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Protección de los consumidores en los alimentos

Artículo 30º.- Inocuidad de los alimentos

Los consumidores tienen derecho a consumir alimentos inocuos. Los proveedores son
responsables de la inocuidad de los alimentos que ofrecen en el mercado, de conformidad con
la legislación sanitaria.

Artículo 31º.- Calidad de los alimentos

Los proveedores que alegan algún aspecto de calidad de sus productos, sea mediante el uso de
frases, expresiones o imágenes, deben estar en condiciones de probarlo, de conformidad con lo
dispuesto en el presente Código y la normativa vigente. Para los efectos de aplicación del
presente artículo, se entiende por calidad al conjunto de características de un producto que le
confiere la aptitud para satisfacerlas necesidades establecidas y las implícitas.

Artículo 32º.- Etiquetado y denominación de los alimentos

El etiquetado de los alimentos se rige de conformidad con la legislación sobre la materia o en su


defecto a lo establecido en el Codex Alimentarius.

Los alimentos deben llevar en su etiquetado de manera destacada la denominación que refleje
su verdadera naturaleza, sin generar confusión ni engaño al consumidor.

Las alegaciones saludables deben sustentarse de acuerdo con la legislación sobre la materia o
en su defecto a lo establecido en el Codex Alimentarius.

Artículo 33º.- Alimentos modificados

Los alimentos modificados por sustracción, sustitución o adición de ingredientes solo pueden
utilizar la denominación de los productos originales cuando lo permita la legislación sobre la
materia o en su defecto el Codex Alimentarius.

Artículo 34º.- Información complementaria

En todos los casos en que el proveedor brinde información complementaria mediante sitios en
internet u otras formas de difusión, la misma debe ser clara, comprensible, veraz y fácilmente
accesible, observando lo dispuesto en el presente Código y en la legislación de la materia. La
remisión a esta fuente de información distinta debe ser clara y expresa.

Artículo 35º.- Alimentos orgánicos

Los proveedores que ofrezcan alimentos orgánicos deben ser debidamente certificados y deben
identificarlos claramente en las etiquetas, envases y los medios de información directos o
indirectos.

Artículo 36º.- Etiquetado de grasas trans

Cuando un alimento contenga un tipo de grasa considerada trans debe advertirlo en su etiqueta,
así como su porcentaje.

Artículo 37º.- Etiquetado de alimentos genéticamente modificados

Los alimentos que incorporen componentes genéticamente modificados deben indicarlo en sus
etiquetas
Derecho a la información: etiquetado de los alimentos transgénicos

enero 20, 2013 · de silviabailen · en biotecnología, Derecho a la información, Derechos


Humanos, Seguridad Alimentaria. ·

Como hemos visto en artículos anteriores, algunos aspectos de los OMG entran en conflicto con
el derecho a una alimentación apropiada, que deriva de la Declaración Universal de Derechos
Humanos. Pero también hay otros principios importantes que están relacionados con los
derechos humanos y que la situación actual de los alimentos transgénicos está violando, aunque
no aparecen en la Declaración Universal De Derechos Humanos, son los derechos a una elección
fundamentada y a una participación democrática.

La existencia de los alimentos transgénicos plantea la cuestión de la elección fundamentada,


que deriva del concepto ético de la autonomía del individuo. Este principio se aplica al debate
sobre el etiquetado de los alimentos derivados de OMG, para garantizar que los consumidores
sepan lo que están consumiendo y puedan tomar decisiones fundamentadas. Una elección
fundamentada, y las medidas consiguiente, exigen el acceso a la información y los recursos.
También hay que tener en cuenta que no todos los consumidores tienen el mismo acceso a la
información y los recursos para tomar decisiones sobre los alimentos transgénicos.
Especialmente, los países del Tercer Mundo, donde las personas pobres carecen de la
información más básica para tomar decisiones que pueden afectar a su salud y a su capacidad
de subsistencia. Por eso, toda estrategia de información del público debe incluir métodos
apropiados para llegar a los grupos menos instruidos, más pobres y más desfavorecidos, de
manera que puedan elegir en función de sus necesidades.

También es necesario crear todo tipo de oportunidades para posibilitar la participación de


todas las personas para que participemos en el debate sobre las repercusiones que los alimentos
transgénicos tienen en nuestras vidas y medios de subsistencia, y sobre cualquier beneficio que
pudiera presentarse. Todas las personas deberíamos tener el derecho a elegir los productos que
sean convenientes para nuestra salud. Y también es preocupante, que con la situación actual se
les está arrebatando a las generaciones futuras la posibilidad de tomar decisiones dentro de este
ámbito. Por eso, es necesario dejar a las próximas generaciones opciones abiertas que les
permitan enfrentarse a las necesidades futuras[1].

Ante el avance biotecnológico, los consumidores se encuentran, en su mayoría, desconcertados


y con un gran desconocimiento sobre la materia. Por eso es necesario que se respeten su
derecho de ser informados acerca de por qué y cómo se producen estos nuevos alimentos, a
tener la garantía de unos controles eficaces por parte de entidades oficiales independientes, y
a ser libres de elegir entre alimentos que hayan sido o no modificados genéticamente. Es por
ello, y para proteger la salud pública, que se viene reclamando desde distintos sectores de la
sociedad (organizaciones de consumidores, grupos ecologistas, etc.) es necesario el diseño de
un sistema de etiquetado de estos alimentos que sea obligatorio y fácil de entender,
permitiendo respectar el derecho de cada persona a elegir qué tipo de alimentos quiere
consumir, bien por motivos religiosos, éticos o razones de salud.

Sólo de esta manera respetaría el derecho de los vegetarianos a no consumir vegetales que
lleven incorporados genes animales o el derecho de los musulmanes a no consumir productos
que lleven incorporados genes provenientes del cerdo; y sobre todo por razones de salud, como
es el caso de las alergias. Pero existen cuestiones que hacen difícil un etiquetado adecuado,
como la dificultad para saber si un producto contiene OMG debido polinización de cultivos
transgénicos próximos, ya que no hay ningún tipo de legislación respecto a medidas de
aislamiento. Ocurre lo mismo en los casos en que se dan piensos con ingredientes transgénicos
a ganado destinado para el consumo humano. También sería difícil el etiquetado de alimentos
procesados que contiene ingredientes de muchas fuentes diferentes.

Por otro lado, la industria alimentaria se opone totalmente al etiquetado de dichos alimentos,
ya que creen que va a resultar perjudicial para su negocio. Por ello, se refugian detrás del
principio de equivalencia sustancial que, como ya hemos visto en artículos anteriores en este
mismo blog, es un gran engaño del lobby biotecnológico. Pero aunque se pudiera demostrar
científicamente que los alimentos elaborados con cultivos modificados genéticamente son
idénticos a los obtenidos de cultivos no modificados, puede ser que los consumidores deseen
evitar esos productos simplemente por su método de producción.

Como hemos visto en otros articulos, los alimentos transgénicos pueden contener genes
resistentes a los antibióticos, empleados como genes marcadores, que si bien no afectan a la
composición nutricional de los alimentos, pueden suscitar preocupación. Sólo la presencia de
estos y otro tipo de genes marcadores justifican el etiquetado obligatorio de los productos
alimentarios.

Durante décadas Estados Unidos se ha opuesto tenazmente a la aprobación del etiquetado de


transgénicos, alegando que estos productos han sido estudiados profundamente y son
considerados seguros para ser consumidos por los seres humanos. Países como Argentina,
México y Costa Rica apoyaron esa posición. Por otro lado, la oposición más fuerte a los
transgénicos ha sido en Europa, donde varios países han mostrado preocupación por la falta de
pruebas sobre la seguridad de la manipulación genética de los alimentos para la gente y el
ambiente.

En Europa, el primer reglamento comunitario que aborda el tema del etiquetado de los
alimentos transgénico es el Reglamento 258/97, sobre nuevos alimentos y nuevos ingredientes
alimentarios, que es de aplicación directa a todos los países de la UE. Conforme al Art. 1.2 del
propio reglamento, este se aplicará, entre otros, a:
a) Alimentos e ingredientes alimentarios que contengan organismos modificados
genéticamente con arreglo a la Directiva 90/220/CEE, o que consistan en dichos organismos.

b) Alimentos e ingredientes alimentarios producidos a partir de organismos modificados


genéticamente, pero que no los contengan.

Más adelante, en el Art. 8.1, se indican los requisitos específicos suplementarios en materia de
etiquetado para informar al consumidor final de:

a) Las características o propiedades alimentarias, tales como la composición, el valor nutritivo


o los efectos nutritivos, el uso el uso al que el alimento está destinado, en cuanto hagan que un
nuevo alimento o ingrediente alimentario deje de ser equivalente a un alimento o ingrediente
alimentario existente… En este caso, el etiquetado deberá llevar la mención de estas
características o propiedades modificadas, junto con la indicación del método por el cual se haya
obtenido esta característica o propiedad.

b) La presencia en el nuevo alimento o ingrediente alimentario de materias que no estén


presentes en un producto alimenticio equivalente existente y que puedan tener consecuencias
para la salud de determinados grupos de población( como en el caso de posibles alergias)

c) La presencia en el nuevo alimento o ingrediente alimentario de materias que estén


presentes en un producto alimenticio equivalente existente y que planteen una reserva de
carácter ético (como sería el caso de una planta transgénica que llevara un gen de vaca y fuera
consumida por grupos vegetarianos)

d) La presencia de un organismo modificado genéticamente mediante técnicas de


modificación genética.

Posteriormente se aprobó el Reglamento 1139/98, relativo a la indicación obligatoria en el


etiquetado de determinados productos alimentarios de que están fabricados a partir de OMG.
Este Reglamento exige el etiquetado a los alimentos e ingredientes alimenticios destinados al
consumidor, fabricados, total o parcialmente, a partir de maíz y soja modificados
genéticamente, cuya comercialización había sido autorizada con anterioridad al Reglamento
sobre Nuevos Alimentos, por lo que dicho Reglamento, al ser posterior, no les era aplicable y
estos OMG estaban entrando en los mercados europeos sin ser etiquetados.

Sin embargo, conforme al reglamento 1139/98, para que sea obligatorio el etiquetado, se ha de
comprobar, al final del proceso de fabricación del alimento, si se detecta la presencia de un
mínimo de ADN o de proteína modificada en el conjunto. El umbral es del 0,9%, a partir de este,
es obligatorio hacer mención en la etiqueta de que estamos ante un OMG. Por otro lado, habrá
excepciones por estar debajo de este umbral, que no estarán sujetos a requisitos de etiquetado,
según se dispone en el Art. 2.2 de la Reglamentación. Además, el Art. 1.2 señala que el este
reglamento no se aplicará a los aditivos alimentarios, aromas para productos alimentarios, ni los
disolventes de extracción utilizados en la fabricación de productos alimenticios, por lo que no
están obligados a ser etiquetados.

Esta compleja normativa que sin lugar a dudas constituye un autentico galimatías, en situación
real de mercado se simplifica prácticamente a tres posibilidades:

Que el alimento sostenga alguna mención de contener OMG o ingredientes provenientes de


OMG, en cuyo caso no hay duda de que contiene material modificado
genéticamente.etiquetado-transgenicos

Que el alimento no haga referencia alguna en su etiqueta a la manipulación genética, en cuyo


caso no significa que no la haya, ya que puede ser que la manipulación esté por debajo del
umbral establecido para etiquetar, o simplemente que constituya algunas de las excepciones a
las que nos hemos referido anteriormente, o bien que no lo sepan a ciencia cierta ni ellos
mismos.

Que la etiqueta califique al alimento como ecológico o biológico, única etiqueta que garantiza
con total seguridad la ausencia de manipulación genética. etiqueta-agricultura-ecologica

En cambio, la situación de España es distinta a la del resto de Europa, ya que desde hace más de
diez años el gobierno español ha defendido en la Unión Europea, prácticamente en solitario, el
uso de alimentos transgénicos y es el único país que permite el cultivo de los mismos a gran
escala. En países como Francia o Alemania el cultivo a gran escala está prohibido, entre otras
cuestiones por la presión pública debido a las evidencias científicas sobre sus impactos en el
medio ambiente, la imposibilidad de convivencia de la agricultura transgénica con la
convencional y los efectos a largo plazo sobre la salud humana.

Nuestro país, se rige por la Norma general de etiquetado, presentación y publicidad de


alimentos destinados al consumidor final y a ser entregados en restaurantes, hospitales,
cantinas y otras colectividades similares (Real Decreto 1334/1999, de 31 de julio). En esta norma
no se aborda el tema del etiquetado de los OMG, pero se recoge como principio general en su
Art. 4 el de no inducir a error al comprador en la etiqueta sobre la naturaleza, identidad,
cualidades, composición, cantidad, duración, origen o procedencia y modo de fabricación u
obtención del producto alimenticio. Además, en el Art. 5.1 establece como información
obligatoria en el etiquetado: la lista de ingredientes, añadiéndose al final del artículo la
posibilidad de que se complete, con carácter obligatorio, con las indicaciones establecidas en las
disposiciones comunitarias de aplicación directa (como son los Reglamentos).
Pero lo cierto es que ninguna de estas normas habla de posibles sanciones o procedimientos a
seguir en el caso del incumplimiento por los fabricantes de las menciones obligatorias en el
etiquetado, por lo que esta postura sólo sería proseguible en función de los daños que tales
omisiones pudieran ocasionar. Aunque, como hemos visto anteriormente, con sólo mirar la
etiqueta de un producto no podremos saber si contiene realmente OMG. Pero ante este
desconcierto y falta de información, Greenpeace ha elaborado unas listas orientativas que
califican las marcas comerciales en función de que el comerciante declare o no que contienen
OMG. La lista se divide en dos bloques de distintos colores: lista verde, correspondiente a los
productos cuyo fabricante garantiza la ausencia de ingredientes transgénicos, y la lista roja,
correspondiente a los productos que si podrían contener OMG. Esta lista la podemos encontrar
en la siguiente dirección de internet:

http://www.greenpeace.org/espana/Global/espana/report/transgenicos/Textos-listado-
5edicion.pdf (5ª edición, actualizada el 8 de marzo del 2012)guía roja y verde- geenpace

Otra cuestión importante es que el correcto etiquetado, aparte de representar un derecho de


los consumidores, también es una forma importante de controlar cualquier riesgo. Así, podría
seguirse el rastro de los productos que contiene OMG, ya que es algo necesario para exigir
responsabilidades en el caso de que la salud de las personas o el entorno resultan de algún modo
dañados[2].

[1] Dirección de Información de la FAO. Los organismos modificados genéticamente, los


consumidores, la inocuidad de los alimentos y el medio ambiente. Deposito de documentos de
la FAO, 2001 (p 7)

[2] Pedauyé, Julio; Ferrero, Antonio; Pedauyé, Virginia. Alimentos transgénicos: la nueva
revolución verde, Madrid, Mc Graw Hill, 2000. (p 82-87).

Alimentos
¿Por qué es importante que sea cuidadoso al comprar alimentos?
Al adquirir cualquier producto o servicio busque siempre
la triple B: bueno, bonito y barato. Sin embargo, al
comprar alimentos y bebidas debe ser muy cuidadoso
pues, si realiza una mala compra, podría poner en peligro
su salud y la de su familia.

¿Qué debe tener en cuenta antes de adquirir alimentos?

 Debe elegir el establecimiento que le ofrece


garantías y las mejores condiciones de higiene.

¿En qué se debe fijar si compra productos enlatados o


envasados?

La etiqueta de la lata (rotulado) debe incluir:

 El nombre del producto.


 El contenido neto.
 El nombre y domicilio legal del productor, fabricante, envasador o distribuidor.
 El número de registro sanitario expedido por el Ministerio de Salud. Este dato es
muy importante, ya que indica que el producto puede ser comercializado y es
apto para el consumo humano.
 Debe adquirir latas en buen estado. Si se encuentran abolladas, hinchadas o
presentan signos de oxidación, podrían haber sufrido alguna adulteración y
comprometer la calidad del producto.
 Debe fijarse en la fecha de vencimiento de los productos envasados o enlatados.
Mientras más lejana sea la fecha, más fresco estará el producto.

¿Qué es lo más importante cuando compre a granel?

Asegúrese que los productos sean frescos y originales. Si tiene alguna duda, pregunte al
vendedor. En última instancia, él será el responsable de la venta de un artículo en mal
estado.

¿Qué debe observar después de la compra?

 No consumir los alimentos si despiden un olor desagradable al abrir la lata o el


envase.
 No consumir productos en mal estado o adulterados.

¡No olvide que usted es el mejor defensor de sus derechos!


CONCLUSIONES

La protección al consumidor en Perú se desarrolla dentro de un marco legal que ha evolucionado


y se ha ido fortaleciendo desde 1991, cuando se promulga la primera Ley de Protección al
Consumidor, y 1992, cuando se crea el Indecopi. Esto le permite actualmente ofrecer un sistema
legal de protección efectiva a través de la imposición de sanciones a conductas que infrinjan los
derechos del consumidor y administrar los procesos de conciliación entre cliente y proveedor.
Normativamente el mayor logro ha sido recibir en 2000 la facultad para ordenar medidas
correctivas a favor del consumidor, evitando que este tenga que recurrir al Poder Judicial para
exigir la devolución del dinero, el cambio o la reparación del producto; aspecto crucial, sobre
todo en las causas de menor cuantía, en donde los costos de un proceso judicial representan
una barrera difícil de superar.

Por otra parte, los mayores retrocesos legales han ocurrido en los años 2008–2009, con la
eliminación de la posibilidad de sancionar a las empresas que abusan de su posición de dominio
por prácticas explotativas contra los consumidores, y la extensión de los derechos de los
tenedores de propiedad intelectual en detrimento de los consumidores. Asimismo, se ha
eliminado el precedente de observancia obligatoria del Tribunal del Indecopi de 2004 que
ampliaba el concepto de consumidor final a las pequeñas y microempresas.67

La aplicación de las normas de protección al consumidor presentan sus mayores


vulnerabilidades en el uso de criterios como consumidor diligente, resistencia de la autoridad a
hacer cumplir las disposiciones que protegen a los consumidores frente a las cláusulas abusivas
y generales de contratación, impunidad hacia los bienes basura y productos peligrosos, el
desamparo frente a pesos y medidas, la falta de instrumentación y laboratorios para analizar la
inocuidad de los productos y servicios, la pasividad en enfrentar los problemas procesales y de
ejecutoria de las resoluciones en el sector informal, y el predominio de los intereses de los
tenedores de los derechos de propiedad intelectual por encima de aquellos de los
consumidores.

En Perú la protección de los derechos de los consumidores se ejerce bajo un esquema de justicia
(árbitros) altamente centralizado, lo que por un lado complica la gestión y, por otro, deja una
gran parte de la población en las diversas provincias y regiones del país sin protección. Si bien
existen en la ley algunos criterios para descentralizar, no se evidencia una política institucional
en el Indecopi que promueva su aplicación. Esto está agotando las capacidades de resolución de
los conflictos en las instancias centralizadas, lo que origina un embalse creciente de denuncias,
con el consiguiente retraso en su admisión a trámite y la pérdida de credibilidad y confianza en
el sistema.

En Perú, además del Indecopi y de los Tribunales de los Organismos Reguladores (Osiptel,
Osinerg, Ositran y Sunass) son los ministerios de Transporte, Salud, Educación, etc., los que
establecen reglas y normas sectoriales que requieren a las empresas acerca de la seguridad y
eficacia de los productos y servicios en cada sector. Sin embargo, la actuación de estos
organismos es muy débil y limitada. Además, no existe ninguna institución rectora que se
encargue de planificar, elaborar y coordinar una política nacional de protección al consumidor
en la que participen las principales instituciones estatales (a nivel central, regional y local), así
como las asociaciones de consumidores, el sector privado, el mundo académico y la sociedad
civil. Se necesita un sistema nacional de protección al consumidor con objetivos estratégicos
claros que formen una visión de conjunto capaz de promover una cultura de consumo
responsable tanto de los consumidores como de los proveedores y que pueda hacer un trabajo
coherente y consistente con todos los actores e instituciones en pro de la defensa de los
consumidores, el mercado y la inversión.

El marco legal no favorece la asociatividad y sostenibilidad de las asociaciones de consumidores,


en tanto no establece mecanismos que les permitan contar con recursos que ayuden a su
funcionamiento, y está pendiente una reforma normativa que permita que la sociedad civil se
involucre en el ejercicio de sus derechos como consumidor.

En relación con las políticas de prevención y de promoción se ha avanzado muy poco. Una
política de prevención implica contar con laboratorios suficientes y a disposición de las
entidades encargadas de fiscalizar y monitorear el mercado, así como un sistema de acreditación
que permita distinguir a aquellos proveedores que adoptan estándares y normas técnicas de
carácter voluntario y los reglamentos técnicos obligatorios que garantizan la seguridad y
confiabilidad en los productos y servicios que se ofrecen en el mercado.

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Los derechos del consumidor en seguridad alimentaria

Por JUAN RAMÓN HIDALGO MOYA 28 de febrero de 2002

Los alimentos, los productos alimentarios y todos aquellos productos, materias y utensilios que
entran en contacto con los alimentos han de reunir unas condiciones mínimas de seguridad que
los hagan aptos para el consumo humano. En este sentido, existe una relación directa entre
alimentación y el aspecto más fundamental de la seguridad del consumidor: su salud. Pero
¿cómo se protege la salud de los consumidores?

Los derechos del consumidor en seguridad alimentaria

Las normas relativas a los diferentes productos alimenticios y alimentarios, así como las que
afectan a los diferentes procesos productivos, distribución, manipulación, transporte y
comercialización, deben tener como objetivo prioritario la protección de la salud de los
consumidores.

Los alimentos son considerados por la comunidad científica como productos complejos, dado
que en ellos concurren circunstancias múltiples y diversas que deben tenerse en cuenta, tanto
desde el punto de vista de la nutrición humana como desde la preservación de la salud de los
consumidores. Este hecho precisa de un enfoque amplio y multidisciplinar; como el científico-
técnico (a fin de suministrar parámetros y datos objetivos de seguridad del producto) y el
jurídico (a fin de dotar al consumidor de mecanismos preventivos del riesgo y de reparación de
los daños).

La legislación alimentaria, y específicamente la que regula los aspectos de seguridad del


producto, no puede ser ambigua, obsoleta e ineficaz. Ha de proteger prioritariamente los
derechos y la seguridad del consumidor de alimentos, es decir, de todos los ciudadanos. La
ciencia realiza una tarea orientadora de la acción legislativa sobre los diferentes aspectos que
pueden incidir sobre la seguridad alimentaria y afectar a nuestra salud (entre otros, límites o
prohibición de residuos de pesticidas, de herbicidas y de sustancias químicas, antibióticos,
hormonas, microorganismos o micotoxinas). Suministra valores seguros con el objetivo de
proteger los derechos fundamentales del consumidor a consumir productos inocuos y seguros.

En algunas ocasiones, y dado el estado actual de los conocimientos, esta tarea resulta difícil o
imposible de cumplimentar; pero no por ello debemos olvidarnos de preservar la seguridad
alimentaria y la salud del consumidor. Por ello, el ámbito jurídico ha tenido que idear "fórmulas",
tanto de acción preventiva como de acción reparadora, en aquellos supuestos donde la ciencia
no puede llegar o no puede pronunciarse.
Por estos motivos, se ha introducido en nuestro ordenamiento legal el principio de precaución,
que permite, en ciertos casos, la adopción de medidas preventivas para incrementar la
seguridad del consumidor de productos ante la falta de certeza o de información científica; y el
principio de responsabilidad, que nace como una necesidad de protección de los derechos del
consumidor, tanto como función reparadora de los daños y perjuicios causados, como de
función persuasiva para evitar, mediante la amenaza de una sanción o perjuicio patrimonial, las
conductas ilícitas o irresponsables.

La seguridad de un producto no depende sólo de su inocuidad

Los elementos que debemos tener en consideración para determinar si un producto alimenticio
es seguro no son exclusivamente los que determinan su inocuidad higiénico-sanitaria, es decir,
la ausencia de patógenos o contaminantes. Un alimento inocuo desde el punto de vista científico
puede ser inseguro desde la perspectiva jurídica o de la responsabilidad. Aunque, hasta no hace
muchos años, la seguridad de un producto dependía sólo de las citadas características.

Pero la situación ha cambiado, y la seguridad de los productos ha sido definida legalmente por
la normativa con la finalidad de dar mayor protección a los derechos fundamentales de los
consumidores. Así, se deben tener en cuenta otros aspectos del producto, como son las
características propias de éste, la presentación, la adecuación de su envase o embalaje, el
etiquetado, la información adicional del producto, el idioma empleado o los consumidores
destinatarios del producto (alérgicos, niños, lactantes o ancianos), entre otros elementos.

Así, por ejemplo, un producto higiénicamente correcto e inocuo será considerado inseguro si la
información que figura en el etiquetado del producto o en el punto de venta no es la adecuada
desde el punto de vista de las expectativas del consumidor, que no acepta riesgo o peligro
alguno por el consumo de alimentos.

En la actualidad, el consumidor tiene derecho a reclamar y a resarcirse de los daños si resulta


perjudicado por una información incorrecta en cuanto a la forma de preparación, conservación,
manipulación, composición o advertencias sobre determinados riesgos del producto alimenticio
que ha consumido. Desde esta perspectiva, el concepto de seguridad del producto es un
concepto estrictamente jurídico, definible desde parámetros jurídicos y enjuiciable desde
criterios jurídicos , judiciales o administrativos.

El consumidor puede exigir del productor, distribuidor y comerciante toda una serie de
obligaciones que inciden de manera directa sobre la seguridad del producto y el derecho a la
salud. Entre ellas, que únicamente pongan a disposición del consumidor productos seguros,
informar de los riesgos derivados, adoptar medidas en caso de riesgos para el consumo,
establecer instrucciones, advertencias e indicaciones sobre los riesgos previsibles (por ejemplo,
en aquellos casos que determinados alimentos presenten algún tipo de alergia, contraindicación
o problemática para sectores específicos de consumidores); identificar los productos o los lotes
de productos; realizar pruebas de muestreo entre los productos comercializados; vigilar y
controlar la seguridad de los productos comercializados o adoptar las medidas adecuadas para
evitar riesgos derivados de sus productos.

¿Quién protege los derechos del consumidor?

La protección del consumidor está garantizada no sólo por la Constitución sino también por los
Estatutos de Autonomía de las Comunidades Autónomas, por las Leyes básicas de consumo y
especialmente tutelada en el marco de la Unión Europea. Los derechos fundamentales del
consumidor, contenidos en las citadas normas y aplicables a los productos de consumo son:

Derecho a la protección de la salud

Derecho a la protección de la seguridad

Derecho a la protección de sus intereses económicos

Derecho a la información

Derecho a la educación

Derecho a la representación por asociaciones de consumidores

Derecho al fomento de las organizaciones de consumidores

Derecho de audiencia

Derecho a la protección en situaciones de inferioridad, subordinación o inferioridad

Los derechos de los consumidores y usuarios, respecto alimentos, deben ser objeto de
protección prioritaria por su consideración legal de productos de uso o consumo común,
ordinario y generalizado. Los derechos a la protección de la salud, la seguridad y los legítimos
intereses económicos de los consumidores deben ser garantizados por los poderes públicos
mediante procedimientos eficaces.

En las transacciones comerciales se exige honestidad y no se permite ni fraude ni las


falsificaciones de alimentos. La información de los productos alimenticios debe ser veraz, eficaz
y suficiente en relación a sus características eseciales. En ningún caso la publicidad realizada de
los productos alimenticios puede ser falsa, errónea o tendenciosa. La elaboración, la distribución
y la comercialización de alimentos se debe realizar cumplimentando todos y cada uno de los
principios y derechos básicos que amparan a los sujetos finales de su consumo.

La protección de la salud y la seguridad de los consumidores

La comercialización y consumo de productos alimenticios está permitida siempre y cuando se


cumplimente el deber general de no lesionar ni poner en peligro la salud y la seguridad de los
consumidores. Los alimentos puestos en el mercado a disposición de los consumidores o
usuarios no deben implicar riesgos para su salud o seguridad.
Sin embargo, la obligación general está matizada por la normativa al permitirse un cierto grado
de riesgo que es aceptado legalmente. Ahora bien, garantizando un elevado nivel de protección
de la salud y seguridad de los consumidores.

La sociedad ha aceptado determinados tipos de alimentos o productos alimentarios y ha


permitido la utilización de determinados tipos de aditivos (conservantes o antioxidantes) por la
función protectora que realizan del alimento. Y el legislador, por su parte, ha considerado estos
riesgos como admisibles respecto a la función protectora que realizan y/o a la aceptabilidad
social.

Los diferentes Reglamentos pueden determinar como "tolerables" determinados riesgos que se
deriven de su consumo, siempre que se realice en condiciones normales y que sean previsibles,
dadas las características del producto, y los hábitos y perfiles de sus destinatarios. Como
contrapartida a la admisibilidad de determinados tipos de riesgo se impone el deber de
información al consumidor. Estos riesgos se han de poner en conocimiento previo de los
consumidores por medios apropiados, teniendo en cuenta la naturaleza de los productos y de
los destinatarios.

Se deben facilitar, por tanto, las instrucciones e indicaciones necesarias para un correcto
consumo o manipulación de los alimentos, con inclusión de las advertencias y riesgos que sean
previsibles. La finalidad es ofrecer al consumidor todos los datos necesarios para la elección libre
y con pleno conocimiento del producto.

La mejor prevención es la información

Como acabamos de ver, el derecho fundamental del consumidor a la protección de su salud y


de su seguridad está íntimamente relacionado con el derecho a la información. Los productos
que consumimos deben estar debidamente etiquetados y la información debe ser la legalmente
establecida. Tanto respecto a la normativa general sobre etiquetado, presentación y publicidad
de los productos como a las advertencias sobre riesgos, consejos, manipulación, conservación y
consumo de los productos que adquirimos.

Sin embargo, el consumidor debe de tener la capacidad suficiente para determinar si un


producto cumple o no con la normativa que le afecta. Este objetivo requiere un esfuerzo del
consumidor en su aproximación a los reglamentos de elaboración y comercialización de los
productos de la alimentación y otras normas generales relacionadas con los mismos. De esta
forma podrá determinar, entre otros aspectos, cómo han de estar etiquetados los productos,
qué normas de calidad tienen las diferentes categorías de venta, qué requisitos de conservación
deben de respetar, qué aditivos pueden contener, qué requisitos deben de cumplimentar los
establecimientos de venta o de elaboración, cuáles deben cumplir los vendedores o
manipuladores de alimentos, qué porcentajes de materia prima debe de contener un
determinado alimento, cuáles son los procedimientos de elaboración son correctos, o qué
requisitos o autorizaciones se requieren para su comercialización.

La información y formación del consumidor son aspectos básicos en la protección de sus


derechos, su salud y su seguridad. El conocimiento de todos aquellos aspectos que afectan a los
productos alimenticios posibilita un ejercicio eficaz de los derechos, rechazando aquellos
productos que pueden dañar su salud o afectar a su seguridad, denunciando aquellos otros que
no cumplen con lo dispuesto en la norma y reclamando por los daños y perjuicios que, en su
caso, se le pudieran ocasionar. Porque no hay norma más ineficaz que aquélla que no se conoce,
ni derecho más injusto que aquél que no se ejerce.

http://www.consumer.es/seguridad-alimentaria/normativa-
legal/2002/01/14/621.php?page=5

Cincuenta y tres por ciento de los consumidores frecuentemente se preguntan si los alimentos
que compran son seguros, según una investigación realizada por la Alianza de Agricultores y
Granjeros de los Estados Unidos (USFRA por sus siglas en inglés).

La inocuidad de los alimentos se ha convertido en una prioridad absoluta entre los productores
avícolas de hoy debido a su efecto directo y significativo sobre la reputación de la marca. Los
efectos de un retiro de alimentos son siempre costosos y pueden dañar gravemente la
reputación de una marca si los consumidores pierden la confianza.

Durante más de dos décadas, las industrias cárnica y avícola han estado siguiendo las directrices
del Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (HACCP, por sus siglas en inglés), un sistema
de gestión para la inocuidad de los alimentos puesto en marcha para tratar posibles
contaminaciones biológicas, químicas y físicas. Esto permite a los productores identificar
posibles peligros para tomar las acciones necesarias y reducir o eliminar el riesgo.

No existe una estrategia milagrosa que tenga la capacidad de abordar todas las amenazas
potenciales a través de la cadena de producción, por lo que los productores y las plantas de
producción usan una variedad de estrategias en sus puntos críticos de control.

Tres pasos para mejorar la seguridad alimentaria

Como se indica en la página web del Consejo Nacional del Pollo (National Chicken Council),
algunas maneras en que los productores pueden mejorar su seguridad alimentaria son:

· El uso de aditivos que puedan reducir el crecimiento de potenciales peligros microbianos.


· Enjuagues aprobados para matar las bacterias sobrevivientes.

· Detectores de metales para asegurarse de que contaminantes físicos no se encuentren en


el producto.

Adicionalmente a los sistemas de seguridad alimentaria, los productores también deben


asegurarse de que sus consumidores entiendan las prácticas adecuadas de manipulación de los
alimentos. Los consumidores deben ser conscientes de la forma adecuada de limpiar, preparar,
cocinar y enfriar los productos agrícolas crudos con el fin de reducir aún más el riesgo de
enfermedades transmitidas por los alimentos.

West Liberty Foods, un proveedor de carnes líder en los Estados Unidos, entiende que los
conceptos de seguridad alimentaria y la confianza del consumidor son cruciales para el éxito. El
presidente de la compañía, Paul Hill, explicó su estrategia en una reciente reseña de Alltech.
Obtenga más información sobre cómo una marca como West Liberty Foods aplica la seguridad
alimentaria haciendo clic en el siguiente enlace.