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Alejandro Ércoli.

"El crimen lacaniano"

Introducción

Trabajaremos en esta oportunidad con un texto de Lacan, “Introducción teórica de las funciones
del psicoanálisis en criminología” (Escritos I, editor siglo XXI,).

En primer lugar me interesa comentar una idea que me produjo el encuentro con ese material.
Pensé la cárcel, la situación de encierro, las exigencias institucionales, el malestar que implica la
institución para los presos y los empleados para abordar la posición de los analistas que allí se
desempeñan. Me propongo avanzar hacia algunos aspectos de la relación entre determinación
social y subjetividad. La piedra de apoyo será el margen social, obviamente desde los que están
en conflicto con la ley.

Para iniciar este breve recorrido, considero fundamental ubicar el valor del crimen y de la
criminología en el contexto del psicoanálisis según Lacan. La obra de Lacan como todos conocen
se compone de dos masas teóricas vinculadas entre si, esto es lo que escribió y la transmisión
oral denominada “El Seminario”. Ambos registros componen gran parte de su enseñanza. Dentro
de “Los Escritos”, en la edición SigloXXI, pueden verificar que el texto sobre criminología figura
en el mismo nivel que otros trabajos mas fácilmente pensados como cruciales para el
psicoanálisis. Nombro algunos de estos, “El estadio del espejo como formador de la función del
yo tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica”, “Variantes de la cura-tipo”,
“Intervención sobre la transferencia”, nadie se sorprendente del valor de estos textos. Resulta
menos frecuente interrogarse sobre la función del crimen, para pensar la clínica. Normalmente
este dato no es tenido en cuenta. No obstante, Lacan le adjudicó un sitio clave en su obra.

Lacan en su texto sobre criminología, evidencia su pregunta sobre la relación del psicoanálisis y
la criminología, está atento a ciertos crímenes, a ciertos saberes de la época, pero se mantiene
interrogando los fenómenos y las explicaciones que circulan a cerca de los mismos. De hecho
podría haber dado algún tipo de interpretación psicoanalítica de los mismos, sin embargo va mas
a fondo con el lugar que puede tener el psicoanálisis frente al delito. Es una maniobra que lo
sostiene como analista, básicamente ser un preguntón alguien que descree de aquellas
opiniones que en nombre del discurso científico, fijan la norma. En tanto psicoanalista, hace de
los fenómenos una pregunta y avanza. Me recuerda a la explicación que ofrece en “Subversión
del sujeto…”, allí dice que Freud al encontrarse con la histérica, no se encandiló con lo florido de
la presentación, sino que le pidió que hable que le cuente que le pasa, la hizo hablar.

El año que Lacan escribe sobre el crimen es 1950, un momento en que la psiquiatría en Francia
contaba con forenses de prestigio que impulsaban la psicopatología del crimen (En el libro Los
Anormales, Foucault señala los años 50 caracterizados por las pericias psiquiátricas) como
explicación. Sin embargo dio un paso hacia delante en el tratamiento de este asunto, ubicado
como analista. Se preocupó por pensar en las explicaciones de sus colegas, y volver a formular
las cosas. Mi modo de entender esto, no es únicamente adjudicarle genialidad, sino reencontrar
en su estrategia, los alcances del deseo del analista.
Es por esto que me atrajo la idea de utilizar la experiencia clínica con pacientes en conflicto con
la ley, para poder avanzar en la teoría psicoanalítica. Hacer de los elementos vinculados a este
tema significantes a interpretar. Esta versión no supone un analista especializado -en leyes,
presos o una psicopatología carcelaria- sino, como desde un problema social -que se ha
agudizado en estos tiempos, por el capitalismo y la globalización-, se puede abordar al sujeto, y
su modo de relación con el Otro. Se trata de leer el conflicto con la ley, el encierro, anudado
tanto a cuestiones sociales como a otra escena, más que hacerlo consistir en la persona del
delincuente. Hacer del criminal y el crimen significantes, mas que cuadros psicopatológicos.

Por eso creo en la necesidad de enfocarnos en la clínica más que en la especialización, lugar este
último al que se nos convoca permanentemente desde la institución judicial y desde el discurso
científico. Aquellos que trabajan en cárceles, identificarán mejor, el pedido de que se expidan
como expertos en sus opiniones o informes. Lacan no se convirtió en criminólogo, pero
igualmente se apasionó en establecer el sentido del crimen para el sujeto y la cultura.

Tengamos presente que la sociedad con los ideales que la comandan podría bien constituir lo
Otro del encierro. La oferta de este tiempo de eludir la castración, por medio del impulso al
consumo desmedido, como si la sustancia de los objetos portara la felicidad. Las ideas del
individuo exitoso, la inmediatez en las relaciones de amor, el mundo virtual que impone
variaciones en el vínculo social, generan una escena. Aquellos que tomados por esta “realidad”
no califican para formar parte, quedan fuera, excluidos. Esta exclusión, es efecto del discurso,
con los ideales de individualismo y readadptación. Al quedar parte de la sociedad sin poder ser
representado por los significantes de estos tiempos, se genera un retorno feroz de aquellos
ubicados en el margen -el criminal, es una de las pocas inscripciones posibles, no es quien falta a
la ley sino lo que la pericia determina-. Muchas veces el retorno parece desde lo real, por
ejemplo los robos, los asesinatos, la lista es amplia.

Si ubico brevemente estos efectos de nuestro mundo globalizado, del capitalismo cada vez más
fuerte, es en principio para evidenciar que cierta tensión ligada al delito, resulta explicada por la
responsabilidad individual, avalada por peritajes de expertos en delitos, y no se tiene en cuenta
una demanda social de éxito inmediato. Cambian las cosas si pensamos que el delito se vincula
con las exigencias del Otro social a pensarlo como un desajuste originado en un individuo
patológico.

Volviendo a lo escrito por Lacan, entiendo este material del psicoanalista francés como un
desafío, hacia sus pares tantos psiquiatras como psicoanalistas. No me refiero a una intención de
provocar creo que se dirige con mucho respeto al hablar de otros teóricos del tema, como Kate
Friedlander. Simplemente que el planteo de cómo pensar el crimen va desde lo social, la cultura
hacia el sujeto, retoma la estructura del lenguaje como anclaje, etc., y se va diferenciando de las
teorías que se apoyan en el individuo, la patología y la morbilidad. En este sentido, es distinto
pensar a un sujeto determinado por la cultura, que a un enfermo ya sea a causa de algo
orgánico, o por la liberación de sus pulsiones casi imposibles de contener. Los modelos
criminológicos que convergen en la individualidad como centro, según este escrito de Lacan
aportan una explicación insuficiente del crimen.

Es necesario considerar un dato vinculado con la inscripción del psicoanálisis en la ciencia


positivista. Según la apreciación de Jean Claude Milner en su libro “La Obra Clara” (editado en
castellano por Bordes Manantial), a fines de la Segunda Guerra el psicoanálisis formaba parte de
la ciencia moderna, y por ello había “secretado su propia técnica “ para utilizar una expresión de
este autor. Entiendo que entonces el psicoanálisis perdió su valor novedoso, dejó de ocuparse de
lo que era un resto para la ciencia. En este sentido creo que surgieron intentos de explicar el
delito haciendo del descubrimiento freudiano, una técnica científica. Una referencia que podría
ejemplificar este enfoque, es la versión del psicoanálisis desplegada por Alfred Hitchcock en el
film Spellbaund. El texto de Lacan va a cuestionar ese encamisado, centrándose más en la
cultura que en la ciencia positivista.

No voy a desplegar un análisis del texto por párrafos. Lo que haré es ofrecer un modo de
interpretación, situando algunos puntos que considero claves. Nombro algunos de ellos: el
concepto de pulsión, el de culpa-responsabilidad, la posición del analista respecto del crimen y
de los ideales de la época, la experiencia del análisis en tanto dialéctica del sujeto.

Voy a separar mi análisis en tres partes, la razón de realizarlo así y del orden que sugiero, se
basan en el intento de aproximarnos a la clínica, partiendo de las demandas a los analistas –
informes, readaptación, etc.- desde el campo jurídico. Primero considero revisar algunos ítems
en del concepto de pulsión, que se desprenden de las funciones del psicoanálisis en criminología
siguiendo a Lacan. Segundo trabajaremos, sobre la diferencia entre el psicoanálisis y las
concepciones de la criminología psicoanalítica. Y por último, vamos a pensar la experiencia de la
dialéctica del sujeto.

Parte II

Si consideramos al sujeto humano hablante atravesado por el discurso jurídico es inevitable la


referencia al concepto de normalidad. Entendida como el ajuste que el discurso jurídico prevee
para los individuos de una sociedad, en esa dirección nos encontramos con un término frecuente
en nuestro ámbito: salud mental. Es portador de la salud mental aquel que logra comprender las
normas y aquel capaz de asumir la responsabilidad de su conducta en relación a dichas normas.

En el sistema penitenciario, la salud mental es un factor que hace variar las condiciones del
encierro, desde el tipo de cárcel, hasta la duración de la pena. Entonces el primer problema es
establecer como analistas, situar como abordamos esta cuestión. Para ser más exacto, no hay
forma de desentenderse del problema que implica el concepto de salud mental, trabajando en
una institución destinada a personas que faltaron al pacto social.

Es frecuente en instituciones y dispositivos asociados al saber médico, vincular la salud con las
capacidades de una persona. En este sentido se trata de un concepto de persona o individuo
pensado como una unidad –valga la reiteración capaz de responder por si mismo. Lacan en
“Subversión del sujeto…”, nos da una pista, dice que el sujeto para el psicoanálisis no se
corresponde con el sujeto de la psicología. Es bien claro al señalar como la diferencia
fundamental es para el psicoanálisis, la inexistencia de unidad o recubrimiento entre lo psíquico
y lo orgánico, no hay posibilidad de autoconocimiento dado que el sujeto se constituye a partir
de los significantes que provienen del campo del Otro. Entonces se nos amplia el problema
porque si tenemos un sujeto efecto de una combinatorias de significantes es mas difícil
imputarle la autonomía que exige la aplicación del concepto de salud mental. Pensarlo como
capaz o incapaz, no resuelve nada, salvo un problema administrativo o de clasificación. Lacan
indica que si el psicoanálisis lleva al sujeto hacia algún lado, es hacia a un desciframiento de
aquello que padece, cifrado en relación al campo del Otro. En este sentido nos alejamos de la
psicopatología, recordemos la metáfora utilizada en “Subversión…”, es un sujeto que lleva un
tatuaje con un mensaje en el cuero cabelludo, y por lo tanto no puede leerlo, aunque si sufre las
consecuencias de ese texto. Entonces es un sujeto que es efecto y no causa, que se desconoce a
sí mismo, por lo tanto no se puede interrogar sin dirigirse a eso que le viene del Otro.

Para Foucault, la cosa es bien distinta, se trata de un desdoblamiento del acto, que da como
referencia a la persona o mas precisamente la personalidad –este tema es mencionado en
párrafos anteriores-. Esto significa que no supone la existencia de dos cadenas de significantes,
que tensan otra escena, sino una sola escena en la cual la personalidad del imputado se torna
como la explicación del acto criminal. Por supuesto dicho autor, va a criticar esta maniobra
realizada desde el lugar de quien puede castigar. Para él, el desplazamiento del acto hacia la
persona, pone de relieve un problema del discurso jurídico y no una solución. Surge un elemento
que el discurso jurídico no pudo anticipar, y por lo tanto no logra explicar. Entonces la respuesta
es clasificar y controlar.

Les propongo una palabra clave, muy fuertemente utilizada en el mundo psicoanalítico pero que
en realidad no le pertenece, al menos con exclusividad. La palabra es responsabilidad,
consideren que establecer la responsabilidad de un acto es un problema del juez, sin embargo es
muy común como maniobra en un análisis señalar a alguien su responsabilidad. Esto es algo que
se puede hacer con una persona un individuo pero no con el sujeto del inconciente. Tratar al
sujeto del inconciente como a un yo no es la vía del análisis. Piensen en la descripción de
“Subversión del Sujeto…”, Lacan dice que al sujeto de lo caza en el intervalo, es un efecto,
entonces como hacen para responsabilizarlo, no se lo caza diciendo “es usted, hágase cargo”. No
obstante, esta es la función del juez, fijar al responsable de un acto o de un hecho, aunque
dentro del psicoanálisis lo tendemos a confundir. Si en cambio, podemos pensar que la noción
de responsabilidad es el elemento que articula sujeto e individuo, si genera una pregunta y el
deseo de avanzar en ella. La responsabilidad solamente implica la capacidad de responder
jurídicamente, para llevarla a un análisis hay que hacer algunas maniobras que habiliten una
otredad, otra referencia que no sea solamente la persona que habla. Digámoslo con todas las
palabras, se trata de pensar un deseo en abrazo con otro deseo – esto está trabajado por Lacan
mediante el recurso de la topología, por ejemplo con los dos toros abrazados- y no como un
aspecto en el interior del individuo.

Entonces una alternativa para recortar mejor la posición del analista, es vincular la salud mental
con la responsabilidad con el derecho y poner sobre la mesa que eso no es el deseo. Tenemos la
dificultad que la práctica de la clínica psicoanalítica en la institución penal, implica vérselas con
esta demanda, es decir fijar los límites de la responsabilidad y la normalidad. Esto significa que
en la institución, al menos en tanto fenómeno la demanda es tratada como desenlazada del
deseo, por medio de una serie de exigencias concretas que afectan a quienes se desempeñan
allí. En el discurso del orden social, el deseo no cuenta como estructurante del sujeto humano
hablante. Como dice Foucault, el deseo para los dispositivos de control queda ligado a un deseo
de transgredir únicamente. Siguiendo esta dirección en “Psicoanálisis y Medicina “, Jacques
Lacan señala que el médico ejerce su saber en el campo de la demanda, sin considerar el deseo.
Aclara que no es necesario ser un entendido para detectar que existe una diferencia clara, entre
lo que alguien pide y lo que quiere. Hace de esta diferencia no solo un elemento clínico sino
también un observable en la vida cotidiana. Ejemplifica en relación al médico, que el enfermo lo
desafía a que lo cure, le pide que le restituya la salud pero que esto no sugiere que sea lo que
enfermo quiere, y habilita la leer allí que el paciente podría no querer ser curado. En principio
tenemos que la demanda se articula con un poder de resolución otorgado al médico, también
vale para el analista. Siguiendo con Lacan, el médico responde recetándose a si mismo. Dicha
figura es compatible con la de un experto un especialista, versión antagónica con la posición del
analista. Considero comparable la situación del médico respecto de la demanda del enfermo,
con la situación de un analista respecto de la demanda institucional. Es decir queda cegado
respecto de lo inconciente, considerando solamente que debe responder. Para aclararlo, se
vuelve de mas importancia en la demanda institucional la clasificación, la psicopatología, la
personalidad, que lo que alguien quiere para su vida y de que modo se arregla con eso.

Ahora bien recordemos que la institución, la cárcel en este caso presenta enunciados con valor
de verdad, al referirse al dar su versión sobre alguien. Son enunciados más del lado de una
doctrina que de la ciencia, pero que invocan el amparo de la ciencia en su justificación. Expresan
una necesidad originada en lo jurídico. Foucault en el libro “Los Anormales”, nos recuerda que el
juez moderno para cumplir con el principio de íntima convicción, necesita una serie de
elementos que valgan en su poder demostrativo, que van más allá de las pruebas del delito. Por
lo tanto demanda a alguien elevado a la condición de experto que formule un enunciado. Se
trata del desdoblamiento nombrado anteriormente, del acto en la persona. Muchos informes y
estrategias de tratamiento dentro de la institución penal tienen esta modalidad, y son altamente
funcionales.

Observen que desde la institución, surgen enunciados que circulan sin pertenecer a una posición
enunciativa, es decir nadie o todos los dicen. Entonces podemos comparar al enfermo y a la
institución en tanto, exigen respuesta pero ignorando que es lo que quieren para cada interno, y
generando un partenaire del que se espera el saber.

Cual es la maniobra que introduce el psicoanalista, hacer entrar el deseo, tanto su deseo de
analizar como el de aquel que pide análisis. Digo maniobra del analista y no del psicoanálisis
porque si bien el deseo es la llave maestra para acceder al psicoanálisis, es el analista quien hace
de esto una cuestión singular.
Parto de leer al tratamiento psicoanalítico, como aquello que va a modificar la posición del
sujeto en dirección al lazo social, más que de considerar la salud mental del paciente. Se va a
modificar la relación del sujeto con el Otro, mas precisamente con Otro que existe en tanto
barrado. Recordemos que el motivo del encierro, se inicia en una falta al orden social, al pacto
social. Normalmente se pide que la cárcel encierre y en el mejor de los casos readapte o “cure”
al criminal, una suerte de encamisado que lo rectifique, que lo ponga a punto para la inserción
social. Lo usual es que esto falle, y quien está encerrado halle en esa condición la más plena
identificación, no por culpa de sus pares sino por un efecto de discurso. Un ejemplo es asumirse
como enfermo o fallado.

Entonces en tanto analistas tratemos a la demanda como el sitio –simbólico- donde circula el
deseo, donde ningún significante representa al sujeto del deseo pero está presente en el
entredicho. Esto implica que a quien atienden algo desea y que si existe alguna posibilidad de
cambio subjetivo y objetivo es vía el deseo. En la medida que den cuenta que un interno, es un
sujeto humano hablante, que desea se podrán pensar otros modos de lazo social, pero en
función del deseo. Si en nuestra brújula el norte lo fija la condición deseante, desde allí alguien
podrá modificar su relación al pacto social a la ley. Porque se pondrán en conexión, deseo ley y
un modo de goce. El pacto social será el operador que haga posible que el deseo circule, entre el
sujeto y sus otros, dando lugar a una nueva forma de relación y de goce. El hecho de un cambio
de conducta para nosotros como analistas, es por añadidura de seguir por la vía del deseo. Vale
decir que alguien deje de robar podría suceder porque descubrió algo que quiere para su vida, y
que por ejemplo robando y estando preso no puede hacerlo. Si avanza con eso que descubrió
seguramente, su modo de vínculo social, con la ley con el deseo y con el goce estarán
modificados. Esto es mas allá de la salud mental y la psicopatología Usualmente el estigma de
criminal, chorro, delincuente, conllevan una percepción del modo de goce vinculado a lo
enfermo o la perversión en sentido corriente, es una lectura desanudada del deseo.

Para finalizar, nos vemos convocados por una demanda que proviene desde lo jurídico,
podríamos pensar como sujeto del derecho a aquel capaz de responder por sus actos, de asumir
las consecuencias de los mismos. Ahora bien ¿alcanza esto para pensar en un análisis? entiendo
que no. Poder responder no implica querer hacerlo, cuando se da el pasaje de poder responder
a querer saber a cerca aquello que causa sufrimiento, allí están las condiciones para el análisis.
Esta es la jugada que perfora la demanda, que permite responderla sin quedar tomado por sus
términos, pasar del hombre institucionalizado al sujeto de deseo.

Para finalizar, la salud mental asociada a la posibilidad de responder, es un problema jurídico,


para nosotros la cuestión está del lado querer saber. Es distinto que alguien descubra que desea
algo y se proponga ver como avanza en ese camino, que fijar si puede hacerse responsable o no.

Alejandro Ércoli

Vamos a tratar de redondear algunas cuestiones planteadas en las clases previas. En esta
oportunidad, los ejes serán el informe psicológico y la figura del experto, tratando de
aproximarnos a los fundamentos que los avalan.

La primer cuestión es la siguiente, el informe psicológico para los analistas que trabajan en
instituciones, es un paso obligado. Concentra una exigencia burocrático-administrativa, y la
versión que se tiene institucionalmente de un interno. Además es un elemento que cuenta con
el poder de influir en el destino de alguien en condición de encierro. Entiendo que su poder es
alimentado desde dos fuentes a la vez, como las dos caras de una moneda, una el saber que
inviste a quien lo realiza, y otra la el status científico que se le adjudica.

Muchos de aquellos con experiencia en los penales habrán notado la preocupación que genera
el informe a los internos. Esto se debe al valor que inviste al informe, por ejemplo puede otorgar
o limitar el acceso a algún tipo de beneficio durante el tiempo de la condena. Sin exagerar hay
veces que el juez como explicación de alguna determinación, confronta al interno con lo escrito
por el psicólogo. Se imaginarán el efecto de esta maniobra, en un tratamiento iniciado
intramuros. En suma todo este rodeo, es para hacer palpable el poder de lo que se escribe, y
señalar porque es de nuestro interés.

Ahora bien, retomando el primer capítulo de "Los Anormales" de Michel Foucault, posiblemente
les llame la atención como comienza el libro. Recuerden que es una compilación de la
desgrabación de un curso que dictó por el año 1971. Se dirigió al auditorio, leyendo algunas
pericias psiquiátricas realizadas en Francia en los años 50, por prestigiosos psiquiatras. Foucault
entonces para trabajar sobre la anormalidad, partió de los informes psiquiátricos de personas
acusadas de algún crimen, y del valor otorgado a aquello que estaba escrito. Veamos las cosas
de este modo, el anormal-primeramente nombrado como monstruo- lo es a partir de lo que se
escribe en términos jurídicos, acerca de él. Voy mas fuerte en esta apreciación, el anormal es un
invento del informe, capaz de trascender a quien lo escribió. Retomando la explicación
foucaultiana, se trata de hacer coincidir un delito con la personalidad de aquel que lo cometió.
Es materializar el delito en las personas adjudicándoles algún tipo de falla, y desde esta
perspectiva, dos medidas encerrar y curar. Siguiendo el trabajo arqueológico de este autor, el
acto o el delito cobra su significación a partir de la personalidad de quien lo comete. Hoy en día,
continua la tendencia en los informes es a describir comportamientos y conductas provocadas
por algún déficit, endilgado a la personalidad. Cabe agregar que el origen del mismo puede ser
orgánico, social, o psicológico, pero siempre es individual.

Esto es una exigencia de lo jurídico, que lleva a poner en escena elementos que no se vinculan
con el delito. Por ejemplo los rasgos de la personalidad, que no solo ofertan efectividad en la
explicación sino que además pasan a tener valor predictivo. Les sugiero no perder de vista, que
el discurso jurídico genera su propio objeto, a las vez que amplia su dominio sobre el mismo.
Tomo unas palabras de Lacan del Seminario XVII, "…Probablemente será, de las tres, la época
más importante, puesto que este año se trata de tomar el psicoanálisis del revés y, tal vez,
precisamente darle su estatuto, en el sentido del término que suele llamarse jurídico. Esto, en
todo caso, siempre ha tenido relación, y en el mayor grado, con la estructura del discurso. Si no
es así, sino es en el derecho donde se palpa de que modo el discurso estructura el mundo real,
¿dónde va a ser? Por eso no estamos menos en nuestro lugar aquí que en cualquier otra
parte."(Producción de los cuatro discursos, página 16, ed. Paidós). Si bien Lacan esta refiriéndose
a un cambio de lugar que tuvo que hacer para dictar su seminario, me parece adecuada a
nuestro tema su forma de pensar el derecho, diría lo jurídico. Privilegia al discurso de derecho
para ordenar la realidad. En general la demanda de la institución penal invierte esto, es decir hay
una realidad y el discurso –el informe por ejemplo- da cuenta de ella. La anormalidad implica un
tratamiento sustantivado del sujeto y más aun del delito. El discurso pasa a funcionar no como el
punto de engendramiento de aquello a lo que se refiere, sino como una descripción de un
observable.

En términos de la ciencia moderna el discurso jurídico, es el movimiento inverso al que introdujo


Descartes. Aclaremos esto, para el idealismo de Descartes, solo se tiene conciencia del yo,
fundado en que piensa. Pone en cuestión las cualidades sensibles. Para lo jurídico, es como si
existiera una individualidad empírica, capaz de determinar al yo. Esta es la posición de la trama o
la trampa del discurso jurídico. En esta versión no solo hay un yo que se gobierna a si mismo,
sino que además hace uno con la sustancia. En cambio la ciencia moderna formaliza, despoja de
cualidades sensibles. El psicoanálisis que tiene como condición a la ciencia moderna, opera
sobre el sujeto, que esta produce, y no sobre un yo. La ciencia para el psicoanálisis no es un ideal
-como si podría serlo para el juez que pide un informe-, Lacan señala que para avanzar solo se
autoriza en la práctica. Entonces maximizando algunas diferencias tenemos que el sujeto del
inconciente a no tiene si mismo, ni reflexividad, ni conciencia. Se lo caza, por estar vinculado al
deseo y no a un déficit.

En otras palabras, los enunciados del discurso jurídico, hacen de la realidad que generan una
realidad sustancial e invocan el ideal de la ciencia como soporte. Pese a que se materializan en la
institución, no suponen posición enunciativa, por lo tanto son inapelables. Van del sujeto al
individuo, por lo tanto, solo es posible aislar, y curar. La anormalidad encarnada en el
delincuente no es subjetiva, sino que reside en un individuo con déficit demostrable
científicamente y por lo tanto supone poder anticipar consecuencias. Si volvemos sobre algunas
ideas de Jean Claude Milner, se trata de leer un problema y hallar una solución, cerrando el
asunto que constituye el punto de partida. Para él la solución se caracteriza por ser efectiva y
borrar el problema mas allá de que sea total o parcial. Los informes psicológicos muchas veces
se alinean a esta perspectiva, mas allá de que pudieran estar escritos con vocabulario
psicoanalítico. De momento suspendo aquí con el informe para retomarlo luego.

Situémonos ahora en quien escribe los informes. Podríamos nombrar a los analistas, los
psiquiatras, los miembros de las juntas de seguimiento, el médico, y algunas autoridades tanto
del sistema penal como de las unidades carcelarias. Se impone la pregunta a cerca de que tienen
en común al momento de hacer un informe, más allá de las diferencias específicas de cada
profesión. Digamos que comparten la posición respecto del saber. No porque sepan
efectivamente, -esa no es una preocupación dentro del sistema- sino porque lo que señalen y
escriban funcionará con valor de verdad. La prueba mas clara es cuando se solicita por razones
de índole institucional que un informe apto para calificar a un interno, sea positivo o negativo, lo
escrito se convierte en una verdad, "verificada". La figura que me mejor define este papel de
decir como son las cosas, es la del experto. Alguien que a diferencia de la posición del analista,
no interroga, no es preguntón, porque fundamentalmente sabe. No se las ve con una cuestión o
con un asunto y respuestas posibles, o formas de leer eso que se le presenta. Va en otra
dirección, no desea saber las razones ni, la argumentación que pudieran comandar una escena,
porque sabe de antemano. Este lugar de experto, es al cual los analistas en las instituciones
somos convocados, y muchas veces intimados a responder.

Tal como lo dijimos antes, al analista lo autoriza su praxis, de acuerdo con el planteo de Lacan en
"Subversión del sujeto…". En eso es bien distinto al experto, porque a este, lo autoriza la
institución. Recuerden que además para el experto lo psíquico reviste lo orgánico al modo de
una totalidad; y en consecuencia hay conocimiento de esa totalidad. Para nosotros en tanto
analistas, el sujeto del inconciente no tiene nada de natural, partimos de un no saber. El punto
crucial es que el sujeto de la ciencia, ignora el alcance de su saber y es en esa ignorancia donde
se hace sujeto. Para la institución y el discurso jurídico esa ignorancia no es funcional, y la sutura
con el experto. No hay deseo del experto como deseo de saber, dado que el deseo de saber
implica asumir la ignorancia.

Tenemos hasta aquí algunas ideas de lo que pide la institución, en este caso penal, a los
analistas, esto es que hagan informes y que sean expertos en su ciencia. De esta manera se
aborda la realidad. Entonces que hacemos con esta dicotomía imposible de reducir, en la
institución el analista es un experto o un analista. Les propongo un camino, si nos ocupamos del
sujeto del inconciente, de un saber no sabido y del deseo, no es posible perder posición como
analistas. En este sentido podrá ser una jugada, responder a la demanda de lo jurídico con el
deseo. Con que deseo, el de ustedes de analizar y el de aquellos que les demandan atención. En
lugar de señalar los rasgos de personalidad que explicarían la conducta, se trata de alojar
sostener lo que alguien quiere para su vida. Informar sobre estas cuestiones implica dar una
respuesta legible a la instancia jurídica, sin hacer un anormal de aquellos a quienes atienden. Es
contestar a un pedido que fija al interno como deficitario, con un deseo y con una cuestión ética.
Es decir poner de relieve la decisión que alguien toma respecto de lo que dice querer. No se trata
de hacer del deseo un problema judicial, sino de articular la condición deseante con la vida
social. Quizás sea el deseo la herramienta con que se cuenta para tomar posición frente a la
demanda jurídico-institucional.

Como en la presentación anterior, voy a contarles algunos detalles del tipo de institución donde
se generó al caso clínico que hoy trabajaremos. Es la misma unidad carcelaria, que
anteriormente describí. Es una unidad destinada a trabajar en la recuperación de presos que
tienen problemas con las drogas, y que solicitan o el juzgado les indica tratamiento de
rehabilitación.

En este tipo de dispositivos es mas clara la hipótesis del déficit. Esto significa que existe una falla
en la personalidad, originada en las condiciones de crianza, lo biológico, las malas influencias,
etc. Se trata entonces, de lograr reparar o corregir la conducta de quienes consultan, con el fin
de la readaptación social. Para ello, existen en este tipo de tratamientos, fases o etapas que
tienen una lógica evolutiva. Estas fases o etapas se deben cumplir, una por una, acreditando
mejoras en la conducta. El tiempo de permanencia en cada fase muestra la voluntad y la
capacidad de recuperación de cada paciente. No se olviden, que siempre está de por medio la
causa de cada interno, y solicitar rehabilitación está bien visto por el juez.

Entonces tenemos un sistema de tratamiento, que se ampara en el conocimiento científico y en


estadísticas para fijar un mecanismo de control. No solo encierra al “anormal”, clasifica su
anormalidad y fija de que modo lo va a tratar. Es en todo caso un desdoblamiento, en una misma
escena de los mecanismos de represión y control. Recuerden que todo aquello que el discurso
jurídico no prevee, o sea que es disruptivo, paradójicamente es incluido bajo la forma de la
exclusión. Esta cárcel de rehabilitación creo que es un buen representante de esta cuestión. En
particular en este de dispositivo,- a mi me recuerda al protagonista de la película “La naranja
mecánica” de Stanley Kubrik, que se ofrece para un experimento de rehabilitación- implica que
alguien tenga “conciencia de enfermedad”, es decir que asuma su déficit.

Observen nuevamente la escena y traten de imaginar a un analista allí. En principio es difícil,


como ya señalamos en otras clases, la convocatoria a convertirse en un especialista, un experto
en el tema, resulta una demanda. Y justamente se le demanda porque se le adjudica
conocimiento , se espera su palabra, su informe, sus indicaciones de que es lo más adecuado
para estos pacientes. Como decíamos en la presentación clínica anterior, que explique
científicamente el delito a partir de la personalidad del delincuente. Bueno nuevamente son
estas las condiciones de inicio.

Pasemos al material, en esta oportunidad el caso corresponde a la analista Victoria Saggese


quien ha decidido compartir parte de su experiencia clínica con nosotros.

El material:

Un caso para “no encerrar” en la presentación.

El paciente, “residente” como se nomina en los dispositivos llamados de Comunidad Terapéutica,


es tomado en tratamiento en noviembre de 2006. El mismo había solicitado ser atendido por
una extensa historia de consumo de drogas.

En la derivación por el Equipo de Admisión, aparece una mención puntual por la complejidad del
caso. Episodios de sobredosis, autolesiones, dependencia marcada a sustancias varias, etc. y con
una “presentación desbordada”.

Es lo que suena en el primer tiempo del tratamiento, con rasgos propios de extensas
institucionalizaciones. Con escasez en los recursos ideativos e interpretativos. Pensamiento
concreto desordenado y metonimizado, querellante y con ideas autorreferenciales. Intentos
impulsivos de descarga y abreacción. Responsabilización al otro. Indisciplinado y sin marco
normalizante.
En principio con algunas dudas diagnósticas, se precisa a nivel teórico la holofrase, no pensada
desde la psicosis pero si en la analogía que Lacan sugiere entre ésta, la psicosomática y la
debilidad mental.

Esto de pensar al significante holofraseado de la debilidad mental, reorganiza el caso. El campo


inicial de fenómenos- hábito del consumo, compulsión, compromiso del cuerpo órgano,- en
términos de Lacan S1, es pensado y trabajado vinculado a una dialéctica, para conmover este
significante petrificado y aislado.

El logro se sostuvo en el transcurso de la puesta en forma del dispositivo tratamental,


sobrevalorando el sesgo del discurso religioso y el arte, en particular la música. Por intermedio
del culto religioso, se interesó en la música. Haciendo de esto el aspecto regulador de su
conducta manifiesta.

Se estabilizó en sus pensamientos discordantes, y frena notoriamente su exitación psicomotriz.


Va decantando esto en el desenvolvimiento cotidiano en procesos de estabilización y alivio.
Encapsula la temática conflictiva evitando desbordes anímicos.

Lleva a cabo sus responsabilidades y se esfuerza en superar y obtener metas a corto y largo
plazo, revalorizándose en su accionar.

Durante éste último período, donde se le solicitó un pase a fase II, con reinserción social, el
residente ha fortalecido lo que lo estabiliza, con tolerancia y mesura frente a lo que proyecta
evaluando condiciones para dar curso a lo que pretende. Ha logrado interrogarse sobre su
conflictiva delictivo adictiva, cercando con prudencia los motivos causales, poniendo límites a
sus rasgos de impulsividad y excesos.

El sistema religioso operó en primer instancia como regulador, vía el tratamiento se propició el
aprendizaje de un instrumento de música que lo des encerró de su subjetividad abarrotada y
enrejada.

Hoy enseña a otros….

Hoy se presenta en teatros fuera de la unidad carcelaria.

Hoy lo considera una salida laboral.

Hoy este instrumento suplencia real, logró anudarlo y enlazarlo a otro diferente del inicio.

Y, por otro lado, desde la dirección de la cura, intentar “no encerrar” a los significantes
“encerrados” de la presentación del caso…

Lic. Saggese Victoria

Para comenzar, el paciente tiene sus entrevistas con Victoria, luego de una admisión institucional
que rápidamente lo clasificó como un caso difícil. Resulta evidente cierta cuestión transferencial
del equipo que realizó la admisión, con el modo de trabajo de la analista.

Entonces tenemos que el paciente demanda asistencia y que en virtud de la historia


institucional, deciden incorporarlo al tratamiento advirtiendo a Victoria del caso. En la
descripción, se pueden leer una serie de rasgos de personalidad que hacen a la complejidad del
paciente. Es interesante como desde la institución, desde lo jurídico no se cuestiona cierta
dificultad para asistir a un paciente, que haya estado institucionalizado largos períodos de su
vida, solo hace suponer que el paciente es difícil. El equipo de admisión, sigue por esa vía, no
presenta pregunta solo confirma la historia individual, como si las instituciones donde se alojó
no tuvieran nada que ver con el caso. Dicho equipo de admisión opera como el experto, sabe
que es un paciente complicado da aviso, pero no interroga, no supone inconciente, al menos
como nosotros lo pensamos. El saber bajo la forma del conocimiento, fija el ser de este interno,
siendo el punto de apoyo la pretensión científica. En mi opinión, se les escapa la institución
como una otredad en la vida del paciente. La derivación pudo haber articulado las
manifestaciones de la conducta con una pregunta, o haber situado que desconoce que tipo de
atención tuvo previamente, o que no puede establecer que significa el encierro para este
hombre que reacciona de ese modo. Pero ese camino no es explorado. Es decir en lugar de
habilitar una pregunta, solo confirman la complejidad del individuo.

Victoria realiza una maniobra diferente, lo acepta, observa las manifestaciones de la


personalidad del interno, y genera una pregunta. Aquí ya estamos en otro campo. Todo este
conjunto de datos, verificables en la conducta, le plantean dudas en el diagnóstico. No pierdan
de vista que decir que es un caso difícil, no supone ninguna duda, solo engorda el conocimiento
del experto. La posición de Victoria es la de un analista, porque se interroga acerca del sentido
frente a la demanda. Ni responde a esa demanda informando que el tipo verdaderamente es un
“anormal”, ni se desentiende del caso. De hecho pensó una hipótesis de trabajo, en función de
su lectura de los significantes en juego, y estableció un rumbo.

Esto sugiere, que con un caso que normalmente en las instituciones nadie quiere atender, ella
decidió avanzar. No se quedó en la descripción de fenómenos conductuales. Lo escuchó con
atención, y recortó algo del mensaje de este paciente. En transferencia surgió el deseo, al
paciente le apasiona la música, a tal punto que está dispuesto a mucho, a asumir de que modo
quiere que la música esté en su vida. Vean el salto, de un caso de los complicados, esos que
circulan por todo tratamiento posible, que resultan un dolor de cabeza, allí la analista escuchó a
un ser hablante, y en immixión se pone en forma un deseo. Para decirlo de un modo provocador,
hizo de un caso difícil, un paciente que quiere ser músico y vivir de eso. Ya el asunto es otro,
como ven este paciente está decidido a reorganizar su vida a partir de este hallazgo.

Considero clave señalar la vía del deseo, es notable como el paciente cambia, lean la descripción
de la conducta, a partir de una nueva significación este ser hablante tiene un nuevo horizonte.
Pasó de estar desbordado a no ceder esto que descubrió en su análisis, simplemente porque se
encontró con una analista decida a escucharlo. Creo que la posición de firmeza del paciente con
su deseo está en estrecha vinculación con el deseo de Victoria de analizar. Ella es la primera en
esta serie de instituciones y tratamientos que se pregunto que es lo que le pasa, y alojó la
demanda del paciente. No pierdan de vista que en el material, el relato comienza hablando de
conductas, y luego las trató como significantes. Todas esas manifestaciones de “desborde”, son
leídas en busca de despejar un sentido, la analista habla de dialéctica, de hacer de los
fenómenos observables de la presentación un S1. Retomando, tenemos entonces que de un
caso difícil, de un interno problemático, se opera un pasaje al campo del significante, es allí en
ese sitio donde se podrá leer el deseo. Sin el deseo de esta analista, este giro no hubiera sido
posible.

Piensen nuevamente, como leer el criterio del déficit, de la responsabilización individual, y lo


que ha sucedido en este material clínico. No parece que el caso difícil se halla rectificado o
encamisado en las pautas y normas sociales. Si en cambio que ha modificado radicalmente su
posición, ahora identificó algo que quiere para su vida. Este movimiento implica una relación
diferente con el Otro. Para hacerlo mas claro, si quiere vivir de la música, presentarse en teatros,
dar clases, etc. se tiene que replantear la permanencia en la cárcel, y el modo de circular en
sociedad. Seguramente ir por mas en la música, le va dar una significación diferente a su vida. Su
mensaje, a partir de pasar por el campo del Otro, se resignificó. Las mejoras en su vida son
efecto de una nueva relación con el deseo.

Entiendo que el caso va viento en popa, ahora bien retomemos algunos planteos. Si este
paciente mejoró, es a partir del análisis y de la puesta en forma de su mensaje. Habilitar su
deseo implica a la vez, una modificación en su relación con la ley, la sociedad y el modo de goce.
Es una separación efectiva de los mecanismos de control, dado que estos no se interesan en la
subjetividad.

Mi apuesta es que esto que sucede en un análisis sea la respuesta a la demanda del discurso
jurídico o institucional. Que los informes señalen la existencia y el valor del deseo en lugar de dar
cuenta de la evolución del paciente.

Bueno, va mi agradecimiento a las analistas que brindaron el material clínico, finalizamos acá.

EL MITO DE LOS PIBES CHORROS POETAS. POR JULIÁN AXAT

27 marzo, 2013 por Editorial

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“El Bien no es mas que una ilusión; el Mal es una Nada que se produce a si misma sobre las
ruinas del Bien”
J.P Sartre; San Genet

1. Hablar de los pibes chorros poetas es más o menos, además de una irresponsabilidad, una
hipocresía. Nunca conocí a ninguno, ni tampoco creo que existan. El mito del pibe chorro poeta,
es un invento del progresismo culposo y defensivo, basado en la construcción de personajes o
fabulas nunca comprobadas en los hechos, los que siempre son más complejos y muestran una
realidad cargada de matices, poco cercana a una épica de la violencia lumpenproletaria fabricada
en el papel y en la distancia irresponsable.

El mito del los pibes chorros poetas deviene del mito del “Buen Salvaje” que postulara J.J.
Rousseau en el Emilio o la Educación; pero también proviene de una estética cinematográfica:
“En niño salvaje” F. Truffaut; o más cercana de “Crónica de un Niño solo” de L. Favio. En
literatura “Las Tumbas”, de Enrique Medina tiene algo de esta mitología, aunque una descripción
bastante exacta de los infiernos llamados Institutos de menores.

El mito del los pibes chorros poetas, deviene del mito de “Buen Salvaje” del que también hace
eco la derecha, y que postula a un ser que es amenazado y es pasible de captura por el sistema
institucional, transformándolo –por los mecanismos de control social y violencia institucional- en
un “Mal salvaje” (el mito del niño caído). Claro para la derecha, hay que eliminarlo por cualquier
medio, pues ya no es capaz de ser disciplinado. Cierta izquierda, en cambio va a construir una
romántica (en una lectura forzada de Michel Foucault, más cercana al trotskismo tradicional que
a otra cosa), la que puede ser resumida en el eslogan: “ningún pibe nace chorro”. Es decir, la
única maldad proviene del sistema que captura a ese ser inocente llamado niño. Lo corrompe, lo
abusa, y luego lo mata o hace desaparecer.

La resistencia poética de los pibes chorros, para esta versión del progresismo idílico, es una
forma de quebrar al sistema. Se llega al punto de justificar graves delitos cometidos por
supuestos jóvenes vulnerables o vulnerabilizados, diciendo que se trata de un mecanismo para
redistribuir la riqueza en forma aislada, frente a un sistema de expoliación general. Es decir, el
pibe chorro poeta sería un robin hood que hace justicia, pues en cada delito, realiza un acto
revolucionario, como si fuera la épica de las organizaciones de los 60/70.

Estas ideas insólitas, y absurdas han sido muy bien parodiadas por el personaje Marcelo
Fischbein, en el blog Los Trabajos Prácticos, más tarde compendiado en el libro Holy Fuck (edit
Garrincha Club, pág. 342 y sgts): Dice este personaje inventado para hacer caer a los incautos:

“En las últimas semanas todos nos comprometemos con los derechos de la juventud armada del
conurbano, pero nadie dijo nada de sus acciones que muchos celebramos en silencio pero no
nos atrevemos a justificar en público. Y sin embargo un verdadero frente nacional y popular y de
izquierda no puede ignorar que los llamados delincuentes son, hoy en día, quienes más están
haciendo hoy en día por la argentina a favor de la redistribución de la riqueza. El derrame de
millones de pesos obtenidos ilegalmente está siendo ahora objetivamente repartido por la
acción hormiga de miles de pequeños estabilizadores que devuelven parte de esa riqueza a su
estado natural. Aunque nadie lo diga todos sabemos que nuestros chorros del conurbano son el
más claro exponente de lo que deberíamos entender como desobediencia civil… desobediencia
civil es lo que hacen estos muchachos desesperados de La Matanza y San Fernando: forzar hasta
el final las contradicciones del sistema y hacerlas visibles a toda la sociedad. La persona que roba
no hace solo eso, también está llamado la atención sobre un sistema injusto que la aliena y
destruye. Está pidiendo ayuda o procurándosela por mano propia… cada robo es un llamado a la
placidez burguesa… Es por eso que la izquierda nacional tendría que hacer algo por (y con) la
juventud en armas del conurbano… están solos, están desorganizados, cada uno por su lado. Si
alguien pudiera juntarlos, eso sería una fiesta de rabia y de cojones, capaz de mover los
cimientos de una sociedad… necesitan organización: están esperando que alguien los ayude a
dotar su violencia natural de un contenido que los supere y le de significado… nos guste o no nos
guste estos muchachos del conurbano, tristes y desahuciados, son las orgas de hoy, la verdadera
descendencia de Montoneros y la JP… son ellos los que tienen los fierros, los que no tienen
miedo, ni el más mínimo problema con estar fuera de sistema; los que ponen el cuerpo todos los
días contra la hegemonía de las casas y autos de lujo. Desde que se apagó el entusiasmo
piquetero, los “delincuentes” dirigen hoy la única campaña vigorosa y fresca de
desestabilización… por eso no estaría de más, como en 1973, que se abrieran las cárceles y
dejáramos salir a la cancha a los elementos más dinámicos y enérgicos de la sociedad, el
antibiótico que tal vez pueda hacer algo con nuestras infecciones… Abran las cárceles, dejen salir
al Ejercito popular…”

La construcción del discurso de Marcelo Fischbein en el cual muchos se reconocen, es una


verdadera parodia, un hipérbaton fabricado con retazos discursivos del progresismo tradicional y
de la izquierda bienpensante sobre los pibes chorros liberadores, y juega todo el tiempo el mito
del “buen salvaje” romántico. Una provocación inteligente, pero canalla. Pues claro que el juego
cínico-paródico; es marcadamente una forma de hacerle el juego a la derecha, inventando un
discurso inverosímil como “cazabobos” (recordemos la jugada burlesca de Alan Sokal, remitiéndo
un pastiche sobre el pos-Lacanismo, y ganando un premio entre los Lacanianos).

En el fondo, los autores están sugiriendo la inversión del mito del pibe chorro poeta-guerrillero,
no solo para reírse de él; sino para demostrar el fracaso de las políticas de seguridad basadas en
esa idea de los niños-adolescentes armados como buenos salvajes-inocentes, siempre piadosas,
ingenuas y causantes de los más graves daños sociales a los vecinos de bien.

Los autores son adeptos a la inversión del buen salvaje, para exponer el discurso de la seguridad:
ley y orden, del que están convencidos. Cuando el mito del niño peronista-proletario está en
crisis, entonces les da risa los estertores confusos de un niño delincuencial neo-montonero, para
aparecer sugestivo el mito del (eliminable) niño terrorista.[3]

Lo importante para evitar y no caer en este tipo de juegos-trampa, es destruir los mitos
progresistas sobre los pibes chorros épicos (en su versión pibes chorros poetas) y construir –en
todo caso- un discurso serio, complejo, y no culposo, hipócrita sobre los pibes del conurbano
que flotan a la deriva. Un discurso que al captar esa complejidad, no le haga el juego a la
derecha criminológica, que por lisa y llana y adaptable a los medios dominantes; siempre es la
que se consolida en el clamor popular.

2. Desde el punto de vista literario, aquellos textos que sugieren una metafísica compleja sobre
la relación entre infancia, delincuencia y literatura son: San Genet, comediante y Martir de
J.P.Sarte. G. Bataille (la parte maldita), a F. Nietzsche (Genealogía de la moral), pero también leer
(sin troskismos) a M. Foucault (Vigilar y Castigar; el Poder Psiquiátrico, Los Anormales). También
para pensar la relación entre poesía y delito: las biografías de A. Rimbaud (Starkie; Jamie james,
etc); Los malditos (de Paul Verlaine). Los textos de Charles Dickens: Oliver Twist. Diario de un
Ladrón, del mismo J. Genet. Más acá las novelas-cronica: Cuando me muera quiero que me
toque cumbia (C. Alarcón) o Ciudad de Dios (Paulo Lins), son textos con complejidad, aunque por
momento rozan el “buen salvaje” y la (falsa) épica de los pibes chorros.[4]

Para pensar la relación entre estado originario y devenir institucional de la infancia, hay que
pensar una sociología de la interacción simbólica, lo más objetivada posible a la hora de describir
las practicas de jóvenes vinculados al delito (los textos de Sergio Tonkonnof; o los de Gabriel
Kessler son aparatos teórico-descriptivos que resultan más que interesantes, además de un
cruce con la literatura).

Si asumimos que el pibe ingresa (al sistema institucional) inocente-vulnerable y sale tumba,
decimos una verdad parcial, además de pueril. Ocultamos las complejidades (sin caer en el
dilema inocente-culpable) con las que ingresa. Y, en todo caso, la capacidad de violencia latente
que también porta, y en interacción etiquetante se actualiza. Ocultamos así la trama de
responsabilización frente a un sistema que lo juzga, solo para denunciar al sistema; pues si
miramos otra cosa, si dejamos de lado la permanente violencia estatal, salimos del mito de
tabula raza capturada y constantemente abusada.

La maquinaria de resistencia a priori no es nunca tabula raza. Todo pibe, todo adolescente es un
cuerpo con capacidades perfomáticas más o menos introyectadas que chocan de lleno contra el
aparato policial-judicial etiquetante. Los pibes ejercen o ponen en funcionamiento distintas
estrategias de resistencia, pero por desigualdad intrínsica quedan o son fácilmente atrapados en
esa madeja. De allí que las capacidades anteriores a ser captados sean las defensas con las que
pueden contrarrestar (o no) al sistema (cada pibe es un mundo), y en esa interacción
potenciarse, redimirse a sí mismo o quedar neutralizadas (en algunos trabajos he realizado
varios estudios de campo sobre este choque ante el sistema judicial, y las conclusiones a las que
he arribado me demuestran que existen ciertos capitales anteriores, que se enmarcan incluso en
circulación de violencia, que pueden servir como formas de empoderamiento para neutralizar la
violencia institucional).

Los pibes chorros pueden hacer hip-hop, cantar cumbia villera, tantear poesías o escribir poesía
en el encierro. Pero antes, muchas veces, necesitan manejar la lecto-escritura. La alfabetización
la mayoría de las veces no existe (aun cuando algunos sigan soñando con pibes chorros poetas la
mayoría tiene dificultades para comprensión de textos más básicos). También los déficits
alimentarios y nutricionales. Recuperarse de consumos, y re-organizar necesidades. Entre ese
aprendizaje intracarcelario, aprender a convivir y no dañar a sus pares. Ante este escenario, la
poesía no es más que una fachada, una pintura externa para esconder otros problemas
estructurales. De allí que la verdadera salida del laberinto (es casi siempre por arriba) más que la
de convertirse en poeta (ese es el mito). Es la de potenciar los factores más básicos y
rudimentarios que faciliten insumos para potenciar trayectorias inestables, que casi siempre
dependerá de los vaivenes-encuentros alegres y no tristes con los adultos que gobiernan el
engome (no suelen ser para nada poetas), y con los que puedan friccionar el transcurso de un
encierro (hay lugares y lugares, maestros y celadores de todos los colores).
Las experiencias de escritura de poesía desde y dentro de la Villa, la creación poética marginal,
pensada como “poética villera”: es más un invento de la exterioridad que del propio lugar. Un
mito etnocentrista de los sectores medios ilustrados o progresistas. Experiencias como “Todo
piola”, “La Garganta poderosa”, no son funcionales al mito del pibe chorro poeta, pues en los
contenidos de esos registros se resalta la necesidad de evitar el delito. La idea del “rescate” a
través de la potencia escrituraria está todo el tiempo como una forma de salir de la mala vida en
el gueto. No hay en esas revistas, o al menos no lo percibo, una justificación de la violencia, ni su
romantización como “poética del pibe chorro”. Por lo tanto la idea del pibe chorro poeta se me
hace relativa, si el dispositivo literario y creativo es mediador en la instancia de contención de la
reproducción de la violencia dentro de los espacios de los que nace-circula y es consumida.

Camilo Blajaquis (César González), constituye el depósito del Mito del pibe chorro poeta
adquirido por externalidad. Este estigma es muy peligroso, y es una estrategia a la que el propio
Cesar-Camilo debe desmarcarse para sobrevivir o construir su identidad. Etiqueta que –por
efecto bola de nieve- conlleva el riesgo de quedar atrapado, y no como sobrevivencia, sino como
captura iconoclasta.[5] La irreverencia de Blajaquis no es la del delincuente desafiante con la
poesía o cierta romántica (esa es la que les puede gustar a muchas chicas que lo persiguen en su
blog, face y twitter). El desafío de Camilo, es construir una voz poética propia, que permita un
lugar en un mundo cruel, donde los poetas son blancos, de clase media y alta, universitarios, etc.
Es decir, si puede alguien como Camilo puede generar una ruptura que le permita a otros
“Camilos” irrumpir en ese campo. Pues si se trata solo del único “Camilo”, entonces él sería un
privilegiado con permiso a entrar en ese ámbito, y no otro. Los mecanismos consagratorios lo
atraparían, hasta que aparezca un nuevo ídolo y lo desplace (recordemos a otro heterónimo-
poeta consumido de esa manera en estos tiempos: Santiago Vega-Washington Cucurto).

La capacidad e inteligencia de Camilo es entonces su poesía; la que -en el futuro- determinará si


es captado y aplastado por una maquinaria cultural que todo lo tritura, y odia a pibes como él,
salvo que sean la excentricidad del momento, o un ícono cultural que se agota en él mismo. Pues
en el fondo Camilo corre el riesgo de encarnar, ni más ni menos, que el falso Mito del Niño
Criminal poeta, que todos los bienpensantes desean, para redimir su derrota revolucionaria. La
culpa.

Lo cierto es que en mi experiencia como defensor juvenil, no he tenido la suerte de hallar dentro
de cárceles o institutos de menores, a pibes con esa capacidad, creatividad e inteligencia que
tiene Camilo Blajaquis (lo he invitado a escribir un libro a dúo, y no me ha contestado). Puede
que no haya tenido la suerte, o puede que no haya visto bien, hay gente que me dice que hay
muchos Camilos Blajaquis perdidos entre los márgenes o institucionalizados. O me han dicho
que todos son Camilos Blajaquis en potencia. Pues yo los busco desenfrenado o los espero, y
hace mucho quiero hacer ediciones de su poesía. Pero hasta ahora solo conocí a un Camilo, y
algunos otros que son cercanos a él, pero su figura es tan fuerte que los deja un poco atrás.
Seguramente me falta seguir buscando.

3. Por último, me interesaría introducir la cuestión de la capacidad poética de los pibes, la


creatividad. Dos registros de experiencia puedo dar al respecto son: a) los talleres de creatividad
artística dentro de los Institutos de Menores; b) la teatralidad y capacidad performática de los
jóvenes ante la instancia policía-judicial-penitenciaria.

En lo que hace a talleres y recreación intra-carcelaria (literatura, pintura, teatro, fotografía, etc):
la poética está todo el tiempo en los pibes, y se percibe como pulsión de vida, como estrategia
de salir de un engome, o como forma sublimación o de adquirir herramientas e insumos para el
afuera, que no tengan que ver con la reproducción de lazos violentos. Me ha tocado ser parte de
esos talleres, y debo decir que la experiencia ha sido enriquecedora, para los pibes, pero para
quien escribe.

En los procesos penales, policiales; he apreciado (y así lo percibo a diario) una capacidad
performática de creer y “hacer creer” a los otros relatos que pueden no haber existido nunca,
pero por la puesta en forma del mismo (verseo) adquieren cierto tono de “verosimilutid”. Esta
capacidad de puesta en relato es también una auto-mentira (creerse la propia mentira a la larga)
muchas veces tienen efectos altamente positivos para las subjetividades infractoras (pese a que
los psicólogos insisten en la necesidad de responsabilizar con la “verdad” de lo ocurrido, y yo me
peleo con ellos).

Lejos de pretender caer en el mito del pibe chorro poeta, todos los seres humanos en
situaciones límite donde todo está en juego, en especial la libertad, ponemos en funcionamiento
la capacidad de ficcionalidad, la máquina de contar historias. En este sentido, he podido apreciar
ante mi asombro subjetividades precarias, sin los capitales más básicos que les mienten a los
Fiscales y Jueces en forma descarada, y muchas veces -.por piedad o por creencia- éstos se
terminan creyendo los relatos de los pibes a los que juzgan.

La potencia performática no implica ser un pibe chorro poeta. La potencia performática varía en
cada sujeto, hay algunos que tienen mucha otros nada. Esto no es poesía.
4. Si bien el Mal o el Bien, son construcciones sociales. Construir un discurso serio y responsable
sobre los pibes, es pensar en la fragilidad y vulnerabilidad de sus lazos; de modo de relativizar las
axiologías fuertes-absolutas, para introducir resistencias sin épicas ni inocencias.

Aun cuando el Estado de derecho los presuma inocentes hasta que se demuestre lo contrario, en
rigor sociológico, las maldades y bondades de los pibes chorros son anteriores a la captura
institucional que seguramente, ante la situación que se encuentra el sistema institucional actual,
profundizará un grado de maldad (como daño), es decir, el reciclado de la violencia institucional
hacia fuera-adentro (dialéctica estatal que culmina en subjetividades arrasadas y en muertes o
desapariciones). Sin embargo debe construirse una mirada con matices, que coloque el ojo en la
necesidad de dar marca simbólica desde afuera para salir del circulo de la auto-violencia y el
abuso externo; pero también apreciar la fricción de una máquina de guerra deseante que al ser
capturada se pone a prueba y, también, puede descolocar a ese sistema que pretende
disciplinar-y muchas veces desechar-exterminar. La tensión entre captura y resistencia a la
captura es una lucha del cuerpo y la vida, una relación de poder desigual, pero posible, más no
por ello poética.

Los pibes chorros poetas es una típica mitología Barthesiana, para alienar y divertir a los sectores
progresistas, o quitarles culpa cuando esos mismos pibes son encerrados sistemáticamente o
reclutados, o mueren a manos de escuadrones y gatillo fácil. Enmarcar esas muertes en un final
trágico-épico es absolutamente canalla, como indolente y cómplice. Hay que evitar los discursos
“fantasiosos” y negadores que vienen como anillo al dedo a un consumo editorial y a las
corrientes de ley y orden.

Relatos fáciles, simplistas, y románticos, son un suelo propicio e imaginario ideal para mantener
vigente un decreto-ley 22.278, que con la firma de Videla rige todavía el Sistema Penal Juvenil y
la punibilidad-disposición tutelar. Una mirada sobre la responsabilización juvenil seria, exige
desplazar los mitos y fantasías sobre “los buenos salvajes”, y quebrar de una vez por todas, los
lugares comunes sobre los jóvenes y la delincuencia.

La poesía. La poesía es otra cosa.

26/3/2013
[1] Exposición realizada en la Biblioteca Nacional, el marco de las Jornadas Violencia y Cultura.
Reflexiones contemporáneas sobre la Argentina Contemporánea: “Los Pibes Chorros”. Miércoles
27 de marzo de 2013.

[2] Julián Axat nació en La Plata en 1976. Es abogado y se desempeña como Defensor Oficial del
Fuero de Responsabilidad Penal Juvenil de La Plata. Es docente de Derecho político en el Colegio
Nacional de La Plata. Realizó la Maestría en Ciencias Sociales en la UNLP. Miembro investigador
de PRISMA jurídico (San Pablo-Brasil). Ha publicado los siguientes libros: La Radicalidad de las
formas jurídicas, Políticas de Terror, la Criminalización de la protesta (todos en coautoría),
También artículos en distintos medios académicos. Su actividad literaria comprende los
siguientes libros de poesía: Peso formidable (2004), servarios (2005), medium (2006),
ylumynarya (2008) y Neo o el equipo forense de sí (2012); Musulmán o Biopoética (2013). En
2010 editó, la Antología Si Hamlet duda, le daremos muerte, que reúne a 52 poetas argentinos
nacidos a partir de 1970. Actualmente, dirige la colección Los Detectives Salvajes, de la editorial
Libros de la talita dorada.

[3] Toda esta cuestión me lleva a Osvaldo Lamborghini, y a su cuento el Niño Proletario. La
decadencia del niño proletario hijo del Estado de bienestar, desemboca en un abandono literal
neoliberal de un proyecto de infancia: el niño desnudo desechable (nuda vida) del que habla el
argentino Eduardo Bustelo Grafiggna; o bien en el niño terrorista, tal como lo sugiere en Los
niños de Guantánamo, la periodista Michelle Shippard. El mito del pibe chorro poeta, es un
invento social tan cercano o disparatado al imaginario analizado por la psicoanalista Marie
Langer, al hablar del Mito del niño asado, con posterioridad a la proscripción del peronismo.

[4] El asesinato del Frente Vital, y el mito que se construye en torno a su figura, es una crónica
riesgosa. Es difícil encontrar casos de pibes chorros robin hood, la mayoría de los actuales roban
dentro de la Villa y entre sí. Alarcón es consciente de este problema, del antes y el después de
los pibes chorros como el Frente Vital, donde los códigos se diluyen. Su novela posterior: Si
querés quereme tranza, muestra la defección de la violencia narco, y de los soldaditos de los
narcos que reclutados matan por precio o por nada. La romántica deja de existir. Aunque los
lectores progresistas sigan siendo seducidos por el mercado literario, y el viaje (mediado) a los
bajo fondos y cierta épica de la vida marginal.

[5] Debo aquí señalar que antes de que Camilo-Cesar edite su primer libro lo invité a hacerlo en
la Colección Los detectives Salvajes (libros de la talita dorada) que dirijo, incluso lo incluí (con su
permiso) en la Antología Si Hamlet Duda le daremos muerte (2010). Aunque Camilo-cesar,
siempre muy agradecido y atento, estaba encaminado ya en otro proyecto editorial. El derrotero
de “La venganza del cordero Atado” (2010), bajo la editorial Visor-Peña Lillo terminó siendo algo
problemática, pues Camilo-Cesar accedió a un catálogo del que vio pocos libros, y de que como
consecuencia del contrato abusivo de cesión de derechos, no vio ningún retorno monetario. La
segunda edición de La vengaza… si bien instala a un autor ignorado-invisibilizado, dispone un
lucro editorial alimentado en la publicidad del mito del pibe chorro poeta que la propia editorial
montó. Algo que quizás sea injusto con la muy buena poética que el propio Camilo-.Cesar
despliega. De allí que, los poemas posteriores editados por Tinta Limón, bajo el título “Crónica
de una libertad condicional” (2011), ahora sí sean una salida-liberación de aquel marco editorial
abusivo-opresivo, y en todo caso una estrategia para tener ejemplares a mano, y un retorno para
su sobrevivencia como verdadero poeta que es (lo de pibe chorro es un invento de los medios de
comunicación). El segundo libro, “Crónica…”, denota un trabajo mas complejo con el lenguaje, y
una propuesta formal más ambiciosa.