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“Propiedad intelectual”:

Una crítica libertaria

Del original inglés "Intellectual Property“: a Libertarian critique de Kevin Carson

Traducción a cargo de Joaquín Padilla Rivero, “Libertista”

El autor de esta traducción autoriza su reproducción en los términos de la licencia Creative


Commons 3.0, por la cual está permitida la reproducción, copia, distribución y adaptación de la
totalidad de esta obra, siempre que se atribuya la obra original y la traducción a sus respectivos
autores de forma precisa e inequívoca.

Aunque no es parte del acuerdo, también se recomienda enlazar al original del contenido que
se reproduzca si es posible, como parte del código de educación en Internet, la “netiqueta”.

La obra original se puede descargar en el Center for a Stateless Society: http://c4ss.org

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 1


Índice
Prefacio............................................................................................................................................2

1. Ética de la “propiedad intelectual”..............................................................................................3

2. Los privilegios son una irracionalidad económica....................................................................13

3. “Propiedad intelectual” y economía doméstica de EE.UU........................................................14

4. “Propiedad intelectual” y economía global...............................................................................22

5. “Propiedad intelectual”, modelos de negocio y diseños de producto........................................24

6. ¿Es la “propiedad intelectual” un incentivo necesario?.............................................................25

En resumen....................................................................................................................................29

Prefacio
Tras acabar esta traducción, confío en que este texto contribuirá de una manera importante al
debate sobre la “propiedad intelectual” y los males que causa ésta tanto en vidas como en
haciendas. Es la primera traducción seria que hago de un texto largo, y dado que no poseo
conocimientos profesionales de traducción e interpretación, a lo más que aspiro es a haber podido
representar los mensajes de Carson con fidelidad.
Querría hacer mención y agradecer a las tres personas que me introdujeron, cada una a su
modo, a la ideología anarquista, y sin las cuales no habría traducido este texto. Son Víctor L.,
Alberto N. y Fernando C., a quienes agradezco la paciencia y dedicación en explicar sus puntos de
vista diferentes sobre la ideología, y que han contribuido a que me formara una opinión más clara
en muchos asuntos.

Espero que el texto resulte informativo e interesante.

Joaquín Padilla Rivero, “Libertista”

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 2


1. Ética de la “propiedad intelectual”

El asunto de la “propiedad intelectual” es un tema controvertido dentro del movimiento


libertario. Lysander Spooner se mostró radicalmente a favor de las patentes y el copyright,
aseverando incluso la perpetuidad de esos derechos1, mientras que Benjamin Tucker los calificó
como uno de sus Cuatro Monopolios:

En cuarto lugar, el monopolio de las patentes, que consiste en proteger a autores e inventores de
la competencia durante el tiempo suficiente como para que puedan robar del público un valor muy
superior al del trabajo que han realizado: en otras palabras, se da a estos creadores durante años el derecho
de propiedad sobre leyes y hechos naturales, cuya riqueza debería estar abierto a todo el mundo, de forma
que puedan cobrar tributo por ellos. La abolición de este monopolio causaría en sus actuales beneficiarios
un miedo cerval a la competencia que les haría aceptar por su trabajo el precio que otros trabajadores
aceptan por el suyo, además de forzarles a poner sus productos y sus obras a precios lo suficientemente
bajos como para que sus posibles competidores no se vean más tentados a entrar en su sector que en
cualquier otra parcela de la economía.2

Aunque Tucker relegó la “propiedad intelectual” [en adelante, abreviada como PI] al
último lugar de sus Cuatro Monopolios, hay que tener en cuenta que él sólo tuvo en cuenta los
efectos de esos monopolios en el intercambio individual, sin prestar atención a sus efectos en la
estructura industrial ni tampoco a las relaciones estructurales e institucionales entre las
empresas y el Estado, lo cual se debe entender como un error sistémico en las ideas de Tucker.
Después de 1900, cuando se dio cuenta que los grandes consorcios eran un problema, asumió
que habían crecido demasiado como para que eliminar los monopolios del dinero, la tierra, etc.,
fuera a tener efecto alguno: desconoció completamente su gran dependencia institucional del
Estado, y los lazos que unían a ambos tipos de organización (por ejemplo, los subsidios
directos). Sin embargo, siendo justos con Tucker, hay que decir que en el momento en que
estaba escribiendo la transformación corporativa de la economía estaba aún en proceso, por lo
que los efectos de la PI se dejarían notar sobre todo a efectos individuales.

Por su parte, Ayn Rand entendía las patentes y copyrights como “la implementación
legal de la base de todos los derechos de propiedad: el derecho de una persona al fruto de su
mente.”

Lo que se reconoce mediante las patentes y copyrights es el papel crucial que tiene el cerebro humano
en la producción de valor material: estas leyes protegen la más pura forma de trabajo mental, las ideas. El
sujeto de las patentes y copyrights es la propiedad intelectual.
Una idea como tal no puede ser protegida hasta que se le dé una forma material. Un invento debe ser plasmado
en un modelo físico antes de ser patentado; una historia debe ser escrita o impresa. Sin embargo, lo que
protegen las patentes no son los objetos físicos, sino la idea que se ha hecho corpórea en ellos. Al prohibir una
determinada reproducción de un objeto físico la ley declara que el valor del objeto no se genera en el proceso
físico de copiar, sino que el valor lo genera el que tuvo originariamente la idea, por lo que no debe usarse sin su
permiso; ergo, la ley establece el derecho de propiedad de la mente humana sobre aquello que ha creado.3
Es interesante constatar que, a pesar de su defensa de la PI como una propiedad basada en la

1 Lysander Spooner, The Law of Intellectual Property, or an Essay on the Rights of the Authors and Inventors to a
Perpetual Property in their Ideas (Boston: Bela Marsh, 1855);
<http://www.lysanderspooner.org/intellect/contents.htm>
2 “State Socialism: How Far They Agree, and Wherein They Differ”, en Benjamin Tucker, Instead of a Book, by a
Man Too Busy to Write One, facsímil Gordon Press (New York, 1973 [1897]) pág. 13.
3 Ayn Rand, Capitalism: The Unknown Ideal (New York: The New American Library Inc., 1967), pág, 130.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 3


ley natural, Rand no llegó a la misma conclusión que Spooner a la hora de defender la duración
perpetua de la PI análogamente a la de la propiedad física. De hecho, declaró que “la forma más
racional”4 de establecer la duración de las patentes y copyrights se establecía necesariamente a
través de la ley positiva.
Quizá el defensor más abstruso del carácter absoluto de la PI fue Andrew Galambos. Según
anota Stephen Kinsella, “es difícil encontrar discusiones sobre las ideas de Galambos, ya que sus
teorías limitan de una forma absurda la posibilidad de su propia difusión”5; sus estudiantes debían
firmar acuerdos de confidencialidad que impedían diseminar sus ideas más allá de un círculo de
clientes de pago6 (algo que, en principio, debería haber condenado el movimiento “galambosiano” a
la extinción como el meteorito que extinguió a los dinosaurios). Se decía que Galambos echaba
monedas en una hucha a beneficio de los herederos de Thomas Paine cada vez que usaba la palabra
“libertad” y juntó sus dos nombres de pila para evitar infringir los derechos de PI de su padre7. No
hay constancia de que pagara derechos de autor por usar el alfabeto.
Por parte de los pensadores de la Escuela Austríaca, Ludwig von Mises, que no era un
anarquista de mercado precisamente, adoptó una actitud más bien agnóstica sobre los derechos de
PI. Ofreció como argumento puramente utilitarista la idea de que permitían a los vendedores cobrar
un precio de monopolio por una serie de bienes que no habrían sido ofrecidos de no existir una
patente para poder recuperar los costos de su desarrollo8. Sin embargo, Murray Rothbard no tuvo
reparo alguno a la hora de denunciar las patentes como una violación fundamental de los principios
del libre mercado:
Las patentes impiden que una persona pueda usar un invento aunque toda la propiedad física sea suya
y sin que haya robado el invento, implícita o explícitamente, a su inventor primario. Ergo, las patentes son
monopolios concedidos en exclusiva por el Estado y de hecho invaden los derechos de propiedad del mercado9.
Rothbard rechazó los argumentos “utilitaristas” en favor de las patentes, en el sentido de que
serían socialmente necesarias para promover la innovación, con el desprecio que merecían:
El argumento más popular entre los economistas para justificar las patentes consiste en que hace falta
proteger las innovaciones durante un determinado número de años para estimular las inversiones que permitan
su aplicación a productos y procesos.
Es un argumento ciertamente curioso, porque suscita una serie de preguntas de difícil respuesta: ¿cuánta
inversión en I+D es excesiva, cuánta es insuficiente, cuánta es simplemente suficiente? Este es un problema
que ha de abordar todo aquel gobierno que intervenga en la producción de mercado. Los recursos (tierras,
trabajadores, bienes de capital, tiempo) son limitados en la sociedad, pero tienen una cantidad ilimitada de usos
distintos que puede dárseles. ¿Cómo medimos el “exceso” de inversión para algunos usos o la “insuficiencia”
de recursos destinados a otros usos?
Muchos partidarios de las patentes creen que las condiciones de funcionamiento de los mercados competitivos
no estimulan suficientemente la adopción de nuevos procesos, por lo que favorecen que esta innovación se
imponga coactivamente por parte del Estado. Sin embargo, el mercado regula la “tasa de innovación” en los
procesos como regula la “tasa de industrialización” de una zona determinada. En verdad, este argumento
recuerda mucho a la falacia de la “industria naciente” que considera que el mercado por sí mismo no permite
adoptar procesos con mayor valor. El contraargumento hacia ambos asertos es exactamente el mismo: la gente
valora la mayor productividad de los nuevos procesos en comparación con el coste de adoptarlos, o sea,
comparándolo con cómo funciona la tecnología ya existente y en funcionamiento. Impulsar coactivamente la

4 Íbid., pág 132.


5 N. Stephan Kinsella, Against Intellectual Property (Instituto Ludwig von Mises, 2008), pág 16s. Este monográfico
apareció en primer lugar como un artículo para el simposio “Aplicaciones de la teoría legal libertaria”, publicado en
el Journal of Libertarian Studies 15, nº2 (Primavera 2001).
6 Íbid., pág. 27.
7 Íbid.
8 Ludwig von Mises, Human Action (Chicago: Regnery, 1949, 1963, 1966), págs, 385-386, 680-681.
9 Murray N. Rothbard, Man, Economy and State: A Treatise on Economic Principles (Aubum, Alabama: Instituto
Ludwig von Mises, 1962, 1970, 1993), pág. 655.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 4


innovación conlleva destruir valor al desaprovechar las tecnologías que todavía tienen utilidad, e implica
imponer un mayor lastre a los consumidores, cuyos deseos no se ven satisfechos de la manera más económica
posible.10
Por otro lado, ese argumento es el mismo que se utiliza en favor de las expropiaciones: se
enajenan determinadas posesiones para entregarlas a un negocio que se estima “más productivo”
para la economía de la zona.
Si bien Rothbard rechazaba radicalmente las patentes, veía el copyright como una idea
legítima y sostenible, siempre que se pudiera llegar a ella a través de un contrato voluntario entre las
partes.
Pongamos un hombre que escribe un libro o compone música. Al publicar su obra, pone en la primera
página la palabra “copyright”. Esto indica que cualquier persona que desee comprar ese producto acepta, con la
compra, no copiar ni reproducir la obra con fines mercantiles. En otras palabras, el autor no vende su propiedad
junto con todos sus derechos asociados: la vende a condición de que no se reproduzca con fines mercantiles.
Dado que el comprador acepta esa condición con la adquisición, cualquier infracción del contrato por parte de
ese comprador o cualquier subsidiario sería un robo implícito, y sería tratado como tal en un mercado libre.
Ergo, el copyright es una forma de proteger la propiedad en el libre mercado.11
Sin embargo, el régimen de “contrato voluntario” que Rothbard imaginaba para el copyright
sería de hecho totalmente impracticable12. En primer lugar, como apunta Kinsella, los contratos sólo
obligan a las partes contratantes, por lo que un tercero no vinculado que adquiera la obra no se vería
afectado por el contrato del copyright. Además, existen dudas de que se pueda imponer sanciones
en virtud del contrato de copyright incluso contra el mismo comprador . El blogger que usa el
seudónimo “quasibill” apunta en The Bell Tower los problemas que reviste para el cumplimiento de
cualquier tipo de contrato el requisito de “encuentro de voluntades” que requiere la common law
(ley común), en la cual se basan los sistemas anglo-estadounidenses de derecho:
En primer lugar, es importante clarificar que un contrato NO ES un documento escrito. A medida que
vayan leyendo irán entendiendo que lo que el papel representa es una prueba (muy fuerte, eso sí) de los
términos de ese contrato. El contrato es el consenso mutuo de las partes, el “encuentro de voluntades” que se
diría en la terminología de la common law. Ergo, el contrato es una creación subjetiva, al tener que
interpretarse las voluntades de, como mínimo, dos partes.
[...]Las palabras escritas en un documento no constituyen el contrato: simplemente son una prueba de lo que
las partes desean que ese contrato sea[...]
En particular, “quasibill” menciona que los tribunales suelen acudir a fuentes externas como
las prácticas comerciales habituales (“la costumbre del sector”) para esclarecer qué entienden o
desean las partes contratantes, de forma que se pueda establecer si existió un “encuentro de
voluntades” que en efecto diera lugar a un contrato que se pueda hacer valer.13
Siguiendo este razonamiento, las expectativas de vendedor y comprador sobre si el contrato
se podrá hacer cumplir jugarán un papel fundamental a la hora de determinar si el comprador
asumió obligaciones de copyright junto con la compra. En un entorno en el que verificar la
aceptación de las normas conlleva costes y en el que el riesgo de ser detectado y castigado sea bajo,
es improbable que un comprador, o que un tribunal, se tomen un contrato así en serio.
Análogamente, algunos empleadores podrían requerir en sus contratos que sus trabajadores
no fumen en sus propias casas, no hablen de su trabajo en los bares en términos perjudiciales para el
empleador, o que no vayan a su trabajo con un arma escondida en el coche. En la mayoría de casos
el empleado firmará el contrato de trabajo y cruzará los dedos para que no le pillen, pensando que

10 Íbid., págs. 657-658.


11 Íbid., pág. 654.
12 Kinsella, Against Intellectual Property, pág.46.
13 Quasibill, “Contract Enforcement Consolidation”, The Bell Tower, 20 Diciembre 2007 <http://the-bell-
tower.blogspot.com/2007/12/contract-enforcement-consolidation.html>.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 5


“lo que yo haga fuera del trabajo es cosa mía.” Si en una solicitud de empleo se piden datos que se
consideren del ámbito privado de las personas, como la ideología política, sus prejuicios sociales,
etc., el empleado actuará entendiendo que si el empleador quiere saber esos datos de forma tan
acuciante, deberá hacerlo a su propia costa: el empleado no tiene por qué incriminarse a sí mismo.
Kinsella se ha mostrado escéptico al respecto de la posibilidad real de cumplir contratos que
se firmen, por ejemplo, mediante un clic:
[...]En la letra pequeña no suele haber encuentro de voluntades. Si el consumidor simplemente marca
la casilla de que “ha leído y acepta las condiciones” de forma rutinaria, y el vendedor lo sabe, entonces la
asunción de que ambas partes han aceptado el acuerdo me parece ficticia.[...]14
[...]Creo que las partes tienen el derecho de entrar en cualquier tipo de términos que acuerden, aunque
sean más estrictos y draconianos que los que marca la legislación de propiedad intelectual actual. [Pero] no
creo que algo sea parte de un contrato simplemente porque aparezca en la letra pequeña de una página de
Internet o cosas así. Creo que debe producirse un auténtico encuentro de voluntades. Por ejemplo, supongamos
que yo vendo algo y meto al final de un ladrillo legal la cláusula: “al hacer clic en Aceptar el comprador acepta
entregarme la mitad de su salario de por vida”. Yo sé que el comprador va a darle a Aceptar sin leer el tocho,
por lo que también sé que NO va a aceptar esa cláusula; ergo, no hay encuentro de voluntades, por lo tanto no
hay contrato que hacer valer, por lo que esas típicas cláusulas estúpidas que el vendedor sabe que el comprador
no va a leer tampoco se deben hacer cumplir.15
En tercer lugar, el cumplimiento de los contratos de copyright, incluso entendiéndolo como
legítimo, tiene grandes problemas para verificar que en efecto se ha acordado exactamente eso. El
inmenso cuerpo legal de la legislación sobre copyright de los últimos 20 años nos debería indicar
que hacer valer esa ley requiere un importante aparato regulatorio y de vigilancia estatal, sin el cual
el copyright sencillamente no se puede cumplir.
El nuevo régimen de copyright digital ha eliminado muchas de las antiguas limitaciones del
copyright que lo afectaban sobre todo cuando estaba relacionado con medios escritos (libros y
periódicos), como las de “primera venta del artículo” o “uso razonable”. Podemos dar gracias por
las exenciones tradicionales que tenían las bibliotecas públicas y las fotocopias.
Charles Johnson nos ofrece un ejemplo de “uso razonable” como la práctica habitual de las
universidades de reservar ejemplares de libros para fotocopiar, en vez de obligar a los estudiantes a
comprar libros a los exorbitantes precios de las editoriales (yo mismo tengo numerosas fotocopias
de libros conseguidas a través de préstamos interbibliotecarios, sin cuya ayuda habría tenido que
comprar bastantes libros de 70 dólares o más, en muchos casos por textos de menos de 200
páginas). Sin embargo, él expone el siguiente panorama:
Cuando la universidad decide eliminar el papel y sustituir las fotocopias por una website interna de la
Facultad que ofrecía exactamente el mismo contenido sólo que en la pantalla de un monitor en vez de en folios,
el gremio de editores se lanza a demandar y a gritar “¡ORDENADORES! ¡INTERNET!”, mandar a sus
abogados a demandar una nueva forma de tributo para su modelo de negocio monopolista, y cuando esa
“negociación” fracasa, una práctica realizada sin controversia durante décadas se convierte en un embrollo
legal en que están en juego asuntos como la viabilidad del modelo de negocio de las editoriales académicas,
mientras el gremio usa los más coloridos argumentos proteccionistas para mantener su posición legal ante el
tribunal[...]16
El caso del contenido en formato digital es paradigmático: para que el copyright pueda
imponerse es preciso no sólo implantar tecnologías de DRM [gestión de derechos digitales], sino

14 Kinsella comenta en “The Validity of End User License Agreements Redux”, del blogger Aheram, Copyfascism
Watch, 2 Diciembre 2008, <http://mises.org/Community/blogs/copyfascism/archive/2008/12/02/the-validity-of-end-
user-license-agreements-redux.aspx#comments>.
15 Kinsella comenta en “Can You Contract Away Fair Use?" de David K. Levine, Against Monopoly, 13 Abril 2009
<http://www.againstmonopoly.org/index.php?perm=593056000000000868>.
16 Charles Johnson, “How Intellectual Protectionsim promotes the progress of science and the useful arts”, Rad Geek
People's Daily, 28 Mayo 2008 <http://radgeek.com/gt/2008/05/28/how_intellectual/>.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 6


también criminalizar las formas que existen de saltarse esas tecnologías. Imagine que usted compra
un coche pero no puede llevarlo por determinados sitios que el fabricante no quiera. En la práctica,
un contrato así sería letra muerta porque comprobar que se está cumpliendo el acuerdo es imposible.
Sin embargo, si el coche estuviera sujeto a las restricciones existentes en la industria digital, llevaría
incorporados unos abrojos que saltarían si usted transita por el “terreno prohibido”, pinchando las
ruedas del auto. Y no sólo eso: los abrojos vendrían de serie por ley en cada coche, y vender o usar
medios para quitarlos del coche sería ilegal. No suena muy libertario, ¿no?

En “The Right to Read”, Richard Stallman describió las inevitables consecuencias de un


sistema así a través de una distopía situada a finales del siglo XXI en la cual el copyright tuviera
vigencia absoluta.
Si él le prestaba a ella su ordenador, ella podría leer sus libros. Además del hecho de que dejar a
alguien leer tus libros te mandaría derechito a la cárcel por muchos años, la idea le chocó en principio. Como
todo el mundo, le habían dicho desde pequeñito que compartir tus libros era algo malo y perverso: algo que
sólo harían los piratas.
Por otro lado había pocas posibilidades de escapar de la SPA (la Asociación para la Protección del Software).
En sus clases de Software, Dan había aprendido que cada libro tenía un monitor de copyright que permitía
saber quién, dónde y cuándo estaba leyéndolo, y mandaba la información a la Central de Licencias, donde la
usarían para atrapar a los piratas o para recopilar información personal que vender a los grandes centros
comerciales.
Por supuesto, a lo mejor Lissa ni siquiera quería leer los libros de Dan. A lo mejor sólo necesitaba el ordenador
para escribir un trabajo. Pero Dan sabía que ella provenía de una familia de clase media: la matrícula y las tasas
de lectura le eran un brutal esfuerzo económico. Leer sus libros era la única forma que tendría de graduarse.
Dan se puso en su piel: no estaba lejos aún el día en que tuvo que pedir dinero al banco para pagar los papeles
que necesitaba para su investigación.
Más tarde, Dan se enteró de que hubo una época en la que cualquiera podía ir a una biblioteca y leer artículos e
incluso libros sin tener que pagar. Había eruditos independientes que leían miles de páginas sin becas de
biblioteca. Sin embargo, a finales de la década de 1990, tanto los diarios comerciales como los que no tenían
ánimo de lucro empezaron a cobrar por sus contenidos. Ya para 2047, las bibliotecas que ofrecían acceso
gratuito a literatura especializada eran una reliquia del pasado.
Había formas de eludir a la SPA y a la Central de Licencias, todas ellas ilegales. Dan había estado en clase de
software con otro chico, Frank Martucci, que se había agenciado un debugger, un depurador de código. Frank
usaba el debugger para hackear el monitor de copyright de los libros cuando leía. Sin embargo, se fue de la
lengua con mucha gente, y uno de sus amigos le delató a la SPA a cambio de una recompensa (los
estudiantes en quiebra eran fácilmente sobornables). Para aquel año 2047, Frank estaba en la cárcel, no por leer
libros ilegalmente, sino por poseer un depurador.
Dan supo más tarde de que hubo un tiempo en el que todo el mundo tenía acceso a herramientas de
depuración de código, incluso gratuitas, que se podían obtener en un CD o descargar de la red. Sin embargo,
los usuarios empezaron a usar los debuggers para hackear los monitores de copyright, y un juez dictaminó que
esa era su función principal, así que fueron declarados ilegales y los desarrolladores de debuggers fueron
encarcelados.
Por supuesto, seguían haciendo falta herramientas de depuración, pero en 2047 sólo se daban copias numeradas
a programadores con licencia oficial y colegiados. El depurador que Dan usaba en clase de software estaba
detrás de un firewall especial para prevenir que la gente lo pudiera usar más que para los ejercicios de clase.
Los monitores de copyright se podían eludir instalando un núcleo del sistema modificado. Dan llegó a
enterarse de que a principios de siglo había núcleos e incluso sistemas operativos gratuitos, pero no sólo eran
ilegales, como los debuggers, sino que para instalarlos también necesitabas saber la contraseña raíz de tu
ordenador... algo que ni el FBI ni el Servicio Técnico de Microsoft te iban a dar.17
Hay un motivo para todos esos controles draconianos. Michel Bauwens, de la Fundación

17 Richard Stallman, “The Right to Read” (actualizado en 2007). Aparición original en 1997, en la tirada de Febrero de
Communications of the ACM (Volumen 40, nº 2) <http://www.gnu.org/philosophy/right-to-read.html>.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 7


P2P, lo describe de la siguiente forma: la economía corporativa tiene cada vez más problemas de
realización al monetizar y capturar beneficio de la utilidad que se genera en el reino inmaterial: cada
vez es más difícil capturar valor de la posesión de ideas, diseños y tecnología (lo que Tom Peters
denomina “el intelecto y la no-sustancia” que forman parte del precio de un bien), y esa dificultad
está llevando al capitalismo a una crisis de sostenibilidad.
Entiendan lo siguiente: la tesis del capitalismo cognitivo postula que el sistema ha entrado en una
nueva fase basada en la acumulación de conocimiento, más que en la de medios físicos de producción. Los
postulados vectorialistas [de Mckenzie Wark] explican que ha surgido una nueva clase de capital que controla
los vectores de información, esto es, los medios a través de los cuales debe canalizarse la información y los
productos basados en procesos creativos para que se pueda extraer su valor de cambio. Ambas tesis describen
con precisión lo que ha pasado en los úiltimos cuarenta años, tras 1968, en los que se ha visto un incremento
brutal de la competencia basada en el conocimiento y en los activos de información, lo que habría debilitado el
“fondo común” de conocimiento científico y técnico.
Sin embargo, en mi opinion, ninguna de estas tesis recoge la tendencia que ahora está en la cresta de la ola: la
emergencia del intercambio peer to peer como una forma social. ¿Qué está pasando? En términos de creación
de conocimiento, a través del P2P se está creando un fondo común muchísimo mayor que está cada vez menos
controlado por el capitalismo cognitivo.18
En otro artículo más reciente en el blog de la Fundación P2P, Bauwens elaboró su tesis sobre
el capitalismo cognitivo entendiéndolo como una respuesta a los límites de acumulación de la
materia física, intentando buscar nuevos tesoros para apropiarse en el espacio cognitivo. Sin
embargo, este intento está condenado a fracasar por la dificultad creciente de hacer valer los
derechos de propiedad de la información. Crisis como la del petróleo en los años 70 apuntarían en el
sentido de esos límites a la propiedad física. Por otro lado, Bauwens establece una comparación
entre las necesidades actuales del capitalismo de cambiar el modelo de crecimiento de un patrón
extensivo a otro intensivo con la crisis de la economía esclavista:
Esto no es un asunto baladí, puesto que otros modos de producción y otras civilizaciones ya cayeron
al verse impotentes para adaptarse a los límites que marca el crecimiento extensivo. Por ejemplo, la esclavitud
era un sistema caracterizado por su poca productividad, pero además no podía aumentarla, dado que eso
hubiera requerido dar a los esclavos más autonomía. Por ello los imperios esclavistas necesitaban crecer en
extensión territorial. Sin embargo, había un punto crítico a partir del cual el coste de la expansión superaba los
beneficios. Así, para superar las contradicciones del sistema surge el feudalismo, un sistema basado en las
economías locales, que permite a los siervos una cierta autonomía y la mejora de sus medios de producción, lo
que conduce a una mayor productividad.
La alternativa al crecimiento extensivo es cambiar el patrón hacia un modelo intensivo, pero para ello el
sistema debe cambiar por completo, la lógica sistémica ya no es la misma. El sueño del capitalismo es,
entonces, expandirse hacia el campo inmaterial, que es lo que implica la “economía de las experiencias”. La
idea que sostiene esa economía es, sencillamente, expandir los modelos de negocio actuales hacia el campo
inmaterial de “las experiencias”.
Sin embargo, según Bauwens, este modelo no es factible. La aparición del modelo de
producción “entre pares” (peers), basada en la naturaleza no rival y en el coste marginal nulo de
reproducción de la información digital, sumada a la dificultad creciente para hacer cumplir las leyes
de PI, implican que el capital no podrá obtener una tasa regular de beneficios en el reino cognitivo.
1. El valor no monetario crece de forma exponencial.
2. La monetización de ese valor sólo se puede hacer de forma lineal.
En otras palabras, existe una discrepancia creciente entre la creación directa de valor generado por las
relaciones sociales y la “inteligencia colectiva”[...] pero sólo una parte de ese valor se puede capturar con fines
monetarios y mercantiles. La innovación se convierte[...] en una propiedad emergente de las redes sociales más
que algo que suceda en los departamentos de I+D de las grandes corporaciones: el capital está convirtiéndose
en una fuerza que interviene a posteriori de la creación de innovación, antes que una condición sine qua non

18 Michel Bauwens, P2P and Human Evolution, Borrador 1994 (Fundación P2P, 15 Junio 2005)
<http://integralvisioning.org/article.php?story=p2ptheory1>.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 8


para esa creación.
Lo que esto anuncia es una crisis de valor[...] pero esencialmente una crisis de acumulación de capital. Ítem
más, carecemos de un mecanismo que fuerce a las instituciones a reintegrar el valor que capturan de la
sociedad. Ergo, encima de todo ello tenemos una crisis de reproducción social[...]19
Las corporaciones requieren de un grado cada vez mayor de intervención estatal para poder
capturar el valor de la información propietaria. Johann Soderberg compara cómo se vigilaban las
fotocopiadoras en la Unión Soviética para proteger a las elites de aquel país, y cómo se vigilan hoy
los medios de reproducción digital en los Estados Unidos* para proteger los intereses de los grandes
capitales20.
La buena noticia es que, a pesar de la creciente aplicación de la legislación de PI y de las
tecnologías que se están imponiendo legalmente para controlar su cumplimiento, la ley
estadounidense sigue siendo difícil de hacer cumplir. En una era con clientes torrent, encriptaciones
potentes y servidores localizados en paraísos anticopyright, vulnerar la DCMA [Digital Millenium
Copyright Act, ley de propiedad intelctual estadounidense] es fácil para quien se tome unas pocas
molestias en hacerlo.
Un ejemplo sería el caso del DeCSS, un software que descodifica el sistema mediante el
cual se codifica contenido en un DVD, y que surgió al querer impedirse el acceso al código de ese
programa.
El periodista Eric Corley, más conocido como Emmanuel Goldstein, un seudónimo extraído de 1984,
de George Orwell, colgó el código del DeCSS (llamado así porque descodifica el Content Scrambling System
con el que se codifican los DVD's) como parte de una historia que escribió en noviembre para el conocido
diario hacker 2600. La MPAA [Motion Pictures Association of America, la patronal del cine en EEUU]
denunció que Corley había vulnerado la DCMA en la parte que ilegaliza los métodos para saltarse la
codificación de productos afectados por ella.[...]
Todo empezó cuando un adolescente llamado Jon Johansen escribió el código del DeCSS para poder ver DVDs
en Linux. La MPAA le denunció en su Noruega natal. Johansen testificó el jueves que anunció la
descodificación exitosa de un DVD en la lista de correo de LiViD (Linux Video and DVD Project), un centro
de recursos especializado en trabajos relacionados con vídeo y DVD en Linux[...]
El juez del caso, el honorable Lewis Kaplan, de la Corte de Distrito del sur de Nueva York, aprobó medidas
cautelares contra la publicación del código. Corley quitó el código del site, pero en un gesto desafiante puso
enlaces a diferentes sites que tenían colgado el código del programa.
Consecuentemente con su postura hacker, los defensores de Corley acudieron al juicio con camisetas que
contenían el código de DeCSS. Hay más de 300 páginas web que aún tienen el código publicado, muchas de
ellas fuera de la jurisdicción de la MPAA.21
Este incidente, junto con la humillante derrota legal de los grandes consorcios en diferentes
casos como el “caso McLibel” británico, muestra el grave fracaso de éstos a la hora de evitar la
libre circulación de información propietaria o de afirmaciones supuestamente injuriosas22. Cualquier
intento en esa dirección se ha topado con la respuesta rápida en forma de transferencias de archivos
“prohibidos” y la aparición de sitios mirror (espejo) de forma mucho más veloz que la supresión

19 Michael Bauwens, “Can the experience economy be capitalist?”, P2P Foundation Blog, 27 Septiembre 2007
<http://blog.p2pfoundation.net/can-the-experience-economy-be-capitalist/2007/09/27>.
* Y en España, donde no sólo se vigilan sino que están gravados incluso antes de llegar a usarlos con un “canon
digital”, en favor de las corporaciones y los insiders de determinados sectores creativos (Nota del Traductor).
20 Johann Soderberg, Hacking Capitalism: The Free and Open Source Software Movement (Nueva York y Londres,
Routledge, 2008), págs. 144-145.
21 Deborah Durhan-Vichr, “Focus on the DeCSS trial”, CNN.com, 27 Julio 2000.
<http://archives.cnn.com/2000/tech/computing/07/27/decss.trial.p1.idg/index.html>.
22 Se explicitan numerosos casos de este tipo de conducta en el Capítulo Noveno (“Los problemas de agencia de la
mano de obra”) de Organization Theory: A Libertarian Perspective (Booksurge, 2008). Un borrador del capítulo se
puede encontrar bajo el site
<http://members.tripod.com/kevin_carson/sitebuildercontent/sitebuilderfiles/Chapter9.pdf>.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 9


legal de los “ofensores” por parte de los poseedores de contenidos. Estos “propietarios de
información” están en un barco en el cual al tapar una fuga de agua salen veinte más.

Por otro lado, en la “carrera armamentística” de la tecnología de supervisión estatal para


evitar “violaciones de contenidos” y la tecnología para burlar esa supervisión, los burladores
siempre van un paso por delante. En verdad, en definitiva la supresión legal de la “piratería” estaría
en manos de quienes permiten llevar el correo correctamente hacia los usuarios... lo que implica que
los enemigos de la libertad se van a comer un mojón.

Si el acta DMCA no es aplicable a pesar de la imposición estatal del DRM y de la


ilegalización de las tecnologías para burlarlo, e incluso aunque el coste de aplicarlo esté subsidiado
por el contribuyente, uno se pregunta: ¿qué pasaría con todas esas demandas de copyright en un
mercado libre? En un sistema de libre mercado, siendo tal aplicación un bien privado pagado a
precio de coste, sería el propio “propietario de copyright” el que tendría que financiar la aplicación
de ese tipo de cláusulas.

La PI es un tipo de privilegio como otro cualquiera, un ejemplo dentro de una categoría más
amplia de derechos de propiedad artificiales. Como todas las formas coactivas, estos derechos crean
una situación de suma cero en la cual una de las partes se beneficia en perjuicio de la otra de forma
simétrica. Mientras los derechos naturales de propiedad benefician a todos al asegurar que el
individuo puede reclamar el fruto de su esfuerzo, los derechos de propiedad artificiales permiten a
su tenedor cobrar un tributo al esfuerzo de los demás. Los derechos de propiedad natural permiten
lidiar con la escasez: los derechos artificiales de propiedad crean esa escasez.

Esta distinción entre propiedad natural y artificial es análoga a los conceptos de Albert Jay
Nock de “propiedad derivada del trabajo” y “propiedad derivada de la ley”23. Según Nock, sin la
expropiación de la tierra (la expropiación de tierras desocupadas y de baldíos en favor de una clase
privilegiada que no trabajaba la tierra sino que gravaba a quienes lo hacían), la explotación del
trabajador sería imposible. Históricamente, en los casos de competencia entre un sistema salarial y
un sistema de fácil acceso a los medios de producción, ni los salarios ni los beneficios bajan o suben
respectivamente de determinados umbrales. Como preguntaba Kropotkin:

Si todo peón-granjero tuviera su propia tierra, libre de renta y de impuestos, y las herramientas y las
existencias para explotarla, ¿quién araría las tierras del barón? Cada cual miraría por su propia tierra […]
Si todos los hombres y mujeres del campo tienen asegurado el pan y sus necesidades actuales están
cubiertas, ¿quién trabajaría para un capitalista por media corona al día cuando la propia producción diaria de
uno tiene un valor en el mercado de una corona?24

Los defensores de la PI defienden que el innovador debe percibir las rentas de escasez como
premio a su contribución neta a la utilidad de los consumidores. Si el consumidor no considera que
la innovación sea un beneficio, incluso al precio con patente, es libre de no comprar el producto.
Ronald Bailey, un entusiasta de las compañías farmacéuticas y de biotecnología que escribe para la
revista Reason, es un buen ejemplo de esa línea de pensamiento pro-rentas. Citando un estudio
sobre el valor que tiene para los consumidores la esperanza de vida aumentada con respecto al coste
de los medicamentos nuevos, concluye que “las compañías farmacéuticas no reciben suficiente
dinero [...] por los beneficios que nos proporciona la prolongación de nuestra vida [...]” 25

23 Albert Jay Nock, Our Enemy, the State (Delavan, Winsconsin: Hallberg Publishing Group) pág. 80.
24 Peter Kropotkin, The Conquest of Bread (New York: Vanguard Press) págs 36-37.
25 Ronald Bailey, "Drug Companies Don't Get Enough Money ...," Blog Reason Hit&Run, 22 de febrero de 2006
<http://www.reason.com/blog/show/112727.html#012727>.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 10


Hay una palabra que define exactamente al ofertor de un bien que fija su precio teniendo en
cuenta todo el excedente del consumidor: es un monopolista. El efecto normal de la competencia de
mercado es que las ganancias de productividad en la fabriación de un bien se trasladan en forma de
bajadas de precios al consumo final. Sin embargo, los derechos de propiedad artificiales permiten
mantener a los vendedores privilegiados en una situación en la que cobran al consumidor según la
utilidad que éste deriva de su producto, sin tener en cuenta el coste de suministrar el bien. Las
patentes obstaculizan el proceso por el cual las ganancias de productividad se trasladan a precios
finales menores: por contra, permiten a esos vendedores privilegiados apropiarse de esas ganancias
de productividad en vez de socializar esa ganancia a través de los menores precios de la
competencia de mercado.

Pero no sólo eso: estos derechos artificiales permiten recaudar tributo a cambio del
“servicio” de no obstaculizar la producción de un bien. Como anotó John R. Commons, el valor del
supuesto “servicio” que presta el tenedor de derechos artificiales depende totalmente de la
capacidad de este tenedor para impedir el acceso al objeto en litigio. Como escribí en Studies in
Mutualist Political Economy, los marginalistas

tratan la actual estructura de derechos de propiedad sobre los “factores” como una cosa dada,
procediendo a analizar como se remuneraría a esos “factores” dependiendo de su contribución marginal. Así, si
la esclavitud estuviera vigente, un marginalista podría describir, por su cara bonita, la contribución marginal
del esclavo al producto (imputado al dueño del esclavo, por supuesto) y el “coste de oportunidad” que tendría
el empleo del esclavo en otra tarea distinta.26

Según Maurice Dobb, estos privilegios serían análogos a un fuero estatal por el cual se
permitiera recaudar un portazgo, tal como hacían los pequeños condados medievales obstruyendo el
comercio entre sus pequeños dominios.

Supongamos que los portazgos fueran una institución generalizada por la costumbre o por las leyes
más antiguas. ¿Se podría negar que la renta de la clase poseedora de los derechos proviene de una “apropiación
de los bienes producidos por otras personas” más que de la “actividad de producción o transformación de
bienes económicos”? Sin embargo, las tasas de portazgo se fijarían en consideración a la competencia de las
rutas alternativas, por lo que tendrían precios asimilables a los de un “mercado abierto”. Ergo, ¿no sería la
apertura y el cierre de las puertas un “factor de producción” según las últimas definiciones de éste que se
conocen, y tal como hoy se considera a las funciones del emprendedor capitalista? Este factor tendría una
productividad marginal como el resto, y se le podría remunerar según el valor del servicio que preste.
Entonces, ¿dónde está la línea entre los portazgos y los derechos de propiedad sobre bienes escasos en
general?27

Thorstein Veblen hacía una separación similar entre la propiedad como soportabilidad
capitalizada e insoportabilidad capitalizada. Ésta última consistía en poseer poder sobre el resto de
competidores y sobre el público, lo que permitiría a los dueños de esa propiedad obstaculizar la
producción28.

Se aduce en respuesta a los ataques contra las patentes y los monopolios, que “toda propiedad es un
monopolio: eso es cierto, pero hay que cogerlo con pinzas. La propiedad tangible es un monopolio natural: una
parcela de tierra sólo puede ser ocupada y usada por un dueño, ya que es finita. Por la naturaleza de las cosas,
dos personas no pueden ocupar el mismo espacio físico al mismo tiempo. Por contraste, la “propiedad
intelectual”, es un monopolio artificial sobre una escasez inexistente. Y al contrario que la propiedad tangible,
que para ser mantenida necesita ser “defendida”, la aplicación de “derechos de propiedad” sobre las ideas

26 Kevin Carson, Studies in Mutualist Political Economy (Blitzprint, 2004), pág. 79.
27 Maurice Dobb, Political Economy and Capitalism: Some Essays in Economic Tradition, 2ª rev. ed. (Londres:
Routledge & Kegan Paul Ltd, 1940, 1960), pág. 66.
28 Veblen, The Place of Science in Modern Civilization and other Essays, p. 352, citado por John R. Commons,
Institutional Economics (New York: MacMillan, 1934), pág. 664.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 11


requiere “atacar” la propiedad de otra persona. Ergo, las patentes […] agreden, más que defienden, los
derechos de propiedad.29

Kinsella elabora esta idea de que la PI en verdad permite al tenedor de ésta inmiscuirse en la
propiedad tangible de otra persona. Un derecho de PI implica que

Una persona que tenga una idea creativa o útil para determinada situación, de forma que puede guiar
el comportamiento de un actor en el uso de su propiedad tangible, adquiere inmediatamente un derecho de
propiedad sobre toda la propiedad tangible del mundo sobre la que esa idea pueda ser aplicada. Esta novísima
técnica es tan poderosa que da a su creador el derecho incluso sobre propiedades de terceros existentes antes de
la idea.

Por ejemplo, si alguien inventa una nueva técnica de cavar pozos, el inventor puede impedir que un
sujeto pueda cavar pozos mediante esa técnica en la mismísima propiedad de éste último. Para ilustrar esta idea
podemos volver al tiempo en el que los hombres vivían en cuevas. Imaginemos a un tipo listo, al que
llamaremos hombre de Galt-Magnon*, que decide construir una cabaña de madera cerca de las cosechas. Es
una buena idea, y otros le imitan construyendo sus propias cabañas. Sin embargo, para los defensores de la
propiedad intelectual, este Galt-Magnon que construyó su casa primero podría obtener el derecho de impedir
que los otros construyeran casas, o de cobrarles una tasa por hacerlo. Está claro en este caso que el innovador
obtiene una parte de la propiedad tangible de otros (madera y tierras en este caso) no por haber ocupado y
usado la propiedad primero, ya que estaba ocupada y usada, sino por tener una idea.

Scott Adams, creador de Dilbert, usó una pobre metáfora con unos calzoncillos a la hora de
defender el copyright:

Déjeme plantearle una analogía: suponga que su vecino entra en su casa cuando usted no está y coge
prestados sus calzoncillos. Después de llevarlos todo el día, su vecino los lava, los dobla bien y los deja en su
sitio en perfecto estado, todo mientras usted está ausente. Su vecino se dice a sí mismo que hablará bien a las
gentes de su negocio, sea éste cual sea, por lo que la situación le dará a usted una buena publicidad. La
siguiente vez que le ve, su vecino le habla del tema de sus calzoncillos porque cree que usted le agradecerá la
propaganda en favor de su negocio. Su vecino le informa de que están ante una situación win-win.
Siendo que usted tiene la propiedad total de sus calzoncillos, ¿es esto un crimen sin víctima? Yo diría que a
pesar de que la propiedad es físicamente la misma, el dueño de los calzoncillos ha perdido algo.30

Esta analogía es bastante ridícula. Los calzoncillos son un objeto material que sólo puede
ocupar un determinado espacio a la vez. Cuando mi vecino me los quita, yo dejo de tener esos
calzoncillos, y lógicamente no los puedo usar. O sea, la propiedad física es un juego de suma cero,
en el que si uno tiene algo los demás no pueden tenerlo. Por ello, los derechos de propiedad en el
mundo físico tienen sentido, porque establecen al poseedor legítimo y solucionan los conflictos
derivados de que haya varios que reclamen poseer el bien. Para que los calzoncillos sirvieran como
analogía, deberían ser reproducibles infinitas veces a un coste marginal nulo, de forma que el dueño
original jamás perdiera en momento alguno sus calzoncillos. Una analogía más apropiada se daría si
yo pudiera crear un duplicado de los átomos de esos calzoncillos en mi casa a través de tecnología
de dominio público, sin entrar en casa de Adams ni tocar sus calzoncillos originales.

Evidentemente, lo que Adams lamenta no es el uso de la cosa en particular, sino la pérdida


de valor económico de sus creaciones que tendría en comparación con una situación en la que él
fuera el único vendedor legal de éstas. Pero como dice Kinsella, “nadie puede tener derecho al valor

29 Rothbard, Power and Market: Government and the Economy. (Kansas City: Sheed Andrews and Mcmeel, Inc.,
1970, 1977) , pág. 71.
* Aquí Kinsella hace una broma con John Galt, que es uno de los personajes de la monumental obra La rebelión de
Atlas, escrita por Ayn Rand, a la que se mencionó antes como una defensora de la PI (N. del T.) .
30 Scott Adams, “Is Copyright Violation Stealing?” The Dilbert Blog, 7 de Abril de 2007
<http://dilbertblog.typepad.com/the_dilbert_blog/2007/04/is_copyright_vi.html>.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 12


de una propiedad, sino a la integridad física de ésta”31. Si no, se está aceptando la legitimidad de las
leyes de urbanismo que impiden a los dueños poner cuartos de aperos o paneles solares en sus
propias casas, para proteger el “valor de la propiedad” de los vecinos. El derecho principal de
alguien a su propiedad es el de su uso irrestricto, no el de la cooperación de otros para mantener el
valor de la propiedad. Una ley que limite el uso de la propiedad de uno para mantener el valor de la
propiedad de otro (y todo ello en nombre de los “derechos de propiedad”) es intrínsecamente
perversa. El blogger Mark Poncelet, por su parte, parodió la analogía de los calzoncillos de Adams:

No olvide que usted jamás llega a poseer sus calzoncillos, a menos que los cosa usted mismo, y aún
así, ojo con que se parezcan a los de otra persona: puede ser demandado por daños y perjuicios. Los fabricantes
de calzoncillos le dan una licencia para usarlos. Cuando usted “compra” unos calzoncillos, sólo una parte del
dinero va a quien los diseñó: el resto van al que los produjo en masa y al que los transportó. Parte de ese dinero
irá a empresas que le demandarán si usted lleva esos calzoncillos de forma que a ellas les parezca inapropiada.
Yo pago una suscripción a una compañía que me manda calzoncillos según los pido. Yo puedo
llevarlos, pero ellos deciden con qué frecuencia puedo hacerlo, y claro, tampoco puedo llevar muchos
calzoncillos similares consecutivamente. Cuando he acabado de usarlos, los tengo que devolver. Es un sistema
mucho mejor que otros con los que se compran calzoncillos...
¿Comprar sus calzoncillos en iTunes? ¡Al menos así puede quedárselos! Sin embargo, prepárese para que
alguien de Apple le vea ponérselos y quitárselos.
Sin importar cómo obtuvo sus calzoncillos, hay ciertas cosas que debe considerar antes de ponérselos. Usted
no “posee” los calzoncillos, sino que “está autorizado” a ponérselos. Y a cambio de ese permiso, están
decidiendo muchas cosas por usted.32

2. Los privilegios son una irracionalidad económica

Los derechos artificiales de propiedad generan ineficiencias al mantener recursos


productivos fuera de uso y al crear una distribución ineficiente del poder adquisitivo. Ya en la
década de 1830, Thomas Hodgskin escribió en su The Natural and Artificial Right of Property
Contrasted sobre el efecto de los derechos de propiedad artificiales a la hora de mantener tierras
productivas fuera de cultivo y de eliminar oportunidades para los trabajadores. Cuando la tierra se
hace artificialmente escasa por su apropiación política [léase: las Enclosures] el arrendador sólo
permitirá el cultivo de las tierras que generen una renta no sólo para mantener al arrendatario, sino
también para pagar la renta de la tierra. De haberse tolerado la ocupación libre de tierras, los
trabajadores habrían podido desarrollar tareas como el drenaje de pantanos o el cultivo de baldíos,
que habrían bastado para mantener al campesino y a su familia, pero no eran suficientes para pagar
“ganancias, diezmos, rentas e impuestos.”33

De forma análoga, la PI permite al poseedor de esos derechos mantener muchas tecnologías


productivas fuera de circulación, salvo las que generan un valor tal que el usuario pueda utilizarlas
para el mantenimiento de su actividad y adicionalmente, para el pago de rentas al tenedor del
copyright o de la patente. Además, como veremos más adelante, la PI ha generado un fenómeno

31 Kinsella, Against Intellectual Property, pág.47


32 Mark A. Poncelet, “Leave my underpants alone,” poncelet, April 9, 2007
<http://poncelet.livejournal.com/62034.html>.
33 Hodgskin,"Letter the Eighth: Evils of the Artificial Right of Property," The Natural and Artificial Right of Property
Contrasted. A Series of Letters, addressed without permission to H. Brougham, Esq. M.P. F.R.S. (Londres: B. Steil,
1832).

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 13


celebrado por Tom Peters: el aumento de la porción de los bienes “intelectuales” y de
“experiencias” en el consumo. Esto es parte de un fenómeno mayor, en el cual las escaseces
artificiales, las rentas derivadas de derechos artificiales de propiedad, y en general, la inflación de
costes operativos que éstas y otros sistemas de licencias y regulaciones estatales generan, se
interponen claramente entre el esfuerzo individual y la subsistencia.

Al incrementar la carga de trabajo necesaria para la subsistencia y permitir a los tenedores


de derechos artificiales la obtención de rentas inmerecidas sin esfuerzo alguno, la PI separa el
esfuerzo del consumo y genera una mala distribución del poder adquisitivo, la cual es, sin importar
qué visión se tenga de la Ley de Say en un libre mercado, un problema importante en el capitalismo
estatal. Hodgskin anticipó este fenómeno un siglo antes que gente como J.A. Hobson o Keynes:

La satisfacción de los deseos de los individuos es la guía natural de sus esfuerzos. En el momento en
que se ven trabajando para otros y no para sí mismos, esta guía les condena, y sus esfuerzos se ven dictados por
la codicia y las falsas ideas de sus amos. [...]Éstos tienen, podríamos decir, un prototipo en la naturaleza, y
algunos fenómenos de ella les afectan, pero la avaricia y gula de estos amos no tiene parangón. Bajo este
sistema la mano no alimenta a la boca, y el trabajo se enfoca a satisfacer la vanidad y la ambición en vez de las
necesidades animales. Cuando echamos un vistazo a la historia de este país y vemos que las falsas esperanzas
de los comerciantes e industriales lo han llevado a convulsiones mercantiles periódicas, no podemos sino creer
que ellos no viven en el mismo mundo armonioso y regular que el resto de los mortales.34

3. “Propiedad intelectual” y economía doméstica de EE.UU

Las patentes promovieron el control estable de los mercados por parte de ciertos
oligopolistas cuya principal herramienta era la gestión, el intercambio y la posesión de estas
patentes. Según David Noble, dos sectores novedosos, basados en el conocimiento científico
(“brotados del suelo del conocimiento científico en vez del de la sabiduría tradicional”) emergieron
a finales del siglo XIX: las industrias químicas y las de generación de electricidad35.
En el sector eléctrico, General Electric surgió como el fruto de una fusión entre Edison
Electric, que gestionaba todas las patentes de Thomas A. Edison, y la Sprague Electric Railway and
Motor Company, y luego en otra fusión de 1892 entre Edison General Electric yThomas-Houston.
Ambas fusiones se realizaron principalmente por temas relacionados con las patentes. En este
último caso, tanto Edison como Thomas-Houston poseían patentes mutuamente necesarias, y “no
podían desarrollar nuevos productos de iluminación, ferroviarios o de generación de electricidad sin
temor a represalias legales por infringir las patentes”36. Desde la década de 1890 en adelante, el
sector eléctrico estaba dominado por dos empresas, GE y Westinghouse, que debían sus cuotas de
mercado a las patentes. Además de las que poseían originalmente, estas empresas acumularon más
patentes (y por ende, mayor cuota de mercado) a través de la adquisición a inventores individuales,
la compra de otras empresas, fusiones con competidores y mediante el desarrollo metódico y
estratégico de invenciones propias patentables. A pesar estas empresas echaban un candado al sector
eléctrico estadounidense con su acaparamiento de patentes, la competencia entre ellas se hizo cada
vez más intensa y más problemática para ellas. Para 1896 el coste de las 300 demandas de

34 Hodgskin, The Natural and Artificial Right of Property Contrasted. A Series of Letters, addressed without
permission to H. Brougham, Esq. M.P. F.R.S. (London: B. Steil, 1832). Online Library of Liberty
<http://oll.libertyfund.org/index.php?option=com_staticxt&staticfile=show.php%3Ftitle=323&layout=html>.
35 David F. Noble, America by Design: Science, Technology, and the Rise of Corporate Capitalism (New York: Alfred
A.Knopf, 1977), pág. 5.
36 Íbid., pág.9.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 14


infracción de propiedad intelectual era ya inasumible, así que ambas compañías acordaron crear un
fondo común de patentes, del cual GE tenía cinco octavos37.
La estructura del sector de la telefonía tenía orígenes análogos: la Bell Patent Association
formaba el “núcleo de la organización industrial Bell” (y más tarde de AT&T). La National Bell
Telephone Company mantuvo una dura pugna para “controlar el terreno” (según las palabras de su
director general de la época, Theodore N. Vail) mediante las patentes. Según la descripción de Vail,
la empresa se rodeó
de todo cuanto pudiera proteger el modelo de negocio, todo el conocimiento, todo el material auxiliar:
mil y una patentes y pequeños inventos que permitieran hacer lo necesario para el negocio: esto era nuestra
meta, aquello que queríamos poseer y controlar.
Para ello, la empresa formó rápidamente un departamento de ingeniería
cuya misión era estudiar las patentes y su desarrollo, y examinar cuidadosamente los dispositivos que
vinieran tanto de nuestra empresa como de la competencia. Ya en 1879 montamos un departamento de
patentes, cuya idea era estudiar las que fueran saliendo con intención de comprar las que se estimasen
necesarias para el negocio, porque […] si no las controlábamos nosotros, alguien lo haría.38
Así, la compañía pudo mantener el control del mercado durante los primeros 17 años de
duración de las patentes principales, sino también, como Frederick Fish aseveró en un memorando
para el Instituto Americano de Ingenieros Eléctricos, durante los diecisiete siguientes que
disfrutaban
todas y cada una de las patentes sobre los métodos y dispositivos diseñados durante el progreso del
desarrollo comercial. [Por ello] uno de los primeros pasos fue organizar un cuerpo de ingenieros con suficiente
inventiva como para modificar y mejorar el sistema telefónico en todas las vías posibles […] de forma que
pudiésemos asegurarnos las patentes de los inventos accesorios, y así controlar el terreno de la forma más
extensa y duradera posible.39
Este método de ocupación preventiva del mercado mediante la gestión estratégica de
patentes también fue utilizado por GE y Westinghouse.

Incluso con la intensificación de la competencia a partir de 1894 con la expiración de las


patentes originales de Bell, y antes de que el gobierno influyera con sus favoritismos en forma de
licencias de operación y monopolios regulados, el legado del control de las patentes secundarias por
parte de AT&T le permitía poseer, en 1907, trece años más tarde, la mitad de la cuota de mercado40.
Esta compañía, anticipando la expiración de sus patentes, había “rodeado el negocio con toda la
protección auxiliar que era posible”, citando otra vez a Vail. En 1900, la compañía adquirió la
patente sobre las bobinas de Michael Pupin, y en 1907 se arrogó los derechos exclusivos en Estados
Unidos para las patentes de Cooper-Hewitt sobre el repetidor de arco de mercurio: ambas
tecnologías eran esenciales para el monopolio de AT&T en la telefonía de larga distancia41.

Para cuando se formó la FCC [comisión federal de telecomunicaciones estadounidense] en


1935, Bell poseía “algunas de las invenciones más relevantes en los sectores de teléfono y
radiofónico” y “varios acuerdos de gestión conjunta de patentes radiofónicas firmados en los años
20[...] le permitieron consolidar su posición relativa con respecto a otras grandes empresas del
sector.” Una investigación de la FCC reveló que AT&T controlaba “la explotación de fórmulas de
comunicación emergentes que hubieran sido competencia potencial” y se había “arrogado el
37 Íbid., págs. 9 y 10.
38 Íbid., págs. 11 y 12.
39 Íbid., pág. 12.
40 Íbid., pág. 12.
41 Íbid., pág. 91.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 15


dominio de las nuevas fronteras tecnológicas que surgieran en el futuro42”.
Las mancomunidades de patentes de radio incluían a AT&T, General Electric, Westinghouse,
RCA (formada como filial de GE después de que ésta adquiriera American Marconi) y la misma
American Marconi43. La historia de Alfred Chandler sobre los inicios de la electrónica de consumo
son poco más que un recuento de quién tenía qué patentes y quién vendía patentes a quién. Esto
debería ayudarnos a entender el concepto chandleriano de “capacidades organizativas” que
estudiaremos con detalle en el siguiente capítulo. En una época en la que las demandas de capital
físico (plantas y equipos) son cada vez menores para un gran abanico de sectores productivos, la PI
tiene como misión crear una “ventaja comparativa” artificial al conceder a un monopolista el uso
exclusivo de ciertas técnicas y avances tecnológicos e impedir su difusión por el mercado.
La industria química estadounidense moderna fue posible porque el departamento de Justicia
del país expropió las patentes químicas de Alemania tras la Primera Guerra Mundial, antes de la
cual el 98% de las aplicaciones químicas provenían de empresas alemanas y no existían en Estados
Unidos. Como resultado, la industria química americana prebélica estaba técnicamente
subdesarrollada, limitándose a procesar bienes intermedios importados de Alemania. El Fiscal
General A. Mitchell Palmer, como “Custodio de Propiedad Extranjera” durante la guerra, conservó
las patentes y licenció 735 de ellas en favor de firmas estadounidenses: sólo la firma Du Pont
recibió más de trescientas44.

En general, la PI es una herramienta muy efectiva a la hora de cartelizar los mercados de un


sector en su totalidad. Según Noble, esto sucedió en la industria automovilística y siderúrgica entre
otras45. En un artículo de 1906, el ingeniero mecánico y abogado de patentes Edwin Prindle las
describió como “la mejor y más efectiva manera de restringir la competencia”.

Las patentes son la única forma legal de obtener un monopolio absoluto. En una sentencia reciente el
tribunal comentó que “dentro de su dominio, el tenedor de la patente es dueño y señor […] las quejas sobre la
restricción del comercio y de la libertad de venta son irrelevantes, porque la constitución y las leyes autorizan
claramente este monopolio para la protección de las cosas útiles.

El poder que un poseedor de patente detenta a la hora de fijar las condiciones bajo las que se puede utilizar el
producto monopolizado se ha aprovechado para crear acuerdos de comercio entre sectores enteros, y si el
propósito de estos acuerdos es asegurarse ele beneficio del monopolio de la patente, tal acuerdo es legítimo.
Bajo esos contratos pueden fijarse precios, producción, y muchas otras ventajas que se habían buscado a través
de otros acuerdos “simples”: los únicos acuerdos comerciales entre competidores en este país que se declaran
válidos y que se deben poder imponer son aquellos que se hacen bajo los acuerdos de patentes.46

Por otro lado, al contrario que los acuerdos de cártel puramente privados, que naturalmente
tienden a ser inestables, los cárteles de control de patentes, al estar basados en un privilegio
otorgado por el Estado, sí conllevan una sanción creíble y muy efectiva en caso de abandonarlos.
Las corporaciones manufactureras se aseguraron el control estable de los mercados en sus
respectivos sectores con su “concepto napoleónico de la guerra sectorial, usando los inventos y
patentes como sus soldados de fortuna” y junto al “brazo investigador de la ofensiva de patentes”47.
Hoy la propiedad intelectual sirve de apoyo a las corporaciones y sus interrelaciones, en el
momento en que la “revolución de los escritorios” ha socavado al capital físico, cuyo control
justificaba la existencia de estos colosos hasta ahora. La importancia creciente del capital humano y

42 Íbid., pág. 92.


43 Íbid., págs. 92-93.
44 Íbid., pág. 16.
45 Íbid., pág. 91.
46 Íbid., pág. 89.
47 Íbid., pág. 95.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 16


la implosión de los costes que conlleva entrar en un negocio han tenido consecuencias
inaprehensibles para la producción, en el ámbito inmaterial. Antiguamente el elevado precio de los
activos físicos era la base principal del poder de los conglomerados jerárquicos, y de su control
sobre el capital humano y demás activos intangibles.

Como bien observa Luigi Zingales, la menor relevancia de estos activos ha cambiado el
panorama. Estas posesiones “que eran la principal fuente de renta con anterioridad, ya no son tan
insustituibles, por lo que no atraen tanto valor como antes[...] La demanda de innovación de
procesos y de mejoras de calidad sólo puede ser generada por empleados con talento”, lo que eleva
la importancia del capital humano48. El tiempo ha dado la razón a Zingales, con el surgimiento de
formas organizativas como la “Wikiempresa”, la “organización hipervinculada”, la “Empresa 2.0”,
etc. Tom Peters llegó a unas conclusiones sorprendentemente similares seis años antes en The Tom
Peters Seminar.

En el Top 500 de empresas en crecimiento de la revista Inc., que incluye una importante
porción de empresas relacionadas con la información, la tecnología de ordenadores y la
biotecnología, el 34% de las empresas integrantes se fundaron con menos de 10.000 dólares; el 59%
tuvieron menos de 50.000 dólares de capital inicial, y el 75% de estas empresas de alto crecimiento
se fundaron con menos de 100.000 dólares49. En muchos sectores, los antiguos requerimientos para
entrar al mercado superaban los centenares de miles de dólares, o incluso más. Los antiguos medios
de comunicación electrónicos se componían de “emisores-condensadores de alto coste y receptores
baratos y diseminados por todos lados”. Así, los únicos modelos organizativos adecuados para la
producción eran los que podían conseguir suficiente dinero como para instalar y mantener las
emisoras50.

Este era el caso de la prensa escrita, cuya principal barrera de entrada consistía en el
aumento del coste de los equipos de impresión hacia la mitad del siglo XIX: entre 1835 y 1850 el
coste de comenzar un periódico subió de 500 a 100.000 dólares , que en términos de dólares de
2005 consiste en una subida de 10.000 a 2,4 millones.51

En un claro contraste con estas cifras, la economía reticular consiste en “la arquitectura en red y el
bajo coste de convertirse en emisor.”

El primer elemento [de este cambio] es la transición desde un modelo de comunicación unidireccional
emisor-condensador → receptores, hacia un modelo de conexión multidireccional entre todos los nodos del
entorno de información en red. El segundo elemento es la eliminación de los costes de comunicación como
barrera entre quienes se comunican desde distintas redes sociales. Estos dos factores han alterado de forma
radical la capacidad de los individuos de actuar por su cuenta o junto con otras personas en la esfera de la
acción pública, en oposición a su antiguo papel de lectores, oyentes o espectadores pasivos.52

El cambio fundamental que hace esto posible es que “el único capital físico necesario para
expresarse y comunicarse como ser humano es un ordenador personal con conexión a Internet.”

Las funcionalidades de proceso, depósito de datos y de comunicación ya son poseídas por una gran
cantidad de usuarios[...] Los altos costes de capital que se necesitaban para recolectar, editar y comunicar

48 Zingales, “In Search of New Foundations” ol. Journal of Finance, v55 (2000), págs. 1641-1642.
49 Tom Peters, The Tom Peters Seminar: Crazy Times Call for Crazy Organizations (Nueva York: Vintage Books,
1994), pág.35.
50 Yochai Benkler, The Wealth of Networks: How Social Production Transforms Markets and Freedom (New Haven
and London: Yale University Press, 2006), pág. 179.
51 Íbid., pág. 188.
52 Íbid., págs. 212-213.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 17


información, conocimiento y elementos culturales están ahora distribuidos de forma muy amplia en la
sociedad, por lo que la barrera de entrada que significaban ya no justifica la existencia de las grandes
organizaciones que antes dominaban el entorno informativo. 53

La revolución de los escritorios y de Internet implican que el coste mínimo de entrada en la


industria de la información y el entretenimiento han caído a unos pocos miles de dólares, con un
coste marginal de reproducción nulo. Si algo infla el coste de entrada puede ser el comprar un
ordenador enteramente nuevo, cuando se puede igualmente adquirir a precio ridículo un
computador de hace un lustro y meterle RAM. El entorno en red, combinado con las infinitas
variedades de software de creación y edición de contenidos, permiten a un aficionado crear
productos de una calidad que antes se asociaba con las grandes casas editoriales y discográficas54.
Esto sucede en la industria del software informático, la de música (gracias a los equipos
baratos y al software de grabación y edición de sonido de alta calidad), la publicación literaria
casera, y hasta cierto punto al cine (como demuestra la tecnología de edición asumible y el éxito de
Sky Captain). El podcasting permite distribuir contenidos de “radio” y “televisión” prácticamente
sin coste, para cualquier persona con conexión de banda ancha. Una red de colaboradores amateur
ha producido una enciclopedia (la Wikipedia) que rivaliza con la mismísima Britannica. Como
comentó Tom Coates, “la diferencia entre lo que se puede lograr en casa y lo que se puede lograr en
un entorno de trabajo se ha reducido drásticamente en estos últimos diez-quince años”55.
También las noticias se han visto afectadas por el fenómeno, como demuestran las redes no
profesionales como Indymedia, las formas alternativas de operar que han puesto en marcha Robert
Parry y Greg Palast, y también los mismos soldados estadounidenses y nativos iraquíes que
publican noticias de primera mano en sus blogs personales, mientras las antiguas redes de emisión
de noticias están echando el cierre.

Todos estos fenómenos han debilitado gravemente a las jerarquías corporativas en los
sectores de la información y el entretenimiento, además de provocar enormes problemas de agencia.
Al incrementar el valor relativo del capital humano con respecto al capital físico requerido para la
producción independiente, el poder de las grandes corporaciones se reduce, puesto que las barreras
de entrada se reducen permitiendo a los trabajadores retirar su capital humano de la empresa y
comenzar empresas nuevas bajo su propia gestión. Zingales da un ejemplo encarnado en la agencia
de publicidad Saatchi and Saatchi, cuyo accionariado estaba controlado en un 30% por una serie de
gestores de fondos de inversión estadounidenses. Éstos juzgaron que este paquete accionarial les
daba el control de la empresa, por lo que votaron en contra de un paquete de stock options más
grande para Maurice Saatchi que para ellos. En represalia, los hermanos Saatchi abandonaron la
empresa y montaron otra firma, retirando su capital humano (la parte del león del valor de la
empresa) de la otra, dejando a los inversionistas estadounidenses con una cáscara de nuez llamada
Saatchi and Saatchi56.

En 1994, una firma como Saatchi and Saatchi, con pocos activos físicos y con mucho capital humano,
podría haberse tomado como una excepción. Sin embargo, éste ya no es el caso. La primera oleada de firmas
basadas puramente en capital humano como las consultoras, e incluso firmas del sector tecnológico cuyos
activos principales son los empleados clave, están alterando radicalmente la naturaleza de las empresas. Los
empleados ya no son autómatas que operan los activos físicos que son fuente de valor, sino que ellos son los
activos valiosos, y operan con unos activos físicos que se asemejan a bienes de consumo.57

53 Íbid., págs. 32-33.


54 Íbid., pág. 54.
55 Tom Coates, "(Weblogs and) The Mass Amateurisation of (Nearly) Everything..." Plasticbag.org, September 3, 2003
<http://www.plasticbag.org/archives/2003/09/weblogs_and_the_mass_ amateurisation_of_nearly_everything>.
56 Zingales, "In Search of New Foundations," pág. 1.641.
57 Íbid., pág. 1.641.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 18


En otro ejemplo similar, el antiguo jefe del grupo de inversionistas Salomon Brothers formó
una nueva firma con antiguos empleados que generaban el 87% del beneficio de la antigua
Salomon.
[…] si consideramos la medida de cohesión de la empresa es el grado en el que la alta dirección tiene
la capacidad de ejercer el poder […] el grupo no era una parte integral de Salomon. Simplemente arrendaban
espacio, el nombre de Salomon y el capital, y daban a cambio una parte de sus beneficios.58

Marjorie Kelly daba otro ejemplo cuando comentaba la escisión de la agencia de publicidad
Chiat/Day en 1995.

¿Qué es una corporación sin sus empleados?


La respuesta a esta pregunta la obtuvimos en Londres, con el nacimiento revolucionario de la agencia de
publicidad St. Luke, que era la antigua oficina en Londres de Chiat/Day. En 1995 los dueños de Chiat/Day decidieron
vender la empresa a Omnicon, lo que implicaba la amenaza de despidos pendía sobre las cabezas de los empleados de
esa oficina. Sin embargo, Andy Law no estaba dispuesto a aceptarlo. Él, junto al resto de los empleados, decidieron
rebelarse. Una serie de llamadas a los clientes los encontró claramente dispuestos a unirse a la rebelión. Y así, los
empleados y los clientes londinenses de la firma la abandonaron.
Eso hizo surgir una pregunta fascinante: ¿qué poseían ahora los “dueños” de la oficina londinense de
Chiat/Day? ¿Unos pocos escritorios y archivos? Sin clientes ni empleados, ¿cuánto valía la oficina? Un dólar (y un
porcentaje sobre beneficios durante siete años) fue el precio al cual Omnicon vendió la oficina a Law y sus gentes tras
la fusión de Omnicon con Chiat/Day. La renombraron St. Luke's[...] y todos los empleados son dueños de la empresa en
igualdad[...] Cada año se vuelve a valorar la empresa, y correspondientemente se dan acciones por igual a todos los
empleados.59

David Prychitko comentó algo similar sobre las firmas “rupturistas” en la industria
tecnológicas ya en 1991:

Las empresas viejas son los embriones de las nuevas. Si un trabajador o grupo de ellos no está
conforme con las condiciones de la empresa en la que están y poseen unas habilidades especializadas y
valiosas, pueden abandonar esa empresa y fundar una nueva. En la era de la información está quedando claro
que los jefes no pueden controlar a los trabajadores como en la época de la cadena de montaje. Éstos ya no
puede ser tratada como caballos si resulta que el valor del proceso productivo reside en sus capacidades
intelectuales, lo que significa una nueva amenaza para las empresas tradicionales si siguen negándose a adoptar
formas de organización participativas.
La aparición de las firmas rupturistas en el sector de la informática nos lleva a preguntarnos si el actual sistema
de derechos de propiedad sobre ideas e información protege a los jefes contra el creciente equilibrio de poder
de los trabajadores. Quizá nuestro sistema de patentes, copyright y otros derechos de propiedad intelectual no
sólo restringe la competencia y promueve el monopolio como dicen algunos austriacos. Los derechos de
propiedad intelectual podrían limitar efectivamente la aparición de firmas rupturistas en general, y
desincentivar el cambio hacia formatos más participativos o cooperativos.60

En este entorno, lo único que se interpone entre los antiguos dinosaurios mediáticos y la
ruina son los derechos de PI en la medida en que se puedan seguir aplicando. La propiedad de esta
PI se convierte en el nuevo fundamento del poder para las jerarquías institucionales y el alcázar de
defensa de las lealtades corporativas. Incluso los apologistas de las corporaciones como Bill Gates o
Tom Peters aplauden la revolución en red y el aplanamiento de las jerarquías: sin embargo, ellos
apuestan por domesticar el proceso confinándolo a un marco de corporaciones asistido por el

58 Raghuram Rajan and Luigi Zingales, "The Governance of the New Enterprise," in Xavier Vives, ed., Corporate
Governance: Theoretical and Empirical Perspectives (Cambridge: Cambridge University Press, 2000), págs. 211-212.
59 Marjorie Kelly, "The Corporation as Feudal Estate" (extraído de The Divine Right of Capital: Business Ethics,
Summer 2001. Citado en GreenMoney Journal, Otoño 2008
<http://greenmoneyjournal.com/article.mpl?articleid=60&newsletterid=15>.
60 David L.Prychitko, Marxism and Workers' Self-Management: The Essential Tension ( Nueva York; Londres;
Westport, Connecticut: Greenwood Press, 1991), pág. 121s.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 19


control de la PI. No obstante, el proceso que hacen los diseñadores en red que trabajan en Microsoft
es prácticamente igual al que realizan los programadores de Linux fuera de los muros corporativos.
La “propiedad intelectual” es lo único que impide que esos muros caigan y que los programadores
que hoy están en Microsoft se conviertan en parte de un entorno mayor de diseños en red más laxos,
reemplazando a la “firma” Microsoft por equipos autogestionados en torno a proyectos: esos
equipos perderían y ganarían miembros, y los proyectos podrían caer o verse impulsados, tal como
sucede hoy en Linux.

Sin PI, cualquier sector en el que la herramienta básica de producción sea asequible y las
redes de trabajo “de abajo arriba” sustituyan al management tradicional es propenso a que la
producción cooperativa autogestionada reemplace a las antiguas jerarquías administrativas. Si el
potencial de la revolución en red se aprovecha correctamente

estaremos ante una redistribución del poder y el dinero acumulados por los gigantes productores de
información, cultura y comunicación del pasado siglo (Hollywood, la industria discográfica y las grandes
emisoras y gigantes de telecomunicaciones) en favor de un conglomerado difuso de gentes alrededor del
mundo, y de los actores económicos que construyan las herramientas que permitan que estas gentes puedan
producir su propio entorno de información en vez de tener que comprar uno.61

Otro efecto colateral del cambio de paradigma de valor físico a valor intangible es la parte
cada vez mayor del precio de un producto que se emplea en satisfacer rentas de PI y otros derechos
artificiales de propiedad en lugar de corresponderse con los costes materiales de producción, que
son decrecientes. Tom Peters citó al antiguo planificador estratégico de la empresa 3M, George
Hegg, sobre la creciente porción del “valor“ del producto que se hacía de “propiedad intelectual“
(en esencia, la parte del precio que se emplea en pagar a los “dueños” de PI): “Tratamos de vender
más concepto y menos producto material.” Peters nos ofrece bastantes ejemplos:

Mi nueva Minolta 9xi abulta bastante, pero creo que he pagado 10 dólares por la carcasa de plástico,
50 por la lente óptica de alta calidad, y el resto, unos 640 dólares, corresponden a la propiedad intelectual del
concepto.62

Nike contrata la producción de sus zapatillas de niño bien en fábricas alrededor del globo, pero su
enorme valor por acción se consigue mediante el incontestabke diseño y la habilidad de marketing. Tom
Silverman, fundador de la empresa Tommy Boy Records, dijo que Nike fue la primera empresa que entendió
que estaba en un negocio que vendía un estilo de vida: nada de vender zapatos ni nada de eso. Estilo de vida,
imagen, velocidad. El valor se genera a través de los conceptos abstractos y cool.63

“El único factor productivo de Microsoft es la imaginación humana” según decía Fred Moody, del
New York Times Magazine. He usado el artículo donde aparece esa frase centenares de veces en mis
conferencias y seminarios, pero cada vez que esas palabras aparecen en la pantalla se me erizan los pelos de la
nuca.64

Hace unos años, Philip Morris compró Kraft por 12.900 millones de dólares, lo que fue un precio
razonable para el rendimiento posterior. Cuando los contables terminaron su trabajo, resultaba que Philip
Morris había adquirido 1.300 millones de “cosas” (activos tangibles) y 11.600 millones de “resto”. ¿Qué es ese
“resto”? […] Pueden llamarlo intangibles, “good-will” (el término que usan los contables estadounidenses*),
valor de marca, o las ideas en la cabeza de los miles de empleados de Kraft alrededor del mundo.65

61 James C. Bennett, "The End of Capitalism and the Triumph of the Market Economy," de Network Commonwealth:
The Future of Nations in the Internet Era (1998, 1999) <http://www.pattern.com/bennettj-endcap.html>.
62 Tom Peters, The Tom Peters Seminar, pág.10.
63 Íbid., págs. 10-11.
64 Íbid., pág. 11.
* En contabilidad en España ese término se traduce como “fondo de comercio” (N. del T.).
65 Íbid., pág. 12.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 20


Con respecto al ejemplo de Minolta que presenta Peters, el coste marginal de reproducir el
“concepto” es prácticamente nulo, como señala Benkler. Ergo, el 90% del precio de esa cámara
procede de almojarifazgos que hay que pagar a los monstruos corporativos a los que se les ha
concedido el control de ese “”concepto”. En una economía en la que el software y el diseño de
producto fueran elaborados en redes P2P, sin la PI de los dinosaurios del gran capital, el 90% del
precio se evaporaría. Citando a Michael Perelman

la denominada economía sin peso tiene que ver más bien con los poderes de propiedad intelectual que el
gobierno concede a las compañías más poderosas.
14) Por ejemplo, empresas como Nike, Microsoft o Pfizer venden cosas cuyo valor con respecto a su peso
simplemente porque sus derechos de propiedad intelectual los protegen de la competencia.66

Las zapatillas de Nike siguen un patrón similar. Sospecho que el coste de amortización del
capital físico usado para manufacturar los zapatos en esos talleres semiesclavistas en Asia, sumado
al coste de la mano de obra semiesclava, es menor que el 10% del precio de la zapatilla. Los
salarios de los trabajadores podrían triplicarse o cuadruplicarse sin efectos relevantes para el precio
de venta al público.

¿Cuántas horas trabaja de más el currante normal cada semana para pagar tributo a los
dueños de la “imaginación humana”?

Lo bueno es que a medida que la PI resulta cada vez menos aplicable, podemos esperar dos
cosas: la primera, que la posesión del contenido propietario deje de servir de cimiento al poder de
las instituciones corporativas: y además, que la parte del precio de los bienes de consumo que se
destine a rentas de derechos artificiales de propiedad se esfume.

La PI también sirve de apoyo a la obsolescencia planificada y a formas de producción que


requieran altos costes de mantenimiento. Es un ejemplo de una ley general planteada por Thomas
Hodgskin: las regulaciones sociales y prohibiciones comerciales “nos obligan a emplear más trabajo
del socialmente necesario para obtener el bien prohibido” o “trabajar para obtener ese bien más de
lo que se requeriría naturalmente”, y la diferencia iría a los bolsillos de las clases privilegiadas67.

Un modelo de negocio que se mantiene bajo las actuales formas de capitalismo corporativo
es la oferta de plataformas (hardware) por debajo de coste, junto a la oferta de repuestos, accesorios,
etc. patentados que se venden a precios muy por encima de lo normal. Usted puede adquirir un
teléfono móvil por poco dinero o gratis, con la obligación contractual de usar un paquete específico
de servicios durante X años, o comprar una impresora de tinta muy barata que usa cartuchos casi
más caros que la propia impresora, incluso puede llevarse un medidor de glucosa a un precio
decente, pero que usa tiras de tests de glucosa que cuestan 100 dólares la caja. Y encima, hackear el
móvil para cambiar la compañía o el plan de precios, o manufacturar partes de repuesto para la
impresora, o para un coche, que entren en competencia con los “productos oficiales” es ilegal.

Tal como está la cosa, los bienes están diseñados para desincentivar las reparaciones. Cuando el
reparador de Maytag [una empresa de servicios de EE.UU] le dice que su lavadora cuesta más de
reparar que si se compra una nueva, le está diciendo la verdad, pero no le dice que eso está causado
por el diseño de la máquina: ésta podría ser diseñada de forma modular de forma que la parte
defectuosa se pudiera cambiar de forma barata y fácil, si la compañía lo hubiera querido.

66 Michael Perelman, "The Political Economy of Intellectual Property," Monthly Review, Enero 2003
<http://www.monthlyreview.org/0103perelman.htm>.
67 Hodgskin, Popular Political Economy: Four Lectures Delivered at the London Mechanics' Institution (Londres:
Impreso para Charles y William Tait, Edimburgo, 1827), págs. 33-34.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 21


Sin los problemas legales, sería provechoso vender repuestos genéricos y accesorios para el
hardware de otras compañías. Y ante tal competencia, habría una fuerte presión para diseñar
productos modulares fáciles de reparar, y que se pudieran manejar en conjunción con los
componentes modulares y accesorios del hardware de otras compañías. Sin la amenaza de las
patentes, un producto diseñado para evitar que sea fácil de reparar haciéndolo incompatible con los
productos similares de otras compañías sufriría una desventaja competitiva relevante.

4. “Propiedad intelectual” y economía global

En la moderna economía global, la PI juega el mismo papel proteccionista que tenían los
antiguos aranceles en las economías nacionales. Michael Perelman opina que el surgimiento de una
corriente pro-PI desde finales de la década de 1960 fue una parte integrante de la revolución
neoliberal.
Aunque muchas de las antiguas empresas no podían competir en los mercados mundiales, las exportaciones de
propiedad intelectual en forma de royalties y tasas de copyright crecieron exponencialmente.
No tengo evidencia incontestable sobre el efecto de los derechos de propiedad intelectual en la tasa de
beneficio, pero tengo para mí que es sustancial. Piensen simplemente en Microsoft y la industria farmacéutica
con sus bajísimos costes marginales en relación a sus precios de mercado. Microsoft informó de que el
margen que saca a su sistema Windows es de un 85%[...]68
En otro lado cita cifras que muestran que las remesas de dinero por conceptos de PI se
incrementaron desde el 10% hasta más de la mitad de las exportaciones estadounidenses, entre 1947
y los primeros años 90. En 1999 los ingresos de exportación de royalties y licencias alcanzaron los
37.000 millones de dólares, superando las exportaciones de material aeroespacial que sumaron
29.000 millones69.
No puede ser coincidencia que los sectores dominantes en la economía corporativa global
dependan en gran medida de la propiedad intelectual: software, entretenimiento, biotecnología,
industria farmacéutica y componentes electrónicos. Este régimen neoliberal que se ha identificado
falsamente con el “libre comercio” y los “mercados libres” se ha centrado en reforzar el control del
gran capital sobre la PI ante las amenazas que vimos antes descritas por Michel Bauwens.
Este es el modelo de producción de Nike, tan querido por Tom Peters, y condenado por
Naomi Klein: producción externalizada a cadenas de proveedores en red, con las sedes corporativas
manteniendo el control de las marcas y demás PI, además del marketing y el aparato financiero.
Además, las patentes se usan a escala global para garantizar a las transaccionales
manufactureras el monopolio permanente de toda tecnología productiva. La cláusula más totalitaria
de la Ronda Uruguay de la Organización Mundial de Comercio es la referente a “propiedad
industrial”70. El mundo desarrollado ha echado el resto para proteger las industrias que producen o
se basan en “tecnologías genéricas” y restringir las “tecnologías de doble uso”. El acuerdo
comercial entre EE.UU. y Japón sobre semiconductores es un acuerdo “similar a un cártel, con un

68 Michael Perelman, "Intellectual Property Rights and the Commodity Form: New Dimensions in the Legislative
Transfer of Surplus Value," Review of Radical Political Economics 35:3 (Verano 2003), págs. 307-308.
69 Perelman, “Steal This Idea: Intellectual Property Rights and the Corporate Confiscation of Creativity (Nueva York.
Palgrave, 2002), p. 36.
70 Chakravarthi Raghavan, Recolonization: GATT, the Uruguay Round & the Third World (Penang, Malaysia: Red del
Tercer Mundo, 1990), pp. 119-20.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 22


comercio gestionado por los Estados.” ¡Toma “libre comercio”!71
La idea fundamental que subyace detrás del régimen de propiedad intelectual fijado por el
GATT es asegurar el monopolio sobre tecnologías avanzadas para las grandes transaccionales, e
impedir que la competencia surja alguna vez del Tercer Mundo. Tal como escribe Martin Khor Kok
Peng, “se impediría de manera efectiva la difusión de tecnología al Tercer Mundo, se
incrementarían de forma dramática los royalties de monopolio de las transnacionales y se
desmocharía el potencial desarrollo de tecnología de países en vías de desarrollo”72.
Raghavan resumió los efectos que tendrá para el Tercer Mundo:
Dadas las grandes sumas de dinero destinadas a I+D y los cortos ciclos de vida de algunos de estos
productos intensivos en ese factor, las naciones desarrolladas están buscando la manera de impedir la
competencia mediante el control […] de los flujos de tecnología a otras naciones. La Ronda Uruguay se está
marcando la meta de crear monopolios de exportación para los productos de los países del Primer Mundo, e
impedir o frenar así el surgimiento de rivales en el mercado, sobre todo de los países más avanzados del Tercer
Mundo que se empiezan a industrializar ahora. Al mismo tiempo se está intentando asegurar la exportación de
las tecnologías de los sectores obsoletos del Norte a los países del Sur en condiciones de rentas aseguradas.73
No quiero ser pesado, pero la buena noticia es que este modelo de negocio está condenado al
fracaso, tanto a escala doméstica como global. Bastantes autores coinciden en señalar que él mismo
está sembrando la semilla de su propia destrucción.
El cambio de paradigma del capital físico al humano como fuente de capacidad productiva
en tantos sectores, además de la caída de precios y difusión masiva de la posesión de equipos de
capital en esos sectores significan que las corporaciones están viéndose vaciadas de contenido y
mantienen el control de los procesos productivos solamente mediante ficciones legales. Cuando se
llegue a cierto punto de externalización de producción en favor del pequeño taller o la producción
doméstica, la corporación se convierte en un nodo redundante que puede ser ignorado: el trabajador
puede pasar a producir de forma independiente, quitar al intermediario de la ecuación y tratar
directamente con sus proveedores y los comerciantes minoristas que venden sus productos.
David Pollard escribe desde un imaginario 2015, poniendo de relieve la vulnerabilidad de
las corporaciones que siguen el modelo Nike de externalizar todos los procesos productivos y
“vaciarse”:
En los primeros años de la década de 2000, muchas grandes empresas que habían sido compañías
integrales y jerárquicas empezaron a eliminar de sus negocios todo cuanto no se veía como “competencia
clave” de la empresa. En algunos casos las empresas sólo se quedaban con con el olfato de negocio, el
conocimiento del mercado, la experiencia, la capacidad de tomar decisiones, la marca corporativa y las
habilidades de aglutinar todo aquello. Este 'vaciado' permitió a las empresas apalancarse mucho y obtener
grandes márgenes, pero también las hizo vulnerables y potencialmente desechables del circuito comercial.
A medida que las externalizaciones se aceleraban algunas empresas pequeñas aprendieron a explotar esta falla:
si los productores de Estados Unidos, por ejemplo, externalizaban la producción doméstica hacia el tercer
mundo para 'incrementar la productividad', entonces estas empresas iban a los manufactureros del tercer
mundo, les ofrecían un poco más, y luego ofrecían a los minoristas estadounidenses unos precios más bajos por
esos productos. Los grandes externalizadores se vieron en la posición de ser intermediarios innecesarios, y
habiéndose desprendido de cuanto no consideraron como “competencia clave”, aprendieron a su pesar en la
economía de la información interconectada, el valor de sus competencias clave era mucho menor que el
infladísimo valor de sus acciones, y perdieron grandes trozos de mercado en favor de las nuevas federaciones
de pequeños negocios.74

71 Dieter Ernst, Technology, Economic Security and Latecomer Industrialization, citado en Raghavan, Recolonization,
págs. 39-40.
72 Martin Khor Kok Peng, The Uruguay Round and Third World Sovereignty (Penang, Malasia: Red III Mundo, 1990),
págs. 29-30.
73 Raghavan, Recolonization, pág. 96.
74 David Pollard, "The Future of Business," How to Save the World, 14 Enero 2004
<http://blogs.salon.com/0002007/2004/01/14.html>.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 23


Tomando el mismo ejemplo de las zapatillas Nike, cuanto más contribuya el factor de
“marca” al precio total por encima de los costes de producción, más incentivos tendrán los
productores de las zapatillas de abandonar el régimen de PI internacional. Produciendo los mismos
zapatos con otro cachivache de marca y quitando a Nike de la ecuación, las factorías pueden
eliminar el sobreprecio causado por la marca, elevar los salarios en tantos por uno enteros y reducir
los precios de forma que puedan vender sus zapatillas en el mercado doméstico en vez de exportar
para el consumo occidental. Del mismo modo, las pequeñas y flexibles empresas productoras en red
sitas en barrios industriales como Emilia-Romagna, dado que todavía participan de las cadenas de
suministros de las grandes transnacionales, pueden puentear a los grandes manufactureros y ofrecer
versiones mejores y más baratas de sus productos, si desconocen las leyes de PI.
Uno de los mejores servicios que pueden prestar los libertarios sería llamar a la deserción en
masa de los acuerdos de propiedad intelectual internacionales como el WIPO o el TRIPS, además
de proporcionar métodos para evitar las medidas de refuerzo de la ley de copyright.

5. “Propiedad intelectual”, modelos de negocio y diseños de producto

Antes citamos la observación de Murray Rothbard que enunciaba que la aplicación de los
derechos de PI implica la violación de los genuinos derechos sobre propiedad tangible de alguien.
Como asevera Cory Doctorow, esto es más cierto en tanto en cuanto vemos los modelos de negocio
requeridos por la información digital en régimen propietario:
Es divertido ver que con la excusa de proteger la “propiedad intelectual”, los monstruos mediáticos
están dispuestos a ejecutar todo tipo de violencia contra la propiedad real justificándose en que todo cuanto
poseemos (nuestras casas, nuestros coches, nuestros ebooks) contienen el copyright, la patente y la marca de
alguien, y que nosotros somos básicamente arrendatarios que vivimos en la tierra que nuestros señores
graciosamente tienen a bien cedernos.75
La infame DRM [gestión digital de derechos] dificulta la transferencia de contenido
entre plataformas, incluso aunque se trate de una persona que compró un CD o DVD y quiere
reproducirlo donde le parece mejor. La DMCA prohibe saltarse esas medidas de DRM, aunque el
comprador del contenido sólo quiera facilitar el uso de éste en una variedad mayor de plataformas.

Un ejemplo reciente del fenómeno comentado por Doctorow es el lector de e-books de


Amazon, Kindle. Si Amazon suspende una cuenta de Kindle (por ejemplo, porque el usuario
devuelve demasiados libros), el lector se convierte en un trozo de plástico muy útil para colocarlo
como tope de puerta, para igualar una mesa coja o como un pisapapeles guay. Todos los e-books
que el usuario ha comprado no se pueden leer. Si el pobre lector (esto es, el ser humano que quiere
leer) le cae mal a Amazon, le destruirán el lector a distancia y, en esencia, quemarán los libros que
ya “poseía” y no tendrán ningún valor76.

Sin embargo, reincido por última vez, las leyes que sustentan este modelo de negocio no se
están pudiendo aplicar, y ello lo invalida. Según la (exagerada) predicción de Johan Pouwelse, un
estudioso académico del fenómeno P2P, el copyright dejará de ser aplicable en 2010. Si bien los
plazos que apunta son demasiado optimistas, su análisis de las causas de la obsolescencia del
75 Cory Doctorow, "In the age of ebooks, you don't own your library," Boing Boing, 23 Marzo 2008
<http://www.boingboing.net/2008/03/23/intheageofebooks.html>.
76 Kevin Carson, “What This Country Needs is a Good Pirated Version of Kindle E-Books,” C4SS, 1 Mayo 2009
<http://c4ss.org/content/448>.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 24


copyright dan en el clavo. Las plataformas para compartir archivos son cada vez más populares, a la
vez que adquieren seguridad y robustez.

Además, la matraca del sector sobre que “compartir archivos es un robo” cae en saco roto
para la mayoría de jóvenes. Entre los menores de 30, compartir archivos es algo que la gente hace y
seguirá haciendo, y cualquier intento de cambiar ese statu quo será una batalla perdida de antemano.
Por otro lado, las redes para compartir archivos son cada vez más atractivas y fáciles de usar para el
participante medio. Lo más importante es que se garantizará el anonimato y la seguridad contra los
esfuerzos de los nazis del Copyright de la MPAA y la RIAA. Según Pouwelse,

“para 2010 las darknets [redes anónimas] permitirían ofrecer las mismas prestaciones que el P2P con
la ayuda de las redes sociales”, según el artículo. ¿Qué pasaría si esos 72.866 amigos en Youtube pudieran
compartir películas de Hollywood dentro de una red P2P tan fácil de usar como Youtube pero inaccesible para
Hollywood? Pouwelse y sus colegas opinan que eso sucederá dentro de los próximos dos años.77

6. ¿Es la “propiedad intelectual” un incentivo necesario?

Los defensores de la PI basan sus argumentos en la necesidad de incentivar la innovación, y


cuestionan qué sistemas existirían para promover la innovación técnica o la creación artística sin el
sistema actual. Sin embargo, en verdad las patentes impiden la innovación tanto como la
promueven: muchos productores en las áreas de información y cultura han demostrado que se puede
capturar valor sin utilizar esquemas de PI.

Las patentes obstaculizan la innovación por el efecto “a hombros de gigantes”. Cualquier


invento nuevo implica una gran variedad de tecnologías ya existentes mediante su recombinación
en una nueva forma. Las patentes pueden incentivar las nuevas invenciones o no, pero sí sabemos
que aumentan el coste de hacer eso al imponer un arancel a ese proceso de agregación de
conocimiento existente para crear un nuevo invento78. La patente que James Watt impuso sobre su
ingenio de vapor, y que no licenció, impidió a otros ingenieros mejorar el diseño hasta 1800, cuando
expiró: esto retrasó de forma importante la introducción de locomotoras y barcos de vapor79.

Rothbard señala que las patentes eliminan “la comezón competitiva para investigar más”
puesto que se obstaculiza la innovación incremental basada en las patentes de otros, y porque los
tenedores de patentes pueden “descansar en los laureles durante la duración de la patente”, sin
temor a que un competidor mejore su invento. También golpea al progreso técnico puesto que los
“inventos mecánicos son descubrimientos de leyes naturales más que creaciones individuales, y eso
implica que muchos inventos son construidos de forma independiente por más de un creador. La
simultaneidad de dos inventos es un hecho histórico conocido.” Las patentes distorsionan, por
añadidura, la dirección de la investigación, al primar la investigación conducente a cosas
patentables por encima de las no patentables80. Chakravarthi Raghavan también comentó que las
patentes y los programas de seguridad industriales impiden compartir información, y suprimen la

77 Janko Roettgers, “BitTorrent Researcher: Copyright Will Be Obsolete by 2010,” Ne w York Times, January 31, 2009
<http://www.nytimes.com/external/gigaom/2009/01/31/31gigaom-bittorrent-researcher-copyright-will-be-obsolete-
17305.html>.
78 Yochai Benkler, The Wealth of Networks, págs. 36-37.
79 Soderberg, Hacking Capitalism, pág. 116.
80 Rothbard, Man, Economy, and State, págs. 655 y 658-9.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 25


competencia a la hora de mejorar las invenciones patentadas81.

Por otro lado, las patentes no son necesarias para innovar. Según Rothbard, los inventores
están buscando no solo las pseudorrentas que adquiere el que golpee primero en un mercado, sino
también suprimir la amenaza de que alguien de la competencia mejore su producto, y cita a Arnold
Plant: “En la competencia activa [...] ningún negocio puede retrasarse con respecto a sus
competidores. La reputación de una firma descansa en su capacidad de mantenerse en vanguardia
en el mercado, con nuevas mejoras en sus productos y nuevas bajadas en sus precios”82.

Esto se desprende del testimonio de F.M. Scherer ante la Comisión Federal de Comercio de
199583. Scherer señala que según un estudio sobre 91 empresas, sólo 7 “daban una importancia
elevada para la protección de las patentes como factor de sus inversiones de I+D”. Muchas de ellas
las describían como “el factor menos relevante”. La mayoría de las compañías señalaban como
motivación principal de sus decisiones de I+D la “necesidad de mantenerse en plena forma
competitiva, el deseo de una producción más eficiente, y la voluntad de expandir y diversificar sus
ventas. En otro estudio, Scherer no encontró ningún efecto negativo sobre el I+D tras una oleada de
liquidaciones de patentes. Otro estudio sobre firmas estadounidenses señala que el 86% de los
inventos se hubieran desarrollado sin patentes. En el caso de los sectores automovilístico, de
ofimática, textil y el de productos hechos de goma la tasa llegaba al 100%.

La gran excepción, según Scherer, serían los medicamentos: según él, sin patentes el 60% de
los productos no habría salido. Sin embargo, es posible que Scherer subestimara el efecto
distorsionador de las patentes. En primer lugar, las farmacéuticas reciben un elevado porcentaje de
fondos de I+D a cargo del Estado, y muchos de sus productos más lucrativos se han hecho a
expensas de las arcas públicas. El mismo Scherer cita evidencias que le desmienten: la ventaja de
reputación de haber sido el primero en entrar en un mercado es bastante apreciable. Por ejemplo, a
finales de los setenta la estructura de la industria y el comportamiento de los precios era muy
similar entre los medicamentos con y sin patentes. Ser el primero en inventar un remedio no
patentable permitía a una compañía mantener un 30% de cuota de mercado y precios más elevados.
Ya hemos visto antes hasta qué punto la innovación se ve dirigida y manipulada en aras de jugar
con el sistema de patentes y hacer “patent trolling” [utilizar las patentes como amenaza contra otros
inventores]. La mayoría de las inversiones de I+D del sector farmacéutico se destinan a desarrollar
medicamentos de “y yo también”: leves variaciones de productos existentes con las suficientes
modificaciones como para justificar una nueva patente. De las grandes sumas de I+D que las
corporaciones deben “recuperar” a través de la patente, la mayoría se destina no al medicamento
que va al mercado, sino a crear una barrera de PI alrededor de las posibles variaciones que éste
pueda tener.
La guinda de la tarta es que el Estado paga el I+D y la industria obtiene beneficios
monopolísticos de productos que no contribuyó a diseñar. El Acta de Patentes Públicas de 1980,
enmendada en 1984 y 1986, permitía a la industria privada conservar las patentes de productos
diseñados con dinero del contribuyente... y luego poner de precio del producto cualquier múltiplo
de los costes de producción, ya fuera diez, veinte o setenta veces.
Por ejemplo, el AZT fue desarrollado con dinero público, pero la patente fue regalada a la
Burroughs Wellcome Corp84. Por si los dados no estuvieran lo suficientemente cargados, el

81 Chakravarthi Raghavan, Recolonization: GATT, the Uruguay Round & the Third World (Penang, Malasia: Red III
Mundo, 1990), pág. 118.
82 Rothbard, Power and Market: Government and the Economy (Ciudad de Kansas: Sheed Andrews and Mcmeel, Inc.,
1970, 1977), pág. 74.
83 Testimonio de Scherer, Hearings on Global and Innovation-Based Competition. FTC, 29 Noviembre 1995
<http://www.ftc.gov/opp/gc112195.pdf>.
84 Chris Lewis, "Public Assets, Private Profits," Multinational Monitor, en Project Censored Yearbook 1994 (Nueva

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 26


Congreso estadounidense ha extendido más de una vez y más de dos las patentes de determinados
productos por encima de su fecha normal: como ejemplo podemos citar el esfuerzo de lobbying de
las farmacéuticas para ampliar por dos años más determinadas protecciones por un acta especial85.
También los copyrights se han visto ampliados de forma arbitraria en favor de determinados
insiders del sistema (por ejemplo, la extensión en favor de Disney, y patrocinada por Sonny Bono,
de la marca Mickey Mouse de Disney): esto es, añadido a las draconianas protecciones de copyright
que la actual ley permite y que ya hemos visto antes en este estudio.

Sin embargo, la protección de copyright no es más necesaria para los artistas de lo que las
patentes lo son para los inventores. Muchos negocios en el mundo open-source logran ser rentables
sin ofertar contenido propietario. Por ejemplo, aunque Red Hat no puede impedir que se copie el
software Linux que distribuye, le va bastante bien con su personalización y la oferta de servicio de
atención al cliente especializado. Phish ha promovido que los fans compartan su música gratis y se
ganan la vida con conciertos en vivo y donaciones. Radiohead ofreció un disco hace poco
totalmente gratis, pidiendo simplemente “la voluntad” a través de PayPal.

El modelo de Radiohead es interesante por las implicaciones que tiene el poder ganar dinero a
través de la producción open-source. Tal como hemos visto, el coste del capital físico necesario para
grabar y editar sonido ha disminuido drásticamente, y los costes de gestión que afronta un
distribuidor de música open-source son minúsculos. Puesto que los propios oyentes afrontan el
coste de la reproducción física (graban sus CD's), cualquier ingreso generado por las contribuciones
voluntarias, aunque sea un dólar o dos por oyente, va al artista limpio de polvo y paja.

Incluso aunque el proveedor de contenidos cobre por la descarga, hay bastante oportunidad
de negocio en establecer un servicio competidor que cobre menos por el mismo contenido. Salvo
para los grandes best-sellers de música o libros, si un proveedor de contenidos cobra un precio
suficientemente bajo, los costes de transacción de usar una red de compartir archivos o montar un
servicio de descarga simplemente para vender el contenido a 50 centavos en vez de a un dólar,
probablemente son mayores que los ingresos potenciales. A menos que los proveedores de
contenidos suban los precios tal como las discográficas han intentado en estos últimos años, o
tengan que pagar a los managers y los accionistas de las corporaciones, van a tener un beneficio
neto de la cultura libre.

Puesto que la PI no es necesaria para incentivar la innovación, esto implica que su efecto
práctico en verdad es causar ineficiencia económica al establecer una tasa de monopolio sobre el
uso de la tecnología existente. En cualquier caso, para aquellos libertarios cuya ideología se sigue
de los principios de independencia del individuo y de la no agresión, el que la PI sea necesaria para
beneficio de aquellos que están metidos en determinadas actividades económicas no tiene que ver
con el tema. Los proteccionistas usan el mismo argumento: sin aranceles, ciertos negocios irían a la
quiebra ¿Y qué? Nadie tiene el derecho de ganar dinero a costa de alguien, apoyado en el uso de la
fuerza. Nadie tiene el derecho de usar al Estado para impedir que hagan lo que quieran con s
medios (papel y lápiz, discos duros, CD's o lo que sea). Un modelo de negocio que necesita al
Estado para ser rentable debe fallar, es deseable que lo haga.

Aquí tenemos un instructivo ejemplo de doble rasero. David Noble, en su Progress Without
People, relataba un incidente de principio de los 70, cuando el Washington Post adoptó un sistema
de impresión por ordenador que dejaba en el paro a los antiguos prensadores. La sala de impresión

York: Seven Stories Press, 1994).


85 Benjamin Grove, "Gibbons Backs Drug Monopoly Bill," Las Vegas Sun, 18 Febrero 2000
<http://www.ahc.umn.edu/NewsAlert/Feb00/022100NewsAlert/44500.htm>.

Joaquín Padilla Rivero Propiedad intelectual: una crítica libertaria 27


fue invadida por éstos, que procedieron a sabotear las máquinas con la eficacia de Jack el
Destripador86.
¿Por qué es perverso que los “Luditas” destruyan las máquinas que les quitan el trabajo,
mientras que la tecnología que quita trabajo (o beneficio) a los capitalistas resulta que viola sus
“derechos de propiedad”? Si la misma industria de prensa escrita que adoptó tecnologías que
quitaron trabajo a gente se ven ahora amenazados por el copia-pega y los hipervínculos... bueno, la
verdad es que no me da ninguna pena. Si las corporaciones discográficas se ven puenteadas por la
edición de sonido doméstica, el P2P y otras nuevas formas de tecnología, pues que le echen azúcar.
Si los trabajadores no tienen derecho de propiedad sobre sus puestos de trabajo ante la aparición de
nuevas tecnologías, los capitalistas tampoco tienen derecho de propiedad sobre sus beneficios si su
modelo de negocio queda obsoleto ante los avances técnicos.

Finalmente, la PI retrasa la innovación y el progreso de una forma que no hemos


considerado: aumenta el coste de poner y mantener las ideas de una persona que desee que sus ideas
sean de dominio público, puesto que el creador debe tomar medidas defensivas para impedir que su
idea, dejada al dominio público, pueda ser sometida a copyright por parte de alguien que quiera
impedir su uso.

Esto no tiene que ver con el copyright en sí. Más bien se refiere a las licencias tipo copyleft,
la Licencia General de Uso Público GNU o la misma licencia Creative Commons bajo la que está
escrito este texto. Todas ellas se basan en un marco de copyright fuerte. Estas licencias permiten la
reproducción y circulación ilimitada de material en la mayoría de casos, siempre que el usuario
secundario someta el contenido a los términos de la misma licencia. La protección de copyright se
mantiene como autodefensa, para evitar que el material sea licenciado con copyright por otros
usuarios secundarios. Sin leyes de copyright, las licencias GPL-GNU o CC no serían necesarias.

Sin embargo, las patentes llevan a problemas de difícil solución. Vinay Gupta nos relata su
instructuva experiencia con la “hexayurta*”, una forma open-source de dar cobijo de emergencia a
refugiados que viven en sitios precarios.

Miren, el problema es este: el GPL descansa en una ley de copyright fuerte.


Sin embargo, los objetos físicos no están cubiertos normalmente por el copyright, así que sólo me queda usar
patentes.
Las patentes son caras.
Entonces, puedes patentar con licencia abierta si te lo puedes costear, o puedes publicar la invención y hacerla
de dominio público, momento en el cual cualquier bastardo patentará cosas relacionadas y necesarias para tu
invento, y entonces te quedas con cara de póquer.
Ya he pasado por esto con la Hexayurta y no tengo una respuesta aceptable ahora mismo. Personalmente
prefiero el sistema “mandarlo al dominio público y rezar”.87

No puede escogerse simplemente el no patentar un invento y dejarlo en el dominio público.


Es necesario pagar una carísima patente para poder seguir permitiendo el uso público del invento de
uno, y para que no lo roben los piratas corporativos.

86 David Noble, Progress Without People: New Technology, Unemployment, and the Message of Resistance (Toronto:
Between the Lines, 1995), pág. 42.
* En el original “Hexayurt”. Lo he traducido porque en efecto existe la palabra “yurta”, que es una tienda de campaña
usada por los antiguos mongoles.
87 Vinay Gupta, “[Open Manufacturing] Re: Open Hardware Licensing (What a laugh),” Open Manufacturing email
list at Google Groups, May 7, 2009
<http://groups.google.com/group/openmanufacturing/browse_thread/thread/d24620087310febe?hl=en#>.

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En resumen...

La propiedad intelectual es un robo. Hay que machacar al Estado.

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