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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN


SUPERIOR
UNIVERSIDAD BICENTENARIA DE ARAGUA
FACULTAD DE CIENCIAS JURIDICAS Y POLITICAS
ESCUELA DE DERECHO
ASIGNATURA: DERECHOS HUMANOS

REGLAMENTACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS Y DERECHO


PENAL

Dr. Benny Márquez

AUTORES:
Melissa Álvarez C.I: 18.015.356
Raúl Hernández C.I: 8.820.985
David Lara C.I:4.595.390
Lenni López C.I: 6.767.415
Camal Mohamed C.I: 8.729.681
Zesar Rodríguez C.I: 7.209.652
Laura Rojas C.I: 14.041.837
Doris Romero C.I: 7.271.207
Fernando Martínez CI: 15.130.066
SAN JOAQUIN DE TURMERO 09 DE NOVIEMBRE DE 2018
REGLAMENTACION DE LOS DERECHO HUMANOS Y DERECHO PENAL
DAVID SALVADOR LARA MENDOZA CI: 4595390.
CONCEPTO POLITICO DE LOS DERECHOS HUMANOS

Los derechos humanos en Venezuela están garantizados en la Constitución


de 1999. La Defensoría del Pueblo es una de las instancias del Poder Ciudadano en
Venezuela que tiene como finalidad la promoción, vigilancia y defensa de los
Derechos humanos en el país. Según la ONG Foro Penal, para el 28 de mayo de
2018 habían 355 presos políticos en Venezuela. 1
Para 2018, Venezuela fue reprobada con clasificación “D” por el Comité de Derechos
Humanos de la Organización para las Naciones Unidas en cuanto al cumplimiento de
obligaciones del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos debido a que el
Estado no envió el informe sobre los avances en las recomendaciones que hicieron
en 2015.
La Constitución de 1999 protege la libertad de expresión y la libertad de prensa,
estableciendo que la comunicación es libre y plural. Concretamente, el artículo 57
determina que:
Toda persona tiene derecho a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u
opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión, y de
hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión, sin que pueda
establecerse censura. No se permite el anonimato, ni la propaganda de guerra, ni los
mensajes discriminatorios, ni los que promuevan la intolerancia religiosa.
En Venezuela se garantiza el acceso universal a la información y el Estado está
obligado a permitirlo según el título III («De los derechos humanos y garantías, y de
los deberes», cuyo artículo 108 reza:
Los medios de comunicación social, públicos y privados, deben contribuir a la
formación ciudadana. El Estado garantizará servicios públicos de radio, televisión y
redes de bibliotecas e informática, con el fin de permitir el acceso universal a la
información. Los centros educativos deben incorporar el conocimiento y aplicación de
las nuevas tecnologías, de sus innovaciones, según los requisitos que establezca la
ley.
La Constitución de 1999 establece en su artículo 59 que:
El Estado garantizará la libertad de religión y de culto. Toda persona tiene derecho a
profesar su fe religiosa y cultos y a manifestar sus creencias en privado o en público,
mediante la enseñanza u otras prácticas, siempre que no se opongan a la moral, a
las buenas costumbres y al orden público.

(Reuters) – La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) calificó la


situación en Venezuela como “alarmante” en un informe divulgado el lunes en el que
documentó un aumento de la pobreza, escasez generalizada, detenciones arbitrarias
y torturas y llamó al Gobierno a restablecer el orden constitucional.
El informe “Institucionalidad Democrática, Estado de Derecho y Derechos Humanos
en Venezuela” es el tercero de la CIDH sobre la nación petrolera y “se relaciona con
el serio deterioro de la vigencia de los derechos humanos y la grave crisis política,
económica y social que atraviesa el país en los últimos dos años y en especial en el
2017”, según el texto.
La CIDH da 76 recomendaciones en el reporte de 267 páginas y entre ellas resalta el
llamado al Gobierno del presidente Nicolás Maduro a “restablecer el orden
constitucional, garantizando la independencia y equilibrio de poderes, la participación
política sin discriminación”.
Las estadísticas muestran “un panorama mucho más alarmante”, dijo la CIDH al
asegurar que en el 2014 “el 48 por ciento de hogares se encontraba en condición de
pobreza; en el 2015, la cifra se elevó a 73 por ciento; y en el 2016, alcanzó el 81,8
por ciento. De ese total, el 51,51 por ciento estaba en situación de extrema pobreza”.
“Una crisis económica no es excusa para que un Estado deje de dar atención
prioritaria a los derechos a la alimentación, a la salud y otros”, dijo Soledad García,
una de las relatoras del informe durante la presentación de los resultados en la
conferencia de prensa en Washington.
Venezuela enfrenta una recesión económica agravada con hiperinflación y escasez
de alimentos y medicinas, problemas que la oposición atribuye a deficientes medidas
del Gobierno pese a que Maduro les devuelve la responsabilidad diciendo que son
producto de una guerra económica de empresarios y sus adversarios.
El Gobierno no respondió de inmediato a Reuters solicitudes de comentarios sobre el
informe. La CIDH dijo que en noviembre le presentó al Estado las conclusiones, a lo
que respondió en diciembre que considera que presenta “una visión selectiva y
altamente parcializada sobre la verdadera situación de derechos humanos de la
República Bolivariana de Venezuela”.

En ese contexto, la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) integrada por seguidores


del oficialismo aprobó la convocatoria de comicios presidenciales anticipados que
serán celebrados el 22 de abril y en los que Maduro buscará la reelección.

La oposición ha denunciado que no puede competir libremente por medidas que han
inhabilitado a sus líderes y han obstaculizado la promoción de la coalición que los
agrupa y aún evalúa si participa o no en esas votaciones.
La “situación en Venezuela es el caso más sostenido de deterioro de las instituciones
democráticas en la región en la actualidad”, dijo a periodistas Edison Lanza, otro de
los relatores del informe.
La CIDH también se refirió a la salida de miles de venezolanos hacia Colombia y
Brasil, países que ya han tomado medidas como el reforzamiento militar y policial de
sus fronteras.

En Colombia, las autoridades calculan que hay más de 550.000 venezolanos. En


Brasil, la alcaldía de la ciudad brasileña de Boa Vista, en la frontera, dice que sólo en
esa localidad viven 40.000 venezolanos que buscan un alivio a la violencia, la escasez
de productos y la hiperinflación en Venezuela.

El concepto político de los derechos humanos. Una disputa con la ética del
discurso. Mauricio Andrés Gallo Callejas.
Resumen. Jürgen Habermas afirma que el concepto político de los derechos
humanos deriva en la pérdida de la fuerza política explosiva de esta doctrina. El
artículo da cuenta de tal crítica haciendo uso de las herramientas disponibles en la
filosofía del derecho, concretamente, desde el concepto general de los derechos
subjetivos y lo que en este trabajo denominaremos sus dimensiones posicional y
descriptiva.

Palabras Clave / Keywords


Derechos subjetivos; earlier rights; derechos humanos; concepto político; dignidad
humana.
Tipo de Artículo
Artículo de investigación científica y tecnológica,
DOI (Digital Object Identifier)
http://dx.doi.org/10.14482/dere.50.0009

El derecho penal y su relación estrecha con los derechos humanos

Publicado el 24 de julio de 2018

José Amaury Chávez Medellín


Estudiante de la Especialidad en Derecho Penal de la Universidad Autónoma de
San Luis Potosí,

Los derechos humanos desde el punto de vista del derecho penal llevan una
aparejada y estrecha relación, ambas ramas del derecho tienen una similitud, en
primer término, en cuanto a su protección, y el segundo de ellos, al ejercicio punitivo
que corresponde al Estado como aparato de poder; sin embargo, la vulneración de
los derechos humanos por parte del Estado es a través de los servidores públicos y
de las instituciones.

En consecuencia, a partir de qué se habla de ponderación y/o protección a los


derechos, es aplicable para todas y cada una de las ramas jurídicas, tanto como a la
convivencia y contexto social, ya que no requiere someterse a indistintos
procedimientos jurídicos de diversas naturalezas, tanto en los tribunales, así como
ante autoridades administrativas o del trabajo, que emitan resoluciones, debido a esto
es necesario mencionar que el Estado, a efecto de prevenir conductas que no vayan
acorde a la sociedad o que en términos jurídicos, son contrarios a derecho por
encontrarse reguladas en la norma, por ello, se proponen políticas públicas sobre las
mismas, desde mi perspectiva estas se encuentran rebasadas por el contexto social
y como consecuencia existe una deficiente prevención de conductas antisociales.

Se considera que es aquí el punto de partida del Estado para aplicar el derecho penal,
pero también lo es para velar por los particulares, no basta con decir que esta rama
del derecho es pública por las razones expuestas con anterioridad, pero tal parece
que es donde se activa el ejercicio de los derechos de todas las personas, así como
para las instituciones, buscando no menoscabar la integridad, así como la dignidad
humana (lo es todo para las personas). El autor Pablo Hernández Romo Valencia
hace referencia a la armonía del derecho penal con otras ramas jurídicas y me permito
citar lo siguiente:

El ordenamiento jurídico es una unidad y el derecho penal es una rama más de los
que integran el ordenamiento jurídico. Todas las ramas que lo integran se relación
entre sí en mayor o menor medida; por lo tanto, todas las normas del derecho penal
deben convivir armónicamente con la de los otros sectores.

Concretamente, cabe mencionar que el derecho penal no sólo busca aplicar


sanciones e imponer penas, sino que comprende una amplia gama de elementos que,
el Estado en el caso de personas acusadas de una conducta ilícita y en su momento
imputadas por ello, tiene que acreditar con veracidad, a través y del análisis del
entorno, la forma en cómo sucedieron los hechos con apariencia de delito, distinto es
el caso en el que se ponderan derechos de víctimas u ofendidos, pareciera, bajo el
estudio de la norma, que independiente a la igualdad en cuanto a protección
constitucional, fuera este más sencillo.

Por ello, se considera que la relación de los derechos humanos y el derecho penal,
comienza a partir de que se despliega una conducta y del análisis de los elementos
jurídicos, retomando desde una conducta tipificada por la norma como delito, es aquí
como parte del proceso penal en donde esa relación de ramas jurídicas cobra
importancia que no se violenten los derechos humanos emanados del procedimiento
penal.

A partir de que el órgano de procuración de justicia conoce un hecho con apariencia


de delito debe comenzar su análisis minucioso sobre los elementos del tipo penal
para verificar que esa conducta encuadre en la norma, características de suma
importancia, primeramente, a las personas sujetas a un proceso penal se les deberá
garantizar, por parte de la autoridad, todos y cada uno de los derechos emanados por
nuestra carta magna así como de Tratados Internacionales a los que el Estado
mexicano ha ratificado, debiendo a su vez garantizar el derecho al debido proceso,
es decir que se lleve a cabo con las garantías de igualdad, legalidad, certeza jurídica
por mencionar algunos de ellos. No obstante que de la conducta se desprendan
elementos que nos lleven a la conclusión de cuál fue el actuar, a través de qué medios
y razones, bajo qué circunstancias, si las características llevan a deducir si fue
cometido de forma culposa o de manera dolosa, el lector preguntará acerca de qué
es lo que tiene que ver con los derechos humanos todo esto que se menciona, es
simple, las garantías mencionadas líneas arriba pueden ser consideradas como
violaciones procesales debido a que se puede imponer alguna pena, porque no es
sólo que el procedimiento ordinario penal sea por etapas y se llegue a una conclusión,
sino que existen los recursos y combatir dichas violaciones a las garantías y por tanto
a los derechos fundamentales.

La relación de la que se habla no sólo es teoría, sino también de actuaciones por


parte de las autoridades en donde las personas, en este caso acusadas o imputadas
sufren menoscabos en su integridad, ya sea esta física o emocional. Vamos a citar el
siguiente caso en el que agentes aprehensores se dedican a la localización y
detención de una persona “x”, la llevan a cabo en el domicilio de la persona “y” sin
ninguna autorización judicial ni mediando mandamiento emitido por alguna autoridad
competente que haya autorizado un cateo, agrediendo los agentes a la familia de “x”,
imponiendo violencia física o moral y posteriormente agrediendo al sujeto “x” al cual
se le estaba localizando, en los tres renglones que nos anteceden cuántas violaciones
a los derechos humanos así como a los tratados internacionales se han cometido
hasta el momento, destacando —desde mi perspectiva— que esto es lo que sale a la
luz en cuanto a violaciones a derechos humanos en relación con el derecho penal.

Para comenzar abundar acerca del tema planteado con anterioridad es necesario que
el lector, a través de este documento, conozca que la relación que guarda el derecho
penal con los derechos humanos es primordialmente por la amplia gama de derechos
que protege; de acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos Humanos el
imputado, la victima u ofendido tienen aproximadamente sesenta y ocho derechos
humanos, así mismo, un marco jurídico nacional e internacional que comprende
veintitrés tratados internacionales y protocolos.

Continuando con este análisis, cabe destacar que estar frente al ejercicio punitivo del
Estado sin hacer distinción del sujeto procesal de que se trate, si no se garantizará la
aplicación de los derechos humanos, la finalidad de lograr lo que conocemos como
justicia, carecería de seguridad y certeza jurídica, garantías de gran relevancia
plasmadas en nuestra carta magna, vulnerando el órgano de poder el mínimo respeto
a las personas.

En la introducción de este ensayo se menciona un ejemplo burdo acerca de una


detención, al día de hoy existe una gran animadversión acerca de las instituciones
encargadas de la procuración e impartición de justicia, así como de las instituciones
de seguridad pública, y llegando tal nivel de desconfianza hasta a las instituciones
castrenses, las cuales, al presente, realizan funciones de seguridad, por supuesto
reguladas para otros efectos.

Al respecto, y para efecto de fijarnos distintas perspectivas de lo planteado, Sergio


García Ramírez menciona lo siguiente:

El sistema penal constitucional recoge los postulados del individualismo jurídico: la


persona física como centro y razón del orden normativo y del Estado. Se añaden las
aportaciones de la corriente social del derecho, reflejadas, particularmente, en las
normas sobre readaptación social y menores infractores. La suma de ambas
tendencias produce el nuevo concepto de derechos humanos, o mejor aún, derecho
humano ante el Estado nacional, los otros individuos, los órganos del poder formal y
la comunidad internacional. Ese derecho humano característico (el resultado de las
denominadas tres generaciones de los derechos del hombre) tiene como objeto el
desarrollo de las potencialidades del individuo. Apareja libertad, justicia, seguridad y
bienestar, si alguno falta, se merma la vigencia real del derecho del hombre.

En efecto, el autor antes citado encuentra un conjunto de elementos compuesto por


el individuo, la norma escrita y el Estado, es este último quien lleva a cabo el ejercicio
punitivo, sin embargo, violentar derechos de las personas con otros fines que no sean
la justicia en su sentido más puro, no sería justicia como tal, ya que el control del
Estado se perdería.

A mayor abundamiento acerca de lo que se habla, se cita lo siguiente:

El derecho penal, tanto en los casos que sanciona, como en la forma de sancionarlos,
es, pues, violencia; pero no toda la violencia es Derecho penal. La violencia es una
característica de todas las instituciones sociales creadas para la defensa o protección
de determinados intereses, legítimos o ilegítimos. La violencia es, por tanto,
consustancial a todo sistema de control social. Lo que diferencia al Derecho penal de
otras instituciones de control social es simplemente la formalización del control,
liberándolo, dentro de lo posible, de la espontaneidad, de la sorpresa, del
coyunturalismo y de la subjetividad propia de otros sistemas de control social. El
control social jurídico-penal es, además, un control normativo, es decir, se ejerce a
través de un conjunto de normas creadas previamente al efecto. 3

Ambos autores mencionan que el control social por parte del derecho penal, sin
embargo, éste es ejercido por un conjunto de normas para ese efecto y que sin esa
formalización del derecho penal no habría forma de sancionar.

Como se observa, de acuerdo a los autores que cita dentro de este ensayo, por inercia
que primordialmente las ramas jurídicas del derecho se entrelazan para crear bloques
de protección, pero es el derecho penal a través del control social, el mismo que busca
encontrar la justicia, es decir que sea justo con todas las personas que intervienen
directa o indirectamente, ya sea esta última por referirnos a la sociedad e intentar
sanar el tejido social. Si bien se ha tenido un avance en el cual el respeto por los
derechos humanos con el paso de los años, de los ejemplos, de los criterios emitidos
tanto por nuestra Suprema Corte de Justicia de la Nación, así como de la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos, que ha sancionado a Estados por violaciones
a los derechos de las personas.

Está claro que la relación de ambas materias jurídicas emana de la norma, ya sea
nacional o internacional, sin embargo, ésta requiere que las partes que intervienen en
las etapas del procedimiento penal en primer término se encuentren debidamente
capacitadas y, sobre todo, que sus acciones derivadas de las actuaciones que
practiquen son de carácter preponderante para salvaguardar la integridad de las
personas, la misma norma nos indica el pleno respeto a los derechos humanos en
cualquier ámbito, pero por referirnos al derecho penal podemos comenzar a citar el
artículo 1o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que dice:

NOTAS:
1 Hernández Romo Valencia, Pablo, “La autonomía del derecho penal. ¿Hasta dónde
llega la seguridad jurídica?”, Revista de Investigaciones jurídica, año 35, 2011.
2 García Ramírez, Sergio, Derecho penal, México, UNAM, Instituto de Investigaciones
Jurídicas. 1990, p. 23.
3 Muñoz Conde, Francisco y García Aran, Mercedes, Derecho penal. Parte general,
8a. ed., Valencia, Tirant lo Blanch, 2010, p. 30.
4 Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, Diario Oficial de la
Federación, 15 septiembre de 2017.
5 Código Nacional de Procedimientos Penales, Diario Oficial de la Federación, 17 de
junio de 2016

Derechos humanos y el derecho penal en el ciberespacio, Pierre Gilles Bélanger

Resumen

En la medida en que el tráfico de estupefacientes, el fraude, el blanqueo de dinero y


toda una gama de otros delitos trascienden las fronteras nacionales, los responsables
de luchar contra esta delincuencia deben encontrar medios eficaces para obtener las
pruebas necesarias que, naturalmente, se encontrarán a menudo más allá de sus
propias fronteras. Hace ya casi quince años se implementó un instrumento que facilita
ese acceso. El Convenio sobre la Ciberdelincuencia, conocido también como
Convenio de Budapest sobre la Ciberdelincuencia o Convenio de Budapest, es el
primer tratado internacional que intenta abordar los delitos informáticos y los delitos
en Internet, incluida la pornografía infantil, armonizando ciertas leyes nacionales,
mejorando las técnicas de investigación y aumentando la cooperación entre las
naciones y la adecuada protección de los derechos humanos y las libertades en
cumplimiento del Convenio Europeo para la Protección de los Derechos Humanos y
de las Libertades Fundamentales. La realidad de 2017 es que la presencia de nuevos
elementos, especialmente relativos a la recopilación de datos más personales en el
ciberespacio, plantea nuevos desafíos y requiere nuevas ideas. El Convenio permite
esta ampliación mediante reflexiones, directrices nuevas y protocolos. Está abierto a
todos y es el único instrumento de este tipo. No está completo, sino que deja lugar a
la adopción de protocolos futuros y, sobre todo, permite a los grupos de trabajo, entre
los regionales que trabajan en el campo de la ciberdelincuencia o la asistencia judicial
recíproca, desarrollar nuevas maneras de fortalecer la lucha contra la delincuencia,
respetando al mismo tiempo los derechos humanos.

Palabras clave
Convención de Budapest, Cibercriminalidad, Cooperación Jurídica Mutua.
Integrante: Camal Muhammed
C.I.V: 8.729.681
Contenido: Reglamento de los Derechos Humanos y Derecho Penal
Declaración de los Derechos Humanos del 1947

Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) es considerada


generalmente el fundamento de las normas internacionales sobre derechos humanos.
Aprobada en 1948, la DUDH ha inspirado un valioso conjunto de tratados
internacionales derechos humanos. Sigue siendo una fuente de inspiración para cada
uno de nosotros, ya sea en momentos de conflicto, en sociedades que sufren
represión, en la lucha contra las injusticias, y en nuestros esfuerzos por lograr el
disfrute universal de los derechos humanos.
La Declaración supone el primer reconocimiento universal de que los derechos
básicos y las libertades fundamentales son inherentes a todos los seres humanos,
inalienables y aplicables en igual medida a todas las personas, y que todos y cada
uno de nosotros hemos nacido libres y con igualdad de dignidad y de derechos.
Independientemente de nuestra nacionalidad, lugar de residencia, género, origen
nacional o étnico, color de piel, religión, idioma o cualquier otra condición, el 10 de
diciembre de 1948 la comunidad internacional se comprometió a defender la dignidad
y la justicia para todos los seres humanos.

Fundamentos: A lo largo de los años, ese compromiso se instaló en el campo del


derecho, ya sea en forma de tratados, de derecho internacional consuetudinario,
principios generales, acuerdos regionales o leyes nacionales, y a través de ellos se
expresan y garantizan los derechos humanos. De hecho, la Declaración Universal de
Derechos Humanos ha inspirado más de 80 declaraciones y tratados internacionales,
un gran número de convenciones regionales, proyectos de ley nacionales de
derechos humanos y disposiciones constitucionales que, en conjunto, constituyen un
sistema amplio jurídicamente vinculante para la promoción y la protección de los
derechos humanos.
A lo largo de los años, ese compromiso se instaló en el campo del derecho, ya
sea en forma de tratados, de derecho internacional consuetudinario, principios
generales, acuerdos regionales o leyes nacionales, y a través de ellos se expresan y
garantizan los derechos humanos. De hecho, la Declaración Universal de Derechos
Humanos ha inspirado más de 80 declaraciones y tratados internacionales, un gran
número de convenciones regionales, proyectos de ley nacionales de derechos
humanos y disposiciones constitucionales que, en conjunto, constituyen un sistema
amplio jurídicamente vinculante para la promoción y la protección de los derechos
humanos.
Valores Universales: En numerosas convenciones, declaraciones y
resoluciones internacionales de derechos humanos se han reiterado los principios
básicos de derechos humanos enunciados por primera vez en la Declaración
Universal de Derechos Humanos, como su universalidad, interdependencia e
indivisibilidad, la igualdad y la no discriminación, y el hecho de que los derechos
humanos vienen acompañados de derechos y obligaciones por parte de los
responsables y los titulares de éstos. En la actualidad, todos los Estados Miembros
de las Naciones Unidas han ratificado al menos uno de los nueve tratados
internacionales básicos de derechos humanos, y el 80% de ellos ha ratificado al
menos cuatro de ellos, lo que constituye una expresión concreta de la universalidad
de la DUDH y del conjunto de los derechos humanos internacionales.

¿Cómo protege el derecho internacional los derechos humanos?


El derecho internacional de derechos humanos establece las obligaciones que
deben cumplir los Estados. Al pasar a formar parte de tratados internacionales, los
Estados asumen deberes y obligaciones en virtud del derecho internacional, y se
comprometen a respetar, proteger y promover los derechos humanos. La obligación
de respetar supone que los Estados deben abstenerse de restringir los derechos
humanos o de interferir en su realización. La obligación de proteger exige que los
Estados protejan a las personas o grupos de personas de las violaciones de los
derechos humanos. La obligación de promover significa que los Estados deben
adoptar medidas positivas para facilitar la realización de los derechos humanos
básicos.
A través de la ratificación de los tratados internacionales de derechos humanos,
los gobiernos se comprometen a poner en práctica medidas y leyes nacionales
compatibles con los deberes y obligaciones inherentes a esos tratados. En
consecuencia, el sistema jurídico interno proporciona la principal protección jurídica
de los derechos humanos garantizados por el derecho internacional. Cuando los
procedimientos jurídicos nacionales no solucionan las violaciones de derechos
humanos, existen mecanismos y procedimientos a escala regional e internacional
para atender las denuncias individuales y de grupo, con miras a velar por que se
respeten, apliquen y hagan cumplir a escala local las normas internacionales en
materia de derechos humanos.
En la Declaración de la Reunión de Alto Nivel sobre el Estado de Derecho, los
Estados Miembros reafirmaron su solemne compromiso con los propósitos y
principios de la Carta de las Naciones Unidas, el derecho internacional y la justicia, y
con un orden internacional basado en el estado de derecho, que son los cimientos
indispensables de un mundo más pacífico, próspero y justo (párr. 1).
También reconocieron que el estado de derecho se aplica a todos los Estados
por igual y a las organizaciones internacionales, incluidas las Naciones Unidas y sus
órganos principales, y que el respeto y la promoción del estado de derecho y la justicia
deben guiar todas sus actividades y conferir previsibilidad y legitimidad a sus acciones
(párr. 2).
La Declaración afirma que “Estamos decididos a establecer una paz justa y
duradera en todo el mundo, de conformidad con los propósitos y principios de la Carta
de las Naciones Unidas. Debemos apoyar todos los esfuerzos encaminados a
preservar la igualdad soberana de todos los Estados, respetar su integridad territorial
e independencia política, abstenernos, en nuestras relaciones internacionales, de la
amenaza o el uso de la fuerza en cualquier forma incompatible con los propósitos y
principios de las Naciones Unidas, y apoyar la solución de controversias por medios
pacíficos y de conformidad con los principios de la justicia y el derecho internacional,
el derecho a la libre determinación de los pueblos que siguen bajo dominación colonial
y ocupación extranjera, la no injerencia en los asuntos internos de los Estados, el
respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales, el respeto de la
igualdad de derechos de todos, sin distinción por motivos de raza, sexo, idioma o
religión, la cooperación internacional en la solución de los problemas internacionales
de carácter económico, social, cultural o humanitario y el cumplimiento de buena fe
de las obligaciones contraídas en virtud de la Carta.” (párr. 3).

Convenciones y normas

La Declaración Universal de Derechos Humanos ha inspirado a numerosas


convenciones y declaraciones elaboradas en el sistema de las Naciones Unidas en
ámbitos muy diversos. Algunas de estas convenciones han establecido órganos
especializados que velan por el respeto de los derechos enunciados en las
convenciones correspondientes por los Estados Partes. Al ratificar estos tratados, los
Estados aceptan que órganos de expertos independientes examinen su legislación y
sus prácticas relativas a los derechos humanos.
A continuación, se proporciona una breve descripción de algunas de estas
convenciones: Consulte el sitio web de la Oficina del Alto Comisionado de las
Naciones Unidas para los Derechos Humanos para obtener una perspectiva
completa.

Instrumentos internacionales
Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio (1948)
Responde directamente a las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial. El
genocidio se define como la perpetración de ciertos actos para destruir un grupo
nacional, étnico, racial o religioso y obliga a los Estados a responder con la justicia
cuando se sospecha que se han cometido dichos actos.

La Convención sobre el Estatuto de los Refugiados (1951)

Se definen los derechos de los refugiados, en particular el derecho a no ser


enviados forzosamente a los países en los que su vida esté en peligro. Establece
también disposiciones sobre diversos aspectos de la vida cotidiana, como el derecho
al trabajo, a la educación, a la asistencia pública y a la seguridad social, así como el
derecho a los documentos de viaje. El Protocolo sobre el Estatuto de los
Refugiados(1967) garantiza la aplicación universal de la Convención, que en principio
concernía a los refugiados de la Segunda Guerra Mundial.

La Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de


Discriminación Racial (1966).

Establece como principio que toda doctrina de superioridad racial basada en la


diferenciación entre las razas es injustificable, científicamente falsa y condenable
moral y jurídicamente. Define la «discriminación racial» y obliga a los Estados Partes
a tomar medidas para abolir este tipo de discriminación, tanto en la legislación como
en la práctica. La Convención estableció un órgano de verificación: El Comité para la
Eliminación de la Discriminación Racial. Si el Estado correspondiente aceptó esta
aplicación facultativa de la Convención, el Comité se encarga de examinar los
informes de los Estados Partes y las peticiones de particulares que muestren
violaciones de la Convención.

Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación


contra la mujer (1979)

Garantiza a las mujeres la igualdad con los hombres ante la ley y especifica
medidas para eliminar la discriminación contra las mujeres en ámbitos como la vida
política y pública, la nacionalidad, la educación, el empleo, la salud, el matrimonio y
la familia. La Convención estableció el Comité para la Eliminación de la Discriminación
contra la Mujer, que es el órgano encargado de velar por su aplicación y de estudiar
los informes que emiten los Estados Partes. El Protocolo Facultativo de la
Convención (1999) autoriza a los particulares a informar al Comité de supuestas
violaciones de la Convención.

La Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles,


Inhumanos o Degradantes (1984)

Define la tortura como un delito internacional, deja en manos de los Estados la


responsabilidad de impedir la tortura y les obliga a castigar a los autores. Ninguna
circunstancia excepcional se puede utilizar como justificación de la tortura ni como
defensa por haber obedecido a órdenes. El órgano de control establecido por la
Convención, el Comité contra la Tortura, estudia los informes de los Estados Partes
y puede iniciar investigaciones en el país donde crea que la práctica de la tortura es
sistemática.

La Convención sobre los Derechos del Niño (1989)

Reconoce la vulnerabilidad particular de los niños y reúne en una selección


recapitulativa todas las formas de protección de los niños para todas las categorías
de derechos fundamentales. La Convención garantiza firmemente la no
discriminación y reconoce que todas las decisiones deben estar guiadas por el interés
superior del niño. Se presta especial atención a los niños refugiados, con
discapacidad o pertenecientes a minorías. Los Estados Partes deben garantizar la
supervivencia, el desarrollo, la protección y la participación de los niños. El Comité de
los Derechos del Niño establecido en virtud de la Convención vela por su aplicación
y estudia los informes presentados por los Estados Partes.

La Convención Internacional sobre la protección de los derechos de todos


los trabajadores migratorios y de sus familiares (1990)
Define los derechos y principios fundamentales de los trabajadores migratorios
que están en situación regular o irregular, así como las medidas destinadas a su
protección durante todo el proceso de migración.

¿Cuál fue la Declaración de los derechos Humanos?


La Declaración Universal de Derechos Humanos fue adoptada por la tercera
Asamblea General de las Naciones Unidas, el 10 de diciembre de 1948 en París.
Ninguno de los 56 miembros de las Naciones Unidas votó en contra del texto, aunque
Sudáfrica, Arabia Saudita y la Unión Soviética se abstuvieron.
El texto de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 está
inspirado en el texto de la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano de
1789. ... La Declaración Universal de Derechos Humanos fue adoptada por la
tercera Asamblea General de las Naciones Unidas, el 10 de diciembre de 1948 en
París.
Derecho constitucional: Son aquellos que son reconocidos por las diferentes
constituciones que existen. Es obligatoria que hayan de por medio una ley o texto
escrito, o en dado caso una positivación, para así evitar una confusión entre estos y
los derechos subjetivos, ya que ambos se refieren en normas que se encuentren
vigentes.

Derechos fundamentales: Se trata de todos los derechos humanos que se


consideran como esenciales dentro del sistema político, y están vinculados
especialmente con la dignidad de las personas humanas, dándole un giro positivo en
el ordenamiento jurídico, concretándose temporalmente en algún Estado
determinado.

Derecho penal: Es el conjunto de diversas normas jurídicas que poco a poco


regulan la potestad penitenciaria que tiene cada Estado, asociando así a hechos, que
deben ser determinados única y estrictamente por la ley, como presupuesto, es decir
una pena, como medida de seguridad o de corrección como una consecuencia. Todo
esto con el objetivo de asegurar que se mantengan pacíficamente todos los valores
elementales de la humanidad.
El derecho penal es la rama del derecho público que regula la potestad
punitiva del Estado, asociando a hechos, estrictamente determinados por la ley, como
presupuesto, una pena, medida de seguridad o corrección como consecuencia.
Cuando se habla de derecho penal se utiliza el término con diferentes significados,
de acuerdo con lo que se desee hacer referencia; de tal modo, puede hablarse
manera preliminar de un Derecho penal sustantivo y, por otro lado, del Derecho penal
adjetivo o procesal penal.
El primero de ellos está constituido por lo que generalmente se conoce como
código penal o leyes penales de fondo, que son las normas promulgadas por el
Estado, que establecen los delitos y las penas, mientras que el derecho procesal
penal es el conjunto de normas destinadas a establecer el modo de aplicación de las
mismas.
El Derecho penal no se reduce al listado de las conductas consideradas delitos
y la pena que a cada uno corresponde, sino que fundamentalmente su misión es
proteger a la sociedad. Esto se lograría a través de medidas que por un lado llevan a
la separación del delincuente peligroso por el tiempo necesario, a la par que se
reincorpora al medio social a aquellos que no lo son mediante el tratamiento adecuado
en cada caso para lograr esta finalidad. Así pues, el Derecho penal se puede definir
como el conjunto de normas, pertenecientes al ordenamiento jurídico de determinado
estado, cuya finalidad primordial es regular conductas punibles, consideradas como
delitos, con la aplicación de una pena.

Derecho penal liberal


César Bonesana (Cesare Beccaria) fue el autor de los delitos y las penas (1764)
al cual se considera como la obra más importante del Iluminismo en el campo del
Derecho penal
La pretensión de Beccaria no fue construir un sistema de Derecho penal, sino
trazar lineamientos para una política criminal
Según Jiménez de Asúa, «Beccaria fue el primero que se atrevió a escribir en
forma sencilla, en italiano, en forma de opúsculo, y concebido en escuetos silogismos
y no en la de aquellos infolios en que los prácticos trataban de resumir la multiplicidad
de las leyes de la época. Sobre todo, Beccaría es el primero que se atreve a hacer
política criminal, es decir, una crítica de la ley».
Sin embargo, no se puede dejar de mencionar en la misma línea a Montesquieu,
Marat y Voltaire.
Beccaria parte de los presupuestos filosóficos imperantes de la época (el
Contrato Social, de Rousseau) como origen de la constitución de la sociedad y la
cesión de mínimos de libertad a manos del Estado y su poder punitivo para la
conservación de las restantes libertades.
La crítica surgida del libro de Beccaria conduce a la formulación de una serie
de reformas penales que son la base de lo que conocemos como Derecho Penal
liberal, resumido en términos de humanización general de las penas, abolición de la
tortura, igualdad ante la Ley, Principio de Legalidad, proporcionalidad entre delito y
pena, etc. Uno de los más importantes difusores de la obra de Beccaria fue Voltaire.

RECONOCIMIENTO DE LOS D.D.H.H. POR PROPIA RACIONALIDAD HUMANA


PROPORCIONADORA DE VALORES. NOMBRE: FERNANDO MARTINEZ
La finalidad básica y esencial de los derechos humanos es promover y lograr
una sociedad fraternal. Esta aspiración, que proclama el art. 1 de la Declaración
Universal de Derechos Humanos, tiene por base la proclamación de
la dignidad humana como condición inherente a todos los seres humanos y el
reconocimiento de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la
familia humana.
Pero los debates morales en nuestro tiempo adolecen de una profunda anomalía,
debidos quizá a la falta de referencias comunes, a la carencia de concepciones
básicas sobre el hombre y la realidad. Por ello, y ante estas carencias, los debates
quedan reducidos a la reiteración de las respectivas opiniones.
La pregunta por la fundamentación de los derechos humanos debe dirigir
la atención hacia la búsqueda de los argumentos capaces de demostrar, dentro de
un debate racional, que esos derechos deben ser reconocidos y garantizados por
todos los ordenamientos jurídicos. Por ello es necesario llevar a cabo
un análisis sistemático de los valores y principios de razón sobre los que puede
desarrollarse un proceso argumentativo riguroso que sea capaz de llevar a la mayoría
de los hombres a formular la afirmación teórica de que el reconocimiento de los
derechos humanos viene impuesto por exigencias de la propia racionalidad humana.
La globalización implica un desafío al paradigma de los derechos humanos, lo que
conlleva a la urgencia en pensar en las distintas propuestas que existen, que están
surgiendo sobre cómo gestionar la nueva realidad social y jurídica. Y tanto la doctrina
de los derechos humanos como la filosofía política y jurídica tienen
una misión hermenéutica de claridad y comprensión. Por ello, es importante abordar
la cuestión relativa a los fundamentos de los derechos humanos, a las reflexiones
filosófico-jurídicas existentes que han surgido en cada época, como condición de
posibilidad de resolución de nuestros problemas actuales.

Las normas reconocedoras de derechos fundamentales fueron concebidas como


proclamaciones de valor.
Es frecuente que la referencia a los "valores" plantee a los juristas problemas no sólo
de aceptación, sino incluso de inteligibilidad. Estamos, en efecto, ante
un concepto depurado por la filosofía sólo a principios del siglo XX, un período
relativamente reciente de la tradición filosófica occidental cuyos logros no se han
incorporado aún con seguridad al acervo consagrado del lenguaje común. Por eso,
aunque la palabra tenga como primera acepción ya en el Diccionario de Autoridades
de principios del siglo XVIII la calidad que constituye una cosa digna de estimación o
aprecio, es necesario comenzar por una primera y elemental profundización en el
sentido filosófico del término, para luego pasar al estudio e incorporación
y desarrollo en el ámbito jurídico-constitucional de los derechos fundamentales. Y ello
porque cualquier argumentación jurídica o afirmación de los derechos fundamentales
como valores debería ir acompañada de una definición básica del concepto valor y de
una toma de posición de qué es lo que se entiende por valor. Así, desde el punto de
vista filosófico, pueden distinguirse dos teorías sobre los valores. Para MEINONG, el
valor es aquello que tienen las cosas que nos hacen estimarla. Desde este punto de
vista solo son valiosas las cosas que existen. Por otra parte, para EHRENFELS, lo
valioso son las cosas deseables, como la justicia perfecta. Sin embargo, ambas
teorías son falsas, pues la valoración no es algo subjetivo, sino objetivo fundado en
la realidad de las cosas. Valorar no es sino reconocer el valor que las cosas tienen.
La diferencia entre valor y la cosa valiosa radica en que el valor es una cualidad de la
cosa, mientras que las cosas son portadoras de valores.
Los valores tienen una serie de caracteres que acentúan su carácter objetivo: tienen
polaridad, es decir, son positivos o negativos; tienen jerarquía y tienen materia. Los
valores pueden percibirse o no en función de la sensibilidad de cada época.
En el campo del Derecho, se pueden diferenciar tres fases en el desarrollo de la
cuestión de los derechos fundamentales como valores. En primer lugar, su más
importante antecedente teórico es RUDOLF SMEND. A través de su teoría de
la integración, entendía el sistema de derechos fundamentales como un orden
material de valores concreto que configuraba la Constitución de WEIMAR como un
conjunto que articulaba e integraba el desarrollo de todo el orden jurídico y político
estatal y que no es cuestionada por la lucha política. Los derechos fundamentales son
los representantes de un sistema de valores concreto, de un sistema cultural que
resume el sentido de la vida estatal contenida en la Constitución.
Las tesis de SMEND tuvieron gran influencia en otros autores y en los primeros
tiempos del Tribunal Constitucional alemán. Así, estas propuestas pasaron a un
segundo momento en su desarrollo, viéndose reelaboradas y desarrolladas tras la
segunda guerra mundial por la contribución de DÜRIG. Este autor parte de la idea de
SMEND sobre los derechos fundamentales como expresión de un sistema de valores
pero se diferencia de aquél en cuanto considera que los valores son objetivos y
estáticos frente a la concepción de SMEND que concebía los valores como subjetivos
y dinámicos. DÜRIG propugnaba la concepción de la Constitución como orden
objetivo de valores, concebida como fundamento válido en todas las áreas del
derecho y enraizada en la persona humana. Para DÜRIG la dignidad humana era un
valor no un derecho y se situaba en la cúspide del orden objetivo de valores. Para
este autor, la garantía de la dignidad humana reconocida en el artículo 1 de la
D.U.D.D.H.H. supone la asunción en el Derecho constitucional de un valor ético
fundamental.
Dicha garantía posee, a su vez, una validez universal, ya que afecta a todo el
ordenamiento jurídico en su conjunto. Por ello, esta norma no debe ser entendida
como un derecho fundamental subjetivo, sino como una norma jurídica-objetiva
intangible, sin limitación alguna. Tomando como punto de partida la dignidad humana,
se estructura de la siguiente manera. A través del artículo 1 de la D.U.D.D.H.H, la
dignidad humana se descompone en primer lugar en derechos humanos individuales.
De este modo, los derechos individuales sólo tienen verdaderamente un contenido de
derecho humano, esto es, un contenido inviolable e inalienable, en la medida en que
el contenido material de la dignidad humana.
Esta protección jurídico-positiva del contenido esencial de los derechos
fundamentales está a disposición de los SERES HUMANOS. En concreto, la dignidad
humana y los derechos humanos delimitan su contenido en el derecho general
de libertad y en el derecho general de igualdad, los cuales son reconocidos
formalmente como derechos que corresponden a todas y cada una de las personas.
Sin duda los derechos fundamentales tienen por objeto, en primer lugar, asegurar la
esfera de libertad de los particulares frente a intervenciones del poder público, son
derechos de defensa del ciudadano frente al Estado. Ello se deriva tanto del desarrollo
histórico-espiritual de la idea de derechos fundamentales, como de los hechos
históricos que han llevado a la recepción de los derechos fundamentales en las
Constituciones.
Y tal sentido es el que tienen también los derechos fundamentales su ubicación
preferente afirma la primacía del hombre y de su dignidad frente al poder del Estado.
A ello responde que el legislador haya arbitrado el remedio especial de defensa de
estos derechos referente a los derechos fundamentales también ha instituido un orden
objetivo de valores y ha expresado un fortalecimiento principal de los derechos
fundamentales. Este sistema de valores, que tiene su centro en el libre desarrollo
de la personalidad humana y su dignidad en el interior de la comunidad social, debe
regir como decisión constitucional básica en todos los ámbitos del derecho; de él
reciben directrices e impulso la legislación, la administración y la jurisdicción Los
derechos fundamentales, Según PETER HÄBERLE, se ordenan como un campo de
fuerzas cuyo resultado se determina en cada caso por una sociedad abierta de
intérpretes de la Constitución. Los valores constitucionales cobran un sentido
dinámico y abierto, como ya postulaba SMEND. Por lo que se produce una
transformación del sistema rígido de valores en un orden abierto y dinámico.
La crítica a la concepción de los derechos fundamentales como valores tiene sus
máximos exponentes en Schmitt, en Ernst Forsthoff y desde la magistratura
constitucional Ernst-Wolfgang Böckenförde.
Uno de estos detractores, Böckenförde, se muestra disconforme con
el modelo constitucional en lo relativo a la naturaleza de los valores, porque al
depender de la subjetividad de quien los proclama hace imposible una
fundamentación objetiva y racional. Por ello considera que este planteamiento debe
distinguirse de otras formas de entender los derechos desde un plano objetivo, en la
medida que, según Böckenförde, la teoría axiológica de los derechos fundamentales
tiene su punto de partida, en la teoría de la integración. Böckenförde, plantea algunas
de las principales notas distintivas de la fundamentación y utilización de los derechos
fundamentales como un orden objetivo de valores. Resalta el carácter
de construcción dogmática que reviste la teoría de los derechos fundamentales como
normas de principio/ decisiones axiológicas.

La dignidad como piedra angular de los derechos y su garantía jurisdiccional.

El reconocimiento de la dignidad inherente al ser humano como baluarte de la


sociedad moderna lo hallamos en numerosos textos legales y declaraciones
internacionales. En la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada y
proclamada por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, el
10 de diciembre de 1948, en el Pacto Internacional de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales, de 19 de diciembre de 1966, en el Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos, de 19 de diciembre de 1966.

Las ideas sobre la tolerancia, que culminan en los textos de Locke y Voltaire,
surgieron en la Europa asoladas por las guerras de religión. Se propugnaba como
remedio para evitar la mutua destrucción, el principio de la tolerancia, que exige el
respeto a las convicciones ajenas por erróneas que puedan resultarnos. La tolerancia
no se fundamenta en el relativismo sino en el respeto a quienes poseen convicciones
diferentes. El relativista consecuente no necesita ser tolerante, La tolerancia no se
nutre de la falta de creencias ni de la eliminación de la verdad, Por el contrario, se
tolera el error, lo que se estima erróneo. Por lo demás, la tolerancia ha de ser
necesariamente recíproca, bilateral. Una tolerancia unidireccional, no correspondida,
es más bien una claudicación. Pero con frecuencia se aboga a favor de una tolerancia
asimétrica, de una sola dirección. Una sociedad democrática y liberal no debe tolerar
en su seno cualquier práctica social bajo el pretexto del respeto debido al pluralismo.
Existen cosas que no se deben tolerar. Una sociedad liberal puede perecer a manos
de la intolerancia, pero también como consecuencia de una tolerancia ilimitada y
frenética. También recae en esta debilidad la concepción liberal que defiende la
exigencia de la pura neutralidad estatal. Frente a ella, cabe optar por la concepción,
también liberal, que ha sido calificada como perfeccionista, que entraña la pura
neutralidad ante las diferentes concepciones acerca de la vida, sino que defiende y
promueve las que son preferibles, superiores.
El Estado no ha de ser puramente neutral, sino que ha de promover aquellos fines,
valores, principios y concepciones de la vida que merezcan una valoración superior.
La pura neutralidad ha de ser sustituida por el fomento y la preferencia hacia aquellas
concepciones que más y mejor contribuyan al perfeccionamiento de los hombres. El
Estado no tiene como misión la realización del orden moral pero sí la de remover los
obstáculos a la moralidad. No ha de ser neutral ante el bien y el mal, la libertad y la
tiranía, la civilización y la barbarie.
Los valores de la civilización no son meramente procedimentales. No lo son ninguno
de sus pilares fundamentales: la filosofía griega, el Derecho romano, la religión
cristiana. Ninguno de ellos, ni la ciencia natural que se les podría añadir, son
meramente procedimentales ni relativos.
A diferencia de otras teorías contemporáneas o posmodernas, para Sócrates,
el diálogo era un camino para encontrar la verdad que es previa e independiente del
acuerdo o consenso. La verdad no es el resultado del diálogo, La verdad es eterna,
no convencional.

DECLARACION DE LOS D.D.H.H. DEL 47.

Es una declaración universal en la que se establecen 30 artículos de los derechos


humanos a los que se les considera como principios básicos para la convivencia
humana. Se considera que toda persona tiene derechos innatos, es decir, que solo
basta con ser humano para adquirirlos. Estos derechos tienen validez en cualquier
parte del mundo, por esta razón se les conoce como derechos universales.

Estos derechos nos corresponden a todas las personas, independientemente de la


edad, sexo, orientación sexual, cultura o cualquier otra característica que pueda
diferenciar a unos seres humanos respecto de otros. Estos derechos, constituyen
parte del derecho internacional.

Como antesala de la declaración universal de los derechos humanos, ya en el año


1846 la carta de la ONU establecía varios pasajes a los que le dedicaba importantes
pasajes a los derechos humanos. Se conoce como un primer acuerdo a la declaración
universal de los derechos humanos firmada el 10 de diciembre de 1948.

En el año 1966 se firmarán, por parte de la ONU, el pacto internacional de derechos


civiles y políticos y el pacto internacional de derechos económicos, sociales y
culturales. Estos dos, junto con la declaración universal de los derechos humanos,
constituyen las leyes universales de derechos humanos y son la base jurídica más
importante a nivel mundial.

A continuación, y a modo de resumen de la declaración universal de derechos


humanos, exponemos las características más importantes.

CARACTERÍSTICAS DE LA DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS


HUMANOS.

1. Garantía de cumplimiento

La garantía del cumplimiento está dada por los Estados quienes deben
comprometerse a cumplir dicha declaración. Todos los países deben generar las
condiciones para el cumplimiento de estos derechos.

A partir de 1998 se formó una corte penal internacional. Este organismo puede
penalizar a los países que no cumplan con los establecidos en dicho documento de
derechos humanos. Los alcances que tiene son todavía limitados. No obstante, es un
logro a nivel nacional en pos de los derechos humanos.

2. Universalidad

Esta característica indica que todo ser humano, indistintamente de cualquier otra
característica tiene el derecho de acceder a estos derechos. En otras palabras, por la
simple razón de formar parte del género humano, las personas tienen acceso a estos
derechos.

3. Protección
La protección y ejercicio de los derechos humanos en cada país la deben proveer los
Estados quienes deben cumplir y hacer cumplir a sus ciudadanos con dicha
declaración. Ninguna persona está exenta de este derecho.

4. Dimensiones e indivisibilidad

Existen, para los derechos universales 3 grandes dimensiones donde se pueden


englobar a los derechos humanos. Estas dimensiones son:

 Derechos civiles y políticos clásicos. Estos son: El derecho a la vida y la


integridad física; la prohibición de la esclavitud y el trabajo forzoso; la
protección contra la tortura; libertad de opinión; la libertad de conciencia y
religión; prohibición de la discriminación y derecho al voto.
 Derechos económicos, sociales y culturales. Esto son: Derecho a un
trabajo y remuneración adecuada; paridad en los derechos de hombres y
mujeres; protección de la familia, de las mujeres embarazadas, las madres y
los niños; derecho a un nivel de vida adecuado y digno; derecho a la salud;
derecho a la educación y a la participación cultural.
 Derechos colectivos. Aquí se incluyen los derechos a la autodeterminación,
al desarrollo, derecho a un medio ambiente limpio y el derecho a la paz.

Según el carácter de indivisibilidad, no es posible establecer una jerarquía entre las 3


dimensiones arriba mencionadas. En otras palabras: todas las dimensiones son
igualmente importantes.

5. Irrenunciables e inalienables

Ningún ser humano (ni por voluntad propia, ni por imposición) puede renunciar a este
derecho puesto que los mismos son características y derechos de todo ser humano.

6. Inviolables

Está penada a nivel mundial la no aceptación por parte de países, grupos o personas
que se encuentren en oposición o violen estos derechos humanos.

7. Progresivos

Estos derechos, aunque se promulgado en el año 1948 y luego se sumaron otros


derechos ya mencionados, siguen progresando y, tras los cambios sociales, se hace
necesaria la posibilidad de agregar más derechos.

Así, la necesidad de sancionar leyes para el matrimonio igualitario, los derechos de


las personas con discapacidad, la muerte digna o la maternidad asistida son muestras
de la evolución y el carácter progresivo de estas declaraciones de los derechos
humanos.

8. No discriminan
El objetivo de esta declaración es fomentar la igualdad de los seres humanos y
condenar, por otra parte, todo acto de discriminación hacia una persona por una
diferencia de género, etaria, étnica o cualquier otra diferencia.

9. Promoción de la igualdad

Estos derechos humanos promueven la igualdad de los seres humanos en relación al


ámbito social y laboral. Asimismo, destacan la igualdad en relación al acceso a la
educación.

10. Punto de discordia

Existen dos puntos de conflicto en los derechos humanos:

 El carácter universal de los derechos humanos. Estos derechos se


gestaron en occidente. La discordia que se produce indica que dicha condición
no puede trasladarse a otras culturas, sin tener en consideración las
tradiciones y creencias.

En contraposición a este argumento, los derechos humanos indican que ningún ser
humano desea ser discriminado o torturado por su religión o su piel. Además, todo
ser humano desea tener una vida y una vivienda digna. Por otra parte, la libertad de
expresión, de religión es otra de las características y todas se engloban dentro de la
universalidad de los derechos humanos.

La realidad ACTUAL muestra que en ningún estado existe un respeto absoluto por
estos derechos y se realizan esfuerzos a nivel mundial para su cumplimiento.

En conclusión, en este contexto, los derechos humanos aspiran a representar en


nuestros días una especie de consenso universal, no sólo jurídico sino también moral.
La inmensa mayoría estamos de acuerdo en la necesidad de promover y garantizar
a todas las personas el disfrute de esos derechos. El problema de los derechos
humanos no es tanto saber cuáles y cuántos son estos derechos, sino cual es el modo
más seguro para garantizarlos, impedir que pese a las declaraciones solemnes
resulten violados.

Fundamento de las Normas Internacionales de Derechos Humanos

LAURA SOLVEY ROJAS CARRERO CI:14.041.837

La Declaración Universal de Derechos Humanos


La Declaración Universal de los Derechos Humanos es un documento que marca un
hito en la historia de los derechos humanos. Elaborada por representantes de todas
las regiones del mundo con diferentes antecedentes jurídicos y culturales, la
Declaración fue proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en
París, el 10 de diciembre de 1948 en su Resolución 217 A (III), como un ideal común
para todos los pueblos y naciones. La Declaración establece, por primera vez, los
derechos humanos fundamentales que deben protegerse en el mundo entero y ha
sido traducida en más de 500 idiomas.

Preámbulo
Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el
reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de
todos los miembros de la familia humana;

Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos


han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que
se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de
un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de
la libertad de palabra y de la libertad de creencias;

Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen
de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la
rebelión contra la tiranía y la opresión;

Considerando también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre


las naciones;

Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su
fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona
humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado
resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un
concepto más amplio de la libertad;

Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en


cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y
efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre, y

Considerando que una concepción común de estos derechos y libertades es de la


mayor importancia para el pleno cumplimiento de dicho compromiso;

LA ASAMBLEA GENERAL proclama la presente DECLARACIÓN UNIVERSAL DE


DERECHOS HUMANOS como ideal común por el que todos los pueblos y naciones
deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones,
inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la
educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas
progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación
universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados miembros como entre
los de los territorios colocados bajo su jurisdicción.
Artículo 1.
Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados
como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con
los otros.

Artículo 2.
Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración,
sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de
cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o
cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la
condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción
dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio
bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de
soberanía.

Artículo 3.
Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.

Artículo 4.
Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre, la esclavitud y la trata de
esclavos están prohibidas en todas sus formas.

Artículo 5.
Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes.

Artículo 6.
Todo ser humano tiene derecho, en todas partes, al reconocimiento de su
personalidad jurídica.

Artículo 7.
Todos son iguales ante la ley y tienen, sin distinción, derecho a igual protección de la
ley. Todos tienen derecho a igual protección contra toda discriminación que infrinja
esta Declaración y contra toda provocación a tal discriminación.

Artículo 8.
Toda persona tiene derecho a un recurso efectivo ante los tribunales nacionales
competentes, que la ampare contra actos que violen sus derechos fundamentales
reconocidos por la constitución o por la ley.

Artículo 9.
Nadie podrá ser arbitrariamente detenido, preso ni desterrado.

Artículo 10.
Toda persona tiene derecho, en condiciones de plena igualdad, a ser oída
públicamente y con justicia por un tribunal independiente e imparcial, para la
determinación de sus derechos y obligaciones o para el examen de cualquier
acusación contra ella en materia penal.
Artículo 11.
1. Toda persona acusada de delito tiene derecho a que se presuma su inocencia
mientras no se pruebe su culpabilidad, conforme a la ley y en juicio público en el que
se le hayan asegurado todas las garantías necesarias para su defensa.

2. Nadie será condenado por actos u omisiones que en el momento de cometerse no


fueron delictivos según el Derecho nacional o internacional. Tampoco se impondrá
pena más grave que la aplicable en el momento de la comisión del delito.

Artículo 12.
Nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio
o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación. Toda persona tiene
derecho a la protección de la ley contra tales injerencias o ataques.

Artículo 13.
1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el
territorio de un Estado.

2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a
regresar a su país.

Artículo 14.
1. En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, y a disfrutar
de él, en cualquier país.

2. Este derecho no podrá ser invocado contra una acción judicial realmente originada
por delitos comunes o por actos opuestos a los propósitos y principios de las Naciones
Unidas.

Artículo 15.
1. Toda persona tiene derecho a una nacionalidad.
2. A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de
nacionalidad.
Artículo 16.
1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción
alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y
disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en
caso de disolución del matrimonio.
2. Sólo mediante libre y pleno consentimiento de los futuros esposos podrá contraerse
el matrimonio.
3. La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la
protección de la sociedad y del Estado.

Artículo 17.
1. Toda persona tiene derecho a la propiedad, individual y colectivamente.
2. Nadie será privado arbitrariamente de su propiedad.
Artículo 18.
Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión;
este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la
libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en
público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

Artículo 19.
Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho
incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir
informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier
medio de expresión.

Artículo 20.
1. Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas.
2. Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación.

Artículo 21.
1. Toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o
por medio de representantes libremente escogidos.

2. Toda persona tiene el derecho de acceso, en condiciones de igualdad, a las


funciones públicas de su país.

3. La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad
se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse
periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento
equivalente que garantice la libertad del voto.

Artículo 22.
Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y
a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida
cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los
derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre
desarrollo de su personalidad.

Artículo 23.
1. Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a
condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el
desempleo.
2. Toda persona tiene derecho, sin discriminación alguna, a igual salario por trabajo
igual.
3. Toda persona que trabaja tiene derecho a una remuneración equitativa y
satisfactoria, que le asegure, así como a su familia, una existencia conforme a la
dignidad humana y que será completada, en caso necesario, por cualesquiera otros
medios de protección social.
4. Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de
sus intereses.
Artículo 24.
Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación
razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas.

Artículo 25.
1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como
a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la
vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo
derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u
otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias
independientes de su voluntad.
2. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales.
Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual
protección social.

Artículo 26.
1. Toda persona tiene derecho a la educación. La educación debe ser gratuita, al
menos en lo concerniente a la instrucción elemental y fundamental. La instrucción
elemental será obligatoria. La instrucción técnica y profesional habrá de ser
generalizada; el acceso a los estudios superiores será igual para todos, en función de
los méritos respectivos.

2. La educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el


fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales;
favorecerá la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y todos
los grupos étnicos o religiosos, y promoverá el desarrollo de las actividades de las
Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

3. Los padres tendrán derecho preferente a escoger el tipo de educación que habrá
de darse a sus hijos.

Artículo 27.
1. Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la
comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los
beneficios que de él resulten.
2. Toda persona tiene derecho a la protección de los intereses morales y materiales
que le correspondan por razón de las producciones científicas, literarias o artísticas
de que sea autora.

Artículo 28.
Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en
el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan
plenamente efectivos.

Artículo 29.
1. Toda persona tiene deberes respecto a la comunidad, puesto que sólo en ella
puede desarrollar libre y plenamente su personalidad.
2. En el ejercicio de sus derechos y en el disfrute de sus libertades, toda persona
estará solamente sujeta a las limitaciones establecidas por la ley con el único fin de
asegurar el reconocimiento y el respeto de los derechos y libertades de los demás, y
de satisfacer las justas exigencias de la moral, del orden público y del bienestar
general en una sociedad democrática.

3. Estos derechos y libertades no podrán, en ningún caso, ser ejercidos en oposición


a los propósitos y principios de las Naciones Unidas.

Artículo 30.
Nada en esta Declaración podrá interpretarse en el sentido de que confiere derecho
alguno al Estado, a un grupo o a una persona, para emprender y desarrollar
actividades o realizar actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y
libertades proclamados en esta Declaración.

La Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH) es considerada


generalmente el fundamento de las normas internacionales sobre derechos
humanos. Aprobada en 1948, la DUDH ha inspirado un valioso conjunto de tratados
internacionales en derechos humanos. Sigue siendo una fuente de inspiración para
cada uno de nosotros, ya sea en momentos de conflicto, en sociedades que sufren
represión, en la lucha contra las injusticias, y en nuestros esfuerzos por lograr el
disfrute universal de los derechos humanos.

La Declaración supone el primer reconocimiento universal de que los derechos


básicos y las libertades fundamentales son inherentes a todos los seres humanos,
inalienables y aplicables en igual medida a todas las personas, y que todos y cada
uno de nosotros hemos nacido libres y con igualdad de dignidad y de derechos.
Independientemente de nuestra nacionalidad, lugar de residencia, género, origen
nacional o étnico, color de piel, religión, idioma o cualquier otra condición, el 10 de
diciembre de 1948 la comunidad internacional se comprometió a defender la dignidad
y la justicia para todos los seres humanos.

Valores Universales

En numerosas convenciones, declaraciones y resoluciones internacionales de


derechos humanos se han reiterado los principios básicos de derechos humanos
enunciados por primera vez en la Declaración Universal de Derechos Humanos, como
su universalidad, interdependencia e indivisibilidad, la igualdad y la no discriminación,
y el hecho de que los derechos humanos vienen acompañados de derechos y
obligaciones por parte de los responsables y los titulares de éstos. En la actualidad,
todos los Estados Miembros de las Naciones Unidas han ratificado al menos uno de
los nueve tratados internacionales básicos de derechos humanos, y el 80% de ellos
ha ratificado al menos cuatro de ellos, lo que constituye una expresión concreta de la
universalidad de la DUDH y del conjunto de los derechos humanos internacionales.

El derecho penal y su relación estrecha con los Derechos Humanos


Los derechos humanos desde el punto de vista del derecho penal llevan una
aparejada y estrecha relación, ambas ramas del derecho tienen una similitud, en
primer término, en cuanto a su protección, y el segundo de ellos, al ejercicio punitivo
que corresponde al Estado como aparato de poder; sin embargo, la vulneración de
los derechos humanos por parte del Estado es a través de los servidores públicos y
de las instituciones.
En consecuencia, a partir de qué se habla de ponderación y/o protección a los
derechos, es aplicable para todas y cada una de las ramas jurídicas, tanto como a la
convivencia y contexto social, ya que no requiere someterse a indistintos
procedimientos jurídicos de diversas naturalezas, tanto en los tribunales, así como
ante autoridades administrativas o del trabajo, que emitan resoluciones, debido a esto
es necesario mencionar que el Estado, a efecto de prevenir conductas que no vayan
acorde a la sociedad o que en términos jurídicos, son contrarios a derecho por
encontrarse reguladas en la norma, por ello, se proponen políticas públicas sobre las
mismas, desde mi perspectiva estas se encuentran rebasadas por el contexto social
y como consecuencia existe una deficiente prevención de conductas antisociales.
Se considera que es aquí el punto de partida del Estado para aplicar el
derecho penal, pero también lo es para velar por los particulares, no basta con decir
que esta rama del derecho es pública por las razones expuestas con anterioridad,
pero tal parece que es donde se activa el ejercicio de los derechos de todas las
personas, así como para las instituciones, buscando no menoscabar la integridad, así
como la dignidad humana (lo es todo para las personas). El autor Pablo Hernández
Romo Valencia hace referencia a la armonía del derecho penal con otras ramas
jurídicas y me permito citar lo siguiente:
El ordenamiento jurídico es una unidad y el derecho penal es una rama más
de los que integran el ordenamiento jurídico. Todas las ramas que lo integran se
relación entre sí en mayor o menor medida; por lo tanto, todas las normas del derecho
penal deben convivir armónicamente con la de los otros sectores. 1
Concretamente, cabe mencionar que el derecho penal no sólo busca aplicar
sanciones e imponer penas, sino que comprende una amplia gama de elementos que,
el Estado en el caso de personas acusadas de una conducta ilícita y en su momento
imputadas por ello, tiene que acreditar con veracidad, a través y del análisis del
entorno, la forma en cómo sucedieron los hechos con apariencia de delito, distinto es
el caso en el que se ponderan derechos de víctimas u ofendidos, pareciera, bajo el
estudio de la norma, que independiente a la igualdad en cuanto a protección
constitucional, fuera este más sencillo.
Por ello, se considera que la relación de los derechos humanos y el derecho
penal, comienza a partir de que se despliega una conducta y del análisis de los
elementos jurídicos, retomando desde una conducta tipificada por la norma como
delito, es aquí como parte del proceso penal en donde esa relación de ramas jurídicas
cobra importancia que no se violenten los derechos humanos emanados del
procedimiento penal.
A partir de que el órgano de procuración de justicia conoce un hecho con
apariencia de delito debe comenzar su análisis minucioso sobre los elementos del
tipo penal para verificar que esa conducta encuadre en la norma, características de
suma importancia, primeramente, a las personas sujetas a un proceso penal se les
deberá garantizar, por parte de la autoridad, todos y cada uno de los derechos
emanados por nuestra carta magna así como de Tratados Internacionales a los que
el Estado mexicano ha ratificado, debiendo a su vez garantizar el derecho al debido
proceso, es decir que se lleve a cabo con las garantías de igualdad, legalidad, certeza
jurídica por mencionar algunos de ellos. No obstante que de la conducta se
desprendan elementos que nos lleven a la conclusión de cuál fue el actuar, a través
de qué medios y razones, bajo qué circunstancias, si las características llevan a
deducir si fue cometido de forma culposa o de manera dolosa, el lector preguntará
acerca de qué es lo que tiene que ver con los derechos humanos todo esto que se
menciona, es simple, las garantías mencionadas líneas arriba pueden ser
consideradas como violaciones procesales debido a que se puede imponer alguna
pena, porque no es sólo que el procedimiento ordinario penal sea por etapas y se
llegue a una conclusión, sino que existen los recursos y combatir dichas violaciones
a las garantías y por tanto a los derechos fundamentales.
La relación de la que se habla no sólo es teoría, sino también de actuaciones
por parte de las autoridades en donde las personas, en este caso acusadas o
imputadas sufren menoscabos en su integridad, ya sea esta física o emocional.
Vamos a citar el siguiente caso en el que agentes aprehensores se dedican a la
localización y detención de una persona “x”, la llevan a cabo en el domicilio de la
persona “y” sin ninguna autorización judicial ni mediando mandamiento emitido por
alguna autoridad competente que haya autorizado un cateo, agrediendo los agentes
a la familia de “x”, imponiendo violencia física o moral y posteriormente agrediendo al
sujeto “x” al cual se le estaba localizando, en los tres renglones que nos anteceden
cuántas violaciones a los derechos humanos así como a los tratados internacionales
se han cometido hasta el momento, destacando —desde mi perspectiva— que esto
es lo que sale a la luz en cuanto a violaciones a derechos humanos en relación con
el derecho penal.
Para comenzar abundar acerca del tema planteado con anterioridad es
necesario que el lector, a través de este documento, conozca que la relación que
guarda el derecho penal con los derechos humanos es primordialmente por la amplia
gama de derechos que protege; de acuerdo con la Comisión Nacional de Derechos
Humanos el imputado, la victima u ofendido tienen aproximadamente sesenta y ocho
derechos humanos, así mismo, un marco jurídico nacional e internacional que
comprende veintitrés tratados internacionales y protocolos.
Continuando con este análisis, cabe destacar que estar frente al ejercicio
punitivo del Estado sin hacer distinción del sujeto procesal de que se trate, si no se
garantizará la aplicación de los derechos humanos, la finalidad de lograr lo que
conocemos como justicia, carecería de seguridad y certeza jurídica, garantías de gran
relevancia plasmadas en nuestra carta magna, vulnerando el órgano de poder el
mínimo respeto a las personas.
En la introducción de este ensayo se menciona un ejemplo burdo acerca de
una detención, al día de hoy existe una gran animadversión acerca de las instituciones
encargadas de la procuración e impartición de justicia, así como de las instituciones
de seguridad pública, y llegando tal nivel de desconfianza hasta a las instituciones
castrenses, las cuales, al presente, realizan funciones de seguridad, por supuesto
reguladas para otros efectos.
Al respecto, y para efecto de fijarnos distintas perspectivas de lo planteado, Sergio
García Ramírez menciona lo siguiente:
El sistema penal constitucional recoge los postulados del individualismo
jurídico: la persona física como centro y razón del orden normativo y del Estado. Se
añaden las aportaciones de la corriente social del derecho, reflejadas,
particularmente, en las normas sobre readaptación social y menores infractores. La
suma de ambas tendencias produce el nuevo concepto de derechos humanos, o
mejor aún, derecho humano ante el Estado nacional, los otros individuos, los órganos
del poder formal y la comunidad internacional. Ese derecho humano característico (el
resultado de las denominadas tres generaciones de los derechos del hombre) tiene
como objeto el desarrollo de las potencialidades del individuo. Apareja libertad,
justicia, seguridad y bienestar, si alguno falta, se merma la vigencia real del derecho
del hombre.
En efecto, el autor antes citado encuentra un conjunto de elementos compuesto por
el individuo, la norma escrita y el Estado, es este último quien lleva a cabo el ejercicio
punitivo, sin embargo, violentar derechos de las personas con otros fines que no sean
la justicia en su sentido más puro, no sería justicia como tal, ya que el control del
Estado se perdería.
A mayor abundamiento acerca de lo que se habla, se cita lo siguiente:
El derecho penal, tanto en los casos que sanciona, como en la forma de
sancionarlos, es, pues, violencia; pero no toda la violencia es Derecho penal. La
violencia es una característica de todas las instituciones sociales creadas para la
defensa o protección de determinados intereses, legítimos o ilegítimos. La violencia
es, por tanto, consustancial a todo sistema de control social. Lo que diferencia al
Derecho penal de otras instituciones de control social es simplemente la formalización
del control, liberándolo, dentro de lo posible, de la espontaneidad, de la sorpresa, del
coyunturalismo y de la subjetividad propia de otros sistemas de control social. El
control social jurídico-penal es, además, un control normativo, es decir, se ejerce a
través de un conjunto de normas creadas previamente al efecto.
Ambos autores mencionan que el control social por parte del derecho penal, sin
embargo, éste es ejercido por un conjunto de normas para ese efecto y que sin esa
formalización del derecho penal no habría forma de sancionar.
Como se observa, de acuerdo a los autores que cita dentro de este ensayo,
por inercia que primordialmente las ramas jurídicas del derecho se entrelazan para
crear bloques de protección, pero es el derecho penal a través del control social, el
mismo que busca encontrar la justicia, es decir que sea justo con todas las personas
que intervienen directa o indirectamente, ya sea esta última por referirnos a la
sociedad e intentar sanar el tejido social. Si bien se ha tenido un avance en el cual el
respeto por los derechos humanos con el paso de los años, de los ejemplos, de los
criterios emitidos tanto por nuestra Suprema Corte de Justicia de la Nación, así como
de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que ha sancionado a Estados
por violaciones a los derechos de las personas.
Está claro que la relación de ambas materias jurídicas emana de la norma, ya
sea nacional o internacional, sin embargo, ésta requiere que las partes que
intervienen en las etapas del procedimiento penal en primer término se encuentren
debidamente capacitadas y, sobre todo, que sus acciones derivadas de las
actuaciones que practiquen son de carácter preponderante para salvaguardar la
integridad de las personas, la misma norma nos indica el pleno respeto a los derechos
humanos en cualquier ámbito, pero por referirnos al derecho penal podemos
comenzar a citar el artículo 1o. de la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos que dice:
En los Estados Unidos Mexicanos todas las personas gozarán de los derechos
humanos reconocidos en esta Constitución y en los tratados internacionales de los
que el Estado Mexicano sea parte, así como de las garantías para su protección, cuyo
ejercicio no podrá restringirse ni suspenderse, salvo en los casos y bajo las
condiciones que esta Constitución establece.
El Código Nacional de Procedimientos Penales en su numeral 2o., puntualiza:
Este Código tiene por objeto establecer las normas que han de observarse en
la investigación, el procesamiento y la sanción de los delitos, para esclarecer los
hechos, proteger al inocente, procurar que el culpable no quede impune y que se
repare el daño, y así contribuir a asegurar el acceso a la justicia en la aplicación del
derecho y resolver el conflicto que surja con motivo de la comisión del delito, en un
marco de respeto a los derechos humanos reconocidos en la Constitución y en los
Tratados Internacionales de los que el Estado mexicano sea parte.
Dentro del ámbito jurídico se considera que existe una sobrada cantidad de
ordenamientos normativos, así como tratados, obras, estudios, entre otras, que
hablan al respecto sobre derechos humanos, sin embargo, debemos de hacer
hincapié que de nada sirve que la relación entre el derecho penal y los derechos
humanos se encuentre en los documentos mencionados, se necesita más que eso,
en primer término, dejar las prácticas obsoletas que las instituciones y servidores
públicos desempeñaban de conformidad con el anterior sistema de justicia, claro está
que se torna complejo el transitar de un procedimiento oscuro y turbio como es el
sistema tradicional de justicia y en cuestión de ocho años pasar a un sistema
adversarial que entre otros objetivos, fue creado bajo el contexto de eliminar toda
aquella praxis fuera de procedimiento que otorgara ventajas a alguna de las partes,
donde además los testigos fueran percibidos y escuchados a través del interrogatorio
en presencia de los intervinientes, pero sobre todo de los jueces del tribunal y así
generar la convicción del testimonio, para acreditar o desacreditar un hecho.
Se pudiera llegar a coincidir entre los lectores y quien escribe, que la relación
entre los derechos humanos y el derecho penal, solamente es encontrada en la
norma, hay casos de excepción, sin embargo, pudiéramos llegar a creer que las malas
prácticas, la transición de un sistema tradicional al sistema actual de corte adversarial
aún no ha permitido establecer en su totalidad la salvaguarda del bien jurídico más
relevante, el todo para la persona.

REGLAMENTACION DE LOS DERECHOS HUMANOS Y EL DERECHO PENAL


(ABOGADO ZÉSAR RODRÍGUEZ C.I. V – 7.209.652)
Como punto de partida a este trabajo, es preciso recordar lo que por derechos
humanos debe entenderse, pues este concepto nos servirá como guía de
interpretación para encontrar su asidero en el Derecho Penal. Siguiendo a Pérez Luño
podemos decir que los derechos humanos constituyen un "conjunto de facultades e
instituciones que, en cada momento histórico, concretan las exigencias de la dignidad,
la libertad y la igualdad humanas". Como se sabe, el catálogo de dichos derechos
puede encontrarse en la Declaración Universal antes mencionada (D.H.D.H.), cuyos
contenidos fundamentales han sido desarrollados en numerosos textos
internacionales, entre los que destacan en nuestro ámbito, los siguientes: la
Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre de 1948 (D.A.D.H.), el
Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos de 1966 (P.I.D.C.P.) y la
Convención Americana sobre Derechos Humanos de 1969 (C.A.D.H.). También es
pertinente distinguir teóricamente la noción de derechos humanos de la de derechos
fundamentales, ya que ésta última tiende a aludir solamente a "aquellos derechos
humanos garantizados por el ordenamiento jurídico positivo”; esto es, que están
consagrados constitucionalmente.
Una de las conquistas más importantes del hombre del siglo XX, en su búsqueda de
hitos fundamentales para regular la convivencia nacional e internacional, ha sido, sin
duda, el consenso alcanzado respecto a la noción de Derechos Humanos y plasmada
en la Declaración Universal de 1948. Pero también es cierto que, junto a solemnes y
amplios textos internacionales que los reconocen, la historia ha conocido y aún
conoce brutales violaciones y transgresiones de los mismos. De lo que se trata, ahora,
es de establecer mecanismos jurídicos idóneos para garantizarlos, en un proceso
llamado de juridificación de los derechos humanos, del que el Derecho Penal no tiene
porque sustraerse.
En los actuales momentos la reglamentación y por ende, la consagración de los
Derechos Humanos en diversos instrumentos internacionales a generado en el
ámbito internacional un auge en un proceso si se quiere de un carácter irreversible,
lo cual la doctrina en derechos humanos la ha denominado como la
internacionalización de los mismos, corriente universal que ha impactado de manera
significativa en los ordenamientos jurídicos internos de los Estados, el cual se expresa
en lo que algunos tratadistas han denominado como la CONSTITUCIONALIZACION
DE LOS DERECHOS HUMANOS.
En tal sentido, esta relevancia la podemos evidenciar en la positivación de los
derechos fundamentales en las Constituciones Nacionales de los Estados, en donde
la importancia de los derechos humanos no solo se expresa en el reconocimiento y
su reglamentación en los ordenamientos jurídicos de cada Estado miembro de la
Declaración Universal de los Derechos Humanos, sino que también lo vemos
expresado en un necesario enfocamiento institucional así como de categorías
jurídicas con la finalidad de hacer mucho más efectivo la protección de tales derechos
fundamentales.
En materia de derecho penal material, se demuestra en el establecimiento de
principios del poder punitivo del Estado, lo que ha conllevado a la consagración de
los derechos fundamentales como derechos que limitan desde el principio de la
autoridad del Estado y que operan como fuentes de obligaciones del mismo. En tal
sentido, la legitimidad del derecho penal o del ius puniendi del Estado proviene de un
modelo fijado en la Constitución Nacional, así como también de lo contenido en los
pactos y tratados internacionales, reconocidos por dicha Constitución y que en todo
caso en derecho penal debe en todo momento respetar y garantizar en su ejercicio.
En palabras del autor Muñoz Conde, la legitimidad del derecho penal tiene un doble
sentido: por un lado, una legitimidad extrínseca proveniente del marco o modelo
consagrado en la Constitución y los TRATADOS INTERNACIONALES en materia de
derechos humanos; y por otro lado, la Legitimación intrínseca producto del propio
instrumento jurídico punitivo, la cual estaría representada por los principios
específicos que restringen la actuación o el poder punitivo del Estado.
De igual manera vale mencionar lo que ocurre con el DERECHO PROCESAL PENAL,
en donde la concepción de proceso penal está en relación con el nivel de efectividad
en la protección de los derechos fundamentales. Remontándonos a la historia (1935)
un reconocido procesalista alemán, James G. Schmidt, acotaba que la estructura del
proceso penal, tanto en el ámbito europeo como iberoamericano, de una determinada
nación es sin duda el TERMOMETRO de los elementos corporativos o autoritarios de
su Constitución Nacional, o como lo expreso otro autor (Roxin, en su obra “Derecho
Procesal Penal”), el derecho procesal penal es como un sismógrafo de la Constitución
del Estado.
En base a lo anterior se puede afirmar entonces que existe una relación indesligable
entre el derecho constitucional, el derecho procesal penal y el proceso penal lo cual
se traduce en la constitucionalizarían del proceso penal, es decir, en la consagración
de todos aquellos principios constitucionales del proceso penal, el cual nos conduce
a redefinir la noción de proceso penal en relación al marco del texto constitucional.
Otro autor, Juan Montero Aroca, nos señala que “el proceso penal debe dejar de ser
concebido como mero instrumento para la aplicación del derecho penal y debe lograr
ser entendido como garantía, como un medio para garantizar el derecho a la Libertad
de los ciudadanos ante la aplicación de tal derecho”.
Es por ello y en base a lo expresado por estos autores, la necesidad de configurar un
estado democrático en el que se garantice la vigencia, respeto y protección de los
derechos fundamentales, y que conlleve a establecer estos mismos derechos como
límites del ejercicio del poder estatal; generando a su vez, la tendencia a establecer
en la Constitución, las reglas mínimas de un debido proceso penal, que sirva como
marco fundamental para materializar la garantía de estos derechos.
En el caso de Venezuela, el diseño constitucional del proceso tiene como punto de
partida y marco jurídico fundamental lo establecido en los artículos 2° y 3°, los cuales
nos establecen respectivamente lo siguiente: “Venezuela se constituye en un Estado
democrático y social de Derecho y de Justicia, que propugna como valores superiores
de su ordenamiento jurídico y de su actuación, la vida, la libertad, la justicia, la
igualdad, la solidaridad, la democracia, la responsabilidad social y en general, la
preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”. “El Estado
tiene como fines esenciales la defensa y el desarrollo de la persona y el respeto a su
dignidad, el ejercicio democrático de la voluntad popular, la construcción de una
sociedad justa y amante de la paz, la promoción de la prosperidad y bienestar del
pueblo y la garantía del cumplimiento de los principios, derechos y deberes
reconocidos y consagrados en esta Constitución.
La educación y el trabajo son los procesos fundamentales para alcanzar dichos fines”.
Vale mencionar igualmente lo que nos establece el texto constitucional en su Capítulo
III, Del Poder Judicial y del Sistema de Justicia, Articulo 253°” La potestad de
administrar justicia emana de los ciudadanos y ciudadanas y se imparte en nombre
de la República y por autoridad de la Ley.
Corresponde a los órganos del Poder Judicial conocer de las causas y asuntos de su
competencia mediante los procedimientos que determinen las leyes, y ejecutar o
hacer ejecutar sus sentencias”.
De igual manera conviene traer a colación lo establecido en el Artículo 257° de la
misma norma constitucional, el cual consagra que “El proceso constituye un
instrumento fundamental para la realización de la justicia. Las leyes procesales
establecerán la simplificación, uniformidad y eficacia de los trámites y adoptarán un
procedimiento breve, oral y público. No se sacrificará la justicia por la omisión de
formalidades no esenciales…”.
Vemos entonces que de lo anterior se desprende que la potestad de administrar
justicia debe estar enmarcada en el marco de los preceptos constitucionales, como
son, por ejemplo, la observancia de los principios, valores y derechos fundamentales
de la sociedad del estado y del derecho y que la misma constitución consagra y
reconoce.
Esta concepción ha sido recogida de los Tratados Internacionales en materia de
derechos humanos de los que nuestro País es parte, como lo son específicamente la
DECLARACION UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS, LA DECLARACION
AMERICANA DE LOS DERECHOS Y DEBERES DEL HOMBRE, EL PACTO
INTERNACIONAL DE DERECHOS CIVILES Y POLITICOS, LA CONVENCION
AMERICANA DE DERECHOS HUMANOS, entre otros, instrumentos que tienen un
carácter garantista, los cuales forman parte del derecho nacional vigente.
Adentrándonos un poco más en el derecho penal con relación a los derechos
humanos, encontramos que el mismo sirve de instrumento de defensa de
determinados intereses frente a posibles ataques que se consideran indeseables.
En este sentido, el derecho penal se nos presenta como un medio de prevención de
delitos, y está llamado a intervenir para evitar o al menos contener violaciones de
derechos humanos, como la vida, la integridad física, la libertad o la propiedad, entre
otros.
A su vez, el derecho penal supone la injerencia en derechos fundamentales de las
personas que delinquen.
Lo que hace que el derecho penal se muestre radicalmente problemático, es que
constituye un intento de proteger derechos humanos mediante la lesión de otros
derechos humanos, o lo que es lo mismo, el derecho penal supone un conflicto entre
los derechos atacados por el delito y los derechos del delincuente.
Si bien es cierto que el conflicto se resolverá a favor de quienes le han violentado sus
derechos mediante la comisión de un delito, no es menos cierto que se tendrá una
cierta consideración para con quienes han incurrido en su consumación. Ese mismo
reconocimiento de la existencia del conflicto nos conduce a la búsqueda de una
fórmula de compromiso entre los derechos contrapuestos, que garantice un minino
equilibrio entre ellos.
Es por ello que creemos que la legitimación del derecho penal, ha de partir de la
existencia de estas ideas de conflicto, compromiso y equilibrio entre derechos
humanos enfrentados.
Desde este punto de vista de los conflictos contrapuestos, es que se debe hacer un
análisis desde la óptica de los derechos humanos. Por una parte, hay que tener muy
en claro que derechos humanos ha de proteger el derecho penal. Sin duda que la
vida, la libertad, el honor, la integridad física, entre otros, han de protegerse
plenamente, en virtud de que admitimos que el homicidio, las lesiones corporales, las
detenciones ilegales o las injurias son considerados delictivos y por tanto deben ser
castigados.
Por otro lado, se experimenta una evolución que suscitaría ciertas dudas. Poe
ejemplo, tenemos la propiedad, la cual es cuestionada dentro de ciertos límites, tanto
en cuanto al alcance que ha de tener, como por la importancia que ha de
concedérsele. De igual manera, las actuales legislaciones admiten una serie de
supuestos de impunidad para la interrupción del embarazo. Como contraparte, van
en aumento consideraciones sobre los denominados “Derechos Sociales”, como el
medio ambiente, o la salud pública.
Pero no solo es preciso determinar los derechos humanos cuya violación reclama
proteger tan insistentemente el derecho penal, sino también fijar límites ante la
actuación del derecho penal los derechos humanos de los posibles afectados por el
mismo.
Un derecho penal al servicio de los derechos del hombre no puede intentar proteger
éstos de cualquier modo y sin ningún límite. No puede, por ejemplo, defender el
derecho a la vida castigando a los homicidas con penas corporales que supongan
mutilaciones o torturas.
Existen muchos otros límites que merecen ser mencionados y que el derecho penal
actual no debe traspasar si quiere mostrarse respetuoso para con los derechos
humanos y a ellos debemos dedicarle especial atención.
Se considera en ese sentido, que los límites del derecho penal en su aplicación se
derivan, por una parte, de la propia exigencia de mantener un equilibrio entre los
derechos a proteger y los afectados por la pena, y, por otro lado, del contenido de
estos mismos derechos.
Ahora bien, desde una perspectiva del Derecho Penal Internacional tenemos que el
mismo constituye una rama jurídica relativamente nueva ampliamente discutida,
producto de la confluencia de dos disciplinas como son, por un lado, el Derecho
Internacional y el Derecho Penal como tal. Efectivamente, el objeto del Derecho Penal
Internacional son tanto los aspectos penales del Derecho Internacional como los
aspectos internacionales del Derecho Penal interno.
No puede ser, por tanto, tal confluencia del Derecho Internacional y el Derecho Penal
no menos importante en el campo de los DERECHO HUMANOS.
EL Derecho Internacional ocupa un papel esencial en la defensa de los derechos
humanos, merece citarse en ese sentido el desarrollo que sobre todo en los últimos
tiempos ha tenido lugar a este respecto para dotar al individuo de una posición
jurídico-internacional relevante, en definitiva, para permitirle el acceso a
organizaciones que, colocadas por encima de los Estados, puedan llegar a exigir a
éstos el reconocimiento de aquellos derechos, los fundamentales de la persona
humana, que el Estado ha llegado a desconocer en algún momento en el caso
concreto a pesar de que se encontraba obligado a su garantía y tutela en virtud de
pactos y convenios internacionales asumidos. En tal sentido, unos de los aspectos
más resaltantes del Derecho Internacional es el llamado Derecho Internacional de los
Derecho Humanos, el cual conforma un conjunto de normas que tienden a proteger
los derechos humanos y las libertades fundamentales del ser humano en el ámbito
internacional.
Ahora con respecto al Derecho interno de los Estados, al Derecho Penal le
corresponde la función de defender aquellos bienes jurídicos más trascendentales
para la convivencia frente a los ataques más graves que puedan provenir de otros
ciudadanos, o en su caso, de los representantes del propio Estado. Obviamente, entre
los bienes esenciales, más fundamentales para la convivencia en libertad, los
derechos humanos necesariamente ocupan un lugar de primer orden. Por definición,
la protección de la vida, la protección de la integridad, libertad, dignidad, etc.,
constituyen el núcleo central del Derecho Penal, respetado incluso desde las
perspectivas más críticas que, preocupadas por la máxima contención de la violencia
punitiva, erigen a los derechos humanos en el exclusivo objeto, y limite, del Derecho
Penal Mínimo. En definitiva, la tutela de los derechos humanos fundamentales en
todas las instancias en que opera el sistema penal, constituye, sin duda, UN
CRITERIO DE POLITICA-CRIMINAL BASICO.
Si, por un lado, como se ha expresado en líneas anteriores, el Derecho Penal
Internacional, es el resultado de la confluencia de los aspectos penales del Derecho
Internacional y de los aspectos internacionales del Derecho Penal, y si la relación de
ambas disciplinas con los derechos humanos es, por tanto, muy estrecha, como
reflejo de su propia estructura, el Derecho Penal Internacional no puede sino hallarse
también muy vinculado a esta protección.
En conclusión, podemos afirmar de manera general que entre los aspectos más
resaltantes a destacar en cualquier estudio que se haga del Derecho Penal, es su
papel a desempeñar en la protección de los derechos humanos.

MELISSA ALVAREZ ESAA


C.I: 18.015.356
Estado de Derecho y Derechos Humanos
Si bien la libertad para vivir sin miseria y la libertad para vivir sin temor son
fundamentales, no resultan suficientes. Todos los seres humanos tienen derecho a
ser tratados con dignidad y respeto. Las personas pueden tener esa dignidad y
respeto mediante el disfrute de todos los derechos humanos y están protegidos
mediante el estado de derecho.
La libertad para vivir con dignidad tiene su base en el marco internacional de derechos
humanos, junto con el derecho internacional humanitario, el derecho penal
internacional y el derecho internacional de los refugiados. Estos cimientos del marco
normativo constituyen corpus jurídicos complementarios que comparten un objetivo
común: la protección de la vida, la salud y la dignidad de las personas. El estado de
derecho es el medio para la promoción y protección del marco normativo común.
Proporciona una estructura a través de la cual el ejercicio del poder se somete a
normas convenidas, garantizando la protección de todos los derechos humanos.
El estado de derecho exige que los procesos jurídicos, las instituciones y las normas
sustantivas sean compatibles con las normas de derechos humanos, incluidos los
principios básicos de igualdad ante la ley, rendición de cuentas ante la ley y equidad
en la protección y reclamación de los derechos No puede existir estado de derecho
en las sociedades si no se protegen los derechos humanos y viceversa; los derechos
humanos no pueden protegerse en las sociedades sin un sólido estado de derecho.
El estado de derecho es el mecanismo de aplicación de los derechos humanos,
convirtiéndolos de un principio en una realidad.
El estado de derecho ha desempeñado una función integral en el arraigo de los
derechos económicos, sociales y culturales en las constituciones, las leyes y los
reglamentos nacionales. En los casos en que esos derechos son justiciables o su
protección jurídica se asegura de otro modo, el estado de derecho proporciona
medios de reparación cuando no se respeten esos derechos o se utilicen
indebidamente recursos públicos.
Si bien las reglas y las normas de derechos humanos convenidas universalmente le
sirven de base normativa, el estado de derecho debe cimentarse en un contexto
nacional, e incluir la cultura, la historia y la política del país. Cada Estado, por tanto,
experimenta el desarrollo nacional de su sistema de estado de derecho de manera
diferente. No obstante, comparten características fundadas en reglas y normas
internacionales.

El estado de derecho y los derechos humanos son las dos caras del mismo principio:
la libertad para vivir con dignidad. El estado de derecho y los derechos humanos, por
tanto, guardan una relación indivisible e intrínseca. Los Estados Miembros han
reconocido plenamente esa relación intrínseca desde la aprobación de la Declaración
Universal de Derechos Humanos, en la cual se afirma que es esencial que «los
derechos humanos sean protegidos por un régimen de derecho, a fin de que el
hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la
opresión». En la Declaración, los Estados Miembros se comprometieron a no
escatimar esfuerzo alguno por fortalecer el estado el derecho y el respeto de todos
los derechos humanos y las libertades fundamentales internacionalmente
reconocidos. En el Documento Final de la Cumbre Mundial 2005, los Estados
Miembros reconocieron que el estado de derecho y los derechos humanos se
encontraban entre los valores y principios fundamentales, universales e indivisibles
de las Naciones Unidas. En la Declaración de la Reunión de Alto Nivel sobre el Estado
de Derecho, los Estados Miembros hicieron hincapié en que los derechos humanos y
el estado de derecho estaban vinculados entre sí y se reforzaban mutuamente.

El Consejo de Derechos Humanos ha promovido activamente el estado de derecho.


El Consejo ha aprobado una serie de resoluciones que se relacionan directamente
con los derechos humanos y el estado de derecho, entre otras cosas, sobre la
administración de justicia; la integridad del sistema judicial; y los derechos humanos,
la democracia y el estado de derecho. El Consejo de Derechos Humanos ha
establecido varios mecanismos de procedimientos especiales directamente
relacionados con el estado de derecho, como el Relator Especial sobre la
independencia de los magistrados y abogados el Relator Especial sobre la promoción
de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición , el Experto
Independiente sobre la promoción de un orden internacional democrático y equitativo
y el Relator Especial sobre la promoción y protección de los derechos humanos en la
lucha contra el terrorismo.
El estado de derecho es un modelo de funcionamiento del derecho dentro del que se
pueden identificar dos componentes. Mientras uno contiene indicaciones sobre cómo
tienen que ser las reglas (claras, generales, practicables, prospectivas, coherentes)
el otro contiene algunos requisitos so-
bre su aplicación (de manera imparcial, según su tenor, quien lo aplica está a su vez
sometido al derecho...). Sus raíces pueden identificarse bien lejos: en la prioridad del
gobierno de la ley sobre el gobierno de los hombres, aunque la noción más común
hoy es la de un derecho dominado por el estado moderno, es decir, creado por el
Estado, que tiene a su vez el monopolio de la producción del derecho. Sin embargo,
parece razonable que, en la medida en que el derecho cambie, también tendrá que
cambiar el estado de derecho, sin por eso perder su identidad. Esta afirmación abre
un campo inmenso de problemas contemporáneos, pues la reflexión sobre el estado
de derecho acaba siendo la reflexión sobre el derecho y sobre su capacidad de
realizar la coordinación autoritativa según ciertas condiciones. En la segunda parte
de este ensayo se intentará una primera selección de problemas, con atención
principal a la es cena supranacional e internacional, donde se entrelazan el estado de
derecho en transformación y la difusión y el reforzamiento de la práctica de los
derechos humanos.
La evolución del estado de derecho y de los derechos humanos tiene innegablemente
una dimensión internacional, sin renunciar por eso a la doméstica. En cuanto al estado
de derecho se puede distinguir entre rule of law e international rule of law, entendiendo
por esto último la versión del estado
de derecho en la escena internacional. Sin embargo, entre el estado de derecho y el
estado de derecho internacional no hay solución de continuidad. La finalidad es la
misma, aunque sus características operativas sean diferentes. La prioridad de las
reglas y el control sobre el ejercicio del poder que son los medios a través de los que
el estado de derecho realiza sus fines, son necesarios en todas aquellas dimensiones
en las que se ejercita un poder sobre seres humanos. Y éste es el caso también del
nivel internacional, en el que estados, organizaciones internacionales estatales y
organizaciones no gubernamentales toman decisiones que afectan a los seres
humanos y a sus derechos. Piense por poner un ejemplo relativo a decisiones de
entidades no estatales que afectan a derechos de los individuos– en la Organización
Mundial de la Salud y en las decisiones sobre movilidad o fármacos en momentos de
epidemias.
Lo que ocurre es que las normas producidas por estas entidades son distintas de
aquellas clásicas del estado soberano, empezando por las constituciones.
Desde este punto de vista, el estado de derecho internacional. La relación entre
estado de derecho y derechos humanos y su complementariedad. Para delinear la
relación entre estado de derecho y derechos humanos se pueden tratar los dos
elementos separadamente y después la relación entre ambos.
Para empezar, se cabe señalar que las distintas versiones del estado de derecho
tienen en común la idea de que se trata de un concepto jurídico que se ha
transformado en valor jurídico fundamental, resumible en ostentar el primado o ejercer
el gobierno de las reglas. Es ya importante ver que el estado de derecho es difícil de
definir de forma unívoca: sin duda, el mejor modo de explicarlo es utilizando el método
inductivo, a través de la formulación de una lista de características, pero dejando
abierta la puerta a la integración de otros componentes. Y esta metodología nos
introduce en el terreno de lo que es una práctica, es decir una actividad socialmente
consolidada que se propone ciertos fines. Sin mirar a estos últimos, no se puede
entender la práctica misma. La tradición del estado de derecho europeo continental
ha privilegiado la individuación del estado de derecho en torno a ciertas
características del ejercicio del poder público (legalidad, separación de poderes,
imparcialidad). La tradición del common law está bien representada por la desiderata
de Fuller: generalidad, claridad, publicidad, coherencia, practicabilidad, estabilidad,
prospectividad de las reglas, por parte de una autoridad sometida a las mismas reglas,
imparcial, que tiene que aplicar de manera congruente las normas.
2.1. La práctica de los derechos humanos
Si sobre el estado de derecho hay literatura, sobre la práctica de los derechos
humanos también se ha escrito mucho. Se trata de otro de los valores jurídicos
fundamentales de nuestro tiempo. Hace casi veinte años, Bobbio citando y
completando a Peces Barba describía su evolución con los términos de positivización,
generalización, internacionalización y especificación. Los derechos han continuado a
positivizarse después de la segunda guerra mundial, aunque se puede decir que no
son solamente derechos positivos, si con esto se quisiera indicar que no son
portadores de valor; se han generalizado e impuesto en el panorama internacional,
aunque son también valores de los sistemas jurídicos domésticos y por lo tanto se
pueden considerar cosmopolitas, y del hombre o ciudadano abstracto han pasado a
proteger al sujeto en el estado de vida en que se encuentra.
.
Quizás lo más llamativo de su evolución reciente es el refuerzo de su carácter
antidiscriminatorio. Progresivamente, se pide que lo que se reconoce a un sujeto en
un estado de vida, se reconozca a todos. Desde este punto de vista, los derechos
humanos son capaces de eliminar toda diferencia: al fin y al cabo, todo ser humano
tiene potencialmente derecho a lo que es debido a otro ser humano. Así pues, pueden
distinguirse dos caras de los derechos humanos: por un lado, aparecen como
protección de intereses fundamentales de los seres humanos, pero, por otro, también
son un test para las decisiones colectivas. La primera cara los presenta como un
conjunto de derechos que tienen que ser reconocidos a todos: esta idea explica el
proceso de especificación, pues no basta una protección genérica y abstracta de lo
que se debe a los individuos. Desde este punto de vista los derechos son
prerrománticos, es decir pretenden la máxima protección posible para cada ser
humano. Esta es una lectura claramente centrada sobre el contenido de los derechos
humanos. En este contexto, el principio de no discriminación juega un papel
importante pues estimula el proceso de especificación de los derechos y reconoce
derechos que en abstracto serían ignorados o inefectivos. La otra cara muestra los
derechos humanos como una regla de prioridad: el interés de los individuos prevalece
sobre el de la comunidad en su conjunto, pues los derechos humanos están por
encima del interés colectivo. Constituyen un umbral que las decisiones colectivas no
pueden superar. Desde este punto de vista los derechos son aquellos intereses
individuales que no pueden ser ignorados, aunque vayan contra el interés de la
comunidad. Desde esta perspectiva, los derechos humanos son límites para las
decisiones colectivas. En otras palabras, no toleran algunas decisiones colectivas.
Por otra parte, las decisiones colectivas son necesarias incluso para la misma
implementación de los derechos humanos. La salud pública, la paz, el desarrollo, la
seguridad, implican una coordinación que los derechos humanos abandonados a
ellos mismos no solamente no garantizan sino muchas veces impiden, pues su punto
de vista es el de los individuos y su bienestar. La aporía de los derechos humanos es
que para protegerlos hay que tomar decisiones colectivas que introducen diferencias:
entre ricos y pobres, entre hombres y mujeres, entre niños y adultos. Sin embargo,
estas diferencias pueden ser contestadas desde el punto de vista de la lógica
antidiscriminatoria. La especificación de los derechos empuja hacia la máxima
diferencia entre los individuos, hasta el reconocimiento de su singularidad; la
antidiscriminación empuja a la eliminación de las diferencias, hasta la homologación
de los mismos derechos para todos. Esta dialéctica es de algún modo ineliminable.
Pero esto significa que la práctica de los derechos no es autosuficiente.
3. La evolución del estado de derecho
Lo que se viene diciendo sobre el estado de derecho vale tanto para el ámbito
doméstico como para el ámbito internacional. Todo poder coercitivo exige una
legitimación y el estado de derecho es parte de ella, si se quiere garantizar la
coordinación autoritativa en el respeto de la libertad y la responsabilidad de los que a
ella quedan sujetos. Ese poder es adecuado a la dignidad no solamente cuando está
justificado en su peligre, sino también en relación al modo de su ejercicio. Quizás
incluso el segundo criterio es más importante que el primero.
El estado de derecho es necesario en el ámbito internacional en la medida en que
este último es teatro de ejercicio de poder y de toma de decisiones, y en cuanto tal
puede interferir con la dignidad humana. La idea es que el estado de derecho como
valor jurídico fundamental no está exclusivamente ligado al modelo del estado
moderno, con una estructura democrática, división de poderes, etc. Si cambia el
contexto de la coordinación, también debería cambiar el modo de declinar el estado
de derecho.
Algunas de las preguntas cruciales a este respecto serían, por tanto: ¿cómo se
configura el estado de derecho en la actual fase de desarrollo del derecho, también
desde el punto de vista internacional?, ¿cómo deben tratar los que deciden en la
escena internacional a los seres humanos para respetar su dignidad?
Estas preguntas introducen por lo menos tres problemas distintos. El primero es el
problema de cómo se configura el estado de derecho en un sistema acéfalo,
organizado en estados independientes pero que necesitan una coordinación. Es decir
¿qué es lo que se entiende por estado de derecho internacional?
En otras palabras, ¿cómo se puede realizar una coordinación jurídica entre entidades
estatales soberanas? ¿Qué tipo de estado de derecho puede garantizar el tratamiento
apropiado de los individuos en la escena internacional?
Este problema es el que podríamos llamar el de la estructura cosmopolita de la
escena internacional y aquí se puede decir que son precisamente los derechos
humanos los que están llamados a empujar la transformación del estado de derecho
en esa dirección cosmopolita. El segundo problema concierne a la transformación del
modo de producción de las normas, en el que se puede observar que el estado ha
perdido su monopolio. Es el problema del soft law y de su relación con el estado de
derecho. ¿Cómo pueden sujetarse al modelo del estado de derecho las normas
producidas por organismos de relevancia pública pero no democráticamente
legitimados, o incluso sujetos tradicionalmente no admitidos a la producción jurídica
(autoridades supranacionales, autoridades independientes, organizaciones no
gubernamentales)? Aquí el papel de los derechos humanos está en expansión,
entendidos como valores centrales de esas normas, también en el sector no público.
El tercer problema es el del cambio de las normas jurídicas mismas. En particular, el
problema de los principios.
¿Qué es lo que cambia en el estado de derecho cuando las normas jurídicas asumen
la forma de principios? ¿Cómo se puede pensar el estado de derecho cuando las
normas son preceptos de optimización, generalmente –aunque no siempre
conectados con los derechos humanos?
Naturalmente esta exploración es de éxito incierto pues se trata de cambios que se
están produciendo delante de nuestros ojos y que por tanto constituyen un work in
progress o quizás mejor –como se decía antes– un long-term project.
Muy resumidamente y anticipando de algún modo las conclusiones provisionales de
esta primera aproximación al tema, me parece que se puede ver fácilmente cómo el
estado de derecho se va enriqueciendo con nuevos elementos que van apareciendo
junto a los del pasado, pero que se proponen la misma finalidad. En general, respecto
a la centralidad de las características de las reglas antes recordadas, se puede
observar el crecimiento de la importancia de la segunda parte del concepto de estado
de derecho, aquella que se refiere a la aplicación del derecho, así como también al
contenido de las normas, donde juegan un papel importante los derechos humanos.
Como ya se ha dicho, el derecho no coincide con la práctica de los derechos
humanos. Por esta razón, no todos estos cambios dependen de los derechos
humanos, aunque sí muchos de ellos.