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La lectura de los primeros dos capítulos de “Vida y muerte en psicoanálisis” nos

concluye con diversas declaraciones que para su tiempo y que inclusive en este
momento nos resultan esclarecedoras en todo el sentido de la palabra, desde un primer
momento Jean Laplanche nos esclarecerá algo que para su tiempo había sido raíz de
diversos malentendidos en el entendimiento de la pulsión, esto a causa de la
equivocada traducción del término utilizado por Freud, “Trieb” que había sido traducido
erróneamente para los lectores de habla inglesa como “Instinct”, siendo que esta
traducción nos refiere al termino también designado por Freud a funciones de carácter
orgánico o biológico lo que se encuentra en su obra como “Instinkt”. Sin embargo, a
pesar de su diferencia es innegable la relación de estos dos conceptos ya que aunque
nos refieran a ideas distintas el origen de uno nos refiere al otro, dentro del mismo
marco entrara lo que llamara Laplanche como apuntalamiento, siendo que a base de
este proceso de apuntalamiento es como la pulsión se va a derivar de lo instintivo o
biológico hacia el mundo de lo pulsional, ya que el instinto o la naturaleza de cierta
función va a ser desviada o como se le menciona en el texto “pervertida”, esto puede
ser explicado muy sencillamente con un ejemplo de la vida cotidiana y que además nos
conecta a la primera desviación del instinto y su paso a la pulsión, cuando sucede esta
necesidad llamada hambre en los bebes puede que se alimente, sin embargo, esta ya
no come solo por tener hambre sino por un llamado erógeno-sexual (presión) de un
orden bucolabial (fuente) , en el cual inclusive ya habiéndose alimentado seguirá
mamando del pecho materno (objeto, objeto parcial) aun sin que este tenga leche,
terminando no solo estará lleno o satisfecho, sino que también habrá de reducir el
displacer, teniendo como fin la satisfacción. Este último punto es lo que se podría más
exactamente llamar “el apuntalamiento de la pulsión en la función” el cual se describe
en dos tiempos, que pueden ser comprendidos sencillamente, primero el de la succión
del pecho y el segundo como el chupeteo, este último tiempo es lo que podemos llamar
como autoerotismo, lo cual Laplanche diferenciara como dos elecciones de objeto
distintas: la narcisista, aquella en la que el sujeto busca un objeto a su imagen y
semejanza, o lo que alguna vez fue este o lo que era, y la anaclita, aquella que se
ancla a alguien diferente al sujeto. Sin embargo, la primera de relación objetal será de
manera anaclitica y además esta dará molde o forma a todas las relaciones objétales
posteriores y cito a Laplanche “Encontrar el objeto sexual es, hablando con propiedad,
reencontrarlo” e incluso Freud dirá “No elegimos a los otros al azar, nos encontramos
con aquellos que existen ya en nuestro inconsciente”
Entrando en materia del segundo capítulo, durante este explicara un fenómeno de los
más particular a lo que desde la obra de Freud llamamos “proton pseudos” o también
podría en términos más prácticos como la develación de una verdad que antes había
sido oculta para la consciencia de una persona, este mismo concepto marca su
importancia, en un factor que es la fase o etapa donde se encuentre el sujeto, ya que si
contamos que desde la teórica el receptáculo de toda neurosis se encuentra en el
Edipo (primera mentira histérica), podemos llegar al punto que propone el “proton
pseudos” esto puede ser explicado de una manera mucho más clara, en el ejemplo que
utiliza Laplanche tomado desde Freud, el caso de Emma, en este se describe como
Emma de 8 años de edad visita una pastelería en la cual, vistiendo un vestido es
tocada por el pastelero y le regala dulces, para esto posteriormente Emma vuelve
repitiéndose la misma escena, lo que se puede llamar como escena B, para luego a la
edad de 12 años, al entrar a una tienda vistiendo un vestido encuentra a dos
trabajadores, sintiendo atracción por uno de ellos, estos ríen pero en Emma provoca
una reacción insoportable que le hace huir, desde ese momento le resulta imposible
volver a tiendas. Esto se puede entender, que la escena B ha sido reprimida, causando
el síntoma o la fobia, sin embargo, esto no sucede de una manera directa, es lo que
mantiene el síntoma, pero lo que realmente provoca el conflicto psíquico, es que el
recuerdo de la escena B a modo de cuerpo extraño, continúa ejerciendo sobre el
organismo en el presente. Para esto la escena A, toma protagonismo como distracción
de la escena B, ya que si se ha usado esta fobia como recurso contra el recuerdo de la
escena A es porque, la escena B es de contenido sexual por lo tanto el yo evitando
experimentar un afecto de carácter primaria no puede ser utilizada una defensa normal
sino pasar a utilizar una defensa patológica, lo que llamamos síntoma, de igual manera
quien posee el síntoma, en este caso Emma, una resignificacion ya que no solo
experimenta la excitación sexual, sino que la experimenta desde su dispositivo actual
(genitalidad) lo que nos conecta con el punto de arriba, la importancia de la fase, lo que
en este caso se puede llamar pubertad. Pero aún nos queda porque Emma relaciona el
recuerdo de la tienda con el de la pastelería, es simplemente, la asociación entre el
vestido con el que entra a la tienda y con el que entra a la pastelería el punto común
entre los dos recuerdos, además de la risa del dependiente de la tienda, que de nuevo
trae el recuerdo del pastelero riéndose cuando reacciona asustada al ser tocada y la
excitación sexual o atracción que le despierta el dependiente tal como la que despertó
en ella el pastelero. Podemos concluir que precisamente el conflicto psíquico y por
consecuencia el síntoma, es el choque de dos fuerzas o dos instancias psíquicas, y
desde una forma más clara y quizás simple es cuando un deseo inconsciente está
chocando contra los valores éticos, estéticos, morales o vaya con todo aquello que ha
sido establecido por la sociedad o por la ley.