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LA SEXUALIDAD: DIMENSIÓN FUNDAMENTAL DE LA PERSONA HUMANA

Fuente:
http://es.catholic.net/op/articulos/9641/la-sexualidad-dimensin-fundamental-de-la-personalidad-humana-
i.html
http://es.catholic.net/op/articulos/9640/la-sexualidad-dimensin-fundamental-de-la-personalidad-humana-
ii.html
http://es.catholic.net/op/articulos/9639/la-sexualidad-dimensin-fundamental-de-la-personalidad-humana-
iii.html

Cada ser humano es una unidad personal de espíritu y cuerpo; y cada ser humano, en su existencia concreta, es
varón o mujer. La sexualidad del ser humano se expresa en todas las dimensiones de su personalidad: cuerpo,
psique y espíritu. Es principio fundamental de identidad. La fusión de un óvulo femenino y un espermatozoide
masculino da origen a un ser humano sexuado. Este ser crece naturalmente, ya desde el inicio, como un hombre
o como una mujer. Para entender mejor quién es el ser humano y cómo alcanza su realización, es necesario
entender en qué consiste su sexualidad y cuál es el fin de la misma.

La sexualidad animal muestra que los elementos masculinos y femeninos permiten la reproducción y la
supervivencia de la especie. El sexo biológico diferencia a unos individuos de otros dentro de la misma especie,
en su cuerpo y en su actuar, para la continuidad de la especie. Es la sexualidad la que define ciertos
comportamientos propios del macho o de la hembra y que tienen que ver, por ejemplo, con la alimentación,
protección de las crías, etc.

La sexualidad humana comparte con la sexualidad de los mamíferos algunos rasgos importantes: el desarrollo
del sexo cromosómico, gonádico, morfológico y fenotípico que tiene como fin natural la reproducción y propone
a la especie tareas diferenciadas para facilitar la supervivencia humana que provienen de sus cualidades
naturales. Por ejemplo, la mujer puede alimentar a la cría de modo natural aunque esto no quiere decir que esté
obligada a ello. Es una realidad que la biología le ofrece esta posibilidad sólo a ella, a partir de la diferenciación
sexual.

Para descubrir que la sexualidad es una dimensión fundamental del ser humano, hay que considerar los
siguientes niveles de la sexualidad humana: cromosómica, gonádica, morfológica, socio-cultural o educacional,
fenotípica y psíquica.

El sexo cromosómico configura genéticamente al ser humano como varón o como mujer. Todo ser humano
pertenece al sexo masculino o femenino desde el primer momento de su vida en que está constituido por una
célula derivada de la fusión del espermatozoide con el óvulo. Si un ser humano tiene 44 cromosomas más dos
cromosomas sexuales X, es de sexo femenino; si posee 44 cromosomas más un cromosoma X y otro Y, es de
sexo masculino. Los 46 cromosomas están ajustados de dos en dos formando 23 parejas.

En este ser que crece en el útero, el primer rasgo anatómico de su sexualidad que se desarrolla es el sexo
gonádico. La gónada es la glándula genital que elabora las células reproductoras (óvulos o espermatozoides). En
torno a la sexta semana de vida intrauterina, el embrión posee una gónada todavía indiferenciada que es capaz
de transformarse en testículo u ovario. Si en su patrimonio genético se halla el cromosoma Y, es decir, si es
genéticamente varón, la zona central de la gónada se desarrollará diferenciándose en testículo, que empezará
muy pronto a producir hormonas masculinas, llamadas andrógenos. Si el ser humano es genéticamente mujer,
se desarrollará en cambio la parte externa de la gónada, que se diferenciará en ovario y se poblará de un

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número enorme de folículos llamados «primordiales» (6 ó 7 millones), cada uno de los cuales contiene una
célula huevo.

El sexo morfológico (los órganos genitales internos y externos), en torno a la octava semana de vida intrauterina
del embrión está todavía indiferenciado. Si está presente el testículo (sexo gonádico masculino), gracias a los
andrógenos producidos por él, los genitales se desarrollarán en sentido masculino; si no está presente el
testículo, el desarrollo de los genitales se operará, en cambio, en sentido femenino. El sexo del embrión ya es
reconocible desde la decimocuarta semana de vida intrauterina. Los órganos genitales internos masculinos son
los conductos seminales, las vesículas seminales, la próstata y la uretra, mientras que se consideran órganos
genitales externos el pene y el escroto. En la mujer son órganos genitales internos las trompas, el útero y la
vagina, y órganos genitales externos los labios mayores y menores.

El niño, al nacer, es denominado varón o hembra según el aspecto de los genitales externos: desde ese preciso
momento será educado por los padres según el sexo que se le ha atribuido. Este aspecto de la sexualidad se
llama sexo socio-cultural o sexo de educación porque ayuda a concordar armoniosamente el sexo genético,
gonádico, morfológico y de educación o social lo que hará que el niño desarrolle precozmente, dentro del
primer año de vida, su identificación consigo mismo como varón o mujer.

La niñez de un ser humano termina con la pubertad cuando se desarrolla su sexo fenotípico. Éste es el conjunto
de características que hacen que un individuo quede definido por el aspecto exterior (fisiológico) como varón o
mujer. Aparte de la estructura de los genitales externos, que ya en el nacimiento permiten distinguir a un niño
de una niña, el resto de los caracteres sexuales (como el desarrollo de la figura femenina o masculina, cambio de
tono de voz, etc.) se terminan de desarrollar con la edad. Se llaman caracteres «secundarios» para distinguirlos
de los caracteres «primarios» (sexo gonádico y morfológico).

Además de ser varón o mujer desde un punto de vista cromosómico, gonádico, morfológico y fenotípico, el
hombre y la mujer lo son también desde un punto de vista psíquico. La mujer se reconoce y se siente como
mujer y tiene tendencias sexuales hacia los varones y viceversa. Mientras que la identidad sexual se establece
rápidamente desde la primera infancia, las tendencias sexuales se manifiestan de manera clara en la pubertad.
El sexo psíquico masculino o femenino está determinado por factores biológicos (el sexo genético, el sexo
gonádico, etc.), pero también por otros factores que influyen en él en su desarrollo afectivo ligados al desarrollo
del niño.

En la sexualidad humana se observan significativas diferencias en relación a la sexualidad puramente biológica.


Es una dimensión fundamental de la identidad enraizada en el espíritu humano. Su cuerpo no es vehículo de su
espíritu, sino que es la revelación de su unidad personal de espíritu y cuerpo. Su feminidad o su masculinidad
impregna su percepción del mundo y las relaciones que establece con él, a través de su libertad inteligente y sus
decisiones.

El sexo socio-cultural(1) y el sexo psíquico(2) son dimensiones que expresan la realidad humana que va más allá
del elemento biológico. La identidad sexual se produce cuando uno descubre la relación adecuada que ha de
existir entre la realidad objetiva de su cuerpo sexuado y la vivencia subjetiva de su sexualidad. Si uno es hombre,
percibe su identidad como hombre. Si esta identificación no se da, hay una anomalía o desajuste en la
personalidad.

El conjunto de factores educativos, familiares, sociales, y circunstancias personales que influyen en el desarrollo
de un ser humano sexuado, influye en la configuración de su personalidad y de su individualidad, pero siempre
como varón o como mujer.

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Siendo el ser humano un ser social, no sólo se identifica consigo mismo y con su sexo, sino que otros (con los
que convive) le identifican por su sexualidad. Cuando uno se encuentra con otro ser humano, la primera
constatación que hace, casi sin pensar, es acerca de la sexualidad del otro e intuitivamente adapta su manera de
comportarse según sea varón o mujer.

Como mujer o como varón, aprende a relacionarse y a amar a los demás. No se puede hacer de la sexualidad
humana una actividad externa a la persona. Se expresa en todos sus actos y, por ello, no puede ser objeto de
uso. Usar la sexualidad implicaría también usar al ser humano que se identifica con ella. Cualquier práctica que
intenta usar al ser humano (como la prostitución, la pornografía, y la violencia sexual) niega el fin del ser
humano y tiene consecuencias serias en su psicología, en su cuerpo y, sobre todo, en su espíritu.

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(1) Sexo socio-cultural: por el que uno identifica a otros como hombres o como mujeres por su manera de vestir,
comportarse, hablar etc. de acuerdo a las costumbres culturales aprendidas, como un medio para poder
expresar la identidad y los comportamientos de hombres y mujeres.

(2) Sexo psíquico: por el que uno se identifica con su propia sexualidad tanto en su fisiología como en las
tendencias naturales que se derivan de ella.

Todos los actos sexuales tienen una connotación ética buena o mala

La sexualidad humana es una dimensión fundamental del ser humano, íntimamente ligada a la experiencia ética,
que es la forma propia de ser del ser humano que le diferencia de cualquier otro ser del universo, su
característica definitoria. Todos los actos sexuales son actos humanos en los que interviene la libertad de
decisión y por ello se experimentan espontáneamente como buenos o malos, es decir con una connotación
ética.

El comportamiento sexual ha sido siempre calificado desde una normativa ética, cualquiera que sea la cultura
que lo estudie. A pesar de los muy variados intentos de liberación sexual, la sujeción de la sexualidad humana a
una norma ética ha sido un hecho incontrovertible en todas las culturas de todos los tiempos donde se ha
estudiado el comportamiento humano.

Esta valoración ética de la sexualidad manifiesta su profundo arraigo en la persona misma. Actos indiferentes a
quienes somos, como la respiración o el dormir, no tienen en sí una valoración ética. Los actos sexuales la tienen
siempre, lo que demuestra que provienen de una dimensión que toca a nuestra identidad no sólo corporal, sino
también espiritual y, por eso, su vivencia afecta a lo que somos.

La libertad inteligente es la facultad que diferencia al ser humano del mundo animal. El ser humano advierte la
existencia de esta capacidad en su interioridad de la cual sólo él es dueño, y a la que nadie puede acceder si él
no se lo permite. Su interioridad es como un tesoro, que le posibilita amar y ser amado, es decir darse y recibir
la donación de la persona del otro. La interioridad se experimenta como algo íntimo, que se protege.

Al estar íntimamente relacionada la dimensión sexual con el “yo personal” y la capacidad de donarse en cuerpo
y espíritu, el ser humano protege, de forma particular, las zonas corpóreas que expresan externamente la
misma sexualidad. A este sentimiento de respeto y cuidado, que es algo natural, se le llama pudor. La intimidad
corporal sólo se muestra a quien uno abre también su interioridad.

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Este sentimiento natural de pudor demuestra que instintivamente el cuerpo humano revela una intimidad. La
tendencia espontánea a proteger la intimidad de miradas extrañas también afecta al cuerpo. La sexualidad se
experimenta como algo ligado a la interioridad, como algo, por lo tanto, muy valioso. El ser humano se viste
para proteger su indigencia corporal del medio exterior pero también lo hace porque su cuerpo forma parte de
su intimidad, y no está disponible para cualquiera. El vestido sirve, además, para mantener el cuerpo dentro de
la intimidad.
En todas las culturas existen diferentes formas de cuidar el pudor, aun en las tribus más lejanas a la civilización
occidental, en las que se muestran hombre y mujer, casi desnudos. El pudor se manifiesta por el cuidado de
miradas, posturas y lugares particulares designados para expresiones de la intimidad de la persona.

Por ejemplo, los indios yanomami del Amazonas, apenas se cubren con un poco de tela los órganos genitales,
pero muestran su pudor a través de otras costumbres, como la de que el hombre nunca puede dirigirse a una
mujer mirándola a los ojos, excepto a su esposa.

Conclusiones

1. Definición de sexualidad: La sexualidad humana es el conjunto de características que abarcan y expresan a


todo el ser humano, en la unidad de su cuerpo y de su espíritu, y que le configuran como hombre o como mujer.
No existe el ser humano “neutro”, sólo se es ser humano, como hombre o como mujer, es decir como un ser
sexuado. La sexualidad es una dimensión fundamental de toda la personalidad humana y por ello está
íntimamente relacionada con la afectividad, la capacidad de amar y la aptitud para relacionarse con los demás.

2. La sexualidad “diferencia” a seres humanos con igual dignidad (valor), que experimenten la vida humana de
modos diferentes. Tal diferencia no es sólo material, sino que toda la experiencia y la autoconciencia del sujeto
pasan a través de la realidad de ser hombre o de ser mujer. La sexualidad es pues la capacidad de vivir según el
propio sexo.

3. Los actos así llamados “sexuales” son algunas expresiones, particularmente significativas, de la sexualidad
pero la sexualidad humana no se puede reducir a la mera “actividad sexual”: es una dimensión que abarca a
todo el ser humano, íntimamente ligada a su libertad y a su capacidad de amar.

4. La voluntad humana no puede “recrear” la sexualidad humana, porque tendría que recrear al ser humano.
Por ejemplo: las operaciones de cambios de sexo no cambian la sexualidad de esa persona, solamente se opera
un cambio en el nivel gonádico, pero cada una de las células de su cuerpo sigue teniendo otra información
genética diferente. La libertad humana no es absoluta, porque no “puede” decidir sobre aquello que nos viene
dado, es decir que nos hace precisamente ser lo que somos: seres humanos sexuados.

5. La sexualidad es una realidad de por si valiosa por el hecho de pertenecer a la intimidad de lo humano.
Evidentemente no tiene solamente valor por cumplir la finalidad biológica reproductiva, sino que vale por sí
misma, como es expresión del amor humano, es por sí misma buena. Esa integración de las diferentes
dimensiones es característica de todo lo propiamente humano. Ocurre también así, por ejemplo, con la sonrisa.
Definir la sonrisa como podrían hacerlo la fisiología o la psicología (una determinada contracción de los
músculos de la cara, o un tipo de respuesta a determinados estímulos positivos) es claramente verdadero, pero
insuficiente. Sonreír también es afirmación, alegría, acogida, amistad hacia alguien; en definitiva, es un gesto
que expresa y realiza sentimientos y algunos actos propios del amor.

6. Como unidad personal sexuada de espíritu y cuerpo, la vivencia humana de la sexualidad también ha de
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conducirse por las facultades superiores que dignifican al ser humano; es decir aunque contamos con un
sustrato biológico natural, no son sólo los instintos quienes nos guían, sino una libertad inteligente que es capaz
de elegir el bien, y actuar por amor. La sexualidad, aislada de la inteligencia, se independiza de ella, por ser uno
de los impulsos más fuertes del hombre. En ese caso se deshumaniza, y deshumaniza al hombre mismo,
atándolo a unos deseos que no tienen nada de libre en cuanto que le arrastran determinísticamente. En cambio,
armonizada con las restantes dimensiones del espíritu, contribuye a la armonía del ser humano y encuentra su
sentido humano: la donación recíproca del hombre y la mujer.

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