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Los diversos órdenes sociales, que Byung-Chul Han existido en la antigüedad, han

tendido características distintivas. Sin embargo, el orden frente al trabajo es el que ha


generado más problemas para la co-existencia humana y para la cooperación humana. La
cooperación, entendida como, “…un intercambio en el cual los participantes obtienen
benéficos del encuentro” (Sennet, 202, p10). Dicho encuentro, en términos de la labor
humana es claro en la división del trabajo, ésta es evidente en las primeras formas
organizativas de trabajo, las unidades domésticas, que se convirtieron luego en talleres y
posteriormente, en albores del siglo XVII en fábricas. Las unidades domesticas no son:

“…un con junto indiferenciado de individuos que comparten las


actividades ligadas a su mantenimiento. Es una organización social, un
microcosmos de relaciones de producción, de reproducción y de
distribución, con una estructura de poder y con fuertes componentes
ideológicos que cementan esa organización y aseguran o ayudan a su
persistencia y reproducción, pero donde también hay bases
estructurales de conflicto y lucha. Al mismo tiempo que existe una tarea
y un interés colectivo, de utilidad misma, los diversos miembros tienen
intereses propios, anclados en su propia ubicación en los procesos de
producción y reproducción intra y extra domésticos (Jelin, E., 1984.
P.34)