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LA PAREJA HUMANA, UNA EXPERIENCIA

DE CRECIMIENTO RELACIONAL

Miguel Mihanovich
La vida, el amor y la muerte son tres fascinantes misterios
que todos hemos de transitar alguna vez

Cuando puse nombre a este Ateneo. “La pareja humana vista como una situación de
crecimiento relacional” pensé, ¿acaso no es siempre relacional el crecimiento? Si definimos
arbitrariamente crecimiento como un proceso progresivo de adaptación original y creativa a las
cambiantes situaciones existenciales, este proceso es siempre relacional. El ser humano crece
siempre en relación con el otro, o, al menos, con lo otro. La extrema insularidad, si fuera posible,
mantendría al sujeto coagulado en un presente inamovible. Entonces ¿qué es lo singular del
crecimiento en la pareja? Esta idea surgió del trabajo con una pareja que consultó antes de
contraer matrimonio, dándome la posibilidad de tratar a dos personas que habían decidido
compartir la espinosa aventura de vivir juntos, en una instancia previa al momento en el que dicha
resolución se llevara a cabo. Esta situación me permitiría ver los problemas antes de que se
transformaran en conflictos. Porque, una vez más, si todo crecimiento es relacional, ¿qué tiene de
peculiar el crecimiento en la pareja? Séanos lícito conjeturar que en un primer momento del
desarrollo, ejemplificado en la niñez, el sujeto vive en un “nosotros” relacional que lo vincula a su
entramado ecológico. Subordinarse a ese “nosotros” y obrar acorde con las expectativas
familiares garantizan la pertenencia a un grupo que avala la identidad. Crecer es parecerse. Pero
el devenir inexorable evidencia, en sucesivos contactos con personas y acontecimientos, que
someterse a dichos modelos conlleva una rigidez constreñidora de la que es bueno desprenderse.
Al primigenio “nosotros” unificador sucede un “yo” que marca diferencias. La exaltación
adolescente de aquel “yo”, es el inicio de una re-beldía litigante que habrá de germinar en una
independencia innovado-ra. Si se nos permite esta simplificada aproximación al desarrollo
humano, podemos concebir a la pareja como un estadio relacional, no el único, en el que deben
armonizar, en una articulación novedosa, aquel “nosotros” y este “yo” para cumplir de manera
factible, la pretendida aspiración a la unidad, manteniendo la ineluctable situación de una dualidad
que integre las diferencias. Esto también sucede con las amistades, los grupos ideológicos, los
cónclaves profesionales, pero la pareja es el locus en el que este desarrollo adquiere una especial
preponderancia (A continuación estudiamos una situación clínica que por razones de privacidad
no especificaremos en esta comunicación).
Tres materias aparecieron como cruciales en este caso: 1) el manejo de lo económico, 2) las
relaciones con las familias de origen y 3) el apoyo mutuo que pudieran requerirse o brindarse.

1- El manejo de lo económico
Hoy día, el trabajo de la mujer y su correlato de independencia económica, pareciera eximir al
hombre de sentirse el responsable exclusivo del mantenimiento de la pareja. Es indudable que el
hombre perdió un sector de su ancestral poder por ser el único resguardo de la situación
económica, y, por ello, el que determinaba la inclusión en cierta banda social del matrimonio.
Ahora, cuando su mujer también gana dinero, el hombre reclama paridad en los gastos y cierta
exención de sus responsabilidades financieras. ¿Cómo renegociar este nuevo acoplamiento de
dos ingresos paralelos? ¿Es positivo hablar de ello antes de consumar la sociedad marital? En
este caso parece que lo fue.
2- Las relaciones familiares
También en las relaciones con ambas familias de origen debe llegarse a un “nosotros”, que
aparece cuando se emplea los adjetivos “Nuestras relaciones con nuestras familias” y que implica
salirse de la especificidad de las relaciones particulares de cada cónyuge con sus propias familias.
Pero acá el escenario se complejiza por cuanto los componentes de ambas familias de origen son
disímiles, lo que parece justificar conductas diferentes en cada cónyuge con respecto a la familia
de su pareja. Nos resulta útil asimilar las distancias relativas entre cada cónyuge con ambas
familias de origen, y la que los componentes del matrimonio mantienen entre sí, ya que esto
construye un “nosotros” que busca articular relacionalmente a todos los actores del pacto familiar
en lugares diferenciados. Postulamos que el crecimiento relacional en la pareja del que estamos
hablando, se fundamenta en la solidaridad de un “nosotros” que evite el exceso de la masificación
de un pegoteo simbiótico sin caer en el menoscabo de una insularidad individual que se justifique
en los solos derechos y soslaye los inevitables deberes.

3- El sostén mutuo
Proviniendo de modelos familiares diferentes, cada miembro de la pareja esperará del otro
actitudes diferentes cuando se les presentaran problemas. Cada uno aguarda del otro una
determinada conducta cuando le hace partícipe de sus problemas, y supone que ese es el modo
correcto para demostrar amor e interés. Cuando las cosas no suceden de acuerdo a lo supuesto,
la conclusión lógica es que el otro no ama lo suficiente, no comprende lo bastante, no apoya lo en
justicia requerido y es un egoísta o un indiferente. El tan remanido “problema de comunicación”
tiene que ver con un decir de uno que no toma en cuenta el escuchar del otro, y que atribuye a
incapacidad, cuando no a mala intención, aquella incongruencia entre lo que uno dice y lo que el
otro necesita escuchar. A esta altura uno estaría tentado de proponer un aforismo “Dime como
escuchas y te diré cómo dialogas” Porque si el amor funda una pareja, el diálogo la mantiene en el
tiempo.

COMENTARIOS

Lic. Ana Martínez: Este caso me hizo acordar a una situación que yo trabajé el año pasado.
Además, con Miguel, pensamos hacer alguna actividad tipo Taller con parejas que ya habían
tomado la decisión de casarse y que faltaba un tiempo para eso. Para eso tenemos que tener un
grupo de gente que se preste a este trabajo, plantear los temas y después hacer un seguimiento.
Y pueden aparecer otras cosas, no las que nosotros teníamos pensado. Así fue en el caso al que
hice referencia (se cuenta el caso) Tuve que estar atenta a lo que aparecía en la pareja y a lo que
estaba en la cabeza del terapeuta. Yo tengo claro cómo se trabajó esa situación, tenía que ver en
como yo pienso la relación entre personas y, desde allí, como manejo los datos que me procuro.
Por eso esa consulta que empezó siendo individual, se transformó en una consulta de pareja. La
pareja llega en una situación de microviolencia en la que básicamente lo único que está instalado
es el clima de reproche y de acusación al otro. Lo que me sirvió fue poder hacer un trabajo muy
lento de ayudarlos a establecer las diferencias, dadas por una sobreinvolucración de las dos
familias de origen bastante fuerte. Trabajé, prácticamente con las cosas que vos fuiste trabajando:
dificultades para establecer la diferencia entre lo que yo quiero que el otro sea y no poder aceptar
que este otro, es otro, que tiene otra manera de responder, profundamente ligada a la cosmovisión
de su familia de origen.

Lic. Susana Seré: Sería importantísimo este grupo de profilaxis. Por ahí le damos otra vuelta. Los
tres temas básicos: el manejo del dinero, la negociación de la sexualidad y la negociación de la
familia de origen de cada uno, son los conflictos más habituales.
¿Cómo se siente un terapeuta trabajando dónde ya había una fecha de casamiento? ¿Te
consultan para que vos hagas algo que ya estaba en marcha, donde tu posibilidad de operar
también está muy acotada? Me preocupa en cuanto a la ética que uno tiene como terapeuta. Yo
no sé si aceptaría trabajar con una pareja con tiempo acotado, o si negociaría en una primera
entrevista, proponer un contrato de trabajo y después hablar de la fecha.

Lic. M. Rosa Glasserman: Siempre me gustan tus frases que no son vacías….Una alumna de
CEFYP usó como parte de su ceremonia de casamiento, el final de tu artículo del libro compilado
por Juana Droeven:”Más allá de Pactos y Traiciones”. Cuando lo hizo leer, me movilizó mucho, ya
que uno está acostumbrado a las oraciones o aforismos y esto era novedoso….Y lo que hoy traés
al Ateneo es una nueva frase poblada de significado: Lo que el amor junta lo sostiene el diálogo
pensé en la película “Una relación Particular”, donde una pareja no puede continuar algo que se
inicia como sexo y luego deviene amor, simplemente por quedarse con lo que llamamos
adivinación del pensamiento, y no llegar al diálogo. Cada uno de ellos piensa que el otro no desea
continuar, y no se lo preguntan al otro. Muchas parejas padecen de esto: atribución de
pensamientos. Muchas veces lleva a la destrucción de la pareja, porque no transforman en
diálogo lo que están pensando.

Licenciada Ana Martínez: La relación de pareja tiene una singularidad cuando se convierte en un
obstáculo para el crecimiento personal, ya que hay un otro al que generalmente se achaca el
problema. Los terapeutas podemos trabajar en el momento en que esta relación aparece como un
obstáculo para el crecimiento individual.
Dr. Jorge Basile: Muchas gracias a todos los participantes del Ateneo

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