Está en la página 1de 3

Patrik Wikström: La industria musical en una era de

distribución digital.

Daniel Román Rodríguez.

Patrick Wikström, investigador del ARC Centre of Excellence of creative industries


and innovation, aborda descriptiva e historicamente la interrelacion entre los avances
tecnológicos y la industria musical.
En el siglo pasado, en la década de los setenta, la industria musical se sustentaba
principalmente en la venta de discos. A fines de la decada del noventa nadie pensaba en el
derrumbe de una industria que seguía en constante y saludable crecimiento. Pero la
masificación de internet y servicios de archivos compartidos como Napster,
desencadenaron un proceso irreversible dislocando el negocio de la venta de discos y
planteando nuevos desafios para la industria.
Para comprender la industria de la música hay que definir basicamente tres campos
en donde se diversifica en nuevas industrias. La discográfica, la de las licencias musicales y
la de la música en vivo. Antes de la irrupción de internet, la discográfica era la mas fuerte y
la que generaba mayores ingresos. Pero llego internet y se vieron en la necesidad de buscar
otros nichos de mayor productividad, ya que al disminuir una fuente de ingresos, la
industria musical tiene que reevaluar sus otros negocios incrementando así, los ingresos en
musica en vivo y licencias.
Los ingresos de las licencias se han más que duplicado en los últimos años y aunque
es el mas rentable, es en la musica en vivo donde ha habido el mayor crecimiento. Si bien la
industria se ha visto afectada en sus tres grandes pilares por la era digital, queda claro que,
pese a los cambios e irrupciones, su plasticidad le permite acomodarse y regenerarse
rapidamente según las circunstancias.
Itunes supuso un cambio radical proponiendo una plataforma de venta online que
ofertaba los catalogos musicales de las principales discográficas. Mediante precios
novedosos permitía comprar solo las canciones que el consumidor requería. De alguna
manera Itunes seguía un modelo mas bien conservador y continuista del modelo de las
discográficas de decadas anteriores.

El problema del acceso


Spotify es, sin duda, la plataforma masiva de streaming musical mas grande del
momento. Su irrupción cambio para siempre la industria musical y la relación de los
musicos con sus auditores. Ofreciendo un servicio gratuito y uno freemium, el usuario ya
no es más propietario de la música de su gusto sino que, de alguna manera, alquila cada una
de las escuchas a las que accede por un importe fijo mensual. Cuando la suscripción es
gratuita no goza de los mismos privilegios de quienes pagan. Las principales críticas vienen
de parte de los creadores que reciben sumas irisorias por la reproduccion de sus obras.
Parece ser que este acceso ilmitado a la musica, la ha vuelto mas presente que nunca y
conceptos como propiedad y colección quedaron en el pasado.
La relación con la musica cambió en la medida que, si bien sigue siendo un medio
de inscripción e identificación social, ya no es el formato físico ni su posesión el sello
identitario de quien la vive y experimenta. Las redes sociales vienen de alguna manera a ser
el lugar de encuentro de los auditores que manifiestan su identidad y gustos representativos
y, mediante ellas, expresan su elección al mundo digital.
Los habitos de escucha y por ende las conductas sociales, han sufrido variaciones
concomitantes con la transformación digital. La playlist se transformo en el dispositivo
identitario a traves del cual nos proyectamos y nos diferenciamos. El lado oscuro de esta
oferta de acceso a bajo precio está en la tendencia que tiene toda industria a la uniformidad
y al monopolio de los recursos que explota. No es de extrañar por lo tanto que el grueso de
la oferta se centre en estilos musicales particulares y promovidos por no mas de tres sellos
multinacionales. Lo propuesto por Wikström, como mejora al sistema, es justamente
diferenciar la oferta con nuevos motores de busqueda y servicios innovadores que apunten
a una mejor experiencia basada en contexto, es decir, dirigidos a cada usuario y
permitiendo algo más que el mero acceso a la música.
Muchos artístas han recurrido al modelo basado en contexto para la producción de
sus obras musicales. De esta manera han incluido al oyente en el proceso creativo y los
mismos admiradores hacen cosas con la música de sus artístas.
En conclusión, la industria musical tiene la virtud de flexibilizar su campo de acción
y visualizar rapidamente nuevas fuentes de ingreso. Queda pendiente en el texto la mirada
de los artistas y su relación con una industria que si bien profita de ellos, no necesariamente
los incluye en la distribución de las utilidades. Industria y artistas han mantenido una
relación tensa, en cuanto la productividad de su labor creativa queda en manos de la propia
industria. Los artistas, por lo tanto, buscan permanentemente nuevos mecanismos
adaptativos para dar a conocer su trabajo y hacerlo rentable. Por otra parte está la pregunta
por el producto musical. Si el mercado es el fundamento poietico de los artistas, su relación
con la música se vuelve funcional al sistema que los promueve, por lo tanto la música, no
queda excenta de mecanismos industrializados de creación. Esto no es un problema en sí
mismo, pero la idea del arte como representación de un pensamiento singular, como
advenimiento de lo inusitado, queda en el pasado, o en el sueño lejano de los ilusos.