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LA PRÁCTICA DE LA PSICOTERAPIA

I. PRÓLOGO DEL AUTOR

“La transferencia es el alfa y omega del psicoanálisis”

Jung en el primer encuentro personal con Freud en 1907, Freud le pregunta: “¿Y usted,
¿qué piensa de la transferencia? Jung le contesta: “La transferencia es el alfa y omega del
psicoanálisis”. Freud dice: “Entonces usted ha comprendido todo”

Notas principales de la psicoterapia Junguiana: el conflicto es fundamentalmente moral, y


no una enfermedad en sentido estricto, la relación terapéutica debe ser lo mas simétrica
posible y dirigida al acrecentamiento de la libertad y autonomía moral del paciente,
considerando la transferencia según el modelo de la relación infantil “inmediatez humana
más allá de los meros valores sexuales”

Jung señala que el analista llega siempre con su tratamiento justo hasta donde ha llegado
su propio desarrollo moral.

Jung tiene muy clara la historia de la psicoterapia como práctica médica. Freud es quien
inaugura, da forma y nombre a la psicoterapia moderna, forma que ha ido ampliándose
con los distintos puntos de vistas que han ido emergiendo. Jung es explicito en aceptar la
diversidad en las distintas formas de hacer psicoterapia, contemplar diferentes opiniones
y miradas, dice:” nunca ha habido una ciencia viva sin puntos de vista divergentes” y “hace
falta muchos puntos de vista teóricos para crear una imagen aproximada de la diversidad
anímica”

Las diferencias de los puntos de vista se explican a varios niveles. Desde los presupuestos
psicológicos del investigador debido a su tipología (introversión/extraversión) que va
determinando su propia ecuación personal, hasta sus presupuestos intelectuales
(materialismo/espiritualismo) que delimitan el ámbito de estudio y finalidad de las
investigaciones.
En relación a la psicoterapia y medicina, recordando los tres actos médicos “diagnóstico,
pronóstico y tratamiento”, Jung señala que en la psicoterapia el diagnóstico puede ser un
asunto completamente irrelevante, y el pronóstico independiste del diagnóstico

Jung comenta que la neurosis nos obliga a ampliar el concepto de enfermedad más allá de
la noción de un cuerpo trastornado en sus funciones y a ver en la persona neurótica un
sistema social de relación que ha enfermado. En la consulta aparece toda la problemática
de nuestra época, todas las cuestiones filosóficas y religiosas de nuestros días.

La psicoterapia surge para tratar las dolencias anímicas. Estas dolencias, sean neurosis o
psicosis funcionales (no orgánicas), suponen un desequilibrio entre la consciencia y lo
inconsciente de quien lo padece. El objetivo de la psicoterapia es facilitar al paciente el
dialogo entre su conciencia y su inconsciente, de tal modo que el conflicto moral que hay
a la base de tales trastornos pueda encararse con la nueva actitud resultante, ahora que
se cuenta con aquellos contenidos inconscientes.

La psicoterapia no se fija ella meta de trasladar al paciente a un estado imposible de


felicidad, sino posibilitarle la solidez y la paciencia filosófica para soportar el dolor.

Jung considera que el análisis es un procedimiento dialectico, una actitud que evita todos
los métodos, el medico debe confiar que su personalidad sea lo suficientemente sólida
para servir al paciente de orientación. Lo fundamental es que el paciente cuente lo antes
posible con los instrumentos para su propia comprensión de los contenidos inconscientes.

La psicoterapia mayor pone en juego la personalidad total tanto del analista como del
analizado, más allá de la consciencia de ambos. Temática central: la transferencia.

“La transferencia es el intento del paciente de establecer una relación psíquica con el
médico. El paciente necesita esta relación para superar la disociación”. Una relación de
confianza de la que depende en última instancia el éxito de la terapia. El paciente puede
llegar a conquistar su propia seguridad interior sólo a partir de la seguridad en su relación
con la persona del médico.
Jung dice: “en nuestros días la tarea más importante de la psicoterapia es ponerse al
servicio del desarrollo del individuo”

LA PRÁCTICA DE LA PSICOTERAPIA

Mi contribución al conocimiento del alma se basa en la experiencia práctica con el ser


humano. El esfuerzo médico por comprender psicológicamente las dolencias anímicas es
lo que me ha conducido a todos mis conocimientos y conclusiones, y lo que me ha llevado
a examinar y modificar mis ideas a la luz de la experiencia inmediata.

La práctica y el estudio histórico del paciente son dos relevantes para la psicoterapia. El
comportamiento psíquico es de naturaleza histórica. El psicoterapeuta tiene que conocer
no solo la biografía personal del paciente, sino también los presupuestos espirituales de su
entorno espiritual próximo y remoto. Las influencias tradicionales y cosmovisivas
desempeñan una función muy importante y a menudo decisiva para el paciente.

Ningún psicoterapeuta que intente en serio comprender al hombre como un todo podrá
liberarse de estudiar el simbolismo del lenguaje de los sueños. La explicación del lenguaje
de los sueños también requiere conocimientos históricos. El conocimiento de estos
permite al médico sacar a su paciente de la angostura de una comprensión de sí mismo
meramente personalista y de la presión egocéntrica que no le deja ver amplios horizontes
de su desarrollo moral, social y espiritual.

PROBLEMAS GENERALES DE LA PSICOTERAPIA

La psicoterapia es un sector del arte de curar que sólo en los últimos cincuenta años se ha
desarrollado y ha obtenido cierta autonomía. En este sector las ideas han cambiado y se
han matizado de muchas maneras, esto se debe a que la psicoterapia no es un método
sencillo y unívoco, sino que es un procedimiento dialectico, es decir, una conversación o
confrontación entre dos personas.
Se han ido desarrollando diversas escuelas con ideales y métodos diametralmente
opuestos (terapia de la sugestión, el psicoanálisis, el método educativo, etc). Cada uno de
estos métodos se basa en unos presupuestos psicológicos particulares y producen
resultados psicológicos particulares que son difíciles de comparar entre sí, y a veces
simplemente incomparables. De ahí que los partidarios de cada uno de estos pintos de
vista tiendan a considerar erróneas las opiniones de los demás para simplificar la
situación. Y Un análisis objetivo del hecho demuestra que cada uno de los métodos
existentes tiene cierta legitimidad y éxito.

La psique tiene una naturaleza infinitamente compleja por lo que hace falta muchas
antinomias para describir adecuadamente la esencia de lo psíquico. La presencia de
contradicciones válidas demuestra que e objeto de la investigación plantea a la
inteligencia investigadora unas dificultades insólitas, por lo que, al momento solo se
pueden hacer afirmaciones de validez relativa. Pues una afirmación es validad en la
medida que se indique a qué tipo de sistema psíquico se refiere la investigación.

Llegamos así a la formulación dialéctica, lo cual significa que la influencia psíquica es la


interacción de dos sistemas psíquicos. Si la individualidad fuera una especificación total,
es decir, si cada individuo fuera completamente diferente a todos los demás individuos, la
psicología no podría ser ciencia, si no que consistiría en un caos irresoluble de opiniones
subjetivas. Pero como la individualidad sólo es relativa, complementaria a la
homogeneidad de los seres humanos, son posibles las afirmaciones de validez general.
Ahora bien, estas afirmaciones solo pueden referirse a las partes del sistema psíquico que
son conformes y comparables, pero no pueden referirse a lo que en un sistema es
individual, único.

Una de las antinomalias fundamentales de la psicología es: “la psique depende del cuerpo,
y el cuerpo depende de la psique”, y la otra dice, “la individualidad no significa nada frente
a lo general, y lo general no significa nada frente a lo individual”

Si en tanto como psicoterapeuta me veo frente a mi paciente como una autoridad y me


considero capaz de saber algo sobre su individualidad y de hacer afirmaciones sobre la
misma, doy testimonio de mi incapacidad para la crítica. Sólo puedo hacer afirmaciones
válidas sobre esa personalidad en la medida en la que ella sea un ser humano general,
pero como todo lo vivo siempre se presenta en forma individual, y sobre lo individual del
otro yo solo puedo decir lo que encuentro en mi propia individualidad, corro el peligro de
violentar al otro o sucumbir a la sugestión.

Si quiero tratar psíquicamente a un ser humano, tengo que renunciar a mi superioridad, a


mi autoridad, y a mi influencia. Necesariamente tendré que iniciar un procedimiento
dialéctico que consiste en una comparación de los hallazgos recíprocos. Esto es posible
cuando yo le dé al otro la ocasión de exponer su material de la manera más completa
posible, sin limitarlo a mis presupuestos. Mediante esta exposición su sistema entra en
relación con el mío e influye en él. Esta influencia es lo único con lo que puedo confortar
legítimamente con mi paciente.

Dicha actitud del terapeuta, en todos los casos de tratamiento individua, es la única
admisible desde el punto de vista científico. Apartarse de está actitud conduce a la terapia
de la sugestión, cuyo principio dice así: “lo individual no significa nada frente a lo general”.
A la terapia de la sugestión pertenecen todos los métodos que se le atribuyen y aplican un
conocimiento o interpretación de otras individuales.

Pese a lo anterior, los movimientos populares grandes o pequeños a veces sí influyen de


manera curativa sobre el individuo; pudiese ser incluso un error tratar al hombre colectivo
de otra manera que con métodos de los que se saben y de los que se cree colectivamente
que son eficaces; Pues hay innumerables personas que no sólo son básicamente
colectivas, sino que además tienen la ambición de no ser otra cosa que colectivas. En este
nivel, lo individual es considerado de menor valor y reprimido.

La cuestión es simplemente en qué método cree cada terapeuta. Su fe en el método es


determinante. Si el terapeuta cree realmente en un método, hará con seriedad y
tenacidad todo lo posible para curar al enfermo, y este esfuerzo voluntario tiene
consecuencias curativas (hasta donde alcanza la jurisdicción psíquica del hombre
colectivo). Pero los límites están señalados claramente por la anitonomia individual-
general.

Como se sabe, también se da un sobrevalorado a lo individual “lo general no significa nada


frente a individual”. Así, desde el punto de vista psicológico, se pueden clasificar las
psiconeurosis en dos grandes grupos: Uno contiene a hombres colectivos con
individualidad subdesarrollada, y el otro contiene individualistas con una adaptación
atrófica la colectividad. También la actitud terapéutica se divide de este modo.

Así, el procedimiento dialectico no es un mero desarrollo de teorías y prácticas, sino que


una renuncia total de éstas en beneficio de una actitud carente lo más posible de
prejuicios. El terapeuta ya no es el sujeto agente, sino uno más de las personas que
participan en un proceso individual de desarrollo.

Aunque yo fui el primero que exigió que los analistas sean analizados, debemos
básicamente a Freud el inestimable conocimiento de que también los analistas tienen
complejos, y por lo tanto una o varias manchas ciegas que actúan como otros tantos
prejuicios. La exigencia de que el analista sea analizado, culmina en la idea del
procedimiento dialectico, en el cual el terapeuta entra en relación con otro sistema
psíquico, tanto preguntando como respondiendo, ya no como alguien superior, experto o
asesor, sino que como una persona que se encuentra en el proceso dialectico igual que el
paciente.

La matización y profundización de la problemática psicoterapéutica que Freud inició


conduce a la conclusión de que la confrontación última entre medico y paciente ha de
incluir a la personalidad del médico. El efecto curativo depende por una parte del llamado
rapport (transferencia para Freud) y por otra, de la fuerza de convicción de la
personalidad del médico.

La complejidad y diversidad de los seres humanos hace necesarios puntos de vista y


métodos muy diferentes para responder a la multiciplidad de disposiciones psíquicas. Así,
no tiene ningún sentido someter a un paciente sencillo, que sólo le alta una dosis de
sentido común, a un complicado análisis. Pero también es evidente que, en el caso de
naturalezas complejas, espiritualmente avanzadas, no se va a ninguna parte con consejos
benévolos, sugestiones e intentos de conversión a uno u otro sistema. Hay que considerar
válidos todos los desarrollos individuales en el paciente.

En la medida en que curar significa transformar a una persona enferma en sana, curar
significa transformar. Cuando esto es posible y no implica un sacrificio excesivo de la
personalidad, hay que transformar terapéuticamente al enfermo. No obstante, si aquello
le implica al paciente un sacrificio excesivo de su personalidad, el médico puede y debe
renunciar a la transformación, a la voluntad de curar. O rechaza el tratamiento o se
acomoda al procedimiento dialectico.

En todos estos casos, el médico tiene que dejar abierto el camino individual de curación, u
entonces la curación no transformará a personalidad, sino que se dará un proceso
denominado individuación, es decir, el paciente se convierte en lo que propiamente es. El
camino individual necesita conocer las leyes propias del individuo; de lo contrario, se
extravía en las opiniones arbitrarias de la consciencia y se despega del suelo materno de
instinto individual.

Todo el mundo mítico de las fábulas es un producto de la fantasía inconsciente, igual que
el sueño. El desarrollo psíquico individual produce algo que se parece al viejo mundo de
las fábulas. Es, por tanto, compresible que se piense que camino individual retrocede a un
pasado humano remoto, una regresión a la historia del desarrollo espiritual, y que, por
tanto, está sucediendo algo muy inapropiado que la intervención terapéutica debería
intervenir. El miedo a que se trate de u desarrollo erróneo que conduzca a un mundo
caótico de fantasías es inevitable. Este desarrollo puede ser peligrosa para una persona
cuyo suelo no se haya firme. Por eso, jugar con métodos psicoterapéuticos de una manera
acrítica es jugar con fuego. El asunto se vuelve especialmente peligroso cuando se deja al
descubierto la capa mitológica de la psique.

La profesión de psicoterapeuta es difícil y no está exenta de peligros, ya que se arriesga a


infecciones psíquicas.