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Allison Delgado.

1º Biotecnología

¿Por qué los gatos caen siempre de pie?


Siempre hemos oído que los gatos tienen siete vidas ya que son capaces de sobrevivir
a caídas imposibles, lo que les ha dado, con el tiempo, la fama de casi inmortales. Estos
pequeños felinos, según dice el viejo mito, siempre caen de pie sin importar la altura. Y
aunque esto no sea del todo verdad, lo que es innegable es que los gatos poseen unas
habilidades adaptativas que les permite manejar mejor las situaciones de caída, incluso
si inicialmente caen con la espalda hacia el suelo, logrando caer de pie con gran éxito.
Para poder hacerlo, los gatos se aprovechan de dos factores importantes. En primer
lugar, tienen una característica especial en cuanto a su constitución: poseen una
médula espinal muy flexible que les permite girar sobre sí mismos en el aire. Y, en
segundo lugar, los gatos conocen instintivamente algunos trucos esenciales que
aprovechan de forma íntima las leyes de la física. La combinación de ambos da como
resultado este fenómeno tan característico de los mininos.
En el momento en el que este ágil felino va a caer de espaldas, empieza a ejecutar una
serie de acciones que le permite efectuar un giro de 180º sobre sí mismos alrededor de
su eje horizontal. Pero, en cuanto a esta habilidad de giro felina, ¿no se encuentra en
contradicción con la ley de conservación del momento angular? Es decir, si
despreciamos el rozamiento del aire, inicialmente, el gato cae de espaldas con una
velocidad angular inicial cero. Pero para efectuar un giro de 180º sobre su propio eje,
debe existir un cierto momento angular, con lo cual, esta cantidad no se conservaría.
Vamos a recordar un poco estos conceptos. El momento angular es ‘’la cantidad de
inercia que mantiene girando un objeto hasta que se detenga o cambie su velocidad’’.
Se define como el producto vectorial entre el radio y el momento lineal.

Esta ecuación es válida para los objetos que giran alrededor de un eje fijo y para los
objetos que giran alrededor de un eje que se mueve de tal modo que permanece
paralelo a sí mismo, tal y como lo hace el eje del gato cuando éste cae hacia el suelo.
Por otro lado, la ley de conservación del momento angular dice que, en ausencia de
fuerzas externas, el momento angular de un cuerpo se conserva. Como existe roce y
gravedad solo tiende a conservarse. En otras palabras, esta ley explica que un cuerpo
rígido presenta cierta resistencia a girar sobre un eje, es decir, a cambiar su velocidad
angular. Si el gato cae "de espaldas", girar 180º no debería ser posible pues está
cayendo con una velocidad angular igual a cero.
Sin embargo, lo que hace el gato es girar sobre sí mismo, logrando con ello cambiar la
velocidad angular y así, hacer posible girar su cuerpo sobre sí mismo en el aire. Pero,
¿cómo logra el gato efectuar exitosamente este giro, retando a su vez la ley física que
hemos comentado?
1. En un primer momento, al caer, nuestro amigo felino arquea la columna, mientras
estira las patas traseras y recoge las delanteras y la cabeza. El momento angular
total del gato debe ser igual a cero, como al principio. Pero, la masa de las patas
traseras se encuentra alejada del eje de rotación, lo que crea una pequeña velocidad
angular de la parte trasera de su cuerpo. En consecuencia, se provoca el mismo
momento angular (por la ley de conservación) que una velocidad angular más grande
en su parte delantera. Esto se debe a lo cerca que se encuentran sus patas (y la
masa) del eje de rotación.
Allison Delgado. 1º Biotecnología

Estas dos rotaciones se compensarán ya que son de diferentes


sentidos, y por lo tanto darán lugar a un momento angular total
igual a cero. La parte delantera del gato se volteará hacia un lado
mucho más que la parte trasera en sentido opuesto.
2. En un movimiento seguido, el gato hace lo contrario al
movimiento anterior: retrae las patas traseras y estira las
delanteras, lo que provoca el giro en sentidos opuestos,
aprovechando la ley de conservación. Ahora las patas
delanteras tendrán una velocidad angular mayor que las
delanteras, lo que se debe a que las patas traseras están más
cerca del eje de rotación que las patas delanteras. Por lo tanto,
durante este segundo giro, la parte delantera del gato se voltea
mucho menos que la trasera.
3. Al final de este torcimiento el gato vuelve a la misma posición que
cuando comenzó a moverse, con las patas traseras extendidas
y las delanteras recogidas, sólo que esta vez, girado hacia el
suelo pues todo el cuerpo ha girado un ángulo apreciable. Todos
estos movimientos pueden ser realizados más de una vez hasta
que nuestro minino alcance su objetivo, pudiendo girar hasta
180º.
4. Finalmente, cuando el gato está preparado para aterrizar, el
último paso consiste en retraer las patas preparándose para
amortiguar el impacto y, a continuación, curva la columna, con lo
que aumenta la fricción con el aire actuando como un
paracaídas, por lo que se reduce la velocidad de caída. Esta
posición le ha hecho ganar el nombre de "gato paracaidista".
Pero además de estos movimientos, el gato emplea otros
artilugios para amortiguar su aterrizaje: estira las patas traseras
y delanteras, y extiende sus garras para evitar resbalones una
vez que toca tierra. Según algunas investigaciones el gato es
capaz de reducir la velocidad de caída a la mitad que otro
cuerpo.
No obstante, la aceleración de un cuerpo en caída libre sigue existiendo, por lo que,
aunque sea más lentamente, la velocidad va en aumento, y si nuestro gato cayera desde
un piso 100, difícilmente podría sobrevivir al impacto.
La foto de investigación de la derecha fue publicada por uno de los varios estudios
científicos que tenían como objetivo demostrar esta particularidad de los gatos. En ella
se observa cómo nuestro amigo felino va girando y modificando su ángulo de giro
mientras cae, demostrando la asombrosa capacidad de los seres vivos a caer sin violar
la ley de conservación del momento angular.
En conclusión, los gatos pueden girar sobre sí mismos en el aire porque la parte anterior
y la parte posterior de la médula giran en distintos sentidos al mismo tiempo, mientras
que las patas impulsan el movimiento en el aire. Sin embargo, hay que aclarar que los
gatos no siempre caen de pie, sino, más bien casi siempre. Estos ágiles felinos no son
tan infalibles como pudiéramos suponer, pues al igual que el resto de animales, si las
caídas son muy altas pueden sufrir accidentes. O incluso todo lo contrario, pues si la
altura es muy pequeña, el minino no dispondrá del tiempo suficiente para realizar los
movimientos adecuados.
De esta forma, si la situación está a su favor y la altura no es considerable, el gato puede
hacer provecho de la ‘’ley de conservación del momento angular’’, y realizar el reflejo de
orientación innato llamado ‘’de enderezamiento’’ para caer de pie, tal y como se ha
explicado.