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Perifèria

CristianismePostmodernitatGlobalització

Las máquinas y los gigantes

Antonio González

Términos como «posthumanismo» y


«transhumanismo» resultan difíciles de
definir, no sólo debido a la multiplicidad
de movimientos que recurren a ellos en
distintos modos y contextos, sino también
por razones intrínsecas.

El hecho de que la técnica pueda mejorar


la especie humana puede considerarse,
en cierto modo, como trivial: es lo que
viene sucediendo desde que los más pri-
mitivos humanos ya aplicaron recursos
«técnicos» diversos en orden a mejorar
su bienestar, incluyendo esos recursos Antonio González

que podríamos considerar como estric-


tamente «médicos». El hecho de que el manidad tal como la conocemos. Por su-
ser humano actual no sea exactamente puesto, también aquí se podría decir que
idéntico biológicamente a los primeros en el pasado ya ha habido ciertas «supe-
sapiens podría sugerir que la técnica hu- raciones» de lo humano. Es lo que suce-
mana, unida a otros muchos factores, ha dió cuando algunas especies de homo
contribuido a lo largo de los milenios al (como el homo habilis o el homo erectus)
cambio efectivo de nuestra especie, por desaparecieron de la tierra, mientras que
más que siempre se pueda debatir, des- otras formas humanas fueron surgiendo,
de un punto de vista ético, cuáles serían y alguna de ellas, el homo sapiens, ha lle-
las condiciones necesarias para que tales gado hasta el presente. Por supuesto, de
cambios pudieran considerarse como es- nuevo queda en pie lo que en estos casos
trictas «mejoras». podría considerarse como una «mejora»,
más allá de las condiciones que hicieron
Ahora bien, el contexto de estas discusio- posible su supervivencia.
nes sobre la superación del humanismo
señala algo muy distinto, y nada trivial: es Ahora bien, cuando en la actualidad se
la posibilidad de una «singularidad», más habla de algún tipo de superación de
o menos cercana, en la que asistiríamos lo humano, lo usual no es referirse a las
a una especie de «superación» de la hu- mejoras biológicas que pueda todavía

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experimentar nuestra especie, o nues- el crecimiento técnico ha acontecido a


tro género, sino a algo muy distinto. Se lo largo de la historia humana de forma
trataría de una especie de superación de no meramente acumulativa, sino expo-
la biología misma en beneficio de formas nencial, lo que permitiría prever de forma
de inteligencia superiores, propias de las optimista que la gran transformación en
máquinas. Un acontecimiento que, según la naturaleza humana podría darse en los
algunos, debido al carácter exponencial años cuarenta de este mismo siglo.
del desarrollo tecnológico, estaría muy
próximo a tener lugar en las próximas dé- Por supuesto, es posible preguntarse,
cadas. La humanidad, tal como la cono- respecto al pasado, si el crecimiento ha
cemos, sería superada por las máquinas, sido verdaderamente exponencial. Sin
que serían capaces de producir ellas mis- embargo, la cuestión decisiva posible-
mas máquinas cada vez más inteligentes, mente sea distinta. Cualquier desarro-
hasta el punto de alcanzar una especie llo exponencial, por acelerado que sea,
de transformación del universo entero, puede encontrarse con límites intrínse-
que quedaría convertido en una especie cos. Kurzweil menciona, como ejemplo
de «noosfera» informática1. del desarrollo exponencial, la reproduc-
ción de los nenúfares en un lago. El en-
Pregunta previa: la viabilidad cargado del mantenimiento, de forma in-
genua, piensa que la existencia de unos
Por supuesto, podría cuestionarse la via- pocos nenúfares en una esquina del lago
bilidad misma de tal superación de lo hu- es irrelevante, y se va de vacaciones.
mano. Se podría pensar que el «transhu- Cuando regresa, el lago entero está cu-
manismo» extremo es una mera variante bierto de vegetación3.
de la ciencia ficción, entendiendo que el
desarrollo de complementos «robóticos» El ejemplo ilustra bien la rapidez del cre-
para el ser humano no significará, al menos cimiento exponencial, pero también con-
de manera previsible, una alteración de su tiene un elemento muy relevante: los ne-
condición fundamentalmente biológica. núfares están limitados por las orillas del
Lo que sí cabría sería la introducción de lago. En el caso de la transformación ci-
mejoras genéticas, manipulando de este bernética de la especie humana también
modo nuestra estructura biológica básica, podríamos encontrarnos con algún tipo
y transformándonos como especie bioló- de límite intrínseco. Precisamente, en el
gica2. Frente a ello, los «transhumanistas» caso del «transhumanismo», no se habla
más radicalmente optimistas, como el ya simplemente del crecimiento exponencial
citado Kurzweil, apelan al hecho de que de nuevos hallazgos técnicos destinados
a ser usados por el ser humano, sino de
1 Cf. R. Kurzweil, La singularidad está cerca. Cuando
los humanos transcendamos la biología, Berlin, 2012.
2 Cf. G. Stock, Redesigning Humans: Our Inevitable 3 Cf. R. Kurzweil, La singularidad está cerca, op. cit.,
Genetic Future, Boston-New York, 2002. p. 8.

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una especie de «salto cualitativo», en el tro cuerpo, más allá de la renovación de


que la técnica transformaría, y superaría, todos sus materiales, no es mera «infor-
a la misma especie que la ha producido a mación». Lo que permanecen son unas
lo largo de los siglos. estructuras. Ciertamente, para que esas
estructuras sean replicables, se requiere
En cualquier caso, es importante observar del almacenamiento de una información
que los límites son difíciles de prever, tan- genética. Sin embargo, las estructuras
to en un sentido negativo como positivo, no son lo mismo que la información. Yo
pues ellos usualmente no se vuelven per- puedo disponer, por ejemplo, de toda la
ceptibles hasta que se encuentran de una «información» física e ingenieril relativa a
manera fáctica. En ese sentido, la metá- la construcción de un navío, pero no dis-
fora del lago con nenúfares puede seguir poner de ninguna capacidad para cons-
siendo ilustrativa: los nenúfares no experi- truirlo efectivamente.
mentan que el lago es limitado hasta que
se encuentran fácticamente con las ori-
llas. La aparición de límites inesperados
puede frenar el carácter exponencial del
crecimiento, aunque ello no signifique ne-
cesariamente una frontera definitiva.

En cualquier caso, uno de los motivos


para el optimismo «transhumanista» po-
dría ser cuestionado. Se trata de una cier-
ta equiparación entre la información y las
estructuras. Así, por ejemplo, se nos dice
que nuestro cuerpo se renueva completa-
Paco Pomet: 1940
mente de una manera rápida y periódica:
los materiales de los que estamos hechos De hecho, esto es lo que sucede con
son sustituidos. Y entonces se nos dice nuestro conocimiento de la vida. Dispo-
que lo que permanece es mera «infor- nemos de una gran cantidad de conoci-
mación». De este modo se sugiere que miento respecto a las estructuras vivas,
el conocimiento exhaustivo de esa infor- y sobre el modo en que pudieron surgir
mación sería por sí mismo suficiente para evolutivamente. Y, sin embargo, aún no
replicar nuestro cuerpo. creamos vida en los laboratorios. La in-
formación es necesaria para el manteni-
Sin embargo, las cosas no son tan sen- miento y replicación de las estructuras.
cillas. En realidad se está confundiendo Pero la información no es una estructura.
dos elementos que no son conmensura- Mientras que las estructuras son conte-
bles. Lo que permanece estable en nues- nidos reales del mundo, la información

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son contenidos ideales. No es lo mismo preguntarse cuáles son los dinamismos


el almacenamiento y el procesamiento ci- socio-políticos que podría haber detrás
bernético de la información que la cons- de la aspiración a una superación de la
trucción de las estructuras a las que esa humanidad.
información se refiere. Algo que habría
que tener muy en cuenta no sólo para De acuerdo con algunos autores, lo que
considerar la posibilidad de construir la parece primar en este tipo de plantea-
vida en un laboratorio, sino sobre todo a mientos serían los sueños de las clases
la hora de construir vida inteligente… medias y altas respecto a una mejora de
sus propias condiciones de vida, inclu-
También cabe preguntarse por la viabili- yendo incluso la esperanza en una supe-
dad de tan radicales cambios en un sen- ración de la propia mortalidad. Es claro
tido social. Algunos autores, como Mora- que, si esto fuera así, el «transhumanis-
vec, han hablado de una sustitución de mo» no aspiraría primeramente a una
los capitalistas, que serían expulsados de sustitución de los propietarios actuales
los mercados por los robots, ya que estos por máquinas, sino más bien a una
serían mucho más baratos y más eficien- mejora de las condiciones de aquellos
tes en la toma de decisiones4. Eviden- que tienen acceso a los beneficios del
temente, tales afirmaciones dan por su- desarrollo técnico.
puesta una especie de «lucha de clases»
en las que las máquinas fácilmente ven- Desde este punto de vista, se acusa
cerían a los humanos. Por desgracia, los al «transhumanismo» de presentar un
procesos históricos son más complejos, y orden de prioridades muy propio de su
la reticencia de los propietarios a abando- extracción social. En lugar de preocuparse
nar sus propiedades no suele ser peque- por logros más alcanzables, como
ña… mucho más cuando se espera que proporcionar nutrición, o agua potable,
sean precisamente esos propietarios los o servicios sanitarios, o educación, a
que financien las grandes transformacio- toda la humanidad, se aspira a que los
nes tecnológicas que se anuncian como capitales públicos y privados se dirijan a
inmediatas e inevitables. un tipo de investigaciones que, sin una
superación de los males mencionados,
Pregunta previa: la dimensión social parecerían en principio beneficiar
solamente a las élites más acomodadas
En cualquier caso, este tipo de consi- del planeta. Algo que pondría muchos
deraciones nos ponen ante la inexo- límites al aparente «progresismo» de las
rable dimensión social y política de la propuestas «transhumanistas»5.
anunciada «transhumanidad». Cabría

4 Cf. H. Moravec, Robot. Mere Machine to 5 Cf. L. Winner, Are Humans Obsolete?, Hedgehog
Transcendent Mind, Oxford, 1999, p. 133. Review 3 (2003) 1-9.

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Sin embargo, pudiera haber algo más en de nuevos rostros del fascismo o, si se
el «transhumanismo». En cierto modo, quiere, del nacional-socialismo. Y no hay
podríamos hablar de una especie de que olvidar que fue en ese contexto pre-
deseo de «transcendencia», al menos en cisamente en el que se soñó también con
algún sentido de la expresión. Lo que se una superación de la humanidad, para
espera es justamente la superación de crear una nueva raza superior. En el siglo
los límites de lo humano, para lograr una pasado, se confiaba en la realización de
verdadera raza de super-hombres, libera- esa nueva raza mediante métodos en el
dos de los límites de lo humano, incluyen- fondo semejantes a los de Gregor Men-
do la enfermedad y la muerte. Incluso se del. Hoy se espera que esa tarea la hagan
espera una especie de humanidad ética- las máquinas.
mente superior, capaz de superar la vio-
lencia y el egoísmo que ha caracterizado
por milenios a los humanos actuales.

Desde este punto de vista, cabría hablar


incluso de una especie de esperanza en
una redención secularizada, realizada por
la técnica humana y, finalmente, por las
máquinas mismas, una vez superada a
la humanidad actual. En el fondo, pare-
cería haber en el «transhumanismo» un
profundo desengaño sobre la condición
Paco Pomet: Vértigo
humana. El ser humano, en su realidad
biológica, debería de ser superado en Lo que tienen en común estos sueños es
nombre de una nueva especie, de carácter la cuestión de la identidad. En el contexto
maquinal. Esta especie sería capaz de de un capitalismo globalizado, el dinero es
llevar adelante los ideales humanos de perfectamente incapaz de proporcionar
una sociedad más avanzada técnica y identidades sólidas. Y, en la mayor parte
moralmente. Pero los realizaría sin el ser de los casos, tampoco puede proporcio-
humano. Es en el fondo un profundo nar muchas esperanzas. Las esperanzas
pesimismo sobre nuestra condición. se ponen en las nuevas identidades. Por
eso se busca identidad en las redes so-
Cabe llamar la atención sobre el momen- ciales, o en las «identidades de género», o
to social e histórico de tales sueños. Por en los fundamentalismos religiosos, o en
todas partes en el mundo florecen ciertas los nacionalismos. El «tranhumanismo» en
formas de nacionalismo y de populismo cierto modo continúa esa búsqueda de
que recuerdan en gran medida a los años identidad. Porque, al tratar de superar lo
treinta del siglo pasado. Se podría hablar humano, no deja de plantear en el fondo

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la pregunta por lo que sea esa humanidad Para pensar lo que sea lo humano posi-
que necesita superación. blemente no es lo más acertado recurrir a
la postulación de unas realidades «trans-
Qué es lo humano humanas», para tratar de determinar sus
diferencias. Y esto por la sencilla razón de
En algunas propuestas de superación de que tales realidades maquinales todavía
la humanidad se insinúa que las nuevas no existen. Posiblemente sea más útil
máquinas, que superarán a la humani- tratar de entender lo humano a partir
dad, continuarán sin embargo siendo de las especies biológicas existentes,
«humanas» en algún sentido. La razón especialmente a partir de aquellas que
sería la siguiente: lo propio de la huma- son más cercanas a nosotros. Sería el
nidad sería la continua superación de los caso de los primates superiores, tales
desafíos técnicos. Y, como las máquinas como los chimpancés, los bonobos, los
que sustituyeran al hombre también con- gorilas y los orangutanes. Compararnos
tinuarían superando indefinidamente los con ellos puede darnos ciertas ideas de
desafíos técnicos, las máquinas podrían qué es lo específico de la humanidad, y
ser consideradas como una nueva forma de la posibilidad de trasladar esa especifi-
de humanidad6. cidad a cualquier realidad «transhumana».

Evidentemente, tales «definiciones» de lo Ante todo, la habilidad técnica para su-


humano son más bien arbitrarias, y obe- perar desafíos no es una característica
decen a las preferencias personales que exclusiva de los humanos. También otras
cada autor puede tener, en función de sus especies, como los chimpancés, cons-
inclinaciones ingenieriles, o de cualquier truyen herramientas para hacer frente a
otro tipo. En realidad, lo que se echa de los desafíos de su entorno. Tampoco es
menos en la mayor parte de los sueños una característica exclusiva del ser huma-
sobre lo «posthumano» o sobre lo «trans- no el uso del lenguaje. Algunos bonobos
humano» es una reflexión seria sobre lo han sido capaces de aprender cientos de
que sería la humanidad misma que se palabras, y de usarlas con ayuda de un
trata de superar. Y, al faltar una reflexión sencillo teclado. Contra lo que pensó la
sobre la índole misma de la humanidad, filosofía clásica, incluyendo la filosofía del
también resulta enormemente difusa lenguaje del siglo pasado, el lenguaje no
cualquier idea sobre lo que sería una con- es una característica exclusivamente hu-
dición que transcendiera a lo humano, o mana. También los animales, como las
sobre cuáles serían las condiciones para máquinas, tienen lógos.
considerar que esa condición todavía po-
dría ser llamada «humana». Lo más característico de la especie hu-
mana aparece en un ámbito distinto, que
está muy directamente relacionado con
6 Cf. Kurzweil, op. cit., p. 33.

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su socialidad. Los humanos, a diferencia mación. Precisamente porque el ser hu-


de los otros primates superiores, pue- mano tiene un carácter altamente social,
den funcionar en un modo «nosotros». puede institucionalizar sus conocimien-
Las acciones colectivas de los humanos tos, poniéndolos a disposición de los
tienen el interés exclusivo de maximizar demás. Sin esta institucionalización del
el beneficio propio, como sucede con aprendizaje, el desarrollo técnico de la
los otros primates. El ser humano puede humanidad difícilmente podría haber ex-
realizar acciones estrictamente colecti- perimentado el alto grado de aceleración
vas, en las que los comportamientos se al que aluden los profetas de una próxi-
entienden por el individuo como com- ma «singularidad».
portamientos colectivos7.
Ahora bien, ¿qué es lo que tiene el ser hu-
Y esto implica, en el caso de los huma- mano que le permite esta socialidad «insti-
nos, la capacidad de ponerse en la pers- tucionalizadora»? ¿Se trata solamente de
pectiva de los demás. Es lo que sucede una complejización de sus estructuras re-
cuando, al señalar con el índice (función activas frente al entorno, o estamos ante
deíctica), el infante comparte su acto vi- algo que no es mera reacción estimúlica,
sual con su madre, algo que nunca llegan por compleja que sea? La institucionaliza-
a hacer los demás primates. Al compartir ción del conocimiento, ¿consiste simple-
los actos, el ser humano puede adoptar mente en compartir información, como
una perspectiva «colectiva», contemplan- cuando se conectan dos ordenadores, o
do las situaciones «a vista de pájaro», consiste más bien en una disponibilidad
para considerar cómo «se» realizan los estructural a compartir información, ba-
diversos comportamientos. Mientras que sada en la capacidad previa de ponerse
los primates superiores son «maximiza- en el lugar de los demás?
dores racionales», al estilo de ciertas teo-
rías económicas, los humanos tienen un En el ser humano, la posibilidad de com-
sentido de equidad, que les permite no partir los actos parece descansar en una
sólo considerar las situaciones desde el previa capacidad de atender a los actos
punto de vista del otro, sino también insti- mismos, y no sólo a las cosas que surgen
tucionalizar la propia conducta. en ellos. Ahora bien, los actos no son «co-
sas» visibles, sino precisamente el surgir
Y aquí tocamos algo enormemente re- de las cosas. Atender a los actos, para
levante. Y es que el desarrollo científico insertar en ellos a los demás, presupone
y técnico de la humanidad no consiste, no sólo un enorme distanciamiento con
como a veces consideran los ingenie- las cosas, que entonces dejan de ser «es-
ros, en una pura acumulación de infor- tímulos para una respuesta». Al atender a
los actos, atendemos a algo que propia-
7 Cf. A. González, «Para una ‘ontología’ de lo social»,
mente no es visible, que no aparece. Algo
Revista Portuguesa de Filosofia 71 (2015) 833–854.

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que, en su transparencia, permite ver to- y exclusivo tendría que apuntar cualquier
das las cosas como radicalmente distin- intento de imitación de lo humano.
tas de los actos mismos. Y que permite
atender a los actos mismos, para com- Ángeles y gigantes
partirlos con los demás y, llegado el caso,
institucionalizarlos. Estas consideraciones sobre lo humano
no equivalen a una consideración teológi-
¿Llegarán un día las máquinas a poder ca. Desde un punto de vista filosófico, el
hacer esto? Más allá de cualquier profe- ser humano podría todavía ser considera-
cía de futuro, más bien podríamos decir do como la realidad más rica y compleja
que la consideración habitual e ideológi- de todas las que, al menos de momen-
ca del ser humano como una especie de to, encontramos en el universo. El punto
máquina compleja, parece querer llevar de vista de las Escrituras hebreas y cris-
la investigación en una línea equivocada. tianas, y de la reflexión teológica, no fue
El ser humano, precisamente en virtud necesariamente por estos caminos. Vea-
de sus actos, no es una cosa más, ni si- mos esto más despacio, aunque sea en
quiera la más compleja de las cosas. La breves trazados.
modernidad, lanzada al dominio técnico
del mundo, quiso pensar al ser humano Ciertamente, los relatos bíblicos de la
como «sujeto», es decir, recurriendo a las creación establecen una distinción entre
categorías clásicas utilizadas para las co- el ser humano y el resto de las criaturas.
sas. Pero lo específico del ser humano no El ser humano (adam) ha sido creado
es un subjectum, ni un substratum, ni una «a imagen y semejanza» de la divinidad
sustancia anímica, ni ninguna otra «cosa» (Gn 1:26). En el contexto cultural, era el
que pueda ser término de nuestros actos. rey quien normalmente era considerado
como imagen de la divinidad. El relato bí-
Lo más característico del ser humano no blico generaliza esta prerrogativa a toda la
es cosa, sino acto, en su transparencia humanidad. Toda ella es imagen y seme-
invisible. El ser humano no es una cosa, janza de Dios. También en el contexto era
ni una mera mezcla de cosas, por más usual que el rey pusiera su estatua para
que se quiera pensar estas cosas, o estas demarcar la extensión de su soberanía.
notas, como cosas «espirituales». El ser En cualquier caso, lo que el texto sub-
humano, en su momento más caracterís- rayaría es que el verdadero soberano es
tico, es acto. Pero es acto en una carne. Dios, siendo el ser humano el administra-
Nuestros actos, en su invisibilidad, acon- dor que de alguna manera queda al cargo
tecen en un aquí carnal. Podemos decir de su creación.
entonces el ser humano es el «personar»
de los actos en una carne concreta y bio- En el contexto de la modernidad, el relato
lógica. Es persona. A este punto esencial bíblico fue usualmente leído bajo la pers-

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pectiva del ser humano como «cúspide» Entre ellos, tendríamos al famoso Goliat,
de la creación. Ciertamente, como vimos, al que se enfrenta un David carente de to-
hay motivos filosóficos para subrayar su dos los recursos técnicos y militares de
diferencia con todas las demás cosas. su oponente (1 Sam 17). Nuevamente
Ahora bien, la cultura bíblica, e incluso nos encontramos aquí con la creencia en
la perspectiva medieval, no defendía un la existencia de ciertas criaturas, todo
simple antropocentrismo. Más bien se lo inverosímiles que se quiera, pero que
contaba con la existencia de otras entida- en determinados aspectos serían cla-
des que, siendo también criaturas como ramente superiores a los seres huma-
el ser humano, eran sin embargo supe- nos, o al menos a los seres humanos
riores a él. Al mismo tiempo, la progresiva «normales». Tanto los ángeles, como
afirmación de la unicidad divina impedía los «gigantes», mostrarían una idea de
considerarlas como divinidades. Es el la creación donde el ser humano no es
caso de los «ángeles», cuya importancia precisamente su «cúspide».
fue creciendo en la religiosidad hebrea,
especialmente después del exilio. Precisamente en este contexto es don-
de cobra un sentido especial la pregun-
Con frecuencia, los ángeles sirvieron para ta: «¿qué es el ser humano para que te
pensar el carácter espiritual y el poder de acuerdes de él, el hijo del humano, para
las realidades políticas y sociales, tal como que lo visites?» (Sal 8:4). El ser huma-
encontramos por ejemplo en el libro de no no es preferido por su superioridad
Daniel (Dn 10:12-14). En cualquier caso, intrínseca, o por otros méritos propios,
sin entrar detalladamente en el significado sino por la benevolencia gratuita de Dios
concreto de la creencia en los ángeles, es hacia él. Ha sido creado, y ha sido cons-
importante constatar que la mera creen- tituido en «mayordomo» de la creación,
cia en su existencia subrayaba que el ser por un puro acto de amor, carente de
humano distaba en muchos aspectos de méritos previos. Se trata de una afir-
ser la realidad más poderosa o inteligente mación que una y otra vez se repite a
de toda la creación. Algo que se subrayó lo largo de todas las «elecciones» bíbli-
todavía más cuando, en la Edad Media, el cas. Frente a cualquier «justicia» basada
influjo del neoplatonismo condujo a que en los méritos, el Dios bíblico actúa en
se elaborara toda una compleja jerarquía base a su gratuidad, favoreciendo al ser
de realidades angélicas, todas ellas situa- humano de una forma inmerecida. Es, si
das muy por encima del ser humano. se quiere, uno de los ejes centrales de la
idea judeo-cristiana de Dios.
Algo semejante sucede con el caso de los
nephilim, anaqim, emim, rephaim, usual- No sólo eso. Las tradiciones extrabíblicas,
mente traducidos e interpretados como tanto judías como cristianas, no dejaron
«gigantes» (Núm 13:33; Dt 2:10-11; etc.). de sorprenderse respecto a la preferencia

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de Dios por el ser humano en detrimento ser humano respecto a la tierra y sus cria-
de los ángeles. La tradición de una «rebe- turas (Ex 23:10-11; Lv 25). A diferencia
lión de los ángeles» apelaba en algunas de la idea moderna, que separa «sujeto»
versiones a la envidia que estos habrían y «naturaleza», la visión bíblica mantiene a
sentido respecto a los humanos. Una en- la humanidad injertada en el conjunto de
vidia ciertamente motivada por la elección la creación. Precisamente por ello la res-
gratuita e inmerecida de la humanidad. ponsabilidad del ser humano por la crea-
Pero una envidia que también servía para ción es también una responsabilidad por
pensar alguna de las características pro- sí mismo.
pias de lo humano: el ser humano, pre-
cisamente por su condición carnal y no En segundo lugar, la idea del ser huma-
espiritual, podía tener hijos, a diferencia no como «imagen y semejanza» de Dios
de los ángeles. se refiere explícitamente al ser humano
como varón y mujer, «macho» y «hembra»
(Gn 1:27). La semejanza con la divinidad
no se realiza en la pura individualidad, ni
tampoco en un simple acto de compar-
tir una cierta cantidad de bytes entre dos
máquinas. En el caso del ser humano, el
cuerpo es el «lugar geométrico» en el que
acontecen nuestros actos. Por eso, los
cuerpos pueden ser considerados, con
una expresión hebrea, como «carne». Y la
carne humana puede compartir sus ac-
tos. Cuando dos cuerpos se tocan, por
Paco Pomet: Campaign
ejemplo, acontece algo extraordinario: en
el mismo acto de «tocarse», surgen dos
De nuevo, más allá del carácter legenda- cuerpos distintos. Es una distinción en la
rio de estas tradiciones, podemos darnos unidad originaria de un solo acto. Dicho
cuenta de dos tesis capitales. En primer en otros términos: los cuerpos humanos
lugar, el ser humano, como «mayordomo» pueden llegar a formar «una sola carne»
de la creación, no es alguien separado de (Gn 2:23-24).
la creación misma. A diferencia de cual-
quier ser «angélico», el ser humano parti- ¿Por qué esta unidad es imagen de la di-
cipa, mediante su condición biológica, de vinidad? Porque una imagen tiene que ser
la carnalidad propia de todas las demás acto, como el acto puro, y tiene que ser
especies. De hecho, es esta solidaridad cuerpo, para poder «re-presentar» algo.
en la carne la que está en la base de la re- Y la unidad de estas dos dimensiones
flexión bíblica sobre la responsabilidad del solamente acontece en la unidad que lla-

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mamos «carne»8. Las máquinas pueden el blanco. Pues bien, desde los relatos bí-
compartir información, pero difícilmente blicos ese fallo se plantea como un querer
pueden llegar a ser una sola carne, por- comer de los frutos del árbol del bien y del
que no son carne. De hecho, en el fon- mal, es decir, una pretensión de realizar
do del sueño de reducir el ser humano a la propia vida fundándose en los resulta-
mera información, y en el sueño de supe- dos de las propias acciones (Gn 3-11).
rar nuestra condición biológica, posible- Resultados que, en cuanto tales, no son
mente esté latiendo, en el fondo, un ver- actos, ni propios ni ajenos, sino que son
dadero deseo de «desertar de la tierra», cosas. El ser humano rechaza a Dios,
como diría Nietzsche. Un deseo expresa- acto puro, fuente y autor de toda vida,
do repetidamente por el pensamiento oc- para querer fundar su vida en los resulta-
cidental, incluyendo al cristianismo plato- dos de las propias acciones. Al hacerlo,
nizado después del «giro constantiniano». olvida el «personar» de los actos en su
propia carne, para perderse en las cosas.
En el fondo, el deseo de desertar provie- Y, con eso, se cosifica. Y, al cosificarse,
ne de un profundo pesimismo sobre la solamente puede entender su realización,
condición humana. Se quiere abando- y su mejora, en términos «cósicos».
nar la condición humana actual, porque
el ser humano, tal como lo conocemos, De hecho, la etiología bíblica sobre la gé-
no resulta deseable. Sus fallos morales y nesis de los «gigantes» (nephilim) se ins-
sociales son demasiado notorios. Frente cribe precisamente en el contexto de los
a esta concepción, la visión bíblica, cono- relatos hilvanados en torno a la pretensión
ciendo la realidad del pecado, mantiene adámica de comer de los resultados de
sin embargo una «fidelidad a la tierra» que las propias acciones. Los gigantes serían
es fidelidad a la humanidad, tal como la precisamente un intento de superar la hu-
conocemos. El pecado, por de pronto, no manidad mediante una hierogamia entre
es una mera falta moral, sino que es, en los seres angélicos y los seres humanos
sus expresiones básicas, tanto en hebreo (Gn 6:1-4). Con ello no sólo hay una alu-
(khatta’a) como en griego (hamartía), un sión crítica a los cultos de la fecundidad
«fallar al blanco». El ser humano «peca» cananeos, y a su pretensión de atraer la
en la medida en que no realiza sus posibi- lluvia, sino también una profunda com-
lidades vitales, tal como estaban incluidas prensión sobre la esencia de la preten-
en el proyecto originario de Dios para la sión humana de auto-justificación. El ser
humanidad. humano se quiere justificar precisamente
mediante la consecución de «superhom-
Cabe entonces preguntarse cuál es la es- bres» en los que se supere la propia hu-
tructura de ese fallo, de ese no alcanzar manidad. Una renuncia a la tierra que, en
definitiva, es ecológicamente catastrófica
8 Cf. A. González, Surgimiento, Bogotá, 2014, pp.
para la propia tierra (Gn 6:5-22).
203-242.

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Sin embargo, este fallo no es constitu- Y aquí entra, ineludiblemente, la cuestión


tivo de la humanidad. El ser humano, de la propia libertad. A veces se pien-
desde el punto de vista cristiano, es sa que una máquina altamente compleja
«redimible» del pecado. La liberación es sería una máquina «libre». Hay sin duda
posible. No sólo eso, sino mucho más. una cierta ingenuidad cuando se piensa
El ser humano, como imagen y seme- que la libertad tiene que ver con la com-
janza de la divinidad, es susceptible de plejidad progresiva de las operaciones
la «encarnación». La humanidad puede lógicas. Es muy posible que la libertad,
recibir en sí misma a su propio Crea- en el caso del ser humano, esté más bien
dor. La humanidad, en lugar de ser un fundamentada, no en la eficiencia ciber-
mero producto desechable de la evolu- nética de las operaciones lógico-mate-
ción, es deseable y es deseada por la máticas, sino más bien en el hiato que
divinidad. Y, de nuevo, tal deseo, y tal posibilita atender a los propios actos, en
unidad, se realiza en la carne. En la rea- lugar de atender a las cosas. Por eso po-
lidad del Hijo unigénito de Dios, la di- siblemente esté mal orientado cualquier
vinidad se muestra como quien desea, intento de entender al ser humano en
no la unidad con los ángeles, ni con los términos puramente cósicos.
gigantes, ni con los superhombres, sino
con esta concreta y frágil humanidad. En cualquier caso, hay una dimensión de
la libertad que está directamente relacio-
De hecho, la realización de las propias nada con la mortalidad. Una mortalidad
posibilidades humanas, el no fallar al de la que los sueños maquinales quieren
blanco, está estrechamente relacionado escapar. En realidad, la posibilidad de
con la aceptación de la propia finitud, y «siempre decidir de nuevo» no es verda-
de la propia caducidad. El ser humano dera libertad, o es solamente un estrato
no está destinado simplemente a reali- inferior de la misma. La verdadera libertad
zarse a sí mismo mediante sus propias consiste en la capacidad de tomar deci-
fuerzas. El ser humano, como imagen siones para siempre. Una realidad eterna
y semejanza de la divinidad, está crea- toma decisiones eternas, que no cambian
do para vivir en una relación. Y vivir en con el tiempo, porque no están en el tiem-
una relación significa recibir el propio po. Pero la imagen terrena de la eternidad
destino, y la propia libertad, de otro. no es un tiempo infinito, al menos en lo
La liberación del ser humano no es un relativo a la libertad.
logro humano sino, de nuevo, un rega-
lo. Frente al sueño de la auto-creación Podemos verlo de la siguiente manera. Un
y de la auto-superación, la perspectiva ser inmortal, pero situado en el tiempo,
bíblica proyecta un ser humano capaz no podría tomar decisiones para siempre.
de recibir, de una vez y para siempre, el En su albedrío estaría siempre la posibili-
don de su propia realización. dad de cambiarlas. Un ser inmortal, pero

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Perifèria. El transhumanisme: H? 4/2017

temporal, siempre podría revisar sus de- En realidad, en las utopías del posthuma-
cisiones. Por ello, la verdadera «imagen y nismo permanece una fuerte impronta del
semejanza» de la libertad eterna de Dios platonismo occidental. Lo que se preten-
requiere un ser «emplazado» en el tiempo. de, en definitiva, es una huida de nues-
Solamente un ser finito temporalmente tra carne, para ir a un cielo no biológico.
puede tomar decisiones semejantes a las Frente a ello, el cristianismo originario, en
eternas, es decir, decisiones definitivas, sus versiones históricas y presentes, no
que quedan para siempre fijadas con la pretende huir de la tierra, sino más bien
muerte. Ciertamente, en nuestra libertad una transfiguración de la misma. La «re-
está el revisar muchas decisiones. Pero surrección de la carne» expresa preci-
toda revisión tiene un límite: en determi- samente esa diferencia constitutiva con
nado momento, lo que hemos querido, todo platonismo. En un mundo en el que
es lo que hemos querido definitivamente. los ricos pretenden huir a una utopía ma-
Justamente en la finitud de una libertad quinal, mientras que a los demás se les
mortal somos imagen de Dios. Algo que ofrecen las engañosas identidades de la
no podría serlo nunca un ser inmortal, sea sexualidad, o del nacionalismo, el cristia-
máquina o elfo. nismo sigue siendo una verdadera «espe-
ranza de los pobres» (Sal 9:18). La espe-
Concluyendo ranza en una tierra renovada, «en la que
habite la justicia» (2 Pe 3:13).
En la limitación de nuestra carne, no
siendo ni máquinas ni gigantes, es don-
de podemos afirmar, o eludir, nuestra
constitutiva relación con Dios, hacien-
do definitiva, «eterna», nuestra decisión.
Por eso, en definitiva, la esperanza cris-
tiana no se dirige a una superación de
la propia condición humana, con todos
sus límites intrínsecos. El cristianismo
espera «un cielo nuevo y una tierra nue-
va» (2 Pe 3:13), una venida del reinado
de Dios, un descenso de la Jerusalén
celestial a habitar entre los hombres (Ap
21). Algo muy distinto de la esperanza
platónica en almas huyendo del cuerpo
para ir al cielo, tal como fue pensado en
el cristianismo platonizante, surgido del
giro constantiniano.

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