Está en la página 1de 4

c 

 
 

Aunque fue un pensador polifacético y poco o nada sistemático,


Voltaire se convirtió en un símbolo del enciclopedismo y de las
modernas ideas ilustradas que defendían la libertad de
pensamiento, la tolerancia y la justicia como instrumentos
superadores de la ignorancia, el dogmatismo y las supersticiones de
toda índole. Frente al oscurantismo no solo ideológico, sino
académico, esgrimirá Voltaire el buen hacer de su pluma, la cual
gozaba de una enorme claridad crítica y de una demoledora y
mordaz franqueza que le hicieron granjearse numerosos problemas
y enemistades. Su escritura se mofa de la utilizada por los abstrusos
escolásticos o, como sarcásticamente escribe en el J , de los
que se dedicaban a enseñar la 
 
   .

Pese a compartir muchos de los postulados básicos aceptados por


la mayoría de los ilustrados ingleses y franceses, a Voltaire le separa
de ellos la carencia de un optimismo metafísico y la fe en un
progreso humano capaz de arrebatarnos de la mezquindad y de la
ruindad en la que estamos inmersos. En contra de la tesis del "buen
salvaje" mantenida por ¦
, Voltaire no cree en ninguna
inocencia y bondad naturales del hombre. No es la sociedad, el
Estado o la cultura la que pervierte y denigra esa inocencia
primigenia del hombre, antes bien, es el propio hombre el que
genera las propias condiciones de su miseria. La ética no se halla
subordinada a la política, porque se trata de un ámbito inmanente
a nuestra propia naturaleza. La absoluta confianza de la razón que
postularon un siglo antes los racionalistas no es aceptada por
Voltaire, para el cual la inteligencia humana por sí misma puede
denunciar, criticar y corregir algunos prejuicios, errores o
disparates, pero por sí sola es impotente para erradicar estos
males.

Frente al optimismo adoptado por los ilustrados y llevado a su


culmen por Ô en su teoría de la armonía preestablecida, en la
que afirma que éste es el mejor de los mundos posibles, el joven e
inocente Cándido saca sus propias conclusiones:

 
  
      
  

 

 
   

 


 
 !
"#$  


 


"%$  
 
& 

'
  
   (
 
   

 !)




 $ 
  
*
+

El único remedio para hacer la vida tolerable que acepta Voltaire en


su obra J      es el 
. De nada sirve buscar
fines ni mucho menos presuponer que existe cierto orden racional
en el mundo susceptible de crear las condiciones necesarias en las
que pueda desarrollarse una vida virtuosa y justa. Como dice
chistosamente en la mencionada obra, el fin con el que Dios creó el
mundo fue "    ".

 ,
  $      
!  


- $ .  



 
 
 ) 



  ! /$)  

   
    
 

 


  
   
 0! /  1
 

    
 *
+

Voltaire aceptó las tesis del 


, es decir, de aquella doctrina
que reivindica una religión natural o racional defendiendo la
libertad ideológica, de culto y la tolerancia religiosa. El
anticlericalismo radical (sinónimo en nuestros días de
volteranismo), que se desprende de la mayoría de sus obras, sin
embargo no debe llevarnos a suponer que Voltaire defendiera una
postura atea. De hecho, afirma que "      

          
 ".

En el      , Voltaire define el deísmo en los


siguientes términos:

/  ! 
  ) 
    
 2 
     !

        
  
 
   *+

,  


 
! 
    
 ) 
3 

   ! 
    
 

  
1     
  
 
 
  
       *+"

La crítica volteriana tiene una función terapeútica, aunque es


consciente de los límites de su quehacer. Efectivamente, es la
propia naturaleza humana la responsable de todas sus ruindades y
miserias. El mundo se rige no por el principio de lo mejor, sino de lo
peor. El mal en el mundo no proviene de Dios ni de condicionantes
históricos o políticos, sino del hombre mismo:

4  
 

   $   

   


     
     *4+
 
   

 
    
 5 


 

   ( 

  
 
 )  
 
  ! 
  
  



6 


        0!
6  
 
 
 
,

 
  


 
  


 

/
 
    0!*

 

 
+