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ACT 8 LA PRIMERA GRAN GUERRA

Después de haber conseguido la unidad alemana, el objetivo principal de la política de Bismarck fue consolidar el Reich, asimilando a
las minorías recientemente incorporadas y favoreciendo el desarrollo económico interno. Por su parte, Gran Bretaña empezó a
alarmarse por la política de construcción naval de Alemania, inspirada por el almirante Von Tripiz, y por su enorme desarrollo
económico. Los británicos decidieron abandonar su política tradicional de aislamiento, después de que fracasara el proyecto del
ministro de las Colonias. En 1907 suscribieron con Rusia un acuerdo similar, lo que supuso un nuevo fracaso económico alemán.
Desde 1940, y hasta el estallido de la guerra, se sucedieron diversas crisis políticas, que fueron consolidando los bloques militares
que se enfrentarían abiertamente a partir de 1941.

Como resultado de las alianzas militares, cada vez resultaría más difícil mantener una guerra localizada, en el caso de que se
produjese. Este temor a una conflagración detuvo hasta entonces las guerras, pero cada nueva crisis hacía aumentar más el riesgo; la
última de ellas, la crisis de julio de 1914, fue la chispa que encendió el conflicto. Se produjo a raíz del asesinato del heredero austriaco
Francisco Fernando y de su esposa en Sarajevo, capital de Bosnia, el 28 de junio, por un estudiante que pertenecía a la sociedad
secreta “unidad o muerte”.

Políticos y población civil se unieron en cada uno de los países al inicio de la guerra, salvo algunos pacifistas británicos y pequeños
grupos socialistas que quedaron marginados, con un entusiasmo inicial que duraría poco, ya que la guerra se hizo larga y penosa
para toda la población, incluidos aquellos que no eran combatientes. En todos los países afectados por la guerra se impuso el Estado
de Sitio, que suprimió las libertades individuales, impuso censura a la prensa, creó tribunales militares y el derecho de requisa. Quitó a
los Parlamentos sus facultades, originando un Poder Ejecutivo con amplísimas atribuciones.

La propaganda bélica había enmascarado los verdaderos objetivos de la guerra. Los imperios centrales que pretendieron el control
militar y económico de Bélgica, la formación de una unidad económica centroeuropea, la ampliación de las colonias alemanas y la
eliminación de la competencia británica, justificaron una agresión militar buscando “fronteras seguras” que garantizaran una paz
duradera. Los aliados, que aspiraban al reparto de las colonias alemanas y de los territorios turcos de Oriente Medio, además de la
ocupación de Sarre y la restitución de Alsacia Lorena, se presentaron como los defensores de la democracia frente a la violencia y la
injusticia.

Las tentativas de paz del presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, en 1917, fracasaron por la intransigencia de los dos
bandos. El presidente, después de que Estados Unidos entró en la guerra, definió los objetivos bélicos de su país en 14 puntos, en los
cuales trató de fundamentarse la paz. Estos principios no fueron muy respetados en los textos de los diferentes tratados de paz. Las
potencias vencedoras quisieron desaprovechar la oportunidad de repartirse el mundo y excluir a los vencidos de la política mundial, al
menos durante cierto tiempo.

ACT 9 LA REVOLUCION RUSA

El fracaso de las reformas emprendidas por Alejandro II en el siglo XIX trajo consigo un incremento en las tensiones sociales y del
activismo revolucionario. El capitalismo se introdujo en Rusia impulsado por las inversiones extranjeras y la acción del Estado. La
incipiente burguesía no estaba satisfecha con la estructura del Estado zarista, pese a las tímidas reformas liberalizadoras de la
administración, debido a la falta de participación y al gran costo e ineficiencia de la burocracia y el ejército.

La revolución de 1917 tuvo sus antecedentes en los acontecimientos de 1905. La guerra ruso-japonesa en la costa norte del Pacífico
y la derrota posterior del ejército zarista pusieron de manifiesto la incapacidad administrativa y militar del Estado imperial de los
Romanov, mientras que agudizaba el descontento social en medio de una grave crisis económica, industrial y agraria.

La industrialización acelerada de Rusia, trajo consigo el desarrollo de un movimiento obrero poco organizado, pero muy combativo. La
falta absoluta de libertades políticas motivó la ausencia de organizaciones sindicales estables, como las existentes en Europa
Occidental. Los socialdemócratas o marxistas iniciaron una paciente labor de movilización y organización de las masas entre los
ambientes obreros. Casi desde su nacimiento el Partido Socialdemócrata ruso se dividió en dos tendencias: mencheviques y
bolcheviques, al principio como dos fracciones de partido; más tarde como dos partidos totalmente diferenciados.

La prolongación de la guerra y las derrotas militares de un ejército mal preparado y desmoralizado tuvieron efectos devastadores en la
sociedad rusa. El esfuerzo defensivo obligó a la industria a dejar desabastecidas las zonas de retaguardia. La escasez provocó el alza
disparatada de los precios y la negativa de los campesinos para abastecer las ciudades.

La mayoría de la población rusa era de campesinos apegados a la vida tradicional que aún padecían la organización semifeudal de la
producción agraria. La actitud de esta enorme masa anónima sería determinante en el curso de la revolución. En pocos meses, la
enorme ebullición política y social que agitaba a las ciudades se extendió al campo. El hambre de tierras y el cansancio por la guerra
fue pesando cada vez más, superando incluso los prejuicios nacionalistas tradicionales del Mujik ruso. La guerra fue causa principal
de la caída del zarismo. Los obreros y soldados que se levantaban contra la autocracia estaban movidos por el deseo de una paz
inmediata. Los bolcheviques querían una paz inmediata y admitían la posibilidad de una paz separada con Alemania, en el caso de
que las negociaciones internacionales se retrasaran o no tuvieran éxito.

El transcurso de los acontecimientos de febrero a octubre de 1917 provocó un enfrentamiento constante entre las distintas posiciones
encontradas, cada vez más duro e irreducible. El fracaso de los intentos por establecer negociaciones de paz conjuntas con los
aliados occidentales, motivó a Kerenski (ministro de la Guerra) para organizar en junio la ofensiva militar en los frentes. El desastre fue
total, las líneas rusas se hundieron y los alemanes avanzaron impetuosos hacia Petrogrado. La rebelión estalló casi espontáneamente
en los primeros días de julio. Kerenski, designado jefe de gobierno, reaccionó con habilidad y dureza presentándose como el defensor
de la revolución frente a los peligros de la restauración monárquica; responsabilizó a los bolcheviques de los sucesos y montó una
campaña acusatoria contra ellos, como “Agentes del enemigo”. Lenin y la mayoría de los dirigentes del partido tuvieron que escapar al
extranjero u ocultarse. Los bolcheviques dispusieron los preparativos militares para el día en que el Segundo Congreso de los Soviets
se reuniera. La “chispa” que empezó las hostilidades fue una orden de Kerenski para cerrar la imprenta donde se imprimían los
periódicos bolcheviques. Casi sin derramamiento de sangre se ocuparon los puntos clave, y la ciudad quedó en sus manos. En la
madrugada del 25 de octubre las milicias obreras y los soldados revolucionarios volvieron a tomar, por segunda vez en un año, el
Palacio de Invierno.

En distintas zonas del viejo imperio se organizaron núcleos de resistencia armada en torno a los restos del ejército zarista y sus
generales. El apoyo de Inglaterra y Francia fue total, pero no consiguieron una cohesión política y militar capaz de luchar contra el
Ejército Rojo organizado y dirigido por Trotski. El poder revolucionario pasó por momentos graves durante esta contienda. A partir de
la consolidación del Ejército Rojo la situación se invirtió, y a comienzos de 1920, el gobierno soviético controlaba todo el territorio de la
vieja Rusia, excepto Polonia, Finlandia y los países bálticos.

ACT 10 LA CRISIS ECONOMICA DE 1929

Cuando finalizó la guerra, los países europeos no sólo habían sufrido destrucciones considerables, sino que para hacer frente a los
gastos militares adquirieron deudas para financiarlas. Alemania se comprometió a pagar indemnizaciones por las destrucciones de la
guerra a las naciones vencedoras; mientras que Francia e Inglaterra se endeudaron con Estados Unidos para financiarla. El paso de
esta nación a primera potencia económica mundial se produjo en esos años. No obstante el proceso de endeudamiento europeo con
respecto a Estados Unidos continuaría en los años posteriores a la guerra, a causa de las necesidades de la reconstrucción
económica europea. Estados Unidos reforzó así su posición de primera potencia mundial en el mundo.

Bajo la aparente prosperidad de estos años se presentaron fenómenos que demostraron que la realidad no era tan prometedora. En el
sector agrícola los precios cayeron hasta bajar un 50 por ciento. El desarrollo económico mundial en esos años fue muy desigual,
pues mientras Japón, Rusia y Estados Unidos se desarrollaban a un ritmo acelerado, Francia, Alemania, y sobre todo, Gran Bretaña lo
hacían a un ritmo muy inferior.

La situación de prosperidad de Estados Unidos tuvo un descenso en los años de 1926 a 1929, a partir de que Europa recuperó su
capacidad de producción y las exportaciones estadounidenses, sobretodo las agrícolas, empezaron a declinar. El sector agrícola,
además de encontrarse en dificultades para devolver los préstamos, tuvo que restringir sus compras de productos industriales. Para
hacer frente a la difícil situación, el gobierno y los bancos recurrieron a aumentar los créditos, ocultando los síntomas desfavorables.
Pero esta inflación del crédito produjo un efecto inesperado: Los préstamos fueron utilizados para especular en la Bolsa. La gran
demanda de valores en la Bolsa provocaba el alza, y esto, a su vez, la entrada de más capitales en busca de los altos beneficios,
dando lugar a un repunte permanente de la Bolsa. Como los beneficios obtenidos en la Bolsa eran superiores a los intereses de los
préstamos, con aquellos se pagaban éstos. La situación se volvió insostenible, a la vez que ocultaba la verdadera situación
económica.

Bastó que a mediados de octubre, al publicarse las estadísticas, se viera que la producción estaba disminuyendo, para que todo el
edificio se viniera abajo. El pánico se extendió, y el 26 de octubre de 1929 en la Bolsa de Nueva York había trece millones de acciones
a la venta. La bolsa cayó en picada, arrastrando tras de sí, en su crisis, a múltiples entidades bancarias, en primer lugar, porque ellas
mismas habían invertido en la Bolsa; en segundo lugar, porque los particulares que habían utilizado los créditos para invertir en la
Bolsa ya no podían devolverlos (si vendían con la Bolsa baja perderían dinero); y en tercer lugar, porque para pagar las deudas los
particulares tuvieron que recurrir a los fondos de que disponían en los bancos.

ACT 11 LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

La causa aparente que provocó la Segunda Guerra Mundial fue la manera en que se resolvió la primera. Con el tratado de Versalles
una serie de países resultaron claramente afectados; entre ellos no sólo estaban aquellos que perdieron la guerra. Alemania fue la
nación más desfavorecida por la pérdida de colonias y territorios, así como por la desmilitarización de la zona renana y las
restricciones a su ejército. Otro país que no resultó beneficiado fue Rusia; en la paz de Brest-Litovsk perdió parte de su territorio, y en
la Guerra Civil, que se presentó después de 1918 con participación extranjera, sus condiciones empeoraron. Por su parte, Italia fue
sancionada por su participación en la guerra de Etiopía.

En Alemania a todo lo anterior se sumó el pago de las reparaciones de la guerra y la ocupación del Ruhr por Francia en 1923. La
situación económica alemana era muy difícil, y sin haber aún salido de ella, se presentó la crisis económica internacional de 1929.
Esta crisis generaría las condiciones económicas y sociales para el surgimiento del fascismo alemán.

Ningún país se lanzó a una conflagración contra las grandes potencias sin asegurarse previamente aliados. La solución a todos los
problemas parecía estar en un nuevo reparto del mundo entre las grandes potencias, en el cual se sentaron las bases del
expansionismo alemán que daría lugar a la Segunda Guerra Mundial.

Esta guerra se inició como una guerra muy limitada entre Alemania, por un lado, y Francia, Inglaterra y Polonia, por el otro. La
desigualdad de fuerzas en los terrenos económico y militar a favor de Alemania, junto con las propias limitaciones de la alianza anglo-
francesa, marcaron las características de la guerra durante su primer período y el papel decisivo de las naciones neutrales. La guerra
se había limitado a Europa con algunas incursiones africanas, en la segunda mitad de 1941 se convertiría en mundial con la entrada
de la Unión Soviética, Japón y Estados Unidos. A partir de ese momento se desarrolló en tres frentes y de forma relativamente
independiente: En el Pacífico, con el enfrentamiento entre Japón y Estados Unidos, en las llanuras de Rusia, donde se oponían el
Ejército Rojo y la Wehrmacht; y finalmente, la que enfrentaba a británicos y norteamericanos contra alemanes e italianos en diversos
escenarios de lucha, primero en el norte de África y en Italia, y después en Francia y Bélgica.

La apertura del frente soviético se produjo en junio de 1941 cuando Alemania finalmente decidió invadir Rusia. En los meses
anteriores a la invasión, las divergencias entre ambos países se agudizaron debido a la recuperación soviética de una porción de
territorios que le pertenecía antes de la Primera Guerra Mundial. Con la entrada de la Unión Soviética y Estados Unidos a la guerra la
correlación de fuerzas entre los dos bloques se modificó sustancialmente. A partir de ese momento, bastaba con que la alianza Unión
Soviética-Estados Unidos-Gran Bretaña se mantuviera para que la guerra cambiara de signo, lo cual sucedería a partir de 1942, no sin
antes presentarse victorias del Eje durante algún tiempo.

A finales de 1942, las potencias del Eje pasarían a la defensiva, iniciándose así el principio del ocaso. En el frente ruso, la batalla de
Stalingrado terminó con la rendición de las tropas alemanas que fueron cercadas el 2 de febrero de 1943. Los italianos entraron en
negociaciones con los alemanes para la firma de un armisticio. En el Pacífico los triunfos estadounidenses aeronavales irían
desalojando la ocupación nipona de cada archipiélago y acercándose a Japón. Las batallas de finales de 1942 habían dado las
primeras victorias importantes a Estados Unidos.

La relación de fuerzas militares en el momento de terminar la guerra daría la pauta para la salida política final. Los ejércitos aliados, en
consecuencia, mostraron prisa y las operaciones militares se aceleraron. Casi al mismo tiempo en que los aliados liberaron Roma, se
produjo el 6 de Junio el desembarco en Normandía, que abriría el camino a las fuerzas aliadas hacia Alemania. Con el apoyo de la
resistencia, la batalla de Francia se prolongó hasta noviembre de 1944, cuando toda ella quedó liberada. En el frente oriental, los
soviéticos avanzaban incontenibles y entraron sucesivamente a Rumania, Bulgaria y Hungría, entre septiembre y octubre de 1944.
Polonia ya había sido liberada, y en Albania y Yugoslavia triunfaron movimientos de resistencia. Se decidió la división de Alemania en
zonas de ocupación controladas por la Unión Soviética, Estados Unidos y Gran Bretaña, así como su fragmentación posterior en
varios Estados.

En la última fase de la guerra, Estados Unidos y la Unión Soviética pasan a ejercer el papel predominante, formándose dos bloques
encabezados por ellos. Europa quedó muy debilitada del conflicto y estaba arruinada por la guerra. Estados Unidos se convirtió en la
primera potencia militar mundial. La Unión Soviética también salió muy fortalecida y se convirtió en el centro dirigente del campo
socialista de los países de Europa central y oriental.