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La guerra de Schwejk
Blog dedicado a la Gran Guerra y conflictos relacionados con la misma.

VI ERN ES, 9 D E D I CIE M BRE DE 2 011


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Walther Rathenau: el patriota traicionado por la
Enlaces patria
Este trabajo trata sobre la figura de Walther Rathenau, uno de los pocos
Foro Gran Guerra patriotas sinceros de los que tengo noticia. Industrial millonario,
funcionario ejemplar, político sagaz y honorable y uno de los pocos
Etiquetas estadistas dignos de ese nombre que tuvo Alemania durante la primera
mitad del siglo XX.
Alemania
Armada Británica Pese a todo, la historia de Rathenau es una de las más tristes de la política
Economía de guerra europea, fundamentalmente porque se trata de la historia de una traición;
El ejército Británico durante normalmente cuando hablamos de traiciones se suele tratar de historias en
la I Guerra mundial: La las que un individuo o grupo de individuos traiciona a su país, a su ciudad,
historia de una evolución a su grupo etno-religioso o a su tribu, pero en este caso fue una nación la
desde 1902 hasta 1922. que traicionó a un valioso individuo.
Elogio del escepticismo
Estados Unidos Pese a todo Rathenau era un orgulloso hijo de Alemania y de su tiempo, un
Imperio Austro Húngaro ejemplo de lo mejor de aquel país y un triste resto de lo que pudo ser y no
La "paz" de Versalles fue.
La Armada Italiana y la
Armada Austro – Húngara en Orígenes: El padre y su obra, desentrañando mitos
la I Guerra Mundial. El Teatro
del Adriático entre 1914 y Walther era hijo del empresario Emil Rathenau, fundador de una de las
1918. mayores empresas alemanas, cuyo poder e influencia ha perdurado hasta
La flota alemana hoy, la Allgemeine Elektrizitäts-Gesellschaft (AEG) o Sociedad General de
La larga guerra por el Pacífico Electricidad. En teoría Emil no podría convertirse en un señor de la
(1850 - 1905) industria mundial debido a sus poco recomendables orígenes sociales
La marina nacional francesa (para la mentalidad de la época) que básicamente se reducía a su religión:
Mata-Hari era judío. Pese a todo, la Alemania del Segundo Imperio era uno de los
Oriente Medio países más abiertos en materia de religión de Europa y si bien no se podía
Walther Rathenau evitar la circulación de todo tipo de panfletos y opiniones antisemitas, es
necesario recordar que la población judía pudo prosperar junto a su
Eres de ... nación. Como consecuencia de ese trato justo, la familia Rathenau
desarrolló un acentuado patriotismo hacia Alemania, llegando al extremo
de criticar a los judíos que se negaban a integrarse en la nueva Alemania;
este patriotismo llevaría a Walther a criticar el naciente sionismo.

AEG o el triunfo de la retro-ingeniería.

Vamos a centrarnos brevemente en el nacimiento y desarrollo de esta


empresa. El origen de la AEG se debe a un invento norteamericano,
concretamente la bombilla del señor Edison.
Eres el visitante:
En la década de 1870/1880 Europa estaba sumida en una profunda crisis
económica, salvo Gran Bretaña, que lograba sacar adelante su producción
industrial a costa de exterminar por hambre y guerras a la feliz población
Seguidores de la India Británica y otros dominios. Al igual que la crisis que
actualmente estamos disfrutando, una de las causas fundamentales de
aquella depresión económica era la obsolescencia del motor industrial de
aquella época (el vapor generado por combustión de carbón) y la irrupción
de un nuevo desarrollo e industria basados en el petróleo y la electricidad.

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Emil Rathenau no era un inventor (los millonarios raramente lo son) pero


tenía una gran perspicacia a la hora de ver el futuro y supo prever las
Google Friend Connect futuras necesidades de millones de futuros consumidores y clientes. De
Miembros (5) modo que si queréis ser millonarios, recordad que no lo conseguiréis serlo
trabajando duro, ni desarrollando grandes inventos, sino creando
pequeños conceptos que a la larga cambian a mejor la vida de todo el
mundo como, por ejemplo, el tetrabrik. Algo barato y fabricado
masivamente, si os da por hacer juguetes para ricos, no seréis millonarios.
Justo antes de la crisis de 1870, Emil Rathenau intuyó que la electricidad
sería el nuevo motor del mundo y que quien consiguiese posicionarse antes
¿Ya eres miembro? Iniciar en el naciente mercado eléctrico dominaría la economía nacional.
sesión De modo que en 1881, con la ayuda de un crédito concedido por varios
bancos alemanes, obtuvo la concesión de varias patentes de la compañía
General Electric (es decir de otro supuesto inventor y gran cacique
Archivo del blog industrial: Thomas Alva Edison), lo que inmediatamente le colocó en lo
más alto de la incipiente industria eléctrica alemana, de la mano de su
naciente empresa, la Deutsche Edison-Gesellschaft für angewandte
Datos personales Elektricität que posteriormente sería rebautizada como Allgemeine
SC HWEJ K Elektrizitäts-Gesellschaft para darle un aire más germánico.
Con el tiempo AEG se convertiría en un referente nacional y europeo en el
Ver todo mi perfil
campo de la fabricación de todo tipo de menaje eléctrico y de
electrodomésticos, gracias al genio del padre fundador, a la alegría de sus
IBSN trabajadores, al tradicional amor al trabajo de la raza germana y al
inmejorable control de calidad propio de AEG y de la industria alemana.

Hasta aquí la historia oficial.

La historia real es como siempre, menos épica pero más interesante;


especialmente porque nos permite desentrañar las razones reales del
espectacular desarrollo de la economía del segundo imperio alemán y de
AEG en particular. Básicamente el éxito de Rathenau se debió
fundamentalmente a la retro-ingeniería o dicho de forma más clara:
copiaba sin escrúpulos todos los diseños de General Electric (en adelante
GE) presentándolos como propios, con ligeras variaciones de formas y
tamaños (diseño, que dirían los más melindrosos) para que los abogados
de GE no refunfuñasen demasiado y sobre todo, para que los clientes no
confundiesen sus productos con los de la competencia.
Es necesario resaltar la importancia del diseño en los productos de AEG;
Emil Rathenau también tuvo visión de futuro en este aspecto; su compañía
fue de las primeras en contratar a artistas gráficos (AKA diseñadores) que
crearían logos y diseños característicos que hacían que sus productos
destacasen de la masa e imprimían cierto carácter en medio de la aburrida
producción masiva, característica de la fabricación industrial. Y por
supuesto, protegían (y protegen) a sus productos de posibles litigios con
GE u otras empresas.

Las buenas ideas se copian; como bien sabía el propio Emil, e


inmediatamente surgieron cientos de empresas que hicieron lo mismo que
AEG: copiar productos mediante retro-ingeniería (o plagio, como prefiera
llamarlo el lector), mejorarlos en la medida de lo posible, enmascarar el
plagio por medio del diseño y lanzarlo al mercado. Obviamente junto a
estas copias se desarrollaron inventos genuinamente alemanes como el
coche con motor de explosión, que lógicamente sufrieron la retro-
ingeniería de otros competidores nacionales y extranjeros.

La retro-ingeniería no explica por si sola el éxito de estas empresas,


especialmente en lo que se refiere a su éxito en los mercados
internacionales. Para entender este éxito es necesario explicar el otro pilar
fundamental del éxito alemán: el apoyo sin fisuras del gobierno alemán a
las empresas y los empresarios alemanes.

Para las generaciones que hemos sido educadas en el dogma liberal esto

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nos puede sonar a alguna herejía socialista, pero la triste realidad es que
ninguna gran empresa o negocio será viable sin el apoyo del estado en su
triple función: por una parte como protector de estas empresas cargando
con aranceles e impuestos a la competencia extranjera (esta medida es
mucho más efectiva que cualquier litigio de propiedad intelectual, cosa que
muchos no han entendido) y destrozando mediante inspecciones fiscales a
aquellas empresas nacionales que no pasen por el aro. Además el estado
será el principal cliente de los productos fabricados por estas empresas, lo
cierto es que el libre mercado de consumidores y usuarios es una falacia,
para desarrollarse una nación debe crear un importante mercado interior
férreamente protegido. A partir de esa base protectora, las empresas
pueden lanzarse agresivamente a la conquista de mercados en el exterior.

Y aquí aparece la otra función del estado como protector de estas


empresas: el apoyo exterior. Para que los productos de AEG y demás
empresas sean atractivos en el resto de mercados deben tener una relación
calidad/precio por encima de la media (o al menos aparentarlo de forma
convincente), para lograrlo el estado maniobrará de tal forma que su
moneda nacional se mantenga a un cambio artificialmente bajo con
respecto a las monedas de sus competidores, de esta forma los productos
alemanes siempre serán más baratos que los nacionales; sobretodo en
aquellas naciones librecambistas que adoptan el dogma del libre comercio,
que a la larga solo consiguieron arruinar a sus industrias y desarrollar una
acusada dependencia exterior. Esta dependencia exterior se traduce en una
mayor presión del estado alemán hacia aquellos países con su mercado
cautivo; poco a poco la diplomacia alemana presiona a aquellas naciones
para que se “desarrollen” con la construcción de grandes obras públicas y
para que se “protejan” con la creación de grandes ejércitos. Como ya
habréis supuesto, este desarrollo y refuerzo rápido se obtiene con la
concesión de créditos por parte del estado alemán al estado en cuestión y
con contratos de compra de materias primas baratas; por otra parte estas
obras y armas se compran, como no podía ser de otra forma, a empresas
alemanas, de modo que el dinero del estado alemán regresa a Alemania de
forma indirecta. Y además las empresas alemanas gozarán de otros
mercados cautivos gracias a la deuda que estos estados tienen con
Alemania y/o empresas alemanas; recordad que si deseáis haceros
millonarios, nunca hay que endeudarse con tonterías como casas,
carreteras, aviones o armas; el dinero es una herramienta no un fin.

Para asegurarse la calidad y cantidad de los productos de AEG y otras


empresas, es necesario mantener una gran productividad por parte de sus
trabajadores y eso se consigue mediante dos fórmulas; la primera compete
exclusivamente a la empresa: se invierte parte de los beneficios en
investigar y desarrollar maquinaria nueva y métodos de producción más
eficientes. Como esto queda muy generalizado, voy a poner un ejemplo
pedestre para que todos podamos entendernos.

Si yo tengo una empresa especializada en cavar zanjas y tengo cincuenta


trabajadores ¿cómo puedo aumentar la productividad? El empresaurio
hispano tiene la respuesta habitual dictada por generaciones de caciques
temerosos de cambios: despedir a la mitad de los trabajadores y obligar al
resto a cubrir la misma cuota de trabajo por el mismo sueldo o menos (es
decir buscará la cuadratura del círculo) y como consecuencia de los
retrasos generados por tan sabia filosofía laboral perderá el contrato o
retrasará la obra a costa del cliente final.
Los empresarios tipo Rathenau razonan de otra forma: Si formo a los
trabajadores en el uso y mantenimiento de maquinaria especializada, la
producción y los beneficios aumentarán de forma exponencial, sobre todo
si es mi empresa (o alguna empresa asociada) la que fabrique esa nueva
maquinaria y no sea necesario dar mi dinero a otras empresas.

En resumen: si queréis haceros millonarios tenéis que asumir algo tan

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simple como que invertir dinero no es gastar dinero, algo que el


empresaurio hispano no ha entendido todavía.

La segunda fórmula (y tercera función) compete exclusivamente al estado


y consiste en crear paz social. Los trabajadores no sabotearán la
producción, ni harán huelgas salvajes, ni se afiliarán a los sindicatos más
radicales, ni se les ocurrirá secuestrar y asesinar burgueses o poner
bombas en el Liceo. Para lograr este objetivo el estado alemán comenzará a
dictar una serie de leyes destinadas a mejorar la calidad de vida de esta
amplia clase social, tales como la primera seguridad social, salarios
regulados, jornadas de trabajo reguladas en función de su peligro o trabajo
físico. Al mismo tiempo el estado asegurará unos mínimos a la hora de dar
educación y sanidad a los trabajadores y sus hijos, con lo que elimina en
parte dos de las mayores preocupaciones de cualquier padre de familia y
por tanto la gran masa de la clase trabajadora se dedicará a trabajar y a
enriquecer a su empresa y a su país en lugar de plantear huelgas.

Este estado social (Sozialstaat) será la razón principal y casi exclusiva del
gran despegue alemán de finales del siglo XIX: un complejo contrato social
en el que el estado alemán protege a sus empresas y empresarios tanto
dentro como fuera de Alemania, a cambio de que estas empresas traten a
sus empleados de la mejor forma posible y todos remen en la misma
dirección. Como podemos ver fue la justicia social lo que hizo que en
menos de una generación Alemania pasara de ser un montón de
bantustanes inconexos a ser una de las mayores economías del planeta, sin
necesidad de crearse grandes imperios.

Y para finalizar nuestro curso acelerado de enriquecimiento personal,


diremos que para ser millonario es imprescindible mantener buenas
relaciones con el estado o con los estados, los contratos públicos por
pequeños que sean, son mucho más rentables que cualquier éxito de
ventas entre el público (que como todas las modas, siempre será
momentáneo). Por esa razón deberéis alagar a esos gobiernos hasta el
absurdo y justificar cualquier tipo de tropelía realizada por ese o esos
gobiernos y negar con vehemencia las acusaciones de violación de
derechos humanos y demás zarandajas, lo que sea con tal de conseguir el
contrato. Recordad que tener escrúpulos es de pobres.

Este era el país que vio nacer a Walther Rathenau un 29 de septiembre de


1867 y AEG la empresa a la que estaba destinado a dirigir hasta las más
altas cumbres de la industria eléctrica mundial.

El joven Walther destacó rápidamente por su notable inteligencia, una


inteligencia que asombrosamente no se centró en el campo de los negocios
y de la industria eléctrica sino que se interesó por todos los campos del
saber, eso queda reflejado en sus estudios universitarios puesto que se
dedicó a estudiar física, química y... filosofía.
El interesarse por varios campos del saber le será muy útil a la hora de
realizar varios trabajos al mismo tiempo, sobre todo cuando tenía que
administrar su gran empresa y realizar importantes tareas de gobierno. E
incluso esta capacidad de “amplio espectro” la llevaba a la vida personal,
económica, pública etc. Por ejemplo era un conservador político, pero se
preocupaba mucho por el bienestar de los trabajadores e incluso criticaba
la excesiva tecnocracia de la sociedad moderna (y eso que la palabra
tecnócrata parecía inventada para él); también era una gran partidario de
la fuerte interrelación entre la empresas y el estado, hasta el punto de
otorgar al estado la última palabra en las grandes decisiones económicas y
estratégicas de las industrias y negocios. Curiosamente, a pesar de estar
situado ideológicamente en la derecha o centro-derecha, sus ideas fueron
posteriormente copiadas por Lenin y otros dirigentes soviéticos en sus
planes de desarrollo e industrialización acelerada de la Unión Soviética;
posiblemente el ascenso de la URSS como potencia mundial le debe mucho

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a las ideas de Rathenau.

En lo que nunca se mostró ambiguo fue en su amor incondicional a su


patria; Rathenau siempre estuvo dispuesto a ponerse a las órdenes de su
país y a darlo todo por su país, incluso su identidad religiosa, su identidad
cultural y finalmente su vida.

Ese fue seguramente el primer gran sacrificio que hizo Rathenau por
Alemania; nunca dudó a la hora de asumir que por encima de todo él era
alemán, de cultura alemana e incluso de religión alemana en el sentido de
mitificar las instituciones alemanas hasta el absurdo (por ejemplo, no veo
a un tótem más patético que Guillermo II, salvo quizá Fernando VII y su
familia).
Si bien es necesario reconocer que en estas opiniones, el joven Walther no
inventó nada; a pesar del tópico antisemita, las comunidades judías de la
Europa estaban profundamente divididas en cuanto a su actitud ante los
diversos estados y su lealtad hacia ellos. Simplificando mucho, podemos
distinguir dos tendencias entre los judíos centro europeos; por una parte
tenemos a los judíos que han crecido en los estados occidentales como
Gran Bretaña, Francia, Holanda y la nueva Alemania. Estas nuevas
generaciones han visto como estas naciones han realizado un esfuerzo
sincero por integrarles en el estado, hasta el punto de que sus abuelos ven
cosas que ni en sus más disparatados sueños habrían imaginado:
funcionarios judíos, empresarios judíos, abogados judíos e incluso (ya
rozando el surrealismo, para generaciones que conocieron los guetos)
policías y militares judíos. Como es lógico estas medidas no consiguieron
acabar con milenios de prejuicios y odio étnico, pero entre estas nuevas
generaciones judías se apreció el cambio hasta el punto de apoyar al estado
con la típica fe del converso.
Por otro lado tenemos a las comunidades judías de Europa oriental, que
poco a poco van llegando a la parte occidental del continente en busca de
oportunidades y libertad; estas comunidades vienen de lugares en los que
el progrom es el deporte nacional, donde los guetos no son simples barrios
o pueblos sino auténticos estados dentro del estado en los que la única ley
que se aplica es de tipo religioso (junto con los constantes impuestos a los
que son sometidos), donde incluso se imprime su propia moneda y el
contacto con los gentiles se encuentra completamente restringido (el
contacto más frecuente suele ser el látigo de la policía o el bastón de algún
paleto). Como consecuencia de esta represión constante, estas
comunidades reaccionan con una vuelta fanática a sus tradiciones y
religión y una desconfianza (u odio) hacia todas las instituciones estatales,
que solo les traen violencia, impuestos injustos, insultos y represión;
cualquier intento de integración en esos estados es simplemente
impensable, o directamente peligroso.

Conforme estas comunidades se instalan en occidente, no solo traen sus


trasnochadas tradiciones, sino una desconfianza casi patológica al estado y
a sus representantes (desde emperadores hasta el último policía de barrio)
y no tardan en formar unos seudo guetos en los que se sienten más libres, a
pesar de contar con unos derechos civiles con los que no podían ni soñar
en sus lugares de origen. Como es lógico, esta negativa a integrarse es vista
con una mezcla de asombro, desconfianza e incluso curiosidad por parte
de los gentiles e indignación y vergüenza por parte de las comunidades
judías asimiladas. Para la incipiente (y exitosa) burguesía judía la actitud
de los judíos orientales es errónea y contraproducente, puesto que se
convierten en caricaturas antisemitas vivas e incluso una carga para el
estado cuando éste hace un esfuerzo por escolarizar a los niños y dar una
pequeña sanidad a los ancianos y ellos mismos rechazan la posibilidad de
triunfar económica y socialmente en esos países.

Conforme más éxito tienen estos grandes empresarios judíos, mayor es el


amor que desarrollan por su país y mayores son las críticas que dedican a

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estas comunidades que desconfían del estado y de sus servidores, a pesar


de que muchos de estos servidores son judíos. Y conforme estas críticas
aumentan, ellos se defienden con la típica frase del judío reprimido “Si
algún día olvidas quién eres, algún gentil te lo recordará” esta frase pesará
como una maldición en Rathenau.

Paralelamente a esta polémica, surgirá otra controversia cuando aparezca


el sionismo en Europa. Para Rathenau, el sionismo es directamente una
estupidez irrealizable, además de estar formado por una confusa ideología
que mezcla religión, nacionalismo y socialismo; en cierto modo el sionismo
es una mezcla de todo lo que le repele a Rathenau: negación de la
integración, socialismo y fanatismo religioso. No obstante es preciso
reconocer que la opinión de Rathenau era ampliamente compartida por la
mayor parte de sus correligionarios; a pesar de la propaganda que
periódicamente difunde el estado de Israel el sionismo siempre fue un
movimiento minoritario dentro de las comunidades judías europeas hasta
1945, e incluso el sionismo sufría constantes luchas intestinas debido a lo
heterogéneo de sus componentes, difusión de sus objetivos y una fuerte
división entre la derecha y la izquierda o religiosos y laicos.

Trabajando en AEG

Tan pronto terminó sus estudios, el joven Walther empezó a trabajar en


una prometedora rama de la empresa: la electroquímica; para empezar se
desplazó a la ciudad suiza de Neuhausen donde se especializó en la
fabricación de aluminio; posteriormente llegaría a desarrollar un método
para obtener cloro a partir de la electrolisis. Es interesante este momento
porque durante la guerra trabajaría estrechamente con la industria
química buscando alternativas a las escasas materias primas.
Posteriormente regresaría a Berlín donde trabajaría a la sombra de su
padre en la sede central de la empresa; este período coincide con el gran
despegue de AEG a todos los niveles, con la construcción de nuevas
centrales eléctricas, nuevas factorías y desarrollando nuevas tecnologías,
nuevas máquinas y nuevos servicios. Llegando a fabricar incluso las
primeras máquinas de ferrocarril eléctricas hacia 1914.
Paralelamente a este éxito empresarial (suyo y de su país), Walther
Rathenau siguió mostrando preocupaciones intelectuales con la
publicación de algunos libros en los que refleja las ideas que mantendrá
toda si vida: Combatir al socialismo con avances sociales, necesidad de
fortalecer al estado central frente al excesivo poder de los estados
alemanes, cooperación entre estado y empresas, etc. Una de las ideas más
polémicas que desarrolló fue la de proponer un monopolio imperial del
mercado eléctrico (el estado fijaría el precio).
Cuando un empresario se dedica a publicar sus ideas, es que se está
preparando para dar un salto a la política, y lo cierto es que conforme
Walther cumplía años más le interesaba el mundo político, especialmente
porque veía un importante hueco en el espectro político alemán: faltaba un
partido de centro-derecha que supiese aglutinar a esos alemanes de clase
media que no terminaban de sentirse atraídos por los socialdemócratas,
pero se negaban a votar a los partidos de derecha alemán por su excesivo
conservadurismo y el desproporcionado peso de las iglesias (protestante y
católica) en sus decisiones; la idea de Rathenau se basaba en crear un
partido moderadamente conservador y laico, donde pudiesen encontrar su
sitio las minorías judías, agnósticas o ateas (conforme avanzaban los
descubrimientos científicos y se quitó el privilegio educativo a las iglesias,
aumentó notablemente el escepticismo religioso) y una gran bolsa de voto
urbano y moderno pero ideológicamente moderado.

Desgraciadamente la guerra truncó la maduración de estos ambiciosos


planes, pero al menos aceleró su paso a la arena pública.

LA GUERRA Y LAS MATERIAS PRIMAS

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Como buen realista, Rathenau se oponía a la política belicista de Guillermo


II y era uno de los pocos alemanes que se atrevía a exponer en público sus
ideas moderadas (no estrictamente pacifistas) y realistas. Este
planteamiento se debía a que Rathenau conocía bien la fortaleza de la
economía alemana, a la que tanto había contribuido, pero conocía también
sus debilidades, que podemos resumir en su excesiva dependencia de las
exportaciones y su gran carencia de materias primas estratégicas salvo
hierro y carbón.

Pese a todo Rathenau seguía siendo un patriota alemán, y cuando su


nación le pidió ayuda no dudó en ponerse a su disposición, asumiendo un
cargo de vital importancia para cualquier guerra: los suministros; en
concreto Rathenau asumió el mando de los suministros de materias
primas para la guerra del imperio, tras este rimbombante título (que
parece sacado de un libro de Borges) se agazapaba el mayor problema de
Alemania en esta guerra: su gigantesco músculo industrial consumía
ingentes cantidades de materias primas, la mayor parte de ellas
importadas. Y a pesar de las promesas de los almirantes imperiales,
Rathenau no confiaba en que las rutas de suministros estuviesen
permanentemente abiertas, especialmente si Rusia y su inmenso mercado
permaneciese cerrado gracias a la estúpida política proteccionista
prusiana.
Con el mercado ruso cerrado, solo quedaba una vía abierta que era el
comercio por mar con lejanos países neutrales (lógicamente que no fuesen
colonias francesas o británicas) con lo que en la práctica quedaba reducido
al continente americano, exceptuando el Canadá. Pero ni siquiera esto era
posible porque inmediatamente la armada británica bloqueó el Mar del
Norte, es de suponer las pocas esperanzas que le quedaron a Rathenau de
ganar la guerra.
A pesar de todo, Rathenau afrontó sus responsabilidades con sabiduría y
decisión; podemos afirmar sin temor a equivocarnos, que su período al
mando de este importante puesto, fue el de mejor funcionamiento de la
economía de guerra alemana. La razón de su éxito es muy simple de
entender, pero complicado de aplicar: improvisar con lo que se tiene
(virtud más latina que alemana), imaginación a la hora de distribuir los
menguantes recursos y hacer de la necesidad virtud con la producción de
algunos sucedáneos fabricados o cultivados localmente que paliasen, pero
no sustituyesen totalmente, la escasez de materias primas. Otro pilar de su
éxito era el de no descuidar a la población civil; era inevitable que los
civiles y trabajadores asumiesen unos sacrificios terribles, pero Rathenau
se preocupaba de que esos sacrificios fuesen percibidos como algo justo y
necesario, de que los precios estuviesen controlados (y por tanto que no
apareciese un temible mercado negro, que suele ser una señal inequívoca
de la inoperancia del estado) y que los mercados y las raciones se
mantuviesen en unos límites razonables dada la situación, de esta forma, el
inevitable descontento popular quedó dentro de unos límites razonables
hasta 1916.

Respecto a la producción de sucedáneos, es necesario recordar el paso de


Rathenau por la industria química y por tanto sabía que a partir de unas
materias primas muy simples se podían obtener algunos productos
interesantes como los nitratos (imprescindibles para producir abonos
sintéticos y explosivos) o el caucho artificial. En cierto modo, Rathenau es
el responsable indirecto de la crisis del salitre chileno (principal fuente de
nitratos antes de la Gran Guerra) y del caucho amazónico. Los aliados no
tenían estos problemas, al tener abiertos los mercados americanos y sus
colonias producían todo el caucho natural que necesitaban; pese a todo, al
final de la guerra se abalanzaron como buitres sobre estas patentes
alemanas, pero esa es otra historia.

Pese a estos innegables éxitos, Rathenau no podía hacer milagros y no

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dudaba en decir a todo aquel que le escuchase que aquellas medidas solo
eran parches provisionales, que Alemania necesitaba un suministro
constante e irrestricto de materias primas baratas o debía acabar la guerra
lo antes posible. También dejó clara su negativa a la guerra submarina
total, por razones humanitarias y estratégicas (intuía que eso era declarar
la guerra a Estados Unidos). Desgraciadamente los generales (y
almirantes) alemanes rechazaron estas peticiones y ante la imposibilidad
de responder a sus argumentos con argumentos se optó por hacerle callar
con estúpidas acusaciones de derrotista y de no tener la suficiente fe en la
victoria y en el pueblo alemán; cuando se recurre a la fe es que no se puede
recurrir a otra cosa y Rathenau comprendió que poco más se podía hacer.
Paralelamente a sus llamadas a la racionalidad, aumentaron las
habladurías contra Rathenau y puesto que los patrioteros (que no
patriotas) solo podían optar con la fe como arma, no dudaron en emplear
todo tipo de basura dialéctica contra Rathenau, incluyendo la envidia (un
millonario nunca comprenderá al noble pueblo alemán que se mancha las
manos con la sangre del enemigo y con el estiércol del campo), la
maledicencia (es un incompetente al que le viene grande el cargo que
ocupa y por tanto dice tonterías sobre el hambre y el campo) y por
supuesto con su condición religiosa (un judío no tiene patria y por tanto no
puede amar a Alemania).

La semilla de la teoría conspiranoica de la puñalada por la espalda se


plantó en ese instante.

El 20 de junio de 1915 murió Emil Rathenau, con lo que Walther tuvo que
hacerse cargo en exclusiva de AEG, que unido a la evidente pérdida de
confianza del nuevo ejecutivo alemán, hizo que abandonase su puesto al
servicio del estado. Con la salida de Rathenau Alemania perdía a uno de
los escasos dirigentes serios con los que contaba, y su puesto fue ocupado
por burócratas sin criterio o sin valor para decir a sus superiores la verdad
y no lo que querían oír; Alemania optó por realizar un quimérico plan
basado en mandar todo su poder económico e industrial al frente, sin tener
en cuenta las necesidades de los civiles.
Este plan (llamado pomposamente Plan Hindenburg) sirvió básicamente
para dar la razón a Rathenau: la economía alemana colapsó, el hambre se
instaló en la retaguardia y con el hambre se sucedieron las huelgas, los
sabotajes y las exigencias de paz a cualquier precio. A esta situación se
unió la llegada de Estados Unidos a la guerra y el fracaso de las últimas
ofensivas alemanas en Francia.

Gracias a la diplomacia de los países neutrales, los aliados sabían que


Alemania había colapsado y cuando el nuevo gobierno alemán pidió iniciar
las conversaciones de paz, los enemigos de Alemania se dispusieron a
saquear a fondo las riquezas del enemigo, e imponer unas condiciones de
paz humillantes a la par que dañinas para una futura recuperación
económica.

TRIUNFO Y ASESINATO

Ante este estado de cosas, el gobierno republicano decidió llamar a una de


las pocas personas que salió con su prestigio intacto de la guerra; pese a
toda la basura regurgitada por la extrema derecha alemana el pueblo
alemán recordaba con agrado el periodo en el que Rathenau llevó la
economía de guerra alemana.
Como resulta obvio, aquel ofrecimiento era formalmente un alto honor,
pero en la práctica representaba una montaña de problemas. En primer
lugar suponía que Rathenau no podría dirigir la reconversión del imperio
AEG y su retorno a la industria civil, en un momento en que en Alemania
todo estaba por hacer; por otra parte debería cooperar con los
socialdemócratas con quienes estaba ideológicamente enfrentado, y para
terminar debía conducir a una nación arruinada y derrotada, además

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debería tratar con sus enemigos y negociar desde una postura de extrema
debilidad ante unos vencedores (sobre todo Francia y Bélgica) que no
buscaban paz sino venganza.

El sentido común dictaba que cualquier acercamiento a algún puesto de


responsabilidad en aquellas circunstancias sería perjudicial para la salud;
pero como de costumbre Walther Rathenau actuó con patriotismo
(patriotismo del que carecían el emperador Guillermo y el dictador
Ludendroff cuando desertaron miserablemente de sus responsabilidades
en 1918). El patriotismo se demuestra en los momentos difíciles cuando
tus compatriotas tienen problemas y hay que intentar poner soluciones,
por desagradable que sea, por costoso que sea y especialmente por
desagradecido que sea.

Tras algunas vacilaciones Rathenau aceptó entrar en el gobierno en 1920,


justo después del pronunciamiento (sigo sin entender por qué no se
pueden llamar las cosas por su nombre cuando se trata de acontecimientos
sitos al norte de los Pirineos) de Kapp. Suponemos que la peligrosa deriva
de la política alemana decidió definitivamente a Rathenau a dar el paso a
la política; aceptando dentro de los posibles cargos, uno de los más
desagradables: ministro de asuntos exteriores, es decir le tocaba negociar
directamente con los aliados las reparaciones de guerra.
En este punto Rathenau sabía que tenía muy poco margen de maniobra,
debido a la extrema debilidad en la que se encontraba Alemania y como
única alternativa al tratado de Versalles solo aparecía la ocupación militar
y la posible desmembración de Alemania. No obstante Rathenau supo ver
una posible ventaja en las desavenencias que empezaban a surgir entre los
aliados; por una parte estaban los franceses y belgas, países que habían
sufrido mucho con esta guerra (especialmente Bélgica) y que se mostraban
inflexibles a la hora de exigir compensaciones económicas e incluso
territoriales a Alemania; tengamos en cuenta que en Versalles no solo se
destilaba afán de venganza estos dos países tenían necesidades económicas
muy acuciantes y muy reales; necesitaban el dinero (en forma de oro,
carbón, acero, bienes de consumo, etc.) de manera urgente para rehacer su
vida económica e incluso social.
Por otra parte Gran Bretaña y sobre todo Estados Unidos se mostraban
mucho más flexibles y comprensivos; aunque Gran Bretaña no estaba
dispuesta a perdonar las compensaciones alemanas, pero se avenía a
negociar plazos, entregas y cantidades; especialmente porque entre los
negociadores británicos se encontraba uno de los pocos economistas con
un sentido de la decencia y de la realidad tan infrecuentes en esta
profesión, Lord Keynes.

El principal problema de Rathenau era saber cómo pagar tanto dinero a


tantos países cuando no se dispone de ese dinero y además una parte de
esos países exige el pago ya bajo amenaza de invasión (y recordemos que
ante esa invasión estarías prácticamente indefenso); la solución que
encontró Ratehanu sin ser perfecta, era con mucha diferencia la menos
mala: ofrecer a Gran Bretaña el pago en oro y dinero de las
compensaciones, a cambio de mayor flexibilidad en los pagos y a Francia y
Bélgica se les ofreció un pago en especie con la producción de carbón de
alta calidad del Ruhr. Este acuerdo (o Tratado de Wiesbaden) fue acogido
con frialdad por absolutamente todas las partes, pero finalmente fue
aceptado por todos debido a que básicamente era la única forma realista de
afrontar las compensaciones de guerra.
Finalmente la actitud de Estados Unidos que convino en abrir una línea de
créditos a Alemania para que ésta pudiese relanzar su economía y al
mismo tiempo empezar a afrontar los pagos, terminó por vencer la
resistencia de los más vengativos y menos realistas.

Es importante remarcar que en esos años se consumó el sueño de


Rathenau al participar en la creación de un partido de centro-derecha, el

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Partido Democrático Alemán que básicamente recogía su ideario


democrático; a pesar de que nunca tuvo lo que se dice un éxito arrollador
(su mejor resultado fue un 18% de los votos en 1919), llama la atención la
gran cantidad de intelectuales que atrajo (Einstein, Thomas Mann o Max
Webber).

Tras la vorágine de Versalles, llegó el turno de los miles de tratados y sub


tratados que darían forma a la Europa de entre guerras y en ese momento
Rathenau consiguió el mayor éxito de su carrera política al servicio de
Alemania, el tratado de Rapallo.

La génesis de este tratado resulta como mínimo extraña; mientras que


representantes de los gobiernos alemán y ruso se encontraban reunidos
junto a otros líderes mundiales en la ciudad de Génova para tratar el
siempre conflictivo tema del patrón oro, ocurrió algo ciertamente extraño.
Los representantes soviéticos consiguieron contactar en secreto con los
delegados alemanes para improvisar una conferencia por su cuenta.

Si hacemos caso a Sebastian Haffner, Rathenau no tenía ni la menor idea


de las intenciones rusas, hasta el punto de que el aviso ruso, al producirse
con nocturnidad y alevosía, sorprendió al honorable ministro en pijama.
Desde luego Rathenau no fue el único sorprendido, por lo visto los
representantes del resto de potencias se mostraron entre sorprendidos e
indignados ante la reunión germano-rusa.
Lo cierto es que resulta extraño que las potencias vencedoras de la Gran
Guerra no supiesen prever ese entendimiento porque objetivamente
hablando estas dos naciones estaban condenadas a entenderse; tanto la
URSS como Alemania eran dos países aislados y amenazados por esas
potencias (especialmente Japón en el caso soviético y Francia en el caso
alemán; posteriormente estas amenazas se materializarían en ambos
casos), ambas naciones tenían necesidades complementarias entre ambas
(la URSS necesitaba tecnología moderna e industrias, Alemania materias
primas baratas y un mercado para sus productos industriales).
Rathenau supo ver la gran oportunidad que se le presentaba a su nación y
no dudó en reunirse en la pequeña localidad de Rapallo con la delegación
rusa e improvisar una conferencia internacional de primer orden en la que
se firmó un tratado que si bien beneficiaba a ambas partes, la parte que
salía mejor parada era sin duda alguna Alemania. Además se hacía borrón
y cuenta nueva respecto a las deudas de guerra mutuas y la fijación de
fronteras (ese era el menor de los problemas, ninguna de las dos naciones
podía pagar más deudas y no estaban para luchas fronterizas en Prusia
Oriental).

No obstante, este tratado tenía una cláusula secreta que pesaría en el


legado de Rathenau, la cláusula militar. El tratado de Rapallo destrozaba el
fin último de los tratados de Versalles: la alienación de Alemania con el
objetivo no declarado de frenar un rápido desarrollo económico,
tecnológico e industrial que cuestionase la supremacía franco-británica en
Europa y en el mundo; con el inmenso mercado ruso abierto a los
productos alemanes y con un cheque en blanco ruso (en forma de materias
primas baratas) para desarrollar nuevas técnicas e industrias, Alemania
había roto el bloqueo económico impuesto por los aliados; pero también
destrozó el veto aliado en lo referente a la investigación de tecnología de
guerra. También incluía una cláusula para permitir a las industrias
alemanas explotar los campos petrolíferos de Bakú a cambio de mejorar la
tecnología extractora soviética y expulsando definitivamente los intereses
británicos de esa zona, el petróleo ya no será un problema para Alemania
hasta 1941.
Uno de los aspectos más espectaculares (y secretos) de este acuerdo fue el
que Alemania literalmente montó factorías secretas en territorio soviético
destinadas a co fabricar aviones y tanques modernos, además Alemania se
beneficiaba de las extensas maniobras del ejército rojo en materia de

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despliegue de blindados y la combinación de armas en estas maniobras


(blindados, aviones, infantería mecanizada, artillería autopropulsada,...)
en realidad la guerra relámpago se gestó en Rapallo.

Como es fácil de imaginar, este tratado levantó ampollas en todo el


mundo; a los aliados porque básicamente dinamitaba los esfuerzos de
Versalles, pero curiosamente donde más polémica existió fue en la propia
Alemania. Como hemos visto este tratado beneficiaba más a Alemania y
fue visto como un éxito diplomático y económico, pero entre los sectores
más cavernarios era visto como una súplica de la orgullosa Alemania al
demonio rojo, como una conspiración judeo bolchevique y en resumen
como una “traición” a Alemania (como es fácil de suponer, esta basura era
regurgitada por los traidores de 1918). A esta situación, se unieron las
críticas a la gestión del tratado de Versalles, que nuevamente era
presentado como una traición a Alemania y una fase más de la famosa
conspiración judía mundial contra Alemania y el cristianismo.

EL ASESINATO Y SUS CONSECUENCIAS

A los dos meses de la firma del tratado de Rapallo, Walther Rathenau


sufrió un atentado que le costó la vida.

Es tentador establecer una crónica de este asesinato político como una


gran conspiración militarista contra un estadista civil y judío pero siendo
sinceros, podemos decir que el gran refrán español que dice eso de “entre
todos la mataron y ella sola se murió” resume perfectamente este
magnicidio.

Iremos por puntos para aclararlo mejor:

A Rathenau le asesinó la injusticia de la República de Weimar: desde 1919,


la nueva república había reprimido diversos motines y conatos de guerra
civil propiciados por extremistas de izquierda y derecha, pero solo se
ensañó con la extrema izquierda a la que reprimió de forma implacable,
mientras que miraba para otro lado con los crímenes de la extrema
derecha militarista.

A Rathenau le asesinó la sensación de impunidad de la extrema derecha:


Desde 1918 hasta 1922 los escuadrones de la muerte y los terroristas proto
nazis llevaron a cabo una serie de asesinatos políticos que empezaron con
Rosa Luxemburgo y culminó con Walther Rathenau. El gobierno
socialdemócrata miraba para otro lado por miedo a iniciar una guerra civil
y una cierta comprensión hacia unos asesinos que decían actuar por
motivos patrióticos.

A Rathenau le asesinaron las mentiras y auto engaños de la extrema


derecha: Insultar a Rathenau era una forma de no asumir los errores de la
Gran Guerra; en cierto modo, eliminando a Rathenau se callaba a un
molesto testigo de la incompetencia criminal de la dictadura de Ludendorff
y en general, una muestra de que un país se gobierna con sentido común y
no con soflamas patrioteras.

A Rathenau le asesinaron sus ganas de justicia social: Para hacer frente a


los pagos de Versalles y para re lanzar la economía alemana, Rathenau
preparaba una nueva ley fiscal que (resumiéndola mucho) consistía en
establecer impuestos directos (los que más tenían, pagarían más justo al
contrario de la contrarreforma fiscal que se está perpetrando en estos
momentos en Europa). Esta reforma fue inmediatamente contestada por
los patrioteros, quienes creían que crear riqueza consistía en imprimir
billetes sin control, como veremos más adelante esta estupidez económica
llevaría a Alemania otra vez al desastre.

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A Rathenau le asesinó su patriotismo, su sentido del deber y su deseo de


ayudar a sus compatriotas: Rathenau era millonario, no solo heredó una
fortuna sino que su buen hacer empresarial, permitió a AEG salir de la
guerra y del proceso de reconversión industrial sin arruinar sus empresas
(cosa que no todos consiguieron); podría haberse dedicado a sus negocios
y a disfrutar de una vida digna de un sátrapa, incluso podría haber
esperado unos cuantos años y haber entrado en política cuando lo peor
hubiese pasado. Pero asumió que su amor a Alemania estaba por encima
de todo y que debía ayudar a su ingrato país en los peores años de su
reciente existencia y lo hizo bien, tanto en la guerra como en la famélica
posguerra, las medidas y las políticas de Rathenau funcionaron a largo
plazo y habrían marcado el camino a seguir para la recuperación alemana.
Tras su asesinato se establecieron unas medidas políticas y económicas
irracionales (parece que lo único necesario para establecer una nueva ley
era que no la habría aprobado Rathenau) que culminaron con la ruina de
la nación y el camino a la siguiente guerra.

Esto es a grandes rasgos lo que mató a Rathenau, queda por ver la seudo
investigación de su asesinato.

El atentado contra Rathenau fue ciertamente espectacular, el ministro se


estaba desplazando con su coche oficial (descapotable y sin blindar),
cuando fue interceptado por otro vehículo. Los ocupantes de ese vehículo
efectuaron varias ráfagas contra los ocupantes del coche oficial y lanzaron
una granada al habitáculo del coche de Rathenau, para asegurarse de la
muerte del ministro y seguramente mutilar horriblemente su cuerpo,
aunque esto último no lo consiguieron del todo (la onda expansiva levantó
el cuerpo de Rathenau).
Como era habitual durante estos atentados los asesinos dejaron muchas
pistas, esto no era debido a la desidia de los terroristas sino que es un
efecto buscado por todos los escuadrones de la muerte y terroristas del
mundo: no tiene que quedar la más mínima duda de quién había hecho
esto y por qué; además los terroristas contaban con la impunidad habitual
de ese período, desde el asesinato de Rosa Luxemburgo la policía alemana
tenía por costumbre mirar hacia otro lado cuando un crimen era cometido
por motivos “patrióticos” y si algún superior intentaba investigar algo más
de lo normal, no tardaba en recibir todo tipo de amenazas.

Pero esa vez fue diferente.

Tras el asesinato de Rathenau, el país sufrió una conmoción. De repente


los melindrosos socialdemócratas y demócratas de Weimar se hartaron de
la impunidad de los terroristas patrioteros. De repente las clases medias y
trabajadoras se hartaron de aceptar pasivamente esa situación e
improvisaron una huelga general que literalmente paralizó al país. De
repente los demócratas se dieron cuenta de su fuerza y los patrioteros se
dieron cuenta de que básicamente eran una secta de iluminados.

La primera consecuencia del asesinato de Rathenau fue la redacción de la


“Ley para la defensa de la República”, que entre otras cosas prohibía las
organizaciones antisemitas; otra consecuencia de ese magnicidio fue que la
policía tuvo que investigar el crimen, para variar. Como ya dijimos, los
terroristas dejaron un montón de pruebas y nada mas empezar a investigar
el caso comenzó a apestar.
En primer lugar se descubrió que todas las armas y la munición empleada
eran de procedencia militar, de modo que los autores o eran militares o
tenían estrecho contacto con las fuerzas armadas; a partir de ahí no fue
difícil seguir el rastro de los asesinos, a las cuatro semanas del asesinato la
policía estrechó el cerco y finalmente les rodearon en el castillo de Bad
Kosen. En este momento no está claro lo que ocurrió, unas fuentes dicen
que los terroristas fueron abatidos por la policía y otros mantienen que los
terroristas se suicidaron; o tal vez los suicidaron, iniciando con este acto

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una larga tradición alemana (hace poco se dio el último caso:


http://www.noticias24.com/internacionales/noticia/8186/merkel-
muy-preocupada-por-serie-de-asesinatos-neonazis/)

Suicidio o no, la muerte de los autores materiales fue bastante conveniente


para que no se siguiese investigando las conexiones de los terroristas en la
policía y las fuerzas armadas. Aparte de los autores materiales
presuntamente suicidados (Paul Ankermann, Albert Grenz y Herbert
Weichardt), se capturó a los seis colaboradores del crimen (Ernst von
Salomon, Ernst Werner Techow, Carl Tillessen, Friedrich Warnecke, Hans
Gerd Techow y WaldemarNiedrig) que fueron condenados a penas de
escasa entidad.

Tras el juicio a los colaboradores de ese magnicidio, las cosas volvieron


más o menos al cauce anterior. La ley de protección a la república se usó
básicamente para reprimir a la izquierda y un año más tarde del asesinato
de Rathenau Hitler realizó su patético pronunciamiento en Munich. Desde
el punto de vista económico se hizo exactamente lo contrario que solicitaba
Rathenau; no se crearon nuevos impuestos y se dedicaron a imprimir
montañas de papel moneda (monetizar la deuda, se llama eso). Como
consecuencia de esta estúpida decisión el precio del marco se desplomó y
los aliados se negaron a aceptar el pago en marcos de las compensaciones
de guerra; el gobierno reaccionó con la típica huida hacia adelante
guillermina: canceló los pagos alegando que no tenía suficiente dinero;
cuando se le ofreció seguir pagando con carbón y otros pagos en especie, el
gobierno canceló las exportaciones de carbón.
Finalmente Francia y Bélgica ocuparon la cuenca del Ruhr, siguiendo con
la huida hacia adelante, el gobierno alemán promovió (y subvencionó)
huelgas masivas en Renania que fueron duramente reprimidas por las
tropas ocupantes; mientras tanto la hiper inflación terminó de quebrar la
economía alemana. El resto es de sobra conocido.

Parece que la musa Clio no carece de ironía; la situación que sufrió


Alemania en 1922-1923 es muy parecida a la de 1915, en ambos casos un
excelente pero incómodo estadista supo manejar la economía alemana en
situaciones poco menos que espantosas, se toman medidas duras pero
socialmente justas que son mal recibidas por la caverna dirigente (y
mediática) alemana, se expulsa de poder al estadista (una vez por
invitación, la segunda por asesinato) y finalmente ocurre exactamente lo
que quería evitar el estadista.

Finalmente, tenemos una reflexión final sobre la reforma fiscal que


planeaba Rathenau y su reacción entre los patrioteros. Resulta curioso ver
como en todas partes y en todas épocas el ser humano actúa de forma
parecida: los patrioteros (esa gentuza que siempre va con la bandera
bordada en la ropa y cada dos palabras pronuncian el nombre del país)
parece que desarrollan una extraña fobia a pagar impuestos para su país.
Quizá el ejemplo más divertido es el de los deportistas y cantantes que se
encuentran exiliados fiscalmente en algún país offshore; aunque
últimamente parece que entre ese selecto grupo hay que añadir a
miembros de casas reales. Y esta es la mejor lección que podemos sacar de
la historia de Rathenau: a la hora de la verdad los patriotas se sacrifican
por su país, en tanto que los patrioteros exigen que el país se sacrifique por
ellos.

http://www.rathenau.ch/
http://www.piensologoexisto.com/aeg-la-primera-identidad-corporativa-
de-la-historia/
http://forococinas.athost.net/curiosidades_aeg.html
libro: ¿Qué fue del buen samaritano? Escrito por Ha-Joon Chang
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/r/rathenau_walther.ht
http://catarina.udlap.mx/u_dl_a/tales/documentos/lri/gonzalez_m_c

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La guerra de Schwejk: Walther Rathenau: el patriota traicionado por la patria http://laguerradeschwejk.blogspot.com/2011/12/walther-rathenau-el-patri...

/capitulo2.pdf
libro: Los judíos de Europa Escrito por Uriel Macías y Elena Romero.
http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid
/abc/1972/01/07/036.html
http://hemerotecadigital.bne.es/datos1/numeros/internet/Madrid
/Vida%20financiera/1922/192201/19220120/19220120_00000.pdf
libro: La wehrmacht: los crímenes del ejército alemán Escrito por Wolfram
Wette
libro: El pacto con el diablo Escrito por Sebastian Haffner.
http://findarticles.com/p/articles/mi_m0411/is_n3_v44/ai_17422958/
Publicado por Schwejk en 12:26
Etiquetas: Alemania , Walther Rathenau

3 comentarios:
K.I.A. dijo...
Gracias, Schwejk, me has dado la alegría del día. Rathenau era
una de las figuras sobre las que quería profundizar y me has
hecho un favor. Me apunto el libro de los judíos y el de Haffner.
9 de diciembre de 2011, 17:19

Schwejk dijo...
Me alegro de serte útil KIA, estoy a tu disposición para
cualquier duda que puedas tener.
10 de diciembre de 2011, 11:12

Boris dijo...
Buenas

Soy Boris, enhorabuena por tú trabajo.

Después de darle vueltas y vueltas a tú teoría de que los USA no


acabaron con los indios del este sino que se mezclaron en masa
con ellos... tengo que decir que me parece que tienes razón.
Tienen genotipos originales que no encajan en otras razas.
31 de enero de 2015, 17:30

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