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Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades.

Filosofía Latinoamericana Contemporánea.

“Educación y justicia social en América Latina” Autor: Juan Carlos Tedesco


(2012).

REPORTE DE LECTURA

Perla López Fuerte.

El libro de Juan Carlos Tedesco se divide en dos partes, la primera ofrece


un panorama del desarrollo de la educación en América Latina y la segunda
aborda los retos actuales de nuestros países en la relación interdependiente
educación-justicia social y una propuesta para promover la adhesión a ella.

El autor comienza advirtiendo el riesgo de generalizar postulados acerca de


una región tan compleja como América Latina, sin embargo su aporte es
importante porque cuestiona no sólo el aspecto formal de la educación si no que
pone sobre la mesa la cuestión humana.

El tema de “la Educación” ha sido influenciado por diferentes corrientes con


marcados propósitos. En el libro analizado se establecen tres momentos. Más allá
del conglomerado abstracto de prácticas, en ciertas condiciones específicas y sus
instituciones, nos hemos preguntado por el sentido de la educación. Al respecto el
maestro argentino nos muestra que éste se ha ido transformando, respondiendo a
las “necesidades” políticas y económicas. Es así como a finales del siglo IXX y
principios del siglo XX, cuando desde los nuevos Estados se presentaba la
necesidad de crear ciudadanos y adherirlos a la nación, se pensaron formas de
homogeneizar bajo un mismo patrón cultural la variedad étnica, de lenguaje,
incluso religiosa.

El positivismo proveniente de Europa tuvo como exponentes a intelectuales


cuyas ideas fungieron como pilares de lo que sería un fuerte nacionalismo cuyo
primer encuentro con niños y niñas acontecía en la Escuela pública, gratuita,
obligatoria y laica, al menos en el nivel primario. Destacan nombres como Faustino
Sarmiento, Justo Sierra o José Vasconcelos. Las “cruzadas” contra el
analfabetismo también fueron clave para incorporar más ciudadanos al proyecto
nacional.

Los cambios en el discurso fueron paulatinos y en una segunda instancia, a


mediados del siglo XX, en sintonía con el contexto mundial, se privilegiaba el
desarrollismo como corriente económica deseable para los países de América
Latina.

Los planes de estudio se fueron adecuando, abriéndose al enfoque de los


recursos humanos. La educación pasó de ser un gasto público a ser una inversión.
En el sector superior se aspiraba a carreras que tenían que ver con la industria y
se fortaleció una incipiente clase media. Éste periodo sin embargo, no fue lo que
se esperaba en nuestros países ya que, como se ha demostrado, nuestra
inserción en la dinámica global no se da por las mismas vías que los países
“desarrollados”, por el contrario, nuestros países jugaron el papel mono-exportador
y de ausentes condiciones para una competitividad legítima. Se privilegio el
enfoque economicista del desarrollo industrial pero se descuidó el desarrollo
social.

En el tercer momento, en cuyo estadio nos encontramos, la percepción del


ciudadano, ha ido mutando influida por la corriente política, económica e
ideológica neoliberal, la mayor adhesión a estos planes recomendados por
organismos supranacionales fue a principios de los años noventa.

Actualmente se estudia para poder ingresar al mercado laboral y participar


del consumo: nos convertimos entonces, en clientes, perdiéndose así todo lo que
se había construido a principios de siglo. Asistimos a un déficit de sentido
colectivo que nos impide compartir un proyecto comunitario. La perpetuación de
un capitalismo voraz en su carácter neoliberal, cuya dinámica es determinista: se
está dentro o se está fuera.
Inclusión- exclusión, arroja al excluido a una situación de completa
vulnerabilidad. “Estar dentro” en éste sentido significa cursar todos los niveles
educativos posibles para así poder aspirar al mercado laboral con “mejores”
condiciones, estableciendo una inminente competencia que permea en la
subjetividad de los individuos, haciéndonos omisos de nuestra responsabilidad
hacia aquél que “quedó fuera”.

La educación es una herramienta para darnos cuenta de las características


del sistema anteriormente descrito y por lo mismo, es fundamental para que el
sujeto evalúe lo que quiere hacer con ello. Esto implica un posicionamiento ético
nada fácil de adoptar cuando vemos “amenazados” nuestros privilegios. Es así
como paradójicamente nos molesta y nos preocupa la desigualdad de nuestras
sociedades pero seguimos participando del círculo excluyente, en acciones que
parecieran insignificantes pero que reproducen el individualismo y el egoísmo.

Tedesco encuentra una relación entre las políticas educativas que surgieron
en el estadio del mercado, y en su lógica: los procesos de gestión se convirtieron
en un fin mismo, no en un medio.

Nos cuesta explicarnos por qué los cambios en los planes curriculares, la
extensión de los horarios, la evaluación de profesores, los procesos
administrativos en general que se han implementado a lo largo de la región, no
han erradicado los problemas que se le atribuyen a la educación y de lo que de
ella emana. Se ha “progresado” en cuestión de expansión de la educación pero se
ha deteriorado la calidad de la misma.

Entonces ¿Qué tiene que ver la educación con la justicia social? ¿Cómo ha
sido ésta relación? ¿De qué manera se han asociado?

El autor nos plantea que el reto al que nos enfrentamos es construir


sociedades dispuestas a adherir a la justicia social, que puedan percatarse de la
disociación de comportamientos que practicamos y que mediante un proceso
reflexivo personal e inducido en las aulas se cambien conductas que apuntan a
generar solidaridad.
Sin embargo, llevar a cabo políticas públicas que atraviesen todos los
ámbitos involucrados en la educación y más importante aún, en la subjetividad de
los actores del proceso pedagógico no es tan fácil. Definitivamente necesita haber
un piso mínimo que asegure la vida, sobre el cual nuestros estudiantes puedan
aprehender nuevas formas de relacionarse con el mundo. Es por esto que el
problema de la distribución de la riqueza se vuelve más urgente a medida que se
profundiza el neoliberalismo y la tensión entre educación y justicia social se alarga.

Juan Carlos Tedesco propone pues, cinco ámbitos para prestar atención,
estrategias para afrontar el reto. La primera línea es la educación inicial, formando
desde las primeras etapas del ser humano la conciencia anti-disociación.

La segunda es atender las necesidades de los actores del proceso de


transmisión de aprendizaje, o sea los docentes, generalmente ellos y ellas son
quienes cargan con el estigma social cuando no se toman en cuenta sus
condiciones de trabajo y sus particularidades.

Un tercer campo a atender es el del acceso a las nuevas tecnologías de la


información, actualmente quienes no disponen de éstas herramientas se
encuentran en disparidad.

Otro aspecto que tiene que ver con la currícula pero más aún con las
interacciones dentro del aula es la formación en ciudadanía, recobrar de cierta
manera el sentido que hemos perdido aunque ya no con la misma connotación del
siglo pasado. Por último las prácticas que promuevan la convivencia del alumno
con su entorno son muy favorables para éste camino hacia la justicia social, los
alumnos deben involucrarse de los problemas sociales y las necesidades más
apremiantes.

La obra, publicada hace cinco años, concluye que los procesos de


trasformación de subjetividad en busca de sociedades solidarias necesitan
revalorizar el sentido de la educación, tarea tanto del Estado como de la sociedad
civil.
Éste libro constituye un práctico referente para comprender cómo se han
ido conformado nuestras sociedades. Es relevante porque plantea que hay
cuestiones que no se puede aspirar a solucionarlas si no no se atienden
correctamente las fundamentales: la educación ha sido y seguirá siendo el pilar en
el que se sostiene la idea de justicia.

Pude identificar en mi experiencia escolar varias características de las que


nos habla el autor, es un escrito muy actual y de prometedora vigencia. Hoy día la
mercantilización se ha extendido a todos los niveles educativos, el caso de los
“rechazados” de los exámenes de admisión, de los alumnos a los que no se les
permite ingresar a una institución pública es alarmante, pues una amplia franja de
jóvenes ven truncado su proyecto de vida o deciden ingresar a una institución
privada, causando frustración y reproduciendo la “competencia”.

Los estudios en los que se fundamentan los aportes de Tedesco sirven


tanto para los docentes, para los alumnos y para aquellos y aquellas que se
dedican a la formulación de políticas públicas para la educación. Generalmente el
discurso del Estado promueve la inversión o el mejoramiento de instalaciones, se
necesitan programas transversales que incorporen la ética en todas sus
dimensiones.

Tal como se apunta al comienzo, hablar de la educación en América Latina


es complicado por la diversidad de procesos históricos de los que nos
componemos. Nuestra formación ciudadana es diferente pero definitivamente el
reto se presenta en todos los países: nuestra región destaca por su desigualdad.

Es un aporte muy ilustrativo y hasta cierto punto incómodo pues cuestiona


en sí aquello a lo que estamos acostumbrados, a lo que aspiramos, las razones
por las asistimos a la escuela y qué papel tenemos como jugadores de la
educación en su estadio de mercado.
Bibliografía: Tedesco, Juan Carlos (2012), Educación y justicia social en América
Latina. Fondo de Cultura Económica y Universidad Nacional de San Martín.