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Aprendiendo a gestionar el tiempo

“Si no me preguntan por el tiempo, lo sé; y si me preguntan


por él, no lo sé”

San Agustín (siglo IV DC)

“Cuando el tiempo sólo sea rapidez, instantaneidad y


simultaneidad, mientras que lo temporal, entendido como
acontecer histórico, haya desaparecido de la existencia de
todos los pueblos, entonces, justamente entonces, volverán a
atravesar todo este aquelarre como fantasmas las preguntas:
¿para qué?, ¿hacia dónde?, ¿y después qué?”

Martin Heidegger

Tal vez en ocasiones se hecho algunas de estas preguntas ¿Por qué siento que me falta el
tempo? Y a pesar de haber concluido una tarea ¿Por qué me queda la sensación que la pude
haber hecho mucho mejor?

El tiempo le ha interesado al hombre desde la intensificación de la vida y el comercio, de


ahí que buscó medirlo con instrumentos cada vez más sofisticados. Pero en un determinado
momento su interés trascendió del plano meramente económico al religioso y filosófico y
por supuesto científico. En el plano filosófico y religioso se criticó el tiempo comercial
propio de los ritmos e imposiciones de la urgencia en la entrega de productos, para
concentrarse en el análisis de lo universal y existencial; es decir un tiempo más acorde a
los ritmos de la naturaleza y a los sentimientos más profundos. Por ejemplo, en sociedades
agrícolas antiguas más equitativas, como el incario, el ritmo del tiempo era guido de
acuerdo a las estaciones, de ahí que el reloj del Inca al igual que en otras culturas antiguas,
era el sol. ¿Cómo sabía que ya había transcurrido la mitad del día? Por la puesta del sol
sobre nuestra cabeza.

Pero con el desarrollo del capitalismo mercantil a finales de la edad media en Europa
producto del declive de los feudos y castillos, se buscó mayor precisión en la producción,
entones se sofisticó más el reloj. El problema, no es tanto el invento científico, sino la
dependencia excesiva a este, al imponer su ritmo, muchos hombres programan toda
actividad en forma obsesiva y compulsiva, descuidando su esencia más profunda que es la
conciencia del presente “aquí y ahora” en favor del futuro, creando ansiedad, angustia y
desesperación, los cuáles se quejan irónicamente diciendo que les falta tiempo, viviendo y
durmiendo con el reloj en la mano.

Esta situación se complica más hoy en día con el desarrollo desmedido de los medios de
comunicación y ahora último, las redes sociales, que muchas veces como se ha visto violan
el espacio privado, íntimo y reflexivo que necesita cada uno de nosotros. Tal impacto
genera la sensación de que el tiempo pasa como una estrella fugaz.

No podemos ir en contra del desarrollo de la ciencia, ni mucho menos de la tecnología pues


sabemos que esta es inevitable y nos ayudará siempre y cuando la empleemos en forma
mensurada. Por ello, debemos hacer, que realmente sea de una ayuda y no un estorbo,
fastidio ni incomode nuestras acciones más apasionantes y autentica naturaleza humana, la
cual es la conciencia y autoconciencia plena del presente y el compromiso con nuestras
pasiones más que con las urgencias.

Este tema ya desde la época de los filósofos se discutió mucho, sobre todo de una forma
brillante en Séneca, quien afirmaba contrariamente a lo que la mayoría creía, que la vida no
es corta ni breve sino que la desperdiciamos en cosas insignificantes, descuidando, no
disfrutando y poco apreciando nuestro presente.

La ciencia avanza a pasos agigantados, hoy en día se habla de la posibilidad de viajar en el


tiempo. Con Einstein aprendimos teóricamente a que es posible, si viajáramos en una
máquina que se aproxime a 300 000 km/s, es decir, cercana a la velocidad de la luz. Tal
vez algún día se logre, pero siempre partiendo desde el presente, es decir viajaríamos al
futuro del presente, pero nunca al pasado del presente. Por lo que se deduce que sería un
viaje sin retorno.

Por ejemplo, si con una nave espacial despegáramos de la tierra, a una velocidad que sea
muy próxima a la velocidad de la luz (300 000 Km/s) con un equivalente a dar dos vueltas
por segundo alrededor del diámetro de la tierra y regresáramos después de 7 años (tiempo
para nosotros dentro de nuestra nave) a nuestro punto de partida en la tierra, ya habrán
transcurrido en el planeta 500 años. Stephen Hawking en la historia del tiempo,
profundizó las suposiciones de Einstein, y nos confirmó una segunda posibilidad, pues si
pudiésemos inventar una máquina que bordease el perímetro de un agujero negro sin ser
absorbida por éste, llegaríamos también a un punto en el futuro. A su vez estudió
teóricamente la posibilidad del viaje al pasado, pues sostiene que entre los átomos existen
un conjunto de núcleos gaseosas microscópicos que el denominaba “espuma cuántica”, y si
estos se ampliaran “se formarían unos agujeros así como los que hacen los gusanos en las
manzanas “agujeros de gusano” y si a un tamaño mucho mayor pudiese ingresar una
persona o nave especial, se podría llegar a un punto del pasado. Sin embargo, reafirma lo de
Einstein aceptando teóricamente y quizás con el tiempo, de un viaje sin retorno al futuro,
pero reitera la probabilidad de la imposibilidad de un viaje al pasado, pues las personas que
ya han fallecido, o nuestro errores, son imposibles de volverlos a reconstituir por la flecha
unidireccional del tiempo (las causas preceden a los efectos y no al revés). Los cuerpos
muertos ya no se pueden regenerar ni reconstituirse, lo mismo que un vaso de vidrio roto
(principio de entropía), análogamente nuestras malas acciones o palabras hirientes o el daño
o efecto de un suceso de la historia personal o de la historia universal, por ejemplo la
desolación que causó el lanzamiento de la bomba atómica o la decisión de haber abortado
en forma irresponsable o alguna daño que se halla hecho emocional o físico a alguien o a
usted mismo. Tampoco se podría viajar al pasado de nuestro presente, por la siguiente
razón lógica de la “paradoja del abuelo” ¿Qué pasaría si yo en el pasado matara a mi abuelo
o impidiese que mis papas se casen? ¿Yo podría haber nacido? ¿Y hubiera podido viajar al
pasado? O si por alguna razón quisiera cambiar mi pasado para supuestamente mejorarlo,
todo mi presente se derrumbaría como un castillo de naipes.

Y aunque suponiendo, lo que llama Hawking, la espuma cuántica, el aguajero de gusano se


amplié y entrase por ahí una persona o vehículo, solo lograría ir a punto en nuestro pasado,
pero un pasado de un probable “mundo paralelo”, donde solo podríamos contemplar más no
alterar nada, ni nos cruzaríamos con nuestro propio yo, como lo reafirma recientemente el
profesor físico cuántico del ITM (Instituto Técnico de Massachusetts) Seth Lloyd(2008),
de ahí que se evitaría una posible explosión del mundo. Por lo tanto se reafirma lo que dice
Hawking coincidentemente con Lloyd, hay algo que protege y defiende en la naturaleza que
se altere el curso normal del tiempo, y aunque logársenos ese soñado viaje, no podríamos
modificar rotundamente nuestro pasado.

De ahí que, debes descartar para siempre la idea ilusa que el pasado se puede cambiar o de
que el tiempo perdido se puede recuperar, esa idea es falsa y absurda.

Existen dos criterios (paradigmas) para entender nuestra forma de usar el tiempo, y en base
a ellos se pude tomar decisiones efectivas o infectivas en la vida.

Lo urgente.-Comprende la emergencia de hacer algo por obligación, apuro y rapidez.


También puede ser generado por una situación inesperada, por ejemplo un accidente,
enfermedad crónica repentina, un incendio, etc. Pero por lo general percibimos estas
exigencias a consecuencia de haber dejado para último minuto nuestros deberes más
importantes.

Lo importante.-se relaciona con aquellas acciones que percibimos como fundamentales, va


ligada con nuestra visión y misión, la cual expresa esta última, planificando a diario para
lograrla. La persona que usa este criterio. Planifica y hace las cosas con y por pasión. Guía
sus decisiones direccionadas por su brújula interna cuyos puntos cardinales son sus
principios: integridad, crecimiento (ley de la cosecha), disciplina y humildad.

Entonces ¿Qué criterio o paradigma vas a usar para gestionar su tiempo? ¿Urgente o
importante?

El que usa solo el urgente, es reactivo o simplemente responde a las circunstancias, actúa
muy parecido a los animales, por impulso o estimulo-respuesta y nunca puede dar lo mejor
de sí en sus acciones, se agota rápido y necesita de la presión para cumplir sus metas pues
por si misma carece de valor y carácter para cumplirlas, de ahí que es dependiente y
necesita siempre de alguien que le diga lo que tiene que hacer. Es cierto que también se
puede encontrar ante emergencias e imprevistos pero el que decide por principios y ya no
por la premura, elegirá y afrontará mejor las crisis, donde verá una auténtica oportunidad
para sacar su verdadera fuerza interior, pues como afirma James Allen “las circunstancias
no hacen al hombre, simplemente lo revelan”
El que usa lo “importante” como criterio o paradigma decide y cumple sus deberes de
acuerdo a su visión y misión se apasiona trabajando y cumpliendo sus quehaceres, anticipa
las posibles dificultades que podrían ocurrir, prevé cuidadosamente los imprevistos, en
otras palabras vive y disfruta de los segundos como si fueran los últimos de su vida.

Creencias de ambos paradigmas vistos

Creencia 1 “no dejes para mañana, lo que puedes hacer hoy”

Debe ser fuerte de carácter al controlar los impulsos de hacer otras cosas que le alejen o
desvíen de lo que se ha propuesto. Para este propósito, debe aprender muchas veces a decir
¡No!, en forma asertiva y no comprometerse con otras personas en cosas que están fuera de
lo que está haciendo, recuerde que el verdadero compromiso es con primero con sus
principios.

Creencia 2 “Con la presión y el apuro trabajo mejor, me empilo más”

Debe cambiar esta creencia errónea pues hace mucho daño, tanto física como mentalmente.
No permite su máximo rendimiento y deteriora nuestras capacidades.

Hay que planificar nuestras actividades, hacer las cosas con pasión ¡si no es ahora mismo.
¿Cuándo?!. De ahí que debe vivir y disfrutar el “aquí y el ahora” o como decía Horacio
¡carpe diem ¡ Disfrute el momento como si fuera el último, porque este momento nunca se
volverá a repetir. ¡Si podemos vivir! ¿Por qué entonces si sabemos los que nos favorece,
vivimos para otros? ¿Por qué andamos muertos en vida, con nuestras depresiones y
pesimismos?

Si sabemos que muchas veces el tiempo se desperdicia como un caño abierto ¿Por qué lo
seguimos desperdiciando?

¿Por qué cuando estamos haciendo algo importante para nosotros mismos y algo
intrascendente e insignificante nos distrae, dejamos de hacer lo que estamos haciendo? ¿Por
qué nos ponemos obstáculos nosotros mismos? ¿Por qué nos encanta desperdiciar dinero,
tiempo y vida?
Utilizando los conceptos explicados Sthepn Covey, en los siete hábitos de la gente
altamente efectiva, y en, primero lo primero, observaremos cuatro estilos que utiliza la
gente para administrar el tiempo, como muestra el siguiente tabla:

Estilo Urgente No urgente


Importante Cuadran te I(importante Cuadrante II(importante
pero urgente) pero no urgente)
El/la Apurado(a) El/la planificador(a)
 Vive de la presión  Prioriza actividades.
 Actúa por crisis sino  Actúa por iniciativa
no propia.
 Trabaja tenso y no  Actúa con pasión
vive a gusto  Carácter fuerte
 Sensación de
incomodidad
No importante Cuadrante III(no importante Cuadrante IV(No importante
pero urgente) y no urgente)
El/la sumiso(a) El/la Flojo (a)
 Vive para otros  Pierde el tiempo en
 Cumple con a todos cosas insignificante.
menos a el mismo  Esclavo de sus
 Creen que lo pasiones y deseos.
respetan pero nadie  No tiene fuerza de
lo hace voluntad ni
 Es manipulable motivación.
 No tiene carácter
para decir ¡No
puedo!

Yo incluyo un quinto estilo para describir mejor dicho des-cubrir o desenmascarar a un


falso planificador (un imaginario cuadrante V). El cual no está incluido aquí, pero es una
persona muy tenaz, persistente y disciplinada. Sin embargo exagera en la rigidez y
exactitud de sus actividades, descuidando roles sociales fundamentales como el familiar,
salud y deporte, lo espiritual, amical, etc. Por lo que vive tenso e incompleto, en otras
palabras no vive para él, sino para el tiempo. No vive según su brújula interna (principios y
valores) sino en función del reloj o su agenda. A este estilo le llamo yo, el “planificador
obsesivo” el cual sigue en el paradigma de lo “urgente” aunque aparentemente el crea y
haga creer que este en el paradigma de lo “importante”.

¿Y si nos cambiamos de lentes o paradigmas sobre como administrar nuestro tiempo?

A continuación examinaremos un cuadro comparativo donde se contraste ambos


paradigmas con sus respectivas creencias.

PARADIGMA
LO URGENTE LO IMPORTANTE

CREENCIAS CREENCIAS
“Con la presión y apuro trabajo mejor y me “No debo dejar para mañana lo que puedo
pongo las pilas” hacer hoy, ahora o nunca”
“Mañana lo hago, hoy me toca disfrutar de “Debo vivir cada minuto como si fuese el
la vida ultimo ”
“Necesito la emoción y la sensación de “Necesito pasión interior para hacer las
peligro o de urgencia para rendir mejor” cosas en el momento. Si lo hago apurado,
así lo haya terminado nunca saldrá del todo
bien”.
Visto y analizado los paradigmas, usted sacará su conclusiones sobre cuál es el estilo y
paradigma más adecuado e integral en su toma de decisiones diarias concerniente a la
gestión de su labores y actividades. Determinará también cuál de estas le dará sentido a su
existencia y un mayor dominio y control de los eventos adversos, pues como sabemos el
hombre no puede cambiar las circunstancias solo elige la forma de responder ante ellas.

Oswaldo Martín Aliaga Dolorier


15 de septiembre del 2016