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Amor en Pareja

– Lic. M. Rosa Glasserman


La importancia de las historias en la constitución de la pareja

Slvia consulta a los 56 años por distintas dolencias corporales. Ha tenido muchas cirugías
y dolores diversos. En el momento de la consulta está felizmente casada con el padre de
sus cuatro hijos, dos varones y dos mujeres. Manifiesta ser muy feliz con su marido a
quien conoce desde los 13 años en el Chaco, donde ambos vivían. Es decir, eran lo que
habitualmente llamamos una “pareja de crianza”. Transcurrieron su vida en aquella
provincia hasta que se trasladaron a la ciudad años después. Al poco tiempo de iniciado
su tratamiento psicoterapéutico fallece su marido en un accidente de ruta. Ella queda
totalmente desencajada. El amor de y por sus hijos, que es muy grande, no alcanza a
compensar la pérdida de su compañero.

Inicia un intenso y dolorosísimo duelo, acompañado de pensamientos, sueños, visitas


frecuentes al cementerio, nostalgias. Su familia la contiene.

Cuando parecía que su sufrimiento no tendría fin, dos años y medio después,
seguramente ante algún indicio pequeño, que sólo un enamorado percibe, un hombre,
apenas un poco mayor, le confiesa que hace mucho está enamorado de ella. Él le cuenta
que percibe un cambio, que ella ahora está distinta y teme que estando más abierta,
alguien se acerque antes, y él la pierda. Ella se sorprende con este comentario. En su
terapia, en ese momento, estaba pensando y planteándose la necesidad de un
compañero, situación que hasta entonces no se había cuestionado y si alguien lo hubiese
hecho, ella se habría enojado.

Él le pide comenzar a verse y conocerse, aunque le confiesa que está casado, “mal”
casado. Es infeliz. Ella, mujer estructurada, sin embargo se atreve. Estos encuentros la
vuelven a la vida, se va sintiendo cada vez mejor. Las circunstancias en que se establece
este vínculo, donde no hay cotidianidad, ni posibilidad de compartir los fines de semana,
ni salidas hace que sus necesidades de comunicación y expresión se manifiesten a través
de cartas diarias que ella produce y que le lee en cada encuentro. Esto a él lo conmueve
mucho y enamora cada vez más.

No sólo la narración amorosa se arma con las palabras de un sujeto como en el caso de
Silvia, sino que la índole de la relación de pareja supone un relato. Antes de establecer un
vínculo de esta índole tenemos ya ideas preconcebidas. Estas ideas o historias no son la
verdad en sí mismas, pero pueden ajustarse o no a la situación que permita una buena
adaptación al entorno. Esto es algo que trae R Sternberg quien se pregunta qué significa
que el amor sea una historia y cuáles son sus características y cómo tienen lugar esas
historias. Este autor señala que las historias son muy importantes y entenderlas nos
puede hacer cambiar nuestras vidas.

Las conductas de las parejas son comprensibles a partir de tener en cuenta qué
concepción del amor ideal tenía antes, cada uno de sus componentes y cómo tienen lugar
esas historias que ellos traían de antemano. Compartir entre ellos alguno de estos
conceptos puede hacer sobrevivir más a la pareja. Si alguien quiere vivir una historia
romántica y en realidad vive una historia violenta seguramente se mostrará contrariado o
insatisfecho. Como dice este mismo autor, el amor es una historia cuyos autores no son
escritores de la talla de Shakespeare o García Márquez, sino nosotros mismos.

Silvia es una de esas escritoras de cuya historia aún no sé el final. Esta situación que por
momentos me preocupa por idealizada, le ha devuelto, sin embargo, una serie de
sensaciones y sentimientos importantísimos que la hacen vibrar y recuperarse de viejos
pesares. Esto nos lleva a plantearnos qué es el amor?. Más aún, el amor en la pareja. Y
agregaría: Qué es la pareja? En qué contexto la tomamos? En qué cultura? En qué etapa
de la vida?

Lo que narro de Silvia: es amor o enamoramiento? Ya que ella conoce de Luis algunos
aspectos parciales que le gustan mucho, que “la enamoran” y supone, como ocurre en
este estado alterado de conciencia, que el otro es “todo” así. Siendo que el amor, muchas
veces surge luego de la desilusión que sobreviene después de darse cuenta que el otro
no es todo lo que uno imaginó y “creó”. Es decir, cuando se lo acepta con sus defectos y
virtudes, cuando se incluye la tolerancia que disminuye la primera y necesaria
idealización, producto del “enamoramiento”, cuando se pasa del “ciego enamoramiento al
amor que mira y ve” (Johannes Neuhauser)

Tal vez en el caso de Silvia esté presente la vigencia del amor a través de la palabra,
como prueba vital permanente que la mantiene viva todo el tiempo y que constituye un
paliativo frente a la muerte. Antes de conocer a Luis, ella escribía para sí misma a través
de su diario.

Un caso similar en la literatura ocurre en “Las mil y una noches” encarnado en el


personaje de Scherezade. Ella para no morir, le cuenta todas las noches una nueva
historia al Califa quien fascinado, la mantiene viva, postergando día a día su ejecución
con el fin de escucharla nuevamente. De alguna manera, modos similares para combatir
el miedo a la muerte.

Acontecimiento y repetición

En “Medianoche de amor”, Michel Tournier, narra los avatares de una pareja que deja de
entenderse después de varios años de matrimonio.
En el primer capítulo aparece con fuerza, una de las problemáticas habituales con la que
nos encontramos los terapeutas de parejas. Ella dice “Aquí estamos separados por una
inmensa playa de silencio…” Y más adelante agrega”….el domingo vamos a almorzar a
un restaurant…A veces siento tanta vergüenza de nuestro mutismo que muevo en silencio
los labios para hacer creer a los otros clientes que estoy hablando”
Más adelante…

Ella dice: “….una pareja se construye lentamente en el curso de los años, y las palabras
que intercambia adquieren con el tiempo una importancia creciente. Al principio bastan los
gestos. Después el diálogo gana en extensión. Es necesario que gane también en
profundidad. Las parejas mueren porno saber ya qué decirse. Mis relaciones con un
hombre terminan el día en que al encontrarme con él tras una jornada transcurrida en otra
parte, ya no tengo ganas de contarle lo que he hecho, ni de escuchar de sus labios cómo
ha ocupado por su parte aquellas horas sin mí”
El aduce que aunque no se caracterice por ser parlanchín, ella frecuentemente le
interrumpe sus historias, cuando manifiesta el cansancio por haberlas escuchado cien
veces…

Él dice: “En ese sentido me hiciste un día una proposición diabólica, y aún me pregunto si
hablabas en serio. Me propusiste que numerara mis historias. En adelante, en lugar de
contarte una de principio a fin con todos los refinamientos de un buen narrador, tenía que
limitarme a enunciar el número, y tú comprenderías en el acto. Yo diría 27 y tú
encontrarías en tu memoria la historia del perro de mi abuela, etc, historia 71, la fidelidad
de dos gaviotas…14, la odisea de mi abuelo en su única visita a París… Pero entonces
no me reproches mi silencio!”

Ella: “Es que me conozco todas tus historias, y hasta las cuento mejor que tú. Un buen
narrador tiene que saber renovarse”. La respuesta de él, me parece que introduce un
elemento muy importante de destacar que retomaremos más adelante.

Él: “No necesariamente. La repetición es parte del juego. Hay un ritual del relato que, por
ejemplo, respetan los niños. Sin preocuparse de la novedad, exigen que se les cuente la
misma historia en los mismos términos… De la misma manera, hay un ritual de la vida
cotidiana, de las semanas, las estaciones, las fiestas, los años…”
“…Hay una determinada idea bastante temible para matar el diálogo de una pareja, y es
la del oído virgen. Si un hombre cambia de mujer es para encontrar en la nueva un oído
virgen para sus historias. Don Juan no era más que un incorregible hablador…”
Ellos continúan conversando hasta decidir que lo mejor es separarse, que lo harán en una
cena con sus amigos a la orilla del mar en la noche más corta del año para que dure
hasta el amanecer.

Ella: “Les hablaremos, nos hablarán, será la gran charla sobre la pareja y el amor…
Cuando todo el mundo haya dicho lo que tiene que decir, tú golpearás el vaso con el
cuchillo y les enunciarás solemnemente la triste noticia…”
Llega la noche de la cena. Los amigos narran historias muy interesantes. Especialmente
haremos alusión a una llamada: Los dos banquetes o la conmemoración.
Esta historia hace referencia a un califa quien debía elegir un cocinero para su palacio.
Impaciente, le exige a su intendente que lo encuentre lo antes posible. Este le explica que
ya tiene dos candidatos y que le resulta imposible elegir. El califa luego de pensarlo
mucho, decide darles la oportunidad a ambos en dos banquetes sucesivos del palacio. Así
se hace.

El domingo siguiente se realiza el primer banquete. Era tan inimaginable superar las
exquisiteces presentadas que los comensales instaban al califa a nombrarlo cocinero de
la corte sin esperar al otro. Sin embargo, el califa mantuvo la idea de darle la oportunidad
de competir al otro candidato.

Al domingo siguiente se ofreció el otro banquete. Fue grande la sorpresa cuando llegó el
primer plato a la mesa, ya que era el mismo del banquete anterior. Exquisito, sutil, rico,
pero idéntico al anterior. Todos se iban poniendo nerviosos a medida que la comida
avanzaba, ya que con los otros platos, ocurrió lo mismo. Pensaban que el califa
enfurecería, por sentirse burlado. Por el contrario, al finalizar la comida él hizo venir a los
dos cocineros y dijo:

“….todos habéis podido apreciar en estos dos banquetes el arte y la inventiva de los dos
cocineros aquí presentes…… creo que estaréis todos de acuerdo conmigo en reconocer y
proclamar la inmensa superioridad del segundo cocinero sobre el primero. Pues si la
comida que degustamos el pasado domingo era tan sutil, original, rica y suculenta como la
que nos ha servido hoy, no era sino una comida principesca. Pero la segunda, en la
medida en que era la exacta repetición de la primera, se elevaba a una dimensión
superior. El primer banquete era un acontecimiento, el segundo, una conmemoración, y si
el primero era memorable, fue el segundo el que le confirió retroactivamente tal
memorabilidad…. Así, si aprecio en casa de mis amigos y de viaje que me sirvan comidas
principescas, aquí en palacio, sólo quiero comidas sacras. Sacras, sí, pues lo sacro no
existe sino por la repetición, gana en eminencia con cada repetición”

A partir de ahí, el califa contrata a ambos cocineros, al primero para que en los viajes se
abra a los productos nuevos, a los descubrimientos gastronómicos y al segundo lo
reserva” para el cuidado de la disposición inmutable de mi ordinario. Será el sumo
sacerdote de mis cocinas y el conservador de los ritos culinarios y manducatorios que le
confieren a la comida su dimensión espiritual”

Al final de la cena después que ya todos los amigos se retiraran, la mujer de esta pareja le
dice a su marido: “No te levantaste… no les anunciaste a nuestros amigos la triste noticia
de nuestra separación”

Él le contesta: “Es que la fatalidad de tal separación ya no pareció tan evidente al


entrarme en la pareja todas esas historias”

Ella: “Si, tal vez lo que nos faltaba era una casa de palabras en la que habitar
juntos…… La literaturacomo panacea de las parejas perdidas……. Tu cena nocturna
marina estaba exquisita… Te nombro cocinero jefe de mi casa: Serás el sumo sacerdote
de mis cocinas y el conservador de los ritos culinarios… que le confieren a la comida su
dimensión espiritual”.

Lo que deseo destacar a través de esta historia es que así como el encuentro amoroso,
situación de origen de la mayor parte de las parejas, es leído como acontecimiento, la
repetición que es constituyente de la trama cotidiana (que no necesariamente implica
aburrimiento), puede ser pensado como conmemoración.

Al respecto dice Bataille, lo más grave es que el hábito en el matrimonio se solía entender
como lo que apaga la intensidad implicando costumbre. Y como consecuencia, al erotismo
repetido se le atribuía ausencia de valor en lo referente al placer. Sin embargo sin una
secreta comprensión de los cuerpos, que sólo a la larga se establece, la unión es furtiva y
superficial. “El hábito tiene el poder de profundizar lo que la impaciencia no reconoce”

Las historias narradas


En las parejas suele ocurrir que, como bien dice Sternberg, cada uno de los miembros,
aporta una narrativa propia. Cuando estas historias se complementan o comparten, es
posible que las personas que componen las parejas la pasen mejor que otras que tienen
narraciones muy disímiles.

Cada miembro de la pareja se acerca a la elaboración de la misma construyendo historias


acerca de lo que es o debe ser el amor en pareja o el tipo de pareja que desea
compartir. Es por eso que la interpretación de los mismos hechos es enfocada por ambos
miembros desde concepciones diferentes. Lo que resulta claro es que los individuos que
inician una relación necesitan crear además otra historia compartida que complemente las
historias personales que cada uno trae.
Por ejemplo, si cada uno de ellos tiene concepciones diferentes de lo que es “estar mejor”
con el otro, es posible que si no lo procesan juntos, la pareja fracase. Si uno de ellos
piensa que la relación debe ser siempre armónica y tranquila, sin complicaciones,
mientras que el otro/a piensa que si no se comunica incluso confrontando, no avanza para
crecer, se hará muy difícil la convivencia. Uno buscará el consenso hasta el sometimiento
para no enfrentar, interpretando el estilo opuesto como ataque, mientras que el
compañero interpretará la evitación del conflicto, como huída. Es decir, que sus previas
historias acerca de lo que entienden por amor, los alejan.

Las historias pueden y suelen cambiar con el tiempo, pero nunca desaparecen del todo.
Hay variedad de historias de amor, que responden a modos de pensar, y a los propios
anclajes históricos de los participantes. Tomemos un ejemplo: En las parejas en que uno
de los dos propone una historia de adicción, ya sea a la pareja o a una sustancia, nos
preguntamos ¿qué pasa cuando alguno de los dos se corre de estos lugares? Otras
parejas necesitan una dosis permanente de humor, que los hará divertidos, pero que a
veces, con esto mismo evaden cualquier profundización del vínculo.

Una vez construída la historia sobre una persona y sobre la relación que mantenemos con
ella, hacemos lo mismo que haría un escritor; procuramos que adquiera coherencia.
Sternberg dice que a nadie le gusta leer un libro lleno de contradicciones. A veces nos
enamoramos de una persona que no hubiéramos aceptado de haber tenido en cuenta lo
que nos indicaba la razón. En general las historias prevalecen sobre lo racional. Nos
sentimos atraídos por personas que nos faciliten crear historias conjuntas en las que
predomina nuestro deseo: lo que queremos que sea el amor. Nos enamoramos de la
historia de una persona. Una vez establecida la pareja, la relación no cambia si no cambia
la historia. Estas historias puede manifestarse a través de metáforas como George Lakoff
y Mark Jonson plantean cuando se refieren a las metáforas de la vida cotidiana. Aluden a
las mismas no sólo como un embellecimiento retórico sino como parte del lenguaje diario
que influye sobre el modo en que percibimos, pensamos y actuamos.

Con qué idea del amor se acercan las parejas?

Los autores hacen referencia a diversas metáforas con las que se enuncia el amor.
l) El amor es una fuerza física (electromagnética, gravitacional u otras)
Esta metáfora conlleva a comentarios tales como sentir electricidad entre los
componentes de la pareja, atraerse de modo incontrolable, compartir una
atmósfera cargada, etc
2) El amor es un paciente
A través de esta metáfora se describe a la pareja como una relación enferma o bien
sepuede aludir a un matrimonio sano, esa relación está mejorando. El amor, se dice,
es lánguido, está agotado.
3) El amor es locura
Estamos locos el uno por el otro. Pierdo el juicio. Estoy/ está chiflado por él, por mí.
Me vuelve loca/o.
4) El amor es magia.
Las palabras que suelen acompañar a esta metáfora suelen ser: Estoy hechizado/a. Y
cuando la relación termina: se acabó la magia

Estas metáforas, entrelazadas con las historias que narramos, demuestran que nuestros
modos de hablar colaboran en construir modos de percibir, actuar, pensar y armar nuestro
mundo en pareja.
Esto se ve más claramente en nuestras consultas.
Las consultas, hoy

En el consultorio, hoy, se me presentan parejas que transitan por lo menos, tres


momentos del ciclo vital.
Me refiero a :
l) Parejas entre los 30 y los 45 años
2) Parejas entre los 45 y 55 años
3) Parejas entre los 60 y 75 años

Veamos qué sucede con el primer grupo:

1) Alfredo y Carolina tienen 40 y 42 años respectivamente. Después de muchos intentos


de embarazarse, lograron tener mellizos que hoy tienen 7 años. Llegaron a la consulta
hace 6 meses, con dificultades en la comunicación, mutua lejanía, cuentas pendientes de
parte de ella por cierta violencia de él en el pasado. Dificultades de él con la familia de
origen de ella. Él siente que se meten en la vida de ellos y que ella no los detiene. Ella
dice que esto es el producto de años de sentirse sola y que como se sintió protegida por
sus padres en ausencia de él, se siente muy cerca de ellos.

Cuando acuden a la consulta, no tienen vida sexual porque ella se niega. Dice que no
tiene deseos y lo rechaza. El siente que si esto continúa mucho tiempo, la pareja se
destruirá. Hacemos un trabajo terapéutico, se logra cierto acercamiento pero justamente
en el momento en que se incrementa el acercamiento sexual y afectivo incluído el
compañerismo, con mejorías en el ámbito de la familia y lo social, él plantea que se quiere
separar. Ella se sorprende mucho, no entiende por qué, “ahora en que lo deseo tanto, lo
he vuelto a amar, no nos peleamos, dormimos abrazados. “El aduce que el cambio es tan
drástico que no cree que sea posible y “verdadero”. Deciden separarse y continuar con la
terapia de pareja.

En el mismo grupo etáreo tenemos a:


l bis) Darío y Celia de 37 y 39 años respectivamente que consultan por dificultades en la
pareja. Tienen dos hijos de 9 y 6 años. Ella no tiene deseos sexuales y es muy activa en
su casa, en su vida, y en su trabajo. Se prestó a ayudarlo, por pedido de él, en un nuevo
emprendimiento. Él la admira y siente que le debe mucho, pero está molesto porque no
tienen suficiente vínculo sexual y porque ella se ocupa en exceso de los problemas de su
familia de origen. Ella se siente muy sola en muchos aspectos de la vida.
Ambos tienen familias de origen muy complicadas y con mucho conflicto psicológico. Por
otra parte, se hace evidente, cuando se dedican al ocio y a los hijos, la diferencia de
intereses entre ambos.
En el siguiente grupo etáreo situamos a:

2) Cecilia y Néstor, ambos de 47 años, llevan 20 de casados. El plantea la terapia de


pareja porque han perdido la capacidad de diálogo. Se siente mejor en familia que en
pareja y le angustia la eventual partida de los hijos, porque se pregunta cómo van a seguir
adelante juntos ellos dos cuando estén solos. Se siente confundido. Le molesta que ella
descuide algunas cosas por estudiar. Ella dice que eso no es cierto, que se ocupa de
todo el manejo de la casa igual (tiene mucha posibilidad de ayuda) Tienen, además de
frecuente, un muy buen vínculo sexual. Sin embargo, él se queja que ella no es
suficientemente seductora y aunque siempre está disponible para los requerimientos
amorosos, no los inicia. Luego de dos meses de trabajo de terapia de pareja y con
algunos cambios especialmente de ella, que a él le complacen, incluído el hecho de que
ella le pida que hagan algunos viajes sólos, sin embargo, él manifiesta su temor a estar
sólo con ella, a sentirse asfixiado y aburrido.
Dejando en claro que es necesario tomar en cuenta las singularidades, podemos decir
que en el panorama actual de las parejas se observa una cierta tendencia al aburrimiento
fácil, donde los vínculos se agotan rápidamente y las personas muestran una gran
intolerancia a las diferencias. Probablemente, además, por el alargamiento de la
expectativa de vida, existe un miedo a pensarse con otro/a para siempre, sin otras
opciones u alternativas.
La idea de relación, como dice Bauman, transmite tanto los placeres de la unión como los
horrores del encierro. En el amor, hay un factor que inquieta mucho que es la
incertidumbre del futuro, por lo menos hoy, en que no se posee como en el pasado, la
suposición de cierta garantía de duración eterna.
Hoy amar, paradójicamente, está ligado tanto al miedo a no saber, como al goce de una
unión intensa. Mientras transcurre el amor, está siempre al borde de la derrota, dice
Bauman. La pareja va disolviendo el pasado a medida que se desarrolla, sin dejar ni
trincheras ni refugios donde replegarse en caso de necesitarlo. Nadie sabe qué le depara
el futuro. La pareja nunca está tranquila como para disipar nubes y apaciguar angustias.
En el caso de Darío y Carolina y de Celia y Alfredo, tal vez por compartir la franja etárea
hay en común un prematuro cese del deseo en las mujeres. Seguramente predominan
las singularidades por encima de lo que comparten. Pero en esta falta de deseo, ¿no
influirá al haberse alargado tanto hoy la expectativa de vida que pueda prevalecer cierta
sensación de encierro y asfixia?. Alfredo y Darío lo dicen expresamente, no van a
renunciar a la sexualidad en la pareja tan temprano… Llama la atención el caso de
Alfredo, quien se separa igual a pesar de haber recuperado una intensa vida sexual, ya
que no le da crédito a este cambio. Acá, como dice Sternberg, existen distintas historias
en pugna: para él, el de un amor ideal, armónico, y para ella la historia de una pareja que
“lucha” por obtener sus logros. Obviamente esto no alcanza ni para explicar lo que ocurre
ni para ayudarlos a solucionar sus problemas. Tendrán que hacer un trabajo que esté
también ligado a sus anclajes históricos. En el caso de Celia, ella tendrá que darse cuenta
que tal vez, aún es más hija que esposa. Carolina, por su parte, tiene una historia de
sacrificio, por la que siempre está lista para postergarse por otro/ a para hacerlos felices,
ayudar a sus padres tanto en el negocio como en una enfermedad psiquiátrica de la
madre, obtener varios títulos, postergarse cuando el marido la necesita laboralmente.
Podría acaso de este modo llegar a la cama con deseo? Tal vez el agotamiento o la
venganza imperen para la desaparición del mismo.
Mientras que Darío tiene una historia de desconfianza en la mujer. Los hombres, como su
padre serán los leales. Está más afuera que dentro de la familia, la deja a ella muy sola
con todo, mientras al mismo tiempo se sorprende de su alejamiento erótico.
En el caso de Cecilia y Néstor, él trae a la pareja su propia historia : “las mujeres son las
que abandonan y los hombres no hacen nada para evitarlo”. Cuando la mujer calla, él se
siente abandonado. Cuando ella le prepara una comida que no le gusta, él también se
siente abandonado. Es notable como ella aunque lo complace sexualmente, y siempre
calla, su historia es diferente de la de él. Parecida a Celia, se posterga en algunas cosas,
aunque también aparece la represalia, no en el sexo sino con el silencio: El desea que le
cuente lo que hace, las cosas que lee, ya que ella es muy lectora, sin embargo, ella calla.
Finalmente nos encontramos con el tercer grupo etáreo, de entre 60 y 75 años. Aquí se
ubican Valeria y Julián quienes pudieron armar una larga historia. Valeria tiene 12 años
menos que su marido. Esto la hizo sentir siempre “mucho más joven” aún. Ella no fue
muy aceptada en su familia de origen por su madre, en comparación con sus hermanos
varones. Encontró en Julián alguien que la amó/a y aceptó/a siempre como es, hasta con
su obesidad, tan criticada en su familia. En este momento de la pareja en que Julián,
desde hace muchos años, se enferma de distintas cosas aunque lucha y se repone, la
encuentra a Valeria agotada y enfrentándose con sus propias e incipientes dolencias. La
historia de la joven y el maduro se acabó. Además ella se resiste a ser la cuidadora. Se
siente sin aire y asfixiada. Han perdido hasta la ternura. El terror al propio envejecimiento
y el temor al deterioro y muerte de Julián le hacen pensar a Valeria en el divorcio como
única salida.
En todos estos casos el trabajo terapéutico resulta indicado y no cabe duda que ayuda.
Ahora bien, en una terapia de pareja, más allá de las técnicas diferentes que se puedan
aplicar y de los marcos teóricos en que las mismas se anclen, tenemos que contar con
un/a terapeuta que tenga clara su propia historia de pareja, lo que le permitirá acercarse
respetuosamente a los pacientes, despojándose en todo lo que pueda, de sus pre-
conceptos y de la idea de que hay una “verdad” o una sola manera de vivir en pareja.
Silvia, con sus cartas, mantiene viva la llama del amor y alejada la muerte, como
Scherezade con sus cuentos. La pareja literaria de Michel Tournier encuentra un puente
de palabras para paliar el silencio que los hundía en un difícil abismo. Así logra recuperar
tanto el encuentro primero como también la conmemoración permanente que recrea
espacios nuevos a partir de viejas tramas conocidas.
Por último, tal vez después de mucho tiempo de terapeuta, me puedo plantear que
siguiendo a Bauman, en esta sociedad “líquida”, donde las palabras se las puede llevar el
viento, más que la aplicación de técnicas en la terapia de pareja, deberíamos propiciar en
la sesión, un lugar para el “encuentro” que se ha perdido. La función primordial del
terapeuta consiste en favorecer un diálogo propiciador de la aparición de nuevas historias
compartidas que a su vez, favorecerán la construcción de una “verdad” para la pareja.

María Rosa Glasserman


Mayo 2007