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CAPíTULO PRIMERO

INDIVISiÓN

COPROPIEDAD DE HEREDEROS

ARTICULO 844

Si hay varios herederos, cada uno de ellos es copropietario de los bienes de la


herencia, en proporción a la cuota que tenga derecho a heredar.

CONCORDANCIA S:

C.C. arts. 819, 820, 822, 969 Y ss.


REG. INS. arto 64.

Comentario

Verónica Zambran o d e Novak

La norma contenida en este artículo es la primera del capítulo destinada a tratar el


tema de la indivisión dentro del Libro de Sucesiones. Llama por esto la atención
que la misma utilice el término "copropiedad", en directa alusión a la existencia de
propiedad común, y ya tratada en el Libro de Derechos Reales. En tal sentido, un
primer aspecto a trataf sería el referido a considerar si efectivamente los
herederos son o no copropietarios de los bienes de la herencia, con este artículo
pareciera indicar.

. La indivisión es una situación jurídica que se produce cuando respecto de un


derecho existen varios titulares. Esta situación se presenta naturalmente al abrirse
una sucesión, conforme señala Borda (pp. 193-194), pues puede ocurrir que, al
fallecer el causante, quede un solo heredero y en tal caso éste será dueño de
todos los bienes, desde el instante del fallecimiento, y cargará con todas las
deudas; pero puede ocurrir también que haya varios herederos, en cuyo supuesto
nos encontraremos en un caso de indivisión.

En esta misma línea de pensamiento, Fornieles señala que cuando los bienes que
componen la masa pertenecen a varios herederos, todos quedan propietarios en
común de ella, lo que genera una comunidad hereditaria o estado de indivisión
(FORNIELES, pp. 276-278).

Se advierte una gran anarquía entre los autores que definen indistintamente a los
herederos como copropietarios o condóminos, situación que se ha trasladado a
nuestro Código y que se revela, entre otros casos, en el artículo que comentamos.
No obstante, algunos autores, como señala Somarriva Undurraga, se han
preocupado por dar mayor fijeza a estos términos. Citando a Donderis señala que
"copropiedad e indivisión designan la misma situación jurídica, pero la expresión
copropiedad tiene una significación más restringida que la de indivisión. La
indivisión es el género y la copropiedad es una especie de la indivisión. La propiedad
se aplica únicamente a las cosas materiales, susceptibles de propiedad. Por el
contrario, la indivisión puede tener por efecto toda especie de bienes, de cosas
incorporales, como también cosas materiales (...)" (SOMARRIVA UNDURRAGA, p.
5).

Suscribimos esta opinión en el sentido de considerar que existen marcadas


diferencias entre la indivisión y la copropiedad, y por tanto el hecho de existir una
situación de indivisión entre los coherederos, no implica que exista
necesariamente copropiedad, por lo que el término utilizado en el artículo bajo
comentario resulta incorrecto.

De otra parte, la copropiedad puede recaer sobre bienes, en cambio la herencia,


como explica Valencia Zea, representa un patrimonio, vale decir, un conjunto o
totalidad de derechos subjetivos patrimoniales. Por tanto, explica este autor, en
ningún caso la herencia es un cuerpo cierto, ni cosa corporal. Tampoco es una
cosa compuesta, ni cosa universal propiamente dicha, de que son ejemplo una
biblioteca, un rebaño, etc. (VALENCIA ZEA, pp. 404-407).

De otra parte, debe indicarse que cuando se da el estado de indivisión, los bienes
no pertenecen a ningún heredero en particular, sino a todos en común de manera
que no podrán alegar derecho a ningún bien determinado, sino a partes o
porciones ideales de ellos. Esta situación es más propiamente denominada
comunidad patrimonial o sucesión indivisa.

Borda explica que la testamentaria o sucesión no es otra cosa que una


comunidad, que será condominio cuando se trate de Derechos Reales, y
titularidad compartida en los demás. Agrega el autor, que "debe atenderse que el
condominio solamente afecta las cosas y nunca los bienes incorporales. Cada
sucesor es propietario proindiviso de los bienes comunes de la herencia, en
proporción a la parte a la que tenga derecho; salvo que, tratándose de una
sucesión testamentaria, el causante haya dejado hecha la partición..." (vid.
FERRERO COSTA, pp. 90-91 ).

Donderis explica que: "la diferencia entre comunidad y copropiedad es manifiesta:


se dan en relación de género y especie. La comunidad tiene sentido amplio,
comprende todas las relaciones en las que el sujeto de derecho sean varias
personas al mismo tiempo. La copropiedad es un concepto restringido de la
comunidad, cuando ésta tiene por objeto el derecho de propiedad sobre la cosa"
(vid. SOMARRIVA UNDURRAGA, p.4).

En tal sentido, lo que existe en una sucesión con varios sucesores, antes de su
partición, es comunidad patrimonial, no copropiedad. Al respecto Lohmann
distingue entre comunidad hereditaria y comunidad patrimonial, señalando que la
primera se encuentra exclusivamente integrada por los herederos que efectivamente
acepten la herencia, mientras que la segunda coexiste con la comunidad hereditaria
y comprende a herederos y legatarios, siempre que haya
concurrencia de derechos o titularidad compartida de los mismos sujetos, sobre el
mismo complejo sucesorio (LOHMANN LUCA DE TENA, pp. 139-140).

La comunidad patrimonial no incluye a los acreedores de la sucesión, puesto que


la nota típica de toda comunidad es que los derechos de los titulares sean
análogos, de igual naturaleza, por ejemplo cuando dos herederos tienen derecho
de propiedad sobre la misma cosa. En cambio, cuando se trata de acreedores, se
trata de personas que tienen un crédito a favor que coexiste con el derecho de los
herederos, puede estar referido a la misma masa hereditaria, pero en modo
alguno comparten un derecho análogo. La misma observación es aplicable a los
legatarios, quienes solo pertenecerán a la comunidad patrimonial cuando sean
legatarios de cuota parte, mas no cuando sean legatarios de bien o bienes
determinados.

Analizado el tema hasta este punto, queda aclarado que los coherederos son
comuneros y no copropietarios, por lo que el término utilizado en la norma bajo
comentario no resulta acertado. No obstante, es así como ha sido denominada
esta situación de indivisión existente entre los coherederos, por lo que para estos
efectos se deberá considerar el término copropietario como referido al de co unero
en la herencia.

Sobre la naturaleza de la comunidad hereditaria se ha escrito mucho. Bor a (pp.


195-197) se pregunta: ¿Estamos en presencia de una entidad distinta de lo
herederos o, por el contrario, no hay sino una forma de condominio? Al respecto
surgen dos teorías:

a) Teoría de la personalidad jurídica. Esta teoría ve en la comunidad hereditaria


una persona jurídica, sin embargo, el mayor inconveniente para sostener esta
postura es que la comunidad hereditaria no tiene un patrimonio, ni un interés o un
objeto propio, distinto del de los coherederos.

b) Teoría del condominio. Esta teoría considera que la comunidad hereditaria no


es sino una forma de condominio. Se considera que el heredero, como el condómino,
es dueño de una parte ideal de los bienes de la sucesión. Sin embargo, debe
advertirse que la teoría no explica cómo si el condominio solo puede recaer
sobre cosas, la comunidad hereditaria pueda también recaer sobre bienes que no
son cosas.

Precisamente es en este punto donde nuevamente cobra importancia la


distinción entre comuneros y copropietarios y donde se evidencia que el
coheredero pertenece al primer grupo, pues la comunidad hereditaria sí puede
también recaer sobre bienes que no son cosas.

Entrando al fondo de la norma bajo análisis, se advierte que ésta se refiere solo a
herederos, entendiendo por tales a los que efectivamente sucedan al causante por
causa de muerte y con vocación universal. Se trataría pues de una norma limitada
a la comunidad hereditaria y no a la comunidad patrimonial.
La norma señala que cada heredero es copropietario (entiéndase comunero) de
los bienes de la herencia, en proporción a la cuota que tenga derecho a heredar.
Esta afirmación que podría resultar ser evidente en realidad no es tan cierta,
puesto que los herederos tienen derecho a una cuota parte de la herencia, entendida
como patrimonio dejado por el causante, pero no necesariamente sobre todos y
cada uno de los bienes que la componen.

Sin caer en los errores a los que llevó la Teoría del Patrimonio, preconizada por
Aubry y Rau, se debe distinguir el derecho a la herencia, de los derechos que puedan
estar contenidos en la masa hereditaria. Como explica Valencia Zea, desde
muchos puntos de vista la masa herencial objeto de la comunidad hereditaria
puede considerarse como un patrimonio autónomo frente a los patrimonios
particulares de los coherederos. Sin embargo, en el derecho moderno esta regla no
constituye otra cosa sino una ficción reñida con la realidad. La comunidad herencial
es un estado de derecho que produce importantes efectos jurídicos que es imposible
destruir retroactivamente, por lo que considera la comunidad hereditaria como una
masa autónoma, como un patrimonio separado del patrimonio particular de cada
uno de los coherederos. En este punto, el Código Civil alemán configura la masa
herencial como una comunidad en mano común (Gesamthandergemeinschaft), "en
el sentido de que ningún heredero puede disponer de su participación en los objetos
singulares", pero sí de su porción hereditaria en su totalidad (VALENCIA ZEA, pp.
398-401).

Por tanto no consideramos acertado el texto de la norma cuando señala


que existe una copropiedad (o cualquier otro derecho) sobre cada bien en
particular, de los que conforman la herencia. En nuestra opinión, la norma debe
ser interpretada en el sentido de considerar que el derecho sobre la cuota parte de
la herencia, considerada como un patrimonio, debe coincidir con los bienes que
reciba. Es decir que el reconocimiento de los derechos de cada heredero debe
encontrarse directamente vinculado con el porcentaje de su participación en la masa
hereditaria, mas no debe entenderse que exista un derecho individual de cada
heredero sobre cada uno de los bienes de la masa hereditaria.

Valencia lea explica este punto señalando que el derecho herencial del heredero
se ejerce sobre todo el patrimonio herencia!. Si existe un solo heredero, solamente
existirá un derecho herencial; si existen var:os, cada coheredero será titular de
una cuota del patrimonio total: la mitad, un tercio, etc. Indica el autor que lo
interesante es que el derecho se tiene sobre el patrimonio como un todo, yen ningún
caso sobre los efectos singulares de la herencia, puesto que la comunidad
hereditaria no es una suma de comunidades singulares (VALENCIA LEA, pp.
404407).

Continúa el mismo autor señalando que la comunidad hereditaria en ningún caso


es una suma de copropiedades o comunidades de cosa singular. Así, si dentro de
una herencia existen tres herederos, tan solo puede decirse que cada coheredero
es titular de un derecho herencial que equivale a la tercera parte de la herencia,
pero no puede afirmarse que es titular de la tercera parte de cada una de las
propiedades que integran la mencionada herencia (VALENCIA LEA, pp. 404-407).
Finalmente, un aspecto a tenerse en cuenta, al analizar las normas contenidas en
el capítulo dedicado a la indivisión es que en el Código Civil peruano sucede algo
similar a lo que sucede en otros ordenamientos latinoamericanos, donde la
indivisión aparece regulada de manera escasa por considerar que la comunidad
es una situación accidental, transitoria y no querida por el Derecho. Como explica
Fornieles, el legislador ha creído que el estado de indivisión es siempre transitorio,
que su fin inmediato es la partición, y por eso no se ha preocupado de
reglamentario, lo mira casi despectivamente (FORNIELES, pp. 276-278).

En la nota al artículo 3451 del Código Civil argentino, Vélez Sársfield señala que
"la comunidad es un estado puramente pasivo, en que los copropietarios en la
herencia no están unidos sino por la cosa misma y no por su voluntad". "La co
unión en las cosas dice esta misma nota, es una situación accidental y pasara que
la ley en manera alguna fomenta" (FORNIELES, pp. 276-278). Aparte de so, lo
considera antieconómico y lleno de inconvenientes. Al respecto se advierte e al
margen de la voluntad del legislador, la práctica demuestra que la comunida
hereditaria es una realidad que en la mayoría de los casos suele prolongarse durante
tiempo considerable hasta la partición.

D O C T R IN A

BORDA, Guillermo. Manual de Sucesiones. Editorial Perrot. Buenos Aires, 1991;


FERRERO COSTA, Augusto. Derecho de Sucesiones. Cultural Cuzco Editores.
Lima, 1993; FORNIELES, Salvador. Tratado de las Sucesiones, tomo l. Ediar.
Buenos Aires, 1950; LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Derecho de
Sucesiones, tomo 11/. Biblioteca para leer el Código Civil. Fondo Editorial de la
Pontifica Universidad Católica del Perú. Lima, 2002; SOMARRIVA UNDURRAGA,
Manuel. Indivisión y partición. 4! ed. Editorial Jurídica de Chile. Santiago de Chile;
VALENCIA ZEA, Arturo. Derecho Civil, tomo VI. Sucesiones. Editorial Temis.
Bogotá, 1977.
APLICACiÓN SUPLETORIA DE NORMAS SOBRE COPROPIEDAD

ARTICULO 845

El estado de indivisión hereditaria se rige por las disposiciones relativas a la


copropiedad, en lo que no estuviera previsto en este capítulo.

CONCORDANCIA :

C.C. arts. 969 a 982

Comentario

Verónica Zambran o d e Novak

Este artículo es coherente con el artículo anterior, a pesar de que se encuentra en


abierta contradicción con la opinión de autores como Valencia Zea, que señalan
que un examen a fondo nos conduce a la firme conclusión de que el derecho
herencial del heredero no puede asimilarse al derecho de cuota del copropietario
en el derecho de propiedad (VALENCIA ZEA, pp. 404-407).

Si bien como ya antes hemos señalado, el derecho herencial de cada coheredero


sobre la masa hereditaria no puede configurarse con el mismo criterio que el derecho
de cuota de los copropietarios en la cosa común; hemos también indicado que el
Código no distingue la comunidad de la copropiedad, por lo que debe entenderse
para todos los efectos que el Código intenta aplicar las mismas reglas de la
copropiedad a la comunidad hereditaria, en atención a la nota común de existir
un estado de indivisión, en ambos casos.

Sin embargo, a efectos de no aplicar equivocadamente las normas supletorias del


Libro de Derechos Reales, debe tenerse en cuenta que la comunidad hereditaria,
si bien guarda ciertas analogías con la copropiedad, es en realidad de naturaleza
diferente. En la copropiedad, el derecho de cada coheredero recae directamente
sobre una cosa singular, mientras que en la comunidad hereditaria, el derecho de
cada coheredero recae sobre lo que hemos denominado el patrimonio herencial y no
sobre las cosas singulares que, si bien lo forman, son distintos de él.

Las normas de la copropiedad que se aplicarán a la comunidad hereditaria


supletoriamente por mandato de esta norma son las siguientes:

1. Artículo 970 del Código Civil.- Presunción de igualdad de cuotas: Las cuotas
de los coherederos se presumirán iguales. El Libro de Derechos Reales señala que
ello será así salvo prueba en contrario. En materia de indivisión sucesoria, las
excepciones pueden ser dos, de un lado la disposición distinta del tes tador, de
buscar favorecer a un heredero voluntario más que a otro y, de otro, el diferente
orden al que pertenecen los herederos, en caso de representación. En ambos
casos, las cuotas podrían resultar diferentes. Por lo demás, la norma
guarda relación con el principio de a igual grado, igual derecho que prevalece
entre los coherederos. El artículo 970, aplicable supletoriamente, señala también
que el concurso de los copropietarios, tanto en los beneficios como en las cargas,
está en proporción a sus cuotas respectivas. En este punto el concepto de cargas
utilizado en el Libro de Derechos Reales, no es el mismo que el utilizado en
materia sucesoria, pues se refiere básicamente a los pasivos que puedan
generarse a consecuencia de la titularidad sobre un bien que pertenece a más de
uno, como es el caso de impuestos y otros gravámenes. En cambio, en materia
sucesoria las cargas tienen un alcance más restringido, referido únicamente a
aquellos pasivos que se generen con motivo de la muerte del causante, mas no a
otro tipo de concepto. Sin embargo ello resultaráirrelevante en tanto el Libro de
Sucesiones, en el artículo 871 señala que los herederos responderán por las
deudas en proporción a sus respectivas cuotas hereditarias.

2. Artículo 971.- Esta norma se refiere a la adopción de decisión sobre el bien


común, indicando que se adoptará por unanimidad, para disponer, gravar o
arrendar el bien, darlo en comodato o introducir modificaciones en él; y por
mayoría absoluta, para los actos de administración ordinaria. La única excepción a
este principio sería la establecida en el artículo 860, pues en ese caso específico,
que es el de la venta de los bienes para pagar su parte a los herederos, la
decisión se podrá tomar por mayoría. El artículo 971 señala también que los votos
se computan por el valor de las cuotas, en tal sentido los representantes sumarán
entre sí los votos que le hubieran correspondido a su representado.

3. Artículo 972.- Esta norma se refiere a la adopción de reglas aplicables a la


administración de los bienes comunes, en estos casos la norma resultará
perfectamente aplicable, por lo que la administración judicial de los bienes
comunes se regirá por lo estableido en el Código Procesal Civil.

4. Artículo 973.- Esta norma se refiere a la administración del bien común por uno
de los copropietarios, señalando que cualquiera de los copropietarios puede
asumir la administración y emprender los trabajos para la explotación normal del
bien, si no está establecida la administración convencional o judicial y mientras no
sea solicitada alguna de ellas. Se indica que en este caso, las obligaciones del
administrador serán las del administrador judicial. Sus servicios serán retribuidos con
una parte de la utilidad, fijada por el juez y observando el trámite de los incidentes.

5. Artículo 974.- Esta norma se refiere al derecho que cada copropietario tiene de
servirse del bien común, mientras no altere su destino ni perjudique el interés de
los demás, y el derecho de usar el bien común corresponde a cada copropietario.
Se entiende que esta norma resulta perfectamente aplicable a los coherederos. En
caso de desavenencia el artículo señala que el juez regulará el uso, observándose
las reglas procesales sobre administración judicial de bienes comunes.

6. Artículo 975.- Esta norma se refiere a la indemnización por uso total o parcial de
un copropietario que usa el bien parcial o totalmente con exclusión de los demás.
La norma indica que quien usa el bien deberá indemnizarles a los otros en las
proporciones que les corresponda, salvo lo dispuesto en el artículo 731, que es
precisamente el caso en el que el cónyuge opta por el derecho de habitación vitalicio
y gratuito.

7. Artículos 977 y 978.- Estas normas se refieren a la disposición de la cuota ideal.


Según la aplicación supletoria de las mismas, cada coheredero puede disponer de
su cuota ideal y de los respectivos frutos, así como gravarlos. Esta situación es
correcta en la medida en que se trate de una cesión de derechos hereditarios, tal
como este contrato viene definido en el artículo 1209 del Código Civil. La norma se
complementa con la del artículo 978, que se refiere a condicionabilidad de la
validez de actos de propiedad exclusiva, indicando que si un copropietario practica
sobre todo o parte de un bien, acto que importe el ejercicio de propiedad
exclusiva, dicho acto solo será válido desde el momento en que se adjudica el
bien o la parte a quien practicó el acto.

8. Artículo 979.- Esta norma se refiere a la reivindicación y a la defensa del bien


común. Al respecto debe indicarse que cualquier coheredero puede reivindicar el
bien común y puede promover las acciones posesorias, los interdictos, las
acciones de desahucio, los avisos de despedida y las demás que determine la ley.

9. Artículo 980.- Esta norma se refiere a las mejoras necesarias y útiles en la


copropiedad, indicando que las mejoras necesarias y útiles pertenecen a todos los
copropietarios, con la obligación de responder proporcionalmente PO} los gastos.
Esta norma resulta perfectamente aplicable a los coherederos in proporción a su
participación de la cuota hereditaria.

1 O.Artículo 981.- Esta norma se refiere a los gastos de conservación y cargas (lel
bien común. Al respecto se establece el deber de todos los copropietarios q estén
obligados a concurrir, en proporción a su parte, a los gastos de conservación y al
pago de los tributos, cargas y gravámenes que afecten al bien común.

11. Artículo 982.- Esta norma se refiere a saneamiento por evicción del bien
común. Los copropietarios están recíprocamente obligados al saneamiento en
caso de evicción, en proporción a la parte de cada uno. En el caso concreto de los
coherederos la norma resulta aplicable durante la indivisión, durante la partición la
norma aplicable será la establecida en el artículo 866.

12. Artículo 1592.- Esta norma se refiere al derecho de retracto el artículo 1599,
inciso 2, que le confiere al copropietario para subrogarse en el lugar del
comprador, y en todas las estipulaciones del contrato de compraventa, debiendo el
retrayente reembolsar al adquiriente el precio, los tributos y gastos pagados por
éste y, en su caso, los intereses pactados (artículo 1592).

Finalmente debe indicarse que el artículo 976, norma referida al derecho de


disfrute, no resulta aplicable. Se trata del derecho de disfrutar del bien que
corresponderá a cada copropietario y que los obliga a reembolsarse
proporcionalmente los provechos obtenidos del bien. En el caso de los
coherederos, esta norma no podrá ser aplicada de modo estricto, pues durante la
situación de indivisión, los frutos pertenecerán a la comunidad, por lo que si los
herederos recibieran frutos, no pueden imputárselos unilateralmente, ni por
convenio. Estos frutos incrementarán la masa hereditaria para efectos de deducir
los pasivos y obtener la masa hereditaria neta. Si bien los herederos suceden en
el pasivo y en el activo, es el neto obtenido el que finalmente será repartido entre
los herederos para su libre disposición.

D O C T R
IN A

VALENCIA ZEA, Arturo. Derecho Civil, tomo VI. Sucesiones. Editorial Temis.
Bogotá, 1977.

J U R IS P R U D E N C IA

"La indivisión establecida por el testador que no recae sobre empresa o negocio
no es nula, pero no obliga a los condóminos a respetar/a"
(Cas. N° 87-96, El Código Civil a través de la Jurisprudencia Casatoria, p. 279).
DESTINO DE LA EMPRESA POR MUERTE DE A CCIONISTA O PROPIETARIO

ARTICULO 846

El testador puede establecer la indivisión de cualquier empresa comprendida en la


herencia, hasta por un plazo de cuatro años, sin perjuicio de que los herederos se
distribuyan normalmente las utilidades.
Tratándose de explotaciones agrícolas y ganaderas se estará a lo dispuesto por la
ley de la materia.
Asimismo, a partir de la publicación e inscripción registral del sometimiento de la
sucesión a cualquiera de los procedimientos concursales previstos en la
legislación nacional se producirá la indivisión de la masa hereditaria testamentaria
o intestada.(*)

CONCORDANCIA :

C.C. arts. 686, 690,847

Co m en t
ario

Verónica Zamb ran o d e Novak

La norma bajo comentario se refiere a un aspecto interesante de análisis, relativo


al destino de una empresa al momento de la muerte de quien en vida fuera su
accionista o el propietario de los bienes destinados al objeto de la misma.

Este artículo fue modificado por la Primera Disposición Modificatoria de la Ley N°


27809, publicada el 8 de agosto de 2002 y que entró en vigencia a los sesenta
(60) días siguientes de su publicación (Décimo Sexta Disposición Final). El texto
antiguo era el siguiente: "Artículo 846.- Plazo de indivisión de la empresa: El
testador puede establecer la indivisión de cualquier empresa comprendida en la
herencia, hasta por un plazo de cuatro años, sin perjuicio de que los herederos (se
distribuyan normalmente las utilidades. Tratándose de explotaciones agrícolas y
ganaderas se estará a lo dispuesto por la ley de la materia".

Este artículo fue incorporado en el Código Civil de 1984, en tanto el Código Civil
de 1936 solo se refería a actividades agrícolas o fabriles y no a empresa. Torres y
Torres Lara señaló, en su oportunidad, que el artículo 846 del nuevo

Código Civil de 1984 había significado una innovación en la legislación sucesoria


peruana en varios aspectos, pues había introducido una nueva terminología al utilizar
la expresión "empresa" en sustitución de "explotación agrícola o fabril" que usaba el
Código Civil de 1936, y además se ha trasladado el centro de la protección
que era antes el heredero menor de edad, para encontrar un nuevo núcleo, que es
la protección de "la empresa en sr', en vista del beneficio que ella genera no solo
para los menores, sino para todos los herederos y la comunidad en general
(TORRES Y TORRES LARA, pp. 491-502).
Por nuestra parte no podemos sumamos a las opiniones de quienes consideran
que existe un gran mérito en el artículo bajo comentario, al haberse incorporado la
expresión "empresa", antes consideramos importante atender algunas interrogantes.

La primera pregunta que nos surge es sobre si es posible que exista una empresa
dentro del patrimonio hereditario del causante. La respuesta, en nuestra opinión,
es que no. Entendida la empresa en su acepción más amplia como organización o
unidad productiva destinada a vender bienes o servicios con el fin de obtener un
provecho económico, podremos concluir que, en estricto, no se es propietario de
una empresa, sino que se es titular de sus acciones, si hablamos de una persona
jurídica, o se es propietario de los bienes destinados a la actividad económica que
realiza la empresa, incluyendo a las acciones que representen partes alícuotas del
capital.

Ahora bien, si una persona natural no puede ser propietaria de una empresa,
tampoco es posible que exista una empresa dentro de la herencia, la pregunta
sería entonces ¿cómo es que el artículo 846 del Código Civil le señala un plazo de
indivisión?

Pues bien, debemos entender que la intención del legislador ha sido otorgar al
testador la facultad de imponer la indivisión por cuatro años respecto de todos
aquellos bienes que se encuentren destinados a que la empresa continúe cumpliendo
con la actividad económica para la cual fue creada. No obstante esta consecuencia
no es la que resulta de aplicar el artículo bajo comentario, puesto que la indivisión
de los bienes destinados para la operatividad de la empresa no garantiza que los
bienes continúen siendo aplicados a la actividad empresarial, del mismo modo que
la indivisión de las acciones de las que el causante era titular, tampoco garantiza
que el voto sea ejercitado de modo tal que permita la continuidad de la
empresa. Por tanto, se puede tener un conjunto de acciones u otro tipo de bienes
indivisos, sin que ello garantice la continuidad de la actividad empresarial que en
vida del causante se realizaba.

No debemos olvidar que la herencia se constituye en sí como un beneficio


gratuito, es decir que los herederos no han realizado ninguna acción concreta para
recibirla. Por tanto, de ordinario; no existe un incentivo para seguir haciendo
producir a los bienes heredados, salvo que la pérdida reportada por la falta de
actividad productiva de los bienes indivisos o los cuantiosos beneficios que reporte
su actividad, analizados considerando la adversión al riesgo de cada heredero,
sean de tal magnitud que los herederos decidan continuar con el negocio. Si ello
fuere así, podemos afirmar que los herederos, como sujetos racionales, tendrían
un incentivo natural para decidir continuar con la empresa, aun sin que el testador
hubiere impuesto la indivisión.
Considerando que los individuos son limitadamente racionales y les puede resultar
costoso decidir entre continuar o no con la empresa, resulta de principal
importancia que el testador imponga la indivisión de los bienes de los cuales
dependa la permanencia de la misma y adicionalmente nombre un albacea con el
encargo específico de continuar con la actividad empresarial, mientras dure la
indivisión, solo así logrará el testador que su voluntad de dar continuidad a la
empresa, luego de su muerte, se cumpla. Si bien la indivisión impuesta es el
primer paso para garantizar la continuidad de la empresa, no logra por sí sola su
objetivo.

Situación diferente se presenta con relación al caso de explotaciones agrícolas y


ganaderas, puesto que las leyes especiales por las que se rigen establecen
determinados requisitos a cumplir para no perder su condición de tales, obligando
de cierta forma a que la actividad en dichas explotaciones continúe. En estos
casos la indivisión sí garantizará probablemente que la actividad agrícola o ganadera
continúe bajo un solo titular, la sucesión indivisa, lo que precisamente era el interés
que el causante buscaba preservar.

Finalmente, en cuanto al plazo puede comentarse que, en opinión de algunos


autores como Lohmann, resulta corto e implica una innecesaria restricción a las
facultades dispositivas del testador (LOHMANN LUCA DE TENA, p. 167).
Nosotros compartimos esta opinión en lo que se refiere a la sucesión de los
herederos voluntarios, pues en dicho caso el testador podría en su interés
disponer de una indivisión por un plazo mayor. Inclusive consideramos que a
pesar de no señalarlo expresamente en la norma, al dejar abierta la posibilidad de
imponerse todo tipo de modalidades a los herederos forzosos, podría intentar
sostenerse un plazo mayor. En cambio, esta situación no se presenta así respecto
de los herederos legitimarios, a quienes de cierta formas se les estaría
condicionando su cuota legitimaria, por lo que no correspondería interpretar que
sea posible establecer un plazo mayor.

D O C T R
IN A

LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Derecho de Sucesiones, tomo 111.


Biblioteca para leer el Código Civil. Fondo Editorial de la Pontifica Universidad
Católica del Perú. Lima, 2002; TORRES Y TORRES LARA, Carlos. La empresa en
el régimen sucesorio del Código Civil de 1984. En Libro Homenaje a Rómulo Lanatta
Guilhem. Cultural Cuzco Editores. Lima, 1986.

J U R IS P R U D E
N C IA

"La indivisión establecida por el testador que no recae sobre empresa o negocio
no es nula, pero no obliga a los condóminos a respetarla"
(Cas. N° 87-96, El Código Civil a través de la Jurisprudencia Casatoria, p. 279).
INDIVISiÓN PACTADA ENTRE HEREDEROS

ARTICULO 847

Los herederos pueden pactar la indivisión total o parcial de la herencia por el


mismo plazo establecido en el artículo 846 y también renovarla.

CONCORDANCIA :

C.C. arts. 846, 993

Comentario

Verónica Zamb ran o d e Novak

Comentando el artículo equivalente en el Código Civil de 1936, Rómulo Lanatta


señalaba que el artículo 459, relativo al pacto de indivisión entre los coherederos,
se refería al caso en que varias personas heredaban un bien o un conjunto de
bienes, motivo por el cual se encontraban en la condición de copropietarios y por
determinadas razones les convenía prolongar el estado de indivisión y
copropiedad por un tiempo determinado o indeterminado; aunque sin constituir
una sociedad. El autor señalaba que se trataba simplemente de una comunidad de
bienes en que todos los herederos que la constituyen son propietarios de todos y
de cada uno de los bienes que forman la herencia indivisa y cuya duración se
prolonga por razones de conveniencia (LANATTA, p. 86).

La norma es una repetición casi literal de la primera parte del artículo 993 del Código
Civil, en donde se indica "Artículo 993.- Plazo y efectos del pacto de indivisión: Los
copropietarios pueden celebrar pacto de indivisión por un plazo no mayor de cuatro
años y renovarlo todas las veces que lo juzguen conveniente". En tal sentido
consideramos que siendo de aplicación supletoria las normas relativa~
la copropiedad, esta norma no resultaba necesaria.

El pacto de indivisión entre coherederos o copropietarios es una consecuecia de la


facultad del indivisario para solicitar la partición, puesto que si bien ellegi ador
protege y promueve, hasta cierto punto, la partición, de otra parte no se pued
dejar de reconocer que en algunos casos ésta pudiera resultar perjudicial para los
herederos. Sin duda alguna el ejemplo más notable puede ser el referido a fundos
agrarios dedicados a la cosecha, donde el número de hectáreas puede resultar
importante para lograr determinado nivel de producción aceptable.

Razones como la expuesta llevaron al legislador a aceptar el pacto de indivisión,


sin embargo, en nuestro Código Civil se le considera algo excepcional y
transitorio, pues se le ha estipulado un plazo no mayor de cuatro años. Si bien no
se estipulan consecuencias para el caso en que se estipule un plazo mayor, se
debe entender que hasta por los cuatro años el pacto sería perfectamente lícito y
solo por el exceso habría objeto ilícito (SOMARRIVA UNDURRAGA, p. 78), por lo
que el acto devendría en nulo y cualquier heredero estaría en disposición de solicitar
la partición con éxito.

La norma tampoco se refiere a la capacidad necesaria para celebrar el pacto de


indivisión. El tema resulta importante por el caso de los incapaces, pues cabría
preguntarse si sus representantes legales cuentan con suficientes facultades para
celebrar este pacto. Considerando que en buena cuenta se trata de un caso de
postergación de la partición, entonces resultará de aplicación el artículo 991 del
Código Civil que señala que puede diferirse o suspenderse la partición por
acuerdo unánime de los copropietarios, y agrega que si hubiese copropietarios
incapaces, se requerirá autorización judicial, observándose las reglas previstas en
el artículo 987. El artículo 987 es una norma importante que cuida de indicar que si
existen incapaces la partición convencional debe someterse a aprobación judicial,
acompañando a la solicitud tasación de los bienes por tercero, con firma
legalizada notarialmente, así como el documento que contenga el convenio
particional, firmado por todos los interesados y sus representantes legales. La
regla del artículo 987 dispone además que deberá solicitarse la aprobación
judicial, conforme al trámite del proceso no contencioso, con citación del Ministerio
Público y del consejo de familia, si ya estuviera constituido.

Fuera de la voluntad de los herederos, la indivisión también puede presentarse en


los siguientes casos:

1. Patrimonio familiar: En el caso del patrimonio familiar, éste solo termina con la
extinción del mismo, la cual conforme al artículo 499, es declarada por el juez cuando
todos los beneficiarios dejan de ser tales, cuando, sin autorización del juez, los
beneficiarios dejan de habitar en la vivienda o de trabajar el predio durante un
año continuo, cuando, habiendo necesidad o mediado causa grave, el juez, a pedido
de los beneficiarios, lo declara extinguido y cuando el inmueble fuera expropiado
y transcurrido un año no se hubiere constituido o promovido la constitución de un
nuevo patrimonio familiar.

2. Derecho de habitación del cónyuge: En el caso del cónyuge que tiene un


derecho de habitación en forma vitalicia y gratuita sobre la casa habitación en que
existió el hogar conyugal, conforme el artículo 731, mientras la casa habitación
esté afectada por este derecho tiene la condición legal de patrimonio familiar, por
lo que no se podrá proceder a la partición del bien hasta que se encuentre
extinguido el derecho. La extinción solo ocurre en caso de que el cónyuge
sobreviviente contraiga nuevo matrimonio, viva en concubinato o muera.

3. Usufructo del cónyuge: El cónyuge puede optar por el usufructo de la tercera parte
de la herencia, siempre que no ejerza el derecho de habitación citado, tal como lo
prevé el artículo 823. Al igual que en el derecho de habitación vitalicio y gratuito,
mientras la casahabitación en que existió el hogar conyugal esté afectada al
usufructo, tendrá la condición legal de patrimonio familiar, por lo que será
indivisible.
4. Cuando la partición pudiere causar perjuicio: El artículo 857 del Código Civil
señala que la partición se diferirá respecto de todos los bienes o de parte de ellos,
por acuerdo de todos los herederos o por resolución judicial y por un plazo no
mayor de dos años, cuando la ejecución inmediata pueda ocasionar notable perjuicio
al patrimonio hereditario, o si es preciso para asegurar el pago de deudas o legados.

5. Cuando el concebido no ha nacido: El artículo 856 del Código Civil señala que
la partición que comprende los derechos de un heredero concebido será suspendida
hasta su nacimiento. En el intervalo, la madre disfruta de la correspondiente herencia
en cuanto tenga necesidad de alimentos.

D O C T R
IN A

LANATTA GUILHEM, Rómulo. Derecho de Sucesiones, tomo 1/1. Editorial


Desarrollo. Lima, 1985; SOMARRIVA UNDURRAGA, Manuel. Indivisión y
partición. 4~ ed. Editorial Jurídica de Chile. Santiago de Chile.
INSCRIPCi ÓN Y EFECTOS DE LA INDIVISi ÓN

ARTICULO 848

La indivisión surte efectos contra terceros, solo desde que es inscrita en el registro
correspondiente.

CONCORDANCIA :

C.C. arts. 993, 2012

Comentario

Verónica Zamb ran o d e Novak

Este artículo expresa que la indivisión surte efectos contra terceros solo desde que
es inscrita en el registro correspondiente. La norma es una repetición casi literal de
la segunda parte del artículo 993 del Código Civil, en donde se indica, refiriéndose
al pacto de indivisión, "para que produzca efecto contra terceros, el pacto de
indivisión debe inscribirse en el registro correspondiente". En tal sentido
consideramos que siendo de aplicación supletoria las normas relativas a la
copropiedad, esta norma no resultaba necesaria.

El artículo debería interpretarse como aplicable tanto para el caso de la indivisión


que impone el testador como para aquella que es convenida por los herederos, a
diferencia del artículo 906 del Código Civil de 1936 que se encontraba circunscrito
al pacto de indivisión exclusivamente. Sin embargo, no resulta de ninguna utilidad
práctica para el caso de la indivisión impuesta por el testador, ni incluso para el caso
de indivisión no pactada, pero que subsista como una situación naturalluego de
abierta una sucesión en la que exista más de un heredero.

En efecto, resulta evidente que luego de la muerte del causante, la indivisión se


presume para todos los efectos, salvo que se haya verificado la partición. Por
tanto carece de sentido que se deba de proteger a los terceros mediante la
inscripción en registros públicos de una situación que debe ser presumida por ley.
En tal sentido de hecho existirán, contra lo previsto por la norma, muchas situaciones
de indivisión que no obstante no encontrarse inscritas serán perfectamente oponibles
a terceros.

En cambio, en lo que respecta al pacto de indivisión la norma sí tendrá una utilidad


práctica, puesto que podrá encontrarse referida a enervar los derechos de quienes
soliciten la partición, principalmente, suponiendo que los herederos se encuentran
conformes con la indivisión pactada, de los acreedores de la sucesión.

En efecto, conforme al artículo 854 del Código Civil, los acreedores tendrán
derecho a solicitar la partición judicial de la herencia. Es en este caso en el que se
podría oponer el pacto de indivisión, siempre que éste se encuentre inscrito. Este
derecho, de solicitar la partición, es independiente del derecho que tiene el
acreedor a recibir el pago de la deuda hereditaria oportunamente. Como explica
Holgado Valer, la deuda hereditaria se halla garantizada con los bienes dejados
por el testador o causante, mientras subsistan los estados de indivisión testamentaria
extrajudicial o judicial debidamente establecidos, en consecuencia solo una vez que
se hayan pagado esas deudas, es posible la partición de tales bienes, pero si la
operación particional se ha realizado sin estar pagadas las deudas hereditarias,
todos los herederos asumen también la responsabilidad de tal pago, en la misma
proporción que les correspondió la herencia. En tal sentido, el hecho de que el
acreedor de la sucesión no pueda solicitar la partición de la herencia, no significa
que no pueda exigir que su acrecencia sea pagada oportunamente.

Finalmente, la última parte de la norma bajo comentario resulta incompleta, en


tanto alude a un Registro que no existe. En efecto, como bien hace notar
Lohmann, en el Perú no existe ningún Registro en el cual corresponda inscribir las
indivisiones. Éste es un grave vacío de la norma, puesto que no habrá posibilidad
de cumplir con este requisito de inscripción. Podría suponerse que dicha
inscripción se hará en la partida registral de cada bien, sin embargo ello no es
exactamente lo que la norma exige. De otra parte este requisito resultaría de
imposible cumplimiento tratándose de bienes no registrables.

D O C T R
IN A

HOLGADO VALER, Enrique. Las sucesiones hereditarias en el nuevo Código Civil


Peruano. Editorial Garcilazo. Cuzco, 1985; LOHMANN LUCA DE TENA,
Guillermo. Derecho de Sucesiones, tomo 111. Biblioteca para leer el Código Civil.
Fondo Editorial de la Pontifica Universidad Católica del Perú. Lima, 2002.
PAGO A HEREDEROS EN DESACUERDO CON LA INDIVISiÓN

ARTICULO 849

En los casos de indivisión se pagará la porción de los herederos que no la


acepten.

CONCORDANCIA :

C.C. art.847

Comentario

Verónica Zamb ran o d e Novak

Esta norma es consecuencia de la característica que impone a los coherederos el


derecho a solicitar la partición en cualquier momento, salvo que exista una
indivisión impuesta por el testador, una indivisión pactada o una indivisión
existente como consecuencia de la naturaleza de las cosas, en los casos que
antes ya se ha mencionado.

No obstante, la aplicación de este artículo es bastante discutible puesto que su


redacción no permite entender a cuál de los tres casos anteriores puede estar
referido. Es decir, en qué casos el heredero podría no aceptar la indivisión. De los
tres casos antes mencionados, nos queda muy claro que la norma no resultará de
aplicación cuando la indivisión es impuesta por el testador, ni tampoco cuando la
indivisión es producto de determinadas circunstancias que corresponden a la
naturaleza de las cosas, por ejemplo cuando se ha constituido un patrimonio
familiar, o se ejerce el derecho de habitación o el usufructo del cónyuge sobre el
único bien de la herencia. En estos casos, los herederos tendrán que aceptar la
situación de indivisión necesariamente, no encontrándose en aptitud de rechazar
la misma.

En cambio cuando hablamos del pacto de indivisión la situación será diferente,


puesto que en este supuesto sí existe la posibilidad de que el heredero no acepte
el pacto de indivisión que se le proponga. Es en este sentido que deberá
entenderse de aplicación la norma que comentamos. Es el caso en el cual todos
los coherederos se encuentran de acuerdo con pactar la indivisión por un plazo no
mayor a cuatro años, pero uno de ellos no acepta este pacto.

Lohmann señala que la redacción no es correcta al afirmar que se pagará su porción


a los herederos que no acepten la indivisión, pues lo que se ha debido indicar es
que se pagará a quienes no deseen continuar con el estado de indivisión
(LOHMANN LUCA DE TENA, p. 179). Consideramos correcta la objeción si nos
ubicamos en una perspectiva de continuidad de una situación de indivisión que ya
se venía dando y que va a continuar en el tiempo a través de un pacto. No obstante,
creemos que si se considera el término aceptación que usa el
artículo, como referido a la no aceptación de la oferta realizada por los demás
herederos para efectos de pactar la indivisión, entonces la redacción podría
entenderse como correcta.

D O C T R
IN A

LOHMANN LUCA DE TENA, Guillermo. Derecho de Sucesiones, tomo 111.


Biblioteca para leer el Código Civil. Fondo Editorial de la Pontifica Universidad
Católica del Perú. Lima, 2002.
PARTICiÓN JUDICIAL ANTES DEL PLAZO

ARTICULO 850

El juez puede ordenar, a petición de cualquiera de los herederos, la partición total


o parcial de los bienes hereditarios antes del vencimiento del plazo de la indivisión,
si sobrevienen circunstancias graves que la justifiquen.

CONCORDANCIA :

C.C. arts. 846, 847, 855, 983 Y 55.

Co m en t
ario

Verónica Zambran o d e Novak

Este artículo nuevamente transcribe un párrafo del artículo 993 del Código Civil,
en el cual se señala, refiriéndose al pacto de indivisión, que "si median
circunstancias graves el juez puede ordenar la partición, antes del vencimiento".
En tal sentido consideramos que siendo de aplicación supletoria las normas relativas
a la copropiedad, esta norma no resultaba necesaria.

En nuestra opinión el mayor inconveniente que esta norma revela es el de definir


nuevamente su campo de aplicación. En el artículo correspondiente al del
Proyecto de la Comisión Reformadora, la norma se encontraba expresamente
referida a la indivisión dispuesta por el testador ya la convenida por los herederos,
a diferencia del texto del Código Civil de 1936, que se refería exclusivamente a la
establecida por el testador.

En atención a este antecedente, se debe interpretar que la norma resultará aplicable,


tanto al estado de indivisión pactado por los herederos, como al impuesto por
el testador en su testamento. En tal sentido se tratará del pedido de uno de los
coherederos antes del vencimiento del plazo señalado en el testamento o pactado.

Otro inconveniente en la redacción del artículo es la utilización de término


"circunstancias graves", pues se trata de un concepto que deberá ser evaluado
por el juez, en atención a sus propios criterios subjetivos en cada caso. Este término,
como ya se ha señalado también, aparece en la redacción del artículo
993 sobre copropiedad.

La doctrina interpreta que "circunstancias graves" debe entenderse desde un


punto de vista objetivo, como un hecho ajeno al sujeto peticionante y que implique
un cambio de circunstancias de naturaleza tal que se haga impostergable la
partición. En nuestra opinión, el cambio de circunstancias implica que no se tratará
de un cambio de opinión del peticionante, sino de un cambio de circunstancias
externas que requieren que él acceda a la partición y reciba lo que le corresponde
en virtud de la misma. En tal sentido, su petición no necesariamente deberá llevar
a la partición total, cuando los demás coherederos pudieren pagarle su porción, en
cuyo caso se verificará una suerte de partición parcial, pero los demás
coherederos, en la medida de lo posible, podrían continuar con la indivisión.
Una nota interesante a destacar en este punto es que solicitar la partición es en
realidad, como señala Ramírez Fuertes (p. 186), un acto de disposición. Para los
actos de disposición la regla general de la copropiedad es que estos actos deban
realizarse por unanimidad, menos precisamente para este caso, es decir, para
ejercer el derecho de solicitar la partición y que ésta se verifique a favor del
solicitante. No obstante, esta solicitud no siempre va a implicar la partición de toda
la masa hereditaria, en la medida en que se le pague su porción al peticionante y
que los demás coherederos decidan continuar con el estado de indivisión.

D O C T R
IN A

RAMIREZ FUERTES, Roberto. Sucesiones. Editorial Temis. Bogotá, 1995.


ADMINISTRACi ÓN DE HERENCIA INDIVISA

ARTICULO 851

Mientras la herencia permanezca indivisa será administrada por el albacea, o por


el apoderado común nombrado por todos los herederos o por un administrador
judicial.

CONCORDANCIA :

C.C. arts. 787 ¡ne. 4), 973

Co m en t
ario

Verónica Zamb ran o d e Novak

Esta norma regula los aspectos referidos a la administración de la herencia


indivisa. Nuestro Código Civil no tiene una norma como la del Código Civil
argentino que señala expresamente, en el artículo 3451, que "ninguno de los
herederos tiene el poder de administrar los intereses de la sucesión". Sin
embargo, es claro que cada heredero por su cuenta se encuentra incapacitado de
tomar decisiones sobre la administración de la masa hereditaria.

La decisión sobre quién ha de administrar la herencia, en tanto ésta permanezca


indivisa, la tiene en primer lugar el testador, quien puede nombrar un albacea para
que, en virtud de las atribuciones que le asisten, conforme al inciso 4 del artículo
787 del Código Civil, administre los bienes de la herencia que no hayan sido
adjudicados hasta que sean entregados.

En caso de que el testador no hubiere indicado nada al respecto, la decisión


corresponderá a los herederos. El artículo 971 del Código Civil, norma
supletoriamente aplicable, como ya hemos comentado, señala que la adopción de
decisiones para los actos de administración será por mayoría absoluta de los
herederos. En tal sentido, todos los herederos podrían administrar la herencia por
este mecanismo, sin tener necesidad de nombrar a un administrador.

En este sentido Valencia Zea señala que cuando la administración de la herencia


no se ha conferido a un heredero, ni el testador ha nombrado albacea con
tenencia de bienes, ni se ha pedido el secuestro de los bienes, la administración
de los bienes hereditarios corresponde conjuntamente a los herederos (VALENCIA
ZEA, pp. 405-410). Es en este caso, en el que los herederos pOdrían nombrar un
apoderado, conforme se señala el artículo bajo comentario.

En caso de que no existiera administrador nombrado por testamento, ni apoderado


nombrado por los herederos, los herederos podrían interesarse en el
nombramiento de un administrador judicial. Las reglas del nombramiento para el
administrador judicial se encuentran señaladas en el Código Procesal Civil, en el
cual se establecen las reglas aplicables para cada caso.

En materia de nombramiento, el Código Procesal Civil señala en el artículo 772


que si concurren quienes representen más de la mitad de las cuotas en el valor de
los bienes y existe acuerdo unánime respecto de la persona que debe
administrarlos, el nombramiento se sujetará a lo acordado. En cambio, en caso de
que no existiere acuerdo al respecto, el juez nombrará al cónyuge sobreviviente o
al presunto heredero, prefiriéndose el más próximo al más remoto, y en igualdad
de grado, al de mayor edad. Solo en el caso de que ninguno de ellos reuniera
condiciones para el buen desempeño del cargo, el juez nombrará a un tercero.
Sobre la figura de la administración judicial, debe tenerse en cuenta que el
administrador no es un representante de la herencia, ni de los herederos, salvo
que cada heredero lo nombrase adicional mente como su representante.Tampoco
se trata de un mandatario del testador, pues como señala Pérez Lasala, desde
que éste fallece comienza su misión y su labor se realizará conforme a las reglas
procesales (PÉREZ LASALA, p. 301).

Sin embargo debe advertirse que las normas procesales regulan de forma incompleta
las facultades de los administradores judiciales, a tal punto que en el artículo 773
del Código Procesal Civil, al tratar de las atribuciones del administrador,
vuelve a realizar una remisión al Código Civil, señalando que sus atribuciones serán
aquellas que les conceda esta norma.
La doctrina reconoce hasta tres grupos de actos que los administradores pueden
realizar:
1. Actos conservatorios: Que comprenden todos los actos destinados a
proteger los bienes de la masa hereditaria, como ser todos los actos que realiza el
heredero y que no implican aceptación. Se comprende entre estos actos aquellos
referidos a la continuación del giro comercial a fin de evitar perjuicio, la recolección
de frutos, la venta de la producción, el cobro de las deudas, el pago de
reparaciones urgentes, los servicios de vigilancia, etc.

2. Actos de administración ordinaria: Que comprenden los actos correspondientes


a la continuación del giro comercial cuando su paralización no implique perjuicio,
la compraventa de mercaderías, el pago de deudas del causante que corresponda
a gastos de producción de los bienes hereditarios.

3. Actos de administración extraordinaria: Que comprende una serie de actos que


en teoría exceden los límites de la admjnistración ordinaria y que solo pueden
realizarse con expresa autorización de los herederos o del juez. Un caso típico podría
ser el caso del arrendamienio, que conforme al artículo 1667 puede otorgarse
siempre que se cuente con facultad expresa para ello.
DOCTR
IN A
PEREZ LASALA, José Luis. Curso de Derecho de Sucesiones. Editorial Depalma.
Buenos Aires, 1989; VALENCIA ZEA, Arturo. Derecho Civil, tomo VI. Sucesiones.
Editorial Temis. Bogotá, 1977.

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