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KARLA ENTRA CANTANDO UNA CANCIÓN DE RUBEN BLADES: “La calle es una

selva de cemento”. Se la ve evidentemente ebria, aunque trata de hacer todos los


esfuerzos para no parecerlo. Se ve que ha salido de una lucha reciente. Se quita los
zapatos, la chaqueta y una peluca que trae puesta, todo va quedando regado en el
piso, al descuido, la cartera vuela hacia una cama grande que domina todo el
espacio, a su cabecera un ventanal , hacia los pies un televisor, a la derecha una
peinadora, repleta de maquillajes, pelucas y joyas de fantasía. Es todo. Esta es su
vida, la que ha escogido. La que va a vivir. Afuera, se oyen ruidos de bar, gente que
discute en las calles, la ciudad no duerme. KARLA en cambio, necesita dormir. Lo
necesita urgentemente. Se sienta a la peinadora a quitarse el maquillaje. Tararea
un bolero “Rata de dos patas” de Paquita la del Barrio.

KARLA (Mientras se quita el maquillaje. Se ve al espejo una cicatriz imperceptible


para el público, pero no para ella que conoce bien su cara) Esta (toca la cicatriz) fue
por tu culpa, Nicanor. (Sonríe para sí) Tenías la risa más pícara que haya visto en mi
vida y el gesto de gran sinvergüenza pintado en la cara que debió ser una alarma
prendida para que no te me acercara. Pero… ¿qué le voy a hacer? Así soy yo: ¡me
gustan los chicos malos!... Y nos empatamos. Los primeros días fueron de pan y
caramelo: flores, bombones,… ¡champaña! (Aparte, al público) – De la barata, pero
lo que cuenta es el gesto… ¿o no? – (Consigo misma. Con rencor) ¡Debí advertirlo
desde el principio! ¡Todas mis amigas me lo decían: ten cuidado, ese no es de fiar!
Pero yo, terca, trataba de convencerme que era mentira, que no tenías otras, que yo
era la única… (Con repentina ira. Con el llanto en los ojos y la voz entrecortada) ¡Te
lo daba todo, Nicanor! Mi ser, mi vida,… ¡mi dinero! ¿Ropa querías? ¡Te compraba
exclusivamente de marca! ¿Zapatos te faltaban? ¡No conociste conmigo nada que no
fuera lo mejor! ¿Comida? ¿Bebida? ¡Lo que fuera de primera para ti, para Mi Señor,
para mi adoración, mi hombre… MI MACHO! (Amargada) ¿Y todo para qué? Para
que una noche de doble turno en el bar llegara y te encontrara… ¡en mi propia cama
y con mi mejor amiga! (Pausita. Se llena de rencor) ¡Ocho años me costó esa noche,
ocho años de mi vida y todo por una pequeña cortada! (Pausita) En el hospital
dijeron que habían sido 38 puntos de sutura y total desfiguración de cara. Pero,
¿cómo! ¡Si yo apenas y te rocé la cara! ¡A ella, a ella la hubiera querido matar, pero
saltó por la ventana, partiéndose varias costillas y una pierna en el intento de
escapar de mi arrechera! ¡Ni siquiera se mató la desgraciada! (Con ira contenida.
Masticando las palabras) Pero tú, tenías que quedarte, impidiéndome seguirla,
tratando de calmarme… ¡Ahí estabas, con tu sonrisa y ese brillo de burla en los ojos

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que tanto me gustaba! Ahí estabas… ¡tan tranquilo! Y no pude soportarlo: la misma
“pico’e loro” que me habías comprado en mi cumpleaños para que me defendiera
de los borrachos en el muelle, para que nadie que yo no permitiera me tocara, de
pronto me la encontré vibrándome en la palma de la mano, rogándome que la
abriera, gritándome que la usara y… ¡no pude contenerme! Pero lo más extraño, es
que no sentí nada, ni rabia, ni dolor, miedo… ¡nada! Solo sorpresa cuando vi saltar la
sangre y estupor cuando escuche tu grito de dolor… ¡más nada! Luego, una
inmensa calma, la dejé caer allí mismo y esperé a la policía - porque sabía que
vendría por mi – y no hice nada… ¡absolutamente nada! para escapar de allí…
(Pausita. Imitando una voz gruesa) “Acusada Karla Restrepo, este tribunal la
condena a la pena de ocho años de prisión por lesiones personales y desfiguración
de rostro en contra del Señor Nicanor Nepomuceno Carranza”… todo el mundo se
quedó espantado cuando, en vez de llorar, suplicar u otra cosa, yo prorrumpí en una
inmensa carcajada, pero es que hasta ese día, yo nunca había escuchado tu nombre
completo y ese segundo nombre “Nepomuceno” me provocaba mucha risa y hasta
el sol de hoy lo hace… (Pausa. Hace un gesto como espantándose moscas de la
cara o pájaros de la cabeza) ¡Pero eso ya pasó hace mucho tiempo! (Pausita) este
ron como que estaba adulterado, me está trayendo estos recuerdos que yo había
sepultado hace mucho tiempo… (Pausita. Tararea una canción mientras se quita el
maquillaje) ¡Voy a tener que dejar de trabajar en ese bar! Los clientes se están
volviendo cada día más agresivos y escasos y la dueña descuidada y hasta cochina:
los baños no están aseados y una puede coger una enfermedad facilito. Los
hombres no: esos mean parados. Pero una tiene que sentarse y esas pocetas nunca
huelen a desinfectante… Será por la situación, porque un frasco de esas porquerías
químicas cuesta un ojo de la cara y… ¡como están las vainas, uno apenas si gana
para la comida!… es que hasta para el sexo se ha puesto jodida la cosa: un condón
cuesta un dineral y una, pues una también tiene sus necesidades y tiene que subir la
tarifa. (Pausa. Se quita los zarcillos y continúa aplicándose cremas para limpiarse.
Se aplica crema en el cuerpo luego de haberse pasado una toallita húmeda para
refrescarse) Me acuerdo cuando llegué aquí a trabajar en “La Frontera”: acababa
de salir de prisión y tenía que seguir mi vida, pero por allá era imposible: nadie
quiere darle trabajo a una expresidiaria, y menos, con el historial de haber cortado a

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uno y gustarle andar con una navaja en el bolsillo y todo eso… Bueno, la gente se
encarga de construir toda una historia y hacer de uno una heroína o una villana, en
todo caso, hacen un gran mito. Esa es la otra gran ocupación nuestra: hacer del
chisme y la murmuración nuestra fuente de vida. Si gastáramos más tiempo en
trabajar – aunque sea como yo: con mi cuerpo – que en hablar pendejadas, seríamos
un país de triunfadores, de gente con plata y no unos miserables que tienen que
esperar por una cajita de comida para seguir andando… Antes, antes era otra cosa.
gente por todas partes con plata, con ganas de gastarla, de echarse unos tragos y
una mujer encima – o un tipo, hay de todos los gustos en esta vida – y aquí en la
frontera se complace a todos, se hace de todo, se tiene de todo y se trata de hacer
feliz al que va, al que viene y al que vive aquí: en medio de todo y cerca de nada,
porque la frontera es eso, un lugar en el medio de la nada, donde todo es posible.
Está lejos de la capital, por eso no le llegan las cosas y las noticias a tiempo, pero
está cerca de otro país, por lo cual se sabe más de aquel que del propio y en este bar
donde trabajo que tiene un nombre creativo, único (Ríe con sarcasmo) le pusieron
“La Frontera”, como si eso fuera muy original, no podía ser distinto: teníamos
bailarinas, cantantes, travestis,… ¡de todo! La oferta oficial era por licor, pero – por
un precio lógicamente elevado – se podían conseguir otras “cositas” (hace gesto de
aspirar e inyectarse) pues teníamos un proveedor con una “farmacia” bien surtida
para suministrar a cada quien su medicina. (Pausita) ¿Y la autoridad? (Sarcástica)
¡Bien gracias! Aquí la señora de la ley anda sin venda y sin balanza, pero en cambio
carga un garrote y una bolsa: agarra lo que quiere, coge lo que le da la gana, se sirve
lo que se le antoja y, encima, cobra por hacerse la Shakira (Imita) “Loca, ciega,
sordo muda…” (Pausita. Se quita los zapatos y las medias, luego de zafarse el
liguero por debajo de la falda) Aquí en la frontera, todo tiene su precio: hasta la
vida misma; si uno quiere prolongarla, tiene que pagar protección… ¡si no, puede
aparecer con el mosquero en cualquier esquina! (Pausa. Bosteza) ¡Estoy cansada!
Pero no de trabajar, ¡no! De todas maneras, el bar se ha convertido en mi vida.
Antes, cuando no tenía estas cicatrices, me llamaban “La muñeca” hoy, soy Karla,
así, a secas. ¡Pero me da igual! cuando estoy lejos del bar, me siento vacía, me falta
algo. (Suspira) Se que me voy a morir haciendo esto, y no me preocupa. Pero veo
que cada día es más difícil Ahora esta frontera es un sitio por donde se ve gente

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huyendo, cargando sus corotos, como en estampida, con la angustia pintada en el
rostro, sin saber lo que les espera, pero como huyendo de un monstruo, saliendo de
su casa, alejándose de los suyos, buscando un futuro, un cambio, una mejoría. Son
cuerpos macilentos, miradas llenas de miedo, ira contenida y frustración acumulada.
¿Qué está pasando? ¿Qué está motivando esto? ¿Qué hicimos mal? O, peor: ¿qué
estamos haciendo para que las nuevas generaciones solamente quieran dejar atrás
a sus viejos, sus cosas, su vida y empezar, de nuevo en otras latitudes? Ya la frontera
no es un sitio para ir a comprar barato, a gozar, a ir a La Casa de Las Muñecas a
disfrutar una buena noche de copas y sexo. ¡Ahora es una salida de escape! ¡Una
puerta hacia el paraíso perdido! (Pausa. Bosteza) ¡Mejor será que me eche a dormir!
Insisto en que este ron estaba adulterado con algo… ¡me ha puesto a hablar una
cantidad de pendejadas! (Se va acostando) ¡Mejor será que me duerma! (Se va
quedando dormida.)

FIN DE LA FRONTERA PARA UNA ACTRIZ.

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