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ANÉCDOTA 1: EL CABALLO EN EL POZO

Un campesino, que luchaba con muchas dificultades, poseía algunos caballos


para que lo ayudasen en los trabajos de su pequeña hacienda. Un día, su
capataz le trajo la noticia de que uno de los caballos había caído en un viejo
pozo abandonado. El pozo era muy profundo y sería extremadamente difícil
sacar el caballo de allí.

El campesino fue rápidamente hasta el lugar del accidente, y evaluó la


situación, asegurándose que el animal no se había lastimado. Pero, por la
dificultad y el alto precio para sacarlo del fondo del pozo, creyó que no valía la
pena invertir en la operación de rescate. Tomó entonces la difícil decisión de
decirle al capataz que sacrificase el animal tirando tierra en el pozo hasta
enterrarlo, allí mismo.

Y así se hizo. Comenzaron a lanzar tierra dentro del pozo de forma de cubrir al
caballo. Pero, a medida que la tierra caía en el animal este la sacudía y se iba
acumulando en el fondo, posibilitando al caballo para ir subiendo. Los hombres
se dieron cuenta que el caballo no se dejaba enterrar, sino al contrario, estaba
subiendo hasta que finalmente consiguió salir.

Si estás “allá abajo”, sintiéndote poco valorado, y otros lanzan tierra sobre ti,
recuerda el caballo de esta historia. Sacude la tierra y sube sobre ella.
ANÉCDOTA 2: LA BOTELLA
Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed. Por suerte,
llegó a una cabaña vieja, desmoronada sin ventanas, sin techo. El hombre
anduvo por ahí y se encontró con una pequeña sombra donde acomodarse
para protegerse del calor y el sol del desierto. Mirando a su alrededor, vio una
vieja bomba de agua, toda oxidada. Se arrastró hacia allí, tomó la manivela y
comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía.
Desilusionado, cayó postrado hacia atrás, y entonces notó que a su lado había
una botella vieja. La miró, la limpió de todo el polvo que la cubría, y pudo leer
que decía: “Usted necesita primero preparar la bomba con toda el agua que
contiene esta botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla
nuevamente antes de marchar”.

El hombre desenroscó la tapa de la botella, y vio que estaba llena de agua…


¡llena de agua! De pronto, se vio en un dilema: si bebía aquella agua, él podría
sobrevivir, pero si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría
agua fresca, bien fría, del fondo del pozo, y podría tomar toda el agua que
quisiese, o tal vez no, tal vez, la bomba no funcionaría y el agua de la botella
sería desperdiciada. ¿Qué debiera hacer? ¿Derramar el agua en la bomba y
esperar a que saliese agua fresca… o beber el agua vieja de la botella e
ignorar el mensaje? ¿Debía perder toda aquella agua en la esperanza de
aquellas instrucciones poco confiables escritas no se cuánto tiempo atrás?

Al final, derramó toda el agua en la bomba, agarró la manivela y comenzó a


bombear, y la bomba comenzó a rechinar, pero ¡nada pasaba! La bomba
continuaba con sus ruidos y entonces de pronto surgió un hilo de agua,
después un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia… Agua
fresca, cristalina. Llenó la botella y bebió ansiosamente, la llenó otra vez y tomó
aún más de su contenido refrescante. Enseguida, la llenó de nuevo para el
próximo viajante, la llenó hasta arriba, tomó la pequeña nota y añadió otra
frase: “Créame que funciona, usted tiene que dar toda el agua, antes de
obtenerla nuevamente”.
ANÉCDOTA 3: EL ÁRBOL DE LAS MANZANAS
Hace mucho tiempo existía un enorme árbol de manzanas. Un pequeño niño lo
apreciaba mucho y todos los días jugaba a su alrededor. Trepaba por el árbol,
y le daba sombra. El niño amaba al árbol y el árbol amaba al niño. Pasó el
tiempo y el pequeño niño creció y el nunca más volvió a jugar alrededor del
enorme árbol. Un día el muchacho regresó al árbol y escuchó que el árbol le
dijo triste: “¿Vienes a jugar conmigo?”. Pero el muchacho contestó: “Ya no soy
el niño de antes que jugaba alrededor de enormes árboles.

Lo que ahora quiero son juguetes y necesito dinero para comprarlos”. “Lo
siento, dijo el árbol, pero no tengo dinero… pero puedes tomar todas mis
manzanas y venderlas. Así obtendrás el dinero para tus juguetes”. El
muchacho se sintió muy feliz. Tomó todas las manzanas y obtuvo el dinero y el
árbol volvió a ser feliz. Pero el muchacho nunca volvió después de obtener el
dinero y el árbol volvió a estar triste.

Tiempo después, el muchacho regresó y el árbol se puso feliz y le preguntó:


“¿Vienes a jugar conmigo?”. “No tengo tiempo para jugar. Debo trabajar para
mi familia. Necesito una casa para compartir con mi esposa e hijos. ¿Puedes
ayudarme?”. “Lo siento, no tengo una casa, pero… puedes cortar mis ramas y
construir tu casa”. El joven cortó todas las ramas del árbol y esto hizo feliz
nuevamente al árbol, pero el joven nunca más volvió desde esa vez y el árbol
volvió a estar triste y solitario. Cierto día de un cálido verano, el hombre regresó
y el árbol estaba encantado. “Vienes a jugar conmigo?”, le preguntó el árbol.

El hombre contestó: “Estoy triste y volviéndome viejo. Quiero un bote para


navegar y descansar. ¿Puedes darme uno?”. El árbol contestó: “Usa mi tronco
para que puedas construir uno y así puedas navegar y ser feliz”. El hombre
cortó el tronco y construyó su bote. Luego se fue a navegar por un largo
tiempo. Finalmente regresó después de muchos años y el árbol le dijo: “Lo
siento mucho, pero ya no tenga nada que darte, ni siquiera manzanas”.

El hombre replicó: “No tengo dientes para morder, ni fuerza para escalar…
ahora ya estoy viejo. Yo no necesito mucho ahora, solo un lugar para
descansar. Estoy tan cansado después de tantos años…”. Entonces el árbol,
con lágrimas en sus ojos, le dijo: “Realmente no puedo darte nada… lo único
que me queda son mis raíces muertas, pero las viejas raíces de un árbol son el
mejor lugar para recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa”.
El hombre se sentó junto al árbol y éste, feliz y contento, sonrió con lágrimas.

Esta puede ser la historia de cada uno de nosotros. El árbol son nuestros
padres. Cuando somos niños, los amamos y jugamos con papá y mamá…
Cuando crecemos los dejamos… Sólo regresamos a ellos cuando los
necesitamos o estamos en problemas… No importa lo que sea, ellos siempre
están allí para darnos todo lo que puedan y hacernos felices. Parece que el
muchacho es cruel contra el árbol… pero es así como nosotros tratamos a
veces a nuestros padres.

Valoremos a nuestros padres mientras los tengamos a nuestro lado.


ANÉCDOTA 4: ¡MAL CARÁCTER!
Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre le
dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia,
debería clavar un clavo detrás de la puerta.

El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas


que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez
menos clavos detrás de la puerta.

Descubrió que era más fácil controlar su carácter durante todo el día.

Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día
que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente
anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta.

Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: “Has trabajado


duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la
misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente
como las que aquí ves”.

Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero el modo cómo se lo digas lo


devastará y la cicatriz perdurará para siempre. Una ofensa verbal es tan dañina
como la ofensa física. Los amigos son joyas preciosas. Nos hacen reír y nos
animan a seguir adelante. Nos escuchan con atención y siempre están
dispuestos a abrirnos su corazón. Tenlo siempre presente.
ANÉCDOTA 5: TODOS TENEMOS GRIETAS
Un cargador de agua de la India tenía dos grandes vasijas que colgaba a los
extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas
tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el
agua al final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta la casa de su patrón,
pero cuando llegaba, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua.

Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija
perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los
fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy
avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable porque sólo
podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador diciéndole:

“Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas


sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que
deberías recibir”.

El aguador, apesadumbrado, le dijo compasivamente:

“Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que
crecen a lo largo del camino.”

Así lo hizo la tinaja. Y en efecto vio muchas flores hermosas a lo largo del
camino, pero de todos modos se sintió apenada porque al final, sólo quedaba
dentro de sí la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces

“¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre
he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas
de flores a todo lo largo del camino por donde vas y todos los días las has
regado y por dos años yo he podido recoger estas flores para decorar el altar
de mi Maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos,
no hubiera sido posible crear esta belleza.”

Cada uno de nosotros tiene sus propias grietas. Todos somos vasijas
agrietadas, pero debemos saber que siempre existe la posibilidad de
aprovechar las grietas para obtener buenos resultados.
ANÉCDOTA 6: LA ÚLTIMA PREGUNTA
Durante mi último curso en la escuela, nuestro profesor nos puso un examen.
Leí rápidamente todas las preguntas, hasta que llegué a la ultima, que decía
así: ¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela? Seguramente era
una broma. Yo había visto muchas veces a la mujer que limpiaba la escuela.
Era alta, cabello oscuro, como de cincuenta anos, pero… ¿cómo iba yo a saber
su nombre?

Entregué mi examen, dejando la última pregunta en blanco. Antes de que


terminara la clase, alguien le preguntó al profesor si la última pregunta contaría
para la nota del examen. Por supuesto, dijo el profesor. En sus vidas ustedes
conocerán muchas personas. Todas son importantes. Todas merecen su
atención y cuidado, aunque solo les sonrían y digan: !Hola! Yo nunca olvidé
esa lección.

También aprendí que su nombre era Dorothy.


ANÉCDOTA 7: LAS DOS RANITAS
Resulta que había dos ranitas que aprovechando su día libre salieron a pasear
por una hermosa mansión. Cuando llegaron a la cocina en busca de algo de
comer, se resbalaron en unas gotas de aceite para caer en una gran olla de
crema.Ambas desesperadas comenzaron a defenderse de la masa movediza
que las iba devorando, hasta que una de ella dijo:-Querida amiga ha llegado mi
hora, por más que me esfuerce nunca podré salir con vida de esta situación, no
tengo opción yo me entrego, mi vida ha terminado… Y dejando de patalear,
lentamente fue desapareciendo de la superficie.

La amiga, por su parte pensó: Yo no sé si hoy es mi día, así que no me


entregaré, en todo caso seguiré luchando hasta que Dios me llamé, pero que
antes observe que hice todo lo imposible para conservar mi vida.La ranita
siguió sin descanso moviendo sus patas, y lo hizo con tanta decisión y con
tanta voluntad,que sin darse cuenta la crema se convirtió en manteca,
pudiendo pisar firme y escapar tranquilamente.
ANÉCDOTA 8: LA JOYA
Un monje andariego se encontró, en uno de sus viajes, una piedra preciosa, y
la guardó en su talega. Un día se encontró con un viajero y, al abrir su talega
para compartir con él sus provisiones, el viajero vio la joya y se la pidió.

El monje se la dio sin más. El viajero le dio las gracias y marchó lleno de gozo
con aquel regalo inesperado de la piedra preciosa que bastaría para darle
riqueza y seguridad todo el resto de sus días. Sin embargo, pocos días
después volvió en busca del monje mendicante, lo encontró, le devolvió la joya
y le suplicó: “Ahora te ruego que me des algo de mucho más valor que esta
joya.

Dame, por favor, lo que te permitió dármela a mí”.


ANÉCDOTA 9: PAPÁ, ¿CUÁNTO GANAS?
La noche había caído ya. Sin embargo, un pequeño hacía grandes esfuerzos
por no quedarse dormido; el motivo bien valía la pena: estaba esperando a su
papá.

Los traviesos ojos iban cayendo pesadamente, cuando se abrió la puerta; el


niño se incorporó como impulsado por un resorte, y soltó la pregunta que lo
tenía tan inquieto:

-Papi, ¿cuánto ganas por hora? –dijo con ojos muy abiertos.

El padre, molesto y cansado, fue tajante en su respuesta:

-Mira hijo, eso ni siquiera tu madre lo sabe, no me molestes y vuelve a dormir,


que ya es muy tarde.

-Si papi, sólo dime, ¿cuánto te pagan por una hora de trabajo? –reiteró
suplicante el niño.

Contrariado, el padre apenas abrió la boca para decir:

-Ochocientos pesos.

-Papi, ¿me podrías prestar cuatrocientos pesos? –preguntó el pequeño.

El padre se enfureció, tomó al pequeño del brazo y en tono brusco le dijo:

-Así es que para eso querías saber cuánto gano, ¿no?. Vete a dormir y no
sigas fastidiando, muchacho….

El niño se alejó tímidamente y el padre, al meditar lo sucedido, comenzó a


sentirse culpable: “Tal vez necesita algo”, pensó, y queriendo descargar su
conciencia se asomó al cuarto de su hijo y con voz suave le preguntó:

-¿Duermes hijo?

-Dime papi, respondió él entre sueños.

-Aquí tienes el dinero que me pediste.

-Gracias papi –susurró el niño mientras metía su manita debajo de la


almohada, de donde sacó unos billetes arrugados-. ¡Ya completé! –gritó
jubiloso-.

Tengo, ochocientos pesos…, ahora papá:

¿ME PODRÍAS VENDER UNA HORA DE TU TIEMPO?


ANÉCDOTA 10: PERDONAR Y AGRADECER
Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en un
determinado punto del viaje discutieron, y uno le dio una bofetada al otro. El
otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la arena: “Hoy, mi mejor amigo
me pegó una bofetada en el rostro”. Siguieron adelante y llegaron a un oasis
donde resolvieron bañarse. El que había sido abofeteado comenzó a ahogarse,
y le salvó su amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:
“Hoy, mi mejor amigo me salvó la vida”. Intrigado, el amigo preguntó: “¿Por qué
después que te pegué escribiste en la arena y ahora en cambio escribes en
una piedra?”. Sonriendo, el otro amigo respondió: “Cuando un amigo nos
ofende, debemos escribir en la arena, donde el viento del olvido y el perdón se
encargarán de borrarlo y apagarlo. Pero cuando nos ayuda, debemos grabarlo
en la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento podrá borrarlo”.
ANÉCDOTA 11: EL ELEFANTE DEL CIRCO
Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de
los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré,
me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacía
despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal… pero después de su
actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba
sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una
pequeña estaca clavada en el suelo. Sin embargo, la estaca era sólo un
minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y
aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que ese animal
capaz de arrancar un árbol de tajo con su propia fuerza, podría, con facilidad,
arrancar la estaca y huir.

El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye?


Cuando tenía cinco o seis años, pregunté a algún maestro, a mi padre o a
algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante
no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia:
Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido
ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante
y la estaca… y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también
se habían hecho la misma pregunta.

Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo
bastante sabio como para encontrar la respuesta: “El elefante del circo no
escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy
pequeño”. Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la
estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó
tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo. La estaca era
ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado y que al día
siguiente volvía a probar, y también al otro y al que seguía… hasta que un día,
un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su
destino. Este elefante enorme y poderoso no escapa porque cree que no
puede. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquélla impotencia que
se siente poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a
cuestionar seriamente ese registro. Jamás… Jamás… intentó poner a prueba
su fuerza otra vez… Cada uno de nosotros somos un poco como ese elefante:
vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad.
Vivimos creyendo que un montón de cosas “no podemos hacer” simplemente
porque alguna vez probamos y no pudimos. Grabamos en nuestro recuerdo “no
puedo… no puedo y nunca podré”, perdiendo una de las mayores bendiciones
con que puede contar un ser humano: la fe.
ANÉCDOTA 12: LA MESA DE LA ABUELA
Es posible que este cuento cobre más significado a medida que pasan los
años, pero debemos aprenderlo cuando somos jóvenes, en aras de la
generación que nos precede.

Erase una vez una débil anciana cuyo esposo había fallecido dejándola sola,
así que vivía con su hijo, su nuera y su nieta. Día tras día la vista de la anciana
se enturbiaba y su oído empeoraba, y a veces, durante las comidas, las manos
le temblaban tanto que se le caían las judías de la cuchara y la sopa del tazón.
El hijo y su esposa se molestaban al verle volcar comida en la mesa, y un día,
cuando la anciana volcó un vaso de leche, decidieron terminar con esa
situación.

Le instalaron una mesilla en el rincón cercano al armario de las escobas y


hacían comer a la anciana allí. Ella se sentaba a solas, mirando a los demás
con ojos enturbiados por las lágrimas. A veces le hablaban mientras comían,
pero habitualmente era para regañarla por haber hecho caer un cuenco o un
tenedor.

Una noche, antes de la cena, la pequeña jugaba en el suelo con sus bloques, y
el padre le preguntó qué estaba construyendo.

—Estoy construyendo una mesilla para mamá y para ti —dijo ella sonriendo—,
para que podáis comer a solas en el rincón cuando yo sea mayor.

Sus padres la miraron sorprendidos un instante, y de pronto rompieron a llorar.


Esa noche devolvieron a la anciana su sitio en la mesa grande. Desde
entonces ella comió con el resto de la familia, y su hijo y su nuera dejaron de
enfadarse cuando volcaba algo de cuando en cuando.
ANÉCDOTA 13: EL BUEN SAMARITANO
Jesús, que predicó que debemos amar al prójimo como nos amamos a
nosotros mismos, cuenta la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10:29-37) en
respuesta a la pregunta “¿Quien es mi prójimo?”. Para comprender bien la
historia, es importante saber que un “buen samaritano” habría sido una
expresión contradictoria para la mayoría de los judíos en tiempos de Jesús,
pues existía una hostilidad tradicional entre judíos y samaritanos.

El viajero que acude en ayuda del hombre herido es la persona de quien se


espera menos compasión.

Jesús contó la parábola del buen samaritano. Dijo así:

—Un hombre recorría el solitario camino de Jerusalén a Jericó y cayó entre


salteadores, que lo despojaron de todo lo que tenía y lo aporrearon y se
marcharon, dejándolo medio muerto. Sucedió que un sacerdote recorría ese
camino, y cuando vio al hombre en el suelo, pasó por el otro lado. Y un levita,
cuando llegó a ese mismo sitio, también siguió por el otro lado. Pero un
samaritano llegó adonde yacía ese hombre, y en cuanto lo vio se apiadó de él.
Se acercó al hombre y le vendó las heridas, vertiéndoles aceite y vino. Luego lo
levantó y lo puso sobre su bestia de carga, y lo acompañó hasta una posada.
Allí lo cuidó toda la noche. A la mañana siguiente sacó dos monedas de su
morral y las entregó al posadero, diciendo: “Cuida de él, y si necesitas gastar
más, hazlo. Cuando regrese te pagaré”.

“¿Cuál de estos tres se comportó como el prójimo del hombre que cayó entre
los salteadores?

—El que demostró misericordia —dijo el escriba.

Y Jesús le dijo:

—Pues compórtate de la misma manera.

Mediante esta parábola Jesús demostró que “nuestro prójimo” es el que


necesita la ayuda que podamos brindarle, sea quien fuere.
ANÉCDOTA 14: EL ÁRBOL DE MANZANAS
Este era un enorme árbol de manzanas al cual un niño amaba mucho. Todos
los días jugaba a su alrededor, trepaba hasta el tope, comía sus frutos y
tomaba la siesta bajo su sombra. El árbol también lo quería mucho.

Pasó el tiempo, el niño creció y no volvió a jugar alrededor del árbol. Un día
regresó y escuchó que este le decía con cierta tristeza: – ¿Vienes a jugar
conmigo?

Pero el muchacho contestó: – Ya no soy el niño de antes que juega alrededor


de los árboles. Ahora quiero tener juguetes, y necesito dinero para comprarlos.

– Lo siento -dijo el árbol-. No tengo dinero, pero te sugiero que tomes todas mis
manzanas y las vendas; así podrás comprar tus juguetes.

El muchacho tomó las manzanas, obtuvo el dinero y se sintió feliz. También el


árbol fue feliz, pero el muchacho no volvió. Tiempo después, cuando regresó,
el árbol le preguntó: – ¿Vienes a jugar conmigo?

– No tengo tiempo para jugar; debo trabajar para mi familia y necesito una casa
para mi esposa e hijos. ¿Puedes ayudarme?

– Lo siento -repuso el árbol-. No tengo una casa, pero puedes cortar mis ramas
y construir tu casa.

El hombre cortó todas las ramas del árbol, que se sintió feliz, y no volvió. Cierto
día de un cálido verano, regresó. El árbol estaba encantado. – ¿Vienes a jugar
conmigo? -le preguntó.

– Me siento triste, estoy volviéndome viejo. Quiero un bote para navegar y


descansar, ¿puedes dármelo?

El árbol contestó: – Usa mi tronco para construir uno; así podrás navegar y
serás feliz.

El hombre cortó el tronco, construyó su bote y se fue a navegar por un largo


tiempo. Regresó después de muchos años y el árbol le dijo:

– Lo siento mucho, pero ya no tengo nada que darte, ni siquiera manzanas.

El hombre replicó: – No tengo dientes para morder ni fuerzas para escalar, ya


estoy viejo.

Entonces el árbol, llorando, le dijo: – Realmente no puedo darte nada. Lo único


que me queda son mis raíces muertas.

Y el hombre contestó: – No necesito mucho ahora, sólo un lugar para reposar.


Estoy cansado después de tantos años…
– Bueno -dijo el árbol-, las viejas raíces de un árbol son el mejor lugar para
recostarse y descansar. Ven, siéntate conmigo y descansa.

El hombre se sentó junto al árbol y este, alegre y risueño, dejó caer algunas
lágrimas.

Esta bonita y triste anécdota representa nuestra vida, como muchos de nostros
hemos sido con nuestros padres (el árbol), siempre necesitamos de ellos, de su
atención, apoyo, contención y cuando nos va un poco mejor nos alejamos para
regresar cuando pensamos que nuevamentes necesitamos de sus consejos. Y
ellos siempre están ahi presentes para escucharnos, y tratar de darnos todo
con tal de hacernos felices, sin pedir nada a cambio.
ANÉCDOTA 15: LA FELICIDAD ES UN TRAYECTO,
NO UN DESTINO
Nos convencemos a nosotros mismos de que la vida será mejor después de
casarnos, después de tener un hijo, y entonces después de tener otro.

Entonces nos sentimos frustrados de que los hijos no son lo suficientemente


grandes y que seremos felices cuando lo sean. Después de eso nos frustramos
por que son adolescentes (difíciles de tratar). Ciertamente seremos más felices
cuando salgan de esa etapa.

Nos decimos que nuestra vida estará completa cuando a nuestro esposo o
esposa le vaya mejor, cuando tengamos un mejor auto o una mejor casa,
cuando nos podamos ir de vacaciones, cuando estemos retirados…

La verdad es que no hay mejor momento para ser felices que AHORA. Si no es
ahora? , Cuando? Tu vida siempre estará llena de retos. Es mejor admitirlos y
decidir ser felices de todas formas. Una de mis frases favorita es de Souza,
dijo: “Por largo tiempo parecía para mí que la vida estaba a punto de comenzar,
la vida de verdad. Pero siempre había un obstáculo en el camino, algo que
resolver primero, algún asunto sin terminar, tiempo por pasar, una deuda que
pagar, entonces la vida comenzaría. Hasta que me dí cuenta que esos
obstáculos eran mi vida.

Esta perspectiva me ha ayudado a ver que no hay un camino a la felicidad. la


felicidad es el camino.

Así que atesora cada momento que tienes, y atesórarlo más cuando lo
compartiste con “alguien especial”, lo suficientemente especial para compartir
tu tiempo, y recuerda que el tiempo no espera por nadie…

Así que deja de esperar hasta que termines la escuela, hasta que vuelvas a la
escuela, hasta que bajes 10 kilos, hasta que tus hijos se vayan de casa,hasta
que te cases, hasta que te divorcies, hasta el viernes por la noche, hasta el
domingo por la mañana, hasta la primavera, hasta el verano, o hasta que
mueras, para decidir que no hay mejor momento que este para ser feliz…

La felicidad es un trayecto, no un destino.

Pensamiento para la vida: Trabaja como si NO necesitaras dinero, Ama como


si nunca te hubieran herido, y baila como si NADIE te estuviera viendo…
ANÉCDOTA 16: La botella
Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed. Por suerte, llegó a
una cabaña vieja, desmoronada sin ventanas, sin techo. El hombre anduvo por ahí y
se encontró con una pequeña sombra donde acomodarse para protegerse del calor y
el sol del desierto. Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda oxidada.
Se arrastró hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear
sin parar, pero nada sucedía. Desilusionado, cayó postrado hacia atrás, y entonces
notó que a su lado había una botella vieja. La miró, la limpió de todo el polvo que la
cubría, y pudo leer que decía: "Usted necesita primero preparar la bomba con toda el
agua que contiene esta botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de
llenarla nuevamente antes de marchar".

El hombre desenroscó la tapa de la botella, y vio que estaba llena de agua... ¡llena de
agua! De pronto, se vio en un dilema: si bebía aquella agua, él podría sobrevivir, pero
si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca, bien fría, del
fondo del pozo, y podría tomar toda el agua que quisiese, o tal vez no, tal vez, la
bomba no funcionaría y el agua de la botella sería desperdiciada. ¿Qué debiera
hacer? ¿Derramar el agua en la bomba y esperar a que saliese agua fresca... o beber
el agua vieja de la botella e ignorar el mensaje? ¿Debía perder toda aquella agua en la
esperanza de aquellas instrucciones poco confiables escritas no sé cuánto tiempo
atrás?

Al final, derramó toda el agua en la bomba, agarró la manivela y comenzó a bombear,


y la bomba comenzó a rechinar, pero ¡nada pasaba! La bomba continuaba con sus
ruidos y entonces de pronto surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y
finalmente, el agua corrió con abundancia... Agua fresca, cristalina. Llenó la botella y
bebió ansiosa mente, la llenó otra vez y tomó aún más de su contenido refrescante.
Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajante, la llenó hasta arriba, tomó la
pequeña nota y añadió otra frase: "Créame que funciona, usted tiene que dar toda el
agua, antes de obtenerla nuevamente".

¿Cuántas veces tenemos miedo de iniciar un nuevo proyecto pues éste demandará de
una inversión de tiempo, dinero, preparación y conocimiento?. ¿Cuántos se han
quedado parados satisfaciéndose con los resultados mediocres?.

Unas pocas veces en la vida se nos presentan “oportunidades bellísimas” que pueden
ayudarnos a ser mejores personas, o abrirnos nuevas puertas que nos conducen a un
mundo mejor. Pero quizás siempre tememos, en vez de entregarnos y confiar, nos
frenamos a nosotros mismos quedándonos inmóviles delante del camino porque las
dudas y nuestra inseguridad nos paraliza, y tomamos así sólo un poquito de la vida,
casi insuficiente, cuando si venciéramos nuestros miedos y temores, tendríamos a
nuestro alcance toda la fuente para tomar todo lo que deseásemos.
ANÉCDOTA 17: Perdonar y agradecer
Dice una leyenda árabe que dos amigos viajaban por el desierto y
en un determinado punto del viaje discutieron, y uno le dio una
bofetada al otro. El otro, ofendido, sin nada que decir, escribió en la
arena: "Hoy, mi mejor amigo me pegó una bofetada en el rostro".
Siguieron adelante y llegaron a un oasis donde resolvieron bañarse.
El que había sido abofeteado comenzó a ahogarse, y le salvó su
amigo. Al recuperarse tomó un estilete y escribió en una piedra:
"Hoy, mi mejor amigo me salvó la vida". Intrigado, el amigo
preguntó: "¿Por qué después que te pegué escribiste en la arena y
ahora en cambio escribes en una piedra?". Sonriendo, el otro amigo
respondió: "Cuando un amigo nos ofende, debemos escribir en la
arena, donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de
borrarlo y apagarlo. Pero cuando nos ayuda, debemos grabarlo en
la piedra de la memoria del corazón, donde ningún viento podrá
borrarlo".
ANÉCDOTA 18: EL PESCADOR Y EL HOMBRE DE
NEGOCIOS
Un banquero de inversión americano estaba en el muelle de un pueblito
costeño mexicano cuando llegó un botecito con un sólo pescador. Dentro del
bote había varios atunes amarillos de buen tamaño. El americano elogió al
mexicano por la calidad del pescado y le preguntó cuánto tiempo le había
tomado pescarlos. El mexicano respondió que sólo un poco tiempo. El
americano luego le preguntó por qué no permanecía más tiempo y sacaba más
pescado. El mexicano dijo que el tenía lo suficiente para satisfacer las
necesidades inmediatas de su familia. El americano luego preguntó: "¿pero qué
hace usted con el resto de su tiempo?" El pescador mexicano dijo: "duermo
hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago siesta con mi señora,
María, caigo todas las noches al pueblo donde toco la guitarra con mis amigos.
Tengo una vida full chevere y ocupada." El americano replicó: "soy un
HOMBRE DE NEGOCIOS de Harvard y podría ayudarte. Deberías gastar más
tiempo en la pesca y con los ingresos comprar un bote más grande, con los
ingresos del bote más grande podrías comprar varios botes, eventualmente
tendrías una flota de botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un
intermediario lo podrías hacer directamente a un procesador y eventualmente
abrir tu propia procesadora. Deberías controlar la producción, el procesamiento
y la distribución. Deberías salir de este pueblo e irte a la Ciudad de México,
luego a Los Angeles y eventualmente a Nueva York, donde manejarías tu
empresa en expansión". El pescador mexicano preguntó: "¿pero cuánto tiempo
tardaría todo eso?" A lo cual respondió el americano: "entre 15 y 20 años". "¿Y
luego qué?..." El americano se río y dijo que esa era la mejor parte. "Cuando
llegue la hora deberías anunciar un IPO (Oferta inicial de acciones) y vender
las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico, tendrás millones".
"Millones... ¿y luego qué?..." Dijo el americano: "luego te puedes retirar. Te
mudas a un pueblito en la costa donde puedes dormir tranquilo, pescar un
poco, jugar con tus hijos, hacer siesta con tu mujer, caer todas las noches al
pueblo donde tocas guitarra con tus amigos". El mexicano respondió: "¿acaso
eso no es lo que ya tengo? Moraleja: Cuántas vidas desperdiciadas buscando
lograr una felicidad que ya se tiene pero que muchas veces no vemos. La
verdadera felicidad consiste en amar lo que tenemos y no sentirnos tristes por
aquello que no tenemos. "Si lloras por haber perdido el Sol, las lágrimas no te
dejarán ver las estrellas".
ANÉCDOTA 19: EL HIJO MÁS SAGAZ
Una historia de Etiopía nos presenta a un anciano que, en su lecho de muerte,
llamó a sus tres hijos y les dijo:

- No puedo dividir en tres los que poseo. Eso dejaría muy pocos bienes a cada
uno de vosotros. He decidido dar todo lo que tengo, como herencia, al que se
muestre más hábil, más inteligente, más astuto, más sagaz. Dicho de otra
forma, a mi mejor hijo.

He dejado encima de la mesa una moneda para cada uno de vosotros.


Tomadla.

El que compre con esa moneda algo con lo que llenar la casa se quedará con
todo. Se fueron.

El primer hijo compró paja, pero sólo consiguió llenar la casa hasta la mitad.

El segundo hijo compró sacos de pluma, pero no consiguió llenar la casa


mucho más que el anterior.

El tercer hijo -que consiguió la herencia- sólo compro un pequeño objeto. Era
una vela. Esperó hasta la noche, encendió la vela y llenó la casa de luz.
ANÉCDOTA 20: SOMOS ECO DE NOSOTROS
MISMOS
Un hijo y su padre estaban caminando en las montañas. De pronto el hijo se
cae, se lastima y grita: "Ahhhh!!".

Para su sorpresa, oye una voz repitiendo en algún lugar de la montaña:


"Ahhhh!"

Con curiosidad el niño grita: "¿Quién está ahí?"

Y escucha: " ¿Quién está ahí?”.

Enojado con la respuesta, el niño grita: "¡Cobarde!".

Y recibe de respuesta: "¡Cobarde".

El niño mira a su padre y le pregunta: "¿Qué sucede?"

El padre le contesta: "Presta atención hijo". Y grita: "¡Te admiro!".

Y la voz responde: "¡Te admiro!"

"¡Eres un campeón!"

"¡Eres un campeón!"

Y el padre le explica: "la gente lo llama ECO", pero en realidad es, la VIDA...
que te devuelve todo lo que haces...

Nuestra vida es simplemente un reflejo de nuestras acciones.

Si deseas más amor en el mundo, crea más amor a tu alrededor.

Si deseas felicidad, da felicidad a los que te rodean.

Si quieres una sonrisa en el alma, dirige una sonrisa al alma de los que
conoces.

Esta relación se aplica a todos los aspectos de la vida. La vida te dará de


regreso... exactamente aquello que tú le has dado. Tu vida, no es una
coincidencia, es un reflejo de ti.

Alguien dijo: "Si no te gusta lo que recibes de vuelta, revisa muy bien lo que
estás dando!!".

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