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el nombr e enigm ático • 1

C h a r a pa n :
un nombre enigmático

Carlos García Mora


Dirección de Etnohistoria
Instituto Nacional de Antropología e Historia

¿ Qué significa Charápani? Los propios habitantes solían discutir


acerca de esto y algunos estudiosos han tenido curiosidad por cono-
cer la respuesta. Ambos han creído que teniéndola se enterarían de la
naturaleza original de este viejo poblado e incluso la razón y el sen-
tido de su fundación. Vana ilusión pues la etimología está lejos de ser
la clave de su origen. Sin embargo, ¿cómo resistirse a buscar la con-
testación que sea si no un desciframiento del pasado, al menos el inicio
de su narración? Los mismos charapanenses solieron ligar las diferentes
versiones del asunto con leyendas, mitos o relatos con los que explica-
ban por qué y cómo se estableció su poblado.
Así pues, antes de iniciar las averiguaciones de este libro para
las que será necesario considerar la historia de Charápani, su nombre
mismo merece alguna atención. Además, ello permitirá hacer un primer
intento para identificar el asentamiento de las familias que lo integraron.

w w w

El sentido del nombre Charápani pudo ser el de ‘cosa que tiene alguna
hinchazón’, según el significado más viejo conocido nunca menciona-
do después de esa manera en sus escritos y tradiciones, aunque en cierto
sentido quizá sí de otra forma en algo asociada.1 Una de las razones de
ese testimonio pudo ser la existencia del manantío que destilaba o
se hinchaba de agua en cierta época del año, en torno al cual los natu-
rales convinieron el establecimiento del poblado con funcionarios de
la ocupación española y frailes católicos en donde hasta la fecha se en-
cuentra.2
Sin embargo, su etimología difiere de la de las palabras purépe-
chas con ese sentido.3 En realidad hubo dos Charápani, ninguno de ellos
asentado por fuerza donde ahora está el que aquí incumbe, lo cual po-
dría poner en duda esa interpretación; a menos que el nombre fuera el
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de la fundación allí de uno de ellos y no el de algún caserío antecedente


situado en otro sitio. Si ese fue caso, cabría preguntarse ¿por qué no se
le llamó con el nombre del citado manantío: Kómïtirhu (‘cisterna an-
cha’)?4 El otro tenía una fuente mejor: un arroyo llamado Chinanpa(ni)
que le pasaba por en medio.5
El significado es difícil de dilucidar porque tanto la raíz de la
cual deriva como las palabras con las cuales está emparentado este
topónimo, son inseguras. Entre las que tal vez den alguna pista están los
siguientes verbos y sustantivos, algunas de cuyas acepciones son inse-
guras, en parte porque desconocemos su pronunciación original y por
lo tanto los elementos lingüísticos con lo que se formaron en su inicio:

charáni (verbo, de chará-, raíz verbal que significa reventar, tro-


nar, hacer pedazos alguna cosa, hacer explosión, chascar
con estrépito y ruido; sonido que eso produce; golpe que
hace sonar pero sin quebrantar nada; y –ni, afijo nomi-
nalizador).6 Tronar, reventar una cosa de barro u otro
material; tronar un cohete, arma de fuego o el rayo; que-
brar maíz.7
Esta acepción se ha relacionado con una legendaria versión relativa a
la llegada de los fundadores del poblado al sitio de su congregación,
pues venían tronando cohetes por gusto o más bien llevando algo
con lo que entonces se causaba estrépito, pues aún no se usaba la
pólvora, luego que salieron de sus lugares de origen exclamando:
¡Ju ya charápantani! (‘¡Vamos ya tronando [o con estruendo]!’).8
En el siglo xx, ésta fue la aclaración más aceptada y difundida entre
los charapanenses, e incluso dio pie a una interpretación onomatopé-
yica, por como decían que sonaban los cohetes: Chhhhaaa-ra-¡pan!9
En 1789 un escribano español había escrito: “Charapan[i] que en
nuestro vulgar idioma equivale a cosa que va tornando”;10 pero las
palabras purépechas para tornarse, torno y tornero no se asemejan a
este nombre, por lo que debe ser una equivocación al escribir “tor-
nando” por “tronando”.

charápani (de la citada raíz chará- y la terminación –pani, ‘llevar


algo’; o de esta raíz chará-, ‘tronar’; -pa-, ‘ir repitiendo’
y –ni, ‘lugar fijo’).11 Donde truena de continuo. ⎥⎢ Cosa
que va tronando; ir tronando. ⎥⎢ Ir trotando.12 ⎥⎢ Maíz que
va quebrándose. ⎥⎢ Cosa que va agrietándose, quebrán-
dose o resquebrajándose.13
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charápi. Vino de miel; fermentado de fruta; pulque; bebida fer-


mentada hecha de pulque, panocha y otros ingredientes.14

char(h)ápeni (de la raíz charhá-, estar colorada la parte señala-


da). Ser colorado algo.15
Si Charápani deriva de esta raíz y acepción, puede entenderse como
‘tierra colorada’. Otra dudosa interpretación es la de ‘loma dorada’.16

char(h)ápeti o char(h)ápiti. Colorado, rojo. ⎥⎢ Planta de ese


nombre con raíces por dentro algo rojas sobre amarillo.17

charhápu. Agalla o cuenta de árbol o fruta; árbol de este nombre;


patol, árbol de flores y semillas rojizas.18

Varias acepciones, incluyendoo la más vieja referida al prin-


cipio, provienen de interpretaciones que oscilan entre lo etimológico
y lo legendario. En este sentido, si se regresamos al primer y más an-
tiguo significado conocido, ‘cosa que tiene alguna hinchazón’, resulta
que acaso el nombre sí haga, en efecto, referencia al manantío, que al
hincharse de líquido se reventaba en tiempo de aguas.19
Ese pudo ser el sentido original, o bien, éste por fin se perdió,
por lo que charapanenses y estudiosos sólo han especulado, según su
buen saber y entender, con mayor o menor certidumbre y exactitud.
Esto es lo que ocurrió considerando que el nombre sufrió cambios en
su pronunciación a lo largo del tiempo y estuvo sujeto a transcripcio-
nes diversas: Charápan(i), Charápichu, Chiaropan(i),20 Chiorápan(i),
Chirápan(i), Chiurápani, Churápan(i), etc., sin saber a ciencia cierta si
todas corresponden al mismo poblado, a dos o a más; si bien es cierto
que, al menos dos llamados igual, estuvieron relacionados de al-
guna manera en una época.21 También es posible que el apelativo
se aplicara al mismo tiempo a entidades diferentes; por ejemplo, a una
cabecera y a un barrio de ésta.
¿Y el nombre católico que antecede al purépecha? Ese es otro
asunto, se trata del santo que al asentarse adoptó la congregación de
purépechas cristianizados como patrón tutelar: san Antonio de Padua.
Ya habrá tiempo de hablar de ello con más detenimiento.
La verdad es que la denominación del siglo xxi, Charapan, fue
resultado lingüístico y cultural de una larga y accidentada trayectoria.
Más que asignada de una vez y para siempre, fue una cuya composición,
significado y sentido cambiaron en tanto lo hicieron la lengua y la evolu-
ción de los charapanenses. Y vaya que la segunda fue la de una sucesión
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de configuraciones diversas. Sabiéndolo se comprende por qué el nom-


bre, más que un problema filológico fue uno en esencia antropológico:
la denominación de sucesivos conjuntos sociales diferentes y no la de
un poblado que, como el Macondo de la novela Cien años de soledad,
tuvo un fundador patriarcal que inició una estirpe de innumerables gen-
eraciones que, tras prosperidades y crisis, llegó a su desaparición final.22
Charápani fue ocupado de modo intermitente por conjuntos parentales
de disímil naturaleza social y de variada organización política, descen-
dientes de varias líneas y orígenes. De ahí la dificultad en tratar de fijar
un sólo topónimo, desde el inicio hasta la actualidad, para una compli-
cada sucesión de conjuntos sociales y políticos diferentes.

Notas
1
“Hay otro sujeto que se dice Santo Antonio Charapan[i], este nombre quiere decir cosa
que tiene alguna hinchazón[…]”, escribió Medinilla Alvarado en 1579 (ed. en 1944: 299-300).
2
Barlow creyó que “la cosa que tiene alguna hinchazón” era una “cisterna[…] que dio
nombre al pueblo”, refiriéndose al citado manantío (en Medinilla Alvarado 1944: 330, n. 50).
3
Itsí paraxurikwa o itsí waxarajwa (‘cisterna, aljibe’), itsí wérekwa o itsí wératio
(‘manantial’), itsí jatákwa (‘tinaja’), itsí wérani (‘donde sale el agua’), irékakwa (‘aljibe, cisterna’);
wérhatiru (‘manantial, manadero, donde sale o llora el agua’); wéramani (‘ir saliendo’), ijtsí tsíme-
kwarhu (‘derramadero, desagüe’), ijtsîrhu (‘manantial’), chuchutarani (‘destilar, gotear algo’, de
chuchuta: ‘destilar algo en la parte señalada’), etc. (Anónimo 1991, i: 168, 199 y 708 y ii: 255 y 475; y
Velásquez Gallardo 1978: 22, 66, 124 y 129).
4
Leyenda trans. por Barlow, en Medinilla A. 1944: 302, n. 50, 1ª col.
5
Warren 1963 a: 412 y Warren 1977: 394. En la ed. del doc. que registró el arroyo, se
cita Chananpa (Warren 1963 a: 412), como lo usó luego el editor: “Chananpa, arroyo (Charanpan)”
(Warren 1977: 95, cd. 1, 5ª col.); quien, sin embargo, al republicarlo escribió: “Chinanpa” y agregó que
en una copia de la época aparece como “Chinanpan” (ib.: 394), tal como hizo su remisión en el índice
analítico (Warren 1977: 473). De esta última manera recuerda el vocablo náhuatl chinampan: ‘en el
barrio o suburbio’ (Siméon 1977: 103, 2ª col.). Cf. las copias del siglo xvi en el agi (1540: ff. 1636-8 y
agi 1541).
6
Anónimo 1991, ii: 153; Lagunas 1890: 117; Medina Pérez y Alveano Pérez 2000: 12, 1ª col.;
Swadesh 1969: 82 y Velásquez Gallardo 1978: 113, 2ª col.
7
Anónimo 1991, ii: 401; Gilberti 1983: 26, 79 y 162; Velásquez Gallardo 1978: 113, 2ª col. y
Swadesh y Velásquez Gallardo 1965: 330.
8
Entrev. a Dionisia Rincón, México, 23 de junio de 2000 (en acrl-cgm 2000 a).
9
Ortiz Díaz 2004: 36.
10
En agn 1789 a: 16.
11
La segunda versión es del costumbrista charapanense Lorenzo Murguía (entrev., 19 de
mayo de 1974, en acrl-cgm 1973-4, lbta. 4: 6 v.).
12
Medina y otros 1986: 36.
13
Dora Ascencio (hablante del purépecha de Puácuaro, Mich.) 1998: com. oral. Cf. Velásquez
Gallardo 1978: 114, 1ª col.
14
Anónimo (1991, ii: 154), Santamaría (1974: 363, 2ª col.) y Velázquez Pahuamba (1998: 22).
Véase charápu en el glosario.
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Gilberti (1975: 26), Gómez Bravo, Pérez González y Rojas Hernández (1985: 107), Nansen
Díaz (1985: 91, 1ª y 2ª cols. y 104, 3ª y 4ª cols.), Velásquez Gallardo (1978: 114, 1ª col.) y Anónimo
(1991, ii: 153 y 152).
16
Ruiz Álvarez 1979: 111, n. 11.
17
Nombre vulgar de una mata de raíz no identificada (Martínez 1978: 273, 1ª col.).
18
Nombre popular impreciso usado en diferentes regiones para plantas diferentes. Cf.
Santamaría (1974: 363, 2ª col. y 818, 2ª col.) y Matínez (1978: 273: 2ª col. y 705, 1ª col.).
19
Esto se infiere de las palabras derivadas de la raíz chará- (Anónimo 1991, i: 596 y ii: 152-3).
20
Como Chiaropan aparece en un mapa del siglo xviii, adjunto a la obra de Beaumont (1932,
i: frente p. 506).
21
Véase recuadro “La incógnita acerca el barrio San Esteban y los dos Charápani” en el cap.
3.
22
García Márquez 1971: passim.

Capítulo primero del libro


El baluarte purépecha
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