amor. Fui libre hasta el fin.
Tuve un ideal claro y lo defendí con mi instinto maternal, luchando contra el dolor y la
impotencia.
Soy sensible a la amistad y espero que tu alma me regale ese lazo profundo de intimidad.
Estoy segura que en tu corazón tienes un tesoro escondido: no tengas miedo de encontrarlo.
Te encontrarás a ti mismo y te sorprenderás cuanto tienes aún para dar.
¡Cómo espero verte crecer humanamente!
Leer, a través de la transparencia de tu mirada, las necesidades de los otros.
Descubrir la alegría en todo lo que encares.
En definitiva no verte arrepentido de haberte abandonado al AMOR,
con las lágrimas y el dolor que eso implica,
con la soledad y renuncia que conlleva,
con la incomprensión, a veces de los más cercanos.
Recuerda que yo permanezco casi sola junto a la cruz que sostiene a mi hijo,
y que desde allí no sé ni como ni por qué recobro fuerzas y voy en busca de los que me dejó
encomendados.
Por eso, cada vez que sientas que aflojas en tu perseverancia, búscame.
Cada vez quete sientas cansado, háblame, cuéntamelo.
Cada vez que te creas poca cosa, no te olvides que el Señor me eligió por mi pequeñez.
No te canses de pedirme que yo no me cansaré de darte.
No te canses de seguirme ,que no me cansaré de acompañarte.
Nunca te dejaré solo.
Y recuerda que como una vez le dije a Juan ,a ti también te digo: ”Aquí me tienes a tu lado”.
TU MADRE DEL CIELO, MARÍA
Querido hija,
Estoy al lado de la cruz y desde allí recurro a tu soledad.
Tú que tantas veces me miraste sin verme y me oíste sin escucharme.
A ti,que tantas veces te distanciaste de las huellas que dejé en el mundo para que no te
pierdas
A ti que no siempre crees que estoy a tu lado, que me buscas a veces sin hallarme y pierdes la
fe de encontrarme.
A ti que piensas que soy sólo un recuerdo y no comprendes que estoy viva.
En el principio de tu vida estaba yo, y lo estaré al final de tu vida, porque mi tema preferido es
el amor.
Fui elegida madre del amor. Fui libre hasta el fin.
Tuve un ideal claro y lo defendí con mi instinto maternal, luchando contra el dolor y la
impotencia.
Soy sensible a la amistad y espero que tu alma me regale ese lazo profundo de intimidad.
Estoy segura que en tu corazón tienes un tesoro escondido: no tengas miedo de encontrarlo.
Te encontrarás a ti mismo y te sorprenderás cuanto tienes aún para dar.
¡Cómo espero verte crecer humanamente!
Leer, a través de la transparencia de tu mirada, las necesidades de los otros.
Descubrir la alegría en todo lo que encares.
En definitiva no verte arrepentido de haberte abandonado al AMOR,
con las lágrimas y el dolor que eso implica,
con la soledad y renuncia que conlleva,
con la incomprensión, a veces de los más cercanos.
Recuerda que yo permanezco casi sola junto a la cruz que sostiene a mi hijo,
y que desde allí no sé ni como ni por qué recobro fuerzas y voy en busca de los que me dejó
encomendados.
Por eso, cada vez que sientas que aflojas en tu perseverancia, búscame.
Cada vez quete sientas cansado, háblame, cuéntamelo.
Cada vez que te creas poca cosa, no te olvides que el Señor me eligió por mi pequeñez.
No te canses de pedirme que yo no me cansaré de darte.
No te canses de seguirme ,que no me cansaré de acompañarte.
Nunca te dejaré solo.
Y recuerda que como una vez le dije a Juan ,a ti también te digo: ”Aquí me tienes a tu lado”.
TU MADRE DEL CIELO, MARÍA
Querido hijo,
Estoy al lado de la cruz y desde allí recurro a tu soledad.
Tú que tantas veces me miraste sin verme y me oíste sin escucharme.
A ti,que tantas veces te distanciaste de las huellas que dejé en el mundo para que no te
pierdas
A ti que no siempre crees que estoy a tu lado, que me buscas a veces sin hallarme y pierdes la
fe de encontrarme.
A ti que piensas que soy sólo un recuerdo y no comprendes que estoy viva.
En el principio de tu vida estaba yo, y lo estaré al final de tu vida, porque mi tema preferido es
el amor.
Fui elegida madre del amor. Fui libre hasta el fin.
Tuve un ideal claro y lo defendí con mi instinto maternal, luchando contra el dolor y la
impotencia.
Soy sensible a la amistad y espero que tu alma me regale ese lazo profundo de intimidad.
Estoy segura que en tu corazón tienes un tesoro escondido: no tengas miedo de encontrarlo.
Te encontrarás a ti mismo y te sorprenderás cuanto tienes aún para dar.
¡Cómo espero verte crecer humanamente!
Leer, a través de la transparencia de tu mirada, las necesidades de los otros.
Descubrir la alegría en todo lo que encares.
En definitiva no verte arrepentido de haberte abandonado al AMOR,
con las lágrimas y el dolor que eso implica,
con la soledad y renuncia que conlleva,
con la incomprensión, a veces de los más cercanos.
Recuerda que yo permanezco casi sola junto a la cruz que sostiene a mi hijo,
y que desde allí no sé ni como ni por qué recobro fuerzas y voy en busca de los que me dejó
encomendados.
Por eso, cada vez que sientas que aflojas en tu perseverancia, búscame.
Cada vez quete sientas cansado, háblame, cuéntamelo.
Cada vez que te creas poca cosa, no te olvides que el Señor me eligió por mi pequeñez.
No te canses de pedirme que yo no me cansaré de darte.
No te canses de seguirme ,que no me cansaré de acompañarte.
Nunca te dejaré solo.
Y recuerda que como una vez le dije a Juan ,a ti también te digo: ”Aquí me tienes a tu lado”.
TU MADRE DEL CIELO, MARÍA
Querido hijo,
Estoy al lado de la cruz y desde allí recurro a tu soledad.
Tú que tantas veces me miraste sin verme y me oíste sin escucharme.
A ti,que tantas veces te distanciaste de las huellas que dejé en el mundo para que no te
pierdas
A ti que no siempre crees que estoy a tu lado, que me buscas a veces sin hallarme y pierdes la
fe de encontrarme.
A ti que piensas que soy sólo un recuerdo y no comprendes que estoy viva.
En el principio de tu vida estaba yo, y lo estaré al final de tu vida, porque mi tema preferido es
el amor.
Fui elegida madre del amor. Fui libre hasta el fin.
Tuve un ideal claro y lo defendí con mi instinto maternal, luchando contra el dolor y la
impotencia.
Soy sensible a la amistad y espero que tu alma me regale ese lazo profundo de intimidad.
Estoy segura que en tu corazón tienes un tesoro escondido: no tengas miedo de encontrarlo.
Te encontrarás a ti mismo y te sorprenderás cuanto tienes aún para dar.
¡Cómo espero verte crecer humanamente!
Leer, a través de la transparencia de tu mirada, las necesidades de los otros.
Descubrir la alegría en todo lo que encares.
En definitiva no verte arrepentido de haberte abandonado al AMOR,
con las lágrimas y el dolor que eso implica,
con la soledad y renuncia que conlleva,
con la incomprensión, a veces de los más cercanos.
Recuerda que yo permanezco casi sola junto a la cruz que sostiene a mi hijo,
y que desde allí no sé ni como ni por qué recobro fuerzas y voy en busca de los que me dejó
encomendados.
Por eso, cada vez que sientas que aflojas en tu perseverancia, búscame.
Cada vez quete sientas cansado, háblame, cuéntamelo.
Cada vez que te creas poca cosa, no te olvides que el Señor me eligió por mi pequeñez.
No te canses de pedirme que yo no me cansaré de darte.
No te canses de seguirme ,que no me cansaré de acompañarte.
Nunca te dejaré solo.
Y recuerda que como una vez le dije a Juan ,a ti también te digo: ”Aquí me tienes a tu lado”.
TU MADRE DEL CIELO, MARÍA
Querido hijo,
Estoy al lado de la cruz y desde allí recurro a tu soledad.
Tú que tantas veces me miraste sin verme y me oíste sin escucharme.
A ti,que tantas veces te distanciaste de las huellas que dejé en el mundo para que no te
pierdas
A ti que no siempre crees que estoy a tu lado, que me buscas a veces sin hallarme y pierdes la
fe de encontrarme.
A ti que piensas que soy sólo un recuerdo y no comprendes que estoy viva.
En el principio de tu vida estaba yo, y lo estaré al final de tu vida, porque mi tema preferido es
el amor.
Fui elegida madre del amor. Fui libre hasta el fin.
Tuve un ideal claro y lo defendí con mi instinto maternal, luchando contra el dolor y la
impotencia.
Soy sensible a la amistad y espero que tu alma me regale ese lazo profundo de intimidad.
Estoy segura que en tu corazón tienes un tesoro escondido: no tengas miedo de encontrarlo.
Te encontrarás a ti mismo y te sorprenderás cuanto tienes aún para dar.
¡Cómo espero verte crecer humanamente!
Leer, a través de la transparencia de tu mirada, las necesidades de los otros.
Descubrir la alegría en todo lo que encares.
En definitiva no verte arrepentido de haberte abandonado al AMOR,
con las lágrimas y el dolor que eso implica,
con la soledad y renuncia que conlleva,
con la incomprensión, a veces de los más cercanos.
Recuerda que yo permanezco casi sola junto a la cruz que sostiene a mi hijo,
y que desde allí no sé ni como ni por qué recobro fuerzas y voy en busca de los que me dejó
encomendados.
Por eso, cada vez que sientas que aflojas en tu perseverancia, búscame.
Cada vez quete sientas cansado, háblame, cuéntamelo.
Cada vez que te creas poca cosa, no te olvides que el Señor me eligió por mi pequeñez.
No te canses de pedirme que yo no me cansaré de darte.
No te canses de seguirme ,que no me cansaré de acompañarte.
Nunca te dejaré solo.
Y recuerda que como una vez le dije a Juan ,a ti también te digo: ”Aquí me tienes a tu lado”.
TU MADRE DEL CIELO, MARÍA
Querido hijo.
Hace tiempo que no hablamos, ¿cómo te van las cosas? Te envío esta carta, porque, aunque te
he dicho muchas veces y de muchas maneras que te amo, una más no te hará daño. ¿Sabes lo
que siento por ti y lo que pienso en ti?
Te conozco desde que naciste. ¡Ya antes, cuando estabas en el seno de tu madre! Tú quizás no
te has dado cuenta, pero siempre he estado contigo, nunca jamás te he abandonado. ¿Cómo
hubiera podido hacerlo, si tú eres mi mejor obra, mi alegría y mi compañía, mi hijo, en quien se
complace mi Espíritu? Sí, no puedo dejar de pensar en ti. Me emociono con sólo pronunciar tu
nombre. ¡Me gustaría tanto que me creyeras! En fin, si me conocieras bien, sabrías que mi ser
es amar y dar vida. Como el sol da luz y calor, Yo doy vida y amor. Es lo mío, es lo que soy y lo
que quiero hacer. Sin cansarme nunca, porque yo soy amor y sólo amor.
Antes de crear el mundo ya soñaba contigo. ¿Sabes que no hay nadie igual que tú, ni nunca lo
hubo, ni nunca lo habrá? ¡Eres único, aunque no el único! Nunca nadie miró las cosas con tus
ojos, actuó con tus manos, sintió y amó con tu corazón.
Conozco perfectamente el lado oscuro de tu vida. Sé que hay en ti sombras que a veces
producen miedo a otras personas, y a ti mismo. Sé que a veces haces el mal, que el fondo no
quieres. Sé que te cansas más de una vez en le esfuerzo de ser bueno. Llegas a desesperarte y
lo dejas por imposible y renuncias a intentarlo de nuevo, y te dejas llevar, renunciando a
luchar. Te comprendo.
Conozco el mal que hay en ti y que te hace sufrir, pero no tengas miedo. Mi mirada penetra
más profundamente que la tuya y sé que estás abierto a la luz. No tengas miedo, porque no te
rechazo y estoy siempre contigo para que sigas adelante. Ten paz. Remediaremos todo el mal
que causa tanto dolor. Si acoges mi Palabra tendrás parte adelantada de esta victoria.
¿Sabes lo que espero de ti? ¡Que llegues a amarme como yo te amo! Sí, ya sé que tú me
quieres, pero lo que me preocupa es el amor que tienes a tus hermanos. Como yo los he
amado a ustedes, mis hijos, también quiero que se amen los unos a los otros. Recuerda que
soy su Padre, que los quiero un chorro, y que nada me podrá separar de ustedes.
Un abrazo
Tu papá Dios.
Querido hijo.
Hace tiempo que no hablamos, ¿cómo te van las cosas? Te envío esta carta, porque, aunque te
he dicho muchas veces y de muchas maneras que te amo, una más no te hará daño. ¿Sabes lo
que siento por ti y lo que pienso en ti?
Te conozco desde que naciste. ¡Ya antes, cuando estabas en el seno de tu madre! Tú quizás no
te has dado cuenta, pero siempre he estado contigo, nunca jamás te he abandonado. ¿Cómo
hubiera podido hacerlo, si tú eres mi mejor obra, mi alegría y mi compañía, mi hijo, en quien se
complace mi Espíritu? Sí, no puedo dejar de pensar en ti. Me emociono con sólo pronunciar tu
nombre. ¡Me gustaría tanto que me creyeras! En fin, si me conocieras bien, sabrías que mi ser
es amar y dar vida. Como el sol da luz y calor, Yo doy vida y amor. Es lo mío, es lo que soy y lo
que quiero hacer. Sin cansarme nunca, porque yo soy amor y sólo amor.
Antes de crear el mundo ya soñaba contigo. ¿Sabes que no hay nadie igual que tú, ni nunca lo
hubo, ni nunca lo habrá? ¡Eres único, aunque no el único! Nunca nadie miró las cosas con tus
ojos, actuó con tus manos, sintió y amó con tu corazón.
Conozco perfectamente el lado oscuro de tu vida. Sé que hay en ti sombras que a veces
producen miedo a otras personas, y a ti mismo. Sé que a veces haces el mal, que el fondo no
quieres. Sé que te cansas más de una vez en le esfuerzo de ser bueno. Llegas a desesperarte y
lo dejas por imposible y renuncias a intentarlo de nuevo, y te dejas llevar, renunciando a
luchar. Te comprendo.
Conozco el mal que hay en ti y que te hace sufrir, pero no tengas miedo. Mi mirada penetra
más profundamente que la tuya y sé que estás abierto a la luz. No tengas miedo, porque no te
rechazo y estoy siempre contigo para que sigas adelante. Ten paz. Remediaremos todo el mal
que causa tanto dolor. Si acoges mi Palabra tendrás parte adelantada de esta victoria.
¿Sabes lo que espero de ti? ¡Que llegues a amarme como yo te amo! Sí, ya sé que tú me
quieres, pero lo que me preocupa es el amor que tienes a tus hermanos. Como yo los he
amado a ustedes, mis hijos, también quiero que se amen los unos a los otros. Recuerda que
soy su Padre, que los quiero un chorro, y que nada me podrá separar de ustedes.
Un abrazo
Tu papá Dios.
Querido hijo.
Hace tiempo que no hablamos, ¿cómo te van las cosas? Te envío esta carta, porque, aunque te
he dicho muchas veces y de muchas maneras que te amo, una más no te hará daño. ¿Sabes lo
que siento por ti y lo que pienso en ti?
Te conozco desde que naciste. ¡Ya antes, cuando estabas en el seno de tu madre! Tú quizás no
te has dado cuenta, pero siempre he estado contigo, nunca jamás te he abandonado. ¿Cómo
hubiera podido hacerlo, si tú eres mi mejor obra, mi alegría y mi compañía, mi hijo, en quien se
complace mi Espíritu? Sí, no puedo dejar de pensar en ti. Me emociono con sólo pronunciar tu
nombre. ¡Me gustaría tanto que me creyeras! En fin, si me conocieras bien, sabrías que mi ser
es amar y dar vida. Como el sol da luz y calor, Yo doy vida y amor. Es lo mío, es lo que soy y lo
que quiero hacer. Sin cansarme nunca, porque yo soy amor y sólo amor.
Antes de crear el mundo ya soñaba contigo. ¿Sabes que no hay nadie igual que tú, ni nunca lo
hubo, ni nunca lo habrá? ¡Eres único, aunque no el único! Nunca nadie miró las cosas con tus
ojos, actuó con tus manos, sintió y amó con tu corazón.
Conozco perfectamente el lado oscuro de tu vida. Sé que hay en ti sombras que a veces
producen miedo a otras personas, y a ti mismo. Sé que a veces haces el mal, que el fondo no
quieres. Sé que te cansas más de una vez en le esfuerzo de ser bueno. Llegas a desesperarte y
lo dejas por imposible y renuncias a intentarlo de nuevo, y te dejas llevar, renunciando a
luchar. Te comprendo.
Conozco el mal que hay en ti y que te hace sufrir, pero no tengas miedo. Mi mirada penetra
más profundamente que la tuya y sé que estás abierto a la luz. No tengas miedo, porque no te
rechazo y estoy siempre contigo para que sigas adelante. Ten paz. Remediaremos todo el mal
que causa tanto dolor. Si acoges mi Palabra tendrás parte adelantada de esta victoria.
¿Sabes lo que espero de ti? ¡Que llegues a amarme como yo te amo! Sí, ya sé que tú me
quieres, pero lo que me preocupa es el amor que tienes a tus hermanos. Como yo los he
amado a ustedes, mis hijos, también quiero que se amen los unos a los otros. Recuerda que
soy su Padre, que los quiero un chorro, y que nada me podrá separar de ustedes.
Un abrazo
Tu papá Dios.
Querido hijo.
Hace tiempo que no hablamos, ¿cómo te van las cosas? Te envío esta carta, porque, aunque te
he dicho muchas veces y de muchas maneras que te amo, una más no te hará daño. ¿Sabes lo
que siento por ti y lo que pienso en ti?
Te conozco desde que naciste. ¡Ya antes, cuando estabas en el seno de tu madre! Tú quizás no
te has dado cuenta, pero siempre he estado contigo, nunca jamás te he abandonado. ¿Cómo
hubiera podido hacerlo, si tú eres mi mejor obra, mi alegría y mi compañía, mi hijo, en quien se
complace mi Espíritu? Sí, no puedo dejar de pensar en ti. Me emociono con sólo pronunciar tu
nombre. ¡Me gustaría tanto que me creyeras! En fin, si me conocieras bien, sabrías que mi ser
es amar y dar vida. Como el sol da luz y calor, Yo doy vida y amor. Es lo mío, es lo que soy y lo
que quiero hacer. Sin cansarme nunca, porque yo soy amor y sólo amor.
Antes de crear el mundo ya soñaba contigo. ¿Sabes que no hay nadie igual que tú, ni nunca lo
hubo, ni nunca lo habrá? ¡Eres único, aunque no el único! Nunca nadie miró las cosas con tus
ojos, actuó con tus manos, sintió y amó con tu corazón.
Conozco perfectamente el lado oscuro de tu vida. Sé que hay en ti sombras que a veces
producen miedo a otras personas, y a ti mismo. Sé que a veces haces el mal, que el fondo no
quieres. Sé que te cansas más de una vez en le esfuerzo de ser bueno. Llegas a desesperarte y
lo dejas por imposible y renuncias a intentarlo de nuevo, y te dejas llevar, renunciando a
luchar. Te comprendo.
Conozco el mal que hay en ti y que te hace sufrir, pero no tengas miedo. Mi mirada penetra
más profundamente que la tuya y sé que estás abierto a la luz. No tengas miedo, porque no te
rechazo y estoy siempre contigo para que sigas adelante. Ten paz. Remediaremos todo el mal
que causa tanto dolor. Si acoges mi Palabra tendrás parte adelantada de esta victoria.
¿Sabes lo que espero de ti? ¡Que llegues a amarme como yo te amo! Sí, ya sé que tú me
quieres, pero lo que me preocupa es el amor que tienes a tus hermanos. Como yo los he
amado a ustedes, mis hijos, también quiero que se amen los unos a los otros. Recuerda que
soy su Padre, que los quiero un chorro, y que nada me podrá separar de ustedes.
Un abrazo
Tu papá Dios.
Querida hija.
Hace tiempo que no hablamos, ¿cómo te van las cosas? Te envío esta carta, porque, aunque te
he dicho muchas veces y de muchas maneras que te amo, una más no te hará daño. ¿Sabes lo
que siento por ti y lo que pienso en ti?
Te conozco desde que naciste. ¡Ya antes, cuando estabas en el seno de tu madre! Tú quizás no
te has dado cuenta, pero siempre he estado contigo, nunca jamás te he abandonado. ¿Cómo
hubiera podido hacerlo, si tú eres mi mejor obra, mi alegría y mi compañía, mi hijo, en quien se
complace mi Espíritu? Sí, no puedo dejar de pensar en ti. Me emociono con sólo pronunciar tu
nombre. ¡Me gustaría tanto que me creyeras! En fin, si me conocieras bien, sabrías que mi ser
es amar y dar vida. Como el sol da luz y calor, Yo doy vida y amor. Es lo mío, es lo que soy y lo
que quiero hacer. Sin cansarme nunca, porque yo soy amor y sólo amor.
Antes de crear el mundo ya soñaba contigo. ¿Sabes que no hay nadie igual que tú, ni nunca lo
hubo, ni nunca lo habrá? ¡Eres único, aunque no el único! Nunca nadie miró las cosas con tus
ojos, actuó con tus manos, sintió y amó con tu corazón.
Conozco perfectamente el lado oscuro de tu vida. Sé que hay en ti sombras que a veces
producen miedo a otras personas, y a ti mismo. Sé que a veces haces el mal, que el fondo no
quieres. Sé que te cansas más de una vez en le esfuerzo de ser bueno. Llegas a desesperarte y
lo dejas por imposible y renuncias a intentarlo de nuevo, y te dejas llevar, renunciando a
luchar. Te comprendo.
Conozco el mal que hay en ti y que te hace sufrir, pero no tengas miedo. Mi mirada penetra
más profundamente que la tuya y sé que estás abierto a la luz. No tengas miedo, porque no te
rechazo y estoy siempre contigo para que sigas adelante. Ten paz. Remediaremos todo el mal
que causa tanto dolor. Si acoges mi Palabra tendrás parte adelantada de esta victoria.
¿Sabes lo que espero de ti? ¡Que llegues a amarme como yo te amo! Sí, ya sé que tú me
quieres, pero lo que me preocupa es el amor que tienes a tus hermanos. Como yo los he
amado a ustedes, mis hijos, también quiero que se amen los unos a los otros. Recuerda que
soy su Padre, que los quiero un chorro, y que nada me podrá separar de ustedes.
Un abrazo
Tu papá Dios.
Querida hija.
Hace tiempo que no hablamos, ¿cómo te van las cosas? Te envío esta carta, porque, aunque te
he dicho muchas veces y de muchas maneras que te amo, una más no te hará daño. ¿Sabes lo
que siento por ti y lo que pienso en ti?
Te conozco desde que naciste. ¡Ya antes, cuando estabas en el seno de tu madre! Tú quizás no
te has dado cuenta, pero siempre he estado contigo, nunca jamás te he abandonado. ¿Cómo
hubiera podido hacerlo, si tú eres mi mejor obra, mi alegría y mi compañía, mi hijo, en quien se
complace mi Espíritu? Sí, no puedo dejar de pensar en ti. Me emociono con sólo pronunciar tu
nombre. ¡Me gustaría tanto que me creyeras! En fin, si me conocieras bien, sabrías que mi ser
es amar y dar vida. Como el sol da luz y calor, Yo doy vida y amor. Es lo mío, es lo que soy y lo
que quiero hacer. Sin cansarme nunca, porque yo soy amor y sólo amor.
Antes de crear el mundo ya soñaba contigo. ¿Sabes que no hay nadie igual que tú, ni nunca lo
hubo, ni nunca lo habrá? ¡Eres único, aunque no el único! Nunca nadie miró las cosas con tus
ojos, actuó con tus manos, sintió y amó con tu corazón.
Conozco perfectamente el lado oscuro de tu vida. Sé que hay en ti sombras que a veces
producen miedo a otras personas, y a ti mismo. Sé que a veces haces el mal, que el fondo no
quieres. Sé que te cansas más de una vez en le esfuerzo de ser bueno. Llegas a desesperarte y
lo dejas por imposible y renuncias a intentarlo de nuevo, y te dejas llevar, renunciando a
luchar. Te comprendo.
Conozco el mal que hay en ti y que te hace sufrir, pero no tengas miedo. Mi mirada penetra
más profundamente que la tuya y sé que estás abierto a la luz. No tengas miedo, porque no te
rechazo y estoy siempre contigo para que sigas adelante. Ten paz. Remediaremos todo el mal
que causa tanto dolor. Si acoges mi Palabra tendrás parte adelantada de esta victoria.
¿Sabes lo que espero de ti? ¡Que llegues a amarme como yo te amo! Sí, ya sé que tú me
quieres, pero lo que me preocupa es el amor que tienes a tus hermanos. Como yo los he
amado a ustedes, mis hijos, también quiero que se amen los unos a los otros. Recuerda que
soy su Padre, que los quiero un chorro, y que nada me podrá separar de ustedes.
Un abrazo
Tu papá Dios.
Querida hija.
Hace tiempo que no hablamos, ¿cómo te van las cosas? Te envío esta carta, porque, aunque te
he dicho muchas veces y de muchas maneras que te amo, una más no te hará daño. ¿Sabes lo
que siento por ti y lo que pienso en ti?
Te conozco desde que naciste. ¡Ya antes, cuando estabas en el seno de tu madre! Tú quizás no
te has dado cuenta, pero siempre he estado contigo, nunca jamás te he abandonado. ¿Cómo
hubiera podido hacerlo, si tú eres mi mejor obra, mi alegría y mi compañía, mi hijo, en quien se
complace mi Espíritu? Sí, no puedo dejar de pensar en ti. Me emociono con sólo pronunciar tu
nombre. ¡Me gustaría tanto que me creyeras! En fin, si me conocieras bien, sabrías que mi ser
es amar y dar vida. Como el sol da luz y calor, Yo doy vida y amor. Es lo mío, es lo que soy y lo
que quiero hacer. Sin cansarme nunca, porque yo soy amor y sólo amor.
Antes de crear el mundo ya soñaba contigo. ¿Sabes que no hay nadie igual que tú, ni nunca lo
hubo, ni nunca lo habrá? ¡Eres único, aunque no el único! Nunca nadie miró las cosas con tus
ojos, actuó con tus manos, sintió y amó con tu corazón.
Conozco perfectamente el lado oscuro de tu vida. Sé que hay en ti sombras que a veces
producen miedo a otras personas, y a ti mismo. Sé que a veces haces el mal, que el fondo no
quieres. Sé que te cansas más de una vez en le esfuerzo de ser bueno. Llegas a desesperarte y
lo dejas por imposible y renuncias a intentarlo de nuevo, y te dejas llevar, renunciando a
luchar. Te comprendo.
Conozco el mal que hay en ti y que te hace sufrir, pero no tengas miedo. Mi mirada penetra
más profundamente que la tuya y sé que estás abierto a la luz. No tengas miedo, porque no te
rechazo y estoy siempre contigo para que sigas adelante. Ten paz. Remediaremos todo el mal
que causa tanto dolor. Si acoges mi Palabra tendrás parte adelantada de esta victoria.
¿Sabes lo que espero de ti? ¡Que llegues a amarme como yo te amo! Sí, ya sé que tú me
quieres, pero lo que me preocupa es el amor que tienes a tus hermanos. Como yo los he
amado a ustedes, mis hijos, también quiero que se amen los unos a los otros. Recuerda que
soy su Padre, que los quiero un chorro, y que nada me podrá separar de ustedes.
Un abrazo
Tu papá Dios.
Querida hija.
Hace tiempo que no hablamos, ¿cómo te van las cosas? Te envío esta carta, porque, aunque te
he dicho muchas veces y de muchas maneras que te amo, una más no te hará daño. ¿Sabes lo
que siento por ti y lo que pienso en ti?
Te conozco desde que naciste. ¡Ya antes, cuando estabas en el seno de tu madre! Tú quizás no
te has dado cuenta, pero siempre he estado contigo, nunca jamás te he abandonado. ¿Cómo
hubiera podido hacerlo, si tú eres mi mejor obra, mi alegría y mi compañía, mi hijo, en quien se
complace mi Espíritu? Sí, no puedo dejar de pensar en ti. Me emociono con sólo pronunciar tu
nombre. ¡Me gustaría tanto que me creyeras! En fin, si me conocieras bien, sabrías que mi ser
es amar y dar vida. Como el sol da luz y calor, Yo doy vida y amor. Es lo mío, es lo que soy y lo
que quiero hacer. Sin cansarme nunca, porque yo soy amor y sólo amor.
Antes de crear el mundo ya soñaba contigo. ¿Sabes que no hay nadie igual que tú, ni nunca lo
hubo, ni nunca lo habrá? ¡Eres único, aunque no el único! Nunca nadie miró las cosas con tus
ojos, actuó con tus manos, sintió y amó con tu corazón.
Conozco perfectamente el lado oscuro de tu vida. Sé que hay en ti sombras que a veces
producen miedo a otras personas, y a ti mismo. Sé que a veces haces el mal, que el fondo no
quieres. Sé que te cansas más de una vez en le esfuerzo de ser bueno. Llegas a desesperarte y
lo dejas por imposible y renuncias a intentarlo de nuevo, y te dejas llevar, renunciando a
luchar. Te comprendo.
Conozco el mal que hay en ti y que te hace sufrir, pero no tengas miedo. Mi mirada penetra
más profundamente que la tuya y sé que estás abierto a la luz. No tengas miedo, porque no te
rechazo y estoy siempre contigo para que sigas adelante. Ten paz. Remediaremos todo el mal
que causa tanto dolor. Si acoges mi Palabra tendrás parte adelantada de esta victoria.
¿Sabes lo que espero de ti? ¡Que llegues a amarme como yo te amo! Sí, ya sé que tú me
quieres, pero lo que me preocupa es el amor que tienes a tus hermanos. Como yo los he
amado a ustedes, mis hijos, también quiero que se amen los unos a los otros. Recuerda que
soy su Padre, que los quiero un chorro, y que nada me podrá separar de ustedes.
Un abrazo
Tu papá Dios.
Querida hija.
Hace tiempo que no hablamos, ¿cómo te van las cosas? Te envío esta carta, porque, aunque te
he dicho muchas veces y de muchas maneras que te amo, una más no te hará daño. ¿Sabes lo
que siento por ti y lo que pienso en ti?
Te conozco desde que naciste. ¡Ya antes, cuando estabas en el seno de tu madre! Tú quizás no
te has dado cuenta, pero siempre he estado contigo, nunca jamás te he abandonado. ¿Cómo
hubiera podido hacerlo, si tú eres mi mejor obra, mi alegría y mi compañía, mi hijo, en quien se
complace mi Espíritu? Sí, no puedo dejar de pensar en ti. Me emociono con sólo pronunciar tu
nombre. ¡Me gustaría tanto que me creyeras! En fin, si me conocieras bien, sabrías que mi ser
es amar y dar vida. Como el sol da luz y calor, Yo doy vida y amor. Es lo mío, es lo que soy y lo
que quiero hacer. Sin cansarme nunca, porque yo soy amor y sólo amor.
Antes de crear el mundo ya soñaba contigo. ¿Sabes que no hay nadie igual que tú, ni nunca lo
hubo, ni nunca lo habrá? ¡Eres único, aunque no el único! Nunca nadie miró las cosas con tus
ojos, actuó con tus manos, sintió y amó con tu corazón.
Conozco perfectamente el lado oscuro de tu vida. Sé que hay en ti sombras que a veces
producen miedo a otras personas, y a ti mismo. Sé que a veces haces el mal, que el fondo no
quieres. Sé que te cansas más de una vez en le esfuerzo de ser bueno. Llegas a desesperarte y
lo dejas por imposible y renuncias a intentarlo de nuevo, y te dejas llevar, renunciando a
luchar. Te comprendo.
Conozco el mal que hay en ti y que te hace sufrir, pero no tengas miedo. Mi mirada penetra
más profundamente que la tuya y sé que estás abierto a la luz. No tengas miedo, porque no te
rechazo y estoy siempre contigo para que sigas adelante. Ten paz. Remediaremos todo el mal
que causa tanto dolor. Si acoges mi Palabra tendrás parte adelantada de esta victoria.
¿Sabes lo que espero de ti? ¡Que llegues a amarme como yo te amo! Sí, ya sé que tú me
quieres, pero lo que me preocupa es el amor que tienes a tus hermanos. Como yo los he
amado a ustedes, mis hijos, también quiero que se amen los unos a los otros. Recuerda que
soy su Padre, que los quiero un chorro, y que nada me podrá separar de ustedes.
Un abrazo
Tu papá Dios.
Querida hija.
Hace tiempo que no hablamos, ¿cómo te van las cosas? Te envío esta carta, porque, aunque te
he dicho muchas veces y de muchas maneras que te amo, una más no te hará daño. ¿Sabes lo
que siento por ti y lo que pienso en ti?
Te conozco desde que naciste. ¡Ya antes, cuando estabas en el seno de tu madre! Tú quizás no
te has dado cuenta, pero siempre he estado contigo, nunca jamás te he abandonado. ¿Cómo
hubiera podido hacerlo, si tú eres mi mejor obra, mi alegría y mi compañía, mi hijo, en quien se
complace mi Espíritu? Sí, no puedo dejar de pensar en ti. Me emociono con sólo pronunciar tu
nombre. ¡Me gustaría tanto que me creyeras! En fin, si me conocieras bien, sabrías que mi ser
es amar y dar vida. Como el sol da luz y calor, Yo doy vida y amor. Es lo mío, es lo que soy y lo
que quiero hacer. Sin cansarme nunca, porque yo soy amor y sólo amor.
Antes de crear el mundo ya soñaba contigo. ¿Sabes que no hay nadie igual que tú, ni nunca lo
hubo, ni nunca lo habrá? ¡Eres único, aunque no el único! Nunca nadie miró las cosas con tus
ojos, actuó con tus manos, sintió y amó con tu corazón.
Conozco perfectamente el lado oscuro de tu vida. Sé que hay en ti sombras que a veces
producen miedo a otras personas, y a ti mismo. Sé que a veces haces el mal, que el fondo no
quieres. Sé que te cansas más de una vez en le esfuerzo de ser bueno. Llegas a desesperarte y
lo dejas por imposible y renuncias a intentarlo de nuevo, y te dejas llevar, renunciando a
luchar. Te comprendo.
Conozco el mal que hay en ti y que te hace sufrir, pero no tengas miedo. Mi mirada penetra
más profundamente que la tuya y sé que estás abierto a la luz. No tengas miedo, porque no te
rechazo y estoy siempre contigo para que sigas adelante. Ten paz. Remediaremos todo el mal
que causa tanto dolor. Si acoges mi Palabra tendrás parte adelantada de esta victoria.
¿Sabes lo que espero de ti? ¡Que llegues a amarme como yo te amo! Sí, ya sé que tú me
quieres, pero lo que me preocupa es el amor que tienes a tus hermanos. Como yo los he
amado a ustedes, mis hijos, también quiero que se amen los unos a los otros. Recuerda que
soy su Padre, que los quiero un chorro, y que nada me podrá separar de ustedes.
Un abrazo
Tu papá Dios.