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PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DE CHILE

Facultad de Educación

Problemáticas de la contextualización curricular


en la búsqueda del lugar y sentido de la Filosofía en la
educación media.

David Olarte Carrasco


Problemáticas de la contextualización curricular en la búsqueda del lugar y
sentido de la Filosofía en la educación media.
Si hay algo evidente en el marco curricular de filosofía y psicología, es que
luego de la actualización curricular del 2005 no hubo cambios significativos en esta. Es
a partir de esta última actualización que se ha hecho muchos intentos de adecuar el
curriculum de filosofía y psicología en la planificación, esto con el fin de que respondan
al interés del estudiante y en general a los intereses de la misión y visión del centro
educativo donde se adecua la planificación. En este sentido, en el presente análisis, a
la luz de “la experiencia del profesor Andrade”, analizaré tres problemáticas para la
contextualización curricular en el área de filosofía y psicología. Este análisis tendrá
como sustento mi propia experiencia como profesor, por lo cual los desafíos de
contextualización curricular en las cuales me enfocaré puede que evidencien
problemáticas más locales de contextualización.
La experiencia del profesor Andrade arroja al menos tres problemáticas para
la contextualización curricular en el marco curricular de Filosofía y Psicología. La
primera que se evidencia es que la contextualización curricular no se materializa en
decisiones que se expresan en las planificaciones y su desarrollo en el aula. La segunda
problemática radica en que no hay una lectura compleja e integradora del curriculum
que permita focalizar mejor el aprendizaje profundo y la comprensión por parte de los
estudiantes. Y la última, y más local1, en la contextualización de la planificación no se
evidencia un proceso de preparación de las experiencias de aprendizaje de los
estudiantes, sin intencionar así la progresión de los aprendizajes y limitándose a una
progresión temática, que además, tomando en cuenta las problemáticas anteriores, no
hay una integración curricular.
Las problemáticas presentadas tienen que ver con un desafío fundamental
que engloba las tres problemáticas, a saber, el rol y sentido de la filosofía en la
actualidad. En consecuencia, es indispensable afirmar que en la actualidad el rol
fundamental de la filosofía en la enseñanza media está opacado no solamente por la
base curricular de filosofía, que tiende a reforzar sólo los conocimientos científicos y
técnicos, sino también por nuestra cultura postmoderna inmersa en la relativización,
donde la búsqueda de grandes verdades de los estudiantes tropieza con la
sacralización de las opiniones y la incapacidad de abstracción subjetiva. Los educandos
están frente a un peligro inminente, pues mientras más prime una educación enfocada
en el sentido funcional e inmediato, menos lugar habrá para la reflexión filosófica sobre
los principios (valores, creencias, trascendencias, etc.) en la agenda educativa. Frente

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Experiencia particular como docente.
a esta realidad acuciante cabe interrogarse ¿Cuál es el lugar y el sentido de la filosofía
en la educación media y cómo se contextualiza esta sin dejar de lado la cobertura
curricular? ¿Qué debería fomentar una educación filosófica en los jóvenes, tomando en
cuenta una lectura compleja y contextualizada del curriculum? Y en esta
contextualización curricular ¿Cuál es el rol del profesor en el aprendizaje del ejercicio
filosófico de los jóvenes de cara a su realidad? Estas interrogantes que nos plantean
un desafió en la contextualización curricular guiarán el desarrollo de este trabajo,
buscando ciertamente contestar las tres problemáticas más planteadas.
El primer problema que vemos en la base curricular de filosofía es que la
contextualización curricular no se materializa en decisiones que se expresan en las
planificaciones y su desarrollo en el aula. Respecto a este, el profesor Andrade, claro
está, logró superar este gran desafío planteado. Pues, no solo logró superar una visión
de que enseñar es una mera transferencia de conocimientos, sino que también planteó
que enseñar es crear las posibilidades de la producción y construcción de
conocimientos del alumno (cf. Freire, 2002, p.23-25). Asimismo, su experiencia de ser
profesor de Hernán lo llevó a descubrir que el curriculum hay que contextualizarlo según
las necesidades de los alumnos. “Mi alumno era ciego, pero me hizo ver otras formas
de enseñanza; que no sólo es importante dictar una buena clase, sino ponerse del lado
de quien la va a comprender” (Díaz, 2008, p.113). Así, como para el profesor Andrade,
es fundamental que a la hora de la planificación se tome en cuenta la contextualización
del curriculum. Pues de por sí, enseñar implica un compromiso con un proyecto, y esta
“lleva inevitablemente a trabajar en base a objetivos-obstáculos, de preferencia de
manera diferenciada (contextualizada), porque todos los alumnos no se enfrentan a las
mismas tareas, porque todos no se encuentran con los mismos obstáculos” (Perrenoud,
2000, p.87). Así, el primer problema sobre la contextualización curricular se materializa
en decisiones que se expresan en las planificaciones y su desarrollo en el aula.
Ahora bien, siguiendo esta misma línea, el segundo problema radica en que
no hay una lectura compleja e integradora del curriculum que permita focalizar mejor el
aprendizaje profundo y la comprensión por parte de los estudiantes. Respecto al
profesor Andrade, “es que si hay algo que realmente moviliza hoy a este maestro… es
su preocupación personalizada por sus estudiantes” (Díaz, 2008, p.112). Esta
preocupación se objetiviza en que el maestro tiene que transformar la comprensión, las
habilidades para desempeñarse, las actitudes y los valores deseados en exponer,
escenificar o representar de otras maneras las ideas, “de suerte que los que no saben
puedan llegar a saber, los que no entienden puedan comprender y discernir, y los
inexpertos puedan convertirse en expertos” (Shulman, 2001, p.173). Desde esta
perspectiva, en el ámbito propiamente del enfoque curricular de la filosofía está
presente el dilema ideológico que se resume en el debate entre “enseñar filosofía” o
“enseñar a filosofar” para forjar una mejor educación acorde a la visión social y política.
Consideramos que al momento de contextualizar el curriculum ambas dimensiones son
fundamentales donde enseñar filosofía ya es filosofar y tiene un rol de carácter
instrumental, puesto que no es posible filosofar omitiendo los conceptos y teorías
facilitados por la historia de la filosofía; y enseñar a filosofar, debería contribuir en la
formación de los jóvenes en la adquisición de “[…] una actitud reflexiva y crítica, tanto
respecto de las propias creencias como de las ciencias de los demás. Asimismo,
debería hacer […] un aporte al desarrollo de una capacidad de juzgar en forma
independiente” (MINEDUC, 2015, 113). En palabras de Freire, la contextualización
curricular no debe dejar de lado el rigor metódico, donde la tarea del docente “no es
solo enseñar los contenidos, sino también enseñar a pensar correctamente” (2002,
p.28). Así, el sentido de la filosofía está en prestar importancia al desarrollo personal y
educativo del joven, en privilegiar la experiencia de los alumnos, el análisis de los
conceptos, el diálogo y la controversia entre distintos tipos de principios y fundamentos,
de tal modo que con estas habilidades el estudiante forje un pensamiento crítico y
autónomo.
Esta mirada es sostenido también por Tejedor y podemos relacionarlo con
el planteamiento de Sulman, pues es indispensable aprender a filosofar para construir
racionalmente un pensamiento autónomo, fundamentado, sistemático y autocrítico,
como también es fundamental aprender filosofía reconstruyendo los conceptos y las
teorías, donde aprender filosofía ya es una forma de filosofar (cf. Tejedor, 1994, 14). En
este planteamiento, será fundamental el rol del profesor, tomando en cuenta las bases
del conocimiento planteados por Shulman, esto sí no exento de dificultades y desafíos.
Pues su tarea radicará en ayudar al estudiante a liberarse del relativismo, favoreciendo
el contacto con la realidad, con su experiencia. Asimismo, a buscar una verdad objetiva
en lugar de afirmar su egocentrismo ante los demás. Es decir, a superar la incapacidad
de abstracción subjetiva. Así, el profesor debe conducirlos a que sean capaces de
percibir laguna verdad en común, de modo que abandonen la sacralización de sus
opiniones.
La buena o mala experiencia del encuentro con la filosofía dependerá en
mayor medida no solo con lo que se enseña (enseñar filosofía) sino cómo se enseña
(enseñar a filosofar), pues la enseñanza tiene que culminar con una nueva comprensión
por parte del maestro y de los estudiantes (cf. Shulman, 2001, p 175). Pues como afirma
Freire, la educación tiene que ver con una exigencia estética y ética, donde “la práctica
educativa tiene que ser con ser, en sí, un testimonio riguroso de decencia y de pureza”
(Freire, 2002, p.34). En este sentido, en el ámbito de la filosofía, el rol del docente no
solo será suscitar el deseo de aprender y abrir el apetito cognoscitivo de los alumnos,
sino sobre todo ayudar a sentir, valorar, criticar, reflexionar y pensar por sí mismos. En
consecuencia, el rol del profesor es generar autonomía y emancipación en el desarrollo
del pensamiento crítico. Con todo, al profesor le compete una ardua “tarea de
personalización de la enseñanza” (Tejedor, 1994, 14). Pues cada alumno tiene un
proceso y desarrollo particular en la construcción de un pensamiento formal, autónomo.
En conclusión, y a modo de englobar las tres problemáticas de
contextualización en la búsqueda del lugar y sentido de la Filosofía en la educación
media, el discurso del Curriculum es relevante para comprender el sentido de la filosofía
en la enseñanza media. Es más, creo que el discurso en sí cumple todas las
expectativas de lo que podría ser una educación filosófica adecuada y acorde a las
exigencias de nuestro tiempo. Sin embargo, este discurso falla en la implementación
en cuanto que no da a la filosofía el lugar que merece en la agenda escolar nacional.
Entonces, el sentido de la filosofía radica en enseñar a filosofar y motivar a
aprender filosofía de modo integrado, esto según el desarrollo personal del estudiante.
Pues, la filosofía ayuda a forjar un pensamiento crítico y con autonomía de juicio según
el desarrollo psicológico en el que se halla el aprendiz. En este sentido, según las
capacidades, habilidades y competencias del estudiante, la filosofía privilegia “[…] la
experiencia de los alumnos, el análisis de los conceptos, el diálogo y la controversia
entre distintos tipos de principios y fundamentos […]” (MINEDUC, 2015, 115), para
construir su propio conocimiento y fundamento de sentido; de suerte que llegue a ser
un ciudadano crítico y coopere en la construcción de una nación mejor.

Referencias bibliográficas
 Díaz, Carmen Cecilia (2008) Lo mejor de nuestros profesores. Santiago de Chile: Grupo
Isi.
 Freire, P. (2002), Pedagogía de la Autonomía. México: FCE. (Capítulo 1)
 MINEDUC (2005). Capítulo IV: Formación General Objetivos Fundamentales y
Contenidos Mínimos Obligatorios para la Formación General en la Educación Media.
Sector Curricular: Filosofía y Psicología. En Curriculum. Objetivos Fundamentales y
Contenidos Mínimos Obligatorios de la Educación Media (Actualización 2005), pp. 133-
115. Santiago: Ministerio de Educación de Chile.
 Perrenoud, Ph. (2000). Construir competencias desde la escuela. (pp.69-91) Caracas:
Dolmen.
 Shulman, L. (2001), Conocimiento y Enseñanza. Estudios Públicos N° 81, Santiago.
(Traducción de “Knowledge and Teaching. Foundations of the New Reform”, Harvard
Educational Review, Vol. 57, N° 1, 1987)
 Tejedor, C., (1994). Capítulo 1: La enseñanza de la Filosofía. En Didáctica de la
Filosofía. Madrid: SM.

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