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Capítulo 6

Inicialmente quiso hablar con Dmitry para decirle que no podían casarse. Esperaba que,
confesándolo todo, Dmitry se ofendiera y comprendiera que no podían seguir adelante. En
lugar de ello le preguntó si amaba a Yulia. Y con total convicción, ella le dijo que no. Las
emociones que Yulia despertaba en ella nada tenían que ver con el amor. Lo único que veía era
lujuria y egoísmo y eso la asustaba, pues había crecido viendo a su madre demostrando
aquellas habilidades y lo último que quería era parecerse a ella. Lo que yulia le hizo sentir la
dejó petrificada. Y la oferta de amor incondicional de Dmitry pareció un santuario seguro. En
aquellos momentos, se sintió desesperada y humildemente agradecida a su lealtad, sus ruegos
y afirmaciones de que la necesitaba...

Unos firmes dedos se cerraron repentinamente en torno a su muñeca, haciéndola alzar la


cabeza. Sin darle tiempo a reaccionar, Yulia quitó la alianza y la arrojó al suelo.

- No necesitas eso estando en mi cama. Además, Dmitry nunca significó demasiado para ti
¿verdad, cariño?
- ¿Por qué tienes que ser tan cruel?
- ¡Porque no puedo olvidarte con tu virginal vestido blanco caminando por el pasillo de la
iglesia para casarte con aquel hombre! - replicó yulia con rabia.
- ¿,Y por qué te molestó eso? ¡Nunca tuviste intención de casarte conmigo!
- Y eso te dolió, ¿verdad? - preguntó La morena mordazmente.
- ¡Te odiaba! ¿Cómo iba a molestarme? ¡Y, desde luego, no tenía intención de convertirme en
tu muñequita de compañía!

Yulia le dijo que la «cuidaría». Que podría tener todo lo que deseara. Pero que,
desafortunadamente, no le interesaba el matrimonio ni los compromisos serios, porque nunca
duraban para siempre. Pero le prometió que lo pasaría muy bien mientras durara. Nunca la
amó, ni se preocupó por ella... ni siquiera la respetó. Ella sólo era una estúpida chica de una
pequeña ciudad que había estado a punto de caer en sus garras.

Yulia se levantó dando la conversación por terminada al dirigirse al baño. Lena oyó como corría
el agua de la ducha, sintiendo como poco a poco remitía el deseo de su insatisfecho cuerpo.
Ahora sabía con certeza que seguía siendo tan vulnerable como había temido. Y tuvo que
reconocer con amargura que Yulia había demostrado su punto de vista. La deseaba,
probablemente tanto como un adicto necesitaba la droga, sabiendo que era peligrosa y
destructiva, pero sintiéndose capaz de hacer cualquier cosa por obtenerla. Y, si era posible, la
odiaba aún más por haberla obligado a asumir aquella verdad. Los tres meses siguientes iban a
ser un infierno. Un ejercicio de constante humillación.

Media hora después, tras llamar al doctor Kurkov y averiguar que su padre había pasado una
buena noche, Elena se reunió con Yulia para desayunar. Mientras caminaba hacia ella por la
habitación, vestida con unos pantalones holgados y una larga blusa verde, fue furiosamente
consciente de la crítica mirada que le dirigió.
- Hoy vamos a Londres a comprarte un nuevo vestuario y un anillo - dijo La morena en tono
tajante - El jueves volaremos al Caribe.
- ¿Al Caribe? - repitió Lena, perdiendo parte de la frialdad que trataba de mostrar -. ¿Vive allí
tu padre?- Yulia ignoró su pregunta.

- Eso te da tres días para que resuelvas los asuntos que tengas pendientes aquí.
- ¿Y mi trabajo? - dijo Lena de repente.
- ¿Trabajas? - preguntó La oji-azul , alzando una ceja.
- Soy secretaria. Ahora estoy de vacaciones porque mi jefe también lo está. Pero no creo que
esté dispuesto a concederme tres meses...
- Dile que has encontrado un empleo más interesante.
- No te importa nada que pierda mi trabajo, ¿verdad? - dijo La pelirroja, dolida.
Yulia la miró con gesto impasible.

- Cuando esto termine, podrás elegir un nuevo puesto en cualquiera de mis empresas. - La
completa falta de emoción con que dijo aquello dejó helada a Lena.
- No, gracias - replicó secamente. - Nunca estaré tan desesperada.

El teléfono sonó y Yulia se levantó rápidamente.


A pesar de sí misma, Lena la siguió con la vista. Llevaba un traje gris de corte italiano que le
quedaba al la perfección mostrando sus encantos.

«¿Pero que estoy haciendo?», se preguntó la oji-verde, cerrando brevemente los ojos y
despreciándose a sí misma. «¿Qué estoy haciendo?» Era como si Yulia hubiera conjurado el
lado oscuro de su carácter y éste estuviera tomando el control de su personalidad. Su mente
se llenó de inquietantes recuerdos de lo sucedido hacía menos de una hora, haciendo que la
piel le ardiera.

Se sirvió café con mano temblorosa, mortificada por su falta de disciplina mental. Ya era hora
de que empezara a controlarse, ¿pero cómo iba a lograrlo en aquellas circunstancias?

Un camarero cargado de paquetes acompañó a Lena hasta el dormitorio. Tras dejarlos sobre la
cama, se ofreció a ayudarla a abrirlos. La pelirroja se lo agradeció pero le dijo que podía irse.
En cuanto salió, cerró con llave la puerta del dormitorio.

Ir de compras con Volkova había resultado una actividad auténticamente embarazosa. Había
hecho que la trajeran y la llevaran de un lado a otro, haciéndole probarse los vestidos que le
gustaban a la morena y obligándola a desfilar con ellos como si fuera una concubina.

El anillo de compromiso tenía un diamante de tal tamaño que le pesaba en la mano. También
le compró unos pendientes a juego y un delicado reloj de oro que debió costarle una fortuna.

- ¿Qué te parecería una cadena para el tobillo? - preguntó Lena, pretendiendo mostrarse
sarcástica.
Pero, al parecer, a Yulia la idea le pareció estimulante.
Sus ojos brillaron mientras la miraba y su expresiva boca se curvó sensualmente.

- Creo que eso lo compraré por mi cuenta - murmuró con voz aterciopelada.

Era peligroso mostrarse sarcástica con Yulia .

-Esta noche cenaremos fuera - dijo cuando la limusina, las dejó en su apartamento de Londres.

Una hora y media después, se miró con desprecio en el espejo. El ceñido vestido azul zafiro
que llevaba puesto delataba cada una de sus respiraciones, por no hablar de sus curvas. Era un
vestido hecho para hacerse notar y Lena nunca había sentido aquella necesidad.

«Pero estás interpretando un papel», se recordó. Y tal vez, si lograba demostrarle a Yulia que
podía interpretarlo bien, éste se sentiría menos impulsado a llevársela a la cama. Pero se
desanimó de inmediato al recordar lo insistente que fue su persecución seis años atrás.
Al día siguiente del accidente se empeñó en llevarla personalmente de la clínica a casa. Ya
había avisado a sus padres sin que ella lo supiera. Su padre recibió a yulia como si ésta la
hubiera salvado de las garras de la muerte, y la habitual expresión de aburrimiento de su
madre se evaporó en cuanto la vio.

Yulia se quedó a comer. Sergei y ella hablaron de negocios, y cuando Inessa hizo una rápida
referencia a la boda de su hija, Yulia sonrió.
- Elena es muy joven para casarse - dijo.
- Demasiado... - asintió Inessa, sin molestarse en ocultar la poca estima en que tenía a Dmitri
Ivanov.

Más tarde, Inessa fue a la habitación de su hija.

- Vaya, vaya, vaya - dijo burlonamente - Así que te has buscado una millonaria.

- ¡No me he buscado nada! – replicó Lena con desagrado.

- A veces pienso que me entregaron el bebé equivocado en el hospital - dijo Inessa Katina,
haciendo una mueca-¿Pero qué te pasa?
- Lo único que me pasa es que no me gusta.
- Qué lástima. La he invitado a unirse al resto de nuestros invitados el próximo fin de semana.
- ¡Mamá!
- Yulia está forrada, cariño. Puede que decida invertir en la empresa si jugamos bien nuestras
cartas. Así que sé amable con ella, al menos por tu padre. Para mí es evidente que lo único que
le interesa realmente a Yulia Volkova eres tú.

Llegaron flores para Elena a diario durante la siguiente semana, y cada ramo iba acompañado
de una tarjeta en la que simplemente aparecía las iniciales Y.V. Después, Yulia llamó para
invitarla a cenar. Lena se negó y Yulia rió. La siguiente tarde, Lena se encontró sonriéndole
glacialmente desde un lado de la mesa, con sus padres sentados a cada lado de ésta mientras
Yulia les devolvía su hospitalidad en el Royal.

Yulia había entrado en sus vidas con espectacular eficiencia y velocidad, ofreciendo a Sergei
contactos y consejos para su empresa y halagándolo con su interés. Inessa riñó seriamente a
Lena cuando ésta intentó convencer a su padre de que Yulia Volkova era un contacto que no le
convenía.

- ¡Si la empresa va a la quiebra, será por tu culpa! - exclamó, furiosa - yulia podría ayudamos..
¡pero no lo hará si la ofendes!

Lena se llevó una desagradable sorpresa al saber que la empresa familiar pasaba por serias
dificultades.
Y la idea de que Volkova tuviera el poder de hacer y deshacer en las empresas Katin la
horrorizó.

- Sabe cuatro veces más de lo que yo sabía a su edad - dijo Sergei cuando Lena trató de
advertirle sobre Yulia - Y ya me ha puesto en contacto con un par de personas muy útiles.

Yulia se volvió una visita asidua en la casa de La pelirroja. ¿Fue ella alguna vez lo
suficientemente inocente como para creer que su único interés era invertir en las empresas
Katin? Sí, lo fue.

- Yo puedo ayudar a tu padre... - dijo Yulia con voz sedosa una noche que se presentó cuando
Lena estaba sola en casa. -Quítate ese anillo de compromiso y podrás comprobar lo generosa
que soy.
- No estoy en venta, Yulia mi compromiso con Dmitry no es algo con lo que piense negociar -
explicó ella, tratando de contener su rabia.
Yulia le pasó una mano por la cintura y la atrajo hacia sí.
- ¿En serio? - preguntó mirándola enfurecida - Ya sabes cuánto te deseo...
- ¡Porque no puedes tenerme! – replicó Lena, luchando por liberarse de la inquietante
proximidad del esbelto cuerpo de La morena -. Ese es el único motivo por el que dices que me
deseas, ¿verdad? ¡Tu ego no puede soportar que no me muestre interesada!.
- Pero sí estás interesada - dijo La morena, casi divertida -¿De verdad crees que no sé cuándo
me desea una mujer, cariño?
- ¡Quiero a Dmitry!
- Dmitry te trata como si fueras su hermanita...
- Eso no es cierto...
- Entonces dime cuando te besó así por última vez... - y antes de que Lena pudiera impedirlo,
Yulia presionó sus labios contra los de ella, haciéndola sentirse como si la hubiera golpeado un
rayo.

Lena volvió al presente, y se encontró con los dedos tocándose temblorosamente los labios.
Ahora veía con mas claridad que entonces. Al igual que, irónicamente, Yulia vio con más
claridad entonces. Ella intuyó la falta de atracción sexual entre Dmitry y ella. Pero Yulia
malinterpretó cínicamente aquel comportamiento. Creyó que ella estaba utilizando a Dmitry,
como un arma contra ella, utilizando su cercana boda para presionarla y obligarla a ofrecerle
más. A cambio, Yulia utilizó la empresa Katin para equilibrar la ecuación.

Lena descolgó el teléfono y llamó al doctor Kurkov para preguntar por su padre. Sintió un gran
alivio al saber que éste insistía en que no había tenido intención de hacerse daño y que, a
pesar de todo, se sentía muy aliviado al saber que no iban a presentarse cargos contra él. Lena
se reunió con Yulia en el recibidor. Suponiendo que esta querría que llevara el pelo suelto, a
tono con los llamativos vestidos que le había comprado, Lena había renunciado a su habitual
moño. La morena la miro de arriba a abajo unos interminables momentos. Finalmente, asintió
complacida y salieron del apartamento.

Yulia la llevó a un restaurante de moda. Cuando entraron, varias cabezas se volvieron


discretamente hacia ellos y se oyó un ligero murmullo. Mientras estudiaba el menú, Lena se
sorprendió vagamente al comprobar que tenía hambre.
- ¿No crees que ya es hora de que me cuentes algo sobre tu padre? - preguntó.
- ¿Por dónde quieres que empiece? - el seco tono de voz de Yulia no fue nada alentador.
- No podré hacer una buena interpretación sin tener la información necesaria. Dijiste que
estaba muriendo...
- Tiene un problema de corazón. En la actualidad se halla en una silla de ruedas.
- ¿Los médicos no pueden hacer nada por él?
- La última operación falló, y no está lo suficientemente fuerte como para soportar otra - dijo
Yulia fríamente, Lena tragó saliva.
- ¿Sigue viva su esposa?
Inesperadamente, Yulia rió, pero el sonido de su risa fue curiosamente sarcástica.
- Muy viva. Ivonne es bastante más joven que mi padre - su atractiva boca se endureció,
añadiendo una inquietante seriedad a sus oscuros rasgos -. Es su cuarta esposa.
- ¿Su cuarta esposa? - repitió Lena débilmente, sin poder evitarlo -. ¿Tienes hermanos y
hermanas?
- Una hermanastra, mucho mayor que yo, nacida de su primer matrimonio. También tenía un
hermanastro, pero murió ahogado en un accidente hace varios años - dijo Yulia, sin aparente
emoción.
- Lo siento.
- No lo sientas. Era mucho mayor que yo y apenas lo conocí.
La pelirroja permaneció en silencio. Yulia estaba describiendo un árbol familiar
imposiblemente fragmentado y totalmente ajeno a ella.
- Mi hermana Marika, vive con mi padre. Nunca se ha casado. Viven en una pequeña isleta en
Turks, Caicos Islands.
- ¿Naciste allí?
- Nací en Moscú. Tras la muerte de mi madre, me enviaron a estudiar en Italia.
- ¿Por qué tan lejos?
- Mi madrastra no me gustaba más de lo que yo le gustaba a ella – dijo Yulia secamente.
Una alta y esbelta morena de ojos oscuros se acercó a su mesa en aquel momento. Ignorando
a Lena, se dirigió a Yulia en italiano. Al parecer, la respuesta de esta no fue del agrado de la
mujer. Sus mejillas se ruborizaron y abrió los ojos desmedidamente. Lanzó a Lena una mirada
cargada de desprecio, pero también eran evidentes en ella el dolor y los celos. Tras encogerse
de hombros, volvió a su mesa.
- ¿Y quién era ésa? - preguntó Lena sin poder evitarlo.
- Nadie que deba preocuparte - dijo peli-negra despectivamente.
Lena pudo sentir los ojos de la mujer clavados en su perfil. Incómoda con la sensación, se
concentró en su comida.

Sintió claustrofobia en la limusina.


- ¿Quién era esa mujer? - se oyó preguntar de nuevo cuando regresaron al apartamento. - Por
algún motivo que no lograba explicarse no conseguía pensar en otra cosa.
- ¿Celosa mi amor? - preguntó Yulia, dedicándole una burlona sonrisa. Ella la miro con gesto
incrédulo.
- ¿Celosa yo? ¿Estás loca?

Antes de que pudiera apartarse, Yulia la rodeó por los hombros con sus brazos y la miró al
rostro con sus ojos de color azul.
- Eres tú la que está loca - murmuró roncamente -. Nunca he deseado a una mujer como te
deseo a ti.
Lena se quedó momentáneamente sin respiración. - ¿Lucharías por mí como yo lo haría por ti?
- preguntó Yulia en el mismo tono de intimidad -. Debí secuestrarte hace seis años....
- ¡Bas... basta, Yulia! - dijo Lena, percibiendo la amenaza latente en su actitud.
Sorprendiéndola, la morena deslizó las manos hasta su cintura y la alzó en brazos. En el mismo
instante, cubrió los labios de Lena con los suyos casi como si fuera a devorarla. Ella sintió la
incontenible respuesta de su cuerpo y luchó contra ella con todas sus fuerzas.

Yulia entró con ella en el dormitorio y, la dejó en la cama, sobre la que caía la luz de la luna.
- No quiero esto, Yulia - protestó Lena tensamente -. No es suficiente para mí.

la morena se quitó la chaqueta y la corbata y fue asentarse junto a ella.


- ¿Qué sería suficiente? - preguntó con aspereza, y antes de que Lena pudiera apartarse, la
sujetó por las manos, aprisionándola.
- ¿Qué tenía él que yo no tengo? ¿Qué podía darte que yo no te doy? - Aturdida por la
evidente rabia que había provocado, Lena la miró a los ojos.
- No me refería a eso. No podrías comprender...
- ¡Entonces trata de hacerme comprender! - replicó Yulia. - ¿Era mejor amante que yo? -
Desgarrada por un dolor que nunca había compartido con otro ser humano, Lena giró la
cabeza a un lado, tratando de evitar la incisiva y brillante mirada de Yulia.
- Yulia...
- Quiero saber - insistió ella, tomándola por la barbilla y haciéndola volver el rostro.- ¡Así que
cuéntame de una vez qué tenía Dmitry de especial!
- No quiero hablar de él - dijo Lena con lágrimas en los ojos.
- Pero yo quiero que hables. Te ofrecí todo lo que tenía y me rechazaste - replicó La morena
con rabia -. Y sin embargo me deseabas...
- ¡No!
- Sí - murmuró Yulia con una voz que casi fue un gruñido.
- ¡Desear no es suficiente! - gritó repentinamente La pelirroja.
- Pero sin el deseo no hay nada - indicó Yulia con devastadora simplicidad.

Y la realidad de aquella afirmación, fue como un cuchillo clavado en las entrañas de Lena.

- No llores... - Yulia deslizó una mano por la húmeda mejilla de Lena y ella giró
involuntariamente la cabeza hacia su cálido consuelo.

La conciencia de que no podía contener sus impulsos físicos estando tan cerca de la morena
sólo sirvió para acrecentar su tormento. Era digna hija de su madre, le dijo una vocecita en su
interior, haciéndola sentir una intensa vergüenza. Yulia le había pasado una mano bajo la
espalda para alzarla y los dedos de lena le rozaron involuntariamente su seno. De inmediato
percibió el calor de su carne bajo su camisa de seda.
Yulia tembló, y por algún motivo, Lena deseó volver a provocarle el mismo efecto. Yulia
murmuró algo contra su pelo y ella dejó la mano donde estaba, escuchando cómo se aceleraba
su respiración y el clamoroso latido de su corazón contra la palma de su mano.

El ambiente era explosivo. Lena extendió y contrajo los dedos sobre el seno de la morena y de
pronto, ésta gimió, provocándole una repentina descarga de excitación.

- ¡Maldición! - murmuró La morena espesamente, volviendo a apoyarla sobre la cama -.


¡Contigo tengo menos control que un adolescente!- Yulia estaba temblando en el círculo de
sus brazos. ¿Cuándo la había rodeado con ellos? No parecía importante. Lentamente,
locamente, Lena experimentó una extraordinaria sensación de poder. Un momento después,
aquella sensación desapareció ante el ardiente asalto de la hambrienta boca de Yulia. El
cuerpo de La pelirroja empezó a palpitar de vida, y todo pensamiento racional la abandonó
durante un tiempo incontable.

El aroma de Yulia era tan dolorosamente familiar que era un afrodisíaco. Su camisa estaba
entreabierta y Lena encontró la suave y morena piel de su hombro con su lengua. Yulia se
estremeció contra ella, senos contra senos, muslo contra muslo, en una incontrolable
explosión de excitación. De pronto, se alzó sobre ella y le arrancó violentamente el vestido.
Lena oyó cómo se desgarraba. No le importó nada.

Con un ronco gemido de placer, yulia se inclinó sobre sus senos desnudos, acariciándolos,
tocándola por todo el cuerpo. Lena cerró los ojos, arqueó su esbelta garganta y se perdió en un
mundo de sensaciones más poderosas y primitivas que nada que hubiera experimentado
nunca.

Deslizó las manos por su espalda, deseando tocarla en todas partes a la vez, ardiendo por
explorar su cuerpo con tanta intimidad como la morena estaba explorando el suyo.

Clavó sus uñas contra su camisa y Yulia gimió contra su boca, mordiéndola eróticamente en los
labios como castigo. Con manos impacientes, Lena tiró de la camisa de Yulia para acariciar la
carne que tanto anhelaba.

Cuando la morena encontró con su mano el húmedo y anhelante ardor que palpitaba entre sus
piernas, Lena dejó escapar un salvaje grito. La primitiva necesidad que la tenía controlada le
hacía sentirse más cercana a la agonía que la éxtasis.

- Eres mía... - murmuró Yulia - De ahora en adelante eres mía.

Lena abrió los ojos y se topó con la azul oscura mirada de Yulia , impenetrable a la luz de la
luna. Notó que la boca se le secaba a la vez que recuperaba la cordura y sus músculos se
tensaban en repentino rechazo. Entonces, Yulia inició una lenta caricia entre sus piernas,
volviendo a provocarle un loco deseo.

De pronto, se oyó un molesto sonido al fondo. Lena trató de ignorarlo, pero, al cabo de un
momento, Yulia empezó a ponerse tensa. Alzó la cabeza bruscamente y maldijo entre dientes.
Un segundo después, se levantó y fue a contestar al teléfono.

Lena tardó unos segundos en darse cuenta de que estaba hablando rápidamente en italiano.
De pronto, apartó a un lado el teléfono, pálida, y salió de la habitación.

Lena aún estaba aturdida por la pasión, pero al ver que Yulia salía, se irguió en la cama.
¿Habría recibido malas noticias sobre su padre? Confundida, asumió su completa desnudez y
salió de la cama para ponerse una bata. Quería estar con Yulia, ofrecerle consuelo. En el
instante en que reconoció aquella necesidad en su interior, cayó sentada en el borde de la
cama y se cubrió el rostro con manos temblorosas.

¿Qué le estaba pasando? ¿Qué sucedía dentro de su cabeza? Durante seis años, se había dicho
que odiaba a aquella mujer; sin embargo, hacía un segundo había sentido el impulso de acudir
a su lado para ofrecerle su incondicional apoyo. Temerosa, trató de racionalizar sus
sentimientos.

Habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo, se dijo débilmente. Aquella situación la había
sometido a mucha tensión. Además, estaba avergonzada ante la evidencia de que no podía
resistir la abierta sexualidad de Yulia. No era extraño que sintiera una gran confusión de
emociones. Estaba descubriendo cosas que la mayoría de las mujeres ya sabían cuando salían
de la adolescencia. El deseo no era el amor, pero, tal vez, su puritano interior quería que se
comportara como si lo fuera. ¿Qué le estaba pasando?

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