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Las técnicas didácticas en una educación para la ciudadanía

Por María Margarita Payares García

Un principio del arte de la educación, que en particular debían tener presente los hombres que
hacen sus planes, es que no se debe educar a los niños conforme al
presente, sino conforme a un estado mejor, posible en lo futuro, de la especie humana; es decir,
conforme a la idea de humanidad y de su completo destino. Este principio es de la mayor
importancia. Los padres, en general, no educan a sus hijos más que en vista del mundo presente,
aunque esté muy corrompido. Deberían, por el contrario, educarles para que más tarde pudiera
producirse un estado mejor.
I. Kant, «Introducción», Pedagogía.

Es común escuchar las quejas y críticas sobre la sociedad, el gobierno, la política,


las instituciones educativas, los vecinos, familiares, religiosos, etc. ¿Quién no ha
sido parte de una de estas conversaciones con extraños o conocidos en un taxi-
colectivo, una fila de banco, una tienda o incluso en el calor del hogar? Parece que
todos los que alguna vez nos hemos quejado coincidimos en queremos que algo
cambie, tal vez en el fondo de las quejas, críticas y groserías estamos pidiendo un
cambio hacia un estado mejor. Se me ocurre que tal vez queremos un mundo
donde las personas seamos más solidarias, más amables y pacíficas, donde haya
equidad y justicia social, donde nuestros hijos tengan más oportunidades, donde el
trabajo digno y bien remunerado no sea un lujo, en fin, un mundo mejor. Pero con
toda seguridad, no avanzaremos a ese mundo mejor si sólo continuamos
quejándonos. Entonces, ¿Qué podemos hacer?

En la frase de Kant que cito arriba se nos propone avanzar hacia un estado mejor
por medio de la educación, formando ciudadanos para un mundo mejor. Porque lo
que debe cambiar no es el mundo, como si este fuese un ente independiente, lo
que en realidad debe cambiar son los ciudadanos del mundo, así es que debemos
enfocar la educación del presente en formar a los ciudadanos del futuro. Pero no
podemos pretender lograr un cambio aplicando las mismas técnicas y estrategias
educativas del pasado, es decir, lo primero que debe cambiar es la educación.

Para lograr un cambio no es suficiente basar la educación en la impartición y


posterior acumulación de conocimientos, no es suficiente con un modelo educativo
que gira en torno a los conocimientos, experiencias y opinión del maestro y en
donde los estudiantes son receptores pasivos. Es necesario estimular no sólo la
adquisición de conocimientos, sino el desarrollo de habilidades como la
creatividad, el trabajo en equipo, la participación activa, la solidaridad, la
responsabilidad hacia su propio aprendizaje, el razonamiento eficaz, entre otras.
Además debe lograrse mayor profundidad, flexibilidad y aplicabilidad en los
conocimientos adquiridos por los estudiantes en su proceso de formación. El
aprendizaje debe ser significativo para los estudiantes y debe ser aplicable al
contexto en el cual se desenvuelve, debe darle las herramientas necesarias no
sólo para subsistir, sino para participar en la construcción de su propio futuro.

Si bien es cierto que el uso de algunas técnicas didácticas activas requieren mayor
tiempo para el aprendizaje, mayores costos y esfuerzos, así como cambios en los
modelos educativos y estructuras curriculares, también es cierto que cada vez se
hace más necesario dotar a los estudiantes con algo más que un aprendizaje
memorístico que seguramente los capacitará muy bien para vivir en un mundo que
ya pasó. Las técnicas didácticas activas son una valiosa herramienta en las manos
de los expertos en educación, con ellas podemos formar a los estudiantes del
presente para ser los ciudadanos de un mundo mejor.