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23/10/2018 Campeones inagotables

Campeones inagotables
Psicólogos analizan el hambre insaciable de los deportistas, que enfocan su mente en un solo fin: ser hoy
mejor que ayer

Laura Marta
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@laura_elliot_

Actualizado: 23/10/2018 09:37h

Sus éxitos no se miden por el número de trofeos ni de NOTICIAS RELACIONADAS


medallas. Para ellos el día a día es el mayor de los retos.
La ansiedad de los campeones
Los grandes deportistas aceptan que su vida es solo el
presente. Ser hoy mejor que ayer. Tan simple y tan Marc Márquez, pentacampeón del
difícil como eso. Marc Márquez ganó el domingo mundo
su quinto Mundial de MotoGP en seis años. Aún no ha
cumplido los 26. Un hambre infinita que se alimenta de días de buen entrenamiento, no
de récords ni copas. Y que comparte con Rafa Nadal, Roger Federer, Michael Jordan,
Javier Fernández, Mireia Belmonte, Katie Ledecky o Carolina Marín. ¿Cómo ganar
después de haber ganado tanto? Psicólogos del deporte debaten sobre esa capacidad que
diferencia a los buenos deportistas de los extraordinarios.

Para el propio Márquez es bien sencillo: «El objetivo y la mentalidad de cualquier


deportista es no ponerte límites. Para eso trabajas todo el año. Conseguirlo te da más
motivación para ir a por el siguiente récord. Como cualquier deportista, cuanto más
ganas, más quieres. Es lo bueno del deporte, si trabajas bien estos momentos llegan»,
comentó nada más levantar su quinto Mundial. «La palabra clave es deseo. Pero es un
deseo basado en querer mejorar. Es lo que les impulsa a seguir levantándose y
entrenándose. Nadal, Belmonte o Márquez son fueras de serie en eso: ganan un año y les
crece el deseo en cuanto lo han conseguido. Y el deseo siempre gana al esfuerzo, la
disciplina y el sacrificio», explica Óscar del Río, psicólogo deportivo.

Es una explicación de por qué Rafa Nadal quiere seguir ganando en Roland Garros,
aunque lo haya hecho once veces. Por qué Michael Jordan ganó seis anillos de la NBA
y volvió a la pista después de anunciar que se retiraba hasta en tres ocasiones. Por
qué Mireia Belmonte salió de la piscina de los Juegos de Río 2016 con su oro en 200
mariposa y lo primero que le dijo a su entrenador, Fred Vergnoux, fue «no soy campeona
mundial». Por qué Carolina Marín sufrió lo indecible para lograr el oro en Río y volvió
a someterse a otra tiranía para ganar su tercer Mundial de bádminton.

Para Yolanda Cuevas, psicóloga de la salud y el deporte, hay otro eje fundamental en
esta capacidad de buscar siempre un triunfo más: la meta. «Un deportista diseña
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objetivos desafiantes. Conseguir más títulos. Son realistas pero ambiciosos y así crece la
motivación. Se trata de crear una hoja de ruta y centrarse en lo que pueden hacer ellos, o
en grupo, para conseguirlo. ¿Qué quiero lograr? Y después ¿cómo lo voy a conseguir, qué
tengo que hacer para ello? Los de resultado aumentan el interés y los de realización, el
control y la autoconfianza.

Por eso, comparten ambos expertos, hay una diferencia entre Nico Rosberg o Flavia
Penneta, que se retiraron en cuanto ganaron su Mundial de Fórmula 1 y su Grand Slam,
y los que no se conforman. «El estrés y el estado emocional por el que tuvieron que pasar
no les compensaba para repetirlo», otorga Del Río. «Depende del objetivo inicial, de las
lesiones, de los resultados, de lo que te gusta ese deporte, competir o todo lo que lo
rodea. El nivel de satisfacción de cada uno es personal, ni mejor ni peor», añade Cuevas.

Los deportistas viven más que nadie en el presente, en el plan de hoy, el partido de hoy,
la carrera de hoy. Mireia Belmonte confesó a este periódico que no mira sus medallas;
Márquez aceptó que no quería ser consciente de lo que ha logrado. «Para empezar el año
que viene como si no hubiera hecho nada y tener la presión de luchar por otro título. Si
esa es la tónica de toda mi carrera, significará que tengo nivel». «Se centran en lo que
depende de ellos: el rendimiento en el entrenamiento diario. No tanto en los
resultados ni en las expectativas de los demás. El rendimiento es el presente, los
resultados el futuro», analiza Cuevas.

Son humanos

Son fuentes inagotables de triunfos. Ganar no les cansa, sino que los alimenta. Pero no
viven ajenos ni al dolor ni los bajones pues es complicado vivir en la cima constante.
Belmonte sufrió una lesión en los hombros justo antes del Mundial de Kazán. Nadal pasó
sus momentos de ansiedad en 2016. Márquez perdía pelo a mitad de 2017. También
Novak Djokovic sufrió un gran bajón el año pasado después de haberlo ganado todo. «No
se puede pretender no tener bajones, pero sí a gestionarlos, aprender a que son parte del
momento. Los deportistas tienen emociones como la rabia, la frustración, la tristeza…
pero saben cómo no ser secuestrados por ellas. Y se estrena. Como la resiliencia, esa
capacidad de superar y salir fortalecido de la adversidad, deportiva en este
caso. Pensamientos como “no lo podré lograr” o “estoy acabado” merman la capacidad
de comprometerse con los objetivos. Cuanto antes se salga de ese bucle antes se
levantan», afirma Cuevas. «Los bajones se gestionan. Los psicólogos ayudan al
deportista a que tenga un equilibrio personal y profesional para mantener las ganas de
seguir. Djokovic o Tiger Woods han vuelto al reencontrar ese camino. El deseo no lo
había perdido. Y aunque muchos no tengan psicólogo deportivo no significa que no
trabajen la mente como entrenan el cuerpo. El entorno adecuado les funciona», confirma
Del Río.

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Pero, recalcan, ha de ser adecuado: «A veces el entorno presiona para que sigas y
de este modo la conexión con el deporte se intoxica. No todo vale para conseguir
tus objetivos o los objetivos de los demás, así que, por un lado la presión y por otra la
falta de valores, pueden motivar acciones poco deportivas. Si uno se siente presionado,
hay tensión y la tensión se refleja también en el músculo. Fomenta las lesiones y su
recuperación también es más costosa o incluso excusa para no volver a la competición»,
subraya Cuevas.

¿Esta hambre es innata o se puede entrenar? «Se puede educar a los niños a encontrar
satisfacción en retarse a sí mismos, no para agradar a los demás. A veces esto no se
entiende bien y puede llegar la frustración», aconseja Cuevas. «Puedes facilitar el
marcar objetivos y planes para conseguirlos, pero ese deseo de ganar... hay algo
interior. Es muy personal. Son mentes privilegiadas. Por eso son ejemplos», cierra Del
Río.

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