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os ojos del pero sbriano Tal vez cuando ustedes evocan su nie y sus momen- tos floes, recuerdan. atin paseo o unas vacaciones. No sé. Yo evoco el olor del tierra. el dels hierbas ‘Ain hoy, tantos fos después, basta el olor del romero para hacerme fli. Para hacerme sentir que hubo un ‘momento, aunque haya sido sdlo un instante en que mi madre y yo estuvimos comunicados. ‘Con mi padre la'relacién era, 0 debo deci es, ‘mucho mis fl, Yo me ocupaba de mis asuntos y él de- Jos suyos. Me expico mejor: Si yo me ocupaba de sacar buenas notas, hacer deportes (natacin y rughy), obe- ‘ecerlo y respetario, no tendrfa ningtin problema, El, bueno, &., él se ocupaba de lo suyo, es decir de sus negocios sus cosas, cosas que nunca compartié con nosotros Mi padre es, ari hoy con sus sesenta y cinco afos, un tipo corpulento, Fue pilar en el San Isidro (Club en su juventud y, cuarenta afios después, cuan- {do yo jugaba al rugby en la divisiones infantile, ha~ 'ba gente que lo recordaba. Tiene una mirada tribe, luna de esas miradas que bastan para que uno se sienta en inferioridad de condiciones, una de esas miradas que hacen que su portador vaya por el mundo pi= sando todo lo que le ponen en el camino. Supongo que no hace falta decir el pavor que sentla ante la posibilidad que enfocara en m{ sus ojos azules ase= Antonio Santa Ana Mi hermano habta sido su orgullorehprimogénito y €l primer nieto dela fala. En las fotos de.cuando Ezequiel era chico y estaba con papéi hay wna,expre- sin de félcidad, una gran calma y un indisimulado ‘orgullo en‘os ojos de mi padre. Ezoqil naci pesando més de cuatro kilos e pelo ‘agro como el de mi madre y los ojos azules como los ‘del Era una perfectasintesis de lo mejor de cada uno de els la cra ovalada la naz recta. Un precioso nif. ‘Cuatro afios después mi madre quedé otra vez crnbarazada, pero el bebé, una na, muri en el part. fn ese momento decidieron no tener més hijs. Des « pis cuando mamé volvié a quedar embarazada nolo podan cet Ezequiel colmaba todas sus expectativas, ‘7a.un buen alurano, un hijo ejemplas era todo To que hhabian deseado. Se imaginarén que de ese emibarazo" ac yo. Ezequiel me confesé muchos aftos después que re od por eo, Odi6 a ese bebe que no era ni grande, nilindo (yo tengo la combinacin inversa; el pelo asta ‘to de mi padre y los ojos marcones de mi madre). Me ‘odié por haber legado a romper esa quimlca, por ha~ ‘berlodesplazado del centro de atencién endl que estaba hac trece aos, hacia la periferia, : ‘Los uiltimos tiempos de Ezequiel, los de su