Está en la página 1de 6
Traduccion de NATHAN WACHTEL Laura Crezan EL REGRESO DE LOS ANTEPASADOS Los indios urus de Bolivia, del siglo xx al xvr ENSAYO DE HISTORIA REGRESIVA UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN Marcos Biblioteca de Clencias Soctale< “ AGRADECIMIENTOS todos aquellos que facilitaron mis investigaciones en los més de veinti- cinco archivos que frecuenté. ‘Mis amigos del Centro de Inve jgacion sobre México, América Cer i, Carmen Bernand, Antoinette Mol laude Chandonnay, han participado la revision de varios seminarios de la Escuela de Altos Estudios ncias Sociales. Y cabe destacar, sin afiadir mas, todo lo que debo de Jacques Revel y de Lucette Valensi expreso mi gratitud a mis amigos chipayas por la gene- idad que me han brindado y la confianza con que me han Agredezco profundamente a Nicole y Louis Evrard, a Denise Laroutis ya Daniel Porte por todo el affin con que.se dedicaron a la prepara- cci6n material del manusetito y a la elaboraciGn de este libro. INTRODUCCION: EN LOS CONFINES DEL MUNDO. IULLPA-PUCHU, *SOBRAS DE LOS CHULLPAS”. Asf insultan los in- dios aymara del altiplano boliviano a los chipayas, habitantes de un pueblito situado en la provincia de Carangas, para decirles que no forman parte de la humanidad actual. En efecto, segrin un mito de origen ampliamente difundido en los Andes meridionales, el término cbullpas designa a los seres que poblaban la tierra antes de la aparicién del sol de la caza y la recolecciGn, bajo la difusa claridad de la luna y indose en grutas y cubriéndose con hojas y pieles de iento del sol, pero nc epor el norte?, :por el sur?, {por te? Para protegerse, los chullpas construyeron chozas cuyas entradas se hacia el este: cuando el sol sali6, casi todos murieron quemados lo sobrevivieron unos cuantos que se habi cerca del rio Lauca. De aquellas “sobra 105 testigos en este mundo de una huma- descienden los chipayas nidad primordial Los chipayas se consideran a si mismos como jas-shoni, “hombres de agua’, en oposici6n a los “hombres secos", los aymaras. De hecho, se encuentran entre los ttimos representantes de Ios indios llamados uurus, generalmente pescadores, cazadores y recolectores, que en el si- glo xvi constituian una cuarta pane de la poblaci6n? del no y hoy se ven reducidos a cuatro © cinco grupos aisladas unos de otros que apenas suman unas 2000 personas en total. Segiin una ima- ¢gen tradicional, legada por los cronistas y retomada por los viajeros y et- ridlogos, son indios groseros, barbaros, en una palabra, “pri que difieren de todas las otras pot un desprecio feroz, verdaderamente racista, no s6lo entre I dios sino también entre los cronistas mas reputados, que los sittian en de la bestialidad: “Son estos Uros tan brutales fafirmaba José de Acosta] que ellos mismos no se tienen por hombres. Cuéntase de ellos ural de veins como hula, au © malt se escribeaqut con una s dbido ala ss uso y porgue estan hispantzades por los ropios ehipayas, PG cap. de la segunda pate ry 6 INTRODUCCION: EN 10S CONFINES DEL MUNDO que preguntados qué gente eran, respondieron que ellos no eran hom- bres, sino Uros, como fuera otro género de animales”.3 ;Quiénes son, pues, estos seres extrafios y monstruosos? Los chipayas son los Gnicos urus que hoy subsisten como grupo so- cial auténomo, en un pueblo de unos 1000 habitantes, con territorio propio, reconocido desde 1940 como cantén del departamento de Ata- hualpa, Antes era s6lo un “anexo" del pueblo de Huachacalla (situado a unos 30 kil6metros), del cual se separ6, El territorio chipaya (véanse figuras 1 y 2) constituye un enclave dentro de una vasta zona aymara, al norte del lago Coipasa, a unos 40 kilémetros de la frontera chilena Sus habitantes se distinguen de sus vecinos por un conjunto de rasgos heterogeneos, como la lengua, la indumentaria, el modo de vida, las alianzas matrimoniales y, sobre todo, por una profunda conciencia de su identidad. En realidad, la mayorfa de los chipayas son trlingiies: los Gnicos que ignoran el espafiol son los ancianos, y todos hablan ayma- ra, Aunque en Ia literatura etnogréfica su propia lengua sea designada como “uru-chipaya”, para sus hablantes se trata con toda claridad del Puguina.’ Cuando los chipayas van a los pueblos cercanos, se les re- conoce de inmediato: los hombres por sus sombreros blancos de ala ancha y por su ira, especie de poncho de finas rayas verticales blancas ¥ marrén, y las mujeres, por sus peinados de mltiples trencitas y sus Winicas negras, llamadas Micllas. Como el de sus vecinos, su sistema econSmico asocia basicamente agricultura y ganaderfa, pero, como ve- emcs, requiere una familiaridad inmemorial con el manejo de las aguas. Conscientes de sus diferencias, los chipayas constituyen por definicion una unidad endogimica. Durante mi primera estadia, en 1973, tuve la ingenuidad de preguntar por qué se veia con malos ojos los esporadi- cos casamientos con hombres o mujeres aymaras, y mis amigos repli caron con vehemencia: “Es otra carne!" Oros urus supervivientes, los moratos del lago Poop6, que si se han mezclado con sus vecinos aymaras y carecen de tlerras, han ofdo ha- blar de sus lejanos hermanos del lago Coipasa y admiran tanto sus ri- quezas que las consideran mas “civilizados". Se trata de una riqueza muy relativa, pues el territorio en el que se refugian los chipayas se si- tia e1 una zona semidesértica inmensa: una monétona llanura azotada por los vientos, a 3900 metros de altitud, donde el afloramiento de 20s PERO sul a Sx, Ps Lee, =o il li Te tauaue \ Siu l Core a Figura 1. Bl altiplano boliviano