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Cerré los ojos y suspiré.

No.

No podía terminar así...

Los ojos se me incrustaron de lágrimas. Las sentí escapar bajo mis párpados y a través de mis
pestañas. Resbalaron pesadamente sobre mis mejillas y acabaron perdiéndose sobre mi regazo,
cubierto por la frazada que le había robado a mi primo sin que él se diera cuenta.

Ya no había algo que pudiera hacer para remediarlo. Ya todo estaba hecho.

El tiempo no se había detenido. Las manecillas del reloj prosiguieron su curso, destruyendo mi
silencioso dolor.

-Oh, no es en serio...- Abrí los ojos. Mi visión empañada por las lágrimas me impidió ver al que se
acercó a abrazarme, mas no fue necesario saberlo.

-Lo siento...- Murmuré, sorbiendo mis mocos, restregándome las lágrimas con el dorso de la
mano.

Vaya que debí de lucir lamentable...


-¿Por qué siempre es lo mismo contigo...?- Resopló mi primo, haciendo un puchero con sus
labios.- ¡Te dije que esperaras que saliera del trabajo...!

-Tenía... que leerlo.- Contesté, abrazando el libro nuevamente, escondiendo mi rostro entre los
brazos pálidos de mi primo. Kyungsoo exhaló con fuerza y me separó de su cuerpo, escudriñando
en mi expresión.- L-Lo siento Kyungiie...

-Llorar no es bueno para ti, Baek.- Sonrió con cansancio.- Anda, levántate. Vamos a dormir,
¿quieres?

-No...- Mis lacrimales volvieron a llenarse.

-¿Por qué no?

-Si duermo, voy a soñar, y si sueño, soñaré con él...- Murmuré, levantando el libro para esconder
mi rostro de los ojos de lechuza que tenía Kyungsoo. Él se limitó a enarcarme una ceja y volver a
suspirar.

-Eso no es malo, Baek...- Volvió a sonreír, ahora acariciándome la cabeza.

-¡Sí lo es...!- Refuté, sacando mi labio inferior por encima del superior.- Kyungiie... No quiero
dormir...

-Tienes que dormir.- Contestó con voz suave, amilanando mi pánico.- Sabes que no puedes
amanecerte. No es bueno para tu salud, Baekhyun.

-Lo sería si lo comprobamos...- Sonreí. Un gesto extraño de seguro, si tenías la cara enmarcada
por lágrimas de tristeza, cómo yo.
-Lo cuál no vamos a hacer.- Sonrió el también, despeinándome el flequillo.- Anda, Baek.
Levántate. Si quieres, duermo contigo ¿sí?

-¿De verdad?

Asintió con la cabeza en respuesta, sin dejar de sonreírme ni un instante.

-¿Incluso si Jongin te busca?

-Incluso si Jongin me busca.- Repitió.- Primero estás tú.

-Bueno...- Musité despacio, levantándome del sillón con cautela. Siempre ayudado por
Kyungsoo, aunque a veces exagerara.- Me conforta que me mientas todavía a estas alturas...

-¡Hey!- Recriminó él, pegándome un manotazo suave e indoloro, en la nuca.- ¿Cómo que
mentirte? ¿Acaso te he dejado antes cuándo Jongin ha venido a verme?

Me detuve en pleno pasadizo. Clavé mis ojos rasgados en sus inmensos ojos negros y me limité a
sonreír con cansancio, negándole con la cabeza lentamente.

-Exacto. Ahora, vamos. Tienes que dormir y...

-Anda.- Murmuré, interrumpiéndolo. Kyungsoo se detuvo y dejó de hablar. De seguro esperaba


que continuara...- No quiero malograrte el aniversario.- Me encogí de hombros.- Antes de que
me acuses de brujo, tengo que decirte que contesté una de tus llamadas, ya que no estabas...
Jongin me contó todo.

-... Baek...
-Anda.- Repetí, cruzándome de brazos.- Claro que, mínimo tienes que ayudarme a llegar a la
habitación.- Sonreí de lado, casi riéndome entre dientes.- No irás a dejarme en pleno pasillo,
¿verdad?- Lo cuál era otra exageración por mi parte. Ambos sabíamos que sí, era enfermizo y
pecaba de enclenque... pero no estaba tampoco para tanto.

Kyungsoo cerró los ojos y apretó los puños a los costados. Casi seguro que lo hacía para evitar
echarse a llorar. Llevé una de mis manos hasta su rostro y le limpié la comisura de uno de sus
ojos, la cuál ya empezaba a centellear por las lágrimas. Kyungsoo dejó escapar un sollozo al
sentirme y con un poco de esfuerzo, le pasé los brazos alrededor de su cuello.

-Anda.- Murmuré, acariciando su cabellera negra.- Yo estaré bien...

-Baekhyun, yo...

-No, no, no.- Me negué, haciendo de nuevo un puchero.- Jongin dijo que te esperaba a las 8:30 y
ya son las 8:45. ¿No querrás dejarlo esperando más rato, o sí? No creo que seas tan mal novio...

Kyungsoo abrió los ojos, brillantes de alegría y tristeza.

Me ayudó a entrar a mi habitación en silencio, amparándome cómo siempre. Me dejó en la


cama y prendió las luces. Conectó el televisor y lo encendió, por si me aburría, y también la
radio, por si quería escuchar música, dejándome ambos controles remotos a cada lado de mis
manos. Mi celular lo dejó cargando justo a mi lado, cómo de costumbre y me apiló al otro
extremo de la cama, un nuevo grupo de libros, llevándose a cambio los del día anterior. Se
acercó a taparme con el edredón de la cama y me besó con suavidad en la frente, moviendo
parte de mi fleco castaño.

-No importa lo que pienses.- Murmuró, acariciándome la mejilla.- Yo te amo mucho, Baekhyun.

-No más de lo que amas a Jongin, pero bueno...- Me encogí de hombros, recibiendo su golpe
leve en el brazo.- Yo también te amo, primo.- Sonreí, tomando su mano.- Anda, vete ya. Se te va
a hacer tardísimo.

Kyungsoo volvió a besarme en la frente y salió casi corriendo de mi habitación, cerrando, claro,
antes la puerta, con muchísimo cuidado.

Me acomodé sobre la mullida almohada en la que reposaba mi cabeza y me limité a clavar mis
ojos en la televisión, sin verla realmente. Aún llevaba cogido con fuerza el libro que acababa de
terminar de leer y volví a suspirar.

Las manecillas del reloj de mi habitación, empezaron a trinar cada vez más fuerte, cada vez con
más potencia. Enterrándose en mis tímpanos y resonando, marcando su ritmo. Era solo el
tiempo...

Tiempo.

Hace 24 años que aprendí a vivir con mi cuerpo enfermizo y casi muerto.

Hace ya tres años, que Kyungsoo conoce Jongin, y hace dos, que están saliendo.

Hace 9 meses, que yo superé mi enamoramiento no correspondido por Jongin.

Y hace ya 4 meses, que descubrí que me había enamorado de alguien más. Aunque este,
resultaba ser un sentimiento mucho más doloroso que el anterior.
-Ay, no puede ser...- Sonreí con cansancio, pegando el libro a mi adolorido pecho, sintiendo los
inminentes deseos de volver a llorar.- No puede ser, no puede ser...

Abracé el volumen con toda mi fuerza, dejando que unas rebeldes lágrimas se fugaran de entre
mis párpados cerrados y apretados. Un par de sollozos me llenaron la nariz y me la restregué con
el dorso de la mano. Levanté la vista al techo y la misma efigie recurrente que me apaciguaba
llenó con totalidad mi cabeza...

Ahí estaba, rodeado de flores: su cabello castaño lacio, su cuerpo perfecto y alto, sus piernas
largas y fibrosas, su fulgente armadura negra, su mirada poderosa y risueña...

Su sonrisa tierna e infantil...

-No puede ser, no puede ser...- Repetí una y otra vez, dejando ahora que las lágrimas resbalaran
de mis ojos.- No puede ser..., no puede ser...

Me había enamorado del personaje de un libro.

***

-¿Park Yura?

-Es una escritora contemporánea. Es muy conocida hoy en día.- Sonrió Jongin. Su hermosa
sonrisa aún me resultaba un poco dolorosa y, sin embargo, me sentía mucho mejor que tiempo
atrás. Kyungsoo se acercó por detrás y lo besó en los gruesos labios. Caminó después hacia mi
costado y se sentó a mi lado, cogiéndome de la mano.- En la editorial, estamos encantados con
ella.

-Jongin insistió en traerte el ejemplar de la primera novela de su saga.- Continuó Kyungsoo,


sonriéndome.- Le dije que leías cualquier cosa y él...

-Te va a fascinar, Baekhyun.- Me sonrió de nuevo. Su piel bronceada lograba que sus dientes
blancos resaltaran aún más y eso me volcó el corazón de pronto.

Ok, tenía que reconocer que aún me afectaba... Y más de lo debido, por lo visto.

-¿D-De verdad?- Pregunté, con cierto nerviosismo.- ¿Es buena...?

-Es increíblemente buena.- Jongin lucía entusiasmado hablando de ella.- Me ha tocado ser su
editor para este proyecto y es realmente una sensación diferente. Sus libros son mágicos. La
historia, antes de que te des cuenta, se queda grabada en tu cabeza y logra atraparte en su red
de fantasía e imaginación. El mundo que ella ha inventado, se vuelve tu mundo y la realidad que
ella ha supuesto, se muta en tu realidad.

-Vaya, pareces todo un fan.- Kyungsoo enarcó una ceja, cruzándose de piernas.

-No te equivoques, amor.- Jongin resopló.- Está felizmente casada por lo que sé y yo no planeo
dejar a la persona de la cuál estoy enamorado.- Al decirle aquello, mi primo entró en plan
vergüenza y se ruborizó tanto cómo se lo permitió el hacinamiento de sangre en sus mejillas.-
¿Qué dices, Baekhyun? ¿Te gustaría leerlo?

Bajé la vista un par de segundos. La verdad era que no perdía nada leyéndolo...
Ni siquiera tiempo perdería.

-Ok, acepto.- Sonreí, cruzándome de brazos.

Después de todo, tiempo es lo que más tenía.

***

Supe que me había quedado dormido cuándo sentí que me resbalaba de la cama, lentamente.

-¡Ay, ay...!- Exclamé, tratando de agarrarme de algo. Pero fue muy tarde para mi pésima reacción
y antes de percatarme, ya estaba sentado sobre el suelo, sobándome la espalda baja mientras
siseaba de dolor.

Levanté la vista para ver el reloj: 3:24 am. Me di media vuelta para acabar sobre mis rodillas y
aferrándome a la mesa de noche al lado de mi cama, logré ponerme en pie. Mientras me
desordenaba los cabellos de la parte trasera de mi cabeza, afiné la vista en torno al espacio
dónde antes había estado durmiendo. Miré el libro volteado que reposaba todavía encima de la
cama y lo tomé entre mis dedos. Lo llevé hasta mi torso y lo abracé con fuerza. Con toda la
fuerza que podía darle a aquel gesto...

-Aish, tengo hambre.- Musité después, haciendo un puchero.


Era obvio que Kyungsoo no había llegado todavía. Si estuviese en casa, lo primero que hubiera
hecho, sería apagar las luces de mi habitación y quedarse viéndome desde la puerta de mi
habitación, siempre con una sonrisa. Él sigue creyendo que yo duermo cómo piedra al igual que
cuándo niño y, sin embargo, siempre me despierto al sentirlo llegar a casa.

Tomé el bastón de “emergencias”, que Kyungsoo creyó que no necesitaría ya que él siempre
estaría ahí para mí. Sonreí pensando en eso y aunque en realidad no necesitara del cayado, me
era más sencillo andar con él que solo apoyándome en mis débiles piernas. Logré caminar
lentamente hasta fuera de la habitación, dejando el libro antes, claro, sobre mi almohada. El
asqueroso pasillo no era muy largo y, aún así, me fastidiaba no poder caminarlo normalmente,
como Kyungsoo o Jongin, por ejemplo. Me demoró mucho más que a ellos, obviamente,
atravesarlo sin dificultades.

-Estúpida cocina que estás tan lejos...- Siseé entre dientes, frunciendo el ceño, mirando la
locación a la que estaba insultando con toda mi fuerza.

Suspiré con resignación. No había otra cosa que pudiera hacer, más que maldecir a todo y a
todos.

***

El hecho de que sea enfermizo, no me impidió lograr practicar artes marciales cuándo era niño.
Mis padres siempre creyeron que yo lograría sobreponerme a mi deficiente sistema
inmunológico y bueno, los primeros 16 años de mi vida, sí lo superé. Pero cuándo fallecieron mis
padres tras el accidente, me fue imposible seguir con el hapkido y me dediqué con todas mis
energías a lograr terminar el instituto, nada más. El sobreesfuerzo que me supuso esos últimos
años de escuela, acabó prácticamente de roer mi cuerpo antes fortalecido y después, me volví
un bueno para nada, además del pésimo estado mental en el que me encontraba, estando
hundido en la tristeza y la desesperanza. Me volví un chico que, a fuerza, tuvo que resignarse a
aprender a vivir a expensas de los demás, pese a que ello todavía me resulta abochornante.
Cuándo mis otros tíos estuvieron a mi cargo, pasé de la clasificación de un ser, a una carga. Una
inútil carga puesto que, mi estado anímico no mejoraba precisamente con la depresión en la que
estuve sumido.

Parte de esa depresión que me carcomía la cabeza, lograba esfumarse en cuánto enterraba mi
cerebro entre las páginas de un libro. Todo ese tiempo sin poder hacer nada más que el mover
las páginas de una novela, me confinó al paraíso terrenal más perfecto que pudiese haber
encontrado:

El leer una, una y otra, y otra vez...

Soportar aquellos meses, hubiese sido imposible de no ser por el apoyo que los libros me
otorgaron silenciosamente. Me confortaba creer que ya no podía ser peor, que nada más
horrible podría ocurrirme. Si buscaba escapar de la sombra de mi realidad, me enfundaba entre
los pliegues de una nueva historia y dejaba mi imaginación divagar en los distintos mundos que
cada relato me proporcionaba. Además de aquellos breves momentos placenteros, no le
encontraba otro motivo a mi tiempo en vida.

No le encontraba el sentido al reloj biológico de mi cuerpo.

Eso explica porqué nunca entendí tampoco, la razón de que Kyungsoo me ofreciera vivir con él,
cuándo yo ya había decidido pasar el resto de mi existencia cómo un ente sin espíritu. Puede que
haya insistido en decir que de verdad me quería consigo, en que odiaba vivir solo, y en que
necesitaba cuidar de alguien porque desde que sus padres fallecieron junto a los míos, detestaba
pensar en sí mismo; puede que todas aquellos motivos, en su momento, me hayan hecho feliz y
me hayan obligado a aceptar vivir con él, aunque yo entendía que seguiría siendo una carga.

La única gran diferencia, es que Kyungsoo jamás me trató de esa forma y, todo lo contrario, se
empecinó en lograr que me sintiera cómodo al lado suyo.

Cuándo niños, no era cómo si hubiésemos sido los primos más cercanos del mundo. Si lo pienso
detenidamente, recaería el motivo de nuestra cercanía en el factor de que (más o menos)
pasamos por los mismos hechos cuándo fallecieron nuestros padres...

No obstante, ya habiendo crecido, Kyungsoo empezó a tratarme cómo el hermano que nunca
tuvo y mientras yo vagabundeaba en su departamento, él trabajaba por ambos aunque yo me
negara en un inicio y me compraba los libros que quería, siempre y cuándo le prometiera
guardar reposo y no sobrecargarme de ideas negativas.

Sonreí al recordar esos días. No podía justificar mis problemas en una triste, vacía y traumática
infancia, ya que no era mi caso y nunca lo sería.

Mi vida no había sido la más alegre...; pero tampoco la más deprimente.

Al menos, no antes.

***

De pronto, el sonido de las ollas rebotando sobre el suelo, me descolocó. Perdí el equilibrio de
mi bastón y este se dirigió hacia un lado, dejándome con las piernas temblorosas y dobladas.
Emití una especie de gemido temeroso y luego, un leve gritito asomó de entre mis labios. Al
sentir que me quedaba sin soporte, no me quedó de otra más que agazaparme y cubrirme la
cabeza, para evitar que la caída doliera más de lo que ya me esperaba.

Mi vida era una pérdida de tiempo...

Porque por si fuera poco, no era la caída lo que en verdad iba a doler. Lo que iba a lastimarme, al
igual que siempre, iba a ser la impotencia.

La impotencia por ser un inútil, por ser débil, por ser un estorbo al cuál debían mantener...

Me esperaba que la caída doliera, de verdad que sí...

Y, sin embargo, el dolor no llegó.

...

Pensándolo bien, ni siquiera me caí.

...

Abrí mis ojos con pánico. Volteé mi rostro hacia arriba y dejé mi vista clavada en él.

...
Dios mío.

-¿Estás bien?

Dios mío.

-...

...

Dios mío.

Una de mis manos se movió lentamente hacia su mejilla. Sentirlo la primera vez bajo el tacto de
mis dedos, me provocó una especie de quemazón. La segunda vez que me atreví a sentirlo, noté
su textura cálida y suave. Volví mis ojos hacia los suyos y, de pronto, todo lo que me rodeaba se
detuvo.

Dejé de oír las manecillas histéricas del reloj, advirtiéndome del tiempo que nunca perdía...

Y, en realidad, creo que hasta dejé de respirar.


-Dios mío...- musité en un murmullo, acomodando mi mano a la forma de su mejilla.

-Estás bien.- Sonrió. Con esa sonrisa tierna e infantil tan perfectamente descrita que parecía
verla siempre en mi cabeza, cuándo quisiera...

Su mirada poderosa y risueña se apropió de la mía. Su cabello castaño lacio, su cuerpo perfecto y
alto, sus piernas largas y fibrosas, su fulgente armadura negra...

...

¿Qué?

Espera, espera, espera...

“Fulgente armadura negra...”

...

¿¡QUÉ!?

------------------------------------------

***

El primer libro que Jongin me entregó, resultó tal y cómo él lo había descrito. Solo desde la
primera página, ya me sentía parte de aquel mundo paralelo aún sumido en la época romántica
medieval y en las creencias míticas que dieron origen a las leyendas actuales. La historia, sin
embargo, no era más que otro relato amoroso que buscaba reivindicar el sentimiento cortés de
la pasión. Aún con todo aquello, la historia realmente era atrayente y fascinante.

Al terminar el primer capítulo, supe que me iba a ser imposible superar la imagen del personaje
principal que se presentaba en la narración:

Esta era la historia de un sincero (por no decir extraño) caballero. Un niño encerrado en el
cuerpo de un hombre, cuyo carácter libraba sus batallas y cuya sonrisa las ganaba. Era alto y de
cabello castaño oscuro. Tenía la nariz respingada, los ojos grandes y rasgados, la piel pálida y
suave, la complexión fibrosa, poderosa...

En el primer tomo de la saga, narran sus primeras aventuras: Desde muy pequeño, él había
tenido la esperanza de lograr ser un estupendo caballero, al igual que su línea de antecesores,
quiénes resaltaban en el mundo cortés de forma muy notoria. Sin embargo, con medida que iba
creciendo, la familia a su alrededor se dio cuenta que era demasiado atolondrado e inocente
cómo para apropiarse de los dones propios de un caballero y al aconsejarlo con distintas ideas,
el demostró que además de ser cándido y simple, también era terco cómo una mula.

La edad permitida para la honorable participación en el torneo, le llegó y él, conocedor de sus
pésimas habilidades, se enlistó en el festival con la bendición de todos los curas, los llantos de su
madre y su hermana, y la mirada rendida de su padre.

Él se enroló en la primera batalla, montado en su fiel jaco de raza árabe y pelaje albo. Lucía una
armadura bruna y una espada bastarda impresionante, que lo hacía resaltar de entre los demás
contendores, además de su porte altivo y su rostro armonioso y radiante.

Cómo era de suponerse, no murió en aquella batalla; mas tampoco, la ganó.

Al sentirse avergonzado por aquella derrota, se vio obligado a dejar su pueblo natal y
desaparecer del bochorno público.
Al cerrar la cubierta trasera de aquel primer libro, terminé el primer tomo de toda una saga, la
cuál acabaría leyendo en menos del tiempo natural, teniendo claro, a mi favor, todo el tiempo
del mundo...

Pero, también...

Al cerrar la cubierta trasera de aquel primer libro, terminé con mi primer amor no
correspondido... y me di cuenta tardíamente, que estaba enamorado del personaje principal de
la novela, del niño dentro del cuerpo de un hombre cuyo corazón era más grande que su
cerebro, del alto y risueño muchacho cuyas andanzas me harían vivir consigo una realidad
distinta a la mía, del tierno y sencillo caballero que, sin importarle salir herido, sonreía desde el
amanecer, hasta el anochecer...

Me había enamorado de Lee Chanyeol.

***

-Santa Virgen, estás pálido... ¿Te encuentras bien?

...

Oh bien. Hagamos un resumen:


Resulta que casi me caigo y no me caí. Resulta que fui sostenido y no por mi bastón. Resulta que
Lee Chanyeol, mi amor platónico, personaje proveniente de una serie de libros de romance y
fantasía, es quién me está sujetando y, por si fuera poco, me está hablando.

...

Lee Chanyeol me está hablando, repito.

-Hey...- Murmura. Su voz era tal y cómo nunca me la había imaginado: grave y profunda.- Hey,
respóndeme precioso... Respóndeme.

-Oh Dios mío...- Murmuré, arqueando mis cejas en señal de estupefacción.- Dios mío, Dios mío,
Dios mío...

-Vaya que eres religioso, ¿no?- Arqueó una ceja al oírme, sonriéndome con infinita dulzura.

-¡...Dios mío!- Exclamé ahora, señalándolo con descaro.- ¡HABLAS!

-Bueno, no soy mudo...- Ladeó la cabeza, siempre con la sonrisa en sus labios finos.

-¡...Y TE MUEVES!

-Me caí del caballo un par de veces..., pero nada que me haya dejado en cama.- Se encogió de
hombros. Al hacerlo, sentí el tacto de sus brazos alargados rodeándome la cintura y mientras un
inevitable sonrojo se hacía presente en mis mejillas, yo traté con todas mis fuerzas el quitármelo
de encima, porque yo tenía que estar soñando.
Yo tenía que estar muerto.

-Dios mío...- Seguí murmurando, luchando en vano contra sus músculos fibrosos.- Dios mío, me
morí...

-Pues yo te veo muy vivito.- Asintió él con la cabeza, cerrando los ojos.- Hablando de estar vivos,
¿por qué todo aquí es tan fuera de lo común? Hay unos extraños aparatos aquí que me resultan
estrafalarios...

Al escucharlo, me detuve momentáneamente. Clavé mis ojos en su negra armadura y levanté


una ceja. Señalé ahora su vestuario y mientras él me escudriñaba con una mirada sospechosa, yo
murmuré:

-Lo dice el que usa armadura en pleno siglo XXI...- Resoplé.

Él abrió mucho los ojos al escucharme. Poco después, negó suavemente con la cabeza mientras
emitía una sonrisa tranquilizadora y, al cabo de unos segundos, musitó mientras me observaba:

-Sí.- Sonrió, de lado, entrecerrando sus ojos afinados.- Eres tú...

-¿Qué?

-Eres... tal y cómo yo soñaba...- Murmuró, riéndose entre dientes mientras su voz grave me
resonaba todavía, yendo de oído a oído una y otra vez.
...

¿Qué acababa de...?

-Ven conmigo.- De pronto, dejando uno de sus brazos tras mi espalda, me recorrió el cuerpo con
el otro, hasta llegas a la parte trasera de mis rodillas y, cogiéndome desprevenido, me levantó en
vilo.

Decir que chillé cómo maniático, es quedarme corto.

-¡Deja de pegarme...!- Se rió él, refulgiendo sus ojos con la carcajada que le asomaba por los
labios. ¿Cómo podía alguien tan idiota cómo él tener una voz así de gruesa y sexy...? Por el
instante, suspendí mis guantazos sobre su persona y me dediqué a resoplar, dándome por
vencido.

-Vaya que pegas duro...- Murmuró todavía él, quedándose de pronto quieto y mirándome
detenidamente.-...

-... ¿Q-Qué...?- Yo también me petrifiqué en su imagen.

Insisto. Esto no puede ser real...

-Es solo que...- Empezó, sonriendo de nuevo ligeramente.- Siempre... quise tenerte así. Entre mis
brazos...

-...
-Es... mejor de lo que esperaba.- Y al susurrar eso, apretó sus manos en torno a mi cuerpo, casi
como si quisiera cerciorarse de que yo estaba ahí, de que yo era real...

Cuándo él era el salido del libro...

-Eres un...- Rompí el lazo que creaban sus ojos brillantes y me volví hacia otro lado,
sonrojándome aún más cuándo lo escuché reírse con fuerza por mi comportamiento.- ¿¡Y ahora
qué...!?

...

Oh, vaya...

Al sonreír, no cerraba del todo sus ojos y eso se reproducía de forma aún más extraña cuándo se
reía con fuerza, provocando que luciera algo torpe... Por no decir que se veía casi cómo un tonto.

...

Desde que empecé a leer su historia, siempre me pregunté cómo luciría su sonrisa. Ninguno de
los libros que lo llevaban cómo portada, tenía una imagen suya con aquel gesto y solía
preguntarme a qué se debía eso.

La única forma que tenía de hacerme una idea, era leyendo la descripción que emitían de él, y
en mi cabeza, me la imaginaba perfecta, única, brillante y risueña. Siempre dulce, siempre
sincera...

Pero ahora, observando su auténtica sonrisa, me sentía diferente. Era otro tipo de gesto. Era una
risa totalmente distinta a la que yo me había imaginado durante tanto tiempo.

Era una sonrisa torpe, ridícula, infantil e imperfecta...

...

Y, no obstante, aquel me pareció el ademán más encantador de todos los que le hubiese visto
antes en cualquier tapa de los libros (incluidos los de mi mente), porque pese a todos defectos
físicos, su sonrisa era aún más perfecta de lo que hubiera creído.

Me acomodó sobre uno de los sillones de la sala, sentándome con el mismo cuidado que si del
Santo Grial me tratase. Él se sentó a mi lado y apoyó su cabeza en mi hombro, sonriendo de
manera meliflua.

-¿Ocurre algo?- Le pregunté, mirándolo.

-Bueno, estoy muy feliz...- Susurró él, llevando una de sus manos hasta una de las mías y,
enredando los dedos entre ambas.- Por fin te he encontrado...

-¿...Cómo?

Levantó de nuevo su rostro y me miró. Inhaló un poco de aire levemente antes de suspirar y
proseguir:

-Yo te he estado soñando.- Contestó.- Yo te he estado buscando. Tú... Tú eres la razón de porqué
he logrado estar aquí.- Levantó su mano y con sus dedos alargados y huesudos, me delineó el
contorno de la cara, cubriendo mi mejilla.- Siempre había deseado que llegara este momento...
En aquel instante, tuve una especie de aneurisma...

-¿¡Hah!?

Chanyeol abrió los ojos al escucharme jadear con semejante violencia. Hizo un puchero impropio
de su físico y suspiró:

-¿Y ahora qué?

-¿¡C-Cómo que tú...!? No, no. Espera, espera... ¿¡Yo soy la razón de que, qué!?

-¿Quieres que te diga algo? No eres muy romántico...- Se cruzó de brazos, ladeando de nuevo la
cabeza.- Pero tranquilo, así me gustas de todas formas.- Sonrió después, mostrando la hilera
perfecta de sus blancos y pequeños dientes.

-¿¡Cómo es eso posible!?- Logré exclamar, coordinando las pocas neuronas que no se me habían
reventado antes, con la sorpresa de sus palabras.- ¡T-Tú no...!

-¿No qué?

-¡Tú no me conoces...!- Reclamé, mirándolo con tristeza.- T-Tú no sabes ni siquiera quién soy y...
-Oh bueno...- Chanyeol relajó los brazos y el ceño, sonriendo con amargura.- En parte, tienes
razón.

-¿...En parte?

-Físicamente, ésta no es la primera vez que nos conocemos...- Murmuró él, apretando mi mano
entre la suya. Solo ahí, recordé que no le había soltado en todo el rato.- Pero lo que ocurriera
antes no cuenta realmente, así que es cómo si recién algo hubiera surgido...- Bajó la vista hasta
nuestras manos y, con su pulgar, acarició el dorso de la mía, lentamente.- Pero nosotros,
Baekhyun y Chanyeol, ya teníamos un lazo desde antes..., algo casi espiritual.

Me quedé en silencio mientras lo observaba.

Él no podía esperar que yo le creyera eso, ¿o sí?

-¿Baekhyun?- Preguntó. Mentiría si dijera que no me sorprendió oírlo llamarme por mi nombre.-
¿Baekhyun... estás bien?

-No...- Suspiré, bajando la vista. Clavé mis ojos sobre mi regazo y me esforcé por no soltar las
lágrimas de pánico y temor que venían atosigándome desde hacía unos minutos.- Esto no... No
está bien...

-¿Por qué no?

...
¿Conocerme desde antes...? ¿Lazo espiritual...?

-¿Baek...?- Chanyeol ladeó la cabeza, preocupado.- ¿Baekhyun...?- Repitió, llevando su mano


libre hasta mi mandíbula y tratando de que levantase la vista.- Hey, ¿estás bien Baek...?

-¡Deja de llamarme por mi nombre...!- Grité, apretando los párpados cerrados y petrificándome.

Él solo guardó silencio.

-¡Detén... esto!- Continué, respirando detenidamente.- ¡Deja de llamarme por mi nombre...!


¡Pareciera que solo lo haces porque quieres hacerlo real y no lo es...!

...

-¿Ah no?- Preguntó con un murmullo.

Negué con la cabeza, sonriendo con amargura.

¿Todavía me lo preguntaba?

-Acabemos con esto.- Manifesté con un hilo de voz. Yo mismo fui capaz de oírme al decirlo y me
impactó lo apesadumbrada que se oían mis cuerdas vocales.- Mientras más rápido lo diga... será
mejor.
Sabía que me estaba mirando. Sabía que me estaba esperando.

Sabía lo que iba a decirle.

-Tú no...- Y pasó.

Las lágrimas cayeron.

-Tú no...- Repetí con un sollozo. Me llevé una mano hasta el rostro y restregándome los
párpados, vocalicé:- ...tú no existes. Tú no existes...

Mi cuerpo se sacudió al pronunciar aquellas palabras. Apreté los dientes al hablar. En mi mente,
se reproducían una y otra vez, los miles de gritos que mi corazón vociferaba...

Merecía amar... Merecía soñar...

...

Oh. ¿En serio?


En mi vida, nunca hubo alguien que realmente amase. Tal vez en un principio, la idea no era
tentadora por ser aún un niño; pero después, al morir mis padres, eso simplemente pasó a
segundo plano.

Si alguna vez le gusté a alguien (y lo dudo), jamás me percaté de ello. El amor no fue nunca,
entonces, una de mis prioridades y mucho menos lo fue en aquel instante. Si se trataba de salir
con alguien, me excusaba diciendo que estaba demasiado ocupado y cómo jamás me insistían,
no era algo de lo qué preocuparme. Cuándo conocí a Jongin, comprendí que mi existencia era
realmente un chiste. Kyungsoo estaba tan enamorado de él, que era hasta obvio para mí. Él
jamás supo que yo alguna vez también lo quise y no lo sabría nunca ninguno de los dos.

Entendí en aquel tiempo, que, realmente, el amor y yo jamás nos llevaríamos bien.

Era otra cosa muy distinta, cuándo se trataba de leer. Imprimaba mis fantasías secretas y
románticas, a los personajes de mis novelas favoritas y durante mucho tiempo, aquel fue mi
único aliciente. Al conocer el personaje de Chanyeol, las cosas fueron aún más latentes.

Chanyeol llegó en el preciso instante, en que mi corazón buscaba escapar de la realidad. Él, y su
sonrisa abrumadoramente hermosa, resultaron ser el oasis de paz que tanto había buscado.
Súmenle a su apariencia mi momento de debilidad emocional y acaba siendo el hecho de que
guardaba un amor platónico hacia un personaje de un libro que no existía y no existiría jamás.

Ni siquiera el tiempo me importaba cuándo me adentraba en su historia, en sus sueños y en sus


aventuras.

Vivir con esa idea era mi único soporte. Leer sus andanzas era mi único sustento...
Esto era tan cruel.

Para una persona que jamás sabría lo que era el amor, soñar era una daga retorciéndose en el
pecho, clavada directo al corazón. Soñar me costaba la vida y ni qué decir del precio que pagaría
por amar...

El amar sería algo simplemente despiadado e inhumano.

Si estaba alucinando, deseaba despertar. Chanyeol, mi heroico caballero, realmente no estaba


conmigo. Me había caído y me había desmayado, culpa de mi impotencia. Estaba llorando
silenciosamente aún en ese estado y Kyungsoo llegaría y me encontraría tendido sobre el suelo,
con el rostro sucio de lloriqueos infantiles y estúpidos...

Con el único corazón de la historia que yacía roto, sin haber amado realmente.

Me sujetaría la mano. Sentiría el calor que emana su cuerpo cálido y amable y, con la otra mano
libre, llevaría mi rostro hasta su torso fuerte. Oiría los latidos de su corazón y, al tiempo que me
tranquilizaba, él retorcería sus dedos fibrosos y alargados entre los míos y...
¿...Qué?

...

¿Dedos fibrosos y alargados...?

-Shhht...- Las sienes empezaron a latirme, guardando el ritmo con el bombeo de su corazón. Era
increíble pensar que podía escucharlo pese a lo férrea que era su armadura.- No llores. No
llores...

-...- Levanté la vista hacia él. Mi cabeza se amoldaba perfectamente con el espacio entre su
clavícula y su mentón, lo cuál resultaba confortable. Moví mi brazo libre, el cuál temblaba, y me
aferré con urgencia a su tersa coraza.

-Baekhyun-ah.- Lo imaginé sonriendo. Vi sus ojos haciendo ese gesto extraño que me resultaba
encantador...- No llores por favor... Por favor, por favor.

Negué con la cabeza despacio. Apreté sus dedos al mismo tiempo que él los míos e inhalé
profundamente antes de suspirar:

-Idiota.

***
-¿...Dormido?- Pregunté, masticando los panecillos que Kyungsoo había planeado dejar cómo
desayuno... Bueno, “había planeado”...

-Hm.- Asintió él con fuerza, masticando tres panecillos más que yo, en su boca. Se veía gracioso
con los cachetes inflados de comida; sin embargo, me abstuve de pincharle los cachetitos, tal y
cómo me lo sugería mi instinto infantil, ya que me asustaba tocarlo todavía.- Podríamos decir
que duermo despierto... o algo así.

-Ahh...- Murmuré, cogiendo otro pastelillo, tratando de no pensar en lo que me estaba diciendo
ahora. Al hacerlo, noté que ya casi se habían acabado y rodé los ojos al pensar que eso era más
obra de Chanyeol que mía. Me volví a verlo y su alegría mientras comía era tan auténtica y
contagiosa, que sentí una extraña calidez interna. Si yo pudiera cocinar así..., ¿él también luciría
así de feliz?

-Vaya...- Susurró de pronto, deteniéndose.

-¿Eh?

-Cuándo sonríes...- Empezó. Sus ojos me miraban con tanta fijeza, que era cómo si pudiera
atravesarme con ellos.- Te vuelves el ser más hermoso sobre la faz de la tierra.

...

Estúpido idiota caballero de armadura negra que no dejaba de sonreírle a mi asqueroso


sonrojo...
***

De alguna forma u otra, había aceptado, por ahora, el hecho de que Lee Chanyeol, el heroico
caballero que venció al dragón de cinco cabezas que atormentaba el reino contándole chistes,
estaba realmente en mi casa..., o bueno, la de Kyungsoo. Aún guardaba cierta reticencia a
acercármele, pese a que él insistió en cargarme en vilo mientras me llevaba por toda la casa,
obstinado en que se la mostrara. Chanyeol abría mucho los ojos y la boca con cada cosa que le
exponía...: Gritó de la emoción al ver el televisor prendiéndose y se puso a hacer zapping con
todos los canales, admirando las imágenes que se movían frente a él. Después, vio mi teléfono
celular e inició una especie de batalla con él. Chanyeol insistía en que funcionaría después de un
par de golpes, ya que no sabía desbloquearlo y yo luché para evitar que me rompiera el aparato.
Luego, se puso histérico solo cuándo observó las hélices del ventilador y creyó que era una
especie de molino de viento mal posicionado dentro de mi casa..., o la de Kyungsoo. Fue un reto
convencerlo de que meter su mano a la licuadora, era mucho más peligroso que enfrentarse a
otros 100 caballeros fulgentes endemoniados, cómo pasó en su tercer libro...; también pasé por
el purgatorio cuándo él insistió en que quería oír qué clase de música se escuchaba aquí y
después de 5 segundos de tener prendida la radio en la emisora de rap, estaba casi atándole las
manos tras la espalda para evitar que con su espada partiera en dos la máquina:

-¡Deja eso...!- Exclamé, gritándole mas riéndome al mismo tiempo.

-¡Esa es la música del demonio, Baekhyunnie...!- Insistió, negando la cabeza enérgicamente.-


¡Anda, anda, suéltame!

-¡Yo la puedo cambiar....!- Me esforcé por sujetar sus muñecas con toda mi fuerza, la cuál, de
pronto, me recordó que yo no era precisamente hercúleo.

...Digo, incluso Kyungsoo podía ganarme y él era la definición de “débil”.


...

¿Por qué Chanyeol fingía que yo podía retenerlo...?

-Mira, mira... ¿Oyes...?- Pregunté con un suspiro, cambiando rápidamente a la emisora de


música romántica.

Una canción de Jason Mraz sonó de pronto, tranquilizando al hiperactivo Chanyeol cómo si
ahora estuviese encantado. Yo la había oído un par de veces antes gracias a Kyungsoo, pero
realmente no la encontraba “tan maravillosa”. Él bajó la espada incluso, hasta el punto en que la
dejó caer de sus manos inertes, resonando sobre el suelo.

-¿Te gusta...?- Susurré, parpadeando.

Él me respondió al sonreír con dulzura y cerrar sus ojos, suspirando lentamente:

-Es mi canción favorita.- Murmuró, tomándome de la mano y apretándola.- Siempre la oía


cuándo pensaba en ti.

...

Dejé de parpadear por el asombro y apreté sus dedos entre los míos, mordiéndome el labio para
evitar preguntar algo que tal vez lo haría a él desaparecer.

Algo cómo: ¿de dónde vas a haberla oído, si tú no sabes qué son las radios...?

¡Oh vamos...!
¡Jason ni siquiera había nacido en tu historia...!

-Ah...- Sonreí, nervioso.- Q-Qué divertido.

Chanyeol entreabrió los párpados y me observó a través de ellos.

Me sentí intensamente triste cuándo recibí su mirada. Se me cerró la garganta solo por la
angustia de algo que no comprendía...

-¿Te parece divertido?...- Soltó, apretando de nuevo, con más fuerza, mi mano.

...

-Sí.- Asentí, bajando la vista.- Divertido.

***

Me volvió a levantar en vilo sin habérselo pedido y, dejando la radio encendida, Chanyeol me
condujo de nuevo por el corredor, buscando mi habitación de seguro. Sin embargo, yo lo guié
hacia la cocina, borrando todo el sonrojo que me estaba reventando los cachetitos y una vez que
su nariz olió los panecillos que Kyungsoo había hecho antes, ya no hubo palabra que lo sacase de
ahí.

Y ahora, heme aquí: sentado a su lado, apoyando el codo en la barra de la cocina, comiéndonos
los panecillos que Kyungsoo raramente preparaba, excepto cuándo algo importante se avenía.

Oh, cierto.

¿Por qué los habría hecho esta vez...?

-¿Y eso...?- Miré a Chanyeol, otra vez, tratar de acomodarse sobre el asiento, trabando sus ojos
en algo tras mío.

-¿Por qué no te quitas la armadura?- Le contesté con otra pregunta.- No luce muy cómoda...

-Oh...- Chanyeol bajó la vista. Pude observar con detalle el color casi rojizo y acaramelado de sus
ojos fulgentes y contuve el aliento al notarlo.- Yo realmente... No creo poder hacer eso.

-¿Por qué? ¿Es muy difícil?- Ladeé la cabeza.

-N-no es eso...- Emitió un puchero, juntando ambas manos entre sus piernas abiertas,
aferrándose al asiento de la banca.- Solo... no puedo.

-Oh, ya veo.- Sonreí nervioso. Pfft, ni para ayudar soy bueno...- L-Lo siento.
-¿Qué sientes?- Inquirió él, parpadeando.

-¿Eh?

-¿Qué es lo que sientes?- Repitió, ahora sonriéndome levemente.

-Es... solo una expresión.- Bajé la vista, mordiéndome el labio inferior.

-De dónde vengo, no se dice lo que no se siente.- Mantuvo su gesto afable, ladeando la cabeza
sobre el apoyo que su mano le ofrecía.- Eres interesante...

-Cualquier persona de este siglo te ha de parecer interesante.- Murmuré por lo bajo,


mordisqueando otro panecillo. En los primeros segundos, no me di cuenta siquiera de haberlo
dicho.- En fin, ¿qué fue lo que me preguntaste antes?

-Oh.- Ahora alargó su sonrisa, iluminándola junto a su mirada.- ¡...Eso, eso!- Levantó su otro
brazo y señaló algo tras mío.- ¡Ahí, en la pared...!

Volqué mi cabeza sobre el objeto que Chanyeol señalaba con tanta insistencia y observé un
cuadro colgado en la pared.

-Ahh...- Suspiré, sonriendo.- Es una foto antigua. Me la tomaron el último día de escuela de mi
último año...

Mi último año.

Je, vaya que sí. Aquel fue mi último año en muchos aspectos...
-¿Último año en qué?- Oh, claro. Volví mis ojos a la imagen confundida que Chanyeol tenía y le
negué con la cabeza la afirmación, restándole importancia.- ¿No quieres contarme?

Me encogí de hombros. De reojo, clavé de nuevo mi mirada sobre mi hipócrita sonrisa, mis
manos abarcando el diploma de graduado y mis brazos sujetando el ramo de irises blancos que
Kyungsoo me había otorgado. Él fue el único que, en aquella vez, fue a verme y se tomó la
molestia de hacerme pasar uno de los mejores días de mi vida..., por no decir el último. Yo me
había olvidado de la existencia de aquella fotografía, hasta que empecé a vivir con él y noté que
la había pendido para mí.

“Para que te sientas en casa...” Sonrió él aquella vez, mirándome.

-No es algo que merezca contarse...- Murmuré, suspirando.

-¿En ningún aspecto?

-En ninguno, creo yo.

-¿...El porqué estás usando un traje estrambótico?

-¡Así era el uniforme!- Protesté, riéndome entre dientes.

-¿...El porqué te ves tenso?


-No soy muy fan de las fotos, qué digamos...- Rodé los ojos, todavía riéndome.

-...- Se quedó en silencio un instante. Se levantó de la banca provocando un ruido incómodo,


cortesía de la armadura, y caminó hasta quedar frente al retrato sobre la pared. Lo cogió entre
las falanges de sus dedos y, sin descolgarlo, continuó.- ¿...Y el porqué luces tan triste?

No estoy seguro de cuánto tiempo me tomó responderle aquello. Creo haberle dicho algo de
que: “Estaba cansado”, mas no podría asegurarlo. Le respondí por responder y esa era la verdad.

Mi cerebro había dejado de cavilar con tranquilidad y todo para lo que mis neuronas hacían
sintaxis, era para razonar el hecho de que Chanyeol parecía conocerme mucho mejor de lo que
esperaba. Él incluso, había dicho algo así antes, algo respecto a que nosotros dos ya nos
habíamos relacionado...

Pero... ¿Acaso él estaba hablando en serio?

¿De verdad estaba diciéndolo en serio...?

Eso me estaba asustando.

-Ehh...- Lo oí de repente. Parpadeé hacia dónde estaba y, tratando enérgicamente de no babear


mientras lo observaba mirar atentamente una fotografía mía con no uno de mis mejores
ángulos, lo escuché murmurar:- Ella resalta.
¿Ella?

-¿Quién?- Pregunté, alarmado de pronto.

-Mírala.- Sonrió, ahora viéndome. Supongo que habrá esperado que me acerque a él...

Pero cómo sabía que el mero hecho de intentarlo podría suponerme una bochornosa caída,
prefería quedarme sentado.

-Ah, sí...- Mentí.- Qué bonita...- No tenía ni la menor idea de qué era lo que se suponía que
tendría que haber visto y dado que cómo mentiroso, soy buen lector, era de esperarse que
Chanyeol rodara los ojos con una sonrisita divertida y se acercara de nuevo hacia mí, con los
brazos extendidos.

-Anda, ven.- Estaba empezando a acostumbrarme a ser levantado. Chanyeol me llevaba de un


lado a otro de esta forma y no era cómo si no me gustase. Claro que imaginarme a mí mismo
siendo llevado cuál princesa medieval era vergonzoso; pero bueno...

¿Qué otra cosa podía hacer?

-¿Por qué no solo me pediste cargarte?- Resopló, haciéndome un puchero.

-No es... bueno...- Inhalé suficiente aire antes de suspirar de manera prolongada y soltar con un
murmullo:- ...No estoy acostumbrado a que me traten tan... bien.

Chanyeol se detuvo justo frente a la foto, mirándome con sorpresa.

-¿Ah no?

-No realmente.- Le sonreí.- Bueno, antes no. Ahora tengo a Kyungsoo y es tan o más amable que
los mayores filántropos en el mundo. Él no puede cargarme cómo tú..., pero realmente me cuida
mucho. Normalmente me ayuda cogiéndome por la espalda y también...

-¿Kyungsoo?- Preguntó ahora, interrumpiéndome. Me sorprendí al oírlo y eso produjo que me


detuviera.

¿Acaso su voz se había vuelto mucho más grave?

-Es... mi primo.- Susurré. Parpadeando de nuevo cómo lunático. Era una costumbre mía que me
venía cada vez que estaba confundido o impresionado y, de no ser por Kyungsoo, ni la habría
notado.- ¿Tu voz se hizo más grave justo ahora...?

-¿Qué relación tienes con él?- Volvió a cortarme.

Lo miré extrañado. ¿Qué no acababa de decirle que éramos parientes...?

¿Acaso le estaba hablando en ruso o qué?


-PRI-MOS.- Repetí, enfatizando la palabra.- Repite después de mí: Pri-mos. Una pregunta, ¿sabes
ruso?

-¿Solo... primos?

-Solo primos.

-¿Nada más?

-Nada más.

-¿De verdad?

-No qué va, de mentira.

-Baekhyun...

-Sí, sí, de verdad...- Sonreí, ahora riéndome.

Acaba de entender lo que estaba pasando... y no podía creérmelo.

¿Lee Chanyeol?, ¿celoso?


...

¿...y por mí?

Observar cada una de sus sonrisas sería el hobby del resto de mi vida. Era tan atractivo cómo
solo se le permitía a un personaje de novelas románticas y su porte, más su figura, resultaban
realmente deslumbrantes para mi minúscula existencia: escuálida, depresiva e inhóspita.

Se me tensaron todos los músculos y tendones del cuerpo cuándo adiviné lo que iba a hacer.
Quería recordar lo que era moverse y reaccionar, mas con él me era imposible.

-Esp... Espera...- Un leve gemido me salió de entre los labios y cerré los ojos, frunciendo el ceño.-
Y-Yo no...

-Lo sé.- Musitó él con un susurro hondo, grave.

-Ya, pero yo...- Espera, espera, espera....- Aguarda, ¿cómo que...? ¿Tú que sabes?

-Nunca has besado a alguien antes, Baekhyunnie.- Sonrió con picardía, enarcando una de sus
cejas.- Lo tienes escrito en toda la cara...

-¿Ah... sí?- Pregunté, parpadeando otra vez con fuerza.

-Sí.- Murmuró, acercándose lentamente hasta dónde estaba, logrando pegar su frente a la mía.-
¿Quieres que te cuente un secreto, Baekhyunnie...?
-D-Dime...- Tragué ruidosamente, orando por que él no oliera mis nervios.

-Cuándo pestañeas, tus ojos asemejan el batido de las alas de las mariposas.- El aliento
proveniente de sus labios, penetró en mi nariz, embriagándome con su aroma.- Es tan...
precioso.

-¿En... serio?

-Y, cuándo murmuras...- continuó, ahora moviendo lentamente su nariz hasta rozar la mía- tu voz
suena increíblemente melódica y excitante.

-Ah... ¿gracias?- Ahora sí, estaba perdiendo los estribos.

-Cómo te quedas observando siempre al vacío cuándo estás concentrado...- sentí sus dedos
hundirse en mi piel, aún sosteniéndome en vilo.

-...Chan...

-Y cómo...- exhaló, frotando sus labios con los míos.-... cómo cuándo sonríes... El mundo se opaca
a tu alrededor...- La fricción entre la textura de mi boca con la suya se tornó insoportable.
Empecé a respirar con agitación.- Todo... Todo...

-¿...Todo?

Chanyeol dilató sus pupilas vidriosas al fijarlas una última vez en las mías. Esbozó una sonrisa
rayando en la melancolía y relamiéndose una última vez el labio inferior, exhaló:
-Todo lo amo... Todo, Baekhyun. Amo a todo Baekhyun...

...

Dios mío.

Jamás, ni siquiera cuándo me encontraba en mejor condición física, durante la escuela, tuve la
verdadera sensación de sentirme tan vivo, cómo cuándo besé entonces por fin a Chanyeol.

No llegamos realmente a profundizar aquel beso. Él, no sé, y yo, porque me atemorizaba pensar
que, moverme, podría hacerlo a él desaparecer. Besarlo fue incluso mejor de que lo que yo
mismo pude haber soñado e incluso, las palabras de la narradora en sus libros, quedaban cortas
con lo que estaba sintiendo ahora yo mismo.

Era demasiado dulce, era demasiado tierno...

Era como si... por esto.

Como si solo por esto, yo hubiese nacido.

Como si solo por esto, él y yo nos hayamos conocido...


Mover mis labios sobre los suyos, sentir la textura fina y cálida de su boca.

Chanyeol, Chanyeol, Chanyeol...

Por Dios... ¿qué me estaba pasando?

Él no existe.

¿Cuántas probabilidades hay de que esto, realmente, esté ocurriendo?

Él no existe.

Deja de creer que por fin todo ha encajado en su lugar. Deja de soñar con que ahora todo está
en el pasado.

Él no existe.

Todo es ilusión. Todo es ilusión.

Él no existe.
Date cuenta de lo estúpido que estás siendo ahora. ¿Enamorarse de la imagen del personaje de
un libro...? ¿Qué está mal contigo, Byun? ¿Por qué sigues aferrándote a lo que no tiene
sustento?

...

Repítelo Byun. Repítelo.

Él no existe. Él no existe...

...

Chanyeol no existe.

---------------------------------------------------------

***

Cuándo tenía 14 años, una vez, conocí a un niño.

Creo que fue lo más cercano a un amigo, que alguna vez tuve. Jugué con él en el parque cercano
a una florería (la misma a la que mi mamá siempre iba y yo la acompañaba) aproximadamente
media hora y, sin embargo, todavía recuerdo cada exacto minuto de nuestro pequeño
encuentro.
Lo que en primera instancia me gustó de él, fue de hecho su sonrisa. Tenía una forma extraña de
sonreír y, sin embargo, no le importaba. Cuándo se reía, mostraba todos sus dientes y eso
resultaba cálido y confortable. Decir que “jugamos”, no es más que mero profesionalismo; en
realidad, él y yo solo hablamos y hablamos, perdiéndonos en la conversación.

Discutimos desde el último pokemón inventado, hasta el último de nuestros secretos más
escondidos. No sé todavía porqué es que tuve la confianza de hablarle acerca de mi miedo más
grande, mas realmente, no me importa.

Sé que si se lo dije en aquel momento, fue por algo y no tiendo a discutir mucho con mi yo del
ayer.

Por su parte, él me soltó de golpe su mayor secreto, siempre sonriendo. Incluso rayaba en lo
atemorizante cuándo lo veía; aunque después, te acababas acostumbrando y, luego, te era casi
imposible resistirte. Al ser su gesto muy contagioso, era inevitable que los demás también lo
imitásemos y yo no fui la excepción.

“¿Te ríes de mi secreto? ¿Por qué, por qué? ¡A mí me gusta!” Se rió él, rodando por el pasto
hasta acabar a mi lado.

“Es raro...” Contesté, encogiéndome de hombros. “Los chicos no sueñan con eso.”

“¿Cómo qué no? ¿Y qué soy entonces?”

“Eres...” Empecé. Más tarde, me di cuenta de que no sabía que decirle, así que, para variar en los
jóvenes, solté lo primero que se me cruzó por la cabeza. “...raro. Raro como tu secreto.”

“No quiero ser el único raro...” Murmuró, haciendo un pequeño puchero con sus labios. “¡Ya sé!
¡Seamos raros juntos!” Exclamó de repente, halándome de la basta de la remera.
“¿Qué? ¡No!” Me reí. “Yo no quiero ser raro.”

“¡Anda...! ¿Por qué no? ¡Será divertido, te lo prometo!”

...

“¿De verdad?”

“Yo seré siempre raro y tú serás siempre raro. Seremos raros juntos. Te lo juro por mi secreto
igual de raro...” Sonrió con dulzura, ladeando la cabeza.

Recuerdo haber pestañeado muchas veces cuándo lo oí decirme aquello. Era extraña la
sensación que me embargó al observarlo. Me le quedé viendo un buen par de segundos, antes
de por fin sonreírle con todas mis energías y asentir con la cabeza, levantando el dedo meñique:

“¡Por tu secreto igual de raro!” Exclamé, entrelazando mi dedo con el suyo, quién solo me miró
sorprendido.

“¡Hecho!” Sonrió con ganas luego. Después, él se acercó hasta mi mejilla y estampó en ella un
beso que me descolocó. Cuándo me volví a verlo, con toda la interrogante escrita en toda la
cara, él solo se encogió de hombros y, sacándome la lengua, contestó: “Otro secreto.”

“Te lo dije y lo repito: Raro.” Confirmé, haciendo un puchero mientras me cruzaba de brazos y él
se reía a pierna suelta, dejándose caer de nuevo sobre el gras.
***

Abrí los ojos y suspiré.

...

-Lo sabía...- Murmuré, sin emitir sonido alguno.

Fruncí el ceño al levantarme y emití un quejido impropio de mi edad. Me estiré poco después y
al sentir mis huesos como gelatina, no me quedó de otra más que volver a echarme.

-Toc. Toc.- Escuché de repente.- ¿Se puede?- Murmuró Kyungsoo, abriendo levemente la puerta
y dejando entrever su rostro adormilado, sonriéndome para variar.

-Ya entraste de todas formas.- Murmuré, sentándome sobre la cama.-... Hoy tuve un sueño.

-Eso es bueno.- Kyungsoo me acomodó la mesa plegable encima de las piernas, oyéndome con
toda su paciencia:- ¿Quieres contármelo?

-Tal vez no te guste...- Al susurrarle aquello, los ojos se me incrustaron de lágrimas y una sonrisa
triste me curvó todo el rostro. Kyungsoo se alarmó al verme mas evité que me abrazara,
levantando las manos contra su pecho.- Es un sueño... especial.
-¿Especial?- Preguntó, sentándose frente mío, sobre la cama.

-Bueno. Especial no es la palabra...- Cerré los ojos.

-¿Y cuál sería la palabra?

...

“Otro secreto”

-Raro.- Me encogí de hombros, dejando que un par de lágrimas cayera pesadamente sobre mi
desayuno.-...Tuve un sueño raro.

***

-¿De nuevo vas a leerlos...?

-Ya estoy en el segundo tomo...- Sonreí de forma traviesa, encogiéndome de hombros. Kyungsoo
frunció el ceño y me resopló.- No hagas eso Kyungiie... Después te convertirás en un caballo.

-Jaja. Qué gracioso...- Murmuró con ironía, moviéndose de un lado a otro por la sala, levantando
los cojines de los sillones.- Rayos...- Siseó entonces.

-¿Se te perdió algo?- Y justo antes de que me contestara, continué:-... ¿además de tu sentido
común?- Y un almohadón me cayó justo encima del regazo tras eso, mientras me reía.

-Busco mis llaves, gracioso.

-¿Y por qué?- Inquirí, acomodando mi rostro sobre mi mano, con el codo sobre el apoyabrazos.

Kyungsoo me enarcó una ceja tras eso, viéndome de forma divertida.

-¿Qué?

-¿De verdad te estás haciendo el que no sabes....?- Preguntó.

-¿Saber qué?

Kyungsoo abrió los ojos entonces, aún más si es probable. Se acercó a dónde estaba y,
sorprendiéndome por el ataque, me sacó de encima la frazada que siempre llevaba cuándo leía.

-¡...Hey!- Exclamé, cogiéndola de nuevo.- ¿A qué vino...?

-¿Por qué no estás vestido?- Lucía tan desorientado cómo yo en ese instante, por seguro.
-¿Por qué habría de vestirme? No salgo a parte alguna...

-Pero... ¿de verdad no te acuerdas?- Susurró, ahora relajando el ceño.- Pfft. Claro... ¿Cómo te va
a acordar si te lo dije mientras leías...?

-¿Qué cosa?

-Aish... Olvídalo.- Murmuró. Levantó su muñeca y observando su reloj, dejó escapar un sollozo
ahogado de la garganta:- Ok. Tengo aproximadamente 10 minutos para que estés listo y ¡todavía
no encuentro mis estúpidas llaves...!

-¿Por qué tendría yo que...? ¡Hey, hey no!- Reclamé, sintiendo como Kyungsoo me cogía por el
brazo y tiraba de mí para levantarme.- ¿¡Qué haces...!? ¡Kyungsoo...!

-A ver: ¿por dónde empiezo...? Ok, mira.- Respiró lentamente, casi corriendo (o bueno, él
corriendo mientras tiraba de mí) mientas íbamos por el corredor.- Hace una semana, Jongin me
comentó había conversado con Park Yura, la escritora y me dijo si quería conocerla...

-¿¡De verdad!?- Exclamé, sorprendido y aunque jamás se lo diría, también celoso.

-Le respondí que sería algo bastante agradable, mas no podía dejarte por algo así y le pregunté si
podías ir tú conmigo.

-... ¿¡De verdad!?- Repetí, ahora sí, bastante estupefacto.

-Jongin le preguntó y ella asintió con entusiasmo, alegre por conocerte por fin ya que él le había
hablado sobre ti y lo mucho que adorabas sus libros.

-... ¿De verdad?


-A ver.- Me dejó sentado sobre la cama y, buscando entre los cajones de mi cómoda, sacó un par
de pantalones grises y una camisa blanca. Las dejó a mi lado y, después, salió rápido de la
habitación. Volvió a los pocos segundos con un par de botines que me acomodó a un lado de mis
pies y, de súbito, suspiró:

-¿No querrás que te vista también yo... o sí?

-N-no es eso...- Negué lentamente.- Es solo... Esto.

Kyungsoo pareció calmarse después. Se sentó a mi lado y abrazándome, sonrió.

-Es... abrumador.- Murmuré, parpadeando rápido.

-Lo lamento... Debí haber sido más paciente.- Kyungsoo me desordenó el flequillo y continuó:- Si
no quieres...

-No te atrevas a decir que no voy a querer ir, porque juro que te golpearé.- Fruncí el ceño. Tomé
de un tirón la parte superior de mi pijama y me la quité.- ¿Qué me ves...? ¿No tienes unas llaves
qué buscar?

***

Si dijera que aquella mañana, una de las últimas antes del otoño, no me sentí triste después de
saber que Chanyeol había sido solo un sueño, estaría mintiendo.

Aquel fue tal vez, el dolor más hondo y tajante que alguna vez pude haber sentido, mas no lloré.

No lloré, no grité, no emití sonido alguno.

Desde un inicio yo sabía que todo era un sueño. Mi conciencia siempre estuvo ahí para
resguardarme de la fantasía.

Tomé el primer libro de la saga y, sentándome en mi sillón especial de la sala, me puse a releer
otra vez, ignorando el aspecto intacto de mi rededor, que parecía estarse burlando de mis
sueños.

Si tan solo hubiese estado algo fuera de lugar, si tan solo algún objeto me hubiera denunciado
que lo mío no fue un sueño...

Bueno..., ¿qué hubiese hecho entonces?

Lee Chanyeol no existía, de cualquier forma.

-Aquí es.- Murmuró Kyungsoo, adentrándose en el parking del restaurante. Miré por la ventana y
me sentí intimidado por tamaña elegancia.- Oye Baek, ¿estás bien?
No...

-¿Baek?

-Hm.- Asentí, sonriéndole con toda la genuinidad que fui capaz de juntar.- Todo bien.

Todo menos...

-Puedo bajar yo solo.- Murmuré entonces, sintiendo como Kyungsoo se congelaba mientras se
sacaba el cinturón de seguridad.- Tranquilo.

-P-pero...

-No estoy tan débil hoy día.- Mentí, sacándole la lengua.

Porque, por si no fuera ya bastante, ese día me sentía triplemente enfermo.

- ¿Ves? Puedo sacarme el cinturón yo solito, mamá...- Bromeé, logrando sacarle una sonrisa
preocupada. Abrí la puerta del copiloto y dejé resbalar mi pierna derecha hasta que el pie cayó
del suelo del auto, hasta el piso de la calle.

Se sintió extraño.

Hice lo mismo con mi otro pie y una vez tuve ambos fuera, apoyé mi mano en el marco de la
puerta. Haciné todas mis energías en el soporte que mi brazo me brindaba y logré ponerme de
pie.
-¿Viste?- Pregunté hacia Kyungsoo, sin volverme a verlo.-...Fue fácil.

No entiendo, incluso ahora, porque todos los millonarios hacen cenas en los restaurantes de los
hoteles más caros del mundo. ¿Sería una tendencia propia de este siglo o algo así?

-Entonces...- Empecé, mientras caminaba lentamente en el hermoso y pomposo hall, sin


sujetarme de Kyungsoo, a su lado.- ¿Park Yura ronda los 70 o los 80?

-¿Estás seguro de que no quieres que te ayude...?- Repitió Kyungsoo, levantando sus manos para
sostenerme.

-Me ofendería que lo hicieras cuándo te he dicho que estoy bien.- Volví a mentir, negando con la
cabeza.- No quiero parecer un enfermo desgastado por el peso que la sociedad impone sobre
mis hombros y la falta de esperanzas...

-Eso...

-¡Eso fue sublime!- Oímos los dos de pronto. Me volví hacia el lugar del que provino la voz y una
mujer que no pasaría de los 20, se acercó hacia nosotros. Era de piel cremosa, con los ojos
rasgados y grandes, más su cabello corto y fino enmarcándole el rostro. Tenía una nariz
respingada y también los labios ligeros.

Lo primero que pensé al verla, es que ella era la versión femenina de Chanyeol.

-Ehh...- Murmuró Kyungsoo, quién parecía haberse quedado con la “cabeza en blanco”, al igual
que yo.
-¡Oh, lamento haberte interrumpido!- Exclamó ella, dirigiéndose hacia Kyungsoo.- Pero lo que
dijiste- continuó, ahora mirándome- ¡fue simplemente maravilloso! Tienes muchísimo talento y...

Y se quedó lívida de pronto, todavía con sus ojos sobre mí.

-¿Y...?- Interrogó Kyungsoo.

Ella se acercó de pronto hacia mí. Era bastante alta, o al menos para ser mujer, ya que le llevaba
casi solo un par de centímetros. Acomodó su mano en mi mejilla y abriendo mucho los ojos,
murmuró con un hilo de voz:

-...Byun.

-¿?

-Byun Baekhyun.- Repitió, abriendo la boca, asombrada.

...

Si no me hubiese visto nunca en un espejo, hubiera creído que tenía todo el aspecto de un
fantasma, un trol o de algún monstruo recién salido de “Monster University”.

-...- No supe qué responderle. Mi cerebro empezó a consumirse debido al uso extremo que le
estaba dando por tratar de recordar de dónde la conocía a ella, mas no concebí su recuerdo de
ninguna parte.
-¡Oh, ahí están...!- Oímos de pronto. De la puerta del restaurante que comunicaba con el hall,
salió Jongin junto a otro chico, que se veía no muy mayor también.

-¡Jongin...!- Exclamó Kyungsoo, tomándolo de la mano.- Ella...

-Baek, Kyungsoo.- Nos llamó de pronto el moreno, tomando del hombro a la mujer frente mío.-
Les presento a mi mejor cliente: Park Yura.

***

No. La cena no fue incómoda; para nada...

Yura era una mujer encantadora. Quién no la conociera, como era mi caso (creo), no le daría más
de 20 años, cuándo ella en realidad ya iba por los 30. Su esposo era también un hombre
agradable y se notaba a leguas el amor que se tenían, lo mismo que Kyungsoo y Jongin.

Al saber que era yo quién se había leído de sopetón todos sus libros, dejó expresado su asombro
cuándo se le resbaló el cubierto de las manos:

-¡Oh, l-lo siento tanto...!- Empezó a decir, mientras que Jongin solo se reía de ella.- ¡Jongin-ssi!-
Le miró de forma desafiante, sonrojándose.

-¿A qué vino la torpeza? Tú nunca eres así de descuidada, amor.- Murmuró su esposo,
recogiendo el cubierto y entregándoselo a un mozo que había venido.
-N-no es... nada.- Negó, sonriéndole con calma.

O bueno, con fingida calma.

Podía reconocer una sonrisa falsa a leguas y no porque las hubiera estudiado. En mi caso, lo
aprendí a la fuerza, ya que yo hacía el mismo uso de ellas y casi a diario.

-Realmente me gustan muchísimo sus libros.- Sonreí, llamando su atención.- Su forma de narrar
es auténtica y sencilla. Me siento cómo en una cuna meciéndose cuándo leo sus obras.

-Eso...- Contestó ella, bajando la vista.- Eso es... hermoso. Es un comentario maravilloso. Nunca...
me habían elogiado con tales palabras.

-Yo siento que no están al nivel de su trabajo...- Respondí, haciéndole una leve reverencia, algo
que ella me ofreció también.

-¿Es verdad que la saga del “El Heroico Caballero”, ha sido la más famosa estos últimos meses?-
Preguntó Kyungsoo, a lo que ella sonrió para contestarle:

-Esa es una realidad que todavía no supero.- Y, sin embargo, mientras que su sonrisa era
genuinamente alegre, su mirada fulgía con inmensa tristeza.

Una tristeza que, de repente, me hizo un nudo en la garganta.

-Yura planea sacar otro libro más para la saga...- Comentó Jongin entonces.

-¿De verdad?- Pregunté.- P-pero ya todo está resuelto y... Chanyeol...- vaya.
Decir por vez primera su nombre con mi propia voz, fue más doloroso de lo que pude haber
creído.

-¿Chanyeol...?- Cuestionó Kyungsoo, demandando que prosiguiera.

-Él... bueno, ¿ya no tuvo su final feliz?- Susurré, bajando la vista.

-¿Te parece?- Preguntó Yura. Levanté la vista ya la encontré mirándome con dulzura, con la
cabeza apoyada en su mano.- Dime Baekhyun-ah, ¿te gustan los finales felices?

-... Sí, creo.

-¿Crees en ellos?

-...

-Para serte franca, yo no creo en los finales felices.- Murmuró, cerrando los ojos.- Que todo sea
felicidad al final, no me parece una idea interesante.

-...

-Hay demasiada imperfección y demasiada realidad, que todavía podría aumentar en su historia.
Chanyeol...- se detuvo un instante, porque se le quebró la voz y nadie lo pasó por desapercibido-
Chanyeol ha pasado por mucho, sí. Pero ¿qué será de él después? ¿Ser solo feliz para siempre...?
Hay felicidad y auténtica felicidad, me parece a mí. Uno puede ser feliz por cosas pequeñas y sin
sentido; sin embargo, la auténtica felicidad, viene cuándo, después de muchos, muchísimos más
impedimentos, uno logra salir adelante.
-...

-Para mí, Baekhyun-ah, la auténtica felicidad es una enfermedad intensa. Una sensación que
viene rápido, dura poco y evoca, en los instantes más duros de la vida, que vale la pena vivir.

-...

-Por eso, Baekhyun-ah, escribí la saga de “El Heroico Caballero”: porque lejos de el hecho que
Chanyeol nació cómo personaje principal, la historia no es de él. Es de quién lo lee, de quién
logra entender que todos tenemos a alguien dispuesto a protegernos y a hacernos
apasionadamente felices; ya sea infantil e hiperactivo como Chanyeol, pero todos nacimos para
proteger y ser protegidos de las cosas malas. ¿A quién le importa el “final feliz”, cuándo es la
historia de tu vida la que puede ser feliz...? Todos necesitamos de un “heroico caballero” que nos
proteja de vez en cuándo y que, al mismo tiempo, pueda darnos la felicidad más aguda e intensa
que podamos experimentar... Así no dure para siempre.

-...

Yura me sonrió cuándo acabó de hablar. No noté que los ojos se me habían llenado de lágrimas,
hasta que Kyungsoo apretó mi mano bajo la mesa y me sonrió con dulzura, tranquilizándome.

Tomé un servilleta de la mesa y me limpié disimuladamente las comisuras de los ojos, esperando
porque nadie, más que Kyungiie, lo notara.

-¡Ah, Kyungsoo...!- Jongin llamó a su novio, finalizando la comida.- ¿Trajiste los panecillos que te
pedí?

-¡Oh, cierto!- Sonrió el esposo de Yura.- Él dice que realmente cocinas fantástico...
-Es una pena...- Sonrió Kyungsoo también, un poco avergonzado mientras yo lo miraba
extrañado, ya que, después de eso, él me pateó levemente la pantorrilla por debajo de la mesa.-
Alguien... se los comió.

...

¿Qué?

-¿...Qué?- Murmuré, mirándolo con sorpresa.

-¿Cómo que “alguien se los comió”?- Preguntó Jongin, luciendo deprimido cómo un cachorrito.-
Te dije que los prepararas con anticipación...

-Fue culpa de Baekhyun.- Hizo un puchero.- ¡Los dejé ahí justo ayer y cuándo vine hoy en la
mañana, todo estaba hecho un desastre en la cocina y en la sala...!

-...

-¿Cómo así?- Preguntó Yura, ladeando la cabeza.

-¿Un desastre...?- Interpeló Jongin también.

-Había un bastón regado en pleno suelo, la radio estaba encendida, el ventilador también y, por
si fuera poco, en la cocina había un desastre de migajas sobre el suelo. También estaba fuera de
lugar la foto que le había tomado a Baekhyun cuándo salió de la escuela y, encima de la misma,
había una Gardenia... Ni idea de cómo habrá terminado todo eso allí, mientras que lo único que
encontré al llegar, fue al niño aquí a mi lado, que dormía a pierna suelta cómo si no hubiese
mañana qué vivir al día siguiente.- Exhaló Kyungsoo, frunciendo el ceño mientras me señalaba
con su pulgar.

Por mi parte, el corazón, así de sencillo, me había dejado de latir.

Perdí color en el rostro y un repentino mareo me sobrevino de inmediato, bloqueándome la vista


y provocando que perdiera el sentido del espacio.

La respiración se me cortó también. EL aire abandonó mis pulmones, quedándose estos vacíos y
al tiempo que los sentía encogerse, cerré los ojos y simplemente, dejé de pensar.

...

Entonces...

¿Lee Chanyeol... existía?

***
Los truenos fueron los que me hicieron abrir los ojos.

Miré a la ventana y observé los rayos desaparecer. Mi habitación yacía oscura, lúgubre y solitaria.

Me apoyé sobre mis codos para poder sentarme sobre la cama. Volví mi vista hacia el reloj y al
segundo, este cambió a las 3:20.

Respiré hondo y volví a echarme sobre la almohada, sujetando mis manos entre sí.

Pensar nunca me resultó tan tortuoso como en aquel instante.

Mi cerebro se negaba a creer que lo que hubiese dicho Kyungsoo, tuviera relación con Chanyeol.
Estaba rotundamente cruzado de brazos respecto a esa idea y el suplicio estaba en que mientras
mi mente se mostraba escéptica, mi corazón bombeaba y latía la mejor carrera de su vida.

Mi pecho subía y bajaba, preso de la emoción que le suponía creer que Chanyeol sí existía. La
radio y el ventilador encendidos, el caos en la sala, el desorden en la cocina..., la foto
descolgada...

... La foto...
“-Ella resalta.

-¿Quién?

-Mírala.

-Ah, sí. Qué bonita...”

...

¿Quién resaltaba?

Caminar hasta la cocina en tiempo récord fue, de pronto, mi único objetivo desde hacía mucho
tiempo.

Mientras traspasaba la oscura sala, apoyado de nuevo sobre mi bastón, me volví hacia el reloj
grande puesto sobre la pared, iluminado gracias a la luz que se filtraba por la ventana. El
minutero estaba a dos minutos de marcar las 3:30 y eso, por algún motivo, me puso nervioso.
Apuré el paso hasta llegar a la cocina y, una vez dentro, observé la dichosa foto puesta sobre la
mesa...
Tal y cómo la había dicho Kyungsoo.

“También estaba fuera de lugar la foto que le había tomado a Baekhyun cuándo salió de la
escuela y, encima de la misma, había una Gardenia...”

Una... gardenia.

Tomé la foto de debajo de la flor y la atraje hasta un punto dónde la luz infiltrada por el ventanal,
pudiese darle. Fijé con rudeza mis ojos sobre cada detalle mío de aquella imagen: mi sonrisa
falsa, mi rostro pálido, mis ojos brillantes por haber querido llorar, mi uniforme deslucido por el
poco cuidado que le daba, mi peinado desordenado por la celebración..., las hojas de los árboles
cayendo sobre mi cabeza..., el ramo de irises blancas que Kyungsoo me...

El ramo.

Lo atraje aún más hacia mis ojos y lo observé, consternado.

De lejos, claro que no podía notarse. Era imposible que la discerniera si todas eran de color
blanco.
Ahí, entre todas las irises, había una reluciente y pequeña gardenia.

-¿...Cómo?

-¿Baek...?- Volví mi cabeza hacia atrás. Kyungsoo había encendido la luz y estaba frotándose la
comisura de uno de sus ojos, adormilado y mirándome con extrañeza.- ¿Hace cuánto te
levantaste...? ¿Por qué no estás en tu...?

-¿Dónde conseguiste este ramo?

-...- Parpadeó un par de veces antes de contestar con un bostezo:- ¿Ah?

-¡El ramo!- Exclamé, ahora provocando que él se asustara.- ¿¡De dónde sacaste el ramo!?

-El ra... ¡Ah!- Kyungsoo se acercó hasta dónde estaba y tomó la fotografía entre sus manos.-
Vaya... Qué joven estás aquí.

-¡Dime dónde conseguiste el ramo, Kyungsoo!- Grité, notando el susto que se había llevado
encima.- L-Lo siento pero...

-Hum.- Kyungsoo frunció un poco la boca, cerrando los ojos.- Ahora que lo recuerdo, la compré
en una florería... Esa que estaba cerca de tu casa.

-¿...Hah?

-A mitad de camino, me acordé que no te había comprado nada y bajé, la compré en esa florería
a la que siempre ibas con mi tía, ¿recuerdas...?
-¿Quién te dio el ramo?- Pregunté con urgencia, tomándolo por un hombro con toda la fuerza y
la angustia que me carcomía el corazón.- Dime, ¿quién te dio el ramo...?

-Un... un chico.- Respondió, poniéndose nervioso.- Baek, no entiendo... ¿Para qué quieres...?

-Por favor dímelo.- Murmuré, temblando y parpadeando con avidez.- Por favor, por favor...

-No lo conocía, Baek y no lo recuerdo bien...- Al decir aquello, sentí que algo dentro de mí se
rompió.- Pero él aparentemente si me conocía a mí...

-... ¿Qué?

-Dijo que si yo era pariente tuyo y yo le contesté que sí. Tenía el uniforme también de tu escuela
y parece que tenía un ramo preparado para los de tu grado especialmente, porque me lo dio sin
yo haberle pedido alguno. Cómo no conocía tu escuela, le pedí indicaciones para llegar y creo
que... ¡ah, sí! Me pidió si podía darle un aventón a la misma, porque tenía que hacer algo
importante. Lo llevé a la escuela, él se salió rápido del auto, me dio las gracias y tras entregarme
el ramo, esperé porque salieras, te tomé la foto y listo. Eso es todo.

-... ¿De verdad?

-Sí.- Kyungsoo sonrió levemente mientras bajaba la vista y miraba de nuevo el retrato.- Era un
chico extraño: tenía el cabello castaño un poco largo y era bastante alto. Tenía una sonrisa
nerviosa que me resultó agradable y miraba todo con demasiada fijeza.

-... ¿No que no lo recordabas?- Resoplé, dejándome caer en la banca de la cocina, la cuál estaba
junto a la barra.

-Y no lo recordaba.- Asintió.- Pero, ¿qué quieres que te diga si lo estoy viendo aquí mismo...?
...

¿Qué?

-¿De qué estás...?

-Míralo tú.- Kyungsoo me entregó al fotografía y señaló una de las esquinas, en dónde aparecía
un chico cortado por la mitad, con la cabeza girada hacia dónde me encontraba y los ojos fijos en
mi figura.

...

Ahí estaba, con las flores de cerezo cayendo sobre su cabeza: su cabello castaño lacio, su cuerpo
entonces flacucho y alto, sus piernas largas y fibrosas, su impecable uniforme escolar, su mirada
poderosa y risueña...

Su sonrisa tierna e infantil...

Era Chanyeol.

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***
-¡...Aunque digas eso, son las 4 de la mañana y no puedo llevarte así, de la nada, a verla!

-¡Kyungsoo, te lo imploro!- Rogué, volviendo a sentir las lágrimas caerme del rostro.- ¡Ella sabe
algo que yo no recuerdo o algo que tal vez ni yo mismo sé...! ¿¡Cómo te explicas que se sepa mi
nombre entero si tú mismo dijiste que Jongin nunca me había nombrado más que como su fan,
sin darle más datos míos...!?

Pareció vacilar cuándo le dije eso último, sin embargo, solo resopló:

-Tal vez se le escapó en algún momento, Baekhyun... De verdad, es imposible que...

-¡Por favor, por favor...!- Supliqué, cerrando los ojos y tomando sus manos entre las mías, hecho
una marejada de nervios. Kyungsoo me miró con intensa preocupación mas no le hice caso:- Yo
voy a ser el que quede en ridículo si todo está mal... Yo voy a ser el que se disculpe por la
intromisión y todo lo voy a hacer yo... Por favor, por favor Kyungsoo... Por favor...

Suspiró largamente entonces. Se desasió de mi agarre y caminó hacia el pasadizo. Se introdujo


en su habitación y en el mismo segundo en que me dejé caer pesadamente sobre el suelo,
creyendo que de nada habían servido mis esfuerzos, Kyungsoo salió con su celular a la mano,
hablando apurado:

-...Perdona amor, ¿me repites la dirección?- Lo oí murmurar, caminando hasta el mesón en una
esquina de la sala y cogiendo de los cajones aledaños, una libreta junto a un lapicero:- Tú no te
preocupes... sí, sí. ¿Qué...? No, tranquilo. No, no es algo grave. Lamento haberte despertado,
Jongin. Sí. Yo también te amo, vuelve a dormir... Sí. Gracias por todo, te quiero. Hasta luego.-
Oprimió el botón rojo en la pantalla de su celular y se volvió hacia mí. Suspiró de manera
divertida antes de acercarse hasta dónde me hallaba, y levantarme de nuevo por un brazo.
...

-Kyung...

-Bueno... ¿Qué esperabas?- Al interrumpirme, hizo un puchero con sus labios. Se sonrojó
levemente y se cruzó de brazos.- No me sé la dirección.

***

La casa de Park Yura no era la más grande, ni la más lujosa de todas. Sin embargo, a mi parecer,
se veía cómo el hogar de mis sueños, con el que siempre soñé.

Camino a su residencia, yo y mi primo no dejábamos de sorprendernos, puesto que con medida


que avanzábamos, más nos íbamos acercando a mi antigua casa, la cuál no se encontraba muy
lejos de la de ella, ya que solo las distanciaba unas pocas cuadras y un parque.

Cuándo nos estacionamos frente a su morada, ya habrían de ser las 5 de la mañana. Kyungsoo
me preguntó una vez más, antes de bajar, por si no quería esperar que, mínimo, hubiese cantado
el gallo y yo me limité a responderle con una sonrisa que ya había esperado lo suficiente cómo
para darle chance a un gallo.

Aunque ya estábamos a menos de un par de días del otoño, las mañanas todavía fulgían
intensamente al salir tempranamente el sol y aquel día, no fue la excepción.

Caminando sobre el empedrado, mi sombra fue haciéndose cada vez más y más notoria con
medida que me acercaba a la puerta de madera, la cuál estaba rodeada de enredaderas que
subían por su totalidad, y la cubrían cuál obra de arte. Fue entonces que percibí que la casa en sí
parecía llevarse de maravilla con la naturaleza, ya que había flores y plantas por doquier.

Cuándo apreté el timbre dorado, un suspiro impensado asomó de entre mis labios. Un escalofrío
me recorrió el espinazo poco después y, antes de poder hacer caso a mi infantil impulso de salir
corriendo cómo alma que persigue el diablo, la puerta se abrió con un casi imperceptible
chirrido:

-¿Quién...?- Se asomó por la rendija de la puerta entreabierta. El único ojo que logré verle, se
abrió tanto cómo le era permitido y la vi volver a cerrar la entrada para quitarle el seguro y
darme una visión más completa de sí misma.

Park Yura seguía usando la misma ropa con la que la vi ayer. No tenía nada de maquillaje ahora y
juré por mi vida que Chanyeol y ella, eran mucho más parecidos que un par de gemelos idénticos
entonces. Al observarme, vi cómo temblaba y su expresión se quedaba lívida:

-¿Qué haces aquí?- Preguntó, moviendo sus ojos sobre mi imagen.

-B-Bueno... Lamento despertarla y...

-N-No...- Negó lentamente con la cabeza. Pareció calmarse después de eso y respiró
pausadamente antes de continuar.- No dormí... en toda la noche.

-Yo tampoco... casi.- Sonreí nervioso. Algo que ella miró y me correspondió con otra sonrisa
cansada.- Ehm... Sé que esto es extraño pero... yo quiero...

-Quieres saber porque te conozco, ¿verdad?


...

Ya que mi boca se había quedado muda por el espanto, me limité a asentir con la cabeza
repetidas veces.

-Bien.- Murmuró, ahora cambiando su sonrisa por una mucho más triste.- Sabía que vendrías de
cualquier forma.- Abrió del todo el portón de su casa y me indicó con una seña que pasase. Me
volví a ver a Kyungsoo y lo noté dormido sobre el asiento del conductor, cabeceando
lentamente.- No hay que despertarlo...- Susurró ella, mirándome.- Pasa Baekhyun-ah. Hay mucho
que contarte...

***

Lo primero que observé al entrar, fue el ramo de gardenias marchitas que posaba sobre la mesa
de centro de su sala.

-Eran hermosas entonces.- Susurró ella, adivinando lo que pensaba.- ¿Quieres saber qué
significan?

Asentí con la cabeza, otra vez, incapaz de sacar sonido alguno de mi garganta.

-Amor secreto.- Sonrió.- Son las favoritas de alguien a quién quiero mucho...
Dado el hecho de que no logré caminar a su ritmo tras oírla decir eso, ella aligeró su paso y
anduvo lentamente a mi lado, atenta a cada expresión que hacía:

-¿Te gustan las gardenias, Baekhyun-ah?- Ladeó la cabeza.

-Eh...- Sentí el sonrojo que me invadió la mejillas al decir aquello. Mi lengua se enredó sola y, una
vez más, asentí en silencio con la cabeza.

-¡Qué bueno!- Exclamó.- A lo mejor te regale un par después... ¿Sabías que mi familia maneja la
florería cerca de aquí?

-... ¿La que... está por el parque...?- Pregunté, sorprendido.- N-No sabía que...

-Sí. Somos fanáticos de las flores...- Llegamos a una antesala, pequeña y cómoda, iluminada
meramente por la luz del sol naciente que se filtraba entre los cortinajes. Ella me indicó
sentarme en un sofá pequeño frente al suyo y la vi caminar hacia la que supuse, era su cocina.
Salió de la habitación con una taza de café y me la sirvió delante, incitándome a beberla.

Miré la bebida y no pude sino extrañarme al notarla.

Era raro.

Nadie más que Kyungsoo (y tal vez Jongin), sabían que me gustaba solo tres cuartos de café
negro, mezclado con leche fresca y bastante espuma. La miré a ella, con toda la pregunta escrita
en mi cara y solo se encogió de hombros:

-Ya sabía lo que te gustaba.- Fue todo lo que contestó.


Mientras me bebía el café con cierto recelo, Yura no me quitó el ojo de encima y no podía evitar
ponerme nervioso debido a ello.

-¿Pasa... algo malo?- Le pregunté una vez hube bajado la taza hasta mi regazo. Ella ladeó la
cabeza y sonrió con dulzura, negando la afirmación.- Entonces... ¿por qué me mira tanto?

-Es solo que...- Empezó, relajando el ceño en su rostro.- De verdad eres precioso...- Al oírla, un
irremediable sonrojo me invadió en toda la cara.- No había tenido nunca la oportunidad de verlo
de primera mano pero... realmente eres guapo.

-N-no creo...- Murmuré, no logrando contener el temblor de mi voz al responder.- No soy tan...
Bueno...

-Creo que un poco de maquillaje en los ojos te quedaría de maravilla, aún más si es posible.- Me
interrumpió.- ¿Nunca te has delineado los ojos, Baekhyun-ah?

-N-no que yo recuerde...- Susurré, bajando la cabeza.

-¡Oh, que no te de pena!- Exclamó ella, casi riéndose de seguro.- Eres muy apuesto, ¿tus amigos
no te lo dicen...?

-Yo no tengo... amigos, realmente.- Wow. Eso sonó más triste de lo que hubiese creído en mi
cabeza.

-Bueno... ¿y tu novia?- Ladeó la cabeza, ahora borrando la sonrisa de su expresión.

-No tengo tampoco.- Me encogí de hombros, sonriéndole también.- A decir verdad... Nunca he
tenido una...- Predije entonces lo que iba a preguntar y, riéndome entre dientes para ahogar un
suspiro, continué:- Tampoco he tenido nunca un novio, por si querías saber.

-Ah, pero sí has estado enamorado...- Prosiguió, recuperando una suave sonrisa.

-...Hm.- Asentí, bajando la cabeza y esforzándome por sonreír. Después de unos segundos en
silencio, Yura se levantó del pequeño sillón y con un gesto de su cabeza, me indicó que la
siguiera. Dejé la taza, ahora vacía, sobre la mesita de centro y continué no sin antes echarle una
última mirada a las flores sobre la mesa.

A las mustias gardenias cuyos pétalos se mecían con el viento.

***

-Cuándo era niña, Baekhyun-ah, tendía a mezclar mucho la realidad con la fantasía. Mi caso era
inicialmente preocupante para mis padres mas se dieron cuenta de que lo mío era una nimiedad,
cuándo el que de verdad tenía un problema, era mi hermano.

>> Le diagnosticaron una “Personalidad tendente a la fantasía”, que, para dejarme entender, es
cómo una esquizofrenia minúscula y por mucho, no tan grave. Se creyó durante su infancia, que
su caso sería pasajero y que, con la edad, él lograría superarlo; ya que esto tiende a ocurrir
mucho en los niños. Sin embargo, mi hermano creció manteniendo su carácter pueril e ingenuo
siendo incluso ya un joven y nos dimos cuenta de que lo suyo jamás pasaría.

>> Aquello no era algo realmente grave y, pese a que a veces nos sorprendía y nos preocupaba
su punto de vista sobre el mundo, él no era alguien malo. Era inocente y candoroso, lleno de
ideas alegres y risueñas con las que pudiera pintar el mundo... Mi hermano era un auténtico
niño, encerrado en el cuerpo de un muchacho.

>> Era de esperarse que fuésemos todos increíblemente sobreprotectores con él. Lo
manteníamos alejado de muchas cosas y, por el mismo motivo, no llevaba una vida social muy
amplia. Le decíamos que... después de clases, tenía que ayudar con la florería y ¡vaya que él se lo
creía! El trabajo podrían haberlo llevado mis padres fácilmente, mas con tal de mantenerlo
ocupado, hubimos de engañarlo. Todo iba de maravilla entonces para nosotros. Él seguía
sonriendo, seguía jugando, seguía saltando y riendo por doquier... Pero eso no podía durar para
siempre.

>> Llegó un día acalorado, preocupado y, cosa extraña, sin mostrar sonrisa alguna. Se veía
nervioso y apurado, casi frenético. Cuándo entré a su habitación para tratar de conversar con él y
saber el motivo de su desasosiego, lo encontré llorando sobre su cama, abrazándose a su
almohada.

-“¿Por qué me estoy sintiendo así, noona...?”- Preguntó, sonrojándose dulcemente.-“Me duele
el pecho cuándo lo veo y siempre siento que me late más rápido el corazón de lo normal si está
cerca mas nunca me había sentido así antes. Pero hoy... hoy lo vi triste. Hoy lo vi llorar, noona...
Me dolió. Me dolió tanto verlo así y no saber cómo lograr sacarle una sonrisa...”

-“Pero hermanito...”- Murmuré, acariciando sus cabellos, los cuáles le caían desordenadamente
sobre la frente.- “Tú no tienes que sentirte mal por él...”

-“Me duele, noona...”- Lloró, acercando su cabeza hasta mi pecho.- “Me duele tanto haberlo
visto llorar... y no haber... podido alegrarlo.”

-“Bueno, cuándo nos duele algo por otra persona...”- Le contesté, sin ser consciente de lo que
estaba diciéndole.- “Suele ser porque queremos a esa persona.”

-“¿Querer?”- Me interrogó, abriéndome los ojos con sorpresa.- “¿Cómo... querer de querer?”
-“¿De qué otra forma sino?”- Sonreí.- “Si me pasara algo malo y me vieras llorar, ¿te sentirías mal
por mí?”- Asintió con su cabeza, reprimiendo sus sollozos.- “¿Y por mis papás?”- Hizo el mismo
gesto.- “Pero, jamás has llorado así por nosotros, hermanito... ¿Entiendes porqué?”

-“¿Puedo... quererlo?”- Preguntó, confundido.- “¿Cómo a ti y a mis papás?”

-“No. Tú nos quieres de otra forma y de otra forma lo quieres a él...”- Respondí, suspirando. Él se
limitó a parpadear tras el descubrimiento y lo vi poco después, esbozar una sonrisa pequeña y
radiante.

>> Mi hermanito se había enamorado.

>> Pasaba el tiempo y fue imposible evitar que mis padres no lo notaran. Mi hermano andaba en
las nubes, con su foto siempre en la billetera y una sonrisa patética e inocua, cómo todos los
enamorados. Otro cualquier chico de su edad, y en su caso, se volvía reticente y avaro respecto
al tema, pero él no. Todo lo contrario, a mi hermano teníamos que cerrarle la boca a veces para
que no hablara demasiado acerca de lo mucho que le gustaba este chico y acerca de todo lo que
sabía de él. Jamás supimos cómo se entero tantas cosas acerca de él, mas mientras no hubiera
una orden de alejamiento de por medio, creíamos que todo andaba bien.

>> Sin embargo los días pasaban y, con ellos, el amor de mi hermano se iba acrecentando pese a
que el otro chico nunca le había dado esperanzas. Mi hermano nunca fue capaz de decirle lo
muy enamorado que estaba de él, porque sabía a lo que se atenía confesándose. Él sabía los
problemas que tenía y lo difícil que era tratar consigo cuándo se trataba de extraños, así que mi
hermano jamás se declaró y con la partida del muchacho, tras acabar la escuela, él simplemente
murió en vida.

>> Mi hogar se volvió entonces, una cueva vacía y sin alegría. La que alguna vez fuera La Granja
de los Tordos, ahora no era más que Cumbres Borrascosas y todo debido a que la sonrisa de mi
hermano había desaparecido. No había forma de lograr hacerlo feliz y nada de lo que dijésemos
e hiciésemos, le levantaba el ánimo. Mis padres tomaron la resolución entonces, de llevarlo con
un especialista y hacerlo tratar para que lograra superar la profunda depresión en la que estaba
inmerso.
>> Y ahí fue dónde todo empeoró.

>> Has de haber oído acerca de la trágica noticia en la que una van chocó con un camión
conducido a alta velocidad, dónde murieron casi todos los integrantes del aparatoso choque, a
excepción de un muchacho gravemente herido. Dicho muchacho fue llevado a un hospital dónde
se complicó su caso y entró en un estado de coma en el que ya lleva casi dos años.

>> Aquel muchacho, es mi hermano.

>> Pasó mucho tiempo antes de que yo misma fuera capaz de superar mi propia depresión y
lograra sobreponerme gracias a la escritura. Empecé a escribir la serie de: “El Heroico Caballero”
y con el dinero inicial que gané gracias a las promociones de la primera novela, logré trasladar
todo el equipo necesario a mi casa, para así ser yo misma la que cuidase de mi hermanito.
Conocí al que ahora es mi esposo poco después y puedo decir ahora lo casi feliz que he vuelto a
ser...

Se dio media vuelta y sonrió amargamente al mirarme.

-No tienes que estar triste por mí, Baekhyun-ah. Tú también has tenido momentos muy duros,
estoy segura.

Siendo incapaz de contestarle, asentí únicamente con la cabeza, de nuevo en silencio.

Sin embargo, era realmente triste.

-Eres realmente puro, Baekhyun-ah.- La miré a los ojos, percibiendo toda la calidez que manaba
su figura. Yura llevó una mano hasta mi mejilla y la acarició, suspirando.- Quisiera... mostrarte
algo.- Murmuró después, soltándome para dirigirse hacia una de las habitaciones.

Me acerqué la diferencia de pasos que nos separaban y nos detuvimos frente a una puerta alta
de madera. El pasadizo de aquella estancia en el segundo piso, era bastante amplio y alargado...
Podía imaginármelo rodeado de flores en sus mejores años y aquella idea, de pronto, me logró
sacar una triste sonrisa.

El chirrido de la puerta abriéndose me trajo de vuelta a la realidad.

La luz fulgente del sol entrando de lleno por la ventana, me dio en los ojos y me cegó. Hube de
juntar mis párpados antes de cubrirme tras hacer una sombrilla artificial con el dorso de mi
mano y poder abrir los llorosos ojos de nuevo, pese a que todo lo veía aún borroso.

Lo primero sobre lo que mis ojos se detuvieron cuándo logré discernir bien las imágenes, fue
sobre el mural amplio del Rey Arturo, sentado magníficamente con su estupenda armadura en
uno de los asientos de la Mesa Redonda. Lentamente, mis ojos pasaron de su imagen adusta, a
la de El Cid y a su lado, había un cartel gigante con el reconocible contorno de Juana de Arco.
Junto a ella, sir Lanzarote, Ricardo I Corazón de León, sir Perceval y muchos otros caballeros
medievales...

Mi impresión por aquello me hizo retroceder en algún instante y no fui consciente de eso hasta
que choqué contra un escritorio del cuál, gracias al impacto, cayeron varios libros al suelo.

Sintiendo la mirada sorprendida de Yura sobre mí y soportando mi sonrojo tanto cómo podía,
me apuré en tomar los tomos del suelo mas, con medida que los iba viendo, me iba petrificando
lentamente.

Todos, todos y cada uno de ellos, eran novelas sobre la época medieval. Para ser más exacto,
“novelas de caballería”.

-“...Amadis de Gaula, Espejo de príncipes y caballeros, Las sergas de Espladián, Claribalte...”- Uno
a uno, iba leyendo los títulos de las obras que levantaba. Al final, acomodándolas de nuevo
sobre el escritorio, tuve un escalofrío.

Un potente escalofrío.

-Baekhyun-ah.- Me llamó Yura. Sabía que estaba en la habitación, mas mi cabeza no concebía la
idea de darme media vuelta y encararla.

-Son novelas de... caballería.- Suspiré, aún con los ojos fijos en ellas. Detrás de aquel montón,
había muchas otras filas apiladas de libros empolvados, todos sin haber percibido el paso de los
años.

Tomé una de ellas, la primera y la cuál lucía mucho más gastada que las demás. Repasé sus
páginas con mi pulgar y mientras que una invisible capa de polvo me rodeaba, de entre las hojas,
cayó un pequeño papel. Iba a agacharme a recogerlo cuándo Yura habló de nuevo:

-Sí, Baekhyun-ah.- Afirmó ella, todavía con aquella voz calmada, dulce y apacible.- Mi hermano...
él amaba todo lo que tuviera que ver con caballería. Estaba ilusionado con ello.

Me volví a mirarla entonces, ella todavía seguía bajo el marco de la puerta.

...

Con los ojos incrustados de lágrimas que no se dejaban caer.


“¿Te ríes de mi secreto? ¿Por qué, por qué? ¡A mí me gusta!”

“Es raro... Los niños no sueñan con eso.”

“¿Cómo qué no? ¿Y qué soy entonces?”

“Eres... raro. Raro como tu secreto.”

-... ¿Qué?

“¿Un qué...?”

-Siempre soñó...- Empezó. De pronto, las lágrimas encontraron su camino y prosiguieron sobre
sus pálidas mejillas, impidiéndole continuar debido a los sollozos.

Me fui de golpe hacia el suelo, buscando el papel que se había salido antes de entre las páginas
amarillentas. Lo encontré al lado de una de las patas del escritorio y la tomé con premura,
levantándola y viéndola bajo los rayos del sol, agradeciendo el no haberme pegado en la cabeza
con toda la prisa que tenía.

“¡...Eso es imposible!”

-...Un...- Se me hizo un nudo en la garganta. Se me fue la sangre del rostro y sentí que la cabeza
me empezaba a dar vueltas cuándo, de pronto, una ventisca suave entró desde la ventana y me
acarició la nuca, relajando mi cuerpo. Por instinto, me di la vuelta y aclaré mi visión sobre la vista
que se me presentaba:

-...

“... ¡Yo quiero ser el más heroico caballero que haya existido...! ¡Y voy a lograrlo!”

Mis rodillas hicieron el amago de quebrarse una vez más y dejarme caer, mas no me lo permití.
Me arrastré hasta la cama alargada, acomodada al lado de la ventana y me detuve junto a la
máquina aledaña a ella, conectada. Se me nubló la vista debido al intenso mareo que me
sobrevino, mas lo detuve cuándo miré de nuevo el pequeño papel que portaba una desgastada
fotografía mía en mis años de escuela, como si pudiera colmarme de valentía solo viéndola, y me
dirigí después a la efigie detenida en el catre, al ente que respiraba al ritmo de los pitidos que
indicaban su regular pulso...
Ahí estaba... y ahora era real: su cabello castaño lacio, su cuerpo perfecto y alto, sus piernas
largas y fibrosas, su traje de dormir tan adorable, su mirada oculta... seguramente poderosa y
risueña bajo aquellas oscuras y largas pestañas pardas...

-Chanyeol.- Ahogué la palabra en mi garganta antes de sonreír con tristeza al tiempo que Yura
sollozaba con fuerza.- Chanyeol..., Chanyeol...- Repetía, ahogándome con la misma palabra una y
otra vez.

Había encontrado a mi heroico caballero.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Entonces, ésta era la verdadera historia:

Lee Chanyeol era un personaje basado idénticamente en el hermano de Yura, Park Chanyeol. Ella
lo había tomado como fuente de inspiración, junto a sus sueños e ideales, para hacer de él el
heroico caballero que su hermano siempre soñó.

El niño que yo conociera muchísimo tiempo atrás, por alguna travesura del destino, también era
Chanyeol. Algo dentro de mí, todavía me reclama el conocimiento de que yo sí lo reconocía, mas
me negaba a aceptarlo. Todo por miedo.

Era de esperarse que, siendo él tan tímido cómo lo describió Yura, yo no me diese cuenta de sus
sentimientos. Dicho sea de paso, Chanyeol fue siempre un año menor que yo y no había muchas
posibilidades de que yo consiguiera tratar con él muy a menudo.
Por ser quién ayudaba en la única florería cerca de mi casa y de mi escuela, fue también
Chanyeol quién puso aquella gardenia entre las irises blancas de Kyungsoo. Por estar aún triste,
atemorizado del futuro que me esperaba, no había logrado concentrarme en lo que me rodeaba
ese día de mi graduación y eso explica porque el recuerdo de Chanyeol, deseándome buena
suerte aquella tarde mientras un poderoso sonrojo le bordeaba las mejillas, no fue guardado de
manera segura en mi memoria.

Mentiría si dijera que no había notado su presencia antes, en la escuela. Realmente, siendo tan
alto, era imposible que no resaltara. Una que otra vez, me le habré quedando mirando sin
motivo alguno y menos habrán sido las ocasiones en que tuve la oportunidad de hablar
claramente con él. No es como si hubiésemos tenido una auténtica historia de amor juvenil
porque, cómo he contado antes, yo realmente no andaba con la cabeza metida en aquel asunto
y encontrar el amor era, cuándo menos, lo último que esperaba de la vida.

Los días que le sucedieron a aquel, me los pasé de corrido, cómo era de esperarse también, en la
habitación de Chanyeol.

Con medida que avanzaban los días, lo dificultoso ya no era renegar por quedarme en casa (tal y
cómo hacía antes), sino, renegar por salir apurado de ella, y llegar a la de Chanyeol. Kyungsoo
era especialmente paciente conmigo y mis nervios tocados, preguntándome siempre por si me
sentía lo suficientemente bien y sano cómo para darme el lujo de andar sobre exigiéndome. No
muy convencido la mayor parte del tiempo, él me dejaba desde muy temprano en la mañana y
pasaba a recogerme hasta entrada la noche.

He de decir que, de haber sido por mí, jamás hubiese encontrado las palabras que buscaba para
lograr pedirle a ella el permiso de visitar a su hermano, ya que toda la información me nublaba
el pensamiento coherente. Fue Yura la que, sin tantos contratiempos, me obsequió la idea cuál
opción y yo no pude hacer más que sonreírle con todo el agradecimiento que mi cuerpo era
capaz de reunir.
***

-... ¡A que no adivinas con quién te encontraste de pronto en décimo capítulo del libro...! Ah, no,
no, no. ¡Ahora tendrás que esperar porque continúe, sino, así no tiene sentido!

Yura me había sugerido, de manera bastante sutil, conversar y hablar con Chanyeol tanto cómo
mi fuerza me lo permitiera. Yo respondí con una sonrisa, puesto que aquella me parecía una
buena idea.

Mas la primera vez que lo tuve frente mío, lo único que atiné a hacer fue sonrojarme toda una
hora entera sin lograr hace entrar en funcionamiento a mis cuerdas vocales.

Su piel era pálida y enfermiza, factor propio de alguien que llevaba dos años en estado de coma.
También su figura, alargada y huesuda, lucía delicada y sumamente débil. Todo en él, mientras
más lo iba notando, denunciaba su fragilidad y su endeble presencia.

Cualquier otra persona hubiese pensado que él no se parecía realmente al heroico, fuerte y
vigoroso caballero que su hermana narraba. Cualquier otra persona se hubiera echado atrás
luego de observarlo detenidamente, tal y cómo yo lo hice todos los días que fui a verlo...

Pero yo no.

Yo no podía.
Aún con aquel quebradizo físico, él me seguía pareciendo el hombre más valiente del universo.
No había librado la más cruenta batalla y no había reñido una feroz lucha contra miles y miles de
enemigos; pero sí que había luchado una contienda mucho más poderosa e inigualable:

Él estaba combatiendo por su vida.

Y yo, perdidamente enamorado de él cómo lo estaba, no podía alejarme de su persona.

No podía dejar a mi Heroico Caballero, luchar solo.

***

-A ver... Para el cuarto libro, el amor de tu vida, osea yo, te lleva a un refugio contra el paso del
tiempo, en el cuál tendrás que permanecer durante los siguientes tres años y después, yo te
sacaré de ahí. Pero, ¿qué ocurrirá cuándo la guardia del rey Habileus, me secuestre antes de que
eso ocurra...? A ver, a ver, ¿qué crees que pase?... ¡Pues tendrás que esperar hasta el siguiente
tomo! ¡Jajaja...!

Era de suponerse que, con el tiempo caminando y estando yo acostumbrado a hablar solo cuál
monólogo, perdiera la vergüenza frente a Chanyeol. Incluso, para dar un ejemplo a mi
atrevimiento, una de las primeras veces tuve la audacia de acercarme al rostro de Chanyeol al
momento de despedirme y tiñendo mis mejillas de escarlata, le di un beso en la comisura de sus
labios que me dejó la acostumbrada sonrisa de oreja a oreja que te hacía ver como un idiota.

Kyungsoo no pasó ello por desapercibido una vez que íbamos de regreso a casa. Él pudo haber
fingido que todo andaba bien conmigo, que me encontraba feliz solo porque todavía había sol
brillando pese a que estábamos cerca del invierno...

Pero no.

Él tuvo que sacarme en cara mi osadía y reírse después de mi bochorno.

Cuándo mis días transcurrían únicamente entre las páginas de algún libro, solía tenerle miedo al
tiempo.

Me sobrecogía escuchar el sonido de los manubrios del reloj señalándome los segundos que
perdía, las semanas que vivía del mismo modo, los meses monótonos que suponían mi motivo
de existir...

El tiempo era, y siempre había sido, mi mayor miedo: Porque me recordaba el futuro atroz que
me deparaba y el pasado cruel que sobrecargaba.

El día que Chanyeol oyó mi mayor secreto, el cuál era aquel profundo pavor, él se limitó a
parpadear con sorpresa y verme confundido. Hizo un puchero con los labios y, suspirando, me
sonrió con dulzura mientras me murmuraba:
-¿Por qué le tienes miedo a algo que siempre ha sido igual y que nunca va a cambiar?

Yo realmente no supe la forma de responderle luego. Me había dejado sin palabras.

Para alguien que tenía la mente llena de juegos, colores, vida y diversión, el tiempo resultaba
una tontería que siempre andaba tras nuestro, siempre exigiendo algo, siempre otorgando algo.
Chanyeol se pasaba los días con una nueva idea sobre cómo vivir y eso explica porque realmente
no le importaba lo que pasó antes o lo que pasaría después.

Él solo tenía cabeza para el presente..., por no decir que solo le importaba saber qué comería
ese día.

Me gusta creer, incluso ahora, que fue gracias a Chanyeol que, cuándo pasaba el tiempo con él,
me olvidaba de los segundos, los minutos y las horas. No hablaba, no me miraba, ¡ni siquiera se
movía...!

Pero me bastaba tenerlo cerca para sentirme fortalecido. A su lado, podía hablar cualquier
disparate recién formado en mi cabeza y reírme de la misma tontería una y otra vez, sin temor a
que me juzguen.

...O, incluso, podía leerle mis novelas románticas cambiando los personajes por él y por mí,
mirándolo siempre solo con la idea de que, observarlo, era una de las mejores cosas que me
había pasado en la vida.
***

-¿...Qué?

Yura se levantó del sofá, tirando todo a su alrededor tras el rudo movimiento.

-Bueno... lo que quería decir cuándo empecé, es que creo que tal vez yo también tenga una
especie de esquizofrenia porque...

-Espera, espera, espera...- Me interrumpió, acercándose hasta mi lado y apoyándose en los


brazos del sillón en el que yo seguía sentado.- ¿Chanyeol... estuvo en tu casa?

Mi corazón pareció encogerse al escucharla.

Pese a que me hallaba casi acostumbrado a mi nueva rutina, todavía no podía olvidar el primer
suceso con el que había iniciado todo. La aparición física de Lee Chanyeol, en mi casa, aún me
producía una tristeza absoluta que mantenía escondida cuál secreto, puesto que no encontraba
motivo ahora de darle sentido. El verdadero Chanyeol yacía en su cama desde hacía dos años y
decidí entonces creer que todo lo que me había ocurrido ese día, fue obra de mi imaginación
excitada.

Sin embargo, a unas semanas de diciembre, se me ocurrió el contarle lo sucedido a Yura, puesto
que ella había sido tan sincera conmigo. Nos sentamos en la misma antesala pequeña a un lado
de la cocina y, mientras bebíamos el café que ella había preparado, habiéndome confesado
previamente que ese conocimiento era parte de las cosas que Chanyeol sabía de mí y recitaba a
diario, le conté lo que había ocurrido aquel día.

Y ella, en reacción, se quedó lívida de espanto.

Primero, empezó a reírse. Reía, se carcajeaba, lloraba con regocijo. Después, cambió su
expresión por una preocupada, casi frenética e histérica. Luego, se quedó simplemente quieta,
tensa, buscando en silencio aire con el cuál lograr seguir respirando...

Finalmente, heme aquí: sentado frente a ella mientras se levantaba y tiraba todo a su alrededor,
mirándome con el mismo recelo que si me tratara del Santo Grial.

-¿Chanyeol... estuvo en tu casa?

-¿Más o menos...?- Contesté con un murmullo entre dientes.

-Baekhyun...

-¿Qué quieres que te responda, Yura...?- Me encogí de hombros.- Pasó hace semanas. ¡Incluso
tengo vanos recuerdos de entonces...!- Lo cuál era una burda mentira, ya que tenía todo
fielmente guardado en mi cabeza.

-D-Dices que...- Tragó saliva ruidosamente, todavía mirándome de forma espeluznante.-...


¿Armadura?- Interrogó, tensando su mentón.- ¿...Tenía una... armadura?

-Le dije que se la sacara- respondí en mi defensa, bajando la vista hacia mi regazo- pero... dijo
que no podía y ya.
-T-Tiene... Tiene que ser una broma.- Musitó, volviendo a sentarse.- ¿Es una broma, no?

-¿Por qué bromearía con eso?- Rezongué, rodando los ojos por el techo, ocultando lo más que
podía, la inmensa congoja que sentía al sacar de nuevo el tema a colación.

-...Baekhyun- me llamó. Se había estirado sobre la pequeña mesita y me había cogido de la


mano.- Baekhyun, ¿recuerdas...? ¿Recuerdas la primera vez que nos conocimos?

-Sí, ¿por qué?

-Jongin-ssi te dijo... te comentó, sobre mi libro... ¿Lo recuerdas también? Mi nuevo libro...

-Tu nuevo...- Y al tiempo que repetía las palabras, mi cabeza rememoró el instante en que se
anunció que Yura planeaba continuar la saga de: “El Heroico Caballero”.

...

...¿Cómo podría haberlo olvidado?

Asentí con la cabeza en respuesta, esperando porque ella continuara.

“Para mí, Baekhyun-ah, la felicidad es una enfermedad intensa. Una sensación que viene rápido,
dura poco y evoca, en los instantes más duros de la vida, que vale la pena vivir.”
-No puedo...- Susurró entonces, casi cómo diciéndoselo a sí misma.- No puedo, tienes que venir
a verlo.- Y halándome hacia sí, me obligó a levantarme también del sofá, casi botando mi taza
con café, al igual que ella.- Ven, ven, ven... Tienes que... Oh no, ven, ven...

Aún sujetando mi muñeca, Yura empezó a arrastrarme por la antesala hacia la misma sala; mas
tuvo que detenerse de vez en cuándo, puesto que me resultaba agotador seguirle el ritmo sin
ahogarme. Después, me guió por las escaleras hasta llegar al pasadizo del segundo piso, dónde
anduvo sin miramientos ni rodeos, hasta el cuarto de trabajo de su esposo, que estaba al final
del mismo...

O bueno, del que yo creía que era de su esposo...

La habitación era amplia y alumbrada, iluminada gracias a la inmensa y abierta ventana de la


parte trasera de la casa. Había varias cajas apiladas y vacías en una esquina y diversos papeles
con bocetos a carboncillo, al igual que un grupo de fotos, todos dispersos sobre el suelo.

Aprovechando que Yura me soltó para acercarse al enorme y moderno ordenador que tenía una
pantalla sobre la pared y un escritorio móvil, me agaché sobre el piso y empecé a recolectar las
hojas caídas. Llevé mi vista sobre cada uno de ellas y me sorprendí al acto:

Eran dibujos de Chanyeol.

Había retratos suyos de su primer plano, echado sobre la cama mas con los ojos abiertos.
También había dibujos aleatorios de armaduras medievales, jubones, zapatos, cascos. Algunas
fotos con él mucho más joven y vigoroso; usando uniforme, en ropa casual e incluso en pijama.
Imágenes de su rostro con una expresión confundida, amargada, seria, asustada, fiera,
imperturbable...
Y feliz.

Los que más abundaban, eran los dibujos y algunas fotos con él sonriendo. De él con aquella
preciosa expresión sobre sus rasgos...

Tomé en mi mano derecha uno de los bocetos; en la izquierda, sostuve una de sus fotografías.

Y hallé algo que no cuadraba.

-Estos dibujos...- Murmuré, creyendo que tal vez Yura me oiría.- Les falta algo.

Dejé de escuchar los click y put, que sonaban del mouse y el teclado. Ahogué un largo suspiro sin
dejar de observar la sonrisa dibujada en el rostro de Chanyeol.

-Cuándo él sonríe...- Empecé, volviendo a revivir el momento en el que me levantó por primera
vez en sus brazos, conmigo pataleando mi sonrojo y él riéndose.

Riéndose.

-...cuándo él sonríe, se ve tonto.- Bufé entre dientes al decir eso.- Su sonrisa es... extraña y torpe

-...

-Pero también...- suspiré, mirando ahora las fotografías.- Es dulce y sincera...

Cómo él y su idiotez.
-Baek.- Me susurró Yura al rato. Solo después de oírla, noté que había estado bastante rato
agachado sobre su suelo..., sonriéndole a sus bocetos.

-Eh... L-Lo siento.- Me sonrojé, tomando todos los papeles y alineándolos, levantándome y
caminando hacia su escritorio, con la cabeza baja todo el instante para evitar que ella me viera
sonrojado.

-¿Sabes?, tienes que dejar esa manía tuya de estar disculpándote por todo...- Me sonrió ella con
dulzura.- Siéntate aquí.- Me señaló la silla de su escritorio. No le discutí aquello y me acomodé,
con ella a mi lado. Al sentarme, observé que en la pantalla, estaba abierto un archivo con el
nombre de: <M.H.K.6.>

No tenía que ser un genio para adivinar que era la continuación de la saga de “El Heroico
Caballero”...

-Yura, ¿por qué...?

-Quiero que lo leas.- Me interrumpió, fijando sus ojos en los míos, filtrando en mí toda su
seriedad.

-¿A-Ahora...?

-Ahora.

No entendía el motivo de su determinación; pero Yura estaba empeñada en que lo leyera y yo no


era quién para negarme a mi escritora favorita.

Me explicó que el manuscrito todavía no estaba acabado y que no tenía todas las correcciones
debidas. Con medida que yo iba leyendo, le iba encontrando cada vez menos, y menos sentido, a
lo que me había dicho. La esencia de todos sus otros libros anteriores a éste, era la misma.
Conservaba la frescura y la originalidad propias de su trabajo, los factores más importantes en mi
criterio para, según yo, sentirme atraído por una lectura.

En el libro anterior, Lee Chanyeol había podido por fin casarse con la chica que era el amor de su
vida y yo supuse que ese era el final perfecto para toda su travesía. Sin embargo, éste nuevo
relato, iniciaba con un problema paralelo a su boda y eso, en un inicio, no resultaba maligno para
Chanyeol. Con el transcurso de la historia, él terminaba inmiscuyéndose en dicho problema, lo
cuál acabó por consumirlo y envenenarlo físicamente. Chanyeol terminó en un estado
inconsciente debido a ello y yacía desde entonces desmayado, casi inerte.

Los días se volvieron semanas, las semanas, meses, y así fueron acumulándose las cuitas de la
esposa de Chanyeol, que siempre lo acompañaba y le hablaba, esperando porque su esposo se
recuperase y se levantase.

Sin embargo, pasó el tiempo y un año más tarde, él seguía sin dar más señales de vida que su
vaga respiración. La esposa de Chanyeol entró en depresión y dejó de sonreír por entonces. Se
volvió una persona frágil y debilitada, siempre triste y aterrorizada ante la idea de no volver a ver
a su esposo sonreír.

...

Seguía pasando el tiempo y su cordura iba despedazándose cada vez más y más. Poco le faltó
para perder por completo el juicio, cómo se esperaba en todo el pueblo... mas no lo perdió.

El crudo invierno se vio suspendido una vez, por unos poderosos rayos de sol. Nadie se esperó
dicho fenómeno climático y se sugirió el mal agüero que venía con extraños presagios. Sin
embargo, pese a todo lo que se dijo y se temió, nada ocurrió.

Por si aquel día fuese poco raro, también otro suceso conmocionó al pueblo:

El canto alegre proveniente de la casa de Chanyeol.


Al acercarse y preguntar por los esposos, la gente del poblado se sintió angustiada y
sorprendida, puesto que esperaban encontrarse al espectro andante en que se había mutado la
esposa de Chanyeol, y no la fuerte mujer que en otros tiempos fuera.

Su presencia volvía a ser enérgica y poderosa. Volvía a iluminar por dónde pisara y volvía a
alegrar el entorno solo con su sonrisa. Ella era otra vez la misma de antes y nadie lograba
explicarse el motivo de aquel extraño milagro.

Nadie lo sabía y nadie lo sabría tampoco.

Porque guardar el secreto, fue un pedido exclusivo de Chanyeol.

...

Lo que nadie entendería, sería que había sido su mismo esposo quién logro recomponerla.
Cuándo más necesitaba su presencia, cuándo más requería de su sonrisa, él había aparecido
ataviado en su fulgente armadura negra y la había abrazado con fuerza, la había besado con toda
la dulzura que guardaban sus labios y le había hecho pasar la mejor noche de toda su vida desde
que se habían casado.

Sin embargo, en algún momento durante esa parte del recuerdo, ella le pide a Chanyeol que se
quite la armadura, porque había de estar incómodo con ella, mas él no le hace caso. Ella rogó
por una explicación y él primero trató de evitar dársela; pero su esposa era terca cuál burro de
carga y Chanyeol no tuvo más remedio que contarle, con una inexplicable tristeza, que él, real,
realmente, no se encontraba allí.

...
-¿...Qué?- Al leer esa parte, me volví hacia Yura, quién había seguido tras mío todo el rato, en
silencio.- ¿Cómo que...?

-¡Shhht! ¡Sigue leyendo!- Exclamó, prendiendo el último cigarrillo de una cajetilla escondida en
uno de los cajones aledaños del escritorio. Rodé los ojos al verla y ella me enarcó una ceja:-
¿Qué...? Aish, sí, sí, éste es el último...

-Yura...- Sonreí, mostrando la palma de mi mano. Ella resopló, exasperada, y se sacó la colilla de
la boca, dejándola conmigo.- Eso, buena niña. Tienes que dejar de fumar tanto, ¿lo sabes, no?

-Sí, sí.- Bufó.- ¿Sabes conseguir lo que quieres, verdad?- Preguntó, viéndome botar el cigarro en
la papelera.

-No todo.- Suspiré, volviendo mi cabeza hacia la pantalla. Tomé mucho aire antes de exhalarlo
lentamente y seguir leyendo, ocultando los sentimientos encontrados que tenía con medida que
avanzaba.

El problema de Chanyeol era un caso llamado: “Bilocación”.

Tal y cómo su nombre lo explicaba, era el suceso en el que una persona u objeto, podía estar en
dos lugares distintos al mismo tiempo, aludiendo que podía interactuarse de forma casi natural
con el entorno, lograr experimentar sensaciones comunes y manipular objetos físicos con una
extraña normalidad.

Sin embargo, esos eran caso extraordinarios. Lo más común era, en cualquier espacio, algo como
lo que le ocurrió a Chanyeol.
Todavía no se sabe si era obra del destino, de la magia, del milagro del amor, o del mismo Dios;
pero la cuestión con él era que podía estar despierto y podía vivir, mas no podía quitarse la
armadura ya que, dentro de él, no había realmente un cuerpo físico, sino más bien, una especie
de ilusión.

Él le imploró a su esposa que no dijera nada acerca de ello, ya que el suyo había sido un caso
extraño, permitido solo gracias a alguna fuerza mayor que buscó darle fuerzas a ella para evitar
que se consumiera, que se rindiera.

Antes de que el sol pintase el cielo con las primeras horas de la mañana, Chanyeol besó una
última vez a su esposa, antes de prometerle que volvería. Jurarle que lograría despertar...

Afirmando que estarían, ahora sí, juntos por el resto de la eternidad.

...

Confieso que no fui capaz de seguir leyendo lo que continuaba. Eran unas pocas páginas más y,
sin embargo, ya no las leí.

Estaba consternado.

El apretón que Yura me dio en el hombro me hizo recordar su presencia. Ella giró el asiento en el
que estaba acomodado y me rodeó con sus brazos en silencio, acariciando mi cabeza.

-Lo siento.- Murmuró en algún instante ella, consolándome.


“¿Qué sientes?”

-¿Qué sientes...?- Le pregunté entonces, sintiendo como ella se tensaba al oírme.

-¿Qué?

“¿Qué es lo que sientes?”

-¿Qué es lo que sientes?- Repetí. Yura me alejó un poco de sí para verme mejor y clavar sus ojos
sorprendidos en los míos.

-Baek, eso...

-Sí.- Asentí con la cabeza un poco. Sonreía levemente mientras recordaba...

“-Es... solo una expresión”.

“De dónde vengo, no se dice lo que no se siente.”


-Chanyeol...- Yura bajó levemente la vista. La observé luchar contra su tristeza durante un buen
rato, antes de que por fin continuara con otro susurro:- ...Chanyeol siempre decía eso.

Yura sonrió amargamente antes de ponerse de pie y ofrecerme su mano para ayudarme. Se
dirigió de nuevo hacia el ordenador y lo apagó mucho más rápido de lo que lo encendió. Caminó
de nuevo junto conmigo hasta el pasadizo y cerró con llave la puerta del despacho tras suyo, sin
volver la vista hacia atrás.

Y yo, por alguna razón, la imité en ese aspecto.

***

Ya incluso desde antes que el libro fuera publicado, Yura había insistido en que la figura que
representaba a su personaje principal, fuera la de su hermano.

Muchos editores se opusieron rotundamente a usar la efigie de un enfermo. A pesar de que


todos estaban de acuerdo en que él era guapo y realmente atractivo, ninguno aceptaba el
tenerlo a él como modelo de portada, cuándo podrían elegir a otro cualquier muchacho de la
calle, por así decir.

Pero Yura estaba obstinada en que no fuera alguien sino Chanyeol. Tuvo varias discusiones como
consecuencia y eso conllevó a que muchas editoriales, durante mucho tiempo, pasaran de
publicarle algo a tan terca escritora. Sin embargo, hubo un día, en que una editorial se interesó
por el pedido de Yura. Le pidieron una explicación a su recado y ella, gustosa, les explicó el
motivo tras su deseo.
...

17 días después, una decena de retratistas dibujaban expresiones y rasgos teniendo en base el
cuerpo inerte de Chanyeol, ya que de ahí obtendrían el retrato perfecto para la portada del
primer libro. Todos eran lo suficientemente buenos como para haber perfeccionado su rostro
enojado, pensativo, serio, asustado, confundido, avergonzado...

Pero ninguno logró plasmar su felicidad.

Ninguno de ellos fue capaz de estampar la sonrisa extraña y torpe de Chanyeol. Aquel era un
gesto tan simple y tan inocuo...

Tan bello y tan perfecto al mismo tiempo.

Siempre me pregunté porqué ninguna de las portadas llevaba plasmada la sonrisa de Chanyeol.
Incluso después, cuándo lo encontré aquella noche en mi casa, pensé que pasar de lado esa
expresión suya era un pecado. Aunque, después de la mañana en que Yura me mostró el archivo
de su más reciente libro, comprendí porqué no habían puesto a Chanyeol sonriendo en las tapas
de los mismos.

...Comprendí que su sonrisa simple y llana, era demasiado complicada y dificultosa de imitar.

Era inigualable.

***
-No Baekhyun. No puedo entenderlo... -Yura se levantó del sillón en el que estaba sentada, al
lado de la cama de Chanyeol, y lo fulminó con la mirada.- ¡Yah, tú, odioso...!

-Yura...- Murmuré, susurrando levemente.

-¡Es que es tan... arg!- Estaba frustrada, confundida..., asustada.

Yura no acababa de creerse lo que había ocurrido. Incluso llamó a Kyungsoo para preguntarle si
todo era real y, aunque él no entendió gran parte de lo que ella le contaba con tanta
irreverencia, en pocas palabras, afirmó todo lo que yo había dicho.

-¿¡Cómo puedes estar tan tranquilo cuándo es muy probable que este bobo haya tenido una
especie de bilocación o algo por el estilo!?

-Yura, es tu hermano...

-¡Puede ser hasta el presidente, pero aún seguiría molesta!- Renegó ella. Parecía que en
cualquier momento, iba a salírsele humo por las orejas.- Normalmente, suelo venir y conversarle
a este tonto sobre lo que planeo hacer con el libro pero, que yo recuerde, no le dije lo que
pensaba hacer con éste último...- Llevó sus manos hasta su cabeza y empezó a hiperventilar,
refunfuñando una y otra vez que Chanyeol era un idiota que jamás comprendería, que era un
niño todavía, que era esto, que era aquello...

Me limitaba a escucharla con una sonrisa, con lejanía. Con los ojos puestos en la imagen pacífica
de su hermano. La voz de Yura me llegaba cuál murmullo decreciente cada vez más y más y, de
pronto, todo parecía encajar silenciosamente cuándo lo observaba a él por entero.
¿Qué habría querido él decirme apareciendo de esa forma...? Si no me hubiese desmayado,
probablemente hubiéramos seguido conversando hasta el amanecer, dónde él, muy por seguro,
me hubiese dicho lo mismo que a su esposa en la historia.

Prometiéndome que lograría despertar, que lograría vivir conmigo para siempre...

...

Para siempre.

-------------------------------------------------------------------------------------

***

Yura no hubiese terminado de escribir su última novela de no ser por el hecho de que Chanyeol
la atormentaba.

Y sí. Chanyeol, en sueños, la atormentaba.

Tuve que quedarme varias noches en su casa, en vela, tratando de calmarla, ya que no podía
dormir. Solía balbucear que Chanyeol quería que escribiera el libro, que Chanyeol insistía en que
lo terminase pronto.

Me preocupó que acaso se hubiese vuelto de pronto esquizofrénica, porque parecía incluso, a
veces, hablar con él.
Cuándo lograba dormir, se despertaba sobresaltada, casi frenética, buscando su despacho para
entrar y escribir tanto como se lo permitiera su salud. Su esposo y yo nos turnábamos el cuidarla
para que no se cayera mientras bajaba las escaleras, podaba el césped o se quemara cocinando.
Todo ese tiempo, ella estuvo a un hilo de perder la cordura.

Mentiría si dijera que no le creí. Lejos de todo, era el que estaba más que convencido de que
Chanyeol en serio estaba pidiéndole algo a su hermana, mas me parecía extraño que todo eso
tuviera que ver con el libro que ella escribía.

Cuándo estaba con él, le preguntaba muy a menudo porqué le hacía todo eso a Yura. Sabía que
no iba a responderme, pero no perdía algo intentando, ya que estaba seguro de que, mínimo,
me escuchaba.

Y de verdad creo que me escuchaba. Hubo una vez en que le dije a Chanyeol que su hermana
estaba muy cansada y que no podía dormir. La noche siguiente, para sorpresa de todos, ella
durmió pacíficamente cuál bebé y así fue durante el par de días siguientes, en los que acabó de
escribir por fin su libro.

Cuándo terminó de corregirlo, le pregunté qué era lo que soñaba que la hacía escribir con tanto
ahínco. Ella se limitó a suspirar y sonreír con cansancio mientras me negaba con la cabeza,
repitiendo lo mismo que diría una y otra vez, cada vez que interrogara por lo mismo:

“Cuándo Chanyeol despierte, él se encargará de decírtelo.”

***
-¿...Qué?

-¿Pasa algo?

Yura pareció haber recibido un golpe cuándo la observé. Lucía desesperanzada y triste mas
trataba de contrarrestarlo con una sonrisa ligera sobre los labios.

-Ok. Gracias Jongin. Hm, sí, yo entiendo. Saludos a Kyungsoo. Hasta luego.- Bajó el teléfono y
colgó la llamada con un suspiro profundo. Me acerqué hasta ella lentamente y, al sentir mi mano
sobre su hombro, tembló un poco. Volteó a verme con sorpresa y de nuevo suspiró, ahora
alargando la sonrisa en su rostro.- Me asustaste, Baek.

-¿Por qué la sonrisa falsa?- Yura me miró atentamente antes de, ahora sí, sonreír con ironía.

-Tengo que viajar a las afueras de Seúl mañana, por las ventas del nuevo libro...- Contestó. De
pronto, enarcó una ceja y, tratando de cambiarme el tema, preguntó:- ¿Bajaste las escaleras tú
solo?

-Me hace bien el estar rodeado de plantas.- Me encogí de hombros, contento conmigo mismo.-
No trates de esquivar lo de antes, Yura.

-No lo esquivo...

-¿Qué no es algo bueno el que tu libro salga tan pronto a la venta? Eso quiere decir que tiene
mucha anticipación. Además, que sea en las afueras, es porque te estás haciendo más famosa...

-Lo sé, lo sé... Es solo que...- Y mordió su labio inferior, apretando el ceño. Suspiró una vez más
antes de murmurar:- Pasado mañana es 27.
-Sí, lo sé.- Sonreí.- Tengo mi propio calendario.

Yura relajó su expresión al oírme, pero siguió susurrando con el dejo de tristeza:

-Pasado mañana es el cumpleaños de Chanyeol.

-¿...Qué?

Ah. Ahora lo entendía todo...

-¿27 de... noviembre?- Me salió un hilo de voz al hablar.

-Hm.- Asintió ella.- Suelo pasarlo con él ese día.

-¿Por el viaje?

-Viajo el 26 en la noche, el día siguiente habrá una firma de autógrafos. Aparentemente, ya están
haciendo cola en las librerías para comprar el libro...- Refunfuñó, exhalando.- No me
malentiendas, amo a mis lectores... Pero pasado mañana es un día demasiado especial... Podré
estar en la noche, pero no es lo mismo.

-Yo te entiendo.- Contesté, pasando uno de mis brazos por su hombro.- Después de todo, si
pudiera, también sería uno de los que hiciera cola por comprar el libro...

-Ay, Baekhyun...- Negó ella. Volvimos sobre mis pasos para ir de nuevo a la habitación de su
hermano cuándo, de repente, se me ocurrió preguntarle:
-Y... ¿cómo sueles celebrar ese día?

Yura se detuvo en pleno escalón. Volvió su vista hacia mí y, sonriendo con ternura, contesto:

-Cómo siempre se lo he celebrado.

Desde niño, Chanyeol vivía su cumpleaños al aire libre. Le gustaba jugar en el jardín mientras las
aves trinaban a su alrededor, sus amigos reían con él y comían más tarde un riquísimo pastel
casero hecho por su madre.

A partir del día del accidente, Yura fue la que se encargó de celebrar el día de la misma forma, así
Chanyeol no pudiera sonreír cómo cuándo era niño. Abría las ventanas con vista al jardín y
llenaba su habitación de flores. Recordaba con tristeza los postres que hacía su madre y, no
teniendo el mismo don culinario que ella, se limitaba a comprar su torta favorita en una de las
pastelerías más cercanas.

Sin embargo, antes de todo aquello, Yura cumplía con la tradición de su familia.

La noche antes de su cumpleaños, justo a la medianoche, ella le cantaba Feliz cumpleaños con
una pequeña tarta y le daba siempre un regalo. Se quedaba hasta las 2 ó 3 de la mañana con él,
conversando, riendo, recordando...

Debido a la firma de autógrafos, viajaría en la noche y no podría celebrar su cumpleaños.

Yura se sentía triste por eso. Nunca se había perdido un cumpleaños de su hermano y no quería
que este fuera el primero; menos si la situación estaba como ahora.
-Lo irá a pasar tan solo...- Susurró, suspirando cada vez con más frecuencia.- Jamás he dejado de
celebrárselo...

-Bueno...- Miré el techo, entrelazando mis dedos al tiempo que pestañeaba rápidamente.- S-Si
no te molesta... Y-yo...

-Ay Dios.- Me interrumpió ella, levantando el rostro y abriendo mucho los ojos.- Oh por Dios,
dime lo que creo que vas a decirme...

-P-Podría quedarme con K-Kyungsoo y...

-¡Baekhyun!- Chilló ella, sobresaltándome y asustándome. Se puso en pie de un salto y me


abrazó con fuerza, liberando todos los sollozos de alivio que yo sabía de antemano que estaba
reprimiendo.- ¡Baekhyun, Baekhyun, Baekhyun...! ¡Gracias, gracias...!

-Yura... aire... fuerte... muy fuerte...

-¡Gracias, gracias...!

-¡Yura...!

***
Kyungsoo sonrió con infinita ternura al momento de escuchar lo que pensaba hacer el día
siguiente. Parecía encantado con todo lo que le contaba y no dejaba de sonreírme ni un instante.
Me parecía extraño que me mirara con tanta comprensión y se lo pregunté. Él se limitó a
encogerse de hombros y contestar que me estaba perdiendo con mucha mayor rapidez de la que
él hubiera querido.

Jamás llegué a entender a qué se refería con eso.

El 26 en la tarde, Kyungsoo llegó dispuesto a ayudarnos a Yura y a mí, ya que ambos éramos un
desastre en la cocina. Sin embargo, para mi mala o buena suerte, él simplemente daba órdenes,
y nos dejaba a nosotros ser quiénes cocinaban.

En ese momento, me parecía increíble que él no estuviera cocinando. Kyungsoo sabía


perfectamente que lo único que lograba hacer en la misma era solo hervir el agua y, sin
embargo, ahí estaba yo entonces, batiendo huevos, leche y no sé qué otras cosas...

-Baja el ritmo de tu muñeca.- Me regañaba él, frunciendo el ceño.- Vas a hacer que tenga
grumos...

-Sí, su majestad.

-Y tú, Yura, deja de comerte las fresas.- Señaló después, sin volverse a mirarla siquiera. Yo si me
volví a verla y casi escupo de la risa al verla con una de las frutitas en la mano.
Luego de echar a perder un primer y fallido pastel, logramos hornear uno que se viera más o
menos decente. Kyungsoo decía que tenía mejor sabor del que hubiera esperado y eso a mí me
bastaba.

Yura se fue pasada las 8 de la noche. Con el corazón encogido y con lágrimas en los ojos. Su
vuelo salía a las 8:30 y ella estuvo retrasando el momento tanto cómo podía permitírselo el
tiempo. Antes de irse, entró a la habitación de Chanyeol y yo no me atreví a interrumpirla.

Se quedó allí dentro una hora entera y, cuándo salió, lucía mucho más tranquila que antes.

-Cuídate mucho, Baek... Y... a él también cuídamelo mucho, por favor.- Murmuró, abrazándome
en la puerta de su casa.- Ten cuidado...

-Descuida Yura, yo lo cuidaré a él y él cuidará a Chanyeol.- Contestó mi primo, calmándola. Ella


también se despidió de él y después de echarle una última vista a la casa, en especial a la
ventana de Chanyeol, se fue subiendo al taxi, dónde la esperaba su esposo.

-Kyungiie...

-Si te estás preocupando sobre el hecho de si voy a estar contigo al momento de entrar al cuarto
de Chanyeol, puedes estar tranquilo. No voy a hacerlo.- Me interrumpió, sonriendo aunque tenía
la vista clavada en la televisión.

Me sonrojé lo suficiente como para dejar en ridículo a un tomate y me fui refunfuñando hasta la
sala de la entrada. Una vez ahí, me senté en el pequeño sillón que estaba frente a la mesita y
observé con detenimiento las gardenias marchitas que seguían allí.
Cuándo le pregunté a Yura el porqué no las sacaba, ella respondió que esas fueron las últimas
flores que puso su hermano antes de irse con sus padres al accidente que cambiaría todo. Había
algo en ella que le prohibía acercarse siquiera y mucho menos, pensar en cambiarlas.

Uno de los pétalos revoloteó en el aire por la ventisca que entró de la ventana, haciéndolo flotar
sobre los sillones y deteniéndose por fin a unos pasos de dónde me encontraba.

Me levanté con cuidado y arrastré mis pies hasta el mismo. Lo tomé entre mis manos y acabé
sentado sobre el suelo, mirándolo minuciosamente.

-Así que Gardenias...- Murmuré, observando el color opaco del pétalo antes blanco.

¿Qué hubiera ocurrido si Chanyeol se me hubiese declarado aquel día, en mi graduación? ¿Lo
habría aceptado?

No podía negar que me atraía. Pero realmente, no lo conocía y teniendo en cuenta como era,
probablemente le hubiese rechazado.

Rechazado...

Dios Santo, lo habría rechazado...

Si solo mi partida lo puso así... ¿qué le pudo haber sucedido si yo le rompía el corazón?

Chanyeol era demasiado ingenuo, demasiado candoroso.


...

¿Cómo podría rechazarlo...?

Esto era tan irónico. Mi vida entera había de ser la sátira de algún espectro.

Era como si el destino supiera que, de alguna forma u otra, estaba atado a Chanyeol. Era él quién
antes sufría por mí y ahora, yo era quién no podría nunca sacárselo de la cabeza.

Yura también parece ser parte del juego. Ella, la escritora de la saga más famosa del momento.
Una serie de libros basados en el sueño de su hermano...

De no ser por esos libros, yo jamás habría vuelto a ver a Chanyeol.

...

Me pareció recordar entonces cuándo Lee Chanyeol me dijo que teníamos un lazo casi espiritual,
algo que nos mantenía unidos, pese a que prácticamente éramos extraños.

Entonces él tenía razón. Nosotros sí estábamos unidos por algún extraño azar del destino.

Yo, un enfermizo pesimista atemorizado de morir, temeroso del tiempo que perdía...

Y él.

Él, que siempre soñó con proteger princesas y luchar contra dragones. Él, que pudo fácilmente
haber sido el Quijote moderno...
Él, que siempre soñó con ser un gran caballero.

...

Para mí, lo era. Él era fuerte, luchador, amable, tierno, cariñoso, valiente y todo un guerrero.

El pétalo volvió a volar de mi mano, ahora meciéndose en el entorno junto a los demás.

...

Gracias a Dios que no se me declaró ese día, gracias a Dios. Me encantaría que lo hiciera ahora,
no lo negaré, aunque sé que no podría hacerlo de todos modos...

Pero eso estaba bien para mí. Porque ahora era yo quién debía proteger a mi caballero.

A mi heroico caballero.

***

-Hey...
La habitación estaba meramente iluminada por la luz de su lámpara, al lado de su cama. Caminé
hasta el asiento al lado de la misma y me senté tras apoyar el pastel que había hecho antes en la
butaca de enfrente.

Chanyeol lucía espléndido a mi parecer. Guardaba una expresión serena y adusta que marcaba lo
increíblemente bien parecido que era... ¡incluso parecía tener una leve sonrisa sobre los
labios...!

-¿Adivina qué? En unos minutos más va a ser tu cumpleaños...- Sonreí, mordiéndome el labio.

Las intermitentes notas de su pulso y su melódica respiración resultaron ser el único fondo
musical que teníamos. El sonido era tan absorbente que sentía que iba a estallar si seguía solo
guiándome por el compás que marcaban mis latidos. Incluso me sorprendía que él no se
levantara con el semejante estruendo producido por los bombeos de mi corazón...

-Ehm... ¿qué te parece si pongo algo de música?- Murmuré, poniéndome de pie mientras me
dirigía a coger mi teléfono encima de su buró.- A ver... No eres precisamente fan del rap pesado,
por lo que recuerdo.- Sonreí, volviéndome hacia él.- Así que te voy a hacer un favor.- Volqué mi
atención de nuevo en el celular, me dirigí a mi amplia biblioteca musical...

Y encontré lo que buscaba.

El tono de guitarra me puso aún más nervioso de lo que esperaba. Me dirigí de nuevo a la silla al
costado de su cama y acomodé el celular sobre su mesa de noche, solo oyendo ahora la voz de
Jason Mraz interpretando la canción que escuché hace tiempo...

Cuándo Lee Chanyeol estaba conmigo.

-¿Q-Quieres que abra un poco la ventana...? Hace algo de calor...- Y no mentía. Extrañamente,
me sentía arder en esa habitación. Después de acercarme a su ventana, volví a sentarme a su
lado, mordiéndome el labio.- ¿Sabes? Busqué... la letra. Quería saber qué era lo que decía la
canción y... me gustó. Una vez... o bueno, no estoy seguro de si fuiste tú realmente o fue el
personaje del libro de tu hermana, pero uno de ustedes me dijo que... solía oír ésta canción...
pensando en mí, más o menos...

Me volví hacia el reloj de mi teléfono y sonreí al notar que faltaba un minuto para el cumpleaños
de Chanyeol. Me acerqué al pastel que había acomodado también sobre su buró y acomodé en
un plato aparte, el pedazo que antes había cortado Kyungsoo. Le puse la vela encima y la
encendí.

Me acerqué de nuevo hasta mi heroico caballero y sonreí con ganas al observar cómo el “59” de
mi celular se volvía un “00”...

Esa fue la primera vez que me emocioné con el paso del tiempo.

-¡Feliz cumpleaños, Yeol!- Exclamé, riéndome de repente, aunque ni siquiera yo había planeado
ser tan feliz entonces...

Canté incluso para él la canción del: Feliz cumpleaños con una alegría impropia del momento. No
entendía porqué me encontraba tan sonriente mientras aplaudía tras acomodar la rebanada de
pastel sobre mi regazo y hasta aplaudía.

Pero entonces, llegó el momento de apagar la vela...

Y fue ahí cuándo mi sonrisa se curvó hacia el lado opuesto.


Ahí estábamos los dos: Yo cómo siempre, mirándolo y él, cómo siempre, sin moverse.

I won’t give up seguía sonando de fondo, matando el silencio que seguramente nos hubiese
envuelto de no ser por la dichosa canción.

La vela empezó a consumirse con medida que pasaban los segundos. Mi respiración era tan
queda que a duras penas y yo mismo me notaba inhalando y exhalando...

-Yo...- Miré el pastel sobre mi regazo.- No sé qué... hacer ahora.- Murmuré.

La canción sonó con más fuerza de pronto. No sé porqué eso me hizo pensar que iba a despertar
a “alguien” con el sonido tan alto y levanté la mano para coger el celular y bajarle el volumen.

Aunque no era como si, de pronto, él fuera a despertar mágicamente...

Un viento fuerte golpeó la ventana que había abierto entonces. Rodeó la flama sobre la vela y la
apagó rápidamente. El mismo aire que entró, acarició mis mejillas y limpió las nacientes lágrimas
que tenía en las comisuras de los ojos, sorprendiéndome hasta a mí mismo, puesto que no había
sentido ganas de llorar en lo más mínimo.

...

-... ¿Qué?- Jadeé, dejando el plato sobre el buró para cerrarla. Una vez lo hube hecho, me volví
hacia Chanyeol y le enarqué una ceja.- ¿T-Tú...?- No.

No, no, no, no, no, no, no, no. Tengo que estar demente.

Negué fuertemente con la cabeza mientras volvía a acercarme a él y ahora, me sentaba al borde
de su cama.
-...Mentiría si te dijera... que esto no me asusta.- Murmuré mirándolo con cierto escepticismo.-
Pero... mentiría también, si te dijera que desearía que tú no tengas algo que ver en esto.

Las luces de la lámpara a su lado le daban un aspecto mucho más serio a su rostro. Casi parecía,
desde mi ángulo, que estuviera frunciendo el ceño.

-¿En qué pensabas, Chanyeol...?- Dije, más para mí mismo que para él.- Me encantaría... saber
qué era lo que pensabas cuándo me veías. No sé... qué diablos habré hecho para haberte
gustado tanto. De verdad que no lo entiendo...

Tomé su mano entre la mía, acariciando sus huesudos nudillos con delicadeza.

-No sé si puedes oírme o no, pero planeo decir esto solo una vez...- Resoplé, sin levantar la vista
hacia él.- Yo... de verdad quiero que exista un nosotros. De verdad quiero creer que todo lo que
ha ocurrido... es porque tenía que ocurrir. Es bastante probable que, cuándo te levantes, yo no
represente lo que significaba para ti antes, teniendo en cuenta que he cambiado demasiado;
pero voy a ser egoísta y voy a estar detrás de ti, buscando que vuelvas a quererme cómo antes.

>> Voy a quedarme a tu lado, así tú ya no me quieras como antes. Voy a ayudarte a volver a
recuperar el movimiento en tu cuerpo, a volver a sentarte, a volver a ponerte de pie y caminar, a
volver a ser el alegre caballero que siempre fuiste...

Me eché a su lado, admirando su perfil sereno, taciturno. Seguí sujetando su mano con medida
que me acomodaba a su costado y, poco a poco, mirándolo atentamente todavía, fui sintiendo
unas intensas ganas de dormir:

-Buenas noches... mi heroico caballero.- Susurré suavemente, apretando sus dedos entre los
míos, sonriendo al notar que la canción de fondo se había estado repitiendo una y otra vez.
***

El pitido que había emitido mi celular por tener la batería baja, por fin había dejado de sonar.
Sonreí triunfante, puesto que no me había dejado dormir muy bien desde hacía un par de horas.

Pero mi triunfo no duró mucho, puesto que escuché el chirrido de la puerta abrirse y fruncí el
ceño, reconociendo el caminar sereno de Kyungsoo.

-Baek...- Bostezó. Ni fue necesario que continuara, puesto que me levanté antes siquiera de que
acabara mi nombre.- Ay, buenos días...- Suspiró, restregándose la comisura de uno de sus ojos.

Bostecé yo también en respuesta e hice lo mismo con mis párpados, frotándomelo con la mano
libre.

-¿...Qué hora es?

-Un poco más de las 10...- Kyungsoo estiró ambos brazos por encima de su cabeza. Hice lo mismo
que él con el único brazo suelto que tenía y lo sentí soltar una risita entre dientes.- Veo que
dormiste bien...

-Más o menos.- Volví a bostezar.- Tengo hambre... Ayer no comí del pastel.

-Podemos comerlo ahora.- Sonrió mi primo, ofreciéndome una mano para ayudarme a ponerme
de pie mientras que seguía frotándome la espalda, puesto que no había dormido precisamente
bien ayer.- Te ves adolorido... ¿Tan mal dormiste?
-Más o menos.- Repetí, ahora estirando mis pies hacia adelante.- ¿Tú qué tal?

-El sillón de Yura es cómodo.- Se encogió de hombros.- Anda, levántate.- La mano libre que tenía,
tomó la de Kyungsoo y me apuré en ponerme yo también de pie...

Hasta que noté que solo había estado utilizando un brazo, durante toda la mañana.

-¿Baek?

Me volví hacia Chanyeol.

-...

-¿Baekhyun?- Siguió Kyungsoo.- ¿Pasa algo...?

Mi mano.

-...

Mi mano descansaba entre la palma de Chanyeol y su pulgar.

-¡...!

Mi mano descansaba entre la palma de Chanyeol y su pulgar, el mismo que se movía lentamente
de un lado a otro, por encima del dorso de mis dedos.
...

Se movía... Se movía...

-Baek...- Exhaló Kyungsoo, a mi lado. Supe que estaba observando lo mismo que yo.

Apreté su mano, temblando...

-Oh Dios Santo...- Sollocé, sintiendo como mi primo corría a envolverme entre sus brazos... Elevé
mi cabeza por encima de su mano, suspiré una sonrisa, lloré con más fuerza...

Y sí.

El siguió moviendo su pulgar lenta, lentamente...

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***

Cómo si yo ya no hubiese tenido bastante con el hecho de que herí a Chanyeol, lo sumí en
depresión y fui el prácticamente responsable de que hubiese entrado en estado de coma, él me
entregó el mejor regalo que puso haberme dado... el día de su propio cumpleaños.

No abrió de nuevo los ojos hasta poco después de que Yura entrara a su habitación seguida de
su esposo, hecha un desastre, usando una pijama bajo su saco negro que le llegaba hasta los
tobillos, con el rostro surcado de lágrimas que solo se incrementaron cuándo el tono casi rojizo y
acaramelado de las pupilas de su hermano, la observaron fugazmente, volviendo a cerrarse a los
pocos segundos.

La primera vez que abrió los ojos ocurrió mientras lo abrazaba, al poco tiempo de haber
despertado, y fue Kyungsoo quién lo notó de inmediato.

Abrió los ojos un par de veces más el día de su cumpleaños, y no dejó casi ni un instante, de
mover su dedo pulgar por encima de la superficie de mi mano.

Acariciándola lentamente, casi cómo si quisiera memorizarlo...

***

Pasó una semana más antes de que Chanyeol lograra observarnos sin lucir perdido. Nos miraba
durante unos breves segundos, turnándose sobre cada uno, y luego parecía sumirse de nuevo en
el sueño, asustando a Yura cada vez que dormía, puesto que ella todavía creía que él podía
entrar en coma otra vez.

Me quedé a dormir cada vez con más frecuencia, en la casa de Yura. Ella incluso adaptó una de
las habitaciones de la casa para mí, pero me apena confesar que rara vez la usaba. La mayor
parte del tiempo, me encontraba en la habitación de Chanyeol, atento a cada mirada que emitía,
a cada contacto que hacía sobre el dorso de mi mano, siempre moviendo su pulgar de forma
paulatina, lenta, rítmica.

Fue tres semanas más tarde cuándo él logró volver a movilizar todos sus dedos, después de
haber empezado con solo uno de ellos. Cuándo lo hizo, fue motivo de fiesta para todos nosotros
y ahorramos bastante, puesto que lo celebramos el mismo día que lo consiguió, el cuál resultó
ser en Navidad.

***

Yura insistió durante meses que la primera palabra entera que Chanyeol logró decir un año
después, fue: noona. Kyungsoo y yo nos cuidamos mucho de contradecirla, pese a que ambos
sabíamos (yo más que nadie), que su primera palabra real, ocurrió exactamente un año después
de que acabase de leer la saga de Mi heroico Caballero y conociese a Lee Chanyeol:

-“...La Bilocación fue lo último que ella creyó que podría ocurrirle a su esposo. Incluso el hecho
de que había muerto, le parecía más factible que eso.”- Le leía el último libro escrito entonces
por Yura, el mismo que ella había hecho de forma tan frenética frente a mis ojos.- “Lo miró
atentamente y sonrió con incredulidad: ‘No esperarás que te crea eso, ¿o sí?’, le preguntó,
cruzándose de brazos.”

Me volví hacia Chanyeol, había despertado una vez más y me estaba observando
detenidamente, con una gracia incierta que no pude descifrar.
-¿...Te parece divertido?- Pregunté por preguntar, cerrando de momento el libro mientras me
cruzaba de brazos.

Sus ojos se afinaron de pronto, todavía observándome.

A estas alturas de mi vida, podría jurar que lo vi sonreír en ese instante. Me pareció incluso
volver al día en qué Chanyeol, el personaje, me hizo la misma pregunta; poco antes de que
Chanyeol, el verdadero, murmurara con una débil y gruesa voz:

-Sí.- Sonrió.- Divertido.

***

Si bien es cierto que a Chanyeol le costó hablar de corrido bastante tiempo por la disartria; lo
que realmente fue un reto para él, fue el volver a sentarse siquiera.

Balbuceaba no más de un par de monosílabos al día para expresar cualquier cosa que
necesitase. Yura, su esposo y yo, íbamos y veníamos de un lado a otro a cada segundo,
asegurándonos de que él tuviera todo lo que necesitara, así ni siquiera lo pidiese.

Cuándo el doctor anunció que tenía que enderezarse sobre su espalda para que su cuerpo se
amoldara de nuevo al movimiento, Chanyeol expresó toda una cara de terror que, en un primer
momento, a mí me dio risa.
Sin embargo, a pesar de las ganas que yo tenía de querer ayudarlo en esos momentos, fue Yura
la que lo apoyó en todo ese tiempo.

Y no, no porque yo no pudiese...

Sino, más bien, porque fue el mismo Chanyeol quién pidió que sea ella, y no yo, quién lo ayudase
entonces.

-Baekhyun...

-No... No lo entiendo.- Suspiraba, aferrándome de nuevo a la taza de chocolate caliente que


tenía, puesto que una vez más, estábamos entrando a otoño.- No sé... qué habré hecho mal.
Después de todo lo que ha pasado ahora y...

-No has hecho ni una sola cosa mal.- Me interrumpía ella, cogiendo mis manos entre las suyas.-
Es solo que... bueno, él está todavía desorientado, sobretodo ahora, que ha recuperado parte de
su conciencia.

-¿Desorientado...?

-Baek, ha estado en coma por casi dos años.- Suspiró ella, riéndose por recordar lo que ocurriera
antes.- Han ocurrido muchas cosas mientras él dormía y ha de abrumarle el despertar y notar
que sus padres no están, que su hermana se ha casado, que han pasado dos años de su vida con
él inconsciente...

-...
-No te estoy pidiendo que lo abandones, Baekhyun.- Musitó ella, susurrando.- Pero por ahora, y
solo por “ahora”, déjalo solo. Déjalo entender lo que ha ocurrido y no lo expongas a grandes
emociones. El verte de pronto, en su habitación, me parece que ha sido lo más extraño de todo
para él.

-¿...El verme?

-Baek, Chanyeol te amaba.- Suspiró Yura.- Pero ya se había rendido con respecto a ti y sin
embargo, ahora, de súbito, te encuentra en su alcoba, dispuesto a atenderlo en lo que sea
necesario.

-...

-¿No te parecería a ti eso un poco... abrumador?

-...

-Si no lo notamos antes, fue porque él no podía comunicárnoslo.- Yura acarició el torso de mis
dedos, encogiéndose de hombros.- No había forma de que pudiésemos darnos cuenta. Dale un
poco más de tiempo para... para poder asimilarlo.

-Asimi... larlo.- Destrocé la palabra en dos sílabas que suspiré, hundiéndome en mi asiento.

Aunque seguía viviendo en la casa de los Park, rara vez me adentré en la habitación de Chanyeol
durante esos meses, o al menos, no lo hacía mientras él estuviera despierto. Entraba de vez en
cuándo, asegurándome que dormía, y me quedaba en silencio frente a él, observándolo durante
horas, dejando en ridículo a un acosador.

Sin embargo, no había forma de que pudiese evitarlo. Desde que sus ojos acaramelados y
afinados se trabaron en los míos, ya no hubo palabra alguna que lograra arrancarme el cariño
que sentía por Chanyeol.

Mirarlo dormir sin la mascarilla para respirar puesta, era una sensación ligera sobre mi pecho.
Me sentía en paz al admirarlo respirar tranquilamente, con los ojos cerrados...

Solo durmiendo por unas pocas horas para poder despertar después.

Aunque, claro, era de esperarse que en un inicio, el tuviera problemas para controlar su horario
de dormir...

Es por eso que, en una de esas noches en que entraba a su habitación, me llevé la sorpresa de
encontrarlo despierto y él, al mirarme, se volvió hacia mí con una expresión angustiante en el
rostro...

Yura tenía razón.

Él podía haberme querido antes, pero prácticamente no sabía nada acerca de mí en estos
últimos casi tres años. Que de pronto yo me haya aparecido en su casa ha de haberlo confundido
muchísimo y, más aún, si es que yo prácticamente vivía allí:

-Eh...- Miré hacia el techo, hacia las paredes, hacia el suelo...- Y-Yo lo s-siento...

-...
-Ya me... voy.- Mi voz temblaba, temblaba tanto como si fuese una maraca en manos de un
brujo...

Me di media vuelta a tientas y busqué la perilla de la puerta, dispuesto a salir cómo si fuese una
bala que...

-No.

Emitir un simple movimiento en esos segundos resultó imposible de pronto. Sentí la respiración
de Chanyeol provenir desde su cama y lo sentí agitarse un poco. Me preocupé al recordar
entonces las palabras de Yura acerca de exponerlo a grandes emociones y me giré a verlo.

Preparado para cualquier otra cosa que necesitara..., cualquier explicación que lograra el que
“asimilara” mi aparición en su vida...

Preparado para lo que sea..., excepto encontrarlo tratando de enderezar su espalda contra el
respaldar.

-Espera...- Susurré, acercándome a él. Sin embargo, Chanyeol frunció el ceño y eso me obligó a
detenerme.- Chan...

-Hmp.- Bufó, endureciendo sus codos sobre los apoyabrazos de la cama, buscando acomodarse
lentamente.

Suspiró al final, tras haberlo logrado. Respiró profundamente antes de volverse a mirarme y
sonreír.
Sonreírme...

Por primera vez.

-Llo-res...- Lo oí musitar, con esa voz gruesa y afónica que tanto había esperado oír otra vez.-
No... Llo-res...

Pero ahí estaba yo. Llorando. Dejando que las lágrimas resbalaran de mis ojos mientras me
enfocaba en la imagen esplendorosa que Chanyeol me daba...

En cada pequeño detalle de su cuerpo enfermizo...

En cada pequeño esfuerzo de su alma de caballero...

***

Pero aunque me emocionaba con cada pequeño movimiento que Chanyeol emitía, la única otra
cosa que hasta ahora logró llevarme hasta las lágrimas de todo su proceso de recuperación
(además de aquella vez en que me pidió que no llorara cuándo me hizo ver su mejoría), fue
cuándo se volvió hacia mí una mañana mientras acomodaba un ramo de gardenias en su florero.

Aquella era una costumbre que había tomado gracias a Yura, puesto que, al haber quedado
embarazada poco después, ya no le era permitido ir corriendo de un lado a otro por la casa y
ahora era yo quién reemplazaba las flores y regaba las plantas. Era algo que me gustaba y me
tranquilizaba.

Ese día resultó ser doblemente especial, puesto que también era la primera vez desde hacía tres
años, que Yura se permitió cambiar las gardenias marchitas del florero en la sala. Justo venía de
allí, con el ramo entre mis manos, cuándo Chanyeol se giró a verme con una sonrisa y murmuró
con una voz desafinada y ronca:

-Baekhyun...

Yura me regañó después de eso, no solo porque se hallaba sentimental y con deseos de matar a
alguien, sino también, porque rompí el florero de cristal cuándo se me resbaló de las manos por
la impresión.

Me puse tan nervioso después de eso que todo lo que atiné a hacer, fue volverme hacia él y
pestañear con nerviosismo, temblando desde los pies hasta la coronilla:

-Que hermoso te ves cuándo pestañeas...- Sonrió.- Como alas de mariposas...

Me costó creerme que de verdad había dicho eso. Durante todo el tiempo anterior, él no me
había dirigido la más extensa de las oraciones y yo creía entonces que era porque no me
recordaba o porque de nuevo había insistido en ignorarme. Yura me trataba de animar diciendo
que sí me recordaba, que no me estaba ignorando, que siempre estuve allí, en su mente. Incluso
me contó una vez, riendo y sollozando, que la primera conversación que tuvo con su hermano
(entre monosílabos y tartamudeos), empezó con él preguntando:

-“¿Sabes algo de Baekhyun...?”


***

-¿Por qué estás... aquí?

Suspiré cuándo lo oí decirme aquello. Yura ya me había adelantado algo de todo esto...

Poco después de que ella diera a luz, se vio obligada a decirme que tenía planeado mudarse a la
casa que estaba al frente de la suya, para que el bebé no molestara a su hermano con sus
lloriqueos. Le había suplicado a la señora que vivía allí, que le dejara la casa a cambio de que ella
le buscara una nueva. No sé qué tal capacidad de convencimiento tenga Yura, pero el haber
logrado que la mujer accediera dice mucho de ella.

No creía que fuese a dejar solo a Chanyeol y le pedí que me explicara bien qué era lo que
planeaba: Ella balbuceó y le dio vueltas una y otra, y otra vez, al hecho de que había planeado
que fuese “yo” quién me quedase con él en la casa y fuese yo quién lo atendiera pese a que
seguiría siendo ella la que, económicamente, me atendiese a mí.

-¿¡Estás loca...!?- Exclamé.

Vale decir que la idea de quedarme solo con Chanyeol, no era, en lo absoluto, lo que me
molestaba.

Lo que me resultaba irresponsable (por no decir irónico), era el que ella pensara que tenía que
pagar todos mis gastos, cómo cuándo me encontraba realmente enfermo.
-¡Oh vamos, Baek! ¡Tú sabes que puedo permitírmelo...!

-¡No, no, no, no, no y no!- Me negué, cruzándome de manos.- ¿De verdad esperabas ser capaz
de pagar el tratamiento de Chanyeol, tus propios gastos, los cuidados de tu bebé y más encima
mis costos...? ¿De verdad? ¿¡En qué rayos piensas, Yura!?

-Byun Baekhyun, que ni se te ocurra decir que no puedo hacerlo.- Me amenazó ella, mirándome
de forma glacial:- Estás cuidando de mi pequeño hermano, uno de los hombres más importantes
en mi vida, y no pienso dejar de agradecértelo de ésta forma.

-¡Entonces págame ocupándote de sus cosas, no de las mías!- Resoplé.

-¡Pero tengo que pagarte de alguna forma por cuidar de él, Baek...!

-No necesito que me pagues por cuidar de la persona que amo.- Musité al final, dejándola en
silencio.

Yura no se dio por vencida con lo que respectaba a ese tema y me obligó a llegar a un acuerdo:
Ella se encargaba del tratamiento de su hermano y de los gastos de la casa, mientras que yo me
sustentaba a mí mismo, haciéndome cargo de la florería de sus padres.

No negaré lo ventajoso que me resultaba a mí eso; sin embargo, era esa sensación de inutilidad
la que quería evitar y ahí radicaba el motivo de que me negara a toda costa el que ella pagase
mis gastos.

Yura se dio cuenta de ello y casi me asesina por siquiera pensarlo. Gritaba que, si desde un inicio
yo hubiese sido un inútil, ella jamás me hubiese abierto la puerta de su casa en esa mañana de
otoño.
Solía repetir el buen ojo que tenía para conocer a las personas y no cesó de decirme lo bien
acertada que había estado conmigo; pese a que fastidiara a veces más que una piedra en el
zapato.

Aunque ella me ayudaba más que frecuentemente, no todos los días podía venir y eran esas las
veces en las que solo éramos Chanyeol y yo. Yura me había advertido lo decaído que había
notado últimamente a su hermano y me soltó de “casualidad”, que se debía al hecho de que
quería decirme algo.

Eso nos trae de vuelta a la pregunta que Chanyeol me hiciera aquella mañana desde su cama,
observándome con una expresión angustiada sobre sus ojos:

-¿Por qué estás... aquí?

-Porque aquí está tu florero, como puedes ver.- Respondí, lo más calmado posible.

-Sabes de qué hablo.- Murmuró con su grave voz, logrando que tuviera una especie de
escalofrío.

Suspiré pesadamente una vez más. Me volví hacia él y no pude evitar sonreír al ver sus
expresivos ojos acaramelados sobre los míos.

-Tú...- Empezó él, siguiéndome mientras me movía por la habitación hasta sentarme en su cama.-
Tú sabes que yo...

-Hm.- Asentí, sin dejar de observarlo.- Lo sé.


-No...- Frunció el ceño.- No entiendo... porqué...

-Bien...- empecé, encogiéndome de hombros- la verdad es que es culpa de tu hermana.

Eso pareció sorprenderlo. Chanyeol frunció el ceño y abrió la boca, confundido:

-Veamos... ¿por dónde empiezo?- Murmuré, exhalando con suavidad.- Bueno, ¿sabías que tu
hermana a escrito varios libros contigo como su personaje principal...?

Chanyeol se reía torpe y candorosamente con medida que iba relatándole su historia, mi
historia. A veces se quedaba en silencio, concentrado, atento a mi voz; y otras, así de
sencillamente, sonreía con dulzura sin sacarme la vista de encima ni un solo instante.

Aproveché en preguntarle si es que recordaba todas aquellas cosas que habían ocurrido
mientras él dormía, como la aparición de Lee Chanyeol y los sueños que no dejaron dormir a
Yura. Después de pensarlo durante varios segundos, se limitó a negar con la cabeza lentamente,
respondiendo al mismo ritmo que si hubiese estado en mi casa, usando una armadura, lo tendría
guardado como uno de los mejores recuerdos de su vida y que, si hubiese molestado de esa
forma a Yura, en la vida real, no viviría para contarlo.

Hubo un momento entre sus preguntas y mi narración, en que él decidió tomar suavemente mi
mano entre las suyas, e interrumpirme, tartamudeando al tiempo que un profundo sonrojo le
pintaba las mejillas:
-Tú... aún... aún a mí...

No fue necesario que dijera lo demás.

-Shhht.- Lo callé, acomodando un dedo sobre sus labios.

-Pep-...- Trató de volver a hablar. Ladeé la cabeza al tiempo que le volvía a indicar que guardase
silencio, aunque él insistió de nuevo:

-N-No... n-nosotros...

-Chanyeol...

-Entre... nosotros...- Logró decir él, mirándome con seriedad, apretando mi mano entre sus
dedos alargados y fibrosos.- ¿Cómo... cómo podríamos...? ¿Cómo si...?- Le tembló el labio
inferior, bajó la vista y suspiró:- Si está todo perdido y...

Incluso ahora, no comprendo de dónde saqué la valentía necesaria para interrumpirlo de golpe y
acercarme a besarlo, pegando superficialmente mis labios con los suyos. Me di cuenta a los
pocos segundos de lo que había hecho y me devolví a mi asiento hecho una estufa hirviente.

No me atreví a mirar a Chanyeol por miedo a notar su reacción. Retorcí mis dedos de la mano
libre que tenía y observé al suelo, pestañeando como idiota (para variar), mientras pensaba en
qué decir entonces.

Casi como si confirmaran que mi vida era una ironía, un recuerdo se me vino a la cabeza y sonreí
al recordarlo:
-“No hay... No hay amor perdido entre nosotros”.- Murmuré, sintiendo como, ahora sí, él
reaccionaba.

-Baek...- Me llamó; pero yo me puse de pie y casi salí saltando de su habitación, despidiéndome
con un gesto de mi mano, antes de volverme a verlo por la rendija de la puerta:

Ahí estaba él, sonrojado igual que yo de pies a cabeza, y con una sonrisa tan ridícula y torpe
cómo solo él sabía hacerlas...

De esas que lograban detener mi respiración.

-Gracias, don Quijote.- Murmuré mientras cerraba la puerta lentamente, mordiéndome después
la lengua, sintiéndome como una chiquilla que acababa de conocer a su idol..., o a su primer
novio...

Claro que, en mi caso, me estaba pasando con ambos

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-De verdad, insisto, ¿no recuerdas ni una sola cosa...?

Chanyeol me miró con cierto brillo travieso en los ojos y luego se concentró en seguir comiendo
el pastel de bodas de Kyungsoo y Jongin, ignorándome a mí y al tema que había sacado a relucir
mientras paseábamos por las instalaciones de la recepción.

-¡Oh vamos, deja eso...!- Di un golpe en el plato, provocando que éste se viniera encima del
regazo de Chanyeol, quién lo único que atinó a hacer fue el observar cómo rápidamente el
delicioso pastel se caía hasta desparramarse en sus piernas.
-...

-...

-¡Pfft! ¡Jajajaja...!

-¡Byun Baekhyun, mira lo que hiciste!- Ese fue Chanyeol, ahora mirándome con palpable odio en
los ojos.- ¿¡De qué te ríes ahora...!? ¡Acabas de asesinar al pastel! ¡Pastelicidio, repito,
pastelicidio...!

Tuve que detenerme en plena pista para evitar que fuésemos a chocarnos con algún árbol,
puesto que ya estábamos cerca de la casa. Seguí riéndome furiosamente mientras golpeaba el
timón y me retorcía de un lado a otro, abrazándome con la mano libre el estómago.

-Baek...- Murmuró Chanyeol, con los ojos entrecerrados mientras torcía la boca a un lado.- No es
tan gracioso, ¿sabes?

Fue extraño. Repentinamente, la risa se atragantó en mi garganta y una aturdida seriedad me


cruzó la mirada, la cuál se volvió a mirarlo a él, quién también clavó sus ojos en los míos.

Pudimos haber logrado obtener casi un minuto de silencio, de no ser porque Chanyeol ahogó
sonoramente una carcajada entre sus labios fuertemente apretados y yo rompí a reírme con eso,
a lo cuál él me siguió también.

El carro empezó a bambolearse por los ataques de risa histéricos de Chanyeol. Yo sabía que era
una mala señal el que se riera tanto porque, incluso, llegaba al punto en que bastaba con que lo
tocaras superficialmente mientras estaba en pleno soponcio y él empezaba a retorcerse con
rudeza, riéndose con aún más vehemencia (algo que yo creía imposible).

-Ay...- Suspiró después de unos largos tres minutos de risotadas, con los cuáles yo también me
calmé lentamente.- Dios, esto no debería resultar tan gracioso...

-Pero lo fue.- Sonreí a la nada, apoyando mi cabeza sobre el timón, puesto que, como era
evidente, yo conducía.

-Si no hubiese sido tan gracioso y, si hubiese podido caminar, me habría salido del auto.-
Rezongó, bufando una sonrisita.

-¿A las 4 de la mañana? ¿De verdad?- Lo interrogué, enarcándole una ceja.

El hizo el ademán de estarlo pensando seriamente y yo le pegué con suavidad en el hombro,


provocando que volviésemos a reír, aunque ya no con tanta energía.

-Voy a tener que mandar a lavar tu traje.- Comenté, encogiéndome de hombros y llevándome
una mano a la nuca, removiendo mi cuello de un lado a otro.

Chanyeol me miró con una ceja elevada, pareciendo de pronto preocupado.

-¿Yo o el pastel?- Sonreí, guiñándole un ojo para calmarlo.

-¿Te duele la nuca?- Preguntó, ladeando la cabeza a su vez.

-Ni tanto.- Mentí, estirando los brazos hacia delante.- Hey, ¿qué hay de la deliciosa torta que
ahora yace en tu regazo...?

-Qué desperdicio.- Suspiró Chanyeol, derrotado y distraído. Perfecto.- Con lo delicioso que
estaba...
-Mañana le puedo pedir más a Kyungsoo.- Le sonreí, buscando su perdón. Él se limitó a mirarme,
torciendo de nuevo la boca.- Lo siento.

Chanyeol se quedó en silencio después de aquello, cambiando ahora la mueca por una leve
sonrisita. Tomé eso como una buena señal y volví a encender el Audi que había adquirido
después de haber conseguido trabajo en la editorial de Jongin. Ahora era Chanyeol quién se
encargaba de atender la florería, otra vez, y eso le resultó irónico.

Incluso yo había vuelto a practicar hapkido, hacía poco menos de un año. Yura se preocupó al
instante que lo supo y yo tuve que insistirle, una vez más, en el hecho de que me encontraba
bastante mejor anímicamente según varios doctores. Ellos eran, inclusive, quiénes me habían
recomendado volver a ejercitarme para recuperarme casi en un 98%.

Yura tardó en dejar de preocuparse tanto cómo entonces. Si bien todavía tenía sus propios
problemas criando a su pequeño niño, se daba las molestias de fijarse en mi bienestar y yo no
sabía como expresarle lo muy agradecido que me encontraba con ella.

Aunque confieso que no era lo único por lo que me hallaba gratificado...

-Oh, está sonando Mraz.- Susurré de repente. Chanyeol se volvió hacia la pantalla táctil de mi
celular y le subió el volumen a la canción, inclinando su cabeza sobre el respaldar del asiento.

-Esa canción es mi favorita...- Suspiró él, cerrando los ojos con una diáfana sonrisa sobre sus
labios.

-Hm.- Asentí, abriendo el garaje del auto para guardarlo.- Lo sé.


-Sé que lo sabes.- Murmuró en respuesta. Adiviné que se estaba quedando dormido. Le bajé
ligeramente el volumen al teléfono y apagué el motor, abriendo la cajuela previamente.

Estaba a punto de salir del auto para coger su silla de ruedas cuándo, súbitamente, un viento frío
me acarició la nuca, relajándola ciertamente, pero haciéndome también temblar con un
escalofrío:

-Wow, está haciendo bastante viento...- Comenté, apeándome del carro.

-Qué conste que ésta vez, yo no tengo algo que ver con esto.- Murmuró Chanyeol, alargando la
sonrisa sobre sus labios, pero sin abrir los ojos.

Me quedé pensando en lo que acababa de decir.

-¿De qué hablas...?- Me volví hacia él, confundido. Al no responderme, creí que estaba hablando
dormido. (Lo de sonreír dormido también era un hábito en él, dicho sea de paso, descubierto
por mí hace no muy poco, así que eso no era tampoco algo raro.)

Me dirigí a la cajuela con toda la interrogante en la cara. La abrí y empecé a sacar su silla de
ruedas, acomodándola sobre el suelo.

Chanyeol hablando dormido no era algo que debiera preocuparme, realmente. Solía hacerlo
bastante a menudo y más aún cuándo creía que yo no me hallaba cerca. Sin embargo, había algo
en sus palabras que me hacía sentirme tenso. No podía descifrar qué de extravagante había en la
oración y eso me dejó bastante pensativo. ¿A qué podía estarse refiriendo cuándo dijo que no
tenía algo que ver? Era obvio que Chanyeol no controlaba los vientos, y, mucho menos, los que
me relajaban la nuca.

Digo, no es cómo si tuviera poderes telepáticos que lograran calmarme cuándo estoy inquieto o
triste...
...

Esperen...

¿Inquieto o... triste?

¿Cuándo es que yo...?

...

<< -...Mentiría si te dijera... que esto no me asusta. Pero... mentiría también, si te dijera que
desearía que tú no tengas algo que ver en esto. >>

...

-...

-Oh Dios mío... ¡Park Chanyeol!- Exclamé de repente, soltando la silla a su suerte y corriendo
hasta la puerta del copiloto, la cuál descubrí que de pronto estaba cerrada por dentro.- ¡Hey,
Park, abre la maldita puerta...!- Golpeé con mi puño el cristal del auto, resolviendo que me
importaba un comino el que se resquebrajara bajo mis dedos. En ese instante, decidí también
que fue una tremenda mala idea el haberme dejado convencer por las lunas polarizadas.- ¡Park
Chanyeol! ¡Abre la maldita puerta...!- Una parte de mi cabeza me advirtió sobre mi propia puerta
de piloto y me fui casi saltando encima del carro hasta ella, solo para, sí, descubrir que también
estaba cerrada.

Vale aclarar que me maldije por haber dejado la llave dentro.


-¡No seas tan infantil Park! ¡Abre la puerta!- Y, ¿de verdad le estaba gritando todo aquello? ¿Yo?,
¿yo, que sabía a la perfección que, de ambos, Chanyeol era increíblemente niño y siempre lo
sería, hasta cuándo tuviera 80...? No sé porqué me tomaba la molestia de decirle que no fuese
infantil sabiendo aquello; pero bueno..., ¿qué se puede esperar de alguien que acaba de
descubrir que su novio escuchaba cada palabra de lo que decía, estando en coma?

Esperen un momento... Si escuchó cada cosa que dije...

Cada... cosa...

¡Dios mío, qué vergüenza...!

-¡Park Chanyeol, abre la puerta...!- Vociferé, sintiendo como mis mejillas iban tiñéndose de
escarlata.- ¡Chanyeol...! ¡Chanyeol...!

Y ese fue el final de la boda de mi mejor amigo y mi pariente más cercano con respecto a mí y mi
torpe novio: él, riéndose con histéricas carcajadas dentro del auto, y yo, golpeando
frenéticamente las puertas del mismo, jurando que en el mismo momento que asomara su
cabecita para respirar, lo volvería a dejar inconsciente.

Aunque no por tanto tiempo.

***
-¿No podemos hacer esto mañana...?

-No.- Negué, sonriéndole. Chanyeol emitió un puchero impropio de sus recientes 29 años y se
cruzó de brazos.- Oh vamos Chanyeol, ya lo has hecho antes...

-¡No era lo mismo, Baekkie!- Refunfuñó, pataleando ahora con las piernas.- Eso fue de
casualidad... ¡solo quería un pedazo de pastel!

-Pero te levantaste y fuiste por él.- Continué.

-¡Era mi pastel de cumpleaños...! ¿¡Que querías que hiciera!? Además, todo el jardín estaba tan
bello con los pájaros cantando y las hojas revoloteando que...

- No trates de distraerme, gracioso.- Me encogí de hombros, riéndome en mis adentros por el


puchero que había hecho inflando las mejillas.- Anda, vamos. Sé que puedes hacerlo de nuevo,
Channie.

-Llevas diciéndome lo mismo desde hace 6 años...- Me enarcó una ceja, sonriéndome ahora con
cierta complicidad.

-¿El apodo o el apoyo moral?

-Ambos.- Resopló, sonriendo con suficiencia.

-¿Y ves cómo han funcionado?- Le saqué la lengua. Chanyeol hizo lo mismo y después, al
detenernos, empezamos a reírnos como idiotas, él, con su voz gruesa y yo, amoldando mi tono
mucho más agudo, al suyo.
-De todas formas, no estaba tan bueno como el tuyo del año pasado...- Infló sus cachetitos.- O el
de Kyungsoo, cuándo se casó con Jongin.

-¿Aún recuerdas ese pastel...?- Lo miré, enarcándole una ceja.- ¡Eso fue hace como dos años...!

-¿Esperabas que no lo recordara?- Elevó él también una ceja.- Después de lo que me hiciste, de
verdad, ¿esperabas que no lo recordara?

Me mordí el labio al sonreír.

Claro que tenía bien guardada esa memoria...

-Fue uno de los mejores que he probado..., ¡después de los tuyos, claro!- Se apresuró en decir la
última parte, mientras yo rodaba los ojos al tiempo que suspiraba.

-...Ambos sabemos que tu pobre sobrino no tiene la mejor mamá cocinera del mundo.-
Concordé, mordiéndome el labio.- Lo bueno es que, como chef, es una gran escritora reconocida
mundialmente y una gran madre, así que dejémoslo estar por ahora, ya que todavía no
envenenó a alguien; y Kyungsoo..., bueno, él siempre tuvo un don con las manos.

-¿Cómo esa vez que hizo los pastelillos por tu cumpleaños...?- Sonrió ampliamente.

-¡Sí!- Afirmé yo, recordando ese delicioso sabor.- ¡Estaban exquisitos y...! ¡Hey, no trates de
distraerme!

-¡Pero si no lo hago...!- Sonrió, ladeando la cabeza.- Sin embargo, el día de tu cumpleaños fue
realmente perfecto. Creo incluso que me gustó más que el mío...

-¿Y por qué sería eso, sir Percival?


-Jajaja. Muy gracioso.- Bufó, volviendo a sacarme la lengua.- Pero es la verdad. Lejos de la
exquisita comida y la decoración florida en la casa, lo que más me gustó fuiste tú.

...

-Sí recuerdas que me avergüenza oírte decir eso, ¿verdad?

-Siempre.

-¿¡Y por qué lo haces, entonces!?- Exclamé, bajando la vista hacia el pasto, cruzándome de
brazos y frustrándome, como cada vez que lo escuchaba elogiarme.- ¡Es como si lo hicieras a
propósito...!

-Es a propósito.- Confesó Chanyeol, tomando mi rostro desde la barbilla hasta que encajara mis
ojos en los suyos.- Me encanta cuándo te pones nervioso y empiezas a pestañear como loco.-
Sonrió con dulzura, moviéndome lentamente hacia su rostro.-... Además, no recuerdo haberle
agradecido a Yura el convencerte para usar delineador más a menudo desde entonces.- Cerré los
ojos de la vergüenza cuándo dijo aquello. No superaría nunca el que ella me haya atosigado
hasta el cansancio con la idea; pese a que ahora me delineaba casi a diario por la costumbre...

... Y porque Chanyeol amaba (citándolo literalmente): “verme con los ojos delineados, sin
delinear, con ojeras, con lágrimas” y etcétera, etcétera, etcétera...

-Eres un maldito genio en esto de la distracción.- Sonreí, cerrando el espacio entre nosotros y
juntando mi frente a la suya.- ¿Es otra de tus tácticas de guerra o algo así?

-Más o menos.- Suspiró él, moviendo su mentón hacia el mío para tomar la iniciativa en el beso.
Aunque no contara con que yo me separara bruscamente y casi lo dejara irse de cara al piso.

-¡Hey...!- Gritó, pataleando en resignación.- ¿Por qué fue eso, Baekkie...?

-¡Porque aún no funcionan todas tus estrategias...!- Le guiñé un ojo, observando como resoplaba
de cansancio.- Ahora ven, empecemos con esto Channie.

Me moví hacia el frente del jardín, un metro más alejado, y él me miró esbozando ahora una
alegre sonrisa.

La misma igual de torpe que siempre.

-¿No hay recompensa si es que lo hago bien?- Exclamó, acomodando su barbilla sobre su mano,
la cuál descansaba en el apoyabrazos de la silla de ruedas.

-Eso lo decido yo.

-¡P-Pero en los torneos medievales tenía que existir un incentivo para...!

-¡No empieces con eso!- Me reí, mirándolo.

De nuevo quería opinar en base a lo que ocurría con los caballeros medievales...

-Vamos Yeol.- Lo animé.- Sé que puedes hacerlo...

Chanyeol resopló de nuevo antes de sonreír con timidez y aferrarse a los apoyabrazos con fuerza,
doblando los codos con medida que iba irguiéndose un poco cada vez más.
-Eso Chanyeol...- Murmuré, mirándolo ponerse de pie sobre el pasto de la casa, sintiendo el gras
bajo sus pies.- Tú puedes...

...

Ahí estaba él de pronto, rodeado de las más hermosas flores que pudiésemos cultivar: con su
cabello castaño lacio, su cuerpo perfecto y alto, sus piernas largas y fibrosas, su mirada
poderosa, risueña, concentrada y resuelta, su cuerpo esforzándose por cada mínimo movimiento
que emitía...

Su imponente altura por delante del sol naciente...

Su sonrisa tierna e infantil...

-¡Baek...!- Exclamó, tambaleándose al dar el primer paso hacia mí.- ¡Baekhyun, mira...!

-¡Tú puedes Chanyeol...!- Apreté mis manos en puños.- ¡Tú puedes, ven! ¡Ven, acércate...!

Fuerte.
Siempre más fuerte.

-¡Ah, el pasto se siente gracioso...!

-¡Concéntrate, Chanyeol!- Me reí, igual que él.

Heroico. Siempre heroico...

-¡Chanyeol...!

-¡Ah, ah, me caigo, me caigo...!

Y ahí estaba yo, con él encima de mí, entre mis brazos abiertos...

Un caballero...
-¡Lo siento, lo siento...!- Repitió, moviéndose hacia un lado mientras me acariciaba la mejilla.-
¿Estás bien Baek...? ¿Estás bien...?

-¡Jajajaja! ¡Yeol, lo hiciste...!

Mi heroico caballero.

-¡Lo hiciste, lo hiciste...! ¡Caminaste! ¡Lo hiciste, lo hiciste...!

-No...- Sonrió él, mirándome y sonriendo con infinita dulzura, besando la punta de mi nariz y
murmurando antes de dirigirse a mis labios.- No. Tú lo hiciste.

-Eso es tan cursi, Channie...- Reí entre dientes.

-Ni hablar.- Contestó él, juntando superficialmente su boca a la mía.- ¿Quieres saber qué hubiese
sido de mí sin que tú aparecieras? Lo más probable es que seguiría aún en coma, Yura jamás
hubiese encontrado a su mejor amigo y tú jamás serías el fortalecido Baekhyun del que estoy
enamorado ahora más que antes.

...

Fue ridículo lo abochornante que me resultó eso.


-El que pasó años aprendiendo como volver a sentarse y caminar, fuiste tú Chanyeol. No yo.-
Corregí, moviéndome sobre el gras para acabar con la cabeza mirando el cielo rosáceo que
empezaba a teñir bajo un vigoroso anaranjado.- Yo no hice la gran cosa, realmente...

-¿Ah no?- Sonrió Chanyeol, apoyándose sobre su codo mientras doblaba levemente la cintura,
volviéndose a verme desde arriba.

-Exactamente.- Asentí, haciendo un puchero con mi labio inferior mientras me cruzaba de


brazos.

-Baekhyun.- Me llamó. Abrí los ojos lentamente y elevé la vista hacia su tez oscurecida por las
sombras.- Si vamos a seguir insistiendo en esto, tendré que admitir que la cursilería me salvó.-
Sonrió.- Porque por más que intentes negarlo, yo no hubiese logrado sobreponerme tan rápido
sin tu ayuda. No voy a negar que antes solías ser más débil y mucho más tímido por lo que
recuerdo; pero fue porque tú te hiciste más fuerte, que yo he llegado hasta dónde estoy.

-...

Chanyeol ahogó una carcajada y preguntó:

-No me crees, ¿cierto?

-Ni un ápice.- Sonreí.- Oh vamos Channie, no seas ilógico... ¿Acaso ahora vas a decir que yo soy el
heroico caballero que te salvó de la obscuridad o algo así?- Rodé los ojos y me volví a mirarlo.
Chanyeol se limitó a encogerse de hombros y a acercarse de nuevo hacia mí, sabiendo que la
mejor forma de callarme era siempre con sus labios.
Seguimos besándonos con dulzura un poco más, hasta que sentí algo a lo que ya estaba bastante
acostumbrado por los últimos años y me reí de repente, atrayendo la atención de Chanyeol:

-¿Es en serio...?- Pregunté. Él solo se encogió de hombros.

-Es a lo que me obligas con tus besos.- Sonrió de lado, luciendo increíblemente apuesto.

-Entonces...- me enderecé sobre mis codos, al igual que él.- No hay tiempo que perder.
¡Andando, mi heroico caballero...!

Y mientras decía aquello, Chanyeol me cogió del mentón y profundizó aquel tierno beso...

Eternizándolo en el tiempo.

Al cuál, por cierto, ya no le temía.

Ni siquiera un poco.

¿A quién le importa el “final feliz”, cuándo es la historia de tu vida la que puede ser feliz...? Todos
necesitamos de un “heroico caballero” que nos proteja de vez en cuándo y que, al mismo
tiempo, pueda darnos la felicidad más aguda e intensa que podamos experimentar... Así no dure
para siempre.
Sí.

¿A quién diablos le importa...?

***

-Oye, Channie...

-¿Hm?- Musitó, bostezando. Dejando que la frazada resbalara por su terso y fibroso torso
desnudo.- Baekkie... ¿acaso no has dormido en toda la noche...?

-Dormí un poco.- Contesté, acercándome a él y besando tiernamente su mejilla.- ¿Te había dicho
antes lo sexy que suena tu voz cuándo recién te despiertas...?

-Como un millón y un veces.- Sonrió, acomodándose sobre sus brazos fuertes para sentarse.-
Ahora dime, ¿qué ocurre? Tú no sueles elogiarme a menos que estés pensando en algo
extraño...

-¿...Y eso es malo?

-¿Dije que lo fuera?- Bostezó de nuevo, acariciando mi mejilla.- Anda, dime: ¿Qué ocurre?

-Bueno...- Sonreí un poco.- No es algo precisamente extraño... Pero estaba pensando en que
sería realmente romántico verte llegar al altar usando la armadura que te dieron en la editorial
por ser el modelo de los nuevos libros de Yura...

Chanyeol se me quedó viendo fijo con tanta fuerza que logró sonrojarme. Algo no muy común si
ya sabíamos “todo” el uno del otro y habíamos compartido demasiadas “experiencias”...

-E-Espera, ¿estás hablando en serio?- Murmuró, acariciando mi mejilla y mi mentón, casi


sonriendo.- ¿La armadura negra que Jongin me regaló...? ¿En serio?

-Chanyeol...- Fruncí el ceño.

-Pero Baekhyun...- Sonrió ahora más ampliamente.- Es la primera vez que eres “tú” quién da ese
tipo de ideas... Normalmente soy yo quién sale con todas esas locuras y...

No soporté la vergüenza de sus palabras (sobretodo si acababa de acusarme de “loco”), y solté


un embarazoso sollozo:

-¡Aish, lo sabía, es una mala idea, no me veas y duérmete...!- Exclamé, volteándome hacia el
lado opuesto de la cama y cubriéndome hasta encima.

-¡Espera, espera, no, no, no...!- Chanyeol se abalanzó encima de mí, tratando de quitarme el
cubrecama de la cabeza.- ¡Baekhyunnie...! ¡Oh vamos, Baekkie...!

-Lo dije y lo repito: ¡Eres demasiado raro...!

-¡Tú juraste ser igual de raro así que estás en esto conmigo, quieras o no...!- Y tras eso, lo
escuché soltar una ruidosa carcajada al tiempo que me envolvía entre sus brazos.

-Ojalá pudiera conversar de nuevo con tu bilocación...- Resoplé, riéndome entre dientes a
sabiendas de que estaba haciendo un puchero.- Me caía mejor.

-Pues no te vas a casar con mi bilocación, así que ríndete en encontrarlo.- Me desasió de su
agarre y se cruzó de brazos, mirándome con el ceño fruncido mientras yo me reía a pierna
suelta.

-¡Estás celoso de ti mismo, Yeol...!

-Dile eso al “Yo” que usa armadura negra permanentemente.- Se dio media vuelta.- Y solo por sí
querías mi respuesta, me hubiera encantado acudir con la armadura. Pero ahora ya no quiero
hablar, así que durmamos.

-¿De verdad quieres seguir durmiendo...?- Me senté en la cama, zarandeándolo de los hombros.-
¡Vamos a casarnos en menos de un día y hay mucho por hacer...!

Chanyeol suspiró antes de volverse a mirarme y murmurar:

-No vas a preferir casarte con él que conmigo... ¿no?

Sonreí con ternura cuándo lo escuché decir aquello. Me agaché hasta tocar su frente con mis
labios y besarlo desde allí hasta el tabique de la nariz y acabar sobre su boca.

Chanyeol profundizó lentamente el beso y fue moviéndome despacio, dejando que me deslizara
bajo su cuerpo.

Iba a dejar que las cosas se pusieran aún mejor cuándo de pronto, se me ocurrió imaginar lo que
sería verlo llegar al altar, convertido en Lee Chanyeol, y empecé a reírme entre dientes:

-¿Qué pasa Baekhyun...?- Preguntó, pestañeando de la sorpresa, algo aprendido.


-7 años conociéndonos oficialmente, 6 siendo novios, 1 mes de comprometidos y ¿todavía me lo
preguntas...?- Resoplé, abrazándome a su cuello mientras contenía un gritito de emoción para
no arruinar el momento...

Aunque ya lo había arruinado, de hecho.

...

Pero no es cómo si no fueran a haber más.

-Bueno: 13 años enamorado de ti, 7 años conociéndonos, 6 siendo novios, 1 mes de


comprometidos y todavía no tengo ni la más mínima idea de qué rayos es lo que pasa por tu
cabeza.- Sonrió de lado.- Pero tengo tiempo de sobra para averiguarlo y no pienso apresurarme;
así que levántate, novio mío. ¿Cómo vamos ahora a pulir la armadura...? Creo que podré hacerlo
yo. Tú encárgate de lo concerniente a la recepción. ¿Voy a tener que bailar con eso, Baek? ¡A
duras penas y sé bailar usando pantalones de pijama...! No te rías, no es gracioso. ¿Dejaste a
Yura a cargo de los bocadillos otra vez? ¡Se los va a comer todos! ¿En qué estabas pensando...?
No sé dónde está mi teléfono, préstame el tuyo para llamar a Kyungsoo. Voy a pedirle a él que
tome las riendas en el asunto... ¡Dios, esto es estresante...! Hay que levantarnos de una vez. Creo
que llamaré también a Jongin para que me ayude con la armadura... ¡Mientras más rápido
mejor! Aunque no quiero moverme de tu lado... ¡No, no, no! ¡Ya tendré tiempo para ti esta
noche y todas las siguientes! Tienes razón en que hay mucho por hacer y yo no quiero faltar a mi
propia boda, ¿tú sí?

***