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ASESINATO DE UN TITÁN
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Recreación imaginaria de los momentos
previos a la muerte de Sucre
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27/11/2015

Jose Pernia

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CAE LA TARDE, EN LA ESPESA MONTAÑA QUE RODEA EL CLARO DONDE
REPOSAN DOS HOMBRES: UN NEGRO ALTO Y FORNIDO Y UNO BLANCO,
DELICADO, MUY ELEGANTEMENTE VESTIDO CON UNIFORME DE GALA
MILITAR, ES SUCRE, QUE VA ACOMPAÑADO DE UN FIEL SIRVIENTE.
SOLAMENTE SE ESCUCHAN GRAZNIDOS DE PÁJAROS Y LA SUAVE BRISA
QUE MUEVE LOS INMENSOS ÁRBOLES DE UNA VEGETACIÓN
TOTALMENTE IGNOTA. EL CAMINO QUE SE ADIVINA A LOS PIES DE LOS
HOMBRES ES APENAS UNA PEQUEÑA SOMBRA, COMO DE SITIO POR
DONDE NO PASA GENTE MUY A MENUDO. SE OYEN LOS RELINCHOS DE
LAS BESTIAS Y EL NEGRO SE ALERTA-

NEGRO Mi G… Quiero decir, Señor… los caballos están inquietos.


Hace rato que se mueven como si presintieran algo…

SUCRE (Tranquilizándolo) ¡Déjate de bobadas, negro! A ti tu mujer te


va a volver loco con todas esas cosas que hace de brujería
africana…

NEGRO ¡Que no son brujerías, mi señor! Esa es la verdadera religión


de nosotros. Se llama Lucumí y ha estado entre nuestro
pueblo desde antes que los blancos nos invadieran y nos
trajeran encadenados aquí. Nos obligaron a arrodillarnos
ante sus dioses y una cruz de palo, pero nosotros, por dentro,
seguimos creyendo en lo nuestro…

SUCRE (Intencionado) ¡Ah, negro para cimarrón este, cara…! Pero


estate tranquilo. Que todavía no es mi hora…

NEGRO Y, usted… ¿cómo sabe? (Indagando) ¿Acaso Usted también ve


cosas, como mi Antonia?
SUCRE (Entre risas) ¡No, negro! Yo no necesito esas cosas. Claro, a
veces… a veces sueño con un pájaro negro de alas inmensas
que revolotea y se va acercando y según se aproxima, el sol
se va ocultando hasta que no veo nada. (Ríe
estrepitosamente) ¡Quizá por eso es que me caigo tan a
menudo del chinchorro!

NEGRO (le acompaña en la risa) Mi G…, quiero decir, Mi Señor, usted


si tiene vainas… (Sombrío) En cambio, a mí no me abandona
un frío aquí (se señala el plexo solar) desde que comenzamos
esta travesía, por más que tomo café y me echo palos de ron,
no se me calienta el estómago, es como si un pedazo del
paramo se hubiera mudado dentro de mí…

SUCRE (Tratando de restarle importancia) ¡Basta, negro, basta!


¡Déjate ya de esas boberías y, ciertamente, nos hace falta un
café, anda, prepáralo… ¡y pronto, que ya empieza a congelar
la noche! Mira: ¡hasta estoy tiritando!

NEGRO (A regañadientes) ¡Ya voy, ya voy! (Protestando) ¡Yo no sé


por qué no trajimos a la Antonia… ahora me toca cocinar a
mí!

SUCRE (Calmándolo) Bueno, tú mismo lo dijiste… ¡si para un hombre


esta travesía es dura, para una mujer es inaguantable!
(Animándolo) ¡Anda, prepara algo para cenar… Y luego, a
dormir, mañana debemos partir temprano… el camino es
largo.
EL SIRVIENTE SALE. SUCRE SE QUEDA SOLO. BUSCA PAPEL Y PLUMA EN EL
BAÚL QUE TRAEN CONSIGO. CIERRA EL MISMO Y LO USA COMO
ESCRITORIO, SE SIENTA EN EL SUELO Y SE CONCENTRA EN LA ESCRITURA.

SUCRE “A Vuestra Excelencia, Mi General Simón Bolívar, Libertador


de La Gran Colombia, Padre de la Patria y mi más dilecto
amigo: al emprender esta travesía por orden suya, para ver
los progresos de nuestros hermanos en el Sur, me dijo Usted
que me encomendaba encarecidamente que tratara de
insuflar en el pueblo a mi paso los más elevados
pensamientos de libertad, igualdad y solidaridad. Eso he
hecho y tal como indicó Vuestra Excelencia, aún persisten
ciertas resistencias, más signadas por la ignorancia que por la
maldad, pero la fuerza de la educación ayudará a corregir el
rumbo de esta Gran Colombia que hemos forjado con la
sangre de tantos y tantos e, incluso, a riesgo de nuestras
propias vidas…. (ES INTERRUMPIDO POR EL SIRVIENTE, QUE
ENTRA CON UN PLATO Y UN POCILLO)

NEGRO ¿Otra vez carteándose con El Libertador? (LE SIRVE


AMABLEMENTE Y SE RETIRA)

SUCRE (CONTINUANDO) “Pluga al cielo que podamos lograr nuestros


más altos sueños, por el bien de la patria. Sinceramente
amigo y hermano. Antonio José de Sucre” (DOBLA LA CARTA,
LA ECHA EN EL BAÚL, COME LO QUE LE TRAJERON, SE
ENJUAGA LA BOCA CON AGUA DEL MANANTIAL QUE CORRE
DETRÁS DE ELLOS Y BUSCA DONDE RECOSTARSE. OSCURO
TOTAL. UNOS SEGUNDOS DESPUES AMANECE Y LOS
VIAJEROS SE DISPONEN A MARCHARSE)

NEGRO (ARRIMÁNDOSE) Mi Señor, ya están listas las bestias, las


ensillé, recogí todo y aquí está el cafecito de la mañana. Le
puse unas gotitas de ron para que caliente el cuerpo….
LAS BESTIAS RELINCHAN INCÓMODAS. DE LA ESPESURA SE OYE UN
GRITO:

VOZ ¡General Sucre! ¡General Sucre!

SUCRE (EN DIRECCIÓN DE DONDE SALE LA VOZ) ¿Quién vive?

NEGRO ¡No, mi Señor, no conteste! (LO DICE PORQUE SE HA DADO


CUENTA DE LA TRAMPA. SALTA HACIA EL GENERAL YA SIN
TIEMPO. SUENAN TRES BALAZOS Y SUCRE CAE AL SUELO,
GRITANDO

SUCRE ¡Ay, balazo! (SE DESPLOMA, MUERTO. EL SIRVIENTE DISPARA


SUS DOS PISTOLONES HACIA LA ESPESURA, NADIE LE
RESPONDE EL FUEGO. YA SE HAN IDO.) ¡Cobardes,
mujeringas! ¿Así matan a un héroe? ¿De esa manera tan
artera y miserable acaban con la vida de un titán? ¡Claro, no
podía ser de otra manera: los gusanos que corroen las
entrañas de la patria no tienen alas para volar y alcanzar a las
águilas que la construyen! (SE ARROJA SOBRE EL CUERPO
INERTE) ¡Mi general Sucre, este dolor no se nos quitará del
alma hasta que demos con los que hicieron esto! (CAE EL
TELÓN)

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