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Uso eficiente de los recursos pesqueros

Por
Richard Inurritegui
Estudio Rodrigo, Elías & Medrano
Conforme a la Constitución Política del Perú (art 66°) los recursos naturales renovables
y no renovables son patrimonio de la Nación y le corresponde al Estado en forma
soberana establecer las condiciones para su aprovechamiento. Esas condiciones de
utilización y de otorgamiento de derechos a particulares se establecen por Ley Orgánica
y la concesión que se otorga se constituye en un derecho real sujeto a las condiciones
fijadas por ley.
En el caso de los recursos pesqueros que son de naturaleza renovable, el Perú ostenta
una pesquería privilegiada a nivel mundial. Tenemos uno de los mares más ricos y el
recurso pesquero de mayor valor en términos de biomasa y productividad que es la
anchoveta; esto nos ha llevado a ser el segundo país pesquero en el mundo y los
primeros productores de harina y aceite de pescado.
Por ello la industria pesquera es un agente importante de la economía peruana y por lo
mismo se exige de parte de la autoridad pesquera que se de un uso eficiente de los
recursos pesqueros. Un concepto primordial que debe primar en la explotación de los
recursos pesqueros es el que se orienta hacia “un máximo aprovechamiento sostenible”
y este concepto implica que podemos explotarlos en la medida que pueda garantizarse
su renovación y cuidado, en palabras comunes, que no se depreden.
Para ello existe una serie de medidas que se adoptan para cada pesquería a través de
reglamentos de ordenamiento pesqueros (por ejemplo para anchoveta, jurel, merluza,
atún y pota). En dichos reglamentos se establecen para cada pesquería las condiciones
de acceso, el esfuerzo pesquero, el tipo de embarcaciones, las artes de pesca, el tamaño
de redes, las zonas de pesca, y otras disposiciones orientadas a regular su explotación.
También son fundamentales ya durante las operaciones, otras medidas de manejo
biológicas como los períodos de veda, las tallas mínimas y los porcentajes de tolerancia
de captura juvenil.
Un punto de partida muy importante es el acceso a la pesquería, determinando cuál es el
esfuerzo pesquero que la misma debería soportar; es decir, cuántas embarcaciones
deberían ser autorizadas. Para ello, la Ley General de Pesca – Decreto Ley N° 25977 y
el Reglamento de la Ley General de Pesca, Decreto Supremo N° 012-2001-PE y normas
modificatorias, disponen reglas dependiendo de la situación de cada recurso. Así por
ejemplo, para los recursos que se encuentren en estado de “sub-explotación” establecerá
condiciones de acceso más flexibles para poder desarrollar más esas pesquerías. Para los
recursos que se encuentran en estado de “plena explotación” se establece una rigidez
para no permitir más embarcaciones (esfuerzo pesquero) de las que ya hay; por ello,
quien quisiera entrar a una pesquería de un recurso en plena explotación, debe cumplir
con el requisito de sustituir igual capacidad de bodega de flota existente en dicha
pesquería; en resumidas cuentas, si quiero poner una embarcación nueva debo sacar del
mar otra de iguales dimensiones, de tal manera que el esfuerzo pesquero se mantenga
inalterable (esta regla general, ha sido innumerables veces obviada para pesquerías
importantes como la de anchoveta y jurel determinando un exceso de flota, pero eso
puede ser materia de otro artículo).
Otro tema central es el de los derechos de asignación. Como hemos visto, es el Estado el
que fija las condiciones para su otorgamiento y se hace a través de permisos de pesca
para las respectivas pesquerías. Tradicionalmente los permisos de pesca otorgaban un
derecho a la explotación en función a la capacidad de bodega de la embarcación sobre
una cuota total autorizada. Así por ejemplo, en la pesquería de anchoveta se abría la
temporada con una cuota total determinada y las embarcaciones con permiso de pesca
salían a pescar lo que podían hasta que se acababa esa cuota o hasta que llegaba la veda.
Este modelo en el que cada uno pesca como puede con una cuota total como único
límite, genera lo que se conoce como “carrera olímpica”, que resulta en tratar de pescar
más que otro a como de lugar, generando incentivos perversos para no respetar las
normas de ordenamiento pesquero y para crecer indebidamente con las consiguientes
ineficiencias económicas.
Hace unos años se empezó a adoptar el modelo de las cuotas individuales, teniendo a la
pesquería de merluza como la primera en implementarla. La gran reforma, sin embargo,
se dio en la pesquería industrial de la anchoveta en el año 2008 a través del Decreto
Legislativo N° 1084 (Ley de Límites Máximos de Captura por Embarcación). La
reforma consistió únicamente en asignar a cada embarcación un porcentaje máximo de
captura (PMCE) sobre la cuota total, en función a criterios como pesca histórica y
capacidad de bodega. A partir de entonces, cada embarcación tiene su PMCE que se
aplica sobre la cuota total de la temporada que corresponde y eso determina su límite
máximo de captura (LMCE) para cada temporada; es decir, cuántas toneladas puede
pescar. El solo hecho de conocer de antemano cuánto puede pescar una embarcación
como máximo, generó grandes beneficios porque las empresas adecuaron el tamaño de
su flota a la suma de sus PMCE (se redujeron el número de embarcaciones porque
podían compartir sus PMCE). Se redujo el incentivo de salir a pescar a como de lugar
incluso cuando las condiciones de mar no eran las adecuadas, lo que redujo los
accidentes. Se dejó de invertir innecesariamente en aumentar el esfuerzo pesquero lo
que redundó en mejores rendimientos económicos. Al poder pescar en forma más
espaciada, ya que no había que competir “olímpicamente” con los otros, se generó
menos congestión en las descargas en las plantas, por lo que la materia prima llegaba en
mejores condiciones resultando en una harina y aceite de mejor calidad y generando
menos impactos ambientales. En resumen las cuotas individuales en la pesquería de
anchoveta a través de la ley de los límites máximos de captura, significaron un beneficio
muy grande y probó que es el modelo que debería seguirse para otras pesquerías.