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LA RACIONALIDAD HERMENÉUTICA EN

TEOLOGÍA

JAIR ANDRES AGUDELO RESTREPO

ASESOR
ARCADIO DE JESUS CARDONA ISAZA
Docente Curso Métodos Teológicos

FUNDACION UNIVERSITARIA
LUIS AMIGO
PROGRAMA LICENCIATURA EN TEOLOGIA
BOGOTA
2015
LA RACIONALIDAD HERMENÉUTICA EN TEOLOGÍA

El texto propuesto para reflexión, me lleva a recordar que es la teología, definición


dada por uno de mis maestros que la expone como la ciencia de la hermenéutica
que estudia la manifestación de Dios en la historia concreta del hombre (revelación),
en su espacio y su tiempo. La hermenéutica a través de la historia ha sido una
disciplina, método de interpretación, teoría de la comprensión, ciencia del sentido,
pero su vitalidad e importancia radica en su finalidad.

Con la expresión "racionalidad hermenéutica" se alude a la forma de racionalidad


propuesta por una orientación teórica generalizada desde hace, aproximadamente,
tres décadas, cuyos contornos se diluyen. No obstante, es claro que se refiere a
una de las dimensiones características de la actualidad y a uno de los elementos
básicos que intervienen en el panorama de la realidad contemporánea, lo que, por
sí sólo, esto es, por lo que su auge dice de nosotros y de nuestra situación en la
historia del pensamiento en filosofía y de la revelación en teología, podría justificar
el interés de atender a ello, intentando clarificar sus posibilidades y el sentido de
esta presencia en nuestra contemporaneidad.

En principio, y de forma muy simplificada por su carácter general, cabe pensar que
la llamada "racionalidad hermenéutica" la reflexión sobre la experiencia
hermenéutica, esto es, sobre la comprensión propone el desarrollo del uso
hermenéutico de la razón, cuyo carácter es esencialmente "práctico", en la medida,
justamente, en que la hermenéutica es también "filosofía práctica". Si bien quienes
sustentan esta propuesta de racionalidad no puede decirse que tengan una
concepción exclusivista de la razón ni de ninguno de sus usos, sí se considera
esencial y, en las actuales circunstancias, prioritario el atender a este uso
hermenéutico, básicamente por las implicaciones prácticas que encierra: el uso
hermenéutico de la razón se diría, también en líneas generales, que se ejerce en la
comprensión y presenta la forma del diálogo, juego de preguntas y respuestas que
producen una configuración con sentido que, a su vez, constituye la estructura
elemental del mundo humano.

Hasta los años setenta, los teólogos católicos habían caído en la cuenta de la
dimensión histórica del existir y del conocer humanos. Simultáneamente se
descubría la historia como lugar propio de la revelación de Dios. La dimensión
histórica de la teología conllevaba la recuperación de sus dimensiones
antropológica, cristocéntrica, histórico-salvífica y escatológica: donde la historia
culmina en la plenitud del reino de Dios (ahí tendía la anagogía).

El estudio histórico fue el instrumento adecuado para el tipo de investigación


teológica que requería el descubrimiento de la historia. Pero a partir de los años
setenta la teología católica perfecciona ese instrumento el estudio histórico,
enriqueciéndolo con una consecuente dimensión hermenéutica.

La moderna corriente no pretende "solicitar los textos", haciéndoles decir


subjetivamente lo que ellos no dicen en su objetividad. Al contrario: se trata de
acercarse a la objetividad del texto: pero a una objetividad viva y real, propia de una
época pasada, si bien capaz de llegar a tener significación también en el presente.
De la mano de Dilthey podemos decir que la hermenéutica no busca la deformación
subjetiva de los hechos, sino la afinidad del intérprete con el texto interpretado.

En segundo lugar, y en la línea de Heidegger, la hermenéutica filosófica tiene muy


en cuenta el papel del lenguaje. El lenguaje es, en efecto, el puente que une las dos
orillas: la de nuestro presente y la del remoto pasado, inmerso seguramente en una
cultura y en una concepción del mundo distintas. Así, el lenguaje que se articula
como pregunta en la famosa pre-comprensión, o idea previa que siempre tenemos
del objeto de estudio se articula también como respuesta mediante el acercamiento
al texto y mediante su intelección, lo que supone un "cuerpo a cuerpo" cognoscitivo
con el objeto que queremos conocer. Entre la precomprensión como pregunta y la
comprensión como respuesta final se desarrolla, como espiral sin fin, el
famoso círculo hermenéutico.

Finalmente, ha sido Gadamer quien ha cultivado y transmitido con mayor pedagogía


las intuiciones de Heidegger. El círculo hermenéutico muestra algo que está inscrito
en la misma realidad: no expresa tan sólo la forma del conocer humano, sino la
estructura ontológica (real) de ese mismo proceso del conocer, en virtud del cual el
texto o el acontecimiento histórico condicionan realmente al sujeto investigador, al
tiempo que éste se anticipa a entender: se atreve a saltar de la precomprensión
subjetiva hasta el sentido objetivo del texto, mediante la famosa anticipación de
sentido que tanto ha ponderado Gadamer.

Ésta es la operación en virtud de la cual el investigador entra en el texto o en el


acontecimiento del pasado. La anticipación no es, por tanto, una simple operación
subjetiva por la cual el sujeto adivina o intuye el sentido sin base alguna. No. El
sujeto realiza la anticipación impelido y sostenido por la tradición, que abarca tanto
el texto investigado y su matriz cultural (sincronía) como la historia real de su
génesis, interpretación y consecuencias (diacronía).

El desafío de la hermenéutica teológica (apartes Jon Sobrino)

Esta vía, sin embargo, clara en principio, importa una ejecución altamente compleja.
Desde el momento que se toma en serio la historicidad de la realidad, una vez
que se abandona la concepción idealista de su verdad, la hermenéutica no solo se
ve obligada a relacionarse con la tradición como un conjunto de teologías locales
del presente y del pasado, sino también con una realidad histórica y cultural en
permanente cambio. En este sentido las teologías contextuales recuperan para la
teología su carácter provisional.

La verdad de Dios como su objeto más propio, es una realidad que aún está por
revelarse hasta el fin de los tiempos. Pero que la revelación histórica de Dios se
despliegue en el tiempo y el espacio, complica enormemente cualquier producción
teológica que procure ser pertinente.

Se interesa en describir las características generales de estas teologías de acuerdo


a las preguntas hermenéuticas detalladas. Porque a través de ellas es posible
ilustrar mejor acerca de la originalidad de estas teologías respecto de las demás y,
a la vez, caer en la cuenta de su problematicidad hermenéutica como se explicará
al final. Si bien, de frente a un texto-realidad, las preguntas orientadoras de la com-
prensión son siempre las mismas: ¿quién interpreta? ¿Qué se interpreta? ¿Cómo
se interpreta? y ¿Para qué se interpreta?,

1. ¿Para qué interpretar?

En estas teologías pueden parecer obscenas sus declaraciones de intenciones.


Suponen que toda teología, como toda idea, es "interesada", cumple una función
respecto de la realidad histórica. Dice Jon Sobrino: "Todo pensamiento está ubicado
en algún lugar y surge de algún interés; tiene una perspectiva, un desde dónde y un
hacia dónde, un para qué y un para quién.

2. ¿Quién interpreta?

La revisión del sujeto teológico. Si tradicionalmente la teología ha sido una disciplina


de especialistas, si hasta ahora la cuestión del "sujeto" teológico no ha sido tema
más que en la relación entre el teólogo de profesión y el magisterio eclesiástico,
para estas teologías el sujeto primario de la reflexión teológica es una comunidad
hermenéutica que comprende a priori lo que ha de interpretar.

3. ¿Qué se interpreta?

El objeto de interpretación según Sobrino para marcar la diferencia, habría que decir
que, en sentido estricto, el objeto de su cristología no es Jesucristo sino el
seguimiento de Jesucristo.
4. ¿Cómo se interpreta?

Establecen una circularidad hermenéutica entre el "texto" y el "contexto", entre


la fides quae y las fides qua, entre la noción de Dios "en sí" y la experiencia de Dios
"en y para nosotros".

CONCLUSION

La teología se hace hermenéutica en la medida en que comprende que no hay


afirmación de Dios que no implique una afirmación sobre el hombre, la
manifestación de Dios se revela en la historia de la humanidad, en su propia
existencia. En este sentido un teólogo no puede contentarse con buscar la
intangibilidad en sí de los enunciados escrituristicos, o de enunciados de tipo
dogmáticos si no intenta extraer el sentido que tiene para nuestro tiempo. Hoy la
nueva teología hermenéutica está más cerca, más próxima a la Revelación, por
nuestra misma condición histórica de tener la tarea y la oportunidad de determinar
lo que distingue a Dios padre revelado en Jesucristo.

La teología es, entonces, "un nuevo acto de interpretación del acontecimiento


Cristo" (Geffré, 1984: 71). Comprender que la teología solo cumplirá su propósito y
su visión y juicio se hace desde la hermenéutica del pasado cristiano en correlación
de la experiencia humana en cada momento (la teología como una reinterpretación
creadora en cada momento del mensaje cristiano, Fe viva para nosotros por esa
recreación hermenéutica de lo Revelado.